Federico Trillo

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Publicado por t800 20/03/2009 @ 08:07

Tags : federico trillo, partido popular, partidos politicos, política

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Federico Trillo

Federico Trillo-Figueroa Martínez-Conde (Cartagena, 23 de mayo de 1952) político español perteneciente al Partido Popular ostentó los cargos de ministro de defensa y presidente del Congreso de los Diputados. Su padre, de nombre también Federico Trillo, fue político durante el franquismo.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca y Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Está casado y tiene cinco hijos. También es miembro del Opus Dei.

Ingresó como número uno de su promoción en el cuerpo jurídico de la Armada en 1974 donde estuvo destinado en la Fiscalía de la Zona Marítima del Mediterráneo y, más tarde en la Dirección de Construcciones Navales Militares. En el año 1979 accedió por oposición al cuerpo de letrados del Consejo de Estado. Se retiró como comandante en 1989 para entrar en la actividad política.

En 1983 entró en el gabinete jurídico de Coalición Popular, entonces dirigida por Manuel Fraga Iribarne, desde donde participó activamente en la reestructuración del partido, convirtiéndose en el Partido Popular. Pertenece a la Ejecutiva Nacional desde 1986.

Ha sido elegido diputado por la Circunscripción electoral de Alicante desde 1989. Durante los años 1989 a 1996 ocupó la vicepresidencia de la mesa del Congreso de los Diputados. De 1991 a 1996 fue portavoz de Justicia del grupo popular y comisionado ante el Tribunal Constitucional. El 27 de marzo de 1996 fue nombrado Presidente del Congreso de los Diputados, cargo que mantuvo hasta el final de la VI legislatura en el 2000. El 27 de abril de 2000, José María Aznar lo nombró Ministro de Defensa de su segundo Gobierno.

En julio de 2002 ordenó el asalto a la isla de Perejil, ocupada días antes por militares marroquíes. El accidente del Yakovlev 42 en Turquía el 26 de mayo de 2003, en el que murieron 62 miembros del Ejército que volvían de Afganistán, y del que repetidamente se negó a aceptar responsabilidad política o penal alguna, marcó el final de su etapa como Ministro de Defensa.

Es autor de varios libros sobre Derecho y pensamiento jurídico y político, aunque sus títulos más conocidos son: El poder político en los dramas de Shakespeare y Pregones y Semblanzas.

Colaboró en la fundación de la Asociación de Estudios para el Progeso Social y es miembro de la Comisión Española de Historia Militar.

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Rodrigo Rato

Rodrigo Rato

Rodrigo de Rato Figaredo (Madrid, 18 de marzo de 1949) es un político español. Fue vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía durante los ocho años de gobierno del Partido Popular en España. Fue el noveno Director Gerente del Fondo Monetario Internacional hasta su dimisión el 19 de junio de 2007. Sucedió en este cargo a Horst Köhler, quien renunció el 4 de marzo de 2004, y permaneció en el mismo hasta el 31 de octubre de 2007, tras lo cual fue sucedido por Dominique Strauss-Kahn.

Nacido en Madrid (España) el 18 de marzo de 1949, es bisnieto del ministro, diputado, senador y alcalde de Madrid Faustino Rodríguez-San Pedro, hijo del empresario Ramón Rato y de Aurora Figaredo Sela, perteneciente a dos familias de propietarios de la minería del carbón, la siderometalurgia y la banca en Asturias.

Tras estudiar con los jesuitas de Chamartín y comenzar la universidad en el ICADE, se licencia en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid en 1971, obtuvo un Máster en Administración de Empresas por la Universidad de California en Berkeley en 1974 y se Doctoró en Economía en 2003 por la Universidad Complutense. Ingresó en política en 1979 figurando como candidato por Cádiz de la Alianza Popular (actualmente Partido Popular). Tras formar parte del comité ejecutivo del partido desde 1980 obtuvo su primer escaño en el Congreso de los Diputados en 1982.

Uno de los jóvenes diputados populares más activos del congreso, apoyó el nombramiento de Aznar como candidato a presidente, junto a otros como Federico Trillo o Juan José Lucas. Durante los años de oposición de Aznar fue su mano derecha y portavoz en el Parlamento. Tras la victoria de este grupo en las elecciones generales de 1996, fue nombrado vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda. En 2000 fue ratificado en el cargo.

Está considerado como el gran artífice de la gran mejoría económica de España en los ocho años de gobierno de Partido Popular. Para muchos, su gestión al frente del Ministerio de Economía está considerada cómo una de las más destacadas en toda la Historia de España, mientras que otros han considerado que el crecimiento económico durante esta etapa era debido a la creación de una burbuja inmobiliaria. En su calidad de Ministro de Economía, Rato desempeñó también la función de Gobernador por España en las Juntas de Gobernadores del FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Asistió regularmente a las reuniones de ministros de Economía y Hacienda de la Unión Europea y representó a ésta en la reunión de ministros de Hacienda del Grupo de los Siete celebrada en Ottawa en 2002, año en el que España ocupaba la Presidencia de la Unión Europea. Fue asimismo el ministro encargado de las relaciones comerciales internacionales del gobierno español y representó a España en las reuniones ministeriales de la Organización Mundial del Comercio celebradas en Seattle en 1999, Doha en 2001 y en Cancún en 2003.

A finales de 2003, su nombre fue barajado como posible sucesor de José María Aznar al frente del PP y como candidato a la presidencia del Gobierno; pero finalmente Aznar nombró a Mariano Rajoy como sucesor. Tras la salida del gobierno de Rajoy, para preparar las elecciones, Rato fue designado vicepresidente primero del gobierno. Ese mismo año obtuvo el Doctorado en Economía por la Universidad Complutense.

En las elecciones del 14 de marzo de 2004 concurrió como número dos en las listas del PP de Madrid, resultando elegido diputado, cargo al que renunció en junio de 2004 al ser nombrado Director Gerente del FMI, por lo que recibió trato protocolario de Jefe de Estado. Anunció su dimisión anticipada el 28 de junio de 2007, por razones personales, la cual se hizo efectiva tras la asamblea anual de 2007, celebrada en octubre.

En agosto de 2007 durante una visita oficial al Reino de Camboya visitó a su primo carnal Monseñor Enrique Figaredo Alvargonzález para conocer de primera mano su labor en este país del sureste asiático.

El 16 de octubre de 2007 afirmó que hay margen para una mayor caída del dólar estadounidense, reconoció que la depreciación que ha experimentado el dólar en los últimos dos o tres años ha sido “bastante sustancial”, pero según sus análisis debe caer aún más, en tanto que al euro “lo vemos en una situación muy cerca del equilibrio”.

El 4 de diciembre se anunció su incorporación a la división internacional del Banco de Lazard, un banco de inversiones francoestadounidense, estableciéndose en Londres con competencias en Europa y Latinoamérica.

A principio de 2008 se incorpora como Consejero Asesor Internacional del Banco de Santander.

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José Manuel Fernández Norniella

José Manuel Fernández Norniella (Oviedo, 9 de octubre de 1945) Ingeniero y político español.

Desde los dos años de edad, reside en Madrid, donde fue trasladado su padre, un ingeniero técnico industrial de la Unión Española de Explosivos. Tiene la misma titulación académica que su padre y comenzó a trabajar en el sector de máquina-herramienta. Alfa Laval, Gumersindo García (Electromecanique), Blackstone ,Brown Boveri y ABB son los capítulos de su trayectoria laboral, hasta que en 1993 aceptó la proposición del PP de aspirar a diputado. Hasta entonces había vivido la política a tiempo parcial.

Casado y con dos hijos. Ingeniero en Ciencias Energéticas. Diplomado en Logística y Aprovisionamiento, en Patentes y Marcas, en Risk Management y en Project Manager. Fue Director General de Asea Brown Boveri S.A, multinacional dedicada al sector de bienes de equipo . Ha sido consejero de RTVE, renunció el 26 de enero de 1993, miembro fundador y secretario de la comisión de economía de Alianza Popular, vicesecretario regional del Partido Popular de Madrid, secretario de Estado de comercio, turismo y pymes, en el MInisterio de Economía y Hacienda (7 de mayo de 1996 a 1998), y presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, elegido en noviembre de 1998.

Ha reconocido en El País, 9 de febrero de 1997, que es un fiel escudero de Rodrigo Rato, a quien conoció en 1979 cuando el partido se llamaba Alianza Popular, y fue el comienzo de una gran amistad; entonces, recibió de Manuel Fraga el encargo de compartir con Rato la tarea de escribir el libro Soluciones para una década, considerado como el embrión de la doctrina económica del gobierno de Aznar, surgido tras las elecciones generales del 3 de marzo de 1996. Habla maravillas de Rato, al que considera una persona "de una capacidad de análisis fuera de lo común". Fernández Norniella dirigió desde la barrera las campañas electorales del PP, en las elecciones de 1989, 1993 y 1996, con buenos resultados. En su propio partido se cuenta que sus archivos están repletos de jugosos datos de políticos y de militantes.

Fernández Norniella fue uno de los diputados del PP que en la V Legislatura firmaron con Federico Trillo una denuncia contra los antiguos responsables socialistas del Ministerio del Interior por malversación en los fondos reservados. La denuncia dio lugar a un voluminoso sumario de veinte mil folios, en el que, finalmente, en octubre de 1999, fueron imputados varios ex altos cargos de Interior. Fue diputado del PP por Madrid en las Legislaturas V (1993-1996) y VI (1996-2000), en la que causó baja el 29 de mayo de 1996, siendo sustituido por José Ignacio Echániz Salgado.

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Nacionalismo español

La Batalla de Tetuán de Dionisio Fierros Álvarez, 1894. La batalla, que tuvo lugar en 1860, durante la Guerra de África, fue ganada por las tropas españolas dirigidas por el general O'Donnell.

El nacionalismo español es el movimiento social, político e ideológico que conformó desde el siglo XIX la identidad nacional de España.

No es propiamente un nacionalismo irredentista: la única reivindicación territorial identificada como “nacional” ha sido Gibraltar (desde el siglo XVIII); el resto de las reivindicaciones territoriales han sido históricamente las coloniales o imperiales (durante el siglo XIX contra la independencia de Hispanoamérica y en el siglo XX sobre el Magreb). Tampoco ha sido un nacionalismo centrípeto (que pretendiera unificar comunidades de españoles sometidas a otras soberanías), pero sí ha presenciado el nacimiento de nacionalismos periféricos que, desde finales del siglo XIX, han funcionado como movimientos nacionalistas centrífugos (que pretenden la conformación de identidades nacionales alternativas).

Como en las demás naciones-estado de Europa Occidental (Portugal, Francia e Inglaterra), la conformación de una monarquía autoritaria desde finales de la Edad Media produjo el desarrollo secular paralelo del Estado y la Nación en España, bajo las sucesivas conformaciones territoriales de la Monarquía Hispánica. Como ocurrió en cada uno de los otros casos, la identidad nacional y la misma estructura territorial terminó dando muy distintos productos; pero siempre, y en el caso español también, como consecuencia de la forma en que las instituciones respondieron a la dinámica económica y social (en ocasiones, a pesar de esas mismas instituciones), y sin acabar de presentarse en su aspecto contemporáneo hasta que no terminó el Antiguo Régimen. El factor de identificación más claro fue durante todo ese periodo el étnico-religioso, expresado en la condición de cristiano viejo. Al final del periodo (siglo XVIII) se fue acentuando el factor de identificación lingüístico en torno al castellano o español, con nuevas instituciones como la Real Academia Española.

Históricamente el nacionalismo español surgió con el liberalismo y en la guerra contra Napoleón.

Desde entonces ha cambiado sus contenidos y propuestas ideológicas y políticas (sucesivamente "doceañista", "esparterista", incluso brevemente "iberista", propugnando la unión con Portugal en el contexto de la crisis dinástica de 1868). El carlismo, que era un movimiento de defensa del Antiguo Régimen, no tenía al adjetivo "nacional" en ninguna estima (soberanía nacional, milicia nacional, bienes nacionales... eran el vocabulario de los liberales, más cuanto más progresistas). No obstante, el nacionalismo español que se demostró decisivo en el siglo XX arranca de la frustración por el desastre de 1898, en lo que se ha denominado regeneracionismo, que reivindican movimientos muy opuestos entre sí: desde los dinásticos (Francisco Silvela, Eduardo Dato, Antonio Maura) hasta la oposición republicana (de contradictorio y breve paso por el poder) pasando por los militares (crisis de 1917 y dictaduras de Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco).

En concreto, con el nombre de panhispanismo (que más propiamente se refiere a un movimiento centrado en la unidad de las naciones hispanoamericanas) entendido como imperialismo español, suele referirse concretamente al aparecido tras la crisis de 1898, dentro del contexto más amplio en en que se encuentran el regeneracionismo y la generación del 98 (cuyos autores, viniendo de la periferia, coincidían en considerar a Castilla la expresión de "lo español"), expresada en su forma más clara por Ramiro de Maeztu (en su segunda etapa). Tuvo como ideólogos y políticos a Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo (fundadores de las JONS) y José Antonio Primo de Rivera (fundador de Falange Española); utilizando una expresión que tiene su origen en José Ortega y Gasset, define a España como una unidad de destino en lo universal, defendiendo una vuelta a los valores tradicionales y espirituales de la España imperial. La idea de imperio le hace ser más bien universalista que localista, lo que lo hace singular entre algunos nacionalismos, pero más próximo a otros (sobre todo el fascismo italiano). También incorpora un componente decididamente tradicionalista (con notables excepciones, como el vanguardismo de un Ernesto Giménez Caballero), arraigado en una historia milenaria, la de la monarquía tradicional o monarquía católica (aunque en muchas ocasiones se muestre indiferente en la cuestión concreta de la forma de estado) y, de forma destacada, no es laico ni secularizado, sino expresamente católico romano, lo que permitirá definir (en el primer franquismo) el término nacionalcatolicismo.

