Vícar

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Publicado por astro 30/03/2009 @ 22:15

Tags : vícar, ciudades de almería, almería, andalucía, españa

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Vícar

Situación de Vícar en la provincia de Almería

Vícar es un municipio de la provincia de Almería, Andalucía, España, dentro de la comarca del Poniente Almeriense, al suroeste de la provincia. Su población asciende a 20.743 habitantes, según el censo del INE para el año 2007. Su extensión superficial es de 64,1 km², con una densidad de población de 323,6 hab/km².

Sus coordenadas geográficas son 36°50′N 2°38′O / 36.833, -2.633. Su altitud es de 288 msnm y su distancia a la capital de provincia, Almería, es de 22 kilómetros.

El municipio limita al norte con Enix y Felix, al sur con La Mojonera y Roquetas de Mar, municipio con el cual también limita al este, mientras que al oeste está flanqueado por Dalías, El Ejido y La Mojonera.

La zona de mayor altitud de la localidad coincide con la ladera meridional de la Sierra de Gádor, que alberga la Villa de Vícar, zona histórica. A sus pies se encuentra el Campo de Dalías, planicie donde se concentra la mayor parte de la población, y donde se localizan vastas extensiones dedicadas a la agricultura intensiva en invernaderos.

En el municipio hay varias ramblas, cauces que concentran las aguas durante lluvias intensas, como la rambla de Carcáuz o la rambla del Cañuelo.

El clima de Vícar se caracteriza por ser mediterráneo subdesértico: cálido, con ausencia de heladas y precipitaciones escasas.

Los restos más antiguos que indican presencia humana en el municipio se remontan a la Edad del Bronce, pertenecientes a la cultura argárica, que se extendía por buena parte del sureste español. Se trata de un poblado rodeado de paredes rocosas.

El territorio que hoy ocupa Vícar perteneció a la Hispania Ulterior, en la primera división provincial de Roma, año 197 a. C.; posteriormente, con la división realizada por Agripa en el 27 a. C., quedaría en las proximidades del límite entre la provincia Hispania Ulterior Baetica y la provincia Hispania Ulterior Tarraconense. A este periodo romano se le atribuye la construcción de los acueductos del Barranco de Carcáuz. La comarca no había atraído el interés de los romanos dada su escasa importancia durante las guerras de conquista o contra Cartago. Pero a principios del s. I d. C. les interesa de manera extraordanaria la Sierra de Gádor por sus explotaciones mineras. Entre los sucesos catastróficos destacar el terremoto del día 21 de julio de 365 seguido de un maremoto que dejó seca la playa a mucha distancia para luego volver las aguas con gran violencia y asolar las costas.

Durante la época árabe, Vícar pertenecía a la Taha de Almexixar o de Remepipar. La comarca de la Alpujarra, junto con las tierras de Granada, fue poblada por árabes de Damasco tras la invasión. Tras la conquista castellana de la capital en 1147, la segunda expedición musulmana para recuperarla partió desde Granada y pasó por la Alpujarra, quizá por La Mojonera, hacia 1156, tomando Almería al año siguiente.

El 8 de diciembre de 1501, los Reyes Católicos donaron a la ciudad de Almería los lugares de Felix, Enix y Vícar. En el siglo XVI se construyó uno de los símbolos del municipio, presente en su escudo: la Iglesia-Fortaleza de la Villa de Vícar. Durante las guerras moriscas del s. XVI la campaña de Luis de Requesens pasó por Felix: salió de Granada el 3 de octubre fue de Ugíjar a Dalías, recorrió la Sierra de Gádor hasta Felix y Canjáyar, el 16 de octubre volvió sobre sus pasos. El resultado final de las campañas sería el despoblamiento de la Comarca. Se iniciaba una lenta labor de repoblación. No se recuperaría hasta el s. XIX.

En Vícar se dejan sentir los efectos de los huracanes de finales del s. XVI y de 1623, que perjudican gravemente a las arboledas de moraledas, y sufriría los terremotos de 31 de diciembre de 1658 y de 1686.

El territorio se vio afectado por la llamada "Nube de Santa Rosa", el día 23 de agosto de 1804, no tanto por la nube tóxica que afectó a las vecinas Berja y Dalías, pero sí por los temblores de tierra. Los temblores se iniciaron en enero, destacando los de los días 13 de enero y 18 de febrero, afectando a todo el suroeste de la provincia de Almería. Tras la nube, los terremotos se repiten hasta finales de ese año, siendo los más destacables los del 24 de agosto y el 26 de septiembre. Los daños sufridos ese año fueron tantos que el Gobierno concedió la exención de contribuciones a varias localidades de Almería y Granada, entre ellas a Vícar.

En 1836 Vícar forma un ayuntamiento independiente del Ayuntamiento de Felix.

Tras el comienzo, el 17 de julio de 1936, de la Guerra Civil en España, y un día después del fracaso de la insurrección en Almería, que se produjo el 21 de julio, el obispo de la diócesis de Almería, don Diego Ventaja Milán, fue sacado del palacio episcopal de Almería, incautado por el Gobierno, y confinado en la casa del vicario don Rafael Ortega Barrios. El día 27 de ese mismo mes traen al obispo de la diócesis de Guadix, don Manuel Medina Olmos, a la misma casa. Tras varios traslados, la noche del 30 de agosto los sacaron junto con diez sacerdotes y tres paisanos, los asesinaron en el barranco del Chisme de Vícar, junto a la carretera que une Almería y Málaga, y quemaron sus cadáveres. Otros asesinados en los meses iniciales de la Guerra pudieron haber muerto en el barranco de Carcáuz.

El motor de la economía vicaria son los cultivos intensivos bajo plástico (invernaderos), los cuales están íntimamente ligados al desarrollo demográfico y económico de la población desde 1950 (657 habitantes) hasta 2006 (20.220).

Las formaciones políticas más relevantes en el ámbito local son el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), el PP (Partido Popular) e IU (Izquierda Unida); la UCD (Unión de Centro Democrático) fue una fuerza política con presencia en el municipio en los primeros años democráticos: el primer alcalde de la etapa democrática, elegido por sufragio universal, José Martín López, pertenecía a dicho partido.

La Corporación Municipal está compuesta por 21 concejales: en las elecciones municipales de 2007, se aumentó el número de escaños de 17 a 21, debido al incremento de población. El alcalde Antonio Bonilla Rodríguez, del PSOE revalidó su cargo al frente del Ayuntamiento de Vícar, el cual ostenta desde el año 1999. De los 21 escaños, el PSOE obtuvo 13, con un 54,02% de los votos, el Partido Popular 7, con un 32,77%, el grupo Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía obtuvo un escaño (6,66% de los votos) mientras que los grupos Partido de Almería (PdeAL), con un 4,23% de votos, Grupo Independiente por Almería (GIAL), que obtuvo un 0,88% de papeletas, Los Verdes 2007 (LV), que consiguieron un 0,32% y el Partido Andalucista (PA), con un 0,28% de votos, no obtuvieron representación.

Desde 2005, el periódico Vícar al día, quincenal gratuito editado por Novotécnica S. A., recoge noticias locales. La emisora municipal es, desde el año 1989, Onda Nueva Radio.

Vícar, junto con El Ejido, Roquetas de Mar, Adra, Berja, Dalías y La Mojonera conforma la demarcación de televisión digital terrestre TL03AL, denominada Ejido. Los canales locales que emitirán en esta demarcación se encuentran en proceso de concesión, dos de ellos serán de gestión pública, el primero cubriendo la zona de El Ejido y el segundo, el resto de municipios de la demarcación, incluyendo a Vícar. Además se repartirán tres licencias privadas, siendo el total de cinco emisoras en la demarcación.

Cabe remarcar el conjunto monumental del Barranco de Carcáuz, que incluye tres acueductos de posible origen romano: el Acueducto de los Veinte Ojos, el Acueducto de los Poyos y el Acueducto "por rematar". Las aguas eran depositadas en la Balsa del Molino.

Uno de los monumentos más destacables del municipio es la Iglesia-Fortaleza de San Benito del siglo XVI en la Villa de Vícar (Vícar Pueblo), y cuya imagen aparece en el escudo del municipio.

También es de interés la Casa del Marqués de Casablanca, con fachada del siglo XVII, posteriormente restaurada.

En el término municipal hay dos lugares con presencia de restos arqueológicos: en una zona denominada Barranco del Cura, cercana a la Villa de Vícar, se localiza el yacimiento argárico, una de las manifestaciones de la cultura prehistórica de El Argar.

El segundo yacimiento es el de la Villa Romana de Cuernotoro que fue parcialmente destruida para la construcción de explotaciones agrícolas. En ella se encontró una moneda acuñada en el año 119 ddC, con la efigie del emperador romano Adriano.

En 2005 se concluyó la construcción del denominado Edificio Singular "Puerta de Vícar", obra de los arquitectos don Salvador Cruz Enciso y don José Eulogio Díaz Torres, de remarcable y moderna fachada acristalada en la escalera habilitada para oficinas. Promovido por Promociones Eslaza (Grupo Lazben), fue construido por la empresa Ferrovial Agromán. Este edificio figura en la publicidad de la campaña institucional del Ayuntamiento de Vícar, bajo el lema Vícar, corazón del Poniente, oficial del municipio.

Vícar acogió, en el año 2000, la edición más concurrida del Festival de Música Tradicional de la Alpujarra, con más de 30.000 asistentes.

En cuanto a instalaciones deportivas municipales, algunas de las situadas en la localidad son el Pabellón Municipal de Deportes, la Piscina Municipal y el Estadio de fútbol de los Juegos Mediterráneos de 2005, inaugurado ese mismo año.

Vícar cuenta con unos 26 clubes o asociaciones deportivas. Entre los clubes del municipio, cabe mencionar equipos como el Vícar Goya Jarquil, de balonmano femenino, perteneciente al Club Polideportivo Goya, que desde la temporada 1998/1999 compite en la máxima categoría a nivel nacional (Liga ABF) en su modalidad. En fútbol destaca el Club Deportivo Ciudad de Vícar, que desde la temporada 2007/2008 juega en el grupo IX de la Tercera División de España.

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Iglesia de San Benito (Vícar)

La Iglesia de San Benito o Iglesia-Fortaleza, situada en el municipio de Vícar (Almería, España), es un edificio religioso con elementos defensivos, de arquitectura mudéjar. Data de la segunda mitad del siglo XVI, siendo construida durante el mandato de Don Antonio Corrionero de Babilafuente, obispo de la diócesis de Almería entre 1558 y 1570. El monumento recibe el régimen de protección de Bien de Interés Cultural; está incoado como tal desde el 6 de marzo de 1985.

Se localiza en la Villa de Vícar, zona histórica y capital del municipio, de naturaleza alpujarreña, en la ladera de la Sierra de Gádor. Su torre, que da el carácter defensivo a la construcción, sufrió un gran deterioro a causa de la rebelión morisca en las Alpujarras en 1568. El templo fue reformado en el año 1647, con elementos mudéjares de par y nudillo. Dentro del templo hay una talla del Cristo de la Salud, que es sacado en procesión en torno al 14 de septiembre, festividad de la Villa.

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Almería

Almería (España )

Almería es una ciudad costera y portuaria española, capital de la provincia de Almería, situada en la Comunidad Autónoma de Andalucía, entre las provincias de Granada y Murcia.

Está rodeada por la sierra de Gádor al oeste, al norte por Sierra Alhamilla, al este por una llanura que culmina en la sierra de Cabo de Gata, en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (una de las esquinas de la Península Ibérica) y al sur se abre a una amplia bahía. La ciudad, situada en el sureste de España, a orillas del Mar Mediterráneo, está bordeada por el río Andarax. Es la capital de la costa de Almería, que se extiende a lo largo de 219 km.

Culturalmente, destaca la Alcazaba, el Cargadero de Mineral (también conocido como Cable Inglés), la Catedral y su Museo Arqueológico. El cultivo en invernaderos, la construcción y el turismo son las principales fuentes de ingresos de la ciudad. En 2005 fue sede de los Juegos de Mediterráneos, los cuales dotaron a la ciudad de una magníficas instalaciones deportivas como el Estadio de los Juegos Mediterráneos o la Villa Mediterránea de El Toyo. La isla de Alborán pertenece, administrativamente, al ayuntamiento de la ciudad, y concretamente, al barrio de Pescadería. La capital almeriense cuenta con un aeropuerto internacional.

El topónimo Almería procede del árabe andalusí المرية al-Mariyya, y éste de مرأى mara'à, que significa mirador o vigía, porque su función inicial era proteger la ciudad de Bayyana, actual Pechina.

El símbolo por excelencia de Almería y provincia es el Indalo, de cuyo origen hay diversas teorías. Unos opinan que se trata de un hombre con un arco para emplear en la caza, otros sostienen que se trata de la unión de un hombre y el sol mientras que otras versiones apuntan a un hombre sosteniendo el arco iris en sus brazos.

En cualquier caso se trata de un símbolo muy arraigado en la sociedad almeriense y es frecuente verlo por las calles. Por ejemplo, en el escudo de la Unión Deportiva Almería encontramos uno.

Otro símbolo muy unido a la capital almeriense es el Sol de Portocarrero que representa un sol con cara humana del que salen numerosos rayos ondulados y rectilíneos de forma alterna. Por ejemplo, el escudo de la Universidad de Almería está basado en este Sol de Portocarrero.

Su origen está en el año 1147, cuando el ejército genovés aliado de Alfonso VII desembarcó en la playa de los Genoveses de Cabo de Gata para participar en la conquista de Almería. La ciudad adoptó la enseña genovesa que se corresponde con la Cruz de San Jorge (cruz griega en gules sobre campo de plata) como símbolo propio.

Timbrado de corona real cerrada, la cruz genovesa está rodeada por bordura componada de los cuarteles de la Corona de Castilla y León, Aragón, Granada y el águila negra, antiguo emblema del Reino de Navarra. Lo rodea el lema «MUY NOBLE, MUY LEAL Y DECIDIDA POR LA LIBERTAD, CIUDAD DE ALMERÍA». La cruz genovesa data, como la de la bandera, de mediados del siglo XII. En versiones anteriores desaparece el águila del antiguo escudo de Navarra y se le añaden a la bordura las cadenas navarras (como en los sellos de correos de la época franquista).

