José Antonio Primo de Rivera

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Publicado por tornado 12/03/2009 @ 06:11

Tags : josé antonio primo de rivera, falange, partidos politicos, política

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José Antonio Primo de Rivera

José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 24 de abril de 1903 – Alicante, 20 de noviembre de 1936) fue un abogado y político español, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera y fundador y líder del partido fascista Falange Española. Fue ejecutado por el gobierno de la II República en el curso de la Guerra Civil Española.

Se convirtió durante la guerra civil española y la dictadura franquista en un icono y un mártir al servicio de los intereses del instaurado "Movimiento Nacional" y su aparato de propaganda. Su muerte fue silenciada en el bando rebelde durante dos años, recibiendo el apelativo de El Ausente. Terminada la guerra su nombre encabezó todas las listas de fallecidos del bando autodenominado Nacional, llegándose a poner la inscripción "José Antonio ¡Presente!" en la gran mayoría de las iglesias españolas pasando así a ser el único líder político de su período a quien se le conoce exclusivamente por su nombre de pila.

Hijo primogénito del que fue presidente del Directorio entre 1923 y 1930, el general Miguel Primo de Rivera. Huérfano de madre a los 5 años, fue educado, junto a sus cuatro hermanos, por su tía "Ma", la hermana de su padre. Recibió una educación basada en los valores castrenses de su padre y los católicos de su madre y de sus tías. Cursó los estudios de bachillerato de forma no oficial, desde su casa, instruido por profesores particulares e incluyendo en su formación el dominio de los idiomas inglés y francés. Tras ser desanimado por su padre a seguir la carrera militar, al final estudió Derecho en Madrid, siguiendo algunos antecedentes familiares (uno de sus abuelos fue magistrado) e influido por el hijo mayor del médico de los Primo de Rivera, Raimundo Fernández-Cuesta, que acababa de licenciarse en Derecho.

El primer año de universidad lo cursó, al igual que el bachillerato, desde su propia casa asistido por profesores particulares y con resultados irregulares. El segundo año se incorpora a la vida de la universidad, allí trabó amistad con Ramón Serrano Súñer que junto a Raimundo Fernández Cuesta se convertirán en sus albaceas testamentarios.

Tras el decreto de autonomía universitaria de 1919 que permitía las asociaciones de estudiantes, forma parte de la dirección de la recién creada Asociación de Estudiantes de Derecho, dirigida por su amigo Serrano Suñer, antagónica de la Asociación de Estudiantes Católicos, dirigida por José María Gil-Robles.

En 1922 termina la licenciatura brillantemente. Posteriormente realiza el servicio militar en los Dragones de Santiago. Siendo universitario escoge la modalidad de "voluntario de un año", y termina el servicio con el grado de alférez de complemento. José Antonio vive muy de cerca el golpe de Estado que colocó a su padre al frente del gobierno. Terminado el servicio militar aún pasará varios meses ampliando sus estudios de derecho y, en abril de 1935, se da de alta en el Colegio de Abogados de Madrid y abre su propio bufete.

Creó junto a Julio Ruiz de Alda el Movimiento Español Sindicalista, embrión de la futura Falange Española, movimiento político de carácter fascista que, como tal, nace desconfiando de los métodos democráticos e intenta imponer un Nuevo Estado de carácter totalitario y corporativo (expresado en la consigna del sindicalismo vertical). En sus puntos iniciales ya están presentes los conceptos que José Antonio manejará a lo largo de su corta vida política: una España unida por un destino universal que supere la lucha de clases y los nacionalismos, la concepción de un hombre nuevo portador de valores eternos y una justicia social que proporcione al hombre una vida digna y humana; todo esto, con un sentido de catolicidad. Falange Española fue fundada en el Teatro de la Comedia de Madrid, el 29 de octubre de 1933. Dicho acto comenzó con las palabras de Primo de Rivera «Camaradas, nada de un párrafo de gracias. Escuetamente gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo». En el mismo, legitimó la violencia de sus valores mediante «la dialéctica de los puños y las pistolas».

En las elecciones de noviembre de 1933 obtuvo su escaño en las Cortes, integrado en una coalición conservadora monárquica, por la circunscripción de Cádiz, donde su familia disponía de gran influencia. En 1934 fusionó Falange Española con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, dando lugar a FE de las JONS, incorporando a Falange el nacional-sindicalismo de las JONS. En un primer momento, para la dirección del partido se formó un triunvirato formado por el propio José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma y Julio Ruiz de Alda. Un año después, y tras una ajustada votación, Primo de Rivera acabó siendo proclamado jefe único del partido. A partir de este momento, la figura de José Antonio Primo de Rivera pasará a ser el icono oficial del partido.

José Antonio, en la primera andadura de Falange, no se desvinculó de los círculos monárquicos. Siendo Falange un grupo marginal, con escasos recursos económicos, José Antonio encontró financiación en estos grupos que la consideraban una fuerza de choque para combatir a las organizaciones de izquierda y desestabilizar a la II República. Más adelante, buscaría el apoyo de la Italia fascista, consiguiendo en el verano de 1935 una subvención mensual del gobierno italiano de 50.000 liras mensuales.

En 1935 Primo de Rivera se dedica a realizar viajes por España dando mítines, que serán comentados en las páginas del semanario falangista Arriba, y en Haz, órgano del SEU. En este año Ledesma fue expulsado de Falange.

Falange tardará en emprender el camino hacia el empleo sistemático de la violencia, pero Falange fue uno de los principales partidos que la practicó durante el segundo bienio. Desde un principio empleó un lenguaje violento que resultó provocativo porque existía ya en España la imagen de lo que estaba sucediendo en otras latitudes y una táctica de confrontación callejera contra el adversario de izquierdas que podía llegar al asesinato. Los primeros muertos entre los lectores y repartidores de prensa falangista se produjeron en enero de 1934. Una vez producidas las primeras muertes en las filas de la Falange, José Antonio fue el líder falangista que más reticente se mostró ante la expectativa de emplear la violencia de modo sistemático. La primera víctima falangista de la violencia fue el estudiante Matías Montero. A éste siguieron otros asesinatos en Valladolid, Gijón y Madrid. Asesinando, los falangistas, al ex director general de Seguridad y fundador del Comité Nacional de Acción Republicana, Manuel Andrés Casaus, uno de los impulsores de la proclamación de la República en Éibar; también al periodista santanderino Luciano Malumbres. La primera asesinada en las filas de las juventudes de izquierda fue la costurera de las Juventudes Socialistas Juanita Rico, como represalia por la muerte del falangista Juan Cuellar, sus asesinos la acusaron de haber tomado parte en la reyerta y haberse orinado sobre el cuerpo del todavía moribundo falangista.

En las elecciones de 1936, la izquierda y la derecha acudieron agrupadas en el Frente Nacional y Frente Popular, respectivamente, y La Falange, que no alcanzó acuerdos, concurrió en solitario. José Antonio, al margen de su deseo de conservar el acta parlamentaria, pensaba que no sería entendido que la Falange acudiera a las elecciones desvinculada del Frente Nacional, siendo partidario de alcanzar un acuerdo; pero pesó más la presión de la dirección de la Falange contraria al principio de acuerdo ya alcanzado, bien porque consideraron escasos los escaños garantizados, bien por reticencias a llegar a acuerdos electorales con otras fuerzas. Estas elecciones pusieron de manifiesto los escasos apoyos con los que contaba la Falange, obteniendo 44.000 votos en todo el territorio nacional, lo que significó el 0,7% de los votos útiles.

En aquel mismo año el gobierno del Frente Popular declaró ilegal a la Falange (aunque después los tribunales revocaran esta medida) como «responsable de desórdenes públicos». Entre estos, el atentado contra el catedrático de Derecho Jiménez de Asúa, en el que resultó muerto su escolta. Jiménez de Asúa fue tiroteado por dos jóvenes falangistas en represalia por haber sido antes asesinado el estudiante falangista Juan José Olano, que iba acompañado del tradicionalista Enrique Vasovel, el cual quedó gravemente herido. Ambos eran alumnos de Derecho y habían sido marcados por el catedrático Asúa, a quien se consideraba mentor del asesinato de Olano. También fue condenado a cinco meses de arresto por tenencia ilícita de armas y tenía causa pendiente por amenazas al tribunal. José Antonio Primo de Rivera fue en carcelado primero en la Cárcel Modelo de Madrid, siendo posteriormente trasladado a la cárcel de Alicante el 5 de junio de 1936.

Desde sus comienzos, la II república estuvo amenazada por tramas insurreccionales. En agosto de 1932 fracasó el primer intento de derrocar la República. Desde entonces subyacían dos corrientes insurreccionales. Una de carácter civil alentada principalmente por los partidos Renovación Española y Comunión Tradicionalista, con apoyos dentro del ejército, que pretendía la restauración de la monarquía. Y otra, más puramente militar que pretendía, mediante un golpe militar, restaurar el orden social supuestamente deteriorado con la promulgación de la República. A estas tramas, en 1934 vendría a sumarse Falange Española que nace con un carácter marcadamente insurreccional. Pero a diferencia de estas tramas que veían la posibilidad de un gobierno fuerte como el medio para restablecer el orden perdido, Falange Española ve en ese gobierno fuerte un fin en sí mismo, propone un orden nuevo de carácter totalitario.

José Antonio aspiraba a que la Falange fuese el motor de la insurrección. En varias ocasiones, mantuvo contactos con militares para que apoyaran una insurrección dirigida por la Falange. En el informe secreto sobre la situación política española que José Antonio redactó e hizo llegar al gobierno italiano en el verano de 1935, se lamentaba de que en el momento en el que se produjo la revolución de Asturias de octubre de 1934, Falange no dispusiera de fuerzas suficientes para haber respondido con una contrarrevolución; y, sobrevalorando la capacidad de Falange, informaba que "si los acontecimiento se precipitasen, la Falange podría tal vez intentar pronto la conquista del poder, por muy inverosímil que ello suene ahora"; que de darse unas circunstancias parecidas, estaba preparada para iniciar la sublevación. En todo caso, "por el momento, la tarea de los organizadores de la Falange es trabajar sin descanso por fortalecer todos los órganos: será en el mes de octubre cuando se pueda hablar de un plan integral y calcular los elementos de los que se deba disponer para cumplirlo".

A finales de 1934 o principios de 1935, José Antonio redactó la composición del posible gobierno que saldría de la insurrección. Formado principalmente por falangistas, también figuraban Franco, Mola y Serrano Súñer como ministros de la Defensa Nacional, Gobernación y Justicia respectivamente. José Antonio se autonombraría jefe de aquel gobierno. En 1935 elaboró varios planes. En junio, la cúpula falangista se reunió con los jefes territoriales en el parador de Gredos para preparar una insurrección que tendría su origen en Fuentes de Oñoro, pueblo de la provincia de Salamanca, cercano a la frontera de Portugal para posibilitar la incorporación del general Sanjurjo (por entonces exiliado en Portugal) y, también, facilitar huida en caso de fracaso. Y en noviembre, otro plan preveía que la insurrección comenzara en Toledo, con la colaboración del general Moscardó. Ninguno de estos planes encontró los apoyos suficientes. Más adelante, recurriría directamente a Franco, entonces jefe del Estado Mayor, para que apoyara una insurrección. Franco se limitó a desviar la conversación.

Con la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, las tramas para derrocar a la Republica se fortalecieron. Durante varios días el país vivió el riesgo de una intervención castrense para anular los comicios. A partir de entonces se sucedieron las reuniones de generales para propiciar un pronunciamiento. El 8 de marzo, en una de esas reuniones celebrada en el domicilio de un miembro de la CEDA, se concretó un plan para dar un golpe de Estado el 20 de abril del que saldría una junta militar presidida por el general Sanjurjo, todavía en el exilio. Las tramas insurrecciónales iban confluyendo y la Falange era ignorada, quedando al margen de ellas.

A partir de mayo de 1936, mantiene correspondencia con el general Mola. En una carta que José Antonio le hizo llegar a Pamplona, no le prestaba su apoyo total y hablaba de condiciones, ofertándole 4.000 falangitas disponibles desde el primer día del alzamiento. La conspiración seguía su marcha y José Antonio no lograba que Falange fuese su movimiento político inspirador. Los militares estaban también en contacto con los monárquicos, miembros de la CEDA y los carlistas; y desde el Bloque Nacional, Calvo Sotelo parecía querer arrebatar a Falange el marchamo de fascista. El 24 de junio envía una circular a todas las Jefaturas Territoriales para que no se sumen a proyectos en los que la Falange no es considerada como un cuerpo total de doctrina, ni como una fuerza en camino de asumir por entero la dirección del Estado sino que la consideran como un mero elemento auxiliar de choque.

Sólo cinco días después, el 29 de junio, José Antonio envía nuevas circulares, ahora sí, apoyando la insurrección. Una, destinada a la primera línea de Madrid, hace un llamamiento al adiestramiento para estar preparados ante el instante decisivo: "Vuestro entusiasmo prefiere el combate a la preparación; pero lo que se acerca es demasiado grande para que lo arrostremos sin prepararlo". Y otra, destinada a La Jefaturas Territoriales, para que se pongan a disposición de los mandos militares en la sublevación. "Cada jefe territorial se entenderá exclusivamente con el jefe superior del movimiento militar en el territorio o provincia"’, interviniendo los falangistas en sus propias unidades con sus propios jefes y sus propios uniformes. A juicio de Gil-Robles, este cambio pudo estar relacionado con el viaje del carlista Rodezno a Alicante o deberse a una conversación de su hermano Fernando (su enlace con los conspiradores) con el general Mola, donde, este último, se mostró enfadado por el tono de la anterior circular del día 24.

Cuando el 18 de julio de 1936 se produjo la insurrección, José Antonio seguía preso en la cárcel de Alicante. El día anterior, él y su hermano habían estado recogiendo sus pertenencias, lo que permite pensar que daban por hecho su éxito en Alicante. Con anterioridad a esa fecha existieron diversos planes para posibilitar su fuga. Entre ellos uno que lo llevaría en una avioneta a la ciudad de Orán, Argelia, y otro a Mallorca en una embarcación. Todos fracasaron antes de iniciarse. También existió un ofrecimiento, muy cercano al día 18, de un grupo de oficiales alicantinos que utilizarían un camión de la Guardia de Asalto para alejarlo de Alicante; ofrecimiento que fue rechazado por José Antonio.

El 13 de julio trasmitió una orden para concertar la acción de falangistas y militares simpatizantes en Valencia, Alicante, Alcoy y Cartagena. Varios militares estuvieron reunidos en el hotel Victoria de Alicante donde se alojaban su hermana Pilar y su cuñada. El 17, su hermana y su cuñada se dirigieron a Alcoy para pedir a los falangitas que se acuartelaran con los militares; a su regreso fueron detenidas con la orden de permanecer bajo arresto en su propio hotel (el 1 de agosto serían encarceladas en el Reformatorio de Adultos de Alicante). El levantamiento fracasó en Valencia y Alicante y esto frustró el intento de su liberación. Grupos de falangistas salieron el día 19 de diversos pueblos de la región levantina en dirección a Alicante. Uno de los grupos, el más numeroso, fue detenido a tiros por la Guardia de Asalto. Enterados de este hecho, los otros grupos desistieron.

Redactó un guión que ocupaba una hoja por ambas caras en el que se analizaba la situación política y se definían una serie da acuerdos para acabar con la contienda; en otra hoja aparte se encontraba la lista de nombres que formarían el gobierno de reconciliación. El plan contemplaba el acatamiento a la legalidad de la República y una amnistía para los sublevados. El gobierno de reconciliación estaba formado, principalmente, por republicanos moderados y no figuraba ningún militar. EL plan no fue tenido en cuenta por el Gobierno, según opinión de Martínez Barrio, los rebeldes no habrían depuesto las armas ante tal propuesta y, también, "no había posibilidad de arrancar a la acción de la justicia la persona del jefe de Falange Española".

Su situación en la cárcel vino a agravarse cuando tras las protestas de otros reclusos por los privilegios de que disfrutaban los hermanos, y una vez cambiado el director de la cárcel, se descubrieron en su celda dos pistolas y cien cartuchos. Desde entonces permanecieron incomunicados con el exterior, prohibiendo que recibieran correo, prensa y escucharan la radio, como había ocurrido hasta entonces.

Desde el bando nacional existieron diversos intentos de liberación. El Gobierno de la República recibió varias ofertas de los rebeldes para canjearlo. Quizá, la que más posibilidades tuvo de llegar a un acuerdo sería la que proponía el intercambio del hijo de Largo Caballero (entonces Presidente del Gobierno). Se reunió el Consejo de Gobierno, Largo Caballero se abstuvo de intervenir y, finalmente, el Consejo lo desestimo. Fracasados los intentos de canje, se desarrollaron varias operaciones tipo comando con el conocimiento y la aprobación de Franco. Dos de estas operaciones se realizaron con la colaboración del Tercer Reich alemán, se contaba con el apoyo de la legación diplomática alemana en Alicante, se disponía de dinero para sobornar a quienes lo custodiaban e intervinieron torpederos alemanes para acercarlos al puesto de Alicante. Estas operaciones fracasaron como también fracasaría una tercera en la que intervenía un buque de la naviera Ybarra.

El 3 de octubre se inició el sumario contra los dos hermanos, la cuñada (Margarita Larios, mujer de Miguel) y varios carceleros. La acusación era la de conspiración y rebelión militar, lo que conllevaba la pena de muerte. El Tribunal Supremo nombró a un magistrado de la Audiencia de Madrid para llevar la causa y el 11 de octubre se iniciaron los interrogatorios de acusados y testigos. José Antonio compareció por primera vez ante el tribunal el 3 de noviembre, negando todos los cargos. La vista oral tuvo lugar los días 16 y 17 de noviembre. Primo de Rivera contestó con evasivas a las preguntas del fiscal. Negó haber tenido contactos con elementos contrarios a la República, negó haber contribuido a la preparación de la insurrección y negó haber intervenido en el levantamiento de la Falange en Alicante, alegando que estaba incomunicado en su celda, algo que se contradecía con el flexible régimen de visitas que disfrutaba en aquellos días. El jurado se retiró a deliberar y tras cuatro horas, a las dos y media de la madrugada, salieron con el veredicto de culpabilidad. José Antonio fue condenado a muerte por conspiración, su hermano Miguel a cadena perpetua por el mismo delito y Margarita Larios a seis años y un día como colaboradora. En el mismo juicio se absolvió a los tres carceleros que estaban acusados de complicidad.

La sentencia fue confirmada por la Corte Suprema. El comunista Jesús Monzón, Gobernador Civil de Alicante, trató de retrasar la ejecución, pero el comité de Orden Público local ordenó la ejecución de la sentencia para la mañana del día 20. La sentencia se cumplió, según versiones, sin esperar el enterado del Gobierno. José Antonio murió con dignidad, siendo su ejecución un acto sobrio exento del dramatismo romántico que sus seguidores incluyeron en su leyenda. En su testamento dejó constancia de su deseo: «Que sea la mía la última sangre española vertida en discordias civiles». Otra de sus frases más conocidas es: «Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino». La noticia de su muerte llegó pronto a la zona nacional y fue silenciada durante los dos años siguientes, llegándosele a conocer como "el ausente". La figura del mártir, ampliamente explotada en los años siguientes, resultaría quizá más útil y menos incómoda que la del líder político. Además, mientras Primo de Rivera permaneciera vivo pero «ausente», los líderes de Falange no intentarían dotarse de un nuevo líder, siendo así más manejables por la voluntad de Franco de concentrar todo el poder en sus manos. Después de su ejecución se convirtió en un mártir simbólico, y el cumplimiento de sus supuestos planes para España dotaron de una falsa justificación prácticamente cada acto del Caudillo.

Se ha especulado sobre si desde el bando sublevado se hizo o no lo suficiente para preservar su vida. Las relaciones de Primo de Rivera y Franco nunca fueron buenas. Primo de Rivera, en las elecciones por Cuenca se negó a que Franco figurara junto a él en la lista de candidatos; y Franco, posiblemente, no le perdonase esa actitud. Lo cierto es que la muerte de José Antonio facilitó a Franco la posterior utilización de la Falange. Ramón Serrano Suñer relata en sus memorias: "Respecto al mismo José Antonio no será gran sorpresa, para los bien informados, decir que Franco no le tenía simpatía. Había en ello reciprocidad pues tampoco José Antonio sentía estimación por Franco y más de una vez me había yo –como amigo de ambos- sentido mortificado por la crudeza de sus críticas".

Mantenía una relación de amistad con varios diputados socialistas, entre ellos Indalecio Prieto, y se entrevistó con militantes anarcosindicalistas como Ángel Pestaña, con quien no llegó a acuerdo alguno. Dos hermanos del líder de la FAI, Buenaventura Durruti, estaban afiliados a Falange, así como varios cuadros de la CNT, el propio ex-secretario general del PCE madrileño, Manuel Mateo y el conde de Montarco.

El fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera eliminó del bando rebelde al único líder con carisma que podía hacer sombra a los militares, dejando el camino expedito para la conversión de la Falange en partido único del régimen (unificada con los tradicionalistas, a pesar de sus numerosas diferencias ideológicas, formando FET de las JONS, una Falange 'domesticada', o más adecuada al momento político, matizado su programa pseudo-revolucionario inicial, con Francisco Franco como jefe nacional, quién arrestó a Manuel Hedilla, segundo jefe nacional de Falange Española de las JONS tras el proceso de unificación.

Tras el final de la guerra, el cuerpo fue exhumado y llevado a hombros desde Alicante hasta el Escorial. Y una vez terminada la basílica del Valle de los Caídos, Francisco Franco ordenó que su cadáver fuera trasladado y sepultado allí.

