Vicente Fernandez

3.4170854271565 (1592)
Publicado por tornado 09/03/2009 @ 08:12

Tags : vicente fernandez, golfistas, golf, deportes

últimas noticias
Vicente Fernández regresa a Linares con 'A canela y clavo' - Ideal Digital
'A Canela y Clavo': El bailaor Vicente Fernández presenta junto con otros ocho artistas, entre guitarristas y bailaores, un espectáculo donde la tradición del flamenco toma protagonismo en una cuidada escenografía. Conseguir ser profeta en su tierra no...
Joan Sebastian produce disco a Vicente Fernández - esmas
Primero le produjo un disco a Vicente Fernández y resultó ser más que un éxito, ahora trabaja con Alejandro Fernández. "Ya lo dijo mi querido Chente, ya lo hizo público y lo reitero, lo subrayo, para mi es un placer estar haciendo ya un disco para...
José Vicente Toribio se impone en un accidentado Trofeo Diputación - La Voz de Galicia
Asier Fernández se erigió en el mejor emisario del Súper Froiz con un vigesimosexto puesto, pero también a 21 segundos del vencedor. Toribio cimentó su victoria en la ascensión al Lago de Castiñeiras. El castellano-manchego coronó la cima con 25...
El sacerdote Vicente Collado recibe un homenaje tras 40 años como ... - Europa Press
El volumen, de la editorial Verbo Divino, fue elaborado por numerosos teólogos de diversas universidades españolas y del extranjero y coordinado por los teólogos Juan Miguel Díaz Rodelas, Fernando Ramón Casas y Miguel Pérez Fernández....
La Universidad crea la figura del «becario acompañante» para los ... - La Nueva España
La apertura de las Jornadas, con José L. Ripoll, Vicente Gotor, Noemí Martín, Belén Fernández y Santos González. luisma murias Las Jornadas sobre nuevas tecnologías y discapacidad, que desde ayer acoge el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo,...
Pardo achaca a la ´irresponsabilidad´ del PSOE que haya que ... - La Nueva España
El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, explicó recientemente que se está trabajando en una solución negociada para que Fomento se haga cargo de los sobrecostes y los 135 millones se puedan dedicar a otro proyecto. Sin embargo, Fernández...
Vicente Fernández anda cabizbajo - Enfoque Regional (Regional Aragua)
El cantante mexicano está muy triste porque fue demandado por parte de su supuesto hijo Rodrigo Fernández por pensión alimentaría. El “rey de las rancheras” aseguró que le entregó una gran cantidad de dinero, mientras Rodrigo de 22 años de edad dice...
Vicente Fernández dimite como consejero de Pevafersa por ... - El Norte de Castilla
El ex presidente de Pevafersa y fundador de la firma, Vicente Fernández Manso, ha presentado su dimisión como consejero delegado de la industria fotovoltaica aunque seguirá siendo socio, ya que mantiene, junto a sus hijos, el 45% de las acciones....
Grabará Di Blasio con Vicente Fernández - Kiosco Mayor
Di Blasio dice el respeto al trabajo del artista es clave para conjunciones exitosas, y adelanta que le gustaría grabar con Joan Sebastian, con Alejandro Fernández y con su padre, Vicente Fernández. Da la primicia a la prensa local que ya existe un...
Vicente Fernández Jr. listo para el Palacio de los Deportes - El Sol de Cuautla
El mayor de los potrillos, Vicente Fernández Jr., no acaba de celebrar el gran éxito de su espectáculo ecuestre, dentro de la Feria del Caballo Texcoco 2009, cuando ya se alista para proseguir su furioso galope musical, de cara a su próxima...

Vicente Fernández

Vicente Fernández Gómez (n. 17 de febrero de 1940, Huentitán el Alto, Jalisco). Cantante y actor mexicano, considerado como el exponente contemporáneo más conocido de la música vernácula ranchera.

Casado con Maria del Refugio Abarca Villaseñor, tiene cuatro hijos: Vicente, Gerardo, Alejandro y Alejandra. Su hijo menor Alejandro Fernández ha sido apoyado vehementemente con los recursos e influencia de su padre y es hoy uno de los cantantes mejor posicionados en el medio del espectáculo.

Vicente Fernández Gómez nació el 17 de febrero de 1940 en Huentitán el Alto, Jalisco. Considerado como una de las más acaudaladas figuras de la industria mexicana del espectáculo, Vicente Fernández cuya imagen ha sido la de un hombre sencillo y generoso, lo que le ha permitido penetrar en los sectores populares.

A los 21 años debutó en el Amanecer Tapatío (cantando tanto en el escenario como entre las mesas) así como en el programa de televisión La Calandria Musical. Su gran habilidad para las estrategias publicitarias hacen que sea comparado con Julio Iglesias.

Se comenta que durante su estancia como cantante en el Bar "El Nopal", tras su show se iba a grabar algunos demos con mariachi en discos de pasta, en la disquera de Discos Continental, y que tras su éxito mandó destruir esos discos, también se dice que grabó algún disco con Discos Orfeón/Vox.

Tiempo después de su temporada en el Amanecer Tapatío, Fernández participó como vocalista en el Mariachi de José Luis Aguilar con Felipe Arriaga. Este cantante tuvo una relación muy cercana a Vicente y fue una persona tan importante en su vida como Federico Méndez Tejeda. Se presentó en el Teatro Blanquita de México. También entró a trabajar en Televisa, donde conoció a Raúl Velasco y tuvo la oportunidad de interpretar temas como Tu camino y el mío o Volver volver. Entre los mejores recuerdos de su carrera musical está un día muy especial: cuando cantó en la Plaza de México en el Distrito Federal ante más de cincuenta mil personas. Todavía hoy en día es el único artista que ha conseguido un éxito así. El 14 de febrero de 2009 logró romper récord en el Zócalo de la Ciudad de México con la asistencia de más de 219 mil personas.

Poco tiempo después Felipe Arriaga muere en un atentado: Siendo su más cercana competencia, corrieron rumores a cerca del interés del propio Vicente en quitarlo de en medio, sin embargo nunca se encontro algo que lo relacionara al atentado.

Chayito Valdez, queda inválida en un accidente de carretera quedando el "Charro de Huentitán" Vicente Fernández sin sus principales competidores.

Cuenta con una extensa discografía de cerca de sesenta discos.

Hacia la década de 1980, Vicente Fernández logra reimpulsar su carrera principalmente en Colombia, donde según la prensa reciente, actúa en festejos de algunas de las principales ciudades de este pais. En 2002 aparece el CD "Vicente Fernández 35 aniversario, Lo mejor de Lara", un álbum que se realizó en homenaje a dicho compositor y que a pesar de contener bellos temas no es tan conocido como sus posteriores albumes. En cambio han sido las canciones rancheras las que le han hecho más conocido: "Volver Volver", "La Ley del Monte", "Cruz de olvido" y "Yo quiero ser", constituyendo verdaderos éxitos internacionales.

Además de la gran acogida que siempre han logrado las rancheras de Vicente Fernández entre su público, este intérprete también cuenta con un extenso currículum de reconocimientos y homenajes tanto a nivel nacional como internacional. Así, en el año 1997, además de vender más de 40 millones de discos en todo el mundo, es galardonado con diversos premios Billboard, Diosas de Plata y Los Heraldos, llegando hasta a obtener cinco nominaciones para los Grammy. Precisamente este premio al mejor disco ranchero lo consiguió en el 2002, al mismo tiempo que la revista Billboard le dedicaba un especial. Incluso Hollywood le concedió una de sus famosas estrellas en el año 1998.

Recientemente inauguró un edificio de colosales proporciones el "Lienzo Charro y Centro de Espectáculos Vicente Fernández" en la Ciudad de Guadalajara conocido también como la arena "VFG".

Su actividad como comerciante y empresario incluye entre otros negocios la participación en ferias y palenques así como la distribución y venta de alimento para ganado.

Vicente Fernandez ha vendido más de 40 millones de copias en su carrera, lo cual le convierte en uno de los latinos más exitosos a nivel mundial.

Al principio



Vicente Fernández González

Vicente Fernández González nace en 1953 en el municipio toledano de Talavera de la Reina (España), es un filólogo y traductor literario de obras escritas en griego moderno.

Entre otros ensayos, ha dedicado a Constantino Cavafis el estudio La ciudad de las ideas: sobre la poesía de C. P. Cavafis y sus traducciones castellanas.

Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Nacional a la mejor traducción: en 2003 por Verbos para la rosa, de Zanasis Jadsópulos, y en 1992 por Seis noches en la Acrópolis, de Yorgos Seferis.

Ha traducido también a Costas Tsirópulos, Cristos Valavanidis y Costas Mavrudís, así como las antologías Once poetas griegos y Nueve maneras de mirar el cielo.

Al principio



Vicente Fernández Bascarán

Generalbascaran.jpg

Vicente Isidro Fernández Bascarán (14 de febrero de 1909 - 23 de diciembre de 2003) fue un militar español. Llegó a General de Brigada y Grande de España. Ostentaba los títulos de Vizconde de San Claudio, Señor de Olvera y del Peñón de Zaframagón. Nieto del teniente general don José Bascarán y Federic (Jefe interino del Cuarto Militar de S.M. Alfonso XIII y segundo Jefe de Estado Mayor del Ejército de Operaciones de África) y cuñado del ministro Gregorio López Bravo.

Nació en la parroquia asturiana de Tameza, en el concejo de Yernes y Tameza, hijo de un Capitán de Navío que había participado en la guerra de Cuba, Vicente Augusto Fernández Ferrera, y María Eugenia Bascarán y Reyna. Se alistó en la academia militar de Zaragoza debido a la inestimable influiencia de su abuelo materno, el teniente general don José Bascarán y Federic, Jefe interino del Cuarto Militar de S.M. Alfonso XIII, y segundo Jefe de Estado Mayor del Ejército de Operaciones de África.

En Zaragoza conoció a un joven Francisco Franco, coronel que había servido a su abuelo en África años atrás, con el cual comienza una sólida amistad que duró toda la vida. Durante la Guerra Civil, fue herido varias veces y por su valor en el combate obtuvo varias condecoraciones.

El 10 de abril de 1950 acudió, en calidad de testigo, al enlace matrimonial de la hija de Franco, María del Carmen Franco Polo y Cristóbal Martínez-Bordiú, invitado por doble motivo: en primer lugar por la amistad que le unía con el General Franco; y en segundo lugar porque la madre del novio, era su prima por parte materna.

En 1961 fue nombrado general. En ese mismo año, Franco le nombró Jefe de la Casa Civil de Su Excelencia el Jefe del Estado, siendo así el máximo responsable de la seguridad de su familia, especialmente de su persona. A partir de este momento la relación entre el general Bascarán y la familia Franco se afianzó aún más.

Entre 1967 y 1969 fue miembro Estado Mayor de la defensa y desde este último año hasta su paso a la reseva pasó a formar parte del Consejo del Reino. Tras su incoporación a la reserva en el año 1974 fue nombrado miembro honorífico del Consejo Nacional del Movimiento.

El 4 de enero de 1928, Bascarán fue nombrado colaborador del General de Brigada de Infantería Francisco Franco en la dirección de la recién abierta Academia General Militar de Zaragoza. Comenzó a fraguarse aquí una amistad que se enfrió tras el cierre de la Academia Militar por parte del gobierno de la Segunda República en 1931 y el posterior traslado de Francisco Franco a Canarias en 1936.

