Pintura

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Publicado por daryl 28/03/2009 @ 11:13

Tags : pintura, ocio

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Pintura

Pinturas en Yucatán.

En Bellas Artes, la pintura artística es el arte de la representación gráfica utilizando pigmentos mezclados con otras sustancias orgánicas o sintéticas. En este arte se emplean técnicas de pintura como la teoría del color.

Más allá de toda especulación o tendencia en las artes visuales, la pintura artística, se diferencia de cualquier otro tipo de pintura, en que su práctica no corresponde necesariamente a una demanda, sino a la búsqueda personal de un mensaje visual, que trascienda al material usado en sí, emergiendo detrás de las formas y los colores y sus tonalidades, un contenido que invite al espectador a explorar un camino que se recorre a través de las manos del mismo pintor. Siempre basándose en las técnicas elementales de la pintura como lo es la composición, el equilibrio, ritmo, forma, color y valor.

La pintura es la expresión de ideas, pensamientos y sentimientos en el papel, madera, paredes etc. Para esto el pintor necesita una habilidad para pintar y además una situación en que se base, es decir, un conflicto, problema, o situación en la que este se encuentre.

Estas técnicas basadas en naturalezas matemáticas han sido perfeccionadas a lo largo de la historia por todas las grandes civilizaciones conocidas, y sus profundos conocimientos han sido siempre aplicados a consciencia por la mayoría de los grandes pintores que han trascendido en sus obras.

La aplicación de muchas de las técnicas requiere de medios para plasmar la obra; éstos pueden variar y, generalmente, no ser limitados a una sola herramienta o instrumento. Otras técnicas, por ejemplo algunas empleadas en el Expresionismo abstracto, no requieren que la pintura sea aplicada empleando un instrumento.

Los dedos y manos, el mismo cuerpo humano, puede convertirse en un medio para alcanzar la expresión deseada, el efecto necesario para transmitir el mensaje, el sentido, la emoción y la armonía. El esfuerzo humano puede ser ejemplificado en algunas expresiones del arte aborigen australiano.

Los pinceles, son un instrumento clásico y efectivo que el pintor emplea en su trabajo. Los pinceles pueden variar en tamaño, anchura, y calidad. Los materiales de los componentes de los pinceles y brochas pueden ser orgánicos o sintéticos.

Las cerdas de éstos, también llegan a ser hechas de distintos materiales, diversos grosores, longitudes y propiedades en su acabado. Las cerdas, requieren ser tratadas con cuidado para así prolongar su vida útil; esto incluye su limpieza continua. Una forma eficaz de mantener las cerdas de los pinceles en buen estado, es quitar el excedente de pintura, limpiarlos con disolvente (varsol) y lavarlos con jabón para retirar el disolvente, secar la humedad con una franela y guardarlos horizontalmente o con las cerdas hacia arriba.Así tendras una vida más útil para tu pincel.

Es el color presentado en una obra y puede ser de distintas naturalezas ya sean orgánicos y biodegradables, solubles en agua, de base aceitosa, etc.

La pintura acrílica es una clase de pintura de secado rápido, en la que los pigmentos están contenidos en una emulsión de un polímero acrílico (cola vinílica, generalmente). Aunque son solubles en agua, una vez secas son resistentes a la misma. Destaca especialmente por la rapidez del secado. Asimismo, al secar se modifica ligeramente el tono, más que en el óleo. La pintura acrílica data de la primera mitad del siglo XX, y fue desarrollada paralelamente en Alemania y Estados Unidos.

La técnica de pintura al pastel consiste en la utilización de unas barras de colores similares a las tizas escolares pero que se diferencian de éstas en que, en su composición, llevan una alta proporción de pigmento que se aglutinan con cola y en ocasiones yeso. De esta manera se consiguen colores luminosos, intensos y bien saturados.

Es una técnica de las llamadas secas, ya que a diferencia de la pintura al óleo o la acuarela, no se utiliza ningún disolvente y se aplica directamente sobre la superficie de trabajo. Como soporte es común utilizar papel de buena calidad de buen gramaje de color neutro no blanco y de ligera rugosidad, aunque la técnica es lo suficientemente versátil para que se pueda usar sobre otras superficies.

Es una técnica cómoda, generalmente rápida y que permite realizar correcciones con gran facilidad, razón por la cual es escogida por muchos artistas.

Es la técnica rey por excelencia, su pastosidad, su carácter versátil de poder ser empleado en veladuras o en empastes le dan una libertad admirable, ya que su secado es gradual se pueden hacer esfumados y mezclas cromáticas sobre el mismo lienzo o soporte.

Lo más empleado en técnica de procedimiento es el termino "graso sobre magro". Las primeras etapas deben tener más color que aceite para que el exceso no dañe la estructura de la tela, y para evitar que estas primeras capas generen filtraciones sobre las últimas capas, dando un aspecto grasiento y perjudicial para la conservación posterior del cuadro, ya que en los excesos de aceite está el problema del amarilleo y las micro fisuras en el proceso del oxidación del aceite.

Los estilos de acabado varían desde las veladuras de Rafael hasta el trabajo pastoso y violento de Monet o Canogar. Su gran flexibilidad ha permitido a los artistas combinar sus bondades con otras técnicas como base, tal es el caso del temple y del acrílico, que aplicados en la etapa primera cumplen el principio de graso sobre magro a la perfección.

La pintura puede ser expresada sobre una gran variedad de superficies. Éstas pueden tener características distintas, como son la textura y absorción. También la superficie está íntimamente vinculada al acabado y naturaleza expresiva, por ejemplo: no es igual pintar una acuarela sobre una superficie de papel liso que sobre un papel rugoso, tampoco es igual pintar al óleo sobre lienzo que al fresco sobre un muro ya que el primero es un medio pastoso y de avance oleaginoso y el segundo es seco y translúcido. Ahora bien, los medios también tienen resultados diferenciables de acuerdo a la superficie y de acuerdo a los agregados.

La escuela mural francesa con su máximo exponente Eugene Delacroix realizaba sus murales con óleo y cera con la finalidad de dar el acabado mate propio del fresco, en cambio Rafael Sanzio en su escuela de Atenas empleó veladuras muy seguras y progresivas de menos a mas, si bien el claro oscuro es más diáfano que el conseguido con óleo su color es más luminoso al estar exento de aceite.