El jefe no obedece al pueblo: debe servirlo pues es otra cosa bien distinta; servirlo es ordenar el ejercicio del mando hacia el bien del pueblo, procurando el bien del pueblo regido, aunque el mismo pueblo desconozca cuál es su bien.

No obstante la defensa que hiciera del "hecho revolucionario de la Dictadura", le encontró la falta de sustrato ideológico que la mantuviera: "¡Si los intelectuales hubieran entendido a aquel hombre! Los intelectuales hubieran podido organizar aquel magnífico alumbramiento de entusiasmos alrededor de lo que faltó a la Dictadura: una gran idea central, una doctrina elegante y fuerte". Toda su carrera política estuvo determinada por el hecho de que un nacionalismo autoritario efectivo tendría que ser mucho más programático e ideológico y estar más organizado que el sencillo sistema de su padre.

Es también innegable la influencia en él de la generación del 98 con su pesimista visión de la sociedad española, y la especial influencia de Ortega y Gasset; encontrándose en éste el referente a su "Unidad de destino en lo universal" Una constante en su pensamiento fue la añoranza de la España Imperial desilusionado por una España que pensaba caminaba hacia la "invasión bárbara", como calificaba al socialismo y especialmente al comunismo.

Insistiendo en numerosas ocasiones en esa visión paternalista del sistema autoritario: "Toda la organización, toda la revolución nueva, todo el establecimiento del Estado y toda la organización de la economía, irán encaminados a que se incorporen al disfrute de las ventajas esas masas enormes desarraigadas por la economía liberal y por el conato comunista".

La autoridad del Estado quedaría justificada por una misión superior a cumplir. España, como nación civilizada, tendría el deber de imponer su cultura y su poder político fuera de sus fronteras. También, el Estado, y su líder, estarían al servicio de la persona.

Para José Antonio, la dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles; considerando que el hombre, únicamente adquiría su calidad humana dedicando su vida a una gran empresa colectiva; el Estado sería esa gran empresa.

Para José Antonio, el principal peligro al que se enfrentaba España era la revolución socialista y en sus escritos y en la acción violenta de la Falange, las izquierdas fueron los enemigos declarados. En cuanto a la derecha la consideraba falta de fe y de empuje. A finales de 1935, ante la inminencia de unas elecciones en las que la izquierda ya mostraba posibilidades de ganarlas, acusó a la derecha de dormirse en una indolencia mortal, incapaces de borrar la memoria del enemigo (Manuel Azaña) con una obra honda y fuerte. a su juicio: "El derechismo, los partidos de derechas, quieren conservar la Patria, quieren conservar la autoridad; pero se desentienden de esta angustia del hombre, del individuo, del semejante que no tiene para comer".

La posición de José Antonio frente a los partidos políticos coincide con el tercerposicionismo, un sistema totalitario que pretende superar la división de izquierdas y derechas.

El catolicismo está presente en los conceptos más utilizados por José Antonio. En los Puntos Iniciales de F.E. puede leerse: "La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es además, históricamente la Española; uniendo en esta frase religión y tradición. También está presente en su concepto de universalidad de España: "¿A qué puede conducir la exaltación de lo genuino nacional sino a encontrar las constantes católicas de nuestra misión en el mundo? En su concepto de vida militante y de sacrificio, mezcla su sentido militar y católico; y es indudable su influencia en su sentido de la justicia social y su paternalismo político. De tal modo que mantuvo que toda construcción de España ha de tener un sentido católico.

José Antonio contempla una concepción espiritual de la Historia y del Hombre dentro de una cosmovisión católica, opuesta a la interpretación materialista del marxismo, pretendiendo fusionar tradición y revolución. La recuperación de la tradición católica de España en sus aspectos fundamentales combinado con un afán revolucionario que rivalice con al socialismo marxista en aquellos situaciones donde la intolerable injusticia parecen hacer justificable al socialismo. El politólogo Arnaud Imatz le considera un tradicionalista revolucionario y entre algunos pensadores carlistas como Francisco Elías de Tejada le incluyen como pensador tradicionalista. En cambio Rafael Gambra Ciudad le tacha de imitador de la tradición.

Contrario a Capitalismo (entendido éste como la concentración de la riqueza y los medios de producción) y al liberalismo económico (critica a Adam Smith), creía en un sistema económico totalitario, adhiriéndose al nacional-sindicalismo de Ramiro Ledesma Ramos. Un sistema más allá del corporativismo italiano en el que un sindicato agruparía a todos los empresarios, todos los trabajadores y todos los medios de producción. El fin de este sindicato sería conseguir la justicia social que José Antonio enunciase con: "Patria, pan y justicia". José Antonio consideraba que "lo social es una aspiración interesante aun para mentalidades elementales".

Al sindicato le atribuye la especial misión de articular la Nación, compartiría esa misión con a la familia y el municipio.

José Antonio comienza a interesarse por las ideas fascistas a principios de 1933. Defensor de la dictadura de su padre, consideraba que ésta fracasó por carecer de una base ideológica. José Antonio cree encontrar en el fascismo la base ideológica sobre la que sustentar un sistema parecido a la dictadura de su padre.

En octubre de 1933, diez días antes de fundar oficialmente Falange Española en el teatro de la Comedia, viaja a Italia y se entrevista con Mussolini. Los motivos del viaje, según expresó a las autoridades italianas eran: "Obtener material informativo sobre el Fascismo italiano y sobre las realizaciones del Régimen", así como "consejos para la organización de un movimiento análogo en España". En Italia visitó diferentes sedes del Partido Nazionale Fascista. Momentos antes de su visita a Mussolini contaría al periodista que le acompañaba: "Soy como el discípulo que va a ver al maestro". A su regreso a España escribiría: "Yo he visto de cerca a Mussolini, una tarde de octubre de 1933, en el Palacio de Venecia, en Roma. Aquella entrevista me hizo entrever mejor el fascismo de Italia que la lectura de muchos libros". Musolini le regaló una foto dedicada de gran tamaño que José Antonio colgó en su despacho junto al retrato de su padre.

Incluida su visión sobre el hombre, el héroe: "El hombre es el sistema, y ésta es una de las profundas verdades humanas que ha vuelto a poner en valor el fascismo. desde el origen del mundo, es el único aparato capaz de dirigir hombres: el hombre. Es decir, el jefe. El héroe".

En los meses siguientes la Falange fue criticada considerándola una imitación del fascismo: "Nos dicen que somos imitadores. Después de todo, en el fascismo como en los movimientos de todas las épocas, hay por debajo de las características locales, unas constantes, que son patrimonio de todo espíritu humano y que en todas partes son las mismas". Ante estas críticas, (Según Payne, influenciado por Ramiro Ledesma) José Antonio, públicamente, se desmarcó del fascismo. En diciembre de 1934 declaró: "La Falange Española de las J.O.N.S. no es un movimiento fascista, tiene con el fascismo algunas coincidencias en puntos esenciales de volar universal; pero va perfilándose cada día con caracteres peculiares y está segura de encontrar precisamente por ese camino sus posibilidades más fecundas." A partir de 1935 José Antonio no vuelve a relacionar públicamente a la Falange con el fascismo. No obstante, en el informe secreto que envió al gobierno italiano, en el verano de 1935, sobre la situación de la política española, puede leerse: "La Falange Española de las JONS ha logrado convertirse en el único movimiento fascista en España, lo cual era difícil, habida cuenta del carácter individualista del pueblo".; y en febrero de 1936, el retrato la foto que le dedicara Mussolini todavía se encuentra presente en su despacho.

José Antonio tuvo una estrecha relación con el fascismo italiano y con los proyectos de la Internacional Fascista. En 1933 se crearon los Comitati d’Azione per l’Universalitá di Roma (CAUR), oficinas, en teoría de carácter cultural, abiertas en numerosas ciudades del mundo y dependientes de una central en Roma. José Antonio fue miembro fundador de la sección española. La CAUR organizó diversos encuentros. El primero en Montreux, en diciembre de 1934. A este congreso no asistió José Antonio; aunque parece que asistió (no hay prueba documental) uno de los primeros ideólogos del fascismo español, Ernesto Giménez Caballero, entonces encuadrado en la Falange. La prensa italiana informó de que acudía en representación de Primo de Rivera, algo que éste desmintió: "El jefe de la Falange fue requerido para asistir; pero rehusó terminantemente la invitación por entender que el genuino carácter nacional del movimiento que acaudilla repugna incluso la apariencia de una dirección internacional".

En abril de 1935, José Antonio viaja a Italia y, como resultado de este viaje, consigue una subvención del gobierno italiano de 50.000 liras mensuales. Subvención que permaneció en secreto incluso entre las filas de la Falange y que el propio José Antonio se encargaba de recoger, viajando cada dos meses a la embajada italiana en París. En el verano de 1935, quizá como contrapartida de esta subvención, a requerimiento del gobierno italiano, José Antonio le hace llegar un informe secreto sobre la situación política de España.

José Antonio también viajó, en mayo de 1934, a Alemania para procurarse el apoyo del Tercer Reich. En la petición al embajador alemán se hace constar su interés por la nueva Alemania y especialmente por la organización de las SA y las SS. En este viaje visita a Hitler; aun que la entrevista y el viaje resultó para él desalentador ya que fue organizado por un miembro secundario de partido nazi. No se le dio la mínima relevancia a su estancia en Berlín y la visita a Hitler fue simplemente protocolaria.

José Antonio, en lo personal, protagonizó numerosos actos de violencia. De carácter agradable y de trato cortes, caía en accesos de violencia cuando se sentía contrariado. En sus tiempos de estudiante, acabó a puñetazos numerosas discusiones y, más tarde, esa violencia la llevó a las Cortes, al Colegio de Abogados y a los cafés. En 1931 protagonizó un grave incidente al agredir al General Queipo de Llano. Queipo de Llano no se privaba de hablar despectivamente sobre el dictador Primo de Rivera (padre de José Antonio). Enterado José Antonio de alguno de esos comentarios, se presentó en compañía de uno de sus hermanos y de sus amigos en el café donde Queipo de Llano frecuentaba una tertulia, llamó su atención y sin darle tiempo a reaccionar, estando Queipo de Llano sentado, le propinó un golpe con una llave inglesa. Queipo de Llano sufrió una herida en la frente que le dejó marcado y José Antonio, que era alférez de complemento, fue expulsado del ejército por un tribunal militar.

En su actividad parlamentaria, en dos ocasiones, agredió a puñetazos a dos diputados. En uno de los casos, las criticas del diputado a la dictadura de su padre sirvieron de detonante. Cuando fue juzgado por tenencia de armas, en el momento que se leyó la sentencia que lo condenaba a cinco meses de arresto, tuvo un acceso de cólera, insultó y amenazó a los magistrados; actuaba como su propio defensor y se rasgó la toga y arrojó al suelo el birrete. Un oficial del juzgado comentó: "Tan chulo como su padre", a lo que José Antonio respondió propinándole un puñetazo que fue respondido por éste lanzándole un tintero que le alcanzó la frente. En la cárcel Modelo de Madrid, cuando se le comunicó su traslado a la de Alicante, estando encerrado en su celda, se encolerizó hasta tal punto que otros falangistas se alarmaron y, creyendo que a su líder le estaban sometiendo a malos tratos, protagonizaron un conato de motín.

José Antonio admitía la violencia como algo normal en las relaciones sociales y políticas. Se educó en un ambiente militarista y vivió una época en la que la violencia formaba parte de la actividad política. Estuvo influenciado por la obra de Georges Sorel reflexiones sobre la violencia, referente de la extrema derecha europea de aquella época, y era admirador de Mussolini y sus métodos para combatir a la izquierda y acceder al poder mediante acciones violentas.

José Antonio sufrió varios atentados contra su vida. Está documentado uno en el que, el 10 de abril de 1934, tirotearon su coche y el conductor y su acompañante salieron detrás de los terroristas, manteniendo con ellos un tiroteo. El atentado contra un parlamentario era un hecho infrecuente y tuvo una gran repercusión. También, en otra ocasión, confundieron un coche con el suyo y le arrojaron un petardo.

Fundó Falange Española, partido político de corte fascista que, como tal, contemplaba el acceso al poder por métodos violentos; y la práctica de la Falange corroboró estos métodos llegando al pistolerismo. No obstante, entre los líderes fascistas españoles, fue el menos proclive a la práctica sistemática de la violencia y el asesinato. Para José Antonio el uso de la violencia era lícito si se ejercía para conseguir un fin superior. El acceso al poder de Falange para instaurar un régimen totalitario que garantizara la unidad de una España que él veía amenazada, era ese fin superior que justificaba la violencia: "Teníamos que demostrar que no éramos una banda de mercenarios dedicados a eliminar a sus adversarios. Yo hablé en el Teatro de la Comedia de la dialéctica de de los puños y las pistolas sin pensar en las emboscadas en las que murieron los mejores muchachos de la primera hora, sino pensando en la conquista del Estado y en la defensa de la Patria". Ésta sería una violencia que no entraría en conflicto con sus convicciones religiosas ya que "la violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano". Aceptando sus propias palabras, para asumir la violencia que llegó a ejercer la Falange, habría tenido que vencer su convicción religiosa: "Cuando se derramó la sangre de estos jóvenes comprendí que era necesario defendernos. Mis escrúpulos morales y religiosos se hicieron retortijones y, tras una larga lucha interior, la fe en nuestro ideal venció a toda desilusión y a todo remordimiento".

Se mostró indeciso en el momento que Falange se planteó el paso de las razzias en la calle y la Universidad al uso sistemático de la violencia para amedrentar a la izquierda; pero, al fin dio ese paso. Es indudable que los numerosos disturbios y asesinatos que Falange protagonizó después de que el Frente Popular ganara las elecciones, lo fueron con su conocimiento y bajo sus directrices; sin embargo, en abril de 1936, enterado del plan para atentar contra Largo Caballero, lo desautorizó. Podría concluirse que no aceptaba la violencia por la violencia; pero "si no hubiera otro medio que la violencia, ¿qué importa? Todo sistema se ha implantado violentamente, incluso el blando liberalismo".

Dos veces Grande de España (una por concesión en 1921 al marquesado de Estella y otra póstumamente al serle concedido el ducado), III marqués de Estella y a título póstumo en 1948 el ducado de Primo de Rivera. Gentilhombre de Cámara con ejercicio y servidumbre, Caballero de la orden de Santiago y Alférez de complemento del arma de caballería del ejército español.

Al principio



Falange Española

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Falange Española de las JONS (FE de las JONS) es un partido político español de inspiración fascista e ideología nacional-sindicalista (con fuertes analogías con otros movimientos similares tales como el fascismo o nacional-sindicalismo italiano, y el nacional-socialismo alemán), fundado el 29 de octubre de 1933 por José Antonio Primo de Rivera (abogado, hijo del general Miguel Primo de Rivera), Julio Ruiz de Alda y Alfonso García Valdecasas.

El partido fue dado a conocer en un mitin celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid. En febrero de 1934 se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), fundadas por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, entre otros. Con esta fusión, pasó a denominarse Falange Española de las JONS (FE de las JONS) y finalmente Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS ), tras la unificación con el movimiento carlista que llevó a cabo el general Francisco Franco.

La ideología de Falange es el nacionalsindicalismo. Se trataba de un fascismo a la italiana con componentes tomados del catolicismo. José Antonio, su fundador, se interesó por un fascismo de cuño italiano y en los primeros tiempos no se opuso al empleo de la etiqueta de "fascista". A juicio del historiador Payne, la Falange no se diferenciaba en lo fundamental del partido fascista italiano, utilizando en ocasiones su misma retórica. No obstante, el falangismo dispuso de rasgos propios. Se caracterizó por su catolicismo. También la unidad de España se enuncia en el segundo punto programático: "España es una unidad de destino en el mestizaje". Y al imperialismo característico de otros movimientos fascistas, enunciado en el punto tercero ("Tenemos voluntad de imperio… Reclamamos para espanya un puesto preeminente en Europa"), añade un carácter panhispánico: "Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder".

Los puntos 9 al 16 están referidos a la economía y el trabajo. En el punto 9 enuncia: "Concebimos a España en lo económico como un gigantesco sindicato de productores" y en los siguientes declara su postura contraria al capitalismo, al comunismo y a la lucha de clases. En el punto 12: "Las riquezas tienen como primer destino -y así lo afirmará el nuevo Estado- mejorar las condiciones de vida de cuantos integran el pueblo. No es tolerable que masas enormes vivan miserablemente mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos." En los puntos 13 al 16, se reconoce la propiedad privada como un bien lícito, se defiende la nacionalización de la Banca y de los grandes servicios públicos, se reconoce el derecho al trabajo y, también, el deber de trabajar.

El punto 26 enuncia su espíritu revolucionario y el 27 (suprimido por Franco en el decreto de unificación con los requetés), su intención de no pactar en la conquista del Estado.

El yugo y las flechas provienen de Virgilio (70 a. C. – 19 a. C.), basándose para las flechas en su obra La Eneida, y para el yugo en las Geórgicas. Las flechas simbolizarían la guerra, y el yugo las labores agrarias; estos dos símbolos fueron tomados por los Reyes Católicos al unir sus dos reinos, representando el yugo a Fernando y el haz de flechas a Isabel (consúltese la heráldica de los Reyes Católicos).

La Falange tomó estos dos símbolos, ya que representaban un gran esplendor de la historia de España. Recordemos que Mussolini adoptó las fasces del Imperio Romano.

En 1933, José Antonio comienza a interesarse por la ideología fascista. En febrero junto a Manuel Delgado Barreto (antiguo colaborador de su padre), director del diario conservador La Nación, lanzan el periódico El Fascio. Al intento se suman Rafael Sánchez Mazas y Juan Aparicio López.

De El Fascio sólo llegará a imprimirse un número y buena parte de sus ejemplares fueron retirados por la policía. En ese número colaboran con sus artículos el propio José Antonio (que firma el artículo Orientaciones para un nuevo Estado bajo la inicial "E" de Marqués de Estella) y Ramiro Ledesma. Completan el periódico extensos artículos sobre Mussolini y Hitler. No obstante el fracaso, el grupo sigue reuniéndose y pronto se unen a ellos Julio Ruiz de Alda y Alfonso García Valdecasas. Juntos forman el Movimiento Español Sindicalista, en cuya propaganda figuraba como subtítulo Fascismo Español (FE).

En agosto, con la intermediación del ultraderechista vasco José María de Areilza, la dirección de MES-FE se reúne con Ramiro Ledesma para procurarse su apoyo. No se llega a ningún acuerdo, ya que Ramiro Ledesma sólo contempla la posibilidad de que el nuevo grupo se integre en la JONS.

En octubre, José Antonio viaja a Italia, se entrevista con Mussolini y visita la sede del Partito Nazionale Fascista, con el propósito de obtener consejos e información para la organización de un movimiento análogo en España.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo...

Los meses siguientes, la Falange se disputa con las JONS la escasa capacidad de convocatoria del fascismo. Las JONS dejan de recibir las escasas aportaciones que recibiera de sectores financieros que ahora, junto a los monárquicos, se decantan por financiar a la Falange. La Falange, con más capacidad de maniobra, capitaliza la llegada de nuevos adeptos, logrando rápidamente superar en número de afiliados a las JONS. Ramiro Ledesma, sin los apoyos de la oligarquía financiera, recibe presiones para que se fusione con la nueva Falange. El 11 de febrero de 1934 el Consejo Nacional de las JONS se reúne para considerar la posible fusión con Falange, y el 15 de febrero, con la aprobación del Consejo Nacional, se alcanza el acuerdo con la Falange, según el cual la nueva formación se denominaría FE de las JONS y estaría dirigida por un triunvirato, dos miembros de Falange: José Antonio, Julio Ruiz de Alda; y uno de las JONS: Ramiro Ledesma.

En agosto de ese mismo año, José Antonio llega a un acuerdo con el partido monárquico Renovación Española, mediante el cual, éste financiará a FE de las JONS con 10.000 Ptas mensuales con el compromiso de esta otra de no oponerse a la restauración de la monarquía.

Esta ayuda estaba condicionada al incremento de las milicias que combatían a las formaciones de izquierdas, creándose un "elemento técnico que actuará en contacto permanente con el mando de FE de las JONS, principalmente en su aspecto militar y de choque".

Al iniciarse el 1935, las diferencias entre José Antonio y Ramiro Ledesma eran insalvables. Ramiro Ledesma se reunió con los antiguos dirigentes de las JONS para avanzar hacia una escisión. El 14 de enero se publicó en el Heraldo de Madrid una nota de Ramiro Ledesma, Onésimo Redondo y Nicasio Álvarez Sotomayor en la que se expresaba la necesidad de "reorganizar las JONS fuera de la órbita de Falange". José Antonio no tardó en reaccionar, convocó una reunión de la Junta de Mando y el 16 de enero Ledesma fue oficialmente expulsado.

Tampoco consiguieron una solvencia económica. Aunque, en principio, recibiera más apoyos de grandes financieros y terratenientes que las JONS, estos no fueron suficientes hasta que en 1935 fuese subvencionada mensualmente con 50.000 liras por el gobierno italiano. Subvención que fue reducida a la mitad para, posteriormente, ser retirada. Ni la doctrina nacional-sindicalista logró atraer a los trabajadores, encuadrados estos en los sindicatos de clase mayoritarios (UGT y CNT). En este periodo no consiguió tener ningún diputado en las Cortes, ya que aunque José Antonio Primo de Rivera consiguió el acta de diputado en las elecciones de noviembre de 1933, lo hizo a través de una candidatura conservadora de Cádiz, denominada Unión Agraria y Ciudadana.

