Jardines del Retiro

3.4310924369867 (1190)
Publicado por roy 01/03/2009 @ 03:05

Tags : jardines del retiro, madrid, españa

últimas noticias
El rey Larsson en los jardines del parque del Retiro - elmundo.es
Anoche se presentaba en el madrileño parque del Retiro 'La reina en el palacio de las corrientes de aire', último volumen de la aclamada trilogía que arrasa en librerías (la tirada inicial de 500.000 ejemplares está a punto de esfumarse y ya se están...
Loriga ya duerme, As Avenidas arden - Faro de Vigo
Miles de jóvenes realizaron "botellón" a lo largo del paseo y los jardines de As Avenidas durante la madrugada del sábado. A. Blanco ALBERTO BLANCO El "botellón" ya es historia en Joaquín Loriga. La prohibición de esta práctica etílica,...
17 días para disfrutar de la lectura - Cinco Días
Público que se queda en casa o que encamina sus pasos hacia los jardines del Retiro en busca de las firmas más deseadas. Pero este año el tiempo sonríe en su inicio a la Feria, uno de los grandes acontecimientos culturales que se celebran en España....
4-1. Correia controla en la loma y Kouzmanoff y Blanco jonronean - Qué.es
Correia (4-5) lanzó seis entradas y dos tercios, permitió dos imparables, una carrera, dio una base y retiró a siete por la vía del ponche para conseguir la victoria. EFE/Archivo Correia (4-5) lanzó seis entradas y dos tercios, permitió dos imparables,...
Aficionados al deporte inundan las calles de Madrid - COPE
El Retiro, el parque Juan Carlos I y el del Oeste acogieron las exhibiciones organizadas ayer por el Ayuntamiento con motivo del Día del Deporte. Una jornada en la que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, inauguraba una exposición sobre...
Asestan Ejército y PFP golpe a la piratería - Milenio
Según los datos proporcionados, un sujeto de nombre Gabriel Romero Ayala, de 52 años, habitante de la colonia Jardines de Anáhuac, en San Nicolás, y de apodo El Gabyes el cabecilla de la banda, además de otros como El Toño, José y El Chino....
Ripollés realiza un 'happening' con estudiantes de Arte en el ... - ADN.es
En nombre del consistorio madrileño recibió la donación la Delegada del Área de Medio Ambiente, de la que dependen los Jardines del Buen Retiro, Ana Botella. Debido al éxito en afluencia de público, coincidente también con la celebración de la Feria...
Los jardineros denuncian un proceso de privatización - El País (España)
De los 30 funcionarios incorporados entonces a Parques y Jardines, hoy Patrimonio Verde, ninguno lo ha hecho al Retiro desde entonces, aseguran. La plantilla municipal del parque, con 119 hectáreas y 21.000 árboles, se compone hoy de 107 personas,...
Jardineros de El Retiro protestan con manzanas y peras contra Ana ... - Europa Press
OO. de parques y jardines del Ayuntamiento, Gema Sánchez, recordó que hay un acuerdo con el consistorio desde 2005 para la contratación de 26 interinos que "no se quiere cumplir", mientras que se contrató a 40 peones de una empresa privada que recibió...
«¿A 'Pocerolandia'? No me voy ni aunque me regalen un piso» - elmundo.es
Y todos son a estrenar, en urbanización con piscina, jardines, pistas deportivas... Razón: compradores de las viviendas que Francisco Hernando (mediáticamente bautizado como 'Paco el Pocero') ideó para la localidad toledana de Seseña....

Jardines del Retiro de Madrid

Casón del Buen Retiro desde El Retiro

Los Jardines del Buen Retiro, popularmente conocidos como El Retiro, son un parque de 118 hectáreas situado en Madrid. Es uno de los lugares más significativos de la capital española.

Los Jardines tienen su origen entre los años 1630 y 1640, cuando el Conde-Duque de Olivares (Don Gaspar de Guzmán y Pimentel), valido de Felipe IV (1621–1665), le regaló al rey unos terrenos que le habían sido cedidos por el Duque de Fernán Núñez para el recreo de la Corte en torno al Monasterio de los Jerónimos de Madrid. Así, con la reforma del Cuarto Real que había junto al Monasterio, se inició la construcción del Palacio del Buen Retiro. Contaba entonces con unas 145 hectáreas. Aunque esta segunda residencia real iba a estar en lo que en aquellos tiempos eran las afueras de la villa de Madrid, no estaba excesivamente lejos del alcázar y resultó ser un lugar muy agradable por estar en una zona muy boscosa y fresca.

Bajo la dirección de los arquitectos Giovanni Battista Crescenzi y Alonso Carbonell se construyeron diversos edificios, entre ellos el teatro del Buen Retiro que acogió representaciones teatrales de los grandes del Siglo de Oro, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Perduran aún el Casón del Buen Retiro, antiguo Salón de Baile, el Museo del Ejército, antaño Salón de Reinos con sus paredes decoradas con pinturas de Velázquez, Zurbarán y frescos de Lucas Jordán y los jardines.

Éstos se levantaron al mismo tiempo que el palacio, trabajando en ellos, entre otros, Cosme Lotti, escenógrafo del Gran Duque de Toscana, y edificándose una leonera para la exhibición de animales salvajes y una pajarera para aves exóticas. El estanque grande, escenario de naumaquias y espectáculos acuáticos, el estanque ochavado o de las campanillas y la ría chica pertenecen a este período inicial.

A lo largo de la historia, en este conjunto se han ido efectuando modificaciones, no siempre planificadas, que cambiaron la fisonomía del jardín, como el Parterre diseñado durante el reinado de Felipe V (1700–1746), la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro en tiempos de Carlos III (1759–1788) o el Observatorio Astronómico, obra de Juan de Villanueva, reinando Carlos IV (1788–1808). El rey Carlos III fue el primero en permitir el acceso de los ciudadanos al recinto, siempre que cumpliesen con la condición de ir bien aseados y vestidos.

Durante la invasión francesa, en 1808, los jardines quedaron parcialmente destruidos al ser utilizados como fortificación por las tropas de Napoleón. El palacio es totalmente destruido.

Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII (1814–1833) inició su reconstrucción y abrió una parte del jardín al pueblo, como ya hiciera Carlos III. El monarca se reservó una zona, entre las calles de O'Donnell y Menéndez Pelayo, donde construyó una serie de edificios de recreo siguiendo la moda paisajística de la época, conservándose aún a (principios del siglo XXI) la casa del pescador, la casa del contrabandista y la montaña artificial.

Reinando Isabel II (1833–1868) se abrió la calle de Granada, calle que más tarde se llamaría de Alfonso XII, vendiéndose al estado los terrenos comprendidos entre ésta y el Paseo del Prado que fueron urbanizados por particulares.

Tras la revolución de 1868, la Gloriosa, los jardines pasan a se propiedad municipal y sus puertas se abrieron a todos los ciudadanos, comenzando una época en la cual, la ría grande y el estanque de San Antonio de los Portugueses se transformaron en Paseo de Coches. Se colocaron las fuentes de los Galápagos y de la Alcachofa, realizándose la fuente del Ángel Caído, obra de Ricardo Bellver. En el Campo Grande se edificaron el Palacio de Cristal del Retiro y el Palacio de Velázquez, obra de Ricardo Velázquez Bosco. En esta época, concretamente a finales del siglo XIX, transcurre la novela que Pío Baroja tituló Los Jardines del Buen Retiro, en la que se narra la vida de la capital en torno a este enclave.

Las últimas obras de ajardinamiento fueron las ejecutadas por el jardinero mayor Cecilio Rodríguez, que diseñó la rosaleda y los jardines que llevan su nombre.

El Paseo de la Argentina del Retiro es conocido popularmente como Paseo de las Estatuas, pues está flanqueado por una serie de ellas dedicadas a todos los monarcas de España y mandadas hacer para la decoración del Palacio Real de Madrid, durante el reinado de Fernando VI. En un principio la idea era que adornasen la cornisa del palacio.

Las estatuas fueron realizadas por varios autores, bajo la dirección de los escultores de la Corte Domenico Olivieri y Felipe de Castro. Parece ser que nunca llegaron a su destino, debido a una pesadilla de la Reina, que soñó que todas las estatuas situadas sobre el Palacio Real se derrumbaban sobre ella. Por esta razón, se colocaron en distintos lugares de la ciudad (Plaza de Oriente, El Retiro, Jardines de Sabatini) y algunas incluso se llevaron a otras provincias.

Ramón Berenguer IV.

Doña Berenguela.

Doña Urraca.

Fernando IV de León y Castilla.

Sancho IV de León y Castilla.

Carlos II de España.

Alfonso I de Aragón.

García I de León.

Carlos I de España.

La Puerta de España (1893) es obra de José Urioste y Velada (1850-1909), arquitecto y urbanista que acometió profundas reformas en Madrid, como el ensanche de la Gran Vía. Es la entrada a El Retiro desde la calle Alfonso XII. Tras cruzarla, el Paseo de la Argentina nos lleva hasta el estanque.

Cecilio Rodríguez, jardinero Mayor del Retiro y Director de departamento de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Madrid, realiza en 1915 la Rosaleda del Retiro.

La idea partió del alcalde Carlos Prats, quien le sugirió la necesidad de hacer una rosaleda a la moda de las existentes en diversos parques europeos.

La Rosaleda de Bagatelle, en el Bois de Boulogne de París, creada por Jean-Nicolas Forestier, se convirtió en el modelo a seguir. Cecilio Rodríguez viajó a París para estudiarla y traer las primeras rosas. Durante su estancia estalló la guerra mundial y pasó muchas dificultades para poder volver a España.

El emplazamiento elegido fue la zona donde se levanta la magnífica estufa del Marqués de Salamanca, trasladada a este emplazamiento en 1876 desde su primitiva ubicación en el jardín del palacio que poseía el marqués en el Paseo de Recoletos. En torno a este invernadero se desarrolló la rosaleda. Este desaparecía en la Guerra Civil.

Con anterioridad a la colocación del invernadero en esta zona se encontraba el lago de patinar, un lago artificial que se helaba en invierno.

La rosaleda se diseñó sobre una base elíptica, limitada por setos recortados de arizónica, la forman una gran variedad de rosas traídas desde los más famosos jardines de Europa. Aunque quedaron totalmente destruidos en la Guerra Civil, en 1941 se plantaron 4.000 rosales. A pesar de su belleza falta una ordenación sistemática y un claro carácter expositivo de las distintas rosas que lo componen. Para remediar esta carencia, el 24 de mayo de 1956, se inauguraba una nueva rosaleda en el Parque del Oeste de Madrid, ejecutada con arreglo a un riguroso criterio botánico para que en ella se celebrase anualmente el concurso de rosas.

Diseñada por Ventura Rodríguez y decorada con esculturas de Alfonso Giraldo Bergaz, que realizó los tritones y la sirena, y de Antonio Primo, que hizo los amorcillos y la alcachofa. Fue construida en 1781 y ubicada en las inmediaciones de la Puerta de Atocha, desde donde fue trasladada en el año 1880 por el arquitecto José Urioste y Velada a su actual emplazamiento en el ángulo sudoeste del estanque.

La fuente está realizada en piedra caliza, siendo la alcachofa de granito. Consta la fuente de dos cuerpos, el inferior con tritones sosteniendo el escudo de Madrid y el superior con cuatro putti y encima la alcachofa que le da nombre, todo ello en el centro de un pilón circular.

Tras la reforma de la Glorieta de Atocha se ha colocado en ella una reproducción en bronce de la original.

En la plaza del mismo nombre se erige desde 1885 la Fuente del Ángel Caído. Consta de una escultura realizada por el madrileño Ricardo Bellver en 1877 (y fundida en bronce al año siguiente) e inspirada en unos versos de El paraíso perdido (1667) de Milton, y un pedestal de granito, bronce y piedra diseñado por el arquitecto Francisco Jareño. En su parte inferior, los caños por lo que mana el agua representan caras de seres infernales.

Cerca de la fuente, en el suelo, puede encontrarse el punto de localización de coordenadas del Instituto Cartográfico Nacional número 7664, que certifica que la estatua está a 666 metros sobre el nivel del mar medio en Alicante, medida oficial de altitud en España.

Es sin lugar a dudas el edificio más sobresaliente de los jardines. El Palacio de Cristal, junto con el lago artificial, fue levantado en 1887. Ambos nacen con vocación internacional, con motivo de la Exposición de las Islas Filipinas, donde se dieron a conocer flores diversas de ese lugar. Fue la respuesta española a los magníficos invernaderos ingleses como el Palm House de Kew Gardens.

En el lago, a los pies del Palacio de Cristal (existe una escalera que se sumerge dentro de él), se pueden encontrar varios ejemplares del Ciprés de los pantanos (Taxodium distichum), con la particularidad que tienen sus raíces y parte del tronco sumergido. El edificio está rodeado de Castaños de Indias (Aesculus hippocastanum) de envergadura considerable, que acrecientan esa atmósfera de romanticismo de principios de siglo.

Desde hace años contiene exposiciones temporales del arte contemporáneo.

La montaña artificial, aunque es llamada montaña artificial de los gatos junto con otras notables mejoras fue realizada en 1815 por orden de Fernando VII.

Más allá de la historia de los Jardines, estos han sido tomados por los ciudadanos, paseantes, ciclistas y patinadores. Frente al Monumento de S.M. Alfonso XII, se colocan todo tipo de tenderetes, titiriteros, echadores de cartas y pequeños grupos de músicos. Hacen que el paseo por los jardines sea ameno y disfrute de sus 23.000 árboles.

La Casa de Fieras (zoológico), creada por Fernando VII y mejorada por Isabel II estuvo en lo que hoy son los jardines de Herrero de Palacios hasta 1972, año en que se trasladó a la Casa de Campo de Madrid.

Al principio



Madrid de los Austrias

Localización del Madrid de los Austrias en una imagen satelital del casco urbano de la ciudad, tomada en 2002.

Por Madrid de los Austrias se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Coirte en Madrid.

A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona.

Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516-1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665-1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621-1665).

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

Extramuros, se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

La Cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556-1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la Cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de san Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza.

En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre la urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10.000 y 20.000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona. El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de la Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de la Vega y Alonso de Covarrubias.

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 en el número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de san Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de san Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

El Convento de san Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban. El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

Otro templo de la época es la Iglesia de san Sebastián (1554-1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I. Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de san Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia (Cáceres), su principal impulsor.

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de san Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de san Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436-1517), de quien toma su nombre.

En el año 1561, Felipe II (r. 1556-1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10.000-20.000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35.000-45.000 en el año 1575 y a más de 100.000 a finales del siglo XVI.

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de san Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7.590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2.250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582-1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de san Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo. De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español. En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574-1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598-1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250.000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614-1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas. En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de san Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610-1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734; y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana, aunque también se observan rasgos prebarrocos.

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de san Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611-1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de san Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de san Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval. Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Francisco Carreño y Francisco Ricci.

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

Felipe IV (r. 1621-1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura. Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español.

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

Felipe IV fue el mayor coleccionista de arte de su época, afición que, por influencia e imitación, se hizo extensiva a muchas familias nobiliarias instaladas en la Corte. Su interés por la pintura atrajo hacia Madrid a artistas que, como Zurbarán, Rubens o Velázquez, trabajaron en la decoración de los palacios reales. Mención especial merece la figura de Velázquez, que estuvo bajo el mecenazgo del monarca a lo largo de casi cuarenta años.

Los regalos, compras y encargos realizados por el rey incrementaron los fondos de la Corona en más de 800 cuadros, entre los que figuraban varias obras maestras de la pintura europea de los siglos XV, XVI y XVII. La mayoría de ellos se encuentran en la actualidad en el Museo del Prado.

El epicentro de la colección de Felipe IV fue el Real Alcázar, edificio al que también se hicieron llegar los cuadros adquiridos por Felipe III, que estaban reunidos, en su mayoría, en el Palacio Real de El Pardo. El traslado se realizó entre 1622 y 1625.

Los proyectos arquitectónicos surgidos a iniciativa del monarca también contaron con relevantes pinacotecas. Es el caso de la Torre de la Parada, donde se exhibían lienzos de Vicente Carducho, Rubens y Velázquez, del Palacio de la Zarzuela y del Palacio del Buen Retiro.

La decoración del Salón del Reino, una de las dependencias más suntuosas de este último conjunto, fue ideada por Velázquez, quien combinó trabajos de su propia autoría (entre ellos La rendición de Breda y El príncipe Baltasar Carlos a caballo) con obras de otros artistas, como Zurbarán, Jusepe Leonardo y Juan Bautista Maíno, entre otros.

A lo largo del siglo XVII, se fue desarrollando la llamada escuela madrileña de pintura, que aglutinó a varias generaciones de artistas, entre los que destacan, ya dentro del reinado de Carlos II, Juan Carreño de Miranda y Claudio Coello.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares, en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso de Carbonell la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas. La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

La arquitectura civil tiene en el Palacio de santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de san Isidro, la Ermita de san Antonio de los Portugueses y el Convento de san Plácido.

La Colegiata de san Isidro (1622-1664) fue fundada como la iglesia del antiguo Colegio Imperial, situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto de Pedro Sánchez del año 1620, desarrollado, a partir de 1633, por Francisco Bautista y Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

La Ermita de san Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artifical, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso de Carbonell y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

El edificio actual del Convento de san Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

La Capilla de san Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de san Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de san Francisco (1662-1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de san Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando.

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634-1640).

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras. Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665-1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de san Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo. Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670-1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

Las rutas turísticas que utilizan la expresión Madrid de los Austrias recorren la zona de mayor concentración monumental del espacio urbano comprendido dentro de la Cerca de Felipe IV, localizada en una parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio.

En estos itinerarios prevalecen criterios de proximidad geográfica por encima de los estrictamente históricos y así, junto a los conjuntos monumentales de los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la Casa de Austria, son promocionados los construidos en otras épocas, por su cercanía con aquellos.

La calle Mayor, que en la actualidad se extiende desde la Puerta del Sol hasta la Cuesta de la Vega, constaba de cuatro tramos diferenciados en los siglos XVI y XVII, cada uno con una denominación distinta.

Con tal nombre sólo se conocía la parte extramuros, comprendida entre la Puerta del Sol y la plaza del Comandante de las Morenas. Desde aquí hasta la calle de los Milaneses, era designada como Puerta de Guadalaxara (por ubicarse en este enclave el principal acceso de la antigua muralla cristiana). Hasta la Plaza de la Villa, se utilizaba la expresión de Platerías, dada la abundancia de comercios de este tipo; y hasta la Cuesta de la Vega, era designada como calle de la Almudena, por la desaparecida iglesia del mismo nombre, fundada sobre una primitiva mezquita.

La calle Mayor fue una de las más importantes del Madrid de los Austrias, al comunicar la zona del Real Alcázar con la Puerta del Sol y, desde aquí, con los caminos de Alcalá de Henares y de los Jerónimos, dos de las principales salidas de la ciudad.

Configurada por edificios entre tres y cuatro alturas, con soportales, destacó por su intensa actividad mercantil. En su entorno se instalaron los gremios artesanales especializados en artículos de lujo, tales como como joyeros, plateros, sederos, bordadores de encajes y zapateros, entre otros.

Además de constituir un relevante foco comercial, fue el lugar de residencia de diferentes familias nobiliarias durante el siglo XVII. Aún se conservan los palacios del marqués de Camarasa, de los Consejos y del duque de Abrantes, este último con profundas transformaciones en relación con su aspecto original, fruto de las dos remodelaciones llevadas a cabo en el siglo XIX, en las cuales se cambió su fachada principal y se demolieron sus dos torres laterales, de inspiración herreriana. Entre los palacios desaparecidos, figura el del conde de Oñate.

La calle también tuvo un fuerte carácter institucional. En su tramo intermedio, enfrentada a la Plaza de la Villa, estuvo la Parroquia del Salvador, donde el Concejo de Madrid celebraba sus juntas hasta la construcción de la Casa de la Villa. También fue escenario de numerosos actos públicos, como desfiles y procesiones. Con el fin de que la Familia Real pudiera contemplar los mismos, el arquitecto Juan de Villanueva incorporó en la fachada septentrional de la Casa de la Villa, que da a la calle Mayor, la llamada galería de columnas toscanas (1789).

En la calle Mayor tuvieron lugar distintos episodios históricos. En 1578 fue muerto a estoque Juan Escobedo, secretario del Consejo de Hacienda durante el reinado de Felipe II, y en 1622 fue asesinado Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana. El 31 de mayo de 1906 se produjo un atentado fallido contra el rey Alfonso XIII y su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg, durante el desfile celebrado el día de su boda. En la confluencia de las calles Mayor y Sacramento, se encuentra situado un monumento conmemorativo, que recuerda a las víctimas del suceso.

Lope de Vega (1562-1635) nació en el número 50 de la calle y Calderón de la Barca (1600-1681) murió en el número 61, en la denominada casa estrecha, donde residía con su hija adoptiva, María Calderón la Calderona, actriz de teatro y amante de Felipe IV.

Junto a los conjuntos monumentales de la época de los Austrias, señalados anteriormente, la calle Mayor posee atractivos turísticos de periodos posteriores. Es el caso del edificio de la Compañía Colonial, de estilo modernista; de la farmacia de la Reina Madre, fundada en 1913, sobre un antiguo establecimiento que proveía medicamentos a la reina Isabel de Farnesio (1692-1766), de quien toma su nombre; y de la pastelería El Riojano, inaugurada en 1855 y prototipo del comercio tradicional del siglo XIX.

En el entorno de la calle Mayor, se hallan las plazas Mayor y de la Villa, ubicadas junto a su cara meridional. En esta parte se levanta también el Mercado de san Miguel (1913-1916), que mantiene intacta su estructura original de hierro.

Cerca de su tramo final, se encuentran la Catedral Arzobispal Castrense y la Iglesia de san Nicolás de los Servitas, una de las más antiguas de la ciudad. Esta última aparece citada en el Fuero de Madrid de 1202 y su elemento de mayor interés arquitectónico es su torre mudéjar, con arquerías ciegas, que data probablemente del siglo XII. Aquí fue enterrado el arquitecto Juan de Herrera en el año 1597.

En las proximidades de este templo, se halla el Cuartel de san Nicolás, edificio del siglo XVI, que sirvió de residencia a los condes de Chinchón y más tarde al marqués de Tolosa.

La Plaza de la Villa fue uno de los núcleos más transitados del Madrid medieval, por su ubicación a medio camino entre la Puerta de Guadalaxara y la de la Vega, situadas en los extremos oriental y occidental, respectivamente, de la desaparecida muralla cristiana.

En el siglo XV, el rey Enrique IV de Castilla (1425-1474) impulsó su urbanización, coincidiendo con la otorgación del título de Muy Noble y Muy Leal a la ciudad, al tiempo que cambió su nombre primitivo, Plaza del Salvador, por el actual.

La cara occidental de la plaza está presidida por la Casa de la Villa, proyectada en el primer tercio del siglo XVII. En el lado oriental se encuentra el conjunto formado por la Casa y Torre de los Lujanes, uno de los edificios civiles más antiguos que se conservan en Madrid, y la Casa de Álvaro de Luján (1494). En el meridional se alza la Casa de Cisneros.

La Casa y Torre de los Lujanes data del siglo XV. Es de estilo gótico-mudéjar y en su portada principal hay instalados varios escudos de la familia de los Lujanes, su primera propietaria. Según la tradición, en el torreón estuvo alojado el rey Francisco I de Francia (1494-1547), hecho prisionero en la Batalla de Pavía (1525).

La Casa de Cisneros fue levantada en el año 1537. Toma su nombre de Benito Jiménez de Cisneros, su promotor y sobrino del cardenal Cisneros (1436-1517). La fachada que da la plaza es una construcción historicista de principios del siglo XX, realizada por Luis Bellido y González, mientras que la situada en la calle de Sacramento es la original plateresca. Está unida con Casa de la Villa mediante un pasadizo, obra del citado arquitecto, que salva la calle de Madrid.

En el centro del recinto se alza el Monumento a Álvaro de Bazán, erigido en 1888 a iniciativa municipal. La estatua, realizada en bronce, se debe a Mariano Benlliure.

Durante el siglo XV, la Plaza del Arrabal fue el centro comercial de la villa, donde se celebraban los mercados más importantes. Esta función desapareció en el siglo XVI, cuando Felipe II encargó a Juan de Herrera la primera ordenación urbanística del enclave y, definitivamente, con el diseño de Juan Gómez de Mora, llevado a cabo durante el reinado de Felipe III, el principal impulsor de la Plaza Mayor.

La plaza fue concebida como un espacio cortesano y escenario de los principales actos públicos, tanto los de carácter civil como los religiosos. Ha sufrido tres grandes incendios a lo largo de la historia, el último de los cuales, acaecido en 1790, dio lugar a su última gran remodelación, realizada por el arquitecto Juan de Villanueva.

