Juan Luis Arsuaga

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Publicado por grag 14/03/2009 @ 15:10

Tags : juan luis arsuaga, paleontología, ciencia

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Juan Luis Arsuaga

Juan Luis Arsuaga.

Juan Luis Arsuaga Ferreras (Madrid, 1954) es licenciado y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Paleontología en esta misma universidad.

Ya de niño mostraba un gran interés por la prehistoria surgido de la lectura de La Guerre du feu de J.-H. Rosny Aîné y sus visitas a excavaciones cerca de Bilbao. Ejerce como profesor visitante del Departamento de Antropología del University College of London.

El 8 de abril de 1993 fue portada de la revista Nature por el artículo sobre el descubrimiento, en 1992, del cráneo humano más completo del registro fósil de la Humanidad, el cráneo número 5 que es el cráneo de Homo heidelbergensis.

Miembro del Equipo de Investigaciones de los Yacimientos Pleistocenos de la Sierra de Atapuerca (Burgos, España) desde 1982, bajo la dirección de Emiliano Aguirre Enríquez, y desde 1991 co-director junto con José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell Roura del Equipo que ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1997 y el Premio Castilla y León de Ciencias Sociales y Humanidades de 1997.

El 23 de julio de 2008 se le concede el premio "Antonio de Sancha", otorgado por la Asociación de Editores de Madrid, por su defensa de la cultura por medio de la divulgación científica.

Los hallazgos de Atapuerca han revelado nuevos datos sobre los primeros humanos que habitaran Europa. Esto contrasta con el secretismo en torno a las excavaciones de Orce (Granada, España), donde se han encontrado utensilios humanos anteriores a los de Atapuerca.

Es miembro del Museo del Hombre de París, de la Asociación Internacional para el Estudio de la Paleontología Humana. Es Vicepresidente de la comisión de Paleontología Humana y Paleoecología de la INQUA (International Union for Quaternary Research). Y ha sido conferenciante en las universidades de Londres, Cambridge, Zúrich, Roma, Arizona, Filadelfia, Berkeley, Nueva York, Tel Aviv...

Ha sido autor y editor de artículos en revistas y libros científicos: Nature, Science, Journal of Human Evolution, Journal of Archaeological Science, American Journal of Physical Anthropology, etc.

La mayoría de sus obras de divulgación han sido reeditadas varias veces, pudiéndose encontrar en diferentes editoriales y formatos. Aquí se han reflejado las primeras ediciones.

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José María Bermúdez de Castro

José Mª Bermúdez de Castro

José María Bermúdez de Castro (Madrid, 18 de junio de 1952). Cursó el bachiller en el Colegio Estudio. Es licenciado (1977) y doctor (1985) en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Su principal campo de estudio es la paleoantropología.

Codirector de las excavaciones de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, junto con Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell. También interviene en el yacimiento de Pinilla del Valle (Madrid) y ha participado en las excavaciones de los yacimientos musterienses de Valdegoba (Burgos) y l´Abric Romaní (Barcelona).

Es, junto con los demás codirectores de Atapuerca Premio Príncipe Asturias de Investigación Científica y Técnica (1997). Premio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Comunidad de Castilla y León (1998). Profesor Titular de la Universidad Complutense, Investigador del CSIC. Profesor de Investigación en el Departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), miembro del Comité Científico del la Revista Española de Antropología Biológica (desde 1995) y miembro del Comité Científico del la Revista Española de Paleontología (desde 1991). Vicepresidente y patrono de la Fundación Atapuerca. Miembro del Comité Evaluador del la revista Journal of Human Evolution (SCI), miembro del Consejo Asesor de la Fundación Duques de Soria y miembro del Consejo Permanente de la Asociación Internacional Para el Estudio de la Paleontología Humana de la UNESCO: "Conseil International de la Philosophie et des Sciences Humaines, Union Internationales des Sciences Préhistoriques et Protohistoriques"(2000). Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia (2002).

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Kukuxumusu

Toro típico de Kukuxumusu en un balcón de Pamplona

Kukuxumusu (en euskera beso de pulga) es una empresa de Pamplona dedicada a diseñar camisetas y otros artículos con dibujos divertidos. Aunque comenzó centrada en las fiestas de Sanfermin, ahora sus diseños tienen una temática universal.

Tiene la peculiaridad de que se define como una "fábrica de dibujos" ("The Drawing Factory/Marrazki Fabrika/La Fábrica de Dibujos/La Fabrique de Dessins/La Fàbrica de Dibuixos").

Kukuxumusu actualmente posee tiendas propias en Pamplona, Bilbao, Baracaldo, San Sebastián, Vitoria, Bayona, Barcelona, Madrid, Valencia, Zaragoza, Logroño, Córdoba, Tarifa y Sevilla. Además, distribuye sus productos por toda Europa a través de una amplia red de establecimientos autorizados.

La idea surgió en los Sanfermines de 1989, cuando tres amigos pamploneses (Gonzalo Domínguez de Bidaurreta, Koldo Aiestaran y Mikel Urmeneta) decidieron estampar y vender camisetas con dibujos alusivos al encierro. Las camisetas gustaron mucho, también en las ciudades de alrededor, así que crearon Kukuxumusu, pasando a retratar escenas típicas y cotidianas de muchos lugares, y en especial de la fiesta pamplonesa.

