Primera Guerra Mundial

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Publicado por roy 05/04/2009 @ 23:07

Tags : primera guerra mundial, historia, ciencia

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Primera Guerra Mundial

Tanque de la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial fue un conflicto armado a escala mundial desarrollado entre 1914 y 1918. Más de 40 millones de bajas como resultado, incluyendo aproximadamente 20 millones de muertes civiles y militares. Más de 60 millones de soldados europeos fueron movilizados desde 1914 hasta 1918. Originado en Europa por la rivalidad entre las potencias imperialistas, se transformó en el primero en cubrir más de la mitad del planeta. Fue en su momento el conflicto más sangriento de la historia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, esta guerra solía llamarse la Gran Guerra o la Guerra de Guerras.

A finales del siglo XIX, Inglaterra dominaba el mundo tecnológico, financiero, económico y sobre todo político. Alemania y Estados Unidos le disputaban el predominio industrial y comercial. Durante la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del siglo XX se produjo la repartición de África (a excepción de Liberia y Etiopía) y Asia Meridional, así como el gradual aumento de la presencia europea en China, Estado en franca decadencia.

Estados Unidos y, en menor medida, el Imperio Ruso controlaban eficientemente sus vastos territorios, unidos por largas líneas férreas (ferrocarril Atlántico-Pacífico y Transiberiano, respectivamente). Inglaterra y Francia, las dos principales potencias coloniales, se enfrentaron en 1898 y 1899 en el denominado incidente de Faschoda, en Sudán, pero el rápido ascenso del Imperio alemán hizo que los dos países se unieran a través de la Entente cordiale. Alemania, que solamente poseía colonias en Camerún, Namibia, África Oriental, algunas islas del Pacífico (Islas Salomón) y enclaves comerciales en China, empezó a pretender más a medida que aumentaba su poderío militar y económico posterior a su unificación en 1871. Una desacertada diplomacia fue aislando al Reich, que sólo podía contar con la alianza incondicional de Austria-Hungría.

Francia deseaba la revancha de la derrota sufrida frente a Prusia en la Guerra Franco-prusiana de 1870-1871. Mientras París estaba asediada, los príncipes alemanes habían proclamado el Imperio (el llamado Segundo Reich) en el Palacio de Versalles, lo que significó una ofensa para los franceses. La III República perdió Alsacia y Lorena, que pasaron a ser parte del nuevo Reich germánico. Las generaciones francesas de finales del siglo XIX, sobre todo el Ejército, crecieron con la idea de vengar la afrenta recuperando esos territorios. En 1914 sólo hubo un 1% de desertores en el ejército francés, en comparación con el 30% de 1870.

Mientras tanto, los países de los Balcanes liberados del Imperio Otomano (el «enfermo de Europa») fueron objeto de rivalidad entre las grandes potencias. Turquía, que se hundía lentamente, no poseía en Europa —hacia 1914— más que Estambul, la antigua Constantinopla. Todos los jóvenes países nacidos de su descomposición (Grecia, Bulgaria, Rumania, Serbia, Montenegro y Albania) buscaron expandirse a costa de sus vecinos, lo que llevó a dos conflictos entre 1910 y 1913, conocidos como Guerras Balcánicas.

Impulsados por esta situación, los dos enemigos seculares del Imperio Otomano continuaron su política tradicional de avanzar hacia Estambul y los Estrechos. El Imperio Austrohúngaro deseaba proseguir su expansión en el valle del Danubio hasta el mar Negro, sometiendo a los pueblos eslavos. El Imperio Ruso, que estaba ligado histórica y culturalmente a los eslavos de los Balcanes, de confesión ortodoxa —ya les había brindado su apoyo en el pasado— contaba con ellos como aliados naturales en su política de acceder a «puertos de aguas calientes». Evidentemente, estas políticas opuestas entre una potencia católica y otra ortodoxa provocaron enfrentamientos.

A este período se le conoce como Paz armada, ya que Europa estaba destinando cuantiosas cantidades de capital al armamento y, sin embargo, no había guerra, aunque se sabía que ésta era inminente.

La guerra comenzó como un enfrentamiento entre Austria-Hungría y Serbia, pero Rusia se unió al conflicto, pues se consideraba protectora de los países eslavos y deseaba socavar la posición de Austria-Hungría en los Balcanes. Tras la declaración de guerra austrohúngara a Rusia el 1 de agosto de 1914, el conflicto se transformó en un enfrentamiento militar a escala europea. Alemania respondió a Rusia con la guerra, obligada por un pacto secreto contraído con la monarquía de los Habsburgo, y Francia se movilizó para apoyar a su aliada. Las hostilidades involucraron a 32 países, 28 de ellos denominados «Aliados»: Francia, los Imperios Británico y Ruso, Canadá, Estados Unidos (desde 1917), Portugal, Japón, así como Italia, que había abandonado la Triple Alianza. Este grupo se enfrentó a la coalición de las «Potencias Centrales», integrada por los imperios Austrohúngaro, Alemán y Otomano-Turco, acompañados por Bulgaria.

El evento detonante fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Francisco José, y su esposa, Sofía Chotek, en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del joven estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip.

Francisco Fernando, Archiduque de Austria-Este (Nació el 18 de diciembre de 1863 y murió el 28 de junio, de 1914) , fue un Archiduque de Austria, Príncipe Imperial de Austria, Príncipe Real de Hungría y Bohemia, y desde 1896 hasta su muerte, el heredero al trono austrohúngaro. Su asesinato en Sarajevo precipitó la declaración de guerra de Austria contra Serbia que desencadenó la Primera Guerra Mundial.

El 28 de junio de 1914, aproximadamente a las once de la mañana, Francisco Fernando y su esposa fueron asesinados en Sarajevo, capital de la provincia austro-húngara de Bosnia-Herzegovina, por Gavrilo Princip.

Princip era miembro del grupo serbio "Joven Bosnia", manejado por el grupo nacionalista "Mano Negra", que apoyaba la unificación de Bosnia con Serbia.

El Imperio Austro-húngaro exigió, con el apoyo del Imperio alemán, investigar en territorio serbio, ya que consideraba que la organización paneslavista Mano Negra tenía conexión con los servicios secretos de ese país. El Imperio Austrohúngaro dio un ultimátum el 28 de julio a Serbia, que no aceptó todas las condiciones impuestas. El ataque austrohúngaro activó las disposiciones previstas por el sistema de alianzas.

También los historiadores insisten en que hubo otras causas, como las alianzas entre países (Triple Entente y Triple Alianza), que un conflicto local podía tomar dimensiones internacionales. Además entre 1890 y 1914 los países incrementaron el presupuesto militar en la carrera armamentística conocida como Paz Armada.

En 1914, los europeos pensaban que la guerra sería corta. Pero los generales, que habían estudiado las guerras napoleónicas, estaban equivocados en su enfoque inicial del enfrentamiento, basado en el uso masivo de la infantería. Respondiendo a la enorme eficacia de las armas (fusiles, armas automáticas y artillería pesada) producto de la Revolución Industrial, las fortificaciones fueron reforzadas. La caballería sería inútil como medio para romper el frente.

Al comienzo de la guerra los dos bandos trataron de obtener una victoria rápida mediante ofensivas fulminantes. Los franceses agruparon sus tropas en la frontera con Alemania, entre Nancy y Belfort, divididas en cinco ejércitos. Previendo un ataque frontal en Lorena, organizaron el Plan XVII. Los alemanes tenían un plan mucho más ambicioso. Contaban con la rapidez de un movimiento de contorno por Bélgica para sorprender a las tropas francesas y marchar hacia el este de París (Plan Schlieffen de 1905) y luego enfrentarse a las fuerzas enemigas y empujarlas hacia el Jura y Suiza. Tan sólo ubicaron 2/7 de sus tropas sobre la frontera para resistir el ataque frontal en Alsacia-Lorena.

El comienzo del plan trascurrió perfectamente para el Reich; sus tropas derrotaron al ejército francés en la batalla de Charleroi (21 de agosto) y en Maubegné. Los franceses lanzaron simultáneamente el Plan XVII, pero resultó una catástrofe debido a las armas automáticas que frenaron cualquier asalto y a un repliegue prematuro de las tropas hacia sus líneas. Por el contrario, los alemanes invadieron Bélgica, provocando la intervención inglesa; semanas después estaban ya ubicados en el río Marne, donde chocaron con el Cuerpo Británico de Haig, compuesto por 5 divisiones experimentadas y las tropas de reserva francesas en la Primera Batalla del Marne. Los taxis de París ayudaron a trasladar a los efectivos ingleses al frente. La derrota germana frustró el plan original y acabó con las expectativas de una conflagración breve, marcando el abandono definitivo de los planes anteriores a la guerra. En ese momento comenzó la «carrera hacia el mar»: los dos Ejércitos marcharon hacia el Mar del Norte; ataques y contra-ataques se sucedieron. La contienda se desarrollaría en territorio francés: Flandes. Las tropas británicas no tardaron en intervenir en mayor número (British Expeditionary Force, BEF), junto a los restos del ejército belga.

