Santiago de Chile

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Publicado por daryl 20/03/2009 @ 16:17

Tags : santiago de chile, chile, américa latina, internacional

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Santiago de Chile

Evolución de la población de Santiago de Chile entre 1860 y 2020.

Santiago de Chile, o simplemente Santiago, es la capital y principal núcleo urbano de Chile. El área metropolitana que forma es denominada también Gran Santiago y corresponde asimismo a la capital de la Región Metropolitana de Santiago.

Aunque es posible concebirla como una única gran ciudad, Santiago no constituye una sola unidad administrativa, sino por el contrario forma parte del territorio de 37 comunas, de las cuales 26 de estas se encuentran completamente dentro del radio urbano y 11 con alguna parte fuera de él. La mayor parte de la metrópolis se encuentra dentro de la Provincia de Santiago, con algunos sectores dentro de las provincias de Maipo, Cordillera y Talagante.

Santiago se encuentra aproximadamente en las coordenadas 33°26′16″S 70°39′01″O / -33.43778, -70.65028, a una altitud media de 567 msnm. En el año 2002, la conurbación se extendía sobre 641,4 km² y tenía una población de 5.428.590 habitantes, lo que equivale a cerca del 35.9% de la población total del país. De acuerdo con dichas cifras, Santiago, además, es la séptima ciudad más habitada de América Latina, y una de las 45 áreas metropolitanas más grandes del mundo.

La ciudad de Santiago alberga los principales organismos gubernamentales (a excepción del Congreso Nacional, ubicado en Valparaíso), financieros, administrativos, comerciales y culturales del país. Santiago de Chile además es sede de la CEPAL y es considerada como la tercera ciudad latinoamericana con mejor calidad de vida, tras Montevideo y Buenos Aires y como una ciudad global de clase gamma, a la altura de Ámsterdam o Boston, y superando a grandes urbes como Roma, Estocolmo y Pekín. Finalmente, es considerada como la 53º ciudad con mayores ingresos del mundo, con un PIB (PPA) de US$91.000 millones en 2005 y estimado de US$160.000 millones hacia 2020.

De acuerdo con ciertas investigaciones arqueológicas, se cree que en la cuenca de Santiago se establecieron los primeros grupos humanos hacia el 10.000 a. de C. Dichos grupos eran principalmente nómadas cazadores-recolectores, que transitaban desde el litoral hacia el interior en búsqueda de guanacos durante la época de los deshielos cordilleranos. Cerca del año 800, comenzaron a instalarse los primeros habitantes sedentarios debido a la formación de comunidades agrícolas junto al río Mapocho, principalmente de poroto, papa y maíz, y la domesticación de los auquénidos de la zona.

Los pueblos establecidas en la zona pertenecían a grupos picunches o promaucaes, sometidos al Imperio Inca desde fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI. Los incas establecieron en el valle algunos mitimaes, siendo el principal uno instalado en el centro de la actual ciudad, fortalezas como el huaca de Chena y el santuario del cerro El Plomo. La zona habría servido como base para las expediciones incaicas hacia el sur, y como nudo vial del Camino del Inca.

Tras haber sido enviado por Francisco Pizarro desde el Perú y realizar una larga travesía desde Cuzco, el conquistador extremeño Pedro de Valdivia llegó al valle del Mapocho, el 13 de diciembre de 1540. Las huestes de Valdivia acamparon junto a las aguas del río, en los faldeos (faldas) del cerro Tupahue y comenzaron lentamente a entablar relaciones con los indios picunches que habitaban la zona, tras lo cual Valdivia convocó a los caciques de la zona a un parlamento donde les explicó su intención de fundar una ciudad en nombre del rey Carlos I de España, que sería la capital de su gobernación de Nueva Extremadura. Los indígenas habrían aceptado e incluso le habrían recomendado la fundación de la localidad en una pequeña isla ubicada entre dos brazos del río junto a un pequeño cerro llamado Huelén.

El 12 de febrero de 1541, Valdivia fundaría oficialmente la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo (Santiago de Nueva Extremadura) en honor al Apóstol Santiago, santo patrono de España, en las cercanías del Huelén, renombrado por el conquistador como "Santa Lucía". Siguiendo las normas coloniales, Valdivia encomendó el trazado de la nueva ciudad al alarife Pedro de Gamboa, el cual diseñaría la ciudad en forma de damero. En el centro de la ciudad diseñó una Plaza Mayor, alrededor de la cual se seleccionaron varios solares para la Catedral, la cárcel y la casa del gobernador. En total se construyeron ocho cuadras de norte a sur, y diez de oriente a poniente, y cada solar (un cuarto de cuadra) fue entregado a los colonizadores, que construyeron casas de barro y paja.

Valdivia partió meses después junto a sus soldados hacia el sur, dando inicio a la Guerra de Arauco. Santiago quedó desprotegida, lo que fue aprovechado por las huestes indígenas de Michimalonco, las cuales atacaron la incipiente urbe. El 11 de septiembre de 1541, la ciudad fue arrasada por los indígenas, pero los 55 españoles de la guarnición lograron derrotar a los atacantes. Al parecer, la resistencia fue liderada por Inés de Suárez, pareja de Valdivia. La ciudad sería reconstruida lentamente dando protagonismo a la recién fundada Concepción, donde se fundaría la Real Audiencia de Chile en 1565. Sin embargo, el constante peligro que afrontaba Concepción debido por una parte a su cercanía del conflicto bélico, y por otra a una sucesión de desoladores terremotos, no permitiría el establecimiento definitivo de la Real Audiencia en Santiago hasta el año 1607, reafirmándose su rol de capital.

A pesar de que Santiago estuvo a punto de desaparecer por el ataque indígena, un terremoto y una serie de inundaciones, la ciudad comenzó a poblarse rápidamente. De las 126 cuadras diseñadas por Gamboa, en 1558 ya habían sido ocupadas cuarenta, y en 1580, la totalidad, mientras que las tierras cercanas acogieron a decenas de miles de cabezas de ganado. En el ámbito arquitectónico, comienzan a construirse los primeros edificios de importancia de la ciudad, destacando el inicio de la construcción en piedra de la primera catedral en 1561 y de la iglesia de San Francisco en 1572, siendo ambas construcciones realizadas principalmente en adobe y piedra.

Una serie de desastres pondría en jaque el desarrollo de la ciudad durante los siglos XVI y XVII: un terremoto en 1575, epidemia de viruela en 1590, desbordes del Mapocho en 1608 y 1618 y por último, el terremoto del 13 de mayo de 1647, donde fallecieron más de 600 personas y quedaron más de cinco mil damnificados. Estos hechos no detendrían el crecimiento de la capital de la Capitanía General de Chile, en una época donde todo el poder del país se concentraba alrededor de la Plaza de Armas santiaguina.

En 1767, el corregidor Luis Manuel de Zañartu, dio inicio a unas de las principales obras arquitectónicas de todo el período colonial: el Puente de Calicanto, que permitió unir eficientemente a la ciudad con La Chimba (al norte del río) y el inicio de las construcciones de los tajamares para evitar los desbordes del Mapocho. Aunque el puente logró ser construido, los tajamares fueron constantemente destruidos por el río. En 1780, el gobernador Agustín de Jáuregui contrató al arquitecto italiano Joaquín Toesca, quien diseñaría, entre otras obras importantes, la fachada de la Catedral, el Palacio de La Moneda, el diseño del canal San Carlos y la construcción definitiva de los tajamares, durante el gobierno de Ambrosio O'Higgins, siendo éstos inaugurados definitivamente en 1798. El gobierno de O'Higgins destacó también por la apertura del camino a Valparaíso en 1791, que permitiría la conexión de la capital con el principal puerto del país.

El 18 de septiembre de 1810 se proclamó la Primera Junta Nacional de Gobierno en Santiago, hecho con el que se dio inicio al proceso de independencia de Chile. La ciudad, que se convertiría en la capital de la nueva nación, se vería agitada por los diversos acontecimientos, especialmente debido a las acciones bélicas que ocurrirían en sus inmediaciones.

Aunque en la Patria Vieja se instalaron algunas instituciones como el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional, éstas fueron clausuradas tras la derrota patriota en la batalla de Rancagua en 1814. El gobierno realista duraría hasta 1817, cuando el Ejército de los Andes alcanzó la victoria en la batalla de Chacabuco, reinstaurando el gobierno patriota en Santiago. La independencia, sin embargo, no estaba asegurada y el ejército español obtuvo nuevas victorias y hacia 1818 se dirigía hacia Santiago, pero la carga sería definitivamente detenida en los llanos del río Maipo, durante la batalla de Maipú, el 5 de abril de 1818.

Con el fin de la guerra, asumió Bernardo O'Higgins como Director Supremo y, al igual que su padre, realizó diversas obras de importancia para la ciudad. Durante la llamada Patria Nueva, se reabren las instituciones cerradas y se inaugura el Cementerio General, se terminan las obras del canal San Carlos y en el brazo sur del Mapocho, conocido como La Cañada, fue cerrado el paso de las aguas convirtiéndolo en un paseo arborizado, conocido como la Alameda de las Delicias.

Dos nuevos terremotos azotaron la ciudad: uno el 19 de noviembre de 1822 y otro el 20 de febrero de 1835. Estos dos hechos, sin embargo, no evitaron que la ciudad siguiera creciendo aceleradamente: en 1820, contaba con 46.000 habitantes, en 1854 la población era de 69.018 habitantes y en el censo de 1865 era de 115.337 habitantes. Este importante aumento se generó principalmente con el crecimiento hacia los suburbios de la zona sur y poniente de la capital y en parte, hacia la Chimba, gracias a la división de los antiguos predios existentes en la zona. Este nuevo desarrollo periférico provocó el fin de la tradicional estructura de damero que regía el centro de la ciudad.

Durante la denominada República Conservadora se crean diversas instituciones, principalmente de carácter educativo como la Universidad de Chile y la Quinta Normal con sus museos. Los canales que recorren la ciudad para la evacuación de aguas servidas desaparecen dando paso al alcantarillado, al que se suman las primeras redes de gas, agua potable y alumbrado público, y en 1851 se establece el primer sistema de telegrafía con Valparaíso. Sin embargo, un trágico hecho enlutaría a la ciudad cuando más de 2.000 personas fallecieran en el incendio de la Iglesia de la Compañía, el 8 de diciembre de 1863.

Un nuevo impulso en el desarrollo urbano de la capital se produjo durante la llamada República Liberal y la administración del intendente de la ciudad, Benjamín Vicuña Mackenna, dentro de cuyas principales obras destacan la remodelación del cerro Santa Lucía, que pasó de ser un basurero a un parque adornado con obras arquitectónicas neoclásicas, la creación de un camino que rodeaba la ciudad (que en esa época tenía una extensión similar a la actual comuna de Santiago) y la remodelación de la Alameda. Esta avenida se consagró como la arteria central de la ciudad gracias al desarrollo de diversos palacios pequeños construidos por la oligarquía beneficiada por el auge económico derivado de la minería del cobre y el salitre. Muchas de las principales obras urbanas eran financiadas por aportes voluntarios de los vecinos ilustres, destacando obras como el Teatro Municipal, el Club Hípico o el actual Parque O'Higgins, construido por el filántropo Luis Cousiño en 1873.

La ciudad se convirtió rápidamente en el principal nudo del sistema ferroviario chileno, el principal medio de transporte durante más de un siglo. El primer ferrocarril llegó a la ciudad el 14 de septiembre de 1857 y en 1884 fue inaugurada la Estación Central de Santiago. Mil vehículos particulares y quinientos de arriendo circulaban en Santiago hacia esos años y 45.000 personas utilizaban diariamente el tranvía. Los primeros teléfonos fueron instalados durante los años 1880 y en menos de diez años existían más de 1.200 líneas.

Ya concluyendo el siglo, se construyeron sistemas de recolección de aguas lluvias para evitar inundaciones en el centro y se iniciarían las obras de canalización del Mapocho, para lo que fue necesaria la demolición de los tajamares y del Puente de Calicanto, ocurrida el 10 de agosto de 1888. Para ese entonces, Santiago tenía una población cercana a los 256.000 habitantes, esparcidos en una extensión de 3.766 hectáreas. Muchos de estos habitantes vivían en barriadas pobres, excluidas del desarrollo urbano fomentado por la oligarquía, fuera de los bordes de la ciudad como en los barrios orientales de Yungay y Chuchunco.

Con el advenimiento del nuevo siglo, la ciudad comenzó a experimentar diversos cambios relacionados con el fuerte desarrollo de la industria. Valparaíso, que hasta la fecha había sido el centro económico del país, comienza lentamente a perder protagonismo en desmedro de la capital. Ya en 1895, el 75% de la industria fabril nacional radicaba en la capital y sólo un 28% en el puerto, y hacia 1910, los principales bancos y tiendas comerciales se instalaron en las calles del centro de la ciudad, abandonando Valparaíso.

La promulgación tanto de la ley de Comuna Autónoma y el decreto de creación de municipalidades permitirían la creación de diversas divisiones administrativas en el Departamento de Santiago, con el fin de mejorar la administración local. Maipú, Ñuñoa, Renca, Lampa, y Colina se crearían en 1891, Providencia y Barrancas en 1897; y en 1901, Las Condes. En el departamento de La Victoria, se originarían Lo Cañas en 1891, el que sería dividido en La Granja y Puente Alto en 1892. En 1899 nacería La Florida y en 1925 se crea Cisterna.

El cerro San Cristóbal comenzó en este período un largo proceso de mejoramiento. En 1903 se instaló un observatorio astronómico y al año siguiente se colocó la primera piedra del santuario mariano en su cumbre, el cual se caracteriza por la imagen de 14 metros de la Virgen María, visible desde diversos puntos de la ciudad. Sin embargo, la idea de forestarlo no sería cumplida hasta algunas décadas después.

Con el deseo de celebrar el Centenario de la República en 1910, se realizaron diversas obras urbanas. Fue ampliada la red de ferrocarriles, permitiendo la conexión de la ciudad con sus nacientes suburbios, a través del ferrocarril de circunvalación y el que llevaba al Cajón del Maipo, mientras se construyó una nueva estación ferroviaria en el norte de la ciudad: la Estación Mapocho. En los terrenos ganados por la canalización del Mapocho, se creó el Parque Forestal y se inauguraron los nuevos edificios del Museo de Bellas Artes y de la Biblioteca Nacional. Además, serían finalizados los trabajos de alcantarillado, que cubrían a cerca del 85% de la población urbana.

A fines de 1920, el censo estimaba una población en Santiago de 507.296 habitantes, lo que equivalía al 13,6% de la población total del país. Esta cifra representaba un aumento de un 52,47% con respecto al censo de 1907, es decir, un crecimiento anual del 3,3%, casi tres veces más que la cifra a nivel nacional. Este crecimiento se explica principalmente por la llegada de campesinos desde el sur que llegaban a trabajar a las fábricas y ferrocarriles en construcción. Sin embargo, este crecimiento se experimentó en la periferia y no en el casco urbano propiamente tal.

En estos años, el centro de la ciudad se consolidó como un barrio netamente comercial, financiero y administrativo, con el establecimiento de diversos portales y locales alrededor de la calle Ahumada y del Barrio Cívico en el entorno inmediato del Palacio de La Moneda. Este último proyecto significó la construcción de diversos edificios modernistas para el establecimiento de las oficinas de ministerios y otros servicios públicos, dando el puntapié inicial para la construcción de edificios de mediana altura. Por otro lado, los habitantes tradicionales del centro comenzaron a emigrar fuera de la urbe hacia sectores más rurales como Providencia y Ñuñoa, que acogieron a la oligarquía y a los inmigrantes europeos profesionales, y San Miguel para las familias de clase media. Además, en la periferia comenzaron a construirse diversas villas para los asociados de diversas organizaciones sindicales de la época. La modernidad se expandió en la ciudad, con la aparición de los primeros cines, la extensión de la red telefónica y la inauguración del Aeropuerto Los Cerrillos en 1928, entre otros adelantos.