La transición política que, junto con cambios sociales y económicos profundos en un sentido modernizador, se fue gestando desde el franquismo final hasta la construcción del edificio institucional actual (Constitución de 1978 y estatutos de autonomía), produjo un retroceso muy marcado de la utilización social de los símbolos de identificación nacional españoles, mientras que los nacionalismos periféricos adquirieron una notable presencia y cuotas de poder territorial, que llega a ser electoralmente mayoritaria en Cataluña (CIU, ERC) y el País Vasco (PNV, EA y la llamada izquierda abertzale); y sustancialmente menor en Navarra (Nabai) y Galicia (BNG). Canarias (CC), Andalucía (PA) u otras comunidades autónomas presentan nacionalismos menos evidentes (frecuentemente calificados como regionalismos), basados en hechos diferenciales de carácter lingüístico o histórico no menos marcados que los anteriores.

Desde el ámbito de los nacionalismos periféricos, se suele hablar de nacionalismo español o españolismo como equivalente a centralismo, normalmente para identificarle, a efectos polémicos o como argumento político con la extrema derecha nostálgica del régimen de Franco o con una presunta opresión del Estado sobre esos territorios, que en casos extremos (particularmente en el País Vasco y Navarra con ETA) se utiliza como justificación para un terrorismo que se autodefine como lucha armada encaminada a la liberación nacional. En cambio, ninguno de los partidos políticos mayoritarios afectados por tal denominación de españolistas o nacionalistas españoles, se identifican con el término, y suelen, en su lugar, utilizar la expresión no nacionalistas para designarse a sí mismos frente a los nacionalistas, que es como se suele designar a los llamados "periféricos".

Desde una perspectiva más mayoritaria en términos sociales, territoriales y electorales, la identificación con España, sus símbolos e instituciones ha adquirido formas más propias del patriotismo constitucional o nacionalismo cívico, que trata de respetar las distintas visiones de España encajándolas en un marco plural, incluyente y no excluyente, conceptos en los que suelen coincidir los partidos políticos mayoritarios (PSOE y PP) o minoritarios (IU, otros partidos regionalistas o nacionalistas a veces denominados moderados), a pesar de mantener diferencias políticas profundas a veces expresadas de forma muy crispada.

Al igual que todas las monarquías europeas durante la crisis del Antiguo Régimen, el reino de España sufrió profundos cambios sociales y políticos entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, especialmente a partir de la invasión napoleónica. Las guerras napoleónicas transformaron toda Europa, haciendo surgir sentimientos nacionales donde antes no los había o no se expresaban con el nuevo concepto identitario surgido en la Revolución francesa: el de nación como sujeto de la soberanía (Sieyès). España no fue una excepción a esa nueva corriente nacionalista. Desde la guerra contra la Convención, la propaganda antifrancesa iba generando la idea de un enemigo exterior, que se concretó de forma evidente con la Guerra de la Independencia Española, aunque la adopción de las teorías y prácticas políticas del "enemigo" eran evidentes: la Constitución de Cádiz de 1812 no era en muchos aspectos menos "afrancesada" que la Constitución de Bayona de 1808, aunque la influencia de ésta en aquélla no fuera más que reactiva.

El concepto rousseauniano de soberanía nacional no se limitó a inspirar a los revolucionarios liberales, sino que se prolongó hasta los movimientos políticos "de masas" de la Edad Contemporánea, incluyendo los totalitarismos (comunismo y fascismo) en su supeditación del individuo a la voluntad general. Otras interpretaciones ven tanto a Locke como a Rousseau en la línea del contractualismo individualista, mientras que serían Hegel y la filosofía del derecho del siglo XIX los que propondrían el principio corporativo, para el que la soberanía y la libertad no es individual sino colectiva.

Sea cual fuere su génesis intelectual, la irrupción del totalitarismo en el nacionalismo español se efectuó con toda su fuerza en los años treinta del siglo XX; no tanto por el reducido aunque influyente Partido Comunista (que no alcanzó más que parcelas compartidas de poder durante la Guerra Civil) como por los movimientos opositores a la Segunda República y por el Franquismo, cuya condición fascista o totalitaria ha sido siempre objeto de controversia, llegándose a proponer la utilización de los términos autoritarismo (Juan Linz) y fascismo clerical (Hugh Trevor-Roper).

En los nuevos estados-nación, se iban desarrollando unas nuevas colectividades interclasistas, homogeneizadas y codificadas de ciudadanos propietarios, habitantes de un espacio económico cada vez más abierto para el despliegue eficaz de las formas capitalistas. La insegura implantación del estado liberal en España fue paralela a las peculiaridades del proceso de industrialización (fracasado para algunos autores, como Jordi Nadal) y de conformación del sistema de propiedad (con la desamortización como hecho principal). En términos de política económica, a través de prácticas proteccionistas se fue forjando un verdadero nacionalismo económico que a veces es calificado de mentalidad autárquica, que era sobre todo demandado por la emergente industria textil catalana, que tras la pérdida del mercado colonial a excepción de Cuba, sólo tenía posibilidad de colocar sus productos en el mercado nacional español (que aunque depauperado, al menos le estaba reservado o "cautivo"), ante la imposibilidad de competir en el mercado internacional. Ante ello chocó repetidamente contra los intereses librecambistas de la oligarquía terrateniente castellano-andaluza beneficiada por la desamortización, vinculados a la exportación de materias primas (agrícolas y mineras) y la apertura a las inversiones exteriores (destacadamente un ferrocarril de costoso trazado, que con el tiempo integraría espacialmente el mercado nacional). La expresión de ambos intereses fueron las ramas progresista y moderada del liberalismo español, y la frustración de las expectativas de los industriales catalanes está en buena parte en las sucesivas escisiones demócrata, republicana, federal, cantonal, y a finales del siglo XIX, del denominado catalanismo.

A finales de ese mismo siglo, en pleno desarrollo de las industrias naval y siderúrgica por el intercambio de hierro vizcaíno por carbón inglés, surge con Sabino Arana el nacionalismo vasco como consecuencia tanto de las medidas centralistas, que culminaron con la casi desaparición de los tradicionales fueros, como de la reacción a las repercusiones de la industrialización en las comunidades tradicionales vascas, de ideología mayoritariamente carlista, integristas católicas y recelosas de la inmigración de obreros castellanohablantes ("maketos"), entre los que se extendía el marxismo y el ateísmo. En los medios urbanos, donde la burguesía era tradicionalmente liberal y hostil al carlismo, sólo en algunos medios profesionales y pequeños burgueses se optará por el nacionalismo vasco, mientras que la gran burguesía lo hará por la integración económica y política en el bloque oligárquico central.

El triunfo del proteccionismo fue claro desde finales del siglo XIX (se ha llegado a hablar del Giro proteccionista de los conservadores, entre 1890 y 1892), y será una de las señas de identidad de la política de la dictadura de Primo de Rivera, momento en que se fundan alguno de los monopolios de mayor recorrido histórico en el sector de las comunicaciones —Telefónica, 1924—, o el del petróleo —CAMPSA, 1927—. También se tomaron otras medidas vagamente inspiradas en el corporativismo que se desarrollaba simultáneamente en la Italia fascista, así como una política de obras públicas (embalses, carreteras) que fue continuada por la Segunda República. Se calificaba por entonces a la española como una de las economías más cerrada del mundo (con la obvia excepción de la Unión Soviética), y todavía se discute el alcance positivo o negativo de tal hecho. Al menos, parece cierto que en el corto plazo la crisis de 1929 y la depresión posterior afectó más a las economías cuanto más abiertas y conectadas al exterior estuvieran, pero de haber existido la ocasión no pudo aprovecharse, dado el desastre que supusieron tanto la Guerra Civil como los primeros años de aislamiento internacional del franquismo, intensificado más o menos voluntariamente con una política económica autárquica, que no se superó hasta el Plan de Estabilización de 1959. No obstante, durante las posteriores décadas de fuerte desarrollo planificado, el intervencionismo y el peso del sector público en sectores estratégicos de la economía (ferrocarriles —RENFE, 1941—, industria —INI, 1941—, energía —ENDESA, 1944—) siguieron siendo muy fuertes hasta la reconversión industrial de los años 1980 previa a la entrada de España en la Unión Europea, ya en democracia y con el gobierno socialista de Felipe González; correspondiendo al gobierno conservador de José María Aznar las últimas privatizaciones.

A pesar de lo repetido que ha sido este texto para proyectar hacia el pasado la identificación nacional española con la lengua castellana, el hecho es que el propio Carlos había aprendido muy tardíamente ese idioma (una de las causas de la Guerra de las Comunidades fue las dificultades de relación con sus nuevos súbditos) y que la Monarquía Hispánica de los Habsburgos no fue de ninguna forma un estado con una identificación nacional lingüística, incluso si pudiera calificársele de estado. Se ha llegado a argumentar que el castellano no era más que una de entre las múltiples lenguas del Imperio, no prevaleciente ni sobre las peninsulares (catalán o portugués) ni sobre las europeas (alemán, francés, neerlandés o italiano) ni siquiera sobre las lenguas indoamericanas, sometidas pero persistentes (guaraní, quechua, náhuatl o quiché); y desde luego mucho menos prestigioso socialmente que el latín.

Más trascendencia supuso la adopción del modelo académico francés bajo el que se instituyó la Real Academia Española, a partir del siglo XVIII, cuando las posesiones territoriales de la monarquía se habían reducido y simplificado como consecuencia del Tratado de Utrecht, y se había producido la abolición del régimen foral en los reinos orientales peninsulares, reducido a la Nueva Planta. La Academia se aprestó a la defensa casticista de la pureza de la lengua española, en un comienzo frente a la invasión de galicismos. Simultáneamente, el castellano fue ganando la consideración de lengua oficial en todo tipo de ámbitos, incluyendo los más resistentes a los cambios, como las desfasadas Universidades a las que las reformas ilustradas querían desprender del vetusto latín, bastante impuro filológicamente, y cada vez más inoperante científicamente.

En cambio, el debate nacionalista lingüístico tuvo que esperar al surgimiento de los nacionalismos periféricos de finales del siglo XIX, que tomaron la identidad lingüística como clave de su desarrollo, institucionalizado un siglo más tarde con la formación de las Comunidades Autónomas (a partir de 1979). Su postura reivindicativa suele denunciar la imposición del castellano sobre las lenguas vernáculas (catalán, gallego o euskera), sobre todo durante el Franquismo, que ha llegado a ser calificado de genocidio lingüístico y cultural. La reacción en sentido contrario implica la denominada normalización, delimitación o consideración de lengua propia de un territorio u otro, lo que suscita a su vez nuevas y opuestas denuncias de imposición (a los hispanohablantes locales o a los hablantes de otras variantes idiomáticas, como el valenciano, incluyendo el rechazo de los argumentos basados en injusticias retrospectivas propios de los nacionalistas periféricos, tildados de victimismo y mitificación.

Siguiendo las tendencias de los estados liberales europeos, la práctica totalidad de la producción de la historiografía española hasta mediados del siglo XX se hizo desde una óptica nacionalista, construyéndose a partir de los segmentos, acontecimientos, datos, citas o textos que potencialmente tuvieran una coherencia nacional y que presentasen una significación por sí mismos, eliminando los elementos turbadores o incómodos para el encaje necesario en el devenir histórico de España como elemento unitario. Para ello disponía de precedentes bien antiguos, desde los textos visigodos y el corpus cronístico medieval, particularmente completo en los reinos de Asturias, León y Castilla, sin que faltaran tampoco materiales de los reinos orientales de la Península. La unificación de los reinos bajo la Monarquía Hispánica de la Edad Moderna trajo consigo una continuación del trabajo cronístico desde una perspectiva hispánica, en que tuvo un papel decisivo la aparición de la monumental Historia de España del Padre Mariana. Se institucionalizó el oficio de historiador, con las figuras del Cronista mayor, el Cronista de Indias y a partir del siglo XVIII la Real Academia de la Historia.

No era por tanto una novedad que se demandara de la historia una función ideológica, lo que ocurrió es que a partir del siglo XIX se centró en explicar y catalizar la realidad estatal y nacional explicitada desde Constitución de Cádiz y proporcionar la necesaria cohesión social. Trató por tanto de hilvanar los hechos acaecidos en la península para corroborar una genealogía de España como nación, con un pueblo dotado, desde la más remota antigüedad, de una trayectoria vital común. La Historia se convertirá así en el soporte para construir el relato natural de España como nación.

No es concebible para esta metodología analizar los hechos históricos desde una visión plural, compleja ni —mucho menos aún— contradictoria con el punto de vista unitario. Fueron en gran parte obviados los procesos históricos rivales, las memorias alternativas que se irían construyendo desde los nacionalismos periféricos; pues de la misma manera tanto en el País Vasco como en Cataluña se desarrolló también el mito y la leyenda en torno a diversos personajes que debían encarnar la esencia de sus pueblos ancestrales que se hicieron remontar a la antigüedad clásica o más allá.

Siguiendo ese objetivo, en las décadas centrales del romántico siglo XIX los historiadores hicieron realidad la visión compacta de un pueblo español dotado de ingredientes perennes, de una esencia española mantenida inalterable desde Indíbil y Mandonio. Esta lista de héroes de la Patria, encarnaciones del carácter nacional español o genio de la raza, nominaría tanto a Recaredo y Guzmán el Bueno, como a Roger de Lauria, el Cid, Wilfredo el Velloso, Fernando III el Santo, Jaime I el Conquistador, Hernán Cortés, Juan Sebastián Elcano, Daoíz y Velarde o Agustina de Aragón. Incluso se encajó en esa lista de "españolidad", sin mayor dificultad, tanto a los emperadores hispano-romanos, como Trajano o Adriano, como al rebelde lusitano Viriato.

Más resistencias tuvo la españolidad de Cristóbal Colón, que era simultáneamente objeto de reclamación por Italia (con la inestimable ayuda de la emigración italoamericana, tanto en Estados Unidos como en Argentina). Incluso la localización exacta de sus huesos fue objeto de vivos debates entre Cuba, República Dominicana y España, que apostaba por el aparatoso mausoleo que se construyó en la Catedral de Sevilla.

La popularización de estas figuras históricas llegó a extremos kitsch, como esta poesía, que se divulgó en miles de recordatorios de nacimiento que se vendían hasta no hace muchos años.