Como Mikel Urmeneta era el único dibujante y el volumen de peticiones aumentaba, el equipo fue creciendo y los dibujos de Kukuxumusu empezaron a ser reconocidos y encargados para carteles de fiestas, camisetas de promociones universitarias, acciones culturales y sociales, etc.

En 1996 abrieron su primera Tienda Oficial Kukuxumusu, y en 1997 la tienda on-line, para que sus productos pudieran ser adquiridos desde cualquier lugar del mundo. Por otra parte, sus productos son vendidos en más de 1.000 puntos de venta en toda Europa.

La empresa navarra ha colaborado con sus diseños en proyectos muy diversos: expediciones de montaña, viajes de estudio, acciones ecologistas, culturales, sociales, etc. También ha realizado múltiples trabajos por encargo para instituciones, empresas, clubs, parques temáticos, etc. Y, además, ha diseñado camisetas junto a diferentes personajes de la cultura, la ciencia o el deporte, como Edmund Hillary, Eduardo Punset, Juan Luis Arsuaga o, en 2007, el propio Dalái Lama.

Uno de sus últimos proyectos es Cromosomos, en colaboración con El Terrat de Producciones. Consiste en el diseño de camisetas cuyos beneficios serán destinados a diversas ONGs, una distinta cada año. En 2006 fue Arrels Fundació, dedicada a las personas sin hogar, y en 2007, Gaztelan, que trabaja por la incorporación social de personas en situación o riesgo de exclusión. Entre otros dibujantes, han participado Mikel Urmeneta, Andreu Buenafuente, Paco Mir (Tricicle), Silvia Prada o Pablo Carbonell.

Kukuxumusu ha ampliado en los últimos tiempos su catálogo de camisetas. A sus reconocidas prendas con dibujos divertidos en situaciones de todo tipo ha añadido una línea de ropa más actual que, además de no perder vista las últimas tendencias, sigue buscando arrancar sonrisas.

Además, también se ha introducido en el mundo audiovisual con la creación de una plataforma televisiva en Internet que cuenta con dos canales, uno específico sobre los Sanfermines y otro más centrado en Kukuxumusu y en su universo de personajes.

El toro de la imagen de arriba es conocido popularmente como "Testis" .

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Fósil viviente

Imagen:Fossil Plant Ginkgo.jpg

Un fósil viviente es una expresión utilizada para calificar especies no extintas que son extremamente parecidas a especies identificadas solo a través de fósiles.

Según la Teoría de la Evolución las especies evolucionan por la necesidad de adaptarse a un medio que cambia lentamente, el mecanismo para lograrlo es la selección natural. Esta explicación ha sido mayoritariamente aceptada en Europa y algo menos en América; sin embargo su aceptación mayoritaria ha acarreado la idea preconcebida de que la especie "original", de la que evolucionaron las actuales, desaparece, entre otras cosas porque las nuevas especies la desplazan de su nicho ecológico, llevándola a la extinción.

Esta idea ha sido aceptada no sólo por el conocimiento popular, sino también por parte de la comunidad científica, quienes han buscado durante décadas, por ejemplo, el eslabón perdido, pensando, como puntualizan Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez en su Libro La especia elegida, antes se tenía un concepto de la evolución, especialmente humana, en forma de árbol, pero actualmente se tiene más la idea de ser una zarza de la que salen multitud de ramas. Así antes no se podía concebir que el Homo sapiens, el Homo neandertalensis y el Homo erectus coexistieran, al menos durante un breve periodo de tiempo; porque la última de estas especies es la progenitora de estas dos.

Sin embargo la constatación de que una especie puede ser la progenitora de otra y al mismo tiempo seguir perfectamente adaptada a su hábitat la dio el celacanto. A finales de 1938 un pescador pudo capturar en la Sudáfrica índica un pez de generosas proporciones (debía ser llevado por dos personas al mismo tiempo), lo cual constituía una buena captura. La noticia llegó a los científicos sudafricanos que no podían creer que se trataba del animal del Devónico y el Carbonífero, al que se le considera precursor de los anfibios y reptiles del Triásico y Jurásico. Descubrimientos e investigaciones posteriores han demostrado la veracidad del descubrimiento.

No obstante, en el reino vegetal existen abundantes casos de fósiles vivientes, pero no tan espectaculares para el público en general como el caso antes relatado. En muchas islas se conservan especies muy abundantes en épocas anteriores y desaparecidas posteriormente, excepto en esos lugares por su particular aislamiento. Un caso muy estudiado lo constituye el archipiélago canario donde pueden encontrarse vivas plantas del Triásico.

Algunos de estos se conocen informalmente como "fósiles vivientes".

Quizá por la fascinación de poder encontrar animales vivos, pero considerados extintos, ha generado toda una colección de leyendas urbanas, tecnomitos y en ocasiones investigaciones serias en buscas de posibles animales vivientes, generando una presunta rama de la zoología conocida como criptozoología.

Por lo que la criptozoología es considerada una pseudociencia. No obstante los fósiles vivientes, especialmente los considerados extintos, son una fuente recurrida para novelas y películas.

Algunos investigadores y entusiastas de la criptozoología, así como la cultura popular, tienden a considerar que muchos de los animales misteriosos son dinosaurios que escaparon a la extinción masiva y todavía existen, siendo el monstruo del Lago Ness en Escocia el caso más famoso, pero en cuanto a monstruos marinos en lagos se pueden sumar al Ogopogo canadiense, el nahuelito argentino y el Mokèlé-mbèmbé africano.

