Ricardo Bofill

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Publicado por t800 20/04/2009 @ 10:11

Tags : ricardo bofill, arquitectos, arquitectura, cultura

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Ricardo Bofill Levi

Ricardo Bofill

Ricardo Bofill Leví (Barcelona, 5 de diciembre de 1939) es un arquitecto y urbanista español.

Su madre, María Leví, es judía de origen veneciano. Su padre fue arquitecto y constructor. Probablemente desciende por vía paterna de Guillem Bofill, maestro de obras de la catedral de Gerona en 1404. Nacido en Barcelona, estudió primero en el Liceo Francés y luego en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, de donde fue expulsado en 1957 por sus actividades políticas (era miembro del PSUC). A continuación, marchó a Suiza y prosiguió sus estudios en la Universidad de Ginebra.

En 1963 creó el Taller de Arquitectura, un estudio que cuenta con sociólogos, además de arquitectos e ingenieros. Con este equipo de profesionales Bofill estuvo en condiciones de abordar proyectos de diferente naturaleza en muy diversas partes del mundo, adaptándolos a las realidades culturales de cada lugar. En 1978 abrió un segundo despacho en París.

Bofill es uno de los máximos representantes del estilo posmoderno de la arquitectura contemporánea. En sus diseños mantiene las líneas claras del estilo moderno, pero abandona las formas frías que caracterizan otras tendencias modernas. Esto lo consigue incorporando a sus edificios elementos clásicos, como columnas o arcos, que al observador no entendido le resultan familiares y comprensibles. Bofill es autor de una extensa obra teórica, y entre las muchos libros que ha firmado destacan Espacio y vida, La ciudad del arquitecto y El dibujo de la ciudad.

A lo largo de su carrera Bofill ha recibido numerosos premios y reconocimientos. En 1985 fue elegido miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos.

Al principio



Arquitectura de España

La Mezquita de Córdoba

Por arquitectura de España se entiende la existente en lo que actualmente es territorio español y la realizada por arquitectos españoles en el mundo. Debido a la amplitud temporal y geográfica que tiene la historia de España, la arquitectura española ha tenido multitud de influencias y manifestaciones.

Incluso desde antes de los poblados que pudieron describir las fuentes romanas (como los de iberos, celtíberos, cántabros...), existen en la Península Ibérica vestigios de formas arquitectónicas comparables a otros ejemplos de las culturas mediterráneas y semejantes a los de Europa del norte.

Un auténtico desarrollo vino con la llegada de los romanos, que dejaron atrás algunos de sus monumentos más impresionantes en Hispania. La llegada de los vándalos, suevos y visigodos supuso una profunda decadencia en las técnicas romanas pero también el aporte de técnicas constructivas más austeras de vinculación religiosa, al igual como ocurrió en el resto de occidente. La invasión musulmana en el año 711 supuso un cambio radical en los siguientes ocho siglos y llevó a grandes avances en la cultura, incluyendo la arquitectura. Córdoba, capital de la dinastía Omeya y Granada, de la nazarí, fueron centros culturales de extraordinaria importancia.

En los reinos cristianos surgieron gradualmente y desarrollaron estilos propios, inicialmente aislados de las influencias europeas y más tarde integrados en las grandes corrientes arquitectónicas europeas románica y gótica, las cuales llegaron a alcanzar un auge extraordinario, con numerosas muestras religiosas y civiles a lo largo de todo el territorio. Simultáneamente se desarrolló el estilo mudéjar, del siglo XII al XVII, que se caracterizó por una mezcla de corrientes culturales de herencia estructural europea y decoración árabe.

Hacia finales del siglo XV y antes de colonizar América hispana con la arquitectura colonial y barroca, en España se experimentó con la arquitectura renacentista, desarrollada principalmente por arquitectos locales (Pedro Machuca, Gaspar de Vega, Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera, Andrés de Vandelvira...). El barroco español se caracteriza sobre todo por el exuberante churrigueresco, distinguiéndose de las influencias internacionales posteriores, y dando sus obras más importantes en desarrollo en el Imperio Español americano, principalmente misiones, catedrales y arquitectura pública. El estilo colonial, que se mantuvo durante siglos, aun tiene una gran influencia en México, centroamérica y los países del Pacífico sudamericano. El neoclasicismo tuvo su cumbre en el trabajo de Juan de Villanueva y sus discípulos.

El siglo XIX tuvo dos facetas: el esfuerzo en ingeniería para alcanzar un nuevo lenguaje y mejoras estructurales con hierro y vidrio como principales materiales, y la corriente académica que primero se enfocó en el historicismo y el eclecticismo y más tarde en los regionalismos. La entrada del modernismo en las corrientes académicas produjo figuras como Antonio Gaudí en la arquitectura del siglo XX. El estilo internacional fue liderado por grupos como el GATEPAC.

España está sufriendo una verdadera revolución técnica dentro de la arquitectura contemporánea y los arquitectos españoles como Rafael Moneo, Santiago Calatrava y Ricardo Bofill se han convertido en referentes internacionales.

Por la relevancia artística de muchas de las estructuras arquitectónicas de España, incluyendo partes enteras de ciudades, han sido designadas Patrimonio de la Humanidad. El país posee el segundo puesto en número de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, superado solamente por Italia.

Durante la Edad de Piedra el megalito más extendido en la Península Ibérica era el dolmen. Los planos de estas cámaras funerarias solían ser seudocírculos o trapezoides, formados por enormes piedras hincadas en el suelo y otras que las cubrían, formando un techo. Según iba evolucionando la tipología, apareció una entrada en corredor llamada dromos, que gradualmente fue tomando importancia hasta ser tan ancho como la cámara. En el estadio más avanzado, eran comunes techos abovedados y falsas cúpulas. El complejo de Antequera contiene los dólmenes más grandes de Europa. El mejor conservado, la Cueva de Menga, tiene 25m de profundidad, cuatro metros de alto y fue construido con 32 megalitos. En la actualidad, en el interior se ha descubierto un pozo, cuyo origen es desconocido. En la Edad de Bronce, los ejemplos mejor conservados están en las Islas Baleares, donde aparecen tres tipos de construcciones: la taula, en forma de T, el talayot y la naveta. Los talayots eran torres de defensa troncocónicas o troncopiramidales. Solían tener un pilar central. Las navetas eran construcciones realizadas con grandes piedras y su forma era similar a los cascos de los barcos.

Las construcciones características de los celtas eran los castros, pueblos amurallados, habitualmente situados en lo alto de una colina o un monte. Se desarrollaron en las áreas de asentamiento celtas en el valle del Duero y en Galicia. Ejemplos incluyen Las Cogotas, en Ávila, y el Castro de Santa Tecla, en Pontevedra.

Las casas en los «castros» tienen de unos 3,5 a 5 m de longitud y son generalmente circulares, existiendo algunas rectangulares, de piedra y con techos de paja, con una columna central. Sus calles eran generalmente regulares, sugiriendo algún tipo de organización central.