Fantasía de luz urdiendo celajes con encajes de sol en brisas de tul ¡Alegría! cristal de luna de claro día de tus fulgores brotan amor edén azul, siempre azul.

La patrona de la ciudad es la Santísima Virgen del Mar que celebra su festividad el sábado anterior al último domingo del mes de Agosto. Su imagen fue encontrada en la orilla de la playa de Torre García por el vigía de la torre, Andrés de Jaén, el 22 de diciembre de 1502. La leyenda dice que la imagen, de tradición románica, pudo formar parte de los enseres de un barco naufragado e incluso un armazón de proa al que los fieles vistieron como Virgen. La torre aún se conserva y muy cerca de ella se construyó una ermita en torno a la que se celebra una romería el segundo fin de semana de cada año.

El patrón de la Diócesis de Almería es San Indalecio, uno de los siete varones apostólicos, y su festividad se celebra el 15 de mayo. Por este santo es por quién el Indalo recibió su nombre.

Resulta complicado encontrar indicios prehistóricos en toda la provincia, pero aún más en los alrededores de la capital almeriense. El municipio de Almería se constituye sobre un antiguo delta fluvial, correspondiente al Río Andarax. Resulta muy complicado encontrar restos prehistóricos en el área, pues la zona más llana tiene apenas unos miles de años de edad. En las zonas de montaña la orografía es muy abrupta, lo que dificultaba el asentamiento de poblados humanos.

Las culturas de la Edad de los Metales mantuvieron contacto con civilizaciones de todo el Mediterráneo, prueba de ello son las colonias que pueblos como los fenicios fundaron años más tarde, en el siglo VIII a. C. Abdera (Adra) y Baria (Villaricos) fueron las más importantes, centros eminentemente comerciales y pesqueros que mantenían a su vez contactos con navegantes griegos. El control fenicio se convirtió en cartaginés cuando la civilización púnica se extendió por el SE peninsular, control que se extinguiría el año 209 a.C. con la II Guerra Púnica. De la época fenicia y cartaginesa se conservan numerosos restos, en Vera, Los Vélez y Dalías.

Almería cayó en las manos de Roma durante la campaña de Escipión el Africano contra los cartagineses. Los romanos la llamaron Portus Magnus, quedando la ciudad enclavada en la Hispania Ulterior. Plinio el Viejo la menciona en su obra; no en vano se convirtió en uno de los puertos más importantes del S de Hispania. Roma trajo la organización territorial, las vías de comunicación y los impuestos, y explotó sistemáticamente los recursos mineros del territorio, entre ellos el mármol de Macael. Se fortaleció el comercio, especialmente el del garum, sabrosa salsa de pescado y especias muy apreciada en la época y cuya fórmula exacta se desconoce aún hoy. En Adra y Torregarcía y en la capital, en el mismo Parque Nicolás Salmerón, se conservan salinas y factorías de salazón de esta época. Otros restos de gran importancia son el Dionisio de Chirivel, el sarcófago de Berja, el Daymún (templo funerario de época tardorromana) de El Ejido y el puente y restos de vía romana de Bayanna, a las afueras de la capital.

Almería fue ocupada más tarde por vándalos y visigodos. Tras un breve periodo de ocupación bizantina (el SE español fue el único territorio peninsular en su poder durante varios años), Suintila integra definitivamente a Almería en el reino visigodo el año 621 y expulsa a las fuerzas de Bizancio. En esos años, mantuvieron su importancia las antiguas poblaciones de Abdera, Urci y Baria.

Quedan pocos siglos para que Almería alcance su primer cénit histórico, político y socioeconómico. La gran historia de Almería comienza en efecto con la ocupación musulmana, iniciada el año 713 a manos fundamentalmente de poblaciones de origen beréber y yemení, cuya más pronta aportación fue la remodelación sustancial del paisaje y método agrícola.

El origen último de Almería capital está en efecto en Pechina, pues poco después de su fundación se crearía un asentamiento costero y una atalaya, dependientes de aquélla, que recibirían el nombre de Al Mariyyat Bayyana. Para remontarse a su fundación, hay que decir que Bayyana, en el día de hoy el pueblo de Pechina situado en las orillas del río Andarax, era la capital de la Cora, teniendo su auge entre el siglo IX hasta mediados del siglo X. Tras el ataque de Fatimí al arrabal de Bayyana, es cuando Abderramán III decide en el 955 amurallar el poblado primitivo de la ciudad, La Medina, que se había formado alrededor de la atalaya, Bayyana - Almariyat (la atalaya que la importante República de Pechina tenía en la costa), nace la ciudad, la cual mandó edificar una fortaleza para defensa de la ciudad). Almería era una población total y radicalmente islámica. La Almería musulmana llegó a ser una ciudad grandiosa. Después de Córdoba, era la ciudad más influyente y próspera de la península y una de las más ricas de todo el orbe islámico. Con posterioridad, en el año 965, se construye una Mezquita Mayor como lugar de oración y recogimiento. El almirante de la flota, que residía en Almería, era de facto el segundo poder en la España de la época y tenía a su disposición un número de 300 naves que fondeaban en el puerto, el más importante del califato. Ibn Maymun fue el más grande de estos almirantes de Almería, al que Almanzor envenenó, envidioso de su poder.

El periodo musulman se divide en dos fases, separadas por un breve periodo de ocupación cristiana, el decenio entre 1147 a 1157, en que los ejércitos de Alfonso VII ocuparon la ciudad y los alrededores. No obstante, aunque breves, estos diez años supusieron una ruptura insalvable en el crecimiento de la Almería musulmana. La primera fase destacable va así pues desde la fundación oficial de la ciudad en 955 hasta 1147, y la segunda desde 1157 a 1489.

Los antecedentes del periodo 955-1147 se encuentran en la fundación a principios del s. VIII de un asentamiento en lo que entonces eran los aledaños de la desembocadura del río Andarax, que en aquella época tenía su boca a la altura de lo que hoy es La Juaida. Se trataba de Bayyana, la actual Pechina. Su estratégica posición le permitió convertirse en un próspero centro de comercio que dio origen a la que se denominó República Marítima de Pechina. Y no sólo en lo material se enriqueció el bajo Andarax, también en lo espiritual. En efecto, Pechina fue cuna del más importante sufismo ibérico. Aquí emigraron los últimos discípulos del sufí cordobés Ibn Massarra: el almeriense Ibn Al Arif fundó la Escuela de Almería por la que discurrieron Ismail Al Rouayni de Córdoba (cuyo nombre, sorprendentemente, bautizó a la actual pedanía de El Ruini posiblemente porque vivió en ella), Abu Madyan y probablemente el más grande místico sufí de Al Andalus, el murciano Ibn Arabi. Demasiadas veces pasa desapercibida la importancia del movimiento sufí en Almería, que tanta importancia tuvo no sólo por su profundidad, sino por haber aportado muchas de las claves del misticismo cristiano posterior de, entre otros, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

Se ha escrito mucho sobre el origen del nombre de la ciudad y provincia. El movimiento indaliano, siempre tan idealista, pensaba que Al Mariyyat querría decir en árabe "Espejo del Mar", pero es mucho más probable que el topónimo provenga de la palabra "al miraya", "torre vigía". En efecto, Al Mariyyat funcionó como puerto y defensa de una Bayyana próspera y enriquecida, que se convertiría en uno de los centros comerciales más importantes de Al Andalus como ya dejó reflejado en sus crónicas Al Himyari.

Llegamos así a la fundacion oficial de la ciudad en 955, año en que Abderramán III (o Abd-er-Rahman) ordenó iniciar las obras de una fortaleza, la Alcazaba, cuyo objetivo era defender el área de la amenaza que suponía el califato fatimí, oriundo de Túnez. La Alcazaba se convierte así en la fortaleza musulmana más grande de España y de Europa, con 43.000 metros cuadrados que le permitían albergar todo un destacamento militar de 20.000 hombres, los palacios de los sucesivos reyes e incluso lugares de resguardo para la población en caso de ataque. Más adelante será objeto de remodelaciones y ampliaciones por parte de reyes musulmanes y de los Reyes Católicos.

La desintegración del califato de Córdoba en el s. XI da lugar a los reinos de taifas, entre ellos el de Almería, que tendría su primer rey en Jairán (o Hayran), remodelador de la Alcazaba.

Almería ya es mucho más importante que Bayyana y se convierte en una ciudad de nueva planta califal, dotada de una mezquita mayor (la actual iglesia de San Juan, en ella se conservan hoy la qibla y el mihrab originales) y un activo puerto, que con los años sería el más importante puerto comercial de todo Al Andalus. En efecto, este siglo constituye el primer cénit histórico de Almería. Era entonces una ciudad amurallada, con un trazado urbanístico árabe clásico y tres barrios bien diferenciados: el barrio de Al Hawd (o el Aljibe), el de la Musalla y el principal, la Medina (por donde corre hoy la actual calle de la Almedina).

Reinó durante la segunda mitad del siglo Almotacén (o Al Mutasim) (1052-1091), el rey poeta, que enriqueció la corte con literatos y científicos. Se introdujeron avances en los sistemas de regadío; en la ciudad florecían los baños y las mezquitas y efervescía en el puerto el comercio de la seda, el aceite y la uva. Buena prueba de todo ello nos deja la obra de Al Idrisi.

La taifa almeriense terminó con la invasión almorávide, pero la ciudad continuará siendo un auténtico emporio comercial muy codiciado por los cristianos. Es entonces cuando Alfonso VII, el Batallador, decide tomar la ciudad con ayuda de catalanes, francos, pisanos y genoveses (estos dieron su gentilicio a la playa en que desembarcaron, en Cabo de Gata); los ejércitos entraron en la ciudad el 17 de octubre de 1147. Como ya dijimos antes, fue un periodo efímero de ocupación, que sin embargo truncó totalmente el desarrollo de la capital y su territorio.

Almería volverá a ser musulmana con la toma de los almohades, pero jamás recobrará su antiguo esplendor. En el s. XIII, pasa a formar parte del reino nazarí de Granada, siendo gobernador Abbu-i-Abbas, quien intentó reconstruir la ciudad sin demasiado éxito. Fue en parte responsable de ello una sequía que comenzó el año 1227 y desestabilizó gravemente la agricultura y el comercio de toda la región.

De la época musulmana se conservan innumerables restos. A la Alcazaba y los restos de la mezquita mayor hay que sumar los aljibes de Jairán, que en una época abastecieron a la ciudad, y las murallas construidas por el mismo rey. También se conservan lienzos de la muralla del puerto y restos de la puerta de Pechina, en el subsuelo de la Rambla Obispo Orberá. No sólo ciudades florecieron en la Almería musulmana: se pueden encontrar diseminados por los Filabres, las Alpujarras y el valle del Almanzora numerosos baños, mezquitas y castillos.

En 1489 los Reyes Católicos conquistaron Almería, cuyas poblaciones en la mayoría de los casos capitularon pacíficamente, con la excepción de contadas rebeliones mudéjares.

El siglo XVI es el siglo del retroceso y abandono de la ciudad y la provincia. Fueron varios los factores que influyeron en esto; en primer lugar, Almería estaba apartada de cualquier ruta comercial americana, y vio pasar de largo todas las riquezas provenientes de Nuevo Continente y la actividad que trajeron consigo. Por otro lado, se prodigaron en estos cien años tanto los terremotos como los ataques de los piratas berberiscos y turcos como Barbarroja (en el siglo siguiente, les sucederían los de la armada inglesa). Los primeros mermaron la población y los segundos la aterrorizaron y obligaron a desplazarse hacia el interior.

Especialmente funesto fue el seismo de 1522, que destruyó la ciudad casi completamente y redujo la población a tan solo 700 habitantes que se asentaron en torno a la catedral de nueva construcción.

La Catedral de Almería es un gran ejemplo de edificio defensivo de la época. Fue levantado el primer templo catedralicio en 1496 bajo las órdenes del cardenal arzobispo de Toledo Pedro González de Mendoza sobre la antigua mezquita. El terremoto de 1522 la destruyó completamente y fue entonces cuando Fray Diego Fernández de Villalán, obispo de Almería, mandó construir el actual bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación. Su aspecto exterior le da clara apariencia militar; en efecto, se trata de una de las únicas catedrales-fortaleza de su clase en España: sólidos contrafuertes, torres albarranas, gruesos muros, escasez de vidrieras... Las tres naves son de igual altura, lo que proporciona una amplia azotea que sirvió para la instalación de cañones y la vigilancia militar. Solo la embellecen dos austeras portadas renacentistas de Juan de Orea, y en el muro que da a la calle del Cubo, el Sol de Portocarrero (otro de los símbolos de la ciudad que aunque se cree que hace referencia al obispo Portocarrero, del s. XVII, ya estaba esculpido desde los primeros tiempos de la catedral) No obstante, las bovedas y la sacristía son espléndidas, góticas las primeras y renacentista la segunda. Contiene el templo obras de Alonso Cano, Murillo y Ribera, y un San Indalecio de Salzillo.

El santoral en Almería es rico en leyendas. El antedicho San Indalecio es el patrón de la ciudad y sus restos vinieron a descansar a Almería después de siglos en la abadía de San Juan de la Peña, en Huesca. San Indalecio fue uno de los Siete Varones Apostólicos, evangelizadores de Andalucía, quienes, según viejas tradiciones recogidas en escritos mozárabes, acompañaron a Santiago el Mayor en la evangelización del sur de España a mediados del s. I d.C. Entre ellos estaban también Tesifón, Torcuato, Segundo, Hesiquio, Cecilio y Eufrasio; todos ellos fueron obispos de poblaciones del S y SE español (entre ellas Berja y Abla) antes de la ocupación musulmana. Pero quizá lo más interesante fueron las afirmaciónes que sobre ellos se encontraron inscritas en los famosos plomos del Sacromonte, documentos inscritos en ese metal y descubiertos en la abadía granadina en el s. XVI. En ellos se afirma, en un intento sincrético por parte de pensadores moriscos de unir islam y cristiandad, que todos ellos eran de origen árabe. Así, Indalecio se habría llamado, antes de su latinización, Ibn Al Mugira. Otro santo presente en Almería es San Valentín, cuyos restos se creen ocultos en algún lugar de la catedral, si bien este honor le es disputado por la iglesia de San Antón, en Madrid y la abadía de Terni, en Italia.