En el Congo se han reportado muchos avistamientos de animales cuya descripción coincide con dinosaurios como es el caso de Emela-ntouka (triceratops), Kasai rex (tiranosaurio rex), Mokèlé-mbèmbé (saurópodo), Ngoubou (styracosaurus), Mbielu-Mbielu-Mbielu (estegosaurio). La existencia de los cuales no ha sido probada, aunque muchos datan de la misma era que el pez celacanto que se creía extinto y fue descubierto vivo en esta zona y formando parte de la dieta de los nativos locales. El criptozoólogo Roy Mackal que partió en una expedición en busca de Mokèlé-mbèmbé afirma que el clima en el Congo no ha cambiado en 60 millones de años lo que sería la causa de supervivencia de los animales. A pesar de todo, no existen evidencias físicas de estos seres.

Algunos cristianos fundamentalistas buscan usar la supuesta existencia de los dinosaruios vivientes como evidencia del creacionismo y como una forma de negar la teoría de la evolución. Y aseguran que la Biblia en el libro de Job menciona a los dinosaurios como el Behemot y el leviatán.

La criptozoología también ha investigado la supuesta existenia de primates homínidos, siendo el más famoso el Pie Grande estadounidense y el yeti tibetano, aunque otros seres similares serían el yowie australiano y el sasquatch canadiense, que generalmente son asociados con una especie sobreviviente del Gigantopithecus o del Ramapithecus. Los almas, seres salvajes de grueso pelo rojo que son vistos en Mongolia y Siberia (pero que son más humanoides que los yetis) también suelen ser asociados con sobrevivientes del homo neanderthalensis, y el Orang Pendek, un humanoide peludo de baja estatura que es visto en Sumatra, Indonesia, es asociado como un Homo floresiensis sobreviviente.

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Evolución humana

Reconstrucción de Australopithecus afarensis.

La evolución humana o también hominización se define como el proceso de transformación de la especie humana desde sus ancestros hasta el estado actual. El estudio de dicho proceso es una búsqueda interdisciplinar en la que se aúnan conocimientos procedentes de ciencias como la antropología física, la lingüística y la genética.

Los primeros posibles homínidos bípedos (Hominina) son Sahelanthropus tchadiensis (con una antigüedad de 6 ó 7 millones de años), Orrorin tugenensis (unos 6 millones de años) y Ardipithecus (entre 5,5 y 4,5 millones de años). Debido a la escasez de restos fósiles y a lo fragmentario de los mismos, no hay acuerdo general sobre si estos primeros homínidos fueron totalmente bípedos.

Los primeros homínidos de los que se tiene la seguridad de que fueron completamente bípedos son los miembros del género Australopithecus, de los que se han conservado esqueletos muy completos (como el de la famosa Lucy).

Este tipo de homínido prosperó en las sabanas arboladas del este de África entre 4 y 2,5 millones de años atrás con notable éxito ecológico, como lo demuestra la radiación que experimentó, con al menos cinco especies diferentes esparcidas desde Etiopía y el Chad hasta Sudáfrica.

Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con la consiguiente expansión de los ecosistemas abiertos, esteparios. Como resultado de esta presión evolutiva, algunos Australopithecus se especializaron en la explotación de productos vegetales duros y de escaso valor nutritivo, desarrollando un impresionante aparato masticador, originado a Paranthropus; otros Australopithecus se hicieron paulatinamente más carnívoros, originando a los primeros Homo.

Esta es sin duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. El sucesor cronológico de los citados Homo rudolfensis y Homo habilis es Homo ergaster, cuyos fósiles más antiguos datan de hace aproximadamente 1,8 millones de años, y su volumen craneal oscila entre 850 y 880 cm³.

Morfológicamente es muy similar a Homo erectus y en ocasiones se alude a él como Homo erectus africano. Se supone que fue el primero de nuestros antepasados en abandonar África; se han hallado fósiles asimilables a H. ergaster (o tal vez a Homo habilis) en Dmanisi (Georgia), datados en 1.8 millones de años de antigüedad y que se han denominado Homo georgicus que prueban la temprana salida de África de nuestros antepasados remotos.

Esta primera migración humana condujo a la diferenciación de dos linajes descendientes de Homo ergaster: Homo erectus en Extremo Oriente (China, Java) y Homo antecessor/Homo cepranensis en Europa (España, Italia). Por su parte, los miembros de H. ergaster que permanecieron en África inventaron un modo nuevo de tallar la piedra, más elaborado, denominado Achelense o Modo 2 (hace 1,6 ó 1,7 millones de años). Se ha especulado que los clanes poseedores de la nueva tecnología habrían ocupado los entornos más favorables desplazando a los tecnológicamente menos avanzados, que se vieron obligados a emigrar. Ciertamente sorprende el hecho que H. antecessor y H. erectus siguieran utilizando el primitivo Modo 1 (Olduvayense), cientos de miles de años después del descubrimiento del Achelense. Una explicación alternativa es que la migración se produjera antes de la aparición del Achelense.