El 12 de noviembre de 1935, Vicente fue ascendido a comandante por Real Decreto. Apenas dos meses después recibió un telegrama del general Queipo del Llano que le convocaba a él y al coronel Aranda, al mando de la Comandancia exenta de Asturias, a una reunión en Sevilla. Allí, el 28 de febrero de 1936, se le comunicó por primera vez la intención de los generales Emilio Mola y José Sanjurjo de sublevarse en el mes de abril. Se les dijo también que van a apoyar el golpe los generales Franco, Cabanellas y Queipo del Llano. Ambos dieron su total e incondicional apoyo a la causa y se pusieron a disposición de los generales golpistas.

Tanto el coronel Aranda como el comandante Bascarán esperaban en Asturias la sublevación. A principios de abril recibieron un telegrama urgente en el que se les avisaba de que la "misión" había sido retrasada hasta mediados de julio ya que no se habían podido encontrar los suficientes apoyos.

El 17 de julio una llamada del general Mola al Cuartel del Milán, centro militar de Asturias, informó a los dos militares de que el golpe estaba en marcha pero que, al menos de momento, no debían posicionarse de forma clara y contundente a favor de éste y que debían retrasarlo hasta el día 20 para que así pudieran asegurar posiciones. De esa forma no fue hasta el día señalado por Mola cuando el coronel Aranda y su estrecho colaborador, el comandante Bascarán, se declararon a favor de la sublevación ante la sorpresa de todos los militares.

El 22 de julio el comandante Bascarán fue requerido con urgencia al frente de Badajoz donde la falta de comandantes hacía que las columnas sublevadas carecieran de militares que las dirigiesen. Tras su actuación en Badajoz fue ascendido a Teniente Coronel y se enfrenta al ejército republicano en los frentes de Teruel, Montalván, Utrilla, Morella, del Ebro, de Valencia y de Madrid.

En día 20 de marzo de 1937 se trasladó a Burgos donde fue ascendido a coronel y en una ceremonia celebrada en la Catedral de Burgos el 31 de marzo le fueron concedidos las medallas de Avance en la Escala, la Cruz de Guerra y Medalla de sufrimiento por la patria por sus méritos en la contienda.

El 1 de abril de 1939, tras el parte de guerra que declaraba el fin de la guerra, entró en una fase de oscuridad (algunos piensan que durante este tiempo prestó sus servicios como director de La Tercera Sección de Información del Alto Estado Mayor, los servicios secretos franquistas) y no volvió a saberse nada de su persona hasta 1961, cuando misteriosamente el Jefe del Estado le nombró general.

En 1962 y 1963 Vicente consigue frustrar dos atentados de la anarquista DI contra Franco, lo que hizo que se le concediera la medalla al merito militar con distintivo rojo (máxima distinción militar en tiempos de paz).

Entre 1962 y 1965, durante el IX gobierno franquista, colaboró estrechamente con el vicepresidente del gobierno Agustín Muñoz Grandes, en calidad de Subsecretario del Ministerio de la Gobernación dirigido por entonces por el general Camilo Alonso Vega. Ocupó de forma interina el cargo de Ministro de la Gobernación del 10 de octubre de 1962 al 2 de enero de 1963, y de nuevo del 15 de abril al 30 de mayo de 1963.

En 1965 y durante todo el X gobierno franquista, siguió colaborando con el ministro del la gobernación, Camilo Alonso Vega, como Subsecretario del Ministerio. Impulsado por este pasó a formar parte del Opus Dei, del que Carrero Blanco junto a otros ministros franquistas era miembro. Eran conocidos como los ministros tecnócratas.

De 1967 a 1969, durante el XI gobierno franquista, es nombrado Subsecretario de la Presidencia del Gobierno, cargo que hace que colabore estrechamente junto a Carrero Blanco (entonces vicepresidente). Durante esa etapa desempeñó un papel de relativa importancia en el proceso de concesión de independencia a Guinea Ecuatorial (1968).

De 1969 a 1974, durante el XII gobierno franquista, continuó como Subsecretario de la Presidencia del Gobierno bajo las órdenes del almirante Carrero Blanco. Tras el asesinato de éste colaboró estrechamente con el nuevo presidente del gobierno Carlos Arias Navarro en el mismo puesto de Subsecretario.

El 19 de abril de 1963 debido a una hospitalización del por entonces Ministro de Gobernación Camilo Alonso Vega; votó en el Consejo de Ministros la ejecución de la sentencia del proceso contra Julián Grimau, proceso celebrado el día anterior. Ante la enfermedad del legítimo titular del ministerio, acudió el ministro en funciones, Vicente Fernández Bascarán, que votó, como el resto de los ministros, a favor de la ejecución, a pesar de que, al igual que Fernando Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, estaba inicialmente en desacuerdo.

Tras pasar a formar parte de la reseva en 1974, se retiró a su Asturias natal. Desde 1975 hasta 1980 fue vicepresidente la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF).

Sin embargo, y a pesar de encontrarse ya retirado de la vida política y militar, no se desvinculó totalmente de las actividades de caracter diplomático: En 1982, 1984 y 1989 fue el director de las visitas que en los citados años realizó el Santo Padre, Juan Pablo II, a España; cargo para el que fue nombrado por intercesión de su amigo y compañero en el Opus Dei, Joaquín Navarro-Valls, director de la Oficina de Prensa se la Santa Sede.

Falleció en Oviedo, el 23 de diciembre de 2003 a los 94 años de edad.

El general Vicente Fernández Bascarán se dedicó durante los últimos años de su vida a escribir, de esa labor surgieron dos libros: Franco y el Franquismo y Salvad vuestras almas.

El primero se divide en dos partes, en la primera se analizan los sucesos más importantes de la vida del general Franco y como éstos fueron marcando su carácter y dando forma al Caudillo; en la segunda, analiza en primera persona los acontecimientos más relevantes del Franquismo y como el mismo los vivió desde la primera linea política.

El segundo es una narración más de los sucesos de la Guerra Civil Española, con la particularidad de que nos da una visión "desde dentro", desde las trincheras.

Ambos libros, que fueron encontrados por casualidad entre los documentos personales del general, están siendo editados y en pocos meses saldrán a la venta.

Al principio



Francisco Franco

Francisco Franco

Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde (Ferrol, La Coruña, 4 de diciembre de 1892 – Madrid, 20 de noviembre de 1975), conocido como Francisco Franco o simplemente Franco, fue un militar y dictador español, y uno de los líderes del pronunciamiento militar de 1936 que desembocó en la Guerra Civil Española.

Fue elegido en octubre de 1936 Jefe Supremo del bando sublevado, ejerciendo como Jefe de Estado de España desde el término del conflicto, hasta su fallecimiento en 1975. Líder del partido único Falange Española Tradicionalista y de las JONS, fue inspirador del movimiento ideológico autoritarista conocido como franquismo, que aglutinó en torno al culto a su persona, a diferentes tendencias del conservadurismo, del nacionalismo y del catolicismo opuestas a la izquierda política y al desarrollo de formas democráticas de gobierno.

El inicio de la carrera militar de Franco quedó marcada por la Guerra del Rif en Marruecos, alcanzando la graduación de General en 1926. Durante la Segunda República Española, tras dirigir la Academia Militar de Zaragoza, le fue encomendada en otoño de 1934 la dirección de las operaciones militares para sofocar y reprimir el movimiento obrero armado que había declarado la revolución social en Asturias en 1934. Tras el triunfo del Frente Popular, descubierto el intento de golpe de Estado de varios generales, y existiendo sólo sospechas sobre sus integrantes, el Gobierno alejó de los centros de poder a los generales más proclives a la sedición, destinando a Franco a las Islas Canarias.

En julio de 1936, Franco se une al golpe de estado liderado por el General Mola contra el gobierno de la Segunda República Española. El golpe fracasó y dio lugar a una guerra civil, y tras las sucesivas muertes de Sanjurjo primero (a pocos días del golpe) y de Mola (ya durante la guerra), ambos en accidente aéreo, Franco ve el camino libre para convertirse en líder indiscutible de los sublevados. Es designado Comandante en Jefe del Ejército de África y Jefe del Estado Mayor.

Después de la victoria en la Guerra Civil del bando sublevado se inició una durísima represión contra los opositores. Durante la Segunda Guerra Mundial, Franco mantuvo una política oficial de neutralidad; sin embargo, ayudó de diferentes formas a la Alemania Nazi y, en menor escala, a la Italia Fascista, contra la Unión Soviética. La forma más conocida de colaboración fue el envío de tropas (la denominada como División Azul) para ayudar a los alemanes en la campaña de Rusia. Antes de la invasión de la Unión Soviética por el Ejército alemán, Franco y Hitler se reunieron en Hendaya el 23 de octubre de 1940.

Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos establecieron una alianza diplomática con Franco, debido a su adhesión a los principios anticomunistas. Años después, el presidente de los Estados Unidos Richard Nixon apoyó a Franco visitando España, y después de su visita declaró que Franco había sido «un fiel amigo y aliado de los Estados Unidos».

En lo social, Franco intentó establecer un régimen inspirado en el corporativismo (no en el neocorporativismo de los fascistas, sino en el paleocorporativismo de la Edad Media), el nacionalismo (frente al carácter independentista de diversos nacionalismos periféricos) y la insistencia en los valores tradicionales (religión, familia, propiedad, autoridad, etc.).

Desde 1947 y hasta su muerte fue de facto regente de España, gobernando como un dictador a través de la represión de las opiniones disidentes, institucionalizado la tortura, los campos de concentración (como Los Merinales en Sevilla, San Marcos en León, Castuera en Extremadura, y el campo de Miranda de Ebro), pesadas penas de prisión, y la aplicación de la pena de muerte contra delincuentes y opositores políticos. Después de su muerte, España inició una transición hacia la democracia.

Nacido como Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde en Ferrol (La Coruña). Su padre, Nicolás Franco y Salgado de Araújo, fue capitán de la Marina, y su madre, María del Pilar Bahamonde y Pardo de Andrade, provenía de una familia que tenía una tradición de servicio en la marina, incluidos sus hermanos Nicolás, oficial de marina y diplomático, y Ramón, un pionero aviador que fue odiado por muchos de los seguidores de Francisco Franco. La madre de Franco, a través del séptimo Conde de Lemos y su esposa, la tercera Condesa de Villalva, descendiente de la realeza portuguesa por dos ascendentes: de una hermana del rey Manuel I de Portugal, y de otros reyes portugueses.

Franco seguiría a su padre en la Armada, pero la admisión a la Academia Naval fue cerrada desde 1906 a 1913. Para disgusto de su padre, Franco decidió incorporarse al ejército español. En 1907, ingresó a la Academia de Infantería de Toledo, en la que obtuvo el despacho de Alférez en 1910.

Fue ascendido a teniente. Dos años más tarde, fue destinado a Marruecos. Los esfuerzos españoles por ocupar físicamente su nuevo protectorado en África provocó la prolongada Guerra del Rif (1909–1927) con los marroquíes. Las tácticas usadas en el momento dieron lugar a grandes pérdidas entre los oficiales del Ejército español, pero también le dieron la oportunidad de ascender por sus méritos. Se decía que en la guerra los oficiales recibirían un «ataúd o faja de general». En el desastre político-militar que fueron las guerras de Marruecos, se había establecido una práctica nefasta, contra toda lógica militar sensata. Los ascensos y medallas solían concederse para recompensar un mal entendido heroísmo, que se medía en función del número de heridas recibidas, y no de los resultados militares reales, desconsiderando las pérdidas de vidas humanas, sacrificadas en ataques a pecho descubierto. Un sistema de valoración de méritos que proporcionó, mayoritariamente, ascensos y recompensas a los oficiales de Infantería y Caballería, supervivientes de algunos disparatados ataques, en detrimento de otros militares, tales como los artilleros y los médicos, o los destinados en servicios complementarios, sin cuyo concurso la guerra no podía ser llevada a cabo con éxito.