El 15 de noviembre de 1935 se celebró el Segundo Consejo Nacional de Falange, del que salió la propuesta de formar un Frente Nacional Español para oponerse a las formaciones de izquierdas en las próximas elecciones. Esta propuesta fue ignorada; pero, más adelante, José María Gil-Robles realizó su propia propuesta que se concretaría en el Frente Nacional en el que se agrupaba la CEDA y los monárquicos del Bloque Nacional. La Falange, en principio, mostró su intención de integrarse en él. José Antonio se entrevistó con Gil-Robles el 14 de enero de 1936, llegando a un primer acuerdo que garantizaba a Falange tres actas de diputado y otras tres posibles. José Antonio concurriría por la circunscripción de Salamanca junto al propio Gil-Robles para garantizar su acta. Al día siguiente, en una segunda entrevista, José Antonio comunica a Gil-Robles el rechazo del anterior acuerdo, la dirección de Falange no lo había aceptado. Gil-Robles le respondió que no estaba en condiciones de ofrecerle ninguna acta más. Aún existirían otros contactos sin que, al final, fuese posible el acuerdo.

Las elecciones del 16 febrero de 1936 fueron ganadas por el Frente Popular. La Falange, que se presentaba en solitario, no consiguió ninguna acta de diputado, obteniendo únicamente 46.000 votos en el conjunto de España, esto significaba el 0,7% del electorado. Tal derrota se debió a que la CEDA se consideró la más clara opción para la derecha y a que José Antonio, que realizó una intensa campaña electoral, no conectaba en sus discursos con la audiencia. Estas elecciones pusieron de manifiesto la escasa entidad de FE de las JONS. Primo de Rivera había dicho que contaban con más de 60.000 militantes y en Madrid 11.000. En Madrid, los votos conseguidos por FE de las JONS no llegaron a 5.000, el 1,2%.

A partir del triunfo electoral del Frente Popular, Falange, que hasta entonces era una formación muy minoritaria, con presencia únicamente en la calle, recibe una avalancha de militantes de la juventud de la CEDA, descontenta con la que consideraban posición moderada de su partido. La situación de agitación en Madrid y en las principales ciudades aumentó y los enfrentamientos armados entre militantes de los partidos de la izquierda y los falangistas alcanzaron extrema gravedad. Tras el atentado, el 11 de marzo de 1936, contra el catedrático de Derecho y militante socialista Jiménez de Asúa, llevado a cabo por un militante falangista, el juez municipal que le procesó fue asesinado a las 48 horas por pistoleros falangistas.

Estos hechos determinaron la ilegalización de la Falange y sus dirigentes, entre ellos Primo de Rivera, que fueron encarcelados el 14 de marzo. Posteriormente los tribunales de justicia —Audiencia de Madrid, en sentencia de 30 de abril de 1936, y Tribunal Supremo, en sentencia de 8 de junio del mismo año— absuelven a José Antonio y a los suyos declarando legítima, dentro del marco constitucional español —conforme a los artículos 34 y 39 de la Constitución de 1931 y Ley de Asociaciones de 30 de junio de 1887—, la doctrina de Falange Española, quedando sin efecto el procesamiento acordado por el juez de Instrucción contra José Antonio y los falangistas que le acompañan. No obstante, José Antonio siguió en la cárcel al haber sido condenado a nueve meses de reclusión por tenencia ilícita de armas (se le encontraron tres pistolas cargadas en su domicilio).

Teniéndose que repetir las elecciones en Granada y Cuenca al haber existido irregularidades en estas provincias, la CEDA, por mediación de Serrano Suñer y el monárquico Antonio Goicoechea, accedió a incluir a José Antonio en las listas de Cuenca, con posibilidades de ser elegido; así conservaría la inmunidad parlamentaria y saldría de la cárcel (en la misma lista se había incluido también al general Franco). Pero desde la Junta Electoral se declaró que sólo eran válidos aquellos candidatos que ya lo fueran en las elecciones originales, por lo que fue eliminado de la lista (José António se había presentado a las elecciones por la circunscripción de Cádiz consiguiendo 7.499 votos, el 4,6% del electorado).

En el mes de julio de 1936, Primo de Rivera seguía encarcelado en Alicante, después de dos juicios por distintas causas. Desde allí estaba en contacto con los principales conspiradores que materializaron la sublevación contra la II República y que culminó con la rebelión, el 17 de julio, del Ejército de África, liderado por el general Franco, seguida al día siguiente de otras guarniciones peninsulares.

En el periodo de la II República las organizaciones juveniles se caracterizaron por su carácter violento. Las juventudes de izquierdas se proclamaban revolucionarias y las juventudes de derechas, antiliberales. Los enfrentamientos entre ambas eran frecuentes. Unas y otras, escapando al control de sus respectivos partidos, contradecían abiertamente la actividad de estos en el Parlamento. La situación en el ámbito laboral no era mejor, las organizaciones obreras se enfrentaban a grupos al servicio de los intereses de los patronos. En este contexto surge Falange Española con la práctica de la violencia como parte de su ideario.

La lucha de masas: Su modalidad de empleo es la lucha a fondo, y va precedida de la provocación, aun cuando a veces se emplea también la sorpresa. La fuerza que la ejecuta es, como mínimo, la falange (formada por 33 individuos: tres ‘escuadras’ compuestas por 9 afiliados, un jefe y un subjefe), unidad a propósito para esta clase de actuaciones, pues por sí sola lleva a todos los medios combativos necesarios.

Las milicias denominadas Falange de la Sangre (posteriormente pasó a llamarse Primera Línea), estuvieron dirigidas inicialmente por el militar retirado Luis Arredondo. Comenzaron a provocar y mezclarse en escaramuzas. Se sucedieron los altercados callejeros y las operaciones de castigo. La distribución de su publicación F.E., voceada por sus propios militantes (los quioscos se habían negado a distribuirla presionados por las organizaciones de izquierdas), propició los principales focos de enfrentamientos. Falange, en la Universidad de Madrid, creó un sindicato de estudiantes, el SEU, en contraposición al mayoritario FUE, con el objetivo de "destruirle". El 25 de enero de 1934 se llevó a cabo una de esas operaciones de castigo contra el FUE en la Facultad de Medicina, dejando a un miembro de la FUE gravemente herido.

Los primeros muertos se produjeron en el bando de la Falange. El 7 de febrero, dos semanas después del incidente de la Facultad de Medicina, Matías Montero Rodríguez, estudiante de medicina y cofundador del SEU, murió tiroteado cuando regresaba a su casa después de haber distribuido F.E.

A partir de abril, con la fusión de las JONS, las milicias se fortalecieron con la incorporación de los jonistas. Comenzaron a ser más efectivas en sus represalias, dedicándose también al desarrollo de una táctica de terror contra las organizaciones de izquierda. La primera víctima mortal en las filas de las formaciones de izquierda se dio el 10 de junio de 1934, cuando un comando de FE de las JONS, como represalia a la muerte, ese mismo día, de uno los suyos, tiroteó a un grupo de excursionistas de las Juventudes Socialistas matando a la joven Juanita Rico, dejando incapacitado a su hermano menor e hiriendo de bala a otros varios.

La actividad de la Falange estuvo dificultada por frecuentes clausuras de sus locales y la prohibición de muchos de sus actos a causa de los numerosos incidentes violentos que protagonizaban. Sus milicias no dudaron en utilizar a adolescentes en sus acciones como se demostró con la muerte en un enfrentamiento con armas del estudiante de bachillerato Jesús Hernández de quince años de edad. Integrado en el SEU se demostró que, al igual que sus compañeros de la misma edad, portaban pistolas.

Con el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, la violencia se recrudeció llegando a situaciones de extrema gravedad. Cabe destacar el atentado contra el catedrático Jiménez de Asúa y el posterior asesinato del magistrado Manuel Pedregal, ponente del caso, que condenó a un falangista y a sus dos cómplices. Estos meses, hasta el pronunciamiento del 18 de julio, murieron en enfrentamientos violentos y atentados unos 40 falangistas y no menos de las organizaciones de izquierda. Un jefe territorial de Falange se jactó de que "el Depósito judicial acogió por cada uno de los nuestros a diez de los contrarios".

Si un gobierno de izquierdas, más o menos socialista, llega al poder, todo el Ejército, en tanto que esté mandado por sus jefes actuales, seguirá de buen grado al primero que lance la consigna de la rebelión nacional. Todos los partidos de derechas dudarán y el Ejército no tomará por sí mismo la iniciativa. Podría ser la Falange quien lo hiciera.

En noviembre de 1934, José Antonio ya había enviado una circular a los oficiales del ejército incitándoles a la sublevación: "Este será el instante decisivo; el redoble o el silencio de vuestras ametralladoras resolverá si España ha de seguir languideciendo o si puede abrir el alma a la esperanza de imperar". A finales de 1934 o principios de 1935, José Antonio elaboró la composición del posible gobierno que saldría del golpe de Estado. Formado principalmente por falangistas, también figuraban Franco, Mola y Serrano Suñer como ministros de la Defensa Nacional, Gobernación y Justicia, respectivamente. José Antonio se autonombraría jefe de aquel gobierno.

En junio de 1935, la cúpula falangista se reunió con los jefes territoriales en el parador de Gredos para preparar la insurrección. El inicio sería en Salamanca para posibilitar la incorporación del general Sanjurjo (por entonces exiliado en Portugal) y, también, la posible huida en caso de fracaso. Se había contactado con varios generales para que se sumaran a la revuelta, se habló de la provisión de 10.000 rifles y del adiestramiento en Navarra de voluntarios carlistas. El plan no consiguió los apoyos necesarios. En noviembre de 1935, José Antonio aún propondría otro plan para hacerse con el poder. La insurrección, esta vez, comenzaría en Toledo con la colaboración del general Moscardó. El plan, calificado de descabellado, tampoco encontró los apoyos suficientes. Más adelante, recurriría directamente a Franco, jefe del Estado Mayor, para que apoyara la insurrección. En la entrevista, Franco en todo momento desvió la conversación.

José Antonio y Franco se conocieron en febrero de 1931 en la boda de Ramón Serrano Suñer con la cuñada de Franco, Zita Polo. Franco fue el padrino de la novia y José Antonio testigo del novio. A pesar de los esfuerzos de Serrano Suñer, estos no trabaron amistad.

A finales del verano de 1934, momento de tensión entre la derecha y la izquierda, José Antonio escribió una carta a Franco en la que intentaba persuadirle para que diera un golpe de Estado. José Antonio creía una inminente victoria de los socialistas y consideraba esta victoria como una "invasión extranjera". Franco no se dignó responderle. Franco no tenía el menor interés en asumir los riesgos que comportaría su asociación con insignificantes organizaciones fascistas. José Antonio y Franco volverían a encontrarse en el domicilio del padre de Serrano Suñer. Fue a mediados de febrero de 1936, poco antes de las elecciones que ganaría el Frente Popular. Nuevamente, y ahora de forma acalorada, José Antonio le propuso dar un golpe de Estado que impusiera un gobierno nacional contrarrevolucionario. Franco eludió el tema con evasivas.

A partir de mayo de 1936, ya desde la cárcel, José Antonio mantiene correspondencia con el general Mola. En una carta que José Antonio le hizo llegar a Pamplona, no le prestaba su apoyo total y hablaba de condiciones, ofertándole 4.000 falangistas disponibles desde el primer día del alzamiento. El 13 de julio manda otra carta en la que le pedía acelerar la sublevación. ""Tiene el carácter de apelación suprema. Estoy convencido de que cada minuto de inacción se traduce en una apreciable ventaja para el gobierno." Se cruza la comunicación que Mola le envió, por medio de un oficial, informándole del día del alzamiento. José Antonio, el 17 de julio, redactó un manifiesto en el que expresaba la participación sin reservas de la Falange en la rebelión.

En la Guerra Civil, los falangistas participaron activamente en la represión ejercida por los sublevados. Numerosas unidades quedaron en la retaguardia encargadas de esta labor y, aunque en gran medida operaron como mero brazo ejecutor de los mandos militares, también ejercieron acciones de forma autónoma, principalmente durante los años 1936 y 1937. Paralelamente, fueron objeto asimismo de la violencia en la zona republicana. En el frente, lucharon encuadrados en sus propias unidades y bajo las órdenes del mando militar.

Primo de Rivera fue juzgado bajo la acusación de inductor a la rebelión militar y condenado a muerte; fue fusilado, sin esperar el enterado del Gobierno, en la prisión de Alicante el 20 de noviembre de 1936.

Ambas formaciones se reunieron en varias ocasiones, llegando a acuerdos parciales.

En abril de 1937, en Salamanca, fue cuestionado el liderazgo de Hedilla, y un grupo de disidentes constituyó un triunvirato para asumir la nueva dirección. En la noche del 16 de ese mismo mes, Hedilla envía a los domicilios de estos dirigentes pelotones armados que fueron recibidos a balazos. En la refriega muere un guardaespaldas de uno de los disidentes y otro del propio Hedilla. Al día siguiente, Hedilla convoca el Consejo Nacional de Falange, aun sin alcanzar la mayoría (obtuvo 10 votos de los 24 posibles; el resto se abstuvo o votó por otros candidatos), fue proclamado Jefe Nacional.

Esa misma noche, Franco anunció por radio el decreto de unificación. Hedilla, que estuvo presente durante el comunicado de Franco, no mostró disconformidad con el mismo e informó en la sede de Falange que la unificación respetaba los 27 puntos programáticos con apenas modificaciones. El decreto, publicado el 19 de abril, nombraba a Franco Jefe Nacional y a Hedilla primer miembro de la Junta Política. Hedilla, que aspiraba al menos a secretario general en funciones, rehusó el cargo. El 25 de abril fue detenido acusado de incitación al desorden y rebelión.

El decreto no planteó una resistencia organizada ni por parte de Falange ni por el carlismo. Únicamente, en algunas ciudades, se dieron pequeñas manifestaciones contrarias que se solventaron con 1.521 detenciones y 288 condenas de diferente orden. Hedilla fue condenado a muerte, aunque la pena se conmutó por la de destierro. Pasando por la cárcel de Las Palmas de Gran Canaria, cumplió cuatro años de destierro en Mallorca.

El siguiente conato de disidencia se produciría la primavera de 1942 por parte de un grupúsculo denominado Falange Auténtica, que distribuyó unas octavillas en las que se llamaba a una auténtica revolución nacional-sindicalista que debería darse con el apoyo de la Alemania nazi e implicandose España en la II Guerra Mundial al lado del Eje.

Actuales grupos falangistas, como FE-JONS Auténtica y Falange Española Independiente, consideran que el Decreto de Unificación acabó con la Falange Española de las JONS y afirman ser los auténticos poseedores de la ideología falangista.

Aunque Falange tuviera veleidades verbales radicales y chocara con los franquistas puros, todos sus elementos, incluso los más radicales, se integraron sin problemas en el régimen. Franco se convirtió, tras el Decreto de Unificación, en el Jefe nacional de FE de las JONS y Caudillo del Movimiento; con plenos poderes, no debía responder sino ante "Dios y la Historia".

Finalizada la guerra, FET y de las JONS se constituye en el brazo político del régimen franquista, siendo también conocida como Movimiento Nacional y constituyendo el Partido único oficial en España entre 1939 y 1975, al que era necesario o conveniente pertenecer para ejercer muchos cargos de la Administración. Esto constituyó el típico cursus honorum para políticos ambiciosos. Estos nuevos conversos fueron llamados camisas nuevas, en oposición a los camisas viejas o militantes de antes de la guerra.

El Movimiento se incautó de las propiedades de los partidos de oposición y de los sindicatos, todos ellos declarados ilegales por el nuevo régimen.

FET de las JONS, ya desde el tiempo de la guerra civil, creó organizaciones juveniles tales como el denominado Frente de Juventudes, designando a sus componentes con nombres como Flechas y Pelayos, de forma similar a cómo lo hacían las organizaciones juveniles alemanas Hitlerjugend e italianas con sus Balilla y Arditi.

La labor de la Sección Femenina tuvo aspectos interesantes por sus afanes en mantener tradiciones españolas, como la cocina o los bailes regionales. En su afán paternalista se propuso la formación de las mujeres en el cuidado de los recién nacidos, medidas de higiene y formas de organización familiar.

Jamás se desarrollaron las reformas de carácter social presentes en el ideario nacionalsindicalista, como la distribución de la tierra (por el contrario, se anuló la iniciada reforma agraria de la II República), ni reformas radicales de la economía, como la nacionalización de la banca; aspectos a los que con frecuencia aludían los dirigentes franquistas y falangistas como la Revolución pendiente.

Los ministros de FET de las JONS tuvieron un papel importante en los comienzos del franquismo, pero después de los tratados con Estados Unidos, Franco fue dirigiendo sus preferencias hacia políticos más jóvenes y miembros del Opus Dei.

Aunque los propios dirigentes falangistas vieron la necesidad de alejarse de posiciones fascistas, surgieron disidencias en el seno de FET de las JONS que se concretaron en alabanzas públicas a la deteriorada República Social Italiana de Mussolini y acciones violentas contra las embajadas de los aliados.

El Régimen se fue alejando paulatinamente del Eje; aunque siguió colaborando, retiró a la División Azul y con la caída del Tercer Reich, la jefatura del Movimiento (FET de las JONS había pasado a denominarse “el Movimiento”) envió directrices para que la derrota del Eje se viese como el triunfo del régimen que, según estas directrices, en España se había mantenido alejada de la guerra y siempre estuvo preocupada por la paz.

Durante los años 1950, las figuras políticas y culturales del Movimiento fueron perdiendo influencia y relevancia, dando paso a los tecnócratas del "Opus" con lo que surgió otra nueva ola de disidencias. El 1 de abril de 1959 se inauguraba el "faraónico panteón de Franco", el Valle de los Caídos. Días antes se había trasladado a él el féretro de José Antonio. Durante la exhumación de sus restos en El Escorial, pequeños grupos de falangistas gritaron frases como: "Falange sí, Movimiento no", "No queremos reyes idiotas", "La Falange al lado del pueblo exige la revolución".

En los últimos años de la dictadura surgieron nuevas corrientes disidentes en el seno del falangismo; unas toleradas por el Régimen y otras más clandestinas que pretendían recuperar los principios y el ideario falangistas. Entre estas últimas se encontraba un pequeño grupo denominado Frente Nacional de Trabajadores y el Frente Sindicalista Revolucionario en el que se integró Manuel Hedilla, incorporándose así a la política después de 29 años de inactividad.

Después de la muerte de Franco en 1975, se instaura la monarquía y comienza la democratización de la política española, liderada por Adolfo Suárez, antiguo ministro Secretario General del Movimiento.

En esta época existen profundas divisiones en el falangismo. En 1977 son cuatro los grupos que se disputan las siglas FE de las JONS. Los Círculos Doctrinales de José Antonio, Falange Española “Auténtica”, un grupo que posteriormente formaría Falange Independiente y el Frente Nacional Español, liderado por el que fuera secretario General de la FET de las JONS y ministro de Franco, Raimundo Fernández-Cuesta. Sería este último grupo el que, en los tribunales, ganase el derecho a usar las siglas.

Fe de las JONS se significó, junto a otros grupos neofascistas, por practicar la violencia callejera y el terrorismo en el primer periodo de la Transición. Cabe destacar el asesinato del joven Juan Carlos García Pérez.

En la tarde del 6 de mayo de 1980, recorría las calles del madrileño barrio de Ciudad Lineal una manifestación de las asociaciones de vecinos en protesta por el asesinato del dirigente vecinal Arturo Pajuelo, también a manos de grupos neofascistas. A la sede provincial de Fe de las JONS llegaron noticias de que se estaba pintando un monumento a los caídos, en aquel tiempo, ubicado en aquel barrio. Consideraron que era una provocación y con el jefe provincial, José María Alonso Collar a la cabeza se montaron en los coches y se dirigieron al barrio. Una vez allí, escogieron el bar San Bao, entraron pistola en mano, con barras de hierro y cadenas, y al grito de “Viva Cristo rey”, la emprendieron a tiros y a golpes con todos los clientes. Juan Carlos García Pérez, que entonces se encontraba cumpliendo el servicio militar, resultó muerto de un tiro en la espalda.

Virtualmente fuera de la vida política, los partidos inspirados en la ideología falangista, son vistos públicamente en distintos actos públicos, los espacios televisivos de propaganda institucional de las elecciones y durante manifestaciones en fechas históricas como el 20 de noviembre (aniversario de las muertes de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco). Su presencia y relevancia en la política española es escasa, exceptuando la representación democrática que obtienen algunos concejales de Falange Auténtica en distintas localidades. Falange Española de las JONS, única que se presenta en todo el territorio nacional a las elecciones generales de Marzo de 2008, en el 1996 obtuvo 12.114 votos, el 0,05% de los votos válidos.

Al principio



Fascismo

Europa en 1941-1942, con la mayor expansión de los regímenes fascistas. En azul, aparecen las potencias del Eje -Alemania e Italia- y los estados satélites, ocupados o aliados. Los únicos de éstos que no tuvieron regímenes semejantes al fascismo fueron Finlandia y Dinamarca. En blanco aparecen los países neutrales, que en la Península Ibérica eran regímenes fascistas.

El fascismo (del italiano fascio, haz, fasces, a su vez del latín fasces, pl. de fascis) es una ideología y un movimiento político que surgió en la Europa de entreguerras (1918–1939). Su proyecto político es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción, un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas que se conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda, un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúe al fascismo en la extrema derecha y le relacione con la plutocracia, o bien lo identifique como una variante chovinista del socialismo de Estado (que desde una perspectiva opuesta, se identifica con un capitalismo de Estado o estatismo).