Mientras tanto, Austria-Hungría fracasó en su intento de tomar Belgrado, lo cual lograría después con ayuda alemana, en agosto del 1915. Rusia invadió Prusia Oriental, pero los generales de estado mayor prusianos Hindenburg y Ludendorff los batirán contundentemente en Tannenberg.

La estrategia de guerra alemana funcionó contra Rusia. Los ejércitos rusos eran enormes (8 millones de hombres en 1914). Pero la verdad era nefasta: el ejército zarista estaba compuesto principalmente por campsrechreseis sin ninguna formación militar, mal armados y equipados; en suma, no estaba preparado para enfrentarse a los disciplinados germanos. El mando ruso era también mediocre. Los dos ejércitos se enfrentaron en la Batalla de Tannenberg (Prusia Oriental) del 26 al 30 de agosto de 1914, y después en la batalla de los lagos Masurianos del 6 al 15 de septiembre de 1914. Los rusos sufrieron flagrantes derrotas en los dos casos y fueron obligados a replegarse. Allí nació la leyenda del dúo formado por Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, los comandantes germanos en esta exitosa campaña defensiva. Polonia es invadida.

Austria-Hungría, en cambio, no pudo repeler la invasión de Galitzia. En 1914 termina con el ejército ruso aún en pie, a pesar de haber sido rechazado de Prusia Oriental.

En el curso de 1915, dos nuevos países entraron en la guerra: Italia al lado de los Aliados y Bulgaria al lado de las potencias centrales, que con este apoyo derrotan y ocupan a Serbia. En los años siguientes, los alemanes avanzaron sobre Rusia y conquistaron el Golfo de Riga, destruyendo o tomando prisionero a buena parte de los contingentes rusos (Alexéi Alexéievich Brusílov). El frente oriental estuvo en constante movimiento, no conoció el drama de las trincheras. La caballería jugó aún cierto papel en esta guerra de movimientos.

El equilibrio de fuerzas y las formidables armas facilitaron enormemente la defensa frente al ataque e impusieron la estabilización del frente. Los soldados colocaron decenas de kilómetros de alambradas y minas entre el Mar del Norte y Suiza. Un asalto presentaba tal desventaja frente al adversario que los ataques aliados fueron infructuosos y Alemania pudo resistir a pesar de combatir en dos frentes. Las condiciones sanitarias y humanas para los soldados eran muy crudas y las bajas elevadísimas. Los contendientes tuvieron que recurrir a la leva en masa; en este aspecto Alemania tenía la ventaja de su población numéricamente superior a la de Francia.

Los dos bandos tenían grandiosos planes en caso de conseguir la victoria. La diplomacia fue muy activa también: ambos bandos sedujeron a Italia, que al fin se inclinó por la Entente. Los militares germanos esperaban que Bethmann-Hollweg consiguiese la paz con Rusia para poner todo el esfuerzo en el Oeste, pero esto fue imposible: los Aliados reafirmaron su compromiso de no negociar ninguna paz por separado.

En otoño de 1915 Joffre intentó una ofensiva, con apoyo inglés, que concluyó en un gigantesco fracaso. Después de este éxito defensivo, a finales de año, el archiduque Falkenhayn, Jefe de Estado Mayor, propuso su proyecto al Kaiser: atacar Verdún, plaza fuerte e impenetrable según la propaganda francesa, pero que estaba en posición delicada por no poseer un camino o vía férrea para su reavituallamiento. Él esperaba que su caída debilitaría la moral de los soldados franceses. La idea era liquidar un gran número de tropas enemigas a un costo «módico» en vidas germanas. El 21 de febrero de 1916, el ataque se inició con la artillería bombardeando salvajemente las posiciones aliadas. Los alemanes avanzaron poco, pero las pérdidas francesas fueron enormes. El 25 de febrero, el General Langle de Cary decidió abandonar, lo más razonable desde un punto de vista estratégico. Pero el mando francés pensaba que no podrían permitirse perder Verdún y nombró en su lugar a Philippe Pétain, quien organizó una serie de violentos contraataques. Los alemanes transformaron esta batalla de frente reducido en una vasta carnicería.

El 1 de julio, los ingleses desataron una gran lucha paralela en la Batalla del Somme, a fin de dividir las tropas alemanas y reducir la presión sobre Francia. Los alemanes retrocedieron escasos kilómetros, pero en orden. Al final, el frente casi no se modificó ni en Verdún ni en el Somme, pese a los centenares de miles de bajas. La guerra era total y los cálculos no se detenían frente al desangre que eso implicaba.

Los demás frentes intentaron maniobras de distracción o contorneamiento, pero ninguno tuvo tanta importancia como los dos frentes principales. Se combatía en el Cáucaso entre rusos y turcos, en Irak (ingleses y turcos) y en los Balcanes.

Los Aliados contaban con la debilidad de Turquía para abrir una vía directa y apoyar a sus aliados rusos en problemas. La campaña de los Dardanelos fue desatada por los ingleses, a sugerencia de Winston Churchill, para controlar el estrecho de los Dardanelos, lo que permitiría a Francia y al Imperio Británico revitalizar a Rusia, neutralizar Turquía y encerrar a los imperios centrales. El ambicioso proyecto comenzó con el despliegue de una imponente flota inglesa y el desembarco de tropas en Gallípoli, pero los turcos se defendieron con una decisión inesperada. Los aliados no consiguieron penetrar por sorpresa en el Imperio Otomano y fracasaron en las sucesivas ofensivas. La operación fue un sangriento desastre, convirtiéndose en una nueva batalla de trincheras (para colmo, esta vez con el mar a espaldas de los Aliados). Después de unos meses de inútiles tentativas, el mando inglés decidió evacuar Gallípoli y dirigir su cuerpo expedicionario a Salónica, Grecia. Este ejército sostendría enseguida a los serbios que no se rindieron. Ante todo, se mantuvo a la espera de nuevas oportunidades, como convencer a Grecia de entrar en la guerra.

Los alemanes, que contaban con una importante flota de submarinos, intentaron imponer un bloqueo completo al Reino Unido y Francia, interceptar el apoyo de sus colonias y romper las rutas de aprovisionamiento entre América (carne de Argentina, armamento estadounidense) y Europa. A mediados de 1916 la Royal Navy Británica se encontró con la flota alemana en la península de Jutlandia, el único combate entre las dos grandes flotas. Los alemanes tenían como objetivo impedir el abastecimiento británico desde Noruega. La batalla comenzó el 31 de mayo y duró 80 minutos. No hubo un total ganador, ya que la Royal Navy perdió más hombres y naves, pero los alemanes no pudieron romper el bloqueo y tuvieron más buques dañados.

Durante todo el conflicto, los británicos fomentaron el sublevamiento de las tribus árabes para perturbar a los turcos otomanos. En esta misión destacó el célebre oficial T. E. Lawrence, Lawrence de Arabia. La Declaración Balfour propuso el establecimiento de un Estado judío en Palestina, para motivar a los judíos estadounidenses a que apoyaran el ingreso de ese país en la guerra. En 1916 los británicos atacaron Palestina, donde mantuvieron el control hasta 1947.

En África, británicos y franceses atacaron desde todos los frentes a las colonias alemanas, rodeadas por sus posesiones. Las fuerzas germanas en Togolandia y Camerún se rindieron rápidamente a las tropas anglo-francesas, mientras que la colonia de África del Sudoeste Alemana fue invadida por el ejército sudafricano y ocupada totalmente en 1915 (véase: Campaña de África del Sudoeste). Sólo la colonia de Tanganica, bajo la dirección del general Paul von Lettow-Vorbeck, resistió bajo dominio alemán hasta el final de la contienda.

Mientras tanto, en el Pacífico también hubo movimientos aunque no batallas de importancia. Las tropas australianas estacionadas en Papúa ocuparon sin problemas la Nueva Guinea Alemana, mientras que Japón y Nueva Zelanda dirigieron ataques contra las bases alemanas en las Islas Marianas. El puerto chino de Qingdao, principal base alemana en Extremo Oriente, fue ocupado por los japoneses.

En 1915, Italia se une a los Aliados y ataca a Austria. Sin embargo, una larga serie de ofensivas sobre el río Isonzo fracasa. En 1917, son los austro-húngaros, reforzados por tropas alemanas, los que baten duramente a los italianos en Caporetto. Este desastre casi saca a Italia de la guerra, pero el frente se estabiliza sobre el río Piave.

En junio de 1916 tiene éxito una ofensiva rusa a cargo del General Brussilov, que se interna en las líneas austrohúngaras. Regimientos enteros se pasaron a las filas rusas, demostrando la fragilidad del Imperio Danubiano. Motivada por esta circunstancia, Rumania declara la guerra a los Imperios Centrales, pero es fácilmente derrotada y ocupada por los alemanes, lo que compromete aún más la posición rusa. El Imperio de los Romanov no volvería a ejecutar ninguna ofensiva de relevancia en el resto de la contienda.