Hay otras formas de sacar provecho al medio y a la superficie, por ejemplo, el muro preparado para el fresco es muy absorbente, para realizar transiciones suaves se debe tener una pronta y preludio en la ejecución, tener los colores listos y tomar el tiempo primero (que es cuando hay más humedad) para realizar los difuminados, sin embargo, esa cualidad absorbente del muro puede emplearse para trabajar con trazos lenticulares y provocar una vibración óptica muy similar al arte de Van Gogh, un ejemplo claro es la técnica de Teodoro Núñez Ureta en el Ministerio de Educación de la ciudad de Lima. De esta forma los limitantes de la superficie se pueden convertir en una ventaja para dar más expresividad a la composición.

Al principio



Pintura gótica

Patética expresión de dolor en uno de los ángeles del Llanto sobre el cuerpo de Cristo, pintura mural realizada por Giotto (h. 1266-1337) en la Capilla de los Scrovegni de Padua.

La pintura gótica, una de las expresiones del arte gótico, no apareció hasta alrededor del año 1200, es decir, casi 50 años después del comienzo de la arquitectura y la escultura góticas. La transición del románico al gótico es muy imprecisa y no hay un claro corte, pero podemos ver los comienzos de un estilo que es más sombrío, oscuro y emotivo que en el periodo previo, a principios del siglo XIII. El impulso decisivo de esta pintura realista cristiana se produjo en la Italia septentrional de finales de siglo. Diseminándose por el resto de Europa, el periodo gótico se extendió durante más de doscientos años.

La característica más evidente del arte gótico es un naturalismo cada vez mayor, frente a las simplificadas e idealizadas representaciones del románico. Se considera que esta característica surge por vez primera en la obra de los artistas italianos de finales del siglo XIII, y que marcó el estilo dominante en la pintura europea hasta el final del siglo XV. La pintura gótica se aproxima a la imitación a la naturaleza que será el ideal del renacimiento, incluyendo la representación de paisajes, que, no obstante, sigue siendo poco usual. Se desprende de los convencionalismos y amaneramientos bizantinos y románicos, pero no toma como ideal de belleza el arte griego ni romano antiguo. Por lo mismo, aunque dicha pintura es un verdadero renacimiento, se distingue de la propiamente llamada del Renacimiento clásico en que no cifra, como ésta, su perfección en la belleza de las formas exteriores (que, aun sin descuidarlas, resultan, a veces, algo incorrectas en la pintura gótica) sino, sobre todo, en la expresión de la idea religiosa y en dar a las figuras cierto sabor místico y eminentemente cristiano. A pesar de ello, también ha de decirse que es en este momento en el que comienza la pintura profana, esto es, la pintura en que los temas ya no son siempre religiosos.

En el gótico, en correspondencia con las nuevas tendencias filosóficas y religiosas (recuperación de la filosofía de Aristóteles a través del averroísmo, humanismo de San Francisco de Asís) se tendió a aproximar la representación de los personajes religiosos (los santos, los ángeles, la Virgen María, Cristo) en un plano más humano que divino, dejándoles demostrar emociones y sentimientos (placer, dolor, ternura, enojo), rompiendo el hieratismo y formalismo románico. El artista gótico busca su inspiración en la vida. Hay mucho sentimiento en las obras góticas. Paralelamente, la cultura burguesa demanda una nueva elegancia dentro del arte. Hay más detalles narrativos, más frescura, color, luminosidad,... que se logran con técnicas más refinadas.

En el principio del periodo gótico, el arte se producía principalmente con fines religiosos. Muchas pinturas eran recursos didácticos que hacían el cristianismo visible para una población analfabeta; otras eran expuestas como iconos, para intensificar la contemplación y las oraciones. Los primeros maestros del gótico conservaban la memoria de la tradición bizantina, pero también crearon figuras persuasivas, con perspectiva. En efecto, se produjeron lentos avances en el uso de la perspectiva y de otras cuestiones técnicas en pintura en cuanto al tratamiento de los soportes (que permiten la mayor difusión de un arte mobiliar), los pigmentos y los aglutinantes.

La pintura, esto es, la representación de imágenes sobre una superficie, durante el periodo gótico, se practicaba en cuatro técnicas principales: pintura mural, vidrieras, pintura sobre tabla y miniaturas.

La pintura mural o frescos siguieron usándose como el principal medio para la narración pictórica en las paredes de las iglesias en el Sur de Europa, especialmente en Italia, como una continuación de las tradiciones cristiana y románica anteriores. Fuera de Italia no se cultivaron mucho. Italia, apegada a la forma basilical de las iglesias, conservó mayor extensión en los muros para las pinturas y mosaicos que narrasen historias religiosas.

En la Toscana, las escuela sienesa y florentina, con el Giotto como el más grande de los pintores del Trecento, continuaron la tradición de la gran pintura mural, ya que la arquitectura gótica no llegó a echar raíces en Italia como en Francia. Esta pintura toscana del Trecento, siendo plenamente gótica, anticipa ya el Renacimiento. Los nombres más destacados fueron Cimabue y Giotto.

Frente a lo que ocurre en Italia, en el norte de Europa, las vidrieras fueron el arte preferido hasta el siglo XV. El desarrollo de la Arquitectura gótica con la progresiva sustitución del muro por grandes ventanales con vitrales de colores que permiten el paso hacia el espacio interior de una luz polícroma y matizada, implicó, en las grandes catedrales góticas de Francia, a la práctica desaparición de la pintura mural que se había desarrollado ampliamente en los muros de las iglesias románicas.

El muro translúcido fue el primer espacio propio o ámbito donde se desarrollaron las artes del dibujo y del color en el Gótico. Durante la Baja Edad Media el arte de los vitrales de las catedrales e iglesias se desarrolló, en Europa, paralelamente con la arquitectura gótica, la cual se caracterizaba por la altura de sus naves y la audacia de sus estructuras con bóvedas de crucería que se apoyaban en esbeltos soportes y arbotantes para transmitir al suelo el peso y el empuje de las bóvedas, liberando de las funciones resistentes a los muros de los edificios que progresivamente fueron sustituidos por ventanales y tracerías o encajes de piedra con vitrales de color.

En una primera etapa los colores son vivos y saturados, el plomo delimita las formas, las cuales son delineadas con precisión para poder ser vistas a través de la irradiación luminosa de la vidriera, ello conduce a la tendencia de descomponer la vidriera en medallones, nichos u otro tipo de compartimentos. Las vidrieras revelan, más que ningún otro arte, el componente irrealista y artificial del arte gótico.

A mediados del siglo XIII se produce una modificación profunda de la gama de colores ya que los fondos incoloros se asocian a los tonos quebrados de las escenas y figuras. Con una gama potente pero restringida, las menudas figuras humanas se hacen más agitadas y libres. En la Iglesia de San Urbano de Troyes (hacia 1270) o en las vidrieras de medio punto de la catedral de Beauvais, es donde se dan los mejores ejemplos de estas innovaciones.

