Sudáfrica

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Publicado por roy 07/04/2009 @ 01:13

Tags : sudáfrica, áfrica, internacional

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Sudáfrica

Bandera de Sudáfrica

1 Pretoria es la capital administrativa, Ciudad del Cabo es la legislativa y Bloemfontein la judicial.

La República de Sudáfrica es un país ubicado en el extremo meridional de África. Limita con los estados de Namibia, Botsuana, Zimbabue, Mozambique y Suazilandia. El Reino de Lesoto se encuentra enclavado dentro de la República de Sudáfrica. Sus capitales son Pretoria (administrativa), Bloemfontein (judicial) y Ciudad del Cabo (legislativa).

Sudáfrica cuenta con algunos de los yacimientos paleoantropológicos más antiguos de África. Hace tres millones de años estaba habitada por grupos de Australopithecus como atestiguan los restos encontrados en las cuevas de Sterkfontein y Kromdraai. Les sucedieron varias especies de Homo, incluyendo Homo habilis, Homo ergaster y el hombre moderno (Homo sapiens). Agricultores y ganaderos bantúes se establecieron en el s. IV y V más al sur del río Limpopo. Más tarde se trasladaron más al sur, la actual provincia de KwaZulu-Natal, donde se encuentra la fundición más antigua que data de 1.050. Los xhosa fueron el grupo que más al sur se estableció, alcanzando el río Fish en lo que es la provincia del Cabo Oriental. Estas poblaciones más avanzadas, en la edad de hierro desplazaron pobladores cazadores-recolectores más antiguos.

La historia escrita de Sudáfrica comienza con la llegada de los portugueses. En 1487 Bartolomé Díaz fue el primer europeo en alcanzar el punto más meridional de África, y lo denominó Cabo das Tormentas (Cabo de las Tormentas) debido al mal tiempo que experimentó en la región. Sin embargo, cuando volvió a Lisboa cargado de noticias sobre el descubrimiento, el monarca Juan II de Portugal quiso cambiarle el nombre por el de Cabo da Boa Esperança (Cabo de Buena Esperanza) y prometió establecer desde ese punto una ruta marítima para que los portugueses pudieran ir a buscar las riquezas de la India. Más tarde el gran poeta portugués Luís de Camões inmortalizó el viaje de Bartolomé Díaz en el poema épico Os Lusíadas, concretamente con el personaje mitológico Adamator, el cual simboliza las fuerzas de la naturaleza que los navegantes portugueses tuvieron que superar durante la circunnavegación de los cabos. Los primeros relatos escritos de la historia de Sudáfrica se obtuvieron de los primeros navegantes y los náufragos supervivientes. Durante los dos siglos posteriores a 1488 los marineros portugueses realizaron algunos pequeños acuerdos de pesca en dicha costa, pero no se conserva ningún escrito sobre éstos. El 6 de abril de 1652, Jan van Riebeeck estableció un puesto de avituallamiento en el cabo de Buena Esperanza para la compañía holandesa de las Indias Orientales. Durante los s. XVII y XVIII la pequeña colonia se fue extendiendo lentamente casi siempre bajo la soberanía holandesa. Los colonos finalmente se toparon con los pueblos Xhosa en expansión en la región del río Fish. Es entonces cuando se desencadenaron una serie de guerras llamadas las guerras de Fronteras del Cabo originadas por conflictos por la tierra y los víveres. Para aliviar la escasez de trabajadores en el Cabo, se trajeron esclavos de Indonesia, Madagascar e India. Descendientes de estos esclavos, que a menudo se casaban con colonos holandeses, fueron luego clasificados junto con los descendientes de los san como mestizos del cabo y malayos del Cabo, constituyendo casi la mitad de la población de la provincia del Cabo Occidental.

Gran Bretaña ocupó el área del cabo de Buena Esperanza en 1797 durante la cuarta guerra anglo-holandesa. Los holandeses declararon la bancarrota, y los británicos se anexionaron la colonia del cabo en 1805. Los británicos continuaron con sus guerras contra los Amaxhosa, empujando la frontera oriental más al este a lo largo de una línea de fuertes a lo largo del río Fish y consolidándolo promoviendo nuevos asentamientos británicos. Debido a la presión de las sociedades abolicionistas de Gran Bretaña, el parlamento británico primero paró su comercio de esclavos en 1806, entonces la esclavitud se abolió en todas sus colonias en 1833.

Los descubrimientos de diamantes en 1867 y el oro en 1886, animó el crecimiento de la economía y la inmigración, intensificando la subyugación de los nativos. Los Bóers resistieron con éxito el asedio de los británicos en la primera guerra bóer (1880-1881) basadas en tácticas que aprovechaban mejor las condiciones locales. Por ejemplo los Bóers llevaban ropa caqui, del mismo color que la tierra, mientras los británicos llevaban brillantes uniformes rojos, haciéndoles objetivos más fáciles para los tiradores Bóer. Durante la segunda guerra Bóer (1899-1902) los británicos regresaron con los mismos tipos de uniformes pero en mayor número. El intento de los Bóer para aliarse con los alemanes de África del Sudoeste fue otra razón para controlar a las repúblicas Boers.

Los Bóers se resistieron con fiereza, pero los británicos finalmente derrotaron a las fuerzas Bóers, usando su superioridad numérica y el abastecimiento externo de equipamiento, además de la controvertida táctica de tierra quemada. El tratado de Vereeniging declaraba soberanía británica total sobre las repúblicas sudafricanas, y el gobierno británico acordó asumir la deuda de 3 millones de libras de los gobiernos Afrikaner. Una de las principales disposiciones del tratado era que a los negros no se les permitiría votar salvo en la colonia del Cabo.

Después de cuatro años, se creó la Unión Sudafricana a partir de la Colonia del Cabo, la Colonia de Natal y las repúblicas del estado libre de Orange y el Transvaal (estas dos últimas anexionadas después de la Guerra Anglo-Bóers en la Colonia del Río Orange y el Transvaal), el 31 de mayo de 1910, justo diez años después del fin de la segunda guerra bóer. En 1934 el partido sudafricano y los partidos nacionales se fusionaron para formar el partido unificado, que buscaba la reconciliación entre los Afrikaners y los blancos angloparlantes, pero se escindió en 1939 en la decisión sobre la entrada en la Segunda Guerra Mundial como aliado del Reino Unido. El ala más conservadora del partido nacional simpatizaba con la Alemania nazi durante la guerra y buscó una segregación racial o apartheid mayor después de la guerra.

En 1960 después de la masacre de Sharpeville, Verwoerd llevó a cabo un referéndum pidiendo a la población blanca que se pronunciara a favor o en contra de la unión con la Gran Bretaña. El 52% votó en contra. Sudáfrica se independizó de Gran Bretaña, pero siguió siendo miembro de la Commonwealth. Su permanencia en esta organización se hizo cada vez más difícil, pues los estados africanos y asiáticos, indignados por el apartheid, intensificaron su presión para expulsar a Sudáfrica, que finalmente se retiró de la Commonwealth el 31 de mayo de 1961, fecha en que se declaró república.

Con el paso de los años, el apartheid provocó repudio, rechazo e indignación en el mundo entero. Numerosos países rompieron relaciones diplomáticas y comerciales con Sudáfrica. El país fue excluido de los Juegos Olímpicos, de las Copas Mudiales de fútbol, rugby y otras competencias deportivas. Dentro de Sudáfrica, los movimientos anti-apartheid, especialmente el Congreso Nacional Africano o CNA, iniciaron campañas de resistencia, huelgas, marchas, protestas y sabotajes que respondían a la fuerte represión.

Por fin, en 1989 se produjo un golpe palaciego dentro del Partido Nacional. El Presidente Pieter Botha fue desplazado por Frederik De Klerk, y éste inició el desmantelamiento del apartheid. Se levantó la proscripción que pesaba sobre el Congreso Nacional Africano y otras organizaciones políticas de izquierda y se liberó a Nelson Mandela, tras 27 años de prisión. La legislación del Apartheid fue gradualmente retirada. En 1993, en un referendum, los blancos aceptaron otorgarle el derecho al voto a la mayoría negra, y al año siguiente, en 1994, se realizaron las primeras elecciones democráticas del país. Nelson Mandela fue electo presidente por mayoría absoluta en representación del CNA, partido que se ha mantenido en el poder desde entonces. El aislamiento internacional que pesaba sobre el país llegó a su fin.

A pesar del fin del apartheid, millones de sudafricanos negros continúan viviendo en la pobreza, en parte, a causa de los terribles problemas heredados del régimen del apartheid y, en parte, debido a que el actual gobierno no ha sabido abordar temas sociales. Sin embargo la política de vivienda del CNA ha producido alguna mejora en las condiciones de vida en muchas regiones.

La exportación de oro y diamantes sigue siendo la principal fuente de ingresos del país. Pero el gobierno de Sudáfrica actualmente está también empeñado en realizar una vasta reforma agraria, para aliviar la tensión social y las desigualdades raciales, que consiste en la devolución de tierras, por parte de los blancos, a los negros a los cuales se las arrebataron (cerca de un 80% de las tierras cultivables aún están en manos de los blancos). La reforma avanza con lentitud: menos del 10% de las tierras han sido devueltas, por lo que el Gobierno ha decidido obligar a los blancos a vender las tierras por un precio razonable o expropiarlas en un corto periodo de tiempo. Pero existe, también, un gran temor de que la impaciencia de la población negra por tener tierras lleve a una reforma desordenada y caótica, lo que podría repetir la desastrosa reforma agraria realizada en la vecina Zimbabwe, que arruinó la agricultura y causó una terrible hambruna en ese país.

El futuro de Sudáfrica parece incierto. La alarmante ola de criminalidad (50.000 homicidios por año, proporcionalmente, 8 veces más que en EE.UU.) y la nueva legislación creada por el CNA, que prohibe a los blancos ocupar numerosos puestos de trabajo, ahora reservados a los negros, están empujando a miles de blancos a abandonar el país. Desde el fin del Apartheid (1994) hasta ahora ya han emigrado casi un millón de blancos. Y con ellos se van médicos, arquitectos, ingenieros, contables, profesores, agrimensores, veterinarios, etc ... los profesionales que podría sacar al país adelante. Los altos índices de delincuencia, y la creciente sensación de que el CNA no ha sabido gobernar bien el estado, no hacen más que agravar la incertidumbre.

Jacob Zuma, actual líder del CNA, un político que fue acusado de corrupción y de violar a una mujer, es el favorito a ser electo presidente en las elecciones de 2009.

El gobierno de Sudáfrica actúa bajo un sistema parlamentario inspirado en el Británico, en el de Westminster. El sistema parlamentario sudafricano es notablemente distinto a otros sistemas de países de la Commonwealth.

El presidente de Sudáfrica es el Jefe de Estado y el Jefe de Gobierno. Éste es elegido por el parlamento bicameral, que consiste en la Asamblea Nacional o cámara baja y el Consejo Nacional de las Provincias, o cámara alta. En la práctica el presidente es el líder del partido mayoritario en el parlamento.

La Asamblea Nacional tiene 400 miembros, elegidos a través de un sistema electoral proporcional. El Consejo Nacional de las Provincias (NCoP), el cual reemplazó al Senado en 1997 está formado por 90 miembros que representan a cada una de las nueve provincias de Sudáfrica, al mismo tiempo que también tienen representación las grandes ciudades.

Cada provincia de Sudáfrica tiene una Legislatura Provincial Unicameral, y un Consejo Ejecutivo encabezado por un Premier.

Las fuentes principales de las leyes de Sudáfrica fueron las leyes mercantiles romano-holandesas, junto con la ley Común Inglesa, traídas por los colonos holandeses y británicos. La primera ley sudafricana basada en principios europeos fue traída por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y se denomina ley romano-holandesa. Fue importada antes de la codificación de la ley europea según el Código Napoleónico y es comparable, en muchos aspectos, a la ley escocesa. A ello siguió en el s.XIX por la ley británica común y estatutaria. Comenzando en 1910 por la unificación, Sudáfrica tenía su propio parlamento, el cual legislaba específicamente para Sudáfrica, basándose en las leyes aprobadas anteriormente por los miembros individuales de las colonias. La Sudáfrica posterior al apartheid está sola en África con sus políticas de derechos homosexuales, en 2006 se convirtió en el primer país de la región en legalizar los matrimonios gays.

División política: Sudáfrica tiene nueve provincias.

Los puertos principales de Sudáfrica son: Durban, Ciudad del Cabo, Port Elizabeth, East London, Richards Bay, Saldanha Bay y Mossel Bay.

Cuando finalizó el apartheid en 1993, el gobierno integró los bantustanes anteriormente independientes y semi-independientes a la estructura política del país. Con este fin, abolió las cuatro antiguas provincias de Sudáfrica (Provincia del Cabo, KwaZulu-Natal, Estado Libre de Orange y Transvaal) y las remplazó por nueve provincias totalmente integradas. Las nuevas provincias eran mucho más pequeñas que sus antecesoras, lo cual, teóricamente daba a los gobiernos locales más recursos para distribuir en áreas de menor tamaño.

Con una superficie de 1.219.080 km² se extiende al sur del continente Africano. Limita al norte de oeste a este con Namibia, Botsuana, Zimbabue, Mozambique y Suazilandia. Así mismo un país como Lesoto se encuentra rodeado de territorio sudafricano.

Debido a su extensión, el clima es variable va desde el clima templado del sur y las zonas altas, al subtropical en el noroeste y al semiárido en la parte occidental. El promedio anual de precipitaciones es de 464 mm.

El punto más meridional del país, y por lo tanto del continente africano, es el cabo Agulhas.

Sudáfrica tiene más de 20.000 plantas diferentes, que representan cerca del 10% de todas las especies conocidas del mundo, por lo que se le considera un área particularmente rica en biodiversidad vegetal.