Como vemos, son las Potencias Centrales las que van sumando más tantos hacia 1916. El Vaticano y Suiza intentan infructuosamente sondeos por la paz. La opinión pública estadounidense se opone a participar en el conflicto, visto como cosa de los europeos imperialistas...

En 1917, el Estado Mayor alemán tomó la decisión de aguantar a los Aliados en el Oeste y hundir de una vez a las desalentadas tropas zaristas. También desaparecieron las fortalezas aliadas de Ham y de Coucy (27 de marzo de 1917). Los franceses, que sufren un motín de sus tropas tras el fracaso total de su ofensiva de Chemin des Dames o Camino de las Damas, no son capaces de lanzar ninguna otra ofensiva, limitándose a resistir. Es el turno de los británicos en Flandes; sin embargo, no se consigue romper el frente. El conflicto se eterniza y el desaliento cunde en la retaguardia. La población civil padece restricciones, sobre todo en Alemania, bloqueada por los aliados.

1917 fue clave por la entrada en la guerra de los Estados Unidos, lo que le dio a la contienda el carácter mundial. El torpedeo por parte de un submarino de la flota alemana del RMS Lusitania, donde viajaban 123 estadounidenses, provocó una viva reacción en Estados Unidos, que se preparó para entrar oficialmente en guerra al lado de los aliados. Pero debía sortear primero un gran problema: casi no tenía ejército.

Más tarde, las dos revoluciones rusas de febrero y octubre de 1917 permitieron a los alemanes avanzar considerablemente en Rusia. El Zar Nicolás II fue depuesto y asesinado con toda su familia. Los bolcheviques tomaron el control total y firmaron el armisticio con los imperios centrales en el mes de diciembre, después de la Paz de Brest-Litovsk (negociada por León Trotsky) en marzo de 1918. Para obtener esta paz consintieron enormes sacrificios económicos y territoriales. Además, Alemania ocupó Polonia, Ucrania, Finlandia, los países bálticos y una parte de Bielorrusia. El Reich aprovechó esta victoria para enviar casi todo su ejército oriental al frente occidental e intentar obtener una victoria rápida antes de la llegada masiva de los estadounidenses. Era su baza definitiva, ya que Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía daban muestras de desaliento ante las mayores reservas financieras y de hombres de los Aliados.

Reforzados por las tropas provenientes del frente este, los alemanes ponen todas sus fuerzas en su última ofensiva, nombrada por el General de Infantería Erich Ludendorff como Kaiserschlacht (nombre clave Michael), a partir de marzo de 1918, sobre el río Somme, en Flandes y en Champagne. Esta comenzó el 21 de marzo y se extendió hasta el 5 de abril, aunque con el final de esta los alemanes continuaron con una serie de cuatro ofensivas hasta el 17 de junio. Pero, mal alimentadas y cansadas, las tropas alemanas no pudieron resistir la contraofensiva de Foch y fallan frente al objetivo final: París, quedando a 120 km de la capital gala. El General Foch comanda sus tropas francesas y estadounidenses hacia la victoria (segunda batalla del Marne); los primeros tanques británicos entran en liza y la superioridad aérea aliada es evidente.

Es el principio del fin para los Imperios Centrales. Tropas francesas atacan las líneas búlgaras en Macedonia. Después de pocos días de lucha, Bulgaria comprende que no puede hacerles frente y pide el armisticio. Turquía está al límite de sus fuerzas y no puede contener a los británicos que han tomado ya Jerusalén y Bagdad y avanzan hacia Anatolia; además la derrota búlgara compromete a Constantinopla. Franceses y británicos ocupan el Oriente Próximo e Iraq y el Imperio Otomano también se rinde.

El duelo entre italianos y austríacos está asimismo por resolverse. El General Diaz obedece la insistencia de su gobierno que necesita de una victoria en el frente alpino para poder negociar. Los italianos derrotan a Austria-Hungría en Vittorio Veneto. Este hecho marcó el descalabro del ejército imperial, y la monarquía de los Habsburgo se hunde, incapaz de oponer nada al avance aliado por los Balcanes (3 de noviembre).

El Reich está en una situación desesperada: se ha quedado sin aliados, su población civil sufre draconianas restricciones, su ejército está al límite, sin reservas y desmoralizado. Ludendorff y Hindenburg son partidarios de la capitulación inmediata, pues creen que el frente se derrumbará en cualquier momento. En efecto, tropas estadounidenses de repuesto no paran de desembarcar e incluso Italia se prepara para enviar un contingente a Francia. El 8 de agosto un ataque aliado cerca de Amiens tiene éxito y rompe el frente germano: los aliados penetran en Bélgica. El Alto Mando pide al brazo político iniciar inmediatamente negociaciones de paz. Cunde la convicción de que la guerra está perdida. Wilson proclama que EE. UU. sólo negociará con un gobierno alemán democrático. Los Hohenzollern tienen los días contados. Tras una revolución obrera en Berlín, el Kaiser huye a Holanda; el gobierno de la nueva República alemana firma el armisticio de Rethondes el 11 de noviembre de 1918. La guerra ha terminado con la victoria de los Aliados.Ante todo Rusia perdio frente Alemania.

Tras el estallido de la guerra, el Imperio Japonés envió un ultimátum a Alemania, solicitándole la evacuación de Jiaozhou (noreste de China). Alemania se negó a cumplirlo, por lo que Japón entró en la guerra del lado de los aliados el 23 de agosto de 1914. Las tropas japonesas ocuparon las posesiones alemanas de las islas Marshall, Carolinas y Marianas. En 1915, Japón presentó las Veintiuna Demandas a China que obligaban a China a no alquilar ni ceder ningún territorio frente a Taiwán a ningún país, excepto a Japón. En 1919, China cedió los derechos comerciales de Mongolia Interior y Manchuria a Japón.

Como resultado del acuerdo de paz de la guerra mundial, Japón recibió las islas del Pacífico que había ocupado, y el territorio de Jiaozhou.

Tras el conflicto, se firmaron varios tratados de paz por separado entre cada uno de los vencidos y todos los vencedores, con excepción de Rusia, que había abandonado la guerra en 1917. Al conjunto de estos tratados se le conoce como La Paz de París (1919-1920).

Versalles: Firmado el 28 de junio de 1919 entre los aliados y Alemania. El imperio fue cortado en dos por el Corredor polaco, desmilitarizado, confiscadas sus colonias, supervisado, condenado a pagar enormes compensaciones y tratado como responsable del conflicto. Este tratado produjo gran amargura entre los alemanes y fue la semilla inicial para el próximo conflicto mundial.

Saint-Germain-en-Laye: Firmado el 10 de septiembre de 1919 entre los aliados y Austria. En este tratado se establecía el desmembramiento de la antigua monarquía de los Habsburgo, el Imperio Austrohúngaro, y Austria quedó limitada a algunas zonas en las que se hablaba solamente el alemán.

Sèvres: Firmado el 10 de agosto de 1920 entre el Imperio Otomano y los aliados (a excepción de Rusia y Estados Unidos). El Tratado dejaba a los otomanos sin la mayor parte de sus antiguas posesiones, limitándolo a Constantinopla y parte de Asia Menor.

Trianon: Acuerdo impuesto a Hungría el 4 de junio de 1920 por los aliados, en el que se dictaminó la entrega de territorios a Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia.

Neuilly: El Tratado de Neuilly-sur-Seine fue firmado el 27 de noviembre de 1919 en Neuilly-sur-Seine (Francia) entre Bulgaria y las potencias vencedoras. De acuerdo con lo estipulado en el tratado, Bulgaria reconocía el nuevo Reino de Yugoslavia, pagaba 400 millones de dólares en concepto de indemnización y reducía su ejército a 20.000 efectivos. Además, perdía una franja de terreno occidental en favor de Yugoslavia y cedía Tracia occidental a Grecia, por lo que quedaba sin acceso al Mar Egeo.

Se calcula que la guerra produjo aproximadamente ocho millones de muertos y seis millones de inválidos. Francia fue el país más afectado proporcionalmente: 1,4 millones de muertos y desaparecidos, equivalentes a un 10% de la población activa masculina, acompañado por un déficit de nacimientos. El estancamiento demográfico francés se prolongó, con un envejecimiento de la población que sólo logró crecer con la inmigración. El norte francés estaba en ruinas: casas, puentes, vías férreas, fábricas, etc.

Nuevo equilibrio político mundial. Las colonias suministraron víveres, materias primas y soldados. Tras la guerra los pueblos coloniales no creyeron más en lo que se les había inculcado sobre la superioridad natural de la metrópoli y reclamaron una mejora de su situación. A este primer declinamiento de la influencia de Europa en las colonias, se sumó la expansión de Estados Unidos, el mayor beneficiado de la guerra junto a Japón, y cuyas capitales se colocaron al lado de París y Londres en la escena internacional.