La institucionalización de la ciencia histórica, incluyó hitos importantes, como la creación de la Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico Nacional. Un papel importantísimo tuvo la inclusión de la historia en los planes de estudios, tanto a nivel de la enseñanza primaria como de la media, prevista en el Plan Moyano. Las corrientes liberal (hegemónica a mediados del siglo XIX: Modesto Lafuente, Juan Valera,) o reaccionaria (Marcelino Menéndez y Pelayo, que se impone desde finales del siglo XIX) no tendrán diferencias en cuanto a su incuestionada identificación con España como nación; sino en cuanto a la consideración concreta de la personalidad de ésta: resistente a la opresión para los primeros (identificada con unos idealizados Comuneros o con la mártir de la libertad Mariana Pineda), católica e imperial para los segundos (luz de Trento, martillo de herejes, espada de Roma, mejor representada por Isabel la Católica o Felipe II). La españolización de figuras de un pasado remoto, incluso mítico, no se limitó al siglo XIX: en plena transición, y con una metodología muy personal y divergente Fernando Sánchez Dragó obtuvo el Premio Nacional de Ensayo por Gárgoris y Habidis. Una Historia Mágica de España (1978, premiado en 1979).

La pintura de historia cumplió también una función ideológica de primer orden, al perpetuar en símbolos icónicos las personalidades y gestas nacionales, en la mayor parte de los casos como encargo de instituciones públicas (Congreso, Senado —donde se conserva una de las mejores colecciones—, Diputaciones provinciales, ayuntamientos) que eran los lugares idóneos para la exposición de lienzos de grandes dimensiones, que empezaron a ser muy demandados después de la guerra de Independencia: José Madrazo (La muerte de Viriato, 1814), José Aparicio (El hambre de 1812 en Madrid, 1818), además de las obras maestras de Goya: La carga de los mamelucos y Los fusilamientos de la Moncloa, con los que se hizo perdonar su cercanía a los afrancesados. En la segunda mitad del siglo el género llegó a convertirse en un lugar común en la pintura española, destacando Mariano Fortuny, Francisco Pradilla o Eduardo Rosales.

El equivalente escultórico fue la estatuaria monumental, cuyos principales cultivadores fueron a finales del siglo XIX y comienzos del XX Mariano Benlliure y Aniceto Marinas. A mediados del siglo XX, puede comparárseles en repercusión el trabajo de Juan de Ávalos. Todas las ciudades españolas tienen muestras de este arte urbano que convierte las plazas, los parques y las avenidas en museos de historia al aire libre a través de estos hitos visuales. Quizá el conjunto más completo se encuentra en los grupos escultóricos de la ciudad de Madrid.

Menos evidente pero igualmente operativa, puede verse la relación con el nacionalismo de otras artes, como la arquitectura (en la que los estilos neoclásico e historicista o el eclecticismo a finales de siglo sirvieron a programas constructivos más discretos que en otros países europeos o americanos, destacando los realizados en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla —Plaza de España— y la Exposición Universal de Barcelona —que incluía el curioso pastiche del Pueblo español—) o la música (en cuyo estudio se ha impuesto la etiqueta de nacionalismo musical, en que se incluyen de hecho a todos los autores de la segunda mitad del siglo XIX a la primera del XX —destacadamente a Albéniz, Granados, Turina o Manuel de Falla—, además de a los castizos género chico y zarzuela, frente a la más internacional ópera). La música popular, que tiene un lugar destacadísimo en la conformación de la mentalidad y en la historia de la vida cotidiana, se hizo muy presente en España a partir de la popularización de la radio (años veinte, treinta y cuarenta del siglo XX), formando parte de lo que se ha venido denominando la educación sentimental. Las de la época de la posguerra fueron utilizadas para ilustrar sórdidas imágenes cinematográficas contemporáneas (muchas procedentes del NO-DO) en el documental de Basilio Martín Patino Canciones para después de una guerra.

El cine fue un elemento utilizado conscientemente como propaganda política durante el franquismo. Además del citado Noticiero Documental, las producciones cinematográficas insistían en los tópicos de la historia nacional (La leona de Castilla, Locura de amor (1948), Amaya, Jeromín, Alba de América, Agustina de Aragón, Dónde vas, Alfonso XII, Los últimos de Filipinas, Raza —con guión de Franco—). Simultáneamente, el comic cumplió la misma función, con publicaciones que exaltaban la España cristiana medieval (El Guerrero del Antifaz y Capitán Trueno), se remontaban a la Hispania romana (El Jabato), o proporcionaban héroes contemporáneos (Roberto Alcázar y Pedrín). Una revista infantil llevó el inequívoco título de Flechas y Pelayos (1938-1949), fusión de la falangista Flecha y la carlista Pelayos.

Desde Riego hasta Martínez Campos, casi todo el siglo XIX está salpicado de periódicos pronunciamientos de los espadones que agrupaban detrás suya a los distintos partidos políticos. Fue la propia Guerra de Independencia la que suscitó el prestigio social de la vocación militar, a la que llegaron gentes de todo origen (hijos segundones antes destinados al clero, plebeyos) que en una sociedad estamental cerrada no hubieran tenido tal oportunidad de ascenso social. Algunos de ellos (Ferraz, Valdés) recibían el mote de ayacuchos por haber participado en la Batalla de Ayacucho, o si no fue así (como Espartero o Maroto), por al menos haber asistido al final de la presencia española en la América continental; mientras que también en las nuevas naciones se impuso el caudillismo como forma de representación política.

En estos líderes se identificaba la propia nación en un concepto de encuadramiento social que, lejos de ser conservador o reaccionario, era en origen revolucionario: la nación en armas. No obstante, en la práctica se delegaba también en ellos la iniciativa política, en ausencia de control efectivo de la sociedad civil. La milicia nacional instrumentalizada por los progresistas, que encuadraba a las clases urbanas en la defensa de la revolución liberal, dejó pronto de tener importancia efectiva. Otro cuerpo militar, nacido a mediados de siglo a iniciativa de los moderados, tuvo una proyección mucho más importante: la Guardia Civil, con un amplio despliegue territorial que cubría todas las áreas rurales, encargada de garantizar dos nuevos conceptos: el orden público y la propiedad privada, de extraordinaria importancia para el nuevo sistema liberal-capitalista que, tras la Guerra Carlista y la Desamortización, había integrado a la oligarquía de altos nobles, grandes burgueses y terratenientes.

La Restauración había marcado un paréntesis de política civil, con el turnismo Cánovas-Sagasta, pero eso no significó un aumento de la pureza democrática del sistema político, a pesar de que se ejercía el sufragio universal masculino (ya presente en la Constitución española de 1869, eliminado en 1876 y recuperado desde 1890). En todo el siglo XIX y hasta 1931 no hubo ningún caso de un gobierno que perdiera unas elecciones: el procedimiento no era ganar la confianza del pueblo para llegar a gobernarlo, sino llegar al gobierno (por una intriga palaciega, por un pronunciamiento militar o, en el mejor de los casos, por consenso de las fuerzas políticas "dinásticas") y después convocar elecciones, convenientemente gestionadas por la red clientelar que partía del ministerio de gobernación, pasaba por los gobiernos civiles de cada provincia y llegaba al cacique que controlaba cada pueblo; incluyendo el encasillado de los candidatos propicios, la compra de votos o reclamación de deudas de favores anteriores y el pucherazo, o fraude descarado, en caso necesario. Joaquín Costa hizo un análisis demoledor en Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla (1901).

A esas alturas, la evidencia de la corrupción del sistema político hacía muy extendidas las peticiones de un cirujano de hierro, y el desprecio a la política y a los políticos profesionales, que incluyó un movimiento impulsado por la burguesía catalana a través de la Junta Regional de Adhesiones al Programa del General Polavieja. La intervención del ejército en las calles, fuera convocado por el gobierno para garantizar el orden público, o fuera de forma espontánea, era una práctica cada vez más habitual. El descontento militar latente desde el desastre de 1898 se había puesto de manifiesto periódicamente, con motivo del escándalo del ¡Cu-Cut! (1905, ataque a una revista satírica catalanista, tras el triunfo electoral de la Lliga), la sublevación antimilitarista de la Semana Trágica (1909), y en la crisis de 1917 (con el movimiento de las Juntas de Defensa simultáneo a una Asamblea de Parlamentarios antigubernativa en Barcelona y una huelga general revolucionaria). De forma decisiva estalló como consecuencia del desastre de Annual, cuya mala gestión abocó al golpe de Miguel Primo de Rivera, capitán general de Barcelona.

En el triunfo del golpe de estado tuvo mucho que ver el estímulo de la burguesía catalana (atemorizada por la escalada de terrorismos emulativos patronal-sindical), la aquiescencia del rey (particularmente identificado con el estamento militar y que no había sido ajeno a las extrañas decisiones que llevaron a Annual) y la pasividad de todas las fuerzas políticas. Una de sus prioridades fue la restauración del honor patrio comprometido en Marruecos, lo que logró con un extraordinario despliegue propagandístico y militar, en el ambicioso desembarco de Alhucemas. En los años de su dictadura, en ausencia legal y efectiva de oposición (a excepción de algunos intelectuales exiliados, como Unamuno), se llevó a cabo una política económica y social de signo corporativista, de aspiraciones interclasistas, que pretendía subordinar al interés nacional los intereses particulares (locales, partidistas o de clase). En su desarrollo se contó con un cierto grado de colaboración por parte del sindicato socialista (UGT). Sus contenidos concretos ya se han indicado (véase la sección Nacionalismo y economía).

Se estaba produciendo una verdadera Edad de plata de las letras y las ciencias españolas, en la que tuvo un destacado lugar el inicio del debate intelectual sobre el mismo ser de España. Las distintas posturas ideológicas variaban dramáticamente, ahondando las divisiones de lo que Antonio Machado comenzó a llamar las Dos Españas; aunque la identificación con la nación española no era menor en las izquierdas que en las derechas: si no se leyera el contenido, era imposible distinguir por el título las revistas izquierdistas España. Semanario de la Vida Nacional (Ortega, Araquistáin, Azaña) y Nueva España (José Díaz Fernández, Joaquín Arderíus, Ramón J. Sender, Julián Gorkin, Isidoro Acevedo, Alardo Prats) de La Gaceta Literaria de Ernesto Giménez Caballero, que desde una postura estética vanguardista evolucionó hacia el fascismo. La permeabilidad entre ambos grupos no era imposible: un socialista como Julián Zugazagoitia colaboró en ambas, y el mismo Giménez Caballero se jactaba de haber alumbrado a las primeras generaciones de escritores fascistas y comunistas; aunque ese papel de convivencia en la discrepancia intelectual correspondió más claramente a Revista de Occidente de Ortega o Cruz y Raya de José Bergamín.

La mayor parte de los partidarios de la Segunda República (empezando por sus dos presidentes, Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña) no eran menos nacionalistas españoles que sus oponentes; y algunos, ni siquiera menos centralistas, como pudo observarse en los debates parlamentarios, en que José Ortega y Gasset acuñó el término conllevancia para designar la relación con los nacionalistas periféricos.

El movimiento obrero (dividido entre socialistas —organizados en torno al Partido Socialista Obrero Español y escindido en múltiples sensibilidades— y anarquistas —cuyas principales organizaciones eran la CNT y la FAI, que posteriormente formarían un frente único anarquista llamado CNT-FAI—) era teóricamente internacionalista (el minoritario Partido Comunista de España sí tenía un estrecho control desde la Internacional Comunista), con lo que su posición ante el tema de la identidad nacional —tanto unitaria española como particularista o periférica— nunca podría ser demasiado categórica. No obstante, en la práctica se comportó en ocasiones decisivas como la más efectivamente centralista de las fuerzas republicanas. Es muy conocida la expresión de extrema desconfianza de Indalecio Prieto hacia la autonomía vasca (Gibraltar vaticanista), a pesar de que terminó por contribuir profundamente a la redacción final de su estatuto. La posición de la CNT —mayoritaria en el movimiento obrero catalán— hacia la autonomía pasó por fases más o menos comprensivas, pero nunca dejó de considerarla un asunto más bien burgués, es decir, expresión de sus enemigos de clase; y en cualquier caso no entraba dentro de sus parámetros el sometimiento a ningún tipo poder, fuera central o autonómico. La postura de los anarquistas ante su condición nacional o identitaria osciló entre el federalismo teórico o real (particularmente el sector treintista o moderado, que era tildado de nacionalista español), el regionalismo, e incluso el iberismo (la escala ibérica de la FAI); siempre según la cambiante tendencia de los líderes del movimiento en cada momento o lugar, de forma más agudizada durante la guerra civil: durante un año existió el Consejo Regional de Defensa de Aragón (en la práctica un gobierno anarquista independiente del central); más espectacular fue la posición de los anarquistas en Cataluña, que llegó al enfrentamiento armado (Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona). Ya en ese momento se había producido en Cataluña una unificación de partidos de izquierda, incluyendo a distintas ramas de socialistas y comunistas, con el nombre de Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC, que se vinculará a la Internacional Comunista), aliado en el gobierno de la Generalitat con los nacionalistas catalanes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), y que excluía tanto a los anarquistas como los a trotskistas del POUM.

En el otro extremo del espectro político, la cuestión regional suscitada desde la discusión del estatuto de autonomía catalán sirvió de estímulo para la radicalización de los partidos de derecha, en un proceso que terminó en la apropiación del adjetivo nacional por el bando sublevado en la guerra civil.

El doctor y político José María Albiñana fundó en abril de 1930 el Partido Nacionalista Español, inspirado en el Partido Nacional Fascista italiano (con sus milicias, culto al líder y populismo) pero de carácter integrista cristiano y monárquico. No tuvo apenas implantación, salvo en Barcelona, Madrid, Sevilla, Valladolid y Burgos (por esta provincia resultó elegido diputado Albiñana en las elecciones de febrero de 1936). Tras el inicio de la Guerra Civil, partido y milicias acabaron integradas en Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Ésta, a su vez, había surgido de la fusión de otros grupos más o menos inspirados en el fascismo y muy combativos (dialéctica y físicamente) contra los grupos izquierdistas: las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista de Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo y la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador. Había muchos otros grupos, como Tradición y Renovación Española y el Bloque Nacional de José Calvo Sotelo, o el Partido Agrario de Nicasio Pelayo (desmantantelador de la reforma agraria durante el llamado bienio negro) y Antonio Royo Villanova (que destacó por su oposición al estatut y su libro El problema catalán). No obstante, el movimiento político más importante era la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA, coalición formada en torno a un partido primero llamado Acción Nacional, y luego Acción Popular), liderado por José María Gil-Robles, cuyas juventudes actuaban como un grupo de disciplina casi paramilitar (Ramón Ruiz Alonso).

