Tauromaquia

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Publicado por tornado 02/05/2009 @ 02:10

Tags : tauromaquia, arte y tradiciones populares, cultura

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Tauromaquia

Tauromaquia en la Creta minoica

La tauromaquia (del idioma griego ταῦρος, toro, y μάχομαι, luchar) se refiere a todo lo relativo a la práctica de lidiar toros, tanto a pie como a caballo, y se remonta a la Edad de Bronce. Su expresión más moderna y elaborada es la corrida de toros, un espectáculo que nació en España en el siglo XII y que se practica también en Portugal, sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica, como México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Bolivia. Es también espectáculo de exhibición en China, Filipinas, Estados Unidos y Cuba. Las corridas de toros han despertado vivas polémicas desde sus mismos comienzos entre partidarios y detractores.

En sentido amplio, la tauromaquia incluye además todo el desarrollo previo al espectáculo como tal, desde la cría del toro a la confección de la vestimenta de los participantes, además del diseño y publicación de carteles y otras manifestaciones artísticas o de carácter publicitario, que varían de acuerdo a los países y regiones donde la tauromaquia es parte de la cultura nacional.

Esta actividad tiene antecedentes que se remontan a la Edad de Bronce, y se ha desarrollado a lo largo de siglos como una forma de demostración de valentía, al estilo de algunas tribus que aún practican ritos de paso de la niñez a la edad adulta.

En la antigua Roma se presentaban espectáculos con Uros (especie bovina extinta) que eran arrojados a la arena del circo para su captura y muerte por parte de algunos representantes de familias nobles, quienes mostraban así sus dotes de cazadores. También se arrojaban en manadas a los cristianos durante las ejecuciones públicas efectuadas en la época de la persecución; y además, se utilizaba a estos animales durante los enfrentamientos de gladiadores como entretenimiento adicional.

En época medieval comienza la práctica taurina del lanceo de toros, a la que se sabe eran aficionados Carlomagno y Alfonso X El Sabio, entre otros. Hay registros de la afición por esta práctica que El Cid tenía. Según crónica de la época, en 1128 "...en que casó Alfonso VII en Saldaña con Doña Berenguela la chica, hija del Conde de Barcelona, entre otras funciones, hubo también fiestas de toros." Estos espectáculos se presentaban en plazas públicas y lugares abiertos como parte de celebraciones de victorias bélicas, patronímicos y fiestas, con el consecuente riesgo que esto suponía para los espectadores (Goya ha retratado una de estas tragedias en su obra sobre la muerte del alcalde de Torrejón, arrollado y corneado por un toro).

Los primeros tratadistas dieron por buena una creencia popular y pensaron que los moros de España fueron los primeros en utilizar sus capas como instrumento de distracción durante la práctica de alancear a las reses. Sin embargo, esta opinión no cuenta hoy día con respaldo académico. Durante el siglo XVI evoluciona la tauromaquia hacia los encierros de varas (predecesora de las actuales corridas de rejones), en los que participaba la realeza; incluso Carlos I de Inglaterra y su lugarteniente Lord Buckingham participaron en este evento durante su estancia en España, tan a su gusto que repitieron luego la experiencia en su país, invitando a los embajadores de los reinos de Francia y España. Carlos I de España (no nacido en este país) lanceó un toro en la celebración del nacimiento de su hijo Felipe II.

Durante esta época la nobleza comienza a utilizar a sus peones y escuderos para distraer al toro mientras cambiaban algún caballo cansado o herido, o para rescatarlos de una caída. Con la aparición de los picadores en sustitución de las lanzas, para dar a los nobles, a lomo de caballo, el privilegio de matar al toro, estos peones y auxiliares adquieren la responsabilidad de llevar al toro al picador, con lo que evoluciona la faena de capote y adquiere valor estético. En muchas ocasiones, si el de a caballo no podía matar al toro, se delegaba la responsabilidad en los de a pie.

A partir del siglo XVII comienzan a surgir nombres entre los toreros de a pie, por su estilo y valor, además de la simpatía que a estos se les tenía por ser parte del mismo pueblo y no de la nobleza, siendo solicitados por el público para presentarse como evento principal.

Paulatinamente, el gusto del público se inclina por los toreros de a pie, y, si bien con extrañas variaciones, se van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas modernas. De esta época son algunas de las primeras figuras conocidas del toreo, como "Costillares", Pepe-Hillo y Pedro Romero.

Ya en el siglo XIX, toreros como "Paquiro", "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", fueron quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que tiene hasta la actualidad.

En la década de 1910 a 1920 se desarrolla la llamada Época Dorada de la tauromaquia, protagonizada por la rivalidad profesional entre Juan Belmonte y José Gómez (conocido como "Gallito" o "Joselito"), que inauguraron el camino hacia el toreo moderno.