La sensación de una era de crecimiento económico reflejada en los avances tecnológicos contrastaba profundamente con las clases sociales más bajas. El crecimiento de las décadas anteriores se convirtió en una explosión demográfica sin precedentes desde 1929. La Gran Depresión generó el desplome de la industria salitrera del norte, dejando a 60.000 desempleados, los que sumados a la caída de las exportaciones agrícolas, totalizaron cerca de 300.000 cesantes a nivel nacional. Éstos, en su mayoría, vieron a la gran ciudad y su pujante industria como la única oportunidad de sobrevivir. Muchos migrantes llegaron sin nada a la ciudad y miles debieron sobrevivir en las calles ante la imposibilidad de arrendar alguna habitación. Las enfermedades se expandieron y la tuberculosis cobró la vida de cientos de indigentes. El desempleo y el costo de la vida aumentaron de importante manera, mientras los sueldos de los santiaguinos cayeron.

La situación sólo cambiaría varios años más tarde con un nuevo auge industrial fomentado por la CORFO y la expansión del aparato estatal a partir de fines de los años 1930. En esta época, la aristocracia perdió gran parte del poder que ostentaba y la clase media, compuesta por comerciantes, burócratas y profesionales, adquirió el protagonismo de la política nacional. En este contexto, Santiago comienza a desarrollarse hacia las masas, mientras las clases acomodadas tienden a refugiarse en los barrios altos de la capital. Así, los antiguos paseos de la clase adinerada, como el Parque Cousiño y la Alameda, pierden hegemonía frente a recintos de esparcimiento popular, como el Estadio Nacional surgido en 1938.

En las décadas siguientes, Santiago siguió creciendo de forma imparable. En 1940, la ciudad acumulaba 952.075 habitantes, en 1952 esta cifra llegó a los 1.350.409 habitantes y el censo de 1960 totalizó 1.907.378 santiaguinos. Este crecimiento se reflejó en la urbanización de los sectores rurales de la periferia, donde se establecieron familias de clase media y baja con viviendas estables: en 1930, el área urbana tenía una extensión de 6.500 hectáreas, que en 1960 llegaron a las 20.900 y en 1980 llegó a las 38.296. Aunque la mayoría de las comunas seguían creciendo, éste se concentró principalmente en comunas periféricas como Barrancas al poniente, Conchalí al norte y La Cisterna y La Granja al sur. En el caso de la clase alta, ésta comenzó a acercarse al sector de la precordillera de Las Condes y La Reina. El centro, por el contrario, perdió habitantes dejando más espacio para el desarrollo del comercio, la banca y las actividades gubernamentales.

Este crecimiento se realizó sin ningún tipo de regulación y sólo comenzaron a aplicarse durante los años 1960 con la creación de diversos planes de desarrollo del Gran Santiago, concepto que reflejaba la nueva realidad de una ciudad mucho más amplia. En 1958 fue lanzado el Plan intercomunal de Santiago y que proponía la organización del territorio urbano, fijando un límite de 38.600 hectáreas urbanas y semiurbanas, para una población máxima de 3.260.000 habitantes, la construcción de nuevas avenidas (como la Avenida Circunvalación Américo Vespucio y la Carretera Panamericana), el ensanche de las existentes y el establecimiento de "cordones industriales". La celebración de la Copa Mundial de Fútbol de 1962 dio un nuevo empuje a las obras de mejoramiento de la ciudad. En 1966 se creó el Parque Metropolitano de Santiago en el cerro San Cristóbal y el MINVU dio inicio a la erradicación de poblaciones callampas y la construcción de nuevas viviendas como la Remodelación San Borja, en cuyas cercanías fue construido el Edificio Diego Portales.

En 1967 fue inaugurado el nuevo Aeropuerto Internacional de Pudahuel y, tras años de discusión, en 1969 se daría inicio a la construcción del Metro de Santiago, cuya primera etapa correría bajo el tramo occidental de la Alameda y que sería inaugurada en 1975. El Metro se convertiría en una de las construcciones más prestigiosas de la ciudad y en los años siguientes seguiría expandiéndose, llegando a dos líneas perpendiculares a fines de 1978. Las telecomunicaciones tendrían además un importante desarrollo, reflejado con la construcción de la Torre Entel, que desde su construcción en 1975 sería uno de los símbolos de la capital al ser la estructura más alta del país por dos décadas.

Tras el golpe de Estado de 1973 y el establecimiento del Régimen Militar, la planificación urbana no tuvo grandes cambios hasta inicio de los años 1980, cuando el gobierno adoptó un modelo económico neoliberal y el rol de organizador pasa del Estado al mercado. En 1979 se modifica el plan regulador, extendiendo el radio urbano a más de 62.000 hectáreas para el desarrollo inmobiliario, provocando una nueva expansión descontrolada de la ciudad, llegando a las 40.619 ha de extensión a comienzos de los años 1990, especialmente en la zona de La Florida, que en el censo de 1992 se convirtió en la comuna más populosa del país, con 328.881 habitantes. En tanto, un fuerte terremoto azotó la ciudad el 3 de marzo de 1985, que aunque causó escasas víctimas, dejó numerosos damnificados y destruyó muchas edificaciones de antigüedad.

Con el inicio de la Transición en 1990, la ciudad de Santiago ya sobrepasaba los cuatro millones de habitantes, que habitaban preferentemente en la zona sur: La Florida era seguida en número de habitantes por Puente Alto y Maipú. El desarrollo inmobiliario en estas comunas y otras como Quilicura y Peñalolén se debió en gran medida a la construcción de conjuntos habitacionales para familias de clase media. En tanto, las familias de altos ingresos avanzaron hacia la Precordillera y el llamado Barrio Alto, aumentando la población de Las Condes y dando origen a nuevas comunas como Vitacura y Lo Barnechea. Por otro lado, si bien la pobreza comenzó a bajar considerablemente, se mantuvo la fuerte dicotomía entre la pujante urbe globalizada y los barrios marginales dispersos a lo largo de la capital.

La zona de Avenida Providencia se consolidó como un importante eje comercial en el sector oriente y hacia los años 1990, este desarrollo se extendió al Barrio Alto que se convirtió en un atractivo polo para la construcción de edificios de gran altura. Las principales empresas y corporaciones financieras se establecieron en la zona, dando origen a un moderno y pujante centro empresarial conocido como Sanhattan. La partida de estas empresas al Barrio Alto y la construcción de centros comerciales alrededor de toda la ciudad, provocaron una crisis en el centro urbano, el cual debió reinventarse: sus principales calles comerciales se convirtieron en paseos peatonales (como el Paseo Ahumada) y se instituyeron beneficios tributarios para la construcción de edificios residenciales, atrayendo principalmente a adultos jóvenes.

En estos años, la ciudad comenzó a enfrentar una serie de problemas generados por el desordenado crecimiento experimentado. La contaminación atmosférica alcanzó niveles críticos durante los meses de invierno y una capa de esmog se instaló sobre la ciudad, por lo que las autoridades debieron establecer medidas legislativas para las industrias y la restricción vehicular a los automóviles. A eso se sumó que la gran extensión de la ciudad hizo colapsar el sistema de transporte. El Metro debió ser ampliado considerablemente extendiendo sus líneas y creando tres nuevas líneas entre 1997 y 2006 en el sector sureste, mientras una nueva línea para Maipú a inaugurarse hacia 2010 dejaría al ferrocarril metropolitano con una extensión de 105 km. En el caso de los autobuses, el sistema sufrió una importante reforma a comienzos de los años 1990 y luego en 2007 con el establecimiento de un plan maestro de transportes conocido como Transantiago, el cual ha enfrentado una serie de problemas desde su puesta en marcha.

A medida que entra en el siglo XXI, Santiago persiste en su acelerado desarrollo. Diversas autopistas urbanas han sido construidas, el Barrio Cívico fue renovado con la creación de la Plaza de la Ciudadanía y se comienza la construcción de la Ciudad Parque Bicentenario para la conmemoración del bicentenario de la República. El desarrollo de la edificación de altura continúa en el sector oriente, el cual culminará en 2009 con la apertura de los rascacielos Titanium La Portada y Costanera Center.

La ciudad de Santiago está emplazada principalmente en un llano conocido como «cuenca de Santiago». Esta cuenca es parte de la Depresión Intermedia y está delimitada claramente por el cordón de Chacabuco por el norte, la Cordillera de los Andes por el oriente, la angostura de Paine por el sur y la Cordillera de la Costa. Aproximadamente, tiene una longitud de 80 km en dirección norte-sur y de 35 km de este a oeste.

Hace cientos de millones de años, el actual territorio de la ciudad estaba cubierto por el océano y sedimento marino, siendo la única masa terrestre cercana la ya existente Cordillera Costera. La morfología de la región comenzaría a tomar su aspecto actual desde fines del Paleozoico, cuando comienza la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana, perteneciente en ese entonces al continente de Gondwana. Esta subducción generaría el plegamiento de la corteza terrestre a partir del Triásico, levantando las rocas que darían origen a los Andes. Posteriormente, nuevas actividades tectónicas generarían el hundimiento de la gran masa rocosa levantada formando la Depresión Intermedia.

La morfología regional seguiría cambiando. Los períodos glaciares cubriría la región con hielo formando morrenas. El fuerte vulcanismo presente en dicha época, generaría una serie de erupciones volcánicas lanzando grandes flujos piroclásticos y provocando el derretimiento de los glaciares. Esto generaría el depósito de más sedimentos en el valle, complementado posteriormente por el arrastre fluvial. La sedimentación del valle continuaría por miles de años e incluso los últimos grandes acontecimientos, correspondientes a violentas erupciones volcánicas, se remontarían a menos de 5.000 años atrás. Estos sedimentos permitirían la existencia de una fértil cuenca y cubrirían al relieve anterior a la formación andina, dejando expuestas únicamente las cimas de algunos cerros, conocidos como "cerros islas".

En la actualidad, Santiago yace principalmente en el llano de la cuenca, con una altitud entre los 400 en las zonas más occidentales y llegando a los 540 en la Plaza Baquedano, presentando algunos lomajes en el sector de Cerrillos. El área metropolitana ha rodeado a algunos de estos cerros islas, como en el caso del cerro Santa Lucía, el cerro Blanco, el Calán y el Renca, que con 800 msnm es el punto a mayor altitud de la ciudad. Al sudoeste de la ciudad existe un cordón rocoso de varios cerros islas, dentro del que destaca el cerro Chena. Hacia el poniente también se presentan algunas de las principales alturas de la Cordillera de la Costa, como el cerro Roble Alto con 2.185 metros de altitud, siendo la zona del río Maipo la única en que la cordillera pierde altitud.

Durante las últimas décadas, el crecimiento urbano ha expandido los límites de la ciudad hacia el sector oriente acercándose hacia la Precordillera andina, habitando los conos de deyección existentes. Incluso en zonas como La Dehesa, Lo Curro y El Arrayán, se ha llegado a superar la barrera de los 1.000 metros de altitud. Algunas estribaciones de baja altura se desprenden de los Andes y se adentran en la cuenca, como es el caso del cordón montañoso del cerro La Pirámide y el cerro San Cristóbal, en el sector nororiente de Santiago.

Al oriente, se alza maciza la llamada Sierra de Ramón, una cadena montañosa formada en los contrafuertes de la Precordillera debido a la acción de la falla de Ramón, alcanzando los 3.296 msnm en el cerro de Ramón. 20 km más al oriente, se encuentra la Cordillera de los Andes con sus cadenas de montañas y volcanes, muchos de los cuales superan los 6.000 msnm y en los que se mantienen algunos glaciares. El más alto es el volcán Tupungato con 6.570 msnm, ubicado cerca del volcán Tupungatito, de 5.913 metros de altitud. Hacia el nororiente se ubican el cerro El Plomo (5.424 msnm) y el Nevado El Plomo con 6.070 metros de altitud. Hacia el sureste de la capital, en tanto, se ubican el Nevado Los Piuquenes (6.019 msnm), el volcán San José (5.856 msnm) y el volcán Maipo (5.323 msnm). De estas cimas, tanto el Tupungatito como el San José y el Maipo son volcanes activos.

La ciudad de Santiago está enclavada en la cuenca hidrográfica del río Maipo, que abarca una superficie aproximada de 15.380 km². El cauce principal nace en la cordillera al sureste de Santiago, en los faldeos del volcán homónimo y desciende por la cordillera en forma de un cañón conocido como el Cajón del Maipo. En esta zona confluyen tres importantes cauces tributarios: el río Volcán que nace bajo el volcán San José y presenta algunas termas como Baños Morales, el río Yeso en cuyo cauce superior se localiza el embalse El Yeso, que es la principal reserva de agua potable para toda la Región Metropolitana, y el río Colorado. Tras salir de la zona de la precordillera, el Maipo ingresa a la cuenca de Santiago, acercándose al radio urbano de la ciudad marcando la frontera entre la comuna de Puente Alto y la recién incorporada comuna de Pirque. Posteriormente el río se aleja hacia el suroeste, siendo de gran importancia para el desarrollo agrícola en las zonas rurales en torno a Santiago, para seguir finalmente su camino hacia el Océano Pacífico, desembocando en la localidad de Llolleo, en la V Región de Valparaíso.

Sin embargo, el río más importante para la ciudad es el río Mapocho, en cuyas riberas se forjó la urbe en la época colonial. El Mapocho es el principal afluente del Maipo, juntándose con éste en el sector de El Monte, al suroeste de la conurbación, luego de su largo recorrido desde su nacimiento. El río surge por la confluencia de varios esteros de la zona nororiente de los Andes de la Región Metropolitana y posteriormente baja hasta el llano a través de desfiladeros de la Precordillera y penetra directamente en la zona oriente de la ciudad. El Mapocho cruza en sentido este-oeste cerca de veinte comunas metropolitanas antes de salir por la zona de Pudahuel para luego recorrer zonas agrícolas hasta llegar a El Monte. El régimen del río es mixto, variando entre nival en las zonas más altas y pluvio-nival en las más bajas; durante el año, su caudal puede variar entre los 13,6 m³/s durante noviembre y los 2,3 m³/s de abril.

Con el fin de poder tener más cerca el agua para el desarrollo agrícola de la cuenca, fueron construidos durante el siglo XIX diversos canales de regadío que conectaban el Mapocho con el Maipo, como es el caso del canal San Carlos y el canal Las Perdices. Otros cauces fueron construidos para la canalización de las aguas lluvias provenientes de la cordillera, como el zanjón de la Aguada.

El clima de la ciudad de Santiago corresponde a un clima templado-cálido con lluvias invernales y estación seca prolongada, más conocido como clima mediterráneo continentalizado.

Dentro de las principales características climáticas de Santiago se encuentra la concentración de cerca del 80% de las precipitaciones durante los meses del invierno austral (mayo a septiembre), variando entre 50 y 80 mm de agua caída entre estos meses. Dicha cantidad contrasta con las cifras de los meses correspondientes a una estación muy seca, producida por un dominio anticiclónico ininterrumpido por cerca de siete u ocho meses, principalmente durante los meses de verano, entre diciembre y marzo. En esta estación, el agua caída no supera en promedio los 4 mm. Estas precipitaciones son generalmente compuestas únicamente por lluvia, puesto que la caída de nieve y granizo se produce principalmente en los sectores de la Precordillera sobre los 1.500 msnm; en algunas ocasiones, las nevazones afectan a la ciudad pero sólo en sus sectores más orientales, siendo en muy raras oportunidades extendidas al resto de la urbe.

