Marsella

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Publicado por astro 31/03/2009 @ 00:12

Tags : marsella, francia, europa, internacional

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Marsella

Ubicación de Marsella en Francia

Marsella (Marseille en francés, del griego Μασσαλία, Massalia; en provenzal, Marselha o Marsiho) es una ciudad y comuna portuaria del sur de Francia, capital del departamento de Bocas del Ródano y de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul (PACA).

Marsella es la segunda comuna más habitada de Francia con una población de 839.043 habitantes, principal centro económico y mayor metrópoli del Mediodía francés, agrupando cerca de 1.605.000 personas en el área urbana de Marseille-Aix-en-Provence. Es el puerto comercial más importante de Francia y del Mediterráneo, tercero en importancia de Europa tras Rotterdam y Amberes, centro de importante actividad industrial especializado en la petroquímica y el refino de petróleo, construcción naval e industrias diversas, es también un nudo de comunicaciones de las rutas de enlace entre París, Italia, Suiza y España. Marsella es sede de un arzobispado y centro universitario de primer orden fundado en 1409.

Marsella se desarrolló con el nombre de Massalia como colonia comercial fundada por marineros foceanos hacia el 600 a. C., conservando los restos más antiguos de la viticultura de Francia introducidos en el siglo IV a. C. Sede de un vizcondado en el siglo IX dependiente luego del condado de Provenza, fue incorporada a la corona de Francia en 1481 y aprovechó para su crecimiento de la alianza estratégica de ésta con el Imperio Otomano durante el Renacimiento y el Antiguo Régimen. Tras la Revolución que bautizó con el nombre de Marsellesa, la marcha militar que más tarde se convirtió uno de los símbolos nacionales de Francia, la ciudad fue escenario del llamado Terror Blanco y durante el siglo XIX, escenario de un rápido progreso con la expansión colonial francesa hacia Argelia y la apertura del Canal de Suez. Fue parcialmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los objetivos de la Operación Dragoon. Lugar de paso tradicional de los flujos migratorios que fueron incrementando el caracter multicultural de la ciudad, la crisis económica de los años 1970 provocó sin embargo un descenso notable de la población, la pérdida de poder adquisitivo y la acentuación de los conflictos sociales en el último cuarto del siglo XX para ir recuperándose paulativamente como una de las urbes más importantes de la región Euromediterránea.

La representación más antigua conservada del blasón marsellés se encuentra en un manuscrito iluminado, datado a finales del siglo XIII o principios del XIV donde aparece reproducido en evocación de la época de las cruzadas. Este escudo de armas tradicional fue difundido en documentos y acuñaciones numismáticas hasta que a partir del siglo XVI, la imprenta incrementó su distribución. También sirvió como medio de difusión la arquitectura local oficial y la imagería municipal de la que se conservan numerosos ejemplos.

La posterior evolución de la heráldica enriqueció, a imagen de los escudos de armas dinásticos, la complejidad de la seña al incluir según los gustos artísticos de cada época, ornamentos exteriores. El edicto de Colbert de 10 de julio de 1699 por el que se regulaban las armerías del reino de Francia confirmó el uso del blasón tradicional, hasta que tras la Revolución, la Asamblea Constituyente abandonó por un decreto de supresión de 21 de junio de 1790 la tradición heráldica considerada como representativa de las costumbres clasistas del Antiguo Régimen.

Cuando la rehabilitación del uso de los escudos de armas municipales fue aprobada por decreto imperial en 1809, la corporación marsellesa de entonces incluyó junto con la cruz, las figuras de unas abejas y un navío, pero con escasa difusión.

El 25 de noviembre de 1815, en tiempos de Luis XVIII, se retomó el uso del escudo tradicional al que se añadieron como tenantes o figuras ornamentales animales, un león con caduceo, símbolo de Mercurio, y de un toro con un tridente a los que se unió una corona mural a partir de 1833. Desde 1883 se difundieron nuevos añadidos como una cornucopia y la divisa Massilia civitas. Otro lema en latín, "Actibus immensis urbs fulget Massiliensis" es también empleado en algunas representaciones: "La Ciudad de Marsella brilla por sus grandiosas acciones".

Diversos yacimientos y estudios arqueológicos de diferentes asentamientos atestiguan la presencia humana de manera contínua en Marsella desde la prehistoria. Las pinturas rupestres paleolíticas en la cueva submarina de Cosquer, cerca de la “calanque” de Morgiou, datadas entre el 27 000 y 19 000 a. C., atestiguan la presencia humana en el área de Marsella desde hace más de 30 000 años. En el sitio arqueológico de la colina de Saint-Charles, ya en el centro urbano, se han hayado restos de vivendas y construcciones en ladrillo del neolítico, hacia el VI milenio adC, periodo coincidente con el escenario de colonización por parte de pueblos navegantes-agricultores originarios del Mediterráneo oriental que introdujeron la agricultura, la ganadería, la alfarería y el trabajo del pulido de piedra desde entonces en el área de Marsella y del sur de Francia.

Según cuentan las crónicas de Tucídides, griegos de Focea, en la península de Anatolia, emprendieron la fundación del establecimiento comercial o emporion de Massalia Μασσαλία hacia el 600 a. C., si bien las circunstancias y la fecha precisa de la fundación de esta colonia siguen siendo imprecisas.

El desarrollo posterior de Massalia, que alcanzaría un importante numero de habitantes y la categoría de polis (ciudad estado), la convirtieron en un puerto de referencia griego en Europa occidental, aliado más adelante, de la República Romana en sus disputas con etruscos, celtas y Cartago. La colonia griega prosperó gracias a su posición como puente de comercio entre Roma y los pueblos del interior de Galia, facilitando el intercambio de bienes manufacturados, esclavos y, particularmente, de vino cuya elaboración y cultivo en Marsella se remonta al siglo IV a. C., como han puesto de manifiesto las excavaciones en la colina de Saint-Charles con el hallazgo de los sustratos de viticultura más antiguos descubiertos en Francia. En el 49 a. C., como consecuencia de su apoyo al partido de Pompeyo el Grande en su enfrentamiento con Julio César, fue anexionada a Roma por este último tras vencer y capturar a su flota, adoptando el nombre latino de Massilia.

La administración romana respetó en provecho del desarrollo de la ciudad la fundación construida por los griegos, como atestiguan los yacimientos arqueológicos que muestran trabajos de ampliación, aportando también novedosas infrastructuras como el alcantarillado público, del que Massilia fue la primera villa en las Galias en ser equipada. Patria del célebre marino Piteas, Massilia estuvo gobernada por un consejo de 15 senadores elegidos entre los 600 del Senado,si bien, el control efectivo era ostentado por tres de ellos.

De acuerdo con la tradición católica, María Magdalena difundió el cristianismo en provenza desde Massilia junto con Lázaro de Betania quien sería, según algunos autores, el primer obispo de la diócesis de Marsella. Del periodo de expansión cristiana se conserva el epitafio de los problables mártires Volusiano y Fortunato, considerada la más antigua de las inscripciones cristianas.

Tras la descomposición del Imperio Romano en Europa Occidental en el siglo V, la ciudad pasó a ser gobernada por los visigodos que la cedieron a los ostrogodos, después de la Batalla de Vouillé en 507, para evitar que cayera en manos de los francos que sin embargo, terminaron por ocuparla.