La España que sale de la guerra civil es un Estado Totalitario, como la Italia fascista o la Alemania nazi, sus aliadas, aunque no tanto como para no mantener una prudente neutralidad en la inmediata Segunda Guerra Mundial. Con gran realismo se renunció al sueño imperialista que pareció posible en algún momento, al menos para presentarlo a Hitler en Hendaya (1941; se llegó a encargar a los entonces jóvenes diplomáticos José María de Areilza y Fernando María Castiella que plasmasen las Reivindicaciones Españolas en el Norte de África, incluyendo buena parte de las colonias francesas, especialmente el Oranesado, además de la irredentista de Gibraltar si se arrebataba a Inglaterra). Durante unos años evitará definirse como reino, hasta que la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947, proclame que España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo, que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino (art. 1º); y durante más tiempo aún se evitará el nombramiento de un sucesor a título de rey, entre los posibles candidatos, hasta que en 1968 se nombre a Juan Carlos de Borbón, que hubo de soportar muchos más desplantes y alguna duda de que la decisión pudiera revertirse en beneficio de Alfonso de Borbón Dampierre, casado con la nieta del Generalísimo (él mismo, o bien su entorno más próximo, nunca dejaron de coquetear con la idea de entroncar con la monarquía).

Su visión de los españoles que se le oponían era extremadamente maniquea, en línea con el concepto de Anti-España que el pensamiento reaccionario español había definido desde Menéndez y Pelayo, y que dejó claro en su guión de la película Raza. En particular, llegaron a niveles obsesivos sus referencias a la Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional que supuestamente habría causado todos los males de España, remontándose en sus orígenes al siglo XVI. Sin que llegara a constituir ninguna posición oficial, la búsqueda de identificación de la nación española con una presunta raza española, a semejanza de la raza aria de los nazis, llegó a su extremo en algunos personajes como el coronel y psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, que realizó extrañas investigaciones durante la guerra civil en colaboración con la Gestapo (experimentos encaminados a purificar la raza española eliminando el gen rojo), y la producción de una inquietante literatura sobre eugenesia en los años siguientes.

No obstante, la idea de nación española para el franquismo no fue por ese camino. Tampoco por el Estado Nacional Sindicalista que pretendían los falangistas, desplazados del centro del poder desde 1942 (salida de Ramón Serrano Súñer) y abocados a añorar una romántica revolución pendiente. Los años cuarenta y cincuenta fueron los del triunfo del Nacionalcatolicismo (para Trevor-Roper, el franquismo puede definirse como fascismo clerical, siendo el más tardío y exitoso de ellos). Toda la vida social, pública y privada, debía mostrarse adecuada al ideal de una España unida en la fe cristiana, identificada con el lema Por el Imperio hacia Dios. Se vigiló particularmente la educación (a veces hasta extremos como los que se ridiculizan en El florido pensil), con una exhaustiva depuración del Magisterio y de la Universidad y la recuperación de la enseñanza religiosa, tanto la impartida por colegios privados de titularidad religiosa como en los públicos; la Religión volvió a ser asignatura obligatoria, a la que se añadió la de Formación del espíritu nacional.

Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida que ya sé próximo.

Mantened la unidad de las tierras de España exaltando la rica multiplicidad de las regiones como fuente de fortaleza en la unidad de la Patria.

La administración territorial era fuertemente centralista, con la única excepción de Navarra y Álava, baluartes del tradicionalismo, que mantuvieron sus privilegios forales, mientras que Vizcaya y Guipúzcoa, las explícitamente denominadas provincias traidoras, los perdieron. No obstante, Bilbao fue protegida como capital económica del bando nacional desde su polémica toma durante la guerra civil, y mantuvo una activa bolsa de comercio. Las instituciones financieras vascas (Banco de Bilbao y Banco de Vizcaya) incrementaron su peso en el conjunto de la economía española, así como la industria básica (Altos Hornos de Vizcaya), protegida de toda competencia exterior por la autarquía; con el tiempo (años cincuenta) el sector se diversificó con la creación de ENSIDESA en Avilés (Asturias). Cataluña también fue protegida económicamente en cuanto a la selección de localizaciones industriales, siguiendo la lógica del sistema corporativista y de paternalismo estatal. En cambio, fue decididamente sometida a una política de castellanización lingüística, a pesar de que algunos intelectuales falangistas (como Dionisio Ridruejo o Carlos Sentís) querían mantenerla en su diversidad cultural, en polémica con otros que terminaron imponiéndose (Josep Montagut).

Se desincentivó el uso del catalán en todo tipo de ámbitos (Si eres español, habla español), incluso en los religiosos, lo que produjo conflictos con las autoridades eclesiásticas, tan comprensivas en otros temas. Se cuidaba de forma exquisita los nombramientos de determinados puestos, como la Diputación o el Ayuntamiento de Barcelona, el rectorado de la Universidad e incluso la dirección del periódico La Vanguardia (que pasó a llamarse La Vanguardia Española), a pesar de ser de capital privado (Conde de Godó), o el más que un club Fútbol Club Barcelona. En cambio, los clubes vascos eran explícitamente puestos como ejemplo virtuoso al alinear únicamente jugadores españoles (al ser de su localidad o así). El fútbol fue ampliamente utilizado como válvula de escape de tensiones sociales y territoriales (Pan y fútbol), y como vehículo de identificación nacional.

En los últimos años sesenta y primeros setenta, en el final del franquismo, la España vertical de la posguerra quedaba muy lejos, incluso para los círculos más cercanos al poder.

La inevitabilidad del final del franquismo quedó patente desde el asesinato por ETA de Luis Carrero Blanco (1973), a quien Franco acababa de nombrar presidente del gobierno (cargo inédito en un sistema que hasta entonces acumulaba todo el poder en la cúspide). Los gobiernos de Carlos Arias Navarro (últimos de Franco y primeros del rey Juan Carlos) evidenciaron la incapacidad de la facción inmovilista (llamada el búnker) para mantener intacto el Espíritu del 18 de julio, pasando a ser una fuerza obstaculizadora pero no decisiva, dividido en facciones desunidas y enfrentadas entre sí, llegando a la violencia física. Este enfrentamiento llegó a ser grave en los sucesos de Montejurra (9 de mayo de 1976) entre distintas ramas carlistas, con la intervención nunca aclarada de elementos falangistas (para entonces, igualmente o más divididos aún), agentes policiales y del neofascismo internacional. En sus manifestaciones más extremistas, estos grupos funcionaban ya en la clandestinidad o incluso convertido en grupos terroristas (Guerrilleros de Cristo Rey, Batallón Vasco Español), que no obstante mantenían una conexión encubierta con la policía y el ejército (la continuación de esa relación con los GAL de la etapa del gobierno socialista de Felipe González ha sido repetidamente apuntada, aunque no aclarada). El tema de la unidad de España era uno de los que más movilizaban o atemorizaban a una gran parte de la sociedad que no se restringía a la ultraderecha, sino que era mucho más amplia: todos los que confiaban en que Franco lo hubiera dejado atado y bien atado. Esta mentalidad se comenzó a denominar franquismo sociológico: actitudes conservadoras, acostumbradas por varias generaciones a la autocensura y la obediencia, incluso serviles ante el poder, y de miedo a la libertad (expresión de Eric Fromm en su análisis del fascismo, libro muy divulgado por esas fechas).

La movilización de la oposición era cada vez más abierta, y las más espectaculares, además de los conflictos de naturaleza laboral generalizados por todo el país, fueron precisamente en Cataluña y el País Vasco, las que incluían desafíos al concepto uniformador de España incuestionable durante el franquismo. El más divulgado fue un lema triádico: Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía. Adolfo Suárez era desde 1976 el nuevo presidente del gobierno, más conforme a los deseos reformistas del rey. Tras las elecciones de junio de 1977, consideró la conveniencia de dar el golpe de efecto de la vuelta del exilio de Josep Tarradellas (y su grito Ja soc aquí en la Plaça de Sant Jaume, el 29 de septiembre del mismo año), al que hábilmente reconoció el cargo de President de la Generalitat (en un primer momento de forma no explícita, sino a través de la fórmula protocolaria del tratamiento de honorable). Al mismo tiempo, significó un punto de tensión para los militares, cuyo ruido de sables amenazaba permanentemente con un golpe de estado, que se evitó, en buena medida por la forma en que fueron controlados por el vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado. Sólo la vuelta de Santiago Carrillo (finales de 1976, poco antes del referéndum de la Ley para la Reforma Política) y la legalización del PCE (9 de abril, sábado santo de 1977, a pocos meses de las elecciones de junio) supusieron un desafío mayor, con dimisiones incluidas (almirante Pita da Veiga). La existencia de un terrorismo de varios frentes (GRAPO, ETA y grupos ultraderechistas) hacía particularmente delicada la situación, que estuvo a punto de convertirse en insostenible en enero de 1977 (los llamados Siete días de enero en la película de Juan Antonio Bardem), cuando se produjeron simultáneamente secuestros de altas personalidades por el GRAPO y el atentado ultraderechista contra un despacho de abogados laboralistas conocido como matanza de Atocha. Los repetidos atentados de la ETA contra policías, militares y políticos españolistas en el País Vasco, y la quema de banderas españolas en numerosas manifestaciones, era ampliamente calificada de desafío inaceptable a la españolidad del País Vasco por los medios de prensa ultraderechistas, que abiertamente llamaban a la intervención del ejército (especialmente el periódico El Alcázar). Las conspiraciones de algunos elementos militares (Operación Galaxia) fueron fácilmente detectadas y neutralizadas antes de que pasaran a fase de ejecución, hasta el fallido golpe de estado de 23 de febrero de 1981.

Ningún partido de extrema derecha obtuvo representación parlamentaria en 1977, quedando la derecha representada por Alianza Popular, una coalición de personalidades franquistas con los aperturistas Manuel Fraga, José María de Areilza y Alfonso Osorio, y el claramente nostálgico Arias Navarro. Consiguió mayoría relativa la Unión de Centro Democrático (UCD), coalición apresurada de múltiples partidos y personalidades democristianas, liberales y socialdemócratas cobijados bajo el gobierno de Suárez. Simultáneamente a los debates constitucionales se produjo la apertura del "proceso preautonómico", con el que se preveía generalizar la descentralización del Estado (se denominó café para todos, expresión atribuida al ministro Manuel Clavero Arévalo), lo que implicó a buena parte de la clase política, interesada en acceder a la nuevas parcelas de poder territorial que estaban por crearse en todas las regiones. Eso amplió decisivamente la base de apoyo del nuevo sistema entre muchos antiguos franquistas lo suficientemente pragmáticos para realizar lo que se llamó cambio de chaqueta. Fernando Vizcaíno Casas, un novelista de ideología ultraderechista con gran éxito de ventas —Al tercer año resucitó (1978)—, llegó a titular una de sus obras De camisa vieja a chaqueta nueva, parafraseando el himno de Falange.

No fue posible lograr un consenso constitucional sobre la vertebración territorial de España... sólo se logró con la aprobación de los estaturos catalán y vasco.

A la altura del año 1975 España era... para la mayor parte de Estado y Nación a la vez, para importantes minorías era Estado pero no Nación... Con el paso del tiempo, las reclamaciones vasca y catalana actuaron como detonante del sentimiento regionalista en el resto de España.

Se suele argumentar que la indefinición constitucional más que un defecto fue una virtud que permitió, y sigue permitiendo, que el debate territorial se centrara en asuntos competenciales (fundamentalmente financieros e institucionales), en los que es posible la negociación, la transacción y en último término la decisión arbitral de los tribunales; y no en los esencialismos identitarios, en los que por su propia definición autoafirmante y excluyente no puede haber acuerdo.

Banderas de las comunidades autónomas presididas por la de España frente al Senado, Madrid. El cumplimiento o incumplimiento (sobre todo en el País Vasco y Cataluña) de la legislación que prevé la colocación de banderas en edificios públicos ha venido dando lugar a la denominada guerra de banderas con intervención institucional de distintos ámbitos (municipales, autonómicos, parlamentarios y judiciales) que en ocasiones ha llegado a tener una vertiente callejera con manifestaciones y diferentes grados de destrozos materiales y violencia. En cambio, en 2003 en la plaza de Colón de Madrid se instaló un gigantesco mástil para una bandera de España de dimensiones extraordinarias, a iniciativa del alcalde José María Álvarez del Manzano y el ministro de defensa Federico Trillo (ambos del PP).

En cuanto a los partidos políticos, la componente más radical del nacionalismo español dejó de tener representación parlamentaria desde 1982 (el único diputado había sido Blas Piñar por Fuerza Nueva) y se dividió en un conjunto de siglas rivales, que sólo obtienen alguna concejalía en las elecciones municipales (las distintas denominaciones de Falange, Democracia Nacional y algún otro). Un intento de unificación promovido por Ricardo Sáenz de Ynestrillas no tuvo ningún resultado práctico. Otra cosa es la importancia que pueda tener como movimiento social la mentalidad xenófoba y racista. A pesar del aumento de la inmigración exterior (rechazada explícitamente por esos grupos), no ha producido hasta ahora más que incidentes violentos, numerosos pero esporádicos, de mayor o menor repercusión mediática; y sólo en un caso se han convertido en motín popular (febrero de 2000 en El Ejido, Almería; véase Racismo en España).

