Rusia

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Publicado por grag 26/02/2009 @ 15:40

Tags : rusia, europa, internacional

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Bandera de Rusia

1Otras treinta lenguas tienen también un estatus oficial en algunas de las subdivisiones de Rusia. 2RUR está obsoleto. 3.su (dominio correspondiente a la antigua Unión Soviética) es también reservado por la Federación Rusa. 4.рф está propuesto como un dominio para nombres en el alfabeto cirílico solamente.

Rusia (en ruso: Россия; tr.: Rossíya) o la Federación Rusa (formalmente: Federación de Rusia; en ruso: Российская Федерация; tr.: Rossíiskaya Federátsiya) es el país más extenso del mundo. Cuenta con una superficie de 17.075.400 kilómetros cuadrados, poseyendo más de la octava parte de la tierra firme del planeta. Esta república semipresidencialista, formada por 83 sujetos federales, es el noveno país por población al tener 142.000.000 habitantes. Se extiende por todo el norte de Asia y por alrededor del 40% de Europa (principalmente Europa Oriental), siendo un país transcontinental. Atraviesa 11 zonas horarias mostrando una gran variedad de entornos naturales y relieves. Rusia tiene las mayores reservas de recursos minerales y energéticos del mundo, y es considerada una superpotencia energética. Posee las mayores reservas de recursos forestales y la cuarta parte de agua dulce no congelada del mundo.

Rusia es, junto con China, el país que limita con más países, 14, y el que tiene las fronteras más extensas. Tiene fronteras comunes con los siguientes países (empezando por el noroeste y siguiendo el sentido antihorario): Noruega, Finlandia, Estonia, Letonia, Bielorrusia, Lituania, Polonia, Ucrania, Georgia, Azerbaiyán, Kazajistán, China, Mongolia y Corea del Norte. Además comparte fronteras marítimas con Japón y Estados Unidos. Sus costas están bañadas por el Océano Ártico, el Océano Pacífico del Norte, y por mares interiores como el Mar Báltico, el Mar Negro y el Mar Caspio.

Como sucesor principal de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Rusia es un país muy influyente en el espacio postsoviético, particularmente en la Comunidad de Estados Independientes (CEI), así como en la OSCE y en Asia Central.

El nombre de Rusia en ruso es «Rossía», que procede del término «rus'» (Русь). Sobre el origen de dicho término hay varias teorías, pero ninguna de ellas es aceptada por todos. Las versiones se dividen en históricas, que se basan en autores contemporáneos, lingüísticas y toponímicas. Así las principales hipótesis son la histórica bizantina, la indo-iraní, la lingüística finesa, la histórico-toponímica prusiana, además de varias toponímicas.

Antes del siglo I, las vastas tierras de Rusia meridional fueron pobladas por varias tribus, muy dispersas por el inmenso territorio, como los proto-indoeuropeos y escitas. Entre el siglo III y siglo VI las estepas fueron asoladas por oleadas sucesivas de invasiones nómadas, dirigidas por tribus belicosas que a menudo continuarían su avance hasta Europa, como fue el caso de los hunos y ávaros.

Durante el período del siglo V al siglo VII los avances humanos están representados por la cultura de Dyakovo, en plena edad de hierro, que ocupaba la zona del Volga Superior, el Valday y el área de río de Oká. La cultura de Dyakovo estaba formada por la gentes ugrofinesas, los antepasados de las tribus Merya, Muroma, Meshchera y Veps. Toda la toponimia regional ugrofinesa y su carácter hidrónimo nos transporta a esta cultura, un ejemplo es el río Yauza, afluente del Moscova, y probablemente el mismo río Moscova también.

Los turcos y los kazajos reinaron las estepas más bajas de la cuenca del Volga entre los Mares Mar Caspio y Negro hacia el siglo VIII. Destacaron por sus notorias leyes de tolerancia cosmopolita. Los jázaros fueron la conexión comercial principal entre el Báltico y el imperio musulmán Abbasí radicados en Bagdad. Se convirtieron en importantes aliados del Imperio Bizantino y emprendieron una serie de guerras exitosas contra los Califatos árabes.

En esta era, el término "Rhos" o "Rus" fue primero aplicado a los varegos y luego también a los eslavos que habitaban la región. En el período del siglo X a XI la Rus de Kiev llegó a ser el principado más grande en Europa y uno de los más prósperos, debido al comercio diversificado tanto con Europa como con Asia. La apertura de nuevas rutas del comercio con Oriente en el tiempo de Las Cruzadas contribuyó a la decadencia y a la fragmentación del principado a fines del siglo XII.

En el período del siglo XI y XII, las incursiones constantes de las tribus turcas nómadas, como los polovtsy y los pechenego, llevaron a la migración masiva de las poblaciones eslavas, del sur fértil a las regiones más arboladas del norte, conocidos como Zales'e. Los estados medievales de la República de Nóvgorod y el Principado de Vladímir-Súzdal surgieron como sucesores del Rus de Kiev. Mientras, el curso mediano del Río Volga vino a ser dominado por el estado musulmán de Bulgaria del Volga. Como muchas otras partes de Eurasia, estos territorios fueron invadidos por los mongoles, formando el estado de la Horda Dorada que saquearía los principados rusos durante más de tres siglos. Cerca de la mitad de la población rusa perecerá durante la invasión mongola; posteriormente conocidos como los tártaros, gobernarán las extensiones meridionales y centrales de Rusia mientras que los territorios actuales de Ucrania y Bielorrusia serán incorporados al Gran Ducado de Lituania y Polonia, dividiendo así a los rusos entre bielorrusos al norte y ucranios al oeste.

Al igual que en los Balcanes, el movimiento nómada retardó el desarrollo económico y social del país. Sin embargo, la República de Nóvgorod junto con la ciudad de Pskov retuvieron algún grado de autonomía durante el tiempo de la yunta mongola y pudieron en gran parte evitar las atrocidades que afectaron al resto del país. En el año 1240, la República de Nóvgorod, dirigida por Alexánder Nevsky (1220-1263), repelió los intentos de los cruzados germánicos de colonizar la región.

A diferencia de su líder espiritual, el Imperio Bizantino, Rusia, bajo el liderazgo de Moscú, pudo revivir y organizar su propia guerra de la reconquista, subyugando finalmente a sus enemigos y anexando sus territorios perdidos. Después de la caída de Constantinopla en 1453, la Rusia moscovita queda como el único estado cristiano más o menos funcional en la frontera de europea Oriental, adquiriendo así el derecho de reclamar la sucesión al legado del Imperio Romano de Oriente. Todavía bajo el dominio de los mongolo-tártaros, el ducado de Moscú comenzó a afirmar su influencia en Rusia Occidental en el principio del siglo XIV. El resurgimiento espiritual, apoyado por la Iglesia Ortodoxa y San Sergio de Rádonezh, ayudó al ducado de Moscú a derrotar a los mongolo-tártaros en la Batalla de Kulikovo en 1380.

Ivan IV "El Terrible" (1530-1584) pone fin al control de los invasores, consolidando regiones cercanas bajo el dominio de Moscú. Es el primero en tomar el título de "Gran Duque de Todas las Rusias".

Al principio del siglo XVI, el Estado ruso tomó como metas principales recuperar todos los territorios perdidos a consecuencia de la invasión mongolo-tártara y proteger la zona fronteriza meridional contra los ataques de los tártaros de Crimea (Las Guerras Ruso-De Crimea) y de algunos pueblos turcos. Los hidalgos, recibiendo un señorío del soberano, fueron obligados a servir en el ejército. El sistema del señorío llegó a ser la base para la caballería noble. En 1547, Ivan IV fue coronado oficialmente como el primer Zar de Rusia. Durante su reinado, Ivan IV anexionó regiones de Kazán y Astracán entre otras y transformó Rusia en un estado multiétnico. Iván IV promulgó un nuevo código de leyes (Sudebnik de 1550), estableciendo el primer cuerpo representativo feudal (Zemsky Sobor) e introdujo la autogestión local en las regiones rurales. A finales del siglo, cosacos rusos fundaron los primeros establecimientos en Siberia Occidental. Su reinado también fue marcado por la larga y fracasada guerra contra la coalición de Polonia, Lituania y Suecia para el acceso al comercio a través del mar Báltico.

Iván llevó a cabo una serie de purgas en la aristocracia feudal, probablemente provocadas por la traición por parte de príncipe Kurbsky, por las cuales entró en la historia como "El Terrible". Después de su muerte los fracasos militares, las epidemias y las pobres cosechas debilitaron el Estado, los tártaros de Crimea queman la ciudad de Moscú. La muerte de los hijos de Iván combinado con el hambre de 1601-1603 llevan a la guerra civil y a la intervención extranjera.

A mediados del siglo XVII había establecimientos rusos en Siberia Oriental y en la península de Chukchi a través del río Amur. En 1648 el navegante ruso Semión Dezhniov descubre el estrecho que separa Siberia de Alaska. Mas tarde, en (1728) será explorado por el navegante danés Vitus Bering, y llevará su nombre (estrecho de Bering).

El control moscovita de la nación naciente continuó después de la intervención polaca bajo la dinastía subsiguiente de Romanov, empezando con el Zar Miguel I de Rusia en 1613. Pedro I el Grande, quien gobernó el Zarato Ruso, derrotó al Imperio sueco durante la Gran Guerra del Norte, forzándolo a ceder Karelia Occidental e Ingria (dos regiones perdidas por Rusia en el Tiempo de Dificultades), y de Livonia (la última ahora es Estonia y Letonia septentrional). Ésto aseguró el acceso del Imperio Ruso al mar y el comercio marítimo, en Ingria. Fundó en 1703 una nueva capital, San Petersburgo y fue, en gran parte, responsable de llevar la cultura de Europa Occidental a Rusia, a raíz de sus reformas.

Luego de dichas reformas, Rusia obtuvo poder en Europa. Catalina la Grande, que gobernó entre 1762 a 1796, continuó los esfuerzos de Pedro I ubicando a Rusia como uno de los grandes poderes europeos. Como ejemplos de la participación europea en el siglo XVIII, se destacan la Guerra de Sucesión Polaca y la Guerra de los Siete Años. Tras la división de Polonia, Rusia adquirió los significativos territorios del oeste, los cuales se encontraban poblados principalmente por personas de religión ortodoxa. A consecuencia de las guerras contra el Imperio Otomano, Rusia aumentó sus fronteras hasta el Mar Negro teniendo como objetivo la protección de la región cristiana de los Balcanes contra los turcos. En 1783, Rusia y el Reino Georgiano (que fue devastado casi totalmente por las invasiones persas y por los turcos) firmaron el tratado de Georgievsk según el cual Georgia (Kartl-Kakheti) recibió la protección de Rusia.

En 1812, habiendo reunido casi medio millón de soldados franceses y provenientes de sus otros estados conquistados en Europa, Napoleón invadió Rusia. Sin embargo, luego de tomar Moscú, fue forzado a retirarse hacia Francia. Casi el 90% de las fuerzas invasoras perecieron en las batallas con el ejército ruso, a causa de los guerrilleros, y el crudo invierno. Los ejércitos rusos terminaron la persecución del enemigo tomando su capital, París. Los oficiales de las guerras napoleónicas llevaron a Rusia las ideas del liberalismo e incluso procuraron reducir los poderes del zar durante la rebelión abortada de los dekabristas en 1825, la cual fue seguida por varias décadas de represión política. Otro de los resultados de las guerras napoleónicas, fue la constitución de Besarabia, y de Finlandia en el Imperio Ruso, y la creación del Congreso Polonia. La permanencia de la servidumbre y las políticas conservadoras de Nicolás I de Rusia estorbaron el desarrollo del Imperio Ruso a mediados del siglo XIX. Como resultado, el país fue derrotado en la Guerra de Crimea (1853–1856) por una alianza de poderes europeos mayores que incluían a Gran Bretaña, Francia, el Imperio Otomano y Piamonte-Cerdeña.

El sucesor de Nicolás I de Rusia, Alejandro II (1855–1881) fue forzado a emprender una serie de reformas completas y publicó un decreto aboliendo la servidumbre, en 1861. Las grandes reformas del reinado de Alejandro II dirigieron cada vez más rápido el desarrollo y las tentativas del capitalista Sergei Witte hacia la industrialización. Una atmósfera de eslavofilia estaba en aumento, encabezada por la victoria de Rusia en la Guerra Ruso-Turca, la cual forzó al Imperio Otomano a reconocer la independencia de Rumania, de Serbia y Montenegro, y la autonomía de Bulgaria.

El fracaso de las reformas y la supresión de lo agrario a consecuencia del crecimiento de la intelectualidad liberal, fomentó la continuidad de los problemas. En la víspera de Primera Guerra Mundial, la posición del Zar Nicolás II y su dinastía pareció precaria.

El gobierno ruso no quiso participar en la Primera Guerra Mundial, pero sentía que la única alternativa era la aceptación de la dominación alemana de Europa. Rusos de clase alta y burgueses ayudaron en el esfuerzo de guerra del régimen. Campesinos y trabajadores, en cambio participaron con mucho menos entusiasmo ante la situación. Alemania tenía un ejército que llevaba la delantera en Europa y un enorme poder industrial, teniendo además a Austria y el Imperio Otomano como sus aliados en la guerra. Consecuentemente, Rusia fue forzada a luchar en otras tres guerras y en la guerra inglesa simultáneamente. Bajo estas circunstancias el esfuerzo ruso en la guerra fue impresionante. Habiendo ganado varias grandes batallas en 1916, el ejército guardó distancia cuando estalló la Revolución rusa de 1917, en parte por razones económicas, pero principalmente porque la desconfianza pública ya existente hacia el régimen se profundizó por la corrupción y la traición. Muchas historias fueron inventadas o enormemente exageradas, tal como la creencia que un místico, Grigori Rasputin, tuvo gran influencia política dentro del gobierno. Lo que importó, sin embargo, fue que se creyeron los rumores.

Después de que un poder bolchevique asumió en julio 1917, su líder, Vladimir Lenin, huyó a Finlandia por seguridad. Allí escribió "El Estado y la Revolución", llamando a una nueva forma de gobierno basado en consejos de los trabajadores o soviets, e instituyendo al poder soviético elegido, como revocable en todo momento por los trabajadores. Él volvió a Petrogrado en octubre, inspirando la Revolución de octubre con el lema "¡Todo el poder para los soviets!". Lenin dirigió el derrocamiento del Gobierno Provisional del Instituto de Smolny, desde el 6 al 8 de noviembre 1917. Al final de la Revolución rusa de 1917, una facción política marxista llamó a los bolcheviques a tomar el poder en Petrogrado y Moscú bajo el liderazgo de Vladimir Lenin. Los bolcheviques cambiaron su nombre a Partido Comunista. El asalto y la capitulación del Palacio de Invierno en la noche del 7 al 8 de noviembre marcaron el principio del gobierno soviético.

El Zar Nicolás II y familia real fue asesinada y con ello terminó la última dinastía rusa. Durante un tiempo se creyó en el rumor de que la hija menor de la familia, la princesa Anastasia, había sobrevivido, cosa que nunca llego a confirmarse e investigaciones recientes han terminado por abogar por lo contrario.

A pesar de que Rusia se industrializaba rápidamente, apenas una pequeña parte de la población, principalmente nobles y algunos industriales, tenían buenas condiciones de vida. Los campesinos eran pobres y, pese a la reforma agraria de Alejandro II, les era muy difícil acceder a la propiedad de la tierra. Las sucesivas derrotas en batallas durante la I Guerra Mundial y el descontento generalizado de la población, llevaron a que la economía interna comenzara a deteriorarse, lo que condujo al caos social y a varias revueltas e intentos revolucionarios. Estas revoluciones tienen dos fechas: 1905 y 1917. En la revolución de 1905 comienza el fin de la era zarista, cuando Rusia fue derrotada inesperadamente por Japón durante una guerra entre estos dos países. Japón era un país pequeño y débil a nivel tecnológico, y esto aterrorizó al zar Nicolás II y afectó a su popularidad. Asimismo, en 1905 un grupo de trabajadores elaboró una petición al zar, no al Palacio Imperial en San Petersburgo, exigiendo reformas económicas y sociales. El movimiento fue violentamente reprimido por las tropas del zar, quienes dieron muerte a varios de los trabajadores. Ese episodio fue conocido como "Domingo Sangriento", a partir de él se formaron los primeros Soviets.

El poder de los soviéticos y la influencia de la revolución de 1905 se fue diluyendo en los años siguientes; sin embargo, con la entrada de Rusia a la I Guerra Mundial, las condiciones de vida de gran parte de la población empeoraron drásticamente, generando las condiciones para nuevas revueltas que darían origen a la Revolución de febrero de 1917, en donde social-revolucionarios, mencheviques, cadetes y bolcheviques intentaron dar -por separado-con nuevas fórmulas de gobierno para Rusia, dando lugar a una breve República de inspiración occidental cuyo máximo líder fue Alexander Kerensky. Este nuevo orden no prosperó debido, principalmente, a la oposición de los líderes rusos de la nueva república a la salida de Rusia de la guerra, lo que favoreció a los bolcheviques que, pese a ser una minoría política entre los partidos de la época, eran los únicos que defendían la salida de la guerra de manera intransigente; de esta manera se dio origen a la revolución de octubre de 1917, de inspiración bolchevique, y a la posterior toma del poder por parte de los soviets liderados por Lenin y Trotsky, quienes crean el Partido Comunista donde fueron dados los primeros pasos para la formación de la URSS.

Después de la victoria de los bolcheviques, Rusia sufre una Guerra Civil (1918-1922) entre los partidarios de la revolución bolchevique (Ejército Rojo) y sus opositores (Ejército Blanco), estos últimos, apoyados en algunos momentos de la guerra, por diversas potencias extranjeras. Para ganar, Lenin adopta el "Comunismo de Guerra", confiscando la producción agrícola para abastecer a los soldados. Con la victoria del Ejército Rojo grandes compañías privadas fueron cerradas como, por ejemplo, la empresa Smirnoff.

Se piensa tradicionalmente que la Unión Soviética es la sucesora del Imperio Ruso. El último zar, Nicolás II, gobernó hasta marzo de 1917 y fue ejecutado con su familia el año siguiente. La Unión Soviética fue establecida en diciembre de 1922 como la unión de las repúblicas soviéticas de Rusia (familiarmente conocida como Rusia Bolchevique), Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia gobernadas, las tres primeras, por partidos bolcheviques y la última por el menchevique.

La actividad revolucionaria moderna en el Imperio Ruso comenzó con la Rebelión Decembrista de 1825, y aunque la servidumbre fue abolida en 1861, lo fue en términos desfavorables para los campesinos y sirvió para animar a los revolucionarios. Un parlamento, la Duma estatal, fue establecido en 1906, después de la Revolución de 1905, pero el malestar político y social siguió. Siendo agravado durante la Primera Guerra Mundial por el fracaso militar y la escasez de alimento en las ciudades principales.

El levantamiento popular espontáneo en Petrogrado, en respuesta al decaimiento de la economía y la moral en tiempo de guerra, culminó con el derrocamiento del gobierno imperial en marzo de 1917 (véase Revolución de Febrero). La autocracia zarista fue reemplazada por el Gobierno Provisional Ruso, cuyos líderes pensaron en establecer una democracia liberal en Rusia y continuar participando en el lado de la Triple Entente en la Primera Guerra Mundial. Al mismo tiempo, para asegurar los derechos de la clase obrera, las asambleas de trabajadores, conocidas como Soviets, nacen a lo largo de todo el país. Los bolcheviques, dirigidos por Vladimir Ilich Lenin, presionaron a favor de una revolución socialista tanto en dichas asambleas como en las calles, tomando el poder en el Gobierno Provisional en noviembre de 1917 (ver Revolución de octubre). Sólo tras la larga y sangrienta Guerra civil rusa de 1918–1921, durante la que se aprobó la primera Constitución soviética de 1918 y que incluyó intervención extranjera en varias regiones de Rusia se afianzó el nuevo poder soviético. Tras la Guerra Polaco-Soviética de 1919-1921, la "Paz de Riga" a principios del año 1921 dividió los territorios disputados de Bielorrusia y Ucrania entre Polonia y la RSFS de Rusia.