Parece que el flujo genético entre las poblaciones africanas, asiáticas y europeas de esta época fue escaso o nulo. Homo erectus pobló Asia Oriental hasta hace solo unos 50.000 años (yacimientos del río Solo en Java) y que pudo diferenciar especies independientes en condiciones de aislamiento (como Homo floresiensis de las Isla de Flores (Indonesia). Por su parte, en Europa se tiene constancia de la presencia humana desde hace casi 1 millón de años (Homo antecessor), pero se han hallado herramientas de piedra más antiguas no asociadas a restos fósiles en diversos lugares. La posición central de H. antecessor como antepasado común de Homo neanderthalensis y Homo sapiens ha sido descartada por los propios descubridores de los restos (Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga).

Los últimos representantes de esta fase de nuestra evolución son Homo heidelbergensis en Europa, que supuestamente está en la línea evolutiva de los neandertales, y Homo rhodesiensis en África que sería el antepasado del hombre moderno.

Una visión más conservativa de esta etapa de la evolución humana reduce todas las especies mencionadas a una, Homo erectus, que es considerada como una especie politípica de amplia dispersión con numerosas subespecies y poblaciones interfértiles genéticamente interconectadas.

La fase final de la evolución de nuestra especie está presidida por dos especies humanas, ambas inteligentes, que durante un largo periodo convivieron y compitieron por los mismos recursos. Se trata del Hombre de Neanderthal (Homo neanderthalensis) y nosotros mismos, Homo sapiens. Son en realidad dos historias paralelas que, en un momento determinado se cruzan.

El Hombre de Neanderthal surgió y evolucionó en Europa y Oriente Medio hace unos 230.000 años, presentando claras adaptaciones al clima frío de la época (complexión baja y fuerte, nariz ancha).

Los fósiles más antiguos de Homo sapiens datan de hace unos 200.000 años (Etiopía). Hace unos 90.000 años llegó al Próximo Oriente donde se encontró con el Hombre de Neanderthal que huía hacia el sur de la glaciación que se abatía sobre Europa. Homo sapiens siguió su expansión y hace unos 45.000 llegó a Europa Occidental (Francia); paralelamente, el Hombre de Neanderthal se fue retirando, empujado por H. sapiens, a la periferia de su área de distribución (Península ibérica, mesetas altas de Croacia), donde desapareció hace unos 28.000 años.

Aunque H. neanderthalensis ha sido considerados con frecuencia como subespecie de Homo sapiens (H. sapiens neanderthalensis), análisis del ADN mitocondrial (ADNm) de fósiles de H. neanderthalensis sugieren que la diferencia existente es suficiente para considerarlos como dos especies diferentes, separadas desde hace al menos 400.000 años y probablemente más (ver el apartado "Clasificación" en Homo neanderthalensis).

Se tiene la casi plena certeza de que el Hombre de Neandertal no es ancestro del ser humano actual, sino una especie de línea evolutiva paralela derivada también del Homo erectus/Homo ergaster a través del eslabón conocido como Homo heidelbergensis. El neandertal coexistió con el Homo sapiens y quizá terminó extinguido por la competencia con nuestra especie. Si existió algún mestizaje entre ambas especies, el aporte a la especie humana actual ha sido, en lo genético, inferior al 5% (un arqueólogo y paleoantropólogo que defendía la hipótesis de una fuerte mixogénesis de las dos especies ha sido descubierto como falsificador de "pruebas"; en efecto, existe actualmente casi total escepticismo de que ambas especies hayan sido interfértiles). En cuanto al llamado Hombre de Cro-Magnon corresponde a las poblaciones de Europa Occidental de la actual especie Homo sapiens.

Los parientes vivos más cercanos a nuestra especie son los grandes simios: el gorila, el chimpancé, el bonobo y el orangután.

Demostración palmaria de este parentesco es que un mapeo del genoma humano actual indica que Homo sapiens comparte casi el 99% de los genes con el chimpancé y con el bonobo. Para mayor precisión, el genoma de cualquier individuo de nuestra especie tiene una diferencia de sólo el 0,27% respecto al genoma de Pan troglodytes (chimpancés) y de 0,65% respecto al genoma de los gorilas.

Los fósiles más antiguos de Homo sapiens tienen una antigüedad de casi 200.000 años y proceden del sur de Etiopía (formación Kibish del río Omo), considerada como la cuna de la humanidad (véase Hombres de Kibish). A estos restos fósiles siguen en antigüedad los de Homo sapiens idaltu, con unos 160.000 años.

Algunos datos de genética molecular concordantes con hallazgos paleontológicos, sostienen que todos los seres humanos descienden de una misma Eva mitocondrial o E.M., esto quiere decir que, según los rastreos del ADNm - que sólo se transmite a través de las madres-, toda la humanidad actual tiene una antecesora común que habría vivido en el noreste de África (en territorios que corresponden a los actuales estados de Etiopía y Kenia) hace entre 140.000 y 200.000 años (ver haplogrupos de ADN mitocondrial humano). En otros estudios sin embargo, basados en el polimorfismo del complejo mayor de histocompatibilidad, se sugiere que en los últimos 30 millones de años la especie humana o sus ancestros jamas pudieron haber comprendido menos de 100.000 individuos, lo que derrumba la teoría del "cuello de botella" del ADNm y la Eva ancestral. Estas conclusiones son derivadas del hecho que humanos y chimpances comparten muchas diferentes variedades de los mismos genes, que no pudieron haberse trasmitido de especie a especie si hubiera existido solo un humano originario.

Estudios de los haplogrupos del cromosoma Y humano, sitúan el origen de nuestra especie en el este Africano y no más antiguo que 200.000 años.