En el siglo XIV, tras el descubrimiento del amarillo de plata los vitrales ganan en ligereza, llenándose de un preciosismo dorado que antes nunca tuvieron. En Normandía, en el coro de Saint-Ouen de Ruán y en la Catedral de Evreux se hallan las vidrieras más bellas. El arte de las vidrieras culmina en un estilo exquisito de una calidad igual o superior a las obras maestras de la miniatura. En la cuenca del Loira, en Champaña o en Alsacia se completa el panorama de las vidrieras en Francia, culminando en las naves laterales de la Catedral de Estrasburgo.

En Inglaterra destaca la gran ventana occidental de la catedral de York. En España, las vidrieras más destacadas son las de la catedral de León.

Los manuscritos iluminados representaron la más completa documentación de la pintura gótica, registrando en sus miniaturas la existencia de una serie de estilos en lugares donde no han sobrevivido otras obras monumentales. En la pintura de los códices (o miniaturas), sobre todo en Francia, buscando la realidad y delicadeza en las figuras, todavía les faltaba mucho a éstas para ser modelos en dibujo y perspectiva.

Las miniaturas consistían en pequeñas composiciones : pinturas o dibujos de figuras enmarcadas en las letras iniciales o en diversos compartimentos como medallones, arabescos etc. Se llamaban miniaturas porque se realizaban con minio, u óxido de hierro, mezclado con colorantes naturales.

En el periodo románico y en el primer gótico los temas tenían carácter sacro, su composición estaba influida por criterios similares a los que regían para los los vitrales de las catedrales e iglesias del propio periodo. En el siglo XIV, se introdujeron temas profanos y el arte de las miniaturas se trasladó a los talleres artesanos de París, Borgoña y Flandes.

Los manuscritos ilustrados tuvieron una amplia difusión internacional, a través de las cortes de la nobleza europea.

Destacados miniaturistas fueron Jean Pucelle, Jacquemart de Hesdin y los hermanos Limbourg. Quizá el más famoso manuscrito gótico sean Las muy Ricas Horas del Duque de Berry.

Aunque se ha dicho que la pintura gótica tiene su espacio propio en los grandes vitrales de las Catedrales y en las miniaturas polícromas de los libros, lo cierto es que la pintura propiamente dicha donde subsistió fue en los retablos, las tablas pintadas que forman los frontales o los laterales de los altares y en los muros de las capillas laterales. Puede diferenciarse, además, entre los retablos, que son tablas pintadas o esculpidas que ornamentan los altares de las iglesias, y las tablas de devoción, individuales, de menor tamaño, que adornan las iglesias y las casas particulares.

La pintura sobre tabla, generalmente retablos, se impuso por toda Europa. En el siglo XV era ya la forma pictórica predominante, suplantando incluso a las vidrieras. De tablas o frontales únicos se pasó a dípticos, tríptico, y luego complicados polípticos que combinaban numerosas piezas hasta llegar a los grandes retablos del siglo XIV, con muchas tablas que se organizan con el banco o predela (cuerpo inferior) y calles verticales, separadas por estrechas entrecalles; en la calle central se representaba el tema principal del retablo.

Se ejecutaba al temple, que usaba como aglutinante el huevo o la cola obtenida de los huesos de animales. Es novedad de la última fase del gótico el cambiar ese aglutinante por aceite, dando así lugar a la pintura al óleo. El óleo sobre lienzo no se hizo popular hasta los siglos XV y XVI y fue el punto de partida del arte renacentista.

El estilo gótico lineal se desarrolla entre el siglo XIII y el XIV.Y Destaca la importancia que le da a las líneas del dibujo. Predomina un cromatismo vivo frente a los matices de color. Los temas, naturalistas, se tratan con sencillez.

Ejemplifica esta época las vidrieras de las catedrales y las miniaturas. En Francia, destaca el conjunto de la catedral de Chartres. Otras vidrieras son las de las catedrales de Bourges, Tours, Bayeux y de la Santa Capilla de París.

Es característico de las miniaturas de esta época el empleo de encuadramientos arquitectónicos, así como el uso abundante de oro y las orlas vegetales. Entre las obras producidas dentro de este estilo, cabe citar las Biblias historiadas, como la Biblia Pauperum, las dos biblias de Pamplona o la llamada Biblia moralizada de San Luis (catedral de Toledo); otras obras de devoción fueron el Salterio de la reina Blanca de Castilla (Biblioteca del Arsenal, París) y el Pasionario de Cunegunda (Praga), ya del siglo XIV. La obra maestra de la miniatura española de la época es el Códice de El Escorial de Las Cantigas, obra del scriptorium de Alfonso X.

Comienza a verse en esta época pintura sobre tabla, pudiéndose mencionar el Díptico de la Virgen (Museo de Berlín) y numerosos frontales catalanes y aragoneses, como el de Valltarga o el de Avià. En España se sigue cultivando la pintura mural en esta época, destacando la Sala Capitular de Sigena (MNAC) y la capilla de San Martín, en la catedral vieja de Salamanca, obra de Antón Sánchez de Segovia. En el techo de la catedral de Teruel pueden verse las pinturas atribuidas a Domingo Peñaflor.

Este estilo se fue formando a lo largo del siglo XIII (Duecento) en Italia. Se fundieron las tradiciones del arte bizantino con los primitivos estilos clásicos o paleocristianos en pinturas y paneles de Florencia y Siena. Demostraban más realismo del que se encontraba en el arte románico y en el bizantino, caracterizado por una huida de la llamada maniera greca que dominaba Italia, y que fue sustituida por un estilo más realista. Se sentía fascinación por la perspectiva, y por la ilusión de crear espacios que parecieran reales, con figuras menos rígidas y estilizadas, más anatómicamente correctas y que presentaran estados de ánimo en sus gestos y actitudes. Se muestra también un interés por la narrativa pictórica y una espiritualidad intensificada por influencia franciscana.

En el siglo XIII (Ducento) se distingue la escuela toscana, particularmente la obra de Giunta Pisano. A esta primera etapa de la pintura gótica ha de atribuirse igualmente la labor de la escuela romana de mosaicos y pintural murales, cuyos nombres más destacados son los de Jacopo Torriti y Pietro Cavallini. Cavallini fundió la pintura de la tradición local romana (arte romano y arte paleocristiano) con las convenciones bizantinas; sus vigorosos y bellos frescos y mosaicos muestran un dominio del naturalismo.