En este sentido Franco se ganó pronto la reputación de ser un buen oficial. Se incorporó a la recién formada Fuerzas Regulares Indígenas, unidad colonial españolas que actúan como tropas de choque.

En 1916, a la edad de 23 años fue ascendido a capitán, fue gravemente herido en una escaramuza en El Biutz. Su supervivencia le mereció la fama de «hombre de baraka» (buena suerte) a los ojos de las tropas nativas. También se le propuso, sin éxito, para la más alta recompensa militar al valor del Ejército español, la codiciada Cruz Laureada de San Fernando. En lugar de ello, fue ascendido a comandante, convirtiéndose en uno de los más jóvenes oficiales en alcanzar dicho empleo del Ejército español.

Desde 1917 hasta 1920, dejó las islas y fue asignado a tierra firme española. Aquél año, el teniente coronel José Millán Astray, un histriónico pero carismático oficial, fundó la "Legión Extranjera", unidad similar a la Legión Extranjera Francesa. Franco se convirtió el segundo en el mando en la Legión, y regresó a África.

El 24 de julio de 1921, el mal comandado y exhausto ejército español sufrió una aplastante derrota en Annual a manos de las tribus rifeñas, encabezadas por los hermanos de Abd el Krim. La Legión simbólicamente, si no materialmente, salvó a los enclaves españoles de Melilla después de una agotadora jornada de tres marchas forzadas dirigidas por Franco. En 1923, ya un teniente coronel, fue nombrado comandante de la Legión.

Ese mismo año, el 16 de octubre, se casó con Carmen Polo en la iglesia de San Juan; con quien tuvo una hija, María del Carmen, quien nació en 1926. Como un acto especial de honor, su padrino en la boda fue el Rey Alfonso XIII representado por el general Antonio Olsada, un hecho que le marcaría durante la República, como oficial monárquico.

Ascendido a coronel, Franco dirigió a la primera oleada de tropas de tierra en Alhucemas en 1925. Este desembarco en el corazón de la tribu de Abd el Krim, junto con la invasión francesa del sur, significó el comienzo del fin de la corta República del Rif.

Según la propaganda franquista fue el general más joven de Europa en 1926, aunque hoy día algunos autores discuten esa afirmación. Franco fue nombrado en 1928 director de la recién creada Academia Militar Mixta en Zaragoza, un nuevo colegio para todos los cadetes del ejército, en sustitución de la antiguas instituciones separadas para jóvenes aspirantes a convertirse en oficiales de infantería, caballería, artillería, y otras ramas del ejército.

En la promulgación de la II República, Franco estuvo tentado de intervenir en Madrid con los cadetes en defensa de Alfonso XIII, pero comunicándole su intención al general Millán Astray, éste le hizo partícipe de una confidencia del general Sanjurjo, según la cual, no se contaba con los apoyos suficientes; principalmente, no se contaba con la Guardia Civil. Esto le hizo desistir. Al día siguiente, el día 15 de abril, Franco dictaba una orden a los cadetes: "Si en todos los momentos han reinado en este centro la disciplina y el exacto cumplimiento en el servicio, son aún más necesarios hoy, en que el Ejército necesita, sereno y unido, sacrificar todo pensamiento e ideología al bien de la nación y a la tranquilidad de la Patria". Franco desde esos primeros momentos se mostró reticente a la República; y en julio, pasados tres meses, cuando Manuel Azaña (entonces Ministro de Defensa), dentro de sus acciones que conducían a reducir los gastos del Ejército, cierra la Academia Militar de Zaragoza, en un encendido discurso de clausura se posiciona abiertamente contra ella. Azaña incluyó una nota desfavorable en su hoja de servicios; y cerrada la academia, Franco se encontró en situación de disponible forzoso durante los siguientes ocho meses, hasta que en febrero de 1932 se le destinó a La Coruña como jefe de aquella brigada de Infantería.

En julio de 1932, cuatro semanas antes de la Sanjurjada, Sanjurjo se entrevistó en secreto con Franco para pedirle su apoyo en el pronunciamiento. Franco no se lo dio, pero fue tan ambiguo, que Sanjurjo pudo llegar a pensar que dado el golpe, podría contar con él. La entrevista fue en Madrid, de regreso a La Coruña, Franco pidió un permiso para ausentarse de su puesto durante unos días y acompañar a su esposa y a su hija en un viaje por las Rías Bajas. El permiso le fue denegado al tener que ausentarse el general de División de la plaza. En el momento del pronunciamiento, Franco se encontraba en La Coruña asumiendo, en funciones, el mando de la plaza no uniéndose a los sublevados. Fracasado del golpe, Sanjurjo fue enviado a consejo militar y solicitando a Franco que lo defendiera, éste se negó.

El 19 de noviembre y 3 de diciembre de 1933 se celebraron elecciones generales que dieron la victoria a la formación de derechas CEDA de Gil-Robles. El nuevo Gobierno, a finales de marzo de 1934, ascendió a Franco a general de División, alcanzando así el techo de su carrera militar, ya que la República había suprimido el empleo de teniente general.

El triunfo de la derecha en las elecciones de 1933 propició que la coalición Radicales-CEDA emprendiera la anulación de las reformas que tímidamente se habían iniciado. Paralelamente, en la formación socialista los moderados fueron desplazados por los miembros más radicales. Besteiro se vio marginado y Largo Caballero e Indalecio Prieto adquirieron todo el protagonismo. Los historiadores han denominado a este periodo hasta finales de 1935 "el bienio negro", para señalar que fueron años reaccionarios y marcados por el fascismo. El agravamiento de la crisis económica, el retroceso de las reformas y las radicales proclamas de los líderes de la izquierda crearon un ambiente de sublevación popular. En las zonas donde los anarquistas eran mayoría se sucedieron las huelgas y los enfrentamientos de trabajadores con las fuerzas de Orden Público. En Zaragoza, un conato de insurrección, en el que se levantaron barricadas y se ocuparon edificios públicos, fue sofocado con la intervención del Ejército.

El 26 de septiembre de 1934 se anunció la formación de un nuevo gobierno presidido también por Lerroux al que se incorporaron tres miembros de la CEDA. La actitud revanchista del anterior gobierno Lerroux y la identificación de la CEDA con posiciones fascistas provocó la reacción de la izquierda. La UGT, los comunistas y los nacionalistas catalanes convocaron una insurrección que se materializó en diversas zonas del país como Cataluña, el País Vasco y, principalmente Asturias, donde se unió la CNT. Si en otros lugares fue sofocada con relativa facilidad, no ocurrió así en Asturias. Los mineros asaltaron la fábrica de armas de Trubia, ocuparon los edificios públicos (a excepción de la guarnición de Oviedo y la Comandancia de la Guardia Civil de Sama) y detuvieron la columna del general Milán de Bosch que acudió desde León. Se cometieron asesinatos, principalmente de sacerdotes y guardias civiles, se quemaron iglesias y se saquearon edificios oficiales.

Franco se había convertido en el general más valorado por los sectores de la derecha, el haber estado alejado del anterior gobierno de izquierdas, permitió que no se le identificase como adicto a la República, y, tras la formación del gobierno Lerroux, se vio privilegiado por su ministro del Ejército Diego Hidalgo (quien lo propuso para el ascenso de general de División). En septiembre se encontraba, invitado por Hidalgo, en las maniobras que se realizaron en la provincia de León. Cuando el 4 de octubre estalló la insurrección, Hidalgo requirió a Franco para que, como asesor y desde Madrid, coordinase las operaciones. Se hizo venir a la Legión y a los Regulares de África, una fuerza de 18.000 soldados que, al mando del coronel Yagüe, se integraron con otras unidades traídas de León, Galicia y Santander bajo el mando supremo del general López Ochoa. Las fuerzas traídas de África y dirigidas por Yagüe se distinguieron por su especial crueldad. La represión fue despiadada, y las tropas extranjeras, con el beneplácito de sus jefes, se dedicaron al pillaje, con una brutalidad que dejó atónitos a los mineros sublevados.

La insurrección y su posterior represión provocaron más de 1.500 muertes, abriendo una brecha entre la derecha y la izquierda que no lograría superarse. Los muertos de uno y otro lado alimentaron el odio y el rencor en ambos bandos.

El 15 de febrero de 1935 el Gobierno le concedió la Gran Cruz del Mérito Militar y le nombró Jefe de las tropas de Marruecos. Sólo tres meses después de tomar posesión de su cargo en África, tras otra crisis política que propicia una nueva remodelación del Gobierno, y entrando Gil-Robles como ministro de la Guerra, Franco regresa a la península nombrado Jefe del Estado Mayor, cargo de máximo prestigio que desempeñará hasta el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936.

En enero de 1936, los rumores de la preparación de un golpe militar y su supuesta participación en el mismo se extendieron hasta llegar a conocimiento del presidente del Consejo Provisional Manuel Portela. Portela envió al director general de Seguridad Vicente Santiago al ministerio de la Guerra para que se entrevistase con Franco; éste, todavía jefe del Estado Mayor, se mostró nuevamente esquivo, manifestándole que no conspiraría hasta que no existiese un "peligro comunista en España".

Las elecciones del 16 de febrero de 1936 fueron ganadas por el Frente Popular. Tanto Franco como Gil-Robles, de manera coordinada, trabajaron incansablemente para revocar la decisión de las urnas. El 17 de febrero a las tres y cuarto de la madrugada, nada más conocerse los resultados, Gil-Robles se dirigió al ministerio de la Gobernación y, entrevistándose con Portela, intentó convencerle para que suspendiera las garantías constitucionales y decretara la ley marcial. Paralelamente Franco, esa noche, telefoneó al director de la Guardia Civil el general Pozas quien se mostró contrario a la iniciativa. Posteriormente presionó al ministro de la Guerra, el general Nicolás Molero, para que impusiera la ley marcial y obligara a Pozas a sacar a la Guardia Civil a la calle.

A la mañana siguiente se reunió el Gobierno para debatir sobre la implantación de la ley marcial. Resultado de la reunión fue la declaración del estado de alarma durante ocho días y otorgar a Portela la potestad de declarar la ley marcial en el momento que lo estimase oportuno. Franco, aprovechando el conocimiento que tuvo de la potestad otorgada, como Jefe del Estado Mayor, envió órdenes a las diferentes regiones militares. Zaragoza, Valencia, Alicante y Oviedo decretaron el Estado de Guerra, otras capitanías se mostraron indecisas; pero, principalmente, al no sumarse la Guardia Civil a la intentona, ésta se vio frustrada. Ante el fracaso, cuando Franco por fin vio al jefe de gobierno por la tarde, hábilmente jugó a dos bandas. En los términos más corteses, Franco le dijo a Portela que, ante los peligros que constituía un posible gobierno del Frente Popular, le ofrecía su apoyo y el del Ejército si permanecía en el poder.

Tras las elecciones, y superados estos incidentes, Azaña fue nombrado Presidente del Gobierno. Historiadores coinciden en que Azaña no advirtió la magnitud de la conspiración minusvalorándola. Conocía la existencia del complot aunque no conociera los detalles ni exactamente sus participantes, también sabía el ambiente conspiratorio presente en la derecha y en sectores del Ejército; y entre las escasas medidas que tomó, una fue la de alejar de los centros del poder a aquellos generales que consideraba más proclives al pronunciamiento. El general Goded fue destinado a las islas Baleares y Franco, perdiendo la jefatura del Estado Mayor, fue enviado como comandante general a las islas Canarias. Franco lo consideró como un destierro.