Éste transformó el trazado original, reduciendo el número de plantas de los edificios circundantes, de cinco a tres, con objeto de homogoneizar la altura de todo el conjunto a partir de la referencia marcada por la Casa de la Panadería. También cerró completamente el perímetro del recinto, a partir de un sistema de accesos dispuestos en grandes arcadas, que sustituyó a las vías abiertas del diseño primitivo.

La plaza está porticada y tiene planta rectangular. Sus lados septentrional y meridional, de 129 m de largo cada uno, están presididos por las Casas de la Panadería y de la Carnicería, respectivamente. Los otros dos tienen una longitud de 94 m. En su parte central se encuentra la estatua ecuestre de Felipe III (1616), orientada al oeste.

La construcción de la Plaza Mayor significó la ordenación urbanística de su entorno más inmediato. La Cava de san Miguel, vía que bordea la plaza por su cara occidental, fue una de las zonas más afectadas, junto con la calle de Toledo, que arranca en el lado meridional.

En la Cava de san Miguel fue necesario reconstruir la práctica totalidad del caserío existente en la acera impar, para salvar el desnivel existente. Se elevó la altura de los inmuebles aquí situados hasta un total de ocho plantas, algo insólito en las viviendas de la época, si bien, durante la remodelación de Juan de Villanueva, fueron suprimidas dos.

En esta reforma se levantó el Arco de Cuchilleros, uno de los nueve accesos de la Plaza Mayor, que comunica ésta con la Cava de san Miguel y la calle de Cuchilleros, atravesando los bajos de los citados edificios.

También se intervino sobre el tramo inicial de la calle de Toledo, con la realización del llamado Portal de Cofreros, conjunto de viviendas de tres y cuatro plantas, que presentan soportales adintelados en su parte inferior. Fueron proyectados por Juan Gómez de Mora en el siglo XVII, pero su aspecto actual se debe al proyecto ideado por Villanueva en el siglo XVIII.

La Plaza Mayor, uno de los lugares más visitados de Madrid, reúne numerosos establecimientos de hostelería y comercio en su área de influencia. Cabe destacar los mesones de la Cava de san Miguel y de la calle de Cuchilleros, así como el restaurante Sobrino de Botín, ubicado en esta última vía. Fue fundado en 1725 como Casa Botín y está considerado uno de los más antiguos del mundo.

Por su parte, la Posada del Peine tiene su origen en 1610. Situada en la confluencia de las calles del Marqués Viudo de Pontejos y de las Postas, alberga en la actualidad un moderno hotel. Consta de dos edificios, uno de los cuales aún conserva la fachada original de principios del siglo XVII.

Las calles de san Justo y Sacramento, junto con la Plaza del Cordón, conforman un único eje viario, mediante el cual se comunica, siguiendo la dirección sudeste-noroeste, la Plaza de Puerta Cerrada con la calles Mayor y Pretil de los Consejos. Esta zona destaca por su elevada concentración de palacios y casas nobiliarias, que reflejan la función residencial desarrollada en los siglos XVI, XVII y XVIII.

La calle de san Justo tuvo además un fuerte componente religioso. En ella se encontraba la iglesia medieval de los Santos Justo y Pastor, anterior al siglo XIII, que desapareció en 1690 en un incendio. Sobre su solar, el arquitecto Santiago Bonavía construyó la Basílica Pontificia de san Miguel (1739-1745), un templo de clara influencia italiana, en el que sobresale su fachada convexa, única en el barroco madrileño.

Junto a este edificio se halla el Palacio Arzobispal, también barroco, promovido por el cardenal-infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio y el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, en el siglo XVIII.

En el tramo final de esta vía, se sitúa la Casa de Iván de Vargas, donde, según la tradición, vivió el patrono que dio trabajo y cobijo a san Isidro. Se desconoce el origen exacto del edificio, aunque se sabe que fue reformado entre los siglos XVI y XVII. El Ayuntamiento de Madrid procedió a su demolición en 2002, ante su mal estado de conservación, y está prevista la inauguración de una réplica en 2009.

La Plaza del Cordón actúa como línea divisoria entre las calles de san Justo y Sacramento. Este pequeño recinto está presidido, en su lado meridional, por el Palacio del Cordón (1692), del que toma su nombre; y, en el septentrional, por la fachada plateresca de la Casa de Cisneros (1537), que también da la Plaza de la Villa, por su cara norte.

En lo que respecta a la calle de Sacramento, hay que mencionar tres construcciones de interés histórico-artístico: los jardines del Palacio del marqués de Camarasa, cuya fachada principal se encuentra en la calle Mayor; el Palacio del conde O'Reilly, proyectado por Pedro Hernández en 1725; y la Catedral Arzobispal Castrense, mencionada anteriormente, que formaba parte del desaparecido Convento del santísimo Sacramento, al que la calle debe su topónimo.

Este convento fue fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, duque de Uceda y valido de Felipe III, como un anexo del Palacio de los Consejos (en la calle Mayor), donde residía. En los años setenta del siglo XX fue derribado y su solar lo ocupa actualmente un bloque de viviendas.

Los jardines conventuales son los únicos restos que se conservan. Se extienden sobre un terraplén artificial, situado en la parte posterior del citado edificio, que da a la Plaza de la Cruz Verde.

En las inmediaciones de la calle de san Justo, hacia el norte, se encuentran las plazas del conde de Barajas, donde estuvo el palacio homónimo, y del conde de Miranda. En esta última tiene su acceso principal el Monasterio del Corpus Christi (o de las Carboneras), fundado en 1607 por Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar. Es una de las pocas construcciones del Madrid de los Austrias que no ha sido objeto de grandes reformas o transformaciones posteriores.

Junto a este edificio, se halla la Casa-Palacio de los condes de Miranda, del siglo XVII. Presenta tres alturas y sigue el modelo imperante en la época de reservar la planta intermedia a la residencia nobiliaria y la baja a los servicios domésticos y a las estancias de los criados.

La Plaza de la Provincia se encuentra al sudeste de la Plaza Mayor. En sus caras septentrional y occidental está porticada, mediante soportales adintelados, mientras que, hacia el este, el recinto queda abierto a través de la contigua plaza de Santa Cruz y el tramo inicial de la calle de Atocha.

El Palacio de santa Cruz, que se eleva sobre su lado meridional, define el conjunto. Su fachada principal, inspirada en la arquitectura clásica italiana y española, destaca por la simetría de su composición y por el bicromatismo de los materiales de construcción, procedente de los tonos rojizos del ladrillo empleado en los lienzos y de los grisáceos de la piedra de granito, instalada en la portada y en las dovelas que recorren los vanos y las esquinas de las torres laterales.

En uno de los extremos de la plaza, se ubica la Fuente de Orfeo, reproducción de finales del siglo XX de la estructura original del siglo XVII. Ésta fue diseñada por el arquitecto Juan Gómez de Mora y esculpida por Gaspar Ordóñez en 1629. Se demolió en 1865, si bien el grupo escultórico que preside la fuente, en el que se representa al personaje mitológico de Orfeo, se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. En sus inmediaciones, se encuentra un monumento que recuerda el ingreso de España en la Unión Europea en el año 1986.

Por su parte, la Plaza de santa Cruz es un espacio rectangular, que aparece porticado únicamente por su frente occidental. Se extiende sobre el solar de la desaparecida Iglesia de santa Cruz, de la que toma su denominación. Este templo, fundado en el siglo XIII para conmemorar el triunfo de Alfonso VIII de Castilla en la Batalla de las Navas de Tolosa y derribado en 1868, fue uno de los más importantes del Madrid medieval, dado su emplazamiento en uno de los arrabales de mayor expansión demográfica. Su torre, conocida, a partir del siglo XVI, como Atalaya de la Corte, medía 144 pies de altura y era una de las más altas de la villa.

La Iglesia de santa Cruz fue refundada a finales del siglo XIX, muy cerca de su emplazamiento original, al inicio de la calle de Atocha. El edificio actual, construido entre 1889 y 1902 por el arquitecto Francisco de Cubas, es de estilo neogótico y consta de una sola nave, con ocho capillas laterales. Su fachada está formada por un gran arco apuntado, con arquivoltas, cuya parte interior está decorada con un relieve de Aniceto Marinas. La torre, de 85 m, emula en altura a la medieval.

En la calle de la Bolsa, que enlaza la Plaza de santa Cruz con la de Jacinto Benavente, se halla la llamada Capilla de la Bolsa, de estilo barroco, hoy convertida en restaurante. Estuvo adscrita a la Parroquia de santa Cruz y, en el siglo siglo XIX, pasó a formar parte del edificio que albergó las primeras instalaciones de la Bolsa de Madrid.

Al final de la calle, se levanta la Casa de los Cinco Gremios, cuyas obras se iniciaron en 1788, a partir de un proyecto de José de la Ballina. Fue la sede de la asociación de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, formada por sederos, pañeros, lenceros, joyeros y merceros y constituida a finales del siglo XVII.

El Palacio del duque de Rivas (o de Viana) está situado en la calle de Concepción Jerónima, junto a la parte posterior del Palacio de Santa Cruz. Tiene sus orígenes en 1499, cuando se construyó una primitiva casa solariega de estilo renacentista, si bien el edificio actual es del siglo XVIII, con profundas transformaciones llevadas a cabo en 1843 por el arquitecto Francisco Javier Mariategui.

El tramo inicial de la calle de Toledo, que va desde la Plaza Mayor hasta la Puerta de Toledo, se configuró en los siglos XV, XVI y XVII, a partir del camino que conducía a la actual capital castellano-manchega.

El Portal de Cofreros, la Colegiata de san Isidro y los Reales Estudios de san Isidro, que ocupan las antiguas dependencias del Colegio Imperial, son los únicos edificios de interés histórico-artístico de la época de los Austrias que han llegado a la actualidad.

En cambio, no se conserva ningún vestigio de la dinastía de los Trastámara, tras la demolición en 1904 del Hospital de La Latina y del convento homónimo, fundados en 1499 por Beatriz Galindo la Latina. Del complejo hospitalario se rescató su portada, que se exhibe en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, en la Ciudad Universitaria. Realizada en piedra de caliza, está formada por un arco en punta, sobre el que hay instalados dos escudos de armas y un grupo escultórico.

En su tramo final, la calle de Toledo se ensancha notablemente, fruto de los diferentes proyectos de ordenación llevados a cabo en tiempos de los Borbones. Esta parte se extiende desde la la Puerta de Toledo (1817-1827), concebida como un arco de entrada triunfal para el rey Fernando VII, hasta el puente homónimo (1719-1732), obra maestra del arquitecto Pedro de Ribera, concluida con Fernando VI.

Estas dos construcciones son herederas de distintos planes urbanísticos desarrollados en periodos anteriores. En el entorno del desaparecido Hospital de La Latina, cerca de la confluencia de la calle de Toledo con la Plaza de la Cebada, existió una primera puerta, que permitía el acceso a la ciudad a través de la Cerca de Enrique IV. En 1625, fue levantada la Cerca de Felipe IV, que rebasó el perímetro del casco urbano medieval, con lo que esta primitiva puerta quedó en desuso y se procedió a la edificación de una nueva.

Con respecto al puente, hubo dos anteriores, conocidos como de la Toledana. Fueron proyectados durante los reinados de Felipe IV y Carlos II y destruidos por sendas crecidas del río Manzanares. El segundo de ellos, incluso, fue objeto de una reconstrucción, que igualmente sucumbió ante las riadas.

La Fuentecilla también corresponde a la época de los Borbones. Se trata de una fuente monumental, erigida en honor de Fernando VII. Se terminó en el año 1815 y en su construcción se emplearon materiales procedentes de la desaparecida Fuente de la Abundancia (siglo XVII), atribuida a Alonso Cano, que estuvo en la Plaza de la Cebada.

En las inmediaciones de la calle de Toledo, se extiende la Plaza de Puerta Cerrada, que destaca por las pinturas murales de los edificios que conforman su contorno, realizadas en el siglo XX, durante el mandato de Enrique Tierno Galván; y por la cruz de piedra que preside su parte central, labrada en el siglo XIX.

En este recinto se encontraba una de las puertas de acceso de la antigua muralla cristiana. Conocida inicialmente como Puerta de la Culebra, en alusión al relieve de dragón instalado en su frontal, cambió su denominación cuando las autoridades municipales decidieron clausurarla, como medida para evitar los delitos que tenían lugar en su interior. Aún se conservan algunos restos de su pasado medieval, caso de algunos lienzos de la muralla, integrados en la estructura de diferentes inmuebles.

La plaza estuvo decorada con una fuente monumental, realizada en el siglo XVIII. Su grupo escultórico principal, dedicado a la diosa mitológica Diana, fue trasladado en 1850 a la Fuente de Diana Cazadora, situada en la Plaza de la Cruz Verde.

Otra de las plazas próximas a la calle de Toledo es la de la Cebada, surgida en el siglo XV, a extramuros de la Puerta de Moros. Nunca fue un lugar urbanizado, sino un espacio vacío, cuya amplitud fue aprovechada para la celebración de los mercados de cereales, legumbres y otros productos alimenticios. Debe su nombre a la costumbre de separar la cebada que iba destinada a los caballos de la Corona y la que iba a los regimientos de caballería.

En el siglo XIX, se construyó sobre su solar un mercado de 6.223 m² (1870-1875), en hierro y cristal, obra del arquitecto Mariano Calvo Pereira. Fue demolido en 1956 y sustituido por un nuevo mercado y un complejo polideportivo, que, según ha anunciado el Ayuntamiento de Madrid, van a ser objeto de una próxima ordenación urbanística.

Por su parte, las calles de la Cava Baja y Cava Alta se configuraron tras el derribo de la muralla cristiana. Su nombre proviene de los fosos existentes en la base de esta construcción militar, que, durante la Edad Media, eran utilizados como vías de escape en caso de situaciones de peligro. La zona fue un lugar de hospedaje entre los siglos XV y XIX y albergaba numerosas posadas, como la de Las Ánimas, la de Vulcano, la del Pavo Real o la de San José. Entre las más antiguas que se conservan figuran la de la Villa (1642), la de San Pedro o Mesón del Segoviano (1720) y la del Dragón (1868), en la actualidad reconvertidas en restaurantes o tabernas o en desuso.

En el entorno de la Puerta de Toledo, en la zona de influencia de la Gran Vía de san Francisco, se encuentran la Iglesia de la Paloma (1896-1912), de estilo neomudéjar, y el Hospital de la Venerable Orden Tercera Franciscana (1679-1686), articulado alrededor de un patio de dos plantas.

La Plaza de la Paja fue uno de los dos zocos con los que contaba la villa durante la dominación musulmana de la Península Ibérica. Con la conquista cristiana de Madrid (año 1085), se convirtió en el centro comercial de la ciudad, en menoscabo de la Plaza de la Villa, el otro de los zocos citados. A partir del siglo XV, perdió esta función, al crearse la Plaza del Arrabal (actual Plaza Mayor), donde se trasladaron los mercados más importantes.

La Iglesia de san Andrés, que se encuentra en las inmediaciones de la plaza, es el único resto medieval aún en pie, si bien hay que tener en cuenta que su aspecto actual corresponde a la remodelación realizada en el siglo XVII, tras arruinarse la capilla mayor. Entre las construcciones de la Edad Media desaparecidas, cabe señalar el Palacio de los Lasso de Vega, donde se alojaron en diferentes ocasiones los Reyes Católicos. Un pasadizo voladizo comunicaba este edificio con la iglesia, con objeto de que los monarcas tuvieran acceso directo a la misma.

En lo que respecta a la época de los Austrias, la plaza reúne uno de los monumentos de mayor valor arquitectónico y escultórico del reinado de Carlos I, entre los que se conservan en Madrid. La Capilla del Obispo (1520-1535) combina el gótico tardío, presente en su única nave y ábside poligonal, con el estilo plateresco, que puede apreciarse en su fachada septentrional y en su decoración interior. Su retablo mayor y los sepulcros en alabastro de Gutierre de Vargas y Carvajal, Francisco de Vargas e Inés Carvajal se deben al escultor Francisco Giralte.

Junto a este templo, se halla el Palacio de los Vargas, levantado en el siglo XVI y transformado sustancialmente en el siglo XX. Otro de los recintos de interés histórico-artístico de la plaza es el Jardín del Príncipe de Anglona, del siglo XVIII. Forma parte del palacio homónimo, que fue construido en el último tercio del siglo XVII, aunque también fue reformado posteriormente.

Muy cerca de la Plaza de la Paja, en la calle de Alfonso VI, está situado el Colegio de san Ildefonso, famoso porque sus alumnos cantan los premios de la Lotería de Navidad. Se trata del centro de enseñanza infantil más antiguo de Madrid, si bien sus orígenes no están claros. Su edificio actual data de finales del siglo XIX.

Otro recinto de interés histórico es la Plaza del Alamillo, un espacio irregular que, en la época islámica, albergó la sede del alamín, un tribunal musulmán, de donde posiblemente provenga su topónimo.

La calle de Segovia se extiende sobre el barranco del desaparecido arroyo de San Pedro, que, según las teorías más aceptadas, era conocido como Matrice (arroyo matriz, arroyo madre) en la época premusulmana. De este topónimo proviene probablemente el nombre de la ciudad.

Durante la dominación islámica, el riachuelo marcaba la línea divisoria entre el núcleo fundacional de Madrid, que quedaba en su lado norte, y el arrabal mozárabe surgido en la parte meridional de su cauce. Con la conquista cristiana de la villa en el siglo XI, esta última zona dio cobijo a la población morisca y pasó a ser conocida como Barrio de la Morería, topónimo que aún se mantiene.

Por entonces, la calle de Segovia no existía. Se configuró en el siglo XVI con la denominación de calle Real Nueva, en el contexto de un plan urbanístico, impulsado por Felipe II, con el que se pretendía comunicar el camino de Segovia con el Real Alcázar a través de una avenida de aire monumental.

El proyecto no pudo realizarse en su totalidad y las obras se limitaron al derribo de diferentes inmuebles y a la nivelación de los terrenos. Esto explica el desigual trazado de la vía, rectilíneo en sus últimos tramos (desde la Plaza de la Cruz Verde hasta su encuentro con el Puente de Segovia) y sinuoso en los iniciales, hasta entroncar con la Plaza de Puerta Cerrada.

El Puente de Segovia (1582-1584), atribuido a Juan de Herrera, es también fruto del citado plan urbanístico. Consta de nueve ojos, formados por arcos de medio punto almohadillados, y está construido enteramente en sillares de granito. Hubo un puente anterior, posiblemente del siglo XIV, cuyos restos fueron descubiertos en 2006, durante las obras de soterramiento de la M-30.

En sus inmediaciones, lindando con el Campo del Moro, se halla el Parque de Atenas (1971), que fue levantado sobre el solar del antiguo Campo de la Tela, donde el monarca celebraba juegos caballerescos.

El Viaducto de Segovia (1934) es tal vez la construcción que mejor define a la calle. Fue erigido en hormigón, para prolongar la calle de Bailén, que discurre por su parte superior. Salva el barranco del arroyo de San Pedro, por medio de tres bóvedas, de 35 m de luz y 23 m de altura en su punto máximo. A sus pies se encuentran los restos de la Casa del Pastor, del siglo XVIII. Sólo se conserva parcialmente una de sus fachadas, integrada en la estructura de un bloque de viviendas, en la que hay instalado un escudo de armas de Madrid del siglo XVI.

El edificio más antiguo de la calle es la Iglesia de san Pedro el Viejo, que destaca por su torre mudéjar, del siglo XIV. El templo presenta diferentes estilos, resultado de las reformas y ampliaciones ejecutadas entre los siglos XV y XVII. En su interior, cabe mencionar la Capilla de los Luján, del siglo XVI, y el retablo mayor, obra de Sebastián Benavente, terminada en 1671. Junto a este conjunto se alza el Palacio del Príncipe de Anglona.

La Plaza de la Cruz Verde se sitúa en el punto central de la calle de Segovia. Es de planta rectangular y está presidida por un terraplén artificial, en cuya parte superior se extienden los jardines del desaparecido Convento del santísimo Sacramento y, en la inferior, la Fuente de Diana cazadora (1850).

En las cercanías de la calle de Segovia se extiende la calle del Nuncio, que, como aquella, también tiene su origen en la Plaza de Puerta Cerrada. Toma su nombre del Palacio de la Nunciatura, construido en el siglo XVII y transformado hacia 1735 por el arquitecto Manuel de Moradillo. De estilo barroco, se estructura alrededor de un patio interior rectangular, en el que sobresale la galería de la planta baja, con bóvedas de arista.

En las inmediaciones de este edificio, se levanta la casa-palacio que sirve de sede de la Federación Española de Municipios y Provincias, de la segunda mitad del siglo XVI.

La Carrera de san Francisco es uno de los principales ejes viarios de La Latina, un barrio sin entidad administativa que toma su nombre del hospital fundado en 1499 por Beatriz Galindo la Latina.

Esta calle se fue configurando a lo largo de los siglos XVI y XVII alrededor del antiguo camino que conducía al convento medieval de san Francisco, surgido en el año 1217. Del primitivo edificio de esta institución religiosa no se conserva prácticamente ningún resto, ya que fue demolido en 1760 y sustituido por un nuevo complejo conventual, de mayores dimensiones, cuyo elemento arquitectónico más sobresaliente es, sin duda, la Real Basílica de san Francisco el Grande, de estilo neoclásico.

El citado templo fue proyectado en 1761 por Francisco Cabezas, quien concibió una estructura de planta circular, cubierta por una cúpula de 33 m de diámetro, que está considerada como una de las más grandes de la cristiandad. Las obras culminaron en 1776, bajo la dirección del arquitecto real Francesco Sabatini, autor de la fachada principal. La basílica también destaca por su suntuosa decoración interior, realizada en el siglo XIX, y por su pinacoteca, con cuadros de Goya y Zurbarán, entre otros artistas.

La Carrera de san Francisco sigue la dirección nordeste-suroeste. Arranca en la plaza de la Puerta de Moros, un ensanche de la propia calle donde confluyen otras tres plazas, la de los Carros, la de san Andrés y la del Humilladero. Todas ellas forman un único espacio, peatonalizado en su mayor parte, cuya continuidad queda únicamente rota por la presencia de una pequeña manzana de edificios, que aparece en la parte central.

En este recinto se encontraba la Puerta de Moros, una de las entradas de la desaparecida muralla medieval, a través de la cual se accedía al Barrio de la Morería, del que toma su nombre. Alrededor de la puerta se desarrollaba una intensa actividad comercial, ya que comunicaba la plaza de la Cebada (extramuros), lugar de celebración de diferentes mercados de productos alimenticios, con la de los Carros (intramuros), donde paraban los carros que transportaban las mercancías.

En la plaza de los Carros se halla la Capilla de san Isidro (1642-1669), una de las tres construcciones que integran el complejo parroquial de san Andrés. De estilo barroco, presenta planta rectangular y está coronada por una cúpula encamomada, con linterna. Próximo a este templo, se alza el Palacio de la duquesa del Infantado, en la actualidad propiedad de la Universidad CEU San Pablo, que fue construido en el siglo XVIII. En su interior se exhibe un portalón renacentista, procedente del Castillo de La Calahorra (Granada).

Otro de los atractivos turísticos de la plaza de los Carros es el mural pintado en las paredes de uno de los edificios que conforman su contorno, en el que, a modo de trampantojo, se simula una fachada.

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de san Isidro, que sirve de sede del Museo de los Orígenes, está enclavado en la contigua plaza de san Andrés. Fue edificado en la primera mitad del siglo XVI y rehabilitado en 1974, dado su estado de deterioro. En 1984 fue objeto de una nueva reforma, para transformarlo en un museo sobre la prehistoria e historia de la ciudad. Según la tradición, en su solar estuvo la casa donde vivió san Isidro, así como el pozo donde tuvo lugar uno de los milagros atribuidos al santo. Éste puede contemplarse en una de las dependencias.

Por su parte, la plaza del Humilladero toma su denominación de la costumbre de humillarse delante de la imagen religiosa que estuvo allí instalada, siguiendo la costumbre española de situar cruces u otro tipo de símbolos cristianos en las entradas y salidas de las ciudades. Es de planta rectangular y está delimitada por bloques de viviendas de finales del siglo XIX y principios del XX.

En el entramado viario que se extiende hacia el norte de estas plazas, se conservan distintos vestigios de la muralla cristiana de Madrid, entre los que cabe citar los situados en las calles de los Mancebos y del Almendro. Hacia el oeste, se halla la Casa Corredor del Duque del Infantado (1711), obra de Teodoro Ardemans.