Posteriormente a la Guerra Civil Española se produce un auge en el mundo taurino, especialmente gracias al surgimiento de la figura de Manolete, para muchos el más vertical de los toreros en la historia; a este auge siguen figuras como Luis Miguel Dominguín, el mexicano Carlos Arruza, Pepe Luis Vázquez y Agustín Parra "Parrita". Si bien esta época se cierra con el fallecimiento de Manolete en la llamada Tragedia de Linares, surge entonces otra famosa rivalidad que apasiona al mundo taurino, la de Dominguín y Antonio Ordóñez.

Ya en los años cincuenta se alza la figura de particular elegancia del venezolano César Girón, quien lidera en dos ocasiones, (1954 y 1956), el escalafón taurino en España, hazaña que repetiría su hermano Curro en 1959 y 1961. Destacan en los años sesenta, además del mencionado Curro Girón, toreros como Paco Camino, El Viti y Diego Puerta, además de la sensación que causó el surgimiento del poco ortodoxo y revolucionario, pero muy triunfador, Manuel Benítez "El Cordobés". Las décadas de los setenta y ochenta son las de mayor expansión comercial del mundo de los toros, llegando a haber corrida incluso en el Astrodome de Houston, con la participación de El Cordobés. Las grandes figuras de esta época son: José Mari Manzanares, Pedro Gutiérrez Moya "El Niño de la Capea", Dámaso González, Francisco Rivera "Paquirri", El Yiyo, Antoñete y Juan Antonio Ruiz "Espartaco", líder de la estadística en forma consecutiva desde 1985 hasta 1991.

Las nuevas figuras del toreo presentan gran diversidad en su estilo y proyección; personalidades tan particulares como Enrique Ponce y César Rincón —de toreo clásico—, Jesulín de Ubrique, Julián López "El Juli", José Tomás, "El Cid", Francisco Rivera Ordóñez, Cayetano Rivera Ordóñez, Leonardo Benítez, Javier Conde y el francés Sebastián Castella , son quienes han llevado el toreo al siglo XXI.

Además de la corrida en sí, la tauromaquia incluye la crianza y conocimiento de los toros (denominación de los mismos de acuerdo a su pelaje, cornamenta, comportamiento, porte, etcétera).

Incluye además lo concerniente a la confección de la ropa del matador y demás participantes dentro del espectáculo, así como las manifestaciones artísticas relacionadas con la actividad (confección de carteles, entre otras).

La tauromaquia es una parte considerable de la cultura en los países donde se practica; en algunos de ellos, como España, Francia, México, Colombia, Ecuador y Venezuela, es considerada parte integral de la cultura nacional; es definida como arte en el diccionario de la Real Academia Española.

En la actualidad, la actividad más conocida de la tauromaquia es la corrida de toros. En consecuencia, con la consideración de cómo se lleve la responsabilidad de la lidia y muerte del toro (si el torero va a pie o a caballo), existen dos tipos de corridas de toros; de toreros a pie y de toreros a caballo (de rejones o rejoneadores).

Normalmente, una corrida se desarrolla en tres partes, llamadas tercios, en las cuales el toro es lidiado respectivamente por los picadores, "que, montando un caballo protegido por un peto, utilizan una vara con una puya para castigar al toro"; los banderilleros, "quienes se encargan del auxilio al matador, bregan al toro y adornan al toro colocando pares de banderillas (generalmente son tres pares)"; y el último tercio, y el más importante, el de muerte, en el que el torero lidia al toro ayudado con la "muleta" y el "ayudado" (espada de madera o de aluminio), que sostiene con la mano derecha. El torero principalmente empieza a medir la distancia del toro, lo que se llama "terreno", para empezar a cuajar su faena, hasta empezar a meterle la cabeza en cada suerte o engaño; después coloca al burel con los cuartos delanteros parejos, para que se abra y no pinche en hueso; eso es para asegurar la estocada, y, si es correcta, a petición del presidente y el respetable, se cortan los trofeos.

El presidente es quien recompensa la actuación del torero. Al término de la lidia, el presidente enseña un pañuelo de color blanco, si el premio de la faena es para una oreja, y dos pañuelos para dos trofeos. Al principio de ella también puede enseñar un pañuelo verde si el toro no es apto para torear (cojo, cuerno mal, etc.), o uno naranja para indultarlo si el toro es de gran calidad. La opinión del público es posiblemente de más peso para los participantes: ha habido corridas en donde el público saca en hombros al torero sin que el juez haya concedido siquiera la oreja, o por el contrario: premios del presidente a pesar del descontento de los asistentes.

El Toro de fuego es un armazón metálico, que imita la forma de un toro, sobre cuyo espinazo se coloca un bastidor con elementos pirotécnicos. Muy utilizado en festejos de pueblos de España.