Se considera a Cimabue el iniciador de la escuela florentina del Trecento. Trabajó en Roma en 1272, conociendo allí el mundo clásico y la pintura paleocristiana y románica, lo que le influyó para abandonar la bidimensionalidad del estilo bizantino y encaminarse a un mayor realismo. Su obra más conocida es la Maestà, que estaba en el altar de la iglesia de Santa Trinità de Florencia. A finales de siglo estuvo trabajando en la Asís.

No obstante, el gran maestro de esta escuela es un discípulo suyo, Giotto (h. 1266-1337), al que se considera como auténtico iniciador de la pintura moderna. Es Giotto quien busca representar el espacio correctamente, así como adecuar las expresiones y los gestos en relación con el estado de ánimo del personaje. Dio un tratamiento revolucionario a la forma y a la representación realista del paisaje, introduciendo la tridimensionalidad, lo que significó un gran paso en la historia de la pintura. Con él llega a la cumbre la pintura gótica italiana. En la Capilla de los Scrovegni, en Padua, se encuentra todo un ciclo de frescos (1305-1306) que mostraron escenas de la vida de la Virgen. También es importante su intervención en Asís, con un ciclo sobre la vida de San Francisco. Giotto tenía un gran poder para organizar toda una escena en torno a una imagen central, como puede verse en una de sus obras más famosas, el Beso de Judas. Estuvo en Roma en 1330, donde pintó un fresco en el palacio de Letrán. Allí conoció las innovaciones de Pietro Cavallini.

La impresión que les causó la fidelidad a la naturaleza de la obra de Giotto a sus contemporáneos, fue irresistible. La capacidad de simplificar y ordenar la experiencia de la realidad para lograr la representación directa de las cosas, junto a la disposición las historias en compartimentos historiados concebidos como ventanas donde Giotto sitúa los personajes cargados todavía de un peso escultórico que contrasta con la elocuencia de sus gestos. Sobre el fondo de arquitecturas o paisajes dibujados en complejas perspectivas, Giotto desarrolla el «espacio pictórico», un ámbito de tridimensional que se extiende en profundidad por detrás de la superficie pintada en lo que es la principal innovación de la pintura del Trecento y el más importante avance que se haya dado en toda la Historia de la Pintura. Con el espacio pictórico nace la pintura moderna. Seguidores suyos fueron Taddeo Gaddi y Andrea Orcagna.

La Peste Negra que devastó Italia a mediados del siglo XIV afectó profundamente a Florencia, lo mismo que a Siena. Su versión más impresionante es un fresco ejecutado en el año 1350 en el Campo santo de Pisa, el cementerio junto a la catedral de Pisa. Esta obra, atribuida a Francesco Traini, discípulo y seguidor de Giotto, reproduce fragmentos dramáticos y simboliza el crepúsculo de la gran pintura italiana del Trecento. Un incendio, en 1944, dañó el fresco, que tuvo que ser retirado.

La herencia de Giotto y Martini que había suscitado la mayor renovación pictórica de toda la Historia de la pintura, no se reencontrará en Italia hasta un siglo más tarde, cuando el genio del arquitecto Brunelleschi, juntamente con los pintores Masaccio y Piero della Francesca o del escultor Donatello, eleven los destinos del Arte hasta el Renacimiento.

Se inicia con Duccio, quien, aun fuertemente influido por la pintura bizantina, intentó superar su bidimensionalidad. En los siglos XIII y XIV, la ciudad de Siena competía en el esplendor de su arte con Florencia. Es en esta ciudad en la que Duccio ejecuta su mayor obra y una de las más famosas pinturas italianas: la Maestà de la catedral de Siena. Fue contratada por la catedral de Siena en 1308 e instalada allí con gran ceremonia en 1311. Posteriormente, la obra fue desmantelada y vendida, en parte porque no era apreciada. Como consecuencia, hay paneles de la Maestà en diversas partes del mundo, como Washington DC, Nueva York y Londres. La Maestà fue pintada por los dos lados: en un lado la Virgen con el Niño y en el otro escenas de los Evangelios; revela fuertes lazos con la tradición bizantina, pudiendo apreciarse la influencia de Europa Septentrional en las formas graciosas y ondulantes de las figuras. Duccio recibió esa influencia de segunda mano, a través de las esculturas de Nicola y Giovanni Pisano.

Se considera a Simone Martini como el artista más puramente gótico de Siena, ejemplo por antonomasia del estilo italo-gótico, y el único que podía rivalizar con Duccio. El estilo gótico norte-europeo estaba representado en la Italia de la época por Francia. En 1266 una de las ramas de la Casa de Anjou estableció una corte en Nápoles y Martini fue llamado para pintar un cuadro por encargo del rey Roberto el Prudente. Su Madonna con santos y ángeles del gran salón del Palacio Comunal de Siena (1315) es muy característica, poniendo de manifiesto la influencia que en él ejerció la pintura francesa, aunque aún mantiene lazos con la tradición bizantina.

Los hermanos Pietro y Ambrogio Lorenzetti traen la marca de Giotto a la escuela sienesa. Los hermanos Lorenzetti difundieron un modelo de Virgen con Niño en un coloquio impregnado de tristeza. De las obras que ejecutaron, la obra más destacada de Ambrogio es el fresco que representaba las alegorías del Buen y del Mal Gobierno, encargado para el interior del palacio comunal de Siena. Era el primer intento de mostrar un escenario real con habitantes reales. En la alegoría de la Paz se encuentra representado el modelo de belleza femenino de la época. Ambos hermanos murieron de repente en el año 1348, probables víctimas de la Peste Negra.

Las basílicas de Asís fueron el lugar donde coincidieron los grandes pintores del final del Ducento con los del Trecento: Cimabue junto con sus discípulos, pintó en ambas basílicas. Giotto con sus discípulos, pintó las Historias Franciscanas de la Iglesia Superior, otros pintores de la escuela florentina así como Duccio di Buoninsegna, Simone Martini y otros pintores de la escuela sienesa estuvieron también en Asís. Reinventaron el retablo o la pintura sobre tabla que decoraba los altares de las catedrales e iglesias toscanas y continuaron la tradición de la gran pintura mural que culminará en el Palacio de los Papas de Aviñón.

El nuevo estilo italiano influyó en la pintura de los distintos países, pudiendo citarse a Jean Pucelle en Francia y al maestro Bertram en Alemania. Por lo que se refiere a España, pronto se recibieron directamente obras realizadas en Italia, como el retablo de Don Juan de Manuel (catedral de Murcia), obra de Barnaba da Modena. Pintores italianos, como Gerardo Starnina, trabajaron en la Península Ibérica. En Cataluña inició el estilo Ferrer Bassa, que debió pasar un tiempo en Italia. No obstante, el autor más destacado de la escuela catalana es Ramón Destorrents. Pueden mencionarse, asimismo, a los hermanos Jaume y Pere Serra.