En cuanto a las temperaturas, éstas varían a lo largo del año, pasando de una media de 20 °C durante el mes de enero a los 8 °C de junio y julio. En el verano, Santiago es caluroso, llegando con facilidad por sobre los 30 °C y su máximo histórico es cercano a los 37°C, mientras que las noches suelen ser agradables y ligeramente frescas sin bajar de los 15 °C. Por su parte, en los meses de otoño e invierno la temperatura desciende y se sitúa algo más bajo de los 10 °C; la temperatura incluso puede bajar levemente de los 0 °C, especialmente durante la madrugada, siendo su mínimo histórico de -6,8 °C en 1976.

La ubicación de Santiago dentro de una cuenca es uno de los factores más importantes del clima de la ciudad. La cordillera costera sirve como "biombo climático" al oponerse a la propagación de la influencia marina, lo que contribuye al aumento de la oscilación térmica anual y diaria (la diferencia entre las temperaturas máximas y mínimas diarias pueden llegar a los 14 °C) y el mantenimiento de una humedad relativa baja cercana a un promedio anual de 70%. Además, evita el ingreso de masas de aire a excepción de cierta nubosidad baja costera que penetra a la cuenca a través de los valles fluviales.

Los vientos predominantes tienen una dirección desde el suroeste, con una intensidad media de 15 km/h, especialmente durante el verano puesto que en el invierno predominan las calmas.

La ciudad de Santiago se ubica en una zona ecológica de tipo esclerófilo conocida como matorral chileno, la cual ha sido fuertemente modificada debido a la utilización de los suelos con fines agrícolas o de expansión urbana. Esto ha producido una rápida degradación de los suelos y la erosión de éstos, lo que ha generado un proceso de desertificación, agravado por la utilización de las aguas subterráneas para el consumo humano, los incendios forestales y el secado de pantanos, entre otros. A pesar de ello, aún quedan algunos reductos de gran importancia para la biodiversidad, como la quebrada de la Plata o la quebrada de Ramón, a lo que se suman las áreas silvestres protegidas ubicadas en los sectores interiores de los Andes.

Dentro de la ciudad, en tanto, el número de áreas verdes alcanzaba hacia 1992 una superficie de 2.686 ha públicas y 2.625 privadas, equivalentes al 2,5% del área urbana consolidada. Considerando dichas cifras, el promedio por cada santiaguino era de 5,7 m² de área verde, por debajo de los 9 m² recomendados por la OMS. Sin embargo, dicha cifra es mucho más baja en la actualidad: mientras la ciudad crece cerca de 1.000 hectáreas al año, sólo 8 hectáreas de áreas verdes se crean. A esto hay que sumar el hecho de que del número de hectáreas de espacios verdes, la mitad corresponde a cerros islas que poseen poca vegetación o carecen de ella. Así, descontando estas zonas las cifras se acercarían a 1,5 m² de áreas verdes por habitante. Las cifras, además, presentan gran variación dependiendo de la zona de la ciudad: mientras en el sector oriente se llega a los 20 m² por habitante, en el sector sur apenas logran superar 1 m².

Un grave problema medioambiental que sufre Santiago corresponde a la contaminación atmosférica existente. El enclaustramiento de la ciudad produce la acumulación de una capa de esmog sobre la ciudad desde las últimas décadas, lo que se ve agravado durante los meses invernales debido a diversos fenómenos climáticos como la inversión térmica y la vaguada costera y la considerable reducción de las masas de aire circulante en la cuenca. Esto, sumado al frío propio de la temporada, produce un aumento considerable de las afecciones respiratorias, principalmente de infantes y adultos mayores, que llegan incluso a colapsar el sistema de atención de salud de Santiago.

Esta contaminación posee diversos componentes químicos tóxicos, como SO2, CO, O3 y NO2, sumado a los diversos tipos de material particulado en suspensión (producido en un 49% por fuentes móviles y un 29% por fuentes fijas). Los niveles de acumulación de estas sustancias son medidas por siete estaciones de monitoreo de calidad del aire instaladas entre 1988 y 1977 en toda la ciudad. Las mediciones de estas estaciones sumado a los análisis meteorológicos permiten a las autoridades encargadas decretar medidas extraordinarias para la disminución de la contaminación, que son denominadas "alerta ambiental", "preemergencia ambiental" y "emergencia ambiental". En los últimos años, los niveles de contaminación ambiental han descendido considerablemente: en 1989, el nivel promedio de material particulado respirable era de 103,3 μg/m³, mientras en 2004 la cifra llegó a los 60,9 μg/m³, lo cual aún es muy superior a la norma de 50 μg/m³ establecida por el gobierno. En el caso del material particulado más fino (MP 2.5) las cifras muestran una reducción de 68,8 a 29,3 μg/m³ en el mismo período, mientras las situaciones de alerta ambiental bajaron de 38 en 1997 a 9 en 2004, las preemergencias de 37 a 4 y las emergencias de 4 a ninguna.

Los cauces hídricos también tienen altos grados de contaminación, principalmente debido al depósito de residuos industriales y de aguas servidas. El río Mapocho, el río Maipo y el zanjón de la Aguada son los cauces más afectados, pero en los últimos años han surgido diversas iniciativas para reducir estos problemas. Diversas plantas de tratamiento han sido construidas y en 2006 su cobertura ya alcanzaba el 75% de las aguas servidas urbanas, mientras que un proyecto de Aguas Andinas pretende construir un ducto de 28 kilómetros para eliminar las descargas de aguas servidas al Mapocho hacia el año 2009. Finalmente, la ciudad produce una gran contaminación lumínica lo que ha afectado y prácticamente imposibilitado el trabajo de diversos recintos astronómicos ubicados al interior de la ciudad.

A diferencia de otras grandes ciudades y áreas metropolitanas del mundo, Santiago de Chile carece de un gobierno metropolitano encargado de su administración, la cual actualmente es repartida por diversas autoridades, lo que complica el funcionamiento de la ciudad como una única entidad.

Con la actual estructura territorial del país, éste se divide en tres niveles (regiones, provincias y comunas), pero Santiago no se ajusta perfectamente con ninguna de ellos. Aunque la Región Metropolitana de Santiago fue creada en 1976 para englobar un área metropolitana creada dos años antes, a partir de la antigua provincia de Santiago, ésta incluye una serie de localidades alejadas de la urbe principal, como Melipilla o Talagante. A nivel provincial, el Gran Santiago sobrepasa los límites de la actual Provincia de Santiago, incluyendo a las de Cordillera, Maipo y Talagante. A nivel comunal, la ciudad está compuesta por una treintena de éstas.

En general, dos tipos de órganos son las que intervienen en la administración de la ciudad. Por un lado, están las treinta y seis municipalidades, encargadas de la administración local de cada comuna, y dirigidas por un alcalde y asesorado por un concejo, electos por votación popular; mientras que el encargado de la administración superior de la Región Metropolitana es el Gobierno Regional, formado por el Consejo Regional, electo indirectamente, y el Intendente, que lo preside y es designado directamente por el Presidente de la República; además, al mismo Intendente le corresponde el gobierno de la región, como representante natural e inmediato del Presidente de la República, actuando en general, dentro de sus posibilidades, como coordinador para las materias que afecten a varias comunas. Desde enero de 2008, el cargo de Intendente Metropolitano de Santiago es desempeñado por Álvaro Erazo.

Cuando se creó la Región Metropolitana de Santiago, no se creó la figura de gobernador provincial, para la provincia de Santiago, y en su lugar quedó a cargo el propio Intendente. En 2001, se creó el cargo de "Delegado provincial", que ejerce las funciones de gobernador, en representación del Intendente, aunque posee un rol bastante menor, al igual que los propios gobernadores provinciales del país.

En la época colonial, el encargado de la administración local era el Cabildo de la ciudad, que cambió de denominación a Municipalidad con la Constitución de 1823. Desde 1833, toda la ciudad y las localidades del departamento fueron administradas por la misma municipalidad, que comenzó a ser denominada "municipalidad departamental", y que era presidida por el intendente provincial. La elección de los municipales (3 alcaldes y regidores) se introdujo en 1876.

Con el paso de los años y la constante expansión de la ciudad, fue necesaria la división del territorio, con el fin de mejorar la administración y aumentar la participación local en la toma de decisiones. En 1891, se dicta la Ley de Organización y Atribuciones de las Municipalidades (más conocida como Ley de Comuna Autónoma), que en el caso de Santiago estipulaba la creación de 10 circunscripciones, compuestas por una "junta local" de tres municipales electos y que unidas conformarían la municipalidad. El Decreto de Creación de Municipalidades dividió definitivamente los departamentos en nuevos municipios que agrupaban una o más subdelegaciones alejadas de la cabecera departamental. La municipalidad de Santiago quedó compuesta por las circunscripciones de Santa Lucía, Santa Ana, Portales, Estación, Cañadilla, Recoleta, Maestranza, Universidad, San Lázaro y Parque Cousiño. Además se crean otras municipalidades rurales en torno a la ciudad: Ñuñoa, Maipú, Colina, Lampa y Renca, las cuales con el paso de los años seguirían subdividiéndose en nuevas municipalidades.

Posteriormente, con la Constitución de 1925 surge en Chile la comuna como la división territorial de una municipalidad. En este nuevo marco constitucional, la comuna –división administrativa– equivale a la subdelegación –división política–. En 1927, se integra al departamento de Santiago el de La Victoria, que tenía como cabecera la ciudad de San Bernardo, y se suprimen las 10 comunas urbanas y se crea la comuna de Santiago, administrada por la municipalidad homónima. En las décadas siguientes, son creados cuatro nuevos departamentos (San Bernardo, Talagante, Puente Alto y Presidente Aguirre Cerda), creándose nuevos núcleos urbanos, mientras varias de las comunas de carácter rural son alcanzadas por la expansión de la urbe santiaguina.

Con el proceso de regionalización de los años 1970, se suprimen los departamentos, organizándose el país, a nivel local, en comunas administradas por municipalidades; además en 1974 se crea el Área Metropolitana de Santiago, que comprendía la antigua provincia de Santiago, con exclusión del departamento de San Antonio, y cuyo régimen de gobierno y administración se fijaría por una ley especial. Sin embargo, en 1976 pasó a ser la Región Metropolitana, dividida en tres provincias, y éstas en comunas.

En la actualidad, la ciudad de Santiago se expande a lo largo de treinta y seis comunas de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas; veintiséis de éstas están completamente urbanizadas y las restantes de manera parcial. De las 36 comunas, están las 32 que conforman la provincia de Santiago, dos de la provincia de Cordillera y una de la de Talagante y de la del Maipo. A éstas se suman las localidades de La Obra y Las Vertientes, pertenecientes a la comuna de San José de Maipo, y que han sido absorbidas por el Gran Santiago.

En el año 2006, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile (MINVU) realizó un estudio en el que definió como parte del "Santiago Metropolitano", además de los mencionados anteriormente, a los sectores urbanos de la comuna de Peñaflor, la ciudad de Colina y las localidades de Alto Jahuel, Buin y Viluco en la comuna de Buin, Bajos de San Agustín en Calera de Tango y Batuco, Estación Colina y Lampa, en la comuna de Lampa.

Desde su fundación, Santiago ha sido la capital de Chile y su principal ciudad. Durante la época colonial, el Gobernador del Reyno de Chile tenía su residencia frente a la Plaza de Armas –sin perjuicio que Concepción fue el centro de las acciones militares a inicios de la Guerra de Arauco, pasando el gobernador largas temporadas en dicha ciudad– y la Real Audiencia tuvo su sede en la ciudad desde 1609 hasta 1811, siendo reabierta durante la Reconquista (1814-1818).

Con la independencia del país, la capitalidad se mantuvo en Santiago, donde se asentaron las nuevas instituciones políticas. Los órganos representantes de los tres poderes del Estado permanecieron en Santiago desde esa época, a excepción del Congreso Nacional que sesionó en Valparaíso durante 1828 y fue trasladado a dicha ciudad en 1990 con el fin de promover la descentralización del poder. A pesar de ello, buena parte de la actividad política sigue desarrollándose en Santiago, por lo que en varias oportunidades se ha debatido la posibilidad de retornar la sede del Congreso a la capital nacional.

La gran mayoría de los servicios públicos e instituciones del Estado de carácter nacional tienen sede principal en Santiago, siendo muy pocas las excepciones, entre las que se cuentan a la Comandancia en Jefe de la Armada de Chile, la Subsecretaría de Pesca, el Servicio Nacional de Pesca, el Servicio Nacional de Aduanas y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, localizadas en Valparaíso, el Instituto Forestal en San Pedro de la Paz y el Instituto Antártico Chileno en Punta Arenas.

Dicho escudo fue utilizado durante la época colonial, pero durante el siglo XIX perdió uso y en 1863 fue adoptado un nuevo emblema el cual consistía de una imagen de las montañas y el campo en el fondo con el emblema "Mapocho" al centro. Este escudo duraría unos años hasta que en 1913 fuera readoptado el escudo de origen hispano. Posteriormente, sería adoptada una bandera compuesta por dos franjas vertical en color azul y dorado sobre las cuales se impone el escudo de armas.

Con la expansión de la ciudad y su posterior división en comunas, éstas adoptaron sus emblemas propios quedando el uso tanto del escudo como de la bandera restringidos únicamente a la comuna de Santiago.

De acuerdo con los datos recogidos en el censo de 2002 realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas, la población del área metropolitana de Santiago alcanzaba los 5.428.590 habitantes, equivalente al 35,91% del total nacional y al 89,56% del total regional. Esta cifra refleja el amplio crecimiento en la población de la ciudad durante el siglo XX: en 1907 habían 383.587 habitantes, 1.010.102 en 1940, 2.009.118 en 1960, 3.899.619 en 1982 y 4.729.118 en 1992.

El crecimiento de Santiago ha experimentado diversos cambios a lo largo de su historia. En sus primeros años, tuvo una tasa de crecimiento de un 2,68% anual hasta el siglo XVII, bajando posteriormente a cifras menores al 2% anual hasta comienzos del siglo XX. A mediados de dicha centuria se produjo una explosión demográfica que se explica por cuanto, en su condición de capital, absorbió sucesivamente la migración desde los campamentos mineros del norte de Chile durante la crisis de los años 1930 y de población proveniente desde los sectores rurales entre los años 1940 y 1960, principalmente. La gran cantidad de migración sumada a la alta tasa de fertilidad en esa época se reflejaban en cifras de crecimiento anual que alcanzaron a un 4,92% entre 1952 y 1960. Sin embargo, desde fines de dicho siglo, las cifras de crecimiento se han reducido nuevamente, alcanzando el 1,35% a comienzos de los años 2000. De igual forma, el tamaño de la ciudad se ha expandido constantemente. Las 20.000 hectáreas que abarcaba Santiago en 1960, se duplicaron antes de 1980 y en 2002 alcanzó las 64.140 hectáreas. Así, la densidad de población en Santiago es de 8.463,7 hab/Km².

La población de Santiago ha ido envejeciendo durante los últimos años, tanto por la disminución de la fertilidad como por la mejora en la calidad de vida. Para el año 2007 se estimaba que un 32,89% de hombres y 30,73% de las mujeres tenían menos de 20 años, mientras un 10,23% y 13,43% tenía sobre los 60 años, respectivamente. En contraste, en 1990 la cifra de menores de 20 años en total era de 38,04% y de mayores de 60, un 8,86%, y para el año 2020 se estima que ambas cifras serán de 26,69% y 16,79%.

4.313.719 personas en Chile afirman haber nacido en una de las comunas del Gran Santiago según el censo de 2002, lo que equivale a un 28,54% del total nacional. De los actuales habitantes de Santiago, un 67,6% nació en las comunas del área metropolitana mientras un 2,11% es inmigrante extranjero.

Un 3,3% de la población de Santiago afirmó pertenecer a una etnia indígena; un 3,16% de los santiaguinos se considera mapuche, un 0,05% aimará, un 0,03% quechua y un 0,02% como rapa nui.