El 29 de diciembre de 1922 una conferencia de delegaciones plenipotenciarias de la RSFS de Rusia, RFSS de Transcaucasia, la RSS de Ucrania y la RSS de Bielorrusia aprobaron el Tratado de Creación de la URSS y la Declaración de la Creación de la URSS, formándose la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Estos dos documentos fueron confirmados por el primer Congreso soviético de la URSS y firmados por los cabezas de las delegaciones Mijaíl Kalinin, Mikha Tskhakaya, Mijail Frunze y Grigory Petrovsky, y Aleksandr Chervyakov respectivamente el 30 de diciembre de 1922. El 1 de febrero de 1924 la URSS fue reconocida por la primera potencia mundial de la época, el Imperio británico.

La reestructuración intensiva de la economía, la industria y la política del país empezaron desde los primeros días del poder soviético en 1917. Una gran parte se realizó según los Decretos Iniciales Bolcheviques, documentos del gobierno soviético, firmados por Vladimir Lenin. Uno de los adelantos más prominentes era el plan GOELRO, que propugnaba una reestructuración profunda de la economía soviética basada en la electrificación total del país. El Plan se inició en 1920, desarrollándose durante un período de 10 a 15 años. Incluyó la construcción de una red de 30 centrales eléctricas regionales, incluyendo diez grandes centrales hidroeléctricas, y la electrificación de numerosas empresas industriales. El Plan llegó a ser el prototipo para el subsiguiente Plan Quinquenal (URSS) finalizándose prácticamente en 1931.

Después de la dura política económica llevada a cabo por los bolcheviques durante la Guerra Civil (véase Comunismo de guerra), el gobierno soviético permitió que algunas empresas privadas coexistieran con la industria nacionalizada durante los años 1920. Del mismo modo, el requisamiento total de los excedentes alimentarios en el campo fue reemplazado por impuestos sobre los alimentos (véase Nueva Política Económica). Aunque algunas de estas medidas fueron discutidas por líderes soviéticos, se consideró necesario para evitar que la explotación capitalista volviera a la Unión Soviética. Los asuntos económicos constituyeron el telón de fondo en la lucha por el poder que se desencadenó entre los líderes soviéticos tras la muerte de Lenin en 1924. Consolidando gradualmente su influencia y aislando a sus rivales dentro del partido Iósif Stalin se convirtió en el líder de la Unión Soviética a mediados de los años 1920.

En 1928, Stalin introdujo el Primer Plan quinquenal destinado a construir una economía socialista. Esto, a diferencia del internacionalismo expresado por Lenin y Trotsky a través del curso de la Revolución, apuntó al socialismo en el país. En la industria, el estado asumió el control de todas las empresas existentes y emprendió un programa intensivo de industrialización; en la agricultura granjas colectivas fueron establecidas por todas partes en el país. Encontró la resistencia esparcida de campesinos ricos que retuvieron grano, teniendo como resultado una lucha amarga contra las autoridades y el hambre, causando millones de muertes. El trastorno social continuó en los años treinta. La Gran Purga de Stalin del partido eliminó a muchos "Viejos bolcheviques", que habían tomado parte en la Revolución con Lenin. Mientras tanto, innumerables ciudadanos soviéticos fueron encarcelados y enviados a GULAG (Administración Principal para Campamentos de Trabajo Correctivos), una red enorme de campamentos de trabajo forzados, o simplemente ejecutados. Aún a pesar de la confusión a mediados de los años 1930, la Unión Soviética desarrolló una economía industrial poderosa años antes de la Segunda Guerra Mundial.

Los años treinta vieron la cooperación más cercana entre los países Occidentales y la URSS, en 1933 relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y la URSS fueron establecidas. Cuatro años más tarde, la URSS apoyó activamente la Segunda República Española en la Guerra civil española contra los fascistas italianos y alemanes. No obstante, después de que Gran Bretaña y Francia concluyesen los Acuerdos de Múnich con la Alemania Nazi, la URSS realizó tratos con este último también, económicamente y militarmente, concluyendo el Pacto Ribbentrop-Molotov (pacto de no agresión nazi-soviético), que implicó la ocupación de Lituania, Letonia, Estonia y la Invasión de Polonia en 1939. A finales de noviembre en 1939, incapaz de forzar a Finlandia en el acuerdo a mover su frontera 25 kilómetros de Leningrado por medios diplomáticos, Stalin ordenó la Guerra de Invierno. Aunque haya sido debatido si la Unión Soviética tuvo la intención de invadir la Alemania Nazi una vez fuese suficientemente fuerte, la misma Alemania rompió el tratado e invadió la Unión Soviética en 1941. El Ejército Rojo paró la ofensiva nazi en la Batalla de Stalingrado, desde finales de 1942 hasta principios de 1943, siendo el punto decisivo mayor, y avanzó por Europa del Este a Berlín antes del rendimiento Alemania en 1945 (véase Gran Guerra Patriótica). Aunque destrozada por la guerra, la Unión Soviética surgió del conflicto como una superpotencia reconocida.

Durante la posguerra inmediata, la Unión Soviética reedificó primero y entonces ensanchó su economía, al mantener su control estrictamente centralizado. La Unión Soviética ayudó la reedificación de la posguerra en los países de Europa del Este al girar ellos en estados soviéticos de satélite, fundó el Pacto de Varsovia en 1955, más tarde, el Consejo de Ayuda Mutua Económica, la ayuda suministrada a los comunistas finalmente victoriosos en China, y vio crecer su influencia en otras partes del mundo. Mientras tanto, la tensión creciente de la Guerra Fría giró a los aliados del tiempo de guerra de Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos, como enemigos.

Iósif Stalin muere el 5 de marzo de 1953. En ausencia de un sucesor aceptable, los funcionarios más altos del Partido comunista optaron por gobernar la Unión Soviética colectivamente, aunque existiera una lucha por el poder tras de la fachada del liderazgo colectivo. Nikita Jrushchov, que había ganado la lucha por el poder a principios de la década de los años 1950, denunció el uso por parte de Stalin de la represión en 1956 y los controles represivos aliviados sobre el partido y la sociedad conocidos como desestalinización. Al mismo tiempo, la fuerza militar soviética fue utilizada para suprimir los levantamientos nacionalistas en Hungría y Polonia en 1956. Durante este período, la Unión Soviética continuó dándose cuenta del extenso potencial científico y tecnológico y lo explota, lanzando el primer satélite artificial Sputnik 1, el primer ser vivo en viajar al espacio es Laika, y más tarde, el primer ser humano que está Yuri Gagarin en la órbita de la Tierra. Valentina Tereshkova fue la primera mujer en volar al espacio a bordo de Vostok 6 el 16 de junio de 1963, y Alexei Leonov llegó a ser la primera persona en andar en el espacio el 18 de marzo de 1965. Las reformas de Jrushchov en la agricultura y la administración fueron generalmente improductivas y la política exterior hacia China y Estados Unidos sufrió deterioros, estas circunstancias llevaron a la Ruptura Chino-Soviética. Jrushchov fue jubilado del poder en 1964.

Después de la expulsión de Jrushchov, siguió otro período de la regla por el mando colectivo, que duró hasta que Leonid Brezhnev se estableciera a principios de los años 1970 como la figura preeminente en la vida política soviética. Brezhnev presidió por el período de Détente con el Oeste al mismo tiempo aumentando la fuerza militar soviética; la concentración de armas contribuyó a la desaparición del Détente a finales de los años 1970. Otro factor de contribución fue la invasión soviética de Afganistán en diciembre de 1979.

A través del período, la Unión Soviética mantuvo la igualdad con Estados Unidos en las áreas de la tecnología militar, pero esta expansión finalmente hizo que se paralizara la economía. Por contraste al espíritu revolucionario que acompañó el nacimiento de la Unión Soviética, el humor predominante del liderazgo soviético en el tiempo de la muerte de Brezhnev en 1982 fue uno de aversión de cambiar. El período largo de la regla de Brezhnev había venido a ser doblado uno de "parada" (застой), con un envejecimiento y el liderazgo político, primero y osificado.

Después de alguna experimentación con reformas económicas en la década de los sesenta, que el liderazgo soviético volvió a medios establecidos de la administración económica. La industria mostró las ganancias lentas pero estables durante los años setenta, mientras el desarrollo agrícola continuó retrasándose; esencialmente la unión no produjo suficiente grano para alimentar a su población creciente, y fue forzado a importar. Debido a la mala calidad de sus productos, la unión fue en gran parte sólo capaz de exportar materias primas. Esto lleva a una balanza de pagos negativa y últimamente la unión se quedó económicamente sin dinero.

Dos fenómenos caracterizaron la siguiente década: el desmoronamiento cada vez más evidente de las estructuras económicas y políticas de la Unión Soviética, y las tentativas de un conjunto fragmentario de reformas para invertir ese proceso. Después de la sucesión rápida de Yuri Andropov y Konstantin Chernenko, figuras de transición con raíces profundas en la tradición Brezhnevita, Mijaíl Gorbachov fue designado líder de la URSS. Gorbachov comenzó a aplicar cambios significativos en la economía (véanse Perestroika y Glasnost) y el liderazgo del partido. La política de Glasnost liberó el acceso público a la información después de décadas de pesada censura del gobierno, como también abogó por la transparencia en la gestión de los líderes soviéticos.

A finales de los años 1980, las repúblicas que componían de la Unión Soviética comenzaron legalmente un movimiento hacia una declaración de soberanía sobre sus territorios, citando el Artículo 72 de la Constitución de la URSS, que indicaba que cualquier república componente era libre de separarse. El 7 de abril de 1990 fue aprobada una ley, por la cual una república podría separarse, si más de dos terceras partes de los residentes de la república votaban a favor de ello en un referéndum. Muchas liberalizaron primero las elecciones de la era soviética para sus propias legislaturas nacionales en 1990. Éstas avanzaron en una legislación que contradecía las leyes de la Unión en lo que fue conocida como "La Guerra de Leyes". En 1989, la RSFS de Rusia, que era entonces la república más grande (con cerca de la mitad de la población) convocó una nueva elección para un Congreso de Diputados del Pueblo. Boris Yeltsin fue elegido presidente del Congreso. El 12 de junio de 1990, el Congreso declaró la soberanía de Rusia sobre su territorio y se adelantó a hacer leyes que procuraban desbancar algunas de las normas de la URSS. El período de la incertidumbre legal continuó a través de 1991 cuando las repúblicas componentes llegaron a ser lentamente independientes en la práctica.

Un referéndum para la conservación de la URSS fue celebrado el 17 de marzo de 1991, con la mayoría de la población que votó por la conservación de la Unión en nueve de las quince repúblicas. El referéndum dio a Gorbachov un empujón secundario, y, en el verano de 1991, el Nuevo Tratado de la Unión fue diseñado y fue acordado para ocho repúblicas que se habrían inclinado a convertir la Unión Soviética en una federación mucho más floja. La firma del tratado, sin embargo, fue interrumpida por el golpe de estado de agosto dirigido contra Gorbachov por miembros marxistas extremistas del gobierno, que procuró invertir las reformas de Gorbachov y reafirmar el control central del gobierno sobre las repúblicas. Después de que el golpe fallara, Yeltsin salió como un héroe mientras el poder de Gorbachov disminuyó. El equilibrio político se inclinó apreciablemente hacia las repúblicas. En agosto de 1991, Letonia y Estonia declararon inmediatamente la restauración de la independencia plena (siguiendo el ejemplo de Lituania en 1990), mientras las otras 12 repúblicas continuaban discutiendo de nuevo los modelos de una Unión cada vez más débil.

El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el Tratado de Belovesh que declaró la Unión Soviética disuelta y se estableció la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en su lugar. Como quedaban dudas sobre la autoridad del Tratado de Belovesh para disolver la Unión, el 21 de diciembre de 1991, los representantes de todas las repúblicas soviéticas excepto Georgia, inclusive las repúblicas que habían firmado el Tratado de Belovesh, firmaron el Protocolo de Alma-Ata, que confirmó el desmembramiento y la extinción consecuente de la URSS y volvió a plantear el establecimiento de la CEI. La cumbre de Alma-Ata convino también en varias otras medidas prácticas como consecuencia de la extinción de la Unión Soviética. El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov se rindió a lo inevitable y renunció como presidente de la URSS, declarando a la URSS disuelta. Transfirió los poderes, que pasaron desde entonces a Boris Yeltsin, el presidente de Rusia. El día siguiente, el Soviet Supremo de la URSS, el cuerpo gubernamental más alto de la Unión Soviética, reconoció el desplome de la Unión Soviética y se disolvió. Esto es reconocido generalmente como la disolución final de la Unión Soviética como un estado. Muchas organizaciones como el Ejército Rojo y la policía continuaron quedándose en el lugar hasta principios del año 1992, pero fueron eliminadas progresivamente y/o retiradas o absorbidas por los estados nuevamente independientes.

A mediados de los años 90, Rusia era una democracia multipartidista, mas era difícil asegurar un gobierno representativo a causa de dos problemas estructurales: el enfrentamiento entre el presidente y el parlamento, y el anárquico sistema de partidos. Aunque Yeltsin ganó prestigio en el extranjero al mostrarse como un demócrata para debilitar a Gorvachov, su concepción de la presidencia era muy autocrática, actuando bien como su propio primer ministro (hasta junio de 1992) o bien nombrando para tal cargo a gente de su confianza, sin tener en cuenta al parlamento.

Mientras, la excesiva presencia de partidos minúsculos y su rechazo a formar alianzas coherentes dejaba la legislatura ingobernable. Durante 1993, el contencioso entre Yeltsin y el parlamento culminaría con la crisis constitucional de octubre. Ésta llegó a su punto crítico cuando, el 3 de octubre, Yeltsin mandó a los tanques a bombardear el parlamento ruso. Con este trascendente (e inconstitucional) paso de disolver a cañonazos el parlamento, Rusia no había estado tan cerca del enfrentamiento civil desde la revolución de 1917. A partir de entonces, Yeltsin dispuso de entera libertad para imponer una constitución con fuertes poderes presidenciales, que fue aprobada en referéndum en diciembre de 1993. Sin embargo, el voto de diciembre también supuso un avance importante de comunistas y nacionalistas, reflejo del creciente desencanto de la población con las reformas económicas neoliberales.

Pese a llegar al poder en un ambiente general de optimismo, Yeltsin nunca recuperaría su popularidad tras apoyar la "terapia de choque" económica de Yegor Gaidar: fin del control de precios de la era soviética, recortes drásticos en el gasto público y la apertura al comercio exterior en 1992. Las reformas devastaron inmediatamente la calidad de vida de la gran mayoría de la población, especialmente en aquellos sectores beneficiados por los salarios y precios controlados, los subsidios y el estado del bienestar de la época comunista. Rusia sufrió en la década de los noventa una recesión económica más grave que la Gran Depresión que azotó los Estados Unidos o Alemania a principios de los años 1930.

Las reformas económicas consolidaron una oligarquía semicriminal enraizada en el viejo sistema soviético. Aconsejada por los gobiernos occidentales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, Rusia se embarcaría en la más grande y más rápida privatización jamás llevada a cabo por un gobierno en toda la historia. A mediados de década, el comercio, los servicios y la pequeña industria ya estaban en manos privadas. Casi todas las grandes empresa fueron adquiridas por sus antiguos directores, engendrando una clase de nuevos ricos cercanos a diversas mafias o a inversores occidentales. En la base del sistema, a causa de la inflación o el desempleo, muchos obreros acabaron en la pobreza, la prostitución o la delincuencia.

A pesar de todo, un supuesto regreso a la economía dirigida parecía casi imposible, contando con el rechazo unánime de Occidente. La economía rusa encontró el fin del calvario con la recuperación a partir de 1999 en parte gracias al alza de los precios del crudo, su principal exportación aun quedando lejos los niveles de producción soviéticos.

Tras la crisis financiera de 1998 Yeltsin se encontraba en el ocaso de su trayectoria. Sólo unas horas antes del primer día de 2000, dimitió por sorpresa dejando el gobierno en manos de su primer ministro, Vladímir Putin, un antiguo funcionario del KGB y jefe de su agencia sucesora tras la caída del comunismo. En 2000, el nuevo presidente derrotó con facilidad a sus contrincantes en las elecciones presidenciales del 26 de marzo, ganando en primera vuelta. En 2004 fue reelegido con el 71% de los votos y sus aliados ganaron las legislativas, pese a las reticencias de observadores nacionales y extranjeros sobre la limpieza de los comicios. Se hizo aún más patente la preocupación internacional a finales de 2004 a causa los notables avances en el endurecimiento del control del presidente sobre el parlamento, la sociedad civil y los representantes regionales.

En las elecciones legislativas rusas de 2007 el partido Rusia Unida (conservador y centrista), que apoya incondicionalmente a Putin y el curso de desarrollo tomado desde su llegada al poder, consiguió el 64,30% de los votos, lo que se consideró como apoyo de los rusos al dicho curso político y económico.

En las elecciones presidenciales de Rusia de 2008, el candidato del partido Rusia Unida, Dmitri Medvédev, apoyado por el entonces presidente Vladímir Putin, ganó por amplio margen a sus opositores en las urnas. Medvédev asumió el cargo en mayo de 2008.

Según la Constitución, que fue adoptada en referéndum nacional el 12 de diciembre de 1993 después de la crisis constitucional rusa de 1993, Rusia es una federación y una república semipresidencialista, donde el Presidente es el Jefe de Estado y el Presidente del Gobierno es el Jefe de Gobierno. La Federación Rusa está constituida como una democracia representativa. El poder ejecutivo se ejerce por el gobierno. El poder legislativo es responsabilidad de las dos cámaras de la Asamblea Federal. El gobierno se regula por un sistema de controles y balances definidos por la Constitución de la Federación Rusa, la ley fundamental del país y el contrato social para el pueblo de la Federación Rusa.

Según la Constitución, la justicia constitucional en la corte se basa en la igualdad de todos los ciudadanos, los jueces son independientes y sólo se someten a la ley, los juicios son abiertos y al acusado se le garantiza la defensa. Desde 1996, Rusia ha establecido una moratoria sobre la aplicación de la pena capital, aunque ésta no ha sido abolida por ley.

El Presidente se elige por votación popular para un mandato de seis años (desde las modificaciones constitucionales de 2008; actual mandato es de cuatro años) con la opción de ser elegido para un segundo mandato consecutivo (no hay restricción sobre el número total de veces que la misma persona puede ser elegida). Los ministerios del gobierno están compuestos por el Presidente del Gobierno (primer ministro) y sus viceprimerministros, ministros y otros individuos; todos son designados por el Presidente por recomendación del primer ministro con requerimiento del consentimiento de la Duma Estatal. El legislativo es la Asamblea Federal consistente de dos cámaras; la Duma Estatal con 450 diputados y el Consejo de la Federación con 178 representantes. Los principales partidos, los únicos representados en la Duma Estatal, son Rusia Unida, el Partido Comunista de la Federación Rusa, el Partido Liberal Democrático de Rusia y Rusia Justa.

Rusia ha jugado un rol importante al servir de mediador en conflictos internacionales y ha sido comprometida en forma particularmente activa para tratar de promover la paz en el conflicto de Kosovo. Rusia ha sido promotor del proceso de paz en Oriente Medio y apoya a las Organización de las Naciones Unidas (ONU) y ciertas iniciativas multilaterales en el Golfo Pérsico, Camboya, Angola, la Antigua Yugoslavia y Haití. Rusia es un miembro fundador del Grupo de Contacto y miembro del G-8 desde el junio de 1997. En noviembre de 1998, Rusia se unió al foro de cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC en inglés). Rusia ha contribuido con tropas militares en la fuerza de estabilización en Bosnia, dirigida por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y ha afirmado su respeto por las leyes internacionales y los principios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Rusia ha aceptado la intervención por parte de la ONU y la OSCE en los conflictos regionales en países vecinos, incluyendo el envío de observadores a Georgia, Moldavia, Tayikistán y Nagorno-Karabakh. Ha intentado reforzar la defensa y los lazos de seguridad con la CEI y mantiene bases militares en Armenia, Tayikistán, Georgia, Moldavia, Kazajstán y Kirguistán. En el 2001, Rusia fundó junto a China y tres países centroasiáticos la Organización de Cooperación de Shanghai, una alianza militar y económica que busca contrapesar la influencia estadounidense en la zona.