Las ciudades construidas por los arévacos están relacionadas con la cultura íbera, cuyas ciudades tuvieron un desarrollo urbano notable, como Numancia. Otras son más primitivas y a menudo excavadas en la roca, como Termantia.

La conquista romana de Hispania, comenzada en el 218 a. C., supuso una romanización casi completa del a Península Ibérica. La cultura romana fue asumida profundamente por la población: antiguos campamentos militares y asentamientos iberos, fenicios y griegos fueron transformados en grandes ciudades, como por ejemplo Emerita Augusta en la Lusitania, Corduba, Itálica, Hispalis, Gades en la Bética, Tarraco, Caesar Augusta, Asturica Augusta, Legio Septima Gemina y Lucus Augusti en la Tarraconensis, unidas por una compleja red de carreteras. El desarrollo de la construcción incluye algunos monumentos de calidad comparable a los de la capital, Roma.

La ingeniería civil está representada en imponentes construcciones como el Acueducto de Segovia o el de Mérida (Acueducto de los Milagros), en puentes como los de Alcántara, (Alcántara, Cáceres) sobre el Tajo o el de Córdoba sobre el Guadalquivir. También se construyeron faros como el que aun está en uso en La Coruña, la Torre de Hércules. Las construcciones civiles se vieron impulsadas sobre todo bajo el emperador Trajano (98 a. C. – 117 a. C.).

La arquitectura lúdica está representada por edificios como los teatros de Mérida, Sagunto, Tiermes o Cádiz, los anfiteatros de Mérida, Itálica, Tarraco y Segóbriga y los circos de Mérida, Córdoba, Toledo, Sagunto y muchos otros.

La arquitectura religiosa también se extendió por la península como se puede ver en los templos de Córdoba, Vic, Mérida (Diana y Marte) y Talavera la Vieja, entre otros. Los principales monumentos funerarios son las torres de los Escipiones de Tarragona, el dístilo de Zalamea de la Serena y los mausoleos de la familia Atilii en Sádaba y Fabara. Arcos de triunfo se pueden encontrar en Cáparra, Bará y Medinaceli.

El término prerrománico se refiere al arte cristiano tras la antigüedad clásica y antes del arte románico. Cubre realizaciones artísticas muy diversas, puesto que fueron realizadas en siglos distintos y por culturas diferentes. El territorio español tiene una gran variedad en arquitectura prerrománica: alguna de sus ramas, como el arte asturiano, llegaron a un gran nivel de refinamiento para su época y contexto cultural.

El Reino de Asturias aparece en 718, cuando las tribus astures, reunidas en asamblea, deciden nombrar a Don Pelayo su jefe. Pelayo reunió a las tribus locales y a los refugiados visigodos bajo sus órdenes con la intención de restaurar progresivamente el orden godo.

El prerrománico asturiano es un estilo singular, que, combinando elementos de otros estilos, como el visigodo y las tradiciones locales, creó y desarrolló su propia personalidad y características, alcanzando un notable nivel de refinamiento, no sólo en cuanto a la construcción, sino también en cuanto a estética.

En cuanto a su evolución, el prerromano asturiano siguió una «evolución estilística claramente asociada a la evolución política del reino, sus etapas marcadas con nitidez». Fue principalmente una arquitectura de la corte y se distinguen cinco etapas: primer periodo (737–791) desde el reino de Favila al de Bermudo I de Asturias. El segundo periodo incluye los reinos de Alfonso II de Asturias (791–842), entrando en una etapa de definición estilística. Estos dos periodos se incluyen dentro del llamado prerramirense. La iglesia más importante es la de San Julián de los Prados, en Oviedo, con un sistema de volúmenes interesante y un programa de frescos iconográficos interesantes, estrechamente relacionados con las pinturas murales romanas. Las celosías y las ventanas trifoliadas en el ábside aparecen por primera vez en esta etapa. La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, San Pedro de Nora y Santa María de Bendones también pertenecen al prerramirense.

El tercer periodo comprende los reinos de Ramiro I (842–850) y Ordoño I (850–866). Es el llamado ramirense y es considerado como la culminación de este estilo, debido al trabajo de un arquitecto desconocido que trajo nuevos estilos ornamentales y estructuras, como la bóveda de cañón y el uso consistente de arcos transversales y contrafuertes, acercando el estilo a los logros obtenidos por la arquitectura románica dos siglos más tarde. Algunos autores han señalado una inexplicable influencia siria en la ornamentación. En este periodo florecieron la mayoría de las obras maestras de este estilo: los pabellones del palacio del Monte Naranco (Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo) y la iglesia de Santa Cristina de Lena.

Un cuarto periodo se extiende durante el reinado de Alfonso III (866–910), en la que se detecta la llegada de una fuerte influencia mozárabe a la arquitectura asturiana, expandiéndose el uso del arco de herradura. Una quinta y última etapa coincide con el traslado de la corte a León, con lo que deja de hablarse propiamente de Reino de Asturias, prefiriéndose el término Reino de León. El prerrománico entra en la fase que puede denominarse arte de repoblación.

La arquitectura mozárabe fue llevada a cabo por los mozárabes, cristianos que vivían en la España musulmana desde la invasión árabe (711) hasta finales del siglo XI, y que mantuvieron su personalidad diferenciada también frente a los cristianos de los reinos del norte, a los que fueron emigrando en oleadas sucesivas o siendo incorporados por la Reconquista. Un ejemplo de esta arquitectura es la iglesia de Bobastro, un templo rupestre que se encuentra en el lugar conocido como Mesas de Villaverde, en Ardales (Málaga), de la que sólo quedan algunas ruinas. Otro edificio representante de esta arquitectura es la iglesia de Santa María de Melque, situada en las proximidades de La Puebla de Montalbán (Toledo). Con respecto a este templo se duda en su filiación estilística, pues comparte rasgos visigodos con otros más propiamente mozárabes, no estando tampoco clara su datación. La ermita de San Baudelio de Berlanga presenta una tipología inédita, incluyendo en su planta rectangular una tribuna sobre una pequeña sala hipóstila, a la manera de las mezquitas, y siendo sustentada su cubierta por un único pilar central con forma de palmera. Tanto dicho pilar como los muros interiores están profusamente decorados con frescos representando escenas de caza y animales exóticos. Se puede establecer cierta conexión tipológica como templo iniciático, ya en época románica, con la iglesia Santa María de Eunate y las demás construcciones templarias de planta centralizada, como la de Torres del Río o la Vera Cruz de Segovia.

Como ya se ha dicho, la identificación con lo mozárabe de construcciones en los reinos cristianos del norte peninsular es problemática.