Debido a la gran expansión que ha tenido Santiago a lo largo de su historia, su población ha expandido los límites iniciales de la ciudad desde el cerro Santa Lucía hasta sectores de la precordillera y las riberas del río Maipo por el oriente hasta los llanos de Maipú por el poniente. Esto ha provocado un constante desplazamiento de los principales centros de concentración de población desde el centro, que ha adoptado el estilo de un distrito financiero, hacia la periferia.

En la actualidad, gran parte de los habitantes se localizan en los sectores periféricos, teniendo las comunas de Puente Alto, La Florida (en el sector sureste) y Maipú (por el suroeste) sobre 400.000 pobladores cada una, duplicando la cantidad de habitantes de la comuna de Santiago. Al analizar las cifras de crecimiento demográfico, las comunas centrales como Santiago, Independencia o San Joaquín tienen cifras negativas, mientras las periféricas superan con facilidad el 4% e incluso el 20% como en el caso de Quilicura, en el extremo noroeste.

La expansión de la ciudad ha generado también la notoria diferenciación entre los distintos sectores de la ciudad. Así por ejemplo, el sector nororiente (agrupando generalmente a las comunas de Providencia, Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea) se ha consolidado como refugio de la clase más acomodada, convirtiéndose en el lugar con mejor calidad de vida del país. Los sectores periféricos, tanto del suroeste como del sureste más Quilicura, se han desarrollado de la mano con el crecimiento de la clase media desde los años 1980, mientras las clases de menos recursos se localizan en diversas comunas del sector sur, norte y norponiente de la capital.

De acuerdo a la encuesta CASEN del año 2006, aproximadamente el 10,44% de los habitantes de Santiago viven bajo la línea de la pobreza. San Bernardo es la comuna con mayor número de pobres, que alcanzan el 20,9% de su población, seguida por Lo Espejo con un 20,1%, Renca con un 19,2% y Padre Hurtado con un 18,7%. Las de más baja tasa son las del sector oriente que no superan el 5% en su conjunto (y Las Condes que alcanza el mínimo con apenas un 2,3%) y San Miguel que tiene un 2,5%, habitada preferentemente por población de clase media.

Producto de su fundación realizada por colonizadores españoles, Santiago fue por muchos años una ciudad profundamente católica. De hecho, el nombre de la ciudad fue colocado en honor a Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles y santo patrono de España. Al igual que en otras partes del país, el catolicismo se mantuvo fuerte hasta comienzos del siglo XX, cuando la laicización del Estado disminuyó su poder a nivel nacional. Aún cuando continúa siendo la principal religión de la ciudad, con el paso de los años ha perdido terreno a causa del ingreso de diversas corrientes protestantes, y al crecimiento del agnosticismo y ateísmo. La Arquidiócesis de Santiago de Chile, a cargo del Cardenal Francisco Javier Errázuriz, ejerce la jurisdicción eclesiástica católica en 33 de las 37 comunas del Gran Santiago; las restantes están bajo la prelatura de la diócesis de San Bernardo.

De acuerdo al último censo, el 67,91% de los santiaguinos mayores de 15 años declaró ser católico. Este porcentaje aumenta principalmente en las comunas de mayores ingresos (Pirque alcanza un 81,8% y Vitacura, un 77,92%) mientras que desciende en las de menores, con un mínimo de 57,84%, en La Pintana. Esto se explica principalmente por el gran aumento de miembros de la iglesia evangélica, a la que adhieren un 13,20% de los santiaguinos y que tiene su máximo número de adeptos en La Pintana, con un 23,82%; en cambio, en Providencia sólo representan un 3,68% de la población.

Otras denominaciones religiosas que tienen importancia son los Testigos de Jehová con un 1,18%, el mormonismo con un 0,92% y el judaísmo con un 0,28%, aunque en comunas como Vitacura y Las Condes supera el 2%. El Islam y la Iglesia Ortodoxa tienen registros ínfimos, con un 0,03% y 0,12% respectivamente y que corresponden principalmente a inmigrantes. Un 5,51% declara pertenecer a otra religión, dentro de las que se incluye la Fe bahá'í, que planea construir su noveno templo mundial y el primero sudamericano en Santiago. Finalmente, un 10,85% de los mayores de 15 años declararon no pertenecer a ninguna religión alcanzando su máximo en las comunas de clase media y media-alta, con un 17,60% en Providencia.

La ciudad de Santiago es el principal polo de desarrollo económico de Chile y uno de los más importantes de toda Latinoamérica. De acuerdo al Banco Central, el producto interno bruto de la Región Metropolitana en 2005 fue de 24.461.582 millones de pesos chilenos (aprox. US$ 35.380 millones) y que era equivalente al 42,68% del PIB total nacional y de un 46,98% del PIB regionalizado nacional. Esta cifra ajustada con la paridad de poder adquisitivo aumenta a US$ 91.000 millones lo que la ubica como la 53º ciudad con más ingresos en el orbe y la quinta a nivel latinoamericano (tras Ciudad de México, Buenos Aires, São Paulo y Río de Janeiro). Para 2020, su PIB (PPA) alcanzaría los US$ 160.000 millones con una tasa de crecimiento anual efectiva de 3,8% y, aunque mantendría su posición a nivel mundial, sería superada a nivel latinoamericano por Bogotá y se ubicaría sólo un puesto arriba de Monterrey.

El 79,81% del producto interno bruto regional proviene del sector terciario destacando que un 26,16% del PIB se origina únicamente gracias a los servicios financieros y empresariales y un 13,99% debido al comercio. La industria produce un 16,50% del PIB, el sector agropecuario apenas un 1,06% y la minería un 0,93% debido principalmente a la cuprífera Disputada de Las Condes. En cuanto a la generación del valor agregado por sectores a nacional, en Santiago se genera un 45,22% del producido por el sector industrial, un 42,93% del sector de la construcción, 52,22% del sector transportes, un 64,37% del comercial y un 76,79% del sector financiero.

En Santiago se ubican las principales instituciones económicas del país, incluyendo la Bolsa de Comercio de Santiago (cuyo principal índice bursátil es el IPSA), y la gran mayoría de las casas matrices de las empresas nacionales y transnacionales. Gracias a la firma de los tratados de libre comercio firmados desde los años 2000 con Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón y Corea del Sur, entre otros, diversas empresas internacionales han usado a Santiago como plataforma de ingreso al mercado latinoamericano. Según la revista América Economía, Santiago es una de las mejores ciudades para hacer negocios en Latinoamérica, quedando en diversas oportunidades entre las primeras posiciones e incluso en 2007 empató en la primera posición junto a Miami. En cuanto al comercio, éste se ha visto potenciado por la creación de varios centros comerciales en diversas zonas de la capital y el auge de los supermercados, aunque en desmedro de los almacenes locales y los tradicionales barrios comerciales como Patronato o Franklin.

La capital es también un importante centro de desarrollo turístico a nivel nacional, al ser la principal puerta de entrada del país a través del aeropuerto internacional y el cercano paso trasandino Los Libertadores; ambos concentran el 55,2% del total de personas que ingresan al país por año, lo que equivale a 1.119.840 personas en 2005. Además, el principal destino turístico nacional: un estudio del Servicio Nacional de Turismo determinó que el 52,3% de los turistas (tanto nacionales como internacionales) tenían como destino la categoría "Santiago y sus alrededores", a los cuales se suma un 2,9% correspondiente a "Centros invernales", ubicados en su mayoría al oriente de la capital. A nivel regional, existen 216 establecimientos hoteleros que totalizan una capacidad de 9.240 habitaciones y 17.147 camas. Esta cifra ha estado en constante aumento desde los últimos años, especialmente en el rango superior a la categoría de 3 estrellas debido al establecimiento de diversas cadenas internacionales.

Los servicios básicos están principalmente en manos de empresas privadas desde fines de los años 1980 y comienzos de los años 1990. Chilectra es la encargada de la distribución eléctrica de Santiago, servida por el Sistema Interconectado Central. En cuanto al agua potable y el servicio de alcantarillado destacan Aguas Andinas, sus filiales y la empresa municipal SMAPA que abarca a Maipú y alrededores. Metrogas es la encargada de la distribución de gas natural proveniente principalmente desde el sur de Argentina a través del gasoducto de GasAndes.

Dentro del área metropolitana de Santiago existen 174 sitios patrimoniales bajo la custodia del Consejo de Monumentos Nacionales, entre los que se encuentran monumentos arquitectónicos, históricos, arqueológicos e incluso barrios y zonas típicas. De éstos, 93 se encuentran dentro de la comuna de Santiago, considerada el centro histórico de la ciudad. Aunque ningún monumento santiaguino ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, tres ya han sido propuestos por el gobierno chileno: el santuario incásico del cerro El Plomo, la iglesia y convento de San Francisco y el Palacio de La Moneda.

En el centro de Santiago se encuentran diversas edificaciones construidas durante la dominación española y que, en su mayoría, corresponden a templos católicos como la Catedral Metropolitana o la ya mencionada iglesia de San Francisco. Otros edificios de la época son aquellos ubicados en los costados de la Plaza de Armas, como la sede de la Real Audiencia, el Correo Central o la Casa Colorada.

Durante el siglo XIX y el advenimiento de la independencia, nuevas obras arquitectónicas comenzaron a erigirse en la capital de la joven república. La aristocracia construyó pequeños palacios para su uso residencial, principalmente en los alrededores del barrio República, y que se conservan hasta la actualidad. A ello se suman otras estructuras que adoptaron corrientes artísticas provenientes de Europa, como el Club Hípico de Santiago, las casas centrales de la Universidad de Chile y de la Universidad Católica, la Estación Central y la Estación Mapocho, el Mercado Central, la Biblioteca Nacional, el Museo de Bellas Artes y el Barrio París-Londres, entre otras.

Diversas áreas verdes en la ciudad contienen en su interior y en sus alrededores diversos sitios de carácter patrimonial. Dentro de los más importantes destacan las fortificaciones del cerro Santa Lucía, el santuario de la Virgen María en la cumbre del cerro San Cristóbal, las fastuosas criptas del Cementerio General de Santiago, el Parque Forestal, el Parque O'Higgins y la Quinta Normal.

En Santiago se ubican las principales compañías de teatro, albergando diversas obras tanto nacionales como internacionales, alcanzando su mayor expresión durante el Festival Internacional de Teatro conocido como Santiago a Mil, el cual se realiza cada verano desde 1994 y que ha congregado a más de un millón de espectadores.

Para la realización de diversos eventos culturales, artísticos y musicales, existen diversos recintos dentro de los que destacan el Centro Cultural Estación Mapocho, el Movistar Arena y el Centro Cultural Matucana 100. Por otro lado, las presentaciones de ópera y ballet son acogidas permanentemente por el Teatro Municipal de Santiago, ubicado en pleno centro de la ciudad y el cual posee una capacidad de 1.500 espectadores.

Existen en la capital 18 cines con un total de 144 salas y más de 32 mil butacas, a los que se suman 5 centros de proyección de cine arte. En los últimos años se han desarrollado diversos festivales de cine en la ciudad, siendo el más destacado el SANFIC, iniciado en 2005 y que en su edición de 2007 contó con más de 300 funciones y 55.000 asistentes.

Para los niños existen diversos centros de entretenimiento, como el parque de atracciones Fantasilandia, el Zoológico Nacional o el Buin Zoo en las afueras de la ciudad. Los barrios Brasil, Bellavista, Suecia y Plaza Ñuñoa concentran gran parte de las discotecas, restoranes y bares de la ciudad, siendo los principales centros de entretenimiento nocturno en la capital. Con el fin de promover el desarrollo económico de las otras regiones, la ley prohíbe la construcción de un casino de juego dentro de la Región Metropolitana, pero en sus cercanías se encuentran el casino de la costera ciudad de Viña del Mar, a 120 kilómetros de distancia de Santiago, y el Monticello Grand Casino en la comuna de Mostazal, 56 kilómetros al sur de Santiago, inaugurado en 2008 y que es el más grande de su tipo en Latinoamérica.

Santiago alberga una gran cantidad de museos de diferentes tipos, dentro de los cuales se encuentran los tres de categoría "Nacional" administrados por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos: el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo Histórico Nacional y el Museo Nacional de Historia Natural.

La mayoría de los museos se ubican en el centro histórico de la ciudad, ocupando las antiguas edificaciones de origen colonial tal como ocurre con el Museo Histórico Nacional, que está ubicado en el Palacio de la Real Audiencia. La Casa Colorada aloja el Museo de Santiago, mientras que el Museo Colonial está instalado en un ala de la iglesia de San Francisco y el Museo de Arte Precolombino ocupa parte del antiguo Palacio de la Aduana. El Museo de Bellas Artes, aunque se ubica en el centro de la ciudad, fue construido a comienzos del siglo XX especialmente para alojar dicho museo y en la parte posterior del edificio fue establecido en 1947 el Museo de Arte Contemporáneo, dependiente de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

El Parque Quinta Normal también posee diversos museos, dentro de los que se encuentran el ya mencionado de Historia Natural, el Museo Ferroviario, el Museo de Ciencia y Tecnología y el Museo Artequín. En otros sectores de la ciudad existen algunos museos como el Museo de los Tajamares en Providencia, el Museo Aeronáutico en Cerrillos y el Museo Interactivo Mirador en La Granja. Este último, inaugurado en 2000 y diseñado principalmente para los niños y jóvenes, ha sido visitado por más de 2,8 millones de asistentes, lo que lo convierte en el museo más concurrido en todo el país.

En cuanto a bibliotecas públicas, la más importante es la Biblioteca Nacional ubicada en pleno centro de Santiago. Sus orígenes se remontan a 1813 cuando fue creada por la naciente república y fue trasladada a sus actuales dependencias un siglo más tarde, las que además albergan la sede del Archivo Nacional. Con el fin de brindar más cercanía a la población, incorporar nuevas tecnologías y complementar los servicios entregados por las bibliotecas municipales y la Biblioteca Nacional, fue inaugurada en 2005 la Biblioteca de Santiago en las cercanías de la Quinta Normal.

De acuerdo a las cifras del censo 2002, el 89,49% de la población de Santiago mayor de 5 años es alfabeta, un poco más que el promedio nacional. Al distribuir a la población mayor de 5 años de edad en función de sus años de escolaridad, la mayoría (18,87%) tiene 12 años mientras un 5,39% afirma no haber cursado por lo menos un año; en promedio, los habitantes de Santiago tienen una escolaridad de 9,26 años de estudio.

En la actualidad, casi la totalidad de los menores entre 5 y 18 años se encuentra cursando la Educación General Básica y la Educación Media, que forman los doce años de educación obligatoria establecida en 2003 por la Constitución. Dentro de la Región Metropolitana existen 2.576 establecimientos urbanos de educación parvularia, primaria y secundaria que equivalen al 21,90% del total nacional, de los cuales 611 son de propiedad municipal, 1.615 de carácter particular subvencionado, 317 particulares y 33 corporaciones de administración delegada. En cuanto al número de alumnos, el total a nivel regional al año 2007 es de 1.405.200 estudiantes de educación parvularia, primaria o secundaria.

La educación superior chilena ha sido objeto históricamente de una alta concentración en la capital chilena. Desde la época colonial, es en esta ciudad de la Capitanía General donde se instalaron los primeros centros de estudio universitarios. En 1622 empezó a funcionar en el convento de los Dominicos la Universidad de Santo Tomás, y al año siguiente los jesuitas inauguraron el Convictorio San Francisco Javier, también conocido como Convictorio Carolino. Este último funcionaría hasta la expulsión y supresión de la Compañía. La matriz religiosa de ambas instituciones fue sobrepasada al crearse por real cédula de Felipe V de 1647 la Real Universidad de San Felipe, que absorbió a la institución dominica. Esta corporación funcionó regularmente hasta el advenimiento de la Independencia de Chile, cuando se creó el Instituto Nacional con el fin de modificar los esquemas de enseñanza superior.