Transformación social. Las diferencias sociales se acentuaron con el enriquecimiento de los mercaderes de armas y el empobrecimiento de los pequeños ahorradores, los retirados y los asalariados afectados por la inflación. Las mujeres adquirieron un nuevo lugar en la sociedad y se volvieron indispensables durante toda la guerra, en el campo, las fábricas, las oficinas, las escuelas (para compensar la marcha de numerosos profesores). El feminismo progresaba, el derecho a voto fue acordado en Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos y Rusia, pero no en Francia.

Consecuencias tecnológicas. La contienda generó un intenso desarrollo de los instrumentos y técnicas de guerra: fusiles de repetición, ametralladoras, gases venenosos dando origen a la guerra biológica y química, hubo tanques, dirigibles y aviones, también se practicaron los bombardeos a las ciudades. La artillería multiplicó los calibres, aumentó el alcance y mejoró los métodos de corrección. El transporte motorizado se generalizó.

Consecuencias políticas en Alemania. Los cinco tratados tras la guerra, principalmente el suscrito en Versalles, ocasionaron un ambiente de opresión hacia los vencidos. La nueva Alemania republicana sufrió las consecuencias del Imperio Alemán y su economía fue explotada por los vencedores. Así surgieron tesis tanto izquierdistas como derechistas para acabar con esta situación. Los golpes contra el sistema comenzaron cuando, en 1921, milicias comunistas se levantaron en Múnich. La revuelta fue sofocada. Adolf Hitler culpaba a los marxistas alemanes de la rendición alemana, alegando como pruebas la constitución progresista de Weimar y el armisticio a continuación. Cuando Hitler aún seguía en las trincheras, los militares alemanes convencían a la población civil de que la guerra podía ser ganada, mientras que confesaban a los políticos que la rendición era ineludible. Pero Hitler sostuvo esta tesis en el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores y, con ella, dirigió el denominado Putsch de Múnich de 1923 contra la sede del gobierno. El golpe militar fue aplastado y Hitler recluido en prisión durante ocho meses. Sin embargo, en enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller por el presidente Paul von Hindenburg y el 14 de octubre de 1933 triunfó en las elecciones, por lo que llegó al parlamento alemán.

Al principio



Frente Occidental (Primera Guerra Mundial)

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Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, el ejército alemán abrió el frente occidental invadiendo primero Luxemburgo y Bélgica, y luego obteniendo el control militar de regiones industriales importantes de Francia. La fuerza del avance fue contenida drásticamente con la Batalla del Marne. Ambos contendientes se atrincheraron en una línea sinuosa de posiciones fortificadas que se extendía desde el Mar del Norte hasta la frontera suiza con Francia. Esta línea permaneció sin cambios sustanciales durante casi toda la guerra.

Entre 1915 y 1917 se produjeron varias ofensivas importantes a lo largo de este frente. En estos ataques se recurrió a bombardeos masivos de artillería y al avance masivo de la infantería. Sin embargo, la combinación de las trincheras, los nidos de ametralladoras, el alambre de espino y la artillería infligían cuantiosas bajas a los atacantes y a los defensores en contraataque. Como resultado, no se conseguían avances significativos.

En un esfuerzo por romper este callejón sin salida, este frente presenció la introducción de nuevas tecnologías militares, incluyendo el gas venenoso y los tanques. Pero sólo tras la adopción de mejoras tácticas se recuperó cierto grado de movilidad.

A pesar del estancamiento de este frente, este escenario resultó decisivo. El avance inexorable de los ejércitos aliados en 1918 convenció a los comandantes alemanes de que la derrota era inevitable, y el gobierno se vio obligado a negociar las condiciones de un armisticio.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán ejecutó una versión modificada del Plan Schlieffen, diseñado para atacar con rapidez a Francia a través de Bélgica antes de girar hacia el sur para rodear al ejército francés en la frontera alemana. Los ejércitos bajo el mando de los generales Alexander von Kluck y Karl von Bülow atacaron Bélgica el 4 de agosto de 1914. Luxemburgo había sido ocupada sin oposición el 2 de agosto. La primera batalla en Bélgica fue el asedio de Lieja, que duró del 5 de agosto al 16 de agosto. Lieja estaba bien fortificada y sorprendió al ejército alemán, al mando de von Bülow, por su capacidad de resistencia. Tras la caída de Lieja, la mayor parte del ejército belga se retiró hacia Amberes y Namur. Aunque el ejército alemán circunvaló Amberes, siguió siendo una amenaza para su flanco. Luego se sucedió otro asedio a Namur, que duró aproximadamente del 20 de agosto al 23 de agosto.

El plan ofensivo francés de preguerra, el Plan XVII, tenía por objetivo capturar Alsacia-Lorena tras el estallido de las hostilidades. La ofensiva principal se lanzó el 14 de agosto, con ataques a Saarburg en Lorena y Mulhouse en Alsacia. Siguiendo el Plan Schlieffen, los alemanes se retiraron lentamente inflingiendo las máximas pérdidas a los franceses. Los franceses avanzaron hacia el río Sarre e intentaron capturar Saarburg antes de ser rechazados. Los franceses habían conquistado Mülhausen, pero la abandonaron para ir en auxilio de las debilitadas fuerzas de Lorena.

Tras marchar sobre Bélgica, Luxemburgo y el bosque de las Ardenas, el ejército alemán avanzó en la segunda mitad de agosto hacia el interior del norte de Francia, donde se encontraron con el ejército francés, bajo el mando de Joseph Joffre, y las primeras divisiones de la Fuerza Expedicionaria Británica, a las órdenes de Sir John French. A continuación se libraron varias batallas conocidas como las Batallas de las Fronteras. Las batallas clave fueron la Batalla de Charleroi y la Batalla de Mons. Seguidamente se produjo una retirada general aliada, dando como resultado más enfrentamientos, como la Batalla de Le Cateau, el Asedio de Maubeuge y la Batalla de St. Quentin.

El ejército alemán llegó a menos de 70 kilómetros de París, pero en la Primera Batalla del Marne (6 de septiembre - 12 de septiembre), las tropas francesas y británicas consiguieron forzar una retirada alemana, dando fin a su avance hacia el interior de Francia. El ejército alemán se replegó hacia el norte del río Aisne y se atrincheró, estableciendo un frente occidental estático que perduraría tres años. Tras esta retirada alemana, ambas fuerzas intentaron flanquear a la otra en la carrera hacia el mar, y extendieron rápidamente su sistema de trincheras desde el Canal de la Mancha hasta la frontera suiza.

Entre la costa y los Vosgos había una protuberancia en la línea de trincheras, llamada saliente de Noyon por el pueblo francés capturado en el máximo punto de avance, cerca de Compiègne. El plan de Joffre de 1915 consistía en atacar este saliente por ambos flancos con el objetivo de aislarlo. Los británicos formarían la fuerza de ataque por el norte, haciendo presión hacia el este en Artois, mientras que los franceses atacarían Champagne.

El 10 de marzo, como parte de una pretendida ofensiva mayor a la región de Artois, los ejércitos británico y canadiense atacaron Neuve Chapelle en un intento de ocupar la cordillera de Aubers. El asalto fue llevado a cabo por cuatro divisiones a lo largo de un frente de 3 km. Precedido por un bombardeo concentrado que duró 35 minutos, el asalto inicial hizo rápidos progresos, y la aldea fue conquistada en menos de cuatro horas. No obstante, el asalto se ralentizó debido a problemas de logística y comunicaciones. Los alemanes llevaron reservas y contraatacaron, frustrando el intento de capturar la cordillera. Como los británicos habían gastado alrededor de un tercio de sus suministros totales de obuses, el general Sir John French culpó del fracaso a la escasez de munición, a pesar del éxito del ataque inicial.

A pesar de los planes alemanes de perpetuar el estancamiento con los franceses y los británicos, los comandantes alemanes planearon una ofensiva en el pueblo belga de Ypres, que los británicos habían ocupado en noviembre de 1914 durante la Primera Batalla de Ypres. El objetivo radicaba en distraer la atención de las ofensivas principales del frente oriental desbaratando los planes franco-británicos, y también para probar una nueva arma. Tras un bombardeo de dos días, el 22 de abril los alemanes liberaron gas cloro en el campo de batalla, que se desplazó hasta las trincheras británicas. La nube amarilloverdosa asfixió a los defensores y los de retaguardia entraron en pánico, creando una franja sin defender de 6 km de ancho en las líneas aliadas. Sin embargo, los alemanes no estaban preparados para el éxito que obtuvieron y carecían de tropas suficientes para aprovechar la brecha. Pronto llegaron tropas canadienses que repelieron el avance alemán. Esta Segunda Batalla de Ypres marcó el primer uso a gran escala de armas químicas, siendo liberadas 170 toneladas en las líneas aliadas, causando la muerte de 5.000 hombres en pocos minutos, a pesar de estar prohibido por el Convenio de La Haya de 1899.