Como hubo que repetir las elecciones en dos circunscripciones, Cuenca y Granada, la CEDA ofreció a Franco un puesto en las listas de Cuenca que le garantizaba salir elegido. Franco ya estuvo tentado de presentarse a diputado en las elecciones del 1933. Sea que le atrajera la actividad política o que quisiera adquirir la inmunidad parlamentaria, Franco aceptó; pero presentándose en esa misma lista José Antonio Primo de Rivera, éste no admitió compartir lista con Franco y lo vetó. Serrano Súñer viajó a Canarias, se supone que con la misión de convencerle para que se retirase; el resultado del viaje fue que Franco renunció a presentarse.

Tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 estas tramas conspirativas convergen y adquieren fuerza. Fracasados los esfuerzos para proclamar la ley marcial que anulase las elecciones, los conspiradores continuaron reuniéndose. El 8 de marzo, un día antes de que partiera con destino a las islas Canarias, Franco asistió a una reunión con otros generales en el domicilio del corredor de bolsa José Delgado, amigo de Gil-Robles. Entre otros, se reunieron Mola, Fanjul, Varela y Orgaz, así como el coronel Valentín Galarza, jefe de la UME (Unión Militar Española). Los reunidos decidieron que el golpe lo comandara Sanjurjo, Franco se limitó a sugerir astutamente que cualquier pronunciamiento debería carecer de etiqueta determinada alguna. No contrajo compromisos firmes. De una u otra forma, se había visto involucrado en la conspiración contra el Frente Popular desde un comienzo, y, sin embargo, se mostraba muy reticente a comprometerse en cualquier propuesta específica de revuelta armada.

Con Franco en Canarias, la sublevación sigue su curso. Mola, designado por Sanjurjo, se encargó de coordinar los preparativos. En abril dio su primera instrucción en la que incluía los métodos que debería seguirse en el momento del golpe: "Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos, para estrangular los movimientos de rebeldía o huelga". Los dos próximos meses, Mola los dedicará a preparar el golpe de Estado.

Franco, informado puntualmente de la conspiración, en todo momento se mostró reticente. Según Paul Preston, "La idea de no poder dar marcha atrás ni cambiar de opinión debía ser para él poco menos que una de las torturas del infierno". Ante el entusiasmo del general Orgaz, Franco le comentaría: "Estás realmente equivocado, va a ser enormemente difícil y muy sangriento. No contamos con todo el ejército, la intervención de la Guardia Civil se considera dudosa y muchos oficiales se pondrán del lado de la autoridad constitucional, algunos porque es más cómodo; otros, a causa de sus convicciones. No se debe olvidar de que el soldado que se rebela contra la autoridad constitucional nunca puede echarse atrás ni rendirse, porque será fusilado sin pensárselo dos veces".

Mola, en un segundo comunicado, el 25 de mayo, concretaba las estrategias para el levantamiento en las diferentes regiones militares. En ese momento, Franco todavía se muestra indeciso. El 30 de mayo un emisario de los conspiradores llegó a Canarias para asegurar su participación y que abandonase "tanta prudencia". El coronel Yagüe le dijo a Serrano Súñer que le desesperaba la mezquina cautela de Franco y su negativa a correr riesgos. Mola también se sintió molesto, consideraba que la participación de Franco, con su prestigio entre la derecha española y en el Ejército, era imprescindible para el éxito del pronunciamiento.

La situación social se agravó en estos meses. El paro se disparó y las dificultades para hacer avanzar las reformas frustraban las expectativas que suscitó el triunfo del Frente Popular. Los enfrentamientos en la calle se multiplicaron. La Falange practica su táctica de acoso e intenta crear un clima de terror. La Falange y los anarquistas practican la "acción directa". Una locura asesina a la que el tiempo otorgará la dimensión de suicida se apodera de los anarquistas y los campesinos pobres. El odio y el temor al adversario se hizo presente lo mismo en la izquierda como en la derecha. La inacción del Gobierno ante la violencia y el catastrofismo de la prensa y los líderes derechistas alimentaron el pánico de las clases media y alta a la amenaza comunista. Y la oligarquía financiera y los terratenientes se retiraban, algunos a Biarritz o París, permaneciendo a la expectativa o sumándose con su financiación a la conspiración.

Los rumores de la conspiración debieron llegar al Gobierno, pero éste, como en el caso de la violencia, no actuó con la suficiente firmeza. El entonces ministro de la Guerra y presidente del Gobierno, Casares Quiroga, quiso decapitar la conspiración de Marruecos desplazando al coronel Yagüe, pero titubeó ante la cerrazón de éste y lo mantuvo en su puesto. También, un intento de descubrir la conspiración se frustró. El general Mola fue señalado como posible conspirador. El 3 de junio se envió a Pamplona decenas de camiones cargados de policías para efectuar un minucioso registro (con la excusa de investigar el tráfico de armas a través de la frontera francesa), pero Mola fue advertido por el coronel Galarza con tiempo suficiente para ocultar cualquier huella de la conspiración.

El 23 de junio Franco envió una carta al presidente del Gobierno Casares Quiroga advirtiéndole del descontento existente en el seno de ejército y brindándose para corregir esa situación. La carta era una obra maestra de ambigüedad. Se insinuaba claramente que si Casares concedía el mando a Franco, podría desbaratar las conspiraciones. En esa etapa, Franco, ciertamente habría preferido lo que él consideraba restaurar el orden, con la sanción legal del gobierno, en vez de arriesgarlo todo en un golpe. Muchas veces se ha sugerido la pregunta sobre cuáles eran las intenciones de Franco. Algunos han querido ver en esta carta una última muestra de lealtad hacia el gobierno legítimo. Otros la han interpretado como una maniobra destinada a cubrirse las espaldas en caso de fracaso. En la carta se instaba al gobierno para que se dejase aconsejar por los generales que, "exentos de pasiones políticas", se preocupaban por las inquietudes y preocupaciones de sus subordinados ante los graves problemas de la Patria. Casares Quiroga no respondería a la carta.

A finales de junio los preparativos del pronunciamiento estaban prácticamente ultimados, únicamente faltaba cerrar el acuerdo con los carlistas y asegurar la participación de Franco. Yagüe y Francisco Herrera (amigo personal de Gil-Robles) recibieron el encargo de convencerle para que se sumarse, y a finales de junio Franco debió llegar a algún compromiso, porque el 1 de julio Herrera llegó a Pamplona para que Mola diese el visto bueno al plan según el cual se alquilaría un avión para que trasladase a Franco desde Canarias a Marruecos.

El 3 de Julio Mola dio el visto bueno al plan. El día 4 el financiero Juan March, instalado en Biarritz, entregó un cheque en blanco al marqués de Luca de Tena, propietario del diario ABC, para financiar la operación. El avión se alquiló en Londres, un Dragon Rapide que el día 12 ya se encontraba en Casablanca en espera de concretarse el día del pronunciamiento. Ese mismo día Franco envió un comunicado cifrado a Mola en el que planteó su retirada alegando "geografía poco extensa", lo que significaba que no se unía al plan por considerar que no se contaba con suficientes apoyos. Cuando Mola leyó el mensaje, montó en cólera y furioso tiró el papel al suelo. El general Sanjurjo sentenciaría: «Con Franquito o sin Franquito» el alzamiento va adelante.

El día 13, en Madrid, fue asesinado Calvo Sotelo por miembros de la Guardia de Asalto como represalia por el asesinato de su mando el teniente José del Castillo. La noticia de estos asesinatos provocó la indignación general, sectores de la derecha se mostraron especialmente activos y convocaron a la sublevación militar como único medio de restaurar el orden. Numerosos indecisos se sumaron a la conspiración, los rumores de un inminente golpe de Estado se extendieron y, por la tarde, Indalecio Prieto visitó a Casares en nombre de los socialistas y los comunistas para pedirle que distribuyera armas entre los trabajadores ante la amenaza de pronunciamiento, algo a lo que éste se negó. El día 14 Mola recibe otro mensaje de Franco que le transmite su decisión de unirse a la conspiración. Es evidente que el general Franco no se distinguió por su rebeldía o resolución el 18 de julio de 1936, circunstancia que sus hagiógrafos se han encargado de silenciar debidamente.

Con el Dragon Rapide ya en Gando, Gran Canaria, Franco deberá trasladarse allí desde su residencia de Tenerife sin levantar sospechas. A dos días de la fecha del levantamiento, el 16 de julio, el comandante militar de Gran Canaria, el general Amado Balmes, muere de un disparo en el estómago. Su muerte permite que Franco se traslade a Gran Canaria sin levantar sospechas con la excusa de asistir a su entierro. También permite que el general Orgaz, que siempre estuvo implicado en la conspiración, sea el encargado de llevar a cabo el levantamiento en las islas Canarias. Franco, cuando el día 18 parte para Marruecos, le deja órdenes rigurosas que cumpliría ejerciendo una durísima represión en las islas.

Después de hacer escala en Agadir y Casablanca, a las 5.00 de la madrugada del día 19, partió para territorio español y, una vez Tetuán, el avión sobrevoló varias veces su aeródromo hasta que Franco reconoció a uno de los oficiales sublevados, entonces comentó: "Podemos aterrizar, he visto al rubito". Eran las 7.30 de la mañana, una vez en tierra, Franco fue recibido con entusiasmo por los sublevados. Recorrió las calles de Tetuán repletas de gente que gritan ¡Viva España! ¡Viva Franco! hasta llegar al Alto Comisionado Español donde redactó un discurso que se emitiría por las radios locales en el que daba por hecho el triunfo del golpe de Estado: "España se ha salvado"; y termina diciendo: "Fe ciega, no dudar nunca, firme energía sin vacilaciones, porque la Patria lo exige. El movimiento es arrollador y ya no hay fuerza humana para contenerlo". La noticia de que Franco asumía la dirección de la insurrección en África supuso que, en la península, oficiales indecisos se sumasen al pronunciamiento.

De los veintiún generales de División se sublevaron sólo cuatro: Franco, Goded, Queipo de Llano, y Cabanellas. En 44 de las 51 guarniciones del Ejército español se produjo algún tipo de rebelión, llevada a cabo, principalmente, por oficiales adscritos a la UME (Unión Militar Española). El Golpe de Estado triunfó de forma casi inmediata en África y en el Norte y Noroeste de la península. Franco se encontró con un ejército sublevado ya triunfante y Mola, con el apoyo de los carlistas, no encontró resistencia en Navarra. Burgos, Salamanca, Zamora, Segovia y Ávila también se sublevaron sin encontrar oposición. Valladolid cayó tras ser arrestado el jefe de la VII región militar, el general Nicolás Molero, por generales rebeldes, y tras aplastar la resistencia de los ferroviarios socialistas. Y en Andalucía: Cádiz cayó al día siguiente del levantamiento con la llegada de fuerzas procedentes de África; y Sevilla, Córdoba, Granada y Huelva se sumarían al bando sublevado una vez aplastada, de modo sangriento, la resistencia obrera.

La clave del éxito o fracaso de la sublevación en las diferentes zonas estuvo marcado por la posición de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto. Allí donde estos cuerpos permanecieron al lado de la República la sublevación fracasó y, por el contrario, donde se sumaron a los rebeldes, ésta triunfó.

En las grandes ciudades y principales centros industriales fracasó la sublevación. En Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao los obreros se adelantaron al titubeante gobierno, se apoderaron de las armas y repelieron a los sublevados. Los milicianos de Madrid, una vez sofocada la sublevación en la capital, se dirigieron a Toledo para frustrarla allí. El golpe de Estado había parcialmente fracasado y se inició lo que sería la Guerra Civil Española.

Tras el golpe de Estado, la geografía española quedó dividida en dos zonas: la que permaneció fiel a la República y la que cayó en manos de los sublevados. Los aproximadamente 130.000 soldados del ejército con plaza en la península y la Guardia Civil, una fuerza de unos 30.000 hombres, se dividieron casi en partes iguales entre sublevados y fieles a la República. Esta igualdad estaba desequilibrada a favor de los sublevados por el ejército de África, perfectamente pertrechado y único del ejército español curtido en el campo de batalla.

