Renacimiento

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Publicado por t800 06/04/2009 @ 10:12

Tags : renacimiento, períodos y movimientos, artes plásticas, cultura

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Renacimiento

Hombre de Vitruvio

Surgimiento de una nueva relación con la Naturaleza, que va unida a una concepción ideal y realista de la ciencia. La matemática se va a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar racionalmente su ideal de belleza. La aspiración de acceder a la verdad de la Naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacia el conocimiento de fenómeno casual, sino hacia la penetración de la idea.

Renacimiento es el nombre dado al amplio movimiento de revitalización cultural que se produjo en Europa Occidental en los siglos XV y XVI. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes aunque también se produjo la renovación en la literatura y las ciencias, tanto naturales como humanas.

El Renacimiento es fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo.

El nombre Renacimiento se utilizó porque éste retomó los elementos de la cultura clásica. Además el papa mandó reconstruir la capilla sixtina en este movimiento cultural el término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras siglos de predominio de la mentalidad dogmática del catolicismo establecida en la Europa de la Edad Media.El Renacimiento planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, el interés por las artes, la política y las ciencias, cambiando el teocentrismo medieval, por el antropocentrismo renacentista.

Sin embargo, Vasari, había formulado una idea determinante, el nuevo nacimiento del arte antiguo, que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo en la actitud espiritual del artista. De hecho el Renacimiento rompe, conscientemente, con la tradición artística de la Edad Media, a la que califica, con pleno desprecio, como un estilo de bárbaros, que más tarde recibirá el calificativo de gótico. Con la misma consciencia, el movimiento renacentista se opone al arte contemporáneo del Norte de Europa.

Desde una perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significa una «ruptura» con la unidad estilística que hasta ese momento había sido «supranacional».

Sobre el significado del concepto de Renacimiento y sobre su colocación cronológica se ha discutido muchísimo; generalmente con el término Humanismo se indica el proceso innovador, inspirado en la antigüedad clásica y en la consolidación de la importancia del Hombre en la organización de la realidad histórica y natural, que se aplicó en los siglos XIV y XV.

Históricamente, el Renacimiento fue contemporáneo de la Era de los Descubrimientos y las conquistas ultramarinas. Esta «Era» marca el comienzo de la expansión mundial de la cultura europea, con los viajes portugueses y el descubrimiento de América por parte de los españoles, lo cual rompe la concepción medieval del mundo, fundamentalmente teocéntrica. Además de esto según la "Enciclopedia Oceano Color" el renacimiento comienza en el siglo XIV y no antes, aunque, por supuesto, al tratarse de un proceso histórico, se elige un motivo arbitrario para determinar cronológicamente su comienzo pero hunde sus raíces en la alta edad media y va tomando forma gradualmente.

El desmembramiento de la cristiandad y el desarrollo de los nacionalismos, la introducción de la imprenta, entre 1460 y 1480, y la consiguiente difusión de la cultura fueron de la mano, potenciándose mutuamente, con la revolución operada en el mundo de las ideas. El determinante, sin embargo, de este cambio social y cultural fue el desarrollo económico europeo, con los primeros atisbos del capitalismo mercantil. En este clima cultural de renovación, que paradójicamente buscaba sus modelos en la Antigüedad Clásica, surgió a principios del siglo XV un renacimiento artístico en Italia de empuje extraordinario.

El artista tomó conciencia de individuo con valor y personalidad propios, se vio atraído por el saber y comenzó a estudiar los modelos de la antigüedad clásica a la vez que investigaba las técnicas del claroscuro, las formas de representar la perspectiva, y el mundo natural; especialmente la anatomía humana y las técnicas de construcción arquitectónica. El paradigma de esta nueva actitud es Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista, quien dominó distintas ramas del saber, pero del mismo modo Miguel Ángel Buonarroti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli y Bramante fueron artistas conmovidos por la imagen de la Antigüedad y preocupados por desarrollar nuevas técnicas escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, así como por la música, la poesía y la nueva sensibilidad humanística. Todo esto formó parte del renacimiento en las artes en Italia.

Mientras surgía en Florencia el arte del Cuatrocento o primer Renacimiento italiano, así llamado por desarrollarse durante los años de 1400 (siglo XV), gracias a la búsqueda de los cánones de belleza de la Antigüedad y de las bases científicas del arte, se produjo un fenómeno parecido y simultáneo en Flandes (especialmente en pintura), basado principalmente en la observación de la vida y la naturaleza y muy ligado a la figura de Tomás de Kempis y la «devotio moderna», la búsqueda de la humanidad de Cristo. Este Bajo Renacimiento, conjugado con el italiano, tuvo gran repercusión en la Europa Oriental (la fortaleza moscovita del Kremlin, por ejemplo, fue obra de artistas italianos).

La segunda fase del Renacimiento, o Cinquecento (siglo XVI), se caracterizó por la hegemonía artística de Roma, cuyos Papas (Julio II, León X, Clemente VII y Pablo III) (algunos de ellos pertenecientes a la familia florentina de los Médici) apoyaron fervorosamente el desarrollo de las artes, así como la investigación de la Antigüedad Clásica. Sin embargo, con las guerras de Italia muchos de estos artistas, o sus seguidores, emigraron y profundizaron la propagación de los principios renacentistas por toda Europa Occidental.

Durante la segunda mitad del siglo XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.

La primera tiene como espacio cronológico todo el siglo XV, es el denominado Quattrocento, y comprende el Renacimiento temprano que se desarrolla en Italia.

La segunda, afecta al siglo XVI, se denomina Cinquecento, y su dominio artístico queda referido al Alto Renacimiento, que se centra en el primer cuarto del siglo. Esta etapa desemboca hacia 1520-1530 en una reacción anticlásica que conforma el Manierismo.

Mientras que en Italia se estaba desarrollando el Renacimiento, en el resto de Europa se mantiene el Gótico en sus formas tardías, situación que se va a mantener, exceptuando casos concretos, hasta comienzos del siglo XVI.

En Italia el enfrentamiento y convivencia con la antigüedad clásica, considerada como un legado nacional, proporcionó una amplia base para una evolución estilística homogénea y de validez general. Por ello, allí, es posible su surgimiento y precede a todas las demás naciones.

Fuera de Italia la Antigüedad Clásica supondrá un caudal académico asimilable, y el desarrollo del Renacimiento dependerá constantemente de los impulsos marcados por Italia. Artistas importados desde Italia o formados allí, hacen el papel de verdaderos transmisores.

Los supuestos históricos que permitieron desarrollar el nuevo estilo se remontan al siglo XIV cuando, con el Humanismo, progresa un ideal individualista de la cultura y un profundo interés por la literatura clásica, que acabaría dirigiendo, forzosamente, la atención sobre los restos monumentales clásicos.

Italia en ese momento está integrada por una serie de estados entre los que destacan Venecia, Florencia, Milán y el Estado Pontificio.

La presión que se ejerce desde el exterior impidió que, como en otras naciones, se desarrollara la unión de los reinos o estados; sin embargo, sí se produjo el fortalecimiento de la conciencia cultural de los italianos.

Desde estos supuestos fueron las ciudades las que se convierten en centros de renovación artística.

En Florencia el desarrollo de una rica burguesía ayuda al despliegue de las fuerzas del Renacimiento, la ciudad se convierte en punto de partida del nuevo estilo, y surgen, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras que desde aquí se van a extender al resto de Italia.

Estructurales: Arco de medio punto, columnas, cúpula semiesférica, bóveda de cañón y cubierta plana con casetones.

Decorativos: Pilastras, frontones, pórticos, motivos heráldicos, almohadillados, volutas, grutescos, guirnaldas y medallones.

Desde hoy, la arquitectura renacentista tuvo un carácter profano y, lógicamente, surgirá en una ciudad en donde el Gótico apenas había penetrado, Florencia; en la Europa de las grandes catedrales, se implantará con dificultades.

Se caracterizó por el empleo de proporciones modulares, superposición de órdenes, empleo de cúpulas e introducción del orden colosal.

En el Quattrocento fue frecuente recurrir a columnas y pilastras adosadas, a los capiteles clásicos (con preferencia el corintio, aunque sustituyendo los caulículos por figuras fantásticas o de animales), los fustes lisos y el arco de medio punto, a la bóveda de cañón y de arista, así como a cubiertas de madera con casetones. Lo que fundamentalmente distingue a la arquitectura del Quattrocento de la del Alto Renacimiento (o Cinquecento) es la decoración menuda (putti, guirnaldas de flores o frutos, grutescos, etc.), el alargamiento de la cúpula (catedral de Florencia, de Filippo Brunelleschi) y las fachadas de piedra tosca (Palacio Medici−Riccardi, de Michelozzo di Bartolommeo) o con los sillares en realce (Palacio Rucellai, de Bernardo Rossellino, proyecto de Alberti).

La arquitectura del Cinquecento tuvo como centro Roma: En 1506 Donato d'Angelo Bramante terminaba su célebre proyecto para la basílica de San Pedro en el Vaticano. Los palacios se adornaron de valiosos bajorrelieves (Palacio Grimani de Venecia, 1549, obra de Michele Sanmicheli) o de esculturas exentas (biblioteca de San Marcos, 1537–50, Venecia, obra de Jacopo Sansovino).

En la pintura destaca Leonardo da Vinci ya que combina la creación artística con la ciencia y tiene obras muy importantes como la Gioconda y la Última cena.También destaca en la pintura Rafael Sancio y Miguel Ángel quien en sus figuras las dota de volumen como la Creación del mundo y el Juicio final en la Capilla sixtina.

Al no conocer la música griega o romana con tanta precisión como la arquitectura y la escultura, la música renacentista no se produce como una restauración de lo antiguo. La música de esta época fue una culminación de lo anterior (Ars nova) buscando naturalidad, proporción y armonía entre texto y melodía.

En España el cambio ideológico no es tan extremo como en otros países; no se rompe abruptamente con la tradición medieval, no desaparece la literatura religiosa, y será en el Renacimiento cuando surjan autores ascéticos y místicos; por ello se habla de un Renacimiento español más original y variado que en el resto de Europa. La literatura acepta las innovaciones italianas (Dante y Petrarca), pero no olvida la poesía del Cancionero así como toda la tradición. Es ecléctica (una mezcla entre lo conservador y lo «moderno») entonces por su tradicionalismo y su universalidad: cultiva todos los textos y géneros produciendo en todos obras maestras.

Como síntesis del Renacimiento y preludio del Barroco, la literatura contará con la figura capital de Miguel de Cervantes (siglos XVI–XVII).

El renacimiento artístico no fue en Alemania una tentativa de resurrección del arte clásico, sino una renovación intensa del espíritu germánico, motivado por la Reforma protestante.

Durero fue una figura dominante del Renacimiento alemán. Su obra universal, que ya en vida fue reconocida y admirada en toda Europa, impuso la impronta del artista moderno, uniendo la reflexión teórica con la transición decisiva entre la práctica medieval y el idealismo renacentista.

Alberto Durero (en alemán: Albrecht Dürer) (1471–1528) es el artista más famoso del Renacimiento alemán conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos. Durero comprendió la imperiosidad de adquirir un conocimiento racional de la producción artística.

Tras la Reforma el mecenazgo de la nobleza alemana se centró en primer lugar en la arquitectura, por la capacidad de ésta para mostrar el poder y prestigio de los gobernantes.

Así a mediados del siglo XVI se amplia el castillo de Heidelberg, siguiendo las directrices clásicas. Sin embargo, la mayoría de los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas, limitándose a decorarlas con ornamentación renacentista.

Los emperadores Habsburgo y la familia Fugger fueron los más importantes mecenas, destacándose la protección de Johannes Kepler y Tycho Brahe.

A la par que se desarrollaba en Italia el Cinquecento Italiano, la llamada Escuela Flamenca alcanzó un desarrollo notable. Esta escuela se hizo célebre por su notable naturalismo, rasgo que comparte con los maestros italianos. Algunos grandes nombres de la época fueron los paisajistas Joachim Patinir y Quintín Metsys; el retratista Antonio Moro, el Bosco; Bruegel el viejo y Gaspar Baiton. Más tarde se enfoco la literatura con los mejores autores de la época.