La definición como "nacionalidad histórica" de algunas comunidades autónomas en sus estatutos, y la ampliación de las competencias y definiciones más amplias de su personalidad diferenciada en la reforma de éstos, han dado ocasión a sucesivos planteamientos enfrentados entre los partidos políticos parlamentarios (y dentro de éstos mismos) sobre la definición nacional de España y de cada una de las nacionalidades y regiones que la integran (según la Constitución de 1978). Los momentos más agudos de esos debates fueron la presentación del denominado "Plan Ibarretxe" (aprobado en el Parlamento Vasco y rechazado en Cortes) y la reforma del Estatuto de Cataluña (aprobado en el Parlamento Catalán, reformado y aprobado en Cortes y aprobado en Referéndum; que está vigente pero pendiente de una reclamación ante el Tribunal Constitucional). Otras reformas estatutarias mucho menos ambiciosas (de momento las de Aragón, Valencia, Andalucía, Baleares y Castilla y León) han suscitado menos tensión, fundamentalmente por haberse llegado a acuerdos entre los dos partidos mayoritarios en el congreso de los diputados (PSOE y PP), aunque el contenido de las reformas sea hasta cierto grado similar, más allá de los extremos conceptuales de los dos primeros (conceptos de autodeterminación, nación, realidad nacional, posicionamiento de la definición nacional en el preámbulo del texto para "rebajar" su efectividad legal, etc.).

La originalidad española estriba en que, siendo un país atrasado económica e intelectualmente a comienzos del siglo XIX, lucha con una gallardía extraordinaria por preservar su identidad a la vez que se esfuerza por adoptar y adaptar lo mejor del programa revolucionario: el parlamentarismo, la Constitución, la soberanía popular, las libertades básicas.

En ese punto coincide con tópicos similares debidos a muchos artículos de Mariano José de Larra (como En este país, 1833); uno de ellos convertido en poema por Joaquín Bartrina: si habla mal de España, es español.

«Abandonados el Ejército y la Marina por España; prisioneros de España. Yo he leído en el Estado Mayor del Capitán General de la Isla cartas que destilaban sangre. El Gobierno no quiere aventuras; hay que contemporizar. No se pueden enviar más hombres. La guerra no es popular».

Uno de los oficiales presentes interrumpe: «¿Qué han hecho para que lo sea? ¡Cuánta vergüenza!». Y el jefe de Estado Mayor sentencia: «Al final, sin armas, sin efectivos, sin política exterior, aislados del mundo, tendremos la culpa los militares».

1. Somos muchos los ciudadanos que creemos en España y que, en este momento histórico, nos vemos impelidos a reclamar una vez más el cumplimiento de la Constitución y la unidad de la nación española como garante de la igualdad y la solidaridad de todos los españoles.

2. Sentimos como una inadmisible y delirante tergiversación que se identifique como reaccionaria la unidad de los españoles o la propia idea de España y se considere progresista la Cataluña o la Euskal Herria insolidarias e independientes con las que sueñan los nacionalistas.

La realidad es precisamente la contraria: la esencia del pensamiento reaccionario desde el Siglo XIX son esos sueños totalitarios que anteponen la supuesta patria a las personas y a sus libertades individuales; esos sueños que reclaman la limpieza etnocultural, el privilegio, la desigualdad ante la Ley; esos sueños que se fundamentan en un concepto de la Historia como fuente mítica e inapelable del derecho (los falseados y denominados "derechos históricos") oponiéndose así a los fundamentos democráticos de la sociedad moderna y de nuestro sistema constitucional.

7. Nuestro futuro dependerá de lo que hagamos en el presente. Es necesario comprender que el proyecto que el nacionalismo trata de llevar adelante es una agresión directa hacia la Constitución y hacia España como ámbito de solidaridad, igualdad de derechos y de acción común. El proyecto nacionalista es radicalmente hostil e incompatible con la idea de España que tenemos la inmensa mayoría de los españoles. Por todo esto hacemos un llamamiento a toda la ciudadanía para que tome la iniciativa, no permanezca ajena a los acontecimientos y trabaje por defender, desde el respeto estricto a la legalidad, este proyecto común que es España.

Al principio



Opus Dei

Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei[1] .

La Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei es una institución perteneciente a la Iglesia Católica. Fue fundada el 2 de octubre de 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español canonizado en 2002. El término latino "Opus Dei" significa "obra de Dios".

La prelatura está gobernada por un prelado y compuesta por los sacerdotes que forman el clero propio de la prelatura y, en su mayoría, por fieles laicos.

El Opus Dei, fundado en 1928, fue aprobado por primera vez en 1941 por el obispo de Madrid (España). Años después, en 1950, la Santa Sede lo aprobó como Instituto Secular, rigiéndose por sus propios estatutos. Tras solicitarlo, fue erigida como prelatura personal en 1982 por el Papa Juan Pablo II, siendo la única existente en la actualidad. La prelatura depende de la Congregación para los Obispos.

La misión institucional del Opus Dei es difundir la enseñanza católica de que todas las personas están llamadas a hacerse santos, y que la vida ordinaria es un camino hacia la santidad.

Según el Anuario Pontificio de 2004, el Opus Dei cuenta con 1.850 sacerdotes en el mundo y 83.641 laicos que suman un total de 85.491 miembros. El 55% de los miembros del Opus Dei son mujeres y cerca del 90% viven en Europa y América Latina.

El patrimonio de la prelatura está estimado en un mínimo de 2.800 millones de dólares, según un estudio de John Allen.

El Opus Dei ha recibido reconocimiento y apoyo de los Papas, de diversas autoridades católicas y de otras personalidades.

En contraste, sobre todo en Europa, el Opus Dei también ha sido fuertemente criticado, siendo acusado principalmente de proselitismo agresivo, sectarismo y difusión de actitudes ultraconservadoras.

El 2 de octubre de 1928, Josemaría Escrivá de Balaguer funda el "Opus Dei" como «camino de santificación dirigido a toda clase de personas en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano». Este mensaje chocó con la idea generalizada en aquella época de que para ser santo había que llevar una vida consagrada únicamente a Dios, es decir, sólo los religiosos podían ser santos.

En 1930 fundó las sección femenina del Opus Dei, que hasta ese momento era solo para varones.

En el año 1933 se abre el primer centro del Opus Dei, la "Academia DyA" donde se imparten clases de Derecho y Arquitectura. Un año después la "Academia DyA" se convierte en residencia universitaria.

Hacia 1935/36, en la "Academia DyA", los miembros del Opus Dei comenzaron a practicar algunas costumbres que el fundador concibió como medios para alcanzar los fines de la institución y que pasarían a ser signos distintivos de la futura Obra, consideradas en adelante muestra de "buen espíritu", entre las que se encuentran la corrección fraterna, las visitas a pobres y enfermos, las catequesis o el llamado "plan de vida", que incluye prácticas como la misa diaria, comunión, rezo del ángelus, visita al sagrario, lectura del Evangelio, rosario y mortificaciones .

Durante la guerra civil española, en la que se desata la persecución religiosa, Josemaría Escrivá se ve obligado a refugiarse en diversos lugares. En 1937, el padre Escrivá y otros miembros del Opus Dei abandonan la zona "republicana" cruzando los Pirineos por Andorra y llegando a Francia, desde donde regresan a España, a la zona dominada por los sublevados, donde la Iglesia no era perseguida. La contienda hace suspender los proyectos del fundador del Opus Dei de extender la labor apostólica a otros países.

Tras la guerra civil, se inicia en España la dictadura de Franco que, después de la persecución religiosa sufrida por la Iglesia Católica, contó con el apoyo de buena parte de la jerarquía. Terminada la guerra, Josemaría Escrivá regresa a Madrid, y comienza a expandir la labor del Opus Dei por otras ciudades de España. El inicio de la Segunda Guerra Mundial impide los intentos de expandir el Opus Dei a nivel internacional.

En 1941 fue aprobado como "Pía Unión" por el Obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay, pues desde la fecha de su fundación en 1928 el Opus Dei estuvo sin reconocimiento jurídico por parte de la Iglesia Católica. Esta figura estaba englobada en las Asociaciones de fieles, y no suponía un cambio de estado para sus miembros.

El 14 de febrero de 1943, Josemaría Escrivá encuentra una solución jurídica que permitirá la ordenación de sacerdotes dentro del Opus Dei, la "Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz". Esto se ve reflejado un año después, el 25 de junio de 1944, cuando es reconocida jurídicamente como Sociedad de vida en común sin votos públicos por el Obispo de Madrid, quien ordena a los primeros sacerdotes del Opus Dei: Álvaro del Portillo, José María Hernández de Garnica y José Luís Múzquiz. Esta Sociedad Sacerdotal está formada por algunos miembros varones del Opus Dei que se preparan para ser sacerdotes, y por los que se van ordenando. La figura de Sociedad de vida común pertenecía el estado de perfección, y sus miembros clérigos emitían los correspondientes votos de Castidad, Pobreza y Obediencia.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el fundador del Opus Dei se traslada a vivir a Roma, al darse cuenta de que si quiere expandir sus enseñanzas alrededor del mundo deberá establecer la sede del Opus Dei en esa ciudad. En los años siguientes viaja por toda Europa, para preparar el establecimiento del Opus Dei en diversos países.

A partir de su establecimiento en Roma, se comienzan a fundar nuevos centros de enseñanza del Opus Dei, entre los que cabe destacar el "Colegio Romano de la Santa Cruz" (fundado en 1948, y actualmente uno de los dos Seminarios de la Prelatura), por el que pasarán a partir de entonces cientos de miembros "numerarios" del Opus Dei, que recibirán una formación espiritual y pastoral al tiempo que realizan estudios en diversos ateneos pontificios Romanos. Gran parte de dicho numerarios se preparan, con esos estudios, para el sacerdocio.

En 1947 el Opus Dei recibe la aprobación provisional por parte de la Santa Sede como Instituto Secular de derecho pontificio. La aprobación definitiva le será otorgada en 1950. Al Instituto pertenecen hombres y mujeres laicos y sacerdotes, tanto los que provienen de los laicos del Instituto y que se ordenan para servir a éste, como los sacerdotes diocesanos que continúan dependiendo de sus respectivos Obispos.

En 1952 comienzan las actividades del Estudio General de Navarra, en Pamplona, que con el tiempo se convertiría en la Universidad de Navarra, con sedes en las ciudades de San Sebastián y Barcelona.

En 1953 se funda en Roma el "Colegio Romano de Santa María", dirigido a numerarias, que es el equivalente de la "Universidad de la Santa Cruz" (que tiene como finalidad impartir formación teológica a varones con posibilidad de ser ordenados sacerdotes), con las mismas funciones que éste, exceptuando la preparación para el sacerdocio, pues la Iglesia no lo permite.

El 26 de junio de 1975, Josemaría Escrivá fallece en Roma. En ese momento pertenecen al Opus Dei unas 60.000 personas.

En Huesca (España) se inaguró el 7 de julio de 1975 el actual Santuario de Torreciudad, un antiguo proyecto de su fundador que databa de 1960.

El 15 de septiembre del mismo año, Álvaro del Portillo es elegido para suceder al fundador.

El 28 de noviembre de 1982 Juan Pablo II lo erige como la primera prelatura personal de la Iglesia Católica y nombra prelado a Álvaro del Portillo, al que en 1991 conferiría la ordenación episcopal; intrínsecamente unida a la prelatura, está la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, asociación de sacerdotes a la que pertenecen los sacerdotes de la Prelatura y aquellos sacerdotes diocesanos que lo deseen (y que no dejan de depender en todo de sus respectivos Obispos).

En 1993 fallece Alvaro del Portillo, siendo elegido como su sucesor Javier Echevarría, el actual Prelado y que fue ordenado Obispo en 1995.

El -según algunos- inusualmente rápido proceso de canonización de Escrivá gozó del apoyo de destacadas figuras de la jerarquía eclesiástica, pero estuvo también marcado por la polémica y la oposición. Kenneth Woodward, el citado periodista de la revista Newsweek, que escribió el libro La fabricación de los santos subtitulado "Cómo la Iglesia Católica determina quién se convierte en santo, quién no, y porqué" (1990), dice que el oponente oficial, antiguamente denominado como Abogado del Diablo, fue puenteado y que importantes testigos críticos con el Opus no fueron llamados. Según él, no es cierto que oyeron a once críticos de la canonización de Escrivá, sino que solamente había uno. Rechazando de entrada miembros que en su momento fueron cercanos al fundador, entre ellos: Maria del Carmen Tapia, Miguel Fisac, el padre Vladimir Feltzman y John Roche. A este respecto hay que señalar que, la figura del Abogado del Diablo había sido sustituida por la de un oponente a la causa en la reforma de 1983, y que los nombres de los testigos contrarios fueron introducidos por la misma Postulación del Opus Dei en la propuesta de testigos para la Causa. Sin embargo, la mayoría de ellos fueron rechazados por el Tribunal eclesiástico. El Opus Dei también incluyó en la documentación las publicaciones contrarias a Escrivá publicadas hasta entonces También, Woodward incide en que la abundancia de recursos económicos del Opus Dei fue utilizada para presionar financieramente sobre centenares de obispos, especialmente del tercer mundo, para enviar informes favorables a los que llevaban el proceso de canonización en Roma. Sin embargo, para el juez del proceso (el padre Rafael Pérez, agustino que durante años fue Abogado del Diablo mientras existió esta figura), esta acusación es insostenible: "No se hace caso de ningún tipo de presiones. Sería casi imposible e ineficaz que las hubiera, porque en cada uno de los distintos pasos intervienen muchas personas", dijo en una entrevista aparecida en el periódico Heraldo de Aragón el 1 de diciembre de 1991. La revista Newsweek averiguó también que dos de los jueces, Mons. Luigi De Magistris, y Mons. Justo Fernández Alonso, rector de la iglesia nacional española en Roma, no aprobaron la causa. De hecho, uno de los disidentes escribió según su informe, que la beatificación de Escriva podía causar grave escándalo público en la iglesia. Este investigador también afirma que los consultores eran principalmente italianos y miembros del Opus Dei. Sin embargo, a pesar de que, según la praxis vigente en la Congregación para las Causas de los Santos, los nombres de los consultores no se pueden hacer públicos (ni, por tanto, su procedencia), en el proceso se hizo constar explícitamente que ninguno de ellos pertenecía al Opus Dei. En el documento de Juan Pablo II que regula los procesos no se encuentra citada la figura del oponente, de que se habla.