La naciente república crearía en 1842, bajo los auspicios del chileno-venezolano Andrés Bello, la Universidad de Chile, organismo que desempeñaría un rol preponderante y exclusivo en la educación superior por más de cincuenta años. En 1848 es creada también la Escuela de Artes y Oficios, como institución dedicada a la educación técnica. La Escuela conformaría posteriormente el núcleo principal de la Universidad Técnica del Estado (en 1947) y la Universidad de Santiago de Chile (en 1981). A fines del siglo XIX, y ante la actitud laicista adoptada por la universidad estatal, el Arzobispado de Santiago creó en 1888 la Universidad Católica, la que disputaría con la Universidad de Chile la formación de nuevos estudiantes. El centralismo santiaguino en los estudios superiores no sería sobrepasado hasta 1919, cuando se creó la Universidad de Concepción en la ciudad homónima, para atender a los estudiantes del sur del país.

En el año 2005, 49,7% de los estudiantes de educación superior a nivel nacional se concentraban en la Región Metropolitana (donde casi la totalidad de los planteles están dentro del área urbana de Santiago) lo que equivale 663.679 alumnos. De éstos, un 25,77% lo hace en universidades tradicionales, un 44,70% en universidades privadas, un 19,62% en centros de formación técnica y un 9,91% en institutos profesionales. En la ciudad se encuentran ubicadas las casas centrales de las principales universidades del país, cinco de ellas pertenecientes al Consejo de Rectores: de Chile, de Santiago, Católica, UMCE y Tecnológica Metropolitana.

El principal deporte practicado en Santiago es el fútbol, al igual que en el resto del país. En 1903 fue fundada la Asociación de Fútbol de Santiago agrupando a los primeros clubes de este deporte. Aunque Valparaíso era la principal sede del football de la época, Santiago comenzó a rivalizar la hegemonía desde los años 1920 y finalmente la sede de la Federación de Fútbol de Chile trasladó su sede desde el puerto hasta la capital. De los 82 torneos nacionales de fútbol profesional realizados desde 1933, 66 veces ha salido campeón un equipo santiaguino.

En la actualidad, siete equipos de Santiago juegan en el fútbol profesional chileno: Audax Italiano, Colo-Colo, Palestino, Club Deportivo Universidad Católica, Universidad de Chile, Santiago Morning y Unión Española militan en la Primera División. Colo-Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica son considerados como los equipos más importantes del país, alcanzando no sólo importantes participaciones en el campeonato nacional sino también en eventos internacionales (como la Copa Sudamericana o la Copa Libertadores). Entre estos equipos se disputan tradicionalmente el Superclásico y el Clásico Universitario, y en conjunto son los más populares del país, con una adhesión estimada del 89% de la población nacional.

El principal recinto deportivo del país es el Estadio Nacional de Chile, inaugurado en 1938, y que con una capacidad máxima de 75.000 espectadores es la sede de la selección de fútbol de Chile cuendo juega como local. Otros estadios de importancia son el Estadio Monumental David Arellano, el Estadio San Carlos de Apoquindo, el Estadio Santa Laura y el Estadio Municipal de La Florida.

Diversos deportes se practican en Santiago, pero tienen mucha menor concurrencia que el fútbol. Aunque históricamente la ciudad ha albergado los partidos del equipo chileno de Copa Davis (incluyendo la final de 1975), en los últimos años ha perdido la hegemonía en el tenis, incluyendo el traslado del Abierto de Chile a Viña del Mar en 2001. En cuanto al baloncesto, Universidad Católica ha sido campeona 5 veces de la DIMAYOR, donde compite junto a Boston College y Puente Alto CD. El rodeo chileno, a diferencia de las ciudades menores, no se practica mucho y se realizan rodeos principalmente en zonas rurales de comunas como San Bernardo y Maipú o en raras ocasiones en la Medialuna Las Condes. Durante las Fiestas Patrias se realizan más rodeos en la llamada Semana de la Chilenidad.

Santiago tiene una privilegiada ubicación junto a los Andes para el desarrollo de los deportes de invierno. Al nororiente de la ciudad, a menos de 35 kilómetros de distancia, se ubican los complejos invernales de El Colorado, Farellones, La Parva y Valle Nevado, siendo este último el más grande de todo el Hemisferio Sur y sede del campeonato mundial de snowboard organizado por la FIS. Otro centro de esquí, Lagunillas, se ubica al sureste de la capital pero es de menor envergadura que los anteriores.

La ciudad ha albergado diversos eventos de importancia. En Santiago se han disputado las finales de la Copa Mundial de Fútbol de 1962, de la Copa América (1926, 1941, 1945, 1955 y 1991), de la Copa Mundial de Fútbol Juvenil de 1987 y de la Copa Mundial Femenina de Fútbol Sub-20 de 2008. En cuanto a torneos multideportivos, Santiago fue sede de los III Juegos Sudamericanos en 1986 y fue electa sede en múltiples oportunidades de los Juegos Panamericanos, pero por diversas razones nunca los ha albergado. Los problemas económicos y políticos forzaron a la renuncia de los eventos de 1975 y 1987, mientras que los II Juegos Panamericanos de invierno fijados para 1993 fueron cancelados por la ODEPA debido a la falta de interés de los participantes y los problemas administrativos. En 2014, Santiago será sede de los X Juegos Sudamericanos.

La ciudad de Santiago tiene dos principales tipos de conexión con otras localidades del país como del resto del mundo: su aeropuerto internacional y la red de carreteras nacionales. El transporte aéreo utiliza el Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez, localizado en la comuna de Pudahuel, a 13 kilómetros al norponiente del centro de la ciudad. El aeropuerto, que ha sido considerado en múltiples ocasiones como uno de los más modernos de Latinoamérica, fue utilizado en 2007 por 8,4 millones de pasajeros, de los cuales 4,9 eran internacionales y 3,5 domésticos. El aeropuerto de Pudahuel fue inaugurado en 1967 como reemplazo al antiguo Aeropuerto Los Cerrillos, que funcionó como aeródromo hasta su clausura en 2005. Otros lugares de despegue son la Base Aérea El Bosque y el Aeródromo Eulogio Sánchez, pero casi cerrados al transporte de público.

En cuanto a autopistas, la ciudad es atravesada por la Ruta CH-5, un tramo de la Carretera Panamericana. La Ruta CH-5 permite la conexión de Santiago con las ciudades del norte del país a través de la concesionada Autopista del Aconcagua, y con el sur a través de la Autopista del Maipo. La Autopista del Pacífico (CH-68) es una de las más utilizadas, permitiendo la conexión de la capital con el Gran Valparaíso; la Autopista del Sol (CH-78), en tanto, conecta a Santiago con San Antonio y otras ciudades del Litoral Central, mientras que la Autopista Los Libertadores (CH-57) lo hace con las ciudades de San Felipe, Los Andes y el Paso Internacional Los Libertadores.

Diversos servicios de autobuses interurbanos existen en Santiago, siendo uno de las más importantes medios de transporte con otras ciudades chilenas, aunque existen algunos servicios de autobuses a ciudades de los países fronterizos e incluso hasta Brasil. Estos servicios se concentran en los terminales Alameda, Santiago, San Borja y Los Héroes, ubicados en el centro de la ciudad. En el caso del Terminal San Borja también existen algunos recorridos de buses hacia localidades cercanas como Talagante, Peñaflor y Melipilla, que en los últimos años han adquirido el carácter de ciudades dormitorios de Santiago.

El sistema ferroviario chileno tuvo gran esplendor durante la primera mitad del siglo XX, teniendo como eje principal la Estación Central de Santiago. Sin embargo, actualmente está enfocado principalmente al transporte de carga hacia los puertos de San Antonio y Valparaíso. Para el servicio de pasajeros interurbano existen el Metrotrén (que llega a Rancagua y San Fernando) y los servicios EFE Chillán y EFE Temuco.

Santiago concentra el 37,32% del parque vehicular chileno, con un total de 991.838 vehículos, de los cuales 979.346 son motorizados. 805.220 automóviles transitan por la ciudad, los que equivalen al 37,63% del total nacional y a una tasa de un automóvil por cada 7 habitantes. Para sustentar a este enorme parque, una extensa red de avenidas y calles se extiende por todo Santiago con el fin de dar conectividad a las diferentes comunas que conforman el área metropolitana.

El principal eje corresponde al de la Avenida Libertador General Bernardo O'Higgins (más conocida como Alameda) que recorre en sentido suroeste a nororiente la capital, y que se compone además por la Avenida Los Pajaritos al oeste y por las avenidas Providencia y Apoquindo al este. La principal avenida de la ciudad es atravesada por diversos ejes longitudinales (en sentido norte a sur) como las avenidas General Velásquez, Norte-Sur, Gran Avenida-Independencia, Santa Rosa-Recoleta, Vicuña Mackenna y Tobalaba. Junto a la Alameda, otros ejes transversales que componen la red son los de las avenidas Diez de Julio-Irarrázaval, Matta-Grecia y Departamental, entre otros. Para finalizar, la Avenida Circunvalación Américo Vespucio rodea al sector interno de la ciudad facilitando la conexión de los diversos ejes.

Durante los años 2000, y con el fin de mejorar el transporte vehicular en Santiago, fueron construidas diversas autopistas urbanas a lo largo de la capital. General Velásquez y los tramos de la Carretera Panamericana que atraviesan la ciudad fueron convertidos en la Autopista Central, mientras que Américo Vespucio dio paso a las autopistas Vespucio Norte Express, Vespucio Sur y la futura Vespucio Oriente. Siguiendo el borde del río Mapocho, fue construida Costanera Norte comunicando de forma más expedita el sector nororiente de la capital con el aeropuerto y el sector céntrico. Todas estas autopistas concesionadas, que totalizan 210 km de longitud, cuentan con un sistema de peaje free flow.

En cuanto al transporte público, desde comienzos de los años 1990 se han realizado diversos esfuerzos gubernamentales con el fin de solucionar el caótico sistema existente en la ciudad. En 1994 fueron licitados por primera vez los recorridos de las micros amarillas (microbuses identificados con dicho color). A pesar de ello, el sistema mantuvo graves problemas por lo que fue ideado un nuevo sistema de transporte, denominado Transantiago. Este proyecto entró a operar el 10 de febrero de 2007, combinando servicios troncales que cruzan la urbe con recorridos alimentadores de carácter local, los cuales poseen un sistema unificado de pago a través de la tarjeta bip!. Transantiago, sin embargo, ha tenido una serie de errores de diseño e implementación que aún no han podido ser resueltos y han puesto en jaque su éxito.

Uno de los ejes fundamentales de Transantiago es el Metro de Santiago, que desde su creación en 1975, es considerado como uno de los sistemas de transporte más eficientes y modernos de Latinoamérica. Diariamente, más de 2 millones de personas transitan por sus cinco líneas (1, 2, 4, 4A y 5), que se extienden por más de 84 kilómetros y 89 estaciones. Hacia 2010, nuevas extensiones hasta las comunas de Maipú y Las Condes, elevarían a más de 105 km la red del ferrocarril subterráneo.

Otros sistemas de transporte local incluyen los servicios de 25 mil taxis y 11 mil taxis colectivos, identificados por automóviles de color negro y techo amarillo. En cuanto al ciclismo, en los últimos años se ha intentado promover el uso de bicicletas con la construcción de ciclovías, pero aún su número se mantiene reducido.

En el Gran Santiago están disponibles prácticamente todos los servicios de comunicaciones existentes, desde teléfonos públicos hasta redes inalámbricas de banda ancha. La telefonía fija, cuyo prefijo telefónico es 2, abarca casi la totalidad de los hogares de Santiago a través de las empresas Telefónica Chile, VTR Globalcom, GTD Manquehue y Entel Chile, mientras que la telefonía móvil (a cargo de Movistar, Entel PCS y Claro Chile) ha tenido un gran crecimiento durante los años 2000 alcanzando gran penetración de mercado. De igual forma, los servicios de internet se han expandido de manera importante durante la misma década.

Santiago concentra casi la totalidad de los medios de comunicación del país, tanto en televisión, radio y prensa. Televisión Nacional de Chile, Canal 13, Mega, Chilevisión, Red Televisión y Telecanal tienen sede en la capital, siendo UCV Televisión la única cadena de alcance nacional localizada fuera de Santiago. En el caso de la prensa, está dominada por dos grandes consorcios: El Mercurio S.A.P. (que publica el periódico homónimo, Las Últimas Noticias y el vespertino La Segunda) y COPESA (que publica La Tercera, La Cuarta y La Hora). A éstos se suman el estatal La Nación, el gratuito Publimetro y una infinidad de revistas y semanales como The Clinic.

Al igual que en el resto del país, la seguridad de la población de Santiago está en manos de Carabineros de Chile, que tiene 44 comisarías, a lo largo de la capital más cuatro comisarías de fuerzas especiales, una montada, dos de menores, una de asuntos familiares y una subcomisaría, las cuales se reparten en cinco prefecturas: Centro, Oriente, Occidente, Norte, Sur y Cordillera. A ellos se suma la labor de la Policía de Investigaciones de Chile y de los servicios de los diversos organismo del Poder Judicial.

Santiago es considerada como una de las ciudades más seguras de Latinoamérica con una tasa de homicidio que según algunos estudios varía entre 2 y 6 homicidios al año por cada 100.000 habitantes. A nivel nacional, es la séptima de menor tasa de victimización dentro de las 17 ciudades más grandes del país, con un 30,1% de habitantes que tienen al menos un miembro de su familia que ha sido víctima de robo o intento de robo durante los últimos seis meses, cifra 0,5% menor que el promedio nacional. Al desglosar esa cifra por comunas, las menores tasas se encuentran en las comunas del sector nororiente con Las Condes liderando con apenas un 18%; por el contrario, las comunas con mayor tasas de victimización son Conchalí y El Bosque con un 38,9% y 38,5% respectivamente. El centro de la ciudad, en tanto, tiene una baja tasa de victimización de un 20,9%, producto de hurtos y robos.

A pesar de ser considerada como una ciudad “relativamente segura”, el nivel de temor en la población ha crecido de manera importante en el último tiempo. En 2007, un 22% de la población del Gran Santiago manifestaba un “alto temor” de sufrir algún tipo de crimen en su contra, mientras en años anteriores las cifras eran considerablemente menores (en 2000 era de un 13,4% y en 2005 de un 15,8%). En comparación con otras ciudades del país, el promedio de este índice fuera de la capital es de un 15,9% e incluso esta cifra es mayor que en las ciudades con mayor tasa de victimización: Iquique y Talca que poseen un 37,5% y 35,9% de victimización, sólo un 17,7% y un 18,9% de la población respectiva manifiesta un “alto temor”. En el desglose por comunas, nuevamente las cifras más bajas están en el sector oriente, con Ñuñoa con un 10%, y las más altas en El Bosque, con un 32,5%. Este alto grado de inseguridad que siente la población ha sido descrito como producto de las enormes brechas que diferencian a los habitantes de la ciudad y el rol de los medios de comunicación, entre otros.

En cuanto a las tasas de denuncias de los delitos de mayor connotación social, las comunas de Santiago tienen las más altas cifras a nivel nacional. El promedio regional es de 800 denuncias por cada cien mil habitantes (la mayor del país) y 11 comunas del Gran Santiago están dentro de las 20 con cifras más altas. Santiago Centro lidera la lista con una tasa de 3.646,7 denuncias, seguida por Providencia con 2.271,1. Por otro lado, cinco comunas del área metropolitana están dentro de las veinte que tienen menos denuncias: la menor es la tasa de Cerro Navia que alcanza las 341 denuncias por cada cien mil habitantes, seguida por Maipú con 352,4. Finalmente, en cuanto al número efectivo de delitos, 220.255 personas fueron aprehendidas durante el año 2004 (de los cuales más del 83% eran hombres) principalmente por delitos contra la propiedad como robo y hurto.