La segunda mitad del siglo XVI estuvo marcada en toda la provincia por el levantamiento y posterior expulsión de la población morisca. Los moriscos, extensa comunidad de religión y cultura musulmanas a la que se había permitido permanecer en la península previa conversión, veía sin embargo sus derechos y su dignididad continuamente negados desde la firma de las Capitulaciones. La poblacion morisca era, a pesar de la incipiente repoblación cristiana, mayoritaria en amplias regiones de la provincia, como las Alpujarras y el alto Almanzora. Fue precisamente en la Alpujarra almeriense donde en 1568 se rebela el laujareño Abén Humeya (nacido Fernando de Válor y convertido al islam); la insurreción se propaga a toda la provincia y pronto Vera es conquistada y Cuevas de Almanzora atacada. En su retirada, Abén Humeya fundó en Purchena una competición para celebrar el nombramiento de la ciudad como cabeza del valle del Almanzora. Se trataba de unos juegos deportivos y culturales de innegable analogía con el olimpismo, que incluian la lucha, las carreras a pie y a caballo, el tiro y la poesía y que han sido recuperados hoy día, recibiendo el elogio de, entre otros, Juan Antonio Samaranch y el Comité Olímpico Internacional. Vuelve más adelante Abén Humeya a Laujar donde crea una casa real con vocación dinástica (ya había sido Laujar de Andarax asiento real con Boabdil a principios del siglo XVI), pero es asesinado, víctima de sus propios colaboradores en una oscura intriga palaciega. Poco a poco la resistencia morisca se desvanece. Prueba de que había sido enormemente dura es que Felipe II decidiera enviar al mejor y más temido de sus militares, Juan de Austria, quien pronto acaba con el breve reino morisco. Se reemprende así la expulsión de la población musulmana, que culminará con Felipe III.

Uno de los episodios más sangrientos de la represión contra los moriscos tuvo lugar en Níjar, y constituyó lo que se convino en llamar el negocio de Inox. En las revueltas de la Navidad de 1569, cientos de familias moriscas acudieron a refugiarse al castillo morisco del peñón de Inox, cercano a Níjar. Informados los cristianos, reunieron un improvisado ejército de mercenarios que se adueñó fácilmente de la fortaleza, haciéndose de una vez con más de 3.000 esclavos, mujeres y niños, e incontables botines. A este negocio se debe el nombre de la cortijada actual cercana, La Matanza, en cuyos aledaños pueden encontrarse aun semiderruidos entre la maleza los muros de la antigua mezquita de Inox.

La matanza y expulsión de los moriscos fueron un duro golpe que sumió a la provincia en la época más oscura de su historia, el siglo XVII. En efecto, marcharon los que habían enseñado a los cristianos el cultivo del moral, el tejido de la seda, las técnicas de regadío y la carpintería. Quedó la provincia desierta de Níjar a Mojácar y la población de la capital se redujo a 7.000 habitantes. Los intentos de repoblación cristiana fueron inútiles y los terremotos y ataques piratas berberiscos e ingleses mantuvieron a la provincia ensombrecida durante los siguientes 100 años.

No podemos pasar página y siglo sin mencionar al otro gran morisco almeriense, Yuder Pachá. Personaje insólito, nacido en Cuevas de Almanzora como Diego de Guevara, fue capturado junto a otros 300 muchachos y llevado al palacio del sultán Al Malek de Marruecos en Marrakech, en la época una próspera y fascinante capital que acogió a pueblos enteros de moriscos exiliados (entre ellos Tabernas). Allí Yuder Pachá fue avanzando en el escalafón social y militar, sobresalió en la batalla de los Tres Reyes contra Portugal y recibió por fin el encargo del sultán Al Mansur de crear un gran imperio en el África Occidental. Así, partió en 1590 con 4000 hombres y 4 cañones andalusíes, atravesó el desierto y derrotó a los askia, adueñándose de Tombuctú, capital del mítico Imperio Songhai, el actual Mali. Se estableció así en la Curva del Níger una insólita comunidad andalusí, de costumbres y lengua castellana, que mantuvo su poder hasta 1737 y su preeminencia social y cultural hasta la primera mitad del siglo XIX, cuando fueron conquistados definitivamente por la etnia peul. No obstante, los "arma" (los andalusíes descendientes de Yuder y los moriscos, así llamados por portar nunca vistas armas de fuego), continuaron desempeñando un relevante papel en la política regional y participaron activamente en los procesos de independencia de Mali. Aún hoy se aferran a su origen andaluz, utilizan palabras castellanas y recuerdan al conquistador que fundó su dinastía, un cuevano, Yuder Pachá.

Los siglos XVII y XVIII son quizá los más desconocidos de la historia almeriense.

El siglo XVII se inicia, como dijimos, con una despoblación galopante, a la que hay que sumar terremotos, sequías y una costa bajo constante amenaza pirata. La repoblación cristiana, proveniente sobre todo de Jaén, Castilla-La Mancha, Levante y Aragón es insuficiente y no logra repuntar la demografía de la ciudad ni la provincia. Las malas comunicaciones y el aislamiento siguen siendo los mismos de siglos.

A pesar de todo ello, La actividad minera es impulsada con las explotaciones de hierro en los Filabres, plomo en Gádor y mármol en Macael. La contrapartida son las consiguientes talas masivas en las sierras de Gádor y Almagrera, que iría agravándose durante los siglos siguientes y contribuiría de manera importante a deforestación que sufre hoy todo nuestro territorio (a esto se deben las talas y la sequedad atávica de la provincia, y no a la necesidad de madera para construir la Armada Invencible, como se suele contar en Almería).

Este aislamiento y las penosas condiciones contrastan no obstante con una actividad cultural y etnológica que nace para ir desarrollándose poco a poco durante este siglo y el siguiente, el XVIII. En efecto, muchas de las costumbres, tradiciones, juegos o vestimentas nacen durante estos 100 años.

En 1640 se edita el primer libro en Almería, a instancias del obispo José de la Cerda, lo que lentamente va abriendo el camino a nuevas iniciativas que vendrán con los ecos de la Ilustración. En el siglo XVIII, los gobernantes de la ciudad comienzan a preocuparse de recabar información veraz sobre demografía, trabajo y emigración y se crean agrupaciones culturales y sociales como la Sociedad Económica de Amigos del País de Vera, una de las más sobresalientes de Andalucía en la época.

En lo artístico cabe destacar la construcción en este siglo de dos templos de gran importancia en la provincia, la iglesia de la Encarnación en Vélez-Rubio y el Santuario del Saliente en Albox, a lo que se deberá sumar las numerosas imágenes religiosas del murciano Francisco Salzillo que hoy día se veneran en Semana Santa. En efecto, el norte de la provincia goza quizá de mejor condición que el resto, debido a la exitosa repoblación y urbanización llevada a cabo por el marqués de Los Vélez.

El siglo XIX rubricó la lenta recuperación iniciada los dos siglos anteriores. Almería fue testigo de una segunda edad de plata, sobre todo a finales de la centuria, que tuvo su origen en la apertura comercial y la consolidación de la minería y la agricultura desde las primeras décadas de siglo.

La Guerra de Independencia no pasó de largo por Almería. Aunque su amenaza se veía lejana desde nuestra provincia, los franceses llegaron a ocuparla comandados por Goudinot, quien entró en la ciudad el 15 de marzo de 1810. Le ofrecieron resistencia los famosos guerrilleros Mena, Villalobos y Arostegui. En 1812, los franceses se retiran de Almería tras ser vencidos en Arapiles.

En 1814 vuelve Fernando VII al poder y con él el absolutismo y la derogación de las Cortes de Cádiz de 1812. En este contexto se dio otro de los más conocidos episodios históricos de la capital, la matanza de los "coloraos". Tuvo lugar en 1824, cuando un grupo de soldados provenientes de Gibraltar, a los que se les apodó los "coloraos" por el tono de sus casacas, desembarcó en Almería con ánimo de proclamar la Libertad y restituir la Constitución de 1812. Como anécdota, decir que estaban éstos relacionados con una sociedad secreta, la Santa Hermandad, de inspiración comunera. Al fracasar en su intento, 22 de ellos fueron fusilados por los absolutistas en la Rambla de Belén a la altura de la c/ Granada. Años más tarde, se levantó en su honor un monumento en la Plaza Vieja al que se le llamaba cariñosamente -y se le llama- el "pingurucho" y que fue también objeto de controversia: destruido en 1943 con motivo de la primera visita de Franco a Almería, no se restituyó hasta 1987 a instancias de los grupos más progresistas de la ciudad, quienes también resucitaron el homenaje anual a los "coloraos" celebrado cada 24 de agosto.

Es también el siglo XIX el siglo de los avances geopolíticos, urbanísticos y de infraestructuras. Los liberales, una vez se hicieron con el gobierno de Madrid, promovieron una reestructuración administrativa del país de la que nacieron las actuales provincias. Fue gracias a las gestiones del Conde de Ofalia, desterrado a Almería, que nació de facto nuestra provincia y adquirió por decreto de 1834 personalidad administrativa propia , quedando desvinculada del viejo Reino de Granada.

La fisonomía de la ciudad sufrirá un cambio drástico en lo que se ha venido a llamar la evolución de ciudad conventual a ciudad burguesa. En efecto, Almería se derrama fuera de sus murallas, que terminan siendo derruidas casi completamente en 1855. Se urbanizan los amplios perímetros monásticos (huertas, campos), recién desamortizados, dando lugar a plazas como la de San Francisco (actual de San Pedro). Se dota a la ciudad de un sistema de alcantarillado y agua potable. Se trazan nuevas calles, se abre la nueva Puerta de Purchena, es encauzada la Rambla de Belén y el eje de la ciudad se desplaza de la c/ Real al novísimo Boulevard, de clara inspiración francesa, que tantos otros nombres recibiría antes de convertirse en el actual Paseo de Almería.

El lugar que ocupa la actual provincia de Almería es, en palabras del prestigioso historiador y arqueólogo Luis Siret, "un impresionante museo natural". Ello se explica, en principio, por las tres culturas neolíticas que se dan en el territorio de la provincia, hecho que es único en nuestro continente: la de Almería, la de Los Millares y la de El Argar, con su aportación a la cultura campaniforme y celta. En el periodo clásico, son muchas las poblaciones íberas y las colonias fenicias y cartaginesas que cobran importancia en Almería. Es destacable la importancia de varias poblaciones ya en la Roma clásica, como las de Urci (junto a la capital), Abdera (Adra), Murgi (El Ejido), Baria (Vera) o Tagilis (Tíjola). El puerto de la actual capital de Almería (Portus Magnus) ya era explotado y apreciado por los comerciantes del Lacio.

El puerto de Almería fue en el siglo X uno de los principales puertos de la base naval del Califato de Córdoba.

Con la muerte de Hixem II, se desmorona el Califato de Córdoba apareciendo los Reinos de Taifas en el siglo XI, en el que Almería se independiza bajo el mandato de Jairán. Sigue cobrando importancia, llegando a ser, como reino independiente, una de las taifas más prósperas. La ciudad tenía al menos quince puertas, que guardaban la entrada a una ciudad de cerca de un millón de metros cuadrados, laberíntica y abigarrada. De todas esas puertas, los contemporáneos destacaban por su belleza tres de ellas, que tenían un raro patio interior (en toda la España musulmana, sólo había dos ejemplos más de este tipo de puertas: una en Sevilla y otra en Granada). Llegó a contar con 10.000 telares, que creaban maravillosos tejidos de seda, entre los que destacaban un “tejido de Almería” que era exportado a casi todo el mundo árabe. Las crónicas medievales destacan la actividad comercial de la ciudad y de la prontitud con que los almerienses hacían frente a los pagos. No sólo los tejidos, sino esclavos (Pechina y Verdún eran los comercios de esclavos más grandes de toda Europa), orfebrería y mármol (se han encontrado lápidas funerarias de mármol de Macael hasta en Nigeria) eran su fuerte. El puerto almeriense era uno de los más importantes del Mediterráneo en época califal, de taifas y con los almorávides. Estos últimos dieron cobijo a piratas, convirtiendo al puerto no sólo en la envidia sino, también, en el terror de sus enemigos.

El investigador Florentino Castro Guisasola publicó en 1930 el libro El esplendor de Almería en el siglo XI. La Almería musulmana está presente en muchos textos medievales, como el Romance del Conde Arnaldo o Las Serranillas, del Marqués de Santillana. Los árabes también cantaron las magnificencias de la ciudad, como el sabio almeriense del siglo XIV, IbnJatima, en su libro Ventajas de Almería respecto a los otros países de España.

Lo que se ha venido llamando siglo de oro de la ciudad rozaba su cénit cuando el Papa Eugenio III convocó una cruzada contra la ciudad. Cristianos del sur de Europa se reunieron para acabar con la cruel Almería, como la llamaban los juglares de la época. En el sur de Francia, los romances comparaban Almería con una “piscina” que lavaría los pecados de aquellos que se unieran a la cruzada. El conde Ramón Berenguer de Barcelona, Alfonso VII de León, el rey García Ramírez IV de Navarra y Álava (nieto del Cid) o el gran duque Guillermo VI de Montpellier junto con genoveses y pisanos (que veían como una infranqueable competencia el emporio del puerto de la ciudad y que habían sufrido los ataques de su flota), se dieron cita ante las murallas de Almería. Cada uno traía entre sus huestes a lo más granado de la caballería europea, nombres protagonistas de romances medievales (como el conde de Astorga, Ramiro Flores de Guzmán, llamado la “Flor de las Flores” en el “Poema de Almería”, compuesto a raíz de la conquista). Tras una breve pero intensa resistencia, las murallas fueron asaltadas por doce puntos. Alfonso VII no quiso negociar paz alguna. De los habitantes de la ciudad, 10.000 pudieron huir milagrosamente hacia Murcia y 20.000 se refugiaron en la Alcazaba. De estos últimos, la mayoría de los varones fueron acuchillados. Alfonso VII, “el Sultancillo”, como le llamaban despreciativamente los almerienses, devastó Almería y destruyó sistemáticamente las industrias de la ciudad en 1147.