A principios del siglo VIII, la destrucción del reino Hispano-visigodo por el Califato Omeya y la instauración del su poder en la Península Ibérica, inició un periodo de disputa por el control de Europa Occidental con Imperio Carolíngio, que afectó al desarrollo de Marsella y las demás villas francas de la costa mediterránea, principalmente en la primera mitad del siglo IX, con el fenómeno del hostigamiento de las rutas comerciales por la piratería. Marsella fue atacada y saqueada dos veces en aquel periodo por tropas musulmanas enviadas desde el Al-Ándalus, en 838 y 846. La decadencia económica se manifiesta en que durante todo el siglo X, Marsella no pudo ver confirmados sus privilegios municipales., pero fue recuperándose una vez integrada en las posesiones de los condes de Provenza. En 1262, la ciudad se rebeló bajo Hugues des Baux, hermano de Barral des Baux y Bonifacio VI de Castellana contra el mando de los Angevins pero fue sometida por Carlos I de Sicilia y Nápoles. En 1347, la ciudad fue uno de los focos de penetración en Europa de la devastadora epidemia de peste negra, por su condición de puerto, resultando muertos cerca de 50.000 de sus 90.000 habitantes. Todavía sin recuperarse del desastre demográfico, la ciudad es atacada y saqueada durante 3 días en 1423 por la flota de Alfonso V de Aragón, en respuesta a las pretensiones de Luis III de Nápoles por recuperar el dominio de los territorios del sur de Italia.

En 1437, Renato I de Nápoles, que sucedió a su padre Luis II de Nápoles como Rey de Sicilia y Duque de Anjou, llegó a Marsella y se estableció como uno de los más enriquecidos asentamientos fuera de París. Marsella fue luego usada por el duque de Anjou como una base marítima estratégica en la reconquista de su reino de Sicilia. El Rey René, que deseaba dotar a la entrada del puerto con una sólida defensa, decidió construir sobre las ruinas de la antigua torre Maubert y establecer una serie de murallas que protegian el puerto. Jean Pardo, ingeniero, concibió los planes y Jehan Robert, albañil de Tarascon, llevó a cabo el trabajo. La construcción de las nuevas defensas de la ciudad tuvo lugar entre 1447 y 1453. El comercio floreció en Marsella también en este período como el gremio comenzó a establecer una posición de poder dentro de los comerciantes de la ciudad. Renato también fundó la Corporación de Pescadores.

Marsella se unió a la Provenza en 1481 y luego se incorporó al Reino de Francia al año siguiente, pero pronto adquirió una reputación de rebelión contra el gobierno central.

Unos 30 años después de su incorporación, Francisco I visitó Marsella, atraido por su curiosidad para ver a un rinoceronte que el Rey Manuel I de Portugal envió al papa León X, pero que se había naufragado en la Isla de If. Como resultado de esta visita, se construyó la fortaleza del Castillo de If, lo que no bastó para impedir el asedio por el ejército del Sacro Imperio Romano unos años más tarde. Hacia el final del siglo XVI Marsella sufrió otro brote de la plaga, lo que contribuyó para que poco después se fundara el hospital del Hotel-Dieu. Un siglo más tarde el rey Luis XIV tuvo que descender a Marsella, al frente de su ejército, con el fin de anular el levantamiento local contra el gobernador. Como consecuencia de ello, los dos fuertes de San Juan Y San Nicolás se levantaron por encima del puerto y se establecio en el puerto una gran flota.

En el transcurso del siglo XVIII, se mejoraron las defensas del puerto y se hizo más importante como puerto militar en el Mediterráneo. En 1720, la Gran Peste de Marsella, una variante de la Peste Negra, provocó 100.000 muertes en la ciudad y las provincias limítrofes. Jean-Baptiste Grosson, notario real, escribió desde 1770 a 1791 el almanaque histórico de Marsella, Recueil des antiquités et des monumentos marseillais qui peuvent intéresser l'histoire et les arts, ( "Colección de antigüedades y monumentos de Marsella que pueden interesar a la historia y las artes "), que durante mucho tiempo fue el principal recurso en la historia de los monumentos de la ciudad.

La población local abrazó con entusiasmo la Revolución Francesa y 500 voluntarios marcharon a París en 1792 para defender al gobierno revolucionario. En su marcha de Marsella a París cantaban una canción, que pasó a ser conocida como La Marsellesa, hoy día convertido en el himno nacional de Francia.

Durante el siglo XIX las instalaciones portuarias se extendieron y se instalaron muchas fábricas, la ciudad fue un lugar de innovaciones industriales y de un crecimiento en la industria manufacturera. El aumento del Imperio francés y las conquistas de Francia desde 1830 en adelante (sobre todo en Argelia) estimularon el comercio marítimo y aumentaron la prosperidad de la ciudad. Las oportunidades marítimas también aumentaron con la apertura de los canales de Caronte (1863) y Rove (1911), comunicando el puerto marsellés con el Estanque de Berre y el delta del río Ródano. Y especialmente significativa para el comercio marítimo fue la apertura del Canal de Suez en 1869. Este período en la historia de Marsella se refleja en muchos de sus monumentos, como el obelisco napoleónico de Mazargues y el arco de triunfo real en d'Aix.

Durante la primera mitad del siglo XX, Marsella celebró su estatus de comercio y puerto del Imperio a través de su condición colonial de 1906 a 1922, la monumental escalera en la estación de ferrocarril, glorifica las conquistas coloniales francesas. En 1934, Alejandro I de Yugoslavia arribó al puerto para reunirse con el ministro de Asuntos Exteriores francés Louis Barthou, pero fue asesinado allí por Vlada Georgieff.

Durante la II Guerra Mundial, fue ocupada por los alemanes entre noviembre de 1942 a agosto de 1944 y sufrió graves destrozos. Una gran parte del casco antiguo de la ciudad fue dinamitado en un proyecto masivo de limpieza, con el fin de reducir las posibilidades de ocultar a miembros de la resistencia que operaban en los edificios antiguos de gran densidad de población. Los gobiernos de Alemania Oriental, Alemania Occidental e Italia pagaron masivas reparaciones, más los intereses compuestos, para compensar a los civiles muertos, heridos o que quedaron sin hogar o en la indigencia como consecuencia de la guerra y para la reconstrucción de la ciudad.

A partir de la década de 1950, la ciudad sirvió como puerto de entrada a Francia para más de un millón de inmigrantes. En 1962 hubo una gran afluencia después de la independencia de Argelia, que incluyó unos 150.000 Pieds-Noirs. Muchos inmigrantes han permanecido y han dado a la ciudad un vibrante barrio africano con un gran mercado.

El territorio de Marsella forma una especie de anfiteatro, encerrado por el mar al oeste, por "les calanques" (calas) al sur con Marseilleveyre, por la Costa Azul al norte con l'Estaque (inmortalizado por el pintor Cézanne) y por las cadenas montañosas de l'Étoile y Garlaban al noreste. La ciudad se extiende en una franja de 57 km a lo largo del Mediterráneo y cerca de la mitad de la superficie comunal está en territorio natural no urbanizable.

Esto hace de ella una de las ciudades menos densamente pobladas de Francia. La ciudad ha ido creciendo alrededor del antiguo puerto griego, llamado "Le Vieux-Port" (El Viejo Puerto), particularmente en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, Marsella ha presenciado un importante desarrollo en esta época, estimulado además por el comercio hacia el nuevo imperio colonial francés: Argelia, Levante y el lejano Oriente. La calle de la República es un ejemplo de este urbanismo del segundo Imperio con su estilo haussmaniano. Volcada hacia el mar, la ciudad ha ignorado durante tiempo su pasado provenzal cuya única vía de comunicación ha sido el valle de l'Huveaune.

Sin embargo, la ciudad ha sufrido ciertos cambios a lo largo de su historia. El desarrollo urbano ha girado siempre en torno al Viejo Puerto, situado en la cala del Lacydon donde fue fundada en el año 600 a. C. por marineros griegos procedentes de Focea, en Asia Menor. La antigua ciudad de Massalia amplió su área comercial implantando diversas fabricaciones en Hyères/Olbia, Antibes y Niza. Históricamente, la urbe fue creciendo paulatinamente de la orilla norte del puerto hacia el sur, lo que no evitó que en el siglo XVII, Luis XIV ordenase una importante reestructuración urbanística. El monarca amplió la ciudad hacia el sur y construyó el arsenal de Galères. Además, durante su reinado, el crecimiento de Marsella se desborda hasta sobrepasar la Canebière (la arteria principal de la ciudad) y se diseñan amplios bulevares y calles rectas donde se edifican imponentes casas particulares. A su vez, se ordena la inmediata construcción de dos fortalezas que velan la entrada del puerto y que se convertirán, con el paso del tiempo, en monumentos imprescindibles de la ciudad: el fuerte de San Nicolás en la orilla sur y el fuerte de San Juan en la orilla norte.