Los generales sublevados, a pesar de que el golpe fracasó en parte, se mostraron optimistas. Generales como Orgaz se habían aventuraron en la creencia de que el golpe triunfaría en cuestión de horas, a lo sumo días. Mola, con el fracaso en Madrid, pensó que la victoria se retrasaría varias semanas, el tiempo que le llevase concluir con éxito una operación de tenaza con las fuerzas del Norte y las tropas de África avanzando sobre la Capital. Franco fue uno de los generales que más se acercó a la realidad, aun así fue en exceso optimista conjeturando que su consolidación no llegaría hasta el mes de septiembre: "En septiembre volveremos a las Canarias, felices y contentos, después de obtener un rápido triunfo sobre el comunismo" La realidad fue que al golpe originó una guerra encarnizada que se prolongaría casi tres años.

El Gobierno, con su indecisión ante la sublevación, se vio superado por las fuerzas populares que inmediatamente se enfrentaron a los sublevados. Esta decidida reacción, sorprendiendo a los sublevados, hizo fracasar el golpe en zonas donde éstos contaban con su éxito. Este fue el caso de Barcelona donde fracasó el general Goded, uno de los puntales de la conspiración. El paradójico efecto de la sublevación fue que en las zonas donde fracasó, se inició una revolución social, justo lo que se supone querían evitar los rebeldes al sublevarse.

El diario ABC de Sevilla, ese mismo agosto, recogía una proclama de Franco: "Este es un movimiento nacional, español y republicano que salvará a España del caos en que se pretendía hundirla. No es el movimiento de defensa de determinadas personas; por el contrario, mira especialmente por el bienestar de las clases obreras y humildes". Los sublevados pronto se auto denominaron "nacionales" y al levantamiento y posterior Guerra Civil los calificarían de "Cruzada": "Está probado hasta la saciedad que nuestra Cruzada fue una lucha clara como la luz entre el cristianismo y el espíritu del mal".

El inicio de la Guerra civil desató los odios encubados durante largo tiempo. En el territorio controlado por la República los revolucionarios se dedicaron al asesinato de todos aquellos que identificaba como enemigos. Los curas y frailes fueron especialmente perseguidos y en las grandes ciudades se generalizaron los paseos. En la zona nacional, al odio se unió la estrategia. Yagüe tras tomar Badajoz, después de desatar una feroz represión que acabó con la vida de miles de personas, comentaría a un periodista: "Naturalmente que los hemos matado, ¿qué suponía usted? ¿iba a llevar a 4.000 prisioneros rojos en mi columna, teniendo que avanzar contra reloj? ¿o iba a dejarlos en retaguardia para que Badajoz fuese roja otra vez?". Desde el primer día se pudo percibir el odio en las proclamas de los sublevados. Queipo de Llano el 18 de julio, el mismo día del levantamiento, diría a través de Radio Sevilla: "Los moros cortarán la cabeza a los comunistas y violarán a sus mujeres. Los canallas que aún pretendan resistir serán abatidos como perros”.

Inmediatamente iniciada la sublevación comenzaron los juicios sumarísimos y los fusilamientos. El General Mola ya había mandado instrucciones días antes de la sublevación: "Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes, que aquel que no esté con nosotros está contra nosotros, y que como enemigo será tratado. Para los compañeros que no son compañeros, el movimiento triunfante será inexorable". Los generales Batet en Burgos, Campins en Granada, Romerales en Ceuta, Salcedo, Caridad Pita y el Contralmirante Azarola en Ferrol, Nuñez de Pardo en Zaragoza, así como otros, son fusilados por no sumarse a la sublevación. Y en la zona republicana los generales Goded y Fernández Burriel en Barcelona, Fanjul en Madrid, García Aldave en Alicante, González de Lara en Salamanca, Bosch en Menorca, Patxot en Málaga, también junto a otros, fueron fusilados por sublevarse contra el Estado. Cuando llegó Franco a Tetuán, su primo hermano Ricardo de la Puente Bahamonde, comandante del aeródromo, estaba en espera de que se tomase la decisión de fusilarlo por haber permanecido al lado de la República. Franco, fingiendo estar enfermo, cedió el mando para que otro firmase la orden de ejecución. Mola diría: "Esta es una guerra sin consideraciones. Yo veo en las filas contrarias a mi padre y lo mato".

Inmediatamente llegó a Tetuán, Franco, entre las primeras medidas que tomó, una fue la de procurar la ayuda internacional. Envió a Bolín en el Dragon Rapide a Lisboa para informar a Sanjurjo y posteriormente viajar a Italia para garantizar su apoyo y negociar la compra de aviones. También envió emisarios con la misma misión a la Alemania de Hitler. Otras medidas fueron: subir el sueldo a la legión para garantizar su fidelidad, la recluta de mercenarios marroquíes y condecorar al visir Sidi Ahmed el Gamnia con la más prestigiosa medalla al valor militar, la Laureada de San Fernando, para procurarse el beneplácito de Marruecos.

El 20 de julio tiene lugar un acontecimiento crucial en la carrera de Franco hacia la jefatura del Estado. En Estoril se estrella, al intentar despegar, el avión que, conducido por el falangista Ansaldo, trasladaba a Sanjurjo a Pamplona. Sanjurjo, el encargado de capitanear el golpe de Estado, muere carbonizado.

Entre tanto, Franco se encuentra con dificultades para el traslado de las tropas a la península. Antes de su llegada a Tetuán, por mar, se había logrado transportar a varios cientos de hombres a Cádiz (tropas que fueron decisivas para la toma de la ciudad) y Algeciras; pero pronto, las tripulaciones se amotinaron y el transporte de tropas se limitó al que permitían pequeñas Falucas marroquíes. Casualmente, el general Kindelán, fundador de la aviación española y participante en la sublevación, se encontraba en Cádiz y propuso a Franco el traslado de tropas por aire. Kindelán organizó un puente aéreo que seguió siendo insuficiente para transportar los más de 30.000 hombres de las tropas africanas.

El 22 de julio, el Marqués de Luca de Tena y el propio Bolín, se entrevistaron con Benito Mussolini en Roma. Pocos días después, el 27 de julio de 1936, llegó a España el primer escuadrón de aviones italianos. La ayuda alemanna tampoco tardaría en llegar. El 25 de julio el Führer recibe al grupo enviado por Franco. Las primeras reticencias, al conocer la falta de fondos, se salvaron apelando a la lucha contra el peligro comunista. Al terminar la entrevista, Hitler, bajo el nombre de operación "Fuego Mágico" decidió duplicar la ayuda enviando 20 aviones en lugar de los 10 solicitados. La ayuda se llevó en secreto a través de dos empresas privadas que se crearon para tal fin. Las ayudas de Alemania, como las de Italia, se canalizarían a través de Franco.

Los aviones italianos y alemanes se sumaron al transporte de tropas. No obstante, su capacidad seguió siendo insuficiente. Franco esperó la oportunidad para poder transportar las tropas por mar, tomando la decisión de hacerlo el 5 de agosto cuando se consiguió suficiente cobertura aérea. Ese día, anulando la fuerza aérea italiana la resistencia de la marina republicana, se lograron transportar 8.000 soldados. Al día siguiente a la cobertura aérea italiana se sumó Alemania enviando 6 cazas Heinkel He-51 y 95 pilotos y mecánicos voluntarios de la Luftwaffe. Desde ese día los rebeldes recibieron con regularidad armamento y municiones de Hitler y Mussolini. Los barcos de transporte rebeldes cruzaron el estrecho con regularidad y se intensificó el transporte aéreo. En los tres meses siguientes 868 vuelos transportaron a cerca de 14.000 hombres, 44 piezas de artillería y 500 toneladas de pertrechos, constituyendo una estrategia militar innovadora que contribuyó a aumentar el prestigio de Franco.

El paso del estrecho de las tropas africanas causó el desánimo en la zona republicana donde todavía mantenían el recuerdo de la brutal actuación de estas tropas en octubre del 1934 al sofocar la revolución de Asturias. Este traslado de tropas supuso un difícil reto que Franco solventó reuelta y brillantemente, posibilitando la consolidación de las posiciones rebeldes en el Sur. A principios de agosto, la situación en el oeste de Andalucía es suficientemente estable y permite organizar una columna de unos 15.000 hombres bajo el mando del entonces teniente coronel Juan Yagüe que el 2 de agosto marcha a través de Extremadura hacia Madrid. En los dos primeros días logra avanzar 80 kilómetros. El terror que rodeaba el avance de los moros y los legionarios fue una de las mejores armas de los nacionales en su camino hacia Madrid.

Con la superioridad aérea local que les proporcionaba la aviación italiana y alemana, tomaron con facilidad pueblos y ciudades en su camino desde Sevilla a Badajoz (El Real de la Jaca, Monasterio, Lerena, Zafra, Los Santos de Maimona, Almendralejo,...). Se practicó un sistemático exterminio de los milicianos de izquierdas y de todo aquel sospechoso de simpatizar con el Frente Popular. En Almendralejo se fusiló a mil prisioneros, incluidas cien mujeres. En a penas una semana avanzarón 200 kilómetros.

El 7 de agosto Franco vuela a Sevilla e instala su cuartel general en el lujoso palacio de la marquesa de Yundari.

El 11 de agosto es tomada Mérida y el 15 de agosto, Badajoz (tras la toma de esta ciudad se produjo lo que se conoce como la masacre de Badajoz en la que las tropas moras asesinaron a varios miles de personas) lográndose unir las tropas rebeldes de las dos zonas controladas, Norte y Sur. Las dificultades que Yagüe encontró para tomar Badajóz hicieron que Italia y Alemania se decidan a incrementar su ayuda a Franco. Mussolini envió un ejército de voluntarios, la Corpo Truppe Volontarie (CTV), de unos 12.000 italianos plenamente motorizado, y Hitler, un escuadrón de profesionales de la Luftwaffe (2JG/88) con alrededor de 24 aviones.

El 26 de Agosto Franco traslada su cuartel general al palacio de Los Golfines en Cáceres.

El 3 de septiembre las tropas de Franco toman Talavera. La publicidad de la ferocidad desplegada por las tropas moras en Badajóz provocó que parte de las milicias republicanas y de la población, huyeran de la ciudad antes de presentar batalla. El 20 de septiembre, las columnas llegan a Maqueda, a unos 80 km de Madrid). La decisión de Franco de avanzar por Extremadura en lugar de hacerlo directamente por Córdoba, había sido cuestionada; pero después de avanzar a un ritmo vertiginoso más de 500 kilómetros en dos meses, conquistando las principales ciudades del suroeste, su prestigio nuevamente se vio reforzado.

Con las tropas en Maqueda, casi a las puertas de Madrid, Franco desvía fuerzas hacia Toledo para liberar el Alcázar. Esta controvertida decisión permitió a los republicanos reforzar las defensas de Madrid, pero personalmente le supuso un gran éxito propagandístico. El Alcázar era un foco de resistencia donde en los primeros días de la sublevación se habían refugiado un millar de guardias civiles y falangistas con sus mujeres e hijos. Estaban ofreciendo una resistencia desesperada. Las tropas de Franco los liberaron el 27 de septiembre, convirtiendo esta liberación en una leyenda y afianzando su posición dentro de los líderes rebeldes.