El concepto de régimen fascista puede aplicarse a algunos regímenes políticos totalitarios o autoritarios de la Europa de entreguerras y a prácticamente todos los que se impusieron por las potencias del Eje durante su ocupación del continente durante la Segunda Guerra Mundial. De un modo destacado y en primer lugar a la Italia fascista de Benito Mussolini (1922) que inaugura el modelo y acuña el término; seguida por la Alemania del III Reich de Adolf Hitler (1933) que lo lleva a sus últimas consecuencias; y, cerrando el ciclo, la España Nacional de Francisco Franco que se prolonga mucho más tiempo y evoluciona fuera del periodo (desde 1936 hasta 1975). Las diferencias de planteamientos ideológicos y trayectorias históricas entre cada uno de estos regímenes son notables. Por ejemplo, el fascismo en la Alemania nazi o nacional-socialismo añade un importante componente racista, que sólo es adoptado en un segundo momento y con mucho menor fundamento por el fascismo italiano y el resto de movimientos fascistas o fascistizantes. Para muchos de estos el componente religioso (católico u ortodoxo según el caso) fue mucho más esencial, tanto que Trevor-Roper ha podido definir el término fascismo clerical (entre los que estaría el nacionalcatolicismo español).

Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.

También se pueden encontrar elementos del fascismo fuera del período de entreguerras, tanto antes como después. Un claro precedente del fascismo fue la organización Action Française (Acción Francesa, 1898), cuyo principal líder fue Charles Maurras; contaba con un ala juvenil violenta llamada los Camelots du Roi y se sustentaba en una ideología ultranacionalista, reaccionaria, fundamentalista católica y antisemita. Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial reaparecieron movimientos políticos minoritarios, en la mayor parte de los casos marginales (denominados neofascistas o neonazis), que reproducen idénticos o similares planteamientos, o que mimetizan su estética y su retórica; a pesar de (o precisamente como reacción a) la intensa demonización a que se sometió a la ideología y a los regímenes fascistas, considerados principales responsables de la guerra que condujo a algunos de los mayores desastres humanos de la historia. En muchos países hay legislaciones que prohíben o limitan su existencia, sus actuaciones (especialmente el denominado crimen de odio), su propaganda (especialmente el negacionismo del Holocausto) o la exhibición de sus símbolos.

El fascismo es una ideología política fundamentada en un proyecto de unidad monolítica denominado corporativismo, por ello exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo; y propone como ideal la construcción de una utópica sociedad perfecta, denominada cuerpo social, formado por cuerpos intermedios y sus representantes (patronales, sindicales, burocráticas, militares, religiosas, regionales) unificados por el gobierno central, y que este designaba para representar a las sociedad. Para ello inculcaba la obediencia de las masas (idealizadas como protagonistas del régimen) para formar una sola entidad u órgano socio-espiritual indivisible. Utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder dictatorial en el que se concentra todo el poder con el propósito de conducir en unidad al denominado cuerpo social de la nación.

El fascismo se caracteriza por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo. Aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población. La desinformación, la manipulación del sistema educativo y un gran número de mecanismos de encuadramiento social, vician y desvirtúan la voluntad general hasta desarrollar materialmente una oclocracia que se constituye en una fuente esencial del carisma de liderazgo y en consecuencia, en una fuente principal de la legitimidad del caudillo. El fascismo es expansionista y militarista, utilizando los mecanismos movilizadores del irredentismo territorial y el imperialismo que ya habían sido experimentados por el nacionalismo del siglo XIX. De hecho, el fascismo es ante todo un nacionalismo exacerbado que identifica tierra, pueblo y estado con el partido y su líder.

Las conexiones del fascismo con movimientos intelectuales —artísticos como el futurismo y otras vanguardias y filosóficos, como el irracionalismo y el vitalismo— supusieron en realidad, más que su influencia, su utilización y manipulación, que fue atractiva —en mayor o menor medida, con mayor o menor grado de compromiso o simple contemporización, y a veces con evolución posterior en contra— para muchas personalidades destacadas: italianos como Gabrielle D'Annunzio, Filippo Tommaso Marinetti, Curzio Malaparte o Luigi Pirandello; alemanes como Martin Heidegger, Ernst Jünger, Carl Schmitt, Wilhelm Furtwängler o Herbert von Karajan; franceses como Robert Brasillach, Louis-Ferdinand Céline o Pierre Drieu La Rochelle; españoles como Ernesto Giménez Caballero, Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo o Eugenio D'Ors; noruegos como Knut Hamsun, rumanos como Mircea Eliade; e incluso estadounidenses como Ezra Pound. En concreto en el caso de Alemania, ocurrió con tópicos culturales como el del superhombre de Nietzsche, o incluso con las desviaciones pseudocientíficas justificadoras del racismo, como la eugenesia y el darwinismo social. La ciencia misma fue un principal objeto de consideración, encuadrada y subordinada de forma totalitaria al Estado y al Partido —de forma no muy diferente a como lo era en la Unión Soviética—.

Cualquier idea emanada del jefe es un dogma indiscutible, y una directriz a seguir ciegamente, sin discusión ni poder ser sometida a análisis. Se exaltan los valores de la virilidad, la camaradería y el compañerismo de los hermanos de armas, todo ello en sintonía con algunas tradiciones militaristas existentes en todos los ejércitos, pero que fueron exacerbados para su utilización por estados cuya conexión con el fascismo es más o menos estrecha. Serían los casos del ejército alemán, el japonés y los llamados militares africanistas españoles.

Se suele indicar que una característica de los países donde triunfaron los movimientos fascistas fue la reacción de humillación nacional por la derrota en la Primera Guerra Mundial (se ha utilizado la expresión nacionalismo de vencidos), que impulsaba a buscar chivos expiatorios a quienes culpar (caso de Alemania), o la frustración de las expectativas no cumplidas (caso de Italia, defraudada por el incumplimiento del Tratado de Londres). En ambos casos, el resentimiento se manifestaba, en el plano internacional, en contra de los más claros vencedores (como Inglaterra, Francia o Estados Unidos); mientras que en el plano interno se volcaba contra el movimiento obrero (sindicalistas, anarquistas, comunistas, socialistas) o el peligro real o imaginado de una revolución comunista o incluso una Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional, o cualquier otra fantasmagórica sinarquía oculta en cuya composición incluyera a cualquier organización que los fascistas juzgasen transnacional y opuesta a los intereses del Estado, como el capitalismo, la banca, la bolsa, la Sociedad de Naciones, el movimiento pacifista o la prensa. Sobre todo en el caso alemán, se insistía en la convicción de pertenecer a un pueblo o raza superior cuya postración actual se debe a una traición que le ha humillado y sometido a una condición injusta; y que tiene derecho a la expansión en su propio espacio vital (Lebensraum), a costa de los inferiores.

La componente social del fascismo pretende ser interclasista y antiindividualista: niega la existencia de los intereses de clase e intenta suprimir la lucha de clases con una política paternalista, de sindicato vertical y único en que tanto trabajadores como empresarios obedezcan las directrices superiores del gobierno, como en un ejército. Tal es el corporativismo italiano o el nacionalsindicalismo español. El nacionalismo económico, con autarquía y dirección centralizada se adaptaron como en una economía de guerra a la coyuntura de salida de la crisis de 1929, con un importante nivel de proteccionismo. No obstante, no hubo en ningún sistema fascista ni planes quinquenales al estilo soviético, ni cuestionamiento de la propiedad privada siempre que cumpliera lo que el Estado dictaminara como "función social", ni alteraciones radicales del sistema capitalista convencional más allá de una fuerte intervención del mercado favoreciendo determinadas áreas de las grandes empresas industriales. Estas características sirven como base a una crítica (de orientación tanto liberal como materialista) que resalta la conveniencia del fascismo para un sector importante de la burguesía.

Desde ese punto de vista, se suele mantener que los movimientos fascistas de entreguerras fueron alimentados por las clases económicamente poderosas (por ejemplo la alta burguesía industrial o las familias conservadoras ricas), para oponerse a los movimientos obreros y a la democracia liberal. Esa tesis fue defendida en 1936 por el historiador Daniel Guérin (Fascismo y grandes negocios), en la que lo asocia a un complejo industrial-militar, expresión que sería posteriormente reutilizada para definir otros contextos, como el de la carrera de armamentos entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Noam Chomsky describe el fascismo como el sistema donde el Estado integra la mano de obra y el capital bajo el control de una estructura corporativa. Aunque la tesis que identifica al fascismo con un capitalismo de Estado corporativo (una economía altamente intervencionista que protege y financia a grandes empresas privadas) no siempre es sostenida ampliamente, hay muchos elementos que permiten la identificación de intereses entre fascismo y capitalismo corporativo. Así, por ejemplo, cuando se compara la estructura económica de la población entre países, en concreto el peso económico del 5% de la población con mayores ingresos en la renta nacional, mientras que en Estados Unidos disminuyó un 20% entre 1929 y 1941 (cifras similares para el noroeste de Europa), en la Alemania nazi aumentó un 15%.

Según la doctrina tercerposicionista, el fascismo no es de izquierda ni de derecha, ni capitalista ni comunista, ya que el fascismo sería una idea totalmente original; sin embargo en la práctica más que una idea original sería una fusión sincrética de varias ideas políticas -proyectos, discursos, etc.- aglutinadas siempre bajo el nacionalismo unitario y el autoritarismo centralista.

Una de las razones de considerar usualmente al fascismo como un movimiento de derecha política suele ser la alianza estratégica del fascismo con los intereses de las clases económicas más poderosas, junto a su defensa de valores tradicionales como el patriotismo o la religiosidad, para preservar el statu quo. Lo que no tiene por qué estar en contradicción con su poco respeto por la libertad económica y la autonomía del mercado libre ni por ciertas características similares al socialismo estatalista o a la Doctrina Social de la Iglesia. Aunque esta colaboración no existiera en un principio, o su apoyo se pueda calificar de tardío y parcial, una vez alcanzado el poder, la plutocracia cooperó decididamente con el fascismo en sus diversas versiones.

Por otra parte las razones para considerar que el fascismo tiene conexiones con la izquierda política y es una variante chovinista del socialismo de Estado, son su programa económico colectivista (proteccionismo, nacionalización, etc.) y discurso político, más no como movimiento o proyecto doctrinario (donde eran antagónicos). El fascismo y sus variantes apelaban al sentimiento popular y las masas como las protagonistas del régimen, especialmente por la virilidad exaltada en el trabajo manual y obrero (obrerismo); a pesar de ello no reconocía la libertad de asociación por motivos de clase (libertad sindical) sino la identificación de los trabajadores como "súbditos" del Estado, "pueblo" y "patria", por ello su símil con el populismo. El programa económico del fascismo toma importantes criterios de la Nueva Política Económica (NPE) que Lenin aplicó luego del fracaso en la implantación del comunismo en Rusia, que consistía en recurrir al capitalismo para fortalecer la economía nacional. La idea, en el caso de Mussolini (ex-militante socialista), era usar a los capitalistas industriales para implantar en conjunto con el gobierno el corporativismo nacionalista y totalitario. Esta paradoja es explicable ya que el corporativismo, el proyecto político del fascismo, haría que todos los sectores de la sociedad deban obligatoriamente integrarse y trabajar unificadamente al mando del gobierno, por lo que esta corporación incluiría aspectos considerados normalmente "capitalistas" y "socialistas".

Las ventajas que los nuevos regímenes le proporcionaban a la plutocracia eran evidentes: eliminaba la posibilidad de revolución social obrera, suprimía los sindicatos reivindicativos y mantenía otras restricciones en las relaciones capital-trabajo, legitimando el principio de liderazgo en la empresa; al suprimir la libre competencia permitía crear cárteles oligopólicos de empresas favorecidas con millonarios contratos estatales o subsidiadas por el gobierno como "incentivos" a la producción nacional. Además, de su indudable éxito en respuesta a la Gran Depresión, al menos en el corto plazo. La sensación de estabilidad era muy marcada: Mussolini había conseguido que los trenes funcionaran con puntualidad (tras el famoso incidente de uno de sus primeros viajes como Duce, en el que supuestamente mandó fusilar a un maquinista). El que esa sensación de estabilidad corresponda o no con una real eficacia es secundario, y de hecho parece que la puntualidad ferroviaria (y quizá también el incidente del maquinista) era más bien un mito.

Lo mismo puede decirse del origen personal de algunos de sus miembros, empezando por el propio Mussolini, que antes del término de la Primera Guerra Mundial, era un importante ideólogo obrerista y militante socialista. El origen social de los líderes fascistas en distintas partes de Europa fue muy diferente: a veces aristocrático (Starhemberg, Mosley, Ciano), a veces proletario (Jacques Doriot y el PPF francés); muchas veces militares (Franco, Pétain, Vidkun Quisling, Szálasi, Metaxas), o juristas (José Antonio Primo de Rivera, Ante Pavelic, Oliveira Salazar). Los casos más destacados, los propios Hitler y Mussolini, eran fuertes personalidades de oscuro origen, desclasados e inadaptados, pero de irresistible ascensión. Sus militantes salían de entre los estudiantes (muy abundantes en la Guardia de Hierro rumana o el rexismo belga), de los pequeños propietarios campesinos, de los desempleados urbanos y, sobre todo, de la temerosa pequeña burguesía empobrecida o amenazada por la crisis y atemorizada por el miedo al comunismo y al desorden público. Las capas medias y medias bajas fueron la espina dorsal del fascismo.

Es propio de los movimientos fascistas, tanto en la retórica como en ciertos programas económicos y sociales, la identificación con la tierra y los valores campesinos frente a la decadencia y corrupción que se denuncian en las masas urbanas desarraigadas, lo que a veces se veía como una tensión entre modernidad y tradición. Una constante es la colonización planificada de zonas improductivas (desecación de pantanos en Italia, Plan Badajoz en España). Incluso en la industrializada Alemania, Hitler planteó la expansión del espacio vital (Lebensraum) hacia el este como un proyecto esencialmente de colonización agraria que lograría la germanización de extensos territorios en la Europa oriental poblada por la raza inferior de los eslavos (recuperando la Drang nach Osten medieval).

Los valores familiares tradicionales eran fomentados, insistiendo en la necesidad de mantener altas tasas de natalidad y fecundidad. Las familias numerosas eran premiadas, siguiendo una política natalista, retóricamente conectada con la virilidad agresiva del expansionismo militar. El papel laboral de la mujer, que había sido imprescindible en la Primera Guerra Mundial, había fomentado un precoz feminismo que estaba consiguiendo en muchos países la principal reivindicación sufragista: el sufragio femenino. La imagen del ejército de parados que no encuentran trabajo mientras que algunas mujeres sí era explotado como un factor de resentimiento social contra las opiniones progresistas. El encuadramiento social impulsado por los regímenes fascistas ponía a cada sexo en lo que se entendía que era su sitio: la mujer dedicada al hogar y a la crianza de la mayor cantidad posible de hijos, y el hombre al trabajo y a la guerra, y no consentía lo que se definía como desviación homosexual (alguna duda en ese sentido, como las presuntas orgías internas de las SA, fueron una de las excusas utilizadas en su descabezamiento —Noche de los cuchillos largos—). El lenguaje simbólico fascista es sexualmente explícito: se le ha definido como un anti-eros que combate contra el propio cuerpo y contra todo lo que represente disfrute y placer, en una compulsión física que asocia masculinidad con dureza, destrucción y auto-negación.

La mejora de la raza no sólo implicaba la pureza racial evitando el mestizaje, sino que también debía ser interna a ésta, incluyendo la eugenesia (en el caso de Alemania también la eutanasia) aplicada a los subnormales y otros discapacitados, en un movimiento que no era originario de los países con régimen nazi o fascista, sino del ámbito cultural anglosajón, y que se popularizo en muchos otros (Suecia, Australia o los Estados Unidos).

El fascismo tuvo una base racial en Alemania, aunque no en Italia (al menos inicialmente, hasta 1938); los nazis construyeron una amalgama ideológica de gran eficacia movilizadora a partir de fuentes mitológicas y literarias y supersticiones de carácter romántico, así como de los textos clásicos dedicados a consagrar la desigualdad de las razas y de publicaciones y panfletos de carácter ocultista; destacando dos elementos: el mito de la raza aria superior de origen nórdico (que mezcla la hipótesis filológica de la existencia de un pueblo indoeuropeo original con la pseudocientífica teoría nórdica, sustentada por algunos autores como Houston Stewart Chamberlain) y el antisemitismo (que se había reavivado desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sión, falsificados para la justificación de los pogromos de la Rusia zarista). El antisemitismo estaba presente en muchos países de Europa central y oriental desde la Edad Media, y fue uno de los elementos que se utilizaron en los mismos para el surgimiento endógeno de movimientos fascistas. A ello se sumó la ocupación nazi y los gobiernos colaboracionistas impuestos, que explotaron a conciencia ese sentimiento para su propia conveniencia. El resultado fue que en muchas ocasiones los verdugos de las SS eran superados en crueldad por soldados de países aliados, a los que tenían que contener (por ejemplo en Rumanía), o se producían matanzas espontáneas de judíos a cargo de la población local, como la llamada matanza de Jedwabne en Polonia.

El racismo entendido en su expresión puramente biológica, es decir, la intelectualización de la supremacía racial, no está presente en todos los movimientos fascistas, además de estar presente en otros contextos cuya relación con el fascismo es más controvertida, como el supremacismo blanco en Estados Unidos o el apartheid en Sudáfrica. Lo que sí aparece como una constante del fascismo, y para muchos autores lo caracteriza de racismo, es la concepción de la etnicidad como elemento identitario. Esa identidad étnica puede expresarse de otras formas, como las que atienden al origen geográfico (caso de la xenofobia de los movimientos neofascistas o neonazis que se oponen a la inmigración en muchos países europeos desde finales del siglo XX), la religión (fundamental para el fascismo francés, belga, croata o español, y más adelante en el conflicto de Irlanda del Norte o los casos de limpieza étnica que se han dado en las Guerras yugoslavas) o el idioma.

En Italia se dio a partir de 1924 un fuerte proceso que se denominó Italianización fascista que pretendía homogeneizar toda diferencia idiomática y cultural, acabando con cualquier minoría por asimilación o absorción (en vez de por exterminio como ocurrió en el Holocausto nazi).

En el caso español existió una expresión ideológica hispanista —que no debe confundirse con el hispanismo de los estudiosos extranjeros de la lengua y cultura española—, que en algunas ocasiones se ha definido como panhispanismo, y que no puede definirse como un racismo sensu stricto, aunque sí una hipervaloración de las características étnicas, religiosas, culturales e idiomáticas identificadas con lo español, sobre todo en relación con su expansión por América. Fue mantenida particularmente por las élites sociales de varios países hispanoamericanos, destacadamente en Argentina, y se expresó en el concepto de Hispanidad (acuñado por el sacerdote vasco emigrado a Argentina Zacarías de Vizcarra —La Hispanidad y su verbo, 1926— y divulgado por Ramiro de Maeztu —Defensa de la Hispanidad, 1934—). Se llegó a instituir el 12 de octubre como fiesta del Día de la Hispanidad, que ya venía celebrándose con el inequívoco nombre de Día de la Raza desde 1915 (a iniciativa de Faustino Rodríguez-San Pedro) y que se extendió por Hispanoamérica. Las ideas o más bien tópicos de Raza, Hispanidad e Imperio eran indistinguibles en la retórica de la Falange Española que heredó el Franquismo, y el propio Franco escribió el guión de la película Raza (1941), cuyos elementos ideológicos más incómodos (por su evidente identificación con los fascismos derrotados en 1945) se autocensuraron en posteriores montajes. Otro elemento fue aún más étnicamente excluyente: el de Antiespaña, que definía como antiespañol a todos los elementos que se consideraban nocivos y que degeneraban la raza (rojos, masones y separatistas). Hubo incluso un programa pseudocientífico, a cargo del coronel-psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, que pretendía identificar y suprimir el gen rojo, con participación de miembros de la Gestapo en el bando sublevado durante la Guerra Civil. El nuevo clima intelectual y político posterior a la derrota del Eje hizo abandonar discretamente estas posturas, por otras que insistían en la retórica de la misión evangelizadora y el mestizaje como rasgos de «lo español».

El fascismo es un movimiento totalitario en la medida en que aspira a intervenir en la totalidad de los aspectos de la vida del individuo. Hannah Arendt entendía que la masificación de la sociedad contemporánea llevaba al individuo a la soledad, el terreno propio del terror, la esencia del gobierno totalitario. El fascismo se legitima afirmando la dependencia del individuo respecto al Estado, liberándole de esa manera de su miedo a la libertad (expresión de Erich Fromm). Su individualidad no tiene sentido, porque la realización de una persona sólo se entiende dentro de los vínculos sociales de los que el Estado es la culminación. Cualquier forma de acción individual o colectiva ajena a los fines del Estado es rechazada. No existen derechos individuales ni colectivos.

Se lleva a cabo una «estatización» de todos los ámbitos de la vida: económica, social, política, cultural e ideológica. El encuadramiento social se efectúa con todos los medios de la propaganda, con adopción de uniformes y lenguaje militar y uso masivo de los símbolos y lemas patrióticos y adoctrinantes. Las grandes concentraciones y movilizaciones colectivas de todo tipo buscan formar la conciencia unitaria, llegando a extremos curiosos (como el día de comer patatas que se instauró en Alemania).