Otros indicios derivados de muy recientes investigaciones sugieren que la de por sí exigua población de Homo sapiens hace unos 74.000 años se redujo al borde de la extinción al producirse el estallido del volcán Toba, según la Teoría de la catástrofe de Toba, volcán ubicado en la isla de Sumatra, cuyo estallido ha dejado como rastro el lago Toba. Tal erupción-estallido tuvo una fuerza 3.000 veces superior a la erupción del Monte Santa Helena en 1980. Esto significó que gran parte del planeta se vio cubierto por nubes de ceniza volcánica que afectaron negativamente a las poblaciones de diversas especies incluidas la humana, según esta hipótesis llamada entre la comunidad científica Catástrofe de Toba, la población de Homo sapiens (entonces toda en África; la primera migración fuera de África fue en torno al año 70.000 ac) se habría reducido a sólo alrededor de 1000 individuos. Si esto es cierto, significaría que el 'pool' genético de la especie se habría restringido de tal modo que se habría potenciado la unidad genética de la especie humana.

No todos están de acuerdo con esa datación. Después de analizar el ADN de personas de todas las regiones del mundo, el genetista Spencer Wells sostiene que todos los humanos que viven hoy descienden de un solo individuo que vivió en África hace unos 60,000 años.

Por todo lo antedicho queda demostrado el monogenismo de la especie humana y, consecuentemente, descartado el poligenismo, que servía de "argumento" a teorías racistas.

Junto a los hallazgos arqueológicos, el principal indicador de la expansión del ser humano por el planeta es el ADNm, aunque se está investigando el cromosoma Y, que es característico de los machos, para lograr mayores precisiones.

Los humanos ya habrían comenzado a salir del África unos 90.000 años antes del presente. Colonizando para esas fechas el sur de Eurasia (Estos restos fósiles han sido atribuibles a tempranos homo sapiens, pero su real relación con los humanos modernos es aun discutida).

Australia y Nueva Guinea: la Línea de Wallace significó para los Homo sapiens un límite insuperable durante casi 20.000 años para acceder a esta región. La llegada de humanos a Australia se data hace unos 70.000 años cuando pudieron fabricar rústicas almadías o balsas de juncos para atravesar el estrecho que durante las glaciaciones formaba la Fosa de Wallace, separando a Australasia.

Europa: recién comenzó a ser colonizada hace sólo unos 40.000 años, ellos suponen que durante milenios el desierto de Siria resultaba una barrera infranqueable desde África hacia Europa, por lo que habría resultado más practicable una migración costera desde las costas de Eritrea a las costas yemeníes y de allí al subcontinente indio. La expansión por Europa coincide con la extinción de su coetáneo de entonces, el hombre de Neandertal.

Oceanía: la colonización de estas islas más próximas a Eurasia se habría iniciado hace unos 50.000 años, pero la expansión por esta MUG (macro-unidad geográfica) fue muy lenta y gradual, y hasta hace unos 15.000 años los Homo sapiens no comenzaron una efectiva expansión por Oceanía, aunque archipiélagos como el de Hawái y Nueva Zelanda no estaban aún poblados por seres humanos hace 2.000 ó 1.500 años (se requirió el desarrollo de una apropiada técnica naval y conocimientos suficientes de náutica.

América: la llegada del hombre a América, se habría iniciado durante el Wurmiense. Esto hace unos 40.000, o cuando menos, 30.000 años atrás. Durante las glaciaciones el nivel de los océanos desciende al grado que el "Viejo Mundo" y el "Nuevo Mundo" forman un megacontinente unido por el Puente de Beringia.

Antártida: ha sido la última MUG descubierta por el español Gabriel de Castilla (1603), siendo poblada desde 1904, y con población nativa desde 1978 (población chilena).

Los Homínidos, primates bípedos, habrían surgido hace unos 6 ó 7 millones de años en África, cuando dicho continente se encontró afectado por una progresiva desecación que redujo las áreas de bosques y selvas. Como adaptación al bioma de sabana aparecieron primates capaces de caminar fácilmente de modo bípedo y mantenerse erguidos (East Side Story; ) . Más aún, en un medio cálido y con fuerte radiación ultravioleta e infrarroja una de las mejores soluciones adaptativas son la marcha bípeda y la progresiva reducción de la capa pilosa, esto evita el excesivo recalentamiento del cuerpo. Hace 150.000 años el norte de África volvió a sufrir una intensa desertización lo cual significó otra gran presión evolutiva como para que se fijaran los rasgos principales de la especie Homo sapiens.

Hace años se argumentó que la liberación de las manos por parte de los primeros homínidos bípedos les permitió elaborar armas de piedra para cazar, lo cual habría sido el principal motor de nuestra evolución. Hoy está claro que la liberación de las manos (que se produjo hace más de 4 millones de años) no está ligada a la fabricación de herramientas, que aconteció unos 2 millones de años después, y que los primeros homínidos no eran cazadores y que a lo sumo comían carroña esporádicamente.

Pero sin duda la bipedestación trajo una ventaja clave para la supervivencia: la reproducción, ya que el hecho de pasar del cuadrupedismo al bipedismo conllevo un cambio anatómico de las caderas, este cambio suponía un ensachamiento del canal del parto (aproximadamente de 1 cm) que hacia más fácil el alumbramiento como consecuencia esta característica (el bipedismo) que claramente era ventajosa pasó a ser el rasgo, que miles de generaciones posteriores, nos definiría.