El ataque de gas se repitió dos días después y causó una retirada de 5 km en la línea franco-británica. Pero la oportunidad se había perdido. El éxito de este ataque no se repetiría, ya que los aliados se defenderían introduciendo máscaras de gas y otras contramedidas. Un ejemplo del éxito de estas medidas se dio un año después, el 27 de abril, cuando a 40 km al sur de Ypres, en la Batalla de Hulluch, las tropas de la 16.ª División Británica (Irlandesa) consiguieron resistir los resueltos ataques de gas alemanes.

Este año también presenció la introducción de los aeroplanos modificados específicamente para el combate aéreo. Aunque ya se habían empleado aviones en la guerra para tareas de reconocimiento, el piloto francés Roland Garros se convirtió el 1 de abril en el primero en abatir un avión enemigo utilizando ametralladoras que disparaban hacia delante a través de las hojas de la hélice. Esto se consiguió reforzando bastamente las hojas para que rebotaran las balas que impactaran con ellas.

Varias semanas después, Garros se vio forzado a aterrizar tras las líneas alemanas. Su avión fue capturado y enviado al ingeniero holandés Anthony Fokker, que en poco tiempo desarrolló una mejora sustancial, el engranaje interruptor, por el que la ametralladora quedaba sincronizada con la hélice, de manera que sólo disparaba balas cuando la hélice no se encontraba en la línea de fuego. Este avance entró en servicio rápidamente, y Max Immelmann fue el primero en anotarse la primera muerte haciendo uso de él el 1 de agosto.

Esto dio comienzo a una carrera armamentística, ya que ambos bandos desarrollaban mejores armas, mejores motores, etc., hasta el final de la guerra. También inauguró el culto a los ases, siendo el más famoso el Barón Rojo.

La ofensiva aliada final de la primavera se produjo en Artois, con el objetivo de intentar capturar la cresta de Vimy. El X Ejército francés atacó el 9 de mayo tras un bombardeo y avanzó 5 km. Sin embargo, se replegaron al llegar al alcance de los nidos de ametralladoras, y la artillería alemana disparó sobre los atacantes. El 15 de mayo, la ofensiva se había detenido.

Durante el otoño de 1915, el "azote de Fokker" comenzó a tener efecto en el frente de batalla, ya que los aviones de localización aliados casi fueron eliminados del cielo. Estos aviones de reconocimiento se utilizaban para dirigir el fuego de artillería y para fotografiar las fortificaciones enemigas, pero ahora los aliados estaban prácticamente cegados por los cazas alemanes que empleaban ametralladoras que podían disparar a través de la hélice.

En septiembre de 1915, los aliados lanzaron ofensivas importantes. Los franceses atacaron Champagne y los británicos Loos. Los franceses habían dedicado el verano a preparar esta acción, mientras que los británicos asumieron el control de más parte del frente para dar más libertad a las tropas francesas. El bombardeo, que se había planeado cuidadosamente por medio de fotografía aérea, comenzó el 22 de septiembre. El asalto principal se lanzó el 25 de septiembre y, al menos en principio, hizo buenos progresos a pesar de las alambradas supervivientes y los puestos de ametralladoras. Sin embargo, previendo este ataque, los alemanes habían desarrollado líneas defensivas 3 y 6 km por detrás de las líneas del frente, y consiguieron defenderse del ataque francés, que duró hasta noviembre.

Además, el 25 de septiembre, los británicos iniciaron su asalto a Loos, que pretendía complementar el ataque a Champagne. El ataque fue precedido por un bombardeo de artillería de cuatro días, en el que se dispararon 250.000 obuses y se liberaron 5.100 cilindros de gas cloro. El ataque incluyó a dos cuerpos en el asalto principal y dos cuerpos más realizando ataques de distracción en Ypres. Durante el ataque, los británicos sufrieron graves pérdidas, sobre todo debido al fuego de ametralladora, y sólo consiguieron avances menores antes de agotar la munición de artillería. Un ataque renovado el 13 de octubre obtuvo resultados algo mejores. En diciembre, el general británico John French fue sustituido por Douglas Haig como comandante de las fuerzas británicas.

El Jefe del Estado Mayor alemán, Erich von Falkenhayn, creía que quizás ya no sería posible una penetración en las líneas enemigas, por lo que se centró en forzar una rendición francesa infligiendo numerosas bajas. Su nuevo objetivo era "desangrar a Francia".

Adoptó dos estrategias nuevas. La primera era el uso de la guerra submarina sin restricciones para interrumpir los suministros aliados que llegaban desde ultramar. La segunda serían ataques selectivos dirigidos a causar numerosas bajas en las tropas terrestres francesas. Para infligir el mayor número de bajas, planeó atacar una posición que los franceses no podrían abandonar por razones tanto estratégicas como de orgullo nacional, y así tenderles una trampa. Se eligió la ciudad de Verdún porque era una plaza importante, rodeada por un anillo de fortificaciones, que estaba situada cerca de las líneas alemanas y porque protegía la ruta directa hacia París. La operación se apodó Gericht, palabra alemana para "tribunal", pero que significaba "lugar de ejecución".

Falkenhayn limitó el tamaño del frente a 5–7 km para concentrar su potencia de fuego y evitar una penetración enemiga tras una contraofensiva. También mantuvo un control estricto sobre las reservas principales, alimentando sólo el número de tropas necesarias para mantener la batalla en marcha. En preparación para su ataque, los alemanes habían amasado un cierto número de aviones cerca de la fortaleza. En la fase inicial, barrieron del espacio aéreo a los aviones de reconocimiento enemigos, lo que permitió que los aviones de reconocimiento y los bombarderos alemanes operasen sin interferencia. Sin embargo, en mayo, los franceses respondieron desplegando escadrilles de chasse con cazas Nieuport superiores. El congestionado cielo de Verdún se convirtió en un campo de batalla aéreo que ilustró el valor de la superioridad aérea táctica, ya que ambos bandos intentaban dominar el reconocimiento aéreo.

La Batalla de Verdún comenzó el 21 de febrero de 1916 tras un retraso de nueve días debido a la nieve y la ventisca. Después de un bombardeo masivo de ocho horas, los alemanes no esperaban mucha resistencia mientras avanzaban lentamente sobre Verdún y sus fortificaciones. No obstante, encontraron una fuerte resistencia francesa, que resolvieron los alemanes con la introducción de los lanzallamas. Los franceses perdieron el control de casi todas sus fortificaciones, incluyendo Fort Douaumont. Sin embargo, los refuerzos franceses consiguieron detener el avance alemán el 28 de febrero.

Los alemanes centraron su atención en Le Mort Homme, al norte, desde donde los franceses estaban lanzando obuses a los alemanes con cierto éxito. Tras una de las luchas más intensas de la campaña, la colina fue tomada por los alemanes a finales de mayo. Después de un cambio en el mando francés en Verdún, del defensivo Philippe Pétain al ofensivo Robert Nivelle, los franceses intentaron recuperar Fort Douaumont el 22 de mayo, pero fueron repelidos con facilidad. Los alemanes conquistaron Fort Vaux el 7 de junio y, con la ayuda del gas fosgeno, se acercaron a 1 km de la última cordillera de Verdún antes de detenerse el 23 de junio.

Durante el verano, los franceses avanzaron lentamente. Con el desarrollo de la táctica de la barrera de artillería rodante, los franceses recapturaron Fort Vaux en noviembre, y en diciembre de 1916 habían empujado a los alemanes 2 km de vuelta desde Fort Douaumont.

En primavera, los comandantes aliados estaban preocupados por la capacidad del ejército francés de soportar las enormes pérdidas de Verdún. Se modificaron los planes originales de un ataque en las inmediaciones del río Somme para que los británicos aportaran el esfuerzo principal. Esto serviría para aliviar la presión sobre los franceses y sobre los rusos, que también habían sufrido grandes pérdidas. El 1 de julio, tras una semana de lluvia intensa, las divisiones británicas de Picardía lanzaron un ataque en el río Somme, apoyadas por cinco divisiones francesas en su flanco derecho. El ataque había sido precedido por siete días de intenso bombardeo de artillería. Las experimentadas fuerzas francesas tuvieron éxito avanzando, pero la cobertura de artillería británica no consiguió ni eliminar el alambre de espino ni destruir las trincheras alemanas con la efectividad planeada. Sufrieron el mayor número de bajas (muertos, heridos y desaparecidos) en un día en toda la historia del ejército británico, unas 57.000.

Tras evaluar el combate aéreo sobre Verdún, los aliados dispusieron de nuevos aeroplanos para el ataque al valle del Somme. Aprendida la lección de Verdún, el objetivo táctico de los aliados se convirtió en lograr la superioridad aérea y, efectivamente, los aviones alemanes fueron casi barridos del cielo sobre el Somme. El éxito de la ofensiva aérea aliada provocó una reorganización del arma aérea de los alemanes, y ambos contendientes empezaron a usar grandes formaciones de aeroplanos en lugar de confiar en el combate individual.