La Federación Rusa consiste en un gran número de subdivisiones políticas diferentes, haciendo un total de 83 componentes constituyentes. Hay 21 repúblicas dentro de la federación que disfrutan de un alto grado de autonomía sobre la mayor parte de cuestiones internas y estas corresponden a algunas minorías étnicas de Rusia (aunque no siempre sean mayoritarias en ese territorio). Cada república tiene su propia constitución. El territorio restante consiste en 8 regiones (krai), 46 provincias conocidas como óblast, 5 distritos autónomos y un óblast autónomo. Aparte de estos hay dos ciudades federales, Moscú y San Petersburgo. Recientemente, se han añadido siete distritos federales extensos como una nueva capa entre las susodichas subdivisiones y el nivel nacional.

La Federación Rusa se extiende a través de la mayor parte del norte del supercontinente Eurasia por lo que existen una gran variedad de paisajes y climas. La mayor parte del paisaje consiste en llanuras enormes, tanto en la parte europea como en la parte asiática que son ampliamente conocidas como Siberia. Estas llanuras son predominantemente estepa al sur y arbolado denso al norte, con la tundra a lo largo de la costa del norte. Se encuentran cadenas montañosas a lo largo de las fronteras del sur, como el Cáucaso (conteniendo el Monte Elbrus, el punto más alto de Rusia con 5.633 m) y el Altái, y en la parte este, como la Cordillera Verjoyansk o los volcanes sobre Kamchatka. Notables son los Montes Urales en la parte central que son la división principal entre Europa y Asia.

Rusia tiene una extensa línea de costa de más de 37.000 kilómetros a lo largo de los océanos Ártico y Pacífico, así como mares interiores como los mares Báltico, Negro y Caspio. Los mares más pequeños son parte de los océanos; el mar de Barents, mar Blanco, mar de Kara, mar de Láptev y mar de Siberia Oriental son parte del Ártico, mientras que el mar de Bering, el mar de Ojotsk y el mar de Japón pertenecen al Pacífico. Las principales islas de Rusia se encuentran en los archipiélago de Nueva Zembla, Tierra de Francisco José, islas de Nueva Siberia e islas Kuriles, además de la isla de Wrangel y la isla de Sajalín.

Muchos grandes ríos fluyen a través de las llanuras desembocando en las costas rusas. En Europa estos son el Volga, Don, Kama, Oka y el Dvina del Norte, mientras otros ríos nacen en Rusia, pero desembocan en otros países, como el Dnieper y el Dvina Occidental. En Asia se encuentran los ríos Ob, Irtysh, Yeniséi, Angara, Lena y Amur. Los lagos principales incluyen el lago Baikal, lago Ládoga y lago Onega.

El 2 de agosto de 2007 dos batiscafos rusos "Mir" realizaron una inmersión en el Océano Glacial Ártico, en el Polo Norte, e instalaron en el fondo una bandera rusa, así como una cápsula con mensaje para generaciones venideras. Esta expedición sin precedentes perseguía entre otros objetivos, comprobar si las cordilleras subacuáticas Lomonósov y Mendeléiev son la extensión natural de la plataforma continental de Rusia, hipótesis que, de ser confirmada, permitiría a Moscú reivindicar en el futuro derechos exclusivos sobre la explotación de recursos minerales en esta zona.

La crisis económica que afectó a todos los países post-soviéticos en los años 1990 fue peor que la Gran Depresión en los países de Europa Occidental y los Estados Unidos en los años 1930. Incluso antes de la crisis financiera del año 1998 el PIB de Rusia disminuyó hasta la mitad de los niveles de principios de la década de los 1990. Con el comienzo del nuevo siglo, los crecientes precios del petróleo, mayores inversiones del exterior, mayor consumo interno y mejor estabilidad política reforzaron el crecimiento económico de Rusia. A finales de 2007 el país disfrutaba del noveno año de crecimiento continuo, con una media del 7% desde la crisis financiera del 1998. En 2007 el PIB de Rusia fue de 2.076 trillones de dólares (est. PPA), el sexto más grande del mundo, con el crecimiento de 8,1% desde el año anterior. El crecimiento se debe principalmente a bienes y servicios no transables para el mercado interno, en comparación con la extracción de petróleo e otros minerales y las exportaciones. El salario medio en Rusia fue de unos 640$ al mes a principios de 2008, comparado con 80$ en 2000. Aproximadamente el 14% de los habitantes vivían por debajo de la línea de pobreza en 2007, muchos menos comparado con el 40% del año 1998. El desempleo en 2007 era del 6%, mientras que en 1999 era del 12,4%.

Rusia posee las mayores reservas de gas natural del mundo, las segundas mayores reservas del carbón y las octavas mayores reservas del petróleo. Es el primer exportador del gas natural y el segundo, del petróleo. Petróleo, gas natural, metales y madera constituyen el 80% de las exportaciones de Rusia. Sin embargo, desde el 2003, las exportaciones de recursos naturales empezaron a descender en importancia para la economía, al reforzarse considerablemente el mercado. A pesar de los elevados precios, el petróleo y gas sólo contribuyen con el 5,7% al PIB de Rusia, y el gobierno pronostica un 3,7% para el año 2011. Se considera que Rusia está muy por delante de la mayoría de los países ricos en recursos en su desarrollo económico, con una larga tradición en educación, ciencia e industria. El país tiene el mayor número de graduados en educación superior que cualquier otro país europeo.

El desarrollo económico del país es irregular geográficamente, con la región de Moscú contribuyendo con cantidades desproporcionadas al PIB. Gran parte de Rusia, especialmente las comunidades rurales en Siberia se encuentran muy atrás. No obstante, la clase media creció de sólo 8 millones de personas en 2000 hasta 55 millones en 2006. En Rusia se encuentra el segundo mayor número de billonarios del mundo, después de Estados Unidos, con 50 billonarios en 2007 de un total de 110.

La inflación creció hasta el 12% al final de 2007, comparado con el 9% en 2006. Esta tendencia continuó en el primer trimestre del 2008, debido principalmente al aumento de los precios de los alimentos. La infraestructura, obsoleta e inadecuada después de años de descuido, se considera un obstáculo para el crecimiento económico. El gobierno prevé invertir un trillón de dólares en infraestructura hasta el 2020.

La defensa de Rusia la garantizan las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, una organización militar estatal que según la ley Federal № 61-ФЗ de 31 de mayo de 1996 «Sobre la defensa» sirve para rechazar las agresiones dirigidas contra la Federación Rusa, para la defensa armada de la integridad e inviolabilidad del territorio de la Federación Rusa, así como para la realización de tareas de acuerdo con las leyes constitucionales federales, leyes federales y acuerdos internacionales de la Federación Rusa.

Las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa tienen tres ramas principales: las Fuerzas Terrestres, la Armada, y la Fuerza Aérea. Además, hay tres cuerpos independientes de las tres ramas anteriores: las Fuerzas Coheteriles Estratégicas, las Fuerzas Espaciales y las Tropas Aerotransportadas.

Según las estimaciones preliminares, la población residente de la Federación Rusa el 1 de enero de 2008 era de 142 millones de personas. En 2007 la población disminuyó en 237.800 personas, o en 0,17% (en 2006 – en 532.600 personas, o en 0,37%). La inmigración creció un 50,2% en 2007 hasta alcanzar 274.000. La mayoría de los inmigrantes llegaron desde la CEI y eran rusos o rusoparlantes. Además se estima que hay unos 10 millones de inmigrantes ilegales de las antiguas repúblicas soviéticas en Rusia. La Federación Rusa es una sociedad diversa y multi-étnica, hogar para 160 grupos étnicos y pueblos indígenas distintos. Aunque la población de Rusia es relativamente grande, la densidad de población es baja por la enorme extensión del país. La densidad es mayor en la parte europea de Rusia, cerca de los Montes Urales y en el sudoeste de Siberia.

El 73% de la población vive en áreas urbanas. Según el censo de 2002, las dos ciudades más grandes de Rusia son Moscú (10.126.424 habitantes) y San Petersburgo (4.661.219). Otras once ciudades tienen entre uno y dos millones de habitantes: Cheliábinsk, Kazán, Novosibirsk, Nizhni Nóvgorod, Omsk, Perm, Rostov del Don, Samara, Ufá, Volgogrado, y Ekaterimburgo.

La población de Rusia fue de 148.689.000, su máximo, en 1991. El número de muertes durante 2007 superaba en 477.700 que el número de nacimientos. En 2006 superaba en 687.100. Según los datos publicados por el Servicio Estatal Federal de Estadística, la mortalidad en Rusia cayó un 4% en 2007, comparado con el 2006, alcanzando unos 2 millones de muertes, mientras que la tasa de nacimientos creció un 8,3% año a año hasta 1,6 millones de nacimientos. Las principales causas del decrecimiento de la población de Rusia son una alta tasa de mortalidad y una baja tasa de natalidad. Mientras que la tasa de natalidad de Rusia es comparable a otros países europeos (11,3 nacimientos por 1000 personas en 2007 comparado con una media de 10,0 por 1000 de la Unión Europea) su población decrece a una tasa más alta por la considerablemente más alta tasa de mortalidad (en 2007, en Rusia 14,7 por 1000; en la Unión Europea una media de 10,0 por 1000). Sin embargo, según las estimaciones del ministerio ruso de salud, la tasa de mortalidad será la misma que la tasa de natalidad para el año 2011, al aumentar la natalidad y descender la mortalidad.

Los 160 grupos étnicos de Rusia hablan en unos 100 idiomas. Según el censo de 2002, 142,6 millones de personas hablan en ruso, seguido por el tártaro con 5,3 millones y alemán con 2,9 millones. El ruso es el único idioma oficial a nivel estatal, pero la Constitución concede a las repúblicas de Rusia el derecho a declarar su idioma nativo como cooficial junto al ruso. A pesar de la difusión, el idioma ruso es homogéneo en Rusia. El ruso es uno de los idiomas más difundidos de Eurasia y el idioma eslavo más hablado. El ruso pertenece a la familia de lenguas indoeuropeas y es una de las lenguas vivas del subgrupo de lenguas eslavas orientales, junto con el ucraniano, bielorruso y rusino. Ejemplos escritos del antiguo ruso datan del siglo X en adelante.

Más del cuarto de la literatura científica del mundo se publica en ruso. El ruso se utiliza para codificar y almacenar el conocimiento universal: entre 60% y 70% de toda la información mundial se publica en inglés y ruso. El idioma ruso tiene una gran importancia regional, particularmente en las Ex Repúblicas Soviéticas. Es uno de los seis idiomas oficiales de la ONU, y uno de los cuatro idiomas de trabajo en la OSCE. El año 2007 fue designado Año Internacional de la Lengua Rusa.

Rusia es un Estado laico. La libertad de culto está garantizada por la Constitución.

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Estatal de Lomonosov Moscú, el 43.3% de los adultos se considera adherente de la Iglesia Ortodoxa Rusa, mientras el 50.6% se considera sencillamente cristiano. Aunque los ortodoxos rusos son predominantes (90 millones, el 63% de la población), otras comunidades cristianas como los ortodoxos armenios, católicos, protestantes, mormones y testigos de Jehová también existen en cantidades menores. Según una ley de 1997 sobre religión, las cuatro religiones tradicionales de Rusia son la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Islam, el Budismo y el Judaísmo. Todas las demás religiones deben cumplir una serie de requisitos para su inscripción y derecho a predicar. Se calcula que existen alrededor de 15 a 20 millones de musulmanes rusos, siendo así el Islam la segunda religión con más adherentes en Rusia. El budismo, especialmente de tipo tibetano o lamaísmo es mayoritario en algunas regiones del sur de Rusia, especialmente Buriatia, Kalmukia, Tuvá y Yakutia. En zonas rurales de Siberia y Chukotka se practican cultos paganos y chamanistas de manera sincrética con religiones como el budismo y el cristianismo. Rusia es el cuarto país con mayor cantidad de judíos después de Israel, EE. UU. y Argentina. También existen comunidades pequeñas de hare krishnas y neopaganos. Se encuentra además un porcentaje muy superior al promedio internacional de ateísmo, en parte consecuencia de la pasada política soviética que, en base a los textos comunistas de Karl Marx, desalentaba la religión.

La cultura rusa es un híbrido generado a partir de las costumbres propias de tantas civilizaciones, que conformaron a este gran estado multicultural y el resultado de su desarrollo durante varias épocas. Estando fuertemente arraigada a la cultura de los primeros eslavos orientales.

Históricamente la condición dominante en Rusia, ha sido ocupada por la cultura rusa, la cultura del lenguaje ruso y la nacionalidad rusa. Esto es parcialmente, porque los rusos constituyen la vasta mayoría de la población en el país y porque muchas veces en la Historia de Rusia, las culturas de otras nacionalidades fueron reprimidas a través de la rusificación, como sucedió con el Ucase de Ems.

La cultura de la antigua Rus', se vio involucrada en la conversión al cristianismo ortodoxo y la acogida del arte bizantino y su arquitectura. La Iglesia poseía recursos para encomendar grandes obras de arte, así como también la voluntad e intención de preservarlas.

Allá por 1890, una nueva forma de arte tuvo auge, el avant-garde ruso. Sin embargo, se desarrolló dentro del régimen soviético cuando el gobierno tomó control de toda actividad artística.

La política de la URSS respecto a la cultura, fue controversial: por un lado, hubo el deseo (motivado políticamente) de crear un pueblo exclusivamente "soviético", expresado en la noción de la cultura soviética y ejemplificado por el Realismo socialista. Por otro lado, hubo campañas recurrentes de preservación de las culturas nacionales: cada unicidad tenía a sus propios "grandes escritores autóctonos" y las prácticas culturales folklóricas fueron oficialmente apoyadas.

Edad de Oro de la literatura rusa.

La iconografía rusa fue heredera del arte Bizantino religioso y pronto se volvió una versión derivada del arte en mosaicos y frescos. La iconografía en Rusia intentaba ayudar a las personas con sus rezos, sin idolatrar a la figura de las pinturas. La más extensa colección de arte iconoclasta, se halla en la Galería Tretyakov.

En lugar de ser una mera imitación, la iconografía rusa tiene un peculiar estilo y maestría, tal como lo hizo Andréi Rubliov, llevando este tipo de imágenes a nuevas concepciones.

La Vanguardia rusa es el término general que se usa para definir la gran oleada de arte modernista que floreció en Rusia, entre las décadas de 1890 y 1930. Aunque en algunos lugares, su inicio fue más anticipado, desde 1850 y se prolongó hasta 1960. El término abarca distintos, pero muy relacionados movimientos artísticos, que surgieron en aquellos tiempos; particularmente el neo-primitivismo, el suprematismo, el constructivismo, y el futurismo. Artistas célebres de esta época fueron El Lissitzky, Kasimir Malevich, Wasily Kandinsky, Vladímir Tatlin, Alexander Rodchenko y Marc Chagall entre otros. La Vanguardia rusa, alcanzó su apogeo creativo y popular entre los períodos de la Revolución rusa de 1917 y 1932, donde las ideas del avant-garde, chocaron con el naciente estado influenciando la aparición del Realismo socialista.

Durante la Revolución de Octubre, se inició un movimiento en favor de poner todas las artes al servicio del pueblo. Se creó el instrumento para lograr tal cometido, llamándolo Proletkult, abreviatura de "Proletarskie kulturno-prosvetitelnye organizatsii" (Organizaciones de la Cultura Proletaria y el Entendimiento). Un teórico prominente de este movimiento fue Alexander Bogdanov. Inicialmente el Narkompros (ministerio de educación), que también estaba a cargo de las artes, apoyó el Proletkult. Sin embargo, este último buscaba mucha más independencia del dirigente Partido Comunista bolchevique, atrayendo una actitud negativa por parte de Lenin, en 1922 fue rechazado considerablemente y eventualmente desbandado en 1932. Después de la muerte de Stalin, el arte soviético cayó en decadencia, según los artistas rusos iban volviéndose más independientes del estado y en los años 1980, el gobierno reglamento la "no restricción" a los pintores rusos, dejando así, de determinar quién lo hacía y quien no.

La arquitectura rusa fue influenciada principalmente por la arquitectura bizantina hasta la Caída de Constantinopla. Entre los siglos XV y XVI, Aristóteles Fioravanti y otros arquitectos italianos, introdujeron las tendencias renacentistas. Los reinos de Iván el Terrible y Borís Godunov, presenciaron el desarrollo de iglesias con techos en forma de toldo, alcanzando su esplendor, con las estructuras que muestra la Catedral de San Basilio, (ilustrada a la derecha). En el siglo XVII, el "estilo flamante" de la ornamentación, afloró en Moscú y Yaroslavl, disponiendo de esta manera al arte para entrar en el Barroco Moscovita de los años 1690.

El siglo XVIII fue testigo de la arquitectura rococó, encabezada por los espléndidos trabajos de Francesco Bartolomeo Rastrelli y sus seguidores. Durante el reinado de Catalina la Grande y su nieto Alejandro I, la ciudad de San Petersburgo fue transformada en un museo al aire libre de arquitectura neoclásica. El siglo XIX estuvo dominado por el resurgimiento del diseño Bizantino y Ruso. Los estilos predominantes del siglo XX fueron el Modernismo (Fiodoro Shekhtel), Constructivismo (Aleksey Schusev, Konstantín Mélnikov) y el estilo Imperio estalinista (Borís Iofan).

En corto tiempo Rusia estuvo envuelta en la producción fílmica, casi a la par de las demás naciones occidentales, que tomó cierta importancia durante los años de 1920, cuando se experimentó con la edición como principal elemento de la expresión cinemática. Debido a la reducción drástica de recursos causa de la Primera Guerra Mundial, las escuelas cinematográficas rusas, usaban copias del filme Intolerancia de David Wark Griffith para re-editarlo como parte de un ejercicio en la creación de significados.

Desde la disolución de la Unión Soviética, el cine ruso se ha transformado enormemente. Aunque financiado por el estado en su mayoría, los temas y la dinámica se han modernizado. Durante los años 90, la producción cinematográfica en Rusia disminuyó abruptamente, pasando de los cientos por año que se realizaban hasta unas cuantas docenas. Sin embargo, en años recientes ha incrementado la audiencia y subsecuentemente la prosperidad de la industria, a través de la exploración de argumentos contemporáneos, como la sexualidad. El futuro del cine ruso es prometedor.

El Ballet Ruso fue una compañía de ballet fundada en 1909 por el empresario Sergei Diaghilev. Causó sensación en Europa Occidental, gracias a la gran vitalidad del ballet ruso comparado con el que se hacía en Francia en aquella época. Se convirtió en la compañía de ballet más influyente del siglo XX, y su influencia, de una u otra manera, perdura hasta hoy en día.

Rusia es un país de gran extensión y culturalmente muy diverso, con docenas de grupos étnicos, cada uno con sus propias formas de música folklórica. Durante el período de dominación soviética, la música fue sumamente analizada y cultivada dentro de ciertos límites de contenido e innovación. Después de la caída de la URSS en los años 1990, los estilos occidentales rock y pop, se convirtieron en las formas musicales de mayor popularidad en el país.

Una muñeca Matrioska (en ruso: матрёшка) es una clase de juguete contenedor. Un conjunto de muñecas Matrioska, consiste de una figura de madera que puede ser separada en piezas para descubrir otra figura del mismo tipo en el interior, repitiendo el procedimiento con la resultante y así sucesivamente. El número de figurillas anidadas es regularmente de seis o más. Su forma es generalmente cilíndrica, redondeada en la parte superior y achatada en la base, estas muñecas no tienen extremidades (excepto aquellas en las que vienen pintadas). Cada muñeca es matizada manualmente y sus diseños pueden ser sumamente elaborados. Los modelos son ordinariamente sobre representaciones de campesinas con trajes típicos rusos, pero pueden ser también por ejemplo, sobre cuentos de hadas o líderes soviéticos y rusos.

Con el término Literatura rusa se alude no sólo a la literatura de Rusia, sino a la literatura escrita en ruso también por miembros de otras naciones que se independizaron de la extinta URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) o por emigrados que fueron acogidos en ella. Con la desintegración de la URSS varias culturas y países han reclamado a varios escritores exsoviéticos que, sin embargo, escribían en ruso.