Al principio



Renacimiento español

Antonio de Nebrija impartiendo gramática en presencia del mecenas Juan de Zúñiga. Introducciones Latinae, B.N.E., Madrid.

Comúnmente se acepta la fecha de 1492 como los comienzos de la influencia del Renacimiento en España, el cual había surgido en Italia en el siglo XIV.

El inicio del Renacimiento en España se liga íntimamente al devenir histórico-político de la monarquía de los Reyes Católicos. Sus figuras son las primeras en salir de los planteamientos medievales que fijaban un esquema feudal de monarca débil sobre nobleza poderosa y levantisca. Los Reyes Católicos aúnan las fuerzas del incipiente estado y se alían con las principales familias de la nobleza para mantener su poder. Una de estas familias, los Mendoza, utiliza el nuevo estilo como distinción de su clan y, por extensión, de la protección de la monarquía.

Poco a poco, la estética novedosa se introduce en el resto de la corte y el clero, mezclándose con estilos puramente ibéricos, como el arte nazarí del agónico reino de Granada, el gótico exaltado y personal de la reina castellana, y las tendencias flamencas en la pintura oficial de la corte y la Iglesia. La asimilación de elementos dio lugar a una personal interpretación del Renacimiento ortodoxo, que se dio en llamar Plateresco. Asimismo, se importan artistas secundarios de Italia, se envían aprendices a los talleres italianos, se traen diseños, plantas arquitectónicas, libros y grabados, cuadros, etc., de los cuales se copian personajes, temas y composición.

El rey Carlos I es más predispuesto al nuevo arte, paradójicamente llamado la manera antigua, puesto remite a la antigüedad clásica. Su patrocinio directo logró algunas de las más bellas obras del especial y único estilo renacentista español: El mecenazgo sobre Alonso de Covarrubias, sus encargos a Tiziano, que nunca accedió a trasladarse a España. Pintores de gran calidad fueron, lejos del núcleo cortesano, Pedro Berruguete, Juan de Juanes, Paolo de San Leocadio, del que destacamos la delicada Virgen del Caballero de Montesa, Yáñez de la Almedina y Fernando de los Llanos.

La pintura del Renacimiento español se lleva a cabo normalmente al óleo. Realiza interiores perfectamente sujetos a las reglas de la perspectiva, sin agolpamiento de los personajes. Las figuras son todas del mismo tamaño y anatómicamente correctas.

Los colores y los sombreados se administran en gamas tonales, según las enseñanzas italianas. Para acentuar el estilo italiano es frecuente además añadir elementos directamente copiados de allí, como son los adornos a candelieri (cenefas de vegetales y cupiditos que rodean los marcos), o ruinas romanas en los paisajes, incluso en escenas de la vida de Cristo.

Los cuadros estaban pintados casi todos en óleo. Los colores y los sombreados se administraban en gamas tonales, según las enseñanzas italianas. Para acentuar el estilo italiano era frecuente además añadir elementos directamente copiados de allí, como son los adornos a candelieri.

Los temas religiosos ocuparon la mayor parte de su pintura. En este extraordinario cuadro se contraponen la composición clasicista y los rasgos manieristas y esa extraña espiritualización de los personajes cuyas figuras se alargan.

El tema representado es muy antiguo, dentro de la iconografía cristiana: la Virgen María amamantando al niño Jesús. No obstante, en el caso de esta obra, no se ve directamente el pecho, sino que la madre y el hijo se miran en una de las imágenes más intimistas del siglo XVI. El propósito es claramente religioso, exaltando el sentimiento de amor materno.

El desarrollo del Renacimiento se produjo principalmente por arquitectos locales. De esta manera, se creó una corriente puramente española del estilo, que se vio influenciada por la arquitectura del sur de Italia (dominios de la Corona de Aragón en esa época). Este estilo español llamado plateresco, combinaba las nuevas ideas italianas con la tradición gótica española, así como la idiosincrasia local. El nombre proviene de las extremadamente decoradas fachadas de estos edificios, que se asimilaban al intrincado y detallista trabajo de los plateros. En estos años sobresalen los arquitectos Enrique Egas y Juan de Álava.

Con el paso de las décadas, la influencia del Gótico fue desapareciendo, llegándose a alcanzar un estilo más depurado y ortodoxo, desde el punto de vista del Renacimiento. El purismo se caracteriza por una mayor austeridad decorativa, que se limita a algunos elementos concretos, generalmente de inspiración clásica. Hay un cierto cansancio de la exuberancia decorativa a mitad del siglo XVI y se imponen los edificios de aspecto más sereno, armónico y equilibrado. Algunos arquitectos consiguen reciclar su producción tardo-gótica para iniciarse en este nuevo estilo: tal es el caso, por ejemplo, de Alonso de Covarrubias, Rodrigo Gil de Hontañón y Pedro de Ibarra. El centro de la producción renacentista se localizó en Andalucía con Diego de Siloé (fachada de la Catedral de Granada y la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda); Pedro Machuca (Palacio de Carlos V en Granada), el arquitecto más decididamente clásico; Andrés de Vandelvira (Catedral de Jaén y de Baeza) y Diego de Riaño (Ayuntamiento de Sevilla).

A mitad del siglo XVI, la iniciación del Monasterio de San Lorenzo del Escorial como símbolo del poder de Felipe II de España por Juan Bautista de Toledo (fallecido en1567) y Juan de Herrera supuso la aparición de un nuevo estilo, que se caracteriza por el predominio de los elementos constructivos, la ausencia decorativa, las líneas rectas y los volúmenes cúbicos. Significa además la introducción de los postulados manieristas provenientes de Italia.

Este estilo bautizado posteriormente como estilo herreriano en honor de la figura indiscutible de Juan de Herrera, dominó la arquitectura española durante casi un siglo, y entre sus seguidores se encuentran figuras tan relevantes como Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora o Juan Gómez de Trasmonte.

En todos los casos, los conceptos de la arquitectura y urbanismo de España en el Renacimiento, fueron llevados a las colonias de América, dónde encontró campo fértil para su difusión dada la urbanización extensiva que se dio a lo largo de tres siglos y que recibió, también, a estilos posteriores como el Barroco y el Neoclásico.

Construida hacia 1529 en Salamanca, es del tipo fachada-retablo, de autor anónimo. Utiliza elementos italinizantes como amorcillos, grutescos y tondos (el central con la imagen de los Reyes Católicos). Se considera el ejemplo más acabado del plateresco español, por la exquisita calidad de la talla y su exhaustiva minuciosidad.

Este palacio es la muestra del más puro estilo renacentista. Sorprende por el juego de las dos formas geométricas ideales de la arquitectura renacentista: el cuadrado (la planta) y el círculo (el patio interior) en los que se alternan los órdenes clásicos.

Enorme conjunto arquitectónico, palacio, panteón, iglesia y monasterio de 206 metros de fachada y 161 de fondo, culminación del renacimiento español. Edificado entre 1563 y 1584. De una fría simetría clasicista y fachada austera, su estilo se conoce también como Escurialense o Herreriano.

Esta iglesia-panteón, símbolo de Úbeda (Jaén), se sitúa en la Plaza Vázquez de Molina de la ciudad. El Salvador es la empresa más ambiciosa de toda la arquitectura religiosa privada del Renacimiento español. Fue declarada monumento histórico-artístico en 1931.

Los escritores del Renacimiento adoptaron como modelos que debían ser imitados a los escritores de la antigüedad clásica, y a los grandes italianos del siglo XIV: Dante, Petrarca y Bocaccio. Este movimiento fue influido por los humanistas que estudiaron la cultura de Grecia y Roma, entre los que destacan Erasmo de Rotterdam, Antonio de Nebrija y Juan Luis Vives.

Juan Boscán influido por los artistas italianos e instado por Navaggiero, introduce las nuevas formas, escribiendo muchos poemas de gran calidad. Su amigo Garcilaso de la Vega es el definitivo adaptador de las formas italianas, utilizando el verso endecasílabo y los recursos típicos de la poesía italiana: soneto, terceto, canción, lira, la rima interna y los versos sueltos.

Una serie de poetas siguieron los pasos formando la Escuela Petrarquista.

Sus obras más importantes consideradas tratados de doctrina son : Guía de pecadores, Libro de la oración y meditación y la más notable, Introducción al símbolo de la fe.

En su obra literaria utiliza un lenguaje campechano propio del campo de Avila pero de profundo y fervoroso estilo. Entre sus obras más importantes están: El Libro de su vida, autobiografía espiritual, Camino de perfección, donde indica los medios para lograrla, El libro de las fundaciones, El castillo interior o Las Moradas.

A diferencia de Santa Teresa, San Juan es un humanista y domina el idioma. Su obra poética, muy escasa, se reduce a : Subida del monte Carmelo, Cántico espiritual, Noche oscura del alma y Llama del amor viva. Y también algunas poesías de carácter religioso, entre las que están : Aunque es de noche, Tras un amoroso lance, etc. Su obra más importante es el Cántico espiritual, escrito en liras garcilasistas, inspirado en el Cantar de los Cantares.

Su única obra literaria que se conoce es : Los ejercicios espirituales, en la que expresa su fe cristiana.

La exploración del Nuevo Mundo propició el desarrollo de las ciencias y técnicas relacionadas con la geografía y la navegación en España, que junto con Portugal era la principal potencia marítima de la época que la llevó a cabo.

La institución más importante que acumulaba el saber geográfico de la época en España fue la Casa de Contratación de Sevilla. Recibía y procesaba la información que traían los navegantes de América, y desde 1512 elaboraba un mapa general llamado Padrón Real, que reflejaba los conocimientos del momento y se actualizaba periódicamente. En 1552 creó la cátedra de Navegación y Cosmografía.

La investigación del continente americano también abarcó los aspectos biológicos y antropológicos. Un ejemplo de ello es la labor del naturalista José de Acosta, que realizó un estudio interdisciplinar de la geografía, flora, fauna, y pueblos americanos (lo que hoy llamaríamos biogeografía y geografía cultural). Su Historia natural y moral de las Indias (1590) fue traducida a varios idiomas y tuvo una amplia difusión en Europa.

La cosmografía fue una de las disciplinas científicas que más auge cobró en el Renacimiento español. Continuando la tradición cartográfica hispánica medieval (de gran relevancia en el Mediterráneo), al principio se elaboraban portulanos, pero los recientes descubrimientos requirieron idear nuevos sistemas de representación, cuyo empleo se generalizó rápidamente en España al tiempo que se enriquecían con las aportaciones de los cosmógrafos que trabajaban en ella.

En 1500 Juan de la Cosa trazó el primer mapamundi en el que figuraban las costas americanas. Un mapa español realizado en la Casa de Contratación en 1522, atribuido a Nuño García Torreño (1495-1573), presenta un sistema de proyecciones polares equidistantes, 47 años antes de que Gerardus Mercator diera a conocer la proyección que lleva su nombre.

Los cosmógrafos españoles tuvieron que enfrentarse a los retos que planteaban la declinación magnética y la determinación exacta de la longitud. Alonso de Santa Cruz (1505-1567), uno de los más notables de ellos, fue quien más trabajó sobre dichos problemas, e ideó un modo de trazar paralelos en una proyección esférica.

En cuanto al estudio de la Península, destaca el inacabado proyecto Descripción y corografía de España (iniciado en 1566), uno de los primeros intentos de descripción geodésica de un país. Fue encomendado al matemático Pedro de Esquivel, quien contó con la colaboración de Pedro Juan de Lastanosa y los hermanos Diego y Felipe de Guevara.

Por encargo del rey Felipe II, Francisco Hernández de Toledo realizó la primera expedición científica moderna para el estudio de la historia natural del continente americano (1570-1577). Tras su muerte, una selección comentada de sus materiales recopilados circuló ampliamente por Europa.

En torno a la Universidad de Salamanca surgió un grupo de estudiosos, la llamada Escuela de Salamanca, que expuso algunos antecedentes de ciertos aspectos de lo que más tarde se llamarían Ciencias Sociales. Así, por ejemplo, destacan, entre otros, el economista Martín de Azpilicueta como precursor de la teoría cuantitativa del dinero, y el jurista Francisco de Vitoria del Derecho Internacional.