Cuando los ancestros del Homo sapiens y otros muchos primates vivían en selvas comiendo frutos, bayas y hojas, abundantes en vitamina C, pudieron perder la capacidad genética, que tiene la mayoría de los animales, de sintetizar en su propio organismo tal vitamina. Tales pérdidas durante la evolución han implicado sutiles pero importantes determinaciones: cuando las selvas originales se redujeron o, por crecimiento demográfico, resultaron superpobladas, los primitivos homínidos (y luego los humanos) se vieron forzados a recorrer importantes distancias, migrar, para obtener nuevas fuentes de nutrientes (por ejemplo de la citada vitamina C).

Todos los cambios reseñados han sucedido en un periodo relativamente breve (aunque se mida en millones de años), esto explica la susceptibilidad de nuestra especie a afecciones en la columna vertebral y en la circulación sanguínea y linfática.

La postura bípeda dejó libres los miembros superiores que ya no tienen que cumplir la función de patas (excepto en los niños muy pequeños) ni la de braquiación, es decir, el desplazamiento de rama en rama con los brazos, aun cuando la actual especie humana, de la cintura hacia arriba mantenga una complexión de tipo arborícola.

Esta liberación de los miembros superiores fue, en su inicio, una adaptación óptima al bioma de sabana; al marchar bípedamente y con los brazos libres, los ancestros del hombre podían recoger más fácilmente su comida; raíces, frutos, hojas, insectos, huevos, reptiles pequeños, roedores y carroña; en efecto, muchos indicios hacen suponer como probable que nuestros ancestros fueran en gran medida carroñeros y, dentro del carroñeo, practicaran la modalidad llamada cleptoparasitismo, esto es, robaban las presas recién cazadas por especies netamente carnívoras; para tal práctica, nuestros ancestros debían haber actuado en bandas, organizadamente.

Los miembros superiores, siempre en relación con otras especies, se han acortado. Estos miembros superiores al quedar liberados de funciones locomotoras, se han podido especializar en funciones netamente humanas. El pulgar oponible es una característica heredada de los primates más antiguos, pero si en éstos la función principal ha sido la de aferrarse a las ramas y en segundo lugar aprehender las frutas o insectos que servían de alimento, en la línea evolutiva que desemboca en nuestra especie la motilidad de la mano, y en particular de los dedos de ésta, se ha hecho gradualmente más precisa y delicada lo que ha facilitado la elaboración de artefactos; aún (junio de 2005) no se tiene conocimiento respecto al momento en que la línea evolutiva comenzó a crear artefactos, es seguro que ya hace más de 2 millones de años Homo habilis/Homo rudolfensis realizaba toscos instrumentos que utilizaba asiduamente (en todo caso, los chimpancés, en estado silvestre, confeccionan "herramientas" de piedra, madera y hueso muy rudimentarias). El desarrollo de la capacidad de pronación en la articulación de la muñeca también ha sido importantísimo para la capacidad de elaborar artefactos.

El humano hereda de los prosimios la visión estereoscópica y pancromática (la capacidad de ver una amplia tonalidad de los colores del espectro visible); los ojos en la parte delantera de la cabeza posibilitan la visión estereoscópica (en tres dimensiones), pero si esa característica surge en los prosimios como una adaptación para moverse mejor durante la noche o en ambientes umbríos como los de las junglas, en Homo sapiens tal función cobra otro valor; facilita la mirada a lontananza, el otear horizontes, en este aspecto la visión es bastante más aguda en los humanos que en los otros primates y en los prosimios. Esto facilitará el hecho por el cual Homo sapiens sea un ser altamente visual (por ejemplo las comunicaciones mediante la mímica), facilitará asimismo lo imaginario.

Pese al conjunto de modificaciones morfológicas antes reseñadas, desde el punto de vista de la anatomía comparada, llama la atención una cuestión: Homo sapiens es un animal relativamente poco especializado. En efecto, gran parte de las especies animales ha logrado algún tipo de especialización anatómica (por ejemplo los artiodáctilos poseen pezuñas que les permiten correr en las llanuras despejadas), pero las especializaciones, si suelen ser una óptima adaptación a un determinado bioma, conllevan el riesgo de la desaparición de la especie especializada y asociada a tal bioma si éste se modifica.

La ausencia de tales especializaciones anatómicas ha facilitado a los humanos una adaptabilidad inusitada entre las demás especies de vertebrados para adecuarse a muy diversas condiciones ambientales.

Más aún, aunque parezca paradójico, Homo sapiens tiene características neoténicas. En efecto, la estructura craneal de un Homo sapiens adulto se aproxima más a la de la cría de un chimpancé que a la de un chimpancé adulto: el rostro es achatado ("ortognato" o de "bajo índice facial") y es casi inexistente el torus supraorbitario (en la humanidad actual apenas se encuentran vestigios de torus en las poblaciones llamadas australoides). De otro modo se puede decir que los arcos superciliares de Homo sapiens son "infantiles", delicados, el rostro aplanado o ligeramente prognato.

Homo sapiens es, por su anatomía, un animal muy vulnerable si se encuentra en condiciones naturales.