El botín fue repartido entre los soldados, si bien los nobles se llevaron la mejor parte. Los jefes genoveses se apropiaron del “Sacro Catino”, una gran fuente de esmeralda finamente tallada a seis puntas en la que, según la tradición, Jesucristo sirvió el cordero en la última cena. Alfonso VII se llevó partes de la gran mezquita, que depositó en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y ricos tejidos, con los que sería confeccionada la famosa casulla de San Juan de Ortega. El conde de Barcelona se llevó las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce, cuya última pista nos lleva a la capilla vieja de la Universidad de Barcelona.

Tras diez años de dominio castellano, hasta 1157, los almohades lograrían recuperar la ciudad e intentan devolverle su antiguo esplendor, sin conseguirlo. Los granadinos la hacen luego su puerto principal. Es destacable el asedio que volvió a sufrir en 1309 por parte de las tropas de Jaime II de Aragón, que no pudieron con la sólida resistencia almeriense. En esta época, Almería es el escenario de batallas, incursiones y razzias entre los cristianos de Murcia y los moros de Granada. Y en esta época probablemente tiene origen el dicho: Cuando Almería era Almería, Granada era su alquería.

Durante el siglo XV, las luchas por el trono del reino de Granada se irán sucediendo, proclamándose rey de Almería Abdalá El Zagal, reinado que durará poco tiempo porque el 26 de diciembre de 1489, los Reyes Católicos conquistan la ciudad y El Zagal les entrega las llaves de Almería.

Al brusco deterioro de las prosperidad de Almería se añadió una sucesión de terremotos, dos de los cuales fueron terribles: el de 1518, que elimina para siempre la Vera musulmana, matando a todos sus habitantes, y el de 1522, que se dejó sentir hasta en las Azores, y que devastó Almería por completo, convirtiéndola casi en un solar y siendo la principal causa de la destrucción de la práctica totalidad de los edificios que los árabes habían levantado en ella, así como de la catedral antigua. Estos terremotos y la esquilmación demográfica hacen que apenas haya mención a Almería hasta la modernidad. Es en el siglo XIX cuando resurge su puerto debido a la extracción minera y la exportación de uva de Berja y Ohanes. Fue designada capital de la provincia homónima en la nueva reasignación de finales de este siglo.

Almería, con 189.789 habitantes (INE 2007), forma un continuo urbano con Huércal de Almería y con el resto de municipios del Bajo Andarax (Viator, Benahadux, Pechina, Gádor y Rioja) que conforma el área metropolitana de Almería con una población a 1 de enero de 2007 de 218.585 habitantes, a la que habría que sumarle, al menos, los cercanos municipios de la comarca del Poniente de Vícar y Roquetas de Mar, con 20.743 y 71.740 habitantes y situados a 22 y 19 km respectivamente y alcanzando ya una población de 311.068 habitantes. No obstante, no se descarta la inclusión de los municipios de La Mojonera, con 7.847 habitantes y a 28 km de la capital, y El Ejido, con 78.105 habitantes y a una distancia de 32 km al este de la susodicha, lo que haría ascender esta área hasta los 397.045 habitantes en una superficie de 898 km² y una densidad de 432 habitantes por kilómetro cuadrado.

La ciudad, históricamente, ha tenido siempre su expansión y crecimiento urbanístico hacia la zona noreste, especialmente hacia levante. A lo largo del año, se producen aguaceros muy fuertes en cortos espacios de tiempo ocasionando unos resultados catastróficos (como la tromba ocurrida en 1826). Este elemento ha condicionado el desarrollo urbanístico de la ciudad, ya que numerosos barrios de la ciudad surgieron para dar alojamiento a la población afectada por este tipo de inundaciones y catástrofes.

Los elementos físico-naturales han contribuido notablemente a estructurar el tejido actual de la ciudad; un ejemplo claro es la red de ramblas que discurrían por el casco urbano y que hoy día están perfectamente integradas en el tejido urbanístico. Así vemos que se conservan los nombres de Rambla Alfareros, Rambla de Obispo Orberá o Rambla de Belén entre otras muchas, actuando en la actualidad como avenidas, calles y paseos comerciales. Concretamente, la Rambla de Belén actuó como una especie de frontera urbanística en la ciudad hasta mediados del siglo XX, momento en el que la expansión urbana salta hacia oriente, lugar en el que hoy se desarrollan los nuevos crecimientos y ensanches urbanos.

Almería adquirió el rango de ciudad durante la etapa musulmana. Con la construcción de la Alcazaba, se ideó todo un recinto amurallado de la ciudad que descendía desde la fortificación hasta llegar al mar (lo que hoy es Calle La Reina), conteniendo en su interior al barrio de La Medina. En este barrio era remarcable la presencia de la Mezquita Mayor, actual iglesia de San Juan. El eje viario principal de esta zona fue la Calle Real. Tras la caída del Califato se inició un proceso de crecimiento que sobrepasó el recinto amurallado, por lo que la población comenzó a situarse tanto en la zona de levante cono en la de poniente.

Tras la conquista cristiana, en 1489, la ciudad entró en una profunda crisis. Se sucedieron un conjunto de hechos que hundieron la plácida estabilidad. El terremoto de 1522 que destruyó por completo la ciudad musulmana. Otro acontecimiento desastroso fue la definitiva expulsión de los moriscos en 1571. La construcción de la catedral a las afueras de lo que fue la ciudad musulmana constituyó el nacimiento de lo que iba a ser en el futuro la nueva Almería. Se consolidará en torno al recinto amurallado hasta llegar a lo que hoy es Puerta de Purchena, uno de los accesos a la ciudad, y el Paseo. Interiormente, la población se organizaba en dos vías principales, la norte-sur (Calle Real) y la este-oeste (Calle Las Tiendas). Como lugar de esparcimiento se construyó la actual Plaza de la Constitución (conocida en la época como la Plaza de Cañas y aún hoy popularmente como Plaza Vieja), en donde se situó la Casa Consistorial en 1656. Durante esta época se edificaron diversos templos y conventos, como los de San Francisco, Santo Domingo y la Trinidad, ninguno de ellos hoy en pie.

Iniciado el siglo XVIII se mejoran considerablemente las condiciones sociales y económicas. Desaparece en Almería el peligro de los desembarcos piratas berberiscos, se producen mejoras en la agricultura y se reactiva el comercio en el puerto. Se mejoran las técnicas de pesca y surge la explotación minera que tanto esplendor dará en el siglo siguiente. Como consecuencia, se dio un intenso proceso de densificación tanto en el interior del recinto amurallado como en las zonas de extramuros, surgiendo nuevos barrios en torno a los antiguos caminos de acceso a la ciudad, quedando éstos convertidos en actuales calles.

Entre estos barrios surgen el de Las Cruces, que discurre por la conocida hoy como Calle de Granada (actual barrio de Alfareros y zona de Plaza de Toros); el Barrio Nuevo estuvo localizado en las cercanías de La Rambla Belén; el barrio de Las Almadrabillas se situó en las proximidades de la desembocadura de dicha rambla, donde se asentaron sobre todo familias de pescadores.

A lo largo del siglo XIX se sucederán unos factores que repercutirán en la nueva fisonomía urbana: la minería y la explotación de la uva. El fuerte proceso de hacinamiento en los barrios de la ciudad empeoraron la calidad de vida de la población. El intento de solucionar este problema vino en la segunda mitad de siglo a manos de la rica burguesía; se pretendía poner en uso las propiedades eclesiásticas a través de su desamortización. Esta ocupación de los terrenos conventuales (San Francisco, Santo Domingo, Santa Clara y La Trinidad) proporcionó la construcción de una serie de viviendas destinadas a las clases sociales más acomodadas. Otra medida tomada fue la remodelación del casco antiguo, basado sobre todo en el alineamiento de las calles y el acondicionamiento de plazas y jardines. La intervención urbanística más importante de este siglo estuvo relacionada con el derribo del recinto amurallado de la ciudad, el cual impedía el crecimiento. Este hecho descongestiona el centro, reubicándose a la población el la zona del puerto y la vega, acometiéndose la construcción de plazas y amplias avenidas por donde antes discurrían las murallas (los mejores ejemplos son la actual Puerta de Purchena, corazón de la ciudad, el Paseo de Almería, eje comercial y financiero de la provincia, y el Paseo de San Luis, hoy Parque de Nicolás Salmerón, el pulmón verde de la urbe.

La remodelación del casco antiguo consistió en remodelar los barrios de la Catedral, del Hospital, San Pedro, La Coca (hoy zona de Calle Las Tiendas), La Almedina y la Calle Real.

El barrio del Paseo de Almería se caracterizará por tener un acusado carácter burgués en sus construcciones. A la par, se fueron diseñando barrios limítrofes para la clase obrera que acudía a trabajar en la uva o en la minería. Ejemplos son los barrios de La Chanca, el barrio de Los Ángeles (ocupando el lugar del antiguo cementerio de Belén, trasladado a su ubicación actual en 1867). La zona de la Plaza de los Toros complementan el amplio auge urbanístico de estos momentos.

El siglo finaliza con el encauzamiento de la famosa Rambla de Belén. Se comenzaron las obras a raíz de las terribles inundaciones ocurridas en la madrugada del 11 de septiembre de 1891. La canalización se desarrolló entre 1894 y 1897.

El siglo XX comenzó con una grave crisis, que se agravó con la Primera Guerra Mundial, hecho que motivó la paralización de todos los planes urbanísticos. La ciudad también sufrió los estragos de la Guerra Civil, tanto por el padecimiento entre sus habitantes como por la destrucción ocasionada por los bombardeos. Se llevó a cabo la construcción de una importante red de túneles subterráneos que permitían dar cabida a multitud de personas en los momentos de ataques.

Tras la contienda, los principales intereses fueron reconstruir el patrimonio dañado por la guerra y dar solución al déficit de vivienda. En los años cuarenta se desarrollaron labores de acomodación de los sectores más humildes de la sociedad, situándolos lo más alejados posibles del centro. Los barrios situados más en la ciudad y en la costa fueron destinadas a clases más acomodadas. Estos barrios son Ciudad Jardín, Pescadores (hoy conocido como El Zapillo, Barriada de Regiones Devastadas y Casitas de Papel (en lo que hoy es Rambla Amatisteros).

A partir de 1950 se desarrolló un proyecto tanto de reforma interior como de expansión. Se acometieron nuevas alineaciones de las calles y ensanches en los terrenos situados en las cercanías de Rambla Belén. A la par se fueron creando nuevas vías de comunicación en sentido Oeste-Este (amplias avenidas hoy, como San Juan Bosco, Carrera del Perú o Gregorio Marañón). Se comenzó a diseñar lo que hoy es la Avenida Cabo de Gata y la actual Avenida del Mediterráneo (el nuevo centro comercial de la ciudad).

Este nuevo crecimiento urbanístico se va conocer por el intenso aprovechamiento del suelo reflejado en el tipo de edificios que se construyen, dispuestos en gran altura, muy estrechos y dejando un entramado de calles y patios muy estrechos.

A partir de los setenta, nuevos barrios se fueron desarrollando en torno al centro urbano; estos son La Fuentecica - Quemadero, Barrio de la Esperanza, La Caridad, Los Ángeles y Araceli, Piedras Redondas, Los Almendros, Barrio San Luis y El Barrio Alto, Oliveros, Polígono Azcona, Gachas Colorás, Tagarete y Quinientas Viviendas, Los Molinos y El Puche, y más recientemente Cortijo Grande y Nueva Almería.

En el nuevo siglo, los retos de la ciudad se siguen centrando en el rápido crecimiento urbano (sobre todo en los barrios de La Pipa, La Vega de Acá, El Toyo y Retamar, La Cañada de San Urbano y El Alquián), la necesidad de un buen acondicionamiento de estas nuevas zonas (en instalaciones deportivas, parques y jardines, zonas de esparcimiento y ocio, complejos sanitarios...)y, a la par, en el deseo de unir la nueva ciudad con el casco antiguo, aún pendiente de entrar en un plan de remodelación total.

La ciudad de Almería es la ciudad europea con más horas de sol, 2.965 al año. La temperatura media anual es de 18,7°C, y la de sus aguas en invierno es más cálida que la del aire.

A nivel climático, las zonas inferiores de Almería coincidiendo con la costa posee el clima subdesértico, inframediterráneo o mediterráneo-iranio, caracterizado por ausencias de heladas y unas precipitaciones tan escasas que podría hablarse de desierto árido.

Entre los 400 - 500 m. y los 800 - 900 m. discurre el termomediterráneo o mediterráneo cálido donde las precipitaciones siguen siendo escasas pero suficientes para mantener arbolado. A continuación, entre los 800 - 900 y los 1200 - 1300 m. se encuentra el mesomediterráneo o mediterráneo medio o típico, caracterizado porque la vegetación de esta zona corresponde al bosque mediterráneo de encinas (aunque aparecen en otros), almeces y retamas. Entre los 1200 - 1300 m. y los 1600 - 1800 m. se extiende el inframediterráneo, reconocido por la amplitud de días con heladas que se producen a lo largo del año. El último nivel climático que encontramos en Almería es el oromediterráneo que son las cumbres de las montañas nevadas en las cuales el suelo permanece helado durante unos meses cada año. Visto que sólo falta el crioromediterráneo, en Almería encontramos una rica variedad climática.

En el terreno de la agricultura, Almería se ha convertido en una de las zonas más importantes de explotación agrícola de toda Europa y es conocida en muchos países como la 'huerta o despensa de Europa'. El territorio almeriense, tanto en la franja costera de Levante como en la de Poniente, se configura por miles de hectáreas de cultivo bajo plástico. El invernadero es el modelo de cultivo en la provincia, ya imitado y estudiado por científicos de los cinco continentes. En Almería, además, han situado sus laboratorios de semillas e industrias auxiliares de la agricultura las multinacionales más importantes del sector en todo el mundo.