Hay abiertas otras causas de beatificación de fieles de la Prelatura del Opus Dei: Ernesto Cofiño, pediatra guatemalteco; Montserrat Grases, una estudiante universitaria catalana, Toni Zweifel, ingeniero suizo; el obispo Álvaro del Portillo, sucesor de Escrivá; Eduardo Ortiz de Landázuri, médico español, y su hermana Guadalupe Ortiz de Landázuri; Isidoro Zorzano, ingeniero y obrero español de origen argentino; José María Hernández de Garnica, sacerdote nacido en Madrid; y el matrimonio formado por Tomás Alvira y Paquita Domínguez, él doctor químico y ella maestra.

El "Opus Dei" fue fundado como "camino de santificación dirigido a toda clase de personas", lo que resultaba novedoso pues en aquella época sólo los religiosos podían ser santos.

Según explicaba el propio Josemaría, la finalidad del Opus Dei es "contribuir a que haya en medio del mundo hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo". Para su Fundador, la actividad principal del Opus Dei es dar formación a sus miembros y a la gente que quiere recibirla, hasta el punto de que a veces resumía el papel del Opus Dei como "una gran catequesis" .

Según Escrivá, el fundamento de la vida cristiana es una consciencia personal de la filiación divina. "La alegría viene de saberse hijos de Dios," dice Josemaría. El Opus Dei, dice, es "un asceticismo sonriente".

La espiritualidad de la institución se recoge, en gran medida, en la obra de Escrivá de Balaguer “Camino”, una serie de 999 meditaciones para orientar a los fieles.

Según el británico Stephen Tomkins, autor de "Breve historia de la cristiandad", "el Opus Dei exige una especie de voto monástico, aunque no en un monasterio sino en medio de la sociedad... Contemplativos en medio del mundo". El texto indica una cierta tendencia a calificar nuevas formas en la Iglesia con las categorías acostumbradas, no siempre acordes a los nuevos carismas.

La idea de la llamada universal a la santidad fue predicada por San Agustín y por San Francisco de Sales, que sin embargo daban énfasis a la liturgia y las oraciones. "Escrivá es más radical ... Para él, es el mismo trabajo material lo que debe transformarse en oración y santidad", según reflejó el Cardenal Luciani, que posterior sería Papa con el nombre de Juan Pablo I.

Con el Espíritu Santo residiendo en un cristiano que está dispuesto a aprender, el espíritu humano que se creó para amar, dijo Escrivá, está llevado a través de un "plano inclinado", que empieza con la repetición ferviente de oraciones cortas y entonces " se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio..." Así, uno de sus enseñanzas favoritas es el mandato bíblico que todos deben amar a Dios con todo el corazón, alma, poder y mente, un amor que no se reserve nada, un amor que los padres deben transmitir todo el día a sus niños (Deut 6:4-9: Shema Yisrael), y que Cristo llamó "el mandamiento más grande" (Mt 22:37-40). Y también Escrivá apunta al mandamiento nuevo de Jesús: Amar unos a otros como yo os amé.

Desde 1982 está constituído como la única Prelatura personal existente en la Iglesia Católica, dado que el resto son prelaturas territoriales.

La prelatura está formada por presbíteros y diáconos del clero secular, gobernados por un prelado. También hay fieles laicos que, mediante acuerdos establecidos con la prelatura, se dedican a sus obras apostólicas.

Anteriormente a ser erigida como prelatura personal, ya en 1947, obtuvo la aprobación del Vaticano como Instituto Secular de Derecho Pontificio, siendo aprobados unos estatutos en 1950, en los cuales los laicos hacían, si bien de forma privada, los tres votos clásicos de obediencia, castidad y pobreza. Escrivá solicitó la conversión en prelatura personal en 1962, y no fue sino hasta el papado de Juan Pablo II, el cual finalmente concedió esta petición.

La Constitución Apostólica "Ut Sit" erigió al Opus Dei como prelatura personal de la Iglesia Católica el 28 de noviembre 1982. Según Juan Pablo II "se vio con claridad que tal figura jurídica se adaptaba perfectamente al Opus Dei", "teniendo presente la naturaleza teológica y genuina de la Institución." Esta prelatura personal es por ahora la única que existe en la Iglesia Católica.

Como prelatura personal, su clero está sometido directamente a la jurisdicción y a la autoridad del Prelado del Opus Dei, y éste a su vez, a la del Papa, por tanto no está sometido ni a la jurisdicción, ni a la autoridad del obispo diocesano. Esto le ha dado amplia independencia dentro de la Iglesia Católica, para ejercer su apostolado, pues, a diferencia de las diócesis, que tienen una jurisdicción territorial, las prelaturas personales —como los ordinariatos militares— se encargan de personas en cuanto a algunos objetivos particulares sin tener en cuenta donde viven. En cuanto a los laicos del Opus Dei, ya que no son diferentes de otros católicos, "continúan bajo la jurisdicción del obispo diocesano," en las palabras de Ut Sit. Estas estructuras seculares son muy diferentes de las órdenes religiosas o las congregaciones.

Según críticos como Juan José Tamayo-Acosta, teólogo y profesor de la Universidad Carlos III, de Madrid, Hans Küng, Leonardo Boff, Jesús Cardenal, Michael Walsh (ex jesuita) y Kenneth Woodward, periodista de Newsweek, el Opus Dei con esta categoría jurídica, se convirtió de facto en una "iglesia dentro de la Iglesia", debido a su gran independencia dentro de la misma, al no estar sometida a la jurisdicción directa de las diócesis territoriales.

Juan José Tamayo sostiene que el Vaticano encontró en el Opus Dei una voz predominantemente laica -una suerte de "caballo de Troya en medio del mundo"- como una fuerza de choque que se haría eco de su oposición al aborto, el uso de anticonceptivos, el divorcio, la investigación con células madre y los derechos de los homosexuales. También se ha sugerido la "simpatía" de Juan Pablo II con el Opus Dei.

Por el contrario, desde el Opus Dei se señala: "Ninguna parte de la Iglesia constituye “una iglesia dentro de la Iglesia”, sino justamente lo contrario: cada parte promueve vínculos de comunión respecto a toda la Iglesia. (...) La legítima autonomía del Opus Dei para llevar a cabo su misión eclesial, como por lo demás la autonomía que en diversos grados es propia de todo fiel y de cualquier realidad eclesial, es siempre autonomía en la comunión con la Iglesia universal y el Romano Pontífice, y con las Iglesias particulares y los Obispos diocesanos. En este sentido, el Opus Dei, en su actual configuración como prelatura, goza de la autonomía propia de los entes de la constitución jerárquica de la Iglesia (cuya cabeza es un sujeto con potestad episcopal), que es distinta de la autonomía propia de los entes de estructura asociativa".

Como se ha dicho más arriba, el Opus Dei es una prelatura personal de la Iglesia Católica, formada por presbíteros y diáconos a cuyo frente se encuentra un Prelado. Además hay laicos que se dedican a las obras apostólicas de la prelatura. Por último, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz es una asociación sacerdotal intrínsecamente unida a la prelatura a la que pueden pertenecen los sacerdotes diocesanos. Cuando se dice que una persona pertenece al Opus Dei se quiere decir que se encuentra en alguna de esas categorías: los sacerdotes de la prelatura, los laicos que se dedican a sus obras apostólicas y los sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

Por último, ambas instituciones (la prelatura y la Sociedad Sacerdotal) admiten Cooperadores (de cualquier tipo la primera, sólo sacerdotes diocesanos la segunda), que sin pertenecer a ellas les prestan ayuda de forma estable, con sus limosnas, sus oraciones o su trabajo.

Representan menos del 2% del total de miembros. Proceden de los numerarios y agregados laicos del Opus Dei. Principalmente, atienden a los miembros laicos y trabajan en las labores apostólicas. A ellos están reservados los principales cargos de gobierno en la prelatura (Prelado, Vicarios Regionales y Vicarios Delegados).

Los sacerdotes que forman el clero de la prelatura fueron llamados por el prelado a hacerse sacerdotes, y aceptaron esa llamada libremente. Realizan sus estudios sacerdotales en centros o en seminarios del Opus Dei (no en seminarios diocesanos), y el Opus Dei se responsabiliza de su sustento (alojamiento, ropa, etc.).

Los sacerdotes numerarios y agregados viven como los laicos numerarios y agregados, respectivamente: los sacerdotes numerarios en centros de la prelatura, y los sacerdotes agregados con su familia, en residencias, solos, etc. Varios sacerdotes numerarios han sido ordenados obispos por el Papa.

Existen varios tipos de miembros laicos en la Prelatura del Opus Dei: numerarios, numerarias auxiliares, agregados y supernumerarios. Las diferencias entre ellos consisten principalmente en si viven el celibato o no y si viven en centros de la prelatura o no. Una y otra cosa determinan la disponibilidad de los miembros para ayudar en las actividades apostólicas de la Prelatura.

Aunque a veces se hable en masculino, en todos los grupos (excepto en el de las numerarias auxiliares) hay hombres y mujeres: numerarios y numerarias, etc. Ambas secciones (masculina y femenina) son completamente independientes (distintos centros y distintas labores apostólicas).

Comprenden aproximadamente al 20% de los miembros. Los numerarios (y numerarias) son miembros célibes que generalmente viven en un centro del Opus Dei. Deben poseer estudios universitarios. Pueden, en principio, ejercer una profesión civil, pero han de estar dispuestos a renunciar a su ejercicio, si la Prelatura se lo indica.

Son los primeros responsables de la formación de los demás miembros del Opus Dei, y a ellos se reservan los cargos directivos. Numerarios y numerarias (no así las numerarias auxiliares) reciben una formación filosófica y teológica que, a lo largo de su vida, es comparable a la recibida por los sacerdotes en los seminarios.

Son numerarias que que se dedican en exclusiva al trabajo doméstico (limpieza, cocina, cuidado de la ropa, etc.) de los centros. Viven en centros del Opus Dei y habitualmente no ejercen una profesión externa. No suelen tener estudios superiores, y no ocupan cargos directivos.

Son miembros célibes que -a diferencia de los numerarios- viven con sus familias, o donde les resulte más conveniente por razones profesionales. Son aproximadamente un 10% de los miembros del Opus Dei. No es obligatorio que tengan estudios superiores, y no ocupan cargos directivos en la Obra.

Son los más numerosos, representando actualmente cerca del 70 por ciento del total de miembros. Los supernumerarios no son célibes (es decir, pueden casarse), viven y trabajan donde consideran oportuno, y buscan la santificación con su vida ordinaria, además de tener un plan de vida espiritual con diversos medios de formación y prácticas de piedad. Debido a su profesión y obligaciones familiares los supernumerarios no poseen tanta disponibilidad como los numerarios y agregados, pero suelen colaborar económicamente con el Opus Dei u ofrecer apoyo según las circunstancias se lo permitan. No ocupan cargos directivos.

La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz es una asociación de clérigos (sacerdotes), intrínsecamente unida a la prelatura personal del Opus Dei. Pertenecen a ella los presbíteros y diáconos diocesanos que lo desean, y los sacerdotes (agregados y numerarios) del clero de la prelatura. Forman parte de ella poco más de 2.000 sacerdotes diocesanos y los 1.900 sacerdotes de la prelatura (año 2007). El prelado del Opus Dei es el presidente de la Sociedad.

Los cooperadores del Opus Dei no son miembros de la prelatura, pero colaboran de distintas formas con ésta (oraciones, limosna, trabajo). Para ser Cooperador no es necesario ser cristiano.

Los cooperadores pueden participar de las actividades educativas y de formación del Opus Dei. Asimismo, comunidades religiosas pueden ser cooperadores de la Prelatura. Actualmente existen cientos de estas comunidades que cooperan mediante sus oraciones por el Opus Dei y sus apostolados.

Uno de los encargos que tiene la Sección femenina del Opus Dei es el de ocuparse de las labores domésticas en los Centros de la Prelatura, especialmente de los Centros de la Sección de varones.

Para casi todas las numerarias auxiliares (anteriormente numerarias sirvientas) y para algunas numerarias, las tareas domésticas en los Centros, constituyen su trabajo profesional, en el que deben permanecer, y donde han de buscar su propia santificación.

Cuando se trata de un Centro de varones, la separación entre los hombres y las mujeres es total. De ordinario debe haber doble puerta entre la casa de las auxilares y los residentes. Por ello las auxiliares no hablan para nada con los residentes del centro, ni saben sus nombres. Tampoco éstos las ven nunca, excepto a las que sirven la mesa. Los residentes tampoco hablan para nada con las auxiliares, ni saben sus nombres. Las entradas de los numerarios y las auxiliares son siempre distintas, incluso se debe procurar que estén en calles distintas, para que las personas que viven en una y otra casa no se vean al salir y entrar.

Para pertenecer al Opus Dei se requiere solicitarlo libremente. La incorporación formal a la Prelatura se realiza mediante una convención bilateral que estipula los compromisos mutuamente asumidos por el interesado y por la propia Prelatura.

El vínculo de los fieles con la Prelatura se establece mediante una declaración de naturaleza moral entre la persona que desea pedir la admisión (previamente solicitada por carta al prelado) y un representante del prelado, ante un testigo. Entre la solicitud por carta de la admisión al prelado y la incorporación jurídica definitiva del aspirante median al menos seis años y medio, a lo largo de los cuales, el aspirante debe renovar su intención anualmente. En caso de no hacerlo, desaparecen las obligaciones mutuas, no devolviéndose en ningún caso los bienes o dinero entregados hasta ese momento.

El vínculo con la prelatura cesa al terminar el plazo de vigencia del contrato, o antes, si la Prelatura así lo considera o si el interesado lo desea, solicitando dispensa al Prelado. En caso de que no se solicitara dicha dispensa, se estaría ante, lo que el "Opus Dei" considera una "salida ilegítima" y por tanto el miembro que abandonase su vocación, sin haber obtenido la dispensa necesaria, pecaría mortalmente, según el Opus Dei.

Legalmente, por su propia voluntad y en cualquier momento, cualquiera puede abandonar el "Opus Dei" sin que exista obligación legal alguna de permanencia, pues el compromiso contractual es de índole únicamente moral. En ciertos casos, los bienes donados o testados podrían recuperarse.