Bernardino de Sahagún (h.1499-1590) es considerado por algunos autores un pionero de la antropología cultural en América por sus métodos de trabajo empleados en el estudio de los pueblos de lengua náhuatl en México.

Al principio



Arquitectura del Renacimiento

Comienza el Renacimiento en la Arquitectura: cúpula del Duomo de Santa María del Fiore.

Arquitectura del Renacimiento o renacentista es aquella producida durante el período artístico del Renacimiento europeo, que abarcó los siglos XV y XVI. Se caracteriza por ser un momento de ruptura en la Historia de la Arquitectura, en especial con respecto al estilo arquitectónico previo: el Gótico; mientras que, por el contrario, busca su inspiración en una interpretación propia del Arte clásico, en particular en su vertiente arquitectónica, que se consideraba modelo perfecto de las Bellas Artes.

Produjo innovaciones en diferentes esferas: tanto en los medios de producción (técnicas y materiales constructivos) como en el lenguaje arquitectónico, que se plasmaron en una adecuada y completa teorización.

Otra de las notas que caracteriza este movimiento es la nueva actitud de los arquitectos, que pasaron del anonimato del artesano a una nueva concepción de la profesionalidad, marcando en cada obra su estilo personal: se consideraban a sí mismos, y acabaron por conseguir esa consideración social, como artistas interdisciplinares y humanistas, como correspondía a la concepción integral del humanismo renacentista. Conocemos poco de los maestros de obras románicos y de los atrevidos arquitectos de las grandes catedrales góticas; mientras que no sólo las grandes obras renacentistas, sino muchos pequeños edificios o incluso meros proyectos, fueron cuidadosamente documentados desde sus orígenes, y objeto del estudio de tratadistas contemporáneos.

La Arquitectura del Renacimiento estuvo bastante relacionada con una visión del mundo durante ese período sostenida en dos pilares esenciales: el clasicismo y el humanismo.

Hay que destacar que los ideales y valores renacentistas no pudieron surgir totalmente desvinculados del acervo medieval que le precedió, sin embargo, los conceptos que subyacen a este estilo arquitectónico se construyeron sobre la consciente y efectiva ruptura de la producción artística de la Edad Media, en especial del estilo gótico.

Un dato importante en la definición de espacialidad del Renacimiento es la incorporación de la perspectiva como instrumento del proyecto arquitectónico y la noción de diseño como forma de conocimiento.

La principal ruptura con el espacio medieval se produce en el momento en que los arquitectos del Renacimiento pasan a diseñar en sus edificios un desarrollo en el que las reglas del diseño son fácilmente asimilables por los usuarios del mismo. A partir de un análisis objetivo del espacio, presidido por un cierto sentido empírico, llegan a conclusiones que impondrán el propio ritmo del edificio y su entorno.

El dominio del lenguaje clásico, para hacer llegar estos efectos útiles en los edificios, hace posible el estudio de la perspectiva. Como resultado, surge una arquitectura insertada en un espacio perspectivo, integralmente aprehendido por el observador y cuyas relaciones proporcionales se muestran de forma analítica y objetiva.

Estas nuevas relaciones espaciales son especialmente evidentes comparadas con el espacio presente en las catedrales góticas. En ellas, la intención arquitectónica es que el observador, desde el momento en que entra en el edificio, sea dominado por el espacio e instintivamente alce su mirada hacia la cima, procurando así un movimiento ascendente en busca de la figura de Dios. En otras palabras, toda monumentalidad de este espacio gótico tiene una función, entre otras, que es poseer la voluntad del individuo y determinar sus deseos, la función de su estancia y el uso del edificio. En el espacio renacentista, la intención es justamente la contraria: el edificio no domina al individuo, sino que éste reflexiona sobre su espacialidad y la maneja. Se traslada el concepto de una arquitectura a la medida de Dios a la de una a la medida del hombre.

La recuperación del ideario de la arquitectura clásica, introducida por la cultura del Renacimiento, debió necesariamente trascender de la mera observación de la realidad. La arquitectura producida por los artistas renacentistas, humanistas en general, procuraban mantener una imagen erudita y literaria, más allá de la mera reproducción de las ruinas greco-romanas. Los arquitectos creaban siempre en busca de un modelo ideal, en detrimento de los modelos existentes (con gran número de ruinas en especial en Italia). Estos modelos ideales o idealizados fueron sistematizados y plasmados de forma teórica, en lo que dará origen a los tratados de Arquitectura clásica de la época.

Sin duda, para la creación del modelo teórico, la observación de las ruinas fue la inspiración predominante de los primeros arquitectos renacentistas italianos, pero a medida que el Renacimiento evolucionaba, los estudiosos, pasarán, sistemáticamente, de ofrecer o recuperar los cánones y obras técnicas del clasicismo a redactar sus propios tratados del estilo, que aunque basados en el clasicismo, llegan a ser efectivamente anti-clásicos.

Es destacable para la formación de la tratadística renacentista la preservación de los diez libros de De Architectura del arquitecto romano Marco Vitruvio, del siglo I a. C., básicos para la difusión de las ideas de canon y orden. Éste fue el único tratado del período clásico que sobrevivió tras la caída de Roma, durante la Edad Media, habiendo sido copiado y conservado, de forma fragmentaria en general, en las bibliotecas de los monasterios. Por eso, a medida que los volúmenes eran copiados y traducidos, los diseños y dibujos que componían los tratados fueron perdiéndose, por lo que el contenido del tratado se convirtió con el paso del tiempo en confuso y en ocasiones, contradictorio. Por este motivo, gran parte del esfuerzo de los tratadistas renacentistas sería el recuperar el contenido perdido, llegando para su consumación a aventurar patrones que en modo alguno existían en el texto original.

El tratado vitruviano, como único gran referente teórico de la arquitectura clásica, y pesar de su carencia de contenido, sirvió de base para todos los principales estudios realizados por el Renacimiento. Por ejemplo, un trabajo nítidamente derivado del vitruviano son los diez libros de Leon Battista Alberti, conocidos como De re aedificatoria.

Junto a la inspiración vitruviana, un elemento que va a caracterizar los principales tratados renacentistas (especialmente aquéllos que fueron redactados en los primeros momentos del Renacimiento) es el hecho de que sus autores procuraban, en ocasiones con una preocupación mayor que el afán investigador, posicionar al arquitecto como una figura típicamente perteneciente a la élite fundamental en cualquier estructura social. Tal determinación en cuanto a la profesión no es, claramente un caso de mero «corporativismo» de aquellos tratadistas, sino un fenómeno que está absolutamente ligado a la ascensión social que el artesano convertido a artista sufre (véase en las próximas secciones para un análisis más profundo de esta situación). En este sentido, los tratados sirven de modo efectivo como medios de propaganda del nuevo profesional, en oposición a la visión tradicional (que asociaba inexorablemente el arquitecto a las actividades manuales y por tanto, populares y anti-intelectuales). La constatación de esta modificación en la categoría de los arquitectos como artistas nobles e intelectuales, diferente de los «meros artesanos de origen popular» también se evidencia cuando se verifica para quienes estaban escritos estos tratados: en general, eran dedicados a la nobleza (o un noble en particular), poseían un estilo refinado y abordaban cuestiones directamente de interés público de los príncipes que componían la estructura política italiana.

A pesar de que la Arquitectura romana también se preocupó de esta cuestión (El tratado vitruviano resalta este dato, visto que estaba concebido como una carta dirigida al emperador), la manifestación de este deseo de afirmación social por parte de los arquitectos renacentistas es un elemento nuevo de este período cuando se compara con la forma de producción artística medieval. Ésta se caracterizaba por la creación colectiva (y anónima, por excelencia) y dominada por la cultura del saber fazer. Los tratados formalizan el deseo del hombre renacentista de manifestarse como individuo ante el mundo y colaborador necesario para contextualizar la Arquitectura como disciplina académica.

Toda esta teoría se fija claramente en la ya citada obra albertiana De re aedificatoria. En ella, Alberti expresa esta nueva visión del arquitecto cuando declara categóricamente que "el arquitecto es el brazo del príncipe". Retoma la interpretación vitruviana de la arquitectura y afirma que ésta no se limita a la mera construcción, porque la verdadera arquitectura está dotada de virtud, concepto clásico asociado al dominio de los hombres. Si la Arquitectura es virtuosa, naturalmente sirve como pieza del juego político, ya que tal dominio de los hombres forma parte de la formulación de la política clásica (fundada en la idea de ciudad como lugar de convivencia y germinadora de la política). En conclusión, el estudio riguroso que hacen de los órdenes arquitectónicos clásicos está siempre, según su concepción, ligado a esta característica virtuosa de la arquitectura. La estética del Renacimiento es, por lo tanto, también un reflejo de un determinado pensamiento político.

La Arquitectura renacentista se desarrolla a partir del siglo XV principalmente en Italia. Es común atribuir el lugar de génesis a la ciudad italiana de Florencia, ciudad donde el gótico apenas había penetrado, en el momento de la construcción de la cúpula de la Catedral de Santa María del Fiore proyectada por Filippo Brunelleschi. Tal episodio no sólo es un mero cambio en el perfil estilístico que predominaba en el escenario arquitectónico florentino, sino la demostración clara de la ruptura que vendría posteriormente en la propia forma de producir la arquitectura, abriendo camino para, no sólo redescubrir el clasicismo, sino también para la promoción de la tratadística y para una teorización inédita sobre el tema. Son muchos los estudiosos que afirman que Brunelleschi construyó, de hecho, no sólo una cúpula, sino el concepto de un nuevo tipo de arquitecto: altera las reglas de la construcción civil iniciando un proceso que, gradualmente, separará al proyectista del constructor.

Un hecho a destacar en la producción de Brunelleschi es que se manifiesta más importancia en el campo de la construcción que en el del estilo. Se asimila esto cuando se observa la obra en su conjunto, percibiéndose que, a pesar de querer seguir la canonización clásica, se produce un edificio que no es completamente comprometido con dichas reglas clásicas. Esto es causado por la carencia del arquitecto de conocimiento profundo de las normas clásicas, al que accedía más por la observación de las ruinas romanas existentes que por el estudio de los tratados.

Asimismo, Brunelleschi inicia una tradición que se separa al arquitecto de los antiguos gremios medievales y cuya profesionalización es cada vez más patente en la época, afirmándose como intelectuales alejados de la construcción propiamente dicha. Muchos críticos que analizan el fenómeno desde una óptica marxista identifican aquí el momento en el que la incipiente burguesía toma de las clases populares el dominio de los medios de producción (dejando éstas de poder construir y pasarán a poder diseñar), posibilitando así un proceso de explotación del proletariado por el capital, que se recrudecerá durante la Revolución Industrial.

La catedral de Santa María del Fiore fue inicialmente ejecutada en estilo tardo-románico, pero su construcción duró varias generaciones (fue iniciada en 1296 y a la muerte de Brunelleschi, en 1446, aún no se había concluido). No fue un edificio proyectado: su diseño y su construcción se armaron de forma paralela. Aunque existía un plano general para su forma y distribución interna, los detalles constructivos, según era corriente en la práctica edificativa medieval, iban siendo resueltos a medida que avanzaba la construcción, en la propia obra. Por tanto, a pesar de que la necesidad de construir una gran cúpula sobre un determinado punto de la iglesia preexistía, la forma de la misma no había sido decidida de antemano. Cuando llegó el momento de erigirla, los artesanos florentinos se encontraron con un vano de 40 metros, imposible de cubrir con las técnicas constructivas tradicionales.

La solución encontrada en 1418, cuando la República de Florencia ya mostraba claras intenciones de manifestar su poder económico en la arquitectura de la ciudad —con lo que la catedral se convirtió, por tanto, casi en una tarjeta de visita—, fue promover una especie de concurso de ideas para la conclusión del templo, que conllevaba, claro está, la solución al problema de la cúpula. Filippo Brunelleschi, que era, en la época, un artesano relativamente reconocido, aceptó el desafío. Decidió, para ello, viajar a Roma en busca de inspiración. Roma, en ese período, era el lugar del mundo en el que las ruinas de la Antigüedad clásica eran más visibles, casi integradas en el paisaje. La principal fuente de inspiración para Brunelleschi fue el Panteón de Agripa: una estructura con un diámetro similar al de Santa María dei Fiori, rematado con una cúpula en arco pleno. Brunelleschi no sólo observó la solución constructiva utilizada en el Panteón, sino que comenzó a estudiar las relaciones estilísticas, proporcionales y formales entre los diferentes elementos que componían ese espacio. Y fue efectivamente esta actitud la que hizo que se gestara el espíritu del Renacimiento: un individuo observa una determinada realidad a través del deseo y de la intención con la que interfiere en aquella realidad antigua para buscar soluciones útiles aplicables a la realidad moderna. Brunelleschi no tenía plena conciencia de la teoría clásica, pero reconoció un modelo estilístico que usaría para construir e idear su propia arquitectura.