Originaria de Almería, y ligada a su desarrollo económico, destaca desde la perspectiva financiera la entidad bancaria Cajamar, convertida hoy en primera caja rural española y principal entidad nacional de crédito y ahorro de naturaleza cooperativa. Sus inicios se encuentran en la antigua Caja Rural Provincial de Almería y en esta ciudad mantiene su domicilio social y su sede central nacional.

El resurgimiento de la Semana Santa desde los años 70 hasta la actualidad ha convertido esta fiesta religiosa en una gran fiesta de la ciudad y una de las más importante de la provincia de Almería.

Hoy en día procesionan una veintena de hermandades y cofradías, algunas con gran solera, como la Soledad, Hermandad decana de la ciudad, fundada en 1773 y que reside canónicamente en la Iglesia de Santiago Apóstol. La gran riqueza de tallas, bordados y orfebrería ha servido para que fuera declarada de interés turístico nacional, ya que en esos días las calles y plazas de Almería son un hervidero de almerienses y foráneos.

En la actualidad, está en proceso de creación la que sería la futura Hermandad del Resucitado, compuesta esencialmente por jóvenes almerienses cuyas edades rondan la veintena y a los que espera un duro trabajo en este ambicioso proyecto. Se trata de una novedad muy demandada por el mundillo cofrade almeriense.

Diferentes actividades de teatro, poesía, narrativa, musicales o conferencias, pertenecientes a los pueblos del Mediterráneo, se dan cita durante quince días. Lo más interesante son los conciertos que se celebran en lugares históricos y emblemáticos de la ciudad, la mayoría de carácter gratuito. Suele tener lugar durante los meses de junio y julio, como preludio del comienzo del verano.

Recuperado en la última década, esta fiesta quedó prácticamente desaparecida en la ciudad después incluso del fin de la dictadura. Se celebra un concurso de murgas y comparsas en el Auditorio Municipal, además de la elección de la Diosa del Carnaval del año. También es tradicional salir disfrazados quienes quieran durante las noches del fin de semana. Tampoco podía faltar el famoso entierro de la Sardina, que tiene lugar en la playa de las Almadravillas.

Las Cruces de Mayo se llevan a cabo en dicho mes a través de las Hermandades y Cofradías de Semana Santa, además de distintos organismos y asociaciones vecinales. Todos los años se organiza la entrega del premio a la mejor cruz del año. Muy popular es la visita de las distintas congregaciones donde se suelen servir las típicas tapas almerienses.

La romería de la Virgen del Mar tiene lugar el segundo domingo del mes de enero tras las fiestas de Navidad. La tradición dice que la imagen de la patrona, apareció en la playa de Torre García, en donde fue descubierta por un vigía costero. La fiesta procesiona a la Virgen desde su santuario, en la capital, hasta la ermita en dicha playa por la carreta, pudiendo acompañarla los fieles en carro, a caballo o a pie. Una vez en la ermita, obra de Guillermo Langle Rubio, se procede a una misa en honor a aquella aparición y se pasa después a festejarlo con la comida llevada por todos los asistentes al acto. Cada año este evento cuenta con mayor número de personas.

El 26 de diciembre, fiesta local y día de San Esteban protomártir, se conmemora la toma de la ciudad de Almería por parte de los Reyes Católicos, acontecimiento que tuvo lugar en el año 1489. La mañana de este día, el ayuntamiento de la ciudad celebra un acto cívico-religioso en el cual el Pendón -estandarte que los Reyes Católicos dejaron en la ciudad- es el centro del acto. Por costumbre, se pasea el Pendón de los Reyes por el centro de la ciudad con dirección a la Catedral donde se procede a celebrar una misa en honor al hecho acontecido. El encargado de portar el pendón es el concejal más joven del ayuntamiento. Posteriormente, fuegos artificiales acompañan la colocación del pendón en el balcón del ayuntamiento, donde está situado hasta el final del día.

En torno a la celebración de la competición, se desarrolla toda una actividad cultural siempre vinculada al mundo de la guitarra, basada fundamentalmente en conciertos y conferencias por toda la provincia. Este certamen, cada año más fuertemente asentado, lleva realizándose desde el año 2000 en torno al mes de mayo.

En torno a los meses de Octubre y Noviembre, se viene desarrollando en los pubs y clubes más conocidos de la capital el festival anual. Desde 1985 (pero con algunos años de excepción) han participado continuamente grandes artistas con fuerte carácter musical como son Chick Corea, Paco Rivas o Pedro Iturralde.

Desde 1983 se viene realizando el segundo certamen teatral más importante de este género tras el que acontece en la población de Almagro. Como en esta localidad, Almería aloja, durante el mes de marzo concretamente, a los grupos más representativos de teatro del Siglo de Oro.

Tanto en el Teatro Cervantes, como en el Auditorio o el Teatro Apolo de la capital, además de en los centros culturales de otras poblaciones de la provincia, se han desarrollado representaciones de grandes autores como Federico García Lorca, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Moliere, Juan Ruiz de Alarcón, Agustín Moreto, Shakespeare o Francisco Navarrete entre otros muchos.

El certamen nació con el propósito de homenajear y recuperar el esplendor que tuvo la provincia de Almería entre los años cincuenta y ochenta con el rodaje de los famosos Spaghetti Western, coproducciones hispano-italianas de Western; tenían lugar en el Desierto de Tabernas, por su similitud con los desiertos de Norteamérica. Podemos destacar títulos como La muerte tenía un precio o Por un puñado de dólares, directores como Sergio Leone, música como la de Ennio Morricone y actores como Clint Eastwood. Organizado por la Diputación Provincial, el festival comenzó en 2000 en su fase internacional tras una repercusión anterior a nivel español, cuyo prestigio, le hizo subir a su escalafón actual.

A lo largo de la segunda mitad del mes de mayo tiene lugar este festival, en donde compiten en concurso abierto cortometrajes procedentes de todos los continentes. Cada año acude mayor número de cintas y con una mejor calidad, los cuales, son visionados por un jurado profesional y por todo el público que desee asistir a las múltiples sesiones que se celebran tanto en el Teatro Cervantes como en las demás localidades de la provincia. El veredicto del jurado se desvela en una gran gala final en la que se eligen los cortos más representativos entre los presentados al festival.

A la par de la competición internacional, se desarrolla un certamen nacional de videos. Desde 2006, el ganador del primer premio, además de una compensación económica, obtiene la posibilidad de rodar un cortometraje utilizando cualquiera de los fabulosos espacios naturales e históricos con los que cuenta la provincia de Almería.

Al margen del concurso oficial, se desarrolla un amplio programa cinematográfico en el que se incluyen ciclos monográficos de proyección, una gran exposición sobre algún tema relacionado con el mundo del cine en Almería, la edición del libro oficial anual del festival, seminarios y conferencias a manos de expertos del cine y el tradicional homenaje a alguno de los personajes relevantes en el cine almeriense (como ha sido el caso de Brigitte Bardot).

La Feria del Libro del mes de Mayo se aleja totalmente de las tradicionales que se realizan habitualmente en otras ciudades españolas. Pretende ser más bien un gran festival en el que tienen cabida conferencias sobre bloques temáticos concretos, diálogos literarios, talleres de poesía y narrativa, de graffiti y cómic, de humor y monólogos. Son también interesantes las jornadas académicas sobre lectura y la variedad de pasacalles y espectáculos callejeros destinados principalmente al público más joven.

En torno a 40 casetas se disponen anualmente en la Rambla de la ciudad en donde también se dispone de una ludoteca infantil y un recinto propio para las conferencias, exposiciones y firmas de libros. Entre los muchos y conocidos autores que han pasado por la feria, podemos destacar a Juan Madrid, Soledad Puértolas, César Antonio Molina, Miguel Naveros o la reciente visita de Lucía Etxebarría.

Unas semanas antes de este acontecimiento se desarrolla la tradicional Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, también muy importante en la agenda cultural almeriense, puesto que en dichas casetas tienen encuentro numerosos curiosos con obras muy apreciadas (algunas incluso de los siglos XVIII y XIX, en incluso del siglo XV), estando la mayoría a muy buen precio.

La ciudad cuenta además con una Estación Intermodal con terminales para autobuses interurbanos y el ferrocarril que conectan la capital con todos los municipios de la provincia y resto de España.

Además, en ella se puede coger el tren que une a la ciudad a través de regionales con Granada y Sevilla y de largo recorrido con el resto de España, especialmente a Madrid con el Talgo. Hasta el año 1985 existía una conexión directa con Murcia y el arco mediterráneo desde Guadix hacia Almendricos, el llamado ferrocarril del Almanzora. Existen planes por la administración para volver a poner en funcionamiento la línea con transporte de viajeros y mercancías para facilitar el transporte de mármol de Macael con el puerto de Almería. Se prevé la llegada de la Alta Velocidad desde Murcia.

Está también pendiente del Ministerio de Fomento el soterramiento de las vías del tren (no se sabe si total o parcial) con la intención de unir el puerto con la estación de ferrocarriles. La idea propone crear una nueva y gran estación de pasajeros y mercancías en el barrio de El Puche, donde también se alojaría la futura estación del AVE.

El precio de un billete sencillo es de 0,90€, y el de transbordo es de 1,10€, disponiendo de una hora aproximadamente para poder realizar el transbordo. Además, existen múltiples tipos de bonobús distintos.

Se prevé que en 2008, para coordinar los autobuses urbanos e interurbanos, se creará el Consorcio de Transportes del Área Metropolitana de Almería.

Los taxis en Almería se caracterizan por ser de color blanco y llevar una banda oblicua roja a un lado, junto al escudo de la ciudad. La ciudad cuenta con una gran flota de taxis, la cual tiene paradas repartidas por muchos puntos de la ciudad, aunque en ocasiones estas paradas son poco visibles por no ser respetadas por los demás conductores, que las aprovechan para aparcar. Se puede pedir un taxi a través de varios teléfonos regidos por centralita, por Internet, o haciendo un simple gesto de mano por la calle. Las centralitas de taxi más usuales son Radiotaxi y Teletaxi.

Almería fue la ciudad organizadora de los Juegos Mediterráneos de 2005, por ello alberga numerosas instalaciones deportivas modernas.

La estrella es el Estadio Mediterráneo, cuya inauguración tuvo lugar en 2004, uno de los más modernos en su género, siendo sede actual del equipo de fútbol Unión Deportiva Almería, que en la presente temporada 2008/2009 milita en la Primera división española. El Estadio en la actualidad tiene capacidad para albergar a 22.000 espectadores. En él se pueden dar cabida a deportes como el atletismo, en varias de sus modalidades, además del fútbol.

La ciudad cuenta también con el Palacio de Deportes Mediterráneo, situado junto al estadio, que como éste, cuenta con una gran capacidad de espectadores y en él se da el voleibol y las competiciones de gimnasia, tanto artística como rítmica. La capital posee además el estadio municipal Juan Rojas, antigua sede del equipo local y cuenta también con un estadio de atletismo conocido como Estadio de la Juventud Emilio Campra, utilizado para competiciones de tiro con arco, fútbol, atletismo y rugby.

En ajedrez, el equipo almeriense del club Reverté fue campeón de España de división de honor en 2005.

Almería es una ciudad habitual en las últimas ediciones de la vuelta ciclista a España, convirtiéndose la etapa de Calar Alto en una de las más conocidas y temidas de la Vuelta. En lo que al ciclismo se refiere, es también de reconocida importancia la Clásica de Almería.

En Almería se han rodado innumerables películas y anuncios de televisión. Los años 60 y 70 fueron el momento cumbre de la industria del cine, sobre todo con los spaghetti westerns, destacando el director italiano Sergio Leone. Muchas películas conocidas por el gran público han sido rodadas en las mismas calles de la ciudad. Ellas han servido para representar Messina en la película de Patton, Alejandría en Cleopatra o Iskenderun para Indiana Jones y la última cruzada así como otra larga lista de películas.

En esa época era fácil ver pasear por la ciudad a grandes estrellas de Hollywood como Sophia Loren, Brigitte Bardot, Clint Eastwood o Faye Dunaway, entre otras.

El mar es uno de los principales recursos de la mesa almeriense. Así podemos señalar piezas como el rape, la caballa, el salmonete, el pulpo, el calamar o el famoso gambón de Almería. Ante su perpetuo aislamiento del resto del territorio peninsular, Almería se vio obligada al autoabastecimiento durante largo tiempo, lo que posibilitó el desarrollo de una cocina diversa basada en los productos de la provincia.

De entre los platos más conocidos (que, como es típico, se ofrecen junto a la bebida en los bares de "tapeo"), tenemos el pimentón, el ajo blanco, la sopa moruna, las patatas bravas, las gachas, la jibia en salsa, las patatas en ajopollo, las gachas tortas o las migas. Además de estos platos se podrían enumerar cientos de sopas, pucheros, ensaladas, paellas, gurullos, gachas, escabeches, pescados y carnes bravas, que se unirían a los vinos de mesa, quesos, habas y multitud de postres. Así mismo, es muy fácil encontrar en bares y restaurantes los llamados cherigans, panes tostados con ali-oli cortados al bies aderezados con todo tipo de ingredientes a elegir.

De la repostería de Almería destacan los roscos, los papaviejos, la leche frita, la milhoja alpujarreña, las tortas de chicharrones, los bizcochos de dátiles, los soplillos, los bollos de nata, los hojaldres, las mermeladas caseras y los bizcochos de cabello de ángel.

Al principio



Provincia de Almería

Situación de la provincia de Almería en el mapa provincial de España

Almería es una provincia de la comunidad autónoma de Andalucía, situada en el sureste de España. Limita con las provincias de Granada y Murcia. La capital de la provincia es la ciudad de Almería, situada en el centro de la bahía homónima.

El Gobierno y Administración de los intereses provinciales está encomendado a la Diputación Provincial de Almería.