Sería ya, en el siglo XIX, cuando Marsella adopta su imagen y diseño actuales. Se completan importantes obras a nivel de urbanismo moderno y de arquitectura, completándose con el nuevo puerto de Joliette, nuevos y amplios bulevares fundamentales de la ciudad como la actual calle de la República y edificios históricos del calibre de la basílica Notre-Dame de la Garde, el Palacio de la Bolsa, el Palacio Longchamp, la Prefectura, el Palacio de las Artes o la catedral de la Nueva Mayor. Durante el siglo XXI, la ciudad se ha introducido de lleno en un nuevo programa de rehabilitación conocido como Euroméditerranée, creado en 1996. Este proyecto persigue una constante y remodelada ordenación urbana que respeta y trata de rehabilitar el casco antiguo de Marsella conjugándolo con construcciones más modernas y vanguardistas, siempre en armonía con la imagen de la ciudad.

Muy conocida en la zona es Cassis, a las afueras de la ciudad y donde se encuentran las bellas Les Calanques, las calas de Marsella. Suelen realizarse excursiones marítimas que cruzan el archipiélago de Frioul para llegar a Callelongue, la más garndes e importante de las calas. El resto (Mounine, Podestat, La Polidette y Queyrons) son muy pequeñas y de muy difícil acceso, ya que bordean los peligrosos cortantes del Massif de Marseilleveyre. Frente a estas diminutas calas se erigen multitud de islas rocosas, como la isla de Riou.

Después de una grave crisis en las décadas de la década de los 70 y los 80, la población de Marsella pasó de 900.000 a 800.000 habitantes. Las autoridades francesas y el Estado Francés decidieron lanzar en 1990 y 2000 un vasto programa de rehabilitación urbana, con el importante programa Euromediterráneo, entre la estación Saint-Charles, la Belle-de-Mai y los antiguos puertos. La ciudad quiere aunar Europa y el Mediterráneo. Hoy, la segunda ciudad de Francia con más de 800.000 habitantes constituye la segunda unidad urbana del país después de París con 1 418 481 habitantes (2006), incluyendo Aix-en-Provence al norte, Martigues al oeste y Saint-Zacharie en el departamento de Var al este. Marsella ha inaugurado en 1999 el Parque del XXVI centenario, en el sur de la ciudad, para conmemorar aquel cumpleaños.

Al tratarse de uno de los puertos más importantes del mar Mediterráneo, Marsella ha sido ciudad de paso para muchas embarcaciones internacionales y convirtió a la ciudad en una urbe muy cosmopolita. A finales del siglo XVIII, aproximadamente la mitad de la población era extranjera, cuyos núcleos principales venían de Italia (Génova y el Piamonte), España y Grecia.

Griegos e italianos llegaron a la ciudad a finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, siendo, durante esta época, el 40% de la población de origen italiano. Otros grupos de distintas nacionalidades que arrivaron a Marsella durante el pasado siglo fueron los rusos, en 1917, los armenios, en 1915 y 1923, los españoles tras la guerra civil de 1936, inmigrantes procedentes del Magreb durante el período que comprendieron las dos grandes guerras mundiales, y los pieds-noirs procedentes de las colonias francesas de Argelia y Comoras. En 2006, la minoría étnica más importante de la ciudad, a nivel de número de habitantes, eran los magrebíes (especialmente argelinos) que constituían 70.000 habitantes. La segunda minoría más amplia eran los procedentes de las Comoras (45.000 habitantes).

Actualmente, un tercio de la población total marsellesa es de origen italiano, el país mas representado de la ciudad muy parejo incluso con la nacionalidad francesa nativa. Además, cuenta con el mayor número de corsos y armenios del país. Otras comunidades importantes de la ciudad son los árabes del norte de África y bereberes (25% de la población total), turcos, comoranos, chinos y vietnamitas.

La mayor parte de la población de Marsella se declara católica (600.000). El resto de religiones que cuenta con más fieles son el Islam (entre 150.000 y 200.000), la Iglesia Católica Apostólica Armenia (80.000), el judaísmo (80.000, siendo Marsella la tercera ciudad con mayor población judía de Europa), el protestantismo (20.000), la Iglesia Ortodoxa (10.000) y el budismo (3.000).

El clima de Marsella es mediterráneo, con suaves y húmedos inviernos y calurosos y secos veranos. En general, el año climatológico en la ciudad suele ser suave, ya que los meses más fríos, enero y febrero, registran temperaturas de unos 11ºC, mientras que los meses más cálidos suelen ser julio y agosto, con temperaturas medias cercanas a los 30ºC. Uno de los vientos que azota con fuerza Marsella es el Mistral, potente y frío, se gesta en los Alpes y hace su aparición, fundamentalmente, en otoño. Menos frecuente, aunque no por ello improbable, es el Siroco, el viento que procede del desierto del Sáhara.

La ciudad es una de las más soleadas de Francia, y es que goza de más de 3.000 horas de sol al año. En cuanto a las precipitaciones, se reparten con cierta uniformidad a lo largo del año, aunque la época más lluviosa es el otoño.

Tradicionalmente, la economía de Marsella ha estado ocupada en ser el puerto del Imperio Francés, conectando las colonias francesas del norte de África como Argelia, Túnez y Marruecos con el pueblo de Francia. Actualmente, el viejo puerto es uno de los principales atractivos para el turismo, que a su vez es una de las principales fuentes de ingresos de la ciudad, ya que en él existen multitud de cafés, bares y hoteles. La pesca aún sigue siendo fundamental en la economía local y, por supuesto, en la gastronomía marsellesa. Pese a la variedad de la oferta culinaria de la ciudad, las capturas frescas del día son un reclamo muy importante en los restaurantes, bares y terrazas de la localidad.

La economía de Marsella, hoy en día, está dominada por el Nuevo Puerto, perpendicular al Viejo. Un puerto de contenedores comerciales y de transporte hacia el Mediterráneo. La mayor parte del transporte que pasa por el puerto está relacionado con el petróleo, convirtiendo a Marsella en puerto más importante en Francia en este transporte y el tercero de Europa. Sin embargo, este crecimiento se está viendo frenado por los constantes ataques y la conciencia social respecto al petróleo.

Marsella es un importante centro de comercio e industria de Francia, con una excelente infraestructura como carreteras, puerto y aeropuerto. El Marseille Provence Métropole es el lugar donde tienen su sede cientos de compañías, la mayoría de ellas pequeñas empresas. Entre las más importantes destacan CMA CGM, una compañía francesa dedicada al transporte de contenedores que tiene sus oficinas centrales en Norfolk, Virginia; el Grupo Eurocopter, uno de los principales fabricantes de helicópteros; y la compañía EADS.

Recientemente, la ciudad ha experimentado una notable mejoría en el sector servicios. Pero, pese a que ha superado la crisis en la que se vio inmersa durante la década de los 70, Marsella aún está lejos de las grandes economías de París o de las regiones industriales del noreste de Francia. También es cierto que la ciudad fue galardonada con el premio a la ciudad más dinámica de Francia, concedido por el diario financiero L'Expansion, ya que desde el 2000, cerca de 7.200 compañías han sido creadas en la ciudad.