A su vuelta a Florencia, lleno de esa experiencia con el mundo clásico, Brunelleschi propuso una solución para la catedral florentina: una gran cúpula de 42 metros rematada por una linterna, basándose en sus pesquisas en Roma. Pero no se limitó a reproducir el modelo romano, sino que propuso una forma totalmente innovadora: su cúpula sería la primera con tambor octogonal de la historia de la arquitectura. Esta cúpula posee una función estética (bella pero austera, sin dar sensación de pesadez), pero también una función ideológica: representa la unidad cristiana. Para su construcción, Brunelleschi utilizó un juego de doble cúpula, una interna y otra externa, formadas por dos capas construidas con dos roscas de ladrillo separados por una rosca de ladrillo a perpiaño, que avanzan en forma de espiral que hace más rígido el conjunto a la vez que configura un espacio como cámara de aire que da ligereza a la cúpula, dibujando a la vez hilos directores y rematada con linterna.

Brunelleschi, por lo tanto, quedará en la Historia del Arte como el responsable de haber trazado el camino que prácticamente todos los arquitectos del Renacimiento seguirán para realizar sus obras. Como se ha dicho antes, sin embargo, el arquitecto florentino no tenía pleno conocimiento de los diferentes órdenes sistematizados en el lenguaje clásico, lo cual se pone en evidencia cuando acaba creando un lenguaje arquitectónico propio, en el que los elementos clásicos aparecen pero no responden al estilo antiguo.

Los arquitectos que siguieron este método trazado por Brunelleschi fueron sin embargo responsables de la plena recuperación del lenguaje clásico. El dominio del clasicismo se logró de hecho a lo largo del siglo XV (aunque su sistematización definitiva no llegó hasta la publicación del tratado de Sebastiano Serlio en el siglo siguiente) y encontró en Donato Bramante a su figura más paradigmática. Para entonces (especialmente después de que Alberti expusiera su teoría de la arquitectura en su tratado De re aedificatoria) ya se conocían de modo más fehaciente las formas constitutivas de las arquitecturas griega y romana como posibilidades de composición, y tanto sus soluciones concretas como la síntesis espacial propia de la arquitectura clásica eran, en general, conocidas. Así, los arquitectos renacentistas tuvieron a su disposición todo el potencial creativo que ofrecían el lenguaje y la técnica clásicas y el espíritu de su época. El lenguaje arquitectónico del Renacimiento se expresó a través, no de las copias de los clásicos, sino de su superación.

También destacaron en esta época dos arquitectos de palacios florentinos: Michelozzo (Palacio Medici Riccardi, 1444) y Bernardo Rossellino (Palacio Rucellai, 1446-1451 -sobre un diseño inicial de Alberti-); y otros en torno al núcleo veneciano, como Pietro Lombardo.

Basílica de San Lorenzo de Florencia, reforma iniciada en 1419, Filippo Brunelleschi.

Capilla Pazzi, 1441, última obra de Brunelleschi.

Fachada de Santa María Novella, Leon Battista Alberti, Florencia, 1458-1470.

Templo Malatestiano de Rímini, Alberti, hacia 1450.

Es justamente en la obra de Donato Bramante donde este espíritu se concreta de una forma más íntegra, lo que hace de él la figura que representa el paso del Quattrocento al Cinquecento, en lo que se suele denominar fase madura del Renacimiento. Bramante logró demostrar, a través de sus proyectos en palacios o iglesias, que no sólo conocía las posibilidades del lenguaje clásico, sino que también entendía las características y el ambiente de su época, ya que fue capaz de aplicar el conocimiento antiguo a una forma nueva, inédita, sobresaliente y, sobre todo, clásica. Su Tempietto o Templete de San Pietro in Montorio, en Roma (1502-1510), es prácticamente una relectura (aunque no una copia) de los templos de planta central, circulares, a su vez derivados del tholos griego, típicos de un cierto período de la arquitectura romana (por ejemplo, el Templo de Vesta, en la misma ciudad de Roma). El modesto tempietto es casi una maqueta base del gigantesco proyecto (en construcción desde 1506) de la cúpula de San Pedro, con una cúpula (42,5 metros) de dimensiones comparables a la del Panteón (43,44 metros), a la de Santa Sofía de Constantinopla (32 metros) y a la de Brunelleschi en Florencia (41 metros). Más tarde, en época barroca, el arquitecto inglés Christopher Wren haría a su vez una relectura de la obra de Bramante y Miguel Ángel, y propondría una nueva forma en la catedral de San Pablo de Londres (32 metros, 1676), y lo propio hicieron en época neoclásica Francisco Cabezas y Francesco Sabatini en San Francisco el Grande (Madrid, 33 metros, 1760-1784); demostrando la potencialidad del proceso de creación renacentista (que va de la estética de los edificios al pensamiento arquitectónico), para adaptarse a nuevos estilos en épocas posteriores.

Bramante también popularizó otra forma profundamente clásica que fue desarrollada y explorada posteriormente. Está inspirada en los arcos de triunfo romanos y fue brillante por sus características compositivas aplicadas a los proyectos de palacios y villas, piezas clave del Renacimiento en la arquitectura civil.

La principal imagen de este estilo bramantino se encuentra en las tríadas de aberturas adornadas con arcos, dos de los cuales están a la misma altura y con el central mayor, el denominado sistema de orden más arco, basado en la combinación del orden arquitectónico clásico y el arco de medio punto. Frente al problema, entonces, de conectar en una misma unidad dos entidades espacialmente similares pero de diferentes dimensiones, la solución fue emplear dos sistemas de orden más arco de diferentes dimensiones siguiendo la norma de que el extradós del arco del sistema de menor dimensión fuese tangente a la moldura inferior del entablamento del orden mayor.

La superación de los clásicos, manteniendo siempre la búsqueda del clasicismo típica del período, se dio especialmente en la medida que los arquitectos propusieron soluciones espaciales clásicas para proyectos nuevos (como en los grandes palacios, diferentes de las construcciones romanas, o en las nuevas catedrales o basílicas). Elementos como las bóvedas y las cúpulas se usaron de una forma nueva, y se emplearon los órdenes (jónico, corintio, etc.) característicos de la arquitectura de la Antigüedad.

Tribuna del Convento de Santa Maria della Grazie de Milán, Bramante.

El Tempietto o Templete de San Pietro in Montorio de Roma, Bramante.

Pórtico en la Basílica de Sant'Ambrogio de Milán, Bramante.

Cúpula de San Pedro de Roma, construida finalmente con el diseño de Miguel Ángel.

A medida que el dominio del lenguaje clásico evolucionaba, fue creciendo en los arquitectos renacentistas un cierto sentido de liberación formal de las encorsetadas reglas del clasicismo, de forma que el eventual deseo de superación (que siempre existió en mayor o menor medida) cambió de ser un elemento fundamental a ser fruto de la nueva producción de estos autores. Tal fenómeno, considerado ya como un anuncio del movimiento estético que, años más tarde, se concretaría en el Barroco, ganaría fuerza especialmente en las primeras décadas del siglo XVI. El Cinquecento fue un momento en que la intención de sistematizar el conocimiento de los cánones clásicos estaba plenamente superada, a través de los tratados de Sebastiano Serlio o Jacopo Vignola. Así, los elementos compositivos del clasicismo dejaron de usarse en edificios como experimentación "en busca de lo clásico", sino partiendo de su plena conciencia, en "busca de su innovación".

En un primer momento, se siguieron fielmente las reglas clásicas de composición, pero ampliando enormemente su ámbito de aplicación. Las reglas clásicas se aplicaron en especial en las grandes obras públicas, los grandes palacios y templos religiosos (los edificios considerados "nobles", dignos de recibir el status de arquitectura según el punto de vista clásico). Por ello, aparecieron nuevas combinaciones de elementos. Andrea Palladio fue el principal exponente de esta nueva forma de trabajar con el lenguaje clásico, como se hace patente en sus proyectos de "villas" en los alrededores de las ciudades italianas. La arquitectura de Palladio fue de tal modo peculiar y destacada con respecto a la de sus antecesores que su método de trabajo acabó creando un nuevo estilo: el palladianismo. Dicho estilo se caracteriza por la aplicación de la planta central en proyectos residenciales (como en las villas) y por un cierto tipo de ornamentación de carácter sintético (denominada arquitectura de superficie), entre otros fundamentos. El propio Palladio fue autor de un tratado bastante completo sobre arquitectura clásica, en el que expuso su modo de pensar y su perspectiva sobre esta cuestión.

El Manierismo fue el movimiento artístico producido durante el Cinquecento y cuya formación se da en las primeras décadas del siglo XVI y se extiende hasta comienzos del siglo XVII. Evidencia la intención por parte de los arquitectos, humanistas y artistas del período de un arte, que aunque en esencia siguiera al clasicismo, poseía un contenido bastante anti-clásico. En el Manierismo por lo tanto se desarrolla la innovación constructiva confrontándose con la arquitectura clásica, ya plenamente conocida.

Una vez gastado el impulso de la tratadística, que dotada de cierta homogeneidad a la arquitectura mediante la imposición de unas determinadas reglas, surgió una nueva generación de arquitectos, fuertemente individualistas, que supone de hecho un puente entre el Renacimiento y el Barroco.

La actividad arquitectónica de Miguel Ángel supuso la culminación y superación del clasicismo de la fase madura o de Bramante, y puede calificarse de más clásica en San Pedro o en el Palacio Farnese y más manierista, por ejemplo en la famosa escalera de la Biblioteca Laurenciana). De modo similar a lo que ocurrió en pintura o escultura (donde es más clara la imitación de su maniera), los arquitectos italianos de mediados del siglo XVI, algunos de ellos salidos de Roma cuando el saco y repartidos por el resto de las ciudades italianas, procuraban desafiar los cánones clásicos. Los principales exponentes de este nuevo estilo fueron, además del citado Andrea Palladio y el núcleo veneciano, Giulio Romano (Palacio del Té, Mantua, 1534), Bartolomeo Ammannati (reforma del Palacio Pitti, 1558-1570), Antonio Sangallo el Joven (Villa Farnese, Caprarola, 1559), Vasari (Galería Uffizi, Florencia, 1560-1581), o Jacopo Vignola con la Iglesia del Gesù (1568), esta sí en Roma, sede y modelo exportado de las numerosas iglesias jesuíticas de la crecientemente influyente Compañía de Jesús, cuya fachada se debe a Giacomo della Porta (1578, que inspiró posteriormente a Carlo Maderno).

En sus obras, son constantes las referencias a los elementos compositivos clásicos, pero en forma "desconstruída" y casi irónica. Convierten al interior patrones decorativos de ventanas que deberían estar colocadas en el exterior, juegan con los efectos de la ilusión óptica proporcionados por la perspectiva, a través de volúmenes dimensionados inusitadamente, etc. El mismo sentido, llevado a un extremo, tuvieron los extravagantes jardines de la Villa de las Maravillas, hoy Parco dei Mostri (Bosco Sacro di Bomarzo) en Bomarzo, en el Lacio, por el arquitecto y diseñador de jardines Pirro Ligorio.

La profundización en los caracteres propios de las construcciones manieristas supuso el germen del nacimiento del Barroco, que si superficialmente se considera como ruptura del ideal clásico propuesto por el Renacimiento, realmente constituyó la reacción al agotamiento de éste, ya anunciado por el Manierismo.

Palazzo Tè, Mantua. Giulio Romano, 1534.

Cortile (patio) del palacio Pitti, Bartolomeo Ammannati 1558-1570.