Abarca 8.774 km². Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2008 su población era de 667.635 hab., siendo ligeramente superior el número de hombres. La densidad de población es de 76,1 hab./km², cifra sensiblemente inferior a la media española. Cuenta con una diócesis, 8 partidos judiciales y 103 municipios, entre los cuales figura Níjar, uno de los términos municipales más extensos de España con 601 km².

Contiene el escudo provincial sobre campo verde. En uso con los sucesivos escudos desde el siglo XIX.

Escudo cuartelado de nueve: 1º de gules, un castillo de plata (Berja); 2º de azur, unas gavillas de trigo de oro (Canjáyar); 3º tres montes en su color cimados de matas de ortigas, sobre ondas de mar de azur y plata (Cuevas de Almanzora); 4º losanjado de gules y plata, y brochante sobre todo una torre albarrana (desmochada) de oro (Gérgal); 5º de azur, un castillo de oro surmontado de una llave de plata (Huércal-Overa); 6º de azur, el castillo de oro, siniestrado de una llave de plata (Purchena); 7º de plata, un león de gules (Sorbas); 8º de gules, una llave de plata colocada en palo y acostada de dos castillos del mismo metal (Vera); 9º tres montes en su color cimados de matas de ortigas, sobre ondas de mar de azur y plata (Vélez-Rubio, del Marquesado de los Vélez). Sobre el todo escusón formado por el escudo de la capital (en campo de plata la Cruz de Génova de gules, y bordura componada de Castilla, León, las antiguas armas del Reino de Navarra (águila pasmada de sable sobre oro) y Granada). Timbre: Corona mural. Aprobado por la Diputación Provincial en sesión plenaria de 29 de Julio de 1925.

El indalo es un símbolo muy popular en toda la provincia. Su origen se remonta al Neolítico, apareciendo en diversas cuevas y abrigos del norte de la provincia, como la Cueva de los Letreros. Se trata pues de una pintura rupestre de tipo levantino que podría interpretarse de varios modos: del más mundano (un arquero apuntando al cielo o a un ave que lo sobrevuela) al más místico (un ídolo o dios). Este símbolo pervivió a lo largo de los siglos en el levante almeriense y a mediados del siglo XX todavía se encontraba pintado sobre las paredes de cal de pueblos como Mojácar, donde se creía que protegía del rayo y ahuyentaba a las brujas y el mal de ojo. Su popularidad creció cuando se convirtió en símbolo turístico del pueblo y actualmente es representativo de toda la provincia.

El Paleolítico en Almería se caracteriza por reducidos grupos nómadas, cazadores y recolectores. No son demasiado abundantes los yacimientos paleolíticos en la provincia, siendo al más antiguo de ellos el de Cueva de Zájara I, en Cuevas del Almanzora.

Ya en el Neolítico, y aún antes en el Paleolítico superior, aparecen las primeras aldeas y los primeros espacios dedicados exclusivamente a enterramientos. De esta época datan las pinturas rupestres de la Cueva de los Letreros y otra veintena de cuevas y abrigos de la Comarca de los Vélez considerados por la Unesco, en 1989, como parte del Patrimonio de la Humanidad.

En uno de esos refugios de los primeros pobladores del levante peninsular, el Abrigo de las Colmenas, todavía se conserva una figura humana con los brazos en cruz que sostiene un supuesto arco iris sobre su cabeza. Dice alguna leyenda que esta pintura rupestre representa un pacto del hombre prehistórico con los dioses para evitar futuros diluvios. Es la primera representación del indalo almeriense, cuyo origen etimológico podría venir del indal eccius, el mensajero de los dioses de los íberos. De indal eccius viene también el nombre de San Indalecio, uno de los siete varones apostólicos y santo patrón de Almería junto a la Virgen del Mar.

El indalo se ha convertido, con los años, en el símbolo más conocido de Almería y de lo almeriense. Aunque algunos lo han visto como un hombre sosteniendo un arco iris, no es más que un arquero buscando su presa en el cielo. El indalo dio su nombre al un movimiento pictórico, artístico e intelectual de los indalianos quienes, con Jesús de Perceval y Eugenio d'Ors a la cabeza, sentían una atávica atracción por la población de Mojácar y sus habitantes. Los mojaqueños pintaban indalos con cal en las paredes de sus casas para protegerse contra las tormentas y el mal de ojo. Entonces se le llamaba el "muñequillo mojaquero".

Fue Luis Siret y Cels, eminente arqueólogo belga, quien descubrió la riqueza prehistórica de Almería, particularmente la de la Edad de los Metales. Dijo Siret de Almería que era "un museo a cielo abierto". En efecto, Almería es cuna de dos de las culturas más importantes de la Edad de los Metales en la península: la cultura de Los Millares y la cultura de El Argar.

Es en la Edad del Cobre o Calcolítico, (3000-2150 a. C.), cuando surge la primera ciudad de la que tenemos noticia: el poblado de Los Millares, situado estratégicamente en un espolón de roca entre el río Andarax y la rambla de Huéchar, al sur de la provincia. Se trata de un poblado de más de mil habitantes, protegido por tres líneas de murallas y torreones, y cuya economía se basaba en la metalurgia del cobre y en la agricultura, ganadería y caza a mediana escala. Además construyen grandes necrópolis y exportan sus modelos metalúrgicos y alfareros a gran parte de la península.

Más adelante, en la Edad del Bronce, (1700-1400 a. C.), nace una cultura igualmente influyente, la de El Argar. Allí desarrollan un modelo alfarero característico, el vaso campaniforme, cuyo uso se extenderá por todo el levante español. Sus necrópolis evolucionan con respecto a la cultura de Los Millares y diversifican la producción agrícola y ganadera.

Las culturas de la Edad de los Metales mantuvieron contacto con civilizaciones de todo el Mediterráneo, prueba de ello son las colonias que pueblos como los fenicios fundaron años más tarde, en el siglo VIII a. C. Abdera (Adra) y Baria (Villaricos) fueron las más importantes, centros eminentemente comerciales y pesqueros que mantenían a su vez contactos con navegantes griegos. El control fenicio se convirtió en cartaginés cuando la civilización púnica se extendió por el SE peninsular, control que se extinguiría el año 209 a. C. con la II Guerra Púnica. De la época fenicia y cartaginesa se conservan numerosos restos, en Vera, Los Vélez y Dalías.

Almería cayó en las manos de Roma durante la campaña de Escipión el Africano contra los cartagineses. Los romanos la llamaron Portus Magnus, quedando la ciudad enclavada en la Hispania Ulterior. Plinio el Viejo la menciona en su obra; no en vano se convirtió en uno de los puertos más importantes del S de Hispania. Roma trajo la organización territorial, las vías de comunicación y los impuestos, y explotó sistemáticamente los recursos mineros del territorio, entre ellos el mármol de Macael. Se fortaleció el comercio, especialmente el del garum, sabrosa salsa de pescado y especias muy apreciada en la época y cuya fórmula exacta se desconoce aún hoy. En Adra y Torregarcía y en la capital, en el mismo Parque Nicolás Salmerón, se conservan salinas y factorías de salazón de esta época. Otros restos de gran importancia son el Dionisio de Chirivel, el sarcófago de Berja, el Daymún (templo funerario de época tardorromana) de El Ejido y el puente y restos de vía romana de Bayanna, a las afueras de la capital.

Almería fue ocupada más tarde por vándalos y visigodos. Tras un breve periodo de ocupación bizantina (el SE español fue el único territorio peninsular en su poder durante varios años), Suintila integra definitivamente a Almería en el reino visigodo el año 621 y expulsa a las fuerzas de Bizancio. En esos años, mantuvieron su importancia las antiguas poblaciones de Abdera, Urci y Baria.

Quedan pocos siglos para que Almería alcance su primer cenit histórico, político y socioeconómico. La gran historia de Almería comienza en efecto con la ocupación musulmana, iniciada el año 713 a manos fundamentalmente de poblaciones de origen bereber y yemení, cuya más pronta aportación fue la remodelación sustancial del paisaje y método agrícola.

El periodo musulmán se divide en dos fases, separadas por un breve periodo de ocupación cristiana, el decenio entre 1147 a 1157, en que los ejércitos de Alfonso VII de León ocuparon la ciudad y la provincia. No obstante, aunque breves, estos diez años supusieron una ruptura insalvable en el crecimiento de la Almería musulmana. La primera fase destacable va así pues desde la fundación oficial de la ciudad en 955 hasta 1147, y la segunda desde 1157 a 1489.

Los antecedentes del periodo 955-1147 se encuentran en la fundación a principios del siglo VIII de un asentamiento en lo que entonces eran los aledaños de la desembocadura del río Andarax, que en aquella época tenía su boca a la altura de lo que hoy es La Juaida. Se trataba de Bayyana, la actual Pechina. Su estratégica posición le permitió convertirse en un próspero centro de comercio que dio origen a la que se denominó República Marítima de Pechina. Y no sólo en lo material se enriqueció el bajo Andarax, también en lo espiritual. En efecto, Pechina fue cuna del más importante sufismo ibérico. Aquí emigraron los últimos discípulos del sufí cordobés Ibn Massarra: el almeriense Ibn Al Arif fundó la Escuela de Almería por la que discurrieron Ismail Al Rouayni de Córdoba (cuyo nombre, sorprendentemente, bautizó a la actual pedanía de El Ruini posiblemente porque vivió en ella), Abu Madyan y probablemente el más grande místico sufí de Al-Andalus, el murciano Ibn Arabi. Demasiadas veces pasa desapercibida la importancia del movimiento sufí en Almería, que tanta importancia tuvo no sólo por su profundidad, sino por haber aportado muchas de las claves del misticismo cristiano posterior de, entre otros, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

El origen último de Almería capital está en efecto en Pechina, pues poco después de su fundación se crearía un asentamiento costero y una atalaya, dependientes de aquella, que recibirían el nombre de Al Mariyyat Bayyana.

Se ha escrito mucho sobre el origen del nombre de la ciudad y provincia. El movimiento indaliano, siempre tan idealista, pensaba que Al Mariyyat querría decir en árabe "Espejo del Mar", pero es mucho más probable que el topónimo provenga de la palabra "al miraya", "torre vigía". En efecto, Al Mariyyat funcionó como puerto y defensa de una Bayyana próspera y enriquecida, que se convertiría en uno de los centros comerciales más importantes de Al Andalus como ya dejó reflejado en sus crónicas Al Himyari.

Llegamos así a la fundación oficial de la ciudad en 955, año en que Abderramán III (o Abd-er-Rahman) ordenó iniciar las obras de una fortaleza, la Alcazaba, cuyo objetivo era defender el área de la amenaza que suponía el califato fatimí, oriundo de Túnez. La Alcazaba se convierte así en la fortaleza musulmana más grande de España y de Europa, con 43.000 metros cuadrados que le permitían albergar todo un destacamento militar de 20.000 hombres, los palacios de los sucesivos reyes e incluso lugares de resguardo para la población en caso de ataque. Más adelante será objeto de remodelaciones y ampliaciones por parte de reyes musulmanes y de los Reyes Católicos.

La desintegración del califato de Córdoba en el s. XI da lugar a los reinos de taifas, entre ellos el de Almería, que tendría su primer rey en Jairán (o Hayran), remodelador de la Alcazaba.

Almería ya es mucho más importante que Bayyana y se convierte en una ciudad de nueva planta califal, dotada de una mezquita mayor (la actual iglesia de San Juan, en ella se conservan hoy la qibla y el mihrab originales) y un activo puerto, que con los años sería el más importante puerto comercial de todo Al Andalus. En efecto, este siglo constituye el primer cenit histórico de Almería. Era entonces una ciudad amurallada, con un trazado urbanístico árabe clásico y tres barrios bien diferenciados: el barrio de Al Hawd (o el Aljibe), el de la Musalla y el principal, la Medina (por donde corre hoy la actual calle de la Almedina).

Reinó durante la segunda mitad del siglo Almotacén (o Al Mutasim) (1052-1091), el rey poeta, que enriqueció la corte con literatos y científicos. Se introdujeron avances en los sistemas de regadío; en la ciudad florecían los baños y las mezquitas y efervescía en el puerto el comercio de la seda, el aceite y la uva. Buena prueba de todo ello nos deja la obra de Al Idrisi.

La taifa almeriense terminó con la invasión almorávide, pero la ciudad continuará siendo un auténtico emporio comercial muy codiciado por los cristianos. Es entonces cuando Alfonso VII, el Batallador, decide tomar la ciudad con ayuda de catalanes, francos, pisanos y genoveses (estos dieron su gentilicio a la playa en que desembarcaron, en Cabo de Gata); los ejércitos entraron en la ciudad el 17 de octubre de 1147. Como ya dijimos antes, fue un periodo efímero de ocupación, que sin embargo truncó totalmente el desarrollo de la capital y su territorio.

Almería volverá a ser musulmana con la toma de los almohades, pero jamás recobrará su antiguo esplendor. En el siglo XIII, pasa a formar parte del reino nazarí de Granada, siendo gobernador Abbu-i-Abbas, quien intentó reconstruir la ciudad sin demasiado éxito. Fue en parte responsable de ello una sequía que comenzó el año 1227 y desestabilizó gravemente la agricultura y el comercio de toda la región.

De la época musulmana se conservan innumerables restos. A la Alcazaba y los restos de la mezquita mayor hay que sumar los aljibes de Jairán, que en una época abastecieron a la ciudad, y las murallas construidas por el mismo rey. También se conservan lienzos de la muralla del puerto y restos de la puerta de Pechina, en el subsuelo de la Rambla Obispo Orberá. No sólo ciudades florecieron en la Almería musulmana: se pueden encontrar diseminados por los Filabres, las Alpujarras y el valle del Almanzora numerosos baños, mezquitas y castillos.

En 1489 los Reyes Católicos conquistaron Almería, cuyas poblaciones en la mayoría de los casos capitularon pacíficamente, con la excepción de contadas rebeliones mudéjares.