Sanjurjo había sido elegido por unanimidad para capitanear la sublevación. Con su muerte, la sublevación quedó descabezada, y los fracasos de Goded en Barcelona y Fanjul en Madrid dejaron al general Mola sin competidores en la carrera por dirigir el levantamiento. El 23 de julio, Mola creó una Junta de Defensa Nacional integrada por siete miembros y encabezada por Cabanillas (el general más antiguo) en la que no figuraba Franco. Fue el 3 de agosto cuando Franco es incorporado a la Junta. Para entonces, las primeras unidades de África habían cruzado el estrecho y Franco disfrutaba de unas relaciones privilegiadas con Italia y Alemania. En conversación telefónica, el 11 de agosto, ambos generales valoraron que no era efectivo duplicar los esfuerzos para conseguir la ayuda internacional y Mola cedió a Franco la relación con los que ya eran sus aliados y con ello, el control de los suministros.

A las dificultades que encontró Mola en su avance hacia Madrid (Mola tuvo que distraer tropas para responder al ejército republicano en el norte y su avance se vio frenado en el puerto de Somosierra) se contrapuso el vertiginoso avance de Franco. Si en los primeros momentos del levantamiento Franco no disponía de posibilidades de liderarlo, ya en septiembre (no habían pasado dos meses) se había convertido en el más sólido candidato para encabezarlo. El 15 de agosto Franco tomó una iniciativa que permite suponer que ya contempla esa posibilidad y que probablemente contribuyó a consolidar su posición. Franco, sin consultar con Mola, en un solemne acto público celebrado en Sevilla, adoptó la bandera roja y gualda. Posteriormente, la Junta de Defensa Nacional, forzada por esta iniciativa, confirmó oficialmente la bandera. Sólo dos semanas antes, Mola había rechazado contundentemente a Juan de Borbón, el heredero de la corona, cuando intentó incorporarse al levantamiento. Franco se aseguraba así el apoyo de los monárquicos.

A finales de agosto, Messerchmidt, representante en España de la operación alemana para enviar los suministros a los rebeldes, se entrevistó con Franco. Inmediatamente después envió el siguiente comunicado a Alemania: "Excuso decir que todo debe quedar en las manos de Franco para que pueda haber un dirigente que lo mantenga todo unido". Franco, por entonces disponía de un grupo de militares (Kindelán, Nicolás Franco, Orgaz, Yagüe y Millán Astray) dispuestos a maniobrar para elevarlo a comandante en jefe y jefe de Estado.

El 14 de septiembre se celebró en Burgos una reunión de la Junta en la que no se planteó el tema del mando único. El 17 de septiembre Queipo de Llano y Orgaz fueron incorporados a la Junta como vocales; y el 21 de septiembre, convocada por Franco, se reúnió nuevamente la Junta, esta vez en Salamanca. En una reunión tensa, Kindelán insistió reiteradamente, con el apoyo de Orgaz, para que se trataseel tema del mando único. La reunión se había iniciado a las 11 de la mañana, se pospuso al mediodía y al reanudarse a las 4 de la tarde, Kindelán insistió: “Si en el plazo de ocho días no se nombra Generalísimo yo me voy”. Kindelán propuso a Franco y contando incluso con la conformidad de Mola, Franco fue nombrado Jefe de los ejércitos, "Generalísimo". No contó con el apoyo de Cabanillas que propuso una dirección colegiada y recordó las vacilaciones de Franco para unirse al levantamiento hasta el último momento. La reunión terminó con el compromiso de mantener en silencio la decisión hasta que no se publicase en el decreto.

Ese mismo día, Franco, retrasando el avance sobre Madrid, decide desviar sus tropas hacia Toledo, una plaza mucho más asequible que la capital, para liberar el Alcázar. El día 27 el Alcázar es liberado y en Cáceres se celebra una manifestación de exaltación a Franco.

Si bien la propuesta de Kindelán contemplaba que el nombramiento fuese durante el periodo de guerra, en el decreto no figuró esa limitación. Y habiendo sido nombrado "Jefe del Gobierno", Franco comenzó a referirse a sí mismo como "Jefe del Estado". Al día siguiente, los medios de comunicación franquistas daban la noticia de que había sido investido "jefe de Estado"; y, también ese mismo día, Franco firmó su primera orden como "jefe de Estado".

Una vez autonombrado Jefe del Estado, comenzó el culto a su personalidad. Se inició una campaña de propaganda al estilo fascista, la zona sublevada se inundó de carteles con su efigie, los periódicos debían encabezarse con el eslogan: “Una Patria, un Estado, un Caudillo”. Franco escogió, al igual que Mussolíni escogiera “Duce”, la distinción de “caudillo”. A su paso, en sus discursos y en actos públicos se le aclamaba “¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!” y se difundió masivamente sus supuestas virtudes: inteligencia, voluntad, justicia, austeridad,... Surgieron sus primeros hagiógrafos calificándolo de “Cruzado de Occidente, Príncipe de los Ejércitos”. A su techado de virtudes se le sumaban dotes excepcionales: “Mejor estratega del siglo”. Expresiones, citas, ocurrencias y discursos suyos se repitieron insistentemente en todos los medios de comunicación. Desde entonces, una de sus obsesiones fue la de controlar los medios de comunicación.

Franco envió telegramas a Hitler y Rudolf Hess en los que, en tono cordial, les comunicaba su proclamación. Hitler le respondió a través del diplomático alemán Du Moulin-Eckart, quien se entrevistó con Franco el 6 de octubre, ofreciéndole el apoyo de Alemania, pero retrasando el reconocimiento del gobierno rebelde hasta la previsible toma de Madrid. Du Moulin informó en Berlín de la disposición de Franco: “La amabilidad con la que Franco expresaba su veneración por el Führer y Canciller, su simpatía por Alemania y la delicada efusividad de mi recepción, no permitían ni un momento de duda sobre la sinceridad de su actitud hacia nosotros”. El 3 de octubre se trasladó a Salamanca ocupando el palacio Episcopal que le ofreció el obispo Pla y Deniel. Una estancia que supone breve, hasta el definitivo traslado a Madrid. El 7 de octubre diría: “Pronto estaré oyendo misa en Madrid”. En esta época aumentó su fervor religioso, oía misa diariamente a primeras horas de la mañana, había tardes en las que rezaba el rosario junto a su esposa Carmen Polo y, a partir de entonces, siempre dispuso de un confesor personal.

Las dos semanas siguientes a su nombramiento, Franco las dedicó a consolidar su posición de poder, las operaciones militares se retrasaron y hubo que esperar hasta el 18 de octubre para que la ofensiva contra la Capital estuviese perfectamente preparada. El 15 de octubre, habían empezado a llegar al puerto de Cartagena las primeras armas soviéticas: 108 bombarderos y 50 tanques y 20 coches blindados que se embarcaron para Madrid, proporcionando al ejército de la República una breve igualdad de fuerzas. Desde entonces se iniciaría un nuevo tipo de guerra. Hasta entonces las tropas de África habían avanzado enfrentándose a milicianos mal pertrechados y a componentes de un ejército con escasa experiencia militar. Fue un tipo de guerra parecida a las coloniales que tanto estaban acostumbrados Franco, la Legión y los Regulares. Con la llegada del armamento soviético y la presencia del italiano y alemán, se inició una guerra de frentes en la que este armamento adquirió el protagonismo. No parece que Franco supiera adaptarse a esa nueva circunstancia. El 6 de noviembre el ejército franquista estaba frente a Madrid preparado para su asalto final. Ese mismo día el Gobierno de la República había abandonado apresuradamente la Capital, y desde el bando franquista se vaticinaba que en cuestión de horas se presentarían en la Puerta del Sol, centro emblemático de la ciudad.

El 8 de noviembre comenzó la batalla de Madrid. Al ejército franquista dirigido por el general Varela se opuso a un heterogéneo conglomerado de combatientes bajo la dirección del teniente coronel Rojo. Aunque el ejército franquista llegó a atravesar el río Manzanares y ocupar varios barrios periféricos, finalmente y en combates cuerpo a cuerpo (principalmente en la Ciudad Universitaria), fue repelido. En días posteriores, al ejército popular se sumarían las brigadas Internacionales y la columna anarquista Durruti. El 23 de noviembre, ante la imposibilidad de tomar la ciudad, Franco decidió posponer el ataque. La resistencia de Madrid permitió que la República contuviera el avance franquista más de dos años, hasta el 1 de abril de 1939, día en el que Franco se alzaría con la victoria.

Consecuencia de esta derrota fue la definitiva internacionalización del conflicto. Ya a finales de octubre, Alemania había enviado al Almirante Canaris y al general Hugo Sperrle a Salamanca para que investigasen el porqué de las dificultades que Franco estaba encontrando en la toma de Madrid. El resultado fue que el ministro de la Guerra alemán instó a Sperrle para que comunicara “enérgicamente” a Franco que sus tácticas de combate, "rutinarias y vacilantes", estaban impidiendo sacar partido a la superioridad aérea y terrestre que mantenía, lo que hacía peligrar las posiciones ganadas. Alemania desde ese momento intensificó su ayuda militar bajo la condición, aceptada por Franco, de que las fuerzas Alemanas estuviese bajo el mando de oficiales alemanes. A principios de noviembre la legión Cóndor ya estaba en España bajo el mando del general Sperrle (una de sus primeras misiones, durante la batalla de Madrid, consistió en el bombardeo masivo de sus barrios populares. También protagonizaría el bombardeo de Guernica), otras fuerzas equipadas con carros de combate, armas motorizadas y bombarderos llegaron a Sevilla y, el 26 de noviembre, desembarcaron en Cádiz unidades compuestas por 6.000 hombres, aviones, artillería y vehículos blindados. Mussolini, que también intensificó su ayuda, igualmente achacó a Franco el fracaso de las últimas operaciones y el 6 de diciembre nombró unilateralmente al general Roatta jefe de todas las fuerzas armadas italianas que actuaban en España y de aquellas que se sumasen en el futuro. El Ejército del Frente Popular, paralelamente, se vería reforzado por la ayuda militar soviética.

La estrategia italiana de lograr una victoria rápida chocó con la de Franco que pretendía un lento avance consolidando perfectamente las posiciones: “En una guerra civil, es preferible una ocupación sistemática del territorio, acompañada por una limpieza necesaria, a una rápida derrota de los ejércitos enemigos que deje al país infectado de adversarios”.

Unos y otros coincidieron en que Franco, en los momentos cruciales, tomaba las decisiones con lentitud, siendo excesivamente cauteloso; y también, coincidieron en criticar su tendencia a distraer tropas de los objetivos estratégicos importantes. El general Sanjurjo diría de él: “No es que sea un Napoleón”. No obstante, juzgar a Franco por su capacidad para elaborar una estrategia elegante e incisiva es equivocarse del tema. Logró la victoria en la Guerra Civil del modo y en el tiempo en que quiso y prefirió. Aún más, obtuvo de esa victoria lo que más ansiaba: el poder político para rehacer España a su propia imagen, sin impedimentos por parte sus enemigos en la izquierda y de sus rivales en la derecha.

Franco, que diría: “Esto no es una guerra, es una cruzada”, durante el tiempo de guerra se preocupó de afianzar su poder político. Consiguió el apoyo incondicional de la iglesia española y venció las primeras reticencias del Vaticano, hasta conseguir también su apoyo. Alejó al heredero de la corona procurando no incomodar a los monárquicos que lo apoyaban: cuando Juan de Borbón intentó de nuevo incorporase al movimiento, diplomáticamente lo puso con los pies en la frontera, aduciendo que sería mejor para el heredero de la corona no tomar partido en la guerra. Intento crear un partido político franquista al estilo del creado por el dictador Primo de Rivera apoyándose en miembros de la CEDA, pero las reticencias de Falangistas y carlistas, movimientos que habían adquirido una considerable fuerza desde el levantamiento, le hicieron desistir y cambiar de estrategia. Descabezada la Falange tras el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, Franco se preocupó de silenciar su muerte hasta que encontró la oportunidad de hacerse con su control. Aprovechando un enfrentamiento entre los líderes de la Falange, en abril de 1937 decretó su fusión con los carlistas, se autoproclamó jefe supremo del partido resultante y prohibió el resto de partidos políticos. Franco ya tenía un ejército y un partido en los que apoyarse para perpetuar su poder una vez terminada la guerra.