El bioma prevalente en este país es la pradera, especialmente en el Highveld, donde la flora predominante son los pastos, los arbustos bajos y las acacias, principalmente las de espina blanca y camel. La vegetación es más escasa hacia el noroeste, debido a que allí hay pocas precipitaciones lluviosas.

El pasto y los espinos de la sabana lentamente dan paso a los arbustos de la sabana hacia el noreste del país, con un crecimiento más lento. Existe un número significativo de árboles baobabs en esta área, cerca del extremo norte del Parque Nacional Kruger.

En el Bushveld se encuentran numerosos hábitats de mamíferos como el león, el leopardo, el ñu azul, el kudu, el impala, la hiena, el hipopótamo y la jirafa. Existe una extensión significativa del hábitat del Bushveld al nordeste que incluye el Parque Nacional Kruger y la Reserva Mala Mala, así como mucho más al norte la Biósfera de Waterberg. WWF divide la región de sabana del nordeste en tres ecorregiones, de este a oeste: sabana arbolada de mopane del Zambeze, sabana arbolada de África austral y sabana arbolada del Kalahari.

La región desértica del Karoo, en el oeste del país, se divide en tres ecorregiones: el Karoo suculento, cerca de la costa, el Karoo nama, en el interior (Namaqualand), donde existen varias especies de plantas que almacenan agua, como los aloes y euforbias, y, más al norte, la sabana xerófila del Kalahari.

El bioma mediterráneo del fynbos, uno de los seis reinos florales, está ubicado en una pequeña región del Cabo Occidental y consta de más de 9.000 de estas especies, lo que le convierte en una de las regiones más ricas del mundo en términos de Biodiversidad Floral. La mayor parte de las plantas son perennes y de hojas duras con hojas finas como agujas, por ejemplo las plantas esclerófilas. Otra planta exclusiva de Sudáfrica es el género de las proteas, de las cuales existen alrededor de 130 especies diferentes en este país. WWF divide esta región en tres ecorregiones: fynbos y renosterveld de tierras bajas, fynbos y renosterveld de montaña y matorral de Albany.

Si bien Sudáfrica tiene una gran cantidad de plantas florales, posee pocos bosques. Sólo el 1% de Sudáfrica es bosque, casi exclusivamente en el plano costero húmedo del Océano Índico en KwaZulu-Natal: la selva mosaico costera de KwaZulu y El Cabo y la selva mosaico costera de Maputaland y, más al sur, la selva montana de Knysna y los montes Amatole. Existen reservas incluso más pequeñas de bosques que se encuentran fuera del alcance del fuego. Las plantaciones de especies de árboles importados son predominantes, en particular del eucalipto no nativo y el pino. Sudáfrica ha perdido una extensa superficie de hábitat natural en las últimas cuatro décadas, debido a la sobrepoblación, a los patrones descontrolados de desarrollo y a la deforestación del s. XIX.

Sudáfrica es uno de los países más afectados por la invasión de especies foráneas (por ejemplo la Acacia mearnsii, Port Jackson, Hakea, Lantana y Jacarandá) que son una gran amenaza a la biodiversidad nativa y la actual escasez de recursos hídricos. El bosque templado original que encontraron los primeros europeos que se establecieron en este país, fueron explotados despiadadamente hasta que sólo quedaron unas pocas y pequeñas áreas. Actualmente los árboles de maderas nobles en Sudáfrica como el Podocarpus latifolius, el Ocotea bullata y el Olea lurifolia se encuentran bajo protección gubernamental.

Finalmente, en la costa del Índico se encuentran varios enclaves de manglar de África austral.

Se espera que el cambio climático traiga calentamiento y sequedad en forma considerable a esta región que ya es semi-árida, con mayor frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, como olas de calor, inundaciones y sequías. De acuerdo a los modelos computacionales realizados por el Instituto de Biodiversidad Nacional de Sudáfrica (SANBI, por sus siglas en inglés) (junto con muchas de sus instituciones asociadas), algunas partes de África del sur verán un incremento en su temperatura de cerca de 1°C a lo largo de la costa a más de 4°C en las ya calurosas tierras interiores, como en Cabo del Norte a fines de la primavera y el verano del año 2050.

El Reino Floral del Cabo ha sido identificado como uno de los puntos más polémicos de la biodiversidad, ya que será seriamente afectado por el cambio climático y tiene una enorme diversidad de vida. Sequías, aumento de la intensidad y frecuencia de incendios y grandes escaladas de las temperaturas llevarán a la extinción de muchas de estas especies exóticas. El libro Scorched: South Africa's changing climate utiliza gran parte del modelo realizado por la SANBI y presenta una recopilación de ensayos de estilo narración de viajes.

Sudáfrica alberga muchas especies animales endémicas, como el conejo ribereño (Bunolagus monticullaris) que se encuentra en peligro crítico de extinción en el Karoo.

Sudáfrica es la primera economía de África (acapara un 25% de todo el PIB africano), y juega un papel importante en el desarrollo de la región. La economía sudafricana cuenta con un gran volumen de capital nacional (público y privado) en estrecha relación con las grandes redes económicas mundiales.

Su moneda es el Rand divisible en 100 centavos, que es también usada en otros países del Área Monetaria Común de África del Sur (véase también: Krugerrand). La bolsa de valores de Johannesburgo es la mayor de África.

Un importante sector es la minería sobre todo la extracción de carbón, y de minerales y metales preciosos como los diamantes, el oro, y el platino.Es uno de los países con mayores reservas y diversidad de riquezas mineras.

Sudáfrica cuenta también con la industria más poderosa y diversificada de todo el continente africano. Desde los sectores de transformación de bienes agropecuarios y minerales, hasta los sectores automovilístico, aeronáutico y energético.

Un factor importante de la economía sudafricana radica en su naturaleza extraordinaria, única en el mundo, y en sus numerosos parques nacionales, que atraen a gente de todo el mundo (véase Parques nacionales de Sudáfrica).

La mayoría de la población son negros de origen africano en un 79,7%, xhosa, zulu, y otros 8 grupos. El porcentaje sin embargo es el más bajo del África subsahariana, el multirracismo y la multiculturalidad existentes le ha valido el nombre del país del arcoiris. El 9,1% de los sudafricanos son de raza blanca, de origen holandés (bóers) o británico. Un 8,8% son mestizados llamados coloured, descendientes de los boers y esclavos de origen malayo o africano. Un tercer grupo es el de los asiáticos (indostaníes en un 91%) que viven sobre todo alrededor de Durban representa el 2,4% de la población. De los cuatro grupos étnicos, solo la población blanca es la que se está reduciendo debido a la baja tasa de fecundidad y a la emigración de sudafricanos blancos hacia Europa, América del Norte y Oceanía.

Desde la caída del régimen del Apartheid en 1994, unos 850.000 sudafricanos blancos (un 16% del total) han emigrado, sobre todo a Reino Unido y Australia ante el incremento de la inseguridad y de las medidas de discriminación positiva. Ante esta situación, desde 2006 el gobierno ha comenzado a tomar medidas incentivas para reducir la emigración de la cualificada población blanca, del mismo modo se han iniciado medidas a favor del retorno de los emigrados.

Es el país del mundo con mayor número de infectados por SIDA, lo que unido a una baja tasa de natalidad para los estándares africanos (2,16 hijos por mujer), ha hecho que su población haya disminuido durante 2003, según el CIA World Factbook.

En Sudáfrica no nos encontramos con una cultura única sino que existen una diversidad de culturas que han enriquecido la música, el arte y la cocina del país. La variedad racial del país es muy amplia. A principios del siglo XX el 60% de la población era de raza negra, el 30% de raza blanca y el resto en su mayor parte mestizos o surasiáticos. La religión predominante es la cristiana: 55% de la población protestante, 9% católica. El resto de habitantes son hindúes, musulmanes o de otras confesiones.

Pero debido al apartheid se ha producido un desarrollo cultural desigual entre los distintos grupos raciales y étnicos, históricamente separados. Entre la población de origen europeo, la cultura inglesa ha emergido últimamente como dominante tras el fin del apartheid y del aislamiento internacional. La antigua distinción entre los afrikaners, más nacionalistas y religiosos, y los anglosajones, más liberales y cosmopolitas, se está borrando entre las generaciones jóvenes y urbanas. En cambio en las zonas rurales los afrikaners todavía se resisten a abandonar la cultura tradicional, aislada durante siglos de la evolución de Europa.

Sudáfrica reconoce hasta 11 lenguas como idiomas oficiales, aunque los dos principales son de origen europeo: el inglés usado como vehículo de comunicación entre todos los sudafricanos. El afrikáans derivado del holandés, es usado por los bóer y también por los coloured. Los otros idiomas oficiales son ndebele, sesotho (sotho meridional), sotho septentrional, tswana (estos tres idiomas del grupo shoto), swazi, tsonga, venda, xhosa y zulú.

Las divisiones raciales y étnicas aún existentes en Sudáfrica se notan incluso en los deportes. Los blancos afrikaners son fanáticos del rugby, mientras que los blancos angloparlantes prefieren el cricket. Los negros, en cambio, son más aficionados al fútbol.

En el rugby, Sudáfrica es una potencia. El país ha ganado la Copa Mundial de ese deporte dos veces. Por otra parte, será el primer país africano en organizar un mundial de fútbol (organizará el de 2010).

En Sudáfrica se editan numerosos periódicos. Entre ellos se cuentan: The Star, The Sowetan y This Day (editados en Johannesburgo), Isolezwe (editado en Ciudad del Cabo) y Daily Sun (editado en Gauteng).

Al principio



Historia de Sudáfrica

Pintura de la llegada de Van Riebecke a Sudáfrica

Se han descubierto vestigios de homínidos que poblaron el actual territorio de Sudáfrica hace más de tres millones de años. Evolucionaron gradualmente hasta hace un millón de años cuando aparece el Homo erectus en la región. Los primeros conocimientos que se tienen del Homo sapiens datan de hace 100.000 años. Los primeros Homo sapiens que se conoce en el área son las tribus de San despectivamente conocidos como bosquimanos, los cuales eran principalmente cazadores. Hace unos 2.500 años tribus de bantúes emigraron del delta del río Niger hacia lo que hoy es Sudáfrica y, aparentemente, vivieron pacíficamente con los bushman en la región. Poco se conoce de esta época por cuanto estas tribus no conocían la escritura y el escaso conocimiento que se tiene proviene de hallazgos arqueológicos. Posteriormente emigraron otras tribus a Sudáfrica tales como los khoi, san, xhosas, zulúes y otras.

La historia escrita de Sudáfrica comienza con la llegada de los europeos a la región. Los primeros en incursionar fueron los portugueses, quienes fundaron un asentamiento precursor de Ciudad del Cabo en el Cabo de Buena Esperanza y prácticamente exterminaron a los khoikhoi y san que habitaban en la región. Los holandeses, arrebataron la colonia a los portugueses en 1652, establecieron pequeños asentamientos en el Cabo de Buena Esperanza y se expandieron hasta formar la Colonia del Cabo. Al final del siglo XVIII los ingleses se apoderaron de la colonia holandesa, transformándose entonces en una colonia británica. La población europea comenzó a expandirse y comenzaron las luchas con los nativos sobre la posesión de la tierra con abundantes bajas en ambos lados. Las hostilidades también se iniciaron entre los holandeses y los británicos y muchos de estos holandeses emigraron y se establecieron en la zona central de la región conocida como Highveld donde formaron cuatro repúblicas. Los holandeses, para aquella época conocidos como los Boers (granjeros, en holandés), tuvieron dos guerras con los británicos, llamadas guerras Anglo-Boers, que terminaron en la derrota de éstos y de sus repúblicas independientes.

En 1910 las cuatro principales repúblicas de la región se unieron configurando la Unión Sudafricana. A los pobladores de raza negra no se les dio el derecho de voto en esta república y la falta de derechos de los negros, los denominado "hombres de color" y asiáticos continuó erosionando el concepto de Unión.

Los descendientes de los colonos blancos siempre constituyeron una minoría entre los africanos de raza negra. Después de la Segunda Guerra Mundial los blancos dictaron sus reglas racistas a través del Apartheid, mediante una serie de leyes que establecían la segregación racial. El sistema del Apartheid se empezó a cuestionar internacionalmente al comenzar el último cuarto del siglo XX, por lo que el gobierno del Partido Nacional incrementó las sanciones, los arrestos y la opresión contra la población que no era blanca.

En 1990, después de un largo periodo de resistencia por parte de varios movimientos anti-apartheid (sobre todo el Congreso Nacional Africano) y de la presión internacional por campañas como Free Nelson Mandela, el gobierno del Partido Nacional se vio forzado a dar un primer paso hacia la negociación aboliendo la prohibición del Congreso Nacional Africano y otras organizaciones políticas de izquierdas, y liberando a Nelson Mandela después de 27 años en prisión. Para la entrega del poder a la mayoría negra se llevaron a cabo negociaciones que incluían el mantenimiento del sistema económico pre-existente, la ley de reconciliación y la desmantelación de programa nuclear de sudáfrica para que los africanos no dispusieran de la bomba atómica. La legislación del Apartheid fue gradualmente sustituida de los textos estatutarios y se llevaron a cabo las primeras elecciones multiraciales en 1994. El Congreso Nacional Africano (ANC) las ganó con una gran mayoría, y desde entonces se ha mantenido en el poder.

El país está actualmente bajo control de la mayoría negra, la cual constituye el 80 % de la población. A pesar de la eliminación del apartheid, millones de sudafricanos negros continúan viviendo en la miseria y la tasa de desempleo oficial ronda en el 40%. De todas formas se han llevado a cabo cambios legislativos bajo los auspicios del BEE (Black Economic Empowerment), ayudando a nivelar las condiciones de vida de los grupos raciales del país, situación provocada a causa de décadas de dominio económico desproporcionado por parte de la minoría blanca.