Es transportado por una persona, que tras encender una mecha, corre persiguiendo a la gente asustándoles con las chispas que van soltando sus diferentes elementos.

Este mismo juego popular es utilizado también en Paraguay y es conocido cono el "Toro Candil". Es típico de las Fiestas de San Juan.

El Toro embolado en un festejo tradicional de España, en el que se colocan a un Toro en sus astas dos bolas de fuego. No se conocen realmente sus orígenes, pero junto a otros festejos taurinos en los que no se le da muerte al animal pueden tener su origen en la civilización minoica. Como se recogen en muchos frescos y cerámicas. La zona de mayor actividad se encuentra en la comunidad valenciana, actualmente se está intentado regular dichas actividades, acogiéndose con el calificativo de Bous al carrer. También en otras regiones existen festejos similares como el El Toro de Ronda en Aragón.

A Festa do Boi de Allariz es un festejo que se celebra el día de Corpus Christi y consiste en soltar un buey que recorre las calles de esta población de Galicia.

El encierro consiste en correr delante de una manada no muy numerosa de toros, vaquillas o novillos, entre los que puede haber también cabestros que dirijan a la manada. Por lo general, los mejores corredores intentan correr lo más cerca posible de los toros, pero sin llegar a tocarlos.

Festejos taurinos populares que suelen celebrarse en muchos pueblos de España. El recinto donde tienen lugar suele ser una plaza del pueblo cerrada con carros u otras barreras provisionales. Por regla general las reses que se lidian son erales o vaquillas, pero en algunas ocasiones se han lidiado también cuatreños.

Los concursos de recortes están formados por jóvenes que se enfrentan a cuerpo limpio y por turnos a animales en puntas, con el fin de arrimarse al máximo al asta del mismo para alzarse con el primer puesto.

Las corridas camarguesas o corridas a la "cocarde" (Course Camarguaise) son festejos que tienen lugar en las plazas de toros de los pueblos de Languedoc-Rousillon.

La corrida landesa es un espectáculo basado en saltos y recortes en el cual las vaquillas salen emboladas, era el divertimento tradicional de los gascones.

Suerte típica del toreo portugués, llevada a cabo por los pegadores o mozos de forcado, quienes trabajan en cuadrillas de 8 elementos y la corrida termina cuando toman e inmovilizan al toro sin más implemento que las manos.

Las comunidades portuguesas asentadas en el estado de California en Estados Unidos han conservado las corridas de toros al estilo portugués aunque haciendole algunas modificaciones. En las corridas californianas no hay derrame de sangre, por lo que son llamadas Bloodless bullfight por ende no se pica, no se le clavan banderillas al lomo del animal ni se le da muerte en el ruedo. El toro lleva un velcro sobre su lomo por lo que las banderillas van adheridas allí, por lo demás son iguales a una corrida portuguesa, incluso grandes toreros europeos o americanos (mexicanos particularmente) torean anualmente en las plazas californianas.

La Corraleja es una fiesta popular de Colombia, donde en una plaza de toros se torean varios novillos a la vez.

Esta fiesta taurina es una costumbre importada por los españoles, pero modificada por los lugareños de la región de Apurímac, en los Andes. El festejo, conocido como Yáwar Fiesta ("Fiesta de Sangre" en quechua)., tiene lugar en el mes de julio y se suele interpretar como una celebración de la expulsión de los conquistadores españoles por los peruanos, aun cuando no existe un consenso académico definitivo sobre su simbología y función. Para ello colocan a un cóndor salvaje a lomos de un toro pullcay, previamente inmovilizado con una cuerda. Una vez bien asegurado, cortan la cuerda y el toro sale rabioso, dando saltos, al sentir los fuertes picotazos del cóndor. Cuando el toro queda agotado, liberan al ave, y, tras homenajearlo, lo devuelven a las montañas. Si el cóndor no sobrevive al festejo, se considera de mal augurio. Esta celebración ha sido retratada por el escritor peruano José María Arguedas en una novela titulada, precisamente, "Yawar Fiesta".

Las ganaderías de toros de lidia son empresas que dependen de los espectáculos taurinos, dado que esta variedad bovina no tiene ningún otro propósito comercial, debido a su bajo rendimiento, tanto de leche como de carne. Grandes criadores de toros de lidia han alcanzado renombre por las características particulares de trapío de sus astados, y sus nombres son de perdurable reconocimiento en el mundo taurino. A continuación se enumeran algunas de las más importantes de Europa y América.