El siglo XVI es el siglo del retroceso y abandono de la ciudad y la provincia. Fueron varios los factores que influyeron en esto; en primer lugar, Almería estaba apartada de cualquier ruta comercial americana, y vio pasar de largo todas las riquezas provenientes de Nuevo Continente y la actividad que trajeron consigo. Por otro lado, se prodigaron en estos cien años tanto los terremotos como los ataques de los piratas berberiscos y turcos como Barbarroja (en el siglo siguiente, les sucederían los de la armada inglesa). Los primeros mermaron la población y los segundos la aterrorizaron y obligaron a desplazarse hacia el interior.

Especialmente funesto fue el seísmo de 1522, que destruyó la ciudad casi completamente y redujo la población a tan solo 700 habitantes que se asentaron en torno a la catedral de nueva construcción.

La Catedral de Almería es un gran ejemplo de edificio defensivo de la época. Fue levantado el primer templo catedralicio en 1496 bajo las órdenes del cardenal arzobispo de Toledo Pedro González de Mendoza sobre la antigua mezquita. El terremoto de 1522 la destruyó completamente y fue entonces cuando Fray Diego Fernández de Villalán, obispo de Almería, mandó construir el actual bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación. Su aspecto exterior le da clara apariencia militar; en efecto, se trata de una de las únicas catedrales-fortaleza de su clase en España: sólidos contrafuertes, torres albarranas, gruesos muros, escasez de vidrieras... Las tres naves son de igual altura, lo que proporciona una amplia azotea que sirvió para la instalación de cañones y la vigilancia militar. Solo la embellecen dos austeras portadas renacentistas de Juan de Orea, y en el muro que da a la calle del Cubo, el Sol de Portocarrero (otro de los símbolos de la ciudad que aunque se cree que hace referencia al obispo Portocarrero, del s. XVII, ya estaba esculpido desde los primeros tiempos de la catedral) No obstante, las bóvedas y la sacristía son espléndidas, góticas las primeras y renacentista la segunda. Contiene el templo obras de Alonso Cano, Murillo y Ribera, y un San Indalecio de Salzillo.

El santoral en Almería es rico en leyendas. El antedicho San Indalecio es el patrón de la ciudad y sus restos vinieron a descansar a Almería después de siglos en la abadía de San Juan de la Peña, en Huesca. San Indalecio fue uno de los Siete Varones Apostólicos, evangelizadores de Andalucía, quienes, según viejas tradiciones recogidas en escritos mozárabes, acompañaron a Santiago el Mayor en la evangelización del sur de España a mediados del s. I d. C. Entre ellos estaban también Tesifón, Torcuato, Segundo, Hesiquio, Cecilio y Eufrasio; todos ellos fueron obispos de poblaciones del S y SE español (entre ellas Berja y Abla) antes de la ocupación musulmana. Pero quizá lo más interesante fueron las afirmaciones que sobre ellos se encontraron inscritas en los famosos plomos del Sacromonte, documentos inscritos en ese metal y descubiertos en la abadía granadina en el s. XVI. En ellos se afirma, en un intento sincrético por parte de pensadores moriscos de unir Islam y cristiandad, que todos ellos eran de origen árabe. Así, Indalecio se habría llamado, antes de su latinización, Ibn Al Mugira. Otro santo presente en Almería es San Valentín, cuyos restos se creen ocultos en algún lugar de la catedral, si bien este honor le es disputado por la iglesia de San Antón, en Madrid y la abadía de Terni, en Italia.

La segunda mitad del siglo XVI estuvo marcada en toda la provincia por el levantamiento y posterior expulsión de la población morisca. Los moriscos, extensa comunidad de religión y cultura musulmanas a la que se había permitido permanecer en la península previa conversión, veía sin embargo sus derechos y su dignidad continuamente negados desde la firma de las Capitulaciones. La población morisca era, a pesar de la incipiente repoblación cristiana, mayoritaria en amplias regiones de la provincia, como las Alpujarras y el alto Almanzora. Fue precisamente en la Alpujarra almeriense donde en 1568 se rebela el laujareño Abén Humeya (nacido Fernando de Válor y convertido al Islam); la insurrección se propaga a toda la provincia y pronto Vera es conquistada y Cuevas de Almanzora atacada. En su retirada, Abén Humeya fundó en Purchena una competición para celebrar el nombramiento de la ciudad como cabeza del valle del Almanzora. Se trataba de unos juegos deportivos y culturales de innegable analogía con el olimpismo, que incluían la lucha, las carreras a pie y a caballo, el tiro y la poesía y que han sido recuperados hoy día, recibiendo el elogio de, entre otros, Juan Antonio Samaranch y el Comité Olímpico Internacional. Vuelve más adelante Abén Humeya a Laujar donde crea una casa real con vocación dinástica (ya había sido Laujar de Andarax asiento real con Boabdil a principios del siglo XVI), pero es asesinado, víctima de sus propios colaboradores en una oscura intriga palaciega. Poco a poco la resistencia morisca se desvanece. Prueba de que había sido enormemente dura es que Felipe II decidiera enviar al mejor y más temido de sus militares, Juan de Austria, quien pronto acaba con el breve reino morisco. Se reemprende así la expulsión de la población musulmana, que culminará con Felipe III.

Uno de los episodios más sangrientos de la represión contra los moriscos tuvo lugar en Níjar, y constituyó lo que se convino en llamar el "negocio de Inox". En las revueltas de la Navidad de 1569, cientos de familias moriscas acudieron a refugiarse al castillo morisco del peñón de Inox, cercano a Níjar. Informados los cristianos, reunieron un improvisado ejército de mercenarios que se adueñó fácilmente de la fortaleza, haciéndose de una vez con más de 3.000 esclavos, mujeres y niños, e incontables botines. A este "negocio" se debe el nombre de la cortijada actual cercana, La Matanza, en cuyos aledaños pueden encontrarse aun semiderruidos entre la maleza los muros de la antigua mezquita de Inox.

La matanza y expulsión de los moriscos fueron un duro golpe que sumió a nuestra provincia en lo que sería la época más oscura de la historia de Almería, el siglo XVII. En efecto, marcharon los que habían enseñado a los cristianos el cultivo del moral, el tejido de la seda, las técnicas de regadío y la carpintería. Quedó la provincia desierta de Níjar a Mojácar y la población de la capital se redujo a 7.000 habitantes. Los intentos de repoblación cristiana fueron inútiles y los terremotos y ataques piratas berberiscos e ingleses mantuvieron a la provincia ensombrecida durante los siguientes 100 años.

Los siglos XVII y XVIII son quizá los más desconocidos de la historia almeriense.

El siglo XVII se inicia, como dijimos, con una despoblación galopante, a la que hay que sumar terremotos, sequías y una costa bajo constante amenaza pirata. La repoblación cristiana, proveniente sobre todo de Levante (60%: un 50% de murcianos y un 10% de alicantinos y valencianos), Jaén (20%), Castilla-La Mancha y Aragón (el restante porcentaje) es insuficiente y no logra repuntar la demografía de la ciudad ni la provincia. Las malas comunicaciones y el aislamiento siguen siendo los mismos de siglos.

A pesar de todo ello, La actividad minera es impulsada con las explotaciones de hierro en los Filabres, plomo en Gádor y mármol en Macael. La contrapartida son las consiguientes talas masivas en las sierras de Gádor y Almagrera, que iría agravándose durante los siglos siguientes y contribuiría de manera importante a deforestación que sufre hoy todo nuestro territorio (a esto se deben las talas y la sequedad atávica de la provincia, y no a la necesidad de madera para construir la Armada Invencible, como se suele contar en Almería).

Este aislamiento y las penosas condiciones contrastan no obstante con una actividad cultural y etnológica que nace para ir desarrollándose poco a poco durante este siglo y el siguiente, el XVIII. En 1640 se edita el primer libro en Almería, a instancias del obispo José de la Cerda, lo que lentamente va abriendo el camino a nuevas iniciativas que vendrán con los ecos de la Ilustración. En el siglo XVIII, los gobernantes de la ciudad comienzan a preocuparse de recabar información veraz sobre demografía, trabajo y emigración y se crean agrupaciones culturales y sociales como la Sociedad Económica de Amigos del País de Vera, una de las más sobresalientes de Andalucía en la época.

En lo artístico cabe destacar la construcción en este siglo de dos templos de gran importancia en la provincia, la iglesia de la Encarnación en Vélez-Rubio y el Santuario del Saliente en Albox, a lo que se deberá sumar las numerosas imágenes religiosas del murciano Francisco Salzillo que hoy día se veneran en Semana Santa. En efecto, el norte de la provincia goza quizá de mejor condición que el resto, debido a la exitosa repoblación y urbanización llevada a cabo por el marqués de Los Vélez.

El siglo XIX rubricó la lenta recuperación iniciada los dos siglos anteriores. Almería fue testigo de una segunda edad de plata, sobre todo a finales de la centuria, que tuvo su origen en la apertura comercial y la consolidación de la minería y la agricultura desde las primeras décadas de siglo.

La Guerra de la Independencia Española no pasó de largo por Almería. Aunque su amenaza se veía lejana desde nuestra provincia, los franceses llegaron a ocuparla comandados por Goudinot, quien entró en la ciudad el 15 de marzo de 1810. Le ofrecieron resistencia los famosos guerrilleros Mena, Villalobos y Arostegui. En 1812, los franceses se retiran de Almería tras ser vencidos en Arapiles.

En 1814 vuelve Fernando VII de España al poder y con él el absolutismo y la derogación de las Cortes de Cádiz de 1812. En este contexto se dio otro de los más conocidos episodios históricos de la capital, la matanza de los "coloraos". Tuvo lugar en 1824, cuando un grupo de soldados provenientes de Gibraltar, a los que se les apodó los "coloraos" por el tono de sus casacas, desembarcó en Almería con ánimo de proclamar la Libertad y restituir la Constitución de 1812. Como anécdota, decir que estaban éstos relacionados con una sociedad secreta, la Santa Hermandad, de inspiración comunera. Al fracasar en su intento, 22 de ellos fueron fusilados por los absolutistas en la Rambla de Belén a la altura de la calle Granada. Años más tarde, se levantó en su honor un monumento en la Plaza Vieja al que se le llamaba cariñosamente -y se le llama- el "pingurucho" y que fue también objeto de controversia: destruido en 1943 con motivo de la primera visita de Franco a Almería, no se restituyó hasta 1987 a instancias de los grupos más progresistas de la ciudad, quienes también resucitaron el homenaje anual a los "coloraos" celebrado cada 24 de agosto.

Es también el siglo XIX el siglo de los avances geopolíticos, urbanísticos y de infraestructuras. Los liberales, una vez se hicieron con el gobierno de Madrid, promovieron una reestructuración administrativa del país de la que nacieron las actuales provincias. Fue gracias a las gestiones del Conde de Ofalia, desterrado a Almería, que nació de facto nuestra provincia y adquirió por decreto de 1834 personalidad administrativa propia, quedando desvinculada del viejo Reino de Granada.

Desde el punto de vista económico, es el siglo de plata de la minería en la provincia. Los yacimientos de plomo, plata y oro, en Sierra de los Filabres, Sierra Almagrera y Rodalquilar, entre otros lugares. Minería enormemente productiva en otro tiempo, que ha dejado insólitos parajes como las instalaciones turísticas y poblados mineros de Las Menas y Rodalquilar, en permanente rehabilitación como servicios turísticos y culturales. O casas palaciegas como el Palacio de Almanzora. Testigo mudo de esta época pasada es la máquina de vapor encontrada en 2002 en el barranco del Chaparral, en Los Lobos (Sierra Almagrera), que data de 1873 y es considerada BIC y la más antigua máquina de vapor dedicada a la minería de España.

La fisonomía de la ciudad sufrirá un cambio drástico en lo que se ha venido a llamar la evolución de ciudad conventual a ciudad burguesa. En efecto, Almería se derrama fuera de sus murallas, que terminan siendo derruidas casi completamente en 1855. Se urbanizan los amplios perímetros monásticos (huertas, campos), recién desamortizados, dando lugar a plazas como la de San Francisco (actual de San Pedro). Se dota a la ciudad de un sistema de alcantarillado y agua potable. Se trazan nuevas calles, se abre la nueva Puerta de Purchena, es encauzada la Rambla de Belén y el eje de la ciudad se desplaza de la c/ Real al novísimo Boulevard, de clara inspiración francesa, que tantos otros nombres recibiría antes de convertirse en el actual Paseo de Almería.

La provincia de Almería (ubicada entre las latitudes 37º52' y 36º40', y las longitudes 1º37' y 3º07') está situada en el sureste de la Península Ibérica. Tiene una superficie de 8.774 km2 y un perímetro de 532 km, de los cuales 219 son de costa mediterránea -al sur y levante-. Limita al norte con la provincia de Murcia y al oeste con la de Granada.

Su situación geográfica y la disposición de Sierra Nevada y las Alpujarras como barreras ante los vientos húmedos del atlántico condicionan fuertemente su climatología, si bien, su posición estratégica en el Mediterráneo y su riqueza minera, ligada a procesos geológicos como el vulcanismo, han hecho que sea una región poblada desde muy antaño y cuna de civilizaciones como la Cultura de Almería o la de El Algar.

Sólo falta, como se puede comprobar, el crioromediterráneo de las nieves perpetuas que no se da en la región de Almería. Su característica más destacable es su cielo despejado y luminoso. En la costa sur, es característico el fuerte viento de poniente. Por su parte, el levante es famoso en la capital ya que suele hacer subir la temperatura varios grados.

También la pluviometría es escasa, siendo el Cabo de Gata el lugar donde menos llueve de la península ibérica. Asimismo, el Desierto de Tabernas es, técnicamente, el único desierto árido del continente europeo, lo que le confiere características naturales únicas que le valieron convertirse en escenario del rodaje de multitud de películas, especialmente Westerns durante los años 60 y 70. En la actualidad se siguen rodando algunas películas, así como spots televisivos y vídeos musicales.

Almería es una de las provincias más montañosas de España. No en vano, el 46 % de las poblaciones están ubicadas en montañas, el 34 % en colinas y el 19 % en llanuras. Está atravesada de oeste a este por diversos macizos montañosos de origen alpino, integrados en la Cordillera Penibética. Esta singular disposición orográfica es en gran parte responsable del histórico aislamiento tanto de la provincia en relación con el resto de España como de las distintas comarcas almerienses entre sí.