Además, Santiago pertenece a la red de Mercociudades, firmada por 180 urbes de los países miembros del Mercosur, y a la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI), protocolo firmado por todas las ciudades capitales de Iberoamérica más Barcelona y Río de Janeiro.

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Arquidiócesis de Santiago de Chile

Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, actual Arzobispo de Santiago celebrando una misa junto al Obispo auxiliar de la Arquidiócesis, Monseñor Cristian Contreras.

La Arquidiócesis de Santiago es una de las cinco existentes en el territorio de la República de Chile, siendo la que alberga a la mayoría de los católicos de este país. Su sede episcopal se encuentra en la ciudad de Santiago, siendo la Catedral Metropolitana la más importante. Se extiende por 28 de las 37 comunas del Gran Santiago y es dirigida por un arzobispo. En la actualidad es el Cardenal don Francisco Javier Errázuriz Ossa.

El territorio jurisdiccional limita por el norte con las Diócesis de Valparaíso y la Diócesis de San Felipe, mientras que por el oeste con las Diócesis de Valparaíso y Melipilla, por el este con la Arquidiócesis de Mendoza (Argentina) y por el sur con la Diócesis de San Bernardo.

La Arquidiócesis de Santiago de Chile cuenta en la actualidad con 4.700.000 habitantes aproximadamente, de los cuales el 68,7%, -es decir 3.130.000- se declara católico, según el censo del año 2002. Ocupa un territorio de 9.300 km² y comprende el 78% de la Región Metropolitana, con 30 comunas. Estas son: Colina, Tiltil, Lampa, Quilicura, Huechuraba, Renca, Conchalí, Independencia, Recoleta, Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes, Providencia, La Reina, Ñuñoa, Macul, Peñalolén, La Florida, Puente Alto, parte de La Pintana, San Ramón, La Cisterna, La Granja, Lo Espejo, San Miguel, San Joaquín, Pedro Aguirre Cerda, Santiago, Cerrillos, Maipú, Estación Central, Pudahuel, Lo Prado, Quinta Normal y Cerro Navia.

Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, I.S.P.Sch. Cardenal presbítero del Título de Santa María de la Paz.

Secretario Privado y de Audiencias: Diác. en tránsito Guillerno Greene Pinochet.

El 13 de diciembre de 1540 llegaba al valle del río Mapocho la expedición de Pedro de Valdivia. Le acompañaban tres sacerdotes: don Rodrigo González Marmolejo, don Juan Lobo y don Diego Pérez. Con ellos se constituía la primera Iglesia en Santiago del Nuevo Extremo, fundada el 12 de febrero de 1541. 20 años después, el Papa Pío IV creó la diócesis de Santiago el 27 de junio de 1561. Su primer obispo titular fue el bachiller González Marmolejo, quien por razones de enfermedad no pudo tomar posesión de la sede y esta fue tomada por medio de un apoderado.

Durante toda la colonia resaltan las actividades misioneras llevadas a cabo por las órdenes religiosas: mercedarios, dominicos, franciscanos, jesuitas y agustinos. El obispo don Juan González Melgarejo emprendió la construcción de la actual catedral en 1745.

Con el advenimiento de la Independencia de Chile, desde 1810 en adelante los grupos patriotas entran en conflicto con la Iglesia, dada la lealtad de ésta última con la Corona española. Salvo algunos destacados ejemplos, con fray Camilo Henríquez, la gran mayoría del clero apoyó la causa realista. Entre ellos se encontraba el sacerdote don José Santiago Rodríguez Zorrilla. Después de la victoria de la causa patriota en la Batalla de Chacabuco, Rodriguez Zorrilla partió por dos oportunidades al destierro.

La Santa Sede, en concomitancia con la España, deciden no nombrar un nuevo obispo hasta la muerte de cada uno de los titulares exiliados (cosa que sucedió en toda América Latina), por lo que la principal sede chilena estuvo vacante hasta 1832. Recién ese año se establecen vínculos formales entre la nueva república y el Vaticano, con el nombramiento de don Manuel Vicuña Larraín como obispo de la sede. Esta renovación conllevó el restablecimiento del seminario, con la consiguiente educación de un nuevo clero local.

El 23 de junio de 1840 el Papa Gregorio XVI expidió la bula por la cual se elevó ha arzobispado la sede de Santiago, siendo su primer Arzobispo el mismo obispo Vicúña Larraín. A la muerte de este último en 1848, fue designado para el cargo don Rafael Valdivieso. En 1859 el arzobispo realizó la "visita ad limina" y en 1869 participó en el Concilio Vaticano I. El fallecimiento de Valdivieso trajo un largo período de vacancia.

En 1886 es designado don Mariano Casanova en la sede, quien fundó la Universidad Católica de Chile en 1888, al igual que el Santuario de la Inmaculada Concepción en la cima del cerro San Cristóbal.

El nuevo siglo trae nuevos desafíos a la iglesia chilena, ya que al dictarse la Constitución de 1925, se establece la separación de la Iglesia-Estado. Es el arzobispo don Crescente Errázuriz Valdivieso (nombrado en 1918) quien tiene que enfrentar esta situación. En 1939 es designado Monseñor José María Caro Rodríguez en el cargo, quien llegará a ser el primer arzobispo chileno creado cardenal de la Iglesia Católica. Durante el gobierno del Cardenal Caro una gran cantidad de misioneros de otros países vinieron a colaborar en el trabajo en las parroquias. En 1945, el sacerdote jesuita San Alberto Hurtado crea el Hogar de Cristo mientras que Alfredo Ruiz-Tagle organiza Fundación “Mi Casa”. Tras la muerte del Cardenal Caro en 1959, asume como Administrador Apostólico de Santiago (Sede Plena) Mons. Emilio Tagle Covarrubias.

El 24 de junio de 1961, el Papa Beato Juan XXIII nombra arzobispo a Mons. Raúl Silva Henríquez, entonces Obispo de Valparaíso, siendo creado cardenal al año siguiente por el mismo Pontífice. Organizó la Gran Misión de Santiago y el Sínodo Arquidiocesano para aplicar las orientaciones del Concilio Vaticano II, en el cual participó. Durante su gobierno eclesiástico impulsa la Reforma agraria en los predios de la Iglesia, mientras debe afrontar los Gobiernos de Allende y Augusto Pinochet, realizando una destacada labor en defensa de los Derechos Humanos por medio del Comité Pro-Paz y, posteriormente, la Vicaría de la Solidaridad.

El 10 de junio de 1983, el Siervo de Dios Papa Juan Pablo II nombra a Mons. Juan Francisco Fresno Larraín (entonces Arzobispo de La Serena), como nuevo arzobispo metropolitano, siendo creado cardenal en 1985. En 1987 visitó Chile Juan Pablo II, en una extensa visita apostólica. Durante esta visita, el Papa eleva a la monja carmelita Teresa de los Andes al rango de beata en una gran y polémica celebración realizada en el Parque O'Higgins.

En abril de 1990, Mons. Carlos Oviedo Cavada, entonces Arzobispo de Antofagasta, asume el gobierno de la arquidiócesis y es creado Cardenal en noviembre de 1994. Monseñor Oviedo convocó al IX Sínodo de Santiago, el cual fue promulgado el 4 de noviembre de 1997. Debido a una grave enfermedad pulmonar, renunció en febrero de 1998, falleciendo en diciembre del mismo año. Entre febrero y abril de ese año, asume el gobierno interino de la Arquidiócesis Mons. Sergio Valech Aldunate, Obispo Auxiliar de Santiago, en calidad de Administrador Apostólico. En abril de 1998 es nombrado como nuevo Arzobispo Metropolitano Mons. Francisco Javier Errázuriz Ossa, quien recibe el palio de manos de Juan Pablo II el 29 de junio de ese año. Es creado Cardenal Presbítero el 21 de febrero de 2001, recibiendo el título de Santa María della Pace.

Antiguamente la diócesis de Santiago comprendía todo el territorio de Chile, incluyendo la provincia de Cuyo y la Provincia de Tucumán, Juríes y Duaguitas. A lo largo de su historia, la diócesis ha conocido 8 desmembramientos. El primero fue el 22 de marzo de 1563, al ser creada la Diócesis de La Imperial (hoy, Concepción). El segundo, el 28 de mayo de 1570, al erigir Su Santidad Pío V la Diócesis de Córdoba, asignándosele la Provincia de Tucumán, Juríes y Diaguitas. Posteriormente, el 28 de mayo de 1806, al ser erigida la Diócesis de Salta, los territorios de la provincia de Cuyo fueron anexados a la Diócesis de Córdoba. Éste fue el tercer desmembramiento, cuya entrega canónica se verificó el 10 de octubre de 1809. Más tarde, el 1 de julio de 1840, Su Santidad Gregorio XVI efectuó el cuarto desmembramiento al erigir la Diócesis de La Serena. El 18 de octubre de 1925, Su Santidad Pío XI crea 4 nuevas diócesis en el territorio de la Arquidiócesis: la Diócesis de San Felipe, la Diócesis de Valparaíso, la Diócesis de Rancagua y la Diócesis de Talca. Más recientemente, el 13 de julio de 1987 fue desmembrada la Arquidiócesis de Santiago para crearse la Diócesis de San Bernardo, y el 4 de abril de 1991, la Diócesis de Melipilla.

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Historia de Santiago de Chile

Escudo de armas de Santiago de Chile

La historia de Santiago de Chile se remonta a los primeros habitantes de la cuenca del río Maipo, aproximadamente en el X milenio a. C. Sin embargo, recién en el siglo XV con la conquista de la zona por el Imperio Inca existirían las primeras comunidades en la zona.

La ciudad de Santiago de Nueva Extremadura sería fundada por el conquistador español Pedro de Valdivia, el 12 de febrero de 1541. Desde esa fecha, la primera ciudad fundada en Chile sería casi ininterrumpidamente hasta el día de hoy la capital y principal urbe de la nación.

En la actualidad, Santiago de Chile es una gran conurbación, que para el año 2002, se extendía sobre una superficie de 641,4 km² y tenía una población de 5.428.590 habitantes, cifra que a 2006 alcanzaría según estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas a los 6.269.629 habitantes, lo que equivale a cerca del 40% de la población total del país.

De acuerdo a diversas investigaciones, se cree que en la cuenca de Santiago se establecieron los primeros grupos humanos cerca del 10.000 a. C., los cuales eran principalmente nómadas cazadores-recolectores, que transitaban desde el litoral hacia el interior en búsqueda de guanacos durante la época de los deshielos cordilleranos. Recién cerca del año 800, comenzaron a instalarse los primeros habitantes sedentarios debido a la formación de comunidades agrícolas junto al río Mapocho, principalmente de poroto, papa y maíz, y la domesticación de los auquénidos de la zona. Aunque su agricultura era muy rudimentaria, hacia el siglo XV las tribus picunches habían introducido algunos adelantos, como regadío artificial, y habían construido algunos canales.

Las diversas aldeas establecidas en la zona carecían de una organización política estable, por lo que las rencillas y los enfrentamientos bélicos entre ellas eran habituales. Esto finalizaría con la conquista del territorio por parte del Imperio Inca, durante el reinado de Huayna Cápac hacia fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI. En conjunto con el valle del Aconcagua, fueron instalados algunos mitimaes en la zona del Mapocho. Aunque estas colonias parte del Collasuyo no correspondían a verdaderas urbes como las instaladas por los incas en otras regiones del Imperio, se cree que el principal asentamiento incaico se habría instalado en el centro de la actual ciudad de Santiago, junto a fortalezas como el pucará cerca del cerro Chena y el santuario del cerro El Plomo. Esta localidad habría servido como base para las expediciones incásicas hacia el sur y como nudo vial del Camino del Inca. La expedición de Diego de Almagro habría llegado a través de esta ruta a orillas del Mapocho durante 1536, antes de retornar a Aconcagua y partir de vuelta al Virreinato del Perú.

Tras una larga travesía desde Cuzco, atravesando el desierto de Atacama y los valles transversales y superando las hostilidades de algunos grupos indígenas, el conquistador extremeño Pedro de Valdivia llegó al valle del Mapocho, el 13 de diciembre de 1540. Las huestes de Valdivia acamparon junto a las aguas del río, en los faldeos del cerro Tupahue y comenzaron lentamente a entablar relaciones con los indios picunches que habitaban la zona.

Pasados los peligros de hostilidades con los aborígenes, Valdivia convocó a los caciques de la zona a un solemne parlamento. A él asistieron líderes de diferentes territorios, desde Lampa hasta la región del Cachapoal. El conquistador hispano les explicó su intención: fundar una ciudad en nombre del rey Carlos I de España de la que sería su gobernación de Nueva Extremadura. Los indígenas habrían aceptado inicialmente, pensando en una segura expulsión de los forasteros en el futuro, y fue cedida una pequeña isla ubicada entre dos brazos del río junto a un cerro denominado como Huelén, el cual era de propiedad del cacique Huelén Huala. Tras la cesión de tierras, que es considerada por algunos grupos como el primer acto de usurpación de tierras mapuches, varios lof o clanes indígenas de las zonas cercanas al cerro Manquehue (denominadas como La Dehesa del Rey por los conquistadores) fueron trasladadas hacia otras zonas como Tango, Peñalolén y finalmente el pueblo de indios de Apoquindo.

El 12 de febrero de 1541, Valdivia fundaría oficialmente la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura en honor al Apóstol Santiago, santo patrono de España, en las cercanías del Huelén, renombrado por el conquistador como "Santa Lucía". Siguiendo las normas coloniales, Valdivia encomendó el trazado de la nueva ciudad al alarife Pedro de Gamboa el cual diseñaría la ciudad en forma de damero. Al centro de la ciudad diseñó una Plaza Mayor, alrededor de la cual se destinaron solares para la Catedral, la cárcel y la casa del gobernador. En total se construyeron ocho cuadras de norte a sur y diez de oriente a poniente, y cada solar (un cuarto de cuadra) fue entregado a los colonizadores, que construyeron casas de barro y paja.

Junto a sus soldados, Valdivia partió meses después de la fundación de Santiago hacia el sur, dando inicio a las primeras campañas de la Guerra de Arauco. La ciudad quedó entonces desprotegida, momento perfecto para que las huestes indígenas de Michimalonco atacaran la incipiente urbe. El 11 de septiembre de 1541, la ciudad fue arrasada por los indígenas pero los 55 españoles lograron finalmente derrotar a los miles de atacantes, destacando la participación de Inés de Suárez, pareja de Valdivia y primera mujer europea en el país, quien asumió el comando del fuerte. Suárez ordenó la decapitación de siete caciques picunches y colgó sus cabezas para poder desmoralizar a las huestes aborígenes. Tras la destrucción de Santiago, la guerra se trasladó plenamente al sector del río Biobío lo que permitiría la reconstrucción de la ciudad, la que se vería afectada por un terremoto en 1552.

Con Santiago apenas resurgiendo tras la destrucción y la creciente preponderancia que adquiría el conflicto bélico, la recién fundada Concepción comenzó a adquirir mayor protagonismo. El conflicto de poder entre ambas ciudades se agudizaría en 1565 con la fundación de la Real Audiencia de Chile en esta última ciudad. Sin embargo, ésta sería cerrada en 1575 y al ser reabierta en 1607 sería trasladada a Santiago, debido al constante peligro que afrontaba Concepción, especialmente tras el desastre de Curalaba, y los terremotos de 1570 y 1575 que asolaron dicha localidad. Con la designación de la Real Audiencia, Santiago quedó definitivamente establecida como la principal ciudad y capital del país.