Galería de los Uffizi, Florencia, Vasari 1560-1581.

Fachada de la iglesia del Gesù. Giacomo della Porta, 1578.

El Renacimiento fue un movimiento prácticamente restringido al universo cultural italiano durante sus dos primeros siglos de evolución (entre los siglos XIV y XVI, aproximadamente), periodo durante el cual, en el resto de Europa, sobrevivían estilos arquitectónicos, en general ligados al gótico o al tardo-románico. Finalmente, en su momento de mayor auge, la estética clásica renacentista comenzó a difundirse por los diversos países europeos desde su Italia natal, debido a diferentes motivos: guerras, anexiones de territorio italiano, viajes de los artistas italianos por Europa para ser contratados por las diversas cortes, etc.

Independientemente de las razones, es cierto que la difusión se dio con más empuje, paradójicamente, por la asimilación de ciertas ideas anticlásicas forjadas en el Manierismo, estilo pujante en aquel momento (comienzos del siglo XVI). La tratadística clásica estaba ya plenamente desarrollada, de forma que los arquitectos de fuera de Italia, en general, poseían un buen dominio de las reglas compositivas clásicas y de su teorías, lo que ya les permitía tomarse ciertas licencias creativas. Es necesario destacar que existen estudiosos que no consideran al Manierismo como un movimiento ligado al Renacimiento, sino como un estilo nuevo y radicalmente opuesto a éste. De esta forma, la producción manierista de los demás países europeos puede, eventualmente, no ser considerada como una arquitectura genuinamente renacentista. En cierto sentido, es posible decir, según este punto de vista, que en estos países se combinó una producción típicamente medieval con una arquitectura post-renacentista (como en Francia).

Como las formas de difusión difieren de país a país y aunque la arquitectura producida por aquellos países sea efectivamente renacentista, existe un Renacimiento diferente para cada región de Europa, según como llegó la influencia desde Italia y el momento histórico en que vivían. En general, parece que el Renacimiento dotó de elementos nuevos a las arquitecturas medievales nacionales, siendo, en muchos casos, difícil establecer diferencias entre arquitectura gótica tardía y arquitectura renacentista, debido a que se construyó basándose en la combinación de ambas estéticas.

Francia fue el primer país en acoger con entusiasmo el estilo renacentista. El Renacimiento llegó a finales del siglo XV, cuando Carlos VIII regresó en 1496 con algunos artistas italianos tras la conquista de Nápoles. Es destacable el uso de dicho estilo en los castillos del Valle del Loira, cuya primera construcción fue el Castillo de Amboise (c. 1405), donde Leonardo da Vinci pasó sus últimos años. El estilo comenzó a ser predominante durante el reinado de Francisco I (1515-1547). El Castillo de Chambord (1519-1536) es una combinación de estructura gótica y ornamentación italianizante, un estilo que desarrollaron arquitectos como Sebastiano Serlio, que también trabajó después de 1540 en el Castillo de Fontainebleau. Allí, artistas italianos como Rosso Fiorentino, Francesco Primaticcio, y Niccolò dell'Abbate formaron la primera Escuela de Fontainebleau. Otros arquitectos, como Philibert Delorme, Jacques Androuet du Cerceau, Jacopo Vignola o Pierre Lescot, también se inspiraron en las nuevas ideas. Otro ejemplo es la fachada interior sudoeste del Palacio del Louvre en París, que fue diseñada por Lescot y cubierta por relieves de Jean Goujon. La arquitectura renacentista aún siguió creciendo con fuerza bajo los reinados de Enrique II y Enrique III.

En España, el Renacimiento comenzó a insertarse en las formas góticas en las últimas décadas del siglo XV. El desarrollo del Renacimiento se produjo principalmente por arquitectos locales. De esta manera, se creó una corriente puramente española del estilo, que se vio influenciada por la arquitectura del sur de Italia (dominios de la Corona de Aragón en esa época). Este estilo español llamado plateresco, combinaba las nuevas ideas italianas con la tradición gótica española, así como la idiosincrasia local. El nombre proviene de las extremadamente decoradas fachadas de estos edificios, que se asimilaban al intrincado y detallista trabajo de los plateros.

Con el paso de las décadas, la influencia del Gótico fue desapareciendo, llegándose a alcanzar un estilo más depurado y ortodoxo, desde el punto de vista del Renacimiento. El purismo se caracteriza por una mayor austeridad decorativa, que se limita a algunos elementos concretos, generalmente de inspiración clásica. Hay un cierto cansancio de la exuberancia decorativa a mitad del siglo XVI y se imponen los edificios de aspecto más sereno, armónico y equilibrado. Algunos arquitectos consiguen reciclar su producción tardo-gótica para iniciarse en este nuevo estilo: tal es el caso, por ejemplo, de Alonso de Covarrubias, Rodrigo Gil de Hontañón y Pedro de Ibarra. El centro de la producción renacentista se localizó en Andalucía con Diego de Siloé (fachada de la Catedral de Granada y Sacra Capilla del Salvador de Úbeda); Pedro Machuca (Palacio de Carlos V en Granada), el arquitecto más decididamente clásico; Andrés de Vandelvira (Catedral de Jaén y de Baeza) y Diego de Riaño (Ayuntamiento de Sevilla).

A mitad del siglo XVI, la iniciación del Monasterio de San Lorenzo del Escorial como símbolo del poder de Felipe II de España por Juan Bautista de Toledo (fallecido en1567) y Juan de Herrera supuso la aparición de un nuevo estilo, que se caracteriza por el predominio de los elementos constructivos, la ausencia decorativa, las líneas rectas y los volúmenes cúbicos. Significa además la introducción de los postulados manieristas provenientes de Italia.

Este estilo bautizado posteriormente como estilo herreriano en honor de la figura indiscutible de Juan de Herrera, dominó la arquitectura española durante casi un siglo, y entre sus seguidores se encuentran figuras tan relevantes como Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora o Juan Gómez de Trasmonte.

En todos los casos, los conceptos de la arquitectura y urbanismo de España en el Renacimiento, fueron llevados a las colonias de América, dónde encontró campo fértil para su difusión dada la urbanización extensiva que se dio a lo largo de tres siglos y que recibió, también, a estilos posteriores como el Barroco y el Neoclásico.

En Portugal, el estilo manuelino aunó los elementos renacentistas a las edificaciones góticas, y es considerado por algunos historiadores como la contribución portuguesa al Renacimiento, aunque su estética es muy distante del clasicismo (objetivamente debe insertarse en el tardo-gótico). Ejemplos de la arquitectura renacentista portuguesa son la Catedral de Leiria y de Portalegre, el Colegio jesuita de Évora y la Iglesia de San Roque de Lisboa.

La lejanía de esta zona con respecto a Italia diluyó la influencia del Renacimiento, pero existen valiosos ejemplos de edificaciones que combinan elementos renacentistas con la tradición arquitectónica local. En Hungría, ya antes de la segunda mitad del siglo XV se construyeron casas de estilo italiano. El rey húngaro Matías Corvino contrató a constructores y escultores italianos, uno de los cuales, Aristóteles Fioravanti, viajó de Hungría a Moscú para levantar la Catedral de la Asunción en el Kremlin. Bajo el reinado de Luis II de Hungría y Bohemia, se construyó la Capilla Bakócz de la Catedral de Esztergom, ejemplo de decoración renacentista. Otras obras influidas por el Renacimiento en Europa oriental son el Castillo de Wawel y la Capilla de Segismundo en Cracovia, la ciudad polaca de Zamość, el Palacio Real y las Iglesias de San Miguel y San Esteban de Vilna, en Lituania, la localidad de Telč o el Castillo de Český Krumlov en la República Checa.

En Inglaterra el primer exponente de la Arquitectura renacentista fue Iñigo Jones (1573-1652), que había estudiado en Italia, donde la influencia de Palladio estaba muy extendida. Cuando Jones regresó a su país, comenzó con entusiasmo a construir basándose en el nuevo movimiento y diseñó edificios como la Queen's House de Greenwich (1616) y la Casa del Banquete del Palacio de Whitehall (1619). Estas construcciones de líneas sencillas y simetría fueron revolucionarias en un país donde aún se diseñaban edificios con ventanas partidas, almohadillado y torrecillas.

Hatfield House fue mandada a construir en su totalidad por Robert Cecil, primer conde de Salisbury, entre 1607 y 1611, y es el ejemplo perfecto de la arquitectura de transición entre el estilo Tudor y el Renacimiento. El edificio conjuga un ala Tudor, con ventanales con parteluz y tejado almenado y dos alas claramente influenciada por las fachadas de los palazzos italianos. Su fachada central, originariamente en forma de logia abierta, había sido atribuida a Iñigo Jones, aunque el porche central de estilo jacobino, hace probablemente falsa esta atribución. Dentro, la elaborada escalera tallada muestra la influencia italiana en la ornamentación inglesa.

La obra de Jones fue seguida por maestros como Christopher Wren con su diseño de la Catedral de Saint Paul de Londres y de muchos edificios públicos e iglesias londinenses que se construyeron tras el Gran Incendio de Londres, en 1666. La devastación de la ciudad fue una oportunidad única para una nueva generación de arquitectos seguidores de la arquitectura clásica, que construyeron a una escala superior a la que nunca probablemente se había construido en una ciudad. Sin embargo, a estas alturas el estilo italianizante importado por Iñigo Jones ya estaba fusionado por el Barroco.

Posteriores arquitectos, como el veneciano Giacomo Leoni, durante el siglo siguiente, adaptaron y modificaron el estilo para ajustarlo al paisaje y gusto inglés, conservándose el gusto por la influencia italiana en los edificios. Lyme Hall en Cheshire es un ejemplo soberbio de esta tendencia.

La influencia de la arquitectura renacentista italiana pervivió en especial en el ámbito anglosajón, a consecuencia del Palladianismo, forma de interpretación peculiar de la arquitectura de Palladio, que mantedría el clasicismo hasta la llegada de estilos más modernos como el Neoclasicismo. Durante el siglo XIX, surge con el Historicismo, un renacer neorrenacentista especialmente importante en el Reino Unido y Norteamérica.

Al principio



Renacimiento italiano

Retrato de Lorenzo el Magnífico, uno de los principales mecenas del Renacimiento

El Renacimiento italiano inició en la era del Renacimiento, un período de grandes logros y cambios culturales en Italia que se extendió desde finales del siglo XIV hasta alrededor de 1600, constituyendo la transición entre el Medievo y Europa moderna.

Aunque los orígenes del movimiento confinado principalmente a la cultura literaria, el esfuerzo intelectual y el mecenazgo pueden rastrearse hasta inicios del Siglo XIV. muchos aspectos de la cultura italiana permanecían en su estado medieval y el Renacimiento no se desarrolló totalmente hasta fin de siglo.

La palabra Renacimiento (Rinascimento en italiano) tiene un significado explícito, que representa el renovado interés del período en la cultura de la antigüedad clásica, luego de lo que allí mismo se etiquetó como la "edad oscura" . Estos cambios, aunque significativos, estuvieron concentrados en las clases altas, y para la gran mayoría de la población la vida cambió poco en relación a la Edad Media.

El renacimiento italiano comenzó en Toscana, con epicentro en las ciudades de Florencia y Siena. Luego tuvo un importante impacto en Roma, que fue ornamentada con algunos edificios en el estilo antiguo, y después fuertemente reconstruída por los papas del siglo XVI. La cumbre del movimiento se dio a fines del siglo XV, mientras los invasores extranjeros sumían a la región en el caos. Sin embargo, las ideas e ideales del renacimiento se difundieron por el resto de Europa, posibilitando el Renacimiento nórdico, centrado en Fontainebleau y Amberes, y el renacimiento inglés.

El renacimiento italiano es bien conocido por sus logros culturales. Esto incluye creaciones literarias con escritores como Petrarca, Castiglione, y Maquiavelo, obras de arte de Miguel Angel y Leonardo da Vinci, y grandes obras de arquitectura, como la Iglesia de Santa María del Fiore en Florencia y la Basílica de San Pedro en Roma.

Al mismo tiempo, los historiadores actuales ven también allí una época de regresión económica y de poco progreso científico, que tuvo su desarrollo principal en la cultura protestante del siglo XVII.