Las Plazas de toros, conocidas también como cosos taurinos y anteriormente como circos taurinos, son estructuras arquitectónicas cerradas, con estilos arquitectónicos diversos, de acuerdo a su antigüedad. En general, se trata de un recinto cerrado de forma circular, con tendidos y servicios que rodean un espacio central, llamado ruedo o arena, en donde se realiza el espectáculo taurino. El ruedo es un terreno de tierra batida, rodeado por una valla o barrera, y con varios burladeros, en donde se preparan y refugian los matadores y subalternos. El callejón está separado del ruedo por una estructura o pared, generalmente de madera y de aproximadamente 140 centímetros del altura, que posee estribos hacia el ruedo y en ocasiones también hacia el callejón para facilitar el acceso de los alternantes en caso de emergencia. Dispone de puertas de acceso batientes para la entrada y salida de los participantes (puerta de cuadrilla) y los toros (puerta de toriles), aunque la cantidad y disposición de estos accesos varía de un recinto a otro.

El filósofo José Ortega y Gasset explicaba que era impensable estudiar la historia de España sin considerar las corridas de los toros. Si muchos de los escritores y filósofos de la generación del 98, no gustaban de las corridas de toros, era porque la culpaban del atraso de la sociedad española. Así, Unamuno explicaba que no le gustaban las corridas, no porque fuese un espectáculo cruento, sino porque se perdía mucho tiempo hablando de ella y esto explicaba la formación cultural de sus espectadores. Ortega y Gasset, en su obra La caza y los toros, se extrañaba de que el toreo, siendo un ejercicio callado diese tanto que hablar. Posteriormente, la generación del 27 en su mayoría fue amante de la fiesta, sobre la cual escribieron, pintaron y esculpieron. Vale citar las palabras con las que Federico García Lorca manifestaba su abierto apoyo y gusto por la tauromaquia: "El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo".

Una larga lista de escritores de varios países ha escrito exaltando el toreo como una parte importante del alma de sus pueblos. Entre los artistas vivos que defienden el toreo se encuentra el peruano Mario Vargas Llosa, el escultor y pintor colombiano Fernando Botero y el escultor y pintor mexicano Humberto Peraza.

Las corridas de toros son también una importante actividad económica, que es una fuente de empleos y genera cuantiosos ingresos, principalmente por venta de entradas y derechos de televisión. Los festejos populares que organizan los ayuntamientos, coincidiendo con sus fiestas patronales (o con cualquier otra celebración), generan también un movimiento económico muy importante y moviliza una gran infraestructura (ganaderías, transportes, seguros, médicos y ambulancias, bandas de música, fuegos artificiales, cartelería...): se estima que en los pueblos de España se celebran unas 20.000 celebraciones taurinas al año, y se lidian unas 100.000 reses, lo que supone un gasto de unos 140 millones de euros anuales para que los toros corran por sus calles.

Por último, vale añadir que en Francia las corridas de toros dependen del Ministerio de Cultura, a diferencia de España, en donde dependen del Ministerio del Interior, lo que puede ser indicador de una mayor sensibilidad cultural en Francia con respecto a la tauromaquia.

Existen grupos denominados antitaurinos que consideran que el toreo es una práctica de crueldad que atenta contra los derechos de los animales, y que no puede ser considerada ni una manifestación cultural, artística ni deportiva. Existen varias asociaciones que se dedican a este tipo de reivindicaciones, siendo PETA la más conocida. En España existe incluso un partido político denominado Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal.

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Coso (tauromaquia)

La Maestranza de Sevilla

Coso o Coso taurino, es el nombre que recibe en tauromaquia la plaza de toros, sitio o lugar cercado, donde se corren y lidian toros y se celebran otras fiestas públicas.

La palabra proviene del latín cursum, carrera, derivando su uso en el lugar que se utilizaba para correr. De ahí, su uso se extendió al lugar habilitado para distintos espectáculos, en este caso la lidia.

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Escuela de Tauromaquia de Sevilla

La Escuela de Tauromaquia de Sevilla fue la primera institución oficial creada en España para la iniciación y la formación de jóvenes toreros. Fue fundada mediante Real Decreto el 28 de mayo de 1830 durante el reinado de Fernando VII de España. Fue nombrado maestro de la escuela el diestro Jerónimo José Cándido y como segundo maestro al también torero Antonio Ruiz "El Sombrerero". Al conocer esta decisión y a petición propia, fue nombrado primer maestro de la escuela el mítico diestro Pedro Romero, que por entonces contaba ya 76 años de edad.

La escuela se financió mediante una gabela que debían aportar las capitales de provincia y ciudades donde hubiese Maestranza, lo que provocó no pocas quejas y probablemente condicionó su efímera vida.

La escuela contó entre sus discípulos a algunas futuras grandes figuras como Paquiro, Cúchares, Juan Pastor y Juan Yust.

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La tauromaquia

La tauromaquia es una serie de 33 grabados del pintor español Francisco de Goya, publicada en 1816. A la serie hay que añadir otras 11 estampas, llamadas inéditas por no incluirse en aquella primera edición a causa de pequeños defectos, aunque son igualmente conocidas.