La literatura rusa empezó, como todas, como una literatura oral sin cultivo escrito hasta la introducción del Cristianismo en 989 y, con él, de un alfabeto adecuado para acogerla. Los creadores de dicho alfabeto fueron los misioneros bizantinos Cirilo y Metodio; ellos tomaron distintas grafías de los alfabetos latino, griego y hebreo, e ingeniaron otras. Al principio el lenguaje escrito ruso usó dos sistemas gráficos -alfabeto cirílico y el alfabeto glagolítico-; el alfabeto glagolítico, supuestamente inventado también por Cirilo y Metodio, fue abandonado, y la literatura rusa tal como la conocemos actualmente se escribe y lee en alfabeto cirílico.

El Formalismo ruso hace referencia a ciertos hombres de letras soviéticos y rusos muy influyentes, (Viktor Shklovsky, Yuri Tynianov, Boris Eichenbaum, Roman Jakobson, Grigory Vinokur), quienes revolucionaron la crítica literaria entre 1914 y 1930, al establecer la especificidad y autonomía de lo poético en el lenguaje y la literatura. El Formalismo ruso ejerció una mayor influencia sobre los filósofos Mijail Bajtín y Yuri Lotman, así como también sobre el estructuralismo de manera general. Los miembros del movimiento son considerados como los fundadores de la crítica literaria moderna.

El formalismo ruso es uno de los movimientos de teoría de la literatura y crítica literaria más importantes del siglo XX. Surgió en Rusia entre 1914 y los años 1930. Se divide principalmente en dos escuelas, la escuela de Moscú liderada por Viktor Shklovsky y la escuela de Praga liderada por Roman Jakobson.

Se formó con estudiantes que se reunían en la OPOIAZ, Sociedad para el Estudio de la Lengua Poética, que duró de 1914 a 1923. Advenida la Revolución Rusa esta estética fue condenada formal y categóricamente en 1930 por su falta de contenido social; esta interdicción obligó a sus componentes al exilio y a relegar sus obras a la oscuridad. En esta época los trabajos de los formalistas rusos se transformaron en una rareza bibliográfica. Pero, mientras, algunas apariciones en Europa provocaron el interés del estructuralismo francés, que utilizó largamente el Formalismo Ruso para formular algunas de sus teorías.

El formalismo ruso modificó las posturas respecto a los conceptos de arte, literatura y texto en el transcurso del siglo XX y abrió el camino de la nueva crítica angloamericana (New criticism) e, incluso, a la crítica marxista.

Según Raman Selden, los formalistas rusos se interesaban en establecer un método científico que pudiera estudiar seriamente la literatura. Para tal fin, los formalistas tenían que aislar el objeto, la obra en sí, del sujeto-creador de la misma; y limitarse al estudio de la forma en que funcionan los recursos literarios en la obra; su suma definiría el concepto de literatura.

Sin embargo esta postura fue modificada sustancialmente en épocas posteriores cuando los formalistas se interesaron en el desarrollo de modelos e hipótesis que "permitieran explicar cómo los mecanismos literarios producen efectos estéticos y cómo lo literario se distingue y se relaciona con lo extraliterario".

El enfoque, para esta primera etapa, sostiene que la literatura es una estructura peculiar del lenguaje, cuya peculiaridad se basa en que su uso está fuera de cualquier utilidad pragmática. Además de esto, su cualidad de objeto elaborado, hace que se diferencie del lenguaje práctico.

Para definir las técnicas utilizadas por los escritores para producir efectos específicos, Viktor Shklovsky aportó el concepto de desvío o extrañamiento. Sostenía que la cotidianidad hacía que se "perdiera la frescura de nuestra percepción de los objetos", hacía de todo algo automatizado. Como salvador de ese medio alienado por la automatización, hace entrada triunfal el arte. Su técnica de salvación consistiría en hacer extraños los objetos "crear formas complicadas, incrementar la dificultad y la extensión de la percepción, ya que, en estética, el proceso de percepción es un fin en sí mismo y, por lo tanto, debe prolongarse". Como se ve, el extrañamiento no afecta a la percepción, sino a la presentación de la percepción. Al proceso de presentación, Shklovsky lo denomina revelar una técnica.

En consecuencia, Shklovski crea el concepto de desautomatización como mecanismo de creación de la literariedad en el lenguaje: es la ruptura de automaticidad de la percepción. El extrañamiento ante lo no conocido. Hay ruptura significante-significado. Un proceso de desautomatización es la metáfora, porque debemos realizar un proceso de comprensión para alcanzar el verdadero significado de esas palabras metafóricas, al haberlas privado de una relación directa. Así pues, una obra es literaria no por su cantidad de metáforas, sino por la desautomatización de las mismas. Buscar una manera de presentar las cosas como nunca vistas, singularizándolas, sacándolas de contexto para hacerlas llamativas.

Otra de las innovaciones en la primera etapa del formalismo ruso, es la modificación del término trama. Para Aristóteles trama era la "disposición artística de los acontecimientos que conforman la narración". El formalismo extiende este concepto, al incluir los recursos utilizados para prolongar o interrumpir la narración cuyo efecto sería el de impedir que los acontecimientos narrados sean tomados automáticamente.

A la unidad de trama más pequeña, Boris Tomashevsky la define como motivo². Según este formalista, el foco en potencial del arte está en aquellos motivos que no son esenciales para la narración. En un proceso mayor, en que el tema, las ideas y las referencias a la realidad se presentan como excusa del escritor para justificar los recursos formales; estos procesos externos y no literarios fueron llamados por Shklovsky motivación.

Posteriormente, Jonathan Culler enfoca el término de motivación: "Asimilar o interpretar algo es colocarlo en el interior de las formas de orden que la cultura posibilita y, por lo general, esto se lleva a cabo hablando sobre ello en un discurso que la cultura entiende por lo natural". Ante una página llena de motivos, de imágenes desordenadas, preferimos naturalizarla, le intentamos borrar su textualidad para crear una realidad aparte a la cotidiana. La idea antigua de los primeros formalistas de que el texto sólo puede explicarse separando la expresión del contenido, es modificada por formalistas posteriores, como se verá más adelante.

El problema de que los elementos de la obra puedan permitir la automatización, y de que el recurso pudiera realizar distintas funciones estéticas en varias obras, hizo que los formalistas consideraran las obras literarias como sistemas dinámicos donde los elementos interactúan en un escenario de fondo, de acuerdo a un guión central. Ese guión central, o dominancia sobre los otros elementos, Roman Jakobson lo define como dominante, así: "Es el componente central de una obra de arte que rige, determina y transforma los demás". La noción de extrañamiento también se modifica a un plano en que implica un cambio y desarrollo histórico. La antigua postura de que el texto literario sea estudiado por medio de categorías universales, es reevaluada y condicionada por un estudio historicista de la función dominante y demás grupos de elementos. Pero Mikhail Bakhtin da un paso más.

En esta etapa del formalismo, Mijaíl Bajtín (Bakhtín) da un enfoque marxista a la lingüística de Saussure. Dicho enfoque programaba que toda ideología no puede separarse de su materia social, el lenguaje.

En la misma línea, Valentin Voloshinov propone que las palabras "eran signos sociales, dinámicos y activos, capaces de adquirir significados y connotaciones distintas para las diversas clases sociales, en situaciones sociales e históricas diferentes". Bakhtin proyectó esta dinámica visión del lenguaje al campo de la crítica literaria. Una de las aportaciones a la crítica es considerar cierto tipo de obras, por ejemplo, la de Dostoievski, como una polifonía de voces contractuales: "No se intentará de orquestar los diversos puntos de los personajes. La conciencia de éstos no se funde con la del autor ni se subordina, a su punto de vista, sino que conserva su integridad e independencia: No son sólo objetos del universo del autor, sino sujetos a su propio mundo significante". Todo esto en conjunción con el hecho social que enmarca los posibles situacionales de los personajes.

Bakhtin también desecha la noción de que la obra es unificada. Al contrario, la obra se resistiría a una unificación textual, pudiendo poseer diversos niveles de dominantes con sus respectivos elementos funcionales.

Finalmente, el entronque del formalismo conduce a la crítica marxista. Tanto los formalistas como la naciente crítica marxista consideran que las estructuras, el conjunto específico de recursos, el catálogo de obras, el cuerpo de géneros, son inseparables del medio social que lo produce y de las ideas predominantes de moda. Y es donde nace la función estética: el arte como producto de la sociedad.

En el ámbito hispánico han sido especialmente seguidas las aportaciones de Yuri Lotman y Fernando Lázaro Carreter.

La cocina rusa deriva de una riqueza innumerable de platos, debido en primer lugar al carácter multicultural y en segundo lugar a la vasta extensión geográfica del país Rusia. Sus fundamentos gastronómicos se asientan en la comida campesina de las poblaciones rurales ubicadas en lugares caracterizados por un clima extremadamente frío. En esta gastronomía existe la abundancia de pescado (generalmente ahumado), aves de corral, gamo, setas, bayas, y miel. Abundantes copos de centeno, trigo, cebada y mijo, todos ellos muy empleados en una abundante variedad de panes, los pancakes, los cereales, el kvass, la cerveza, y el muy afamado vodka. Son muy abundantes las diferentes formas de sopas y potajes con diferentes aromas y sabores, todos ellos elaborados con carnes y pescados. Añadiendo diferentes especias a los platos nativos mediante técnicas de grill mediante leche empleadas por los Mongoles y los Tártaros del siglo XIII y que permanece en la mayoría de las casas del siglo XX. Muchos de los platos están influenciados por la antigua ruta de la seda así como la proximidad con el Cáucaso, Persia, así como la cercanía que tuvo con Imperio otomano que proporcionó ese carácter del Este a las formas de cocinar.

Las artes marciales en Rusia tienen una larga historia, algunas de las formas más conocidas son el Sistema Kadochnikov, el Sistema ROSS de Retuinskih, el Sistema Ryabko, el Sambo y el Systema.

Los medios rusos se iniciaron en su mayor parte bajo el régimen soviético. Sin embargo, durante este período todos los medios eran controlados por el gobierno y muchas de las libertades que tenían los periódicos occidentales, les eran negadas. En estos tiempos, el periódico más famoso de Rusia fue el Pravda. Era la publicación oficial del Partido Comunista entre 1918 y 1991. El impreso sigue en operación hoy en día, pero es más conocido en los países occidentales por sus pronunciamientos durante el período de la Guerra Fría. Algunos otros periódicos, menos famosos, tenían (y tienen) el nombre de Pravda.

Los Medios Masivos de Comunicación de Rusia, han crecido enormemente desde su represión durante la época comunista, aunque la autonomía de algunos medios como la NTV de Rusia, ha sido restringida en años recientes. El tabloide de mayor importancia en Rusia en la actualidad es el Trud, seguido por el Pravda. El principal diario de lengua inglesa es el Moscow News.

Rusia obtiene mucha de su picardía, gracias a la gran flexibilidad y riqueza del lenguaje ruso, disponiendo al idioma para el juego de palabras y asociaciones inesperadas. Similar a cualquier otra nación, su vasto alcance fluctúa desde los chistes colorados y retruécanos tontos hasta la sátira política.

Los chistes rusos, la forma de humor más popular en el país, son pequeñas historias ficticias o diálogos con una gracia final. La cultura de los chascarrillos rusos, destacan una serie de escenarios y personajes sumamente cotidianos, logrando diversos efectos a través de una variedad infinita de argumentos. A los rusos les agradan los chistes sobre temas ordinarios, como el sexo, la política, relaciones entre cónyuges o suegras.

La Chastushka (del ruso части́ть - hablar rápido), un tipo de poesía rusa tradicional, es una cuarteta individual en tetrámetro trocaico, con un esquema "abab" o "abcb" en las rimas. Comúnmente de naturaleza humorística, satírica o irónica, las chastushkas son adicionalmente acompañadas de música, ya sea con balalaica o acordeón. Su corta pero rígida estructura, puede compararse a los limericks de la cultura británica.

Los deportes de invierno tienen la mayor popularidad en Rusia. El patinaje sobre hielo y el hockey sobre hielo son muy populares como deportes de ocio y como deportes para espectadores. La selección rusa de hockey sobre hielo ganó el campeonato mundial en el año 2008. El esquí a campo traviesa tenía gran popularidad como deporte de ocio durante la época soviética, aunque su popularidad se ha disminuido en los últimos años.

Entre otros deportes, el atletismo tiene mucha popularidad, en casi todas sus facetas, aunque de forma especial es el tenis y la gimnasia donde destacan varios deportistas, como María Sharápova, Marat Safin, Yevgeny Kafelnikov (en tenis), que han logrado el top one. En Gimnasia sobresale Svetlana Khorkina, que ha logrado una enormidad de Medallas de oro, plata y bronce en diferentes competencias de gimnasia, incluyendo en las olimpiadas.

El fútbol es otro deporte dominante en Rusia. A nivel local está el Spartak Moscú, campeón de la liga rusa en 9 ocasiones, siendo el club más ganador del certamen. Internacionalmente están el PFC CSKA Moscú y el Zenit San Petersburgo, campeones de la Copa UEFA. El CSKA la ha logrado en el 2005, venciendo al Sporting de Lisboa en Portugal. El Zenit logró su primer título en 2008, ganando al Glasgow Rangers, en Manchester. La selección nacional alcanzó los semifinales de la Eurocopa en 2008.

El rugby también es uno de los deportes más practicados en Rusia. La selección de rugby de ese país ha conseguido disputar la Copa Mundial de Rugby, el año 2000, aunque cayó en la primera ronda. Pero el equipo que más elogios ha conseguido en esta disciplina es el RC Lokomotiv Moscú, que logró el campeonato ruso en siete ocasiones, al igual que la Copa rusa.

El Ajedrez es otro deporte que se practica, aunque no tiene mucha fuerza como lo son el Atletismo, Fútbol y Rugby. En esta disciplina, Garry Kaspárov y Anatoli Kárpov son los ajedrecistas más conocidos a nivel mundial en la época contemporánea, ya que ambos han ganado el Campeonato del mundo de ajedrez.

En ciclismo Rusia tiene a tres de los mejores ciclistas de los últimos años en las figuras de Pável Tonkov, Eugeni Berzin y Denis Menchov.

Rusia acogerá los Juegos Olímpicos de invierno del año 2014 en la ciudad de Sochi. En verano del año 1980, la ciudad de Moscú (por entonces capital de la Unión Soviética) fue la sede de los XXII Juegos Olímpicos.

Rusia posee un rico patrimonio cultural, destacando las ciudades de Moscú con su Galería Tretyakov, el Teatro Bolshói o las colecciones del Kremlin de Moscú, y San Petersburgo sobre el río Nevá, cerca del Mar Báltico, con sus famosas "noches blancas", el repertorio artístico del Museo del Hermitage y el Museo ruso.

En el campo hay muchos pueblos con viejos claustros y castillos. Hay ciudades con sus propias tradiciones, como Kaliningrado (anteriormente Königsberg) en la costa del Mar Báltico o Nóvgorod en el Lago Ilmen. Otros destinos turísticos son: Tver, Vólogda, Nizhny Nóvgorod, Kírov, Ekaterimburgo y Rostov.

Entre los turistas son populares los viajes por los grandes ríos como el Volga, el Lena o el Yeniséi. Otra atracción multitudinaria es la excursión en el famoso ferrocarril transiberiano hasta Vladivostok en el Océano Pacífico.

El clima ruso es generalmente moderado con la excepción de las áreas montañosas o la Rusia Oriental en Siberia. Las costas del Mar Negro y el Mar Caspio, ofrecen un clima muy similar al de la Cuenca del Mediterráneo. Un buen lugar de vacaciones es la playa de Sochi.

Al principio



Historia de Rusia

Monumento al milenario de Rusia, en la ciudad de Nóvgorod, obra de Mijaíl Mikeshin y Víktor Hartmann (1862)

La historia de Rusia empieza con la llegada de los eslavos orientales, el grupo étnico del que posteriormente derivarían los rusos, ucranianos y bielorrusos.

El primer estado eslavo oriental fue la Rus (o principado) de Kiev, que adoptó el cristianismo por la importante influencia del Imperio Bizantino en 988, comenzando así la fusión entre las culturas eslava y bizantina que caracterizaría la rusa durante los siguientes siete siglos. El Rus de Kiev se desintegraría finalmente en varios reinos que competirían entre sí por figurar como herederos de su civilización y por el predominio territorial en la zona y que acabaron bajo dominio mongol.

Tras el siglo XIII, Moscovia llegó progresivamente a dominar el antiguo espacio cultural. Llegado el siglo XVIII, el principado de Moscú había llegado a convertirse en el vasto Imperio Ruso, abarcando desde Polonia desde el Este hasta el Océano Pacífico. La expansión hacia el Oeste avivó la conciencia rusa de atraso con respecto a los países europeos y acabó con el aislamiento de los primeros tiempos. Los sucesivos regímenes del siglo XIX respondieron a dichas presiones con una combinación de reformismo tímido y represión. El feudalismo ruso fue abolido en 1861, pero en unos términos desfavorables para el campesinado y sirvió para incrementar las presiones revolucionarias. Entre la abolición de la servidumbre y el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914, las reformas de Piotr Stolypin, la constitución de 1906 y la Duma Estatal introdujeron notables cambios en la economía y la política del país, sin embargo, los zares no estuvieron a la altura de las circunstancias para ceder poder autoritario. El último monarca, el zar Nicolás II, reinó hasta 1917.

La derrota militar en la Primera Guerra Mundial y la escasez de comida allanaron el camino a la Revolución Rusa de 1917, que colocó en el poder a los bolcheviques dirigidos por Vladímir Lenin. Entre 1922 y 1991, la historia de Rusia es esencialmente la Historia de la Unión Soviética, un Estado federal que ocupó una extensión territorial similar a la del antiguo Imperio Ruso. La Unión Soviética se configuró como un Estado socialista de partido único bajo la dirección del Partido Comunista, aboliéndose la propiedad privada de los medios de producción e instaurándose un sistema de economía planificada. A finales de los años 80, siendo crítica la debilidad de su estructura económica y política, ciertos cambios en la ejecutiva del partido y en la economía marcaron el fin de la Unión Soviética.

La Historia de la Federación Rusa propiamente dicha es corta, remontándose su nacimiento a la disolución de la Unión Soviética a fines 1991. Sin embargo, Rusia ha existido como Estado durante más de mil años, siendo durante gran parte del siglo XX el núcleo de la URSS, de quien Rusia ha reivindicado ser el sucesor legítimo en la escena internacional. De todos modos, varios analistas sostienen que con la disolución de la Unión Soviética Rusia perdió su condición de superpotencia al tener que emplear grandes esfuerzos en consolidar el nuevo sistema económico y político.

Rusia intentó construir una economía de mercado mediante el abandono de la planificación centralizada y la propiedad estatal y cooperativa que constituían la base de la organización económica soviética, con resultados frecuentemente traumáticos. A pesar de los vaivenes, Rusia todavía conserva hoy una continuidad cultural y social con su pasado zarista y luego socialista. Permanece la incógnita de cómo evolucionarán sus nuevas instituciones federales con el paso del tiempo, pues el poder ejecutivo continúa manteniendo gran influjo sobre el parlamento, los gobiernos regionales y la sociedad civil en general.

El nombre de Rusia en ruso es "Rossía", que procede del término "rus'". Sobre el origen de dicho término hay varias teorías, pero ninguna de ellas es aceptada por todos. Las versiones se dividen en históricas, que se basan en autores contemporáneos, lingüísticas y toponímicas. Así las principales hipótesis son la histórica bizantina, la indo-iraní, la lingüística finesa, la histórico-toponímica prusiana, además de varias toponímicas.

Como ejemplo, en estonio Rootsi están relacionados con Roslagen, una región costera de Suecia/Ruotsi en Finlandes mientras que para otros deriva del nombre que los eslavos daban a los vikingos, o incluso de términos alanos. El significado de Rus sigue siendo materia de discusión, y otros expertos creen que el nombre tiene raíces eslavas o persas.

Los antepasados de los rusos fueron las tribus eslavas, cuyo origen inicial se ubica, piensan algunos expertos, en las áreas boscosas de las marismas del Pripet (entre Polonia, Bielorrusia y Ucrania). Estos se extendieron hacia el Este, mezclándose con algunas tribus de origen ugro-finés, y hacia el sudeste, entre el río Don y los Cárpatos, región despoblada tras la época de Atila, y cuya costa sur, en lo que hoy es Ucrania, el reino del Bósforo había mantenido un amplio contacto con las culturas clásicas grecorromanas.