Muy poco se sabe sobre Sudáfrica, antes de la aparición del homo sapiens. Un hallazgo importante arqueológico en 1998 en Sterkfontein, cerca de Johannesburg, revela que homínidos vivían en la zona denominada Highveld hace por lo menos tres millones de años. El homus erectus aparece hace un millón de años, habiéndose encontrado sus restos en esta zona, así como en otras regiones de África, Europa y Asia. Hallazgos fósiles obtenidos en el Río Klasies en la Provincia del Cabo del Este, indica que el homo sapiens pobló esta región hace unos 100.000 años.

Los primeros homo sapiens que poblaron Sudáfrica fueron los San o Kung-San despectivamente conocidos comobosquimanos, una raza nómada y hábiles cazadores. Sentían un gran respeto por la naturaleza y parece que vivieron durante siglos en convivencia con el medio ambiente, si bien no se conoce mucho acerca de ellos, dados los escasos vestigios arqueológicos encontrados. Con alguna certeza se sabe que los San se establecieron desde hace 25.000 años. Actualmente un pequeño número de San todavía viven en Sudáfrica, siendo su cultura una de las más antiguas del mundo que han existido continuamente.

Alrededor de hace 2.500 años, algunos grupos de San comenzaron a convertirse a labores pastorales, dejando la actividad de cacería y emigrando hacia el norte. Esta actividad introdujo el concepto de la propiedad en esta sociedad, la cual se solidificó y expandió formándose estructuras sociales donde aparecen los jefes de tribus.

Los bosquimanos pastoriles conocidos como khoikhoi (hombres de hombres) comenzaron a regresar al sur llegando a lo que hoy se conoce como Cabo de Buena Esperanza. Estos nuevos emigrantes se mezclaron con los cazadores bosquimanos, conocidos como San, al punto que es difícil trazar una límea de distinción entre los dos grupos, los cuales son conocidos hoy en día como khoisan. Con el tiempo estos pobladores se comenzaron a establecer en la costa, si bien algunos quedaron en el interior del país.

Por esa época tribus Bantus comenzaron a llegar a Sudáfrica. Originarios del Delta del río Niger en el África Occidental, emigraron hacia el sur y hacia el este, llegando hasta la Provincia de KwaZulu-Natal alrededor del año 500 a. C. Los Bantus no solo criaban ganado, sino que también conocían la agricultura, cosechando trigo y otros productos. Eran también expertos en herrería y vivían en poblados bien establecidos. La emigración Bantu fue paulatina y no en grandes masas. Algunos grupos, los ancestros de la gente Nguni (Zulus, Xhosa, Swazi y Ndebele) prefirieron vivir en la costa. Otros, conocidos actualmente como los Sotho-Tswana (Tswana, Pedi y Basotho) se establecieron en el Highveld, mientras que las tribus Venda, Lemba y Shangaan-Tsonga eligieron ubicarse en el noreste de Sudáfrica.

Los Bantus y los Khoisan se mezclaron, como es evidente en las pintura rupestres, donde se muestran a ambos grupos interactuando. No se conoce que tipo de contacto tuvieron ambos pueblos, pero hay una evidencia de integración en el lenguage Bantu que incorpora el chasquido de la lengua como consonante característico de la lengua Khoisan. Numerosos artefactos Khoisan han sido descubiertos en los poblados Bantu.

Poco es conocido de la historia de Sudáfrica desde 500 años adC hasta la llegada de los europeos. Los primeros en llegar a esta región fueron los portugueses, quienes andaban en la búsqueda de una ruta marítima a la India y a Asia, que reemplazara la costosa y larga ruta terrestre a través del Asia central. En 1487, el navegante Bartolomé Dias dieron vuelta al Cabo de Buena Esperanza. Doce años después, en 1498, Vasco de Gama navegó por la misma ruta, pero se adentró más hacia el oriente. En su ruta hacia la India desembarcó y exploró Sudáfrica y Mozambique.

Sin embargo aunque los portugueses mostraron interés en colonizar esta región crucial en la ruta a la India. El mal tiempo que reina normalmente en la zona y la costa rocosa del Cabo, eran un peligro para sus naves y las ocasiones que trataron de comerciar con los Khoikhoi terminaron en el asesinato de decenas de miles de africanos. La costa de Mozambique, por el contrario, era mucho más atractiva para ser utilizada como base y adicionalmente allí se descubrieron yacimientos de oro.

Los portugueses tuvieron poca competencia en estas rutas hasta el siglo XVI, cuando los ingleses y los holandeses comenzaron a penetrar estas regiones. El tráfico de naves en el Cabo de Buena Esperanza comenzó a aumentar y la región se convirtió en un punto regular de parada para reponer provisiones frescas a tripulaciones frecuentemente atacadas por el escorbuto. En 1647, una nave holandesa naufragó en la bahía de la ciudad del Cabo y su tripulación construyó un fuerte que ocuparon durante un año. Poco después, la Compañía Holandesa de la India Oriental decidió establecerse en ese lugar permanentemente. La Compañía holandesa, una de las más poderosas de la época, que cubría la ruta de las especias hacia el Este, no tenía intenciones de colonizar la región, sino que más bien lo que intentaba era tener una base segura para suplir a los barcos en su ruta hacia Oriente. Con este fin es que una pequeña expedición de holandeses al mando de Jan van Riebeck llegó a Table Bay el 6 de abril de 1652.

Si bien los holandeses se veían obligados a comerciar con los Khoikhois, la relación no era amistosa. Los holandeses recurrieron a traer agricultores de Holanda quienes cultivaban la tierra y surtían a la Compañía con sus productos. Esto resultó muy exitoso, produciendo abudantes cantidades de frutas, vegetales, trigo y vino. Posteriormente también comenzaron a criar ganado.

La mayoría de los agricultores eran holandeses y miembros de la Iglesia Reformista Calvinista de Holanda, pero también había numerosos alemanes. En 1688, a los holandeses y alemanes, se les unieron los hugonotes franceses, también Calvinistas, que huían de la persecución del rey Luis XIV.

En adición al establecimiento del exitoso sistema agrícola, los holandeses comenzaron a traer esclavos principalmente de Madagascar y de Indonesia. Algunos de estos esclavos se mezclaron con los europeos y su descendencia fue lo que se llamó Colorados del Cabo o Colorados Malayos. Con la adición de los esclavos las tierras ocupadas por la Compañía se extendieron hacia el norte y hacia el este y la guerra con los khoikhoi se hizo inevitable. Los khoikhoi fueron obligados a replegarse al ser diezmados por la superioridad en armamento de los holandeses y por enfermedades introducidas por los europeos. Las guerras de guerrillas de los khoikhoi duró hasta el siglo XIX. A los sobrevivientes no les quedó otra opción que trabajar para los europeos, los cuales también se mezclaron con los holandeses dando origen a los denominados Colorados.

Entre los tribus khoikhoi los más conocidos eran los Griqua, quienes habien vivido originalmente en la costa este la Bahía de Santa Elena y las montañas Cedeberg. En el siglo XVIII lograron obtener armas y caballos y se dirigieron hacia el nordeste. En su ruta se les fueron agregando Colorados y otros grupos de Khiosan y hasta incluso aventureros blancos, llegando a crear una fuerza militar considerable. Finalmente llegaron al Highveld cerca de lo que denomina Kimberley, donde se establecieron en el territorio que se llama Griqualand.

A medida que los granjeros se expandían hacia el centro de la región comenzaron a llevar una vida pastoral, no muy diferente de los Khoikhoi que iban desalojando. En adición al ganado, traían normalmente una carreta, una tienda de campaña, un fusil y una biblia. Éstos fueron los primeros Boers, completamente independientes de un poder central, extraordinariamente autosuficientes y aislados del resto de la región. La vida dura que llevaban produjeron una raza de hombres de gran valentía, íntimamente ligados a la tierra que ocupaban y profundamente religiosos.

A finales del siglo XVIII, el poder mercantil de Holanda comenzó a disminuir, mientras el de los británicos aumentaba. En esta situación los británicos optaron por tomar posesión del Cabo hasta entonces en posesión de los holandeses, para evitar que Francia lo invadiera. Posteriormente y por un breve tiempo, los holandeses volvieron a tomar posesión del Cabo hasta 1814 cuando finalmente pasó a manos británicas.

Para aquella época la colonia contaba con 25.000 esclavos, 20.000 colonos blancos, 15.000 Khoisan y 1.000 esclavos liberados. El poder en Ciudad del Cabo lo poseían los colonos blancos y la discriminación racial estaba fuertemente arraigada. Fuera de Ciudad del Cabo, en el interior de Sudáfrica, existían diversas poblaciones de blancos y negros totalmente segregados y aislados.

Al igual que los holandeses, los británicos tenían poco interés en esta región para colonizarla, siendo su única intención mantener posesión del puerto estratégicamente situado. Una de las primeras tareas fue la de resolver el conflicto entre los Boers y los Xhosa sobre territorios al este de la colonia. En 1820, unos 5.000 inmigrantes británicos ocuparon el área que separaban a los Boers de los Xhosa, con la idea de crear una zona franca ocupada por los británicos y así resolver la disputa. Esto no se logró, por lo que la mayoría de estos inmigrantes se retiraron y establecieron en las ciudades principalmente Grahamstown y Port Elizabeth.

Si bien la disputa no fue resuelta, la llegada de estos británicos estableció la presencia de Gran Bretaña en la región, rompiendo la relativa hegemonía que reinaba en este lugar hasta entonces. Las costumbres e ideas de los Boers no habían sufrido cambios por muchos años, pero con la llegada de los británicos, la situación cambió radicalmente, al enfrentarse dos culturas y al haber dos grupos que hablaban diferente idioma. El resultado de esto fue que los británicos paulatinamente fueron poblando las ciudades dominando la política, el comercio, las finanzas, la minería y la industria, mientras que los Boers, con muy inferior educación, fueron relegados a la agricultura y ganadería.

Con la abolición de la esclavitud en 1833, la brecha entre los británicos y los Boers se extendió, por cuanto los Boers consideraban como un mandato divino la superioridad de los blancos y la existencia de la esclavitud. En 1841 los británicos, que a su vez también creían en la superioridad de la raza blanca, promulgaron la Ley de Dueños y Sirvientes que favorecía a los Boers, dado que perpetuaba el control de los blancos en la región. Mientras tanto la población británica comenzó a crecer considerablemente en Ciudad del Cabo y Transvaal con el descubrimiento de yacimientos de oro y diamantes.

El descubimiento de los yacimientos de oro y diamantes y la rivalidad entre británicos y Boers traería consecuencias funestas para los africanos. La migración forzada de la gente no caucásica hacia las zonas centrales de Sudáfrica, llamada localmente difaqane, se originó, en gran parte, como consecuencia de los efectos del surgimiento de un poderoso reinado Zulú a principios del siglo XIX. Las tribus Nguni en KwaZulú-Natal comenzaron a unirse para formar un estado centralizado y militarista. Detrás de esta organización estaba Shaka Zulú, el hijo del jefe de un pequeño clan Zulú. A través de diferentes batallas Shaka Zulú fue gradualmente consolidando su poder y formando un poderoso ejército, el cual lanzó a una conquista implacable. Todos los que se le enfrentaban eran esclavizados o ajusticiados. Lo mismo ocurría con los miembros de su propio ejército. La derrota en combate significaba la muerte.

Esta marcha de Shaka Zulú sembró la destrucción y la muerte a través de toda Sudáfrica. En 1828 Shaka Zulú fue asesinados por sus dos hermanastros, Dingaan y Umthlanga. El primero se proclamó rey, pero relajó la disciplina del ejército y trató de establecer relaciones con los comerciantes británicos en la costa de Natal. Sin embargo, para aquel entonces, otros eventos se estaban desarrollando que terminaría con la independencia de los Zulús.

Los Boers continuaban manifestando su desagrado con el régimen británico que gobernaba la Colonia del Cabo. La proclamación de la igualdad de las razas por parte de los británicos fue una espina que causaba grandes molestias entre los Boers. En 1836, varios grupos de éstos y un gran número de Khoikhoi decidieron emprender una larga marcha hacia el interior de Sudáfrica en busca de mayor independencia. En las llanuras que se forman al norte y este del río Orange, en la frontera de la Colonia del Cabo, parecieron haber encontrado la tierra prometida. Las vastas llanuras, poco habitadas, era ideales para la cría de ganado. Sin embargo, lo que no sabían los emigrantes es que los habitantes de aquellos lugares eran los habitantes desplazados por el difaqane.

Con la excepción de la tribus Nbedele, los Boers no encontraron gran resistencia por parte de los grupos que ocupaban estas tierras. Eran grupos no muy numerosos y faltos de armas y caballos. La condición débil de estos habitantes convenció a los Boers que estaban llevando la civilización a un área salvaje. Sin embargo, en las montañas donde el rey Moshoeshoe I formaba la nación Basotho, que posteriormente sería conocida como Lesotho y los valles bosquíferos de la tierra de los Zulús, la situación era diferente, ya que éstos si presentaron fuerte oposición y la zona se mantuvo en guerra de guerrillas por un periodo de cincuenta años.

La primera parada de la Gran Marcha fue en Taba Nchu, cerca de lo que es hoy en día Bloemfontein donde se estableció la primera república. A raíz de desacuerdos entre los dirigentes de los Boers, varios grupos se separaron, dirigiéndose algunos hacia el norte cruzando el Drakensberg hacia Natal, con la idea de crear otra república en esa región. Ésta era, sin embargo, tierra Zulú y el líder Bóer Piet Retief visitó al rey Zulú Dingane. Retief fue masacrado por los Zulús y surgió una guerra con los Boers por el líder asesinado. La culminación de esta guerra se produjo el 16 de diciembre de 1838 en la batalla del Río Ncome en Natal. Varios Boers fueron heridos, pero millares de Zulús fueron muertos, creando la leyenda que el río Ncome se volvió rojo por la sangre derramada.