La ciudad está unida al río Ródano por un canal y posee grandes instalaciones para el transporte aéreo y por ferrocarril: en las cercanías se encuentra el gran puerto petrolero de Fos-sur-Mer, que se desarrolló a partir de la década de 1960. En la industria del área metropolitana de Marsella predominan el hierro y el acero, los productos químicos, los productos de plástico y metal, los barcos, el petróleo refinado, los materiales para la construcción, el alcohol, los productos de la industria alimentaria y la industria aeronaval.

Marsella esta dividida en 16 distritos municipales, que a su vez son divididos en a sí mismos en quartiers (111 en total). Los distritos son reagrupados en parejas formando 8 sectores y cada sector cuenta con su propio consejo y su cámara municipal.

Entre las instituciones culturales y educativas de la ciudad destacan las universidades de Aix-Marseille I y II (1970). La elegante Opéra de Marseille, construida en 1787 y donde han actuado, por ejemplo, Alfredo Kraus, Plácido Domingo y Renata Scotto. Entre sus hijos ilustres destaca el imaginero y retablista barroco Antoine Duparc.

En Marsella se dan una amplia gama de museos. El Museo de la Vieille Charité en el Panier es un edificio histórico diseñado por Pierre Puget en el siglo XVII. El Museo de Historia de Marsella, que contiene una gran cantidad de restos de la presencia griega y romana en la ciudad. De visita obligada es el Musée des Beaux-Arts de Marseille, el espectacular Museo de Bellas Artes de Marsella. Un museo dedicado a la moda, el Musée de la Mode, expone 2.000 diseños de las tendencias de la moda de los últimos 30 años. Junto al Palacio de Justicia se erige el Musée Cantini, un museo de arte moderno que presume de tener algunas obras de Picasso. Otro de los museos más importantes de la ciudad es el dedicado a la "vieja Marsella", en el que se muestra el día a día de los marselleses siglo a siglo. Esta situado en la Maison Diamantée.

La ciudad destaca, también, por ser una de las capitales más importantes del hip hop europeo. Es también el lugar de nacimiento y trabajo del cineasta Robert Guédiguian, de cuyas obras, Marius y Jeanette, le valió el premio y la buena crítica internacional.

En la bahía situada frente a Marsella hay varias islas, entre las que se encuentra la isla de If, cuyo castillo (siglo XVI), se describe en la novela de Alejandro Dumas El conde de Montecristo. Varios fortines protegen el puerto y, en una franja de terreno que se proyecta hacia el oeste de la bahía, se encuentra la iglesia de Notre-Dame de la Garde (siglo XIX), coronada por una estatua dorada de la Virgen María, que ordenó edificar San Eugenio de Mazenod, obispo de la ciudad y fundador de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada.

A pesar de ser la ciudad más antigua de Francia, Marsella conserva pocos vestigios de épocas antiguas. A finales de la década de 1960, los arqueólogos descubrieron y desenterraron parte de los contrafuertes y las murallas helenísticas de la ciudad. Además junto a la Catedral de la Mayor se conserva parte de la antigua catedral medieval y vestigios de una iglesia paleocristiana precedente.

En unas criptas del siglo XI, sobre las que se construyó la iglesia de San Víctor en el siglo XIII, se encuentra una imagen de la Virgen María que se considera obra de San Lucas.

Marsella es la ciudad más importante de Francia en cuanto a turismo costero, debido a su buen clima y sus playas. Pero además, alberga gran cantidad de edificios históricos que atraen a multitud de turistas al año, así como su importante y significativo puerto marítimo. La mayoría de los principales enclaves históricos fundamentales para los turistas se sitúan en los distritos 1, 2, 6 y 7.

El viejo puerto o Vieux-Port, el principal puerto de Marsella salvaguardado por dos fuertes, Fort St Nicolas y Fort Saint Jean. Es uno de los puntos neurálgicos del turismo marsellés ya que en él se concentran multitud de cafés, tiendas, mercados y demás establecimientos para los turistas. Es muy significativo, como se mencionó anteriormente, debido a que fue tomado por los nazis en 1943. El Faro de Santa María esta situado a la entrada del puerto, mide 70 pies de alto y fue terminado en 1855.

Existe una gran cantidad de edificios religiosos en la ciudad. La basílica de Notre-Dame de la Garde, realizada por el arquitecto Henri-Jacques Espérandieu a partir 1853, de estilo románico-bizantino y realizada a partir de diversos materiales importados expresamente de Italia, es uno de los edificios más importantes en este aspecto. Destaca también la Catedral de Marsella, conocida también como la basílica de Santa María la Mayor o, simplemente, la Mayor, también de estilo románico-bizantino y construida en la segunda mitad del siglo XIX por el arquitecto Léon Vaudoyer. Fue designada basílica menor por León XIII el 24 de enero de 1896. Uno de los lugares más importantes del catolicismo francés y de los más antiguos de la ciudad es la Abadía de San Víctor de Marsella, fundada durante el siglo V por Saint Jean-Cassien.

No menos importantes son los castillos marselleses. El más importante esta situado en la isla de If, donde se encuentra el castillo de If, del siglo XVI, el mismo castillo que Alejandro Dumas decribió en El Conde de Montecristo. El castillo de Borely (anteriormente un museo de arqueología), donde se realizan exposiciones de pintura; el fuerte Saint Jean (comenzado durante el siglo XII y completado bajo el mandato de Luis XIV).

Los barrios marselleses gozan de una gran popularidad debido a su encanto. Uno de los más importantes es el castizo barrio de Le Panier, repleto de tiendas artesanales como panaderías y bollerías con productos típicos de la zona. El monumento más importante de Le Panier es el edificio La Charité, ya mencionado anteriormente, un edificio del siglo XVIII que dispone de restaurantes y museos como el de Arqueología Mediterránea. El producto gastronómico estrella del barrio es el chocolate artesanal, muy demandado por los vecinos de Marsella y los turistas. La Chocolatière du Panier es una de las tiendas especializadas y de mayor prestigio en la ciudad.

La plaza Castellane en el Prado es uno de los barrios más activos de la ciudad. Se convirtió en el lugar elegido por los marselleses cuando el centro histórico fue despoblándose poco a poco. Cerca de la plaza de la Prefectura se localiza Cours Julian, conocido localmente como Cours Ju'. Es una plaza, pero también uno de los barrios más alternativos de la ciudad, donde se encuentra, además, un parque y multitud de caminos. En ellos se dan numerosos bares, restaurantes de todas las nacionalidades y librerías.

La ciudad cuenta con un aeropuerto internacional, el Aeropuerto de Marsella Provenza, situado en la comuna de Marignane, a 27 kilómetros de Marsella. Es el tercer aeropuerto francés, excluyendo los de París, por tráfico de pasajeros, por detrás de los de Niza y Lyon, y el segundo por carga de tráfico.

Cuenta con su propio metro, el Metro de Marsella, el cual sirve a la población mediante dos líneas que conectan los puntos principales de la ciudad. La línea 1 (conocida por su color azul) es la comprendida entre Castellane y La Rose, siendo inaugurada en 1977. Mientras que la línea 2 (la roja) realiza el trayecto Sainte-Marguerite/Dromel y Bougainville y fue abierta al público por primera vez entre 1984 y 1987. Los usuarios disponen, también, de una línea de tranvía. La estación Saint Charles es la más importante de Marsella, inaugurada en 1848. En 1992, la línea 1 fue ampliada desde la Castellane hasta La Timone.

Con respecto al autobús, la RTM (Régie des Transports de Marseille) es la compañía de transporte público de la ciudad. Otra empresa de autocares es Aubagnais, que tiene 24 líneas urbanas y conexiones con 11 poblaciones periféricas. Todas las líneas llegan a un Pôle d’ Echanges (intercambiadores) donde se realizan conexiones con el resto de transportes tales como trenes, autobuses y coches. Los Bus du Soleil conectan Marsella con los alrededores.

El transporte en bicicleta es muy común entre la población marsellesa y las compañías de los distintos medios de transporte públicos añaden mínimos cargos al transporte de ciclos en sus trayectos, como ocurre en los trenes de la SNCF. Existen varias rutas especiales en la ciudad y una amplia gama de empresas de alquiler de bicicletas.