A pesar de que Santiago estuvo a punto de desaparecer por la invasión indígena, el terremoto y una serie de inundaciones, la ciudad comenzó a poblarse rápidamente. De las 126 cuadras diseñadas por Gamboa, en 1558 ya habían sido ocupadas cuarenta y en 1580, la totalidad. Las tierras de los alrededores de la ciudad comenzaron a ser organizadas chacras, alcanzando más de dos mil cabezas de ganado en el sector de Pudahuel. En el ámbito arquitectónico, comienzan a construirse los primeros edificios de importancia de la ciudad, destacando el inicio de la construcción en piedra de la primera catedral en 1561 y de la iglesia de San Francisco en el borde sur de la ciudad, el 5 de julio de 1572. Ambas construcciones se realizaron principalmente de adobe y piedra, y serían inauguradas 26 y 46 años más tarde, respectivamente.

Un nuevo terremoto destruiría en 1575 la surgiente ciudad, y una serie de nuevos desastres asolarían constantemente a la ciudad durante la primera parte del siglo XVII. En 1590, la población sería diezmada por una epidemia de viruela y en el día de Pentecostés de 1608, el Mapocho se desbordaría matando a 120 personas y 20 mil cabezas de ganado, lo que se repetiría en 1618. Finalmente, el 13 de mayo de 1647 la ciudad quedaría completamente destrozada cuando otro terremoto cobrara la vida de más de 600 personas y más de cinco mil damnificados. Ante esta situación, se plantea la posibilidad de trasladar la capital hacia el norte, cerca de la actual Quillota, pero finalmente se desistió de dicha idea.

A pesar de la serie de trágicos sucesos que abatieron a Santiago, la ciudad se recuperó y mantuvo su crecimiento constante. La Plaza de Armas era el lugar más importante, concentrando allí todo el poder de la Capitanía General de Chile: allí se encontraba la Gobernación, el Cabildo, la Real Audiencia y la Catedral. Sin embargo, las características de un pueblo tranquilo comenzaron a desaparecer con el advenimiento del siglo XVIII: sumado a un nuevo terremoto en 1730, los crímenes, los bandidos y la prostitución comenzaron a aumentar con el paso de los años, hasta el advenimiento del corregidor Luis Manuel de Zañartu, en 1767. Zañartu logró controlar la criminalidad en la ciudad con una política de tolerancia cero, en la cual se incluía el establecimiento de trabajos forzados a los presos comunes. Gracias a esta medida, Zañartu logró iniciar la construcción de dos de las más grandes obras arquitectónicas de la Colonia: el Puente de Calicanto, que permitió unir eficientemente a la ciudad con La Chimba y el inicio de las construcciones de los tajamares para evitar los desbordes del Mapocho.

Aunque el puente logró ser construido, los tajamares fueron destruidos por una nueva inundación. En tanto, el gobernador Agustín de Jáuregui había traído en 1780 al arquitecto italiano Joaquín Toesca para realizar la construcción de la nueva fachada de la catedral y otros edificios gubernamentales, destacando el Palacio de La Moneda. Posteriormente, Toesca participaría activamente en los planos definitivos del canal San Carlos y en la construcción de los tajamares definitivos durante el gobierno de Ambrosio O'Higgins, siendo inaugurados definitivamente en 1798. Ambas obras hidráulicas son consideradas como las más grandes de toda la América colonial junto al desagüe del lago de Texcoco en Nueva España. El gobierno de O'Higgins destacó también por la apertura del camino a Valparaíso en 1791 y que permitirían la conexión de la capital con el principal puerto del país.

Con el advenimiento del siglo XIX, comienzan a gestarse los procesos revolucionarios en América. Así, el 18 de septiembre de 1810 se proclama la Primera Junta Nacional de Gobierno en Santiago, hecho con el que se iniciaría el proceso de independencia de Chile. La ciudad, que se convertiría en la capital de la nueva nación, se vería agitada por los diversos acontecimientos, especialmente debido a las acciones bélicas que ocurrirían en sus inmediaciones.

Durante la Patria Vieja comienzan a instalarse diversas instituciones, como el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional, pero tras la derrota de las tropas patriotas en la batalla de Rancagua, las tropas reconquistadoras hispanas entran en Santiago, el 5 de octubre de 1814. Con la entrada de las tropas realistas, fueron clausurados todos los avances del gobierno de José Miguel Carrera y los patriotas que no lograron huir a Mendoza fueron deportados a Juan Fernández. Un gobierno del terror se instaló en la ciudad, siendo clausuradas incluso las chinganas, lugares de esparcimiento popular. En 1817, las tropas del Ejército de los Andes cruzaron la cordillera y alcanzaron la victoria en la batalla de Chacabuco, reinstaurando el gobierno patriota en Santiago. La independencia, sin embargo, no estaba asegurada. El ejército español obtuvo nuevas victorias y hacia 1818 se dirigía hacia Santiago, pero la carga sería definitivamente detenida en los llanos del río Maipo, durante la batalla de Maipú, el 5 de abril de 1818.

Con el fin de la guerra de la independencia, asume Bernardo O'Higgins como Director Supremo de la República. O'Higgins, al igual que su padre, realiza diversas obras de importancia para la ciudad. Durante la llamada Patria Nueva, se reabren las instituciones cerradas por los españoles durante la Reconquista y se inaugura el Cementerio General, se terminan las obras del canal San Carlos y el brazo sur del Mapocho, conocido como La Cañada, fue cerrado el paso de las aguas y el antiguo vertedero ubicado en sus orillas fue arborizado, dando paso a la Alameda de las Delicias.

Dos nuevos terremotos azotaron la ciudad: uno el 19 de noviembre de 1822 y otro el 20 de febrero de 1835. Estos dos hechos, sin embargo, no evitaron que la ciudad siguiera creciendo aceleradamente: en 1820, contaba con 46.000 habitantes, en 1854 la población era de 69.018 habitantes y en el censo de 1865 era de 115.337 habitantes. Este importante aumento se generó principalmente con el crecimiento hacia los suburbios de la zona sur y poniente de la capital y en parte, hacia la Chimba. Sin embargo, el origen de este desarrollo periférico se basaba en la división de los antiguos subdivisiones de los predios existentes en la zona, difiriendo de la estructura de damero que regía el centro de la ciudad.

Durante los años de la denominada República Conservadora se crean diversas instituciones principalmente de carácter educativo y que se convierten en importantes hitos urbanísticos del período, como la Universidad de Chile, la Escuela Normal de Preceptores, la Escuela de Artes y Oficios y la Quinta Normal, donde se incluían los museos de Bellas Artes (actual museo de Ciencía y Tecnología) y el Museo Nacional de Historia Natural. Sin embargo, los principales avances para la ciudad continuaron siendo aquellos de carácter hidrológico: entre 1835 y 1840 se elaboran estudios para verificar la factibilidad de la canalización del río Mapocho, lo que se concretaría en 1865 tras ser financiado por los vecinos de la ciudad. Además, a partir de 1850 comienzan a desaparecer los antiguos canales a tajo abierto que recorrían las calles de la ciudad, como forma de irrigación y evacuación de las aguas servidas, siendo reemplazadas por los primeros sistemas de alcantarillado y redes de distribución de gas, agua potable y alumbrado público. En 1851, por otro lado, se estableció el primer sistema de telégrafos que conectó a la capital con el puerto de Valparaíso. Sin embargo, un trágico hecho enlutaría a la ciudad cuando más de 2.000 personas fallecieran en el Incendio de la Iglesia de la Compañía, el 8 de diciembre de 1865.

Un nuevo impulso en el desarrollo urbano de la capital se produjo durante la llamada República Liberal y la administración del intendente de la ciudad, Benjamín Vicuña Mackenna. Dentro de sus principales obras se destacó la remodelación del cerro Santa Lucía que a pesar de su central ubicación no era más que un basurero. Vicuña Mackenna se empeñó, incluso endeudándose personalmente, en el diseño de obras arquitectónicas imitando las corrientes neoclásicas europeas y ordenó la forestación del despeñadero rocoso.

Vicuña Mackenna, en su afán de "transformar" a Santiago, inició la construcción del llamado "Camino de Cintura" que circunvalara toda la ciudad, que hasta esa fecha tenia una extensión similar a la de la actual comuna de Santiago. Una nueva remodelación de la Alameda la consagraría finalmente como la arteria central de la ciudad y como un largo paseo para las familias más acomodadas de la ciudad. El auge económico que vive la aristocracia, principalmente debido a los buenos dividendos obtenidos por la minería del cobre y el salitre (acrecentada con la victoria chilena en la Guerra del Pacífico), permitirá el desarrollo de diversos palacios en la capital de características neoclásicas, especialmente en la zona suroriente de la capital, en los actuales barrios República y Dieciocho.

Estas familias fueron de gran importancia para el desarrollo urbano de Santiago, puesto que gran parte del financiamiento de las obras provenían de aportes privados de los vecinos ilustres de la ciudad o de obras filantrópicas. Un ejemplo fue Luis Cousiño, que en 1870 ordenó la construcción de un gran parque en los antiguos Campos de Marte, un llano utilizado principalmente para las prácticas del Ejército de Chile y el establecimiento de ramadas durante las Fiestas Patrias. Con el trabajo de paisajistas europeos, en 1873 Cousiño inauguró el parque que llevaría su nombre por más de un siglo y que actualmente es conocido como Parque O'Higgins. El parque, de acceso público, se convirtió en un paseo obligado de los santiaguinos debido a sus amplios jardines, lagunas y carruajes. De igual forma, otros edificios de gran importancia fueron inaugurados durante la época, como el Teatro Municipal y el Club Hípico. En esa misma época, Santiago recibió la Exposición Internacional, efectuada en 1875 en los terrenos de la Quinta Normal.

En cuanto al transporte, la ciudad se convierte en el principal nudo de los ferrocarriles existentes en Chile, el cual sería durante gran parte del siglo XIX y XX el principal medio de transporte a nivel nacional. El primer ferrocarril llegaría a la ciudad el 14 de septiembre de 1857 en una incipiente Estación Central de Santiago, que sería inaugurada definitivamente en 1884. Para esos años, la ciudad estaría conectada por vía férrea con Valparaíso y el tren longitudinal que cruzaba gran parte del país de norte a sur. En cuanto al transporte urbano, las calles de Santiago estaban pavimentadas y existían 1.107 vehículos particulares y 572 coches de arriendo hacia 1875, mientras que 45.000 personas utilizaban diariamente los servicios del tranvía existente. Con respecto a las telecomunicaciones, la red telegráfica se extendió y hacia 1875 llegaba desde Caldera hasta Lota, mientras los primeros teléfonos fueron instalados durante los años 1880; hacia 1889, The West Coast Company Co. (la primera empresa de telefonía) tenía más de 1.200 líneas en Santiago y 476 suscriptores, y al año siguiente se establecería la conexión con la ciudad de Valpraíso. Los principales medios de comunicación eran los periódicos, siendo el de mayor circulación El Ferrocarril, de propiedad del Partido Nacional, junto a El Independiente de los conservadores y La Libertad de los radicales.

En tanto, a fines del siglo, se realizaron los trabajos para la instalación de los sistemas de recolección de aguas lluvias que evitarían las inundaciones en el centro de la ciudad y se iniciarían finalmente las obras de canalización del río Mapocho, para lo cual fue necesaria la destrucción de dos de los principales símbolos de la época colonial de la ciudad: los tajamares y el Puente de Calicanto, ocurrida el 10 de agosto de 1888. Para ese entonces, Santiago tenía una población cercana a los 256.000 habitantes, esparcidos en una extensión de 3.766 hectáreas. Muchos de estos habitantes vivían en barriadas pobres, excluidas del desarrollo urbano fomentado por la oligarquía. Estos habitantes se concentraban en los bordes de la ciudad, en los barrios Yungay y Chuchunco por el oriente, Ovalle y El Arenal al norte de La Chimba y el llamado "Potrero de la Muerte" en el antiguo fundo de El Conventillo, por el sur.

Con el advenimiento del nuevo siglo, la ciudad comenzó a experimentar diversos cambios relacionados con el ingreso de la industria, que si bien habían iniciado su instalación a fines de la centuria anterior, recién a partir del siglo XX comenzaría a notar sus efectos con claridad. Ejemplo de ello fue la electricidad que aparecería en la ciudad, tanto en el alumbrado público como en los tranvías, que debutarían el 3 de septiembre de 1900. Valparaíso, que hasta la fecha había sido el centro económico del país, comienza lentamente a perder protagonismo en desmedro de la capital. Ya en 1895, el 75% de la industria fabril nacional radicaba en la capital y sólo un 28% en el puerto; hacia 1910, los principales bancos y tiendas comerciales se instalaron en las calles del centro de la ciudad, mientras que en los alrededores de la urbe, la Compañía de Cervecerías Unidas instalaría su principal industria en la zona oriente y la Papelera lo haría en la recién fundada Puente Alto, al sur de la capital.

La promulgación tanto de la ley de Comuna Autónoma y el decreto de creación de municipalidades permitirían la creación de diversas divisiones administrativas en el Departamento de Santiago, con el fin de mejorar la administración local. Así, la Municipalidad de Santiago quedaría conformada por diez circunscripciones urbanas, mediante la agrupación de sus 27 subdelegaciones urbanas. A su vez, se agruparían gran parte de sus 26 subdelegaciones rurales, conformando los territorios de nuevas municipalidades rurales, los que segregados de la antigua municipalidad departamental santiaguina comenzarían rápidamente a crecer urbanísticamente. Maipú, Ñuñoa, Renca, Lampa, y Colina se crearían en 1891, Providencia y Barrancas en 1897; y en 1901, Las Condes. En el departamento de La Victoria, se originarían Lo Cañas en 1891, el que sería dividido en La Granja y Puente Alto en 1892. En 1899 nacería La Florida y en 1925 se crea Cisterna.

A comienzos de siglo, el cerro San Cristóbal comenzó a sufrir una renovación similar a la llevada a cabo algunas décadas antes en el Santa Lucía. En 1903 se instaló un observatorio astronómico y al año siguiente fue colocada la primera piedra del santuario mariano en la cumbre del mismo, caracterizado por la imagen de 14 metros de la Virgen María, construida en Francia y que hasta el día de hoy es visible de diversos puntos de la ciudad. El santuario finalmente sería abierto el 8 de diciembre de 1908. Sin embargo, y a pesar del entusiasmo de los habitantes de la ciudad y de políticos como Pedro Bannen, la idea de forestarlo no sería cumplida hasta algunas décadas después.

Con el deseo de celebrar el Centenario de la República en 1910, se realizaron diversas obras urbanas. Fueron creados diversos ramales de ferrocarriles que permitieran la conexión de la ciudad con sus nacientes suburbios. Así, fue inaugurada la ruta desde la Plaza Baquedano hasta el Cajón del Maipo y algunos años después, del ferrocarril circunvalatorio. Para ello, debió además construirse una nueva estación de ferrocarriles en el norte de la ciudad: la Estación Mapocho, que se convertiría en una de las principales construcciones de celebración del Centenario. Otras grandes obras serían la creación del Parque Forestal en los terrenos ganados por la canalización del Mapocho, y en él se instalaría el nuevo Museo de Bellas Artes. Algunos años después, la Biblioteca Nacional también tendría una nueva sede, junto a la Alameda y el cerro Santa Lucía. Otros avances incluyen la finalización de los trabajos de alcantarillado, que cubrían a cerca del 85% de la población urbana.

En 1920, Arturo Alessandri Palma asume como Presidente de la República principalmente gracias al voto del proletariado obrero, marginado históricamente de los procesos políticos ocurridos tanto en el país como en la ciudad. A fines de ese año, el censo estimaba una población en Santiago de 507.296 habitantes, lo que equivalía al 13,6% de la población total del país. Esta cifra además representaba un aumento de un 52,47% con respecto al censo de 1907, es decir, un crecimiento anual del 3,3%, casi tres veces más que la cifra a nivel nacional. Gran parte de este crecimiento se debía a la llegada de campesinos desde el sur a trabajar en las fábricas o en los ferrocarriles en construcción.