Después de esta victoria, que principalmente se debía al mejor armamento, los Boers se convencieron que su expansión estaba guiada por inspiración divina. Sin embargo, sus esperanzas de establecer una república en Natal se vieron prontamente frustradas cuando en 1843, los británicos se apoderaron de la región y crearon la Colonia de Natal, la cual se conoce hoy en día como Durban. Los Boers se vieron, por tanto, apresados entre dos bandos. Por una parte los británicos y por otra parte los nativos. Finalmente emigraron hacia el norte de la tierra que habían ocupado.

Los británicos establecieron plantaciones de caña de azúcar en Natal, pero no lograron despertar mucho interés en los Zulús para trabajar dichas plantaciones. Es así que decidieron traer inmigrantes indios, los cuales comenzaron a llegar en 1860 y siguieron creciendo hasta alcanzar una población de 150.000 trabajadores indios. En 1893, cuando Mahatma Gandhi llegó a Durban, la población india era mayor que la blanca.

Los Boers mientras tanto continuaron su búsqueda de tierra y libertad y finalmente se establecieron en Transvaal y en el Estado Libre de Orange. Por un tiempo parecía que las repúblicas se iban desarrollando armoniosamente hacia estados estables, a pesar que los Boers no eran muy numerosos, no tenían ninguna industria y escasa agricultura. En 1869 se produce un hecho que tendría una influencia enorme en la región con el descubrimiento de yacimientos de diamantes en Kimberley. Los yacimientos estaban en tierras pertenecientes a los Griqua, las cuales reclamaban como propias los estados de Transvaal y Orange. La Gran Bretaña rápidamente actuó en la disputa anexándose las tierras para ellos.

El descubrimiento de diamantes en Kimberley atrajo numerosos europeos y trabajadores negros a la región. Poblados comenzaron a aparecer donde la separación de blancos y otras razas no era debidamente respetada como exigían los Boers. Por esta razón y por el hecho que sus repúblicas se estaban empobreciendo, no obteniendo beneficio alguno de las riquezas de los diamantes de la zona ocupada por los británicos, aumentó la frustración y el resentimiento de los Boers.

El resentimiento de los Boers se transformó en una rebelión en el Transvaal y la primera guerra Anglo-Bóer, conocida como Guerra de la Independencia por los Afrikaaners, estalló en 1880. Fue una guerra muy corta con la victoria decisiva de los Boers en Majuha Hill a principios de 1881. La república ganó su independencia bajo el nombre de República de Sudáfrica, siendo elegido como primer presidente Paul Kruger. Mientras tanto los británicos que habían considerado su derrota en Majuba como una aberración, seguían con su empeño de crear una federación entre las colonia de Sudáfrica y las repúblicas Boers.

En 1879 el Zululand cayó bajo el dominio de los británicos. En 1886, se descubrieron yacimientos de oro en Witwatersrand acelerando el proceso de federación y propinando a los Boers otro golpe más. La población de Johanesburgo en los años 1890 ya alcanzaba a más de 100.000 personas y la República de Sudáfrica se vio invadida por millares de pobladores blancos y negros. La entrada de la población negra era particularmente resentida, pues eran los Boers quienes pasaban, por otra parte, serias dificultades económicas.

La inmensa riqueza que representaban los yacimientos de oro era un elemento irresistible para los británicos. En 1895 un grupo de renegados dirigidos por un capitán llamado Leander Starr Jameson invadió la República de Sudáfrica regida por los Boers, con la intención de crear un levantamiento en Witwatersrand e instalar un gobierno británico. El esquema fue un fiasco, pero al presidente Kruger de la República de Sudáfrica, le resultaba obvio que Jameson tenía, al menos, la aprobación tácita del gobierno británico de la Colonia del Cabo. Viendo que la república estaba en dificultades forjó una alianza con el Estado Libre de Orange, también regentado por Boers.

La situación llegó a un clímax cuando los británicos exigieron el derecho al voto a 60.000 habitantes blancos que vivían en la República de Sudáfrica, los cuales, hasta entonces, no tenían tal derecho. Kruger no aceptó las demandas de los británicos y exigió el retiro de las tropas británicas acantonadas en la frontera con la República de Sudáfrica.

Cuando los británicos rechazaron tal demanda, Kruger declaró la guerra. Esta vez, sin embargo, los británicos estaban mejor preparados, saliendo victoriosos de la contienda siendo Pretoria el último punto de resistencia, la cual se rindió en 1900 a las tropas británicas. No obstante, la guerra de guerrillas continuó por dos años más. En esos años un total de 26.000 Boers murieron por enfrentamientos, enfermedades o en el genocidio que se dio en los campos de concentración, donde los ingleses recluyeron a casi toda la población Boer en lamentables condiciones. El 31 de mayo de 1902, una paz superficial se logró mediante el Tratado de Vereeniging, mediante el cual los Boers reconocieron la soberanía británica y estos a su vez se comprometieron a reconstruir el país destrozado por los estragos de la guerra.

Durante los años siguientes a la guerra, los británicos se dedicaron a reconstruir el país, particularmente las minas de Witwatersrand que producían un tercio del total de oro que se extraía en el mundo. Pero la paz que daba el Tratado era sumamente frágil. Los Afrikaners se vieron en la posición de ser agricultores pobres en una nación que les excluía de la explotación de los yacimientos de oro. También resentían profundamente los intentos fallidos de los británicos de imponer sus costumbres e idioma. Por esta razón es que el idioma Afrikaan vino a representar el símbolo de la nación Afrikaan y una ola de nacionalismo comenzó a expandirse por la región.

La población negra y colorada estaban totalmente marginalizada. Los impuestos eran altos, los salarios muy reducidos y la administración británica incentivó la inmigración de millares de chinos a la región para silenciar las protestas de los trabajadores. En 1906 se produjo lo que se denominó la Rebelión de Bambatha en la cual 4.000 Zulús murieron en los disturbios que se produjeron en protesta por el incremento en los impuestos. Los británicos siguieron con su plan de unir a los diferentes estados en Sudáfrica. Después de varios años de negociaciones, en 1910 la Ley de la Unión fue aprobada, uniendo a la Colonia del Cabo, Natal, Transvaal y el Estado Libre de Orange en un solo estado llamado Unión Sudafricana. En esta unión se contemplaba que todo el territorio estaría bajo la administración británica, concediéndose cierta autonomía a los Afrikaaners. Los territorios de Basotholand (actualmente Lesotho), Bechuanaland (actualmente Botswana), Swazilandia y Rhodesia (actualmente Zimbabwe) continuaron bajo el dominio de los británicos.

El inglés y el holandés se establecieron como idiomas oficiales. El idioma Afrikaan no fue reconocido como oficial sino hasta 1925. A pesar de las campañas de los negros y colorados por el derecho al voto, este derecho se mantuvo solo para los blancos y únicamente los blancos podían ser miembros del parlamento.

El primer Gobierno del nuevo estado fue presidido por el General Louis Botha, y como vicepresidente el General Jan Smuts. Ambos pertenecían al Partido Nacional de Sudáfrica y seguían un línea política que favorecía a los británicos y a la segregación racial. Otros Boers más radicales desertaron del partido para formar otro nuevo llamado Partido Nacional. Estos últimos abogaban por los intereses de los Afrikaaners, el desarrollo de dos grupos de blancos paralelos y la independencia de la Gran Bretaña.

En este estado no había espacio político para los negros, si bien constituían el 75% de la población. Se les negaba el voto en el Transvaal y el Estado Libre de Orange y bajo ciertas condiciones, con base en las propiedades que tenían, se les concedían derecho al voto en la Colonia del Cabo. Nuevas leyes fueron promulgadas que todavía oprimían más a las poblaciones no blancas. Por ejemplo, los negros no tenían derecho a la huelga y estaban relegados a las tareas manuales, no podían enrolarse en el ejército y debían estar provistos de pases para poder tener acceso a ciudades u otros lugares del país. En 1939 se promulgó una ley que reservaba el ocho por ciento del territorio de Sudáfrica a los negros. Los blancos que apenas constituían el 20% de la población se les daba el dominio sobre el 92% del territorio. Los africanos negros no podían comprar, rentar, ni inclusive cultivar tierras fuera de las asignadas. Millares de negros fueron sacados de granjas y forzados a emigrar a estas zonas asignadas a ellos, cada vez más superpobladas y empobrecidas.

Los negros y las llamadas "gentes de color" comenzaron a organizarse y empezaron a surgir algunos líderes tales como John Jabavu, Abdulla Abdurahman y Walter Rubusana. El más influyente en aquella época fue, sin embargo, Pixley ka Isaka, un graduado de la Universidad de Columbia, quien en 1923 organizó el Congreso Nacional Africano. Paralelamente Mahatma Gandhi trabajaba a favor de la población india en Natal y Transvaal.

La recesión internacional que siguió a la Primera Guerra Mundial presentó un problema a los dueños de las minas, quienes en su afán de reducir costos comenzaron a contratar a personal semi-experto negro con salarios muchos más bajos que el de los blancos. En 1922 estalló una rebelión de estos trabajadores respaldados por el Partido Comunista de Sudáfrica bajo el "eslogan" Trabajadores del Mundo únanse por una Sudáfrica blanca. La rebelión no tuvo mayores consecuencias, excepto el de ahondar la discriminación racial.

En 1924 el Partido Nacionalista dirigido por Herzog llegó al poder y el nacionalismo Afrikaan comenzó a tomar mayor fuerza. El idioma holandés fue sustituido oficialmente por el Afrikaan. A mediados de 1930 el Partido Nacionalista de Hetzog se unió al más moderado Partido de Sudáfrica de Smut para formar el Partido Unido. Esta coalición se derrumbó cuando Smut tomó las riendas del partido y entre mucha controversia, entró a Sudáfrica del lado de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo el nacionalismo Afrikaan, lejos de extinguirse, se intensificó cuando Daniel Francois Malan creó el Partido Nacional Purificado, el cual se colocó en el centro de la vida política del país. Por otra parte, una agrupación secreta llamada "Afrikaaner Broederbond" formada en 1918 para proteger la cultura de los Afrikaans, comenzó a tomar auge convirtiéndose en una fuerza con gran influencia en el Partido Nacionalista.

Debido a la pujante economía de guerra, la mano de obra negra comenzó a ser importante para la minería y las industrias y la población negra prácticamente se duplicó. Enormes campamentos comenzaron a surgir en los alrededores de Johanesburgo y en otras ciudades. Las condiciones de vida en estos campamentos era deplorable, pero no únicamente para los negros; durante la guerra un estudio reveló que el 40% de los niños blancos sufrían de malnutrición.

El sistema de segregación racial existente en Sudáfrica por muchos años fue instituido en leyes desde 1948.

Como tal no era un norma única sino un conjunto de leyes, decretos y otras ordenanzas para mantener separados a los blancos de las demás razas y, pese a que existían blancos pobres y negros ricos, seguir marcando la diferencia económica y de derechos por el color de la piel. Entre otras acciones se crearon los bantustanes para poder tratar a los negros como extranjeros y expulsarlos a sus naciones sólo nominalmente independientes.

En aquella época Sudáfrica tenía y continuó teniendo el mayor nivel de vida del Continente, su industria era la más fuerte incluso por encima de la Argelia francesa, sus infraestructuras podían medirse con las de la mayoría de los países (en sus hospitales se realizó el primer trasplante de corazón). Así podía incluso tener colonias como la de Namibia, antigua África del Sudoeste Alemana, pese a tratarla como una provincia más.

Pero fue esta región y la guerra que se libró en ella, conocida como Guerra de la frontera de Sudáfrica, una de las cuñas que terminaron rompiendo la estructura del Apartheid.

El sistema duró hasta el periodo de 1990 a 1994, fechas en las que la presión internacional, el aislamiento y el desgaste sufrido en la contienda contra los países del preagónico bloque comunista empujaron paulatinamente el desmantelado del sistema. En 1994 se llevaron a cabo las primeras elecciones pluriraciales, siendo elegido el Congreso Nacional Africano y su líder el carismático Nelson Mandela.

Después de las elecciones de 1994 se estableció La Comisión para la Reconciliación y la Verdad (1994-1999) con la finalidad de sacar a la luz pública los crímenes cometidos durante el apartheid. Esta comisión estaba encabezada por el Arzobispo Desmond Tutu quien había establecido como lema de la comisión que "Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón". Muchas historias de brutalidad e injusticia fueron narradas a esta comisión, ofreciendo catártasis a la gente y las comunidades de las que se abusaron en el pasado.

La comisión trabajaba sobre la base que la víctima explicara lo sucedido y los perpetradores confesaran su culpa, con amnistía concedida a quien hiciera una confesión total. Aquellos que optaran por no acudir a estas audiencias se le enjuiciaría y castigaría si las denuncias eran probadas. Si bien algunos policías, militares y ciudadanos confesaron sus crímenes, pocos de los que dieron las órdenes para que estos crímenes se cometieran se presentaron a las audiencias. P.W. Botha fue uno de los que no se presentó y hasta la fecha no ha podido ser enjuiciado.

En 1999 Sudáfrica tuvo sus segundas elecciones libres. En 1997 Mandela pasó la dirigencia del Partido del Congreso Africano a su segundo, Thabo Mbeki. Las elecciones fueron un éxito para el Partido al cual le falto un solo curul para tener la mayoría absoluta, o dos tercios de la Asamblea, lo cual le hubiera permitido cambiar la constitución.

El Partido Nacionalista de radicales blancos perdió dos tercios de sus curules. El Partido Democrático formado por blancos surgió como una nueva fuerza con un programa liberal, al que se aunaron varios miembros de la raza negra.