Entre finales del siglo IX y comienzos del siglo XI se desarrolla en los reinos cristianos del norte una evolución del prerrománico que tradicionalmente se ha atribuido a la influencia mozárabe, aunque en la actualidad ésta se han puesto en discusión y se prefiere considerarla como una tercera fase del prerrománico, tras el visigodo y el asturiano. Históricamente coincide con la repoblación de la Meseta del Duero y la cabecera del Ebro. Ejemplos de estos templos son los de iglesia de San Cebrián de Mazote (Valladolid), el monasterio de San Miguel de Escalada (León), la iglesia de Santiago de Peñalba de Santiago (León), Iglesia de San Vicente del Valle (Burgos), Iglesia de Santa María de Lebeña (Cantabria), Ermita San Baudelio de Berlanga de Caltojar (Soria), el Monasterio de San Juan de la Peña de Jaca (Huesca), la iglesia prerrománica del Monasterio de Leyre (Navarra), el Monasterio de San Millán de Suso (La Rioja) y algunos otros ejemplos zamoranos o asturianos. Similar argumento podría hacerse para incluir algunas pequeñas iglesias catalanas consideradas «mozárabes», como las de San Julián de Boada o la iglesia de Santa María de Matadars.

La conquista musulmana de Hispania por las tropas de Musa ibn Nusair y Táriq ibn Ziyad y la caída de la dinastía Omeya de Damasco, llevaron a la creación por Abderramán I, el único príncipe sobreviviente que escapó de los abbasí, de un Emirato independiente con capital en Córdoba. La ciudad se convertiría en la capital cultural de occidente de 750 a 1009.

La arquitectura construida en Al-Ándalus bajo los omeyas evolucionó a partir de la de Damasco, con añadidos estéticos locales: el arco de herradura, distintivo de la arquitectura hispano-árabe, fue tomada de los visigodos. Arquitectos, artistas y artesanos llegaron desde oriente para construir ciudades como Medina Azahara, cuyo esplendor no podía ni imaginarse en los reinos europeos contemporáneos.

La construcción más importante de los Omeyas en Córdoba fue la Mezquita de Córdoba, construida en etapas consecutivas por Abderramán I, Abderramán II, Alhakén II y Almanzor.

Con la desaparición del Califato, el territorio se vio dividido en pequeños reinos llamados taifas. Su debilidad política fue acompañada de un conservadurismo cultural, que, junto con el avance de los reinos cristianos, llevó a que los taifas se agarrasen al prestigio de las estructuras y formas del estilo de Córdoba.

La recesión se manifestó en las técnicas de construcción y en los materiales empleados, aunque no en la profusión de la ornamentación. Los arcos polilobulados fueron multiplicados y adelgazados y todos los elementos califales fueron exagerados.

Algunos magníficos ejemplos de la arquitectura taifal han llegado hasta nuestros días, como el Palacio de la Aljafería en Zaragoza o la pequeña mezquita de Bab-Mardum en Toledo, más tarde convertida en uno de los primeros ejemplos de arquitectura mudéjar como la Ermita del Cristo de la Luz.

Los almorávides irrumpieron desde el norte de África en Al-Ándalus en 1086 y unificaron los reinos taifas bajo su poder. Desarrollaron su propia arquitectura, pero es muy poco lo que ha sobrevivido, ya que la siguiente invasión, la de los almohades, impuso un islamismo ultraortodoxo y destruyó prácticamente todos los edificios almorávides importantes, junto con Medina Azahara y otras construcciones califales.

La arquitectura almohade es extremadamente sobria y desnuda. Emplearon el ladrillo como principal material de construcción. Prácticamente la única decoración empleada, la sebka, eran rejillas de rombos realizados con ladrillo. También emplearon la palma como decoración, pero no era más que una simplificación de la más ornamentada palma almorávide. Con el paso del tiempo, el arte almohade se fue haciendo ligeramente más decorativo.

El elemento mejor conocido de la arquitectura almohade es La Giralda, antiguo minarete de la mezquita de Sevilla. Clasificada como mudéjar, pero inmersa en la estética almohade, la sinagoga de Santa María la Blanca, en Toledo, es un raro ejemplo de colaboración arquitectónica de las tres culturas medievales españolas.

Tras la disolución del imperio almohade, los reinos musulmanes del sur de la Península se reorganizaron y en 1237 se estableció el reino nazarí con capital en Granada.

La arquitectura producida por los nazarís iba a ser una de las más ricas del Islam. Fue heredera de los otros estilos musulmanes de Al-Ándalus, que los nazarís combinaron, y del estrecho contacto con los reinos cristianos del norte. Los elementos de la ornamentación y estructurales fueron tomados de la arquitectura cordobesa (arcos de herradura), de los almohades (sebka y palma), pero también de creación propia, como los capiteles prismáticos y cilíndricos y arcos de mocárabe, en una alegre combinación de espacios interiores y exteriores, de jardines y arquitectura, pensados para agradar a todos los sentidos. Al contrario que la arquitectura omeya, que empleaba materiales caros e importados para la construcción, los nazarís emplearon sólo materiales humildes: barro, escayola y madera. Sin embargo el resultado estético está lleno de complejidad y es desconcertante para el expectador: la multiplicación de la decoración, el uso sabio de la luz y las sombras y la incorporación del agua a la arquitectura, son algunas de las claves del estilo. También se integró la epigrafía en las paredes de las diferentes habitaciones, con poemas alusivos a la belleza de los espacios. Los palacios de la Alhambra y el Generalife son las construcciones más importantes del periodo.

La arquitectura realizada por los musulmanes que permanecieron en territorio cristiano y que no se convirtieron es llamado estilo mudéjar. Se desarrolló principalmente del siglo XII al XVI con fuertes influencias del gusto y arte árabe, pero adaptado al gusto de los señores cristianos. Por ello, el mudéjar es apenas un estilo puro: se combina frecuentemente técnicas y lenguaje artístico con otros estilos dependiendo del momento histórico. Así, nos podemos referir al mudéjar, pero también al románico mudéjar, al gótico mudéjar o al mudéjar renacentista.

El estilo mudéjar es una simbiosis de técnicas y formas de entender la arquitectura, resultado de la convivencia de las culturas musulmana, judía y cristiana. Emergió como un estilo arquitectónico en el siglo XII. Se suele aceptar que el estilo nace en Sahagún. Se extendió al resto del Reino de León, Toledo, uno de los centros más antiguos e importantes, Ávila, Segovia, y más tarde a Andalucía, especialmente a Sevilla y Granada. En Toledo hay que destacar las sinagogas de Santa María la Blanca y El Tránsito, ambas mudéjares pero no cristianas. En Sevilla, las habitaciones del Alcázar, a pesar de ser clasificadas como mudéjar, están más relacionadas con el arte nazarí de la Alhambra que al resto del mudéjar, puesto que fueron creados por arquitectos de Granada con poca influencia cristiana traídos por Pedro I de Castilla. También en Sevilla hay que destacar la Casa de Pilatos.

Otros centros importantes del mudéjar se encuentran en ciudades como Toro, Cuéllar, Arévalo y Madrigal de las Altas Torres, destacando el Monasterio de Las Claras, en Tordesillas. Un desarrollo especial lo tuvo el mudéjar aragonés, especialmente en Zaragoza y Teruel durante los siglos XIII, XIV y XV, destacándose las torres mudéjares de Teruel.