Por supuesto, Marsella cuenta también con accesos mediante autopistas. La A7, la Autoroute du Soleil (la autopista del sol) conecta Marsella con el norte y el oeste, principalmente con Lyon. La A51 entre Marsella y Grenoble vía Aix-en-Provence, la A50 que une Marsella con Toulon y, finalmente, la Costa Azul con el este mediante la A8.

En Marsella el deporte más popular es el fútbol, y la ciudad cuenta con su propio equipo, el Olympique de Marseille, uno de los equipos más laureados del país y el único equipo francés que ha ganado la Liga de Campeones de la UEFA, lograda en 1993. Disputa sus partidos como local en el Stade Vélodrome, con capacidad para 60.000 espectadores, que fue sede de los dos Mundiales de fútbol realizados en Francia en 1938 y 1998. Futbolísticamente es conocida también por ser ciudad natal del futbolista francés de origen argelino Zinedine Zidane y de Éric Cantona.

El rugby es otro de los deportes que cuenta con más adeptos. La ciudad posee un club en este deporte, el Marseille Provence XV. Marsella y el Stade Vélodrome han sido sedes de la Copa Mundial de Rugby de 2007 ganada por Suráfrica. El combinado nacional galo de rugby disputa sus partidos como lacal en el anteriormente mencionado Vélodrome.

También gozan de gran aceptación la vela y el ciclismo, este último ya que la ciudad suele ser paso del Tour de Francia.

Lejos de los deportes de masas, uno de los acontecimientos deportivos más importantes de la ciudad es el Mundial de Petanca, que tiene lugar en julio y reúne a 12.500 jugadores internacionales de este deporte. Gracias a sus kilómetros de playas, Marsella acoge en verano distintos campeonatos de las modalidades de vóley playa, rugby playa y fútbol playa.

Al principio



Catedral de Marsella

La Vieja Mayor en el siglo XVII

La basílica de Santa María la Mayor o la Mayor a secas (en francés: Cathédrale Sainte-Marie-Majeure de Marseille) es la Catedral de Marsella (Bocas del Ródano). Se trata de un imponente edificio, único en su género en Francia, que evoca el Oriente por su estilo románico-bizantino.

Fue construido según los planos de planos del arquitecto Léon Vaudoyer en la segunda mitad del siglo XIX (entre 1852 y 1893) durante una época de gran crecimiento económico, social y demográfico para la ciudad. Siendo así coetáneo de magníficas construcciones como: la estación San Carlos (1848), el Palacio de la Bourse (1852), el Palacio Longchamp (1862), el Palacio de Pharo (1854) o la basílica Notre-Dame de la Garde (1864).

La catedral de la Mayor se yergue sobre una explanada, fuera del centro de la ciudad, entre el Vieux-Port y el "nuevo" puerto comercial, cerca del distrito de la Joliette y del Fuerte St. John. Su arquitectura grandiosa y su decoración interior en mármol y pórfido le dan a un aspecto llamativo y distinto de la mayoría de construcciones religiosas.

Fue designada basílica menor por León XIII el 24 de enero de 1896.

Está clasifica como Monumento histórico de Francia desde el 9 de agosto de 1906.

El lugar en el que está erigida viene albergando edificios religiosos desde el Siglo V. En el momento de la construcción la actual catedral conocida como « la nueva Mayor » se edificó ocupando parte del terreno que pertenecía a la antigua catedral románica « la vieja Mayor ». Pero al excavar sus cimientos se revelaron además restos de la existencia de una iglesia paleocristiana y un baptisterio sobre el mismo lugar. Estaríamos ante « la Mayor primitiva» y podríamos así hablar de Catedrales, en plural, de la Mayor.

Poco queda de la Mayor primitiva. Durante la construcción de la nueva Mayor en el Siglo XIX se encontraron fragmentos de suelos con mosaico y el antiguo baptisterio. Todo ello desapareció con las obras quedando solo la descripción que en el momento hizo F. Roustan. Excavaciones más recientes dirigidas por F. Paone dieron con más fragmentos de mosaico en el último tramo de la nave conservado, así como algunos fragmentos de muro de una piedra rosa calcárea similar a la utilizada para la catedral romana. Comparando estos descubrimientos con los del Siglo XIX puede deducirse que la catedral primitiva tendría unos 60 m de largo y entre 26 y 34 m de ancho.

Durante la época carolingia tuvo lugar una restauración de la que se conservan adornos esculpidos con motivos entrelazados. Más tarde, en pleno Siglo XI el obispo Pons Ier hace reconstruir el ábside utilizando para ello piedra calcárea blanca lo que nos permite distinguirlo fácilmente de construcciones de otras épocas.

La catedral fue completamente reconstruida en el Siglo XII con piedra rosa de las cercanas canteras de La Couronne. Constituyó en su momento uno de los mejores ejemplos de arquitectura románica provenzal, siguiendo una planta de cruz latina con un ábside para el coro, varios absidiolos y naves laterales. Se cerraba con una bóveda de cañón con una cúpula octogonal en el crucero y una semicúpula heptagonal en cuarto de esfera sobre el ábside. En el Siglo XIV se le añadió el campanario y entre el XV y el XVIII un nuevo tramo (junto con su tramo transversal) en el lado norte de la nave principal.

En la decoración interior destacaba el altar de San Lázaro del Siglo XV, esculpido en mármol de Carrara por el escultor croata Franjo Vranjanin (conocido como Francesco Laurana) entre 1475 y 1481. Se encontraba en el brazo norte del transepto que presentaba una arquería de estilo renacentista (una de las primeras vistas en Francia). Dentro de la capilla dedicada a Saint-Sérénus podía verse un relicario de marmol del Siglo XIII con un bajorrelieve de loza « La mise au tombeau » de Jesús siendo descendido de la Cruz atribuido al taller del escultor italiano Luca Della Robbia (finales del XV-principios del XVI).

En 1840 fue clasificada como monumento histórico lo que no evitaría que se acordara su destrucción pocos años más tarde para dar paso a la nueva catedral. Esta decisión, tomada en 1852, motivó las protestas de la Sociedad francesa para la conservación de monumentos y fuertes presiones de la opinión pública que un año más tarde conseguiría finalmente indultar las partes que no habían sido aún derribadas por las obras (el coro y una nave lateral). Amputada de dos de sus naves perdió el carácter catedralicio y se convirtió en iglesia parroquial a partir de la inauguración de la nueva catedral. Seguiría siendo un lugar de culto hasta los años 50. Actualmente está cerrada por restauración.

La construcción de Sainte-Marie-Majeure entre 1852 y 1893 supuso romper una racha de dos siglos sin construir nuevas catedrales en territorio francés. Además por sus dimensiones (comparables a la Basílica de San Pedro de Roma) se la considera como una de las mayores obras religiosas construidas después de la Edad Media. El nuevo edificio debía acoger hasta 3 000 fieles y estar a la altura de Marsella (que conocida como la porte de l’Orient era por aquel momento la segunda ciudad y el principal puerto de Francia). Para ello fue necesario el sacrificio de dos naves de la catedral de Notre-Dame (la Vieja Mayor).

La decisión de su construcción fue tomada por Monseñor Eugène de Mazenod quien siguiendo las pautas del concordato solicita permiso a las autoridades civiles. Fue el propio príncipe-presidente Napoleón III quien pondría la primera piedra el 26 de septiembre de 1852. Los sucesivos arquitectos acuerdan otorgar al edificio una arquitectura historicista, donde la alternancia de piedras blancas y verdes, los mosaicos y cúpulas le dan un estilo bizantino que se conjuga con elementos góticos y románicos.