Tras el reagrupamiento, la batalla continuó a lo largo de julio y agosto, con cierto éxito para los británicos, a pesar de los refuerzos de las líneas alemanas. En agosto, el general Haig había concluido que era poco probable una penetración, y en cambio pasó a una táctica de acciones con unidades pequeñas. El efecto buscado era enderezar la línea del frente, algo que se creyó necesario en preparación para un bombardeo masivo de artillería junto con una gran ofensiva.

La fase final de la batalla del Somme presenció la primera utilización del tanque en un campo de batalla. Los aliados prepararon un ataque que incluiría 13 divisiones británicas e imperiales y cuatro cuerpos franceses. El ataque hizo progresos muy pronto, produciendo un avance de 3,2–4,1 km en ciertos lugares, pero los tanques tuvieron poco efecto debido a su escaso número y su poca fiabilidad mecánica. La fase final de la batalla se libró en octubre y principios de noviembre, de nuevo produciendo escasas ganancias y grandes pérdidas de vidas. Con todo, la batalla del Somme hizo penetraciones de solo 8 km, y fracasó en alcanzar los objetivos originales. Los aliados habían sufrido 600.000 bajas y los alemanes más de 460.000, aunque estos números están cuestionados.

El Somme causó de forma directa nuevos desarrollos importantes en la organización y la táctica de la infantería; a pesar de las terribles pérdidas del 1 de julio, algunas divisiones habían conseguido alcanzar sus objetivos con mínimas pérdidas. Al examinar las razones que había detrás de las pérdidas y los logros, los británicos y los contingentes coloniales reintrodujeron el concepto de pelotón de infantería, siguiendo los pasos de los ejércitos francés y alemán, que ya habían iniciado el camino hacia el uso de pequeñas unidades tácticas. En la época del Somme, los comandantes de alto rango insistían en que la compañía (120 hombres) era la unidad de maniobra más pequeña; menos de un año después, lo sería la sección de 10 hombres.

En agosto de 1916, cambió el mando alemán del frente oeste, ya que Falkenhayn renunció y fue sustituido por los generales Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff. Los nuevos mandos reconocieron enseguida que las batallas de Verdún y el Somme habían mermado la capacidad ofensiva del ejército alemán. Decidieron que el ejército alemán pasaría a la estrategia defensiva durante la mayor parte de 1917, mientras que las potencias centrales atacarían en los demás lugares.

Durante la batalla del Somme y a lo largo de los meses de invierno, los alemanes crearon una posición defensiva preparada, tras una sección de su frente, que se llamaría Línea Hindenburg. Esto pretendía acortar el frente alemán, liberando cierto número de divisiones de otras funciones. Esta línea de fortificaciones se extendía desde Arrás hasta Saint-Quentin. La primera vez que los aviones de reconocimiento de largo alcance británicos observaron la construcción de la Línea Hindenburg fue en el mes de noviembre de 1916.

Los alemanes llamaron a la retirada escalonada hacia la Línea Hindenburg Operación Alberich. Comenzó el 9 de febrero y terminó el 5 de abril, dejando atrás un territorio devastado que sería ocupado por los aliados. La retirada varió entre 10 y 50 km desde las líneas originales del frente. Sin embargo, los avances ofensivos británicos continuaron, ya que, con cierta justicia, el Alto Mando afirmaba que esta retirada respondía al azotamiento que recibieron los alemanes durante la Batalla del Somme.

Mientras tanto, el 6 de abril Estados Unidos declaró la guerra a Alemania. A comienzos de 1915, tras el hundimiento del Lusitania, Alemania había cancelado sus intervenciones de guerra submarina en el Atlántico ante la preocupación de que Estados Unidos entrase en el conflicto. No obstante, con el creciente descontento del pueblo alemán por la escasez de alimentos, el gobierno reanudó la guerra submarina sin restricciones en febrero de 1917. Habían calculado que un asedio submarino a Gran Bretaña forzaría al país a abandonar la guerra en menos de seis meses, mientras que las fuerzas estadounidenses tardarían un año en ser un factor importante en el frente occidental. Los submarinos tuvieron un breve periodo de éxitos, antes de que el Reino Unido recurriera al sistema de convoys, reduciendo drásticamente las pérdidas de barcos.

En abril de 1917, las fuerzas del Imperio Británico lanzaron un ataque que empezó con la Batalla de Arrás. A pesar del éxito que lograron el Cuerpo Canadiense y la 5.ª División de Infantería Británica atravesando las líneas alemanas en la Cresta de Vimy, los aliados no pudieron sacar provecho debido a la negativa de proporcionar refuerzos a la región.

Durante el invierno de 1916-1917, la táctica aérea alemana había mejorado: se abrió una escuela de entrenamiento para los cazas en Valenciennes y se introdujeron aviones mejorados con dobles ametralladoras. El resultado fue una cantidad casi desastrosa de pérdidas para la fuerza aérea aliada, especialmente para los británicos, que tenían que luchar con aviones anticuados, un pobre adiestramiento y una táctica débil. Por consiguiente, los éxitos aéreos de los aliados sobre el Somme no se repetirían, y los alemanes les infligieron severas pérdidas. Durante el ataque en Arrás, los británicos perdieron 316 miembros de tripulación aérea, en contraste con los 114 que perdieron los alemanes. Esto fue conocido por el RFC como el Abril Sangriento.

Ese mismo mes, el general francés Robert Nivelle ordenó una nueva ofensiva contra las trincheras alemanas, prometiendo que sería la victoria definitiva. El ataque, llamado Ofensiva de Nivelle (también conocido como Camino de las Damas, por la zona en la que tuvo lugar la ofensiva), tendría la potencia de 1,2 millones de hombres, precedido por una semana bombardeos de artillería y acompañado de tanques. Sin embargo, la operación se desenvolvió pobremente, ya que los franceses tuvieron que superar un terreno áspero y cuesta arriba. Además, la detallada planificación quedó trastocada con la retirada voluntaria de los alemanes hacia la Línea Hindenburg, la confidencialidad quedó comprometida, y los aviones alemanes ganaron el control del cielo, dificultando el reconocimiento. Esto provocó que la barrera de artillería rodante avanzara demasiado rápidamente y se alejara de las tropas. En menos de una semana habían muerto 100.000 soldados franceses. A pesar de las cuantiosas bajas y de su promesa de interrumpir la ofensiva si no producía una penetración, Nivelle ordenó que el ataque continuara en mayo.

El 3 de mayo, la cansada 2.ª División francesa, compuesta por veteranos de la Batalla de Verdún, se negó a seguir sus órdenes, y llegaron borrachos y sin armas. Sus oficiales carecían de los medios para castigar a toda una división, y no se tomaron medidas severas. Los motines afectaron a 54 divisiones francesas y produjeron la deserción de 20.000 hombres. En cambio, las apelaciones al patriotismo y al deber animaron a los soldados a volver para defender sus trincheras, aunque se negaron a participar en más acciones ofensivas. El 15 de mayo, Nivelle fue retirado del mando y reemplazado por el general Henri Philippe Pétain, que suspendió los ataques a gran escala. Los franceses irían a la defensiva durante el siguiente año, dejando la carga del ataque a Gran Bretaña y su Imperio.

El 7 de julio, los británicos lanzaron una ofensiva en la cresta de Messines, al sur de Ypres, para recuperar el terreno perdido en 1914 en la Primera Batalla de Ypres. Desde 1915, los ingenieros habían estado cavando túneles bajo la cresta, y se habían colocado 455 toneladas de explosivo amonal en 21 minas bajo las líneas enemigas. Tras cuatro días de duros bombardeos, se activaron 19 de estas minas, causando la muerte de 10.000 alemanes. La ofensiva que se inició después también se basó en un bombardeo exhaustivo, pero no consiguió desplazar a los alemanes. La ofensiva, aunque fue en principio contundentemente exitosa, no prosperó, debido al terreno anegado y embarrado, y ambos bandos sufrieron cuantiosas bajas.

Durante esta batalla, el 11 de julio de 1917, los alemanes introdujeron en la guerra una nueva arma al disparar cápsulas de gas mediante artillería. El tamaño limitado de un obús de artillería requería utilizar un gas más potente, por lo que los alemanes emplearon gas mostaza, un potente agente vesicante. El uso de artillería permitió alcanzar grandes concentraciones de gas en objetivos seleccionados. El gas mostaza también era un agente persistente que podía perdurar hasta siete días en un lugar, un factor desmoralizante adicional para sus oponentes. Junto con el fosgeno, el gas sería utilizado abundantemente tanto por los alemanes como por los aliados durante las batallas posteriores, ya que los aliados empezaron asimismo a incrementar la producción de gas para la guerra química.