Según el fundador del Opus Dei, un cristiano se hace santo a través de dos elementos imprescindibles: la lucha personal por alcanzar el ideal cristiano y la gracia y misericordia de Dios. Para alcanzar el ideal cristiano de "aprender a amar", existen unos medios de santificación. En el Opus Dei, dichos medios se pueden resumir en cuatro aspectos: 1) vida interior: la vida de contemplación a la que Jesucristo llamó "la única necesaria"; 2) trabajo: Escrivá defendió que el trabajo no es un castigo de Dios, sino un medio para santificarse y santificar a los demás; 3) Apostolado: el cristiano no puede reservarse el mensaje recibido para sí mismo, sino que debe comunicarlo a los demás; 4) formación doctrinal: conocimiento de la doctrina de la Iglesia Católica, que se ve como "religión del Logos" (logos =Verbo, palabra de Dios que ilumina la razón). Así dice Escrivá que el cristiano tiene que tener "la piedad de los niños y la doctrina segura de los teólogos".

Los medios de formación personal son la confesión sacramental, la charla fraterna o confidencia (que es lo que, en el resto de la Iglesia, se conoce como dirección espiritual propiamente dicha) y la corrección fraterna (Catecismo del Opus Dei, n 200). El objetivo es ayudar a los fieles a mejorar en su vida interior y en otros aspectos de su vida personal.

Los medios de formación colectiva son: los Círculos Breves o los Círculos de Estudios, los retiros mensuales, los cursos de retiro espiritual, los cursos anuales y las convivencias, las collationes mensuales; además de otras clases o charlas, convivencias especiales, etc.(Catecismo del Opus Dei. n. 201). En ellos se busca profundizar en el conocimiento de la doctrina de la Iglesia y del espíritu del Opus Dei.

La Dirección espiritual es parte importante dentro de la formación que reciben los miembros del Opus Dei. La dirección se brinda mediante charlas dadas por los directores laicos , y por sacerdotes de la Prelatura en la confesión. También forma parte de la dirección espiritual la corrección fraterna.

En el Opus Dei se practica habitualmente la "corrección fraterna", a la que se concede gran importancia como medio de ayudar a los demás a mejorar. Estas correcciones se pueden hacer a todos, incluidos sacerdotes y Directores.

En el caso del Opus Dei, antes de hacer la corrección fraterna se debe informar a los superiores del corregido, y después de hecha, volver a informar del resultado (si el interesado la aceptó o no). Según algunos críticos, esto equivale a delatar al hermano ante los superiores. Según el Opus Dei, se hace para evitar que una persona reciba la misma corrección fraterna varias veces, o que se haga una corrección fraterna que no resulte prudente; no para que el superior conozca los defectos del súbdito.

La confesión sacramental es en el Opus Dei, al igual que en el resto de la Iglesia, un medio básico para avanzar en el proceso de identificación con Cristo, que es el idel de un cristiano consecuente con su Fe.

La práctica de este Sacramento tiene en el Opus Dei algunas características particulares. Las principales son: su frecuencia semanal, que el confesor habitual de cada uno lo suele escoger la prelatura, y que se aconseja que los fieles cuenten todos sus pecados, fuera de la confesión, a sus superiores laicos.

Descrita como "la fuerza más polémica de la Iglesia Católica", en las palabras de Allen, el Opus Dei está visto por algunos teólogos como signo de contradicción y por otros como fuente de controversia, al mismo tiempo que ha encontrado apoyo en los Papas y líderes católicos, ha sido criticado por diferentes sectores y ex miembros.

La actividad personal del fundador también es criticada y, por ejemplo se señala que, en 1968 Josemaría Escrivá de Balaguer solicita al Gobierno franquista de España, ser nombrado Marqués de Peralta, lo que le es concedido ese mismo año. Cuatro años más tarde, y sin haberlo utilizado, cedería este título a su hermano. Un estudio del historiador Ricardo de la Cierva postuló mediante documentos de su investigación, que la concesión de este nombramiento habría sido irregular. La solicitud -según reconoce el propio de la Cierva- habría estado motivada por el deseo del Fundador de hacer algo por su familia, que tanto había sufrido y sinceramente convencido de que le amparaba el derecho a esa reivindicación.

El apoyo prácticamente unánime de la Iglesia al mensaje central de Josemaría Escrivá contrasta con el silencio frente a las novedades que el Opus Dei y su Fundador introducen en lo referente a la vida espiritual: no existe ninguna intervención de dignatarios eclesiásticos en favor de los novedosos modos ascéticos introducidos por el Opus Dei. Ni el hecho de que la dirección espiritual sea llevada principalmente por laicos, ni su dependencia de la estructura de gobierno de la Prelatura, ni la obligación de los miembros de permitir que sus superiores conozcan su intimidad, ni que en la corrección fraterna vaya incluido el deber de informar al superior de los defectos del hermano, han recibido nunca la aprobación por parte de la autoridades católicas. Incluso algunos responsables católicos han reaccionado con preocupación frente a las denuncias recibidas contra supuestos abusos cometidos por el Opus Dei.

El portavoz del Opus Dei, Jack Valero, niega todas las acusaciones en contra de la "Obra" aunque admite que algunos pueden haber cometido errores. Pero aclara que se trata de desaciertos del pasado, ya que la organización ha cambiado.

En cuanto a las denuncias de ex miembros, Valero explica que le duele que se hayan ido en malos términos y hablen mal de Opus Dei, pero también destaca los casos de personas que abandonaron el grupo y mantienen una buena relación con él. No obstante, aclara que no pone en duda la credibilidad de las personas que cuentan sus malas experiencias.

El núcleo del mensaje que transmite el Opus Dei ha sido alabado por multitud de personalidades eclesiásticas. Tanto la llamada universal a la santidad y al apostolado como la importancia santificadora del trabajo profesional aparecen en discursos e intervenciones de Obispos, Cardenales y teólogos, incluso en varios documentos de la Iglesia relacionados con el Opus Dei, señalando la novedad de su mensaje.

Juan Pablo II dijo que "el Opus Dei anticipó la teología del estado laical que es una nota característica de la Iglesia del Concilio y después del Concilio" y describió su fin como "un gran ideal". Benedicto XVI, tres años antes de ser Papa, cuando dirigía la Congregación para la Doctrina de la fe (antes llamada Santo Oficio) dijo que la vida y mensaje de Escrivá son "un mensaje de grandísima importancia... que lleva a superar la gran tentación de nuestro tiempo —la ficción de que después del 'Big Bang' Dios se retiró de la historia".

Abundando en el tema, la "novedad absoluta" del Opus Dei, según el Cardenal Franz König, estriba en su enseñanza acerca de la necesidad de que el mundo profesional y el mundo de relación con Dios "de hecho tienen que caminar juntos". En este "materialismo cristiano", como lo llama Escrivá, los cristianos que viven una vida integral de oración y mortificación están llamados a "amar apasionadamente el mundo" y "liberar la creación del desorden".

El mismo Cardenal, también solicitó al Opus Dei, respetase la libertad de los miembros en lo referente a la dirección espiritual.

EL actual Papa Benedicto XVI, antes de ocupar dicho cargo, expresó del pensamiento de Escrivá, "un Cristo en que el poder y majestad de Dios se hace presentes a través de cosas humanas, sencillas y ordinarias". Esperando como un Padre Misericordioso en el Sacramento de Reconciliación y realmente presente en el pan eucarístico, Cristo se hace "totalmente disponible" para alimentar al cristiano para que llegue a ser "una sola cosa con él". Con el regalo de esta "divinización" en la gracia, "un nuevo principio de energía," y con el apoyo de "la familia de Cristo," la Iglesia, y un director espiritual bueno, la difícil tarea de ser santo, "es también fácil," dice Escrivá. Y agrega: "Está a nuestra alcance".

Según John Allen, periodista católico y vaticanólogo de la CNN, estas acusaciones son mitos que no tienen que ver con la realidad del Opus Dei.

Una de las acusaciones frecuentes contra el Opus Dei es calificar a esta institución como una secta religiosa.

En España la asociación Projuventud A.I.S. (Asesoramiento e Información sobre Sectas), ha ofrecido un asesoramiento no comprometido con posturas religiosas, a familias afectadas por el proselitismo del Opus Dei. En Estados Unidos aparecieron otras asociaciones como ODAN, para ofrecer ayuda a ex miembros afectados por el Opus Dei. Del mismo modo, debido al proselitismo con menores, se fundó la asociación "Our Lady and St. Joseph in Search of the Lost Child", con miembros destacados en diferentes países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Irlanda.

Massimo Introvigne, un conocido experto sobre sectas, indica que los laicistas, católicos progresistas y los anticatólicos estimagtizan el Opus Dei con el término "secta" porque ha sido su "blanco principal por muchos años". Los laicistas luchan contra el Opus Dei, según dice, porque "ellos no pueden tolerar 'el retorno de lo religioso' en la sociedad secularizada".

Los laicistas afirman que la laicidad es un principio indisociable de la democracia, porque las creencias religiosas no son un dogma que deban imponerse a nadie ni convertirse en leyes. La Iglesia (y con ella el Opus Dei) reconoce que "la laicidad, entendida como autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica – nunca de la esfera moral –, es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado".

Por parte del Opus Dei y de la jerarquía católica se recalca que no es correcto llamar secta a una prelatura de la Iglesia Católica y que una secta es una organización no reconocida y el Opus Dei si que está reconocido por la Iglesia.

En el exhaustivo informe de la Asamblea Nacional Francesa sobre las sectas, no se menciona al Opus Dei.

El Opus Dei recibió atención mundial tras la publicación del best seller de ficción, escrito por Dan Brown titulado "El código Da Vinci. Después de calificar al Opus Dei como una "secta católica" en "página de hechos" de su novela, Brown crea un relato en el cual se presenta a las personas de la organización como unos devotos fanáticos, utilizados por estafadores para fines siniestros. Brown dice que su retrato del Opus Dei se basa en entrevistas con miembros y ex-miembros, y en los libros que se han escrito acerca de Opus Dei.

El citado libro ha recibido multitud de críticas sobre este particular y sus constantes imprecisiones e inexactitudes históricas y teológicas e incluso geográficas.

Mientras el portavoz del Opus Dei, Marc Carrogio, hizo "una declaración de paz" hacia las personas detrás del El código Da Vinci, algunos eruditos cristianos ofendidos indican que "la tergiversación de creencias cristianas en El código Da Vinci es tan agresivo y continuo que la única conclusión es que es un resultado de una ignorancia deliberada o una malicia determinada".

Los miembros del Opus Dei se caracterizan por su discrección según sus defensores o por su secretismo según sus detractores. Su fundador explicaba que "la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos".

El Opus Dei, no pone en conocimiento público quién es o deja de ser miembro de la organización, esta información es de carácter privado y deja a la libre elección de cada miembro el reconocimiento de este hecho.

Hasta 1950, el Opus Dei no tuvo un estatuto jurídico pleno dentro de la Iglesia, con la primera constitución. El artículo 191 , modificado en una revisión de los estatutos en los años ochenta cuando el Opus Dei fue nombrado Prelatura Personal, en la constitución original rezaba: «Los miembros numerarios y supernumerarios sepan bien que deberán observar siempre un prudente silencio sobre los nombres de otros asociados y que no deberán revelar nunca a nadie que aquellos pertenecen al Opus Dei».

Esto ha tendido a crear la sospecha que el Opus Dei funciona como una sociedad secreta y, hasta entrados los años 1980, ha sido prácticamente imposible, no ya por la gente común, sino incluso por los clérigos, y oficiales, por la inmensa mayoría de los mismos socios, conocer las Constituciones, los reglamentos, las reglas del juego de la asociación.

Basado en los reportajes de España, en los años 40, el Superior General de la Sociedad de Jesús, D. Wlodimir Ledochowski (1866-1942) dijo al Vaticano que consideraba el Opus Dei como "muy peligroso para la Iglesia de España". Y le achacó el tener "un carácter secreto" además de que había "señales de una inclinación para dominar el mundo a través de una forma de masonería cristiana". Según Vázquez de Prada, miembro del Opus Dei (1997), Berglar (1994), los periodistas católicos Messori (1997) y Allen (2005) esta controversia inicial, que procedía de círculos eclesiásticos muy respetados (la "oposición de los buenos", según Escrivá) será la primera raíz de las acusaciones posteriores a lo largo y ancho del mundo: que es una sociedad secreta, peligrosa e inclinada al poder y al dinero. Estas acusaciones han sido rebatidas tanto por el fundador como por sus sucesores.

A este respecto, el Parlamento italiano investigó al Opus Dei en 1986 y concluyó que no era una sociedad secreta. Por el contrario una Comisión del Parlamento belga incluyó al Opus Dei en la lista de las sectas peligrosas para la juventud teniendo en cuenta, entre otros factores, las protestas de familias cuyos hijos han sido objeto de proselitismo opusdeista.

Los Tribunales alemanes, por su parte, han indicado que el Opus Dei no está autorizado a publicar listas, pues la pertenencia es un asunto que forma parte de la esfera privada, que se debe respetar.

En la labor de enseñar su mensaje, el Opus Dei encontró controversias y rechazos por parte de numerosos detractores, incluidos algunos obispos. El Cardenal Julián Herranz, miembro del Opus Dei, dijo que "Opus Dei fue víctima de la cristianofobia".

En los años 40, algunos Jesuitas, como D. Ángel Carrillo de Albornoz (que luego abandonó la Compañía), denunció al Opus Dei como "una nueva herejía" por no ser ortodoxo que los laicos puedan ser santos sin votos y hábitos. También existía la preocupación de que el Opus Dei restara vocaciones a las órdenes religiosas.

El actual Papa Benedicto XVI, cuando era cardenal dijo que el Opus Dei es "la unión sorprendente de absoluta fidelidad a la tradición y fe de la Iglesia, y la apertura incondicional a todos los retos de este mundo". Sin embargo, el Opus Dei ha sido criticado por promover una visión demasiado ortodoxa (pre-conciliar) de la fe católica romana. Los críticos dicen que el Opus Dei logró acercarse más a la cúpula del Vaticano gracias al papa Juan Pablo II, para lograr convertirse en una "iglesia dentro de la iglesia" siendo empleada como una "fuerza de choque" por la necesidad de llevar a cabo una "nueva evangelización" con principios ultraconservadores y reaccionaríos. De otra parte, sus partidarios dicen que este término "conservador" está mal aplicado a nociones religiosas, morales e intelectuales. Sin embargo otros dicen que el término es lo bastante amplio como para aludir a actitudes de conservadurismo en general, no exclusivamente en el campo político.