Si bien Mbeki no tiene el arrastre y la simpatía que tiene Mandela, ha probado ser un político sagaz. En 2003 logró una mayoría de las dos terceras partes en el parlamento, dándole la oportunidad de hacer cambios a la constitución.

Sin embargo, no todo ha ido bien en Sudáfrica. La negativa de Mbeki de reconocer la epidemia de SIDA en su país le atrajo críticas de todo el mundo, al igual su negativa a condenar la expropiación forzosa de las granjas de los blancos en el país vecino de Zimbawe.

El crimen ha aumentado considerablemente desde la eliminación del apartheid. Entre 1994 y 2001 el crimen violento ha aumentado en un 33% y aproximadamente 1.500 agricultores blancos han sido asesinados desde 1991. Sudáfrica es el país que encabeza la lista de asesinatos en el mundo, reportándose en 2002, 114,8 asesinatos por 100.000 habitantes o cinco veces más que el segundo en la lista que es Brasil. También encabeza la lista en robos y asaltos.

En 2004 el gobierno publicó estadísticas que indicaba que la tasa de criminalidad estaba bajando, si bien se le ha dado poca credibilidad a dicha información. En el 2003 la Interpol publicó cifras de crímenes que era el doble de las publicadas por el gobierno. Se estima que desde 1994, 250.000 sudafricanos blancos han emigrado del país. Los que permanecen normalmente viven en comunidades aisladas con poco contacto con la población negra.

El país se haya inmerso en exportación de oro y diamantes (mercados que domina), en un intento de resolver uno de los mayores problemas del país que es la delincuencia (aunque ha descendido ligeramente), en el de controlar el SIDA (que afecta a 4,5 millones de surafricanos, y en una reforma agraria para aliviar tensión social y diferencias raciales. Esta reforma consiste en la devolución de los blancos de sus tierras a los negros a los cuales se les arrebataron. Sin embargo el tema parece no avanzar y menos del 10% de las tierras han sido devueltas y el Gobierno ha dedicido obligar a vender las tierras por un precio razonable o expropiarlas en un corto periodo de tiempo. Por otro lado el presidente, Thabo Mbeki dio autorización para llevar al Parlamento una posible ley de matrimonio homosexual.

En 2004 el director John Boorman pone de manifiesto esta Comisión para la Reconciliación y la Verdad en la película In my country protagonizada por Samuel L. Jackson y Juliette Binoche.

Al principio



Guerra de la frontera de Sudáfrica

La tecnología y asesoramiento entregados a Sudáfrica le permitieron fabricar su propio armamento.

La Guerra de la frontera de Sudáfrica es la manera como se traduce la expresión inglesa South African Border War y que en fuentes oficiales sudafricanas post-Apartheid corresponde a la llamada Guerra de la frontera con Angola. Sin embargo quizá el nombre más apropiado sea el recogido por James Cimet en su enciclopedia de conflicto, donde la llama Guerra por la liberación nacional de Namibia.

Fue uno de los conflictos más largos de África y uno de los más grandes, tanto en número de efectivos como de carros de combate, artillería autopropulsada, vehículos blindados y aviones empleados por ambos bandos.

Los acontecimientos de esta guerra se dieron entre 1965 y 1988 entre, por una parte, tropas sudafricanas, del grupo angoleño UNITA, contra los namibios miembros de la SWAPO, soldados de Angola y asesores enviados por Etiopía y Cuba. En ella participaron indirectamente Estados Unidos, Israel,Colombia, Gran Bretaña, Francia, Alemania e Irán (antes de la Revolución Islámica) de la parte de Sudáfrica y URSS al lado de los cubanos, angoleños y etíopes que luchaban junto a SWAPO. Por otra parte, la guerra reclutó un número indeterminado de mercenarios occidentales, también del lado sudafricano y de UNITA. Las tropas surafricanas no son del grupo angoleño UNITA, sino un apoyo de la SADF a un grupo insurgente dentro del territorio de la República Popular de Angola (RPA). La UNITA no combatía directamente a las SWAPO. Jamás Etiopía envió asesores a la RPA.

La guerra concluyó con la independencia de Namibia y un periodo de paz entre las naciones del África Austral que fueron firmando la paz con los distintos grupos guerrilleros financiados por el régimen racista sudafricano. A más largo plazo, contribuyó a la reforma legal en Sudáfrica y el fin del Apartheid, con la salida de este país austral del aislamiento internacional.

La posición estratégica de Namibia en la ruta hacia la India y los ricos caladeros de pescado encontrados por los portugueses, pusieron a este país dentro de las ambiciones europeas. Británicos, pero sobre todo alemanes, comenzaron a levantar algunas infraestructuras y ciudades para sus colonos lo que después hizo que Alemania reclamara ciertos "derechos" sobre ese pueblo y abriera las puertas a una brutal colonización que a su vez dio lugar a un genocidio reconocido por el propio gobierno alemán ante el pueblo herero. Pese a todo esto, algunos namibios lucharon junto a los alemanes en África durante la Primera Guerra Mundial.

Durante la llamada Gran Guerra las naciones europeas no respetaron los distintos pactos que tenían entre ellas de no llevar la contienda a territorios africanos, para no romper la imagen de los blancos unidos y todopoderosos frente a los negros. La conquista de Namibia por los países de la Triple Entente podría contribuir económicamente al imperio británico primero y a la Unión Sudafricana después, con las riquezas de su extenso litoral, sus recursos minerales en forma de diamantes, siendo uno de los motores de su progreso tras la independencia, y de yacimientos de uranio, metal que se revelaría de gran importancia cuando Sudáfrica decidió entrar en la carrera nuclear a finales de los años setenta.

En dicha guerra, los alemanes lograron desviar gran número de fuerzas de la Entente hacia esa parte de África con muy pocos efectivos metropolitanos, pese a no obtener unos resultados tan destacados como las colonias germánicas en el Océano Índico. África del Sudoeste Alemana fue ocupada por tropas venidas principalmente de la actual Sudáfrica, razón por la cual la Sociedad de Naciones decidió reconocer al país como territorio administrado por la Unión Sudafricana, cuando esta se declaró independiente. Pero la Unión Sudafricana nunca reconoció el estatuto de territorio independiente y la trató como la quinta provincia. Menos aún fue admitido aquel estatuto por los propios africanos del suroeste, quienes en su mayoría no se sentían sudafricanos.

El sentimiento de animadversión creció especialmente cuando Pretoria comenzó a implantar el régimen del Apartheid. Resultó especialmente humillante para los namibios, y en general para toda la población negra de Sudáfrica, su política de bantustanes, un territorio independiente sólo de manera nominal pero que permitía a Sudáfrica tratar a la población de los mismos cuando iban cada día a trabajar fuera del territorio y no reconocerlos ningún derecho Según Alí A Mazrui la población negra bajo el régimen del Apartheid fue la más humillada y despreciada de toda África.

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos africanos combatieron junto a los europeos en varios continentes, demostrando y demostrándose poder enfrentarse a cualquier ejército; al mismo tiempo fueron conscientes de la debilidad de sus metrópolis. Esto terminó de consolidar el sentimiento independentista africano. Sin embargo, la posibilidad de organizar un alzamiento contra el país más poderoso del continente era lejana, teniendo en cuenta sobre todo la carencia de un territorio en donde situar bases, entrenar a posibles combatientes y planear incursiones.

Estas palabras de Nkrumah estaban en consonancia con el sentir general del África Negra y ello se haría real en los años sucesivos con las luchas que comenzaron en gran parte de las colonias y que obtuvieron la independencia.

En 1964 y tras varias acciones de insurrección, atentados y represiones violentas, Zambia se separó definitivamente del Reino Unido. Pese a contar con muy pocos kilómetros de frontera con la entonces llamada África del Suroeste y estar situada en un extremo del estrecho saliente del país, Zambia constituía un refugio seguro para los namibios deseosos de obtener la independencia.

África fue el último continente del mundo que se libró del colonialismo europeo. La mayoría de sus países la consiguieron sólo hasta después de 1960; antes de esa fecha sólo seis naciones (Ghana, Guinea, Libia, Marruecos, Sudán y Túnez) habían logrado su emancipación durante la década de los cincuenta y antes sólo tres (Egipto, Etiopía y Liberia) eran independientes. De esta última lista se exceptúa la propia Sudáfrica por haberse separado de su metrópoli, pero no de la minoría blanca venida de ella. Por lo tanto los países africanos vieron la luz como países independientes durante el contexto de la Guerra Fría. Era entonces lógico que un continente tan grande y tan rico en recursos naturales, no tardara en ser objeto de las disputas y las ambiciones de las dos superpotencias del momento.

Aun así, las naciones africanas nacieron con cierta intención neutral respecto al conflicto de bloques y todos los países africanos participaron en la Conferencia de Argel de naciones no alineadas con una notable excepción: Sudáfrica. Sin embargo, la intención de ser neutral trató siempre de ser vencida primero por los antiguos colonizadores que deseaban cierta relación en su favor cuando no de neocolonialismos que trataron de alejar a los países africanos de posibles alineaciones con el Bloque del Este. Por otro lado, los países de este último bloque ofrecieron ayuda o aceptaron ayudar a estas jóvenes naciones como sucedió con Cuba la cual envió asesores a Guinea Ecuatorial, mientras la URSS terminó prestando apoyo a naciones como Mozambique, Etiopía y Somalia.

Las dos naciones comunistas más grandes y bastiones ideológicos del comunismo, URSS y China, «cortejaron» a casi todos los nuevos estados que nacían. Ejemplo notable lo constituyó el Zaire. En el New York Times se publicó una caricatura en 1960 que mostraba al presidente del recién independizado Zaire portando una maleta que muy amablemente se ofrecen a llevarle tanto Nikita Jrushchov como Mao Zedong;. Esta era la visión de las naciones capitalistas, porque el hijo de Nikita, Sergei Jrushchov, que emigró posteriormente a los Estados Unidos, afirmó que muchas de estas naciones acudían a la URSS, caso de Cuba, y que, al contrario de lo que se piensa, los gobernantes soviéticos eran conscientes de su debilidad frente a Estados Unidos, especialmente en la faceta nuclear por lo que la estrategia soviética era más bien liberarse de su aislamiento y su cerco nuclear, pues Estados Unidos tenía permanentemente bombarderos nucleares en el aire a una hora del centro soviético, misiles Thor en Gran Bretaña, misiles Júpiter en Italia y Turquía y a mediados de los años sesenta submarinos nucleares con misiles balísticos.

El interés en captar aliados en el Índico y en el Atlántico resultaba especialmente visible en el caso de la URSS que conservaba desde tiempos del zar Pedro el Grande la idea de obtener un mar cálido desde el que pudiera operar su flota todo el año. Debe tenerse presente que su gran litoral puede ofrecer buenos puertos como la península de Kamchatka, el mar Báltico o el mar Blanco, sin embargo, dichas costas están cubierta por el hielo parte del año y los puertos en el mar Negro pueden ser fácilmente bloqueados en los dos estrechos que los cierran.

Las costas de África y América del Sur constituían dos estupendas posibilidades de dotar a la flota soviética de fondeaderos seguros y siempre accesibles, donde aprovisionarse en caso de un nuevo conflicto mundial y no perder su gran armada en océanos donde debería recurrir a viejos métodos corsarios para poder subsistir. Además, cada nuevo aliado podría aportar materias como cinc o uranio, privando a su enemigo de todas esas posibilidades.

Sin embargo, no todas las razones eran puramente geoestratégicas. En los años sesenta del siglo XX la lucha por la descolonización forjó y también atrajo a grandes líderes, como Vo Nguyen Giap o el propio Che Guevara que había luchado en el Zaire años antes.

Por su parte, Estados Unidos no tenía el problema de los puertos, pero para autores como Jonathan Schell, las distintas administraciones estadounidenses estaban muy preocupadas con que pudiera producirse la misma situación de Múnich en la cual el régimen Nazi había aumentado cada vez más su agresividad al no hacerse nada después de la ocupación de Renania, ni después de la anexión de Austria ni de los Sudetes ni de Checoslovaquia. En los años sesenta se encontraban frente a un enemigo que había demostrado su expansionismo en Europa Central y del Este tras la Segunda Guerra Mundial. Así los distintos gobiernos estadounidense realizaron acciones como ayudar a construir los muros marroquíes para detener al Frente Polisario o con el apoyo a «payasos cleptómanos, con ribetes de psicopatía», en palabras de Arturo Arnalte, como Mobutu Sese Seko y su dictadura zaireña.

Sin embargo, la sensación generalizada era que los nuevos países tenían cierta inclinación hacia el comunismo; por tanto, enviar dinero y agasajar a los dictadores no era suficiente para contener esta ideología que, creían, se extendería por doquier. Tanto para las administraciones de Eisenhower como para la de Kennedy y la de Johnson, se requerían más acciones, incluso de forma directa, para conservar a las antiguas colonias de su lado o derrocar a los regímenes enemigos ya implantados.

Sudáfrica constituía uno de las pocas naciones fuertemente anticomunistas del continente y estaba dispuesta a financiar guerrillas e invadir con su ejército países vecinos si era necesario. Por lo tanto, Pretoria debía ser apoyada, al menos de forma indirecta, porque contribuir con un régimen tan descaradamente racista no sería bien visto por la opinión pública estadounidense, además de traer recuerdos de épocas no lejanas, en las cuales los negros del sur estadounidense debían ceder su sitio a los blancos en los transportes públicos y los miembros del Ku Klux Klan se paseaban por las calles con cruces en llamas.