Tras la caída del Imperio Romano se vieron influenciados por el cristianismo griego cuando Cirilo y Metodio, misioneros procedentes de Bizancio, evangelizaron a los eslavos y crearon una nueva escritura (escritura cirílica, en honor a Cirilo) para traducir los evangelios, que aún se usa en la zona oriental de Europa para escribir el ruso. Conforme la suerte del Imperio Bizantino entraba en declive, su cultura supuso una continua influencia sobre el desarrollo de Rusia en sus primeros siglos de existencia.

A partir del siglo X la región vio también la aparición de diversas tribus de origen asiático desde las estepas, así como la creación de una cultura eslava en la zona más cercana a Europa.

Los jázaros fueron un pueblo turco que habitó las estepas del bajoVolga entre los siglos VIII y IX. Muchas tribus eslavas orientales pagaron tributo a los jázaros. Su dominio empezó a decaer, sin embargo, a finales de este período, cuando Oleg, un guerrero varego, se trasladaría al Sur desde Nóvgorod para expulsar a los jázaros de Kiev y fundaría la Rus (o principado) de Kiev alrededor del año 880. Invasores de procedencia eslava y turca precipitaron la caída final del gobierno jázaro sobre el siglo X.

La Bulgaria del Volga fue un estado no eslavo en la vega media del río Volga. Después de la invasión Mongola llegó a ser parte de la Horda de Oro. Los chuvashes y los tártaros de kazán son los descendientes de los volgo-búlgaros. Alrededor del siglo X, Volga Bulgaria abrazó el Islam, lo que les llevó a la independencia de Jazaria. En el siglo XVI, Rusia conquistó sus tierras bajo el reinado del zar Iván IV ('el Terrible').

Los vikingos, llamados "varegos" por los bizantinos, eran un pueblo dedicado tanto a la piratería como al comercio. Empezaron a aventurarse a través de los ríos desde el mar Báltico al Este a los mares Negro y Caspio. Los pobladores eslavos de las inmediaciones de los ríos a menudo les contrataban como protectores. De acuerdo con la Crónica de Néstor, un varego llamado Rurik llegó a ser el príncipe de Nóvgorod alrededor de 860 antes de que sus sucesores se trasladaran al Sur y extendieran su autoridad a Kiev. A finales del siglo IX, el gobernador varego de Kiev ya había establecido su supremacía sobre una vasta zona que gradualmente vino a ser conocida como Rusia.

La Rus (o Principado) de Kiev, el primer estado eslavo oriental, emergió en el siglo IX en las inmediaciones del valle del río Dniéper, consistiendo en un grupo de pequeños principados coordinados en un interés común en mantener el comercio a través de las rutas fluviales. El Principado controlaba el comercio de pieles, cera y esclavos entre Escandinavia y el Imperio Bizantino. A finales del siglo X, la minoría escandinava ya se había mezclado con la población eslava.

Entre los últimos logros de la Rus se encuentra la introducción de la variante eslava del culto ortodoxo, profundizando aún más la síntesis de culturas bizantina y eslava que definiría a la rusa durante los siguientes mil años. La región adoptó el cristianismo en 988 en el acto oficial de bautismo público de los habitantes de Kiev por el príncipe Vladímir I. Algunos años más tarde se introdujo el primer código de leyes, el Russkaya Pravda. En adelante, los príncipes de Kiev seguirían el ejemplo bizantino y mantendrían la Iglesia directamente dependiente de ellos, incluso en ingresos, de manera que la Iglesia Rusa y el Estado estuvieran permanentemente unidos.

Durante el siglo XI, particularmente durante el reinado de Yaroslav el sabio, el Principado alardeaba de una economía y unos logros en arquitectura y literatura superiores a los que existían entonces en la parte occidental del continente. Comparado con los lenguajes de la cristiandad europea, el ruso estuvo muy poco influenciado por el griego y el latín de las antiguas escrituras cristianas. Esto se debió al hecho de que se usara el eslavo eclesiástico para la liturgia en su lugar.

La tribu túrquica kipchakos substituyó los pechenegos anterior como fuerza dominante en las regiones del sur de la estepa vecinas a Rus en el final del siglo XI y fundó un estado nómada en las estepas a lo largo del Mar Negro (Desht-e-Kipchak). El rechazo de sus ataques regulares, especialmente contra Kiev, era una carga pesada para las áreas meridionales de Rus. Las incursiones nómadas causaron una afluencia masiva de la población eslava a regiones más seguras, fuertemente boscosas del norte, particularmente al área conocida como Zalesye.

La Rus de Kiev acabó desintegrándose como estado a causa las disputas armadas entre los miembros de la familia principesca, que colectivamente detentaban el poder, siendo la cabeza de ellos, el mayor y rotándose en los puestos secundarios según la edad. La posición dominante de Kiev se trasladó con otro príncipe Vladímir a una ciudad a la que puso su nombre en el norte Vladímir, pasando el príncipe de Vladímir a ser el principal, mientras Súzdal y la República de Nóvgorod al Norte y Principado de Halych-Volynia al Suroeste ganaban poder e independencia.

La conquista por los mongoles (o tártaros) que habían sido unidos en una política expansionista por Genghis Khan, en el siglo XIII fue el momento final, quedando el sur bajo dominio tártaro y el norte bajo vasallaje. La división entre los príncipes locales hizo fácil y corta la conquista. Kiev sería arrasada, la zona occidental será absorbida por la Comunidad Polaco-Lituana y el norte caería bajo la influencia sueca. La región de Súzdal, dominada por los mongoles, y la independiente ciudad báltica de Nóvgorod, estrechamente unida a las redes comerciales alemanas y suecas, establecerían las bases para la Rusia moderna.

Los mongoles aceleraron la fragmentación del Principado de Kiev. En 1223, se enfrentó a un destacamento de saqueadores mongoles en el río Kalka, saliendo claramente derrotados. En 1237-1239 los Mongoles devastan los principados rusos de Riazan, Vladímir (Principado de Vladímir-Súzdal), Pereslavl, Yuriev, Rostov, Yaroslavl, Uglich, Kozelsk, Chernigov, Múrom. En 1240, los mongoles saquearon la ciudad de Kiev y se trasladaron al oeste, sobre Polonia y Hungría. Para entonces ya habían conquistado la mayor parte de los principados rusos. De los que formaban parte de la Rus de Kiev solo Nóvgorod escapó de la ocupación.

El impacto de la invasión mongola de los territorios de la Rus no tuvo precedentes, siendo asesinada la mitad de la población rusa. Centros urbanos como Kiev jamás se recuperaron de la devastación del ataque inicial. Los inmigrantes que abandonaron la Rusia meridional escapando de los mongoles se trasladaron principalmente al Noreste, donde la clima era más frío, el suelo era más pobre y las comunicaciones anteriores comerciales con Europa fueron complicadas. Esta región constituiría el núcleo del estado ruso moderno en el período medieval tardío. Sin embargo, Nóvgorod continuó prosperando y una nueva entidad, Moscovia, aunque fue devastado dos veces por los mongoles, el comienzo acrecentarse rápidamente después de 1327.

Cuando el janato mongol se desintegró, Rusia pasó a depender de la Horda de Oro.

Los mongoles dominaron Rusia desde su capital occidental de Sarai, en la ribera del Volga, cerca de la actual ciudad de Volgogrado. Los príncipes de la Rusia meridional y oriental tuvieron que pagar tributo a los mongoles, o tártaros, o la Horda Dorada; pero a cambio recibían un salvoconducto que les certificaba como representantes del Kan. Por lo general, los príncipes gozaban de una considerable libertad para gobernar a su antojo. Uno de ellos, Aleksandr Nevski, príncipe de Vladímir, alcanzó entidad legendaria en la mitad del siglo XIII como resultado de sus victorias sobre los caballeros teutones, los suecos y los lituanos. Para la Iglesia Ortodoxa y casi todos los príncipes, los occidentales significaban un mayor peligro para su estilo de vida que los mongoles. Nevski obtuvo protección y asistencia mongola en su lucha contra los invasores del Oeste que intentaron aprovecharse de un supuesto colapso ruso para ganar tierras. Así mismo gracias al apoyo mongol logró afianzarse en el dominio de la entonces secundaria ciudad de Moscú, que los mongoles entregarían a su descendencia. Pese a todo, los sucesores de Nevski desafiarían más tarde el poder tártaro.

Los mongoles no solo exigían pesados tributos de los principados rusos, sino que a menudo los invadían, saqueándolos y haciendo esclavos. Por ejemplo, las invasiones de 1252 y 1293 significaron prácticamente la ruina, al igual que la invasión del jan Batu en los años 1237-1241.

Los mongoles dejaron su huella entre los rusos en ciertos campos como las tácticas militares y el desarrollo de rutas comerciales. Bajo la ocupación mongola, Moscovia también desarrolló un sistema postal por carretera, el censo, recaudación de impuestos y una organización militar. La influencia oriental permaneció viva hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando los mandatarios rusos llevaron a cabo un esfuerzo para occidentalizar su país.

Daniil Aleksándrovich, el hijo menor de Nevski, fundó el principado de Moscovia, centrado en la ciudad de Moscú, que llegaría a expulsar a los tártaros de Rusia. Bien situado en el entramado fluvial del Este de Europa y rodeado de bosques y marismas que le ofrecían protección frente al enemigo, Moscovia fue en un principio vasallo de Vladímir, pero pronto absorbió a su estado matriz original. Un factor determinante de la superioridad de Moscovia fue la cooperación entre sus mandatarios y los señores mongoles, que les garantizaron que el título de Gran Príncipe de Rusia y el control de la recaudación de impuestos del tributo mongol fueran hereditarios para los descendientes de Nevski. El prestigio del principado aumentó sobremanera cuando llegó a ser el centro de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Su líder, el obispo metropolitano, se trasladó de Kiev a Vladímir en 1299 y unos años más tarde estableció la base permanente de la Iglesia en Moscú.

A mediados del siglo XIV, el poder de los mongoles entró en declive, y los Grandes Príncipes de Rusia se sintieron capaces de oponerse abiertamente al yugo mongol. En 1380, en Kulikovo, cerca del río Don, el jan fue derrotado y, aunque esta reñida victoria no marcó el fin del poderío tártaro en Rusia, infirió enorme fama al Gran Príncipe. El liderazgo de Moscú en Rusia estaba firmemente consolidado y su territorio considerablemente expandido gracias al comercio, la guerra y los matrimonios.

Durante el siglo catorce, los grandes príncipes de Moscovia empezaron a adquirir tierras rusas para incrementar la población y la riqueza bajo su poder. Quien mejor puso en práctica esta estrategia fue Iván III el Grande (1462–1505), quien estableció los cimientos para un nuevo estado ruso. Contemporáneo de los Tudor y otros "nuevos monarcas" en la Europa Occidental, Iván duplicó las tierras bajo su mandato y proclamó su soberanía absoluta sobre todos los príncipes y nobles rusos. Tras negarse a pagar más tributos a los mongoles, Iván emprendió una serie de ataques que abrieron el camino a la completa derrota de la Horda de Oro, ahora dividida en diversos janatos. También impuso su autoridad a las ciudades de Pskov y Nóvgorod hasta entonces semiindependientes.

Durante su disputa con Pskov, el monje Filofei escribió una carta a Iván III en la que profetizaba que este reino se iría a convertir en la Tercera Roma, cristalizando así el sentimiento ruso de herencia con respecto a los bizantinos. Iván compitió con su poderoso rival noroccidental Lituania por el control de algunos de los principados semiindependientes que formaron la Rus de Kiev en el Dniéper superior y las llanuras del río Donets. El abandono de algunos príncipes, las escaramuzas fronterizas y una larga e interminable guerra con Lituania que acabaría en 1503 permitieron a Iván III extender al Oeste sus dominios, que se triplicaron durante todo su reinado.

La consolidación interna se complementó con la expansión del estado. Durante el siglo XV, los gobernantes de Moscú consideraron todo el territorio ruso como su propiedad. Algunos principados semiindependientes todavía reivindicaban ciertos territorios, pero Iván III forzó a los menos poderosos a aceptar al gran príncipe de Moscovia y sus descendientes como líderes indiscutidos con competencias sobre asuntos militares, judiciales y diplomáticos. Gradualmente, el mandatario moscovita emergió como un líder poderoso y autocrático: un zar.

Durante el reino de su hijo, Vasili, Rusia sufría de las incursiones regulares de los tártaros de Crimea y los tártaros de Kazán. Las invasiones más peligrosas ocurrieron en 1517, 1521, 1537, 1538. La amenaza de las incursiones tártaras no permitía al pueblo ruso asimilar las regiones del sur con el suelo fértil. Las decenas de mil de milicianos y los nobles protegieron los límites del sur que era la carga pesada para el estado y disminuía también su desarrollo económico y social.

Ivan IV fue el primer gobernante moscovita que empleó el título de zar.

El progreso del poder autocrático del zar alcanzó su punto máximo durante el reinado (1547–1584) de Iván IV. Iván fortaleció la posición del zar hasta un punto sin precedentes, subordinando a su voluntad a la nobleza sin ningún reparo, exiliando o ejecutando a muchos de sus miembros ante la menor provocación. Pese a todo, Iván fue un estadista con una visión a largo plazo que promulgó un nuevo código de leyes, reformó la ética del clero y construyó la gran Catedral de San Basilio, que todavía se encuentra en la Plaza Roja de Moscú. Introdujo la autoadministración sobre el nordeste de Rusia, donde había pocos grandes propietarios de tierras.

El zar Iván IV venció a los tártaros de Kazán en 1552, sin embargo los tártaros de Crimea continuaban devastando las tierras rusas. En 1571 estos tártaros de Crimea incendiaron la capital rusa y redujeron a la esclavitud a ciento cincuenta mil rusos. En otro frente, Iván IV luchaba por la salida de Rusia al mar Báltico y el acceso al comercio marítimo. Esto fue causa de una guerra extenuante, y al final infructuosa de Rusia contra Letonia, Polonia, Lituania, Suecia y territorios alemanes.

A la muerte de Iván dio comienzo un período de guerras civiles conocido como el Período Tumultoso. La disputa en la sucesión y el resurgir de la nobleza fueron los principales detonantes del conflicto.

Cuatro años (1600-1604) de mala cosecha causada por las bajas temperaturas en los meses veraniegos provocaron el hambre y la desorganización económica.

La autocracia sobrevivió a estos años sombríos y el gobierno de zares corruptos o débiles gracias al vigor de la burocracia del gobierno central. Los funcionarios gubernamentales continuaron prestando servicio, sin entrar en polémicas sobre la legitimidad del soberano o la facción que controlara el trono.

Las disputas sucesorias durante el Periodo Tumultuoso causaron pérdidas de numerosos territorios en favor de la Comunidad Polaco-Lituana y Suecia en guerras como las Dimitríadas, la Ingria y la de Guerra de Smolensko. Muchas ciudades rusas fueron devastadas por los intervencionistas polacos y suecos. La recuperación llegaría a mediados del siglo XVII, cuando diversas guerras emprendidas contra la Comunidad Polaco-Lituana (1654–1667) proporcionaron sustanciales beneficios territoriales, incluyendo Smolensko, Kiev y la parte oriental de Ucrania.

Se logró restaurar el orden en 1613 cuando Miguel Románov, relacionado por matrimonio con la Dinastía de Rurik, fue elegido por la Asamblea Nacional (Zemsky Sobor) para ocupar el trono. Así dio inicio el periodo de la Dinastía Románov, que duraría en el poder desde 1613 hasta el triunfo de la Revolución de 1917.

El deber inmediato de la nueva dinastía fue el de restaurar el orden. Por suerte para Moscú, sus mayores enemigos, la Comunidad Polaco-Lituana y Suecia, habían entrado en conflicto entre sí, lo que brindó a Moscovia la oportunidad de hacer la paz con Suecia en 1617 y firmar una tregua con los Polaco-Lituanos en 1619.

Más que arriesgar sus posiciones en más guerras civiles, los grandes nobles o boyardos cooperaron con los primeros Románov, permitiéndoles finalizar las tareas de centralización burocrática. Así pues, el Estado requirió los servicios tanto de la vieja como de la nueva nobleza, principalmente en el plano militar. A cambio los zares permitieron a los boyardos completar el proceso de feudalización del campesinado.

Durante el siglo anterior, el estado había limitado progresivamente el derecho de los campesinos a trasladarse de los dominios de un señor a otro. Con el Estado ahora legitimando totalmente la servidumbre, los campesinos que huían se convirtieron automáticamente en proscritos. Los terratenientes poseían el control absoluto sobre sus campesinos y podían comprarlos, venderlos, comerciar con ellos como mercancía o hipotecarlos. Tanto el Estado como los nobles les hicieron soportar la pesadísima carga de los impuestos, cuya tasa era cien veces mayor a mediados el siglo XVII que un siglo antes. Además, los comerciantes y artesanos de clase media que habitaban las ciudades fueron gravados con más impuestos y, como a los siervos, se les prohibió cambiar de residencia. Finalmente, todos los sectores de la población fueron sujeto de levas militares e impuestos especiales.

En un período en el que los disturbios entre el campesinado eran endémicos, el de mayor entidad del siglo XVII comenzó en 1667. Cuando los cosacos reaccionaron contra la creciente centralización del Estado, los siervos se sumaron a la revuelta y escaparon de sus tierras uniéndose a aquéllos. El cosaco rebelde Stenka Razin condujo a sus seguidores ascendiendo el Volga, incitando revueltas campesinas y sustituyendo los gobiernos locales por un mando cosaco. Finalmente, el ejército del zar aplastó su ejército en 1670; un año después, Stenka fue capturado y decapitado. El levantamiento y la consecuente represión con que finalizó la última de las crisis de mediados de siglo conllevaron la muerte de un porcentaje significativo de la población campesina de las áreas afectadas.

Pedro I, el Grande (1672–1725), consolidó la autocracia en Rusia y desempeñó un papel crucial en la adaptación del país al sistema europeo de estados. Desde sus modestos orígenes en el siglo XIV como Principado de Moscú, Rusia se había convertido en la nación más grande del mundo en tiempos de Pedro. Tres veces el tamaño de Europa, abarcaba las llanuras eurasiáticas desde el Mar Báltico al Océano Pacífico. Buena parte de su expansión se había producido en el siglo XVII, culminando con el primer asentamiento en el Pacífico a mediados de siglo, la reconquista de Kiev y la pacificación de las tribus siberianas. Sin embargo, esta vasta extensión de tierra solo albergaba a catorce millones de habitantes. La producción de grano no alcanzaba las cifras de Occidente, obligando a casi toda la población a vivir de la agricultura. Solo una minúscula proporción del total habitaba las ciudades.

Pedro estaba fuertemente impresionado por los avances tecnológicos, bélicos y políticos de Occidente. Estudió sus tácticas militares y fortificaciones para más tarde crear un ejército de 300.000 efectivos solo movilizados para él y a los que reclutó de por vida. En el intervalo 1697-1698, se convirtió en el primer príncipe ruso en visitar Occidente, donde su séquito y él causaron una profunda impresión. En una ceremonia especial, Pedro asumió el título de emperador a la vez que el de zar, y Moscovia pasó a llamarse oficialmente Imperio Ruso en 1721.

Los primeros esfuerzos militares de Pedro fueron dirigidos contra el Imperio Otomano. Tras ello, su atención se centró en el Norte. Pedro todavía carecía de un puerto seguro en dicha zona, excepto en Arjángelsk, en el Mar Blanco, cuyas aguas permanecían heladas nueve meses al año. El acceso al Báltico se encontraba bloqueado por Suecia, cuyo territorio lo encerraba por tres puntos. Las ambiciones de Pedro por tener una "ventana al mar" le llevaron a firmar una alianza secreta contra Suecia con la Comunidad Polaco-Lituana y Dinamarca en 1699, derivando en la Gran Guerra del Norte. La guerra finalizó en 1721 cuando una Suecia exhausta pidió la paz a Rusia. Pedro adquirió cuatro provincias situadas al Sur y al Este del Golfo de Finlandia asegurando así su codiciado acceso al mar. Allí construyó la nueva capital de Rusia, San Petersburgo, como una "ventana abierta sobre Europa" para sustituir a Moscú, durante tanto tiempo centro cultural del país.