La plaza de la Puerta del Sol debe su aspecto actual a la ordenación urbanística llevada a cabo entre 1857 y 1862, cuando se procedió a la demolición de varias manzanas, para crear, sobre los solares liberados, un gran espacio público de planta semicircular y contorno arquitectónicamente unificado.

En los frentes septentrional, oriental y occidental se levantaron nuevos edificios a partir de trazas homogéneas, mientras que, en el meridional, se conservó la mayor parte de las construcciones anteriores. Entre éstas cabe destacar la Real Casa de Correos, actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que fue proyectada en 1768 por el arquitecto francés Jaime Marquet, y las Casas de Cordero (1842-1845), que toman su nombre de Santiago Alonso Cordero, su promotor, ejemplo de la arquitectura residencial de la época.

Hasta la reforma del siglo XIX, la Puerta del Sol no estaba configurada como tal plaza, sino como un ensanche, formado por la confluencia de dos de los principales ejes viarios del Madrid medieval, las calles Mayor y del Arenal. Ambas vías se cruzan en ese punto, extendiéndose más allá, a través de la Carrera de san Jerónimo y de la calle de Alcalá, respectivamente. Este trazado en forma de X refleja el crecimiento desordenado experimentado por Madrid a partir de su designación como capital en 1561. La expansión urbana se vertebró alrededor de las calles medievales más importantes, que se prolongaron buscando los caminos de salida de la ciudad.

La Puerta del Sol fue el centro popular y principal punto de encuentro del Madrid de los Austrias, favorecida por su ubicación justo en la intersección del citado cruce viario. Buena parte de esta actividad social se concentraba en la lonja del Convento de san Felipe el Real, fundado en 1546 y demolido en 1838, que estuvo situado en el ángulo suroccidental de la plaza, donde hoy se elevan las Casas de Cordero. A las llamadas Gradas de san Felipe, conocidas también con el sobrenombre del mentidero de la villa, concurrían diariamente numerosos vecinos en busca de noticias y rumores. De este lugar Mesonero Romanos llegó a decir que «daba las noticias de los sucesos antes de que éstos hubiesen ocurrido».

Además del Convento de san Felipe el Real, también fueron derribados el Hospital del Buen Suceso, una institución itinerante que el emperador Carlos I estableció de forma fija en Madrid, y el Convento de la Victoria, del año 1561, que se encontraba en la cara sur del recinto, en el espacio que hoy ocupan el tramo inicial de la calle de Espoz y Mina y el Pasaje Matheu.

Con respecto al topónimo de la plaza, no está claro su origen, si bien la tradición apunta a la posible existencia de una puerta medieval, que estaba adornada con un relieve de un sol, mediante la cual se traspasaba la Cerca de Enrique IV.

En la Puerta del Sol se ubican tres conjuntos escultóricos de interés artístico o simbólico. El de mayores dimensiones es la estatua ecuestre de Carlos III, que domina el recinto. Se trata de una reproducción en bronce de una obra de Juan Pascual de Mena (1707-1784), conservada en la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando. Fue inaugurada en el año 1994, durante el mandato del alcalde José María Álvarez del Manzano.

En 1967 fue instalada la estatua del Oso y el Madroño, una representación en bronce de los símbolos heráldicos de la villa, y en 1986 una réplica de La Mariblanca, colocada durante la remodelación de la plaza promovida por Enrique Tierno Galván. Con este nombre se conocía popularmente a una pequeña escultura de la diosa Venus, integrada en una fuente monumental del siglo XVII, que estuvo en la plaza hasta 1838. Fue realizada en 1625 por Rutilio Gacci.

La Puerta del Sol es uno de los principales focos comerciales de Madrid, principalmente las calles de Preciados y del Carmen, que arrancan en la cara septentrional de la plaza. La primera, en concreto, está considerada como la vía comercial más cara de España.

En las calles que nacen en el lado meridional también existen numerosos establecimientos. Algunos de ellos responden al estándar comercial de finales del siglo XIX y principios del XX, heredero, a su vez, del modelo gremial imperante en la Edad Media y en la época de los Austrias. Es el caso de las tiendas situadas en la zona de influencia de la plaza de Pontejos, especializadas en encajes, bordados, paños, botones, cintas, adornos de costura y cordeles, entre otros artículos textiles.

En el plano artístico, el entorno más inmediato de la Puerta del Sol cuenta con dos edificios de interés arquitectónico. La Iglesia del Carmen (1611-1640), en la calle homónima, es de planta de cruz latina con una sola nave y capillas laterales. En 1950 se modificó sustancialmente su estructura, al recortarse la nave por su lado norte y construirse una nueva fachada en esta parte, en la que se ubicó la portada barroca de la desaparecida Parroquia de san Luis Obispo.

Por su parte, la Real Casa de Postas (1795-1800) fue levantada como un anexo de la Real Casa de Correos. Situada en la plaza de Pontejos, es de planta irregular de cinco lados y presenta patio central. Su acceso, en chaflán, está integrado por un arco de medio punto, flanqueado por dos columnas jónicas.

La calle del Arenal es una de las diez vías que nacen en la Puerta del Sol. Arranca en su parte occidental y sigue la dirección suroeste-nordeste hasta finalizar en la plaza de Isabel II. Se configuró como tal calle a lo largo del siglo XV, sobre el cauce de un antiguo arroyo, en el que abundaban los terrenos arenosos.

Durante la Edad Media, el citado curso fluvial marcó los límites de los arrabales de San Martín, constituido a principios del siglo XII, y de San Ginés, que se desarrolló en el siglo XIV alrededor de la parroquia del mismo nombre.

Esta iglesia es el monumento de mayor valor histórico-artístico de la calle del Arenal. Sus primeras referencias escritas datan del siglo XIV, si bien el templo que ha llegado a nuestros días es una reconstrucción realizada en el siglo XVII, tras los daños sufridos por la estructura original, a causa de unos hundimientos del terreno. Su torre mudéjar, que corresponde al edificio primitivo, y su decoración interior, con especial mención a la Capilla del santo Cristo, son sus elementos más notables.

Alrededor de las caras este y sur de la iglesia, se extiende el pasadizo de san Ginés, una pequeña y estrecha calle en la que se ubican dos comercios tradicionales: una librería al aire libre de mediados del siglo XIX y la famosa Chocolatería de san Ginés, fundada en el año 1890. A esta vía da una de las fachadas del antiguo Teatro Eslava, reconvertido en el último tercio del siglo XX en discoteca, que, desde su inauguración en 1870, fue un lugar de referencia para los géneros musicales del café-teatro, la revista y la zarzuela.

Al igual que la vecina calle Mayor, la del Arenal albergó numerosas residencias palaciegas en tiempos de los Austrias, dada su cercanía con la zona de influencia del Real Alcázar. Esta función residencial se extendió hasta el siglo XIX, cuando fue construido el único palacio nobiliario que se conserva en la actualidad en la vía. El Palacio del marqués de Gaviria (1846-1847), obra del arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel, se inspira en el modelo italiano renacentista, tanto en su exterior como en su interior.

Otro de los edificios de interés arquitectónico de la calle del Arenal es el antiguo Hotel Internacional (1862), que destaca por su fachada profusamente adornada, con múltiples motivos escultóricos.

La plaza de Isabel II, llamada popularmente de la Ópera, aparece al final de la calle del Arenal, muy cerca de la plaza de Oriente, de la que sólo le separa la manzana hexagonal del Teatro Real. De planta cuadrangular, ocupa el solar del antiguo Teatro de los Caños del Peral, que, desde su inauguración en 1738 hasta su derribo en 1817, fue uno de los principales focos culturales del Madrid de los Borbones.

Hasta entonces, fue un espacio desestructurado, fuertemente condicionado por su accidentada orografía. En la Edad Media, tuvo una marcada función defensiva. Sus profundos barrancos, formados por el cauce del arroyo del Arenal, sirvieron de foso natural a la muralla cristiana. Aquí se encontraba la Puerta de Valnadú (en otras tipografías, Balnadú), una de las entradas al recinto amurallado. Junto a ella, se alzaban varias torres albarrana, igualmente desaparecidas, encargadas de su defensa.

En el subsuelo de la plaza, se conservan algunos vestigios de esta construcción militar, caso del arco tardomedieval que se exhibe en el sótano de un restaurante situado en el número 3. También hay restos en las vías adyacentes, como los lienzos y torreón de la calle de la Escalinata.

La expansión de la ciudad fue suavizando el relieve original, hasta permitir el desarrollo de diferentes actividades industriales y comerciales, sobre todo a partir de la reglamentación llevada a cabo por el rey Enrique IV de Castilla (r. 1454-1474). El gremio de los curtidores de pieles estuvo instalado en este punto hasta el año 1495, cuando los Reyes Católicos promovieron su traslado a la Ribera de Curtidores y a la Cuesta de san Lázaro.

En 1567, Felipe II ordenó derribar la Puerta de Valnadú. Fue su sucesor, Felipe III, quien impulsó la primera gran adecuación urbanística de la zona, a la que siguieron, en siglos posteriores, diferentes nivelaciones del terreno, hasta lograr una rasante similar a la de la plaza de Oriente. No obstante, aún son visibles algunos desniveles, como el existente en el tramo inicial de la calle de la Escalinata, una de las vías que nacen en la plaza.

En tiempos de los Austrias, el enclave era conocido como Barranco de las Hontanillas por su abundancia de aguas subterráneas y superficiales (fontanillas). Tal característica favoreció la construcción de diferentes infraestructuras hidráulicas, destinadas a su aprovechamiento, y la aparición de numerosas huertas en el entorno, como la de Álvaro Alcocer y la de la Priora.

La fuente más importante de la zona era la de los Caños del Peral, del siglo XVII. Estaba formada por un gran pilón de granito y un número entre seis y siete caños. Alrededor de ella se levantaron distintos establecimientos balnearios y un lavadero con 57 pilas, de uso público. Se conserva soterrada bajo la bóveda de la Línea 2 del Metro de Madrid, en la estación de Ópera.

El aspecto actual de la plaza se debe a la iniciativa de Isabel II (r. 1833-1868), de quien toma su nombre. La reina promovió la ordenación urbanística del lugar en el contexto de las obras de construcción del Teatro Real, un edificio de estilo neoclásico que preside la cara occidental del recinto. Abrió sus puertas el 10 de octubre de 1850, coincidiendo con el cumpleaños de la reina.

En el lado oriental, se eleva el Real Cinema, una sala de cine inaugurada en 1920, que, en su momento, fue la mayor de España con 1.000 butacas en el patio, 54 palcos y 700 sillones en el anfiteatro.

En el centro de la plaza, hay instalado un monumento escultórico dedicado a Isabel II, obra de José Piquer y Duart, en el que se representa a la soberana mirando hacia el Teatro Real. Fue erigido en 1850.

El entorno de la plaza de Isabel II es conocido popularmente como Ópera, un barrio sin entidad administrativa, en el que hay situados diferentes conjuntos de interés histórico-artístico. Hacia el sudoeste se extiende la plaza de Ramales, un pequeño recinto surgido durante el reinado de José I, tras demolerse la iglesia medieval de san Juan Bautista, una de las más antiguas de la ciudad.

En este templo fue enterrado Diego de Silva y Velázquez, como se recuerda en una inscripción grabada en un monolito de piedra dedicado al pintor e instalado en medio de la plaza. Existe la creencia de que sus restos mortales todavía se encuentran en el subsuelo, si bien los estudios arqueológicos realizados en 1999 terminaron por aparcar esta hipótesis.

La plaza de Ramales está flanqueada por dos residencias palaciegas. La de mayor antigüedad es la Casa-palacio de Domingo Trespalacios, obra del arquitecto Andrés Díaz Carnicero, fechada en 1768. Por su parte, la Casa-palacio de Ricardo Angustias fue comenzada en 1920 y terminada dos años después. Destaca por su torreón superior, de aires medievales, y por sus pinturas murales, que decoran los exteriores de las plantas más altas.

Muy cerca de este lugar, se encuentra la Iglesia de Santiago y san Juan (1811-1814), construida en estilo neoclásico sobre el solar de un primitivo templo medieval. Es de planta de cruz griega, con cúpula en el crucero.

Al noroeste de la plaza de Isabel II, se sitúan el Palacio del duque de Granada, de la segunda mitad del siglo XIX, y la Real Academia de Medicina y Cirugía, de principios del XX, dos edificios de inspiración clasicista. Más hacia el norte, se llega a la plaza de santo Domingo, donde estuvo el Monasterio de santo Domingo el Real, fundado en 1218 y destruido en 1869.

Las plazas de san Martín y de las Descalzas son contiguas y conforman realmente un único espacio viario. En este lugar estuvo el desaparecido Monasterio de san Martín, del que se tiene constancia histórica desde 1126, año en el que obtuvo el privilegio de una Carta Puebla para la repoblación de su entorno. Alrededor de esta fundación fue configurándose el arrabal medieval de San Martín, que quedó integrado dentro del casco urbano en el siglo XV.

En 1559, dos años antes del establecimiento de la capitalidad en Madrid, fue construido un nuevo edificio religioso. El Monasterio de las Descalzas Reales se debió a una iniciativa de Juana de Austria, hija del emperador Carlos I. En el proyecto intervinieron los arquitectos Antonio Sillero y Juan Bautista de Toledo, a los que hay que añadir Diego de Villanueva, responsable de la restauración llevada a cabo en el siglo XVIII. Del conjunto destacan la iglesia, que consta de una única nave con bóveda de cañón; la decoración interior de algunas de sus dependencias, caso de la escalera principal, realizada por Agostino Miteli y Micaelangelo Colonna; y la colección de arte, formada por más de 10.000 obras.

La zona también tuvo un marcado carácter residencial. Aquí estuvieron las casas palaciegas de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero de Carlos I, de Juan de Borja, mayordomo mayor de María de Austria, del marqués de Mejorada y del duque de Lerma.

En 1702, Francisco Piquer, sacerdote del Monasterio de las Descalzas Reales, creó el Monte de Piedad de Madrid, la primera institución de estas características fundada en España, que tuvo como sede un edificio barroco enfrentado al convento.

En los siglos XIX y XX, todas estas construcciones históricas fueron demolidas, excepción hecha del Monasterio de las Descalzas Reales. El Monasterio de san Martín desapareció en 1868 y, sobre su solar, fue levantada la Casa de las Alhajas (1870-1875), un anexo del Monte de Piedad, que, en la actualidad, sirve de sala de exposiciones al grupo Caja Madrid. Es obra de los arquitectos Fernando Arbós y Trementi y José María Aguilar.

El primitivo edificio del Monte de Piedad fue sustituido en la década de los sesenta por un moderno complejo de oficinas, perteneciente igualmente a Caja Madrid. El único elemento que se conservó fue la portada de la capilla, realizada en 1733 por Pedro de Ribera, que puede verse en la cara sur de la plaza de las Descalzas, flanqueada por dos estatuas, una dedicada a Francisco Piquer y otra a Joaquín Vizcaíno, corregidor de Madrid y fundador de la Caja de Ahorros de Madrid.

El recorrido por el recinto se completa con la Casa-palacio de Isla Fernández, actual Cámara de la Propiedad Urbana. Proyectada en 1850 por Manuel Heredia y Tejada, es un notable ejemplo de la arquitectura palaciega del reinado de Isabel II.

El centro político y administrativo del Madrid de los Austrias estaba situado en el desaparecido Real Alcázar, residencia oficial de los reyes españoles hasta su incendio en 1734. Sobre su solar se alza en la actualidad el Palacio Real, de estilo barroco clasicista, cuyas obras comenzaron en 1738, a partir de un diseño de los arquitectos Filippo Juvara y Juan Bautista Sachetti.

La ubicación de este edificio en el núcleo fundacional de la ciudad, rodeado de un entramado de calles medievales, motivó la adecuación urbanística de sus aledaños, con la intención de realzar la monumentalidad del conjunto y dignificar su función política. Aunque los primeros planes de ordenación surgieron en el siglo XVIII, coincidiendo con la construcción del palacio, no fue hasta los siglos XIX y XX cuando se crearon nuevas plazas, calles y jardines en el entorno inmediato del palacio.

En este periodo se abrieron la plaza de Oriente, que se extiende junto a la fachada este, y la de la Armería, levantada al sur, así como los recintos ajardinados del Campo del Moro, al oeste, y de los Jardines de Sabatini, al norte. Además, fue trazada la calle de Bailén, mediante la cual quedaron unidos los conjuntos monumentales de San Francisco el Grande y del Palacio Real.

El proyecto de crear un espacio ajardinado junto a la fachada oriental del Palacio Real estaba recogido en el plan que Juan Bautista Sachetti presentó al rey Felipe V (r. 1700-1746), antes de que se pusiese la primera piedra del edificio. Sin embargo, no pudo llevarse a efecto.

Fue durante el reinado de José I (r. 1808-1813) cuando comenzó a actuarse sobre la zona, en lo que puede considerarse como el primer embrión de la plaza de Oriente. En 1809, el rey ordenó demoler las manzanas que se hallaban al este del palacio, con objeto de abrir una avenida monumental que conectase el lugar con la Puerta del Sol. Entre los inmuebles derribados, figuraban algunas iglesias de origen medieval y la llamada Casa del Tesoro, un anexo del Real Alcázar construido en 1568, en tiempos de Felipe II. También fueron destruidos los Jardines de la Priora, una huerta-jardín de principios del siglo XVII, perteneciente al Real Monasterio de la Encarnación.

Con la llegada al trono de Fernando VII, la idea de realizar un gran espacio abierto fue abandonada, ante la decisión del monarca de levantar un teatro en el entorno inmediato del palacio, que se convertiría en el punto de referencia de una plaza cerrada y porticada. El Teatro Real se terminó en 1850, durante el reinado de Isabel II, y en 1851 comenzaron las obras de los inmuebles que conforman el contorno, aunque con importantes transformaciones con respecto al plan previsto por Fernando VII.

El proyecto de recinto porticado fue finalmente desestimado y se adoptó la solución del arquitecto Narciso Pascual y Colomer, que ya había esbozado en 1844. Su diseño consistía en una plaza de planta rectangular, presidida, en su lado occidental, por una cabecera curvada, en la que sitúan la fachada del Teatro Real y dos manzanas simétricas, una a cada lado del coliseo.

Pese a su enclave en pleno corazón del Madrid de los Austrias, la plaza de Oriente apenas conserva restos de los siglos XVI y XVII, cuando gobernó en España la dinastía Habsburgo, tras la desaparición del complejo de edificios del Real Alcázar y las intensas intervenciones urbanísticas de las que ha sido objeto por parte de la dinastía borbónica.

Al margen del Real Monasterio de la Encarnación, que da al lado norte de la plaza a través de una de sus fachadas secundarias, el único monumento de tiempos de los Austrias existente en la zona es la estatua ecuestre de Felipe IV (1634-1640), obra del escultor italiano Pietro Tacca. Fue trasladada a este emplazamiento el 17 de noviembre de 1843 y está situada sobre un pedestal monumental, realizado por Francisco Elías Vallejo y José Tomás en el citado año, en el que se integran distintos grupos escultóricos y dos fuentes.

La plaza alberga también veinte esculturas representativas de diversos monarcas españoles, llamadas popularmente reyes godos. Forman parte de la colección realizada entre 1750 y 1753, durante el reinado de Fernando VI, para adornar la balaustrada superior del Palacio Real. En esta ubicación sólo se colocaron algunas, mientras que las sobrantes, la gran mayoría, se repartieron por diferentes puntos de Madrid y de otras ciudades españolas.

Estas estatuas marcan la línea divisoria entre el jardín central de la plaza, el de mayor valor histórico-artístico, y los dos laterales, conocidos como Jardines del cabo Noval y de Lepanto. Ambos están adornados con sendos monumentos, dedicados al cabo Luis Noval Ferrao y al capitán Ángel Melgar, obra de Mariano Benlliure y Julio González Pola, respectivamente.

En 1996 se procedió a la remodelación de la plaza de Oriente y a la construcción de un túnel y de un aparcamiento subterráneo. Durante las excavaciones se descubrieron distintos vestigios de la Torre de los Huesos, una torre albarrana del siglo XI, perteneciente a la muralla cristiana, que se exhiben dentro del aparcamiento. También se hallaron los cimientos y sótanos de la Casa del Tesoro, pero los restos fueron destruidos.

Como la plaza de Oriente, la de la Armería también fue diseñada por Narciso Pascual y Colomer, quien contó con la colaboración de Enrique María Repullés y Vargas en la dirección de las obras. Fue terminada en 1892.

Se trata de un recinto de planta cuadrangular, cerrado en sus lados oriental y occidental por sendas arquerías, por el meridional por una verja de aire monumental y por el septentrional por la fachada sur del palacio.

Pascual y Colomer planteó una solución muy similar a la ideada, en el último tercio del siglo XVIII, por Francesco Sabatini, cuando recibió el encargo de ampliar las dependencias administrativas del edificio. Sólo pudo ejecutarse la llamada Ala de san Gil, un anexo del palacio, actualmente integrado en el sistema de arcadas de la plaza de la Armería.

La explanada que hoy ocupa la plaza de la Armería era conocida, en tiempos de los Austrias, como plaza del Palacio (en referencia al antiguo Alcázar). En ella se encontraban las Caballerizas Reales y la Armería Real (1556-1564), un complejo de tres alturas y planta rectangular que el rey Felipe II mandó construir a Gaspar de Vega.

Esta edificación fue derribada en el año 1894 y sobre su solar se levanta en la actualidad la Catedral de la Almudena, que enfrenta su fachada principal a la plaza de la Armería. Fue empezada a finales del siglo XIX y en 1911 se abrió al culto su cripta neorrománica, realizada por Enrique María Repullés y Vargas. Después de varios proyectos y años de abandono de las obras, pudo concluirse en 1993, a partir del diseño final ideado por Fernando Chueca Goitia, en el que se apostó por una solución neoclásica para el exterior.

Los terrenos situados al oeste del Palacio Real fueron los más problemáticos desde el punto de vista de la intervención urbanística, dada la existencia de un profundo barranco, utilizado, desde la fundación de la ciudadela musulmana de Mayrit en el siglo IX, como sistema defensivo.

A partir de la designación de Madrid como capital de España en 1561, se sucedieron los proyectos de ordenación de la zona, todos ellos dirigidos a crear un recinto ajardinado para el recreo de la familia real, que, al mismo tiempo, sirviera de conexión con la Casa de Campo.

La urbanización del paraje no pudo acometerse hasta 1844, durante la minoría de edad de Isabel II. El plan inicial fue encargado al arquitecto real Narciso Pascual y Colomer, a quien se deben las Praderas de las Vistas del Sol, tal vez el elemento que mejor define a los jardines del Campo del Moro. Se trata de una gran avenida en pendiente, inspirada en el paisajismo británico, mediante la cual se une la fachada occidental del palacio con el paseo de la Virgen del Puerto.

Pascual y Colomer ordenó la instalación en este eje de dos fuentes monumentales, con las que realzaba la panorámica del conjunto. La de las Conchas fue traída desde el Palacio del infante don Luis (Boadilla del Monte, Madrid) y fue diseñada por Ventura Rodríguez en el segundo tercio del siglo XVIII. La de los Tritones procede de los Jardines de Aranjuez y se labró en Italia en los siglos XVI-XVII.

El diseño formalista de Pascual y Colomer fue profundamente transformado en la última década del siglo XIX, cuando, después de varios años de paralización de las obras, la dirección del proyecto recayó sobre el jardinero Ramón Oliva. Éste concibió un esquema naturalista, en la línea de los gustos paisajísticos del romanticismo, con trazados irregulares, caminos semiocultos, rutas alternativas, atajos y tramos curvados.

Entre las construcciones existentes en el Campo del Moro, cabe destacar la gruta diseñada por el arquitecto Juan de Villanueva, excavada antes de la ordenación urbanística llevada a cabo en el siglo XIX, con la que la familia real tenía acceso directo desde el palacio hasta la Casa de Campo. También tienen interés histórico-artístico el Chalé de la Reina y el Chalé del Corcho, dos edificios de madera realizados en estilo tirolés.

La calle de Bailén fue inaugurada en el año 1883. Sigue la dirección sur-norte, uniendo las plazas de san Francisco y de España.

Los orígenes de esta vía se remontan al periodo de construcción del Palacio Real, con el proyecto de Juan Bautista Sachetti de abrir una gran avenida, que comunicase este edificio con la Basílica de San Francisco el Grande. Durante el reinado de José I (r. 1808-1813), la idea fue retomada por el arquitecto real Silvestre Pérez, sin que tampoco pudiera materializarse.

En 1861 el Ayuntamiento de Madrid aprobó la apertura de la calle y el consiguiente derribo de los edificios que se interponían en su trazado, entre los que se encontraba la Iglesia de santa María de la Almudena, considerada como la más antigua de Madrid.