Se caracteriza por el uso del ladrillo como material principal. No creó estructuras propias, al contrario que el gótico o el románico, sino que reinterpretó los estilos occidentales a través de una perspectiva musulmana. El carácter geométrico, distintivo de Islam, aparece en las artes accesorias, empleando materiales baratos —azulejo, ladrillo, madera, yeso, metales— trabajados de forma elaborada, destacando el artesonado. Incluso después de que los musulmanes ya no fueran empleados en la construcción, sus contribuciones se mantuvieron como parte integral de la arquitectura española.

El románico de desarrolló inicialmente en los siglos X y XI, anterior a la influencia de Cluny, en los Pirineos catalanes y aragoneses, simultáneamente con el norte de Italia, en lo que se ha llamado «primer románico» o «románico lombardo». Es un estilo muy primitivo, cuyas características son paredes gruesas, falta de escultura y la presencia de ornamentación rítmica con arcos, tipificada en las iglesias del valle de Bohí (San Clemente de Tahull) y los monasterios de San Pedro de Roda y Santa María de Ripoll.

La arquitectura románica plena llegó con la influencia de Cluny a través del Camino de Santiago, que finaliza en la Catedral de Santiago de Compostela. El modelo de románico español del siglo XII era la Catedral de Jaca, con su plano y ábsides característicos de la planta de peregrinación basada en San Sernin de Toulouse y el «ajedrezado» o «taqueado jaqués». Según avanzaban los reinos cristianos hacia el sur, este modelo se extendió por las áreas reconquistadas con algunas variaciones. Los monasterios siguieron una estructura similar (Santo Domingo de Silos, en Burgos).

De influencia francesa es la magnífica fachada de iglesia de Santo Domingo de Soria. La fachada de Nuestra Señora de Poitiers sirvió posiblemente de modelo para la de Santo Domingo y fueron maestros poitevinos los que intervinieron en su realización. Lo cierto es que este frente representa uno de los mayores logros del románico español. Para Gaya Nuño «...su distribución decorativa es la más rica, la más homogénea y armoniosa de la Península, y no reconoce como más bella ni a la de Ripoll».

El románico español también muestra influencias de los estilos prerrománicos, principalmente el asturiano y el mozárabe, pero también de la arquitectura árabe, tan próxima, sobre todo de los techos de la Mezquita de Córdoba y los arcos polilobulados. Así se advierte en San Juan de Duero (Soria), San Isidoro de León o en la peculiar iglesia poligonal de Eunate en Navarra (con muy pocos ejemplos comparables, como la Vera Cruz segoviana). El románico segoviano se caracteriza por sus torres solemnes y por el pórtico de arquerías sobre columnas sencillas o pareadas, que cumplieron una importante función en la vida urbana medieval (San Esteban). Las catedrales de Zamora, vieja de Salamanca, vieja de Plasencia, así como la Colegiata de Toro, se caracterizan por sus peculiares cimborrios y cúpulas, denominándose habitualmente como grupo de cimborrios del Duero.

En algunas zonas, hubo una verdadera fiebre constructiva (del románico palentino hay más de seiscientas iglesias catalogadas). También hay un románico civil (o más bien militar, como las murallas de Ávila y castillos como los de Pedraza o Sepúlveda). Tal esfuerzo sólo puede entenderse como consecuencia de la pujanza de la sociedad de los reinos cristianos, capaces incluso de extraer recursos (pago de parias) de los divididos reinos taifas. La oscilante frontera de la reconquista en los siglos XI y XII produce que el románico pueda encontrarse fundamentalmente en la mitad septentrional de la Península Ibérica.

En el siglo XIII, algunas iglesias alternan el estilo románico con el naciente gótico.

El estilo gótico comenzó en España debido a la creciente comunicación e influencia de Europa central y del norte durante el siglo XII, cuando el románico tardío alternaba con un estilo de transición como es la arquitectura cisterciense y con algunas expresiones de gótico puro, como la Catedral de Ávila; ésta y la de Cuenca son las más tempranas del estilo. El gótico pleno llega con toda su fuerza a través del Camino de Santiago en el siglo XIII, con la creación de algunas de las más puras catedrales góticas, de influencia francesa: las catedrales de Burgos, León y Toledo.

Posteriormente al siglo XIII, el estilo se extiende con creativas variantes locales como el gótico levantino y el gótico isabelino. El gótico levantino, que florece en el siglo XIV, está caracterizado por sus logros estructurales y la unificación del espacio, siendo sus obras maestras la Catedral de Palma de Mallorca, la Lonja de la Seda de Valencia y la Iglesia de Santa María del Mar de Barcelona. Guillermo Bofill realizará en la catedral de Gerona un extraordinario atrevimiento al unificar las tres naves de la cabecera en una sola de extraordinaria amplitud.

En la Castilla del siglo XV la estrecha relación comercial y política con el norte de Europa convoca a arquitectos como Juan y Simón de Colonia, Hanequín de Bruselas, Juan Guas y Enrique Egas que crean escuela adaptándose a la sensibilidad local. Se sigue trabajando en las últimas grandes catedrales góticas (Sevilla, nueva de Salamanca y Segovia). El gótico isabelino, llamado así por coincidir con el reinado de los Reyes Católicos, supone una transición al renacimiento, pero a la vez una férrea resistencia a dejar los principios góticos tradicionales. Sus obras maestras son San Juan de los Reyes en Toledo, la Capilla Real de Granada y la Cartuja de Miraflores en Burgos. Las fronteras cronológicas y formales con el simultáneo plateresco son imprecisas.

En España, el Renacimiento comenzó unido a las formas góticas en las últimas décadas del siglo XV. El estilo comenzó a extenderse sobre todo a manos de arquitectos locales: es la razón de un estilo renacentista específicamente español, que reunió la influencia de la arquitectura del sur de Italia, a veces proveniente de libros ilustrados y pinturas, con la tradición gótica y la idiosincrasia local. El nuevo estilo se llama plateresco, debido a las fachadas decoradas en exceso, que recuerdan a los intrincados trabajos de los plateros. Órdenes clásicas y motivos de candeleros (candelieri) se combinan con libertad en conjuntos simétricos.

En este contexto, el Palacio de Carlos V realizado por Pedro Machuca, en Granada, supuso un logro inesperado dentro del renacimiento más avanzado de la época. El palacio puede ser definido como una anticipación al manierismo, debido a su dominio del lenguaje clásico y sus logros estéticos rupturistas. Fue construido antes de las principales obras de Miguel Ángel y Palladio. Su influencia fue muy limitada y mal entendida, las formas platerescas se imponían en el panorama general.