La idea de Goya de dedicar una serie a la tauromaquia se remonta a principios del siglo, y fue elaborándola con lentitud, sin un plan demasiado concreto, probablemente interrumpido por la guerra. La intención inicial de Goya fue, según diversos autores, la de ilustrar algunos pasajes de la Carta histórica sobre el origen y progreso de las corridas de toros en España (1777), que Nicolás Fernández de Moratín dedicó a Ramón Pignatelli. Goya sobrepasó su idea inicial y completó la serie con hechos y recuerdos personales taurinos no aludidos en la obra de Moratín, como algunos lances famosos de corridas profesionales.

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Antitauromaquia

La antitauromaquia es el rechazo a la tauromaquia

Se conoce como antitauromaquia al rechazo a la tauromaquia, es decir, al acto de hacer corridas de toros.

Las corridas de toros, en su sentido moderno, nacen en España en el siglo XVIII y desde entonces han despertado críticas y desatado polémicas, incluyendo prohibiciones esporádicas, desde sus mismos comienzos hasta la actualidad. Los argumentos sus detractores han cambiado a lo largo del tiempo, según el momento histórico, y ha tenido justificaciones muy variadas -religiosas, morales, económicas, estéticas, políticas y culturales entre otras- pero el objetivo ha sido siempre el mismo: su abolición.

La tauromaquia (llamada 'fiesta' por los aficionados taurinos) siempre ha tenido partidarios y detractores, tanto entre los sectores populares como entre la clase política e intelectual. Según informa Alberto de Jesús, «las fiestas de los toros han sufrido a lo largo de su existencia numerosos ataques de los gobernantes políticos, opositores e incluso la Iglesia por intentar eliminarla, fracasando cualquiera de ellos».

Las críticas a este tipo de eventos con animales se remontan a la antigüedad romana, con las diatribas de moralistas como Cicerón contra los espectáculos de circo con fieras. A ellas siguieron las críticas de los primeros escritores cristianos y canonistas a las llamadas venationes, como Prudencio, Casiodoro, San Agustín o San Juan Crisóstomo, que en general censuraban los espectáculos públicos con fieras (incluidos los toros bravos), por arriesgar frívolamente la vida humana, postura de orden moral que se prolongó más o menos en los mismos términos durante la Edad Media y que movió a varios papas a promulgar prohibiciones. Por ejemplo, la bula papal Salute Gregis (1567), de Pío V, que prohibió los espectáculos taurinos. Gregorio XIII, su sucesor, levantó la prohibición ocho años después a ruego de Felipe II. El motivo, según cuenta Cossío, es que la prohibición causaba perjuicios no a la fiesta, sino a la propia religión católica española: «era el principal el desprecio que de la excomunión hacían los aficionados a correr y ver correr los toros» en plena época de la Inquisición.

Ya como espectáculo moderno, en el siglo XVIII, las corridas de toros han sido polémicas y han sufrido críticas e incluso prohibiciones. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del populacho, por lo que Felipe V prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinasen a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios. Algunos ilustrados, como Jovellanos, se oponen a estos espectáculos por considerarlos poco didácticos.

Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. El pueblo, sin embargo, hizo caso omiso, y siguió entregándose con entusiasmo a las nuevas figuras del toreo, que Francisco de Goya recogió en su serie de grabados sobre La Tauromaquia. Todos los gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Parlamento español el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros. Se rechazó la propuesta pues se consideraba que sería demasiado impopular: era la época de Lagartijo y Frascuelo.

Hasta el siglo XIX los espectáculos taurinos también se celebraban en otros lugares de Europa. Así, en Inglaterra eran frecuentes los bull-baitings, peleas entre perros y toros. Sin embargo éstas prácticas fueron prohibidas en 1824, el mismo año en que se fundó The Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals.

Al igual que el pueblo español, sus intelectuales se han dividido históricamente entre partidarios y detractores de las corridas de toros. Las críticas de algunos ilustrados a la Fiesta, la recuperaron luego los escritores de la Generación del 98 que, en un principio, la veían como síntoma del atraso español. Un ejemplo notable de esta época fue el escritor antitaurino Eugenio Noel, que vinculaba los toros a lo que denominaba «crímenes de raza»: el pasodoble, «el cante jondo, y las canalladas del baile flamenco que tiene por cómplice la guitarra, el género chico, ese delirio de diversión, de asueto, que caracteriza a nuestro pueblo» Para el escritor madrileño, la Fiesta se reducía a sangre, crueldad y porquería y, en su opinión, era síntoma de la «libertad del pueblo español de poder hacer lo que le dé la gana». Otra de las acusaciones de Eugenio Noel contra las corridas es «la funesta cualidad de ser el único rasgo enteramente nacional; sólo la afición a los toros une las regiones y hace andaluz al éuscaro y extremeño al catalán y castellano al andaluz».