La planta de cruz latina fue concebida por el arquitecto francés Léon Vaudoyer siguiendo el estilo románico-bizantino ya puesto en práctica en la también marsellesa Notre-Dame de la Garde. Perfeccionado con la experiencia de la anterior construcción y con mayores aires dadas las dimensiones de la catedral en la Nueva Mayor conviven campanarios y cúpulas al estilo de Notre-Dame des Doms de Aviñón, alternando así referencias al Oriente y el Occidente, supuestamente unidos a través del puerto de Marsella y presentes en la fundación de la ciudad (de origen fenicio).

Tras la muerte de Vaudoyer en 1872 fue su colaborador Jacques Henri Esperandieu quien le sucede, levantando los armazones de madera y las cúpulas. Fallecido dos años más tarde sería Henri Antoine Révoil quien terminaría la obra, dedicándose especialmente a la decoración en compañía de los inspectores Errard, Mouren y Joly. Dentro de la misma (mosaicos, esculturas, bronces...) destacan además de los elementos bizantinos en mármol y pórfido ya señalados las cúpulas y balaustradas decoradas siguiendo la inspiración de las catedrales de Lucca y Siena.

Los materiales utilizados en la construcción fueron muy variados; como piedra verde de Florencia, mármol blanco de Carrara, piedras de Calissane y del Gard, onyx de Italia y Túnez o mosaicos venecianos.

La catedral sería entregada a monseñor Jean-Louis Robert el 30 de noviembre de 1893 para ser abierta al culto. Tres años después, el 24 de enero el papa León XIII la nombraría basílica menor, consagrándose el 6 de mayo de 1897.

Por su tamaño y estilo el conjunto arquitectónico de la catedral no tiene comparación en todo el Siglo XIX. Se tardaron 40 años en terminarla e incluso hoy en día algunos detalles (como los revestimientos previstos para las cúpulas) no han sido concluidos.

En la actualidad y dentro del proyecto Euromediterráneo lanzado por las distintas instituciones para revitalizar las infraestructuras marsellesas está prevista la supresión del tráfico rodado frente a la Catedral y la creación de una explanada y un espacio público encargados al urbanista galo Bruno Fortier.

Dentro de este extraordinario conjunto arquitectónico destaca a primera vista un pórtico monumental flanqueado por dos torres seguido de una imponente nave principal en torno a la que se agrupan los santuarios. En total la catedral tiene un largo de 142 metros y su altura va de los 60 metros de las torres a los 20 de la nave central pasando por los 70 de la cúpula central de 17,70 metros de diámetro (la sexta más grande del mundo). En torno al coro se extiende un largo deambulatorio que da acceso a las luminosas capillas.

Las distintas partes del edificio se establecen fácilmente a la vista de las fachadas exteriores y sus distintos volúmenes y alturas (además separadas por medio de torrecillas). Las fachadas exteriores e interiores alternan bandas policromas en piedra de Cassis y mármol verde de Florencia para el exterior y colores cálidos para el interior. Esta alternancia de piedras y mármoles de distintos colores es una de las características que hacen única a la Mayor.

La fachada exterior esta flanqueada de dos torres coronadas con sendas cúpulas. Sobrepasando la bóveda del porche que la precede hay una galería en arquitrabe que une las dos torres. Ordenadas sobre los soportales podemos ver una serie de siete grandes estatuas representando a Cristo rodeados de los apóstoles Pedro y Pablo, así como Lázaro (quien habría sido según la leyenda el primer obispo de Marsella) y sus compañeros (su hermana Marta, Maximin, María Magdalena) santos legendarios de Provenza. En la anteiglesia se alza la estatua de Monseñor de Belsunce, quien se hizo famoso durante la última epidemia de peste vivida en Francia (la peste de Marsella en 1720).

La bóveda del porche está revestida de mosaicos azul y oro inspirados en el mausoleo de Gala Placidia en Rávena. Las caras interiores del porche están ocupadas por estatuas monumentales de los santos obispos primigenios de Marsella agrupados de tres en tres.

El tímpano es coronado por una triple arquería en arquivolta con un rosetón en el centro acompañado de un mosaico que representa las ciudades de Jerusalén y Belén. Los tímpanos de las puertas están esculpidos en mármol mostrando en el centro La Coronación de la Virgen (de Guillaume), al este El símbolo de la Resurrección y al oeste El Agnus Dei y la Fuente de la Vida (de Brémond).

La nave principal se compone de tres naves (una central y dos secundarias). Está recubierta de bóvedas de crucería y por cinco cúpulas sobre el crucero y el coro. La elevación se controla por abundantes columnas de mármol sostenidas por pilares donde la piedra y el mármol alternan sus tonos rojo y ocre. Se iluminan en grupos de tres por vidrieras de motivos no figurativos. Las naves laterales, contienen tribunas sostenidas por una triple arquería que reposa sobre columnas de un sólo bloque de pórfido con capiteles de mármol esculpidos con motivos florales. Las balaustradas de mármol soportan candelabros de bronce. Destacan por su originalidad los mosaicos multicolores de la escuela veneciana que decoran el suelo. Así mismo es digno de admiración en la tercera nave el grupo escultórico realizado por Auguste Carli que representa la escena del Vía Crucis del paño de la Verónica.

La nave transversal de 50 metros de largo completa los brazos de la cruz junto a la principal. A través de unos escalones permite acceder al deambulatorio que separa el coro de las grandes capillas laterales. En su centro se encuentra el crucero donde cuatro arcos monumentales sostienen la cúpula central de plano octogonal. Los ocho muros son iluminados por ventanas geminadas por la cimbra emplazadas en arcos sustentados por columnas con capiteles esculpidos coronados por un rosetón que reparte la luz desde una altura de 60 metros.

En cada brazo del transepto la entrada de cada capilla lateral es acompañada de una cúpula menor. Los cuatro ángulos formados por cada uno de los pilares principales albergan estatuas monumentales representando los cuatro evangelistas, obra del escultor marsellés Louis Botinelly.

Siete escalones por encima del transepto se encuentran los santuarios. En el centro de los mismos vemos el altar mayor realizado en mármol de Carrara y decorado con mosaicos de Henri Antoine Révoil y protegido por un baldaquino con cúpula de bronce sostenido por cuatro columnas de onix de Tunicia regalo del marmolista y escultor Jules Cantini. El altar se encuentra en un espacio iluminado por el presbiterio y amueblado con las sillas del coro y el órgano.

A la izquierda se accede a la capilla dedicada al Sagrado Corazón y a la derecha a la de San Lázaro, usada par el culto dominical por los fieles del barrio.

Rodea el santuario y comunica las seis capillas absidiales, dos de las cuales presentan su misma decoración en mármoles policromáticos y revestimiento de mosaicos. En su mitad da acceso a la capilla axial que constituye en sí misma un edificio autónomo con su nártex, su nave y su ábside cubierto por una cúpula ornamentada con bustos de ángeles. Inicialmente dedicada a la Virgen esta capilla acoge actualmente la tumba de San Eugenio de Mazenod, obispo de Marsella y fundador de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, canonizado por Juan Pablo II el 3 de diciembre de 1995.

Cada año la catedral es escenario de una tradición popular de fuerte raigambre traída desde el sur de Italia. Se trata de una procesión mariana con motivo de la fiesta de la Asunción. La Virgen dorada sale de la Mayor y recorre en brazos de un grupo de hombre las calles del cercano barrio del Panier en medio de una multitud de fieles que la acompañan en todo el trayecto. A su paso la gente trata de entregarle mensajes, deposita rosarios, presenta a los niños o intenta tocar con pañuelos su manto dorado (los pañuelos se conservan luego como elementos de protección hasta el 15 de agosto siguiente).