El fascismo desdeña las instituciones del Estado republicano y sustituye el voto como expresión de la voluntad popular por las expresiones masivas de apoyo al líder. La identificación de pueblo y estado se hace en un todo orgánico, el de un organismo cuasi-biológico y autónomo cuyos miembros han de responder a las órdenes de la mente directora. Esta identificación también está presente en la ideología del Integralismo, iniciada en Portugal y desarrollada en Brasil. El adjetivo orgánico se utilizará profusamente en las últimas etapas del franquismo (definido como una democracia orgánica). Hitler utilizaba el plebiscito como arma en las relaciones internacionales: sus grandes decisiones son apoyadas por plebiscitos de apoyo masivo utilizados como amenaza: el líder fascista se presenta como portavoz de la nación unificada que habla con una sola voz. Esto refuerza otro de sus elementos principales: el «liderazgo carismático». El líder es casi divino y su liderazgo no es racional: Führer, Duce, Poglavnic, Caudillo, etc. Mussolini opuso a los principios de la Revolución Francesa de «libertad, igualdad y fraternidad» la consigna: «creer, obedecer y combatir».

Otro de los rasgos clásicos del fascismo es el imperialismo, entendido como una política exterior expansiva y agresiva, que proporciona una útil identificación de intereses en el interior, volcando las energías hacia un enemigo común evitando la expresión de los conflictos internos.

Generalmente se apoya en reivindicaciones irredentistas, concretas o genéricas, próximas en el tiempo o lejanas, tomadas de mitos del pasado, lo que refuerza su carácter romántico, más de religión que de ideología. Su relación con la realidad histórica es contradictoria, buscándose la intemporalidad: Por un lado se sublima el futuro utópico, a crear por el Estado Novo (Estado Nuevo, en Portugal o Brasil) donde el hombre nuevo, portador de valores eternos, tendrá su expresión en la unidad de destino en lo universal. Por otro lado, se insiste en recuperar el esplendor de un pasado mítico, y también las denominaciones de sus regímenes aluden a eso (el III Reich, la Terza Roma, la Tercera Civilización Helénica). El expansionismo hacia el exterior es considerado como una necesidad vital, casi orgánica: el lebensraum o espacio vital hacia el Este para Alemania, o el Imperio mediterráneo para Italia. Franco diseñó unas Reivindicaciones españolas, que exhibió ante Hitler en su famosa entrevista de Hendaya del año 1941.

Las relaciones internacionales, basadas en la renuncia a la guerra, que se querían construir desde la Sociedad de Naciones, eran despreciadas; al igual que el pacifismo, considerado débil y decadente. El fascismo sólo concibe un estado de naturaleza hobbesiano con la imposición y expansión del más fuerte.

La vinculación de las dictaduras y los regímenes militares con el fascismo es un asunto controvertido, pues todo régimen impuesto por la fuerza suele ser acusado de fascismo, fundamentalmente a efectos polémicos, igual que se les califica de tiranías. Aunque no todo gobierno militar es fascista, ni los fascismos alcanzaron siempre el poder de forma violenta, sí que se caracterizaron por sus actividades violentas antes y después de su toma del poder, y por su desprecio explícito por la legalidad institucional. La violencia tiene un valor positivo para el movimiento fascista: es una fuerza de cambio, al igual que la juventud, que también es exaltada. Se utilizaban todo tipo actividades intimidatorias: desde las purgas con aceite de ricino (habituales en los fasci di combattimento antes de la marcha sobre Roma), los destrozos de mobiliario o tiendas (noche de los cristales rotos contra los judíos alemanes) o las palizas; hasta el asesinato de los adversarios políticos o de los objetivos considerados enemigos sociales. Se aplicaba extensivamente la expresión de Jose Antonio Primo de Rivera la dialéctica de los puños y de las pistolas. Los agentes ejecutores podían ser los aparatos del Estado, pero más frecuentemente fueron grupos juveniles organizados paramilitarmente.

Una vez generalizada, y demostrada la impunidad de quienes la ejercen, la represión política opera como un mecanismo por el cual no solamente el que la recibe directamente pierde la libertad: sino que la sociedad entera —al reprimirse cada uno de sus miembros a sí mismo, temeroso de sufrir el mismo castigo— pierde la libertad para todos.

Es muy controvertido el papel de la Iglesia católica al respecto. La intervención de los católicos en política había dado origen a partidos confesionales católicos como el Zentrum (Partido del Centro o Centro Católico de Heinrich Brüning en Alemania, con especial presencia en Baviera, donde tuvo una escisión, el Bayerische VolksPartei (Partido Popular de Baviera), y el Partito Popolare Italiano (Partido Popular Italiano de Don Sturzo y Alcide De Gasperi); ambos reprimidos por nazis y fascistas respectivamente. En Italia, el Vaticano promovió la sustitución de la militancia en el prohibido Partito Popolare por la de Acción Católica, cuya finalidad política era más discreta. Más adelante, el deseo de Mussolini de prohibir ésta fue frustrado por la encíclica papal Non Abbiamo Bisogno (No tenemos necesidad, 1931).

El mismo papa, Pío XI, que había condenado el agnosticismo de Maurras (1926), e incluso excomulgado a los miembros de Action Française (1927), tuvo no obstante una relación pública con Mussolini que podía verse como cálida (Pactos de Letrán, calificación de hombre enviado a nosotros por la Providencia, petición de voto a los fascistas en las elecciones de 1929), al tiempo que condenaba en la encíclica Dilectissima nobis el laicismo agresivo de la Segunda República Española; aunque se ha llegado a encontrar un apunte suyo en un diario secreto describiendo su oposición íntima a nazismo y fascismo.

La identificación de Pío XII y la iglesia católica española (sometida a una violentísima represión que llegó a calificarse de persecución religiosa) con el bando sublevado en la Guerra Civil Española (calificada de Cruzada) y el régimen franquista posterior fue explícito (Carta colectiva de los obispos españoles, Concordato español de 1953), llegándose a acuñar el término nacionalcatolicismo para definir uno de sus rasgos ideológicos y una de las principales familias que le sustentaban. También se levantó la excomunión a Action Française (1939). Entre tanto, importantes intelectuales franceses católicos anteriormente cercanos a ese movimiento, como Georges Bernanos y Jacques Maritain, se habían distanciado de él y pasaron a oponerse al fascismo.

La postura del Vaticano en la Segunda Guerra Mundial comenzó por una débil condena de la invasión de Polonia (país fuertemente católico) que los aliados consideraron demasiado cautelosa. El mantenimiento de una postura neutral y los intentos de mediación fueron interpretados como un apoyo oculto a Alemania, al marginar en ellos a Estados Unidos y la Unión Soviética. De hecho, desde el Vaticano se atribuye a la propaganda soviética el mantenimiento de esta acusación. También ha causado algunos problemas con las relaciones entre el Vaticano y el estado de Israel.

Tras la derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, muchos criminales de guerra huyeron a Suiza y a Argentina con la ayuda de religiosos católicos (algunos con pasaportes del Vaticano y disfrazados de sacerdotes). Como también la iglesia católica ayudó a judíos, y personas de todas las nacionalidades recibieron salvoconductos, se especula con que el Vaticano tuviese algún conocimiento respecto a la situación de las minorías religiosas y étnicas dentro de Alemania e Italia antes del final de la guerra, a diferencia de otros gobiernos aliados. Tal situación se ha considerado en algunos casos como ejemplo de una actitud de la Iglesia comprometida con los perseguidos; en otros casos se ha criticado que, teniendo noticia de las atrocidades que se cometían, no condenase expresamente los regímenes nazi y fascista durante la guerra. También se ha investigado la relación de monasterios y otras instituciones católicas con el trabajo esclavo al que se sometió a distintos colectivos.

En 1998 el papa Juan Pablo II realizó una autocrítica de la postura del Vaticano ante el Holocausto, pidiendo perdón; aunque defendió a Pío XII, cuyo proceso de beatificación inició al mismo tiempo.

A finales del siglo XIX existían en Italia algunas organizaciones denominadas fascio (traducible por haz, significando la fuerza de la unión), de la que la más importante era el Fasci Siciliani (fascio siciliano, 1895-1896). No eran muestra de una ideología uniforme, aunque predominaban los componentes nacionalistas y revolucionarios. Surgiendo del movimiento obrero, dividido al comienzo de la Primera Guerra Mundial entre el internacionalismo pacifista y el nacionalismo irredentista, se crearon el 1 de octubre de 1914 los Fasci d'Azione rivoluzionaria internazionalista en reivindicación de la entrada de Italia en el conflicto en contra de los Imperios Centrales. Fusionado con el Fasci autonomi d'azione rivoluzionaria se redenominó como Fasci d'azione rivoluzionaria, ya dirigido por Benito Mussolini, y conocido como Fascio de Milán. El 24 de enero de 1915 se formó una organización nacional.

En 1919, terminada la guerra, las expectativas territoriales quedaron frustradas por el Tratado de Saint-Germain-en-Laye (el equivalente para Austria del Tratado de Versalles). El poeta Gabrielle D'Annunzio llevó a cabo una aventura militar que acabó en la creación del Estado libre de Fiume y la redacción de una constitución que puede entenderse como precedente inmediato del fascismo. Entre tanto, con un país empobrecido y un gobierno débil, Mussolini refundaba la organización de Milán con el nombre de Fasci italiani di combattimento (Fascios italianos de combate), que empezaron a destacar por su lucha callejera contra huelguistas, izquierdistas y otros enemigos políticos y sociales. El temor ante una revolución similar a la rusa de las clases medias y la alta burguesía italiana vio en los fascistas de Mussolini la mejor arma para desarticular los movimientos obreros organizados. Sus partidarios se fueron encuadrando de forma paramilitar como Camisas Negras. Entre sus dirigentes fundadores había intelectuales nacionalistas, ex-oficiales del ejército, miembros del cuerpo especial Arditi y jóvenes terratenientes que se oponían a los sindicatos de obreros y campesinos del entorno rural. El 7 de abril de 1921 se convertirían en partido político con el nombre de Partito Nazionale Fascista (Partido Nacional Fascista, PNF), caracterizado por su oposición a liberalismo y comunismo. En 1922, en la Marcha sobre Roma, Mussolini obligó al rey de Italia, Víctor Manuel III, a entregarle el poder, que detentó con el título de Duce (caudillo, que ya había usado D'Annunzio).

En 1928 se prohibieron todos los partidos, excepto el PNF. La estructuración doctrinal, que no había sido considerada necesaria, también fue tardía. En 1927 se promulgó la Carta del Lavoro (adaptada en España como Fuero del Trabajo). En 1932 se publicó en la Enciclopedia Italiana el artículo Fascismo, atribuido al propio Mussolini aunque en realidad escrito por Giovanni Gentile. Editado separadamente como La Doctrina del Fascismo (La Dottrina del Fascismo), fue traducido a varios idiomas. En abril de 1940 (ya durante la Segunda Guerra Mundial) se pretendió destruir todos los ejemplares, como consecuencia del cambio de postura del Duce sobre algunos puntos del texto.

La política económica tampoco tuvo una orientación clara, entre un inicial respeto por el libre mercado y un claro dirigismo posterior. La política monetaria a veces sólo obedecía al prestigio de mantener una lira fuerte. No obstante, siempre gozó del apoyo de la poderosa patronal Confindustria, con cuyo acuerdo, sobre todo a partir del Pacto Vidoni (2 de octubre de 1925), se establecieron los elementos principales del régimen corporativo, muy restrictivo para las actividades sindicales (ilegalización de los sindicatos libres, del derecho de huelga, encuadramiento obligatorio de los trabajadores en el movimiento fascista -1926-). La misma Confindustria llegó a estar dirigida por el destacado fascista Giuseppe Volpi en los últimos años del régimen (de 1934 a 1943).

Las dificultades económicas debidas a la Gran Depresión empujaron al régimen de Mussolini a la expansión exterior, con la invasión de Etiopía (1935) y la intervención en la Guerra Civil Española, con ambiciones de resucitar un imperio Mediterráneo que tendría su continuación en la invasión de Albania (1939), ya en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El seguidismo frente a la Alemania nazi no podía ocultarse, e incluso se mimetizaron rasgos como el racismo (Manifesto della razza, Manifiesto de la raza, 14 de julio de 1938). La invasión de Sicilia y el sur de Italia por los aliados provocaron la destitución del Duce por el Gran Consejo Fascista (General Badoglio), aunque la intervención alemana le rescató por algunos meses en que se constituyó una efímera República de Saló en el norte. Su actividad legislativa, limitada a los últimos meses de la guerra, tuvo un planteamiento socioeconómico teórico que se ha denominado socialización fascista (Manifiesto o Carta de Verona de 14 de noviembre de 1943).

La ideología y los regímenes fascistas tuvieron eco en casi todos los países europeos y algunos sudamericanos (por ejemplo Argentina, que acogió muchos líderes nazis tras la guerra).

De una manera mucho más evidente surgieron a semejanza del Fascio italiano organizaciones caracterizadas por lo que puede denominarse liturgia o parafernalia fascista: los despliegues de masas, organizados y disciplinados, el saludo romano brazo en alto, los símbolos y lemas, la presencia callejera agresiva, la utilización de correajes paramilitares y uniformes, en particular las camisas de un determinado color: negras (Italia, SS en Alemania, Inglaterra, Finlandia) pardas (SA en Alemania), azules (España, Francia, Irlanda, Canadá, China), verdes (Rumanía, Hungría, Brasil) doradas (México) o plateadas (Estados Unidos).

No se produjo una homogeneidad total entre los distintos movimientos y regímenes fascistas, que de hecho insistían en enfatizar las peculiaridades nacionales, su originalidad y su raíz endógena. Por otro lado, ocurrió en algunas ocasiones que rivalizaron violentamente partidos de filiación nazi y fascista dentro del mismo país (caso de Austria). En cuanto a las relaciones internacionales, las vicisitudes del equilibrio europeo llevaron a un entendimiento estratégico entre Hitler y Mussolini, pero bien podía haber sucedido de otra manera, y de hecho así lo intentó explícitamente la diplomacia británica. En otros casos, se mantuvo una neutralidad benévola que no ocultaba las simpatías (España hacia el Eje, Portugal hacia Inglaterra), o el enfrentamiento abierto contra otro régimen fascista (caso de Grecia).

El que los movimientos fascistas alcanzaran el poder de forma endógena (es decir, sin imposición exterior) en unas naciones y en otras no, ha intentado ser explicado viendo las similitudes y diferencias entre ellas. Los diferentes grados de desarrollo económico y de consolidación del régimen dentro del sistema político son un buen indicador para ello: las democracias estables y económicamente más desarrolladas, con una identidad nacional consolidada, no tuvieron movimientos fascistas con posibilidades de éxito. En cambio, Alemania e Italia presentaban debilidades en esos aspectos: sus unificaciones nacionales eran muy recientes (1870), sus economías se habían industrializado tardíamente (respecto a la Europa Noroccidental). Italia seguía siendo un país relativamente atrasado. Alemania, aunque había presentado un desarrollo económico y social notablemente acelerado (para 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, se podía concebir que llegaría a superar a Inglaterra como potencia industrial, posibilidad que fue sin duda uno de los factores que explican la propia guerra), se vio sometida a unas condiciones especialmente duras por el Tratado de Versalles (Clemenceau, a pesar de las advertencias de economistas como Keynes insistió en que Alemania pagará), lo que produjo graves desórdenes económicos en todo el periodo de entreguerras, además de un profundo resentimiento. Aun así, el triunfo del nazismo hubo de esperar al peor momento de la Gran Depresión posterior al Jueves Negro de 1929.

La Europa meridional y oriental, con un desarrollo industrial menor, unas instituciones democráticas débiles y en muchos casos una existencia nacional reciente, fue mucho más proclive al desarrollo del fascismo, con características locales muy marcadas en cada caso, algunos triunfantes y otros no.

En cambio, durante la Segunda Guerra Mundial se impusieron en buena parte de Europa gobiernos denominados colaboracionistas que desarrollaron regímenes fascistas con mayor o menor grado de similitud al alemán o italiano.

Existieron algunos intentos (hacia 1942) de las potencias del Eje por organizar cuerpos militares con prisioneros provenientes de los países colonizados por los aliados, sobre todo de los países árabes, del subcontinente indio (Legion Freies Indien o Legión Tigre, creada por el independentista Subhas Chandra Bose) y del Asia Central soviética. Incluso hubo una división formada por musulmanes bosnios (1943). Los resultados de estas operaciones no fueron muy eficaces, sobre todo en el campo ideológico, aunque sí fueron explotadas propagandísticamente. En cuanto al acercamiento de algunas personalidades musulmanas, como el gran mufti de Jerusalén Amin al-Husayni o el primer ministro de Iraq Rashid Ali al-Kaylani (que terminó con su huida y el pogrom antijudío de Bagdad —Farhud, junio de 1941—), se trataba de coincidencias estratégicas más que ideológicas; lo que también se suele aplicar a la mucho más importante alianza que suponía el Imperio Japonés, con el que, no obstante, nazismo y fascismo tenían similitudes políticas mayores.

2. Política exterior: Batalla contra Versalles . Igualdad de derechos en Ginebra ; que de todas maneras será inútil si el pueblo no tiene deseo de luchar.

3. Economía: ¡Hay que salvar a los campesinos! ¡Política de asentamientos!... La capacidad del mundo es limitada y la producción se fuerza por todas partes. La única posibilidad de re-ocupar a parte del ejército de desempleados radica en el asentamiento. Pero se necesita tiempo y no hay que esperar una mejora radical, porque hay poco espacio vital para el pueblo alemán.

El incendio del Reichstag (del que se acusó a los comunistas), la muerte del anciano Hindenburg y la renovación de la victoria electoral del Partido facilitaron la transición a un régimen de partido único que aplicó sin concesiones el programa nazi, incluyendo la represión de toda oposición política o social y la legislación de pureza racial (Leyes de Núremberg). El rearme y el encuadramiento social (que ignoraba cualquier reivindicación salarial o de condiciones laborales), y una política económica intervencionista (comparable en cierto modo al keynesianismo) dirigida por Hjalmar Schacht, redujeron el paro de 6 millones a sólo 400.000. La política de apaciguamiento de las potencias europeas (Acuerdos de Múnich) permitió una serie ininterrumpida de éxitos internacionales, entre los que se cuentan la remilitarización de Renania, la anexión de Austria y los Sudetes y la victoria de su aliado Franco en la Guerra Civil Española (en la que se experimentaron entre otras, las tácticas aéreas de la Legión Cóndor). En 1939, a los pocos días del término de ésta, el pacto nazi-soviético y la crisis de Danzing, significaron el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en cuya primera fase consiguió imponerse en toda Europa (excepto en la batalla de Inglaterra), con una poco decisiva ayuda italiana. La invasión de la Unión Soviética (operación Barbarroja) y la entrada de los Estados Unidos (Alemania le declaró la guerra, manteniendo su alianza con Japón) llevaron a su derrota, que parte de la élite nazi pretendió vivir como el fin de la civilización.

Una coalición de partidos de derecha, llevó al poder a Engelbert Dollfuss en 1932. Sus principales apoyos eran el tradicional Christlichsoziale Partei (Partido Social Cristiano) y una amalgama de movimientos más extremistas, como la paramilitar Heimwehr, aglutinados por Ernst Rüdiger Starhemberg bajo el nombre de Vaterländische Front (Frente Patriótico), de más clara orientación fascista. Dollfuss disolvió de forma indefinida el parlamento (marzo de 1933) e inició un régimen autoritario que recibía el nombre de Ständestaat. En respuesta a la creciente actividad de movimientos pro-nazis, partidarios de la anexión a Alemania (Anschluss), prohibió al NSDAP local (junio de 1933) y al SDAPÖ (febrero de 1934). En julio del mismo año fue asesinado. Fue sustituido por Kurt Schuschnigg, que siguió oponiéndose a las pretensiones de anexión. En cambio Arthur Seyß-Inquart, su ministro de interior y sustituto como canciller, requirió la presencia militar alemana que acabó con la independencia austríaca.

El Nationale Front (Frente Nacional Suizo) se fundó en 1930, con ideología de extrema derecha y antisemita. Aprovechó el modelo de democracia directa para forzar un referéndum con el objetivo de enmendar la constitución en ese sentido, en 1935, pero fue ampliamente derrotado, y sus actividades declinaron. El Nationale Bewegung der Schweiz (Movimiento Nacional de Suiza), fue fundado en 1940 y actuaba como paraguas de las actividades alemanas en el país.

La indefinición y arbitrariedad de las fronteras caracteriza a esta amplia región. Los Tratados de Versalles difícilmente hubieran podido aplicar los 14 puntos de Wilson, que pretendían conseguir la paz con el reconocimiento del principio de nacionalidad: un estado para cada nación. La disolución de los imperios multinacionales (Imperio Alemán, Imperio Ruso, Imperio Austrohúngaro e Imperio Turco) fue sustituida por un conjunto de reinos y repúblicas de difícil definición y coexistencia, en ausencia de fronteras naturales, y con un nivel de desarrollo económico y social más atrasado que en la Europa Central u Occidental.

El nacionalismo exacerbado, el militarismo, los liderazgos carismáticos, la agresividad expansiva o defensiva y las salidas políticas autoritarias o totalitarias, todas ellas características o componentes de lo que se suele definir como fascismo, fueron muy frecuentes en esta zona de Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Un factor añadido fue la vecindad de la Unión Soviética, que se veía como uno de los dos enemigos principales (el otro era la propia Alemania) entre los que la región estaba «emparedada». La democracia como régimen político era de implantación reciente, y las sucesivas crisis económicas (la posterior a la guerra y la de 1929) la sometieron a fuertes tensiones, que hizo que en muchos países se optara por salidas autoritarias. Donde se mantuvo, las fuerzas políticas y sociales se polarizaron entre las alternativas extremas: fascismo y comunismo.

El pacto nazi-soviético de 1939 (contradictorio en términos ideológicos, pero pragmática y estratégicamente un éxito temporal para ambos) llevó al reparto de buena parte del territorio (Polonia, las repúblicas bálticas y Besarabia). Una vez estallada la guerra, la ocupación en unos casos, o en otros la alianza con las potencias del Eje determinó una mayor proximidad con las políticas nazis o fascistas.