Es muy probable que este templo fuera fundado en el siglo IX como mezquita mayor de la ciudadela musulmana de Mayrit y que, en el siglo XI, con la conquista cristiana de la villa, se transformara en iglesia. Fue objeto de diferentes reformas en los siglos XVI, XVII y XVIII, la última de ellas llevada a cabo por Ventura Rodríguez. En 1868 se procedió a su destrucción.

Además de la demolición de inmuebles, se construyó un viaducto de hierro, para salvar el fuerte desnivel existente en el encuentro de la calle de Bailén con el barranco de la calle de Segovia. La estructura fue realizada por Eugenio Barrón entre 1872 y 1874 y derribada en 1932, ya que se temía que no aguantase el tráfico rodado. En su lugar se levantó un un nuevo viaducto de hormigón, inaugurado en 1934.

Junto a la calle de Bailén se extiende el barrio no administrativo de Las Vistillas, donde se sitúan dos edificios de interés histórico-artístico: la Capilla del santo Cristo de los Dolores, del siglo XVII, y el Seminario Conciliar, empezado en 1902.

Los Jardines de Sabatini están ubicados junto a la fachada septentrional del Palacio Real. Fue el último de los proyectos realizados en el contexto de las obras de ordenación urbanística del entorno del palacio. A diferencia de los anteriores, no fue impulsado por la Corona, sino por el gobierno de la Segunda República (1931-1939), que cedió los terrenos al Ayuntamiento de Madrid para la creación de un parque público.

Toman su nombre del arquitecto real Francesco Sabatini (1722-1799), autor de las Caballerizas Reales que estuvieron situadas en el solar que actualmente ocupan los jardines. En 1933 comenzó su construcción y fueron terminados tras la Guerra Civil.

Su trazado se debe a Fernando Mercadal, quien diseñó un conjunto de aire clasicista, dispuesto hipodámicamente. El punto central del recinto es un estanque de planta rectangular, alrededor del cual hay instaladas diferentes estatuas de reyes españoles, correspondientes a la serie escultórica destinada a adornar la balaustrada superior del Palacio Real.

La Cuesta de la Vega se extiende sobre uno de los barrancos que sirvieron de defensa natural a la ciudadela musulmana de Mayrit. Sigue la dirección este-oeste y, tras salvar un fuerte desnivel, pone en comunicación la calle Mayor con el valle del río Manzanares. Arranca junto a la cripta neorrománica de la Catedral de la Almudena y, bordeando la cerca de los jardines del Campo del Moro, llega hasta el Parque de Atenas, en la zona de influencia de la calle de Segovia. Presenta un trazado curvilíneo, adaptado a la complicada orografía del terreno.

Toma su nombre de la desaparecida Puerta de la Vega, uno de los tres accesos con los que contaba la antigua muralla árabe. Esta construcción fue erigida durante la dominación islámica de la Península Ibérica, en una fecha indeterminada comprendida entre los años 860 y 880. Defendía la almudaina, que puede considerarse como el núcleo fundacional de la ciudad. Fue levantada por el emir cordobés Muhammad I (852-886) para asegurar la defensa de Toledo ante las incursiones cristianas procedentes del norte peninsular.

De este recinto amurallado se conservan diferentes restos diseminados. Los más importantes se encuentran en la Cuesta de la Vega y consisten en un lienzo de piedra de caliza y sílex, de aproximadamente 120 m de longitud, donde se aprecian las pautas habituales de la arquitectura militar andalusí: torres de planta cuadrangular, con zarpa en la base, y con una disposición poco saliente con respecto al muro principal.

En el subsuelo de la plaza de la Armería existe otro tramo de muralla, de unos 70 m de largo. Fue descubierto entre 1999 y 2000, durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales, que, una vez terminado, albergará diferentes fondos pertenecientes a Patrimonio Nacional, entre ellos los depositados en el actual Museo de Carruajes.

La plaza de la Encarnación se encuentra al norte de la plaza de Oriente. Fue trazada en el siglo XIX tras el derribo de una serie de dependencias pertenecientes al Real Monasterio de la Encarnación (1611-1616). Su contorno queda presidido por la fachada principal de este edificio, situada en la cara noroccidental del recinto, y en los restantes lados se levantan inmuebles de aire francés, de principios del siglo XX. Está decorada con una estatua de Lope de Vega, realizada por Mateo Inurria e inaugurada en 1902.

El citado convento tuvo una fuerte vinculación con la Corona. Fue fundado en 1611 por la reina Margarita de Austria (1584-1611), esposa de Felipe III, y desde entonces canalizó buena parte de los servicios religiosos de la realeza, dada su proximidad con el Real Alcázar. Llegó a tener comunicación directa con el palacio, mediante un pasadizo construido en el siglo XVII, que, a través de los Jardines de la Priora, le unía con la Casa del Tesoro.

La iglesia está considerada como el elemento arquitectónico más destacado del monasterio. Fue proyectada por Juan Gómez de Mora (1586-1648), mientras que la decoración interior se debe a Ventura Rodríguez (1717-1785), quien procedió a la restauración del lugar tras el incendio acaecido en 1755. Los trabajos de rehabilitación se extendieron desde 1755 hasta 1767.

El convento guarda una valiosa pinacoteca, representativa de la pintura europea de los siglos XVII y XVIII, con obras de Lucas Jordán, Juan Van der Hammen y Vicente Carducho, además de tallas escultóricas de Gregorio Fernández y Pedro de Mena. También hay que mencionar su colección de setecientos relicarios, realizados en bronce, coral, marfil y maderas finas, entre otros materiales.

Al norte de la plaza de la Encarnación se extiende la plaza de la Marina Española. Aquí se halla el Palacio del Senado, un edificio construido a finales del siglo XVI como colegio de religiosos y sustancialmente transformado en el siglo XIX, para adecuarlo a su uso político. En 1820, el arquitecto Isidro González Velázquez adaptó su iglesia en salón de sesiones y, entre 1844 y 1850, Aníbal Álvarez Bouquel trazó su actual fachada neoclásica. Entre 1987 y 1991 el palacio fue ampliado por su parte septentrional, con un nuevo complejo.

Otras construcciones histórico-artísticas del recinto son el Palacio del Marqués de Grimaldi, obra de Francesco Sabatini del último tercio del siglo XVIII, el Convento de las Reparadoras, diseñado por Ventura Rodríguez en 1735, y el Monumento a Cánovas del Castillo, de 16 m de altura, terminado en 1900 por José Grases Riera y Joaquín Bilbao. Muy cerca de la plaza, aunque fuera de la misma, se encuentran la Casa de Elduayen, edificada en la primera mitad del siglo XIX sobre un antiguo palacio del siglo XVII, y la sede de la Real Compañía Asturiana de Minas (1891-1899), de estilo ecléctico.

Al principio



Palacio Real de Madrid

Jardines de Sabatini (Madrid) 06.jpg

El Palacio Real de Madrid, llamado a veces Palacio de Oriente, es la residencia oficial del rey de España. Su construcción comenzó en 1738 según planos del arquitecto Filippo Juvara y de la adaptación que de estos hizo su discípulo Juan Bautista Sachetti. Francesco Sabatini se encargó de su conclusión así como de obras de reforma, ampliación y decoración. Está considerado como el mayor palacio real de Europa Occidental en cuanto a extensión, con 135.000 m² y más de 3.000 habitaciones. Alberga un importante patrimonio histórico-artístico, entre el que se encuentra el quinteto de los Stradivarius Palatinos, la colección más importante del mundo de estos instrumentos.

Además de ser la residencia oficial del monarca actual, fue asimismo la morada habitual de los reyes de España hasta 1931. En el edificio continúan celebrándose recepciones, actos oficiales y grandes ceremonias de estado, si bien la residencia privada de la familia real es el palacio de la Zarzuela, donde los actuales monarcas se instalaron tras su matrimonio en 1962, renunciando el rey Juan Carlos I a vivir en el Palacio Real.

El último monarca que vivió en palacio de manera continua fue Alfonso XIII, aunque Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, también habitó en el mismo, siendo por tanto el último jefe de Estado que lo hizo. Durante esa periodo fue conocido como Palacio Nacional. Todavía hay una sala, al lado de la real capilla, que se conoce por el nombre de el "Despacho de Azaña".

El interior del palacio destaca por su riqueza artística, tanto en lo que se refiere al uso de toda clase de materiales nobles en su construcción como a la decoración de sus salones con obras de arte de todo tipo, como las pinturas de artistas de la talla de El Greco, Rubens, Caravaggio, Velázquez, Goya, frescos de Corrado Giaquinto, Tiepolo, Mengs, Bayeu, Maella, etc. Otras colecciones reales de gran importancia histórica y artística que se conservan en el edificio son las de la Armería Real, tapices, porcelanas, relojes, mobiliario, etc.

Actualmente Patrimonio Nacional, organismo autónomo dependiente del Ministerio de la Presidencia, gestiona los bienes de titularidad pública puestos al servicio de la corona, entre ellos el Palacio Real.

La primera construcción en el lugar se remonta al siglo IX, cuando el emir cordobés Muhammad I mandó construir un alcázar de carácter defensivo en un altozano desde el que se dominaba el valle del río Manzanares.

Tras la conquista cristiana del enclave por parte del rey Alfonso VI en 1085, la primitiva fortaleza musulmana se transformó en un castillo que fue ampliado y reformado sucesivamente a lo largo de los siglos por las diferentes dinastías reinantes, conservando el término de origen árabe de alcázar. En tiempos de Felipe II sería la sede de la corte imperial, una vez que el monarca convirtiese a Madrid en capital del imperio en 1561.

El antiguo Alcázar de los Austrias sucumbió en la Nochebuena de 1734, reinando Felipe V, a causa de un incendio que se había originado en las habitaciones de un criado del pintor francés Jean Ranc.

En los Anales de Madrid se recoge el suceso de la siguiente manera: "El viernes 24 de diciembre de dicho año de 1734, día de Noche Buena, antes de las doce de la noche, se pegó fuego por parte del Parque en el Palacio de S. M. y estuvo ardiendo quasi cuatro días y se quemó mucha parte de él y la Capilla y se perdieron muchas alhajas y papeles y perecieron muchas personas en el incendio". En la Historia de Madrid en forma de anales 1644-1766 se narra así: "La Nochebuena día 24 de diciembre de este año (no se sabe a qué hora ni cómo), se prendió fuego en el Real Palacio de Sus Magestades, quienes vivían entonces en el Buen Retiro y no cesaron sus llamas hasta primero de enero del año siguiente y el fuego hasta más de un mes. No tiene guarismo el importe de lo que pereció en el fuego, aunque mucho se libró, habiendo concurrido para esto todas las religiones. Trabajaron dos años en sacar sus ruinas, habiendo traído para esto un regimiento de suizos (…). Sacaron de dichas ruinas algunas alhajas".

El rey Felipe V se debatía entre Francia e Italia a la hora de elegir al arquitecto que llevase a cabo el grandioso proyecto, pero dada la probable influencia de su primera esposa, la reina Maria Luisa, italiana, y la imposición de esa arquitectura en otras cortes europeas como la rusa, alemana y polaca hicieron que el monarca se decantase finalmente por la designación del italiano Felipe Juvara.

El rey quiso que se erigiese su nuevo palacio en el mismo lugar del destruido Alcázar de los Austrias, simbolizando así la continuidad de la monarquía española con la recién instaurada Casa de Borbón. En 1735, una vez instalado en Madrid, Juvara procede a realizar una ingente labor de estudios previos y trabajo que se materializaría en una maqueta actualmente desaparecida. Su grandioso palacio de masas horizontales y cuya planta hubiera duplicado a la de Versalles, estaba destinado para los "altos de San Bernardino", actual barrio de Argüelles. En efecto se trataba de un monumental proyecto que hubiese contado con 1700 pies de fachada (480 metros); 34 entradas, 23 patios y diversas dependencias anejas.

Entre la muerte de Juvara y la designación de Juan Bautista Sachetti existió un proyecto para el palacio de Pedro de Ribera, maestro mayor de las obras municipales de la villa y corte, el cual fue desestimado.

Cuando Juvara fallece en 1736 y después de las gestiones realizadas en Italia para encontrar un sustituto, entre los que se barajaron diferentes candidatos (dos de los cuales declinaron la oferta), finalmente se optó por un discípulo de Juvara, Sachetti, como el encargado de dirigir las obras. Este se vio obligado a modificar los planos de su maestro debido al emplazamiento definitivo escogido por el rey, asimismo tendría en cuenta las sugerencias del propio monarca y de la junta de obras y mantendría otras soluciones de Juvara. Proyectó en vertical lo que Juvara había planeado en horizontal, para lo cual amplió a seis los tres pisos propuestos por Juvara, recurriendo para ello a los entrepisos, frecuentes en la arquitectura italiana. A pesar de estos cambios la composición y la ordenación de los miembros no varió sustancialmente de uno a otro; el zócalo almohadillado, la alternancia de frontones, el orden gigante, la balaustrada con jarrones y esculturas.

Una vez decidido el emplazamiento, Sachetti procede a agilizar las labores de desescombro y limpieza del solar, trabajos que se iniciarion el 7 de enero de 1737 y cuya vigilancia fue llevada a cabo por soldados suizos llamados de arregger. Para las obras de demolición de las ruinas, Sachetti informó lo siguiente; "se necesitan 1800 hombres de trabajo, incluso los oficiales albañiles y carpinteros que corresponde y excluyendo los canteros y sus peones, para poderse empezar a macizar cimientos a principios del mes de marzo de este año de 1738".

El arquitecto Sachetti realizó una serie de muros de contención con el objetivo de nivelar la pendiente hacia el campo del moro y sobre esa gran terraza planteó una estructura de planta cuadrada centrada por un gran patio también cuadrado y resolviendo los distintos ángulos con cuerpos salientes que se asemejan a los tradicionales torreones de los alcázares españoles.

Si bien el arquitecto principal del palacio fue Sachetti, a sus órdenes trabajaron otros arquitectos, destacando entre ellos Ventura Rodríguez.

A partir de 1760 Francesco Sabatini sustituye a Sachetti en la dirección de las obras del palacio, después de que Carlos III ascendiese al trono de España, y que dará el impulso definitivo a las obras.

Sabatini, ante la falta de espacio para las secretarías de Estado, archivos y dependencias varias, recibió el encargo de ampliar el edificio. Su idea original era encuadrar la plaza de la armería con una serie de galerías o arcadas donde alojar las diferentes dependencias, así como la construcción de dos alas a lo largo de la citada plaza, de las cuales solo se concluyó la prolongación de la torre sureste conocida como "ala de San Gil" (hecha a partir de 1772), quedando la suroeste por hacer. Por otra parte, también planeó extender la fachada norte mediante una gran edificación que repetía el mismo estilo del edificio y que incluía tres patios cuadrados de dimensiones algo menores que el gran patio central. Las obras de esta ampliación comenzaron rápidamente pero pronto fueron interrumpidas, quedando sus cimientos enterrados bajo una explanada sobre la que posteriormente se construyeron las caballerizas reales, las cuales fueron demolidas en el siglo XX para ser reemplazadas por los jardines de Sabatini.

El palacio no pudo ser habitado hasta 1764, reinando Carlos III, cuando se terminaron las obras interiores, aunque todavía faltaba la decoración de algunos salones. La construcción principal duró por lo tanto veintiséis años, pero las obras complementarias continuaron durante los sucesivos reinados hasta la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII, cuando se terminaron en 1892 las arcadas o galerías laterales que cierran la plaza de la armería.

Aparte del monumental plan de ampliación de Sabatini del que solo se llevó a cabo una pequeña parte, también existieron otras propuestas en el siglo XX.

Hacia 1943 el arquitecto Diego Méndez propuso la conclusión del ala suroeste, paralela al "ala de san gil" y que ya había sido planeada en el siglo XVIII por Sabatini. La maqueta puede contemplarse hoy por hoy en el propio Palacio Real.

En otra maqueta expuesta en la Catedral de la Almudena, Fernando Chueca-Goitia planteó en la década de 1950 la prolongación de las arcadas de la plaza de la armería hasta unirse con la catedral, unificando así todo el espacio existente entre el palacio y el templo, suprimiendo para ello la actual verja que cierra la plaza.

Juvara se inspiró en el proyecto irrelizado de Bernini para el Palacio del Louvre en 1665. De este antecedente tomó la disposición general de los volúmenes, así como la configuración del edificio en su función no sólo de residencia de reyes, sino también de conjunto cortesano con sus distintas necesidades, además de tener en cuenta las instalaciones administrativas.

Sus fachadas exteriores constan de dos cuerpos: un zócalo almohadillado en la base y, sobre éste, se dispone un cuerpo superior de dos pisos con una serie de gigantescas pilastras de orden toscano y en la parte central así como en los ángulos salientes de las cuatro fachadas, pilares de orden compuesto, el edificio se remata con una cornisa y balaustrada. Ante la fachada principal (fachada sur), de 130 metros de largo por 33 de alto, se extiende una explanada que conforma la Plaza de Armas, similar a la del incendiado alcázar. El palacio tiene un total de 870 ventanas y 240 balcones que se abren a fachadas y patio.

Las diferentes estancias están distribuidas en torno al gran patio central, con un pórtico de arcos entre pilastras dóricas sobre las que se situa una majestuosa galería acristalada con pilastras jónicas entre las arcadas. Esta distribución ideada por Sachetti es distinta a la planeada por Bernini para el proyecto del Louvre.

Para su construcción se utilizaron ladrillos, piedra berroqueña de Guadarrama y caliza de Colmenar de Oreja. Los mármoles provenían de Portugal e Italia, si bien la mayoría de los materiales fueron españoles como el pedernal, el granito, la caliza, etc., que se extrajeron principalmente de los alerededores de Madrid y los mármoles y jaspes de Guipúzcoa, Cataluña, Valencia, Andalucía y Extremadura. El hierro era vasco y el cobre de Coquimbo (Chile).

Es necesario destacar el acierto en la utilización de la piedra blanca de Colmenar para los elementos que destacan del fondo liso de los muros, esculturas y ángulos del piso principal sobre todo. De las cálizas sorprende la variedad rosada de Sepúlveda y la de San Agustín de Guadalix.

Asimismo se emplearon maderas de las Indias Occidentales, pino de Cuenca y Soria, caoba y otras maderas preciosas procedentes de América en su totalidad. La madera se utilizó solamente en puertas y ventanas para evitar nuevos incendios.

Al estar situado el solar del palacio sobre un terreno con pronunciadas pendientes sobre el río Manzanares, fue necesario crear un todo un sistema de contrarrestos por dos de las fachadas; la occidental y la septentrional. Por ello existen una serie de plataformas escalonadas, que tuvieron que ser construidas por el lado de poniente mediante un sistema interior de abovedamientos que prácticamente llega hasta el río.

El benedictino Fray Martín Sarmiento, ideó el programa escultórico que comprendía 94 estatuas de los diferentes reyes de España y emperadores romanos, destinados a decorar distintos puntos de las fachadas, aunque su proyecto quedó muy reducido en su expresión final. Carlos III ordenó la retirada de las mismas por real orden de 8 de febrero de 1760.

Mención especial merece el tema de la escalera principal del palacio, uno de los proyectos no realizados fue el de Sachetti, quien respetó la composición original de Juvara a partir de dos escaleras que se elevaban en direcciones opuestas desde el mismo origen. Juvara había ideado que la escalera ocupase completamente una de las alas del edificio, en torno al patio central aunque desplazada hacia un lateral como en Versalles.

Sachetti realizó una serie de diseños para la escalera cambiando su ubicación, destacando los de 1738, 1741, 1742 y 1743. Incluso en 1745 se envió la propuesta a Roma para que un tribunal formado por arquitectos la juzgase y si bien recibió favorables críticas, las intrigas cortesanas y el deseo de los reyes de contar con una de las escaleras más espectaculares de Europa, llevó a Felipe V a convocar un concurso de ideas en 1746 en el que participaría el propio arquitecto.

La actual escalera, de tipo imperial y suave pendiente, es más sencilla que la proyectada por Sachetti y fue concluida y diseñada por Sabatini quien tomó como modelo la del Palacio de Caserta, pero respetando la impresionante caja construida por Sachetti. Esta, parte de un solo tiro de arranque hasta el gran rellano central, donde se divide en dos tramos paralelos que suben en sentido inverso al primero.

La reforma se realizó por expreso deseo de Carlos III en 1765, a quien, con la escalera de doble ramal propuesta, le parecía inadecuado el ingreso a las habitaciones reales, ya que el resultado hubiese sido un pasillo oscuro que desde la escalera daba paso a los salones oficiales. Además, con esta modificación, se podía usar el espacio o caja de escalera del ramal cegado para construir un gran salón de baile.

En época de Carlos IV, Sabatini recibió en 1789 la orden de trasladar la escalera de sitio, concretamente al lado opuesto, el derecho, para que estas comunicasen más directamente con sus aposentos. Sabatini procedió a desmontar la escalera que había construído en 1765 y fue trasladada a su situación actual. En el espacio de la antigua escalera se hizo posteriormente el Salón de Columnas y dado que la decoración (exceptuando el fresco del techo) y tamaño de ambas estancias eran idénticas ya que para ambas Sachetti había planeado las escaleras, simplemente se limitó a reconstruirla sin cambiar ni el diseño ni sus dimensiones.

Los escalones de la escalera, fabricados en mármol de San Pablo (Toledo), están labrados cada uno en una sola pieza de cinco metros de longitud y escasa altura, teniendo por tanto un ascenso poco pronunciado. La balaustrada de los dos tramos superiores está adornada con sendos leones de mármol obra de Felipe de Castro y Roberto Michel. La bóveda está decorada con estucos blancos y dorados y el Triunfo de la Religión y de la Iglesia, obra de Corrado Giaquinto, pintor que fue mandado llamar por Fernando VI.

La arquitectura de esta sala es exacta a la de la Escalera Principal, ya que fue la caja de la doble escalera proyectada por Sachetti. Se utilizó para la celebración de bailes y banquetes hasta el año 1879, cuando, al fallecer la reina María de las Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, se situó en dicho salón su velatorio y se decidió construir un nuevo salón de baile, que también se utilizaría como Comedor de Gala, función que conserva actualmente.

Por otra parte en este salón se celebraba durante el Jueves Santo el ceremonial del «Lavatorio y Comida de Pobres», durante el cual el rey y la reina, ante grandes de España, ministros, cuerpo diplomático y jerarquía eclesiástica, daban de comer y lavaban los pies a veinticinco pobres.

En este salón suelen celebrarse conciertos con los Stradivarius Palatinos. En él se celebró el 12 de junio de 1985 la firma del Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas. Hoy en día el Salón de Columnas es utilizado para recepciones con numerosos asistentes, como el vino de honor posterior a la pascua militar y al discurso al cuerpo diplomático y el encuentro de embajadores de España.

Realizado durante el reinado de Carlos III, está considerado uno de los más hermosos salones del palacio y ha llegado hasta nuestros días prácticamente sin ningún retoque. Por diferentes motivos se tardaron alrededor de 40 años en la conclusión del programa decorativo.

Era el lugar donde el rey se vestía en presencia de la corte, según la costumbre de la época. Su decoración, realizada por Matías Gasparini, presenta grandes originalidades del tipo chinoiserie en estilo rococó. Cabe destacar el reloj situado sobre la chimenea, obra de Pierre Jacquet Droz, con autómatas vestidos a la moda del siglo XVIII que bailan cuando, al dar las horas, un pastor sentado toca la flauta. Con sus ciento cincuenta metros cuadrados, es uno de los mayores salones del palacio.

En las cenas de gala que ofrecen los reyes se sirven en este salón el café y los licores.

La Saleta de Porcelana tiene paredes y techo completamente recubiertos de placas de porcelana sujetas a un armazón interior de madera, ensambladas de tal forma que sus uniones quedan disimuladas entre adornos de telas y tallos imitados en porcelana.

Decorada entre 1765 y 1770, es obra de la primera etapa de la Fábrica de porcelana del Buen Retiro, la de mayor esplendor, y se atribuye a José Gricci, Genaro Boltri y Juan Bautista de la Torre, los mismos autores que realizaron el Salón de Porcelana del Palacio de Aranjuez, si bien la Saleta del Palacio Real es de un estilo rococó más próximo al neoclasicismo, con el uso de unos colores más sobrios. El suelo fue dieñado por Gasparini.

Con una superficie de cuatrocientos metros cuadrados, ocupa el lugar de las tres habitaciones que conformaban el cuarto de la reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III, quien nunca los llegó a utilizar por fallecer antes de su finalización. El actual salón, ordenado hacer por Alfonso XII para ser usado como salón de baile y nuevo comedor, se utilizó por primera vez con motivo de su segundo matrimonio, con María Cristina de Habsburgo-Lorena, en el año 1879. Está decorado con tapices de Bruselas del siglo XVI, tibores de porcelana china del siglo XVIII y piezas de porcelana de la villa francesa de Sèvres.