Concluida la Guerra Civil el 1 de abril de 1939, se produjo el exilio de cerca de 400.000 españoles al extranjero de los cuales se calcula que 200.000 permanecieron en un exilio permanente.

El 19 de mayo de 1936 se celebró el desfile de la victoria. 120.000 soldados desfilaron frente a Franco y se le impuso la más alta condecoración militar española: la gran cruz laureada de San Fernando. La celebración se prolongó el día siguiente con otra ceremonia de carácter religioso celebrada en la iglesia de Santa Barbara. Franco entró bajo palio (honor reservado al Santísimo Sacramento y a los reyes). Su acto central, en el que deposita la espada de la victoria a los pies del gran Cristo de Lepanto, traído ex profeso desde Barcelona, parecía recrear una ceremonia guerrera medieval. Ya en 1937 se proclamó su autoridad absoluta y se elevó hasta el punto de no responder sino ante Dios y la Historia. Franco adquirió más poder que ningún otro gobernante en España.

Franco instauró un régimen autárquico que pasó desde el totalitarismo de carácter fascista a la dictadura autoritaria. La ausencia de un ideario definido le permitió transitar de unas fórmulas dictatoriales a otras, rozando el fascismo en los cuarenta y a las dictaduras desarrollistas en los sesenta. La característica principal de su régimen fue el enorme peso del ejército en las funciones políticas. También se apoyó en diferentes estamentos que se dio en llamar “familias”: los militares, la Iglesia, la Falange tradicionalista como partido único y sectores monárquicos y conservadores. Grupos con diferentes intereses y en casos contrapuestos que Franco supo manejar apoyándose unas veces en unos, otras veces en otros, según sus intereses del momento.

En 1939 con la ley de Responsabilidades Políticas se empezó a purgar a los trabajadores de la cultura, especialmente a los periodistas. Todos los directores de los periódicos y revistas fueron nombrados por en Estado y tenían que ser falangistas. Franco llegó a identificar el destino de España con el suyo propio, a juicio del general Kindelán, el que más obrara para su nombramiento como jefe del Estado, Franco estaba “atacado por el mal de altura”.

Para ser benevolentes con Franco hay que compararlo con Stalin o Hitler: “La represión franquista, que fue brutal, no se pueden comparar con las represiones estalinistas”, tampoco fue tan brutal como la de Hitler. Cualquier otra comparación sirve para descubrir la desmedida represión que ejerció finalizada la guerra. Las 40.000 o 50.000 ejecuciones del franquismo no admiten comparación con los centenares de ejecuciones que se produjeron tras la Segunda Guerra Mundial en Francia, Alemania o Italia. En las cárceles de Franco en la posguerra llegaron a hacinarse más de 270.000 personas en condiciones infrahumanas y a las ejecuciones habría que sumar las muertes de aquellos que murieron en las cárceles por causa de estas condiciones.

La represión se ejerció en muchos ámbitos, no sólo fueron las ejecuciones y largas condenas de cárcel, se creó una sociedad donde los vencidos estaban excluidos de la vida política, cultural, intelectual y social. También hay que añadir la represión económica durante la primera etapa del régimen en virtud del favoritismo con que actuaba el Estado en favor de los vencedores o penando a los vencidos. En ese sentido puede decirse que este terreno hubo, por así decirlo, un botín de guerra. la corrupción y el amiguismo vinieron a empeorar las condiciones de vida de la posguerra y la desnutrición y las enfermedades provocaron al menos 200.000 muertes por encima de la tasa de mortalidad anterior a la guerra.

En un principio Hitler desestimo el ofrecimiento de Franco, pero las dificultades que encontró en su guerra contra Inglaterra le hicieron pensar en la conveniencia de que España se incorporara al conflicto. El 8 de agosto, Berlín elaboró un informe sobre los costes y beneficios de la entrada de España en la guerra. España, sin la ayuda de Alemania difícilmente soportaría el esfuerzo bélico. Con esta previsión, la ventaja se centraba en la supresión de las exportaciones españolas de minerales a Inglaterra, el acceso de Alemania a minas de Hierro y cobre de propiedad inglesa en España y el control del estrecho de Gibraltar. Los inconvenientes serían: una previsible ocupación inglesa de las islas Canarias y Baleares, la ampliación de Gibraltar, la posible conexión de las fuerzas británicas con las francesas en Marruecos y la necesidad de abastecer a España de productos de primera necesidad y combustible (ya que España se abastecía en terceros países de estas materias); también, la necesidad de rearmarla, añadiendo las dificultades que las carreteras estrechas y el diferente ancho de vía supondrían para el transporte de material bélico. Un segundo estudio pormenorizado de la ayuda que España necesitaría para entrar en la guerra desanimó a los alemanes. Ese verano existieron numerosos contactos entre España y Alemania. El entusiasmo que mostró Franco ante la entrada de España en la guerra, que con el posterior reparto de África colmaría sus ambiciones imperialistas, contrastó con el escepticismo mostrado por Alemania.

El 23 de octubre de 1940, Franco acudió al histórico encuentro con Hitler en Hendaya con la esperanza de obtener una adecuada recompensa a sus reiteradas ofertas de unirse al Eje. Posteriormente sus propagandistas afirmarían que Franco contuvo brillantemente a las hordas nazis en Hendaya manteniendo a raya a un Hitler amenazador. De hecho, el examen del encuentro no indica una presión desmesurada por parte de Hitler a favor de la beligerancia española. Serrano Súñer, comentaría que, ante las expectativas de poder anexionarse Marruecos, Franco estaba como “un niño ilusionado, encariñado con lo que había sido su deseo de siempre: el mundo en el que se había formado como gran jefe militar”. El encuentro se prolongó durante varias horas. Las exigencias coloniales de Franco, que chocaban con otros intereses de Hitler, no fueron atendidas por éste; y Hitler no consiguió flexibilidad por parte de Franco en sus pretensiones. Ambos comentarían la reunión en tono despectivo. Hitler diría que “con estos tipos no hay nada que hacer” y que preferiría que le sacasen tres o cuatro muelas antes que volver a conversar con Franco. Por su parte, Franco comentaría a Serrano Suñer que: “Es intolerable esta gente; quieren que entremos en guerra a cambio de nada”.

Con el fin de la guerra y la derrota de Alemania e Italia se desvanecieron las aspiraciones imperialistas de Franco y su intento fascista. Si bien el naciente régimen político franquista asumió plenamente la decisión de crear ex novo un estado totalitario alternativo al liberal-democrático, al igual que sus aliados naturales: el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán, no pudo consumar su sueño, y la derrota de Hitler y Mussolini primero, el aislamiento internacional y la guerra fría después, le obligaron a renunciar a sus objetivos forzándole a renunciar al “ideal totalitario” en beneficio del “autoritarismo pragmático”.

En el encuentro de Hendaya Franco había adquirido el compromiso de adherirse al Eje, compromiso que dejaba en manos de España la fecha de esa adhesión que nunca se materializaría. Los requerimientos de Hitler para su incorporación nunca fueron atendidos. Alemania pidió la intermediación de Italia. Franco se entrevistó con Mussolini en Bordighera el 12 de febrero de 1941; la entrevista fue muy cordial; Mussolini entendió los argumentos españoles y salió con la certeza de que Franco no podía ni quería ir a la guerra. No obstante, Franco, sin alterar su declaración de no-beligerancia, prestó apoyo a Alemania. Los submarinos alemanes utilizaron los puertos españoles como base para sus reparaciones y abastecimiento, lo que les permitió extender su radio de acción. También, los aviones alemanes utilizaron los aeropuertos españoles con los mismos fines, quedando demostrado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que operaron desde ellos en misiones contra la flota aliada. Y en junio de 1941, tras una beligerante campaña de prensa, se creó la División Azul que lucharía junto a Alemania en el frente soviético hasta 1944.

Aunque no cesó la colaboración, el Régimen se fue alejando paulatinamente del Eje, y con la caída del Tercer Reich, se enviaron directrices para que la derrota se viese como el triunfo del Régimen ya que España, según estas directrices, se había mantenido alejada de la guerra y siempre estuvo preocupada por la paz. En el plano internacional, Franco iniciaría en el otoño de 1944 unas operación de cosmética política que daría al Régimen una fachada más aceptable. El 3 de noviembre, Franco declararía a la agencia de noticias United Press que España nunca había sido nazi o fascista.

En 1945, la recién creada ONU rechazó el ingreso de España y recomendó a sus miembros la retirada de sus embajadores en 1946: "No hay lugar en las Naciones Unidas para un gobierno fundado sobre principios fascistas". Franco respondió convocando una gran manifestación en la Plaza de Oriente de apoyo al régimen que el mismo había instaurado, como haría en sucesivas ocasiones en las que la presión internacional le obligarían a mostrar un respaldo, muchas veces ficticio. El pueblo español sufrió las consecuencias del aislamiento que le impusieron al régimen naciones como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que no veían con buenos ojos la pervivencia de un régimen fascista en Europa. Sólo la Argentina de Perón firmó un tratado de relaciones comerciales en enero de 1947, ratificado con la visita de Evita, la Primera Dama, en junio del mismo año.

Esta situación terminó, en parte, durante la Guerra Fría, cuando las necesidades geoestratégicas de Estados Unidos le hicieron colaborar con España. En 1950 la ONU revoca su resolución de 1946 para la retirada de embajadores y Estados Unidos nombra un embajador, pero es especialmente a partir de la firma del pacto de 1953 con EE.UU., el ingreso en la ONU en 1955 y la posterior visita del presidente Dwight D. Eisenhower a Franco en 1959, para establecer bases militares estadounidenses en España, cuando se produce una mayor apertura internacional del régimen franquista.

En los años 60, Franco comenzó a elegir ministros de reconocida formación técnica, algunos de ellos miembros del Opus Dei, en lo que se llamó la «tecnocracia», con el fin de salir del modelo autárquico anterior. España asistió a un fuerte desarrollo económico, en el que tuvo mucho que ver el auge del turismo, creándose una nueva clase media que era bastante reducida hasta entonces. Es también en estos años 60 cuando se produce la emigración de cientos de miles de españoles de las zonas más deprimidas de España hacia diferentes países de Europa, principalmente Alemania, Países Bajos, Suiza y Francia, lo que se tradujo en una no despreciable fuente de ingreso de divisas. El desarrollo y el creciente contacto con los vecinos europeos (gracias al turismo y a la emigración) dieron lugar a nuevas tensiones sociales, si bien Franco no llegó a ver peligrar su poder, gracias a la unidad del ejército y a la inercia del sistema. En 1966 fue aprobada por referéndum su propuesta de Ley Orgánica del Estado, en la cual se preveía la separación de los cargos de Jefe del Estado y Jefe de gobierno.

En cuanto a la evolución social de esta época, cabe destacar el crecimiento demográfico (de 30 a 33 millones en la década de los 60), incremento de las clases urbanas, y la reducción de la tasa de analfabetismo hasta convertirse en la más baja en España hasta esa fecha: por debajo del 1,5%. En esa década España recuperó el nivel económico anterior a la guerra civil.