Los argumentos de los detractores de las corridas de toros han variado según el momento histórico, pero el objetivo ha sido siempre la abolición del mismo. En tiempos más recientes, desde sectores progresistas se intentó relacionar las corridas de toros con el régimen franquista y, en general, a la España "vieja y negra". Por ello, algunos medios intelectuales, sobre todo británicos, creyeron que con el advenimiento de la democracia a España estos espectáculos desaparecerían, algo que no sucedió. Así, el diario Times publicó con asombro en esos años que «en la España de los yuppies y la democracia, triunfa cada vez más la Fiesta de los toros».

En la actualidad, son los defensores de los derechos de los animales quienes encabezan la crítica a la celebración de las corridas de toros.

Existen grupos que consideran que el toreo es una práctica de crueldad que atenta contra los derechos de los animales, y que no puede ser considerada ni una manifestación cultural, artística ni deportiva. Los partidarios de los derechos de los animales usualmente consideran la tauromaquia una forma de tortura. Para ellos esta relación reduce el valor que se asigna a la vida. Otros activistas son radicales a la hora de abordar la cuestión de la tauromaquia y afirman que el origen de su existencia está en que vivimos en culturas especistas si bien en ocasiones se puede dar la incoherencia moral en la que una parte de sus miembros se oponga al sufrimiento que se produce en una plaza de toros, mientras que al mismo tiempo subvencionen mediante dietas no vegetarianas el sufrimiento y muerte que se producen en granjas y mataderos, o que por ejemplo personas que están contra las corridas de toros al mismo tiempo luzcan prendas hechas con piel de éstos u otros animales.

Cada año PETA organiza el encierro humano como una manifestación en lo particular contra la corrida de San Fermín, y en lo general contra todas las formas de tauromaquia que impliquen crueldad con los animales.

También ha habido intentos recientes de prohibir las corridas en países como Francia, donde existe la afición en el sur del país. La cuestión se resolvió estableciendo legalmente que solo se podían matar toros en aquellos lugares donde se demostrase que son una tradición arraigada ininterrumpidamente (las plazas del sudeste y del sudoeste fundamentalmente). Eso excluyó a ciudades como París donde, aunque hubo corridas de toros en época de la Exposición Universal, luego se interrumpieron.

Algunas personas, incluyendo filósofos como José Ferrater Mora o Jesús Mosterín, la escritora y periodista Pilar Rahola, y artistas como The Pretenders se han opuesto a las corridas de toros, entre otras razones por considerarlas contrarias a la más mínima sensibilidad. Algunos de ellos han preferido la exaltación del toro como animal libre en su medio natural, o por lo menos el quitar los elementos del festejo destinados a herir o matar al animal.

También existen otras críticas que apuntan a que la lidia está, en muchos casos, preparada para minar las capacidades físicas del toro mediante el proceso de afeitado que consiste en modificar los cuernos del animal, para que su ataque no sea tan peligroso para el torero. Aunque practicada desde antaño, esta práctica está prohibida y generalmente es repudiada por los aficionados a los toros.

Finalmente, también ha sido objeto de crítica que la tauromaquia sea financiada con dinero público. En 2007, al sector taurino español se destinaron 500 millones de euros en forma de subvenciones. y en 2008 casi 600.

Por otra parte, según una encuesta Gallup realizada en 2002, el 31% de los españoles se mostró muy o algo interesado en las corridas de toros mientras que un 68,8% no mostraba ningún interés. Sólo el 0,2% no mostró ninguna opinión al respecto, lo que indica el alto nivel de opinión formada sobre este tema. A principios de los años 70, los interesados en las corridas de toros eran el 55% de los españoles, en los 80 este colectivo representaba alrededor del 50%, mientras que en los 90 las cifras de aficionados se desplomaron, situándose en torno al 30%. Aunque las corridas de toros son un espectáculo conocido en toda España, su distribución regional no es uniforme, siendo Galicia, Asturias, Cataluña y Aragón las comunidades donde el interés es menor: manifestaron no tener ningún interés el 81% en el noreste y 79% en el noroeste. En la zona norte, centro, este y sur, el interés es mayor: alrededor de un 37% se declararon aficionados y un 63% no interesados.

En 2006, según otro sondeo de Investiga (antes Gallup), un 26,7% de las personas encuestadas afirmaban estar algo o muy interesadas en las corridas de toros. El perfil de los aficionados es en su mayoría masculino (un 33,5% de los varones encuestados afirmó interesarle los toros) y de más de 45 años, alcanzándose el máximo interés entre las personas de 65 y más años, con un 41,1% de aficionados. El 72,1% de la población española afirmaba, en cambio, no tener ningún interés por los espectáculos taurinos. Este desinterés lo demostraron sobre todo las mujeres, con un 78,5%, y las personas con edades comprendidas entre 15 y 24 años, con un 81,7%.