Las tensiones generadas por las expediciones militares de Pedro provocaron otra revuelta. En nombre del rebelde ejecutado Stenka Razin, otro caudillo cosaco, Kondraty Bulavin, se levantó en armas siendo derrotado finalmente.

Pedro reorganizó su gobierno siguiendo los modelos occidentales, transformando Rusia en un estado absolutista. Reemplazó a la vieja Duma boyarda (un consejo de nobles) por un senado de nueve miembros, en la práctica un consejo de estado. La Rusia rural fue dividida en nuevas provincias y distritos. Pedro comunicó al senado que su misión era recaudar impuestos. Como consecuencia, la recaudación se triplicó durante su reinado. Como parte de sus reformas de gobierno, la Iglesia Ortodoxa se incorporó parcialmente a la estructura administrativa del país, haciéndola en la práctica una herramienta del Estado. Pedro abolió el patriarcado y lo sustituyó por un cuerpo colectivo, el Sínodo Sagrado, dirigido por un funcionario laico. Mientras tanto, fueron eliminándose todos los vestigios del antiguo autogobierno local, y Pedro prosiguió e intensificó los esfuerzos de sus predecesores, exhortando a la nobleza para que prestase servicios a la administración.

Pedro murió en 1725, dejando la sucesión en el aire y un reino exhausto. Durante su mandato se formularon preguntas sobre el atraso del país, su relación con Occidente, la idoneidad de la reforma desde arriba, y otros problemas fundamentales a los que se tuvieron que enfrentar los siguientes estadistas rusos. Así y todo, asentó las bases para el establecimiento de un Estado moderno en Rusia.

Habrían de pasar casi cuarenta años antes de que un gobernante ambicioso e implacable se sentase en el trono ruso. Catalina II, la Grande, fue una princesa alemana que se casó con el heredero del zar. Siendo éste un absoluto incompetente, Catalina tácitamente consintió su asesinato. Se anunció oficialmente que murió de "apoplejía", y en 1762 llegó al poder.

Catalina contribuyó al resurgimiento de la nobleza rusa, emprendido tras la muerte de Pedro el Grande. El servicio al Estado había sido abolido, y la nueva zarina complació a los nobles aún más allá delegándoles el poder en las provincias.

Asimismo, Catalina extendió la influencia política sobre la Comunidad Polaco-Lituana con acciones como el apoyo a la Confederación Targowica, pese a que el coste de sus campañas, en el apogeo de un sistema social que necesitaba del trabajo de los siervos en las tierras de su señorío, provocaran un gran levantamiento campesino en 1773 tras la legalización de la venta de siervos separadamente de la tierra. Inspirados por otro cosaco llamado Yemelián Pugachov, bajo el lema "¡Colguemos a todos los señores!" los rebeldes amenazaron con tomar Moscú antes de que fueran despiadadamente reprimidos. Catalina mantuvo a Pugachov encarcelado en la Plaza Roja, pero el espectro de la revolución continuaría persiguiéndola a ella y a sus sucesores.

Mientras se sofocaba el levantamiento rebelde, Catalina emprendió exitosamente la guerra contra un Imperio Otomano en decadencia y extendió la frontera meridional al Mar Negro. En ese momento, y con la colaboración de Austria y Prusia, se anexionó el este de la Comunidad Polaco-Lituana (poblada por los ucranianos ortodoxos y los bielorrusos, que en la Edad Media fue parte de Rusia de Kiev) durante las Particiones de Polonia y desplazó consiguientemente la frontera hasta Europa Central. A la muerte de Catalina, en 1796, su política expansionista había convertido a Rusia en una de las grandes potencias europeas. Hubo un conflicto con España en 1799, por cuestiones de la soberanía de la Orden de Malta, aunque no llegó al enfrentamiento armado. Esto continuó siendo así bajo Alejandro I con la anexión de Finlandia a expensas del debilitado reino de Suecia en 1809.

Napoleón cometió un enorme error tras sostener una disputa con el zar Alejandro I y llevar a cabo la invasión de Rusia en 1812. La campaña fue un desastre. Aunque la Grande Armée se dirigió hacia Moscú, la estrategia de tierra quemada impidió que el ejército francés se abasteciera en el territorio invadido. Durante el terrible invierno ruso, miles de soldados franceses encontraron la muerte sobre la nieve.

En 1813 el ejército ruso junto con los patriotas alemanes ha vencido el ejército francés en Alemania y entrado en París.

Aun desempeñando un papel político preponderante durante el siguiente siglo gracias a la derrota infligida a la Francia napoleónica, la no abolición de la servidumbre hipotecó cualquier tipo de progreso económico en Rusia. Mientras la economía europea crecía imparable durante la Revolución Industrial, que comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, Rusia quedaba rezagada como jamás lo había estado con respecto a Occidente, generándole este considerable atraso nuevos y graves problemas al imperio.

El estatus aventajado de Rusia eclipsó durante bastantes años la ineficiencia de su gobierno, el aislamiento de su pueblo y su atraso económico. Tras la derrota de Napoleón, Alejandro I había estado dispuesto a negociar ciertas reformas constitucionales pero, aunque se realizaron algunas, no se acometió realmente ningún cambio sustancial.

Este zar relativamente liberal fue reemplazado por su hermano menor, Nicolás I (1825–1855), quien al comienzo de su reinado tuvo que enfrentarse a un pronunciamiento militar. El origen de esta revuelta se remontaba a las Guerras Napoleónicas, cuando gran número de oficiales rusos de buena formación viajó a Europa durante las campañas militares, donde su exposición al liberalismo de la Europa Occidental les inspiró a buscar el cambio en su regreso a la autocracia rusa. El resultado fue la Revuelta Decembrista (diciembre de 1825): obra de un reducido círculo de nobles liberales y oficiales del ejército que querían entronizar al hermano de Nicolás como monarca constitucional. Pero la rebelión fue sofocada fácilmente, alejando definitivamente a Nicolás del proceso de occidentalización comenzado por Pedro el Grande y abanderando la máxima de "Autocracia, Ortodoxia, Espíritu popular". Los zares rusos también tuvieron que lidiar con levantamientos en los territorios anexionados de la Comunidad Polaco-Lituana: el Levantamiento de Noviembre, en 1830, y el Levantamiento de Enero, en 1863.

La dura represión de la revuelta hizo que el "Catorce de diciembre" fuese un día largamente recordado por posteriores movimientos revolucionarios. Para evitar futuras rebeliones, las escuelas y universidades se vieron bajo constante vigilancia y se equiparía a los estudiantes con libros de texto oficiales. Los espías policiales podían encontrarse en cualquier sitio. Los sospechosos de ser revolucionarios eran mandados a Siberia: bajo Nicolás I cientos de miles fueron enviados a campos de trabajo.

En esta situación emergería Mijaíl Bakunin como padre del anarquismo. Abandonó Rusia en 1842 en dirección a Europa Occidental, donde ejerció el activismo dentro del movimiento socialista. Después de participar en el Levantamiento de Mayo de Dresde en 1849, fue encarcelado y enviado por barco a Siberia, pero lograría escapar poniendo rumbo de vuelta a Europa. Allí colaboró con Karl Marx, a pesar de considerables diferencias ideológicas y tácticas.

La cuestión del rumbo de Rusia había ido tomando fuerza desde que Pedro el Grande comenzara su programa de occidentalización. Algunos favorecieron la mera imitación de las costumbres y sistemas mientras que otros renunciaron a Occidente y pidieron una vuelta a las tradiciones del pasado. Esta última opción fue la elegida por los nacionalistas eslavófilos, que hacían burla continua de la "decadente" Europa. Los eslavófilos preferían el colectivismo mir, o comunidad de la aldea medieval, al individualismo Occidental. Más tarde, el comunismo de la Rusia Soviética no solo estaría en deuda con las ideas de Marx sino con el por muchos años establecido patrón social del mir.

El zar Nicolás murió con su filosofía en cuestión. Un año más tarde, Rusia se vio envuelta en la Guerra de Crimea, un conflicto contendido principalmente en la Península de Crimea. Gracias a su papel determinante en la derrota de Napoleón, Rusia había sido considerada desde entonces como casi invencible, pero los reveses sufridos por mar y tierra en esta guerra desvelaron la debilidad y la decadencia del régimen del zar.

Cuando Alejandro II llegó al trono en 1855, la avidez de reformas se había generalizado. Un nuevo movimiento humanitario, que posteriormente se habría de comparar con el abolicionista de los Estados Unidos previo a la Guerra Civil Americana, atacó la servidumbre. En 1859 había más de 23 millones de siervos viviendo en condiciones muchas veces peores que las de los campesinos de Europa Occidental en los feudos del siglo XII. Alejandro II se decidió a abolir la servidumbre desde arriba antes que esperar a que fuese atajada desde abajo mediante una revolución.

La emancipación de los siervos de 1861 fue el acontecimiento más importante de la historia rusa del siglo XIX. Fue el comienzo del fin del monopolio del poder ostentado por la aristocracia terrateniente. La emancipación supuso una aportación de nueva mano de obra a las ciudades; estimuló la industria y las clases medias crecieron en número e influencia; sin embargo, en lugar de cederles gratuitamente las tierras que habían trabajando, los campesinos liberados tuvieron que pagar un impuesto especial de por vida al gobierno, que a cambio pagó un generoso precio a los antiguos señores por la tierra que habían perdido. En numerosas ocasiones los campesinos acabaron con las peores tierras. Todo el territorio cedido a los campesinos era propiedad colectiva de la mir, la comunidad aldeana, que dividía la tierra entre los campesinos y realizaba tareas de supervisión.

En resumen, aunque la servidumbre fue abolida, como este logro se consiguió en términos desfavorables para los campesinos, no se lograron aplacar los ánimos revolucionarios a pesar de las intenciones de Alejandro II.

En 1870s la situación en la península balcánica influyó fuertemente en la política de Rusia. En 1875-1877 el ejército turco suprimió con una gran crueldad la insurrección de las nacionalidades eslavas contra el régimen turco. La sociedad rusa constreñía el gobierno a prestar ayuda militar a los eslavos balcánicos. Durante la guerra 1877-1878 (Guerra Ruso-Turca, 1877–1878) el ejército ruso junto con los patriotas búlgaros, rumanos, servios venció a los turcos y llegó casi a Estambul. Turquía concluyó un tratado de paz sobre la base de las condiciones rusas. Sin embargo Inglaterra adoptó una posición antirrusa y las condiciones del tratado de paz fueron cambiadas, reduciendo las ventajas de Rusia y sus aliados eslavos. Los fracasos de política exterior de Rusia aumentaron la tensión en la sociedad rusa.

Durante algún tiempo muchos liberales rusos se encontraron insatisfechos con la discusión vacía de la intelligentsia. En la década de 1860 cuestionaron los viejos valores, abanderaron la independencia del individuo y escandalizaron a la clase dirigente rusa.

Primero intentaron atraer a la aristocracia a la causa reformista. Tras fracasar, volvieron su mirada a los campesinos. Su campaña "dirigíos al pueblo" acabó siendo conocida como el movimiento Narodnik. Cuando este movimiento ganó en fuerza, el gobierno actuó rápidamente en su supresión.

En respuesta a la creciente reacción gubernamental, un ala radical de los narodniks propugnó un movimiento conocido como nihilista y ejerció el terrorismo. Una tras otra, personalidades importantes del régimen fueron asesinadas a disparos o mediante bombas. Finalmente, después de muchos intentos, Alejandro II fue asesinado en 1881, el mismo día en que aprobaba una petición de la asamblea de representantes para que considerase nuevas reformas que complementasen la abolición de la servidumbre y así aplacar a los revolucionarios.

A diferencia que su padre, el nuevo zar Alejandro III (1881–1894) se comportó a lo largo de su reinado como un reaccionario inquebrantable que revivió la máxima de "Autocracia, Ortodoxia y Espíritu popular" de Nicolás I. Reconocido eslavófilo, Alejandro III creía que Rusia se salvaría del caos solo aislándola de las influencias subversivas (por ejemplo del socialismo) de la Europa Occidental.

En el reinado de Alejandro III Rusia concluyó la unión con Francia republicana. La industria rusa ha recibido los créditos grandes de los bancos franceses. El desarrollo del capitalismo ha aumentado la exfoliación de propiedad en la sociedad, engendrado el proletariado y llevado al empobrecimiento de las partes importantes del campesinado, que fue causa del crecimiento de los movimientos socialistas, anárquicos y antisemitas. Miles de judíos pidieron asilo en los Estados Unidos y Europa Occidental.

Alejandro fue sucedido por su hijo Nicolás II (1894–1917). La Revolución Industrial, que empezaba a ejercer una influencia importante en Rusia, fomentaría los factores que finalmente acabarían con el zar. Los elementos liberales entre los capitalistas y la nobleza creían en una reforma social pacífica y en una monarquía constitucional, tomando parte en los Demócratas Constitucionales, también llamados Kadets. Los revolucionarios socialistas integraron en su doctrina la tradición Narodnik, y exigieron la distribución de la tierra entre los que la trabajasen: los campesinos. Otro grupo radical era el de los Socialdemócratas, representantes del marxismo en Rusia. Ganando cada vez más apoyo por parte de intelectuales y la clase obrera urbana, propugnaban una revolución social, económica y política.

En 1903, el partido se escindió en dos facciones: los mencheviques, o moderados, y los bolcheviques, o radicales. Los mencheviques creían que el socialismo ruso llegaría gradual y pacíficamente y que el régimen del zar debería ser sucedido por una república democrática en la que los socialistas hubieran de cooperar con los partidos burgueses. Los bolcheviques, bajo Vladímir Lenin, sostenían la formación de una pequeña élite de revolucionarios profesionales, sujetos a una férrea disciplina de partido, que actuaran de vanguardia del proletariado con el fin de tomar el poder por la fuerza.

La desastrosa intervención de las fuerzas armadas en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905 fue un gran contratiempo para el régimen zarista e incrementó el probable potencial de un levantamiento. En enero de 1905, una serie de sucesos conocidos como "Domingo Sangriento" ocurrieron cuando el Padre Gapon condujo a una gran masa de gente al Palacio de Invierno en San Petersburgo para presentar una petición al zar. Cuando el grupo llegó al palacio, los cosacos abrieron fuego sobre los allí reunidos, matando a cientos de personas. El pueblo ruso llegó a tal indignación por la masacre que se declaró una huelga general demandando una república democrática. Esto marcó el inicio de la Revolución Rusa de 1905. Los soviets (consejos de trabajadores) aparecieron en la mayoría de ciudades para dirigir la actividad revolucionaria. Rusia acabó paralizada, y el gobierno, en una situación desesperada.

En octubre de 1905, Nicolás firmó con reticencias el famoso Manifiesto de Octubre, que concedía la creación de una Duma (legislatura) nacional que convocaría sin demora. El derecho al voto fue generalizado y ninguna ley entraría en vigor sin el refrendo de la Duma. Los grupos moderados estaban satisfechos, pero los socialistas rechazaron las concesiones y trataron de organizar nuevas huelgas. Al final de 1905, existía cierta desunión entre los reformistas, y la posición del zar acabaría fortaleciéndose con el paso del tiempo.

El zar Nicolás II y sus colaboradores hicieron entrar al país en la Primera Guerra Mundial con entusiasmo y patriotismo, y con la defensa de los hermanos eslavos ortodoxos, los serbios, como principal argumento bélico. Sin embargo, la debilidad de la economía rusa y la ineficacia y corrupción del gobierno solo estuvieron ocultadas muy brevemente por el manto de fervor nacionalista. Los reveses militares y la incompetencia gubernamental pronto decepcionaron a la población. El control alemán del Mar Báltico y el bloqueo germano-otomano del Mar Negro cercenaron las vías de entrada al comercio marítimo internacional e impidieron la llegada de mercancías de primera necesidad.

A mediados de 1915, el impacto de la guerra era desmoralizante. La comida y el combustible escaseaban, el número de bajas era escandaloso, y la inflación no dejaba de escalar. Las huelgas aumentaron entre los obreros mal pagados de las fábricas y los campesinos, que exigían reformas agrarias, estaban inquietos. Mientras, el descontento general con el régimen se agravaba por momentos a causa de los informes que afirmaban que un místico semianalfabeto, Grigori Rasputín, se había granjeado una importante influencia política dentro del gobierno. Su asesinato a finales de 1916 acabó con el escándalo pero no restauró el prestigio perdido del régimen.

El 3 de marzo de 1917, tuvo lugar una huelga en una fábrica de la capital Petrogrado (la antigua San Petersburgo). En una semana, casi todos los obreros de la ciudad la secundaron, y empezaban a sucederse los disturbios callejeros. Cuando el zar disolvió la Duma y exhortó a los huelguistas a que volvieran al trabajo, sus órdenes desencadenaron la Revolución de Febrero.

La Duma rechazó disolverse, los huelguistas celebraron mítines masivos desafiando al régimen, y el ejército explícitamente se puso del lado de los obreros. Unos días después la Duma nombró un gobierno provisional encabezado por el Príncipe Lvov. Al día siguiente el zar abdicó. Al mismo tiempo, los socialistas de Petrogrado formaron el Soviet (consejo) de los Representantes de los Trabajadores y los Soldados para, según su retórica, proporcionarles el poder del que carecían en la Duma. Mientras el gobierno de Kérenski dejaba pasar el tiempo, el soviet marxista en Petrogrado propagó su organización a través de todo el país creando soviets locales. Asimismo, Kérenski cometió el fatal error de continuar la participación de Rusia en la guerra, una decisión extremadamente impopular entre el pueblo.

Lenin regresó a Rusia desde su exilio en Suiza, con ayuda de Alemania, que esperaba que un conflicto civil generalizado obligase a Rusia a retirarse de la guerra. Se produjo una sonora recepción a cargo de miles de campesinos, obreros y soldados ante la llegada del tren que traía a Lenin. Después de muchas maniobras entre bambalinas, los soviets se hicieron con el control del gobierno en noviembre de 1917, y obligaron a Kérenski y su ejecutivo a huir hacia el exilio; todo esto, durante los sucesos que serían conocidos como la Revolución de Octubre.

Cuando la asamblea nacional, que se reunió en enero de 1918, rehusó convertirse en un mero instrumento de los bolcheviques, fue disuelta por las tropas de Lenin. Con la disolución de la asamblea constituyente, desapareció el último vestigio de la anterior y efímera democracia burguesa. A partir de ese momento, estando la oposición moderada fuera de combate, Lenin pudo desvincular su régimen de la Gran Guerra mediante el duro Tratado de Brest-Litovsk firmado con Alemania, que impuso a Rusia grandes pérdidas en territorios.

Un poderoso grupo de contrarrevolucionarios denominado el Movimiento Blanco comenzó a organizarse para derrocar a los bolcheviques. Al mismo tiempo las potencias aliadas enviaron cuerpos expedicionarios para apoyar a las fuerzas anticomunistas. Los aliados temían que los bolcheviques estuviesen conspirando con los alemanes como consecuencia de Brest-Litovsk; también tenían la esperanza de que los blancos reanudasen las hostilidades contra Alemania. En el otoño de 1918 el régimen bolchevique sobrevivía en una situación peligrosa, enemistado con las potencias aliadas y los opositores internos.

Para contrarrestar esta situación de emergencia, dio comienzo un reinado del terror merced el Ejército Rojo y la Cheka (la policía secreta), que acabarían con todos los enemigos de la revolución. Por nobles que declararan ser sus objetivos finales, los comunistas no obtuvieron la aprobación de todos los elementos de la sociedad y así tuvieron que emplear la fuerza para ejercer el poder sobre Rusia. Acabaron con la policía secreta zarista, tan despreciada por los rusos de todas las opciones políticas, al tiempo que con otras instituciones del antiguo orden, pero aseguraron la supervivencia de su propio régimen creando una nueva policía política de aún mayores dimensiones que la anterior, tanto en el alcance de su autoridad como en la severidad de sus métodos. En 1920, toda la resistencia blanca había sido aplastada y los ejércitos extranjeros, evacuados, mas con el coste de perpetuar la impronta rusa de poder autocrático bajo nuevas apariencias.