El estilo internacional fusiona, a finales del siglo XIV, características del gótico lineal propio del Norte de Europa y la pintura trecentista italiana. Los artistas destacados viajaban de Italia a Francia y a la inversa, así como por toda Europa, de manera que las ideas se divulgan y combinan. Los pintores siguen una técnica minuciosa, representando con gran detalle las anécdotas, buscando reflejar la realidad con gran naturalismo, pero sin olvidar el sentido simbólico de lo que se representa. Las figuras se estilizan, y abundan los plegados en los ropajes. Ahora, los temas, aunque religiosos, se interpretan como profanos, los santos se transforman en apuestos caballeros y distinguidas damas, que se desenvuelven con ademanes exageradamente afectados en ambientes palaciegos. Obras de este estilo se vieron no sólo en esos dos países ya mencionados, sino también en Inglaterra, Alemania, Austria o Bohemia.

Francia es el centro difusor de estas tendencias, comenzando por la influencia de los duques Juan de Berry y Felipe de Borgoña. Aún prevalecía allí la iluminación de manuscritos como la forma de pintura predominante. Llegó a nuevas cumbres con la obra de los Hermanos Limbourg, quienes aun viviendo en los Países Bajos, trabajaban para la nobleza francesa. Su obra maestra conjunta son las Muy Ricas Horas, encargo del duque de Berry. Pertenece al género de los libros de horas, un libro de oraciones ilustrado que contenía los rezos para cada una de las siete horas canónicas del día. También incluía un calendario y uno de cada dos meses está ilustrado con temas profanos referentes a cada estación. La obra aún estaba incompleta cuando los artistas murieron, posiblemente debido a la Peste Negra.

Algunas obras de arte gótico muestran el impacto de la Peste Negra. Esta epidemia, que hoy se sabe que era de peste bubónica, desvastó Europa entre 1347 y 1351. En aquella época muchos consideraron que se trataba de un castigo de Dios. Artistas como el Maestro de las Horas de Rohan reflejaban en sus obras un interés por la muerte y el juicio divino. En aquella misma época, sin embargo, había autores que no parecían afectados por la peste, como el sienés Sassetta. Vivió este pintor una época de paz en Siena, bajo un gobierno republicano durante el cual la ciudad pudo rivalizar artísticamente con Florencia.

Otro miniaturista de renombre fue Jacquemart de Hesdin. Artista destacado del gótico internacional fue Melchior Broederlam, un flamenco que trabajó para la corte del duque de Borgoña, en Dijon. Sus tablas presentan las características del gótico internacional: una calidad pictórica suave y un detallado realismo. Otros pintores de tablas de Borgoña fueron Jean de Beaumetz, Jean Malouel y Henri Bellechose.

Se trató de un estilo verdaderamente internacional, cultivado en países como Alemania por Conrad Soest, el maestro Francke o Stefan Lochner. Hubo una escuela de Praga a la que pertenecieron el Maestro del Jardín del Paraíso y el de Trebon. Un ejemplo clásico del estilo verdaderamente internacional es el Díptico Wilton, actualmente en la National Gallery de Londres. Se pudo pintar en cualquier momento del reinado de Ricardo II de Inglaterra. Y su autor pudo haber sido de cualquier nacionalidad, no habiendo consenso sobre la misma, lo que revela el carácter de esta etapa del gótico.

En España, por su parte, se desarrolló especialmente en la Corona de Aragón. En Valencia trabajaron Lorenzo Zaragoza, Pedro Nicolau y Marzal de Sax. En Cataluña trabajó primero Luis Borrassá y, después, más cercano al estilo flamenco, Bernat Martorell (Retablo de San Jorge). Otros autores son los aragoneses Pedro Zuera, el maestro de Arguís y Juan Leví, y el mallorquín Francisco Comes. En la Corona de Castilla trabajaron Nicolás Francés, Nicolás Delli, Dello Delli, el maestro de Sigüenza y Juan Hispalense.

Surge en Flandes durante el primer tercio del siglo XV, al mismo tiempo en que en Italia se encuentran ya en el Renacimiento. Este estilo se difunde por el resto de Europa, salvo Italia, durante el resto del siglo. Actualmente, también puede encontrarse que a esta etapa de la pintura se la llama Prerrenacimiento o también Renacimiento nórdico, abarcando la obra de los flamencos hermanos Van Eyck, Rogier van der Weyden, Hugo van der Goes y Memling o los alemanes Multscher y Witz.

Su principal innovación es la técnica de pintura al óleo, lo que permite un mayor colorido, sutileza y detallismo. Hay una minuciosidad absoluta en la representación de los detalles, de las texturas de las telas, de la forma los objetos y, sobre todo, la fidelidad de los rostros. Ahora bien, es una pintura repleta de simbolismo, pues con frecuencia, detrás de los objetos más triviales hay mensajes ocultos, lo que convierte los cuadros en auténticas alegorías.

A esta última fase del gótico a veces se la conoce también como prerrenacimiento o renacimiento nórdico, ya que su rico colorido, su concepción de la perspectiva y su avanzado tratamiento de la luz permiten considerarlos ya un primer renacimiento. Se mantienen, no obstante, ciertos convencionalismos heredados de la tradición anterior que resta veracidad a la escena: composición confusa, pliegues angulosos, gestos forzados, solemnidad excesiva (cierto hieratismo, a veces).

La mayor parte de las obras son encargos privados para la aristocracia o la burguesía, por lo que tienen un fuerte contenido civil y profano. Predominan los cuadros religiosos aunque, a menudo, se interpretan como sucesos cotidianos; de hecho, es común que quien encarga la obra, es decir, el "donante", aparezca en la escena como un personaje más; a partir de la presencia del donante se desarrolla un nuevo género: el retrato.

Dentro de los primitivos flamencos, se considera que los pioneros fueron los hermanos Hubert y Jan Van Eyck (1380-1441), además del pintor cuya identidad no ha sido plenamente establecida y que se conoce como Maestro de Flémalle.