Corneliu Zelea Codreanu fundó el 24 de julio de 1927 la Legión del Arcángel Miguel, una organización fuertemente antisemita y nacionalista, cuyos legionarios vestían camisas verdes. Los adeptos y miembros del movimiento eran llamados "legionarios". En marzo de 1930 Codreanu formó la "Guardia de Hierro", una rama paramilitar y política de la Legión; éste nombre llegó a aplicarse para la Legión entera. Sus miembros llevaban uniformes verdes (considerados símbolo de rejuvenecimiento, por sus uniformes ganaron el apodo "Las camisas verdes") y se saludaron entre ellos como los romanos. El símbolo principal utilizado por la Guardia de Hierro fue una cruz triple, representando barras de prisión (como escudo del martirio), a veces llamada "La Cruz del Arcángel Miguel". El movimiento atrajo a destacados miembros de la intelectualidad rumana, como Mircea Eliade. No fue el único grupo de las mismas características: durante los años treinta rivalizó violentamente por la primacía en la lucha callejera con el movimiento de los Lăncieri (lanceros), de camisas azules, con los que frecuentemente chocaba. Tras el asesinato de Codreanu el líder de la Guardia de Hierro pasó a ser Horia Sima. Llegó al poder en 1940, fundando el Estado Nacional Legionario aliado al general Ion Antonescu, aproximándose cada vez más a la Alemania de Hitler, de la que Rumania fue aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota de las potencias del Eje, Rumania pasó a ser una república popular, comunista.

La personalidad más cercana al fascismo de los políticos de la derecha búlgara fue Alejandro Tsankov, que controló un régimen autoritario de gran violencia represora desde el golpe de estado de 1923 hasta 1934, en que fue desplazado del poder por el Zveno (Звено, un movimiento también ultraconservador, con presencia en el ejército y partidario del corporativismo), a su vez derrocado en 1935 por el propio rey Boris III, que inició un gobierno personal autocrático asistido por el primer ministro Georgi Kyoseivanov, que asoció a Bulgaria a las potencias del Eje, logrando algunas reivindicaciones territoriales irredentistas, aunque evitó declarar la guerra a la Unión Soviética. Murió en 1943 en circunstancias poco claras, ocupando la regencia Kyril de Bulgaria, que fue depuesto en 1944 por una coalición de partidos dominada por los comunistas, pero que incluía al propio Zveno. Entre tanto Tsankov había acentuado su identificación con el nazismo alemán, que mimetizó a través de un pequeño partido denominado Movimiento Social Nacional (1932), asociado con otros como la Unión Nacional de Legiones Búlgaras (Съюз на Българските Национални Легиони, 1933) de Hristo Nikolov. En los últimos años de la guerra (1944) llegó a presidir un gobierno búlgaro en el exilio en Alemania.

En Grecia, el General Ioannis Metaxas estableció un régimen de carácter fascista el 4 de agosto de 1936. El régimen del 4 de agosto o Tercera Civilización Helénica (paráfrasis del III Reich) se designa habitualmente como el Fascismo Griego. Tenía muchos paralelismos con el fascismo alemán e italiano: militarismo, saludo romano, intervencionismo, doctrina racista y nostalgia por las glorias pasadas del país, símbolo clásico (se eligió el labrys o doble hacha), organización juvenil (Ethniki Organosi Neolaias —Organización Nacional de Juventudes, EON—); aunque algunas características propias lo distancian. La posición internacional de Grecia, aliada a Inglaterra y opuesta al expansionismo italiano en los Balcanes, provocaron la Guerra Greco-Italiana de 1941 en que los griegos resistieron inicialmente con éxito: un caso peculiar de enfrentamiento de dos fascismos.

La muerte de Metaxas y la victoria alemana tras las duras batallas de la Operación Marita inició un periodo de ocupación. Se crearon organizaciones de corte nazi y antisemita, como el EEE (Ethniki Enosis Ellas), el EKK (Ethnikon Kyriarchon Kratos), el Partido Nacional Socialista Griego (Elliniko Ethnikososialistiko Komma, EEK) liderado por George S. Mercouris, la ESPO (Organización Patriótica Helénica Socialista) y la Sidira Eirini (Paz de Hierro). Los alemanes confiaron la administración a gobiernos colaboracionistas locales, presididos por Georgios Tsolakoglou, Konstantinos Logothetopoulos y Ioannis Rallis, que llegó a crear los Tágmata Asfalías (Batallones de Seguridad) para oponerse a la guerrilla comunista del Ellinikos Laïkos Apeleftherotikos Stratos (ELAS), que se estaba haciendo muy activa, con lo que el final de la guerra mundial se convirtió para Grecia en una Guerra Civil griega.

Tras los violentos años posteriores a la Primera Guerra Mundial que disolvió el Imperio Austro-Húngaro, que incluyeron una efímera revolución comunista (República Soviética Húngara de Béla Kun) en medio de una guerra civil y una intervención militar rumana, el Reino de Hungría (1920 - 1945) estuvo bajo la regencia de Miklós Horthy. Se instauró un régimen autoritario y con marcado carácter nacionalista, anticomunista y antisemita, que se alió a las potencias del Eje al comenzar la Segunda Guerra Mundial.

Con un carácter más inequívocamente fascista, Ferenc Szálasi fundó en 1935 un Partido de la Voluntad Nacional, pero fue ilegalizado dos años más tarde por su radicalismo violento. Tuvo sus orígenes en la filosofía política de los extremistas pro-alemanes como Gyula Gombos, que acuñó el término nacional socialismo en los años veinte, y que había llegado a ser primer ministro con Horthy. Unificado con otros partidos similares, como el Partido Nacional Socialista de Obreros y Campesinos Húngaros (fundado en 1933 y que se conocía como camisas verdes), el partido fue reconstituido en 1939 con el nombre de Partido de la Cruz Flechada o Movimiento Hungarista (Nyilaskeresztes Párt – Hungarista Mozgalom) bajo el modelo explícito del partido nazi alemán. Su iconografía estaba claramente inspirada en la de los nazis: el emblema de la Cruz flechada era un antiguo símbolo tribal magiar que representaba la pureza racial de los húngaros de modo similar a como la svastica hacía lo propio para la raza aria. Gobernó Hungría desde el 15 de octubre de 1944 hasta enero de 1945, destacando por su actividad antisemita en los últimos momentos de la llamada solución final. Tras la guerra, Szálasi y otros líderes del partido fueron juzgados como criminales de guerra por los tribunales húngaros, condenados a muerte y ejecutados.

La descomposición del Imperio Austro-húngaro y la necesidad de reconocimiento a Serbia, llevó a los vencedores de la Primera Guerra mundial a la creación en 1918 de un Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, llamado Reino de Yugoslavia (Eslavia del Sur) desde 1929. Los recelos de los croatas ante los serbios, encontraron un altavoz en el periódico Hrvatski Domobran (Ejército Croata) del Movimiento Juvenil Croata, de Branimir Jelić y Ante Pavelić. El cierre del periódico y la prohibición de todos los partidos nacionalistas en 1929 radicalizaron al grupo, que se exilió en Bulgaria y exigió la independencia en una declaración conjunta con nacionalistas macedonios. Desde 1932 iniciaron acciones terroristas, con la denominación Ustachá (insurgente, rebelde, que se aplicaba a la Rebelión Herzegovina de 1875).

La ocupación del Eje en 1941 (Alemania el Norte e Italia el Sur) permitió la proclamación de la independencia del Estado Independiente de Croacia, bajo la dirección totalitaria del poglavnik (caudillo, duce o führer) Pavelić, con el Ustachá como partido único, e incluso un rey nominal perteneciente a una rama lateral de la casa de Saboya (Roberto, rebautizado con el épico nombre de Tomislav II de Croacia, por el primer rey croata, del siglo X), que no llegó a pisar su territorio. El Ustachá se destacó por la intensidad del colaboracionismo y la emulación en las más dura represión, incluyendo el exterminio de judíos, gitanos, y serbios; e incluso de los propios croatas cuando se identificaban como comunistas o cristianos ortodoxos (la confesión mayoritaria, considerada nacional, era la católica). Se formó la Hrvatska Legija (Legión Croata) que combatió junto a los alemanes en el frente ruso, aunque los principales enemigos militares del estado croata fueron los partisanos serbios controlados por los comunistas. Su relación con los Chetniks (guerrilla monárquica, anticomunista y ultranacionalista serbia) fue más ambigua. Los Ustachá se dispersaron al final de la guerra, que trajo la formación de la Yugoslavia de Tito. Miles de ellos se refugiaron en Argentina, como el propio Pavelić, que se hizo consejero de seguridad de Juan Domingo Perón.

El liderazgo de Ahmet Zogu (que acabó reinando como Zog I), heredero de una dinastía regional de gobernadores hereditarios de Mati y líder de un Partido Reformista Popular de imprecisa ideología, ha de entenderse en función de la estructura social y económica preindustrial de Albania. Sólo puede considerarse próximo al fascismo por su dependencia colonial con la Italia de Mussolini, a la que se aproxima desde 1925. Se exilió en Londres ante la invasión italiana de 1939.

La incorporación de los Sudetes a Alemania y la posterior partición de Checoslovaquia hizo que fuera muy distinta la presencia política de fascistas o nazis locales en el protectorado de Bohemia y Moravia (que mantuvo un gobierno local considerado poco fiable por los nazis, y se administraba en la práctica con un gobierno militar alemán) y en la República Eslovaca (1939-1945), más afin a la ideología del III Reich, en la que los simpatizantes nazis locales gobernaban dirigidos por el sacerdote católico Jozef Tiso y el Hlinka (Unidad Nacional) o Partido del Pueblo Eslovaco, que desde 1939 era el único legal, junto con el Deutsche Partei (Partido Alemán, para los alemanes radicados en Eslovaquia) y el Partido Húngaro Unificado (para los húngaros). Dentro del partido, el Presidente Tiso representaba la tendencia más moderada, de marcado conservadurismo clerical católico, mientras que el Primer Ministro Vojtech Tuka y el Ministro del Interior Alexander Mach representaban la tendencia más similar al fascismo o al nazismo.

El Lapuan liike (Movimiento Lapua) fundado en 1929, fue un partido político de marcado nacionalismo y anticomunismo, heredero de los Guardias Blancos de la guerra civil finlandesa de 1918 y que fue radicalizándose hasta adquirir un claro carácter fascista. Sus líderes provenían de la ciudad de Lapua (Vihtori Kosola y el general Kurt Martti Wallenius). Intentó un golpe de estado en 1932 (la rebelión Mäntsälä), tras el que fue prohibido. Se reorganizó un nuevo partido denominado Isänmaallinen kansanliike (Movimiento Patriótico del Pueblo, IKL), que añadía el carácter integrista religioso del movimiento Herännäisyys de la región de Ostrobotnia. Incorporó la parafernalia fascista de camisas negras y organizó un movimiento juvenil (Sinimustat, liderado por Elias Simojoki, un sacerdote fanático de fuerte carisma). Se presentó a las elecciones de 1933 en alianza con el partido conservador, y en solitario en 1936 y 1939, sin alcanzar el poder. En 1938 se inició un procedimiento para su ilegalización, no concedida por los tribunales.

Tras las coyunturas críticas posteriores al pacto nazi-soviético (la Guerra de Invierno y la Paz de Moscú, 1939–1940), Finlandia se había visto obligada a apoyarse en Alemania para garantizar su independencia contra la Unión Soviética (Guerra de Continuación), de modo que se vio conveniente incluir al ILK en el gobierno de concentración nacional de 1941. Por el contrario, ya no se hizo lo mismo en el de 1943 (las circunstancias bélicas habían cambiado). A petición de la Unión Soviética, el ILK fue prohibido cuatro días antes del armisticio que puso fin a la guerra (19 de septiembre de 1944).

La Eesti Vabadussõjalaste Keskliit (Unión de participantes en la guerra de independencia de Estonia, abreviadamente Vapsid y sus miembros vaps), dirigida por Andres Larka y Artur Sirk, nació en 1929 como una asociación de excombatientes y se fue convirtiendo en un movimiento político nacionalista y antiparlamentario que utilizaba un encuadramiento paramilitar y uniforme con boina negra. Más allá de eso, no presentaba otras similitudes con el fascismo, pues rechazaba el racismo y no tuvo contactos internacionales. Tras algunas intervenciones políticas, en el referéndum de 1933, fue prohibida como consecuencia de la declaración de un estado de emergencia. Se reconstituyó, acentuando sus características radicales y alejando a sus miembros más moderados, y fue definitivamente disuelta en 1935.

Existieron algunos movimientos nacionalistas violentos en Letonia en los años 1930, caracterizados por el antesemitismo, el anticomunismo y, como rasgo especial, el antigermanismo, por el deseo de una pureza étnica letona. La Ugunskrusts (Cruz de Fuego, 1932), de Gustavs Celmins, fue enseguida ilegalizada, pero reapareció como la Pērkonkrusts (Cruz de Trueno). Su símbolo era equivalente a la svastica y sus miembros llevaban un uniforme paramilitar de camisa gris y boina negra. Fueron nuevamente disueltos y su líder encarcelado tras el establecimiento de un régimen autoritario por el presidente Karlis Ulmanis. Más tarde, durante la ocupación alemana, Celmins y algunos miembros de la Cruz de trueno colaboraron con los nazis (el denominado Comando Arajs, de Viktor Arajs, que incendió una sinagoga en Riga y asesinó a miles de judíos y comunistas), mientras que otros se opusieron, incluso participando en la resistencia. Desaparecido el movimiento bajo la Unión Soviética, a la caída de ésta (1990) reapareció con un programa de Letonia para los letones más radical que el del gobierno independentista, y un intento de volar el monumento a los soviéticos liberadores de Riga. La mayor parte de sus dirigentes fueron detenidos y condenados a penas menores.

El movimiento fascista lituano, denominado Geležinis Vilkas (Lobo de Hierro), se formó en 1927 y fue liderado por Augustinas Voldemaras. Disponía de una sección violenta (Tautininkai), que se empleaba contra sus enemigos políticos. Fue prohibido en 1930 y en 1934 intentó un golpe de estado contra el presidente Antanas Smetona, de tendencia autoritaria y anteriormente presidente honorario de ese mismo movimiento. En 1938 Voldemaras se exilió. Durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, muchos de sus dirigentes colaboraron con los ocupantes, aunque un movimiento nacionalista, anticomunista y antisemita de imprecisa ideología denominado Lietuvos Aktyvistų Frontas (Frente Activista Lituano, LAF), que llegó a formar un gobierno provisional en 1941, no obtuvo el reconocimiento alemán para funcionar como gobierno títere y se autodisolvió.

El régimen de gobierno de Józef Piłsudski a través del Partido Socialista de Polonia durante la Segunda República Polaca fue en realidad una dictadura autoritaria bajo una fachada constitucional y democrática valiéndose de presidencias títeres como la de Stanisław Wojciechowski o Ignacy Mościcki. Sin embargo, su énfasis centralizador para mantener la independencia y unidad de Polonia, que logró en 1918 tras ciento veintitrés años de particiones, provocó que su relación con el nazismo fue más bien hostil, y que un movimiento de características similares al fascismo, Endecja (acrónimo de Narodowa Demokracja o Democracia Nacional), dirigido por Roman Dmowski, fuera decididamente reprimido. La ocupación alemana instauró un Gobierno General sin ninguna clase de gobierno títere con colaboracionistas locales: se pretendía teóricamente la futura germanización del territorio por colonos alemanes, una vez despejado de lo que se describía como razas inferiores (eslavos y judíos).

La zona más desarrollada económica y socialmente, también disponía de los regímenes democráticos más estables y arraigados. También es importante considerar que, o bien estaban entre los vencedores de la Primera Guerra Mundial, o bien habían sido países neutrales y pretendían seguir siéndolo. La aparición de movimientos fascistas o nazis pudo tener un desarrollo endógeno, pero su llegada al poder fue estrictamente dependiente de su ocupación o no por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, e incluso en ese caso, nunca ejerció un poder real sino estrictamente tutelado por ésta, cuando no se redujo a ser un simple enmascaramiento de la ocupación.

El Nationalsocialistiska Arbetarpartiet (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Suecia) se formó en 1933 por Sven Olof Lindholm como escisión de un anterior Partido Nacional Socialista. Su sección juvenil se llamaba Nordisk Ungdom (Juventud Nórdica) Inicialmente funcionó como una total imitación del partido nazi alemán, identificándose en principio más bien con las ideas de Otto Strasser (más izquierdista que Hitler). Se fue distanciando paulatinamente de sus conexiones alemanas, adoptando desde 1938 un emblema diferente (el Vasakärven o haz de trigo emblema de los Vasa) y cambió su nombre a Svensk Socialistisk Samling (Unidad Socialista Sueca). Durante la Segunda Guerra Mundial, en que Suecia fue neutral, decayó su actividad, hasta su disolución en 1945.

El Danmarks Nationalsocialistiske Arbejderparti (Partido Nacional Socialista de Dinamarca, DNSA), fundado el 16 de noviembre de 1930, mimetizó actitudes e ideología del partido nazi alemán. Fue liderado inicialmente por Cay Lembcke, y no pasó de tener unos cientos de seguidores, y unos resultados incluso menores en las elecciones de 1932. A partir de 1933 fue reemplazado por Frits Clausen, que concentró la actividad del partido en su región (Schleswig Norte).

Como la ocupación alemana de Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial no alteró el sistema político local, ni siquiera llegó entonces a formar parte del gobierno de concentración, con presencia de todos los partidos excepto el comunista y el nazi. En marzo de 1943 hubo incluso unas elecciones en que los partidos partidarios de la ocupación fueron derrotados, y el 29 de agosto se disolvió el gobierno, declarando la ley marcial. El DNSA se disolvió en mayo de 1945, al terminar la guerra.

Léon Degrelle, impresionado por el grito de los contrarrevolucionarios mexicanos en la guerra cristera (Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe), fundó a su vuelta a Bélgica, en 1930, el movimiento Cristus rex o rexismo, que se extendió sobre todo en ambientes ultraconservadores católicos de la zona francófona (Valonia). Entre sus líderes estaban José Streel, Louis Collard y Victor Mathys.

En la zona neerlandófona (Flandes) se creó simultáneamente la Vlaamsch Nationaal Verbond (Unión Nacional Flamenca, VNV), fundada por Staf de Clerq en 1933. Su lema era Autoridad, disciplina y «Dietsland», siendo éste el nombre que proponían dar al estado pan-neerlandés a crear, excluyendo la zona de Valonia.

El rexismo se presentó a las elecciones a partir de 1936, obteniendo modestos resultados. Tanto él como el VNV fueron acentuando sus tendencias filonazis (totalitarismo, antisemitismo, admiración por Hitler), y recibieron apoyo financiero de Alemania. Con la ocupación, se convirtieron en la articulación del colaboracionismo, formando incluso dos unidades militares que actuaron en la guerra: la División SS Valonia y la Legión Flandes.

Se especula con la posibilidad de que ciertas características de los primeros libros de la serie de cómics Las aventuras de Tintín puedan ser calificadas de anticomunismo o racismo y sean debidas a la proximidad al rexismo de su autor (Hergé).

El Nationaal-Socialistische Beweging in Nederland (Movimiento Nacional Socialista en los Países Bajos, NSB) fue un partido político fascista, que se fue desarrollando durante los años 1930 y se convirtió en el único partido legal durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que funcionó como una verdadera sucursal del partido nazi. Sus fundadores fueron Anton Mussert, que llegó a ser el líder, y Cornelis van Geelkerken. Basaba su programa en el fascismo italiano y el nazismo alemán, aunque hasta 1936 no se había declarado antisemita, e incluso tenía judíos entre sus miembros.

Vidkun Quisling, líder del Nasjonal Samling (Unión Nacional, fundado en 1933), inicialmente de tendencia conservadora y religiosa y que había sido anteriormente ministro con el partido agrario, se presentó a las elecciones con muy escasos resultados. Evolucionó hacia posiciones miméticas con el nazismo a partir de 1935, aunque no pasó a ser un partido muy minoritario. Aprovechó la invasión alemana para dar un golpe de estado (9 de abril de 1940), pero los ocupantes prefirieron instaurar una gobernación militar que trataba a sus aliados locales con bastante recelo, mientras que la familia real se refugiaba en Inglaterra, donde se constituyó un gobierno en el exilio. Desde 1942 Quisling se incorporó al gobierno de la Noruega ocupada como ministro, y en 1943 alcanzó el rango de máximo dirigente. El nombre de Quisling pasó a ser sinónimo de colaboracionista y se usaba como epíteto despectivo, sobre todo en la propaganda de los aliados y en la literatura posterior.

La extrema derecha en Francia tenía una prolongada tradición, que se remonta a la restauración monárquica de 1814, y se había visto alimentada desde 1871 con el miedo a la revolución proletaria (experiencia de la Comuna de París) y el revanchismo por la derrota en la Guerra Franco-prusiana (que incluía el irredentismo por la pérdida de Alsacia y Lorena). El añadido del antisemitismo a partir del Caso Dreyfus, terminó de constituir en determinados círculos sociales, políticos e intelectuales, una amalgama ideológica que puede considerarse como un claro precedente del fascismo. Este ambiente encontró su expresión en grupos como la Action Française, creada en 1898 por Maurice Pujo y Henri Vaugeois, y que se mantuvo como referente de la extrema derecha francesa bajo el liderazgo de Charles Maurras. Su fuerte personalidad fue determinante para centrar los elementos de la reivindicación de la personalidad tradicional francesa en la monarquía y el catolicismo (en ambos casos con un criterio totalmente utilitario: él mismo era agnóstico), y empujar al activismo callejero a la sección juvenil denominada Camelots du roi.