Según pasaban las décadas, la influencia gótica desaparece y la búsqueda de un clasicismo ortodoxo alcanzó niveles muy altos. Aunque el plateresco es un término usado habitualmente para definir a la mayoría de la producción arquitectónica de finales del siglo XV y primera mitad del siglo XVI, algunos arquitectos adquirieron un gusto más sobrio, como Diego de Siloé, Rodrigo Gil de Hontañón y Gaspar de Vega. Ejemplos de plateresco son las fachadas de la Universidad de Salamanca y del Hostal San Marcos de León.

La cumbre del renacimiento español está representado por el Real Monasterio de El Escorial, realizado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, en el que una adherencia excesiva al arte de la antigua Roma fue superado por el estilo extremadamente sobrio. La influencia de los techos flamencos, el simbolismo de la escasa decoración y el preciso corte del granito establecieron la base para un estilo nuevo, el herreriano.

Con un estilo más próximo al manierismo, el siglo se cierra con arquitectos como Andrés de Vandelvira (Catedral de Jaén).

Cuando las influencias barrocas italianas llegaron a España, gradualmente sustituyeron en el gusto popular al sobrio gusto clasicista que había estado de moda desde el siglo XVI. Tan pronto como en 1667, las fachadas de la Catedral de Granada de Alonso Cano y la de Jaén de Eufrasio López de Rojas indican la facilidad de su interpretación a la manera barroca de los motivos tradicionales de las catedrales españolas.

El barroco local mantiene raíces en Herrera y en la construcción tradicional en ladrillo, desarrollada en Madrid a lo largo del siglo XVII (Plaza Mayor y Ayuntamiento de Madrid).

En contraste al barroco de la Europa septentrional, el arte español de la época busca agradar a los sentidos más que al intelecto. La familia Churriguera, que se especializó en altares y retablos, se rebelaron contra la sobriedad del clasicismo herreriano y promocionaron un estilo intrincado, exagerado y casi caprichoso de decoración superficial, conocido como churrigueresco. En medio siglo, convirtieron Salamanca en una ciudad churrigueresca ejemplar.

La evolución del estilo pasó por tres fases. Entre 1680 y 1720, los Churriguera popularizaron la mezcla de columna salomónica de Guarini y el orden compuesto, conocido como «orden suprema». Entre 1720 y 1760, la columna churrigueresca o estípite, en forma de cono o obelisco invertido, se estableció como elemento principal de la decoración ornamental. Los años 1760 a 1780 vieron un desplazamiento gradual del interés desde el movimiento retorcido y excesivo de la ornamentación hacia el equilibrio y la sobriedad del neoclásico.

Dos de las más espectaculares creaciones del barroco español son las fachadas de la Universidad de Valladolid (Diego Tomé, 1719) y del Hospicio de San Fernando en Madrid (Pedro de Ribera, 1722), cuya extravagancia curvilínea parece anunciar a Antonio Gaudí y el modernismo. En este caso y en muchos otros, el diseño incluye el juego de techos y elementos decorativos con poca relación con la estructura y función. sin embargo, el barroco churrigueresco ofrece alguna de las combinaciones de luz y espacio más espectaculares, como en la Cartuja de Granada, considerada la apoteosis del churrigueresco aplicado a espacios interiores, y el «transparente» de la Catedral de Toledo de Narciso Tomé, donde escultura y arquitectura se integran para conseguir un efecto dramático de la luz.

El Palacio Real de Madrid y las construcciones del Paseo del Prado (Salón del Prado y Puerta de Alcalá) también en Madrid, merecen ser mencionados. Fueron construidos en el sobrio barroco internacional, a menudo confundido con el neoclásico, por los reyes borbones Felipe V y Carlos III. Los palacios reales de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, y el de Aranjuez, en Madrid, son buenos ejemplos de la integración de arquitectura y jardines del barroco, con notable influencia francesa (La Granja es conocido como el «Versalles español»), pero con concepción espacial local, que de alguna manera muestra herencia de la ocupación musulmana.

El rococó se introdujo en España por primera vez en la Catedral de Murcia, en 1733, en su fachada occidental. También en la zona levantina, se destaca la exuberante decoración de la puerta del palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia, diseñada por el pintor y grabador Hipólito Rovira (1740–1744). El mejor representante del estilo fue el maestro español Ventura Rodríguez, responsable de la Santa Capilla de la Virgen del Pilar (1750) en el interior del templo de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza.

El estilo colonial española de arquitectura dominaba en las primeras colonias españolas de las Américas y también en las Filipinas. Se distingue por el contraste entre la construcción simple y sólido que demanda el lugar nuevo y la ornamentación barroca que viene de España. La zona colonial de Santo Domingo, fundada en 1498 es la ciudad occidental más antigua en el Mundo Nuevo y es un buen ejemplo de este estilo.

La combinación de influencias decorativas nativas americanas y árabes, con una interpretación extremadamente expresiva del churrigueresco, podría explicar la variedad y intensidad del barroco en las colonias americanas de España. Aún más que en su equivalente español, el barroco americano se desarrolló como un estilo de decoración del estuco. Fachadas con torres gemelas de muchas catedrales americanas del siglo XVII tienen raíces medievales. El barroco pleno no aparece hasta 1664, cuando los jesuitas construyeron su santuario en la Plaza de Armas en Cuzco.

El barroco peruano es especialmente exuberante, como evidencia el monasterio de San Francisco en Lima (1673), que muestra una fachada oscura y muy intrincada entre dos torres gemelas de piedra local amarilla. Mientras que el barroco rural de las misiones jesuíticas (estancias) en Córdoba (Argentina) siguieron el modelo de Il Gesù, estilos provinciales «mestizos» aparecieron en Arequipa, Potosí y La Paz. En el siglo XVIII, los arquitectos de la región se inspiraron en el arte mudéjar de la España medieval. El estilo de fachada del barroco tardío surge por primera vez en la Iglesia de Nuestra Señora de La Merced en Lima (1697–1704). De forma similar, en la Iglesia de La Compañía en Quito (1722–1765), la fachada parece un retablo ricamente esculpido con un exceso de columnas salomónicas.

Al norte, la provincia más rica del siglo XVIII, Nueva España, el actual México, produjo una arquitectura fantásticamente extravagante y visualmente frenética que es el churrigueresco mexicano. Este estilo ultrabarroco culmina en los trabajos de Lorenzo Rodríguez, cuya obra maestra es el Sagrario Metropolitano en Ciudad de México (1749–1769). Otros ejemplos notables se encuentran en remotos pueblos mineros. Por ejemplo el santuario de Ocotlán (comenzado en 1745) es una catedral barroca de primer orden, cuya superficie está cubierta de baldosas rojas brillantes, que contrastan con una plétora de ornamentos comprimidos aplicados generosamente en la portada y los flancos de las torres. La autentica capital del barroco mexicano es Puebla, donde la abundancia de baldosas pintadas a mano y piedra local gris llevaron a una evolución muy personal y localizada del estilo, con un pronunciado sabor indio.