A Jan van Eyck se le atribuye la invención de la pintura al óleo. Jan trabajaba como pintor oficial del Duque de Borgoña, lo que le permitió moverse en un ambiente aristocrático y refinado y se convirtió en un pintor elitista. Por eso sus cuadros son auténticas joyas, con personajes muy solemnes, fríos e impasibles. Sus mayores preocupaciones fueron el realismo, el tratamiento de la luz y la perspectiva. Con su hermano, hizo una obra maestra del arte flamenco: el Políptico del Cordero Místico de la catedral de San Bavón en Gante (1432), basado en un pasaje del Apocalipsis. Otras obras famosas de Van Eyck son cuadros de devoción, especialmente la Virgen del Canciller Rolin y la del canónigo Van der Paele, ambas muy similares y con excelentes retratos de los donantes; y retratos admirables, como el del Matrimonio Arnolfini, una alegoría con un avanzado tratamiento de la perspectiva y de la luz.

Comparte mérito como iniciador de este estilo el Maestro de Flémalle, con gran riqueza de colorido y sentido escultórico de las formas, además de un indudable simbolismo. Se ha identificado con Robert Campin, aunque también hay quien ha sostenido que es Roger van der Weyden en su fase juvenil. Destaca el Tríptico de Werle, tablas en las que está representada Santa Bárbara, el donante Enrique Werle con San Juan Bautista y los desposorios de la Virgen, en el Museo del Prado.

En el segundo tercio del siglo XV trabajan una serie de pintores que afirman y asientan el estilo flamenco. El más destacado de ellos es Roger van der Weyden, considerado la antítesis de Van Eyck por la expresividad y agitación de sus cuadros. No se preocupó tanto por la perspectiva o la minuciosidad, sino por el dinamismo y el dramatismo. Su obra maestra es El Descendimiento, en la que llama la atención su apariencia escultórica, su emotividad, su esmerada composición a base de poderosas diagonales y la asociación rítmica de las figuras en grupos de tres, de enormes dimensiones y aprisionadas en un nicho fingido. Aquí no hay frialdad, sino calor, reflejando un gusto popular propio de una burguesía acomodada, no tan culta como la que frecuentó Van Eyck. Ejerció una enorme influencia sobre los pintores posteriores.

En esta misma época trabajaron dos pintores que dieron gran importancia a la luz: Dierick Bouts, cuyas figuras alargadas están dotadas de un fuerte carácter escultórico y Petrus Christus, con cierta tendencia a la abstracción.

En el último tercio del siglo XV y principios del XVI trabajaron una serie de pintores que profundizaron en las características del nuevo estilo. Algunos de ellos fueron meramente conservadores de las técnicas anteriores a ellos, como Hans Memling y Gérard David. Gerard David fue el sucesor de Memling en Brujas y fue un artista de éxito. Su obra representa el auge del estilo característico de los Países Bajos.

Pero hubo otros de mayor originalidad, que pretendían superar los límites del estilo flamenco, entre ellos, Hugo van der Goes, Geertgen tot Sint Jans y, el más notable de ellos, Hieronymus Van aeken, llamado el Bosco. Aunque tuvo una vida acomodada, le obsesionaban la religión y el pecado. Por eso, sus tablas se llenan de figuras fantásticas y visiones diabólicas, cuyo objetivo parece ser moralizar a base de ácidas críticas, pero recurriendo a numerosos recursos pictóricos (el claroscuro, la perspectiva, los paisajes), que suavizan su mensaje haciéndolo más poético. Es célebre por sus obras fantásticas y misteriosas, por lo que hay que considerarlo aparte de sus contemporáneos. Tiene un estilo inigualable y su simbolismo permanece vivo incluso en la actualidad. El Bosco expresa las ansiedades de una época de convulsión social y política. De su abundante obra destacan El Jardín de Las Delicias, gran tríptico que resume la historia moral de ser humano de la creación a la condenación, y El Carro de Heno, otro tríptico que critica el egoísmo y la falta de templanza frente a los placeres prohibidos. Estas dos obras se encuentran en el Museo del Prado, gracias a que el rey Felipe II era gran admirador de su obra y formó una importante colección de pinturas del artista.

En la segunda mitad del siglo XV, la influencia flamenca se extendió por Europa. En Francia destaca el pintor de la corte, Jean Fouquet. En torno a Aviñón trabajaron Enguerrand Charonton, Nicolás Froment, y el Maestro de Moulins. En Alemania destacan los nombres de Konrad Witz, Martin Schongauer, Hans Holbein el Viejo y Michael Wolgemut, maestro de Durero. El principal autor de estilo luso-flamenco fue Nuno Gonçalves.

La pintura hispano-flamenca tuvo un enorme desarrollo. En la Corona de Aragón cabe citar al valenciano Luis Dalmau (Virgen dels Consellers), aunque el más representativo de la escuela catalana es Jaime Huguet. De la escuela valenciana pueden mencionarse a Jacomart y su discípulo Juan Rexach. En Baleares trabajó Pedro Nisart, de probable origen francés. Finalmente, el más destacado representante de la escuela aragonesa es el cordobés Bartolomé Bermejo, con su excepcional Santo Domingo de Silos.

En la Corona de Castilla la llegada del estilo flamenco es posterior, considerándose introductor del mismo a Jorge Inglés. El pintor de más renombre tal vez sea Fernando Gallego, pudiendo citarse otros como Juan de Segovia y Sancho de Zamora (autores del retablo de la capilla de Don Álvaro de Luna en la catedral de Toledo), el llamado Maestro de los Reyes Católicos y Juan Sánchez de Castro.

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Pintura en Italia

En la escuela veneciana, de tipo bizantino, destacó Andrea Riccio de Candia, a quien se atribuye la creación del famosísimo icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Durante el barroco, en Italia se desarrolla ante todo una pintura religiosa y decorativa, con una figura clave, Caravaggio.

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Pintura anticorrosiva

Reja oxidada

La pintura anticorrosiva es una base o primera capa de imprimación de pintura que se ha de dar a una superficie, que se aplica directamente a los cuerpos de acero, y otros metales. Para ello puede usarse un proceso de inmersión o de aspersión, (dependiendo del funcionamiento de la planta de trabajo y de la geometría de la estructura). Éste tiene el propósito principal de inhibir la oxidación del material, y secundariamente el de proporcionar una superficie que ofrezca las condiciones propicias para ser pintada con otros acabados, esmaltes y lustres coloridos. La pintura anticorrosiva generalmente se presenta de color rojo “ladrillo” o naranja rojizo, aunque también se encuentran en color gris y en negro. El color rojizo, (encontrado comúnmente en vigas, por ejemplo) toma su pigmentación del óxido de hierro que es empleado como componente en su elaboración. En algunos lugares, a esta película anticorrosiva, se la ha llamado 'minio' cuando su función es, principalmente la de evitar la degradación del hierro.