Ese grupo fue el principal, pero no el único: Croix-de-feu (Cruz de fuego) de François De La Rocque, Jeunesses Patriotes (Jóvenes Patriotas) de Pierre Taittinger, Le Faisceau (el Fascio) de Georges Valois —de explícita inspiración—, el Parti franciste (Partido o Movimiento francista) de Marcel Bucard, conocido por Chemises bleues (camisas azules) financiado por el fascismo italiano, y la Solidarité Française (Solidadridad Francesa) de François Coty, más próxima al nazismo alemán, que también usaba camisas azules y se distinguía por sus boinas negras. El más radical y violento fue La Cagoule o Comité secret d'action révolutionnaire (Comité secreto de acción revolucionaria) de Eugène Deloncle, fundado en 1935 con financiación y apoyo del empresario Eugène Schueller (dueño de L'Oréal). Infiltrado por la policía, muchos miembros fueron detenidos en 1937. Muchos de los otros movimientos fueron disueltos por una ley adoptada durante el gobierno del izquierdista Léon Blum (Frente Popular) en junio de 1936.

Durante el periodo de entreguerras, en el que la vida política de Francia se vio sometida a alternancias políticas pendulares entre el Bloque Nacional y el Cartel de las Izquierdas, en algún momento se temió que la radicalización de las posturas condujera a una salida autoritaria similar al fascismo, sobre todo desde la émeute sanglante (una manifestación de excombatientes que degeneró en violencia el 6 de febrero de 1934). No obstante, la mayoría social de Francia optó por salidas posibilistas que incluían el pacto social (acuerdos Matignon de 7 de junio de 1936, con el gobierno del Frente Popular). La comparación con la tragedia española que comenzó sólo un mes después (18 de julio de 1936) visibiliza el distinto grado de cohesión social en una y otra nación, que explica en buena parte que el fascismo no triunfara endógenamente en Francia. No obstante, muchos franceses tomaron partido apasionadamente por un bando u otro de la Guerra Civil Española.

Tuvo que ser la humillante derrota frente a Alemania (Batalla de Francia) la que hiciera llegar al poder a las fuerzas políticas más cercanas al fascismo. El territorio fue dividido en dos zonas: la primera directamente ocupada por el ejército alemán, el norte y el oeste, donde se organizó alguna organización para encuadrar a los franceses más afines ideológicamente (Mouvement social révolutionnaire —Movimiento social revolucionario— fundado en París en 1940 por Eugène Deloncle); y la segunda, el centro y sur, que se confió al mariscal Pétain; mientras que las colonias se decidían por el control alemán o por sumarse a la Francia Libre organizada en Londres por De Gaulle. Pétain en su zona, llamada Francia de Vichy organizó un État Français bajo el lema de Travail, famille, patrie (Estado Francés y Trabajo, Familia, Patria; en clara referencia contraria a la denominación République Française —'República Francesa'— y al lema revolucionario Liberté, Égalité, Fraternité —'Libertad, Igualdad, Fraternidad'—). Es discutible su clasificación como régimen puramente totalitario, dada la presencia en esta autodenominada Révolution Nationale de elementos muy diversos, que bajo de los planteamientos retóricos comunes, no ocultaban su personalidad diferenciada: desde los claramente fascistas (el Parti Populaire Français -Partido Popular Francés, PPF-de Jacques Doriot y el Rassemblement national populaire —Unión nacional popular— de Marcel Déat), pasando por los reaccionarios clásicos (Action Française, el clero conservador), hasta los reformadores posibilistas (tecnócratas, planistas —partidarios de la planificación económica—, personalistas demócrata-cristianos, los denominados no-conformistas de los años 30, la École des cadres d'Uriage, René Belin —el redactor de la Charte du Travail—), como ocurría simultáneamente en España con las llamadas familias del franquismo. Hubo incluso una unidad militar francesa que se envió al frente ruso, a semejanza de la División Azul española (la Légion des volontaires français contre le bolchévisme —Legión de los voluntarios franceses contra el bolchevismo—).

España y Portugal se caracterizaban por un evidente atraso económico y social, y un cierto aislamiento. En los años 1920 se instauraron regímenes autoritarios (António de Oliveira Salazar y el general Miguel Primo de Rivera) que no ocultaban los paralelismos con el fascismo italiano. El caso español presentó violentos movimientos pendulares, con la Segunda República Española y la Guerra Civil Española, en que la intervención alemana e italiana en apoyo del bando sublevado fue decisiva en momentos clave, a pesar de la política de no intervención que intentaron mantener Francia e Inglaterra.

La pervivencia de los dos régimenes fascistas ibéricos se puede explicar también en parte por su aislamiento relativo de la escena europea y su oportunismo y capacidad de transformación. Fue decisiva su neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior alineación con los Estados Unidos, que permitió el mantenimiento de ambos hasta mediados de los años setenta.

El denominado desastre de 1898 significó para España una frustración nacional equivalente a la guerra franco-prusiana para Francia o la Primera Guerra Mundial para Alemania e Italia. Se produjo una introspección negativa que se plasmó en un interminable debate intelectual sobre el Ser de España, mientras se ahondaban las fracturas internas (social, territorial y religiosa, lo que se ha venido en denominar las dos Españas) que llevaron a la Guerra Civil Española de 1936. La crisis del sistema político de la Restauración, un liberalismo controlado por la oligarquía y el caciquismo, se prolongó en medio de crisis periódicas (Semana Trágica de 1909, Crisis de 1917, Desastre de Annual de 1921) hasta que el ejército, con una trayectoria secular de intervención en la vida política, impuso al cirujano de hierro demandado por los regeneracionistas con la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930). Las soluciones económicas autárquicas y corporativistas, y el desprecio de las instituciones parlamentarias le asemejan al contemporáneo fascismo italiano, pero no se pretendió crear un estado totalitario y la decisión de instaurar algo semejante a un partido único (la Unión Patriótica, 1925) no llegó a pasar de un tímido intento. No se produjo una gran intensificación de la represión política ni social: la Organización Corporativa Nacional contó incluso con la colaboración del sindicato socialista UGT. Ante la pasividad de la mayor parte de la sociedad civil, la oposición estuvo organizada por grupos de intelectuales y los partidos republicanos. A la caída del dictador, el gobierno de transición que le siguió recibió el cómico nombre de dictablanda.

Durante la dictadura de Primo de Rivera Ernesto Giménez Caballero comenzó a difundir la ideología fascista. Admirador de Mussolini, había visitado Italia en 1928. A su vuelta propagó lo que él llamó la "latinidad" militante. Admiraba Roma como la capital de la religión y del fascismo. Pero fue Ramiro Ledesma, que trabajó en la Gaceta literaria que editaba Giménez Caballero, quien un mes antes de proclamarse la Segunda República Española fundara la revista La conquista del Estado inspirada en su homónima italiana La conquista dello Stato, como él mismo dice, germen del fascismo español.

En su tercer número reivindicaba "imponer violentamente su política". El siguiente número, que salía el 4 de abril, fue retirado por la policía.

La Segunda República Española (1931) llegó en medio de una fiesta popular que rápidamente derivó en una intensificación de la lucha de clases y del resto de las contradicciones acumuladas. El 4 de junio La conquista de Ramiro Ledesma salía a la calle con la proclama: "¡Viva la Italia fascista! ¡Viva la Rusia soviética! ¡Viva la Alemania de Hitler! ¡Viva la España que haremos! ¡Abajo las democracias burguesas y parlamentarias!".

Ramiro Ledesma, fundó en 1931 las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista junto a Onésimo Redondo, primera organización política española de categórico cuño fascista. Las JONS aspiraban a derarrollar un nacionalismo revolucionario de tipo fascista que pudiera competir con la izquierda entre las clases bajas. este grupo se caracterizaba por su nacionalismo radical (contra las autonomías regionales), la defensa del catolicismo (para Ledesma y Onésimo Redondo la religión era lo que para el nacismo la sangre aria ) y el anticomunismo (que se expresaba contra el movimiento obrero anarquista y socialista, dado el reducido tamaño del Partido Comunista de España).

Más adelante surgiría la Falange Española fundada por José Antonio Primo de Rivera. José Antonio, se interesaba ya a fondo en algo bastante parecido al fascismo (de cuño italiano) como vehículo capaz de dar forma y contenido ideológico al régimen autoritario nacional proclamado, con tanta inseguridad, como poco éxito por su padre. José Antonio no se mostró al principio opuesto a emplear la etiqueta de "fascista". Según Payne, la Falange no se diferenciaba en ningún aspecto significativo con el partido de Mussolini. LLegando en casos a utilizar su misma retórica. En ese ambiente se mimetizaron y adaptaron los lemas y símbolos fascistas (saludo romano, camisa azul, yugo y flechas, etc.).

En febrero de 1934 La Falange de José antonio se fusionó con las JONS de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma. El entusiasmo de este último por Hitler, su oratoria demagógica y su indudable proclividad a los procedimientos violentos convirtieron a las Juntas de Ofensiva Nacional–Sindicalista por él fundadas en el sector más radical de la Falange.

Algunos otros intentos se quedaron en proyecto, como el Partido Laborista de Eduardo Aunós. Otros partidos de posturas extremas tuvieron componentes más tradicionales (conservadurismo, clericalismo, monarquismo o tradicionalismo): el Partido Nacionalista Español de José María Albiñana, Tradición y Renovación Española y el Bloque Nacional de José Calvo Sotelo. Aunque la mayor parte de la derecha tuvo una posición más posibilista, representada por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) de José María Gil-Robles, sus juventudes actuaban como un grupo de disciplina casi paramilitar (Juventudes de Acción Popular, JAP, de Ramón Ruiz Alonso).

La Guerra Civil supuso para el bando sublevado la unificación de todos los partidos políticos en un único Movimiento Nacional (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), que pretendía convertirse en el único cauce de participación en la vida pública y encuadrar todos los aspectos de la sociedad (Frente de Juventudes, Sección Femenina, Educación y Descanso) y de la economía, en un sistema corporativo (sindicato vertical). En lo político, la caracterización del modelo de gobierno de la dictadura del general Francisco Franco se ha hecho como fascismo (a secas o con distintos adjetivos: fascismo rural, fascismo clerical, ) o como un régimen autoritario. Para otros no es un fascismo puro, sino un régimen típicamente reaccionario, que adoptó oportunistamente en sus inicios una fachada hitleriana-mussoliana y que pretendía la reproducción feudal.

Posiblemente la razón principal de su prolongada existencia en el tiempo fue la visión pragmática de Franco tanto hacia el exterior como en el interior. Sus relaciones internacionales pasaron de la alianza con el Eje durante la guerra civil a la neutralidad en la primera fase de la Segunda Guerra Mundial (benévola hacia el Eje pero manteniendo garantías hacia a los aliados). La invasión de Rusia provocó el reclutamiento de una División Azul que se reunió en el frente ruso con otras similares de los países satélites del nazismo. La derrota de Alemania condujo al aislamiento internacional, mientras se acogían en España a muchos de los líderes fascistas que huían de sus países (Degrelle, Pavelic, Otto Scorzeny, Hauke Pattist ). Tras una durísima posguerra de autarquía y nacionalcatolicismo, el franquismo supo aprovechar la oportunidad que le ofrecía la Guerra Fría para superar su aislamiento mediante la alianza con los Estados Unidos desde 1953.

No se admitía oposición interna, pero se administraban salomónicamente cuotas de poder entre las distintas familias del franquismo (azules o falangistas, militares, carlistas, católicos, tecnócratas). En los textos legales y las proclamas políticas, la autodefinición de su régimen evolucionó de ser un Estado totalitario en los años treinta (Fuero del Trabajo de 1938, de clara inspiración fascista italiana) a un impreciso Reino en los años cuarenta (Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947) y una Democracia Orgánica en los sesenta (Ley Orgánica del Estado de 1967).

La revolución del 28 de mayo de 1926, ampliamente apoyada por sectores civiles, instauró un régimen autoritario militar, que desde 1932 fue gobernado por António de Oliveira Salazar, un profesor universitario. Al año siguiente se aprobó una Constitución que concentraba el poder en la figura del presidente, manteniendo la ficción de elecciones y bicameralismo. El periodo de cuarenta años posterior recibe el nombre de Estado Novo. La similitud con el fascismo se marcó con mecanismos de encuadramiento social, como la Mocidade Portuguesa (para la juventud), o la Legión Portuguesa (organización paramilitar, que fue la única parte del régimen salazarista que adoptó y defendió abiertamente las intenciones de Hitler para Europa, frente a una postura oficial neutral o favorable a los aliados). También se imitaron mecanismos propios del corporativismo económico y social italiano. Un partido rival, con características similares al fascismo, denominado Movimento Nacional-Sindicalista (MNS) de Francisco Rolão Preto, conocido como Camisas azuis (camisas azules), mantuvo una relación confictiva con Salazar, que acabó disolviéndolo; lo que condujo a una revuelta fácilmente reprimida (10 de septiembre de 1935). Preto (que acusaba a Salazar de instaurar un régimen fascista) se exilió y la mayor parte de los nacional-sindicalistas se integraron en la União Nacional (Unión Nacional), que desde 1934 era el único partido que se presentaba en las elecciones.

El apoyo discreto al bando sublevado en la Guerra Civil Española dio oportunidad a Salazar para el mantenimiento de una alianza estratégica con el gobierno de Franco, que se denominó Pacto Ibérico (1939).

No fueron ocupados durante la guerra. La presencia de movimientos fascistas fue poco importante, a veces puramente testimonial. Su nivel de desarrollo económico y social era posiblemente el más avanzado del mundo. Sus sistemas políticos demostraron una gran estabilidad y capacidad de respuesta a las crisis económicas y sociales. La tendencia a desentenderse de los asuntos europeos de la opinión pública interna en los Estados Unidos (al mismo tiempo muy implicados económicamente en la burbuja financiera de créditos e indemnizaciones entre vencedores y perdedores de la Primera Guerra Mundial), y la insistencia en mantener la política de no intervención y de apaciguamiento por parte de la mayor parte de la clase política británica; determinaron que su capacidad de gestión de la coyuntura internacional fuera muy deficiente, y la respuesta bélica en la primera fase de la guerra muy poco eficaz. No obstante, su capacidad de resistencia y la preservación de su identidad democrática fue finalmente decisiva y exitosa. La alianza coyuntural con la Unión Soviética duró poco más de lo que tardó en terminar la guerra.

La Unión Británica de Fascistas se creó en 1932. Nunca pasó de ser un grupo minoritario, aunque mantuvo actividades violentas contra judíos, sindicalistas y comunistas. Su sección de activistas se conocía como blackshirts (camisas negras) a imitación de los fascistas italianos, y fue prohibida en 1936. El partido entero fue ilegalizado en 1940, y su líder, Oswald Mosley, encarcelado durante todo el periodo de la Segunda Guerra Mundial.

Los Blueshirts (camisas azules) del Army Comrades Association (ACA), más tarde denominados National Guard (Guardia Nacional (Irlanda)) fueron un movimiento similar al fascismo, compuesto por veteranos del movimiento independentista (Irish Republican Army —IRA—, Ejército Republicano Irlandés) liderados por el general Eoin O'Duffy. Se fundó varios años después de la independencia, en 1932, y mantuvo enfrentamientos con otras organizaciones del movimiento nacionalista irlandés. El predominio ideológico del nacionalismo recientemente triunfante y un catolicismo fuertemente integrista caracterizaron la vida política y social de la Irlanda de entreguerras. Durante la Segunda Guerra Mundial Irlanda se mantuvo neutral.

La New Guard fue una organización paramilitar durante los años 1930s, e intentó derrocar violentamente al primer ministro de Nueva Gales del Sur. Tuvo miembros en distintas partes de Australia, pero sus socios y la base de apoyo predominantes estaban en Nueva Gales del Sur y en su capital, Sydney.

El Parti national social chrétien, Canadian National Socialist Unity Party o Christian National Socialist Party (Partido Nacional Socialista Cristiano), fundado por Adrien Arcand en 1934, tenía una sección violenta, denominada Blueshirts (camisas azules) dedicada a agresiones callejeras a izquierdistas, inmigrantes y miembros de grupos raciales minoritarios. Su programa ultranacionalista era pan-canadiense, de integración de la comunidad francófona y la anglófona. También incorporaban el antisemitismo y la admiración por Hitler y el nazismo. Alcanzaron alguna representación electoral y una militancia de algunos miles de miembros, sobre todo en la zona de Quebec, Alberta y Columbia Británica. Fueron prohibidos en 1940, como otros grupos menores: la Canadian Union of Fascists (Unión Canadiense de Fascistas, vinculados al grupo británico de Mosley) y el Canadian Nationalist Party. Arcand volvió a intentar la unificación de estas corrientes bajo el nombre de National Unity Party (Partido de la Unidad Nacional) en 1949, con poco éxito electoral.

Existieron grupos fascistas durante la década de 1930. Por ejemplo, la Silver Legion (Legión de Plata) de William Dudley Pelley y el German American Bund o German American Federation (Federación Germano-americana) de Fritz Kuhn abiertamente apoyados por la Alemania nazi en esa época, y que funcionó como un lobby o grupo de interés y presión política. Al mismo tiempo, la radio católica acogía al padre Charles Coughlin, que comenzó a mostrar simpatía hacia el nazismo y un fuerte anti-semitismo. El American Nazi Party de George Rockwell fue un pequeño grupo en las décadas siguientes, que apoyaba el movimiento White Power (supremacismo blanco) y se oponía al creciente movimiento por los derechos civiles.

Se ha sugerido la similaridad con el fascismo de otras personas, organizaciones e instituciones: el gobernador y senador Huey Long fue acusado de implantar un régimen de mano dura en el estado de Louisiana. Las simpatías fascistas y el apoyo hacia Alemania e Italia de muchas de las familias más ricas de los Estados Unidos se apuntó en las cartas de William Dodd, embajador en Alemania, así como los pagos a periodistas por parte del magnate de la prensa William Randolph Hearst que propició artículos favorables hacia la Alemania nazi. La preocupación por cuestiones similares se reflejó en una novela semi-satírica: It Can't Happen Here, (No puede ocurrir aquí) de Sinclair Lewis, publicada en 1935.

En 1933, se denunció una conspiración para derrocar al presidente Franklin D. Roosevelt mediante un golpe militar. Esta presunta conspiración, cuya existencia real es difícilmente demostrable, se conoció como el Business Plot (Complot de los Negocios), porque teóricamente involucraba a la élite industrial y financiera, cuyos intereses se suponían amenazados por la política del New Deal. Se desveló ante la opinión pública cuando el general de los marines retirado Smedley Butler testificó ante el Comité McCormack-Dickstein del Congreso que había sido tanteado por un grupo de altos intereses económicos, liderado por los imperios industriales DuPont y J. P. Morgan, para orquestar un golpe fascista contra Roosevelt.

Desde puntos de vista opuestos (tanto conservadores como izquierdistas), se ha propuesto que el mismo Roosevelt tomó prestadas ideas del fascismo europeo de los años 30, aunque tal cosa difícilmente puede determinar que se le califique a él o a su política de fascista. Es habitual comparar la cartelización de la industria italiana realizada por Mussolini y la que realizó Roosevelt en la industria estadounidense mediante la National Recovery Act. Los gobiernos fascistas solían adoptar políticas económicas favorables a los grandes negocios, buscando proteger y consolidar grandes empresas nacionales, favoreciendo a los principales empresarios con monopolios y oligopolios, en lo que se ha venido a denominar corporativismo. Alguna de las críticas a Roosevelt le acusan de haber emprendido políticas similares en la esperanza de que el esfuerzo combinado de la gran empresa sería capaz de sacar al país de la Gran Depresión (véase New Deal y corporativismo).

Con anterioridad a la Revolución de 1917 funcionó un grupo denominado Centenas Negras, que podría considerarse como un precedente del fascismo. Después, los partidarios del régimen zarista u opuestos a los bolcheviques y apoyados por las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial formaron el Movimiento Blanco, que llegó a controlar amplias zonas durante un corto periodo de tiempo en la Guerra Civil Rusa (1918-1922). Su programa ideológico, que se definía sobre todo por los círculos de emigrados rusos (muy activos en París y Londres), se basaba en el conservadurismo (en defensa económica de los intereses de terratenientes y burguesía; y religiosa de la Iglesia Ortodoxa Rusa -políticamente no había una definición tan clara, entre la autocracia zarista y la democracia representativa más al gusto de los aliados, pero siempre opuesta a los soviets-), el anticomunismo y el antisemitismo. El nacionalismo también era un rasgo muy evidente, sobre todo contra el internacionalismo proletario, y por razones obvias, se prefería nombrar a sus adversarios por el nombre de Komintern. No obstante, la rusificación de la Unión Soviética a partir de la época de Stalin, que utilizó extensamente los instrumentos movilizadores del nacionalismo y el antisemitismo, así como el culto a la personalidad, compitió con eficacia en esos campos (por ejemplo, al denominar la Segunda Guerra Mundial como Gran Guerra Patria).

Con efecto más militar que ideológico, durante la guerra existió un Movimiento de Liberación Ruso (Русское Освободительное Движение) e incluso un Ejército de Liberación Nacional Ruso del que fue parte fundamental fue la Brigada Kaminsky que combatió bajo las órdenes alemanas y llegó a gobernar la República Lokot o Autonomía Lokot (Локотскoe Самоуправление) en los óblast de Kursk y Oryol, dirigida primero por Konstantin Voskoboinik y tras su muerte por Bronislav Kaminski. En Serbia tuvo actividad un Cuerpo de Guardia Ruso en Serbia (Русский Охранный Корпус, Русский Корпус в Сербии, Russisches Schutzkorps Serbien).