Pese a que el novelista Frederick Forsyth, conocedor de África y su problemática, pone en uno de los personajes de sus novelas la frase de que Sudáfrica estaba excluida de los planes de defensa occidental, lo cierto es que no sólo Estados Unidos apoyó económica, técnica y diplomáticamente a Pretoria: Reino Unido, Francia, Israel, Alemania e incluso el Irán anterior a la Revolución Islámica contribuyeron con vetos en la ONU, entregas de armamento y asesoramiento técnico para modernizar y fabricar su propio arsenal bélico. Especialmente relevante fue el apoyo de los gobiernos capitalistas a su programa nuclear y de armas atómicas, llevado a cabo gracias en parte a la colaboración con Israel y por lo tanto con el consentimiento de Estados Unidos.

En 1965 una grupo de guerrilleros se infiltran en África del Suroeste desde Zambia y atacan las posesiones sudafricanas próximas.

Al año siguiente se funda la SWAPO, movimiento político que ondea la bandera de la independencia para Namibia, una independencia que sólo podía realizarse, en su opinión, por la fuerza; para lograr este fin fundó como brazo armado el People's Liberation Army of Namibia (PLAN) o Ejército popular de liberación de Namibia. La SWAPO y su ejército es reconocido implícitamente por la Comunidad Internacional formando, ese mismo año, el Consejo de la ONU para el África del Suroeste integrado por once miembros. Este Consejo no apoya militarmente a los guerrilleros, pero sí proporciona educación y otras ayudas no militares, además de constituir todo un espaldarazo moral para SWAPO.

El 26 de agosto de 1966 la SWAPO como tal y la policía sudafricana apoyada por helicópteros militares entablan su primer enfrentamiento en Ongulumbashe. Había comenzado la Guerra de la Frontera.

El Partido Nacionalista sudafricano, uno de los más racistas del elenco político del país, siendo primer ministro Hendrik Frensch Verwoerd, considerado el creador del Aparheid moderno, encarga a su policía sofocar los ataques y brotes de violencia provocados por los venidos de Zambia. Los métodos de las fuerzas de seguridad sudafricanas eran sangrientos; por ejemplo, la policía no utilizaba escudos, ni porras, ni ningún otro material antidisturbios; sólo disponían de armas de fuego; quizá como un pretendido ejemplo de superioridad racial blanca; pero también una forma de obligar a los agentes a sofocar los desórdenes a tiros, realizando una represión tan contundente como sanguinaria. Organizaciones proderechos humanos como Amnistía Internacional denunciarían esta práctica que terminaría empujando a los funcionarios del orden a emplear rápidamente métodos letales; porque, según Amnistía Internacional, si un policía sólo cuenta con una pistola frente a un grupo de civiles, utilizará la pistola.

Verwoerd fue asesinado en septiembre de ese año y lo sustituyó Balthazar Johannes Vorster, quien fuera ministro de justicia del anterior Primer Ministro y confesado simpatizante del régimen nazi quien continuó profundizando durante la segregación racial.

En aquello momentos la SWAPO no podía pensar en obtener mejores emplazamientos desde los que penetrar a Namibia. La parte fronteriza con Zambia es estrecha y alejada de los principales núcleos de población, como de la propia capital, Windhoek. La mejor opción era atacar desde Angola; pero la colaboración entre Sudáfrica y Portugal privaba a los guerrilleros de intentar emplazar bases de operaciones en esa colonia. Pese a esas limitaciones, SWAPO siguió realizando incursiones y acciones para ganarse la voluntad de los namibios. En este capítulo cosechó varios éxitos y la población fue decantándose más por ellos y la independencia, que por la permanencia en Sudáfrica; país que continuaba apartándolos de los blancos, arrebatándoles las mejores tierras y marginándolos en bantustantes. Este decantamiento aumentaba el apoyo moral recibido por los miembros de SWAPO que sabían no poder ganar militarmente la Guerra, pero sí políticamente. En parte por esto se dan algunos pasos hacia un reconocimiento de la identidad nacional, así en 1968 la provincia se bautiza con el nombre de Namibia, pero son de carácter más simbólico que práctico.

En el terreno militar y pese a la rudeza de sus métodos, pronto quedó clara la incapacidad de la fuerzas de seguridad para controlar la situación y enfrentarse a un movimiento que ya era un movimiento guerrillero, no de alborotadores o asesinos de granjeros blancos. A principios de los 70 intervienen las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica o SADF (de sus siglas en inglés South Africa Defense Force) con todo su potente armamento comprado a países occidentales o de fabricación propia. Es este último punto donde radicaba la gran fortaleza de Sudáfrica. Según la visión del movimiento Afrikáans los cinco millones de blancos que viven en el país, especialmente los descendientes de holandeses, levantaron infraestructuras de transporte, médicas, energéticas, mineras y de producción solo igualadas si cabe por Argelia. Además cuenta con una población sumamente instruida y que mantenía buenas relaciones con los países occidentales por razones de piel, idioma e ideología. Con estas bazas más una renta y un PNB que duplica a la de sus vecinos, Sudáfrica podía aplastar a cualquiera de ellos, o al menos eso pensaba. Esta versión de los hechos, denunciada como netamente colonialista por autores como Carlos Caranci. no tenía en cuenta los sufrimientos y esfuerzos de los pueblos colonizados. Ali A Mazrui decía que en las fronteras de Sudáfrica se concentraban cada día miles o decenas de miles de personas que iban a trabajar a ese país por salarios mínimos; además de que su propia población trabajaba y también devenga buena parte de su salario en Sudáfrica, para regresar por las noches a su batustante sin contar con ningún derecho de ciudadano. Por su parte, Alfonso Rojo también critica esta posición ventajosa de los blancos afirmando que existen ricos y pobres entre las dos razas, pero por norma general el nivel económico en la Sudáfrica racista la diferencia la marcaba el color de la piel. Esta fuerza y perseverancia negra, que en otros continentes como América o Australia había confinado a sus nativos a ser una minoría étnica, suele ser olvida por estas visiones de supremacía blanca o al menos Afrikáans.

En 1973 el gobierno sudafricano de Balthazar Johannes Vorster deposita el peso de la Guerra en el SADF y, dos años después, decide crear un territorio-colchón invadiendo Angola, para mantener apartado a SWAPO del territorio namibio. En aquel tiempo la tribu blanca, como la llamaría Alfonso Rojo, poseía con mucho el ejército más poderoso del área, el mejor entrenado y el más respaldado por la economía más grande del área; además en caso de que la presión internacional aumentara, Vorster podía recurrir a una industria nacional que, como se ha indicado, pasa por ser la mayor del Continente.

En 1975 se consuma la independencia de Angola respecto de Portugal. El partido que asume el poder en Luanda, capital del país, es el MPLA, posteriormente declarado de ideología marxista-leninista. Este acontecimiento permite a SWAPO cambiar el teatro de operaciones de Zambia a la mucho más estratégica frontera angoleña. Pero no llegó a desalojar del todo sus posiciones zambianas. Ante el movimiento de los namibios Vorster no dudo en intervenir. El ejército sudafricanos, formado por infantería helitransportada, carros de combate, artillería autopropulsada o caza bombarderos de reacción, no encontró muchos problemas en avanzar sobre el muy inestable y recién independizado país. Además, en Angola los soldados de Pretoria contarían con la ayuda de la UNITA de Jonás Savimbi, movimiento guerrillero enfrentado en guerra civil al régimen de Luanda.

El avance sudafricano fue imparable y en poco tiempo sus fuerzas llegaron casi a la mitad del país y los edificios de la capital angoleña, Luanda, estuvieron a tiro de su artillería. Pero en aquel momento entra en el juego geoestratégico un aliado de la URSS: cuatro barcos cubanos llegan a la capital africana en el transcurso de la Operación Carlota y desembarcan los primeros refuerzos del bloque comunistas Los soldados y tanquistas caribeños logran aliviar la presión que sufría la capital, atacada por varios frentes y varios enemigos (el SADF, UNITA y el FNLA), y ponen en marcha las normas no escritas de la Guerra Fría, según las cuales una superpotencia no podía apoyar a sus aliados hasta un punto que generase una represalia de la otra en otro lugar del globo. Así Estados Unidos decidió cortar los suministros militares que recibía el ejército de Vorster, dejando claro que no deseaba la invasión total de un país aliado de Moscú. Una actuación parecida a la sucedida antes frente a Gran Bretaña, Francia e Israel por el Canal de Suez.

Ante las leyes de contención propias de la Guerra Fría, Sudáfrica jugó la carta de apoyar a la guerrilla de UNITA para que tratase de ocupar más territorio fronterizo y disminuir o eliminar las bases que SWAPO levantadas allí; reservándose la posibilidad de realizar cuantas acciones quisiera contra la infraestructura de SWAPO. Al mismo tiempo, el gobierno de Vorster facilitaba a UNITA la opción de destruir el régimen de Luanda, lo mismo que hacía en las costas del Índico con el RENAMO por el control de Mozambique. De esta forma Angola entraba por una parte en su propia guerra civil y al mismo tiempo en una guerra no declarada con su vecino, quizá sin quererlo, pero con combatientes dispuestos a aliarse con quien fuera para conquistar el poder, como la ya citada UNITA de Sabimbi.

En ese momento, 1975, las partes de la larga Guerra de la Frontera estaban ya clarificadas.

En aquellos momentos de la Guerra Fría Angola y Namibia fueron otros dos escenario más de lo que el rotativo británico The Times llamó una guerra por poderes; en la que nuevamente la OTAN y el Pacto de Varsovia se enfrentaban, pero no directamente sino a través de segundas naciones. Como ya lo habían hecho durante la Guerra de Corea o la de Vietnam.

Etiopía jamás participó en la guerra de Angola.

En esta relación se podría incluir también a China, pero el apoyo del llamado Gigante Asiático se centró más en el Zaire y el FNLA por lo que su aportación fue más bien a la Guerra civil de Angola, pese a estar muy ligadas las dos contiendas. Por el mismo motivo no se lista el ya citado FNLA o Frente Nacional para la Liberación de Angola por luchar también contra el gobierno angoleño del MPLA; pero debido a tener su base en el norte del país, no tomar parte significativa en las operaciones sudafricanas y a disolverse a lo largo del conflicto no se le incluye en la relación.

La fuerza con que atacó el bando sudafricano al gobierno del MPLA, presidido por António Agostinho Neto, fue tan grande que, como se ha mencionado, pronto perdió casi todo el territorio. Pero la intervención y perícia de los cubanos y etíopes lograron primero detener la ofensiva y seguidamente hacerlos retroceder. La campaña angoleña costaría al gobierno de La Habana varios miles de muertos a lo largo del conflicto, pero el régimen del MPLA sobrevivió y la SWAPO conservó buena parte de su infraestructura.

En el plano político Sudáfrica convoca elecciones generales en el territorio, pero son declaradas nulas por la ONU y boicoteadas por SWAPO, además de considerarse amañadas de antemano.

En abril de 1978 el gobierno de Pretoria aceptó entablar conversaciones con el Grupo Occidental de Contacto para llegar a una solución negociada del conflicto. Sin embargo el apoyo popular de que gozaba la SWAPO en Namibia era demasiado fuerte y la posibilidad de perder el territorio, si permitía la celebración de comicios libres, demasiado evidente como para ignorarla. Ante estas circustancias el gobierno de Vorster apostó por la opción militar, con la esperanza de vencer antes de que la presión internacional pudiera convertirse en insoportable.

A la provincia de Namibia es destinado buena parte del ejército, incluyendo su fuerza aérea formada por los entonces modernos Mirage III y modernísimos Mirage F-1. Además se estaba ultimando un programa con empresas israelíes para modernizar el armamento y entregarle a la industria sudafricana los conocimientos necesarios para producir y mantener sus propios sistemas de armas. Pero igual que los estadounidenses en Vietnam o los cubanos en Angola unos años después, el ejército sudafricano sabía que limitarse a esperar las incursiones de SWAPO o la ocupación del territorio fronterizo por la UNITA, no solucionaría el problema; resultaba imprescindible aumentar las operaciones en Angola.

La situación favorecía aún más a los sudafricanos, si cabe, por el estallido de la Guerra del Ogadén entre Etiopía y Somalia que duraría de 1977 a 1978. Etiopía necesitaba su contingente destinado en Angola para defender el territorio, además parte de los efectivos terrestres y aéreos cubanos debían ser trasladados al Cuerno de África para defender al régimen de Adís Abeba de la invasión somalí que los superaba en número; lo que, por tanto, reducía las fuerzas con que podía contar Luanda para detener tanto a UNITA como a Sudáfrica.

El 4 de mayo de 1978 los famosos Recces sudafricanos junto a otras unidades lanzaron la Operación Reeinder al interior de Angola, para localizar y destruir el cuartel de SWAPO en Cassinga. Fue la primera gran operación aerotransportada realizada por Sudáfrica. Según la versión sudafricana la preparación de esas fuerzas de élite ayudó a conseguir un rotundo éxito, destruyendo el cuartel de los guerrilleros, matando a numerosos combatientes y capturando numerosos prisioneros. Sin embargo los namibios lo vieron de forma muy diferente. Los sudafricanos mataron a unos 1 000 namibios de los cuales 600 eran civiles y refugiados. Debe tenerse en cuenta que en la Matanza de My Lai fueron asesinados unos 300 vietnamitas por el Ejército de Estados Unidos, lo que causó una gran conmoción en el País, y en la de Matanza de Oradour-sur-Glane las SS mataron a 625 franceses quedando como un recuerdo a los muertos de la Segunda Guerra Mundial En los meses de marzo y abril de 1978 la Misión Militar de Cuba en Angola realizó una operación denominada "Ejercicio Táctico en Campaña" dirigida por el (ya fallecido) General Raul Menéndez Tomasevich, cuyo objetivo era desarticular las fuerzas de la UNITA en la provincia de Cuando Cubango y en la medida de lo posible capturar a Jonas Savimbi. La operación terminó abruptamente con el rescate, por parte de las SADF, de Savimbi.