En la estancia se encuentra una gran mesa de ochenta metros de largo que puede llegar a albergar a doscientos comensales. Según la antigua tradición, los reyes debían sentarse en uno de los extremos, pero el protocolo moderno dicta que lo hagan en el centro de uno de los lados. En la actualidad es utilizado cuando el rey ofrece cenas de gala a jefes de Estado extranjeros o en recepciones con gran número de asistentes. Los almuerzos tienen lugar en el Comedor de Diario, que está en el lado opuesto del palacio.

Este elegante salón de estilo neoclásico era usado como tocador por la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, reinado durante el cual fue concebido y decorado, se trata de uno de los salones más bellos del palacio. A ello contribuyen los zócalos de mármol rosado y los paramentos de las paredes, cubiertos de una fina ornamentación de estuco en la que predomina el blanco y el azul. Los grandes espejos que dan nombre al salón están guarnecidos en oro y azul, coronados por estucos blancos sobre fondo azul y rodeados con decoración de motivos vegetales.

Cabe destacar el velador central, de caoba y bronce dorado, realizado por Thomiere en 1788. En tiempos de Alfonso XIII esta sala era utilizada como salón de música. La estancia también contiene una estatua en mármol que representa a la infanta María Cristina de Borbón, hija de Alfonso XIII, cuando era niña.

Conocido en el siglo XVIII como Salón de Embajadores, del Besamanos, de Reinos o de Audiencias, aún conserva la decoración original tal cual fue concebida por Gazola y Natali. El salón está presidido por dos tronos con las efigies de los actuales reyes de España y son una copia exacta del trono de la época de Carlos III. Las paredes estás tapizadas en terciopelo rojo de Génova con orlas de estilo rococó de plata dorada bordadas en Nápoles. A ambos lados del trono se sitúan cuatro leones de bronce dorado realizados para Felipe IV y que, junto a otros ocho que están en el Museo del Prado, fueron empleados en la decoración del Salón de Reinos del anterior alcázar.

Decoran el salón doce consolas doradas de estilo rococó acompañadas por otros tantos espejos hechos en Italia, si bien las mencionadas consolas y los marcos de los espejos se terminaron de montar en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Tanto los espejos como las consolas presentan diferente diseño dentro de una unidad de trazado. Fueron diseñadas por Ventura Rodríguez para ocupar el mismo lugar donde hoy en día siguen colocadas. Representan, junto a los espejos, las cuatro estaciones del año, los cuatro elementos y los cuatro continentes conocidos hasta aquel momento.

Otras piezas importantes son las estatuas, algunas de ellas realizadas en Roma por discípulos de Bernini y traídas por Velázquez por encargo de Felipe IV. Las arañas que iluminan el salón datan de la época de Carlos III, fueron realizadas en plata y adornadas con cuentas de cristal de roca tallado engarzadas en hilo de plata. En la bóveda destaca la alegoría pintada por Tiépolo en 1764 y que representa «La Grandeza de la Monarquía Española».

Carlos IV tuvo la intención de cambiar la decoración de la estancia aunque finalmente no se llevó a la práctica, todavía se guarda el proyecto de Sabatini y del decorador Dugourc fechado en 1790.

Es en el Salón del Trono donde el rey celebra la Pascua Militar y su tradicional discurso al cuerpo diplomático. Por otra parte cuando se celebran cenas de gala, el rey y sus invitados (jefes de Estado fundamentalmente) reciben el saludo o besamanos de los miembros del Gobierno y convidados a la cena.

Es uno de los puntos más interesantes desde el punto de vista arquitectónico de todo el Palacio. Situada en el centro del lado norte de la planta principal del palacio, tiene su acceso desde la galería que rodea el patio central.

Sachetti realizó un primer proyecto pero Fernando VI se decantó finalmente por el presentado en 1749 por Ventura Rodríguez, por entonces ayudante del primero. La Capilla fue realizada entre 1750 y 1759. La planta es de tipo central o elíptica, estando coronada por una cúpula de media naranja. A cada uno de los ángulos que describen la planta, salvo el atrio, que presenta pilastras negras que imitan el mármol, se encuentra adosada una columna de mármol negro, hasta un total de dieciséis, de una sola pieza. Estas columnas están coronadas con capiteles en estuco dorado. La distribución de la capilla es clásica: al este se sitúa el altar mayor, de mármol; al norte el altar del evangelio; al oeste el órgano y el atrio es el vestíbulo. Los asientos reales se sitúan en el lado norte, próximo al altar mayor, que está a su derecha.

El pintor Giaquinto fue encomendado para diseñar y dirigir los trabajos de la decoración de la Real Capilla y el mismo pintó los frescos de la capilla y del atrio. Los ángeles del tambor fueron realizados por Felipe de Castro. Sobre el altar mayor hay un cuadro del arcángel San Miguel. San Miguel triunfando sobre los ángeles malos de Bayeu, bajo el altar del evangelio se encuentran las reliquias de San Félix, y encima el cuadro de La Anunciación, de Mengs. El dosel y los sillones de los soberanos son de la época de Fernando VI y fueron realizados en raso blanco con bordaduras de plata y sedas de colores. El órgano, construido en 1778, está considerado como una auténtica obra maestra. Se conservan en la Capilla los restos de San Félix, el cual está representado en una figura de cera dentro de nicho acristalado.

En tiempos recientes la Capilla Real ha sido utilizada para funerales de la Familia Real Española sirviendo como capilla ardiente en abril de 1993 para Don Juan de Borbón, conde de Barcelona y en enero de 2000 para María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias, condesa de Barcelona. En noviembre de 2000 se celebró un te deum en esta capilla para conmemorar el 25 aniversario de la proclamación de Juan Carlos I como rey de España.

La Real Biblioteca ocupa el ángulo noroeste del palacio y consta de dos plantas, amuebladas con librerías de caoba. Sus colecciones constan de libros, medallas y monedas en número de 300.000 obras impresas, 4.000 manuscritos, 3.000 obras musicales, 3.500 mapas, 200 grabados y dibujos y alrededor de 2.000 monedas y medallas.

Son las que utilizaron como residencia propiamente dicha los soberanos Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII. Ocupan la prolongación hecha por Sabatini a partir de 1772 hacia la Plaza de la Armería y la calle de Bailén, llamada «ala de San Gil». Estas dependencias son de un tamaño menor al resto de las habitaciones del palacio y poseen una decoración más burguesa.

En el Palacio se guarda el quinteto de los Stradivarius Palatinos, el conjunto más importante del mundo de instrumentos realizados por el famoso luthier Antonio Stradivari, compuesto por tres violines, una viola y un violonchelo denominados, debido a su ornamentación, los Stradivarius decorados. Además, también se guarda otro violonchelo del mismo autor datado en 1700. Los instrumentos fueron adquiridos por Carlos IV en 1775.

En el Palacio se conservan lo que podrían denominarse «restos» de la gran colección real, puesto que la mayor parte de sus fondos pasaron a formar parte del Museo del Prado en el siglo XIX. Se cuenta que Fernando VII decretó la fundación del Prado para deshacerse de tantos cuadros, pues prefería decorar el palacio con papeles pintados y candeleros, a la moda francesa.

Aparte de los valiosos frescos de Tiepolo y otros, destacan en el palacio varios cuadros de Goya, como dos parejas de retratos, con diferentes atuendos, de Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma. El Prado posee ejemplares de dos de ellos, pero son copias pintadas por Agustín Esteve. De Velázquez hay algún ejemplo de menor interés. Otros autores mencionados en los inventarios son Rubens, Tiepolo, Mengs, Caravaggio (con un famoso cuadro de Salomé), así como Luca Giordano. Retratistas de la corte borbónica, como Louis-Michel van Loo, Winterhalter y Laszlo, cuentan también con una lógica presencia. Watteau, figura clave del rococó francés, cuenta con dos pinturas, de las pocas suyas existentes en España. Las obras están distribuidas por los salones y por una zona habilitada como museo de pintura, aunque es previsible que al menos en parte sean llevadas al futuro Museo de Colecciones Reales.

En el Palacio Real las series de escultura son de importancia menor que la de la colección de pintura, pero la serie del siglo XVII procedente del anterior alcázar es de un carácter excepcional. Los principales escultores representados son Gian Lorenzo Bernini, Mariano Benlliure, Antoine Coysevox y Agustín Querol. Sobresale la serie de Los Planetas del Salón del Trono.

El gran valor del mobiliario del palacio reside en su autenticidad, pues son muy escasos los muebles modernos de estilo en sus salones (situados principalmente en las habitaciones privadas) por lo que corresponden a la época de construcción del palacio y reinados sucesivos, que se muestran en una serie ininterrumpida de estilos rococó, neoclásico, imperio e isabelino. Algunas de las series más importantes de muebles se encuentran en los salones de Gasparini, Trono y Espejos. Cabe destacar la «Mesa de las Esfinges», de estilo imperio y situada en el Salón de Columnas, que fue sobre la que se firmó el ingreso de España en la Unión Europea.

Considerada la mayor y mejor colección de relojes de España, también es una de las principales del mundo. La importancia de la colección radica sobre todo en los relojes de época rococó construidos para Fernando VI por el relojero suizo Jacquet Droz. El reloj denominado El Calvario, del siglo XVII y construido en Núremberg, es el más antiguo, mientras que la existencia de un gran número de relojes de época imperio se debe a la afición por estos instrumentos por parte de Carlos IV. También es de destacar, por la riqueza de materiales usados para su elaboración, como oro, plata o marfil, un reloj regalo del presidente de Perú al rey Alfonso XIII en 1906, construido en 1878.

La colección de porcelanas abarca diversas épocas, estilos y procedencias, aunque las más valiosas son los restos de la vajilla de bodas de Carlos III y María Amalia de Sajonia.

Considerada la principal colección del mundo, la colección de tapices se compone fundamentalmente de paños fabricados en Bruselas y en la Real Fábrica de Tapices sobre cartones de Francisco de Goya. Son de destacar los tapices que se encuentran cubriendo las paredes del comedor de gala.

Durante el reinado de Felipe II la Real Farmacia se convirtió en un apéndice de la Casa Real, con la orden de abastecerla de medicamentos, función que continúa en nuestros días. La Real Farmacia que existe en la actualidad fue fundada como Museo de Farmacia en 1964. Las salas de destilaciones y las dos salas adyacentes a la farmacia fueron reconstruidas tal y como eran durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. Los frascos son anteriores y fueron realizados en las fábricas de la Granja y del Buen Retiro, existiendo también otros enseres fabricados en loza de Talavera en el siglo XVII.

Considerada junto a la imperial de Viena como una de las dos mejores del mundo está formada por piezas que van desde el siglo XV en adelante. Son de destacar las piezas de torneo realizadas para Carlos V y Felipe II por los principales maestros armeros de Milán y Augsburgo. Entre las piezas más llamativas sobresale la armadura y aperos completos que el emperador Carlos V empleó en la Batalla de Mühlberg, y con los cuales fue retratado por Tiziano en el famoso retrato ecuestre del Museo del Prado. Desgraciadamente, una parte de la armería se perdió durante la Guerra de la Independencia y durante la Guerra Civil Española.

El palacio está rodeado por los jardines del Campo del Moro, al oeste, situados entre el edificio principal y la calle de la Virgen del Puerto y cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, los jardines de la Plaza de Oriente en frente de la fachada este y por último los jardines de Sabatini al norte, que se extienden hasta la cuesta de San Vicente, de menor extensión y creados en el siglo XX.

Estos Jardines deben su nombre a que supuestamente en este lugar acamparon las tropas del caudillo musulmán Alí ben Yusuf en 1109 durante un intento de reconquista de la plaza de Madrid. Las primeras obras para acondicionar la zona se deben a Felipe IV, durante cuyo reinado se construyeron fuentes y se plantaron diferentes tipos de vegetación, aunque el aspecto general del lugar siguió bastante descuidado. Durante la construcción del nuevo palacio se realizaron diversos proyectos de ajardinamiento basados en los jardines del Palacio de la Granja, pero no se llegó a realizar nada por la falta de fondos, no siendo hasta el reinado de Isabel II en que se comienza un ajardinamiento más serio. En esta época se diseña un gran parque de tipo romántico y se instalan fuentes traídas desde el palacio de Aranjuez. Con la caída de Isabel II los jardines sufren un periodo de abandono y descuido en el que se pierde una parte del diseño y no es hasta la Regencia de María Cristina cuando se inician una serie de obras de recuperación, otorgándole el diseño actual, que sigue el trazado de los parques ingleses del siglo XIX.

De forma ocasional a lo largo de su reinado, como por ejemplo para celebrar su onomástica el día de San Juan, el rey ha celebrado recepciones y cenas de gala en estos jardines durante los meses de verano.

Al este del palacio se halla la Plaza de Oriente, surgida en el siglo XIX tras los derribos de casas promovidos por José Bonaparte con el afán de proporcionar mayor espacio alrededor del edificio y dignificar sus accesos. De ella precisamente toma su nombre informal el palacio.

Las estatuas de reyes que ornamentan la plaza son algunas de las que estaban pensadas para decorar la cornisa superior del palacio y que acabaron distribuidas por éste y otros lugares de la geografía madrileña y española, creyéndose tradicionalmente que el cambio de ubicación fue debido a su excesivo peso cuando en realidad intervinieron otros factores de índole político.

Situados en la parte norte, entre el Palacio Real, la calle de Bailén y la cuesta de San Vicente. De diseño francés, son unos jardines de carácter monumental, creados en los años treinta del siglo XX. Reciben la denominación de Sabatini debido a que en este lugar se ubicaron las caballerizas construidas por este arquitecto para servicio del Palacio. Estos jardines están adornados con un estanque a cuyo alrededor se sitúan algunas de las estatuas de los reyes españoles que en un principio estaban destinadas a coronar el Palacio Real. Situadas de modo geométrico entre sus paseos, se encuentran varias fuentes.

Al principio



Madrid

Palacio de la Prensa, Gran Vía a la altura de la Plaza del Callao, Pedro Muguruza Otaño (1925-1929). Se construyó como edificio multifuncional, a imitación del urbanismo y arquitectura norteamericanas, donde aparte de la sede social de la Asociación de la Prensa de Madrid (actividad de enorme importancia, véase Historia de la prensa en España), existía un café concierto, una enorme sala de cine con 1840 localidades (que sigue existiendo, convertida en multicines desde 1991), viviendas de alquiler y oficinas. La primera película proyectada fue El destino de la Carne. El extraño diseño del patio de butacas exigía que se accediera a él en ascensor, característica que se eliminó en 1941 (reforma de Enrique López-Izquierdo). Los cines y demás locales comerciales de la Gran Vía han sufrido diversas vicisitudes desde su primitivo diseño, y han sido objeto de un reciente plan de recuperación de su estética original. Actualmente muchos de ellos se han reformado para acoger espectáculos dramático-musicales, con lo que el tramo de la calle entre Callao y Plaza de España se ha convertido en un pequeño Broadway. Otros comercios tradicionales de la zona eran y siguen siendo las librerías, como la Casa del Libro de la Editorial Espasa-Calpe y las pequeñas librerías de la calle Libreros, especializadas en libros de segunda mano y libros de texto, y las tiendas de discos.[77]  En 1991 se hizo una nueva reforma convirtiéndolo en un cine multisalas.

Madrid es la capital de España, de la Comunidad de Madrid y de la provincia homónima. También conocida como La Villa y Corte, es la ciudad más grande y poblada del país, alcanzando oficialmente 3.232.463 habitantes dentro de su municipio y 6.043.031 en su área metropolitana, siendo por ello la tercera área urbana más poblada de la Unión Europea.

Como capital del Estado, Madrid alberga las sedes del Gobierno, Cortes Generales, Ministerios, Instituciones y Organismos asociados, así como de la residencia oficial de los reyes de España. En el plano económico, Madrid es un importante centro financiero e industrial, sede del principal mercado de valores del país, de numerosas empresas nacionales y de varias de las más grandes corporaciones del mundo, mientras que en el plano internacional, acoge la sede mundial de la Organización Mundial del Turismo (OMT), la sede de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), y la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). Madrid organiza ferias como: FITUR, Madrid Fusión, ARCO, SIMO, el Salón del Automóvil de Madrid y la Pasarela Cibeles. Es un influyente centro cultural nacional y cuenta con museos de referencia internacional entre los que destacan el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, los cuales forman el llamado Triángulo del Arte.

Es una de las 4 ciudades candidatas a organizar los Juegos Olímpicos de 2016, Madrid 2016. Junto con Tokio, Chicago y Rio de Janeiro.

Nacida a partir del asentamiento fortificado hispanomusulmán de Mayrīt o Magrit, conquistado por Alfonso VI de León y Castilla en 1083, la villa fue designada en 1561 como sede de la corte de Felipe II, siendo la primera capital permanente de la monarquía española. Desde entonces, salvo un breve intervalo de tiempo entre 1601 y 1606 en el que la capitalidad pasó temporalmente a Valladolid, Madrid ha sido la capital de España y sede del Gobierno de la Nación.

La capitalidad, con sus evidentes efectos espaciales, funcionales y fisionómicos, constituye el hecho diferencial de Madrid en relación con el resto de ciudades españolas, lo que, por el contrario, la acerca a otras capitales europeas, como París, Londres o Berlín. Es evidente que el devenir de la ciudad y su conversión en una gran metrópolis está indisolublemente unido a la institución de la capitalidad, pero, además de sus consecuencias metropolitanas, el hecho confiere un carácter distintivo a la ciudad, que la hace diferente al que poseen otras grandes ciudades no capitales.

A pesar de que desde 1561 el establecimiento de manera permanente de la Corte en Madrid otorgara a la Villa la condición de capital (de la Monarquía Católica y del Imperio Español), el reconocimiento jurídico de la función de capitalidad hubo de esperar más tiempo. Hasta 1931, con el advenimiento de la Segunda República Española, no se oficializa constitucionalmente este hecho, posteriormente también sancionado en la Constitución de 1978. Sin embargo, no fue hasta 2006 cuando se promulgó una ley, la Ley de Capitalidad y Régimen Especial de Madrid, por la que el Parlamento desarrolló legislativamente las consecuencias de este hecho diferencial.

Los símbolos de la villa de Madrid son la bandera carmesí propia de los ayuntamientos castellanos y el escudo tradicional con el oso y el madroño, tocado con corona real antigua, según el actual reglamento de Protocolo y Ceremonial del Ayuntamiento de Madrid.

En 2004 la corporación municipal adoptó un logotipo basado en el escudo de la villa, en línea de color azul claro, que es utilizada en los documentos internos y de comunicación externa.

Pese a que no se han encontrado restos fósiles humanos, sí se ha hallado gran variedad de útiles, especialmente en el entorno de Arganda del Rey y del Manzanares, que permiten probar la existencia de asentamientos humanos en las terrazas del río en el lugar que hoy ocupa la ciudad.

La conquista, colonización y pacificación romana de la península Ibérica dura casi 200 años, desde la Segunda Guerra Púnica hasta el 27 a. C. en el que completan la pacificación del norte del territorio y lo dividen en tres provincias. La región que actualmente ocupa Madrid se situaría en la Tarraconense.

Si bien es posible que durante el periodo romano el territorio de Madrid no constituyese más que una región rural, beneficiada por la situación de cruce de caminos y la riqueza natural, también existen pruebas de la posible existencia de un asentamiento urbano en el entorno de la calle de Segovia y la ribera del Manzanares. Recientemente se ha hallado una antigua basílica visigoda en el entorno de la iglesia de Santa María de la Almudena. La presencia de una población estable en Madrid estaría apoyada por las dos necrópolis visigodas en la antigua colonia del Conde de Vallellano —paseo de Extremadura, junto a la Casa de Campo— y Tetuán de las Victorias. Dentro del casco medieval se encontró una lápida bastante deteriorada con la leyenda «MIN.N. BOKATUS. INDIGNVS. PRS. IMO / ET TERTIO. REGNO. DOMNO. RVD. / MI. REGVM. ERA DCCXXXV», nunca completada e interpretada de forma varia, pero que podría indicar la presencia de población estable ya en el siglo VII.

La primera constancia histórica de la existencia de un asentamiento estable data de la época musulmana. En la segunda mitad del siglo IX, el emir de Córdoba Muhammad I (852-886) construye una fortaleza en un promontorio junto al río (en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real) con el propósito de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de razzias contra los reinos cristianos del norte. Junto a la fortaleza se desarrolla, hacia el sur, el poblado. Esta población recibe el nombre de Mayrīt (Magerit en su forma castellanizada), cuyo significado no está claro, pero que parece ser el híbrido de dos topónimos muy parecidos: uno europeo mozárabe, matrice, con el significado de «fuente», y otro árabe, majrà, que significa «cauce» o lecho de un río. Ambos aluden a la abundancia de arroyos y aguas subterráneas del lugar. De este período, conocidos a partir de los diversos trabajos arqueológicos desarrollados en la ciudad a partir de 1975, se conservan algunos restos: la muralla árabe de la Cuesta de la Vega, la atalaya de la Plaza de Oriente y los vestigios de un viaje de agua de la Plaza de los Carros. En Madrid nació en el siglo X Maslama al-Mayriti, llamado «el Euclides andalusí», notable astrónomo y fundador de una escuela matemática en Córdoba.

Con la caída del reino taifa de Toledo en manos de Alfonso VI de León y Castilla, la ciudad fue tomada por las fuerzas cristianas en 1085 sin resistencia, probablemente mediante capitulación. La ciudad y su alfoz quedaron integrados en el reino de Castilla como territorios de realengo. Los cristianos sustituyen a los musulmanes en la ocupación de la parte central de la ciudad, quedando los barrios periféricos o arrabales, que en el periodo anterior eran habitados por una comunidad mozárabe, como morería. También existió una judería en el entorno del que sería más tarde barrio de Lavapiés. Durante el siguiente siglo, Madrid sigue recibiendo embates de los nuevos poderes musulmanes de la península, los almorávides, que incendian la ciudad en 1109 y los almohades, que la someten a sitio en 1197. La victoria cristiana de Las Navas de Tolosa aleja definitivamente la influencia musulmana del centro de la península.

De esta época proceden dos destacados hechos religiosos que marcan el desarrollo de la personalidad del cristianismo popular de Madrid: el «descubrimiento» de la imagen de la Virgen de la Almudena y la "milagrosa" vida de Isidro Labrador, que más tarde sería canonizado. La ciudad va prosperando y recibe el título de villa en 1123. Siguiendo el esquema repoblador habitual en Castilla, Madrid se constituye en concejo, cabeza de una comunidad de villa y tierra, la comunidad de villa y tierra de Madrid. El gobierno de la ciudad recae en todos los madrileños con el rango de vecinos, reunidos en concejo abierto hasta que en 1346, el rey Alfonso XI implanta el regimiento, en el cual ya sólo representantes de la oligarquía local, los regidores, gobiernan la ciudad. En 1152, el rey Alfonso VII estableció los límites de la comunidad de villa y tierra, entre los ríos Guadarrama y Jarama. En 1188, una representación de Madrid participa por primera vez a las Cortes de Castilla. En 1202, Alfonso VIII le otorgó su primer fuero municipal, que regulaba el funcionamiento del concejo, y cuyas competencias fueron ampliadas en 1222 por Fernando III el Santo.

A pesar del apoyo madrileño a Pedro I, posteriormente los soberanos de la casa de Trastámara residirían con frecuencia en la villa debido a la abundancia y calidad de sus cotos de caza, a la que son muy aficionados. Antes incluso, ya el libro de Montería de Alfonso XI anotaba: «Madrid, un buen lugar de puerco y oso», y posiblemente de esa característica derivaba el escudo que las huestes madrileñas llevaron a la batalla de las Navas de Tolosa. Posteriormente, un prolongado pleito entre el Ayuntamiento y la Iglesia, acabó con un acuerdo de reparto de pastos para ésta y pies de árbol para aquél, con lo que un árbol fue incorporado al escudo junto al oso u osa y las siete estrellas de la constelación homónima. La identificación del árbol con el madroño es más oscura, más allá de la homofonía con el nombre de la ciudad. Es habitual llamar a Madrid la ciudad del oso y el madroño.

En la Guerra de las Comunidades, a la cabeza de su regidor Juan de Zapata, Madrid se une a la sublevación contra Carlos I (1520) pero tras la derrota de los comuneros en Villalar, la villa es asediada y ocupada por las tropas reales. A pesar de todo ello, el sucesor de Carlos I, Felipe II decide instalar la corte en Madrid en 1561. Este hecho sería decisivo para la evolución de la ciudad y haría que los avatares del país y la monarquía, en mayor o menor medida, influyeran en el destino de la ciudad. Salvo un breve periodo entre 1601 y 1606 en que la corte se traslada a Valladolid, la capitalidad será consustancial a Madrid desde entonces. Una famosa expresión indicaba esa identidad: «sólo Madrid es corte», lo que, de forma conceptista, también se entendía al revés: «Madrid es sólo corte».