Para finales de la edad media, el centro y sur de Italia, que había sido el corazón del Imperio romano, era más pobre que el norte. Roma era una ciudad llena de ruinas, y los estados papales constituían una región pobremente administrada, con poco orden y legalidad. En parte a causa de ello, el papado se había trasladado a Aviñón, un enclave católico en Francia. Nápoles, Sicilia y Cerdeña estaban bajo dominación extranjera. Las principales rutas de comercio con oriente pasaban a través del Imperio Bizantino o las tierras árabes, y desde entonces por los puertos de Venecia, Pisa y Génova. Los artículos de lujo comprados en oriente, por ejemplo especias, tintes, y sedas se importaban a estos estados italianos, para luego ser revendidas a toda Europa.

Además, las ciudades-estado del interior se beneficiaban con la rica tierra de cultivo del valle del Po. Desde Francia, Alemania y los Países Bajos, a través de rutas terrestres y fluviales, se compraban en esta región artículos como lana, trigo y metales preciosos. El comercio generalizado, extendido desde Egipto hasta la región báltica, generaba ganancias sustanciales, que permitieron inversiones significativas en minería y agricultura. De esta forma, aunque el norte de Italia no era más rico en recursos que otras regiones europeas, el nivel de desarrollo estimulado por el comercio le permitió prosperar.

Florencia se convirtió en una de las ciudades más ricas del norte italiano, debido principalmente a su producción textil de lanas, bajo la supervisión de su dominante cofradía, el "Arte della lana" .La lana era importada del norte de Europa (en el Siglo XVI desde España), y los tintes de oriente para producir textiles de alta calidad .

Las rutas comerciales italianas, que cubrían el Mediterráneo y más allá, fueron también vías de importancia para la cultura y el conocimiento. En los tiempos medievales, las obras que corporizaban el conocimiento clásico de los griegos se habían difundido lentamente por Europa, a través de tratados y traducciones árabes desde Toledo y Palermo. Las Cruzadas pusieron a muchos europeos en contacto con el conocimiento clásico, preservado por los árabes, pero más importante en este aspecto fue la reconquista española del siglo XV y la traducción resultante de literatura árabe por los arabistas de la Escuela de Salamanca. Desde Egipto y oriente, los científicos, filósofos y matemáticos del pensamiento árabe entraron al norte de Italia. Expandiendo los estudios lingüisticos del renacimiento, llegaron desde Constantinopla - después de su captura por fuerzas otomanas en 1453 - los textos griegos y los estudiosos que enseñaron a los italianos a leerlos en renovadas academias en Venecia y Florencia.

Los estudiosos humanistas buscaron manuscritos antiguos en las bibliotecas monásticas, y recuperaron a Tácito y a otros autores latinos. Con el redescubrimiento de Vitruvio, los principios arquitectónicos de la antigüedad pudieron observarse una vez más, y los artistas del renacimiento se vieron animados, en la atmósfera del humanismo, a exaltar a los antiguos, como Apeles, o a quien pudieran leer y conocer a través de los textos recuperados.

En el Siglo XIII, Europa en general experimentaba una expansión económica. Las rutas comerciales de los estados italianos conectaban con todos los puertos del Mediterráneo e incluso con la Liga Hanseática del Báltico y regiones boreales del continente para crear una economía europea unificada por primera vez desde el Siglo III. Las ciudades-estado italianas se expandieron fuertemente, y crecieron en poder para convertirse de hecho en independientes del Sacro Imperio Romano. Durante este período, la moderna infraestructura comercial desarrolló, con asociaciones comerciales, un sistema bancario internacional, un mercado de intercambio sistematizado, seguros, y deudas estatales. Florencia se convirtió en el centro de esta industria financiera y el oro (florín) en la moneda principal del comercio internacional.

Nació una nueva clase gobernante comercial, que ganó posiciones a través de su habilidad financiera, adaptando para sus propios fines el modelo aristocrático feudal que había dominado a Europa en la edad media. Una característica de la alta edad media en el norte de Italia fue el surgimiento de comunas urbanas que evadieron el control de obispos o condes locales. En casi toda la región la nobleza propietaria de tierras era considerablemente más pobre que los patriarcas urbanos en la economía monetaria de fines del medioevo, cuyo crecimiento inflacionario llevó a la ruina a muchos terratenientes. El incremento del comercio durante el renacimiento temprano realzó este fenómeno.

La declinación del feudalismo y el surgimiento de ciudades produjo efectos interrelacionados: Por ejemplo, la demanda de artículos de lujo generó un aumento del comercio, que a su vez produjo un mayor número de comerciantes ricos, que por lo tanto demandaban más artículos de lujo. Este cambio dio a los comerciantes casi un completo control sobre el gobierno de las ciudades-estado italianas, de nuevo realzando el comercio. Una de las consecuencias más importantes de este control fue la seguridad. Los que eran muy ricos en un estado feudal corrían el riesgo constante de perder la confianza de la monarquía que podía confiscarle sus tierras .Así mismo los estados del norte mantenían muchas leyes medievales que condicionaban severamente al comercio, como aquellas contra la usura, o las que prohibían comerciar con no cristianos. En las ciudades-estado de Italia estas leyes fueron anuladas o modificadas.

Durante el siglo XIV se produjeron una serie de catástrofes que causaron la recesión de la economía europea. El clima cálido del medioevo iba transformándose en una pequeña edad del hielo. Este cambio climático produjo una significativa declinación de la agricultura, llevando a repetidas hambrunas, exacerbadas por el rápido crecimiento poblacional. La Guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia interrumpió el comercio a través del noroeste Europeo, notoriamente cuando, en 1345, el rey Eduardo III de Inglaterra rechazó sus deudas, produciendo el colapso de los dos más grandes bancos de Florencia, el de los Bardi y el de los Peruzzi. En oriente, la guerra también interrumpió las rutas comerciales, cuando el Imperio Otomano comenzó a expandirse por la región. Más desvastadora aún, fue la Peste negra, que diezmó la población de las densamente pobladas ciudades del norte de Italia entre 1347 y 1351, golpeando posteriormente en varias oportunidades. La población de Florencia, por ejemplo, cayó de 90.000 a 50.000 habitantes. Siguieron amplios desórdenes, incluyendo la revuelta de los trabajadores textiles de Florencia, los "ciompi" en 1378.

Fue durante este período de inestabilidad que vivieron las primeras figuras del renacimiento, como Dante y Petrarca, y cuando se crearon las primeras conmovedoras obras de arte renacentistas, en el primer cuarto del siglo XIV, notablemente en el realismo de Giotto. Paradójicamente, algunos de estos desastres ayudaron a establecer el renacimiento. La peste negra eliminó a un tercio de la población europea, y la nueva y más pequeña población pudo tener más riqueza, estar mejor alimentada, e -incluso - disponer de excedentes de dinero para gastar en artículos de lujo como obras artísticas o de arquitectura. Como el flagelo de la peste bubónica comenzó a declinar a principios del siglo XV, la desvastada población de Europa comenzó a crecer nuevamente.

Esta nueva demanda de productos y servicios, y el reducido número de personas capaz de proveerlos, puso a la clase baja en una posición más favorable. Además, esta demanda ayudó al crecimiento de los banqueros, mercaderes, y artesanos hábiles. Los horrores de la peste negra y la aparente incapacidad de la iglesia católica para proveer alivio, contribuiría a la declinación de la influencia eclesiástica, otra de las características del renacimiento.También la quiebra de los bancos de las familias Bardi y Peruzzi abrió las puertas para el florecimiento de los Médici en Florencia. Se ha argumentado que el colapso económico fue una causa crucial del renacimiento. De acuedo con este punto de vista, en un período más próspero los hombres de negocios habrían rápidamente reinvertido sus ganancias con el objeto de producir más dinero en un clima favorable para las inversiones. En cambio, en los años malos del siglo XIV, los ricos encontraban pocas posibilidades de inversiones promisorias para sus ganancias, y en consecuencia eligieron gastar más en arte y cultura.

Otra explicación popular para el renacimiento italiano es la tesis de Hans Baron, que postula como causa del ímpetu primario del Renacimiento a la larga serie de guerras entre Florencia y Milán . A fines del siglo XIV, Milán era una monarquía centralizada bajo el control de la familia Visconti. Gian Galeazzo Visconti, que gobernó la ciudad entre 1378 y 1402 alcanzó renombre por su habilidad para construír un imperio en el norte de Italia, y -al mismo tiempo- por su crueldad. Dirigió una larga serie de guerras con el fin de conquistar a los estados vecinos y derrotar a las varias coaliciones lideradas por Florencia, que trató en vano de detener su avance. Estos intentos culminaron en 1402 con el sitio de Florencia, que hubieran producido el colapso de la ciudad, a no ser por la súbita muerte de Gian Galeazzo y la consecuente caída de su imperio.

La tesis de Baron sugiere que durante estas largas batallas, los líderes florentinos buscaron apoyo popular presentando la guerra como una opción entre la república libre y la monarquía despótica, entre los ideales de las repúblicas griega y romana y aquellos del imperio romano o de los reinos medievales. Para Baron, la figura más importante en proponer esta ideología fue Leonardo Bruni. Baron arguye que este tiempo de crisis en Florencia fue el periodo en que aparecieron los principales generadores del renacimiento temprano, como Ghiberti, Donatello, Masolino, y Brunelleschi, y que todos ellos tenían asumida esta ideología republicana. Estas y otras figuras, según Baron, impulsaron luego ideas republicanas que tendrían un enorme impacto en el renacimiento. .

El norte de Italia se dividió en un número de ciudades-estado guerreras, de las cuales las más poderosas eran Milán, Florencia, Pisa, Siena, Génova, Ferrara y Venecia. Por otro lado, durante el alto medioevo se dieron largas luchas de supremacía entre las fuerzas del papado y del Sacro Imperio Romano Germánico, en que cada ciudad se alineaba con una u otra facción, y aún mostraba luchas internas entre los partidarios de ambos bandos .

La guerra entre las ciudades-estado fue generalizada, mientras que las invasiones extranjeras estuvieron limitadas a intentos intermitentes de los emperadores del sacro imperio. Desde este trasfondo se desarrolló la política del renacimiento. Desde el siglo XIII, a causa de que los ejércitos se componían mayormente de mercenarios, las ciudades-estado prósperas podían desplegar fuerzas considerables, a pesar de su baja población. En el curso del siglo XV, las ciudades más poderosas anexaron a sus vecinas. Florencia ocupó Pisa en 1406, Venecia invadió Padua y Verona, mientras que el Ducado de Milán anexó áreas circundantes que incluían a Pavia y Parma.

Los inicios del Renacimiento mostraron un casi constante estado bélico en mar y tierra, mientras las ciudades competían por la preminencia. En tierra, las batallas eran libradas principalmente por mercenarios conocidos como condottieri, bandas de soldados venidos de toda Europa, pero especialmente de Alemania y de Suiza, generalmente liderados por capitanes italianos. Los mercenarios no deseaban poner excesivamente en riesgo sus vidas, y la guerra se convirtió en una interminable serie de sitios y maniobras, con ocasionales batallas de poco fragor.También interesaba a los mercenarios de ambos bandos prolongar el conflicto, a fin de permanecer bajo sueldo. Eran una constante amenaza para sus patrones, ya que ante una eventual falta de pago, muy a menudo se volvían contra su propio empleador. Resultó obvio que, si un estado dependía enteramente de sus mercenarios, estos estarían tentados a hacerse del poder, posibilidad que sucedió de hecho en varias ocasiones.

En el mar, las ciudades enviaron muchas flotas a la guerra. Los principales contricantes eran Pisa, Genova y Venecia, pero después de un largo conflicto, los genoveses lograron vencer a Pisa. Venecia demostró ser un adversario más poderoso, y a pesar de una relativa igualdad inicial, la flota genovesa fue destruida en la batalla de Chioggia, en la boca de la laguna veneciana, en 1380. A partir de allí Venecia tuvo la supremacía marítima. Como los territorios venecianos en el Egeo se fueron perdiendo uno a uno en manos de los turcos, y el Mar Negro quedó cerrado para el comercio, los intereses de Venecia retornaron a "tierra firme", paralelamente al inicio del renacimiento veneciano.