El 25 de junio llegaron a Francia las primeras tropas estadounidenses, formando la Fuerza Expedicionaria Estadounidense. Sin embargo, las tropas estadounidenses no entraron en las trincheras hasta octubre. Estas tropas necesitaban entrenamiento y equipamientos antes de unirse al combate, y durante varios meses fueron relegadas a tareas de apoyo. Sin embargo, a pesar de esto, su presencia proporcionó el necesitado estímulo a la moral aliada.

Desde finales de julio hasta octubre, se renovó el combate alrededor de Ypres con la Batalla de Passchendaele (técnicamente la Tercera Batalla de Ypres, de la que Passchendaele fue la etapa final). La batalla tenía el objetivo inicial de atravesar las líneas alemanas y amenazar las bases submarinas de la costa belga, pero más tarde se limitó a hacer avanzar al Ejército Británico hacia terreno más alto (y más seco) alrededor de Ypres, dejando de estar constantemente bajo la observación de la artillería alemana. Los veteranos canadienses de la Batalla de la Cresta de Vimy y la Batalla de la Colina 70 se unieron a los mermados ANZAC y Ejército Británico y tomaron la villa de Passchendaele el 30 de octubre, a pesar de la fuerte lluvia y las cuantiosas bajas (unas 16.000). De nuevo, la ofensiva produjo una gran cantidad de bajas y una ganancia relativamente pequeña, aunque los británicos consiguieron triunfos pequeños pero inexorables durante periodos de tiempo más seco. El terreno estaba enfangado y plagado de cráteres de la artillería, dificultando mucho el avance y las misiones de abastecimiento. Durante esta ofensiva, ambos bandos perdieron un total combinado de más de medio millón de hombres. Esta batalla se ha convertido en el arquetipo de masacre sangrienta e inútil entre los historiadores británicos, mientras que los alemanes llamaron al Passchendaele "el mayor martirio de la Guerra". Es una de las dos batallas (siendo la otra la Batalla del Somme) que le han granjeado al Comandante en Jefe británico Sir Douglas Haig su controvertida reputación.

El 20 de noviembre, los británicos lanzaron el primer ataque masivo con tanques durante la Batalla de Cambrai. Los británicos atacaron con 324 tanques, un tercio de los cuales permaneció en reserva, y doce divisiones, contra dos divisiones alemanas. Para mantener la sorpresa, no hubo bombardeo preparatorio; solo se desplegó una cortina de humo antes de los tanques. Las máquinas portaban fajinas en el morro para superar las trincheras y unas trampas de 4 metros de ancho para los tanques alemanes. Excepto para la División 51 (Highland), que no avanzó en columnas tras los tanques, sino en una línea a través del campo, el ataque inicial fue un éxito para los británicos. Las fuerzas británicas penetraron más en seis horas que lo que consiguieron en la Tercera Batalla de Ypres en cuatro meses, y con un coste de solo 4.000 bajas británicas.

Sin embargo, el avance produjo un inoportuno saliente, y el 30 de noviembre una inesperada contraofensiva alemana desplazó a los británicos de vuelta a sus líneas iniciales. A pesar de esto, el ataque se percibió como un éxito de los aliados, ya que demostró que los tanques podían superar las defensas de trinchera. La batalla también fue testigo del primer uso masivo de los Stosstruppen alemanes en el frente oeste, que se valían de tácticas de infiltración para penetrar con éxito en las líneas enemigas.

Tras el exitoso ataque y penetración de los aliados en las defensas alemanas de Cambrai, Ludendorff determinó que la única oportunidad de victoria para los alemanes residía ahora en un ataque decisivo a lo largo del frente occidental durante la primavera, antes de que las fuerzas estadounidenses fueran una presencia significativa. El 3 de marzo de 1918 se firmó el Tratado de Brest-Litovsk, y Rusia se retiró de la guerra. Esto tendría un efecto drástico en el conflicto, ya que 44 divisiones quedaban liberadas del frente oriental para poder desplegarse en el oeste. Esto les daría una ventaja de 192 divisiones contra las 173 divisiones aliadas, lo que permitió a Alemania retirar a las unidades veteranas del frente y readiestrarlas para convertirse en Sturmtruppen. En contraste, los aliados todavía carecían de un mando unificado y sufrían problemas de moral y de número de tropas: los ejércitos británico y francés estaban gravemente mermados, y las tropas estadounidenses todavía no habían pasado a un rol de combate.

La estrategia de Ludendorff sería lanzar una ofensiva masiva contra los británicos, con la intención de separarlos de los franceses y desplazarlos de vuelta hacia los puertos del Canal. El ataque combinaría la nueva táctica de Sturmtruppen con aviones de ataque aire-tierra y una barrera de artillería cuidadosamente planeada que incluiría ataques con gas.

La Operación Michael, la primera de las ofensivas de primavera alemanas, casi tuvo éxito en separar a los ejércitos francés y británico, al avanzar 65 km durante los ocho primeros días y desplazar las líneas frontales más de 100 km hacia el oeste, a tiro de artillería de París por primera vez desde 1914.

Como resultado de la batalla, los dos bandos aliados acordaron finalmente unificar el sistema de mando. El general Ferdinand Foch fue designado comandante de las fuerzas aliadas en Francia. Ahora los aliados, unificados, eran más capaces de responder a los envites de los alemanes, y la ofensiva se convirtió en una batalla de desgaste.

En mayo, las divisiones estadounidenses también empezaron a jugar un papel más significativo, consiguiendo su primera victoria en Cantigny. En verano, llegaban cada mes 300.000 soldados estadounidenses. Antes de acabar la guerra, las tropas estadounidenses desplegadas en este frente alcanzaban un total de 2,1 millones de soldados. La creciente presencia estadounidense sirvió para contrarrestar el gran número de fuerzas alemanas redesplegadas.

En julio, Foch inició una ofensiva planificada contra el saliente de Marne producido durante los ataques alemanes. Este ataque tuvo éxito eliminando el saliente en agosto. Dos días después de terminar la primera, se lanzó una segunda ofensiva principal en Amiens, al norte. Este ataque incluiría fuerzas franco-británicas, pero estaba encabezado por tropas australianas y canadienses junto con 600 tanques y apoyados por 800 aeroplanos. El asalto tuvo mucho éxito, haciendo que Hindenburg llamara al 8 de agosto el "Día Negro del Ejército Alemán".

El número de tropas del ejército alemán había quedado gravemente mermado tras cuatro años de guerra, y su economía y sociedad estaban sometidas a una gran tensión interna. La Ofensiva de los Cien Días, que comenzó en agosto, fue la gota que colmó el vaso, y tras esta cadena de derrotas militares, las tropas alemanas comenzaron a rendirse en gran número. Cuando las fuerzas aliadas rompieron las líneas alemanas con un gran coste, la Monarquía Imperial se derrumbó, y dimitieron los dos comandantes del ejército, Hindenburg y Ludendorff. Todavía rugían las batallas cuando la Revolución de Noviembre puso un nuevo gobierno en el poder, que rápidamente firmó un armisticio el 11 de noviembre de 1918, que suspendió toda lucha en el Frente Occidental.

La guerra del frente occidental provocó que el gobierno alemán y sus aliados demandaran la paz a pesar de los éxitos alemanes en otros sitios. Como resultado, los términos de la paz fueron dictados por Francia, el Reino Unido y Estados Unidos, durante la Conferencia de Paz de París de 1919. El resultado fue el Tratado de Versalles, firmado en junio de 1919. Los términos originales del tratado paralizarían a Alemania como potencia económica y militar, por lo que la delegación militar se negó a firmar. En cambio, fue acordada con una delegación del nuevo gobierno alemán.

El tratado de Versalles devolvió a Francia las provincias fronterizas de Alsacia-Lorena, limitando así el carbón que requería la industria alemana. También limitó severamente a las fuerzas armadas alemanas, restringiendo el tamaño del ejército a 100.000 hombres y prohibiendo una fuerza naval o aérea. La armada fue llevada a Scapa Flow bajo términos de rendición, pero luego fue hundida como acto de desafío por parte de sus tripulaciones. Los tratados también reconfiguraron drásticamente Europa del este.

En 1919 Alemania estaba en bancarrota, la gente vivía en un estado de semi-hambruna, y no existía comercio con el resto del mundo. Los aliados ocuparon las ciudades del Rin, Colonia, Koblenz y Mainz, y la devolución dependía del pago de las reparaciones. Entre el pueblo alemán se extendió el mito de que en el ejército alemán no había sido derrotado, lo que más tarde fue aprovechado por la propaganda del partido nazi para justificar parcialmente el derrocamiento de la República de Weimar (ver Dolchstoßlegende).

Francia sufrió graves daños durante la guerra. Además de la pérdida de vidas, el noreste industrial del país quedó devastado. (Cuando estaba claro que Alemania iba a perder, Ludendorff ordenó la destrucción de las minas de Francia y Bélgica Su objetivo era paralizar las industrias de los principales rivales europeos de Alemania). Francia construiría más tarde una gran serie de fortificaciones a lo largo de la frontera con Alemania, conocida como la línea Maginot, confiando en estas estructuras para evitar agresiones futuras de Alemania.