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Caso de Marsella

Se conoce como caso de Marsella el episodio vivido por el Marqués de Sade en Marsella, el verano de 1772. El 23 de junio de 1772, cuatro años después del escándalo de Arcueil, Sade se desplaza a Marsella en compañía de su criado. El 27 de junio solicita los servicios de cuatro prostitutas y pasan, él y su criado, el día en su compañía en la casa de una de ellas. A la mañana siguiente una de las muchachas y pasados unos días otra, las dos sufrieron una indisposición. Desde un principio se investigó como un supuesto envenenamiento. Se sospechó de unos caramelos que Sade ofreció a las muchachas, se analizaron y no se descubrió rastro de veneno; también, pasados los días las muchachas se repusieron de su indisposición. El proceso continuó y los rumores se extendieron por toda Francia. Sade y su criado, iniciado el proceso, huyeron a Italia siendo condenados en rebeldía a la pena de muerte por sodomía y envenenamiento.

El 23 de junio de 1772 Sade cuenta 31 años de edad y se desplaza a Marsella en compañía de su criado Latour, al parecer para recoger fondos con los que asumir los gastos que le ocasiona la compañía de teatro que ha formado en La Coste. A las ocho de la mañana del sabado 27 de junio, Latour solicita los servicios de una prostituta llamada Marianne Laverne (18 años), invitándola a ir a la casa de otra otra prostituta, Marie Borrelly (23 años), donde también se encuentran otras dos prostitutas, Marianne Laugier (20 años) y Rose Coste (20 años). Los seis pasarán el día juntos. Aquella noche, Sade aún tendría otro encuentro con otra prostituta, Marguerite Coste. Sade paga los servicios a las muchachas y la mañana siguiente, se dirige de vuelta a La Coste.

A la mañana siguiente una de las muchachas, Marguerite Coste, sufre molestias en el estómago, vómitos y malestar general. Por la tarde los dolores son más agudos y manda venir a un médico que le receta aceite de almendras. Los dos días siguiente persiste el malestar, ha estado vomitando desde el domingo una sustancia negruzca y fétida, comienzan ha sospechar que ha podido ser envenenada por unas bolas de anís que le ofreció Sade la jornada del sábado. Mandan venir de nuevo al médico y éste avisa a la gendarmería. Ese martes, aunque con menor gravedad, otra muchacha, Marianne Laverne, comienza a sufrir los mismos síntomas. El medico se encarga de recoger en un frasco parte de las deposiciones de Marguerite Coste y la gendarmería manda registrar la casa donde aconteció la orgía. En ella encuentran dos bolas de las que obsequió a las muchachas. Se manda analizar los vómitos y las bolas de anís.

Desde un primer momento las sospechas sobre el contenido de las bolas recayó en la Cantárida, muy difundida en aquella época y conocida en Francia como ‘’caramelos Richelieu’’. La cantárida es una sustancia vesicante utilizada en aquella época como afrodisíaco. Sus efectos, tomada en una cantidad indebida, coinciden con los sufridos por las muchachas, aparte y principalmente de producir priapismo en el caso del hombre y fuertes ardores en el aparato urinario, en el caso de la mujer. Pudiendo llegar a causar la muerte.

Analizadas las muestras no se detectó rastro de veneno conocido en aquella época. En las deposiciones no encontraron ningún mineral ni restos de sustancia vesicante. En el caso de las bolas fueron sometidas a varias pruebas: desmenuzadas se sometieron a una primera inspección ocular, uno de los boticarios las probó en la lengua (probablemente para intentar apreciar algún efecto vesicante), fueron observadas a través del microscopio y sometidas a la acción de las llamas intentando descubrir la presencia de arsénico. Como resultado de estas pruebas determinaron que se trataba de un grano de anís envuelto en azúcar caramelizada.

Con el paso de los días las muchachas fueron recuperando su salud, no obstante el proceso contra Sade y su criado continuó.

Iniciado el proceso se tomó declaración a las cuatro muchachas, se les exigió que narraran los hechos de forma pormenorizada. Su situación era comprometida puesto que de haberse llegado a demostrar que en el encuentro se había practicado la sodomía, habrían podido ser condenadas a la pena de muerte.

Hoy se conservan estas declaraciones, según las cuales, Sade habría pedido que le azotasen con un pergamino enrollado lleno de clavos ensangrentados; al negarse ellas, se habría hecho azotar con una escoba (en algunas de sus biografías se hace referencia a una serie de números marcados con navaja en una chimenea, hasta 240. Se supone que ese fue el número de azotes que Sade habría recibido); también habría azotado a una de ellas con la mano y con la escoba. Ambos hombres se habrían masturbado mutuamente. Sade habría pedido insistentemente a las muchachas que le permitieran la penetración anal, ofreciendo más dinero por ello; al negarse ellas, él habría desistido. Se añaden detalles tan morbosos como que Sade habría olido el trasero de una de ellas, supuestamente, para inhalar sus ventosidades. También se recoge que Sade les ofreció los famosos caramelos de anís.

El proceso se inició con toda celeridad. Aun sin conocerse el análisis de los caramelos, el 4 de julio se decreta el arresto de Sade y su criado. Probablemente, advertido Sade de que se dirigen a su castillo para arrestarle, en compañía de su criado, se refugia en sus alrededores. Posteriormente, ambos, huyen a Italia. El 11 de julio los alguaciles se presentan en su castillo de La Coste, Sade y su criado ya no se encuentran allí. Se interroga a los criados y se registran todas las estancias, dejando una citación para que se presenten a los quince días. También proceden al embargo de todos sus bienes: Castillo, casas de campo, tierras de labranza y rentas.

A partir de entonces, Renèe, su mujer, asume su defensa. Tras solicitar un préstamo de 4.000 libras que es avalado por el Abad de Sade (tío de Sade), Renèe visita a las dos muchachas que presentaron denuncia. Son indemnizadas y las denuncias son retiradas. El proceso continúa. El 3 de Agosto, el presidente Montreuil (su suegro) se desplaza desde París, sin duda para interceder ante el tribunal; también viene con fondos que entrega a Renèe (3.000) para que afronte los gastos que genera el proceso. Se tiene constancia de que el presidente se entrevistó, al menos con un abogado y con el Procurador General del nuevo parlamento de Provenza. También se desplazó a Aix, ciudad en la que estaba situado el parlamento que entendía sobre la causa de su yerno. Ninguna de sus gestiones parece que tuvieran éxito, Sade fue condenado a dos penas de muerte una por envenenamiento y otra por sodomía; y su criado a otra por sodomía. El tribunal de Marsella dictó sentencia el 3 de septiembre, siendo ratificada el día 11 por el parlamento de Aix de Provenza. Al día siguiente, día 12, esta sentencia se cumple en rebeldía, siendo quemados en efigie en una plaza pública. Aunque la ejecución de la sentencia fue un acto simbólico, las consecuencias para Sade fueron importantes, ya que desde ese momento dejaba de existir para el estado francés, perdía todos sus bienes, que pasaron a ser propiedad de Renèe, así como la patria potestad de sus hijos.

Hasta su largo encierro en Vincennes, Sade vivió huido en diferentes países (principalmente Italia, pero se piensa que pudo pasar también por España) y escondido, por temporadas, en su castillo en compañía de Renèe.

Desde que se dicta sentencia, Renée recurre a todas las instancias tratando de que la causa contra su marido sea revisada. En 1778 consigue que se reabra la causa y demostrándose numerosas irregularidades en el proceso, la sentencia es anulada.

En la revisión del caso se destaca la existencia de ‘’una precipitación tan extraña, que uno no puede evitar creer que fuera provocada’’ (Joseph-Jéróme Siméon, jurista de la época que llegaría a ser consejero de Estado y ministro del Interior). Sade pudo verse envuelto en una lucha entre los nuevos poderes provinciales y el nacional de París. También se ha especulado sobre la posible injerencia de personajes públicos (el canciller Maupeou), por entonces enemigos declarados de su padre, Jean-Baptiste de Sade, como consecuencia de su actividad diplomática, o enfrentados a su suegro el presidente Montreuil.