El recuerdo de la incursión sudafricana adquirió un valor especial para el pueblo namibio que desde entonces cada 4 de mayo se celebra la matanza perpetrada en Cassinga, siendo una fecha destacada en el calendario del país africano. En Sudáfrica la matanza también contribuyó a la sensación de que aquella guerra no era ni justa; pero el control que el Gobierno podía aplicar a los medios de comunicación impedía en gran medida la difusión de la noticia.

En septiembre de 1978 la ONU adoptó, pese al apoyo dado por Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia a Sudáfrica, la Resolución 435 que desde entonces fue el documento legal que marcaría las posibles condiciones para establecer la paz o continuar la guerra.

En favor de Sudáfrica jugó la fuerte subida del oro, del que es uno de los principales productores, que le permitió doblar el gasto militar. Con esta inyección económica Pretoria podía mantener la primera línea de actuación, en forma de acciones directas llevadas a cabo por fuerzas especiales y unidades mecanizadas. Al mismo tiempo podía incorporar maquinaria más pesada, como carros de combate y otros medios de una guerra convencional. Gracias a los ingresos provenientes del oro Sudáfrica podía realizar el enorme esfuerzo económico que la contienda requería y al mismo tiempo financiar sus programas de investigación: pues llevaba varios años embarcada en obtener el arma nuclear. Ya en 1977 había realizado una prueba y comenzó a producir bombas atómicas hasta un total de cuatro o más. El país austral contaba con la mejor tecnología nuclear del continente y, gracias al apoyo de Israel, estaba desarrollando un programa conjunto de misiles. Esta proliferación nuclear, tolerada cuando no apoyada por los países occidentales, asombró al mundo, pues realmente la nación no tenía enemigos que pudieran amenazarla porque los medios terrestres, navales y aéreos de que disponía eran muy superiores a los pudieran presentar Angola, Mozambique o incluso Zimbabwe. Pese a todo las inversiones en defensa no se detuvieron en ningún momento, el programa continuaría hasta la caída del Régimen y se sospecha que la explosión atómica que tuvo lugar al sur del océano Índico en 1979 fue una prueba del programa conjunto sudafricano-israelí.

No resulta fácil indicar quién llevaba la iniciativa, aunque el entrenamiento, la capacitación y la disciplina resultaban bazas muy importantes en favor de Sudáfrica. La versión oficial sudafricana es que sus golpes, como los antes citados, fueron certeros; por su parte los cubanos empleaban armamento de todas clases y consiguieron que las bases de SWAPO en su territorio siempre permanecieran funcionado, lanzando incursiones hasta 1988, pese a que muchas de aquellas bases fueron desbaratadas y destruídas; unas veces por operaciones especiales de los Recces en un sólo día, otras por acciones de fuerzas mecanizadas y aerotransportadas a lo largo de varios días. Demostrándosé así que la contienda cada vez era más una guerra convencional e iba camino de ser la mayor de África subsahariana.

Las necesidades de soldados no resultaron un problema especialmente grave para Pretoria. Pese a que su ejército estaba constituido mayoritariamente por soldados blancos el servicio militar era obligatorio y las situaciones vividas por las poblaciones blancas en Mozambique y especialmente Rhodesia, de donde muchos blancos huyeron del país temerosos de ser asesinados por los negros o el ya lejano ejemplo de la población portuguesa expulsada cuando el gobierno angoleño cambió de manos, fue un buen argumento para motivar a buena para los jóvenes sudafricanos y no sufrir deserciones en masa. Este miedo de la población blanca sudafricana tiene tradición en ese país, Alfonso Rojo la denomina la tentación de las maletas y la ilustra con ejemplos de la cantidad de empresas de seguridad existentes en el país o la desproporcionada cifra de dispositivos de seguridad doméstica instalados cada año. Este miedo a ser asesinado o expulsado de su tierra sin sitio a donde ir, en mentalidad sudafricana, unido a las duras leye de la nación y al control de los medios de comunicación hacía que no hubiera excesivos problemas de reclutamiento.

En distinta situación estaban los combatientes negros. Tanto UNITA como el gobierno de Luanda no dudaron en reclutar niños soldados por la fuerza para cubrir sus bajas, práctica que se repetiría con suma frecuencia en otras guerras africanas anteriores y sobre todo posteriores.

La situación militar no era favorable a los namibios de SWAPO y Sam Nujoma, su dirigente y después primer presidente de Namibia, lo sabía. Las operaciones del SADF les habían costado muchas vidas y la destrucción de varios centros de entrenamiento. Por otra parte UNITA había conquistado gran parte del sureste de Angola.

Pese a todo el apoyo a su movimiento aumentaba cada vez más. Las Naciones Unidas se habían pronunciado a su favor e incluso habían ordenado a Sudáfrica el abandono de Namibia, momento en el cual la delegación sudafricana abandonó la sede de la ONU en Nueva York. Aunque su causa y su lucha no era muy conocida, matanzas como la de Cassinga disminuían aún más las simpatías que el régimen del Apartheid pudiera tener en Europa y América del Norte.

Sam Nujoma movió sus bases hacia la costa de Angola, y desde entonces lanza sus operaciones hacia nambia desde las proximidades de la ciudad costera de Mabimbi, que permaneció en poder del gobierno de Angola durante todo el conflicto civil. Además estableció definitivamente su cuartel general en la ciudad de Lubango, algo más al norte y al este de la costa. Allí permaneció incluso cuando UNITA estaba cercando la ciudad.

Apesar de los golpes recibidos las entradas en Namibia no cesaban, aunque tuvieran que limitarse a la zona costera. En aquel momento el presidente de Sudáfrica es Marais Viljoen, otro miembro del Partido Nacional, y era consciente de que llevaba ya más de 15 años de guerra y había logrado terminar ni con SWAPO ni con sus incursiones y la pujanza del oro no duraría eterminamente.

Con estas misiones Sudáfrica logró llegar con sus incursiones hasta la ciudad de Cuito en el este y algunos cientos de kilómetros al sur de Namibe en el oeste y supusieron una presión considerable para el gobierno de Angola, hasta el punto de agobier al gobierno angoleño que llegó a negarle oficialmente el apoyo a SWAPO en 1984.

Mientas, la presión internacional sigue contra Sudáfrica. En 1983 el Consejo de Seguridad de la ONU declara ilegales los esfuerzos de aquel país por dictaminar la política de Namibia. También se va extendiendo el embargo y el aislamiento del país que no puede participar en los Juegos Olímpicos ni importar armas; lo que ya no constituía un gran problema a priori, por la transferencia tecnológica de años anteriores, pero terminó siendo un factor determinan años después cuando sus cazas franceses comenzaron a quedar obsoletos.

El apoyo a UNITA continuó por parte de Pretoria, porque si ésta perdía la Guerra civil de Angola la SWAPO podría abrir un frente de varios centenares de kilómetros en la frontera; además la reelección de Ronald Reagan para la Casa Blanca aumenta el apoyo recibido por UNITA y el beneplácito por las acciones de Sudáfrica. La guerra se recrudece; los hombres de Pretoria cada vez entraban más y en mayor número en Angola; además permanecían más tiempo en territorio extranjero. Unido a esto debían intensificarse las acciones directas para no permitir respiro ni recuperaciones a SWAPO; sin embargo el movimiento independentista continúa sin ser destruido y la ciudad de Nambi continúa sin ser tomada ni las presencia de lo namibios sin ser eliminada.

En 1984 abandona la presidencia de Sudáfrica Marais Viljoen y ocupa su lugar Pieter Willem Botha, apodado El Cocodrilo, una figura destacada dentro del Partido Nacional quien, pese a realizar pequeñas concesiones a la defensa de los Derechos Humanos, fue un claro defensor del sistema racista durante su mandato.

Como se ha visto, Sudáfrica podía realizar operaciones a varios cientos de kilómetros en territorio angoleño y mantener a sus soldados allí durante días y semanas seguidos. La necesidad de más refuerzos para Angola resultaba urgente. Como se ha dicho, Cuba desplazaba unos 50 000 soldados por años, además había mandado los viejos T-34 de la Segunda Guerra Mundial y los T-55, algo más modernos. Del mismo moda servían en África 50 unidades de MiG-21. Sin embargo el control del cielo angoleño seguía fuera de sus posibilidades. Para solucionar esta carencia Fidel Castro decidió enviar en 1984 30 de los entonces modernos MiG-23, más maniobrables, con más capacidad de armas y más alcance, con el fin de lograr la superioridad aérea, básica en las guerras contemporáneas. Estos aparatos, llamados Chorizos por los cubanos, eran el resultado de los conocimientos obtenidos en Vietnam en la década de los 60 y principios de los 70, luchando contra los aviones estadounidenses. Estos aparatos, mucho más caros que los anteriores, pertenecían a una generación superiores a los aviones sudafricanos, que ya no podían modernizarse con tanta facilidad, el embargo decretado por la ONU lo dificultaba. Poseía los Mirage F-1 franceses, pero en su versión A, la básica con equipos electrónicos simplificados, por lo que no podían, entre otras cosas, emplear misiles más allá del alcance visual. Con el nuevo refuerzo y las lecciones aprendidas en los años anteriores los pilotos cubanos consiguieron invertir los papeles y la SAAD comienza a cosechar sucesivas pérdidas, rehuyendo progresivamente los combates aéreos y abandonan a sus fuerzas terrestres ante la llegada de los caribeños.

En la parte terrestre Castros subió la apuesta militar añadiendo en 1987 a los T-34 y T-55 los T-62, calificados como el mejor tanque en Latinoamérica También se habían desplazado hasta Angola radaristas y controladores aéreos cubanos con sus equipos, demostrando este país la fortaleza de su ejército y la preparación de sus hombres.

En 1987 el gobierno de Angola prepara un gran dispositivo para destruir la resistencia de UNITA en el sureste del país. Este lo denominan Saludando a Octubre y se desenvolvería en la región de Mavinga, con el fin de expulsar a los sudafricanos hacia Namibia y derrotar a la UNITA en esa región, de gran importancia por sus recursos auríferos y diamantíferos.

Los generales cubanos no se mostraron de acuerdo con esta operación y deciden no tomar partico, por lo que el ejército angoleño partió solo hacia Mavinga.

A lo largo del mes de julio de 1987 las fuerzas de Angola sufren una seria derrota frente a las tropas de Sudáfrica y los guerrilleros de Sabimbi, que detienen primero la ofensiva gubernamental y después pasan al contraataque. Las columnas angoleñas deben retroceder cada vez más terreno hasta que se abre una brecha en sus líneas en la localidad de Cuito Cuanavale. En ese momento el gobierno de Luanda pide ayuda al de La Habana para contener la ofensiva.

Los sudafricanos preparan la Operación Hooper, con carros de combate Olifant, infantería mecanizada y varias piezas de artillería autoprosulsada G5 y G6; además de infantería convencional y el apoyo de la UNITA. En total casi dos divisiones de soldados apoyados por gran cantidad de maquinaria pesada. Por su parte, cubanos y angoleños, reúnen la mayor parte de sus fuerzas en la rivera norte del río Cuito Cuanavale, incluyendo carros de combate, vehículos blindados y artillería. En total el mayor contingente que se ha reunión en el África Subsahariana.

El 15 de noviembre las tropas cubanas deciden pasar a la ofensiva y lanzan varios blindados para contener a las fuerzas sudafricanas, que han penetrado por la brecha y amenazan con tomar la ciudad. En ese momento despegan los MiG para dar cobertura a las unidades terrestres, el dominio del cielo lo consiguen pronto y comienzan el bombardeo, destruyendo varias piezas de artillería y blindados. Al perder el control del cielo los sudafricanos deben avanzar de noche y camuflarse de día, reduciendo mucho su movilidad. Pese a todo el 15 de diciembre ponen en marcha la Operación Hooper y entre el 12 de enero y el 14 de febrero sus piezas de artillería autropulsadas atacan desde el límite de su radio de acción (unos 35 km) las posiciones cercanas a Cuito. Los sudafricanos causan duras pérdidas a las fuerzas comunistas, pero no logran desbaratar su resistencia.

Los cubanos lanzan a sus MiG-21 y envían más de refuerzo, realizando más de 1.000 salidas. Por su parte los MiG-23 continúan efectuando misiones de reconocimiento, bombardeo y protección. Hasta marzo son llevadas a cabo 1.283 misiones.

Finalmente Sudáfrica detiene sus ataques el 23 de marzo de 1988 sin llegarse a un acuerdo en las pérdidas sufridas. Oficialmente han muerto 31 sudafricanos, pero fuentes no oficiales elevan las bajas a 715. Poco se sabe por parte cubana y angoleña, no obstante las bajas pudieron ser de cientos de soldados. Del mismo modo no queda claro de quien fue la victoria. Para Cuban Arms es un triunfo claro de las armas caribeñas, mientras que para Bill y Andrea Revilio constituyó una victoria táctica de Sudáfrica. The Times suscribe también esta segunda opinión afirmando que el ejército sudafricano no fue derrotado.

Sea como fuera la guerra estaba desgastando a ambos bandos. Además desde Moscú comenzaba a notarse la política de distensión imprimida por Mijaíl Gorbachov, con lo que Cuba cada vez tenía más dificultades para obtener armamento y fondos; pese a que existen varias fuentes que informan que era Angola y las explotaciones petrolíferas las que estaban pagando parte de los costos bélicos, como se verá más adelante.

La base aérea de Cahama fue construida para los aviones MIG-23BN (caza-bombardero táctico de medio alcance). Como en el caso sudafricano años antes, Cuba decide atacar las bases de las SADF en su propio suelo, aprovechando su superioridad aérea. Como se ha dicho, el embargo internacional impedía a Sudáfrica modernizar sus F-1 ni dotarlos con misiles más precisos para oponerse a los cazas cubanos. Es esta presión internacional y no la falta de poder militar lo que, para The Times, supuso la finalización del conflicto.