Esta pintura anticorrosiva se constituye por componentes químicos básicos tales como el silicato de sodio (que inhibe la corrosión), y el EDTA (un secuestrante activo) y tiene la primordial función de proteger el acero (y otros metales como el hierro), y para ello, no sólo se adhiere a la superficie, sino que procura reaccionar químicamente con la superficie metálica con la que toma contacto para modificarla y compenetrarse químicamente. Con los avances de la bioquímica, la susodicha pintura es cada vez es más sofisticada, de mejor calidad, con un secado más rápido y capaz de actuar sobre una mayor cantidad y variedad de metales, así como en general un proceso de pintado anticorrosivo más fiable y fácil de los componentes de acero.

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Pintura rupestre

Pintura rupestre en Castellón (Comunidad Valenciana), España.

La pintura rupestre son dibujos y bocetos prehistóricos existentes en algunas rocas y cavernas. El término «rupestre» deriva del latín rupestris, y éste de rupes (roca), aunque también es sinónimo de primitivo. De modo que, en un sentido estricto, rupestre haría referencia a cualquier actividad humana sobre los muros de cavernas, covachas, abrigos rocosos e, incluso farallones o barrancos, etc. Desde este aspecto, es prácticamente imposible aislar las manifestaciones pictóricas de otras representaciones del arte prehistórico como los grabados, las esculturas y los petroglifos, grabados sobre piedra por percusión o erosión. Al estar protegidas de la erosión por la naturaleza del soporte, las pinturas rupestres han resistido el pasar de los siglos.

Se trata de una de las manifestaciones artísticas más antiguas de las que se tiene constancia, ya que, al menos, existen testimonios datados hasta los 40.000 años de antigüedad, es decir, durante la última glaciación. Por otra parte, aunque la pintura rupestre es esencialmente una expresión espiritual primitiva, ésta se puede ubicar en casi todas las épocas de la historia del ser humano y en todos los continentes exceptuando la Antártida. Las más antiguas manifestaciones y las de mayor relevancia se encuentran en España y Francia, se corresponden con el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico. Del primero de los periodos citados son las extraordinarias pinturas de la Cueva de Altamira, situadas en Santillana del Mar, Cantabria (España).

Estas pinturas — y las otras manifestaciones asociadas — revelan que el ser humano, desde tiempos prehistóricos, organizó un sistema de representación artística, se cree, en general, que se halla relacionado con prácticas de carácter mágico para propiciar la caza. Dado el alcance cronológico y geográfico de este fenómeno, es difícil, por no decir, imposible, proponer generalizaciones. Por ejemplo, en ciertos casos las obras rupestres se dan en zonas recónditas de la cueva o en lugares difícilmente accesibles; hay otros, en cambio, en los que éstas están a la vista y en zonas expeditas y despejadas. Cuando la decoración está apartada de los sitios ocupados por el asentamiento se plantea el concepto de santuario cuyo carácter latente subraya su significado religioso o fuera de lo cotidiano. En los casos en los que la pintura aparece en contextos domésticos es necesario replantear esta noción y considerar la completa integración del arte, la religión y la vida cotidiana del ser humano primitivo.

En las pinturas rupestres se simbolizan seres humanos, animales (en su mayoría de sexo femenino ya que creían mejorar la fertilidad de los animales pintados) y el medio ambiente, representando además el comportamiento habitual de las colectividades y su interacción con las criaturas del entorno y sus deidades. Entre las principales figuras presentes en estos grafos encontramos imágenes de bisontes, caballos, mamuts, ciervos y renos, aunque las marcas de manos también ocupan un porcentaje importante. Frecuentemente se muestran animales heridos o dañados con flechas. Los motivos y los materiales con que fueron elaboradas las distintas pinturas rupestres son muy similares entre sí, a pesar de los miles de kilómetros de distancia y miles de años en el tiempo. Se señala que todos los grupos humanos que dependían de la caza y recolección de frutos efectuaron este tipo de trabajo plástico.

En la pintura rupestre por lo general se usaban uno o dos colores, incluyendo algunos negros, rojos, amarillos y ocres. Los colores también llamados pigmentos eran de origen vegetal como el carbón vegetal, de fluidos y desechos corporales como las heces, compuestos minerales como la hematita, la arcilla y el óxido de manganeso, mezclados con un aglutinante orgánico resina o grasa.

Las cuevas se ubican totalmente bajo el suelo, y en consecuencia se hallan en una oscuridad casi completa. Se cree que los antiguos artistas se auxiliaban con unas pequeñas lámparas de piedra llenas de grasa animal.

Los colores se untaban directamente con los dedos, aunque también se podía escupir la pintura sobre la roca, o se soplaban con una caña hueca finas líneas de pintura. En ocasiones los pigmentos en polvo se restregaban directamente en la pared y asimismo se los podía mezclar con algún aglutinante y aplicar con cañas o con pinceles rudimentarios. Como lápices se usaban ramas quemadas y bolas de colorante mineral aglutinadas con resina. A veces se aprovechaban desniveles y hendiduras de la pared para dar la sensación de volumen y realismo.

A menudo las siluetas animales se marcaban o raspaban para generar incisiones y así producir un contorno realista y notorio en la roca.

La edad de las pinturas permanece en muchos sitios arqueológicos como un gran interrogante, ya que los métodos para determinarla, como el del Carbono-14, pueden fácilmente llevar a resultados erróneos por la contaminación del material evaluado, y también porque las cavernas y superficies rocosas presentan protuberancias en las que se alojan residuos de suciedad provenientes de diversas épocas. Para determinar la fecha de su creación se recurre a técnicas más convencionales como fechar imágenes por el tema representado. Por ejemplo el reno dibujado en la gruta española de las Cueva de las Monedas, cuyo origen estimado corresponde a la última glaciación. Los yacimientos de pinturas rupestres se dan con mayor frecuencia entre Francia y España, porque en estas zonas el hombre encontró un lugar más propicio para sobrevivir a los cambios ambientales y al crecimiento demográfico.

La península ibérica es uno de los territorios donde podemos encontrar yacimientos prehistóricos del periodo paleolítico en Europa. Uno de estos sitios es la Cueva de Altamira ubicada en España. En esta caverna existen unas ciento cincuenta pinturas, distribuidas en los muros y en el techo, pero el lugar más importante de la gruta es una cámara de 5 metros, en donde los grafos se elaboraron en el techo desnivelado, aprovechando así las protuberancias de la superficie rocosa para dar relieve a las figuras humanas y animales, especialmente bisontes -unos dieciocho- en un grupo de grafos policromáticos de gran detalle y realismo. Las composiciones de Altamira carecen de un sentido de conjunto y muchas veces las imágenes fueron superpuestas sobre otras más antiguas, circunstancia que confirma el propósito mágico-religioso y no meramente decorativo.