A Donatien Sade le perseguía la fama que cosechó tras el escándalo de Arcueil. Como consecuencia de aquél escándalo, Sade adquiriría fama de loco aristócrata preocupado en experimentar pócimas sin importarle sus consecuencias. Pronto, los sucesos de Marsella se convirtieron igualmente en escándalo. Los rumores sobre estos hechos llegaron a Paris. El 15 de julio M. de Saint-Florentin, duque de la Vrilliére, recaba información a M. de Montyon, intendente de Provenza.

Una hora después, Mlle. de Montreuil, completamente pálida y temblorosa, estaba sentada junto al marqués de Sade en una silla de postas, a la que los amigos de éste se acercaban para felicitarlo por su conquista y presentarle sus votos de que la conservara por largo tiempo. La pobre señorita permanecía muda en el fondo del vehículo, donde su vergüenza y su rubor no tenían otro velo que una noche oscura apenas iluminada por algunas antorchas: el marqués triunfaba.

No existen pruebas que avalen que Sade huyera con su cuñada Mlle. de Launay. En aquella época, a juzgar por los rumores que se difundieron, sería la opinión aceptada por una mayoría y en el siglo XIX, como se desprende del relato de Jacob, se estableció como cierta. Desde entonces la mayoría de sus biógrafos la han reflejado en sus biografías y, actualmente, como se conoce que convivió una temporada en el castillo de La Coste en compañía de Renèe y de Sade, algunos biógrafos han aventurado que la relación pudo comenzar en aquella época. En todo caso, a Mlle. de Launay se la sitúa en Francia pocas semanas después de la huida de Sade. Los biógrafos Maurice Heine y Gilbert Lely han dudado de esta relación. Resulta cuanto menos extraño que Sade huyera con su cuñada y que su mujer quedara el Marsella empeñando todos sus esfuerzos en su defensa. Maurice Heine y Gilbert Lely apuntan a que si la canonesa hubiese llegado a acompañar a Sade en su huida, lo habría hecho para facilitar esa huida; si se buscaba a dos fugitivos, su compañía habría posibilitado escapar a los controles.

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Tarot de Marsella

El Tarot de Marsella (en francés Tarot de Marseille) es la baraja de cartas del Tarot más conocida y de la cual derivan todas las posteriores.

Se trata de un juego de 78 cartas, distribuidas en dos grupos: arcanos mayores y arcanos menores.

La investigación de Michael Dummett, estudioso del tarot, lo llevó a concluir que éste fue inventado en el norte de Italia en el siglo XV. Se cree que posteriormente se introdujo en el sur de Francia tras la conquista de Milán por las tropas francesas en 1499. Los antecedentes del Tarot de Marsella probablemente llegaron a esa ciudad francesa en aquella época. El juego del Tarot desapareció en Italia pero pervivió en Francia y Suiza. Cuando el juego fue reintroducido en Italia, ya contaban con los diseños hechos en Marsella.

El nombre de Tarot de Marseille, sin embargo, no es muy antiguo. Fue acuñado en los años 30 por el cartomante francés Paul Marteau, que dio este nombre colectivo a una serie de diseños realizados en Marsella, ciudad que era centro de manufactura de naipes. El Tarot de Marsella, como se conoce en la actualidad, proviene de dibujos luego producidas industrialmente en color por xilografía (estampación a partir de varios moldes de madera), realizados en 1751 y definitivamente fijados en el siglo XIX, que fueron reproduciéndose continuamente hasta nuestra época. Los dibujos son de carácter medieval y están inspirados en las vidrieras góticas, bien por la línea de traza similar, bien por los colores.

En 1998, el Tarot de Marsella Conver de 1.760 ha sido restaurado por el escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky y el maestro cartero Philippe Camoin, descubriendo en los moldes originales detalles olvidados y colores nuevos.

En 2003, aparece la última versión del Tarot de Marsella, editada por Ediciones Palmyra y LEMAT Comunicaciones a través del equipo de investigación LEMAT encabezado por Daniel Rodés y Encarna Sánchez que permiten recuperar numerosos símbolos antiguos desaparecidos de la baraja de Tarot. Además se incluye en sus imágenes el fondo dorado imitando el sistema conocido como pan de oro usado en la Antigüedad. partiendo de imágenes de origen medieval. En el año 1.466 los maestros carteros de Toulouse recibieron autorización para crear una corporación de fabricantes de cartas. Sin embargo la primera fábrica de cartas en Marsella no aparece hasta el año 1.631, bajo el maestro cartero Chosson. Esto quiere decir que el nombre Tarot de Marsella es únicamente comercial dado que en dicha ciudad no comenzaron a fabricarse cartas hasta casi 200 años más tarde de las realizadas en el país cataro francés (Toulouse) y la Lombardía italiana.

La característica más destacada del Tarot de Marsella es que: todas sus cartas y elementos están relacionados.

Este principio llamado "la ley de repetición" se encuentra en multitud de lugares: los símbolos siempre aparecen dos veces en el juego, así tenemos dos leones (cartas 11 y 21), dos pares de jarras con agua (cartas 14 y 17), dos mujeres embarazadas (cartas 3 y 17), dos lugares con estrellas (cartas 7 y 17), dos perros azules (El Loco y la Luna), etc. En realidad prácticamente cada símbolo aparece repetido en otro lugar si bien siempre con alguna diferencia lo que permite en una lectura encontrar un sentido a la pregunta planteada, ya que se produce un pequeño cambio de un símbolo al siguiente.

Otro de los principios presentes en la estructura del Tarot es lo que llamamos 3+1. Este principio significa que dentro de un grupo de 4 elementos, tres son parecidos y el cuarto es distinto. Por ejemplo hay 3 grupos de cartas: Arcanos mayores, menores y figuras más la carta del Loco o comodín; 4 palos en los arcanos menores, de los que 3 están numerados y uno, el de oros, está sin numerar. Cuatro caballos en las cartas llamadas figuras de los que 3 son azules y 1 blanco. Cuatro águilas, Cuatro cartas con ángeles, de los que 3 están en el cielo (el Enamorado, el Juicio y el Mundo) y uno en la tierra (Templanza).

Las miradas de las figuras del Tarot según explica la taróloga francesa Claude de Milleville en su libro Le Secret du tarot del año 2.003, están realizadas siguiendo un plan intencional según el cual todas las que miran a la izquierda observan el pasado, las que miran a la derecha, al futuro y las que miran de frente o aquellas en las que las miradas de los personajes se cruzan, indican el presente. El sentido de las miradas no sólo se relaciona con el significado de cada carta sino que permite todo un juego de relaciones que dentro de la interpretación permiten encontrar respuestas muy precisas. Así, si dos personajes se miran entre sí, indica que hay un acercamiento y una buena relación entre ellos, mientras que si se dan la espalda puede indicar un alejamiento o separación. Por todo ello, cada vez que un personaje mire a un espacio vacío colocaremos otra carta al lado para ver dónde dirige su mirada. A veces esta mirada no conduce a otra figura sino a un punto muy determinado de otra lámina, a un objeto o símbolo que puede resultar clave en la interpretación: La figura del Mundo mira a la bandera del ángel del Juicio, el Ermitaño ilumina con su farol la columna del trono de la Justicia, el libro de la Papisa queda colocado sobre la mesa del Mago.

La posición de los números de las cartas tiene un sentido de evolución que podemos ver en la aplicación de la ley de repetición. Así cada vez que se repite un símbolo descubriremos que el orden numérico de las cartas indica un avance. Por ejemplo, las estrellas del Carro son pequeñas y en la carta 17 son grandes; la Papisa tiene la cortina echada, en el Carro la cortina está abierta, el león de la Fuerza es salvaje, el león del Mundo es manso.

El observar la posición de los números, siguiendo la numerología, en una lectura nos permitirá saber si el tema planteado se encuentra en evolución o en retroceso, dependiendo si los números van avanzando o retrocediendo.

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Source : Wikipedia