En Cataluña, 453.000 firmantes de todo el mundo pidieron en 2005 que el Parlamento autonómico suprimiese la corridas de toros en esa comunidad. Sólo en Cataluña se recogieron 250.000 firmas en seis meses. Sin embargo, en una encuesta publicada en 2007 en el diario El Mundo sobre la conveniencia o no de su prohibición, un 58% de españoles considera que no deben prohibirse, frente a un 33% que las prohibiría inmediatamente, con un 9% de indecisos. Una encuesta posterior, de 2009 mostraba que más de un 67% de los españoles no está mínimamente interesado en la tauromaquia y un 35% se muestra a favor de su prohibición.

En Canarias las corridas de toros están prohibidas por ley autonómica. Además que la tauromaquia nunca cuajó en la cultura canaria.

Barcelona se declaró ciudad antitaurina en una declaración institucional aprobada por el pleno del Ayuntamiento de esa ciudad el 6 de abril de 2004, tras una petición popular con más de 245.000 firmas recogidas en todo el mundo. La declaración, sin efectos prácticos, ya que la competencia para prohibir las corridas de toros, en Cataluña, corresponde exclusivamente a la Generalitat, se aprobó en votación secreta con 21 votos a favor, 15 en contra y 2 en blanco. Barcelona se convirtió así en la primera gran ciudad española (sin contar con las ciudades canarias) que se ha declarado antitaurina. Solamente poblaciones pequeñas como Coslada, en Madrid, han adoptado declaraciones de este tipo desde que Tossa de Mar (Gerona) promovió por primera vez esta iniciativa en 1989.

El 17 de junio de 2007, en Barcelona, tuvo lugar la manifestación antitaurina más multitudinaria de la Historia. 5000 personas se manifestaron por las calles de la ciudad, bajo el lema “Corridas de toros, ni en Cataluña, ni en ningún otro lugar”. La manifestación transcurrió desde el monumento a Colón hasta la Plaza de Toros La Monumental y se desarrolló sin registrar incidentes, el mismo día que el mediático torero José Tomás volvía a saltar al ruedo después de pasar cinco años retirado. El torero decidió estrenarse en Barcelona por la situación mayoritaria de rechazo hacia la tauromaquia que existe en Cataluña. La manifestación fue convocada por la Fundación Altarriba, la Fundación Faada y la Asociación Animalista Libera! a las cuales se adhirieron otras organizaciones y miles de espontáneos. Después del éxito de participación en la manifestación, surgió como iniciativa popular, la Plataforma Barcelona Mata y desde entonces, cada domingo de toros, los abolicionistas se concentran delante de la plaza para mostrar su rechazo e informar a los turistas sobre el trato que reciben los toros y los caballos en el espectáculo.

Cádiz es un caso paradójico dentro de Andalucía, puesto que perteneciendo a la comunidad autónoma con más movimiento taurino de todo el país, , junto con Las Palmas de Gran Canaria es la única capital de provincia que carece de plaza de toros. La última fue clausurada definitivamente el 18 de julio de 1967 y derribada totalmente el 15 de mayo de 1976. No obstante, se han realizado festejos taurinos ocasionalmente en plazas de toros portátiles, como la que se situó en los terrenos de Telegrafía sin hilos el 3 de abril de 1993 que contó con críticas desde sectores tanto antitaurinos como protaurinos (que consideraban que una plaza portátil era denigrante para la ciudad.) También se realizó una corrida con motivo de la festividad del Corpus Christi en 2006, tras 38 años sin haberse celebrado ninguna en esa fecha. Sin embargo, la situación ha cambiado con la llegada al ayuntamiento de Teófila Martínez en 1995, quien llevaba en su programa electoral la promesa de la construcción de una plaza de toros multiusos. Esta iniciativa ha provocado la creación o protesta de varias asociaciones como la "Plataforma anti plaza multiusos", "Plataforma Antitaurina de Cádiz", "Cádiz es Antitaurina" o "Ecologistas en Acción de Cádiz". Las obras de esta nueva plaza aún no se han puesto en marcha, aunque se pretende que se inaugure en 2012.

La primera manifestación antitaurina en Málaga tuvo lugar el 11 de agosto de 2007, coincidiendo con la celebración de la Feria, que incluye corridas de toros. Se calcula que a ésta protesta asistieron unas 500 personas. La manifestación se inició en la Plaza de la Merced y acabó a las puertas de la plaza de toros de La Malagueta. Un segundo acto tuvo lugar el mismo mes del año siguiente. Más multitudinaria fue la manifestación en Sevilla del 5 de abril de 2008, en la que unas 1.500 personas se concentraron ante la plaza de toros de la Maestranza bajo el lema Toros con mis impuestos no para protestar contra la celebración de la Fiesta Nacional. Ésta protesta siguió a otra concentración organizada en abril de 2007, que partiendo del Palacio de San Telmo no pudo llegar a la plaza de toros tras impedirlo la policía por indicación de la Subdelegación del Gobierno. También ha habido manifestaciones antitaurinas en Córdoba.