En el periodo posterior al derrumbe de la Unión Soviética, en la Federación Rusa han aparecido movimientos y personalidades políticas de extrema derecha, que recuperan el antisemitismo y el nacionalismo exacerbado, como Vladímir Zhirinovsky y otros más minoritarios, incluso de estética neonazi.

La ideología japonesa que suele denominarse nacionalista, expansionista, imperialista o militarista, guarda cierta relación con el fascismo, además del hecho de que Japón formó parte de las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial y que la ocupación japonesa de extensos territorios en Asia permite de algún modo la comparación a la de los alemanes e italianos en Europa. Existió en los años 20 y 30 una organización dentro del ejército que pretendía instaurar un gobierno militar totalitario: la Kōdōha (Facción del Camino Imperial), que aunque nunca llegó a formar un partido político, sí intervino en política, e incluso intentó tomar el poder mediante fallidos golpes de estado entre 1934 y 1936. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial el peso del ejército incluso aumentó.

Existió un movimiento intelectual ultranacionalista, el Yuzonsha, en el que pueden encontrarse similitudes con los intelectuales fascistas europeos: sus representantes serían Ikki Kita, que evolucionó a un pensamiento cercano al fascismo en Un esbozo de plan para la reorganización de Japón (日本改造法案大綱 Nihon Kaizo Hoan Taiko, 1923) y Shūmei Ōkawa (Japón y el camino japonés, Nihon oybi Nihonjin no michi, 1926), cuyo pensamiento ha sido calificado de panasianismo. Ambos se involucraron en los intentos de golpes de estado, siendo ejecutado Kita y encarcelado unos años Ōkawa, que continuó popularizando la idea del inevitable choque de civilizaciones con Occidente, en que Japón debía asumir el papel de liberador y protector de Asia. Fue procesado como criminal de guerra de clase A por el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente.

El Kuomintang desarrolló una sección secreta, que actuó como una policía secreta y fuerza paramilitar, denominada de varias formas, entre ellas como Sociedad de Camisas Azules (藍衣社 en chino). Estuvo bajo la dirección de Chiang Kai-shek y sus miembros provenían inicialmente de la Academia Militar Whampoa. A través de ella se buscaba liderar el partido Kuomintang y la propia República de China con una cierta similitud con el fascismo europeo, que a veces se ha calificado de fascismo confuciano. El principal ideólogo, Liu Jianqun (劉健羣), había sido influido por lecturas sobre el fascismo europeo y escribió un panfleto titulado Algunas Opiniones Sobre la Reforma del KMT, donde, entre otros rasgos propios de los movimientos fascistas, proponía el uso de camisas azules para identificarse. Su influencia se extendió del sistema militar al político, y a la vida social y económica de la China de los años 1930. El auge y caída de la Sociedad de Camisas Azules fue rápido, aunque oscuro. En raras ocasiones se refiere la posibilidad de la continuación de sus actividades tras el establecimiento de la República Popular de China en el continente y la limitación del ejercicio del poder del KMT a Taiwan.

El Partido de las Falanges Libanesas (en árabe حزب الكتائب اللبنانية Hizb al-Katā'ib al-Lubnaniyya), conocido como Kataeb (Falanges) fue fundado en 1936 por Pierre Gemayel, siguiendo los modelos italiano y español, entre los cristianos maronitas del Líbano. La dimensión ideológica del partido siempre fue menos importante que su componente identitario religioso, que aglutina a una comunidad nítidamente definida en la sociedad libanesa, segregada entre cristianos y musulmanes. Su lema es Dios, Patria y Familia. Su ideología es nacionalista, más particularmente fenicista (por la idealización del pasado fenicio), contraria al nacionalismo árabe. La situación de dependencia colonial de Francia llevó a la Falange a luchar junto con los también libaneses musulmanes sunitas. Tras la independencia, desde 1948 se alió con el nuevo estado de Israel para compensar el aumento de población musulmana por la llegada de refugiados palestinos. Tras sufrir varias escisiones sigue existiendo en la actualidad, y la familia Gemayel sigue liderándolo.

En 1938 se fundó dentro de la comunidad de afrikáner sudafricano el Ossewabrandwag (literalmente "Centinela del Vagón de Bueyes", OB), un partido de inspiración nazi, con un grupo paramilitar denominado Stormjaers (Cazadores de tormentas). Durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se oponían a ayudar a Inglaterra frente a Alemania, realizaron actos de terrorismo y algunos de sus dirigentes fueron encarcelados, pero el partido nunca llegó a ser prohibido. Tras 1945, varios de sus miembros pasaron a ocupar puestos de responsabilidad en el régimen del apartheid. En particular, John Vorster llegó a ser primer ministro de 1966 a 1978.

La cercanía cultural e idiomática hizo que para algunos grupos intelectuales y políticos desde los años treinta fuera más fácil la identificación con el nombre de la Falange Española que con el del fascismo italiano o el nazismo alemán, y surgieron movimientos con ese nombre en muchos países latinoamericanos, con muy distinta evolución a lo largo del tiempo.

En México, sobre todo a partir de la crisis económica de 1929 que hacía para algunos colectivos menos aceptable lo que percibían como una gran presión migratoria, surgieron numerosos grupos de carácter ultranacionalista y xenófobo o racista (alguno particularmente antisemita, otro antichino), que se conocían como dorados o camisas doradas. Tuvieron una presencia puntual entre algunos colectivos de comerciantes. Se destacaron en enfrentamientos callejeros con sindicatos izquierdistas en 1935.

En Brasil hubo en los años 30 un movimiento similar al fascismo, la Ação Integralista Brasileira (Acción Integralista Brasileña, AIB) de Plínio Salgado, que sacó su nombre de un movimiento antiparlamentario, tradicionalista y monárquico de comienzos de siglo en Portugal, el Integralismo Lusitano. Utilizaba una adaptación de la parafernalia fascista: camisas verdes, el símbolo sigma (Σ) y el saludo romano con el grito Anauê! («¡Eres mi hermano!», en tupí). Su relación con Getúlio Vargas fue conflictiva, incluyendo un intento de golpe de estado en 1938, tras el que se desintegró el movimiento.

Es objeto de controversia la identificación o no con el fascismo de movimientos muy opuestos entre sí: por un lado los que suelen calificarse de populismo (como el peronismo argentino, el APRA de Haya de la Torre en Perú, o el Estado Novo de Getúlio Vargas en Brasil); y por otro las dictaduras militares latinoamericanas que van desde la dictadura de Trujillo en la República Dominicana al Genocidio guatemalteco, pasando por el llamado Proceso de Reorganización Nacional de Argentina, la Dictadura cívico-militar en Uruguay, el Régimen de Pinochet en Chile o el régimen militar de Hugo Banzer en Bolivia. Los regímenes más prolongados en el tiempo fueron el somocismo de Nicaragua (1937–1979) y la dictadura de Stroessner en Paraguay (1954–1989).

El fascismo en sus expresiones más tradicionales resurgió en las décadas de los 80 y 90 del siglo XX bajo los nombres de neofascismo y movimiento neonazi, que en sus formas más marginales reproduce la estética retro y actitudes similares (violencia juvenil callejera). Como movimiento político de presencia institucional, en Italia apareció después de la Segunda Guerra Mundial bajo la forma del partido político Movimento Sociale Italiano (Movimimiento Social Italiano, misinos), que con el tiempo buscaría una presencia más asumible por el régimen político democrático bajo el nombre de Alleanza Nazionale (Alianza Nacional) y se redefinió como postfascista, llegando al gobierno italiano (Giancarlo Fini, bajo la presidencia de Silvio Berlusconi, 1994).

Desde finales del siglo XX han aumentado las posibilidades electorales de los partidos que basan su propuesta política en distintas ofertas de dureza contra la inmigración y mantenimiento de la personalidad nacional. Además de en Italia, en varias democracias europeas la presencia de partidos de extrema derecha, o personalidades con un pasado nazi o fascista han llegado a ocasionar incluso problemas internacionales: fue el caso del escándalo por la llegada de Kurt Waldheim a la presidencia de Austria (1996) o la entrada en el gobierno del mismo país del Freiheitliche Partei Österreichs (Partido Liberal de Austria, FPÖ) de Jörg Haider en 1999. En los Países Bajos ocurrió un caso similar con la Lijst Pim Fortuyn (Lista Pim Fortuyn, LPF) en 2002. En Francia, la inesperada posibilidad de que Jean-Marie Le Pen (Front National, Frente Nacional) pudiera llegar a la presidencia de la República, llevó a una agrupación del voto de todo el espectro político de izquierda a derecha en su contra en las elecciones de 2002.

El concepto, tal como fue utilizado originariamente por Jürgen Habermas, designaba a los movimientos terroristas de extrema izquierda de los años 60. En la actualidad se ha extendido su uso, que en Estados Unidos se hace para calificar peyorativamente a cualquier ideología izquierdista y en los medios afines a Israel para hacer lo mismo con los críticos a este estado, de un modo similar al epíteto antisemita.

El surgimiento en la escena internacional del fundamentalismo islámico a partir de la revolución iraní (1979) y su extensión a otras repúblicas islámicas, así como al terrorismo internacional, ha puesto de manifiesto la posibilidad de un totalitarismo de corte religioso, que emplea técnicas violentas de algún modo comparables al fascismo; para calificarlo peyorativamente se ha venido utilizando el epíteto de islamofascismo, aunque tales movimientos ideológicos son bastante alejados entre sí. También es habitual señalar las similitudes con el fascismo de movimientos denominados fundamentalismo cristiano, que en algún caso se han llegado a denominar cristofascismo.

El epíteto fascista se aplica con fines peyorativos de forma muy extendida el lenguaje coloquial, y muy frecuentemente también en todo tipo de literatura, sobre todo a efectos polémicos o descriptivos, más allá de su adecuación o no a una estricta correspondencia con la ideología o los regímenes políticos fascistas. Se asocia con las posturas políticas de extrema derecha y las ideas y actitudes racistas, intolerantes o autoritarias; y al desprecio por el diferente, el marginado, el que no que piensa del mismo modo o las minorías.

Edward Malefakis, La dictadura de Franco en una perspectiva comparada, en García Delgado Franquismo: el juicio de la historia. Ediciones Temas de Hoy, 2000, p. 28, citado por Vicenç Navarro, en Franquismo o fascismo (Reformaenserio, abril 2001).

Las estructuras de poder externas al estado son potenciales rivales del propio poder estatal, por lo que los estados siempre tienen alguna razón para pretender su abolición; el comunismo da rienda suelta a esta pulsión. Pero las estructuras de poder externas al Estado son también potenciales aliados del Estado, particularmente si sirven para reforzar los hábitos de subordinación y acatamiento entre la población, y por tanto, siempre existe la oportunidad potencial de una alianza mutuamente beneficiosa; aquí mismo descansa la estrategia fascista.

Al principio



Camisas negras

Mussolini con oficiales fascistas camisas negras en 1922.

La Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional fue un cuerpo paramilitar de la Italia fascista. Debido al color de su uniforme, sus miembros fueron conocidos como camisas negras (en italiano: camicie nere), aunque también fueron referidos como escuadristas (en italiano: squadristi). Probablemente inspiradas por las camisas rojas de Garibaldi , su actividad se enmarca desde el período de entreguerras hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (conocido como Italia fascista). El término se aplicó a distintos grupos que imitaron el uniforme, como los blackshirts de la Unión Británica de Fascistas y los SS del partido nazi alemán.

Inspirados por los camisas rojas de Giuseppe Garibaldi, los camisas negras se organizaron por Benito Mussolini como el instrumento violento de su movimiento fascista. Sus dirigentes fundadores fueron intelectuales nacionalistas, ex-oficiales del ejército, miembros del cuerpo especial Arditi y jóvenes terratenientes que se oponían a los sindicatos de obreros y campesinos del entorno rural. Sus métodos se hacían cada vez más violentos a medida que crecía el poder de Mussolini, y usaron la violencia, la intimidación y el asesinato contra sus oponentes políticos y sociales.

Su ethos y uniforme fueron imitados por otros que compartían la ideología fascista, como los nazis alemanes, que reservaron el negro para la guardia personal de Hitler (Schutzstaffel o SS) y eligieron las camisas pardas para las SA (Sturmabteilung), de función similar a las negras italianas. Sir Oswald Mosley eligió el negro para su British Union of Fascists (Unión Británica de Fascistas); William Dudley Pelley utilizó Silver Shirts (Camisas Plateadas) para la Silver Legion of America en los Estados Unidos; el integralismo brasileño de Plínio Salgado camisas verdes; la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera camisas azules; con el mismo color en Irlanda las Blueshirts de Eoin O'Duffy y su Army Comrades Association, los Blueshirts del canadiense Canadian National Socialist Unity Party) los franceses de Solidarité Française y del Parti Franciste, y los chinos de la Sociedad de las Camisas Azules; en México hubo un movimiento de camisas doradas.

Los camisas negras nacieron con el nombre de squadristi en 1919, y llegaron a ser unos 200,000 durante la Marcha sobre Roma 27-29 de octubre de 1922. En 1922 los squadristi se reorganizaron como milicia (milizia) y formaron numerosas bandersa (bandiere). El 1 de febrero de 1923 se redenominaron Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale, o MVSN (Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional), que funcionó hasta el armisticio italiano en 1943. La República de Saló, último territorio fascista en el norte de Italia ocupada por Alemania, reformó el MVSN redenominándolo Guardia Nazionale Repubblicana (Guardia Nacional Republicana, GNR).

Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional surge de la exigencia del Partido Nacional Fascista (Partito Nazionale Fascista), recién llegado al poder, de convertir las escuadras de acción fascistas en una auténtica milicia reconocida por el estado. Benito Mussolini encargó a una comisión de estudio compuesta por Emilio De Bono, Cesare Maria De Vecchi, Aldo Finzi, Italo Balbo y Attilio Teruzzi, estudiar la cuestión.

La comisión realizó un proyecto para la formación y organización de un cuerpo de voluntarios encuadrado en el ejército acional mediante el reclutamiento regular en un tramo de edad comprendido entre los 17 y los 50 años. El proyecto fue aprobado tras la deliberación en el Gran Consejo Fascista el el 12 de enero de 1923, tras haber recibido la aprobación del consejo de ministros el 28 de diciembre de 1922, por el Real Decreto nº 31 del 14 de enero de 1923. La Milicia recibe así el espaldarazo legal que la constituye como "Guardia armada de la revolución" (en italiano «Guardia armata della rivoluzione»), "al servicio de Dios y de la Patria".

La MVSN estaba bajo las órdenes de la Presidencia del Consejo de Ministros y, por ley, tenía como función el mantenimiento del orden público en territorio italiano y defender los intereses nacionales. En caso de movilización, el Real Decreto nº 31/1923 establecía que podía ser incorporada al Ejército o la Marina.

Benito Mussolini fue el Comandante General, con el grado de Primo Caporale d'Onore (Primer Cabo de Honor) pero las funciones ejecutivas fueron desempeñadas por el Jefe de Estado Mayor, que regía el Comando General. El MVSN fue organizado a imitación del ejército de la Roma Antigua, por lo que los términos usados derivan de las estructuras militares de la antigua Roma, no de los usados en los ejércitos regulares europeos.

La organización original del MVSN consistía en 15 zonas que controlaban 133 legiones (una por provincia) de tres cohortes cada una y un Grupo Independiente que controlaba 10 legiones. En 1929 se reorganizó en cuatro raggruppamenti, y en octubre de 1936 se volvió a reorganizar en 14 zonas sobre 133 legiones con dos cohortes cada una, una de hombres entre 21 y 36 años y otra de hasta 55 años, más las unidades especiales de Roma, de la Isla de Ponza, los Moschettieri del Duce ("Mosqueteros del Duce", de uniforme negro, que actuaban como guardia personal de Mussolini), la Milicia Albanesa (cuatro legiones) y la Milicia Colonial del MVSN en África con siete legiones.

Los batallones de fusileros de camisas negras tenían 3 compañías de fusileros cada una, pero carecían de compañía de ametralladoras. Las compañías de fusileros tenían 3 pelotones de 3 escuadras con una ametralladora ligera cada una. Cada legión tenía una compañía de ametralladoras con 4 pelotones de tres ametralladoras cada una (más 2 de reserva). Los batallones de reemplazo de camisas negras se organizaban como los batallones de fusileros de camisas negras, pero su pelotón estaba reforzado (tenía 60 hombres cada uno) y sólo había una ametralladora por pelotón.

Tras jurar fidelidad a Víctor Manuel III el 28 de octubre de 1924, la Milicia se ocupaba preferentemente de la formación de las jóvenes formaciones y participó en algunas operaciones de socorro de localidades afectadas por desastres naturales (como Valtelina en 1926). En 1928 el Estado Mayor impulsó el proceso de integración del MVSN en la estructura del Ejército Real, y en 1934 se reforzó dicha integración al empezar a realizar maniobras conjuntas ambos cuerpos.

Puede considerarse que la primera intervención militar de la Milicia fue en Libia en septiembre de 1923. Tres legiones intervinieron en los combates de Beni Ulid, El Regima, El Zuetina y Got el Sass. Su buena actuación convenció al gobierno de crear otras dos legiones, una estacionada en Trípoli y otra en Bengasi.

La 1ª y 6ª divisiones fueron enviadas a Etiopía y tomaron parte en la guerra. La 7ª nunca fue desplegada fuera de Italia y ni siquiera fue equipada con todo su equipo antes de ser desbandada.

Durante la Guerra Civil española se enviaron 3 divisiones de camisas negras a España integradas en el Corpo di Truppe Volontarie (CTV). Las divisiones de camisas negras estaban formadas por soldados regulares y voluntarios de la milicia del partido fascista. Las divisiones estaban motorizadas en parte.

El 10 de junio de 1940, el día en que Italia declaró la guerra a los aliados, la MVSN disponía de 340.000 hombres encuadrados en 220 batallones, más 81 batallones costeros, 51 territoriales y 29 compañías costeras. Aproximadamente 85.000 hombres estaban encuadrados en servicios de artillería antiaérea, en 22 legiones. La artillería naval, subordinada a la armada, estaba formada por 10 legiones; las orgánicas eran de origen heterogéneo: generalmente integradas por oficiales de artillería en la reserva y personas exentos de otros servicios militares.

La MSVN se organizó en tres divisiones (la 1ª, 2ª y 4ª (todas las cuales se perdieron en la campaña del norte de África). A finales de 1942 se estaban formando una cuarta división (la "M") y una quinta (la "Africa").

Mussolini también programó crear 142 batallones de combate de la MVSN de 650 hombres cada uno para proporcionar un grupo de asalto (Gruppo di Assalto) a cada división regular. Estos grupos estaban formados por dos cohortes, cada una formada por 3 centurias de 3 manípulos con tres escuadras cada una, más una compañía de apoyo (Gruppo Supporto) de dos manípulos con tres ametralladoras pesadas cada uno y dos manípulos de morteros de 81 mm, cada uno con dos piezas.

La experiencia operativa demostró que las divisiones binarias del ejército italiano eran demasiado pequeñas y carecían de poder de fuego y armamento pesado. Para suplir dicha carencia a finales de 1941 se crearon grupos móviles para constituir el tercer regimiento de cada división del ejército italiano. Estos grupos móviles sufrieron muchas bajas debido a que estaban mal mandados, mal equipados y mal entrenados. Las tres divisiones fueron destruidas en combate en el norte de África. Las divisiones del MVSN combatieron en todos los escenarios en los que lo hizo el ejército italiano.

Desde octubre de 1940 al final de la campaña de Grecia en abril de 1941, la MVSN desplegó 56 batallones. Las bajas fueron muy graves: se perdieron 27 batallones y otros 7 tuvieron que ser fusionados.

Al final de la campaña los batallones que se habían distinguido en combate se transformaron en "batallones M", la flor y nata de los batallones de la MVSN. Su símbolo era una "M" roja atravesada por un hacha dorada. La "M" era el acrónimo de "Mussolini", y en su himno se autoproclamaban "batallones de la muerte creados para la vida".

Los primeros batallones en transformarse en "M" fueron los de la agrupación del generalGalbiati y los dos de la Legión Leonessa, formados por soldados procecenes de Brescia.

Las tres divisiones presentes en el norte de África resistieron la ofensiva inglesa que terminó por ocupar Cirenaica.

El 10 de junio de 1940 había 255.950 hombres en las colonias italianas de África oriental, distribuidos de la siguiente forma: 181.895 soldados coloniales, 47.412 del ejército real y 26.643 de la MVSN. En África Oriental las tropas de la MVSN (unos 30 batallones) tomaron parte en las operaciones contra la Somalia británica, en la batalla de Cheren, la caída de Gondar en noviembre de 1941 y combatiendo como bandas aramadas en la provincia de Galla Sidama.

La ofensiva soviética de 1942 conllevó la destrucción de cerca de 12 batallones de la MSVN (cayeron cerca del 90% de los comandantes de batallón, el 70% de los oficiales y el 55% de los soldados).

En mayo de 1943 se creó la división acorazada Camicie Nere M, compuesta por alrededor de 5.700 hombres, veteranos de los frentes griego y ruso y de voluntarios. El mantenimiento logístico de la unidad estaba a cargo de los alemanes. Disponía de 36 blindados (tanques Pz.IV G. y Pz.III N, y cañones de asalto StuG III), cañones anticarro y antiaéreos de 88 mm. Ese mismo año algunos batallones de asalto y consteros de la MVSN participaron en la defensa de la costa siciliana contra los desembarcos aliados.

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