Los postulados extremadamente intelectuales del neoclasicismo tuvieron menos éxito en España que el mucho más expresivo barroco. El neoclasicismo español se expandió a partir de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundada en 1752. Su principal figura fue Juan de Villanueva, que adaptó las ideas de Edmund Burke sobre la belleza y lo sublime a los requerimientos del clima y la historia locales. Construyó el Museo del Prado (que en principio iba a tener funciones de Gabinete de Ciencias), combinando tres elementos: una academia, un auditorio y un museo, en un edificio con tres entradas separadas. El Prado formaba parte del ambicioso programa de Carlos III que pretendía convertir Madrid en la capital de las Artes y las Ciencias. Muy próximo al museo, Villanueva construyó el observatorio astronómico de El Retiro y el Jardín Botánico, todo ello en el conjunto del eje del Paseo del Prado, con sus emblemáticas fuentes de Neptuno y Cibeles (diseñadas por Ventura Rodríguez) y cerrado por el Hospital y Real Colegio de Cirugía de San Carlos. También diseñó algunas de las residencias de verano de los reyes en El Escorial y Aranjuez y reconstruyó la Plaza Mayor de Madrid, entre otras obras importantes. Los discípulos de Villanueva Antonio López Aguado e Isidro González Velázquez diseminarán el estilo por el centro del país.

La arquitectura eclecticista es aquella que combina varios estilos en un edificio, sin seguir un solo orden arquitectónico. Esta corriente llegó a España en los últimos años del siglo XIX. Uno de los edificios eclecticistas más importantes es el Palacio de Comunicaciones de Madrid, diseñado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi. Fue inaugurado en 1909.

Desde Europa llegó en el siglo XIX el historicismo, cuyos estilos más destacados son el neogótico y el neorrománico. Del neogótico hay que destacar el Palacio Episcopal de Astorga y el Palacio de Sobrellano en Comillas], la fachada de la Catedral de Barcelona, la Catedral de San Cristóbal de La Laguna en Tenerife y la Catedral del Espíritu Santo de Tarrasa. Del neorrománico, menos importante que el anterior, hay que mencionar la cripta de la Catedral de Madrid y la Basílica de Nuestra Señora de Covadonga, en Asturias.

A finales del siglo XIX un nuevo movimiento arquitectónico surgió en Madrid: un resurgimiento de la arquitectura mudéjar, el neomudéjar, que enseguida se extendió por otras regiones. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso veían el arte mudéjar como un estilo exclusivo y característico de España. Se comenzaron a construir edificios empleando algunas de las características del antiguo estilo, como los arcos de herradura y el empleo de ornamentación abstracta en ladrillo para las fachadas. Se popularizó sobre todo en la construcción de plazas de toros y otros edificios públicos, pero también para la construcción de viviendas, debido al uso de materiales baratos, principalmente ladrillo para los exteriores. A destacar la portada de la Catedral de Teruel y La Escalinata de la misma ciudad, obra de Aniceto Marinas, y la plaza de Toros de Las Ventas de Madrid.

A imitación del Palacio de Cristal construido en Londres para la Gran Exposición de 1851, también se construyeron palacios de cristal en España. Los dos ejemplos más notables son el Palacio de Cristal de la Arganzuela y el Palacio de Cristal del Retiro en Madrid.

En España, el modernismo tuvo su centro en Barcelona. Cuando la ciudad de Barcelona se amplió más allá de sus límites históricos, resultando el Eixample («Ensanche»; de Ildefons Cerdá), en el que se desarrollará el llamado modernismo catalán o modernisme. El modernisme rompió con estilos anteriores y empleó para su inspiración formas orgánicas, al igual que hacía el Art Noueveau en Francia y el Jugendstil en Alemania. El arquitecto más famoso es Antoni Gaudí, cuya obra en Barcelona (los más conocidos La Sagrada Familia, el Parque Güell, la Casa Milà y la Casa Batlló) y en otros lugares de España (Capricho de Gaudí, Casa Botines y Palacio Episcopal de Astorga) mezcla la arquitectura tradicional con otros estilos nuevos, siendo precursor de la arquitectura moderna. Otros arquitectos catalanes notables de la época fueron Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch.

El modernismo también tuvo desarrollo en otras ciudades de Cataluña, como Tarrasa (Masia Freixa y Vapor Aymerich, Amat i Jover) y Reus (Casa Navàs), y del resto de España, como Teruel (Casa de Tejidos el Torico o Casa Ferrán), Zaragoza (Casino Mercantil o Quiosco de música del Parque Primo de Rivera) o Comillas, donde, a parte del Capricho de Gaudí, se puede admirar la Universidad Pontificia Comillas.

La creación en 1928 del grupo GATCPAC en Barcelona, seguido de la creación del GATEPAC (1930) por arquitectos principalmente de Zaragoza, Madrid, San Sebastián y Bilbao, estableció dos grupos de jóvenes arquitectos que seguían los dictados de la arquitectura moderna en España. Josep Lluís Sert, Fernando García Mercadal, José María de Aizpurúa y Joaquín Labayen entre otros, se organizaron en tres grupos regionales. Otros arquitectos exploraron el estilo moderno desde puntos de vista particulares: Casto Fernández Shaw con su trabajo visionario, casi todo en papel, Josep Antoni Coderch, con su integración de la vivienda mediterránea y los conceptos del nuevo estilo o Luis Gutiérrez Soto, muy influenciado por tendencias expresionistas.

En la Exposición Mundial de 1929 de Barcelona el Pabellón alemán diseñado por Mies van der Rohe se convirtió instantáneamente en un icono; amalgamando el minimalismo de Mies van der Rohe y nociones de fidelidad a los materiales con influencias de De Stijl en el tratamiento de los planos en el espacio. El famoso techo se cierne sobre el espectador aparentemente sin soportes.

Durante y después de la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, España estuvo aislada política y económicamente. Como consecuencia, unido a la preferencia de Franco por un «tipo de kitsch nacionalista clásico y mortecino», la creación de arquitectura vanguardista fue suprimida en su mayoría. Sin embargo, en las obras de algunos arquitectos pudieron coexistir la aprobación oficial y el avance del diseño arquitectónico, como es el caso de Luis Gutiérrez Soto, interesado en la tipología y la distribución racional de los espacios, cuya prolífica obra alterna con facilidad el redescubrimiento de estilos históricos con un estilo racionalista, o los encargos de los Sindicatos Verticales a Francisco de Asís Cabrero. Los logros de Luis Moya Blanco en la construcción de bóvedas de ladrillo también merecen una mención; su interés en la construcción tradicional en ladrillo lo llevó a un estudio profundo de las posibilidades formales modernas del material, destacando su uso de la bóveda tabicada.

En las últimas décadas de la vida de Franco, una nueva generación de arquitectos rescató con fuerza el legado del GATEPAC: Alejandro de la Sota fue pionero en este nuevo camino, y jóvenes arquitectos como Francisco Javier Sáenz de Oíza, Fernando Higueras y Miguel Fisac, a menudo con presupuestos modestos, investigaron en los tipos de vivienda prefabricada y colectiva.