Décadas de lucha terrestre hicieron emerger a Florencia y Milán como los contendientes principales, y estos dos poderes finalmente dejaron de lado sus diferencias y firmaron la Paz de Lodi en 1454, trayendo relativa calma a la región por primera vez en siglos. Esta paz se mantendría por los próximos cuarenta años, y la hegemónia de Venecia en el mar permitió también allí una paz sin precedentes por prácticamente el resto del Siglo XV.

A principios del siglo XV, aventureros y comerciantes como Niccolo dei Conti (1395–†1469), navegaron hasta sitios tan lejanos como el sudeste asiático, y regresaron trayendo conocimientos de primera mano sobre la situación mundial, presagiando los futuros viajes europeos de exploración y conquista.

A fines del siglo XIV, la familia dirigente de Florencia eran los Albizzi. Sus principales oponentes eran los Médicis, primero con Juan de Médicis, y luego su hijo Cosme. Los Médicis controlaban el mayor banco de Europa, y un amplio rango de negocios en Florencia y otros lugares. En 1433, los Albizzi manipularon el exilio de Cosme. Al año siguiente, sin embargo, se eligió una Signoria favorable a los Médicis y Cosme pudo retornar. Los Médicis pasaron a ser la familia gobernante, posición que mantendrían por los siguientes tres siglos. La ciudad era una república hasta 1537, fecha que tradicionalmente marca el fin del alto renacimiento en Florencia, pero los instrumentos del gobierno republicano estaban firmemente bajo control de los Médicis y sus aliados, excepto durante breves intervalos después de 1494 y 1527. Cosme y Lorenzo sólo excepcionalmente tuvieron cargos oficiales, pero eran los líderes incuestionables.

Cosme de Médicis fue altamente popular entre los ciudadanos, en especial por traer un período de estabilidad y prosperidad a la ciudad. Uno de sus logros más importantes fue negociar la Paz de Lodi con Francesco Sforza, dando punto final a décadas de guerra contra Milán, y estabilizando casi todo el norte de Italia. Cosme fue así mismo un importante mecenas artístico, tanto en forma directa como indirectamente por el ejemplo que daba en tal sentido.

Cosme fue sucedido por su enfermizo hijo, Pedro, quien murió luego de estar cinco años al mando de la ciudad. En 1469 las riendas del poder pasaron al nieto de Cosme, de veintiún años de edad, Lorenzo, que sería conocido como "Lorenzo el Magnífico". Fue el primero de su familia en ser educado desde edad temprana en la tradición humanística y es reconocido como uno de los más importantes mecenas del renacimiento. Bajo Lorenzo, el gobierno de los Médicis se formalizó a través de la creación de un nuevo Consejo de los Setenta, que él mismo presidía. Las instituciones republicanas continuaron, pero perdieron todo su poder. Lorenzo fue menos exitoso en los negocios que sus antecesores, y el imperio comercial de la familia se fue erosionando lentamente. Continuó la alianza con Milán, pero las relaciones con el papado empeoraron, hasta que en 1478, agentes papales aliados con la familia Pazzi intentaron asesinarlo. Aunque el intento falló, resultó muerto su hermano menor Juliano, y la situación condujo a una guerra contra el papado, además de servir de justificación para centralizar aún más el poder en manos de Lorenzo.

Una de las poesías más conocidas de Lorenzo el Magnífico, Quant'e bella giovinezza muestra con fuerza el espíritu renacentista de resaltar y aprovechar el momento actual, en oposición a la promesa futura de una vida eterna, que la filosofía medieval, con base religiosa, promovía como forma de soslayar o soportar las penurias de esta vida.

Los ideales del renacimiento se difundieron primero desde Florencia hacia los estados vecinos de Toscana, como Siena y Lucca. La cultura toscana pronto se convirtió en el modelo de todos los estados del norte italiano, predominando en la región especialmente en lo concerniente a la literatura. En 1447 Francesco Sforza subió al poder en Milán, y transformó rápidamente la todavía ciudad medieval en un centro de del arte y del conocimiento bajo la influencia de Leone Battista Alberti. Venecia, una de las ciudades más ricas debido a su control del mar Mediterráneo, también se convirtió en un centro de la cultura del renacimiento, especialmente en el campo de la arquitectura. Las ciudades más pequeñas copiaron el modelo de mecenazgo, desarrollando sus artes características: Ferrara, Mantua bajo los Gonzaga, Urbino bajo Federico da Montefeltro. En Nápoles el renacimiento se desarrolló bajo el patronazgo de Alfonso I que conquistó enteramente la ciudad en 1443, y protegió a artistas como Francesco Laurana y Antonello da Messina, escritores como el poeta Jacopo Sannazzaro, y al estudioso humanista Angelo Poliziano.

En 1378 el papado había vuelto a Roma, pero la alguna vez ciudad imperial permaneció pobre y casi totalmente en ruinas durante los primeros años el Renacimiento. La gran transformación comenzó bajo el Papa Nicolás V, elegido pontífice en 1447. Inició un dramático esfuerzo de reconstrucción que renovaría gran parte de la ciudad. El estudioso humanista Aeneas Silvius Piccolomini se convirtió en 1458 en Papa bajo el nombre de Pío II. Como el control del papado cayó bajo el control de las ricas familias del norte, como los Médicis y los Borgia, el espíritu del arte y la filosofía del renacimiento dominó al Vaticano. El Papa Sixto IV continuó el trabajo de Nicolás V, ordenando la construcción de la Capilla Sixtina. Los papas también comenzaron a inctrementar la normativa secular de los estados papales, lo que llevó a un poder centralizado a través de varios "papas guerreros".

La naturaleza del renacimiento cambió a finales del siglo XV. Sus ideales habían sido totalmente adoptados por la clase gobernante y la aristocracia. En el renacimiento temprano los artistas eran todavía vistos como artesanos con poco prestigio o reconocimiento. Al inicio del siglo XVI los principales artistas ganaron gran influencia y podían recibir gran fortuna. Se desarrolló un floreciente comercio artístico. Mientras que en el renacimiento temprano la mayoría de los principales artistas eran de clase media o baja, cada vez con más frecuencia devinieron en aristócratas.

Como movimiento cultural, el renacimiento italiano afectó sólo a una pequeña porción de la población. El norte de Italia era la región más urbanizada de Europa, pero tres cuartos de los habitantes eran campesinos. Para este sector de la población la vida se había mantenido sin cambios en relación a la Edad Media. El feudalismo clásico nunca había sido importante allí, con los campesinos mayormente trabajando en granjas privadas o como minifundistas. Algunos estudiosos ven una tendencia a la refeudalización en el renacimiento tardío cuando las elites urbanas se convierten en aristócratas de la tierra.

En las ciudades la situación era bastante distinta. Estaban dominadas por una elite comercial, que era tan excluyente como la aristocracia de cualquier reino medieval.Fue este grupo el que lideró la atención en la cultura renacentista. Bajo ellos había una gran clase de artesanos y miembros de gremios que vivían vidas confortables y tenían un poder significativo en los gobiernos republicanos.Esto estaba en agudo contraste con el resto de Europa donde los artesanos no superaban las clases bajas. Educados y cultos, los artesanos italianos participaban en la cultura renacentista. La mayor porción de la población urbana eran los pobres constituidos mayormente por trabajadores medianamente calificados y por desempleados. Igual que con los campesinos, el renacimiento tuvo en ellos poco efecto. Los historiadores debaten cuán fácilmente podrían escalar socialmente los pobres durante el renacimiento italiano. Pueden hallarse ejemplos de individuos que surgieron de orígenes humildes, pero Burke hace notar que los dos principales estudios en esta área demostraron que el renacimiento no contribuyó a la movilidad social. La mayoría de los investigadores piensan que en las primeras etapas del renacimiento la movilidad fue bastante alta, pero se fue perdiendo en el transcurso del siglo XV. La inequidad social era significativa. Una persona de la clase alta tenía ingresos cientos de veces mayores a los de un sirviente o un trabajador. También se considera que -en algunos aspectos- esta desigualdad favoreció el desarrollo propio del renacimiento, debido a que la gran riqueza de algunos permitió el desarrollo del mecenazgo.

El fin del renacimiento resulta tan impreciso como su inicio. Para muchos, la llegada al poder en Florencia del austero monje Girolamo Savonarola en 1497 marca el fin del florecimiento de la ciudad. Para otros, el retorno triunfante de los Médicis representa el comienzo de la etapa artística tardía denominada manierismo. Savonarola alcanza el poder durante un retroceso generalizado contra el secularismo y la indulgencia del renacimiento - su corto gobierno promovió que muchas obras de arte fueran destruidas en la "Hoguera de las vanidades" en el centro de Florencia. Con los Medicis de nuevo en el poder, ahora como grandes duques de Toscana, la contrarreforma en las iglesias continuó. En 1542 se fundó la Inquisición y pocos años después se creó el Index Librorum Prohibitorum, excluyendo un gran conjunto de obras literarias renacentistas.

También resultó importante el fin de la estabilidad, mediante una serie de invasiones extranjeras, conocidas como las Guerras italianas, que continuaron por varias décadas. Comenzaron en 1494 con la invasión francesa que devastó el norte de Italia y puso fin a la independencia de muchas ciudades-estado. Más dañino fue el saqueo de Roma, el 6 de mayo de 1527, a cargo de tropas alemanas y españolas, que interrumpió por dos décadas el rol del papado como el principal mecenas de arte y arquitectura del renacimiento.

Mientras el renacimiento italiano se diluía, el renacimiento nórdico adoptaba muchos de sus ideales y transformaba sus estilos.

Muchos grandes artistas italianos eligieron emigrar. El ejemplo más notable fue Leonardo da Vinci, quien se trasladó a Francia en 1516, pero equipos de artistas menores invitados a transformar el castillo de Fontainebleau, crearon la escuela del mismo nombre, que difundió el estilo del renacimiento italiano en Francia. Desde Fontainebleau los nuevos estilos, transformados por el manierismo, llevaron el renacimiento a Amberes, y de allí a todo el norte de Europa.

Esta difusión nórdica fue también representativa de una tendencia mayor. Las rutas mediterráneas dejaron de ser las principales en el comercio europeo. En 1498 Vasco da Gama alcanzó la India , y a partir de allí la ruta primaria de artículos de oriente pasó por los puertos atlánticos de Lisboa, Sevilla, Nantes, Bristol y Londres. Tales regiones rápidamente superaron a Italia en riqueza y poder.

La revolución de la literatura italiana en el siglo XIII ayudó a establecer el escenario del renacimiento. Antes del renacimiento el lenguaje literario en Italia no era el idioma italiano. Fue a partir del siglo XIII que los autores italianos comenzaron a escribir en su lengua nativa en lugar de latín, francés o provenzal. Alrededor de 1250 se produjo un cambio importante en la poesía italiana cuando el "Dolce Stil Novo"' enfatizó el amor platónico en lugar del amor cortesano, con escritores como Guittone d'Arezzo y Guido Guinizelli. Especialmente en poesía, los principales cambios tuvieron lugar en Italia décadas antes que se iniciara realmente el renacimiento.

Con la impresión de libros iniciada en Venecia por Aldo Manucio, comenzaron a publicarse en Italiano vernáculo un creciente número de obras, además de los textos griegos y latinos que constituyeron la corriente principal del renacimiento italiano. La fuente de estos libros se expandió más allá de teología hasta las eras pre-cristianas del Imperio romano y la antigua Grecia. No quiere decir esto que no se publicaran trabajos religiosos en este período: La divina comedia del Dante refleja una cosmovisión medieval paradigmática. La cristiandad permaneció como influencia principal para artistas y autores, con los clásicos como segunda temática.

En los inicios del renacimiento italiano, la atención principal estuvo puesta en el estudio y traducción de las obras clásicas del latín y el griego. Los escritores no se contentaron sin embargo con dormir en los laureles de los autores antiguos. Muchos intentaron integrar los métodos y estilos de los antiguos en sus propias obras. Entre los romanos más copiados estaban Cicerón, Horacio, Salustio y Virgilio. Entre los griegos, a Aristóteles, Homero y Platón, aunque en estos casos la influencia directa fue menor, ya que las obras no fueron conocidas en su idioma original hasta ya entrado el siglo XIV.