Con el establecimiento de la corte en Madrid, su población empieza a crecer de forma significativa. A la burocracia real, a los miembros de la corte y todas las personas necesarias para su sustento, se unen desheredados y buscavidas de todo el imperio. En 1625, Felipe IV derriba la muralla de la ciudad, ya sobrepasada y edifica la que será la última cerca de Madrid. Esta cerca, construida exclusivamente por razones fiscales (impuesto de portazgo) limitará el crecimiento de la ciudad hasta el siglo XIX. Las tareas de gobierno se centralizan en el Alcázar Real, conjunto de edificaciones situadas en los terrenos que más adelante ocuparán el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Paralelamente, se aumentan la superficie de otro palacio en el extremo este de la ciudad, más allá de la cerca. Se trata del Palacio del Buen Retiro, empezado a construir por los Reyes Católicos (que también trasladaron a sus proximidades el monasterio de los Jerónimos, situado anteriormente cerca del Manzanares, zona de la Estación del Norte), del que se conservan sus jardines, el Salón del Reino y el Salón de Baile, conocido, este último, como el Casón del Buen Retiro y utilizado por el Museo del Prado.

El cambio de dinastía traería cambios importantes para la ciudad. Los monarcas de la nueva dinastía la encontraron como una población oscura, de calles angostas, masificada, sin sistemas de alcantarillado y definitivamente pestilente. Los Borbones se plantean la necesidad de equiparar Madrid a otras capitales europeas. El incendio del Alcázar Real en 1734 (suceso desgraciado que causa la desaparición de una tercera parte de la colección real de pinturas) es la excusa para construir el Palacio Real al estilo de Versalles. Las obras durarían hasta 1755 y no sería ocupado hasta el reinado de Carlos III. Puentes, hospitales, parques, fuentes, edificios para el uso científico, ordenanzas de alcantarillado y otras actuaciones son promovidas por el monarca, que recibe el título popular de «mejor alcalde de Madrid», con la colaboración de arquitectos y urbanistas excepcionales: Francesco Sabatini, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva entre otros.

El proyecto del Salón del Prado, en las afueras de la ciudad, entre el conjunto del Buen Retiro y la cerca, es probablemente el más importante y el que ha dejado una herencia más importante a la ciudad: los paseos del Prado y Recoletos, las fuentes de Neptuno , Cibeles y Apolo, el Real Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico o el Gabinete de Historia Natural que más tarde se convertiría en el Museo del Prado. Sin embargo, no siempre la relación del «rey alcalde» con sus súbditos-vecinos fue buena: varias medidas de su programa de modernización fueron contestadas de manera violenta durante el motín de Esquilache de 1766 aunque en el cual, confluyeron además causas más complejas.

La ciudad aparece vista desde el suroeste, y algo distinta de como la pudo dibujar Wyngaerde doscientos años antes. El Alcázar de los Austrias ha sido sustituido por el Palacio borbónico de Felipe V, el puente de Segovia (a la izquierda) es el actual, y el perfil de la enorme cúpula de San Francisco el Grande domina el resto de iglesias de la villa. Al norte (a la izquierda) se adivina la «montaña» del Príncipe Pío, donde el pintor tendrá ocasión de observar una trágica escena de fusilamientos veinte años después de esta festiva composición.

El levantamiento del pueblo de Madrid en contra de las tropas francesas el 2 de mayo de 1808 marca el principio de la guerra de la Independencia. El rey José Bonaparte realiza reformas en la capital, siendo frecuentes las órdenes de derribar conventos para hacer plazas, por las que adquiere el mote de Pepe Plazuelas. Pese a su gestión urbanística, el devenir de la guerra le fuerza a huir de Madrid. La liberación de la ciudad se salda con la destrucción de valiosos recintos, como el Palacio del Buen Retiro.

La desamortización supuso un cambio drástico en el sistema de propiedad inmobiliaria, además de concentrar una gran colección de arte que aumentará los fondos de instituciones culturales importantísimas: el Museo del Prado (creado durante el reinado de Fernando VII en el edificio previsto para Gabinete de Ciencias) y la Biblioteca Nacional. También supone la creación en Madrid de la Universidad Central, que conservará el nombre de Complutense ya que proviene del traslado físico y jurídico del claustro y alumnos de la renombrada Universidad de Alcalá a la cercana capital.

Durante el siglo XIX, la población de la ciudad sigue creciendo. La percepción de los cambios que harán desaparecer la ciudad preindustrial estimula la aparición de una literatura "madrileñista", como la de Ramón de Mesonero Romanos. La información estadística y de todo tipo recopilada por Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico para toda España fue especialmente exhaustiva para Madrid, cuyo artículo tiene un encabezamiento muy significativo: "Madrid: audiencia, provincia, intendencia, vicaria, partido y villa".

En 1860 se derriba por fin la cerca de Felipe IV y la ciudad puede crecer, en principio de una forma ordenada, gracias al plan Castro y la realización de los ensanches. Será la oportunidad de fabulosos negocios, que enriquecieron a José de Salamanca y Mayol, Marqués de Salamanca, quien dio nombre al nuevo barrio creado al este de lo que pasará a ser el eje central de la ciudad (el Paseo de la Castellana, prolongación del Paseo del Prado). Se establece un moderno sistema de abastecimiento de aguas (el Canal de Isabel II) y se establece la comunicación por ferrocarril que convertirá a Madrid en el centro de la red radial de comunicaciones, lo que también deja su huella en la trama urbana (Estación de Atocha y Estación de Príncipe Pío).

En los primeros 30 años del siglo XX, la población madrileña llega casi al millón de habitantes. Nuevos arrabales como las Ventas, Tetuán o el Carmen daban acogida al recién llegado proletariado, mientras en los ensanches se instalaba la burguesía madrileña. Estas transformaciones fomentaron la idea de la Ciudad Lineal, de Arturo Soria. Paralelamente se abrió la Gran Vía, con el fin de descongestionar el casco antiguo y se inauguró el metro en 1919. Durante el reinado de Alfonso XIII, cede éste terrenos del real pecunio, al noroeste del Palacio Real, para fundar la Ciudad Universitaria.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 suponen un gran triunfo de la conjunción republicano-socialista en Madrid, obteniendo el 69,2% de los votos (88.758 votos para la conjunción y 33.939 para los monárquicos, que se tradujeron en 15 concejales socialistas y 15 republicanos frente a 20 concejales monárquicos ). Pedro Rico, del Partido Republicano Federal, fue elegido alcalde por la corporación municipal. El triunfo republicano en Madrid y la mayoría de las capitales de provincia supone la descomposición de la monarquía y el advenimiento de la Segunda República Española, apenas dos días después. El comité republicano asumió el poder el día 14 por la tarde, proclamando la República en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, sede del Ministerio de la Gobernación, ante una multitud enfervorizada. La Constitución de la República promulgada en 1931 fue la primera que legisló sobre la capitalidad del Estado, estableciéndola explícitamente en Madrid.

El estallido de la Guerra Civil española tuvo lugar en Melilla a media tarde del viernes 17 de julio y fue siendo conocido en Madrid en las horas siguientes. Todavía el sábado 18 y el domingo 19 guardó la ciudad una cierta normalidad. Tras el aplastamiento de la rebelión en Madrid, mal planificada, en el Cuartel de la Montaña y los cuarteles de Carabanchel, en los que los elementos leales del ejército y de las fuerzas de seguridad fueron auxiliados por las milicias, a las que Gobierno autorizó la entrega de armas, comenzó una represión, muchas veces indiscriminada no sólo hacia los que habían participado en la rebelión, sino contra los que se consideraban desafectos. Surgieron centros de interrogación y detención (las famosas "checas") de donde muchos detenidos sólo salían para ser "paseados", apareciendo sus cadáveres en los alrededores de la ciudad. Domicilios particulares fueron incautados y la misma suerte corrieron las sedes de los partidos políticos de derechas. Se produjo también el asalto a las iglesias, con irreparables pérdidas artísticas y culturales en muchos casos. Por decreto oficial de agosto de 1936, fueron definitivamente cerradas todas las iglesias de España. La violencia política no disminuyó hasta el afianzamiento del poder gubernamental a finales de 1937, sin que antes de ello, durante los meses de noviembre y diciembre de 1936, tengan lugar los graves hechos conocidos como Matanzas de Paracuellos, en los que miles de presos, mantenidos en las prisiones de Madrid, ante la llegada de las tropas franquistas a las inmediaciones de la capital, fueron sacados de ellas y asesinados a las afueras de la ciudad.

La resistencia de las milicias, militarizadas en forma de Ejército Popular en 1937, dirigidas por la Junta de Defensa de Madrid, consigue frenar la ofensiva durante la batalla de Madrid en los barrios del oeste de la ciudad, especialmente en el entorno del barrio de Argüelles y la Ciudad Universitaria), donde se estabilizó el frente, que quedaron gravemente dañadas.

La ciudad no volvería a sufrir otro asalto por tierra durante la guerra, pero fue castigada por el fuego artillero y los bombardeos aéreos, primeros en la Historia sobre una capital, a imagen de los que otras europeas sufrirán durante la Segunda Guerra Mundial. Las operaciones de la aviación del bando sublevado, apoyada por aparatos de la Alemania nazi y de la Italia fascista causan en 4 meses, del 7 de noviembre de 1936 al 9 de marzo de 1937, 1.490 muertos, 430 desaparecidos y 3.502 heridos. aparte de causar numerosos destrozos en edificios emblemáticos, como los que afectaron, del 14 al 17 de noviembre de 1936, al Museo del Prado, el Museo de Arte Moderno, el Instituto Cajal, el Museo Arqueológico y el Palacio de Liria. La aviación también fue utilizada para atemorizar al enemigo, ejemplo sonado fue la acción del 15 de noviembre cuando fue arrojado en paracaídas sobre el centro de la ciudad, el cadáver descuartizado de un piloto republicano apresado horas antes; el cajón llevaba la indicación "A la Junta de Defensa de Madrid".

La resistencia de Madrid es exaltada por la propaganda en favor de la causa republicana con el lema «¡No pasarán!», pero la situación obliga a las instituciones y el Gobierno así como una parte de la población civil a ser evacuados hacia las regiones del interior y del Levante. El final de la guerra fue especialmente caótico en Madrid, con el enfrentamiento violento entre facciones dentro del bando republicano como consecuencia del golpe del coronel Casado.

Acabada la guerra el 1 de abril de 1939, Madrid comienza a padecer la represión franquista; en julio de ese año, el conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de la Italia fascista, escribe en su diario que son entre 200 y 250 ejecuciones diarias.

Terminada la guerra, la ciudad sigue su imparable crecimiento espacial, al tiempo que restaña las heridas que la contienda había dejado en la ciudad, especialmente en su fachada oeste. Cientos de miles de españoles emigran del campo a la ciudad. Madrid (junto con Barcelona o Bilbao) es una de las ciudades que más se benefician de estos movimientos de población. A partir de 5 de junio de 1948, comienza el proceso de anexión a Madrid de hasta trece municipios limítrofes, que termina el 31 de julio de 1954 (Aravaca, Barajas, Canillas, Canillejas, Chamartín de la Rosa, Fuencarral, Hortaleza, El Pardo, Vallecas, Vicálvaro, Villaverde, Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo), pasando su extensión de 66 km² a los 607 km² actuales y ganando unos 300.000 nuevos habitantes. El desorden urbanístico fue la norma: crecieron poblados chabolistas (descritos magistralmente por Luis Martín-Santos en Tiempo de silencio), al tiempo que el centro histórico era sujeto a especulación, permitiéndose el derribo de edificios de valor artístico o tradicionales para ser sustituidos por otros de estética moderna, se construyen edificios de arquitectura innovadora como las suspendidas Torres de Colón. En algunos casos las intervenciones arquitectónicas tienen un carácter de marcar la presencia política, tratando de potenciar el concepto de "Madrid Imperial" franquista, como en la zona de Moncloa, donde se levantan el Arco de la Victoria y el Ministerio del Aire, en un estilo neoherreriano, o la Casa Sindical, edificio de los Sindicatos Verticales, una torre prismática y funcional de ladrillo frente al mismísimo Museo del Prado que abandona el herrerianismo en favor del racionalismo.

El Plan de Ordenación del Área Metropolitana, aprobado en 1963, inició la tendencia a desviar la concentración poblacional de Madrid hacia municipios metropolitanos como, Alcorcón, Alcobendas, Coslada, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, San Sebastián de los Reyes, San Fernando de Henares y Torrejón de Ardoz, que se convierten en ciudades dormitorio. En 1973 se inauguran los primeros tramos de la M-30, el primer cinturón de circunvalación de la ciudad.

Tras la muerte del general Franco, Madrid fue uno de los escenarios principales durante el periodo de la Transición. Los primeros meses del año 1977 destacaron por la agitación política y social, con huelgas, manifestaciones y contramanifestaciones violentas con víctimas mortales. Otros graves acontecimentos fueron los dos secuestros por parte del GRAPO y el episodio de la Matanza de Atocha de 1977 que resultó en el asesinato por parte de elementos de la ultraderecha de los abogados laboralistas en un despacho situado en esta calle. Su multitudinario entierro, previo a la legalización del PCE fue narrado cinematográficamente en Siete días de enero, de Juan Antonio Bardem. Con la consolidación del régimen democrático, la constitución de 1978 confirma a Madrid como capital de la España democrática en cuyo apoyo tendrían lugar las manifestaciones multitudinarias tras el desbaratado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

En 1979, tuvieron lugar las primeras elecciones municipales democráticas desde la II República en las que resultó elegido Alcalde de la ciudad el representante de los partidos de izquierda, Enrique Tierno Galván conocido como El Profesor. Tras su muerte, fue sustituido por Juan Barranco, del PSOE, con apoyos del PCE, virando después la ciudad a posiciones más conservadoras con Agustín Rodríguez Sahagún, del CDS, y José María Álvarez del Manzano. Alberto Ruiz-Gallardón, del PP, fue nombado alcalde de la ciudad tras su periodo al frente del gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid. La elección democrática de alcaldes trae definitivamente grandes beneficios a la ciudad, al verse obligados los alcaldes a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, ante los que responden (los alcaldes franquistas eran elegidos directamente por Franco): construcción de bibliotecas, instalaciones deportivas, centros de salud; eliminación de los núcleos chabolistas; limpieza del río Manzanares; mejora del viario; cierre de la M-30 por el norte, enterramiento de la misma en la zona del Manzanares; construcción de nuevas vías de circunvalación (M-40, M-45, M-50), a la vez que se aumenta la capacidad de las carreteras de acceso (convertidas en autovías o duplicadas con autopista de peaje); regulación de aparcamiento (ORA) en el interior de la ciudad, que llega al límite de la M-30, con protestas vecinales, todo ello con el objeto de absorber y regular el tráfico creciente.

En el siglo XXI, la ciudad sigue abordando nuevos retos: mantenimiento de la población dentro del núcleo urbano (Madrid es el municipio de España en el que el aumento del precio de la vivienda ha sido mayor); expansión de la ciudad (con la creación de nuevos barrios con Plan de Actuación Urbanística: Ensanche de Vallecas, Ensanche de Carabanchel, Montecarmelo, Arroyo del Fresno, Las Tablas, Sanchinarro, Valdebebas...); remodelación del centro histórico; absorción e integración de la inmigración que acude a la ciudad.

En la mañana del 11 de marzo de 2004, la red de transporte de cercanías de la ciudad fue el escenario de los Atentados del 11 de marzo de 2004 reivindicados por Al-Qaeda, el ataque terrorista más grave sufrido en España y en la Unión Europea por el que resultaron asesinadas 191 personas y se causaron heridas a más de 1900. El 11 de marzo de 2007, justo tres años después, los Reyes de España inauguran en la plaza de Carlos V un monumento conmemorativo a las víctimas del atentado. El 30 de diciembre de 2006, ETA hizo volar el aparcamiento de la terminal T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas, causando la muerte a dos personas. Desde los atentados contra Luis Carrero Blanco (1973) y el bar de la Calle del Correo (1974, frente a la Dirección General de Seguridad), Madrid ha sufrido buena parte de la actividad de esta banda terrorista, así como la de otros grupos de todo signo, como los de ultraderecha, el GRAPO o el terrorismo islámico.

La población de Madrid ha ido experimentando un importante aumento desde que se transformó en capital. Este aumento es especialmente significativo durante el periodo de 1940 a 1970, debido a la gran cantidad de inmigración interior. Este acelerado crecimiento y la falta de planificación urbana produjo que se organizaran núcleos de infraviviendas y zonas residenciales, principalmente en los distritos del sur, en las que los servicios públicos no llegarían hasta muchos años después. A partir de los años setenta, este aumento se desacelera en favor de los municipios de zona metropolitana y Madrid incluso comienza a perder población. Desde 1995 el crecimiento poblacional es de nuevo positivo, debido principalmente a la inmigración exterior. Según los datos disponibles, a 1 de enero de 2007 la población de Madrid ascendía a 3.132.463 habitantes, frente a los 2.938.723 del censo de 2001.

En 2004 se registraron 32.851 nacimientos en la ciudad de Madrid, lo que supuso un incremento respecto al año anterior. En los últimos cuatro años el número de nacimientos en la región se ha incrementado de forma continua. La tasa de natalidad se sitúa en 10,38 puntos, sufriendo también un incremento constante desde 2000.

En 2004 se registraron 26.527 defunciones en la ciudad de Madrid, lo que supuso un incremento con respecto al año anterior, pero manteniéndose cifras más bajas que en los años 2000, 2001 y 2002. La tasa de mortalidad fue de 8,38 puntos, bastante inferior que en los cuatro años anteriores.

Según el censo de 2008 la población extranjera de Madrid es de 547.282 habitantes sobre un total de 3.238.191, lo que supone el 16,9%. Los distritos con más población inmigrante son Usera con un 28,37%, Centro con un 26,87%, Carabanchel con el 22,72% y Tetuán con el 21,54%. Por el contrario, los distritos con menor población inmigrante son Fuencarral-El Pardo con el 9,27%, Retiro con el 9,64%, Chamartín con el 11,74% y San Blas con el 13,43%.

En torno a la ciudad de Madrid, se conforman una serie de núcleos urbanos que dependen en algún sentido de la ciudad. Puesto que no hay definición oficial por parte del Estado ni del gobierno autonómico, las cifras provienen de diferentes estudios independientes y organismos oficiales indirectos. Según el proyecto Áreas urbanas de España 2005 — AUDES5, las cifras para el área metropolitana de Madrid serían de 5.843.031 habitantes y una superficie de 4.609,7 km², lo que supone una densidad de 1.021,6 hab/km².

Madrid ha sido definida por el grupo de estudios Globalization and World Cities como ciudad global de tipo beta, con 8 puntos en la clasificación de ciudades globales.

El gentilicio de los habitantes de Madrid es «madrileño» o «matritense». No obstante, históricamente, a los habitantes de Madrid se les ha apodado también «gatos» debido a que, según la leyenda, la conquista de la ciudad por las tropas de Alfonso VI a finales del siglo XI, se realizó mediante el asalto de la muralla por la que treparon las tropas castellanas. Otras leyendas señalan en cambio que este apelativo de «gatos» les fue otorgado a los ciudadanos de Madrid en la Edad Media por su gran habilidad a la hora de trepar por murallas y acantilados con las manos desnudas.

El casco antiguo, con origen en la medina musulmana, surge de un emplazamiento estratégico (el control de un vado del Manzanares) que determinará una serie de limitaciones topográficas: la disposición del caserío original en las zonas elevadas sobre el río y el barranco de la calle de Segovia, donde se establecerán, al lado norte la alcazaba y al sur los barrios mozárabe y judío (transmutados en morería y judería con la ocupación cristiana del siglo XI).

Cuando Felipe II hizo de Madrid la capital de España, acordó con las autoridades de la Villa establecer una llamada Carga de Aposento, que no era exactamente lo mismo que la anterior regalía de aposento, puesto que fue una carga permanente, no transitoria, que las autoridades madrileñas pactaron con el rey, a cambio de que éste estableciese la capitalidad en Madrid, Según esta carga, aquellos que tuvieran una casa de más de una planta, cederían una de ellas para aposentar la gran cantidad de funcionarios y cortesanos de segundo rango que habrían de llegar a la flamante capital de un importante imperio. Las autoridades de la ciudad pensaron en las ventajas económicas que la capitalidad traería, pero los madrileños, no especialmente contentos, empezaron a construir las que fueron llamadas casas a la malicia, de una sola planta, para no sufrir las incomodidades de la Carga. Como resultado de esto el casco urbano se extendió rápidamente y en unos 40 años (a principios del siglo XVII) llegó hasta la cerca que más tarde se construiría (por el norte hasta los llamados bulevares y por el este hasta el arroyo de la fuente Castellana, es decir, el paseo de Recoletos y El Prado) y que perduraría prácticamente hasta el siglo XIX, mientras la ciudad volvía a crecer en altura.

Las ampliaciones urbanas necesariamente hubieron de hacerse hacia el este, por el obstáculo de las pendientes sobre el río. Las calles más amplias que desembocan en el Prado servían como espacio de prestigio, como escenario de procesiones y paradas cortesanas. El planteamiento del Paseo del Prado en tiempo de Carlos III respondía a los mismos criterios, determinó el futuro eje viario y de expansión urbana del Paseo de la Castellana.

La rápida expansión del siglo XVI se hizo tan deprisa que no dejó espacio para la creación de plazas. A principios del siglo XIX, el rey José I, tampoco especialmente partidario de los conventos, se dedicó a derribar unos cuantos (Santo Domingo, Mostenses, Santa Bárbara, ...) usando los terrenos para construir plazas (que suelen llevar el nombre del convento derribado), por lo que José se ganó el sobrenombre de "el rey Plazuelas".

Tras unos siglos en que el crecimiento quedó contenido en el casco antiguo, aumentando la densidad de ocupación (dando origen, entre otras cosas, al modelo de las corralas, bien descrito por el costumbrismo madrileño), el ayuntamiento, impulsado por promotores privados (Marqués de Salamanca), planteó una ambiciosa ampliación urbana.

Más allá de los bulevares que se abrieron cuando se derribó de la cerca del siglo XVII, se construyó el ensanche de la segunda mitad del siglo XIX proyectado por Carlos María de Castro llegando la zona urbana hasta el Paseo de Ronda. En las zonas que quedan en el extrarradio del ensanche van apareciendo núcleos espontáneos de viviendas de autoconstrucción más o menos precarias en las vías de acceso a la ciudad. A comienzos del siglo XX se planifica en su zona noreste la Ciudad Lineal de Arturo Soria.

Desde finales del siglo XIX el centro histórico sufrió alteraciones puntuales de alguna importancia, siendo la intervención más significativa la apertura de la Gran Vía, que junto con zonas de la Castellana (Nuevos Ministerios, AZCA) forman unos ejes «pantalla» que aíslan a ambos de sus lados zonas de menor altura de edificación y menor anchura del viario.

La periferia urbana actual corresponde con el espacio exterior a la llamada «almendra central» definida por la M-30, y que corresponde en su mayor parte a los antiguos municipios absorbidos tras la Guerra Civil. Además de los cascos históricos de esas poblaciones, las nuevas áreas residenciales creadas en el antiguo suelo agrícola son: o bien barrios de chabolas posteriormente reedificados (Orcasitas, El Pozo del Tío Raimundo); o zonas de planificación de los años 1950 (San Blas); o promociones privadas de especulación urbanística de los años 1970 (Barrio del Pilar), que a veces se han calificado de «chabolismo vertical». Los espacios intersticiales son ocupados por zonas de utilización productiva o los equipamientos públicos, que en la mayor parte de los casos tuvieron que conformarse con el escaso suelo que quedó libre de la especulación, en ausencia de una planificación con mayor perspectiva.

La ciudad de Madrid está gobernada por el Ayuntamiento de Madrid, cuyos representantes se eligen cada cuatro años por sufragio universal de todos los ciudadanos mayores de 18 años de edad. El órgano está presidido por el Alcalde de Madrid, desde las elecciones municipales de 2003, Alberto Ruiz-Gallardón.

Puede consultarse esta lista de alcaldes de Madrid desde comienzos del siglo XIX.

La ciudad de Madrid se encuentra en la zona central de la Península Ibérica, a pocos kilómetros al norte del Cerro de los Ángeles, centro geográfico de ésta. Las coordenadas de la ciudad son 40°26′N 3°41′O / 40.433, -3.683 y su altura media sobre el nivel del mar es de 667 m.