Estando Rusia estancada en su guerra civil, las fronteras entre Polonia y Rusia no quedaban claramente definidas por el Tratado de Versalles tras el fin de la contienda mundial. La Guerra Ruso-Polaca (1919–1921) (Ofensiva de Kiev), que finalizó con la derrota del Ejército Rojo, determinó temporalmente los límites entre ambos países.

La historia de Rusia entre 1922 y 1991 es esencialmente la historia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o, más brevemente, Unión Soviética. Esta nación unida por la ideología, establecida en 1922 por los líderes del Partido Comunista Ruso, se superponía territorialmente a grandes rasgos con el antiguo Imperio Ruso. En aquella época, el nuevo estado estaba constituido por cuatro repúblicas: la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, la RSS Ucrananiana, la RSS Bielorrusa y la República Federativa Socialista Soviética de Transcaucasia.

La constitución, adoptada en 1924, establecía un sistema federal de gobierno basado en una sucesión de soviets emplazados en pueblos, fábricas y ciudades en las regiones más grandes. Esta pirámide de soviets en cada república integrante culminaba en el Congreso de Soviets de Toda la Unión. Pero mientras la apariencia era que este congreso ejercía la soberanía, este órgano estaba de hecho controlado por el Partido Comunista, que a su vez era supervisado por el Politburó desde Moscú, la nueva capital de la Unión Soviética, tal y como lo había sido bajo los zares antes de Pedro el Grande.

El período comprendido desde la consolidación de la revolución bolchevique en 1917 hasta 1921 es conocido como el período del comunismo de guerra. Bancos, ferrocarriles y naves fueron nacionalizados y la economía monetaria restringida. Pronto surgiría un fuerte rechazo popular ante los cambios. Los campesinos requerían pagos en metálico para adquirir sus productos y no aceptaron con agrado el tener que ceder los excedentes de grano al gobierno como parte de su política de guerra civil. Ante esta oposición del campesinado, Lenin comenzó una retirada progresiva del comunismo de guerra conocida como la Nueva Política Económica (NEP). Los campesinos se vieron liberados de las recaudaciones masivas de grano y se les permitió vender sus productos excedentarios en el mercado. Se estimuló el comercio permitiendo la venta al por menor. El estado continuó siendo el responsable de la banca, el transporte, la industria pesada y los servicios públicos.

Aunque los grupos de extrema izquierda entre los propios comunistas criticaron a los campesinos ricos o kulaks que se beneficiaban de la NEP, el programa demostró ser bastante beneficioso y la economía revivió. La NEP se enfrentaría a una creciente oposición desde dentro del partido tras la muerte de Lenin a principios de 1924.

A medida que la economía rusa se iba transformando, la vida social de la gente sufrió cambios igualmente drásticos. Desde el comienzo de la revolución, el gobierno intentó debilitar la dominación patriarcal de la familia. El divorcio no requeriría más intervención judicial; y para liberar totalmente a la mujer de las responsabilidades de la maternidad, el aborto fue legalizado en fecha tan temprana como 1920. Como efecto colateral, la emancipación de las mujeres incrementó la masa laboral. Se animaba a las chicas a asegurarse una educación y a labrarse una trayectoria en la fábrica o en la oficina. Se dispusieron guarderías comunales para el cuidado de los niños pequeños y se hicieron esfuerzos para cambiar el centro de la vida social de la gente desde el hogar a los grupos educativos y de recreo, los clubes soviéticos.

El régimen abandonó la política zarista de discriminación contra las minorías nacionales en favor de una política de integrar a los más de doscientos grupos minoritarios en la vida soviética. Otra característica del régimen fue la extensión de los servicios sanitarios. Se promovieron campañas contra el tifus, el cólera y la malaria; el número de doctores se incrementó tan rápido como las infraestructuras y la formación lo pudieran permitir; y la tasa de mortalidad infantil decreció rápidamente mientras que la esperanza de vida ascendió con igual premura.

El gobierno también promovió el ateísmo y el materialismo, que formaban la base del marxismo teórico. Se opuso a las religiones organizadas, sobre todo con el objetivo de quebrar el poder de la Iglesia Ortodoxa Rusa, un antiguo pilar del antiguo régimen y una gran barrera para el cambio social. Muchos líderes religiosos fueron enviados a campos de exilio internos. Se les prohibió a los miembros del partido asistir a servicios religiosos. El sistema educativo fue inmediatamente separado de la Iglesia. La enseñanza religiosa fue prohibida excepto en casa y se hizo hincapié en la instrucción atea en las escuelas.

Los años entre 1929 y 1939 comprenden una década turbulenta en la historia rusa, un período de industrialización masiva y luchas internas al establecer Iósif Stalin control casi total sobre la sociedad rusa, ostentando un poder sin restricciones desconocido incluso para los zares más ambiciosos. Tras la muerte de Lenin, Stalin luchó con otras facciones rivales del Politburó, especialmente León Trotsky, por el liderazgo de la Unión Soviética. En 1928, con los trotskistas exiliados o expulsados del poder, Stalin fue capaz de poner en práctica un programa radical de industrialización.

En 1928 Stalin propuso el primer Plan Quinquenal. Abolida la NPE, fue el primero de unos planes dirigidos a la rápida acumulación de capital mediante el ensamblaje de vastos complejos de industria pesada, la colectivización de la agricultura, la manufactura restringida de bienes de consumo. Con la implantación del plan, por primera vez en la historia un gobierno controlaba toda la actividad económica. Mientras en los países capitalistas las fábricas y las minas se encontraban inactivas o funcionando por debajo de su rendimiento máximo durante la Gran Depresión y millones de obreros fueron al paro, el pueblo soviético trabajaba bastantes horas al día, seis días a la semana en un extenuante intento de revolucionar la estructura económica de Rusia.

Como parte del plan, el gobierno tomó el control de la agricultura a través del estado y las granjas colectivas. Mediante un decreto de febrero de 1930, cerca de un millón de kulaks fueron forzados a abandonar su tierra. Muchos campesinos se opusieron firmemente a la reglamentación estricta del estado, frecuentemente matando el ganado cuando se enfrentaban a la pérdida de su tierra. En algunas regiones llegaron a rebelarse, e incontables campesinos considerados oficialmente "kulaks" por las autoridades fueron ejecutados. Estalló una grave hambruna y varios millones de agricultores murieron de inanición. Las deterioradas condiciones en el campo condujeron a millones de campesinos desesperados a unas ciudades en veloz crecimiento, incrementando desproporcionadamente la población urbana en el espacio de unos pocos años.

Los planes produjeron unos fabulosos resultados en áreas distintas a la agricultura. Rusia, bajo ciertos parámetros la nación más pobre de Europa en el momento de la revolución bolchevique, se industrializaba ahora a un ritmo sin precedentes, sobrepasando de largo la industrialización alemana del siglo diecinueve y la de Japón a principios del veinte. Las autoridades soviéticas declararon en 1932 un incremento de la producción industrial un 334 por ciento con respecto a 1914, y en 1937 un crecimiento del 180 por ciento sobre 1932. Es más, la supervivencia de Rusia frente a la inminente acometida nazi fue posible en parte gracias a la capacidad de producción obtenida con dicha industrialización.

La represión estalinista llevó a la creación de un enorme sistema de exilio interior, de dimensiones considerablemente mayores que las dispuestas en el pasado por los zares. Se pusieron en vigor sanciones draconianas y muchos ciudadanos fueron enjuiciados por crímenes ficticios de sabotaje y espionaje. La labor realizada por los presos en los campos de trabajo del sistema de gulags llegó a ser una pieza importante del esfuerzo industrializador, especialmente en Siberia. Tal vez un cinco por ciento de la población habría pasado por el gulag.

Tras la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop con la Alemania nazi en 1939, los soviéticos invadieron la parte oriental de Polonia (este territorio poblado por los ucranianos y los bielorrusos, fue conquistado por los polacos en 1919-1920) y comenzaron una guerra con Finlandia conocida como la Guerra de Invierno (1939–40). Ganó la Unión Soviética, que se anexionó parte del Istmo de Karelia, que pertenecía antes a los principados medievales rusos, y luego el imperio ruso durante muchos siglos. A pesar de los esfuerzos de Stalin para evitar una guerra contra Alemania, ésta declaró la guerra y cruzó la frontera el 22 de junio de 1941. Los ejércitos de los aliados alemanes, Hungría, Rumanía, Croacia, Finlandia, Italia y los voluntarios antisoviéticos de muchos países europeos han entrado también en la URSS. Para noviembre, el ejército alemán se había apoderado de Ucrania, comenzó el asedio de Leningrado y amenazaba con tomar la propia capital, Moscú.

Sin embargo, la victoria soviética en la Batalla de Stalingrado demostró ser decisiva, invirtiendo el curso de toda la guerra. Después de perder esta batalla los alemanes carecieron de la fuerza suficiente para sostener el frente ruso y la URSS llevaría la iniciativa hasta el final de la contienda. A finales de 1943, el Ejército Rojo había roto el asedio de Leningrado y recuperó buena parte de Ucrania. A finales de 1944, el frente se había trasladado más allá de las fronteras originales de 1939, adentrándose en Europa central. Siendo decisivamente superiores en número de tropas, los soviéticos entraron en Alemania oriental, capturando Berlín en mayo de 1945. La Gran Guerra Patria contra Alemania finalizaba así triunfalmente.

Aunque la Unión Soviética fue uno de los vencedores en la Segunda Guerra Mundial, su economía había sido devastada durante el conflicto a causa de la invasión nazi, cobrándose 27 millones de vidas. 10 millones de población civil y 3.5 millones de prisioneros de guerra soviéticos fueron víctimas del terror, que fue realizado por los alemanes y sus aliados en el territorio de la URSS.

La colaboración entre los Aliados les hizo ganar la guerra y supuestamente serviría como base para la reconstrucción y la seguridad europeas durante la posguerra. Sin embargo, el conflicto entre los intereses soviéticos y estadounidenses, conocido como Guerra Fría, dominaría la escena internacional durante las siguientes décadas, asumiéndose como un choque de ideologías en apariencia.

La Guerra Fría surgió de la disputa entre Stalin y el presidente Harry Truman sobre el futuro de Europa del Este después de la Conferencia de Potsdam en el verano de 1945. Rusia había sufrido tres devastadores conflictos desde el Oeste los anteriores 150 años, por lo que la meta de Stalin fue la de establecer una zona de estados tapón entre Alemania y la URSS. Truman acusó a Stalin de traicionar los acuerdos de Yalta. Con Europa Oriental bajo la ocupación del Ejército Rojo, Stalin también ganaba tiempo mientras se desarrollaba en secreto su propio proyecto de bomba atómica.

En abril de 1949, los Estados Unidos patrocinaron la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), un pacto de defensa mutua en la que la mayoría de las naciones occidentales firmaron actuar contra un estado concreto que atacara a cualquiera de los socios. La Unión Soviética estableció un contrapacto oriental a la OTAN en 1955, denominado el Pacto de Varsovia. La división de Europa en dos bloques se extrapolaría más tarde mundialmente, especialmente tras 1949, cuando el monopolio nuclear norteamericano vio su fin con la prueba de la primera bomba atómica soviética y el comunismo se hizo con el poder en China.

Los principales objetivos de la política exterior soviética fueron el mantenimiento y la mejora de la seguridad nacional y el sostenimiento de la hegemonía sobre Europa Oriental. La Unión Soviética mantuvo su influencia sobre el Pacto de Varsovia mediante la represión de la Revolución Húngara de 1956, la Primavera de Praga en Checoslovaquia en 1968, y apoyando la persecución del movimiento Solidaridad en Polonia a principios de los años 1980.

Mientras la Unión Soviética continuó manteniendo estrecho control sobre su esfera de influencia, la Guerra Fría dio paso a un período menos tenso entre 1961 y 1962 con unas relaciones internacionales más complejas para las que el mundo no se dividía tan claramente en dos claros polos opuestos. Los países menos influyentes tuvieron mayor capacidad de maniobra para afirmar su independencia, y las dos superpotencias fueron solo medianamente capaces de reconocer intereses comunes al tratar de vigilar la proliferación de armas nucleares en tratados como el SALT I, SALT II y el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos.

Las relaciones soviético-americanas se deterioraron tras la Invasión soviética de Afganistán en 1979 y la elección de Ronald Reagan en 1980. Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, Rusia perdió su estatus como superpotencia que adoptara al vencer en la Segunda Guerra Mundial.

Durante la lucha por el poder que aconteció tras la muerte de Stalin en 1953, sus más estrechos colaboradores salieron derrotados. Nikita Jrushchov afianzó su posición en un discurso antes del XX Congreso del Partido Comunista detallando las atrocidades de Stalin y atacándole por promover un culto a su personalidad. A medida que se iban haciendo públicos los detalles del discurso, Jrushchov aceleró la ejecución de un amplio paquete de reformas. Disminuyendo el énfasis de su antecesor por la industria pesada, incrementó la producción de bienes de consumo e inmuebles, además de estimular la producción agraria. Las nuevas políticas mejoraron las condiciones de vida, aunque la escasez de maquinaria, textiles y otros bienes de consumo no perecederos se habría de incrementar en los años siguientes. El sistema judicial, aunque todavía bajo control absoluto del Partido, dio por terminada la política del terror, y los intelectuales tuvieron mayor libertad de expresión que durante el período estalinista.

En 1964, Jrushchov fue destituido por el Comité Central del Partido Comunista, atribuyéndole una gran cantidad de errores que incluían varios reveses soviéticos como la Crisis de los Misiles Cubanos y el Cisma Chino-Soviético. Después de un breve período de mandato colectivo, un veterano burócrata, Leonid Brézhnev, ocupó el lugar de Jrushchov.

A pesar de la mejora de la planificación económica bajo Jrushchov, el sistema permaneció dependiente de planes centralizados realizados sin ninguna referencia a los mecanismos del mercado. Como país desarrollado que era, la Unión Soviética en los años 70 tuvo serias dificultades para mantener las altas tasas de crecimiento en el sector industrializado de que había disfrutado en años precedentes. Se hizo necesario un incremento progresivo en la inversión y la masa laboral para mantener el crecimiento, pero estos aportes se hacían cada vez más complicados de obtener, en parte debido al refuerzo en la producción de bienes de consumo. Aunque los objetivos de los planes quinquenales de los años 70 se vieron revisados a la baja, no se pudieron alcanzar. El desarrollo agrario continuó estancado durante los años de Brezhnev.

Aunque ciertos aparatos y otros bienes fueron progresivamente más accesibles durante los años 60 y 70, las mejoras en construcción y producción de alimentos no fueron suficientes. La naciente cultura del consumismo y la escasez en bienes de consumo, inherentes a un sistema de precios no regulado por el mercado, fomentó el robo de propiedades estatales y el crecimiento de un vigoroso mercado negro. Pero, en contraste con el espíritu revolucionario que acompañó al nacimiento de la Unión Soviética, el estado de ánimo que predominaba en la élite soviética al morir Brezhnev en 1982 era el miedo al cambio.

Dos tendencias dominaron la década siguiente: el aparente desmoronamiento de las estructuras económicas y políticas, y los intentos por invertir ese proceso mediante reformas improvisadas. Después de la rápida sucesión de Yuri Andrópov y Konstantín Chernenko, figuras de transición con fuertes raíces en la tradición breznevita, el relativamente joven y enérgico Mijaíl Gorbachov llevó a cabo cambios significantes en la economía y en el liderazgo del partido. Su política de glásnost liberó el acceso público a la información después de décadas de represión gubernamental. Pero Gorbachov fracasó al tratar de enmendar la crisis esencial del sistema soviético; en 1991, cuando una conspiración de personas próximas al gobierno (Golpe de Estado de 1991 en la URSS) reveló la debilidad de la posición política de Gorbachov, el fin de la Unión Soviética estaba próximo.

Al final de la Primera Guerra Mundial, los grandes imperios Otomano, de los Habsburgo y los Románov se derrumbaron, dejando Europa Oriental y Eurasia en el caos. Solo el imperio Ruso acabó reconfigurado bajo el liderazgo bolchevique. Stalin lo condujo por la senda de la industrialización y la agresión Nazi acabó convirtiéndolo en una superpotencia rival de los Estados Unidos. La economía centralizada acabó demostrándose menos sostenible con las tecnologías postindustriales y con las demandas de una nueva clase media y una burocracia forjada bajo su tutelado. La Perestroika anticipó el desmantelamiento de la economía, y la glasnost permitió a las minorías étnicas y los nacionalistas, hasta entonces invisibles para el público, adquirir notoriedad. Cuando Gorbachov trató de reformar el partido, debilitó los vínculos que cohesionaban el Estado y la Unión.

A causa de la posición dominante de los rusos en la Unión Soviética, la mayoría no le prestaba especial atención a las diferencias entre Rusia y la URSS antes de finales de los 80. Sin embargo, el hecho de que el régimen estaba dominado por rusos no implicaba que la RSFR estuviese especialmente beneficiada por esta coyuntura. De hecho, Rusia carecía de los escasos instrumentos de soberanía que las otras repúblicas tenían al menos, como sus respectivas ramas del Partido Comunista, la KGB, consejo de sindicatos, Academia de las Ciencias y similares. La razón de esto es que, de haber existido ramas de dichas organizaciones en la RSFR, habrían amenazado las estructuras de poder de la Unión.

A finales de los años 80, Gorbachov subestimó la importancia de la República Socialista Federativa de Rusia, que emergió como un centro de poder rival de la Unión Soviética. Una reacción nacionalista rusa contra la Unión llegó cuando muchos rusos empezaron a creer que Rusia había subsidiado a otras repúblicas, cada vez más pobres, con petróleo barato, por ejemplo. Las demandas de unas instituciones propias habían crecido en Rusia y, cuando el nacionalismo ruso fue claramente patente al final de la década, aparecieron tensiones entre los que pretendían conservar una Unión cohesionada y los que pretendían crear un estado ruso fuerte.

Estas tensiones acabaron personificándose en la lucha de poder entre Gorbachov y Borís Yeltsin. Eliminado de la política de la Unión por Gorbachov en 1987, Yeltsin, un hombre de partido a la vieja usanza sin ningún antecedente de disidencia, necesitaba una plataforma alternativa para desafiar a Gorbachov. La creó representándose a sí mismo como un nacionalista ruso y un demócrata convencido. Tras un golpe de suerte, logró ser elegido presidente del soviet supremo de la república rusa en mayo de 1990, convirtiéndose de hecho en el primer presidente electo de Rusia. Al mes siguiente, blindó la legislación otorgándole a las leyes rusas prioridad sobre las leyes soviéticas y reteniendo dos terceras partes del presupuesto.

El golpe de agosto de 1991 por comunistas de la línea dura fracasaría con la ayuda de Yeltsin. Los cabecillas del golpe pretendieron salvar el partido y la Unión; sin embargo, apresuraron el colapso de ambos.

La Unión Soviética se disgregó oficialmente el 25 de diciembre de 1991. El acto final del traspaso de poder de la Unión Soviética a Rusia fue la cesión, de Gorbachov a Yeltsin, de las maletas conteniendo los códigos para desplegar el arsenal nuclear.

A mediados de los años 90, Rusia era una democracia multipartidista, mas era difícil asegurar un gobierno representativo a causa de dos problemas estructurales: el enfrentamiento entre el presidente y el parlamento, y el anárquico sistema de partidos. Aunque Yeltsin ganó prestigio en el extranjero al mostrarse como un demócrata para debilitar a Gorvachov, su concepción de la presidencia era muy autocrática, actuando bien como su propio primer ministro (hasta junio de 1992) o bien nombrando para tal cargo a gente de su confianza, sin tener en cuenta al parlamento.

Mientras, la excesiva presencia de partidos minúsculos y su rechazo a formar alianzas coherentes dejaba la legislatura ingobernable. Durante 1993, el contencioso entre Yeltsin y el parlamento culminaría con la crisis constitucional de octubre. Ésta llegó a su punto crítico cuando, el 3 de octubre, Yeltsin mandó a los tanques a bombardear la Casa Blanca (Moscú). Con este trascendente (e inconstitucional) paso de disolver a cañonazos el parlamento, Rusia no había estado tan cerca del enfrentamiento civil desde la revolución de 1917. A partir de entonces, Yeltsin dispuso de entera libertad para imponer una constitución con fuertes poderes presidenciales, que fue aprobada en referéndum en diciembre de 1993. Sin embargo, el voto de diciembre también supuso un avance importante de comunistas y nacionalistas, reflejo del creciente desencanto de la población con las reformas económicas neoliberales.