La muerte de Franco y la vuelta de la democracia trajo un nuevo optimismo arquitectónico al país a finales de los 70 y en los 80. El regionalismo crítico se convirtió en la escuela dominante para la arquitectura seria. El flujo de dinero proveniente de la Unión Europea, el turismo y una economía floreciente, fueron campo fértil para la arquitectura española. Una nueva generación de arquitectos emergió, entre los que se cuentan Enric Miralles, Carme Pinós, y el arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava. Los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, ambos en 1992, impulsaron internacionalmente aun más la reputación de España, hasta el punto de que muchos arquitectos de países en recesión se desplazaron a España para participar en el boom. En reconocimiento al apoyo a la arquitectura realizado por la Ciudad de Barcelona, el Royal Institute of British Architects le entregó la Royal Gold Medal en 1999, la primera vez en la historia que el premio se entregaba a una ciudad.

Bilbao atrajo a la Fundación Solomon R. Guggenheim para construir una nueva galería que abrió sus puertas en 1997. Diseñado por Frank Gehry en estilo deconstructivista, el Museo Guggenheim de Bilbao se ha hecho famoso mundialmente y por sí sólo ha aumentado el prestigio mundial de Bilbao. El éxito del museo al crear una arquitectura icónica se conoce en la planificación urbana como el «efecto Bilbao».

En 2006, la Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas de Richard Rogers y Antonio Lamela ganó el Premio Stirling. En abril de 2007, el Musac (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, en León) de los arquitectos Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla recibió el premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe de la Unión Europea, que ya había ganado en 2001 el Kursaal (San Sebastián) de Rafael Moneo.

La Torre Agbar es un rascacielos de Barcelona realizado por el arquitecto francés Jean Nouvel. Mide 144,4 metros y tiene 38 pisos, incluyendo 4 niveles subterráneos. Su diseño combina una serie de conceptos arquitectónicos distintos, cuyo resultado es una sorprendente estructura construida con hormigón armado, cubierta con una fachada de vidrio y más de 4.400 ventanas cortadas en el hormigón estructural.

En Madrid se lleva a cabo actualmente la construcción de cuatro rascacielos, de los cuales, el más alto medirá 250 metros. Este parque empresarial se llamará Cuatro Torres Business Area, y la Torre Caja Madrid, que es la más alta, está diseñada por Norman Foster.

Debido a las grandes diferencias climáticas y topográficas del país, la arquitectura popular muestra una gran variedad. Piedra caliza, pizarra, granito, arcilla (cocida o no), madera o paja son empleadas en las diferentes regiones. También las estructuras y distribución varían muchos según las costumbres regionales. Algunas de estas construcciones tienen nombres propios: cortijo, carmen, barraca, caserío, palloza, alquería, etc.

El hórreo es un granero elevado de Galicia, Asturias y Cantabria. En esta imagen aparece un hórreo gallego.

El hórreo asturiano (en este caso una panera), tiene el tejado a cuatro aguas, mientras que el gallego lo tiene a dos aguas.

Palomar de la Tierra de Campos (Castilla y León).

Una masía en Castellón. Las masías evolucionaron a partir de las villas romanas.

Barraca del Delta del Ebro. Es una construcción ligera, incluso precaria, que utiliza cañas y barro, materiales locales que dieron el título a una famosa novela de Vicente Blasco Ibáñez ambientada en la Albufera de Valencia, zona de similares características.

Molinos de viento en el Campo de Criptana, La Mancha. Tecnología de origen mediooriental, se introdujeron en España en el siglo XVI, no mucho antes de que los inmortalizara Cervantes. Tradición más antigua tenían los molinos de agua.

Caserío de Lascorz en Lafueva (Huesca). El caserío, en contraste con la masía de la zona oriental, es la forma de casa-bloque que responde al poblamiento disperso en un amplia zona montañosa entre el Pirineo y la Cornisa Cantábrica. Almacenes, vivienda y espacios para el ganado suelen estar en distintos niveles de la misma construcción.

Pedanía de Royo Odrea, en Ayna (Albacete). El poblamiento concentrado es la norma en la España seca, con núcleos apiñados. Las fachadas encaladas se suelen interpretar como una medida higiénica, además de térmica, y una forma de homogeneizar la consistencia del material de los muros. El emplazamiento puede tener un origen defensivo, o incluso ser un lugar intermedio para el aprovechamiento de distintas zonas de explotación agrícolas, ganaderas y forestales.

Casas colgadas, Cuenca. El aprovechamiento extremo del espacio en adaptación a emplazamientos difíciles y la utilización de materiales autóctonos (la madera abundante en la Serranía) son representativos de la arquitectura popular, tanto rural como, en este caso, urbana.

Tejas en un tejado de Colmenar de Oreja. Esta es la disposición más habitual, aunque en la provincia de Segovia lo tradicional es colocar sólo las de abajo. La utilización de tejas en las edades Media y Moderna detectaba a una casa de especial riqueza «donde hay tejas hay dineros», pues las viviendas pobres se cubrían de ramas, césped u otros materiales más accesibles.

Calle mayor de Alcalá de Henares. Los soportales son una estructura singular y característica del urbanismo español. En este caso acogen hacia su interior curiosos elementos de la antigua judería de la ciudad como son los adarves, en contraste con su trazado rectilíneo (sobre el camino preexistente, conecta el antiguo centro romano con la plaza mayor, que de forma característica surgió en un arrabal).

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Josep Antoni Coderch

Josep Antoni Coderch (26 de noviembre de 1913 - 1984) fue un arquitecto catalán. Nació en Barcelona con el nombre completo Josep Antoni Coderch i de Sentmenat. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona donde tuvo como profesor a Jose Maria Jujol.

Comenzó a trabajar en Madrid con Pedro Muguruza y más tarde con Secundino Zuazo. A los dos años de terminar sus estudios Coderch estableció en Barcelona su despacho de arquitectura junto con Manuel Valls. En los años siguientes diseñó numerosos edificios, algunos de los cuales ya fueron representativos del conjunto de su obra, como la Casa Ugalde, y el Edificio de Viviendas de la calle Johann Sebastian Bach en Barcelona. Recibió varios premios de arquitectura y de diseño y Jose Luis Sert lo propuso como miembro representante de España en el CIAM, el Congreso Internacional de Arquitectos Modernos.

Su Pabellón de España para la IX Trienal de Milán obtuvo un gran éxito de crítica.

En 1965 Coderch inició su actividad como profesor en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona.

Fue miembro del Team 10 participando en discusiones junto a Peter Smithson, Alison Smithson, Aldo Van Eyck y otros.

Murió en Barcelona el 6 de Noviembre de 1984.

Arquitectos y críticos de renombre en el campo de la arquitectura como Ricardo Bofill y Vittorio Gregotti, lo consideran, por encima de todos, el auténtico protagonista del renacimiento de la arquitectura española en la época de la posguerra.