Entre 1962 y 1963 se cometieron dos intentos frustrados de atentados contra la vida del generalísimo, promovidos ambos por la DI (Defensa Interior). No lograron acabar con la vida del dictador debido a la rápida acción de su escolta personal, liderada por el General de brigada Don Vicente Fernández Bascarán, Jefe de la Casa Civil del Generalísimo y ex-director de la Tercera Sección de Información del Alto Estado Mayor.

En 1965 y 1968 se produjeron varios casos de agitación universitaria contra el régimen.

En 1969 nombró al príncipe Juan Carlos como su sucesor a título de Rey, lo cual implicaba la restauración de la monarquía en España.

Con el inicio de la actividad de grupos terroristas como ETA y el FRAP llevó a cabo un último esfuerzo de represión que culminó con sentencias de muerte para once terroristas (ocho del FRAP y tres de ETA), de los que, finalmente, el 27 de septiembre de 1975, fueron ejecutados cinco, pues el gobierno, en una reunión presidida por Franco el día anterior, decidió no ejecutar a seis de los condenados a muerte, dos mujeres (por estar embarazadas) y cuatro hombres.

La noticia de las ejecuciones provocó una fuerte reacción internacional (antes de la misma, muchos gobiernos, y personalidades como el Papa Pablo VI, habían pedido clemencia). Quince países europeos retiraron sus embajadores, fue asaltada la embajada española en Lisboa, se produjeron multitudinarias manifestaciones en las principales ciudades europeas y se cortaron las comunicaciones telefónicas y telegráficas con varios países.

Tras estos fusilamientos, que aislaron nuevamente a España del contexto europeo, Franco contrajo una enfermedad a consecuencia de la cual falleció tras una larga agonía, en Madrid, el 20 de noviembre de 1975. Juan Carlos hereda la jefatura del estado y, en contra de lo planeado por el dictador, la democracia se reinstaura a su muerte, en un proceso conocido como Transición Española.

El gobierno de Franco se caracterizó por la instauración de un régimen de tipo totalitario. Sólo se permitían los sindicatos verticales, que unían simbólicamente a patronos y obreros con el fin de mantener la apariencia y el orden público, y un único partido, Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Este último estaba constituido por la fusión de Falange Española y el carlismo y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), que se habían unido a la Falange antes de la guerra. Así, el régimen estaba fundado en un ideario de ultraderecha, de confesión católica, cuyo gobierno fue reconocido por el Papa Pío XII, siendo amparado ante la Santa Sede por el Opus Dei, organización con la que tuvo gran cercanía.

Estando basado en una economía capitalista que integraba proyectos sociales. Ejemplo de esto son la Seguridad Social, sistema sanitario público que se desarrolló ampliamente durante la dictadura o el Fuero del Trabajo, que eran un seguido de obligaciones del individuo afines al régimen, proclamadas como «libertades», cuando eran obligaciones. En el mismo sentido se crearon las políticas de viviendas de renta limitada para las clases más desfavorecidas o la del subsidio de paro.

Aunque el dictador no es generalmente considerado una persona avariciosa, ni acumuló una gran fortuna, durante la dictadura franquista fueron numerosos los casos de corrupción que salpicaron a los círculos familares (especialmente por parte de Nicolás Franco, de Pilar Franco y su yerno el Marqués de Villaverde), políticos y de amistad que rodeaban al dictador, siendo acusado de laxitud y tolerancia con la misma, por ello, en numerosas ocasiones los propios poderes públicos se encargaban de enmascarar estos escándalos, lo cual era posible gracias a la inexistencia de libertad de prensa y la represión. Por ejemplo en el caso de "Manufacturas Metálicas Madrileñas", el propio hermano del dictador fue penalmente amnistiado por el Consejo de Ministros. Su hermana Pilar, viuda madre de 10 hijos, cuyos únicos ingresos eran los que provenían de una módica pensión por viudedad de la época, acumuló una inmensa fortuna y diversas propiedades, recibiendo finalmente 12 millones y medio de pesetas en concepto de pensión hasta su muerte.

Entre otros, fueron de especial relevancia los escándalos de la estafa piramidal inmobiliaria SOFICO, el fraude en las ayudas a la exportación MATESA o a la industrialización en el caso de "Confecciones Gibraltar", y la desaparición de 4 millones de litros de aceite del Estado en el asunto REACE.

La familia Franco acumuló gran cantidad de bienes y propiedades durante la dictadura como la casa señorial gallega del "Pazo de Meirás" o el "Palacio de Cornide", "El Canto del Pico" en las cercanías de Madrid. Según Mariano Sánchez Soler, que ha publicado diversos libros de investigación sobre la fortuna acumulada por los Franco, la familia poseía un entramado de más de 150 empresas diversas y un patrimonio valorado entre 6.000 y 10.000 millones de pesetas.

En el año 2008, el partido político Izquierda Unida, presentó una proposición parlamentaria para posibilitar la devolución al Estado del patrimonio del dictador, finalmente el gobierno socialista aprobó que los bienes fueran declarados de interés cultural, lo que permite que sean visitados por la ciudadanía, pero permaneciendo en poder de la familia Franco. Por su parte, el Partido Popular se opuso a cualquiera de las iniciativas presentadas.

Lo único que se conoce a ciencia cierta de la vida privada de Francisco Franco es lo que se hacía oficial y público. Estaba casado con Carmen Polo y tuvo una hija, María del Carmen Franco Polo, Duquesa de Franco. Su yerno era Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde, y uno de sus bisnietos es Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, hijo de Alfonso de Borbón y Dampierre y de María del Carmen Martínez-Bordiú. La familia Franco pasaba sus vacaciones en el Pazo de Meirás, en La Coruña.

Con su propio nombre publicó en 1922 el libro (pretendidamente verídico) Diario de una bandera. Con el seudónimo de Jaime de Andrade, Franco escribió la novela Raza, que inspiró la película del mismo título en 1942. También con seudónimo, pero de Jakim Boor, publicó una serie de artículos antimasónicos en los periódicos de la posguerra, publicados todos ellos más tarde en el libro Masonería.

Además ha sido utilizado como personaje en varias novelas, películas e historietas de ficción. En 1964, José Luis Sáenz de Heredia, que ya filmara la película Raza, se hizo cargo también del film documental Franco, ese hombre. En Dragón Rapide (1986) su papel fue interpretado por Juan Diego, en Espérame en el cielo (1988) por José Soriano, en Madregilda (1993) por Juan Echanove, en Operación Gónada (2000) por Javier Deltell, en ¡Buen viaje, excelencia! (2003) por Ramon Fontserè, y en 20- N: Los últimos días de Franco (2008) por Manuel Alexandre.

Franco utilizó como emblema personal el víctor ('Victorioso', en latín) un símbolo originado en el ocaso del Imperio Romano y que derivaba del crismón. También fue empleado por la universidad de Salamanca.

Este emblema se utilizó mucho durante la guerra, y estuvo en la tribuna desde la cual Franco contempló el desfile de la victoria de 1939, cayendo en un relativo desuso a partir de entonces.

En 1940 se crearon el estandarte y el guión que fueron empleados hasta su muerte por el general Francisco Franco como Jefe de Estado. Se recuperó de esta forma, hasta el mes de noviembre de 1975, la Banda de Castilla. La propia banda y los dos dragantes estuvieron acompañados, como en el caso de Carlos I, por las Columnas de Hércules con fuste de plata, base y capitel corintio de oro o dorados, y ambas coronadas con una corona imperial (la columna más cercana al lado del mástil y una real antigua, abierta (la más alejada). La columna del lado más cercano al mástil aparecía colocada en el borde inferior, mientras que la otra lo estaba en el borde superior.

El estandarte, la bandera que fue izada en residencias oficiales, acuartelamientos y naves de la Armada consistió en una enseña cuadrada con los elementos mencionados.

El guión, la señal de posición, de uso castrense, fue muy semejante al estandarte pero poseía, en el lado opuesto al mástil, tres carpas redondas salientes y dos entrantes intermedias. Estuvo rodeado por flecos y acompañado de un cordoncillo, ambos de oro.

Al principio



Señorío de Olvera

Fernández-BascaránII.JPG

El Señorío de Olvera, cuyo nombre completo es Señorío de Olvera y del Peñón de Zaframagón, es uno de los títulos nobiliarios con más antigüedad del Reino de España, fue creado en el año 1385 por Juan I de Castilla para Alfonso Pérez de Guzmán, siendo su actual titular Victorino Fernández Mier, quién ostenta así mismo el título de Vizconde de San Claudio.

A lo largo de la historia han existido un total de 16 señores de Olvera de iure y 20 de facto.

En el año 1385, Juan I de Castilla y León concede la villa de Olvera en señorío a Alfonso Pérez de Guzmán, perteneciente a la Casa de Medina-Sidonia (futuros Duques de Medina Sidonia, la casa ducal más antigua de España) y quien fuera IV Señor de Sanlúcar y I Conde de Niebla. En 1394, concierta el matrimonio de su hija, Isabel de Guzmán (III señora de Gibraleón), con el vástago de los Zúñiga, Pedro de Zúñiga (I Conde de Ledesma) prometiendo como dote la villa y Señorío de Olvera pasando a formar parte éste en el año 1407 de las posesiones de los Zúñiga.

Más adeltante, la villa fue vendida, por una cantidad que desconocida, a los Téllez-Girón, Condes de Ureña y futuros Duques de Osuna y de otra enorme cantidad de títulos. Títulos que mantuvo la familia hasta el año 1843 cuando el señorío queda vacante sin que nadie plantee solicitud para su sucesión.

En el año 1716 el recien llegado el rey de la Casa Borbón de Francia, Felipe V, va a conceder al Señorío de Olvera la dignidad de Grandeza de España por el apoyo recibido por los Téllez Girón en la Guerra de Sucesión frente al pretendiente de la Casa de Habsburgo de Austria, el Archiduque Carlos.

En el año 1970 el general Vicente Fernández Bascarán presenta ante el Ministerio de Justicia un documento firmado por el presidente de la Real Academia de Heráldica y Genealogía por el cual se declara probado que el general Bascarán es el legítimo heredero del título del Señorío de Olvera, ya que, según mostraba dicho documento, este era descendiente del último señor de Olvera.

Probado lo anterior, en 1974 se opta por rehabilitar en el título al general Bascarán y junto a este se le concede el título de vizconde de San Claudio (por los servicios prestados al Estado español en el ejercicio de su cargo militar).

Tras la llegada a la Jefatura del Estado de Juan Carlos I este refrenda alguno de los títulos nobiliarios concedidos durante el franquismo, ya que al no ser el Jefe de la Casa Real Franco no tenía el poder para concerder títulos nobiliarios, entre ellos refrenda los de señor de Olvera y vizconde de San Claudio.

En el año 2003 muere el Excmo. Sr. D. Vicente Fernández Bascarán en la ciudad de Oviedo; su hijo, Victorino Fernández Mier, no reclama dentro del plazo establecido en la ley que se inicien los trámites de transmisión de títulos y por ello no será hasta marzo del año 2008, tras una serie de litigios, cuando el legítimo heredero de los títulos se haga poseedor legal de ellos.

Actualmente existe un proceso judicial abierto por que que se solicita la restitución en la persona de Victorino Fernández, actual Vizconde de San Claudio y Señor de Olvera, los títulos de los que era titular Francisco de Borja Joaquín José Gayoso de los Cobos y Téllez-Girón y que al morir sin descendencia legítima pasarón a su hermano, Jacobo María Sarmiento de Mendoza Gayoso de los Cobos y Téllez-Girón, estando actualmente en posesión de los Duques de Medinaceli.

Los citados títulos son: Marqués de Camarasa, Marqués de la Puebla de Parga, Marqués de San Miguel de Penas y de la Mota, Conde de Ricla, Conde de Castrojeriz, Conde de Amarante y Conde de Ribadavia.

Al principio



Source : Wikipedia