La guerra de trincheras produjo una generación de soldados mutilados y viudas de guerra. Esta carnicería sin precedentes tuvo un efecto duradero en la actitud popular hacia la guerra, que tuvo como resultado una renuencia aliada a ejercer una política agresiva contra Adolf Hitler (un veterano de guerra condecorado). Las repercusiones de esta contienda todavía son visibles hoy en día.

Al principio



Consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial

Cartel propagandístico en favor de la emisión de deuda pública

El efecto de la Primera Guerra Mundial sobre la economía es causa de múltiples polémicas, ya que como todo análisis histórico y económico está profundamente ligado a la ideología política. En cualquier caso, casi todo el mundo coincide en que ésta ocasionó grandes convulsiones que marcan el final de una época (hegemonía indiscutible de Europa), y el inicio de una transición hacia un nuevo orden mundial que se consolidaría con la Segunda Guerra Mundial. Muchos autores ven en la Gran Depresión una consecuencia directa de la magnitud de los cambios que se produjeron.

La preparación del conflicto bélico y, especialmente, su ejecución suponen un incremento de las necesidades militares. Para hacer frente a estos gastos extraordinarios, no era suficiente recortar el gasto social: la gran mayoría de los gobiernos se endeudaron fuertemente, hasta extremos insospechados hasta entonces, y se generaron fuertes presiones inflacionistas.

El tejido productivo se orientó a la producción de armamento, de forma que los bienes de consumo empezaron a ser escasos. Todo tuvo un impacto muy negativo sobre los estratos más pobres de la sociedad, causando numerosas revueltas, como la Revolución Rusa.

La necesidad de soldados, así como su muerte masiva, estaban dejando sin mano de obra a una industria en plena expansión. Este hecho supuso una de las claves de la escasez de productos, pero al mismo tiempo abrió las puertas de los mercados laborales en sectores de la sociedad hasta entonces excluidos de este mundo.

Especialmente revolucionaria fue la aparición de la mujer en la industria pesada, llegando a suponer, por ejemplo, más del 40% de los trabajadores metalúrgicos, cosa que favoreció una gran expansión del movimiento feminista.

La Primera Guerra Mundial es famosa por ser la primera vez en que la humanidad puso en marcha toda la maquinaria industrial para su propia destrucción. Los avances tecnológicos de la Revolución Industrial convirtieron el conflicto en una auténtica carnicería, donde se combinaron tácticas totalmente anticuadas con artilugios de muerte masiva.

Este hecho puso de manifiesto que la superioridad técnica era más importante que la numérica, y se destinaron grandes cantidades de dinero a la investigación y desarrollo de todo tipo de armas. Fruto de eso, avanzó notablemente la industria química, que una vez firmados los tratados contra el uso de armas químicas, se especializó en pesticidas. Destaca especialmente el impulso que recibió la aviación, con las primeras grandes batallas aéreas.

Las necesidades de la guerra introdujeron definitivamente las técnicas de producción en serie en Europa, así como otras numerosas mejoras en las técnicas organizativas de la industria.

Todo esto ayudó además al desarrollo de la publicidad y la rápida expansión del cartel publicitario y propagandístico como medio indispensable de comunicación.

La reducción de la importancia del factor humano supone un crecimiento de la industria militar. Como ya se ha visto, los grandes gastos de la guerra supusieron un desplazamiento adicional de la industria civil hacia la militar. Aunque en un principio las tensiones inflacionistas ayudaron a una rápida expansión industrial, las fábricas pronto se convirtieron en un objetivo estratégico por destruir al adversario.

También sufrió las consecuencias de la guerra el mundo rural, especialmente en una franja de unos pocos kilómetros de ancho en Francia, donde se concentraron la gran mayoría de los combates. El uso de agentes químicos, así como el peligro que suponían las bombas sin estallar y otros restos de guerra, tuvieron como consecuencia una importante reducción de la superficie que se podía dedicar a la agricultura.

Obviamente, los efectos negativos no llegaron a los EE. UU., ya que no se produjo ningún combate en sus tierras. Al contrario: la creciente demanda de una Europa en guerra facilitó una impresionante expansión de la producción en todos los ámbitos. Aunque el final de las hostilidades supuso una importante crisis económica, los EE.UU. se alzaron como primera potencia económica mundial: antes de la guerra (1913), más del 55% del PIB mundial era europeo; después de la Primera Guerra Mundial (1918), el 45% lo era de los Estados Unidos.

Tal vez la consecuencia económica que más diferencia la Primera Guerra Mundial de otras guerras fue la destrucción del sistema de pago internacional conocido como Patrón Oro. Éste se caracteriza por utilizar el oro para liquidar las transacciones y deudas internacionales, como «valor estándar» con el cual las diferentes naciones fijaban la paridad de su moneda.

Durante la guerra, las potencias europeas tuvieron que importar grandes cantidades de armamento, y obviamente eso supuso la desaparición casi total de este metal en los países beligerantes. Por el contrario, los países neutrales, exportadores netos de armamento, tenían un gran exceso, que era peligroso poner en circulación sin caer en procesos hiperinflacionarios. Éstos fueron principalmente los Estados Unidos de América y España.

En estas circunstancias, restaurar este sistema de pago resultaba inviable: los bancos centrales de algunos países no disponían de reservas suficientes como para realizar pagos internacionales, mientras que otros tenían en exceso, pero no podían aplicar la lógica seguida del tipo de interés.

En consecuencia, se abandonó esta práctica. En muchos países, se empezó a utilizar dinero fiduciario, es decir, sin más tipo de respaldo que la confianza. La falta de conocimientos sobre este sistema monetario, así como la facilidad con la que era posible producir más moneda para el Estado, llevaron a las grandes hiperinflaciones de los años 20, principalmente en Alemania y Austria.

A nivel internacional, la falta de un sistema estable de pagos perjudicó fuertemente el comercio, a pesar de que la libra esterlina se mantuvo como moneda de referencia, con una progresiva tendencia hacia el dólar.

A finales de los años 20, se intentó recuperar este sistema, pero errores en la fijación de la paridad de la libra esterlina vaciaron pronto las reservas británicas otro pico y propiciaron el Crack de 1929 en la bolsa de Nueva York. Este hecho fue determinante para la llegada de la Gran Depresión y el fracaso definitivo del patrón oro.

El final de la Primera Guerra Mundial trajo cambios importantes en las fronteras de los países, con sus lógicas implicaciones económicas.

Por una parte, las potencias victoriosas ampliaron sus territorios y, con ellos, su acceso a materias primas. Por otra, el Imperio Alemán perdió una gran parte, quedando además separado de Königsberg (Kaliningrado) por el único acceso al mar que tenía Polonia.

El Imperio Austrohúngaro se disolvió en una gran cantidad de países independientes, los cuales tuvieron serios problemas, ya que su estructura económica e infraestructuras estaban orientadas hacia Viena, un mercado ahora cerrado. Eso les dejó en una situación de estancamiento y crisis, con grandes gastos de reconversión industrial. Lo mismo pasó con las repúblicas que se independizaron del Imperio Ruso.

Algunos países que estaban divididos entre dos grandes imperios se encontraron paradójicamente con infraestructuras inconexas, como por ejemplo vías de ferrocarril con dos anchuras diferentes (Yugoslavia). Eso también se refleja en su estructura productiva.

Esta situación de crisis en el Este propició el ascenso de regímenes totalitarios, que participarían activamente en la Segunda Guerra Mundial.

Al final de la guerra, las potencias victoriosas impusieron a las vencidas fuertes indemnizaciones, en concepto de gastos militares, en su mayor parte contra Alemania, a favor de Francia y del Imperio Británico.

Esta deuda fue una de las claves de los fuertes procesos de hiperinflación y la crisis de la Gran Depresión, así como la subida al poder del nazismo.

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Supervivientes veteranos de la Primera Guerra Mundial

La siguiente es una lista de los veteranos sobrevivientes, muertos y desaparecidos de la I Guerra Mundial (28 de julio de 1914 - 11 de noviembre de 1918). El número total de participantes del personal es desconocido, pero hay unos nueve millones de bajas militares durante la Guerra.

Veteranos, a tal efecto, se definen como personas que eran miembros de las fuerzas armadas de una de las naciones combatientes hasta e incluyendo la fecha del Armisticio. Otros veteranos de la era de la Primera Guerra Mundial se enumeran por separado. Esta política puede variar de la política en el uso real en algunos países.

De todos los veteranos que aun siguen con vida el más anciano es el inglés Henry Allingham (nacido el 6 de junio de 1896). Pero el veterano que más años vivió no fue él sino Emiliano Mercado del Toro (21 de agosto de 1891 - 24 de enero de 2007) que murió a los 115 años.

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Source : Wikipedia