En el Perú, se encuentra el llamado Grupo Antitaurino " Perú Amigo ", dirigido por el joven estudiante Daniel García Roque. Entre sus mayores manifestaciones, la labor de este joven destaca en haber logrado emitir una carta al arzobispado peruano para poder dejar de ofrecer las llamadas Corridas de Toros en nombre de los Santos Católicos, campaña que si bien es cierto no ha logrado erradicar esta medida, ha hecho que muchas personas se unan a su causa. Entre sus principales objetivos a lograr, esta el de sacarle el nombre de Feria del Señor de los Milagros a la temporada taurina de los meses de Octubre y Noviembre que se llevan a cabo en el Coso Taurino de Acho. Según él, los espectáculos en los que involucran la muerte o daño físico de un ser vivo, no puede ser llamado como algo religioso, ni mucho menos cultural. Si bien es cierto que este personaje ha trabajado todos sus proyectos desde el anonimato, ha logrado publicar algunos ensayos sobre el Por Qué no apoyar los espectáculos taurinos y también las 7 razones del porqué los espectáculos taurinos no pueden ser asociados con la Iglesia Católica. Actualmente, integra la Hermandad del Señor de los Milagros de La Molina (Lima-Perú).

En una encuesta comisionada por la organización antitaurina holandesa CAS International en asociación con el grupo de protección animal peruano UPA (Unidos por los Animales) y realizada por la compañía independiente de encuestas Datum al final del noviembre del 2008- la primera encuesta en su género emprendida nacionalmente en Perú - se preguntó a 5.394 peruanos acerca de su opinión sobre el toreo. Los resultados mostraron que 86% de los peruanos de más de 18 años de edad no están interesados en las corridas de toros, 68% están en contra de ellas y 66% quieren una ley nacional que las prohíban. Por lo que hace a la opinión de peruanos acerca de si su municipio debería declararse antitaurino (como más de 60 que ya lo han hecho en el mundo ) 64% dijeron que les gustaría.

En Ecuador, el organismo que lidera el movimiento antitaurino es PAE (Protección Animal Ecuador), que junto a otras organizaciones sociales y ecológicas organiza manifestaciones, foros y eventos durante las ferias taurinas (Especialmente la de Quito). En ellas, buscan concienciar al público sobre el maltrato recibido por los toros en las corridas en pro de su abolición. En 2008, una encuesta efectuada en Quito por Cedatos Gallup revelo que el 74% de los habitantes de esta ciudad no gusta de las corridas de toros, mientras que el 63% opina que deberían prohibirse. En otras ciudades del país como Guayaquil o Machala, las manifestaciones antitaurinas han alcanzado mayor significación, habiendo incluso llevado al fracaso la instauración de ferias taurinas en dichas ciudades.

Defensores del toreo, como el catedrático Andrés Amorós, argumenta que nadie ama más al toro que un buen aficionado a las corridas: «nadie admira más su belleza, nadie exige con más vehemencia su integridad y se indigna con mayor furia ante cualquier maltrato, desprecio o manipulación fraudulenta.» Se ha planteado que la lidia no es un trato particularmente cruel para un toro. En comparación con el trato que recibe un toro en una granja el estado de semilibertad y cuidadoso trato que recibe el toro de lidia es mucho mejor a pesar del claro dolor que sufre durante el espectáculo. Es por esto que se ha señalado que un toro de lidia tendría una vida igual o mejor que la de un toro de granja y por tanto no habría ninguna razón para señalar a la lidia como una causa particularmente importante de sufrimiento para los animales. Por este tal se supone que no habría razón para penalizar una manifestación cultural tan importante en muchos pueblos hispanohablantes.

Por otra parte, los defensores del toreo afirman que el toro de lidia no existiría en esta época actual si no fuera por las corridas de toros al ser un animal no rentable económicamente para otros fines que no sean la lidia.

Los defensores del toreo argumentan que el toro de lidia es el último descendiente de la raza uro. Si bien en esta misma controversia se alega que su proceso evolutivo ha sido intervenido por el hombre (algo no distinto a la mayoría de animales domesticados). Los defensores de la tauromaquia aducen que el toro de lidia vive en libertad en su hábitat natural y, sin las corridas, no solo se extinguiría el toro bravo, sino el propio ecosistema en que se desenvuelve (las dehesas), sin embargo hay alegatos que refieren a que estas pueden ser protegidas por ley sin la necesidad de criar toros.

Al principio



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