La provincia alcanza su máxima altura en el Chullo, de 2.609 m, que se enclava en la Sierra Nevada almeriense y vigila el Puerto de la Ragua, límite con la provincia de Granada. Otros picos de importancia son el Almirez (2.518 m), el Morrón de la Launilla (2.249 m), en la Sierra de Gádor, el Calar Alto (2.168 m), en la Sierra de los Filabres, la Tetica de Bacares (2.080 m), en esta misma sierra y el Pico de María (2.045 m), en la sierra homónima, por lo tanto, Almería consta de cuatro sierras que superan los dos mil metros de cumbre.

Sus 219 kilómetros de costa incluyen diversos accidentes geográficos, siendo los más prominentes el Golfo de Almería, el cabo de Gata, Punta Entinas y Punta Sabinar.

No se deben olvidar los islotes de Terreros y San Andrés y la isla de Alborán, importante enclave natural, pesquero y estratégico cuyo nombre se debe al pirata berberisco Al Borán, quien la utilizaba como base, y está incluida en el término municipal de Almería.

El clima subdesértico de la provincia (ver apartado siguiente) reduce los accidentes hidrográficos a las características ramblas, que surcan la provincia por doquier, especialmente en las zonas cercanas al mar.

Los riachuelos suelen perder su caudal bajo tierra antes de llegar a su desembocadura, pero llevan agua en buena parte de su curso.

Son los ríos más importantes el Almanzora, el Andarax, el Grande de Adra, el Alías y el de Aguas. Éste último es el responsable del sistema cárstico de Sorbas.

Existen asimismo tres pantanos, el del Almanzora (sede de deportes acuáticos de los XV Juegos Mediterráneos), el de Benínar, en cuyo lecho descansa el pueblo del mismo nombre, y el de Isabel II, que es uno de los más antiguos de España: se inauguró cerca de Níjar en 1850 y actualmente se encuentra colmatado y en desuso.

Siempre se ha considerado que el Guadiana Menor es el río que vierte sus aguas al Guadalquivir, pero algunos estudios recientes señalan que el Guadiana Menor mantiene realmente su cauce y que el río que nace en la Sierra de Cazorla es un afluente suyo.

Según el estudioso de la geografía andaluza Jesús Tejero, el Guadiana Menor debería ser el auténtico río Guadalquivir. En la confluencia Guadiana Menor-Guadalquivir, el primero tiene más longitud y por tanto más jerarquía que el segundo por lo que debería haber conservado su nombre.

El río que desemboca en Sanlúcar sigue naciendo en la comunidad autónoma andaluza, pero varios centenares de kilómetros más al Este: en ese lugar remoto de la geografía almeriense donde se acercan hasta tocarse los límites de Almería, Granada y Murcia estarían las fuentes del wadi al-Kabir de los árabes.

Las otras fuentes del Guadalquivir, las más alejadas de su desembocadura, se encuentran en el municipio de Vélez-Blanco. Desde la pedanía de Topares parte un camino sin asfaltar hacia el caserío de Santonge: paraje protegido que alberga notables pinturas rupestres. A unos tres kilómetros de Topares y a unos cien metros del camino se encuentra el brocal de un pozo. Las aguas que en época de lluvia brotan a pocos pasos del pozo ya pertenecen a la Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir. Este lugar, frecuentemente seco en la superficie, oculta una corriente subterránea que aflora con un modesto caudal cerca de la cañada de Cañepla, donde recibe el nombre de arroyo de la Cañada del Salar. La vegetación que crece junto al pozo, especialmente juncáceas, prueba que hay un caudal subterráneo de agua.

Por supuesto, la parte de la Provincia perteneciente a la cuenca del Guadalquivir es insignificante, estando la parte norte incluida en la cuenca del Segura y los 2/3 restantes pertenecen a cuencas propias.

La característica más acusada del paisaje natural almeriense, es la de su aridez características de los espacios mediterráneos aumentada en Almería por su posicionamiento geográfico en el levante y por la disposición del relieve que impide que penetren las masas de aire húmedas del Atlántico.

La vegetación depende de muchos factores, entre los que destacan la publiosidad -fuertemente correlacionada con la altitud- y el tipo de suelo. De esta forma, en las cumbres de Sierra Nevada y los Filabres -por encima de los 1.800 msnm- la vegetación predominante es el piornal y enebral, adaptados a las condiciones físicas de la alta montaña. Mientras, en las zonas de media montaña predomina el encinar, si bien, bastante degradado en el caso de los Filabres. El encinar también es la vegetación dominante en las zonas secas con suelos básicos, con una mayor extensión en la Sierra de Gádor, en Sierra Alhamilla se encuentra uno de los encinares más extensos y mejores conservados de la provincia. Las zonas semiáridas del interior son pobladas principalmente por lentiscos que rodean en forma de orla las principales zonas montañosas. Esta vegetación está muy degradada y con mucha frecuenta deriva a espartales. Al acercarnos a la costa y bajar la altitud, aumente el carácter árido de la vegetación. En las depresiones del Campo de Níjar, y en el valle del Almanzora predominan los espinares -de azufaifos en su mayoría-, que dan al paisaje un claro carácter desértico acrecentado por la fuerte acción antrópica. En esta zona es muy reseñable la gran riqueza florística en muchos casos de carácter endémico. En el Campo de Dalías y el Andarax, con suelos similares pero no tan áridos, en los espinares predomina el arto, si bien la acción antrópica -cultivos en invernaderos- apenas dejan ver restos de vegetación natural. En las Sierras de Cabo de Gata y Cabrera, la altitud hace que se intensifique la acción marina y se desarrolle una vegetación menos rala que en los espacios limítrofes. Por último también son destacables las formaciones edafoxerófilas -Campo de Tabernas, donde destacan las formaciones adaptadas a los yesos- o edafohigrófilas en las zonas de las desembocaduras de los ríos.

Al igual que ocurre con la vegetación, la fauna de la provincia de Almería presenta una gran bidiversidad y riqueza. En el Cabo de Gata y Níjar destacan el zorro, el erizo moruno, el lagarto ocelado y la víbora hocicuda. En la Sierra de los Vélez son característicoas las aves rapaces, la cogujada, la calandria la bisbita común, también abundan las culebras y las mariposas -destaca la Parnassius por su condición de endémica-. En Sierra Nevada y la Sierra de Baza son también abundantes las aves rapáces y diversos mamíferos protegidos como la cabra montés, el gato montés o el jabalí, entre otras.

La riqueza natural del territorio queda reflejada en varios espacios naturales protegidos.

De entre ellos los más importantes sean quizá los dos primeros parajes naturales: el desierto de Tabernas es, técnicamente, el único desierto del continente europeo. Se trata de un ecosistema excepcional, cuyos característicos paisajes son aprovechados por la industria audiovisual desde principios de los años 60. Por su parte, el cercano karst en Yesos de Sorbas es un complejo de cuevas, cañones y demás fenómenos kársticos excavadas por el río Aguas en un depósito de yeso cercano a la localidad de Sorbas.

La provincia, está formada por ocho Partidos judiciales: Almería, Berja, Huércal-Overa, El Ejido, Purchena, Roquetas de Mar, Vélez Rubio y Vera creados tras la Ley 38/1988, de 28 de diciembre . Cuando en 1834 se crearon los partidos judiciales la división era diferente y entonces había 10 Partidos judiciales: Almería, Berja, Canjáyar,Cuevas del Almanzora, Gérgal,Huércal-Overa, Purchena, Sorbas, Vélez Rubio y Vera. Todavía están representados en el escudo provincial.

La provincia está formada por 102 municipios.

Los principales municipios de la provincia en cuanto a población en 2008 son: la capital, Almería, con 187.521 habitantes, El Ejido (80.987 hab.), Roquetas de Mar (77.423 hab.), Níjar (26.126 hab.), Adra (23.880 hab.), Vícar (21.515 hab.), Huércal-Overa (16.834 hab.) y Berja (15.001 hab.). Como entidades de menor categoría destacan Huércal de Almería (13.990 hab.), Vera (13.473 hab.), Cuevas del Almanzora (12.596 hab.) y Albox (11.427 hab.). El municipio menos poblado es el de Benitagla, con sólo 94 habitantes.

Los principales núcleos de población se concentran en el sur y en el suroeste, especialmente en la comarca del Poniente Almeriense, tradicionalmente llamada Campo de Dalías. La provincia se organiza asimismo en otras comarcas tradicionales, además de la mencionada: Campo de Níjar, Bajo Andarax, Alpujarra, Desierto de Tabernas, Cabo de Gata, Valle del Almanzora y Marquesado de los Vélez, entre otras.

La provincia de Almería entre 1857 y 1981 había sido una provincia netamente emigradora, tanto a las zonas más industrializadas de España como de Europa. La provincia perdió casi la mitad de su peso relativo en la demografía nacional (pasado de representar el 2,04% de la población española a tan sólo el 1,07%). Sin embargo, entre 1991 y el 2005 su población aumentó en un 31,49%, siendo la tercera provincia de España que más creció en este periodo. Esta fuerte expansión demográfica ha seguido a un potente crecimiento económico paralelo que ha traído a la provincia a un alto contingente de inmigrantes: Almería era, según el censo INE 2005, la tercera provincia española con mayor porcentaje de extranjeros en su censo (un 15,20%). Los colectivos foráneos más importantes eran, según este censo, el marroquí (29,87% del total de extranjeros registrados), el rumano (el 11,63%), el británico (el 10,59%) y el ecuatoriano (el 9,45%).

La riqueza monumental de la provincia de Almería es una de las más notables de España, no en vano se trata de una de las demarcaciones andaluzas con mayor número de bienes inmuebles inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

Desde los mismos albores de los asentamientos humanos existen vestigios de su presencia en estas tierras así como del legado cultural y artístico ligado a todas las culturas humanas.

Algunos de los bienes arqueológicos de mayor interés histórico y artístico son las pinturas rupestres del Arco Levantino en Almería, el poblado calcolítico de Los Millares, o los de la Edad del Bronce de El Argar y La Gerundia, los restos fenicios de Abdera y Villaricos, los iberos de El Chuche y El Cerrón, o los romanos de la antigua Vergi en el paraje de Villavieja.

El legado histórico-artístico de la provincia está repleto de construcciones militares representativas de las distintas culturas y civilizaciones que han poblado el sureste español.

Los elementos arquitectónicos más notables corresponden a la Edad Media. Musulmanes y cristianos dejaron su huella en toda la geografía provincial. En muchas de las ocasiones se aprovecharon las ruínas de los edificios conquistados, siendo patentes vestigios de edificios anteriores.

Entre el siglo XVI y el siglo XVIII también se levantaron algunos de los edificios más significativos de la arquitectura militar almeriense, especialmente aquellas que servían para la defensa de las costas ante los ataques de los piratas.

Algunos de estos bienes históricos son el Conjunto monumental de la Alcazaba y las Murallas del Cerro de San Cristóbal en Almería, el Castillo de los Fajardo en Vélez-Blanco, el de Gérgal, el de San Juan de los Terreros, la alcazaba de Tabernas, o las torres costeras de defensa de Macenas en Mojácar o Villaricos.

En la provincia de Almería se han rodado innumerables películas, vídeos musicales y spots de televisión. Los años 60 y 70 fueron el momento cumbre de la industria del cine, sobre todo con los Spaghetti Westerns, destacando el director italiano Sergio Leone.

No sólo el desierto de Tabernas y el municipio de Nijar han sido escenario de películas y no sólo westerns se han rodado en Almería. Muchas películas conocidas por el gran plúblico se han filmado en otros parajes o municipios de Almería como por ejemplo en el Parque Natural Cabo de Gata-Nijar o en las calles de la capital. Éstas, concretamente, han servido para representar Messina en Patton, Alejandría en Cleopatra o Iskenderun para Indiana Jones y la última cruzada, así como otra larga lista de películas.

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Aguadulce (Almería)

Situación de Roquetas de Mar en la provincia de Almería

Aguadulce es una localidad perteneciente al municipio de Roquetas de Mar, en la provincia de Almería, (España). Situada a unos 8 km al oeste de Almería por carretera nacional (N-340a) y a 14 por autovía (A-7). El aeropuerto más cercano está a 25 km. Las comunicaciones marítimas son excelentes: tiene un puerto deportivo, y el puerto comercial de Almería está a 8 km. Carece de conexión ferroviaria propia, aunque la estación de ferrocarril de Almería se encuentra muy cercana en distancia y los autobuses que pueden tomarse en la misma estación de tren enlazan continuamente con Aguadulce.

La población de Aguadulce es de casi 14.000 habitantes (cuyo gentilicio es "turanianos"), cantidad que llega a triplicarse en algunos momentos del verano debido al turismo, principal motor económico de la localidad.

El origen de su topónimo se lo debe Aguadulce a los manantiales de agua dulce que brotaban cerca de la orilla del mar en una zona cercana al actual puerto deportivo. Desgraciadamente esos manantiales no existen en la actualidad por haber sido cegados debido a las construcciones de la zona. Se cuenta incluso que esos manantiales brotaban dentro de la misma agua del mar dando al agua del Mediterráneo un curioso sabor a "agua dulce".

Aguadulce tiene una historia corta pero intensa, corta por la aparición de esta localidad a principios del siglo XX e intensa por su proliferación en sus últimos años. Hace tiempo Aguadulce era algo desconocido para mucha gente de nuestro país, hoy en día decir Aguadulce o decir Roquetas de Mar es nombrar a uno de los puntos más importantes de turismo de la provincia de Almería donde cada año miles de foráneos nos visitan.

Aguadulce ha tenido un crecimiento desmesurado desde la década de los 50, pasando de tener unos pocos cientos de habitantes a su actual población. Aunque el turismo hace fluctuar mucho el número de habitantes a lo largo del año, cada vez más es escogida como lugar de residencia habitual, con un importante número de habitantes que trabajan en las localidades vecinas de Almería, El Ejido, Vícar o incluso la misma Roquetas de Mar.

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Source : Wikipedia