En el epipaleolítico, entre Barcelona y Almería, existen decoraciones murales rupestres en la paredes de cueva con superficies calcáreas y por sobre los 800 a 1000 metros de altura sobre el nivel del mar, hechas por un pueblo nómada. Estas pinturas se caracterizan por un realismo impresionante, considerando que fueron creadas con herramientas rusticas. Muestran un desarrollo estilístico que incorpora paulatinamente la abstracción, el detalle esquemático, y un dinamismo extremo. Pero lo que más llama la atención son los motivos antrópicos, incluyendo hombres vestidos con pantalones, ornamentados con plumas y armados con arcos, representando frecuentemente escenas de caza. Las mujeres utilizan faldas y están adornadas con plumas.

Durante el mesolítico, las comunidades humanas localizadas en la península se caracterizaron por desarrollar un nivel de trabajo artístico más avanzado al representar en imágenes situaciones cotidianas como la caza, las luchas, los ritos y ceremonias. Las primeras pinturas de este tipo se hallaron en el año 1903 en Calapatá, pero también se originó en las provincias de Almería, Albacete, Castellón, Valencia, Lérida y Teruel. Estas grutas se distinguen de muchas otras debido a que son meros refugios al aire libre. Entre las manifestaciones más impresionantes se halla la de Cogul (Lérida), que representa una ceremonia en la cual un grupo de mujeres danzan con faldas alrededor de un hombre.

En Portugal, Extremadura, Cádiz y la Sierra Morena se encuentran las pinturas más importantes de tendencia abstracta, representando signos ideomorfos.

La elaboración de pinturas rupestres en Francia comenzó en el año 30.000 a. C. atribuidas a la cultura auriñaciense en la gruta de Aurignac. Alcanzaron su máximo esplendor entre 14.000 y 13.000 años adC., en la cueva de Lascaux descubierta cuatro adolescentes de etnia gitana. En esta caverna son representados caballos, ciervos y otros animales. Las pinturas de la cueva de Lascaux se caracterizan por poseer contornos marcados con negros, para destacar la imagen y polvos de colores, para resaltar los efectos cromáticos.

En Ukhahlamba-Drakensberg, Sudáfrica se encuentran pinturas de aproximadamente 3.000 años de antigüedad atribuidas a las tribus de San, quienes se establecieron en la región hace unos 8.000 años. En las pinturas aparecen seres humanos y animales, que posiblemente halla relacionado con prácticas de carácter mágico para propiciar la caza.

La mayor cantidad de pinturas rupestres en el continente áfricano se encuentran en la región de Twyfelfontein (Namibia). En las afueras de Hargeisa en Somalia se han descubierto recientemente pinturas que muestran a los antiguos habitantes pastoreando ganado. Otras pinturas pueden hallarse en las cuevas de las montañas de Tassili en el sudeste de Algeria, en Akakus, y en otras regiones del Sáhara como los montes Ayr. También en Tibesti, Chad y en Níger.

En Australia se ha encontrado una significativa cantidad de pinturas, cuyos ejemplos más importantes están en el Parque Nacional Kakadu, una gran colección de pinturas a base de ocres. El ocre es un material no orgánico, por eso es imposible fechar las pinturas con el procedimiento de radiocarbono.

Pintura de un hombre se piensa que es un guerrero o un cazador.

Una tortuga.

En América la extensión continental y la multiplicidad de ambientes y culturas prehistóricas hace difícil una abstracción que permita caracterizar genéricamente.

En 1875, cuatro años antes del descubrimiento en Europa de las pinturas de Altamira (inicialmente no consideradas como arte prehistórico) un ingeniero español Barrial Posadas en el Uruguay, copiaba cuidadosamente los diseños que veía en una enorme piedra y agregaba luego al pie de la lámina, sin ninguna duda, que ellos eran "diseños de indios".

Esto ocurría en un país como Uruguay, que desde el siglo pasado se jactaba en América de no tener más indígenas.

Luego de este primera contribución (que marca el nacimiento de la primera etapa de la arqueología uruguaya), otros investigadores como Figuerido, Larrauri, De Freitas, Figueiras, Consens y Bespali, Pelaez y Consens han trabajado, publicando, revisando y descubriendo nuevos sitios en el resto del país.

Como resultado de esas investigaciones, se conocen hoy decenas de sitios con pinturas y grabados. Los primeros ubicados al sur del Río Negro y los segundos al norte.

Los grabados se iniciaron entre los 6 a 8 mil años antes del presente, en un ambiente muy distinto al actual. Por ello podemos ver como guanacos (hoy desaparecidos) y felinos aparecen en grandes bloques horizontales, junto a sencillos dibujos geométricos. Miles de años más tarde, en las mismas áreas, se graban intrincadas figuras meándricas, junto a marcas de líneas paralelas y puntos agrupados.

Hace unos dos mil años se vuelve a grabar. Ahora los diseños se complejizan porque se reutilizan no sólo los sitios, sino también los mismos bloques anteriormente grabados. Esto obliga a los investigadores a complejos trabajos técnicos para recuperar la información.

Por último hace unos mil doscientos años, surge un estilo de diseños esquemáticos tanto antropomorfos como zoomorfos, junto a una técnica de grabado profundo y a veces alisado. Algunos de esos sitios reciben ofrendas con carácter ritual.

Las pinturas están realizadas en las paredes verticales de enormes bloques de granito, que emergen como grandes monumentos en las amplias praderas onduladas del sur del Uruguay.

Se conservan aún hoy unas cuarenta de estos sitios con un grado de percepción visual aceptable. Mientras que en cerca de cien bloques, apenas se ven los restos de los que fueran importantes murales pintados. Algunas áreas de los departamentos de Flores, Florida y Durazno debieron ser en esa época, verdaderas exposiciones al aire libre.

Como mínimo se comenzó a pintar hace unos dos mil quinientos años antes del presente. Hubo un período posterior alrededor del año 1200, donde se vuelve a pintar, sobe la misma base estilística de figuras geométricas. Pero ahora se utilizan complejas formas cerradas, con importante variación de los diseños internos.

También en ese periodo se ensayan varias técnicas diferentes como el uso de pinceles finos (2 a 3 mm), la preparación de la superficie previo al diseño, manos en positivo e incluso pintura en negativo. Hay un especial cuidado en no sobreponer las pinturas, cuidándose el uso del espacio, como una referencia muy valiosa.

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Source : Wikipedia