La literatura y poesía del renacimiento fue también muy influenciada por las ciencias tecnológicas y la filosofía. El humanista Francesco Petrarca, figura clave en el renovado sentido de la investigación, fue también un exitoso poeta que publicó varias importantes obras en tal género.Escribió poesía en latín, entre las que destacan la epopeya de las guerras púnicas , y una colección de sonetos de amor titulada "Canzoniere", dedicada a su amor no correspondido, Laura.Fue el escritor de sonetos italianos más famoso, y las traducciones de su obra al inglés por parte de Thomas Wyatt, difundieron la forma literaria en Inglaterra, donde fue empleada por William Shakespeare e innumerables otros poetas.

Giovanni Boccaccio, discípulo de Petrarca, se convirtió en un reconocido escritor por sus propios méritos. Su obra principal, el Decamerón es una colección de 100 cuentos contados por 10 narradores que escaparon a los suburbios de Florencia para escapar de la peste negra durante 10 noches. Ha sido una fuente de inspiración para muchos autores renacentistas, incluyendo a Geoffrey Chaucer y William Shakespeare.

Aparte de la cristiandad, la antigüedad clásica y la erudición, una cuarta influencia sobre la literatura del renacimiento fue sin duda la política. Las obras más famosas del filósofo político Nicolás Maquiavelo fueron su "Historia de Florencia" y "El Príncipe", tan conocido en la sociedad occidental que el término "maquiavélico" es sinónimo del pragmatismo político invocado por el libro. Sin embargo, la mayoría de los expertos argumentan que Maquiavelo en realidad no compartía las tácticas expuestas a veces sarcásticamente en su libro, con lo que "maquiavélico" resulta un término inapropiado. De cualquier forma, El Príncipe, junto con varias otros libros renacentistas, permanece como una influyente obra literaria hasta nuestros días.

Uno de los roles de Petrarca fue como fundador de un nuevo método de estudio, el humanismo renacentista. El humanismo es una filosofía optimista que vé al hombre como un ser sensible y racional, con la habilidad de pensar y decidir por sí mismo.Esto significó una oposición a la visión de la iglesia católica que presentaba al espíritu como única realidad absoluta, luego transformada en una ideología mística. El humanismo vé al hombre como inherentemente bueno por naturaleza, en contraste con la visión cristiana del pecado original que debe ser redimido. Esto provocó un fuerte debate sobre la naturaleza de la realidad y ayudó a la comprensión de la historia más allá de la historia cristiana.

Petrarca promovió el estudio de los clásicos latinos y llevaba consigo su copia de Homero aunque sea para encontrar alguien que le enseñara a leer griego. Un paso esencial en la educación humanística fue propuesta por estudiosos como Pico della Mirandola al buscar cantidades de manuscritos olvidados, conocidos sólo por su reputación. Este esfuerzo fue sostenido en gran parte por la riqueza de los patricios italianos, príncipes mercaderes y déspotas, que invirtieron sumas sustanciales en la construcción de bibliotecas. Se puso de moda descubrir el pasado, una búsqueda apasionada que se convirtió en uno de los más altos objetivos sociales. "Voy", dijo Ciríaco de Ancona, "Voy a despertar a la muerte".

Cuando se consiguieron las obras griegas, se encontraron los manuscritos, se organizaron bibliotecas y museos, la prensa escrita estaba naciendo. Las obras de la antigüedad fueron traducidas del griego y el latín a los modernos lenguajes de toda Europa, y encontraron una clase media receptiva, que existía, como Shakespeare, "con poco latín y menos griego".

Mientras que lo relativo a la filosofía, arte y literatura se desarrolló fuertemente en el renacimiento, la época es usualmente vista como un retroceso en los temas científicos. La admiración por las fuentes clásicas consagró la visión aristotélica y ptolemaica del universo. El humanismo hizo hincapié en que la naturaleza debe ser vista como una creación espiritual no gobernada por leyes matemáticas. Al mismo tiempo los filósofos perdieron mucho de su rigor y las reglas de la lógica deductiva fueron vistas como secundarias en relación a la intuición y la emoción.

No sería hasta la difusión del renacimiento por el norte de Europa que reviviría la ciencia, con figuras como Copérnico, Francis Bacon y Descartes.

En pintura, el falso amanecer del realismo de Giotto, sus figuras tridimensionales ocupando un espacio racional, y su interés humanista en expresar la personalidad individual en lugar de los modelos góticos tardíos, fue seguido por un retroceso a las convenciones conservadoras de finales del gótico.

El renacimiento italiano en pintura comenzó en Florencia con los frescos de Masaccio, luego las pìnturas sobre panel y frescos de Piero della Francesca y Paolo Uccello.

Todos ellos comenzaron a realzar el realismo de sus trabajos utilizando nuevas técnicas de perspectiva a fin de representar más auténticamente el mundo tridimensional en dos dimensiones. Piero della Francesca escribió tratados sobre perspectiva científica. La creación de espacios creíbles permitió a los artistas mejorar la representación del cuerpo humano sobre paisajes naturales. Las figuras de Massaccio tienen una plasticidad desconocida hasta esa época. Comparadas con el aspecto llano de la pintura gótica, estas obras eran revolucionarias.

A la vuelta del siglo XVI, especialmente en el norte de Italia, los artistas también comenzaron a utilizar nuevas técnicas en la manipulación de la luz y sombra, como en los contrastes evidentes usados en varios retratos de Tiziano, y en el desarrollo del esfumado y el claroscuro por Leonardo da Vinci y Giorgione. Esta época vio también aparecer los primeros temas seculares, no religiosos.

Se ha debatido si el secularismo del Renacimiento, debido a la presencia de algunas pinturas mitológicas no ha sido exagerado por escritores de principios del Siglo XIX como Jacob Burkhardt. Uno de los principales pintores cuyas obras seculares han llegado a nuestros días es Botticelli, conocido por su profunda religiosidad (fue seguidor de Savonarola) y por su producción general plena de obras de temas religiosos.

En escultura, el estudio de Donatello sobre las obras de la antigüedad llevó al desarrollo de posiciones clásicas y los temas desnudos. Su segunda escultura del "David" fue el primer desnudo en bronce creado en Europa desde el Imperio romano.El progreso hecho por Donatello influyó toda la producción subsiguiente: quizá el más grande artista de todos fue Miguel Angel, cuyo David de 1504 es también un estudio de desnudo masculino. Esta obra es más realista que la de Donatello y de mayor intensidad emocional. Ambas esculturas están en posición de contrapposto, su peso apoyado en una pierna.

La etapa conocida como alto renacimiento representa la culminación de las metas del período temprano, especialmente la acabada representación de las figuras en un espacio diagramado con movimiento creíble y en un apropiado y decoroso estilo. Los más famosos pintores de esta época son Leonardo da Vinci, Rafaél, y Miguel Angel. Sus imágenes están entre las más conocidas obras de arte de todo el mundo. La Última cena de Leonardo, la Escuela de Atenas de Rafael o el cielorraso de la Capilla Sixtina de Miguel Angel, son los ejemplos básicos de este período.

La pintura del alto renacimiento evolucionó hacia el manierismo (1520-1580) especialmente en Florencia. Los artistas manieristas, que conscientemente se rebelaron contra los principios del alto renacimiento, trataron de representar figuras enlongadas en espacios ilógicos.

Los estudiosos modernos han reconocido la capacidad del arte manierista para combinar las fuertes (y a menudo religiosas) emociones allí donde el renacimiento no logró hacerlo. Algunos de los principales artistas de este período son Pontormo, Rosso Fiorentino, Parmigianino y el alumno de Rafael, Giulio Romano.

El estilo renacentista, introducido en Italia mediante un monumento revolucionario aunque incompleto en Rímini, obra de Leone Battista Alberti, se desarrolló sin embargo en Florencia. Algunos de los edificios más antiguos que muestran caracteres renacentistas son la Iglesia de San Lorenzo en Florencia, y la Capilla Pazzi, ambas de Filippo Brunelleschi. El interior de Santo Spirito expresa un nuevo sentimiento de luz, claridad y amplitud de espacio, que es típico del renacimiento temprano en Italia. Su arquitectura refleja la filosofía del humanismo, la iluminación y claridad mental en oposición a la oscuridad y espiritualidad de la Edad Media. La revitalización de la antigüedad clásica puede ser bien ilustrada por el Palazzo Ruccelai. Aquí las pilastras siguen la superposición de órdenes clásicos, con capiteles dóricos en el piso bajo, jónicos en el piano nobile y corintios en los pisos superiores.

En Milán, Alberti anticipó el diseño en el nuevo estilo antiguo con su proyecto para la Basílica de Sant'Andrea de Mantua, que no fue iniciada hasta 1472, después de su muerte.

El alto renacimiento fue presentado en Roma en 1502 mediante el Templete de San Pedro en Montorio por Donato Bramante y su original planta central para la Basílica de San Pedro en 1506. Esta última constituyó la más notable encomienda arquitectónica de la época, influenciada por casi todos los artistas renacentistas de renombre, incluyendo a Miguel Angel, y Giacomo della Porta. El inicio del renacimiento en 1550 estuvo marcado por el desarrollo de un nuevo orden de columnas, creación de Andrea Palladio; el estilo colosal, donde columnas de dos o más pisos de altura decoraban las fachadas.

En el siglo XIV en Italia hubo una explosión de actividad musical en correspondencia con lo que sucedía en las otras artes. Aunque los musicólogos típicamente agrupan la música del trecento con el último período medieval, presenta características que la similan con el renacimiento temprano de varias maneras; un énfasis creciente en el uso de fuentes, estilos y formas seculares, una difusión de la cultura fuera de la instituciones eclesiásticas hacia la nobleza, e incluso hacia la gente común, y un rápido desarrollo de técnicas enteramente nuevas.

Las formas principales fueron el madrigal del trecento, lá música "da caccia" , y la balada. En general, el estilo musical del período es a veces etiquetado como "ars nova" italiano.

Desde principios del siglo XV hasta la mitad del siglo XVI, el centro de innovación en música sacra estuvo en los Países bajos, y un flujo de compositores talentosos llegó a Italia desde aquellas regiones. Muchos de ellos cantaron en el coro papal en Roma, o en los coros de las numerosas capillas de la aristocracia en Roma, Florencia, Milán, Ferrara y en otros lugares, y trajeron su estilo polifónico, influyendo sobre muchos compositores nativos durante su estadía en Italia.

Las formas predominantes de música de iglesia durante esta época fueron las misas y los motetes. Por mucho, el compositor más famoso de música sacra en la Italia del siglo XVI fue Palestrina, el más prominente miembro de la Escuela romana. cuyo estilo polfiónico suave y emocionalmente fresco definiría el sonido de finales del siglo XVI. Otros compositores italianos de fines de siglo se concentraron en componer las formas principales de música secular del período, el madrigal, y por al menos cien años estas obras seculares para múltiples cantores fueron distribuidas por toda Europa. Algunos de los principales compositores de madrigales fueron Jacques Arcadelt, al principio del período, Cipriano de Rore a mediados de siglo, y Luca Marenzio, Philippe de Monte, Carlo Gesualdo, y Claudio Monteverdi hacia finales de esta época.

Italia fue también un centro de innovación en música instrumental. A principios del siglo XVI se valoró mucho la improvisación sobre teclados, y aparecieron numerosos compositores de música para tecladistas virtuosos. Muchos instrumentos musicales fueron inventados o perfeccionados en esta época, como el violín, cuyos primeros modelos comenzaron a usarse a mediados del siglo XVI.

A fines del siglo XVI Italia era el centro musical de Europa. Casi todas las innovaciones que definirían la transición a la Música barroca se originaron en el norte de Italia en las últimas décadas del siglo. En Venecia, el estilo policoral veneciano producido por la Escuela Veneciana (música),y su música instrumental asociada, fueron copiados hacia Alemania. En Florencia, la camerata florentina desarrolló la monodia, importante precursora de la ópera, que aparecerá por primera vez alrededor de 1600.

La vanguardia manierista de la escuela de Ferrara, que migró a Nápoles a través de la música de Carlo Gesualdo, sería el estadio final de la música vocal polifónica del renacimiento.

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