Sin embargo, este crecimiento se experimentó en la periferia y no en el casco urbano propiamente tal. Diversas razones explican este fenómeno, dentro de las que se encuentra el aumento de las contribuciones en la ciudad, el loteo de los antiguos fundos rurales por las comunas recién formadas a bajo costo y la expansión de los tranvías eléctricos hacia la zona oriente y sur de la ciudad. Los habitantes del centro de Santiago, principalmente personas de clase media y alta, comenzaron a emigrar hacia el sector de Providencia y Ñuñoa, al oriente de Santiago, alejadas de la ya contaminada urbe y cercana al mundo rural, lo que les permitía abastecerse de productos agrícolas a menor precio. Muchos inmigrantes europeos, que en la época formaban parte importante de la clase profesional presente en el país, decidieron instalarse en las zonas de la avenida Pedro de Valdivia para estar más cerca de la naturaleza, por lo que comenzaron a abrir diversos clubes deportivos.

Las nuevas propiedades disponibles debido a la partida de sus moradores comenzaron a potenciar y a consolidar al centro de la ciudad como un barrio netamente comercial, en torno al eje de las calles Ahumada, entre la Plaza de Armas y la Alameda, donde surgieron varios centros comerciales denominados "portales". Durante esta misma época, el centro fundacional se consolidó como el centro administrativo del país. Si bien durante años se había discutido la formación de un centro cívico para la capital, la burocracia del régimen parlamentario impidió el desarrollo de un proyecto arquitectónico definitivo. Sólo con el inicio del Presidencialismo gracias a Alessandri, el proyecto del Barrio Cívico en los alrededores del Palacio de La Moneda comenzaría a tomar forma. Los edificios para diversos ministerios y otros servicios públicos fueron construidos siguiendo la corriente modernista, durante los años 1920, pero el proyecto completo sólo se concretaría entre 1936 y 1946, con la creación del Paseo Bulnes, conectando La Moneda con el nuevo Parque Almagro. El nuevo Barrio Cívico daría el puntapié definitivo para el comienzo de la construcción de edificios de mediana altura en la ciudad. La modernidad se expandió en la ciudad, con la aparición de los primeros cines, la expansión de la red telefónica y la inauguración del Aeropuerto Los Cerrillos en 1928, entre otros adelantos.

El sector sur de la ciudad comenzó a desarrollarse en los terrenos del llamado Llano de Subercaseaux a lo largo de la Gran Avenida, que conectaba al centro de Santiago con la villa de San Bernardo. El sector de San Miguel comenzó a convertirse en una ciudad dormitorio para los habitantes de la clase media que se alejaba del centro. Aunque tenía un clima más favorable que Ñuñoa, los barrios marginales ubicados junto al Zanjón de la Aguada, donde además se encontraban la penitenciaria y el matadero municipal, actuaron como una barrera que impidió el ingreso de familias más acomodadas al sector. Tanto en San Miguel, como en los barrios de clase media de Providencia y Ñuñoa, las nuevas viviendas correspondían a los bungalows, siguiendo las tendencias de construcción británica con casas de características similares, mientras el surgimiento de diversas organizaciones sindicales permitió la aparición de villas para sus asociados.

La sensación de una era de crecimiento económico, reflejada en los avances tecnológicos y el desarrollo tanto de las clases acomodadas como de la clase media, contrastaba profundamente con las clases sociales más bajas. Joaquín Edwards Bello, a través de obras como El inútil y La chica del Crillón, criticaba fuertemente la disparidad entre la riqueza y la pobreza existente en Santiago. Aunque durante las primeras dos décadas del siglo, la llegada de inmigrantes campesinos había generado un importante aumento de los barrios pobres en la capital, sería a partir de 1929 que se generaría una explosión demográfica sin precedentes. La Gran Depresión a nivel mundial generó el desplome de la industria salitrera del norte, dejando a 60.000 desempleados, los que sumados a la caída de las exportaciones agrícolas, totalizaron cerca de 300.000 cesantes a nivel nacional. Las grandes ciudades parecían ser las únicas oportunidades de sobrevivir y Santiago, con su bullante industria, fue el destino preferido de los migrantes. Muchos llegaron sin nada a la ciudad y miles debieron sobrevivir en las calles ante la imposibilidad de arrendar alguna habitación. Las enfermedades comenzaron a expandir y la tuberculosis cobró la vida de cientos de indigentes; 25,3 de cada 10.000 habitantes de la ciudad morían, siendo la tasa de mortalidad de esta enfermedad más alta a nivel mundial. A esto se sumó el desempleo y la baja en los sueldos de los habitantes anteriores de Santiago y el aumento en el costo de la vida en la capital.

La recuperación de la economía se debería al nuevo auge industrial fomentado por la CORFO y la expansión del aparato estatal a partir de fines de los años 1930 y comienzos de los años 1940. En esta época, la aristocracia pierde gran parte del poder que había ostentado durante siglos y es la clase media, compuesta por comerciantes, burócratas y profesionales, los que adquieren el protagonismo de la política nacional. En este contexto, es que la ciudad de Santiago comienza a desarrollarse hacia las masas, mientras las clases acomodadas tienden a refugiarse en los barrios altos de la capital. Los antiguos paseos de la clase adinerada, como el Parque Cousiño y la Alameda de las Delicias, comienzan a perder protagonismo, mientras se abren recintos para el esparcimiento popular, como el Estadio Nacional de Chile en 1938.

Producto de todos estos cambios a la ciudad, la población de Santiago creció a un ritmo acelerado nunca antes visto. En el censo de 1940, la ciudad acumulaba a 952.075 habitantes, en 1952 esta cifra llegó a los 1.350.409 habitantes y el censo de 1960 reflejó la 1.907.378. Principalmente, este crecimiento se reflejó en la urbanización de los sectores rurales de las comunas aledañas al centro, donde se establecieron las familias de clase media y clase baja con viviendas estables. Esto se refleja en el aumento del tamaño ocupado por el área urbana; en 1930 tenía una extensión de 6.500 hectáreas, que en 1960 llegaron a las 20.900 y en 1980 llegó a las 38.296. Aunque la mayoría de las comunas seguían creciendo, pasado mediados de siglo el crecimiento fue explosivo en las comunas más periféricas: Barrancas, al poniente de la Quinta Normal, Conchalí al norte de Recoleta, La Cisterna y La Granja al sur de San Miguel. En el caso de la gente de clases más acomodadas, comenzaron a acercarse al sector precordillerano, hacia los sectores de Las Condes y La Reina. El centro, por el contrario, perdió habitantes dejando más espacio para el desarrollo del comercio, la banca y las actividades gubernamentales.

Sin embargo, el crecimiento de la ciudad durante el medio siglo anterior había sido completamente desmedido y sin ningún tipo de regulación. Recién en los años 1960 comenzó a existir conciencia de la idea del Gran Santiago y su regulamiento para el desarrollo conjunto de los habitantes de la capital. En 1958 fue lanzado el Plan intercomunal de Santiago, el cual sería aprobado el 10 de noviembre de 1960 por el Decreto Supremo Nº2.387. Este plan incorporaba por primera vez el concepto del Gran Santiago, aceptando la realidad de que la ciudad era más que la comuna central y estableciendo que la amplia autonomía que tenían las comunas periféricas perjudicaba "la natural coordinación que debía existir en una metrópoli que constituye una sola unidad", lo cual había generado una ciudad dentro de la que habían espacios que no eran ni claramente rurales ni urbanos. Para ese entonces, las comunas de Santiago, Quinta Normal y San Miguel eran las únicas que tenían urbanizada la totalidad de su superficie, mientras las restantes aún contenían territorios rurales que daban paso a la urbanización de forma irregular.

El plan contenía básicamente tres puntos. El primero correspondía a una regulación del uso urbano, con el fin de mantener espacios naturales y rurales en torno a la capital, fijando una superficie de 21.600 hectáreas para la zona urbana y de 17.000 hectáreas para la suburbana, lo que permitiría una población de hasta 3.260.000 habitantes. El segundo consistía en una reestructuración de las obras viales para mejorar el transporte interno de la capital: se terminó la construcción del Camino de Cintura y se construyó la Avenida Circunvalación Américo Vespucio alrededor de la ciudad. Además, fue habilitada la Carretera Panamericana o Avenida Norte-Sur, cruzando transversalmente la ciudad en dicho sentido, y se ensancharon las principales avenidas de la ciudad, como la Alameda que para ese entonces ya era la principal ruta de circulación de los automóviles en la capital. Finalmente, el tercer punto estipulaba el traslado de las industrias dispersas a lo largo de todo Santiago en zonas especiales conocidas como "cordones industriales", localizados principalmente en los ejes del camino a Melipilla por el poniente, Avenida Vicuña Mackenna en el oriente y la Panamericana Norte.

La celebración de la Copa Mundial de Fútbol de 1962 vino a dar un nuevo empuje a las obras de mejoramiento de la ciudad. Gracias a las gestiones del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, se pudieron realizar muchos de los cambios propuestos, dentro de los que destacó la formación del Parque Metropolitano de Santiago en 1966 debido a las remodelaciones en el cerro San Cristóbal, mientras parte de los poblaciones callampas de la ciudad eran erradicadas para dar paso a parques, como en el sector del Zanjón de la Aguada. El MINVU y sus organismos dependientes gestionaron la construcción de nuevas viviendas, construyendo torres habitacionales destacando la Remodelación San Borja, un conjunto de 20 edificios de altura en el centro de la capital que comenzaron a ser construidos en 1969. En sus cercanías, el gobierno de Salvador Allende ordenó la construcción de un gran edificio para recibir la UNCTAD III en 1972, y que sería posteriormente denominado como Edificio Diego Portales.

En tanto, en 1967 sería inaugurado el nuevo Aeropuerto Internacional. Luego de años de discusión, en 1969 se daría inicio a la construcción del Metro de Santiago, cuya primera etapa correría bajo la Alameda, entre San Pablo y La Moneda. La construcción del ferrocarril subterráneo sería uno de los hechos más importantes en el desarrollo del transporte urbano, siendo inaugurado en 1975. A partir de ese momento, el Metro seguiría creciendo y ya a fines de 1978 contaría con dos líneas perpendiculares a lo largo de gran parte de la ciudad. Las telecomunicaciones tendrían además un importante desarrollo, reflejado con la construcción de la Torre Entel, que desde su construcción en 1975 sería uno de los símbolos de la capital al ser la estructuras más alta por más de dos décadas.

Tras el golpe de Estado de 1973 y el establecimiento del Régimen Militar, la planificación urbana de la ciudad no tendría grandes cambios; sin embargo, al entrar a la década de los años 1980, el gobierno adoptó un modelo económico neoliberal. Bajo este sistema, el Estado comenzó rápidamente a abandonar su rol organizador en beneficio del mercado. En esta situación se promulga una modificación en 1979 al plan regulador, que liberalizó el mercado inmobiliario al ampliar el radio urbano a más de 62.000 hectáreas con el fin de hacer descender los valores de la tierra. Sin embargo, la crisis económica del año 1982 haría que los valores se mantuvieran o se encarecieran en las zonas urbanas; esto originaría un mayor crecimiento hacia la periferia, principalmente el sector de La Florida, que en el censo de 1992 se convertiría con más de 300.000 habitantes en la comuna más habitada de todo el país, y que dejaría a la ciudad con 40.619 hectáreas de extensión hacia comienzos de los años 1990. En tanto, un terremoto azotaría la ciudad el 3 de marzo de 1985, que aunque causó escasas víctimas, dejó numerosos damnificados y destruyó numerosas edificaciones de antigüedad. Durante esos mismos años, la ciudad enfrentó también diversos desbordes del río Mapocho en 1982 y 1986, y decenas de hogares fueron arrasados luego de un aluvión en el sector de la Quebrada de Macul en el invierno de 1993.

Tras el fin del Régimen Militar y el inicio de los gobiernos de la Concertación, la ciudad de Santiago ya sobrepasaba los cuatro millones de habitantes, que habitaban preferentemente en la zona sur: La Florida era seguida en número de habitantes por Puente Alto y Maipú. Durante gran parte de la década de los años 1990 y como producto del crecimiento económico que vivía el país durante esa época, el desarrollo inmobiliario en estas comunas se debió en gran medida a la construcción de conjuntos habitacionales para familias de clase media. Estos conjuntos habitacionales también comenzaron a ser construidos en otras comunas de la periferia, como Quilicura hacia el norte y Peñalolén por el oriente.

El sector nororiente de Santiago vivió otro desarrollo importante. A medida que pasaba el tiempo, la gente de mayores recursos comenzó a avanzar progresivamente hacia la precordillera, aumentando de manera importante la población en Las Condes y dando origen a nuevas comunas como Vitacura y Lo Barnechea. Aunque en décadas anteriores, el eje de Avenida Providencia se había consolidado como un sector comercial de gran importancia, es a partir de fines de los años 80 en que el sector oriente de la ciudad se convierte en un polo de atracción para la construcción de innovadores edificios de oficinas de gran altura. Las grandes empresas del país comenzaron rápidamente a cambiar sus instalaciones desde el centro tradicional hacia el pujante y moderno centro empresarial que comenzó a ser conocido como Sanhattan. A esto se sumó la instalación de los primeros centros comerciales de magnitud, que con el paso de los años se expandieron al resto de la ciudad, convirtiéndose en un centro de atracción y entretención para la población.

El progresivo desarrollo del llamado "Barrio Alto" influyó aún más en la crisis que vivía el centro de Santiago, por lo que comenzaron a desarrollarse importantes medidas para revitalizarlo. Las principales calles comerciales se convirtieron en paseos peatonales (como el Paseo Ahumada) y se instituyeron beneficios tributarios para la construcción de edificios residenciales, atrayendo nuevamente a un número importante de habitantes, principalmente adultos jóvenes. Por otro lado, aunque la cantidad de gente bajo la línea de la pobreza bajó, ésta no desapareció de la ciudad y generó una fuerte dicotomía entre la pujante urbe globalizada y los barrios marginales dispersos a lo largo de la capital. Ejemplo de ello es Huechuraba, en cuyo territorio se encuentran campamentos de familias de escasos recursos y condominios exclusivos.

A pesar de la marcada división entre estratos sociales presente en la ciudad, a partir de los años 1990 comenzaron a surgir diversos problemas generados por el desordenado crecimiento de la ciudad. Uno de ellos fue la contaminación atmosférica, que alcanzó niveles críticos y perjudiciales para la salud humana, produciendo una capa de smog sobre la ciudad acentuada principalmente en los meses de invierno. Ante ello, se instauraron diversas medidas para regular tanto la contaminación producida por fuentes industriales como por fuentes móviles, introduciendo la restricción vehicular a partir de 1990.

Por otro lado, no existía un sistema de transporte eficiente que pudiera sostener a la ciudad que cada vez era más extensa. Por ello, el Metro de Santiago fue constantemente ampliado, extendiendo las líneas ya existentes y creando tres nuevas entre 1997 y 2006 en el sector suroriente de la ciudad. Hacia 2009, una nueva línea hacia Maipú y una extensión hacia Las Condes dejará al ferrocarril metropolitano con una extensión cercana a los 105 kilómetros. Aunque a comienzos de los años 1990 se realizó una reestructuración al sistema de buses, ésta no logró corregir los problemas existentes, por lo que a comienzos de los años 2000 se diseñó un plan maestro de transportes conocido como Transantiago, el cual enfrentaría una serie de problemas desde su puesta en marcha, el 10 de febrero de 2007.

A medida que entra en el siglo XXI, la ciudad persiste en su acelerado desarrollo. Diversas autopistas urbanas han sido construidas, mientras el Barrio Cívico fue renovado con la creación de la Plaza de la Ciudadanía y se comienza la construcción de Ciudad Parque Bicentenario con el fin de conmemorar el bicentenario de la República. Además, el desarrollo de edificios de altura en la zona oriente ha continuado culminando con la construcción del primer rascacielos, Costanera Center, a inaugurarse en 2009.

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