Asociado al hecho por el cual morfológicamente el ser humano tenga características que le aproximan a las de un chimpancé "niño" se encuentra el 'ortognatismo' y esto quiere decir, entre otras cuestiones, que los dientes de Homo sapiens son relativamente pequeños y poco especializados, las mandíbulas, por esto, se ha abreviado y hecho más delicadas, falta además el diastema o espacioio en donde encajan los colmillos. La debilidad de las mandíbulas humanas las hace casi totalmente inútiles para la defensa a mordiscos ante un predador y, asimismo, son muy deficientes para poder consumir gran parte del alimento en su estado natural, lo que es uno de los muchos déficits corporales que llevan al humano a vivir en una sociedad organizada.

Hablar de la aparición del lenguaje humano, lenguaje simbólico por lógica parecería implicar que hay que hablar previamente de la cerebración, y eso es bastante cierto, pero el lenguaje humano simbólico tiene sus antecedentes en momentos y cambios morfológicos que son previos a cambios importantes en la estructura del sistema nervioso central. Por ejemplo, los chimpancés pueden realizar un esbozo primario de lenguaje simbólico basándose en la mímica (de un modo semejante a un sistema muy simple de comunicación para sordomudos).

Ahora bien, el lenguaje simbólico por excelencia es el basado en los significantes acústicos, y para que una especie tenga la capacidad de articular sonidos discretos, se requieren más innovaciones morfológicas, algunas de ellas muy probablemente anteriores al desarrollo de un cerebro lo suficientemente complejo como para pensar de modo simbólico. En efecto, observemos la orofaringe y la laringe: en los mamíferos, a excepción del humano, la laringe se encuentra en la parte alta de la garganta, de modo que la epiglotis cierra la tráquea de un modo estanco al beber e ingerir comida. En cambio, en Homo sapiens, la laringe se ubica más abajo, lo que permite a las cuerdas vocales la producción de sonidos más claramente diferenciados y variados, pero al no poder ocluir completamente la epiglotis, la respiración y la ingesta deben alternarse para que el sujeto no se ahogue. El acortamiento del prognatismo que se compensa con una elevación de la bóveda palatina facilitan el lenguaje oral. Otro elemento de relevante importancia es la posición y estructura del hioides, su gracilidad y motilidad permitirán un lenguaje oral lo suficientemente articulado.

Estudios realizados en la Sierra de Atapuerca (España) evidencian que Homo antecessor, hace unos 800.000 años, ya tenía la capacidad, al menos en su aparato fonador, para emitir un lenguaje oral lo suficientemente articulado como para ser considerado simbólico, aunque la consuetudinaria fabricación de utensilios (por toscos que fueran) por parte del Homo habilis hace unos 2 millones de años, sugiere que en éstos ya existía un lenguaje oral articulado muy rudimentario pero lo suficientemente eficaz como para transmitir la suficiente información ó enseñanza para la confección de los toscos artefactos.

Además de todas las condiciones recién mencionadas, imprescindibles para la aparición de un lenguaje simbólico, se debe hacer mención de la aparición del gen FOXP2 que resulta básico para la posibilidad de tal lenguaje y del pensar simbólico, como se verá a continuación.

La cerebración y la corticalización son temas que requieren, por sí solos, artículos propios, dado el alcance y la importancia de dichos procesos. Aquí importa comentar de lo mínimo indispensable para comprender la evolución humana.

La cerebración tanto como la corticalización son fenómenos biológicos muy anteriores a la aparición de los homínidos, sin embargo en éstos, y en especial en Homo sapiens, la cerebración y la corticalización adquieren un grado superlativo (hasta el punto que Theilard de Chardin enunció una curiosa teoría, la de la noósfera y noogénesis, esto es: teoría del pensar inteligente, que se basa en la evolución del cerebro).

El cerebro de Homo sapiens, en relación a la masa corporal, es uno de los más grandes. Más llamativo es el consumo de energía metabólica (por ejemplo, la producida por la "combustión" de la glucosa) que requiere el cerebro: un 20% de toda la energía corporal, y aun cuando la longitud de los intestinos humanos evidencian los problemas que se le presentan.

En Homo sapiens el volumen oscila entre los 1.200 a 1.400 cm3, siendo el promedio global actual de 1.350 cm3; sin embargo no basta un incremento del volumen, sino cómo se dispone; esto es: cómo está dispuesta la "estructura" del sistema nervioso central y del cerebro en particular. Por término medio, los Homo neanderthalensis pudieron haber tenido un cerebro de mayor tamaño que el de nuestra especie, pero la morfología de su cráneo demuestra que la estructura cerebral era muy diferente: con escasa frente, los neandertalenses tenían poco desarrollados los lóbulos frontales y, en especial, muy poco desarrollada la corteza prefrontal. El cráneo de Homo sapiens no sólo tiene una frente prominente sino que es también más alto en el occipucio (cráneo muy abovedado), esto permite el desarrollo de los lóbulos frontales. De todos los mamíferos, Homo sapiens es el único que tiene la faz ubicada bajo los lóbulos frontales.

Sin embargo, aún más importante para la evolución del encéfalo parecen haber sido las mutaciones en el posicionamiento del esfenoides.

Se ha hecho mención en el apartado dedicado a la aparición del lenguaje articulado de la importancia del gen FOXP2; dicho gen es el encargado del desarrollo de las áreas del lenguaje y de las áreas de síntesis (las áreas de síntesis se encuentran en la corteza cerebral de los lóbulos frontales). El aumento del cerebro y su especialización permitió la aparición de la llamada lateralización, o sea, una diferencia muy importante entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo tiene desarrollado en su corteza áreas específicas que posibilitan el lenguaje simbólico basado en significantes acústicos: el área de Wernicke y el área de Broca.