El contexto geográfico y climático de Madrid es el de la Submeseta Sur, dentro de la Meseta Central. La ciudad está situada a pocos kilómetros de la Sierra de Guadarrama e hidrográficamente se encuentra emplazada en la cuenca del Tajo.

El principal río de de Madrid es el Manzanares, que penetra en municipio en el entorno del Monte de El Pardo alimentando el embalse del mismo nombre, al que también llegan las aguas de los arroyos de Manina y Tejada. Pasado este espacio natural, el río comienza su curso urbano en torno a la ciudad universitaria, entrando después, brevemente, en la Casa de Campo, donde recibe las aguas del arroyo de Meaques.

En este tramo más propiamente urbano, hacia el puente del Rey, recibía las aguas de arroyo Leganitos (su vaguada es el paseo de San Vicente), luego la de otro arroyo que discurría por la Calle de Segovia, y más adelante las aguas del arroyo de la Fuente Castellana (la fuente estaba situada en los llamados Altos del Hipódromo, hacia donde está el actual Museo de Ciencias Naturales, y la vaguada del arroyo discurría por el actual eje Castellana-Prado).

En su siguiente tramo sirve de frontera entre numerosos distritos, dejando en su margen suroeste a los de Latina, Carabanchel, Usera y Villaverde y en el noreste a los distritos Centro, Arganzuela, Puente de Vallecas, Villa de Vallecas y al resto de la ciudad. En esta fase, concretamente entre los distritos de Arganzuela y Puente de Vallecas, recibe el cauce del soterrado arroyo Abroñigal, cuyo recorrido coincide en su casi totalidad al de la autopista M-30, al usarse la depresión causada por su cauce como medida de insonorización de la vía rápida; también recibe las aguas del arroyo Butarque, éstas en torno al distrito de Villaverde.

A su salida de la ciudad de Madrid, el río entra en el extremo oriental del municipio de Getafe, donde recibe las aguas del arroyo Culebro, para desembocar poco después en las aguas del río Jarama, ya en el entorno de Rivas-Vaciamadrid.

Además de los que desaguan en el Manzanares, existen otros pequeños cursos fluviales en la ciudad de Madrid y en su entorno. Es el caso de arroyos de la Moraleja, de la Vega, Valdelamasa o Viñuelas, que desaguan directamente en el Jarama o del arroyo Cedrón, que lo hace en el río Guadarrama.

El clima de Madrid es Clima mediterráneo continental y está muy influido por las condiciones urbanas.

Los inviernos son fríos, con temperaturas inferiores a los 5 °C, heladas nocturnas frecuentes y nevadas ocasionales. Los veranos son calurosos con medias en torno a los 24 °C en julio y agosto y con máximas que a veces superan los 35 °C. La oscilación diaria es importante en la periferia urbana, pero se ve reducida en el centro de la ciudad por el efecto antrópico. La amplitud térmica anual es alta (19 grados, cifra propia de la Meseta Sur) como consecuencia de la gran distancia al mar y la altitud (en torno a los 600 m). Las precipitaciones anuales son superiores a los 400 mm, con mínimos muy marcados en verano (cuatro meses secos, de junio a septiembre) y grandes oscilaciones entre la zona NO, bastante más lluviosa, y la zona SE que resulta más árida.

La ciudad de Madrid tenía en 2003 un Producto Interior Bruto de 79.785.000.000 €, suponiendo el 10% de la renta nacional. De los sectores económicos de la ciudad, el más importante es el terciario o sector servicios, que representa ya un 85,09% de la economía de la ciudad. Dentro de este sector destacan los servicios financieros (31,91% del PIB total) y las actividades comerciales (31,84% del PIB total). El resto del PIB lo aporta la industria (8,96% del PIB total), el sector de la construcción (5,93% del PIB total). La agricultura tiene un carácter residual, de manera que apenas aporta un 0,03% del total.

La ciudad experimentó un gran desarrollo a raíz de que Felipe II la convirtiese en capital del Reino. La función administrativa que desempeñó desde entonces, acentuada por el carácter centralista del sistema de gobierno instaurado por los Borbones, propició el desarrollo de la actividad artesana, con la inclusión de algunas instituciones protocapitalistas, como fueron los Cinco Gremios Mayores o el Banco de San Carlos y algunas manufacturas reales, como la famosa Porcelana del Buen Retiro, destruida en la Guerra de Independencia o la Fábrica de Tabacos de la glorieta de Embajadores. El abastecimiento urbano ocupaba un lugar central en la preocupación de los poderes públicos (estatales y municipales), y descansaba en una compleja red de agentes e instituciones públicas y privadas (pósito, fiel almotacén, rastro, repesos, obligados, tablajeros, revendedores...) que funcionaban en torno al mercado (plazuelas y Plaza Mayor), siguiendo el sistema paternalista y proteccionista propio del mercantilismo. Durante el Antiguo Régimen, Madrid fue una capital imperial, descrita a veces como un parásito económico que succionaba los recursos de sus dominios sin contribuir directamente a la génesis de su riqueza. A diferencia de otras ciudades en la transición del feudalismo al capitalismo (notablemente Londres o París), su posición geográfica, en una meseta no conectable fluvialmente y aislada por cordilleras de una costa a cientos de kilómetros, le imposibilitaba ser el centro comercial de la Monarquía Hispánica (papel que podría cumplir Sevilla, o hubiera podido ser Lisboa, de haberla elegido Felipe II). Por tanto, la función principal de Madrid fue ser el centro de la vida política y social, y en lo económico un mercado de consumo suntuario y el mercado de referencia de la agricultura castellana (fundamentalmente cerealista). La integración de un mercado nacional no fue posible hasta muy entrado el siglo XIX, con el trazado de los ferrocarriles y los cambios político económicos de la era liberal (como la desamortización).

Madrid no se transformó en un centro de importancia industrial en el siglo XIX. La principal mercancía que transportaba el tren de Aranjuez (primer destino conectado con Madrid y que es llamado aún hoy el Tren de la Fresa) fueron las maderas que los gancheros bajaban desde la Sierras del Alto Tajo y que alimentaban la construcción, que siempre ha sido una de las principales actividades económicas, a falta de un tejido productivo más básico. Buena muestra de la debilidad industrial fue el relativamente escaso desarrollo del movimiento obrero, que siempre tuvo su centro de gravedad en Barcelona. La fundación del PSOE y la UGT en Madrid fueron curiosamente fruto de la personalidad de Pablo Iglesias, un obrero tipógrafo (una industria vinculada a una tradicional actividad urbana madrileña: la edición de libros y periódicos).

La expansión industrial se produjo en el siglo XX, sobre todo tras la guerra civil y la posguerra. El desarrollo se centró en sectores dinámicos, como la química, la metalurgia y otras especialidades relacionadas con el consumo urbano de tecnología avanzada: mecánica de precisión, electrónica, farmacéutica, y otras. Un factor que favoreció el desarrollo industrial de esta época fue el estímulo de la Administración, a consecuencia de ser Madrid la capital del estado, lo que trajo como consecuencia indirecta la localización de un gran número de sedes de empresas nacionales e internacionales. También el movimiento obrero, encuadrado obligatoriamente en el sindicato vertical franquista, responde a esa nueva dinámica con la extensión de las ilegales Comisiones Obreras (nacidas en la minería asturiana) por las fábricas de la periferia industrial madrileña, gracias a la actividad de activistas como Marcelino Camacho y el Padre Llanos.

Desde la llegada de la democracia y a pesar de la descentralización administrativa, la tendencia expansiva de la ciudad se ha mantenido, de manera que presenta hoy en día una de las economías más dinámicas y diversificadas de la Unión Europea. A esto ha contribuido sin duda la privilegiada posición geográfica de la ciudad, un muy buen nivel de infraestructuras y un elevado grado de concentración de capital humano, con un alto nivel de formación.

La industria en la ciudad de Madrid pierde peso poco a poco, para trasladarse a los municipios del Área metropolitana de Madrid, especialmente del arco Sur-Sureste. Aun así la industria sigue suponiendo un porcentaje relevante del PIB de la ciudad.

La construcción es el sector de más crecimiento de Madrid, estimado en un 8,2% en el año 2005. La tendencia muestra un aumento de la construcción no residencial, empujada por la ligera desaceleración del incremento del precio de la vivienda en 2005.

Pero es el sector servicios el que lidera la actividad económica de Madrid, con un 85% del total, y ocupa a dos terceras partes de la población activa. A las tradicionales funciones administrativas, por albergar la Administración central del Estado, y financieras (Madrid es la sede de gran cantidad de empresas que desarrollan su actividad en toda España y acoge la mitad del capital financiero nacional), se han sumado las relacionadas con el transporte o con la pujanza del aeropuerto de Madrid-Barajas. De hecho los mayores centros de empleo y aportación al PIB de la ciudad de Madrid, son el propio aeropuerto e Ifema, el recinto ferial de la ciudad.

Además, Madrid se ha convertido en una de las ciudades más visitadas de Europa, sólo por detrás de París, Londres, Roma, y es la primera de España. En la ciudad se desarrolla gran cantidad de actividades de carácter turístico, lúdico y cultural.

El Ayuntamiento ha publicado el Balance energético del municipio de Madrid, que concluye, entre otros, la disminución de la dependencia energética y el aumento significativo de la generación de energía a partir de fuentes renovables entre 2003 y 2006.

La educación en Madrid depende a su vez de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, que asume las competencias de educación a nivel regional.

Se estima que hay unos 167.000 alumnos en educación infantil, 320.800 en educación primaria, unos 4.500 en Educación Especial, y en torno a 50.000 de Formación Profesional. El total de estudiantes no universitarios es superior al millón de alumnos, de los que unos 600.000 estudian en centros públicos, 260.000 en centros privados concertados y unos 150.000 en centros privados no concertados.

En los 21 distritos de la ciudad de Madrid hay 520 guarderías (98 públicas y 422 privadas), 235 colegios públicos de educación infantil y primaria, 106 institutos de educación secundaria, 309 colegios privados (con y sin concierto) y 24 centros extranjeros.

Asimismo, Madrid es la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), de las diversas Academias nacionales y de la Biblioteca Nacional con su colección de archivos históricos.

En el distrito de Moncloa-Aravaca está la Ciudad Universitaria de Madrid, un barrio en el que se concentran la mayor parte de las facultades y escuelas superiores de las universidades Complutense y Politécnica. En el centro de la misma de ubica el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno.

Madrid fue en el 2006 la cuarta ciudad más visitada de Europa y la primera de España al acoger a casi siete millones de turistas ese año. Es además sede de la Organización Mundial del Turismo y de la Feria Internacional del Turismo — FITUR.

La mayor parte de los lugares turísticos de Madrid se encuentran en el interior de la ciudad, principalmente en los distritos Centro, Salamanca, Chamberí, Retiro y Arganzuela.

El centro neurálgico de Madrid es la Puerta del Sol, punto de partida de la numeración de todas las carreteras del país. De esta plaza nacen diez calles.

La Calle Alcalá conduce desde la Puerta del Sol hacia el noreste de la ciudad. Desde ella se llega a la Plaza de Cibeles, en la que se encuentran lugares emblemáticos como la Fuente de Cibeles, el Banco de España o el Palacio de Comunicaciones (Antonio Palacios, 1918), actual sede del Ayuntamiento de Madrid. Posteriormente la calle alcanza la Plaza de la Independencia, en la que se encuentran la Puerta de Alcalá y una entrada al Parque del Retiro, en el que se encuentran lugares emblemáticos como el Palacio de Cristal, junto al estanque (1887, Ricardo Velázquez Bosco). En las inmediaciones con la M-30 se cruzará con la Plaza de Toros de Las Ventas.

La Calle Mayor conduce hasta la Plaza Mayor, construida y reconstruida en sucesivas intervenciones de los Maestros Mayores de Obras de Madrid, los arquitectos más presentes en el plano madrileño, como Juan Gómez de Mora (1619) o Juan de Villanueva (1790); continuando por el llamado Madrid de los Austrias —en referencia a la dinastía de los Austrias— llegando finalmente a la Calle Bailén, cerca de la Catedral de la Almudena, proyectada por varias generaciones de arquitectos, desde el siglo XVIII (Ventura Rodríguez) hasta finales del XX (Fernando Chueca Goitia); y de la iglesia de San Francisco el Grande (Francisco Cabezas y Francesco Sabatini, 1784).

Cerca de este punto se encuentran las ruinas de las murallas y atalaya árabes de la antigua fortaleza de Mayrīt así como de la posterior muralla cristiana. En este entorno se encuentran algunas de las zonas ajardinadas más bellas de la ciudad, como el Campo del Moro y los Jardines de Sabatini. Algo más al Oeste están la Casa de Campo y el entorno del río Manzanares, cruzado por los puentes de Segovia y de Toledo de las calles del mismo nombre. En la segunda, más adelante, se encuentra la Puerta de Toledo.

Desde allí la Calle Bailén conduce hasta la Plaza de España en la que se encuentran el monumento a Miguel de Cervantes, los edificios España y Torre de Madrid y el Templo de Debod, un templo egipcio trasladado piedra a piedra a España como agradecimiento por la ayuda ofrecida en la construcción de la Presa de Asuán. También en esta plaza nace la Gran Vía de Madrid, que avanzará dejando al norte el barrio de Malasaña, de una importante actividad nocturna y cultural, cruzándose con las Calles del Carmen y Preciados en la Plaza de Callao y más adelante con la Calle Montera —las tres provenientes de la puerta del Sol—. En este punto Malasaña deja paso al barrio de Chueca, de ambiente alternativo y gay. La Gran Vía finalmente terminará al cruzarse con la calle Alcalá.

La Calle Arenal llega al Teatro Real (Antonio López Aguado y Custodio Moreno, 1850), en la Plaza de Ópera, continuando hasta la Plaza de Oriente, donde se encuentra el Palacio Real (Filippo Juvara y Juan Bautista Sachetti, 1738–1764).

Las Calles del Correo, Carretas y de Espoz y Mina, parten hacia el sur hacia el Barrio de las Letras. En esta zona se encuentran multitud de bares de copas y pubs, especialmente en el entorno de las calles Huertas, Atocha y de la Plaza de Santa Ana. Esta área termina en el entorno de la Plaza de Carlos V, junto a la emblemática Estación de Atocha y al Ministerio de Agricultura.

La Carrera de San Jerónimo sale hacia el sureste, cruzando las plazas de Canalejas y de las Cortes —junto al Palacio de las Cortes— y llegando hasta el llamado Triángulo del Arte de los museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza en el ajardinado Paseo del Prado. No muy lejos se encuentra el Observatorio Astronómico de El Retiro, la Basílica de Nuestra Señora de Atocha y el Panteón de Hombres Ilustres. También en este entorno se encuentra la iglesia de San Jerónimo el Real que da nombre a la calle, el Hotel Ritz, el Palacio de la Bolsa y la Real Academia de la Lengua Española.

En el mismo Paseo del Prado se encuentra la fuente de Neptuno, lugar de celebración de victorias del club de fútbol Atlético de Madrid (en rivalidad con las del Real Madrid, que se celebran en la de Cibeles). Esta calle continúa hacia el norte con el nombre de Paseo de Recoletos hasta la Plaza de Colón, en la que se encuentra la Biblioteca Nacional, las Torres Colón y un centro cultural subterráneo bajo los Jardines del Descubrimiento, en el espacio ocupado por la antigua Casa de la Moneda, en cuyo exterior se levantan un conjunto escultórico, el monumento al descubridor y la bandera de España más grande del país, con una superficie cercana a los 300 metros cuadrados y un mástil de 50 metros de altura. En este punto cambia de nuevo su nombre a Paseo de la Castellana, convirtiéndose en una de las vías más importantes de la capital y alcanzando el extremo norte de ésta. En torno a su fin, contiene las áreas empresariales de AZCA y Cuatro Torres Business Área, que contienen algunos de los edificios más altos del país.

Las calles de Madrid son un verdadero museo de escultura al aire libre, además del llamado Museo de Escultura al aire libre de la Castellana, dedicado a obras abstractas, entre las que destaca la «Sirena varada» de Eduardo Chillida, que debe su nombre a la negativa del ayuntamiento franquista a colocarla en el lugar inicialmente previsto, lo que originó un escándalo en ambientes artísticos y un conjunto de opiniones dispares en un público poco preparado para las innovaciones estéticas; el autor la llamaba «Punto de encuentro».

Desde el siglo XVIII, el espacio del Salón del Prado se adornó con un programa iconográfico de fuentes monumentales con referencias clásicas: la Fuente de la Alcachofa, las Cuatro Fuentes, la Fuente de Neptuno, la Fuente de Apolo y la Fuente de Cibeles. En la Plaza de Oriente se exhibe una serie de reyes de España desde los visigodos y los distintos reinos cristianos medievales, que fueron bajados de la cornisa de Palacio donde previamente se habían colocado, a consecuencia de un sueño premonitorio de la reina Isabel de Farnesio. Algunos se conservan en el Retiro.

Las esculturas ecuestres son particularmente espectaculares, empezando cronológicamente por dos del siglo XVII: la de Felipe III, en la Plaza Mayor, y la de Felipe IV, en la Plaza de Oriente (sin duda la más importante de Madrid, proyectada por Velázquez y construida por Pietro Tacca con asesoramiento científico de Galileo Galilei). Del siglo XIX son la estatua de Espartero, en la Calle de Alcalá frente al Retiro, y la del Marqués del Duero en la Castellana. En Nuevos Ministerios estuvo la estatua ecuestre de Francisco Franco que se retiró en 2004 por decisión del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, medida que suscitó algún escándalo, coincidiendo con el debate sobre la memoria histórica; durante el gobierno de Felipe González se habían colocado cerca de ella estatuas de Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero.

El Paseo de la Castellana alberga también estatuas notables, como la de Colón, la de Emilio Castelar (de Mariano Benlliure, prolífico escultor que tiene mucha obra expuesta en Madrid, en calles o edificios, como varias tumbas en el Panteón de Hombres Ilustres), la «Mano» de Fernando Botero, Monumento a la Constitución de 1978 de Madrid (un cubo de mármol de Macael) y el Monumento a José Calvo Sotelo en la Plaza de Castilla.

Dispersas por todo Madrid, sobre todo en el centro, se encuentran muchas otras notables esculturas: las más famosas los leones de las Cortes, hechos por Ponciano Ponzano del bronce fundido de cañones tomados en la Guerra de África (1886), frente a los que se encuentra una escondida estatua de Miguel de Cervantes. En las tres puertas del Museo del Prado se encuentran magníficas estatuas de Goya (Mariano Benlliure), Velázquez (Aniceto Marinas) y Murillo (Sabino Medina), y frente al Casón del Buen Retiro hay una estatua de la reina regente María Cristina de Borbón. En la Plaza de la Lealtad se encuentra el obelisco a los caídos por España, y en la Plaza del Dos de Mayo, donde estuvo el cuartel de artillería de Monteleón, el grupo escultórico de Daoiz y Velarde. En las escalinatas de la Biblioteca Nacional se encuentra una serie de estatuas de literatos españoles, y en su interior una destacable de Marcelino Menéndez y Pelayo. En la Plaza de España se encuentra un grupo escultórico de grandes dimensiones: el Monumento a Cervantes.

Muchas zonas del Parque del Retiro son realmente escenografías escultóricas: El Ángel Caído de Ricardo Bellver, el grupo escultórico de Alfonso XII, tras él la estatua también ecuestre de Martínez Campos, y más escondidos los monumentos a Julio Romero de Torres y a Ramón y Cajal (Victorio Macho, 1926). Dentro del Jardín Botánico se encuentra una estatua de Carlos III, que también dispone en la Puerta del Sol una ecuestre, realizada recientemente sobre un diseño del siglo XVIII, y muy cercana a dos de las más famosas: La Mariblanca (nombre vulgar de una Diana que presidió una fuente clásica) y El Oso y el Madroño (quizá la más fotografiada). No obstante, la estatua más popular de Madrid posiblemente sea la de Eloy Gonzalo (obra de Aniceto Marinas), el héroe de Cascorro, que preside el Rastro con una amenazante lata de gasolina.

En la Plaza de la Ópera se encuentra la estatua de Isabel II, que fue derribada y arrastrada durante la proclamación de la Segunda República. Algunas estatuas de republicanos destacados fueron apartadas tras la Guerra Civil y rescatadas en democracia, como el busto de Pablo Iglesias, de Emiliano Barral. Otro famoso busto, el de Antonio Machado por Pablo Serrano (éste esculpido durante el franquismo, en 1966), que tuvo que mantenerse oculto durante años en el domicilio del fiscal Chamorro, ahora se encuentra en Baeza, con una réplica en la calle dedicada al poeta, en la zona norte de Madrid. No muy lejos se encuentra una escultura de tubos semicirculares de grandes dimensiones de Andreu Alfaro, cruzando sobre la calzada central de la Avenida de la Ilustración.

En forma de relieves, adosadas a edificios o encaramadas a sus cornisas se encuentran multitud de esculturas. En las postrimerías del barroco destacan las complejas portadas de Pedro de Ribera (la del antiguo Hospicio, hoy Museo Municipal de Madrid, y la del Monte de Piedad, además de la decoración de puente de Toledo y muchos otros edificios singulares). En época contemporánea se encuentran más ejemplos escultóricos, como los caballos alados del Ministerio de Fomento o Agricultura, en Atocha, el Fénix del edificio de La Unión y el Fénix, la Minerva del Círculo de Bellas Artes o los aurigas del Banco Hispano Americano en la plaza de Sevilla (inmortalizados en la película La Comunidad).

En otro orden de cosas (aunque también inmortalizados en alguna película, como El día de la Bestia) están los letreros publicitarios luminosos de neón, algunos de los cuales han adquirido rango de históricos y están legalmente protegidos, como el de Schweppes en la plaza del Callao o el de Tío Pepe en la Puerta del Sol.

Si bien Madrid nunca ha sido una ciudad destacada por sus rascacielos, durante el siglo XX, especialmente con la construcción de la Gran Vía, se levantaron los primeros que, si bien no podían considerarse rascacielos, sí eran edificios destacados. No es hasta 1953 cuando se levanta el primer rascacielos en Madrid, el Edificio España y en 1957 le supera la Torre de Madrid. En la década de 1980 se levantan los rascacielos de AZCA, como la Torre Picasso y la torre de telecomunicaciones Torrespaña, si bien ésta no se suele considerar como un rascacielos. Durante los años 2006 y 2008, se ha construido en el Paseo de la Castellana el parque empresarial Cuatro Torres Business Área, proyecto en el que hay cuatro rascacielos que superan los 200 metros de altura, entre los cuales los más altos son la Torre Caja Madrid y la Torre de Cristal, con 250 y 249 metros cada una.

Actualmente la lista de edificios por altura es la siguiente. Se muestran en negrita los edificios que están en construcción.

Si bien es la zona centro la que concentra la mayor parte del interés turístico, algunos lugares de interés se encuentran en los barrios de la periferia. Es el caso del Planetario, situado en el Parque de Enrique Tierno Galván junto a la M-30, en el entrono de Arganzuela y Puente de Vallecas.

El Palacio de El Pardo se encuentra en el distrito no urbanizable de Fuencarral-El Pardo. Su entorno, el Monte de El Pardo, está protegido tanto por formar parte del Patrimonio Nacional como por su valor ecológico, debido a sus abundantes y diversas flora y fauna autóctonas. También este espacio protegido alberga el Palacio de la Zarzuela, residencia de la Familia Real Española y el llamado «pabellón del Príncipe de Asturias», de reciente construcción (año 2001).

Si bien no pertenecen a la ciudad de Madrid, hay otros lugares de su entorno que, debido a su escasa distancia de la ciudad, están íntimamente relacionados con ella.

Algunos de los más destacables son el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y el Valle de los Caídos, a escasos kilómetros del primero, situados en la también muy destacable Sierra de Guadarrama.

En la zona Este y Sur destacan las ciudades de Alcalá de Henares y Aranjuez, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, así como la villa de Chinchón.

La ciudad de Madrid, con la Pasarela de moda Cibeles, está considerada como uno de los centros europeos de la moda, por lo que todas las marcas principales tienen sede en la ciudad. Si bien las tiendas minoristas se distribuyen por toda la ciudad, también existen áreas de especial concentración comercial como son los entornos de la Puerta del Sol, las calles Serrano y Goya.

Hay establecimientos especializados en alta costura de todas las principales marcas internacionales, como Armani o Gucci, así como de las españolas como Zara, Loewe o Cortefiel. También hay multitud de tiendas de ropa informal y deportiva, con presencia de las principales marcas. Es de reseñar la cadena El Corte Inglés, especialmente dedicada a la moda, y que cuenta con centros en los puntos de la ciudad más concurridos.