Pese a llegar al poder en un ambiente general de optimismo, Yeltsin nunca recuperaría su popularidad tras apoyar la "'terapia de choque" económica de Yegor Gaidar: fin del control de precios de la era soviética, recortes drásticos en el gasto público y la apertura al comercio exterior en 1992. Las reformas devastaron inmediatamente la calidad de vida de la gran mayoría de la población, especialmente en aquellos sectores beneficiados por los salarios y precios controlados, los subsidios y el estado del bienestar de la época comunista. Rusia sufrió en la década de los noventa una recesión económica más grave que la Gran Depresión que azotó los Estados Unidos o Alemania a principios de los años 1930.

Las reformas económicas consolidaron una oligarquía semicriminal enraizada en el viejo sistema soviético. Aconsejada por los gobiernos occidentales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, Rusia se embarcaría en la más grande y más rápida privatización jamás llevada a cabo por un gobierno en toda la historia. A mediados de década, el comercio, los servicios y la pequeña industria ya estaban en manos privadas. Casi todas las grandes empresa fueron adquiridas por sus antiguos directores, engendrando una clase de nuevos ricos cercanos a diversas mafias o a inversores occidentales. En la base del sistema, a causa de la inflación o el desempleo, muchos obreros acabaron en la pobreza, la prostitución o la delincuencia.

A pesar de todo, un supuesto regreso a la economía dirigida parecía casi imposible, contando con el rechazo unánime de Occidente. La economía Rusa encontró el fin del calvario con la recuperación a partir de 1999 en parte gracias al alza de los precios del crudo, su principal exportación aun quedando lejos los niveles de producción soviéticos.

Tras la crisis financiera de 1998 Yeltsin se encontraba en el ocaso de su trayectoria. Solo unos minutos antes del primer día de 2000, dimitió por sorpresa dejando el gobierno en manos de su primer ministro, Vladímir Putin, un antiguo funcionario del KGB y jefe de su agencia sucesora tras la caída del comunismo. En 2000, el nuevo presidente derrotó con facilidad a sus contrincantes en las elecciones presidenciales del 26 de marzo, ganando en primera vuelta. En 2004 fue reelegido con el 71% de los votos y sus aliados ganaron las legislativas, pese a las reticencias de observadores nacionales y extranjeros sobre la limpieza de los comicios. Se hizo aún más patente la preocupación internacional a finales de 2004 a causa los notables avances en el endurecimiento del control del presidente sobre el parlamento, la sociedad civil y los representantes regionales.

Al principio



Economía de Rusia

Regiones de Rusia por sus productos per cápita (año 2006)      >400,000 rublos      150,000-400,000 rublos      100,000-150,000 rublos      50,000-100,000 rublos      <50,000 rublos

Rusia emprende la transición de la era soviética con ventajas y obstáculos. Aunque sólo con la mitad del tamaño de la antigua economía soviética, la economía rusa incluye un activo formidable. Rusia posee grandes provisiones de muchos de los recursos naturales líderes mundiales más valorados, sobre todo aquellos requeridos para apoyar una economía moderna industrializada. Además tiene una mano de obra instruida con la maestría sustancial técnica. Al mismo tiempo, las prácticas de dirección de la era soviética, una infraestructura que se descompone, y sistemas de suministro ineficaces dificultan la utilización eficiente de aquellos recursos. Durante casi 60 años, la economía rusa y la del resto de la Unión Soviética eran manejadas sobre la base de planificación central, que consistía en el control del Estado prácticamente en todo el medio de producción y sobre inversión, producción, y decisiones de consumo en todas partes de la economía. La política económica fue hecha según directrices del Partido Comunista, que controló todos los aspectos de actividad económica. El sistema de planificación central dejó un número de herencias con las cuales la economía rusa debe dar en su transición a una economía de mercado.

La economía rusa sufrió una enorme tensión cuando se transformó de una economía estrictamente planificada a un sistema de libre mercado. Las dificultades en la realización de reformas fiscales apuntadas al desarrollo de créditos de gobierno y una dependencia en el préstamo a corto plazo para financiar déficits presupuestarios condujeron a una crisis seria financiera en 1998. Precios inferiores para los productos que Rusia exporta (el petróleo, gas natural y minerales) y una pérdida de confianza de inversionistas debido a la crisis asiática financiera exacerbó problemas financieros. El resultado era una disminución rápida en el valor del rublo, la desaparición de inversiones extranjeras, retrasos sobre deudas estatales y privadas, una interrupción de transacciones comerciales por el sistema bancario, y la amenaza de inflación galopante.

Rusia, sin embargo, tiene la crisis hoy controlada. El verdadero PIB ha aumentado en el porcentaje más alto desde la caída de la Unión Soviética, el rublo se estabilizó, la inflación es moderada, y la inversión comenzó a aumentar otra vez. Rusia avanza en la reunión de sus obligaciones de deudas extranjeras. Durante 2000-01, Rusia no sólo actualizó sus servicios externos de deudas, pero también hizo el avance de reembolso de grandes cantidades del principal por préstamos de Fondo Monetario Internacional, pero también aumentó reservas de Banco central con el presupuesto de gobierno, el comercio, y excedentes de cuenta corrientes. En los últimos años Rusia ha ido recuperando su puesto como gran potencia económica, ocupando actualmente el 7º puesto por su PNB, formando parte del grupo de las economías más poderosas del mundo, el G8.

Dos objetivos fundamentales e interdependientes - la estabilización macroeconómica y la reestructuración económica - marcaron la transición de la planificación central a una economía a base de mercado. La antigua realización implicada las políticas monetarias y fiscales que promueven el crecimiento económico en un ambiente de precios estables y tasas de cambio. El éste requerido estableciendo las entidades comerciales, legales, e institucionales - bancos, la característica (propiedad) privada, y códigos comerciales legales - que permite a la economía funcionar de manera eficiente. La apertura de mercados interior al comercio exterior y la inversión, así uniendo la economía con el resto del mundo, era una ayuda importante en el alcance de estos objetivos. El régimen de Gorbachov falló en dirigir estos objetivos fundamentales. En el momento del fallecimiento de la Unión Soviética, el gobierno de Yeltsin de la Federación Rusa había comenzado a atacar los problemas de la estabilización macroeconómica y la reestructuración económica. A mediados de 1996, los resultados fueron mezclados.

En octubre de 1991, dos meses antes del derrumbamiento de la Unión Soviética y dos meses después del golpe de agosto de 1991 contra el régimen de Gorbachov, Yeltsin y sus consejeros, incluyendo al economista reformista Yegor Gaidar, establecieron un programa de reformas radicales económicas. El parlamento ruso, el Soviet Supremo, dio poderes de decreto ampliados al presidente durante un año para poner en práctica el programa. El programa era ambicioso, y el registro hasta el momento indica que los objetivos para la estabilización macroeconómica y programas de reestructuración económicos pueden haber sido realistas. Otra complicación en el programa de reforma de Yeltsin consiste en que desde 1991 tanto la autoridad política como económica han pasado considerablemente del nacional al nivel regional.

La puesta en marcha de las reformas supuso una tremenda pero necesaria reducción del gasto público, ya que el déficit en 1991 alcanzaba el 20% del PIB. Los sectores más afectados por este recorte fueron la inversión en infraestructuras, la defensa y las subvenciones al consumidor y al productor. El gobierno también impuso nuevos impuestos. Con estas medidas se logró pasar a un déficit del 9% de PIB hacia la segunda mitad de 1992 y del 3% hacia 1993. También ayudaron a reducir la inflación, pasando del 12% por mes en 1991 al 3% por mes a mediados de 1993. Estas buenas noticias macroeconómicas tuvieron sin embargo consecuencias negativas para la gran mayoría de la población. La calidad de vida empeoró considerablemente. Rusia sufrió, en la década de los noventa, una recesión económica más grave que la Gran Depresión que azotó los Estados Unidos a principios de los años 1930. En la base del sistema, a causa de la inflación o el desempleo, muchos obreros acabaron en la pobreza, la prostitución o la delincuencia. Las reformas económicas consolidaron una oligarquía semicriminal enraizada en el viejo sistema soviético. Aconsejada por los gobiernos occidentales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, Rusia se embarcaría en la más grande y más rápida privatización jamás llevada a cabo por un gobierno en toda la historia. A mediados de década, el comercio, los servicios y la pequeña industria ya estaban en manos privadas.

Después de unos años de leves mejorías, la economía rusa sufrió una recaída con la crisis financiera de 1998. Los principales motivos de esta recaída fueron debidos a un alto sobreendeudamiento externo (provocado por un déficit presupuestario estatal y la debilidad financiera de los bancos y empresas). A esto se unió la bajada de precios del petróleo, su principal fuente de divisas. Esto provocó una convulsiva retirada de capital extranjero, que llevó a Rusia a una falta de liquidez, a una depreciación del rublo y finalmente, a no poder hacer frente a las deudas contraídas.

A pesar de todo, un supuesto regreso a la economía dirigida parecía casi imposible, contando con el rechazo unánime de Occidente. La economía rusa encontró el fin del calvario con la recuperación a partir de 1999 en parte gracias al alza de los precios de sus principales exportaciones: el petróleo y el gas natural.

El programa presentó un número de medidas macroeconómicas de política para alcanzar la estabilización. Esto supuso reducciones agudas de gastos de gobierno, reducción de presupuestos para proyectos públicos de la inversión, defensa, y subvenciones de consumidor y el productor. El programa apuntado a reducir el déficit presupuestario de gobierno de su nivel de 1991 del 20% de PIB al 9% de PIB hacia la segunda mitad de 1992 y al 3% hacia 1993. El gobierno impuso nuevos impuestos, y la recaudación fiscal debía ser mejorada para aumentar créditos estatales. En la esfera monetaria, el programa económico requerido por el Banco Central Ruso (BCR) para cortar créditos subvencionados a empresas y restringir el dinero suministra el crecimiento. El programa permitió reducir la inflación del 12% por mes en 1991 al 3% por mes a mediados de 1993.

Antes de analizar la estructura de Rusia, ha de tenerse en cuenta que la rusa es una economía en transición. Por ello, las fronteras entre lo estructural y lo coyuntural a veces no son nítidas, teniendo por tanto mucha importancia las reformas que están en curso y las proyectadas por el Gobierno. El Banco Central de Rusia sigue manteniendo el doble objetivo de luchar contra la inflación y sujetar la apreciación del rublo. En 2005 la inflación fue del 10,9%. Para combatir la inflación, el Gobierno tomó dos medidas: permitió la apreciación del tipo de cambio en términos reales y absorbió flujos de petrodólares a través del pago anticipado de la deuda al Club de París.

La política económica actual está dirigida a fortalecer los cuatro "proyectos nacionales prioritarios": vivienda, educación, sanidad y agricultura.

Según los datos oficiales, Rusia es una economía de servicios, ya que éstos representan el 55,9% del PIB; la industria supone el 39,5% del PIB y la agricultura, un 4,5%.

Agricultura: su capacidad productiva ha disminuido en un 50% desde 1991, descenso que ha venido acompañado de la disminución de los subsidios estatales. La baja productividad del sector se debe a la ineficiencia de las reformas emprendidas para reorientarlo hacia una economía de mercado. La estructura de propiedad de la tierra se distribuye como sigue: 69,1% de propiedad pública (estatal o municipal), 29,3% de propiedad privada individual y 1,6% perteneciente a personas jurídicas (empresas agrarias). Por el momento la inversión extranjera en el sector se ve frenada por la imposibilidad de que las empresas extranjeras adquieran terrenos para uso agrícola en Rusia.

Rusia es el segundo productor mundial de petróleo tras Arabia Saudí. El peso específico del sector petrolífero en la economía rusa es enorme, ya que representa el 8% del PIB (el 25% según estimaciones del Banco Mundial), más del 50% del valor de las exportaciones, y entre el 25-30% de los ingresos del presupuesto federal. Se estima que las reservas rusas de petróleo se sitúan en torno al 4,5% de las reservas mundiales. El transporte de petróleo se articula por medio de un monopolio estatal, a través de la compañía Transneft, titular de la red de oleoductos a nivel federal. El actual sistema tiene una longitud de 46.700 km. El régimen de exportación no es totalmente libre, sino que está sujeto a unos aranceles de exportación y a una serie de barreras administrativas -como el acceso al sistema de oleoductos- que permite al Gobierno regular el tráfico con gran efectividad y asegurarse unos importantes ingresos fiscales.

La Federación Rusa, ademas es el primer productor mundial de gas natural, posee un 27,8% de las reservas mundiales probadas (unos 47.572 millones de m3). Un cuarto de la producción de gas en el mercado mundial corresponde al gas ruso. Dichas reservas son suficientes para mantener la producción a los niveles actuales durante los próximos 80 años. Son los enormes beneficios procedentes de las exportaciones a Europa los que permiten que el grupo obtenga beneficios como tal y pueda financiar su maquinaria dentro de Rusia.

El sector eléctrico en Rusia es el mayor de Europa y el cuarto mayor del mundo, después de EE.UU., China y Japón. El total de electricidad producida en 2005 fue de 958.789 miles de millones de kWh.

La parte europea de Rusia depende principalmente de fuentes fósiles, siendo el gas la principal fuente, mientras que en los territorios de Siberia y Lejano Oriente dependen en mayor medida del carbón. La electricidad de origen nuclear se genera en las regiones Norte y Central de Rusia. La red eléctrica rusa se enfrenta con problemas de obsolescencia, mal estado de conservación, atraso tecnológico e impago de millones de consumidores. La reforma del sector persigue privatizar una serie de activos e introducir un mercado mayorista energético. Se ha planteado firmar acuerdos con otras empresas inversoras extranjeras con el fin de buscar la mejora en la eficiencia de la generación eléctrica.

La producción de maquinaria es una de las industrias más importantes rusas. Aproximadamente un 23% del total de la industria rusa pertenece a este sector.

La cifra media de empleados en este sector fue de 4,2 millones en el año 2004. Esta cifra es la mitad de los empleados diez años antes, lo que da cuenta de su gran pérdida de importancia. En general la producción ha decaído en los últimos 10 años en todas las ramas del sector, aunque a partir del año 2000 se aprecia un incremento en la producción de maquinaria agrícola, maquinaria ligera y elementos de transporte (aumentó en un 20% en 2004).

Debido a la devaluación del rublo en 1998, se redujo la importación de maquinaria extranjera y aumentó la producción para el mercado interior y otros países de la CEI. Éste es uno de los sectores de la economía moderna que actúa como motor del resto de sectores. El 80% de la maquinaria agrícola se lleva usando durante más de 20 años. Para modernizar su flota se estima que Rusia debería comprar maquinaria por valor de 3.220 millones de dólares.

Actualmente, existen en la Federación Rusa 24 millones de automóviles, lo que representa un aumento del 20% desde el año 2000. Ello equivale a 178 coches por cada mil personas, cifra muy inferior aún a la de Europa Occidental (500 por cada mil personas), pero que registra anualmente tasas de crecimiento del orden del 4-5%. El crecimiento económico de los últimos cuatro años, unido a la estabilidad política, ha puesto en evidencia el retraso de las infraestructuras de transporte respecto del resto de los sectores económicos del país, por lo que su reforma ha pasado a ser objetivo prioritario del Gobierno. A falta de dinero público para la financiación de los proyectos existentes, se está empezando a conceder mayor importancia a la participación del capital privado, lo que abre la posibilidad de realizar concesiones para construir carreteras de peaje.

Transporte por ferrocarril: la red de ferrocarriles rusa tiene una longitud de 150.000 km, de los cuales 87.000 (la mayoría de vía ancha) son de uso general y 63.000 km de uso industrial. La longitud de las vías electrificadas es de 43.000 km, lo que representa un tercio del total. El ferrocarril es el medio de transporte más importante en la Federación Rusa, con una cuota del 42,6% en transporte de mercancías y un 35% del de pasajeros. El tráfico ferroviario tiene gran potencial, aunque el sector requiere grandes inversiones. Casi la mitad de los vagones están dañados, siendo el 6% de los mismos prácticamente inservibles. El sector del ferrocarril representa en Rusia uno de los más grandes y lucrativos mercados debido a las posibilidades de provisión de material (vagones y locomotoras), mantenimiento de vías, telecomunicaciones e información tecnológica o material de seguridad. La continuación de las reformas de la red ferroviaria constituye una de las máximas prioridades, al ser el ferrocarril el principal componente de la red de transportes rusa. En 2004 se invirtieron 126 billones de rublos en la modernización de las vías e infraestructuras a través del monopolio estatal.

Transporte marítimo: La Federación Rusa cuenta con 95.900 km navegables. Tras la desintegración de la Unión Soviética, la Federación Rusa retuvo sólo 41 de sus 92 puertos y, en consecuencia, gran parte del transporte de carga se realiza a través de puertos que no pertenecen a la Federación Rusa. Según la Estrategia de Desarrollo del Transporte en la FR, es necesario dotar a los puertos de la infraestructura necesaria para que pueda estar en condiciones de asumir el 85% del volumen del comercio internacional, con lo que se conseguirá elevar la carga anual hasta los 75-84 millones de toneladas (en 2003 fueron 44 mill.). Para ello deben adoptarse medidas que aseguren la competitividad, ya que el 80% de los buques propiedad de compañías rusas están registrados en otras jurisdicciones, lo que supone una gran pérdida para el Estado en cuanto a ingresos fiscales.

Transporte aéreo: Rusia dispone de 1.730 aeropuertos, de los cuales sólo 640 tienen pistas pavimentadas. Las infraestructuras de la mayoría de ellos están obsoletas.

El cumplimiento de los estándares técnicos internacionales es uno de los principales desafíos de la aviación rusa. Se calcula que un gran porcentaje de los aviones que operan en larga distancia en Rusia no cumplen dichos estándares. También se ha constatado en los últimos años un incremento en la demanda de aviones de segunda mano de origen extranjero. Un alto porcentaje de los aviones tiene más de 15 años.

Otro de los aspectos importantes relativos a la aviación civil es el de la seguridad, una de las principales preocupaciones del Gobierno, quien debe velar por el cumplimiento de los estándares de seguridad mediante el establecimiento de los controles de calidad pertinentes.

Telecomunicaciones: desde la desintegración de la Unión Soviética, la red de telecomunicaciones se ha desarrollado de forma notable. No obstante, para alcanzar el nivel de Europa Occidental la modernización de la red requiere aún grandes inversiones.

Sistema Financiero: en enero de 2006, los activos totales del sector bancario alcanzaron la cifra de 9.300 billones de rublos, lo cual supone un 45% del PIB ruso y un incremento de un 37% respecto al año anterior. Sus fondos propios superaron los 1.200 billones de rublos.

Los balances de las entidades bancarias reflejan igualmente la evolución económica de los últimos años; la caída de la necesidad de financiación del sector público, unida a la disminución de los rendimientos de los títulos de deuda pública, impone a los bancos una reorientación hacia las actividades tradicionales de intermediación financiera. Al mismo tiempo, el aumento de la renta real ha generado, a pesar de la enorme desconfianza del público general hacia el sistema, un incremento de los depósitos de ahorro superior al 41% durante 2003, y de un 38% en 2004. Otro dato significativo es la disminución de la concentración de los ahorros de las familias: en Sberbank se concentraba antes de la crisis un 90% del total de depósitos bancarios -en rublos y divisas-, habiendo disminuido a fecha de marzo de 2006 hasta un 54%. Es de destacar en este punto que más de un tercio de la totalidad de los depósitos lo son en divisas. A pesar de los avances registrados, la banca rusa está todavía poco desarrollada.

Para aumentar la confianza de la población en el sistema bancario, quebrantada tras las sucesivas crisis sistémicas de los años noventa del pasado siglo, la Ley Federal de Seguro de Depósitos Bancarios en la Federación Rusa, de finales de 2003, establece una garantía del 100% de los depósitos de particulares hasta la suma de 100.000 rublos (unos 2.750 euros). Se espera que esta cantidad se duplique durante 2006.

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