Es casi seguro que ya hace 200.000 años los sujetos de la especie Homo sapiens tenían un potencial intelectual equivalente al de la actualidad, pero para que se activara tal potencial tardaron milenios: el primer registro de conducta artística conocido se data hace sólo unos 75.000 años, los primeros grafismos y expresiones netamente simbólicas fuera del lenguaje hablado se datan hace sólo entre 40.000 y 35.000 años. Las primeras escrituras (" memoria segunda" como bien les llamara Roland Barthes) datan de hace entre 5.500 ó 5.000 años, en el Valle del Nilo ó en la Mesopotamia asiática.

Se ha dicho, también líneas antes, que Homo sapiens mantiene características de estructura craneal "primitivas" ya que recuerdan a las de un chimpancé infantil;, en efecto, tal morfología es la que permite tener la frente sobre el rostro y los lóbulos frontales desarrollados.

La cabeza de Homo sapiens, para contener tal cerebro, es muy grande; aún en el feto y en el neonato, razón principal por la cual los partos son difíciles, sumada a la disposición de la pelvis.

Una solución parcial a esto es la heterocronía: el neonato humano está muy incompletamente desarrollado en el momento del parto; puede decirse (con algo de metáfora) que la gestación en el ser humano no se restringe a los ya de por sí prolongados nueve meses intrauterinos, sino que se prolonga extrauterinamente hasta, al menos, los cuatro primeros años; en efecto, el infante está completamente desvalido durante años, tan es así que, que entre los 2 a 4 años es cuando tiene lo suficientemente desarrolladas las áreas visuales del cerebro como para tener una percepción visual de su propio ser (Estadio del espejo descubierto por Jacques Lacan en la década de 1930). Ahora bien, si Homo sapiens tarda mucho en poder tener una percepción plena de su imagen corporal es interesante saber que es uno de los pocos animales que se percibe al ver su imagen reflejada (sólo se nota esta capacidad en bonobos, chimpancés, y si acaso en gorilas, orangutanes, delfines y elefantes).

Tal es la prematuración de Homo sapiens, que mientras un chimpancé neonato tiene una capacidad cerebral de un 65% de la de un chimpancé adulto, o la capacidad de Australopithecus afarensis era en el parto de un 50% respecto a la de su edad adulta, en Homo sapiens 'bebé' tal capacidad no supera al 25% de la capacidad que tendrá a los 45 años (a los 45 años aproximadamente es cuando se desarrolla totalmente el cerebro humano).

Pero no basta el desarrollo cronológico; para que el cerebro humano se "despliegue" -por así decirlo- o desarrolle requiere de estimulación y afecto, de otro modo la organización de algunas de las áreas del cerebro puede quedar atrofiada.

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Paleoantropología

Australopithecus africanus

La paleoantropología (del griego, παλαιός, paleos, "antiguo"; άνθρωπος, anthropos, "ser humano"; y λογος, logos, "conocimiento") es la rama de la antropología biológica que se ocupa del estudio de la evolución humana y sus antepasados fósiles, en otras palabras de los homínidos antiguos. A veces, también puede ser conocida como paleontología humana.

Esta ciencia trabaja principalmente con fósiles que se rastrean hasta varios millones de años, por lo que está estrechamente vinculada también a la paleontología, la geología, la paleoecología, la biología, la genética y la primatología. La paleoantropología busca analizar e interpretar los datos del pasado humano con el objetivo de explicar el surgimiento del hombre y sus sucesivos cambios que se produjeron a través del tiempo.

Otro vínculo estrecho es el que tiene con otra de las ramas de la antropología, que es la arqueología. Esta pone énfasis en los aspectos culturales. Intervinculando la información se relacionan estas dos ramas, y así también con otras ciencias como se dijo antes.

Las evidencias que se manejan son principalmente fósiles de huesos, pero también herramientas líticas o huellas de pies como las de Laetoli, en Tanzania.

El comienzo de la paleoantropología está unido al de la historia del Hombre de Neandertal, cuando en agosto de 1856 fue descubierto el espécimen que luego sería conocido como Neanderthal 1. El lugar fue la cueva Feldhofer en el valle del río Neander, en Alemania. Fue bautizado como Hombre de Neanderthal porque así se dice "valle del Neander" en alemán.

Los restos óseos fueron encontrados en una cantera cercana a la ciudad de Düsseldorf. Esos huesos fósiles eran un casquete craneal, dos fémures, los tres huesos del brazo derecho, dos del brazo izquierdo, parte del hueso ilíaco izquierdo, y fragmentos de la escápula y costillas. Encontrados por los trabajadores de la cantera, fueron dejados a un lado para que los viese un profesor local, naturalista amateur, llamado Johann Karl Fuhlrott. Él sospechó enseguida que esos huesos representaban piezas importantes del pasado de la humanidad, aunque no preveía que serían los primeros restos de homínidos en un estado evolutivo anterior. El libro El origen de las especies, de Charles Darwin no había sido publicado todavía, saldría en 1859.

Fuhlrott envió una descripción del material al anatomista Hermann Schaaffhausen y el descubrimiento fue anunciado conjuntamente en 1857. Así comenzó el estudio de los homínidos fósiles y sus antepasados. Luego vendría la búsqueda sin fin del fantasma del eslabón perdido.

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