Por su parte el respeto a las normas no escritas de la Guerra Fría también regían para Fidel Castro. Como en el caso estadounidenses, Mijaíl Gorbachov no deseaba poner en peligro el territorio de un país capitalista y aliado de la otra superpotencia; no se hizo en Corea, cuando Mc Arthur solicitó emplear armas nucleares contra China, ni en este mismo conflicto cuando Luanda estaba a tiro de los cañones de la SADF. Por eso la URSS se negó a facilitar los depósitos externos a los MiG-23 que los cubanos necesitaban para poder penetrar en Namibia, atacar los objetivos y salir. Pero, al contrario que el sudafricano Vorster años antes, Castro no estaba dispuesto a cesar en su empeño. Aprovechando la preparación técnica de su pueblo, el dirigente cubano envió a un grupo de ingenieros y obreros especializados para que construyeran un aeropuerto de dos pistas en la localidad de Cahama, cerca de la frontera con Namibia, para operar desde él sus cazabombarderos con gran ahorro de combustible.

Como ya estaban haciendo en la Isla de Granada antes de la invasión estadounidenses, los cubanos realizan los estudios y en 75 días la base aéra está lista para operar.

Llegan los aviones y fijan su primer objetivo: complejo hidroeléctrico fronterizo de Calueque-Ruacaná.

Castro, sabedor de que la situación política internacional estaba cambiando, deseaba la paz y quería emprender una acción contra una base aérea sudafricana o el complejo hidroeléctrico antes citado, que proporciona agua y electricidad a buena parte de Namibia; además de algún otro objetivo importante dentro de territorio sudafricano. En cualquier caso, un aviso de que si no se firma la paz la guerra podría extenderse a Namibia.

El 27 de julio de 1988 a las 12:30 once cazabombarderos MiG-23 despegan hacia Calueque-Ruacaná. A las 13:00 llegan a complejo y bombardean el complejo hidroeléctrico, destruyendo las compuertas, la sala de máquinas y la grúa principal. Todos los MiG regresan sin novedad.

A la semana siguiente se prepara otra incursión contra una base aérea sudafricana, seguida de una ofensiva terrestre. Tanquistas cubanos sobre los T-62 penetran en Nambia hacia Calueque. Calueque se encuentra en franco territorio angoleño.Allí descubren una base oculta de la SADF y entablan combate con los sudafricanos. Nuevamente los MiG atacan, destruyendo blindados, barracones y matando a varios sudafricanos. Las cifras de muertos son contradictorias; Sudáfrica reconoce haber perdido 13 hombres y derribado un MiG cubanos; las fuentes cubanas por su parte afirman tener pruebas de 50 muertos sudafricanos y no perder ningún avión propio.

En esos momentos las fuentes no se ponen de acuerdo en el resultado posterior. El gobierno de Pieter Botha ya estaba en conversaciones para encontrar una solución negociada a la Guerra; pero las fuentes cubanas indican que aquella ofensiva empujó a Pretoria a solicitar la paz. Por otra parte, la posición cubana no parece ser tan fuerte como sus declaraciones pudieran indicar, la URSS estaba entrando en una grave crisis económica, por lo que no podía seguir financiando tanto como antes las operaciones cubanas. Sin embargo, este último punto, la financiación de las operaciones, debe apuntarse que, según la CIA y espías del servicio secreto francés, la financiación de la contienda no la estaba pagando únicamente la URSS, el gobierno angoleño también pagaba diversas cuantías por cada soldado, cada oficial, etc. y la petrolera estadounidense Gulf Oil, que extraía petróleo de Cabinda pues Angola es el segundo productor africano, había contratado a parte de los efectivos cubanos para defender sus instalaciones y sus extracciones, dándose la paradoja de tener a empresas estadounidense financiando a sus enemigos cubanos (ver Guerra civil de Angola).

La resistencia a la guerra, a cualquier guerra, tiene tradición en Sudáfrica, especialmente ante un conflicto como el de la Frontera que no era siempre considerado como justo por todos los sudafricanos blancos. En 1989, 771 reclutas declararon públicamente su intención de no acudir a la Frontera y al menos hubo 1.289 objetores de conciencia. En enero de 1985, 7.589 jóvenes se oponían al servicio militar, según datos del National Service, cuando en 1984 estos habían sido 1.596. Se estima que unos 7.000 jóvenes salieron hacia Europa desde 1978 para evitar cumplir el servicio militar; sin embargo el Committee on South African War Resistance contabilizaba 10.000 jóvenes salidos de Sudáfrica para evitar participar en la Guerra. A cualquiera de estas cifras habría que sumar los cientos de hombres que desertaron, se asusentaron del servicio o simplemente fueron declarados prófugos; muchos de los cuales se unieron a los llamamientos para oponerse al conflcito desertando, como los realizados por el Congreso Nacional Africano.

Por su parte, SWAPO también notó las deserciones en sus filas, llegando al extremo de algunos desertores que se unían a las fuerzas sudrafricanas e incluso a la más dura de todas, los Recces. Sudáfrica acogía a estos desertores así como había acogido a otros veteranos de cuerpos de élite como los Selous de la antigua Rodesia. Para muchos namibios los años de guerra transcurridos eran demasiado, los mismo que los ataques de los sudafricanos a sus bases, con gran impacto en sus infraestructuras y en su moral, además de contemplar como las tropas sudafricanas se movían con libertad en varias zonas cercanas a la frontera; pese a sus acciones unidas a las de cubanos y las del ejército angoleño.

Por el lado cubanos los movimietos de resistencia fueron nulos o si existiron quedaron rápidamente acallados por el régimen. Se sabe que no todos los que lucharon en África lo hicieron realmente por voluntad propia, pues el Régimen Castrista tenía muy en cuenta el no ofrecerse «voluntario» para la marcha hacia el Continente Negro. Aunque la propaganda cubana alentaba a la cooperación en todos los sentidos con el pueblo angoleño, según rezaban los carteles del Régimen, África se convirtió en un mal destino para los cubanos. Se da el caso de que el general al mando de las tropas de Castro en la Isla de Granada fue enviado a Angola por el disgusto que le produjo al dictador su no excesiva defensa de las posiciones en la isla frente a Estados Unidos.

A principios 1988, ante la situación de agotamiento y estancamiento general, se reúnen en Ginebra el ministro de Asuntos Exteriores de Sudáfrica Pik Botha y el Secretario de Estado para Asuntos Africanos de Estados Unidos Chester Croker para lograr un plan que llevara a la independencia de Namibia.

Esta situación a quien más favorecía era a SWAPO, consciente de no tener a su alcance la victoria militar, sabía que sí podía vencer políticamente, porque conocía la gran mayoría de namibios que la apoyaban y estaba segura de ganar en una votación limpia.

En marzo firman el acuerdo los dos representantes y seguidamente comienzan las reuniones de alto nivel entre los dirigentes de las naciones implicadas. En diciembre de 1988 se firma en Nueva York el Acuerdo Trilateral de Nueva York para poner en práctica la Resolución 435 de casi cuatro años antes.

El uno de abril de 1989, unas horas después de entrar en vigor la Resolución de la ONU, todo el proceso estuvo a punto de fracasar por la incursión desde Angola de guerrilleros fuertemente armados. La SADF reaccionó enviando tropas y los enfrentamientos se saldaron con 305 miembros de la SWAPO muertos por 27 sudafricanos. Afortunadamente para todos los que podían haber seguido muriendo en la guerra, el proceso siguió adelante. Se celebró una reunión de urgencia en Mount Etjo Safari Lodge entre el 8 y el 9 de abril donde se firma la Declaración de Mount Etjo, volviendo a poner en marcha al Resolución 435.

El secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar hizo un esfuerzo por terminar con el conflicto y logró reunir por primera vez desde los años sesenta un contingente compuesto por 500 policías para mantener el orden durante el proceso, varios civiles para preparar y supervisar las elecciones y más de 4.475 soldados de 21 países para sellar el conflicto y proporcionar soporte logístico a los demás participantes. La misión se denominó UNTAG y resultó un éxito.

Entre el 7 y el 11 de noviembre de 1989 se celebran las elecciones supervisadas por la UNTAG. Votaron el 97% de los 701.483 habitantes con derecho a voto. Como ya preveían los contendiente, la SWAPO ganó con un 56,5% de los votos, seguido por el Democratic Turnhalle Alliance (DTA), con un 28,1%, siendo nombrado Sam Nujoma primer presidente democrático de Namibia.

Nujoma declara el deseo del pueblo namibio de independizarse de Sudáfrica y su gobierno comienza a preparar el traspaso de poderes.

El 20 de marzo de 1990 la bandera sudafricana es arriada del estadio de Windhoek, capital de Namibia, y sustituida por la namibia, desapareciendo así la penúltima colonia de África, según la ONU y la última según Marruecos, que considera al Sáhara Occidental como territorio propio.

La ONU volvió a acometer las operaciones de mantenimiento de la paz abandonadas hacía unos 30 años. Los altos objetivos que esta organización se marcó, el enorme contingente que pudo movilizar (unos 5.000 miembros) y el gran éxito que obtuvo. contribuyeron a revalorizar esta organización, comenzando a considerarla una institución útil para lograr la paz y empezando a recibir numerosas solicitudes de intervención en todo el mundo. Desde la operación de Namibia se han producido o continuado misiones para el mantenimiento de la paz en casi todos los continentes y durante todos los años, llegando incluso a considerarse una crisis de éxito.

De la contienda no se han llegado a saber muchas cifras respecto al número de muertos, heridos o prisioneros; pero dejó un terrible balance de mutilados por las minas sembradas por ambos bandos. Asimismo en Angola el conflicto civil perduró hasta la muerte por fuerzas gubernamentales de Sabimbi en 2002.

El final de la Guerra y la desmovilización siguiente dejó a muchos soldados en el paro. Varios de ellos se unieron para formar empresas de mercenarios como Executives Outcomes, que posteriormente participaría en la Guerra civil de Sierra Leona, en la cual, mientras se mantuvo en su puesto, la capital estuvo a salvo de las matanzas y mutilaciones perpetradas por el FRU.

Dos años después de la independencia de Namibia, RENAMO y FRELIMO firmaban la paz para Mozambique, terminando el otro conflicto del cono sur africano.

El mismo año que se firmaba la paz Botha abandonaba el poder y asumía el gobierno Frederik de Klerk, quien emprendió una serie de reformas para desmontar el régimen racista. En 1994 se produjeron las primeras elecciones multiraciales en el país, con la elección de Nelson Mandela como presidente de la nación más desarrollada de África. El nuevo gobierno tuvo que vivir la explosión de la violencia callejera, pero sin el régimen de segregación racial y con el programa nuclear sudafricano, pese a que algunas hipótesis apuntan a que fue desmantelado por el anterior gobierno blanco para evitar que una nación negra tuviera ese poder.

Cuba empleó la experiencia obtenida en Angola y participó en otras guerra como la ya citada Guerra del Cuerno de África, aunque la disolución del bloque comunista redujo drásticamente su capacidad de realizar misiones internacionales.

Aunque en esa parte del continente se logró implantar la paz, en el resto de África las matanzas, genocidios y guerras civiles continuaron con más intensidad que en los años de la tensión entre los antiguos bloques; en parte siguiendo las prácticas con anterioridad usadas, y otras "nuevas" totalmente inventadas en estos posteriores conflictos, como el empleo de niños drogados como soldados, la utilización de niñas como esclavas sexuales o el tráfico de recursos naturales de los paises beligerantes o usados como teatro de operaciones (como caucho, diamantes, cobre, petróleo etc.) para financiar las operaciones de guerra y el mantenimiento y compra de armas.

Pese a ser la mayor confrontación del África Subsahariana y durar más unos 25 años, este conflicto resulta prácticamente desconocido para la mayoría de los países; al contrario de otros de la misma o menor intensidad contemporáneos suyos, como puede ser la Guerra civil del Líbano o la guerrilla de los Contras en Nicaragua; excepto para los contendientes, pues tanto en Cuba como en Sudáfrica existe bibliografía sobre el mismo y expresiones coloquiales que tiene origen en esta guerra.

La información llegada desde el cono sur africano fue muy escasa, restringiéndose a noticias puntuales, como la Batalla de Cuito Cuanavale. Posteriormente los medios de comunicación prestaron más atención al proceso de paz, ser la primera vez que se realizaba un envío de cascos azules, tras la última misión a Katanga en los sesenta. Al mismo, para países como España aquella constituía la primera vez que sus tropas podían lucir los casos azules y salir en misión interncional, resultando ser la primera de una larga lista.

El cine es quizá uno de los medios que ha mostrado algo de atención a este coflicto, pese a ser de forma colateral.

En la película Juegos de guerra o WarGames aparece tres veces mencionado el conflicto sudafricano cuando el gran ordenador WOPR arroja los resultados de sus calculos. En las tres pantallazos el conflicto sudafricanos es nombrado como "interno", "sublevación" y "ofensiva" y no da a ningún bando por ganador, al igual que al resto de países y regiones.

Por parte de Sudáfrica, puede verse la contienda en películas como una de las entregas de Los dioses deben estar locos, la segunda para el caso español. Se ambienta parcialmente en la guerra e incluso el bosquimano se ve envuelto en una refriega entre un soldado sudafricano negro y dos enemigos. La nacionalidad de la cinta queda clara contemplado la bondad del sudafricano que los permite marcharse y al cubano lo invita a volver a su tierra. De todas formas, la visión sudafricana no es fácil de percibir. El actual gobierno negro lo plantea como una cierta victoria al referirse a las acciones exitosas. Sin embargo no existen datos para saber si la Guerra de la Frontera puede ser considerada como el Vietnam sudafricano o no.

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Source : Wikipedia