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Teatro Calderón (Valladolid)

Teatro Calderón de la Barca

El Teatro Calderón es el principal teatro de la ciudad española de Valladolid. Este teatro recibe el nombre de Calderón de la Barca, importante poeta y dramaturgo español.

Está situado en el centro de la ciudad a pocos metros de otros monumentos significativos como la Catedral, la iglesia Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias o la iglesia de Santa María La Antigua.

En el espacio en el que hoy se encuentra el teatro, se levantó hasta mediados del siglo XIX el palacio del Almirante de Castilla, gran edificio de origen bajomedieval del que tenemos poca información y que fue totalmente demolido para edificar el actual teatro.

Este último se inauguró el 29 de septiembre de 1864 con la representación de la obra de Calderón de la Barca, El alcalde de Zalamea.

Es de diseño ecléctico y tendencia neoclásica, con influencia de la obra del arquitecto alemán Friedrich Schinkel. Sigue planos del arquitecto Jerónimo de la Gándara. Consta de un gran soportal en la calle Angustias y amplios ventanales, y en el interior una majestuosa sala, en forma de herradura, a la italiana, con patio de butacas, palcos bajos, platea, anfiteatro, galería y paraíso o gallinero. Está decorada con lujosas pinturas debidas a Augusto Ferri. Las lámparas laterales, de estilo modernista, datan de principios del siglo XX. Tenía capacidad para unas 1200 personas. En el escenario existía una ingeniosa tramoya debida al ingeniero italiano E. Piccoli. Existían otras estancias, dedicadas a café, biblioteca (ricamente decorada con pinturas) y salones del Círculo del Calderón. La suntuosidad y magnitud del edificio hizo que fuera uno de los principales de España.

Es el mejor exponente del estilo de vida de la burguesía, enriquecida con las primeras industrias de la ciudad, que quería emular las costumbres de las clases altas europeas. Estas expectativas, que no se cubrían con el Teatro Lope de Vega, se plasmarán en este proyecto. Se desarrolla al máximo el tipo de teatro inspirado en las grandes óperas del continente, y se convierte en el centro de la vida cultural de la ciudad.

Entre el siglo XIX y XX, canta el tenor Julián Gayarre, se representan obras de la compañía de María Guerrero y Tomás Bretón dirige más de un concierto.

Fue sometido a una profunda remodelación, en la que se respetaron solamente la sala, las fachadas y algunos elementos más, perdiéndose de manera poco justificada la tramoya de Piccoli y varias piezas de interés. El 9 de abril de 1999 fue reinaugurado, con la presidencia de S.M. la Reina Sofía con el espectáculo de la Compañía Nacional de Danza, dirigida por Nacho Duato, Multiplicidad: formas de silencio y vacío. En la sala se añadió la enorme lámpara central, diseñada en la Real Fábrica de Cristales de La Granja, de 1.000 kilogramos de peso, tres metros de diámetro, 30.000 piezas de cristal, 153 puntos de luz y 9.280 vatios.

Desde su reapertura en 1999 fue la sede de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCYL), pero desde abril de 2007, la sede de la orquesta se sitúa en el nuevo Auditorio Miguel Delibes de la ciudad, diseñado por el arquitecto catalán Ricardo Bofill Levi. En 2001 se celebró en el teatro el II Congreso Internacional de la Lengua Española.

En la actualidad cuenta con una capacidad para 1.141 personas y acoge durante la temporada representaciones de teatro, ópera, zarzuela, danza, ballet, flamenco y jazz además de ser la sede de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI). Pero sus dependencias no se limitan al teatro, sino que además cuenta con una sala de exposiciones, la sala Delibes y su Salón de los Espejos, lugares en los que se celebran actividades no escénicas.

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Jardín del Turia

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El Jardín del Turia es un parque urbano público de 110 ha; situado en la ciudad de Valencia. Este parque es uno de los más visitados de Valencia y de España. El el mayor jardín netamente urbano de España.

Se fundó en 1986 varios decenios después de la Gran riada de Valencia. Tras la riada, el ayuntamiento y el Gobierno de España decidieron que se haría en la superficie del viejo cauce una autopista que cruzaría la ciudad en 1970. Posteriormente decidieron que seria mejor convertirlo en un lugar de ocio y naturaleza para los ciudadanos y visitantes.

En el año 1957 Valencia vivía uno de los episodios más trágicos de su historia. El 14 de octubre de 1957 la gran riada de Valencia inundó la ciudad y causó la muerte de alrededor de un centenar de personas. El gobierno de España y el ayuntamiento de Valencia decidieron que el Turia no podía seguir pasando por el centro de Valencia por el peligro que suponía nuevas inundaciones. De modo que en 1958 se decide trasladar el río a un lugar cercano desviándolo en el llamado Plan Sur y convertir el cauce que atraviesa la ciudad en una autopista urbana. El viejo cauce fue reclamado por los ciudadanos como espacio verde para la ciudad, por lo que el antiguo cauce se convirtió en un jardín publico con el paso de los años, y la intervención de los mejores equipos de urbanistas y diseñadores del momento. Ricardo Bofill (padre) diseñó el tramo del jardín en la zona noble de la ciudad, con naranjos y palmeras, la zona próxima al Palau de la Música. El equipo "Vetges Tú - Mediterrania" diseñó el tramo desde la Casa del Agua hasta Nuevo Centro, incluyendo las instalaciones deportivas y algunas fuentes. La Consellería de Agricultura diseñó el tramo del "Bosque Urbano" comprendido entre Nuevo Centro y la zona deportiva de Serranos, colocando miles de pinos. Posteriormente, se realizó el jardín de Gulliver. Ya entrados en el 2000, después de la inauguración de la estación de metro de Alameda y el puente llamado de La Peineta (antes pasarela de la Exposición) se acondicionó el tramo próximo esta estación colocando un arenero con juegos y una zona arbolada útil para ferias y exposiciones. A continuación, se construyó el puente de las Flores. Por último en 2007 se acondicionó el tramo del jardín entre el Parque de Cabecera y la Casa del Agua.

En la actualidad el parque es un lugar de encuentro referente en Valencia con más de tres millones de visitantes anuales , es el más visitado de España. Supera en dimensiones a parques de París o incluso de Madrid, convirtiéndose en el más grande de España. El parque posee integrado en su interior la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Parque Gulliver, el Palau de la Música, el Parque de Cabecera, el Bioparc y el Zoo de Valencia.

Es también un importante lugar de encuentro de colectividades latinoamericanas —fundamentalmente ecuatorianos—, que suelen aprovechar los fines de semana para realizar diversos juegos grupales, picnics, etcétera, repitiendo comportamientos observables en otras grandes ciudades de Europa.

El tramo del Jardín del Turia entre los puentes de la Ronda y de Astilleros está pendiente de urbanizar, pues existe un lecho fluvial con agua freática presente.

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Source : Wikipedia