También es renombrado el mercadillo callejero de El Rastro, que se sitúa los domingos y festivos en torno a la calle Ribera de Curtidores.

Madrid ofrece la posibilidad de disfrutar de los pocos cafés clásicos que quedan. Destacan el literario Café Gijón (Paseo de Recoletos, 21) y el Café Comercial (Glorieta de Bilbao, 7).

A finales de mayo y principios de junio, se celebra cada año en los Jardines del Retiro, la Feria del Libro de Madrid, que comenzó su andadura en tiempos de la Segunda República, en 1933.

Aunque no son pocas las referencias a Madrid en la literatura medieval, e incluso hay célebres madrileños en ella, como Ruy González de Clavijo, es desde la literatura del siglo de Oro cuando las referencias a Madrid son muy abundantes, bien por ser el escenario de obras literarias o aparecer en sus títulos (El Acero de Madrid o Las Ferias de Madrid, de Lope de Vega) o bien por referirse en concreto a la villa, sus costumbres y moradores, entre los que se encontraban los propios Cervantes, Lope de Vega (él mismo natural de Madrid), Quevedo, Góngora (inquilino y enemigo mortal de aquél, que se dio el gusto de desahuciarle). Las calles entre Atocha y la Carrera de San Jerónimo concentran la mayor parte de los lugares de vida y enterramiento de estos genios, incluyendo el local donde se imprimió el Quijote, y son conocidas como Barrio de las Letras o Barrio de Las Musas (a no confundir con el homónimo situado en San Blas). Dos corrales de comedias (el Corral del Príncipe, precedente del Teatro Español, y el de los Caños del Peral, precedente del Teatro de la Ópera de Madrid) se repartían la audiencia popular, rivalizando en estrenar a Tirso de Molina o a Calderón de la Barca (ambos madrileños). El siglo XVIII significó una decadencia de la calidad de la literatura, incluida la escénica, aunque el público madrileño se deleitaba con los sainetes de Ramón de la Cruz, de ambiente castizo (uno de los cuales acuñó el término Manolo), o las más intelectuales producciones de los Moratín (padre e hijo).

Más brillantez tuvo la escena musical, en que aparte de los nacionales, figuras extranjeras como el castrato Farinelli y el compositor Luigi Boccherini, que llegó a identificarse lo suficiente con la ciudad como para producir la celebérrima Ritirata de Madrid.

El romanticismo madrileño del siglo XIX tiene en el madrileño Mariano José de Larra su principal exponente. Su suicidio y entierro (con lectura de epitafio por José Zorrilla incluida) sólo se entienden en el contexto y ambiente que refleja a la perfección el Museo Romántico. Con autores como Francisco Asenjo Barbieri, Federico Chueca y Tomás Bretón se desarrolla un género dramático musical autóctono, de ambiente popular y costumbrista: la zarzuela, de la que Madrid es capital mundial, especializándose en ella la programación del Teatro de la Zarzuela o del Teatro Apolo. El ambiente costumbrista madrileño también produjo comedias de mucho éxito de público, como las del alicantino Carlos Arniches, que más que reflejar el habla popular, la exageraba hasta un punto paródico que, curiosamente, terminó siendo imitado por los hablantes reales.

La «victoria» llevó al exilio (interior o exterior) a buena parte de los supervivientes. En Madrid quedaron Vicente Aleixandre o Gerardo Diego, según éste en una ciudad de «algo más de un millón de cadáveres». Los entierros de José Ortega y Gasset y de Pío Baroja, cuyo incómodo silencio difícilmente podía entenderse como justificación del régimen franquista, fueron significativamente los dos actos culturales más trascendentes de una época sombría. En el bando triunfador no veían las cosas mucho más alegres, como demostró La colmena de Camilo José Cela o la película Surcos, de José Antonio Nieves Conde, que denunciaba desde una ideología falangista la corrupción que la ciudad ejercía sobre una familia de emigrantes campesinos. La generación de los cincuenta insistió en los tintes sombríos (La taberna fantástica de Alfonso Sastre, ambientada en el Arroyo de Abroñigal, hoy M-30; El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, que narra el paso del tiempo de unos jóvenes madrileños que van a refrescarse a las riberas de ese río; o Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, que recorre Madrid entero, desde el Centro Superior de Investigaciones Científicas, el Ateneo y las mansiones aristocráticas hasta los prostíbulos, las verbenas populares y las chabolas). La cinematografía que retrata el Madrid de la época contaba con productos de evasión de gran consumo, que propagaban valores tradicionales con tintes más o menos edulcorados, como en las películas de Rafael J. Salvia (Manolo, guardia urbano; Las chicas de la Cruz Roja, La gran familia, ésta codirigida por Fernando Palacios). Otra de mayor altura estética y compromiso social enmascarado en el humor negro puede verse en Luis García Berlanga (Una pareja feliz, El verdugo), Edgar Neville (Domingo de Carnaval y El último caballo) o Marco Ferreri (El pisito y El cochecito). La escena madrileña, al mismo tiempo que recoge la última época del género ínfimo (el cuplé y la revista musical, estrechamente sometidos a censura ), representa las obras de tinte pesimista de Antonio Buero Vallejo, desde Historia de una escalera (1949) y otras ambientadas en Madrid (La detonación, en la época de Larra, Un soñador para un pueblo, en la de Esquilache).

El color gris posiblemente no se despejó del ambiente artístico hasta el estallido de la movida madrileña entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Las películas de Pedro Almodóvar y la denominada nueva comedia madrileña (Fernando Colomo) reflejan un Madrid definitivamente superador del de Muerte de un ciclista de Juan Antonio Bardem veinte años antes. A finales de los 80 y principios de los 90 los estertores de la movida dejaron paso a una degradación urbana generalizada, a causa del auge de la heroína, que se hizo sentir en Chueca (hoy barrio de abierta presencia gay), Villaverde, San Blas o Vallecas y poblados marginales adyacentes. Algo de todo esto trasciende en la canción Pongamos que hablo de Madrid de Joaquín Sabina o en las películas El día de la Bestia (1995) y en clave de humor, Torrente (1998), donde el concepto de caspa —vocablo muy madrileño que designa algo en decadencia y rancio, ya sea mentalidad, moda o ambiente— cobra pleno significado. La historia entera se refleja en un minuto en ¡Mírala!, La Puerta de Alcalá cantada por Víctor Manuel y Ana Belén.

Madrid es una de las ciudades europeas con mayor proporción de zonas verdes por habitante, concretamente 70 m² frente a los 20 m² de media en Europa. Además, con cerca de 300.000 árboles, es la segunda ciudad del mundo en número de estos en las calles y paseos, sólo superada por Tokio. Dos de los tres parques regionales existentes en la Comunidad de Madrid protegen porciones del municipio de Madrid. Más de la cuarta parte de su término se encuentra protegido a través del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, donde se incluyen el Monte de El Pardo y el Soto de Viñuelas, espacios naturales situados al noroeste y norte del casco urbano, respectivamente. Al sur del mismo, quedan protegidas 783 ha dentro del Parque Regional del Sureste.

Madrid es un referente de la moda española y también a nivel internacional. La que hasta ahora ha sido denominada Pasarela Cibeles, recobra aun más vida a nivel internacional con su nombramiento como Cibeles Madrid Fashion Week. La cuarta pasarela mas importante a nivel internacional tiene lugar en Madrid durante los meses de febrero y septiembre, en los que importantes diseñadores nacionales muestran sus colecciones.

Madrid es particularmente conocida por su vida nocturna y sus discotecas.En el distrito centro, son varias las zonas tradicionalmente orientadas a la concentración de locales de diversión, principalmente el entorno de la plaza de Santa Ana, en el llamado «Barrio de las Letras», y los barrios de Malasaña, alrededor de la plaza Dos de Mayo, La Latina, Lavapiés, y Chueca, próximo a la calle Gran Vía, caracterizado por la numerosa oferta orientada al público gay y que en 2007 fue sede de festival Europride 2007 que vino a reconocer internacionalmente el éxito en años anteriores de las celebraciones multitudinarias del día del orgullo.

La gastronomía tradicional de Madrid se engloba dentro de la cocina española en general y en particular, de la gastronomía castellana de la cual conserva en algunos platos y preparados las características culinarias heredadas de los tiempos de la instalación de la corte de Felipe II: el cocido madrileño, los callos a la madrileña, la sopa de ajo, la casquería en general y postres como las rosquillas tontas y listas, los huesos de santo o las torrijas madrileñas.

Con frecuencia, el aroma típico de la cocina madrileña se impregna de las propiedades fritura en aceite vegetal como se comprueba en los preparados populares de bares, restaurantes y otros establecimientos en la ciudad: los churros, la tortilla de patatas, los bocadillos de calamares servidos en los bares de la Plaza Mayor, las patatas bravas, los chopitos o las gallinejas.

Tras la caída del Franquismo y el cambio de los hábitos de consumo han proliferado los establecimientos multinacionales de comida rápida así como de cómida «étnica», como es el caso de los conocidos Kebab.

El auge de la inmigración a comienzos del siglo XXI, ha contribuido a la introducción de las gastronomías representativas de los distintos grupos culturales que se han asentado en la ciudad. Así se han desarrollado algunas como la gastronomía china, ecuatoriana y rumana.

Estas autovías son herederas de las anteriores radiales (numeradas con números romanos: N-I, N-II, etc.). Algunos tramos de estas autovías son de peaje denominándose entonces AP-X. En estos tramos suele perdurar la correspondiente carretera radial sin peaje.

Otras autovías que tienen su origen en Madrid y de gran importancia por la densidad de su trafico son la A-42 que une Madrid con Toledo y la M-607, una autovía autonómica que une Madrid con el puerto de Navacerrada, dando servicio a las localidades de Colmenar Viejo y Tres Cantos.

Madrid tiene además una serie de carreteras circunvalatorias a su alrededor, estás son la M-30, que delimita la almendra central de la ciudad, la M-40 en los barrios residenciales de la ciudad, la M-45, bordeando el municipio por el sureste, y la M-50, que no cierra su recorrido por el norte a la altura de El Pardo. Estas autovías sirven para evitar que para que dirigirse de un punto a otro de la periferia haya que atravesar la ciudad.

Actualmente el Metro de Madrid es la segunda red de metro más extensa de Europa Occidental después de la de Londres.

La Red de Metro de Madrid tiene una longitud de 281,780 km y comprende trece líneas. De ellas, discurren íntegramente por el municipio de Madrid nueve y el ramal, tres tienen parte de su trazado fuera del municipio y una discurre íntegramente por otros municipios.

Existen 238 estaciones-línea (190 per se), de las que 151 son sencillas (sin correspondencias), 26 dobles, 10 triples y 1 cuádruple (Avenida de América). 46 de ellas se encuentran fuera del municipio de Madrid. A las líneas convencionales se suman tres líneas más de metro ligero, transcurriendo dos de ellas, en su práctica totalidad, fuera de Madrid. Además hay correspondencia con 19 estaciones de la red de Cercanías de Renfe.

La compañía pública de ferrocarriles (Renfe) opera en casi todas las líneas de tren españolas. Las estaciones de ferrocarril más importantes de Madrid son las de Atocha (oficialmente Puerta de Atocha), Chamartín y, para el transporte de mercancías, la estación de clasificación de Vicálvaro, al este de la ciudad.

De las estaciones de Atocha y Chamartín parten además líneas de tren hacia todas las capitales de provincia españolas. Las redes de tren, cercanías y metro están ampliamente interconectadas con intercambiadores como los de Atocha, Chamartín, Príncipe Pío o Nuevos Ministerios.

Existe una red de autobuses urbanos gestionada, como el resto de la red de transporte público, por el Consorcio de Transportes de Madrid y por la Empresa Municipal de Transportes de Madrid, que cuenta con más de 2.000 vehículos y 194 líneas. Muchos habitantes de los barrios periféricos de la capital, la misma autonomía y provincias limítrofes utilizan los servicios del ferrocarril de cercanías y autobuses interurbanos para llegar a la capital y luego utilizar el metro. Por eso también la red de autobuses está ampliamente interconectada con los ferrocarriles. Los principales intercambiadores son los de Avenida de América y Méndez Álvaro, aunque hay otros menores como los de Moncloa, Príncipe Pío y Plaza Elíptica.

El principal aeropuerto de Madrid es el de Madrid-Barajas (IATA: MAD, OACI: LEMD), situado en el nordeste de la ciudad, a 12 kilómetros del centro. Inició su servicio en 1928, aunque se inauguró oficialmente en 1931 y actualmente está gestionado por Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea AENA. Es además el principal aeropuerto de España por tráfico de pasajeros.

En 2005 el aeropuerto movió 45,5 millones de pasajeros, con un crecimiento respecto al anterior del 8%. Ocupó el puesto número 13 a nivel mundial y quinto europeo por número de pasajeros transportados. En 2007, el tráfico de pasajeros ha ascendido a 52.122.702, convirtiendo a Barajas en el décimo del mundo por volumen de pasajeros y el cuarto de Europa, superando al de Amsterdam-Schiphol que hasta ahora ostentaba ese puesto dentro de los aeropuertos europeos.

El aeropuerto está comunicado con la ciudad a través de la línea 8 de Metro y de numerosos autobuses.

La ciudad cuenta además con un aeropuerto de segunda categoría, el de Cuatro Vientos, destinado al uso militar y escuela de vuelo. Este último fue el primero en construirse de España.

El deporte estrella en Madrid, así como en el resto de España, es el fútbol representado por los clubes del Real Madrid, el Atlético de Madrid que en la temporada 2008-2009 juegan en la Primera División de la liga española de fútbol, y del Rayo Vallecano, en Segunda División. En Segunda División B juegan los filiales del Real Madrid y Atlético de Madrid, denominados Real Madrid Castilla y Atlético de Madrid B respectivamente.

También es popular el baloncesto. Los dos equipos más representativos de la ciudad, ambos en la liga ACB, son el Real Madrid y el Estudiantes.

A imagen del Tour de Francia, la Vuelta Ciclista a España tradicionalmente finaliza en Madrid.

En atletismo, las competiciones más importante son la denominada San Silvestre Vallecana, multitudinaria carrera de fondo que se celebra cada 31 de diciembre, y el Maratón Popular de Madrid (MAPOMA) que se celebra anualmente en primavera.

La historia de la candidatura madrileña a organizar unos Juegos Olímpicos remonta al 29 de diciembre de 1965 cuando fue presentada ante el Comité Olímpico Internacional una candidatura conjunta con Barcelona para albergar la vigésima edición de los Juegos de 1972. La candidatura española quedó no obstante descartada en la sesión del COI celebrada en Roma el 26 de abril de 1966 tras la elección de Múnich.

Madrid fue candidata a celebrar los Juegos Olímpicos de la XXX Olimpiada de la Era Moderna en el año 2012. Esta candidatura fue promovida durante el mandato del alcalde José María Álvarez del Manzano y continuada por su sucesor, Alberto Ruiz-Gallardón. El logotipo de la candidatura fue diseñado por Javier Mariscal.

El COI seleccionó el 18 de mayo de 2004 en la ciudad suiza de Lausana las cinco ciudades candidatas oficiales para la organización de los Juegos Olímpicos del año 2012; Madrid, París, Londres, Nueva York y Moscú. El 6 de julio de 2005, el COI dio a conocer el resultado de la elección de la ciudad que organizará los Juegos Olímpicos de 2012, la elegida fue Londres, quedando la ciudad de Madrid en tercer puesto; más tarde un miembro del COI declaró a la prensa que se equivocó al marcar su voto, de modo que Madrid quedó eliminada en la penúltima votación.

Durante el proceso de selección para los Juegos Olímpicos de 2012, existió un movimiento social minoritario de oposición a la candidatura, a la que acusaban de favorecer la especulación inmobiliaria y de aumentar el ya elevado endeudamiento de la ciudad.

El Comité Olímpico Español renovó el 30 de mayo de 2007 la candidatura olímpica de la ciudad para los Juegos Olímpicos de 2016. El 4 de junio de 2008 Madrid fue preseleccionada como una de las candidatas a la organización de los Juegos Olímpicos de 2016, junto con Chicago, Tokio y Río de Janeiro. El proyecto que presentó se basó en el de la previa candidatura con mejorías, lo cual le permitió ser la segunda ciudad con la mejor valoración, ligeramente por detrás de Tokio.

Madrid alberga la mayor plaza de toros de España y tercera en tamaño del mundo: Las Ventas. Es la última de una serie de plazas que desde el siglo XVIII fueron «desplazándose», alejándose cada vez más del centro de Madrid por la calle de Alcalá. Los primeros festejos se celebraban en la Plaza Mayor, al igual que los Autos de Fe de la Inquisición, ceremonias religiosas solemnes, coronaciones u otros actos. La primera construida ex profeso, de 1749, estaba junto a la Puerta de Alcalá y el edificio del Pósito. La segunda, a la altura del cruce con la calle Goya, junto a la actual Plaza y monumento de Dalí, en el espacio que ahora ocupa el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid.

La temporada taurina de las Ventas es considerada como referente para los toreros (su alternativa no se considera confirmada hasta que no se torea en ella). Es de estilo neomudéjar y fue inaugurada en 1931. En la actualidad, tiene capacidad para casi 25.000 personas y suele dar cabida a actuaciones musicales y otros espectáculos fuera de la temporada taurina.

Existe una plaza de menor tamaño (apta para 14.000 espectadores, actualmente cubierta y climatizada), la Plaza, Palacio o Centro Integrado de Vistalegre (no confundir con la homónima de Bilbao), inaugurada en el año 2000 por Curro Romero en el barrio de Carabanchel-Vista Alegre. Tuvo un precedente en la zona, la plaza llamada La Chata, construida en 1908 y demolida en 1995, durante mucho tiempo propiedad de Luis Miguel Dominguín, que desde 1996 está en proyecto de reconstrucción con un diseño futurista (se cubrirá con una media naranja giratoria).

En la Casa de Campo se encuentra la Venta del Batán, donde tradicionalmente se exponen los toros que se lidian en la Feria de San Isidro, y que acoge la Escuela de Tauromaquia.

Anualmente, además de las de la Feria (que se celebra en torno al 15 Mayo, festividad del santo patrón de Madrid), son especialmente significativas la Corrida de la Beneficencia y la Corrida de la Prensa.

El ambiente taurino de Madrid se proyecta fuera de la plaza, especialmente en bares de ambiente taurino, como la Taberna de Antonio Sánchez (torero que la abrió en 1830) en la calle Mesón de Paredes, o muchas otras en los aledaños de la Puerta del Sol.

La ciudad de Madrid participa activamente en la iniciativa de hermanamiento de ciudades promovida, entre otras instituciones, por la Unión Europea, si bien Madrid también ha establecido gran cantidad de lazos con ciudades de África, Asia y América.

Al principio



Juan Bautista Crescenzi

Giovanni Battista Crescenzi (Roma, 17 de enero de 1577 - Madrid, 17 de marzo de 1635), marqués de la Torre, conocido en España como Juan Bautista Crescenci o Juan Bautista Crescenzi, fue un pintor y arquitecto italiano del Barroco temprano, activo en Roma y afincado en la corte española desde 1617, donde ayudó a decorar el Panteón de Reyes en El Escorial.

Los Crescenzi eran una antigua y prominente familia romana. Su hermano era cardenal. Giovanni se casó con Anna Massima y su hijo, Alessandro Agostino, tomó la carrera eclesiástica, siendo creado cardenal en 1675. Varios miembros de la familia fueron también cardenales.

Estudió pintura con Cristoforo Roncalli. Crescenzi alcanzó relevancia como artista durante el pontificado del papa Pablo V, siendo Superintendente de Obras en la Capilla Paulina de Santa María la Mayor en Roma, supervisando también los proyectos artísticos encargados por el papa.

En 1617 atendió la llamada del rey Felipe III y acudió a Madrid. Desde 1620, su labor fundamental tuvo lugar en El Escorial, donde proyectó y decoró el Panteón de Reyes. Fue el sucesor de Felipe III, Felipe IV el que le otorgó, en reconocimiento a su labor como artista, el marquesado de La Torre y le nombró caballero de Santiago. Ocupó también el cargo de superintendente de la Junta de Obras y Bosques. Como pintor se especializó en la realización de flores.

Como superintendente de las obras reales, el papel de Crescenzi fue muy relevante en el proyecto del Buen Retiro. Durante un tiempo, también le fue atribuida la Cárcel de Corte de Madrid (actual Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores de España).

Al principio



Fuente del Ángel Caído

Detalle de El Ángel Caído (R.A.B.A.S.F., Madrid).

La Fuente del Ángel Caído o Monumento del Ángel Caído se encuentra en los Jardines del Buen Retiro de la Villa de Madrid (España), en la Glorieta del Ángel Caído, sobre el solar que ocupaba la Fábrica de Porcelanas de la China, destruida durante la Guerra de la Independencia en 1813. Es obra de Ricardo Bellver (escultura principal) y Francisco Jareño (pedestal).

La obra fue adquirida por el Estado por 4.500 pesetas, según la tasación previamente efectuada por el Jurado de la Exposición, y se decidió enviarla a París, con motivo de la Exposición Universal de 1878. Dado que en ella sólo se admitían esculturas de mármol o bronce, se iniciaron los trámites para realizar la fundición en dicho metal. Bellver sugirió hacerla en Roma, pero finalmente se llevó a cabo en París, por la casa Thiebaut-Fils.

La petición fue aceptada y la escultura se cedió al Ayuntamiento de Madrid para su instalación en un lugar público de la capital. El sitio elegido fue un espacio libre en los Jardines del Buen Retiro, ocupado anteriormente por la antigua Fábrica de Porcelanas de la China.

En mayo de 1880, Francisco Jareño, arquitecto responsable del Ministerio de Fomento, recibió el encargo de diseñar un pedestal sobre el que se apoyaría la obra de Bellver. Se ejecutó en granito, bronce y piedra, adoptando la estructura de una fuente con un amplio pilón. El conjunto fue inaugurado oficialmente en 1885.

Desde los años noventa se halla expuesta, en la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), una réplica de El Ángel Caído realizada en resina de poliéster sobre molde de silicona.

En lo que hoy es la Glorieta del Ángel Caído se levantaron antaño varias construcciones. La más antigua de que se tiene noticia es la ermita de San Antonio Abad o San Antón, de tiempos de los Austrias. Tras su derribo, Carlos III mandó edificar en el lugar la mencionada Fábrica de Porcelanas, a semejanza de la existente en Capodimonte (Nápoles). La Fábrica fue destruida durante la Guerra de Independencia, y desde entonces el solar permaneció vacío hasta que se erigió la Fuente.

Actualmente, en la Glorieta confluyen tres vías asfaltadas del parque: el Paseo del Duque Fernán Núñez, el de Cuba y el del Uruguay.

El conjunto tiene unas dimensiones aproximadas de 10 metros de largo, 10 de ancho y 7 de alto. La escultura de Bellver mide 2,65 metros de alto.

La fuente está rodeada por un parterre circular de boj. El extenso pilón sobre el que cae el agua es de granito y tiene forma ochavada. En el centro, se alza el pedestal. Su base de granito, a modo de talud, tiene forma de pirámide truncada, de planta octogonal, y en cada uno de sus lados figura una carátula de bronce. Estas carátulas representan a diablos que sujetan con sus manos lagartos, sierpes y delfines, y en cada una de ellas hay tres surtidores de los que emana el agua. Sobre dicha base se sitúan otros dos cuerpos también troncopiramidales, pero con menor inclinación. Y a continuación un tercer cuerpo, de mucha menor altura y compuesto por tres escalones de planta circular, sobre el que descansa la escultura principal que remata el monumento.

El Ángel Caído, con las alas desplegadas y contorsionado, se apoya sobre unas rocas (que sirven de base), mientras una gran serpiente se enrosca alrededor de su cuerpo. Esta obra de Bellver muestra tres grandes influencias: la helenística, especialmente de Laocoonte y sus hijos; la barroca (sobre todo de Bernini), por su composición de líneas diagonales y su expresividad; y la romántica, por su sentimiento e intensidad dramática.

La Glorieta del Ángel Caído, al igual que otros muchos lugares de la capital española (cuya topografía es, en general, muy irregular), se encuentra a una altitud topográfica oficial de 666 metros sobre el nivel del mar en Alicante. Esto, unido a la existencia de una falsa creencia popular moderna según la cual el monumento es una suerte de «homenaje» a Lucifer, al mal, o a lo herético, ha despertado la imaginación de muchos aficionados al esoterismo. No obstante, en la época en que erigió la fuente los instrumentos de medición no tenían la suficiente precisión como para conocer esta cota con tanta exactitud, por lo que se trata de una mera casualidad, llamativa en todo caso.

El Ángel Caído (por Carlos Reyero), en la Enciclopedia On-Line del Museo Nacional del Prado.

Al principio



Source : Wikipedia