El prelado actual, Javier Echevarria, dice que "si se emplea la palabra conservador fuera del contexto político, se podría decir que toda la Iglesia es conservadora, porque conserva y transmite el Evangelio de Cristo, los sacramentos, el tesoro de la vida de los santos, sus obras de caridad. Por razones análogas, toda la Iglesia es progresista, porque mira al futuro, cree en los jóvenes, no busca privilegios, está cerca de los pobres y de los necesitados. O sea, el Opus Dei es conservador y progresista como lo es toda la Iglesia, ni más ni menos.

Escrivá también dice que "La religión es la más grande rebelión de hombres que no quieren vivir como bestias".

En 2008, el director Javier Fesser estrenó la película "Camino", inspirada libremente en la vida de Alexia González Barros, adolescente en vías de beatificación tras sufrir una enfermedad larga y dolorosa. En el filme, el amor de la niña Camino por un amiguito llamado Jesús es confundido por sacerdotes y su madre como una vocación de santidad. Los familiares de Alexia y el Opus Dei manifiestan que la película no refleja la realidad de la institutción y que manipula la vida de Alexia con sus propios fines, mientras que el autor declara que la película no narra la vida de Alexia sino que se inspira en ella y que su película sí muestra el Opus Dei tal como es.

En los años 1950 y 1960, el jefe de estado y dictador español Francisco Franco designó a varios miembros del "Opus Dei" como ministros y altos cargos dentro del régimen. Estos ministros, conocidos entonces como los "tecnócratas", generalmente son reconocidos por haber introducido en la dictadura de Franco una ideología capitalista-liberal, modernizando también la economía española que contrastó con las influencias falangistas, carlistas y militares anteriores. Este hecho hizo que en su momento se propagase la idea del apoyo del "Opus Dei" al régimen de Franco y viceversa. El historiador e hispanista inglés Paul Preston afirma (1993) que Franco los designó como ministros por su habilidad técnica y no por su pertenencia al "Opus Dei".

Sobre la acusación de que el "Opus Dei" fue una especie de partido político en el gobierno de Franco, Messori dice que esta es una "leyenda negra" que la Falange española y algunos clérigos han propagado y alegan que el régimen franquista persiguió igualmente a algunos miembros del Opus Dei No obstante según el historiador Ricardo de la Cierva: "La equiparación de miembros del Opus Dei en el poder de Franco y en la oposición es falsa. Estaban en su inmensa mayoría con el poder; iniciaron una corriente de oposición muy minoritaria entre ellos mismos ya muy al final del régimen, por medio del profesor Calvo Serer, que durante décadas había sido un ardiente partidario de Franco y su régimen como Antonio Fontán y Rafael Calvo Serer.

En tiempos más recientes, durante la etapa del gobierno del español Partido Popular, (1996-2004) algunos miembros del Opus Dei, como Federico Trillo o Isabel Tocino fueron designados ministros por el entonces líder de ese partido, José María Aznar. De la misma forma, el ex fiscal general del estado Jesús Cardenal, es miembro de la prelatura. Otro miembro que también ocupó un alto cargo fue Juan Cotino como director general de la Policía Nacional española. Dentro del nacionalismo vasco, sosteniendo una postura ideológica contraria a los antes mencionados, Rafael Larreina de Eusko Alkartasuna, ex parlamentario y actual vicepresidente segundo del Parlamento Vasco pertenece al Opus Dei.

En cualquier caso, John Allen constata que, si bien el Opus Dei, desde el punto de vista institucional, "no tiene una postura política oficial", hay pocas dudas de que muchos de sus miembros son políticamente conservadores.

También mantiene hoy en día cierta presencia de algunos de sus miembros y simpatizantes en élites financieras y políticas, sobre todo en las de tendencia católica conservadora. Habiendo recibido el apoyo de diversos líderes políticos y empresariales como Lech Wałęsa de Polonia, Corazón Aquino de Filipinas, Thomas Murphy de General Motors, Ruth Kelly del Reino Unido, Raymond Barre de Francia Charles Malik, ex-Presidente de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y que son algunos de los personajes que consideran como positiva la influencia del Opus Dei en el mundo.

Los miembros del Opus Dei remarcan que la institución tiene una finalidad únicamente espiritual, y que cada miembro asume sus responsabilidades profesionales en el mundo de la política o los negocios, sin hacer partícipes de ellas a los demás miembros y menos aún a la institución. Escrivá decía que los fieles del Opus Dei podían tener la postura política que quisieran, siempre y cuando no entrara en contradicción con la doctrina católica.

Alberto Moncada, un ex miembro crítico, sugirió que quizás la presunta búsqueda de influencia del Opus Dei en la sociedad se canalice a través de sus colegios y universidades, con el fin de que sus principios religiosos se transformen en modelo de vida.

Los críticos dicen también que los miembros del Opus Dei no serían libres en materias políticas, ya que seguirían una ideología de tipo "nacional-catolico" y según éstos los miembros del Opus Dei estarían en la derecha política, impulsando una influencia conservadora en el mundo, promoviendo las políticas más tradicionales del Vaticano. De acuerdo con los portavoces de "Opus Dei" esto no probaría la relación del Opus Dei con la política, sino la actividad política de algunos de sus miembros.

No obstante el debate sobre el Opus Dei y su papel en la política sigue vigente hoy en día.

En cuanto al número de miembros, el Opus Dei mantiene un leve crecimiento numérico desde hace varios lustros, sobre todo en Europa. Desde 1990 ha habido aproximadamente un 4% de incremento en su número, mientras que en los años 1960 y 1970 habían aumentado sus miembros en más de un 45%. Ello es en parte consecuencia de la progresiva secularización de aquellos países donde tradicionalmente se había asentado en primer lugar, como España, Italia y Portugal, y a un bajo índice de penetración en el resto de países europeos. Y en América Latina, debido en parte al fenómeno de la expansión de las iglesias protestantes, que en Brasil por ejemplo, llegan a copar más del 20% de una población, antes casi enteramente católica . Su expansión actualmente es algo mayor en los países del antiguo bloque comunista, especialmente Polonia, patria del Papa Juan Pablo II (en Polonia hay unos 420 miembros del Opus Dei), en los cuales, hasta la caída del Telón de Acero, el Opus Dei como organización no tenía presencia oficial, así como en otros de Asia, como Filipinas en donde está el grupo más numeroso de este continente.

Según Messori, en cuanto al nivel socio-económico de educación, salario, estado social, lo predominante en el Opus Dei es la gente de los niveles medios y bajos y afirma que en Latinoamérica, por ejemplo, el Opus Dei es popular entre los campesinos. Gómez Pérez dice que la composición social del Opus Dei corresponde a la situación local y que hay más profesores entre los miembros, ya que el Opus Dei pone énfasis en el proselitismo entre intelectuales.

La Obra mantiene numerosas escuelas, institutos y varias universidades, y abre nuevos centros regularmente, ya que es en el aspecto académico, por el prestigio y calidad técnica de sus centros de enseñanza, donde tiene actualmente mayor demanda social. Ejemplo de lo anterior sería la Universidad de Navarra, con su programa master IESE y la Clínica Universitaria, con sede en Barcelona y Pamplona (Navarra), respectivamente. En su estudio de 2005, Allen dice que hay 608 proyectos en el mundo promovidos por los laicos y sacerdotes de la Obra: de estos 41% son colegios, 26% son escuelas técnicas y agrícolas, 27% son residencias universitarias, y el 6% son 17 universidades, 12 escuelas de negocios, y 8 hospitales.

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VII Legislatura de España

José María Aznar, presidente del Partido Popular y vencedor en las elecciones de 2000 por mayoría absoluta.

La VII Legislatura de España comienza con las Elecciones Generales de 2000 y termina con las Elecciones Generales de 2004. La anterior fue la VI Legislatura de España. La siguiente es la VIII Legislatura de España.

Las elecciones generales dieron la mayoría absoluta al Partido Popular, por lo que no tuvo que pactar con otros partidos como había hecho en 1996. La no necesidad de pactos, unida a una política a menudo impopular a pesar del nombre que exhibía el partido, produjeron una gran crispación política, sobre todo a partir de 2002.

En las elecciones catalanas del 16 de noviembre de 2003, el gobierno nacionalista de CiU fue desplazado del poder tras 23 años en la Generalitat. Convergència i Unió volvió a ser la fuerza que más escaños obtenía en el Parlament. Sin embargo, el PSC (federación catalana del PSOE) fue la fuerza más votada. Zapatero predijo una victoria del Partit dels Socialistes de Catalunya de Maragall. Sin embargo, tanto CiU como el PSC perdieron 10 escaños respecto a los resultados de 1999, consiguiendo 46 y 42 escaños respectivamente. En cambio, el PP ganó 3 escaños hasta llegar a los 15. Pero el gran beneficiado fue Esquerra Republicana de Catalunya, que ganó 9 escaños hasta conseguir los 23. Con estos resultados, el PSC consiguió la presidencia de la Generalitat tras formar coalición con ERC y ICV-EUiA, en un gobierno conocido como el «Tripartito».

Hubo grandes éxitos en la lucha contra el terrorismo de Euskadi Ta Askatasuna (ETA). En 2003 murieron tres personas en atentados, una cifra inusualmente baja. Varios de los terroristas detenidos declararon estar preparando golpes de envergadura, por lo que el gobierno pudo presentar las desarticulaciones posteriores de comandos terroristas como éxitos de la gestión del gobierno.

Sin embargo, la lucha contra el terrorismo se vio envuelta en varias polémicas: Algunos partidos de la oposición acusaron duramente al PP de utilizar el terrorismo en su beneficio y de fomentar la crispación en el País Vasco. Varios dirigentes del PP y PSOE responsabilizaron al gobierno de la comunidad autónoma del País Vasco de no ejercer adecuadamente las competencias transferidas en materia de seguridad en su territorio.

Por otro lado, el gobierno central español y el autónomo vasco no llegaron a un acuerdo para la ampliación de la plantilla de la Ertzaintza El gobierno central adujo que las fuerzas de seguridad a su mando cumplían correctamente sus funciones y que las que estaban al mando del Gobierno autónomo eran suficientes pero poco coordinadas. El gobierno vasco también protestó porque el gobierno central no permitiera a la Ertzaintza coordinarse como policía integral con la Gendarmería francesa para recibir información directamente de ella.

Ante la imposibilidad de destinar suficientes agentes de policía para proteger a los cargos electos amenazados de las comunidades autómonas del País Vasco y Navarra, fue necesario aumentar la contratación de escoltas privados para garantizar dicha protección, ante la amenaza de ETA y grupos afines.

La legislatura terminó marcada por los atentados del 11 de marzo de 2004 (11-M), en Madrid. La explosión de diez mochilas cargadas con GOMA 2 en cuatro trenes de cercanías de RENFE en cuatro estaciones diferentes provocó la muerte de 192 personas. Estos atentados supusieron un duro golpe al Gobierno de Aznar y el PP por dos motivos. Por un lado, el mayor atentado de la historia de España, se había cometido en Madrid, cuya seguridad es competencia del Ministerio de Interior. Por otro lado, la atribución de la autoría a Al-Qaeda, después de que España hubiera sido amenazada por apoyar la invasión de Iraq, después de los atentados de Casablanca y después de las detenciones de más de 120 terroristas islámicos en España, parecía confirmar las predicciones de consecuencias funestas de la política internacional del gobierno.

Altos dirigentes del Partido Popular, la administración y los medios de comunicación afines intentaron en repetidas ocasiones presentar la autoría de ETA como la única teoría válida sobre los atentados, a lo largo del día, descalificando a los que planteaban otras hipótesis. Durante esos días, José María Aznar y su partido acusaron a medios de comunicación privados, como la cadena SER, de mentir y manipular mientras que los principales partidos de la oposición afirmaron que fueron los medios públicos en poder de Aznar y sus afines los que lo hicieron. Asimismo, el propio Aznar se puso en contacto con los principales directores de la prensa nacional para señalar que era ETA la autora de la masacre.

Hoy día se sigue criticando que el PP escogiese defender la tesis de la autoría etarra incluso cuando ésta ya no se sostenía. Muchos aducen que fue eso lo que crispó a la gente aquellos días y motivó una movilización general contra el PP que culminó el día 14 en las urnas.

En esta legislatura existieron varias confrontaciones entre el Gobierno Central y los nacionalismos periféricos de Cataluña y País Vasco. El 24 de octubre del 2003, el Gobierno Vasco, reunido en un Consejo extraordinario, aprobó el proyecto de ley de reforma del Estatuto de autonomía para la creación de un nuevo estatuto de "libre asociación con el Estado español", conocido vulgarmente como el "Plan Ibarretxe". El 13 de noviembre del 2003, el Gobierno Nacional interpuso recurso de inconstitucionalidad contra el "Plan Ibarretxe".

En Cataluña, las elecciones autonómicas celebradas en noviembre del 2003, y tras 23 años en el poder de Jordi Pujol, la coalición gobernante, es decir CIU, a pesar de sacar más escaños, fue derrotada por la coalición (PSC-PSOE-ERC-IC). El PP, al igual que en las elecciones autonómicas del País Vasco, no obtuvo buenos resultados en Cataluña.

El PHN ha sido una gran causa de enfrentamientos regionales. Su objetivo principal, según lo decretado por el PP, era transferir el agua del Ebro a las zonas más secas del sureste peninsular, sobre todo a la Región de Murcia y a la Comunidad Valenciana. El proyecto recibió el apoyo de los agricultores de estas zonas secas, y fue respaldado por algunos gobiernos autonómicos socialistas, incluyendo los de Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha.

La oposición al proyecto fue encabezada por el Partido Socialista, los grupos ecologistas, los gobiernos autonómicos de Aragón y Cataluña (en este último caso por el impacto que podría tener sobre el Delta del Ebro) y los ciudadanos que vivían en las zonas próximas a la cuenca del Ebro. Los gobiernos de Aragón y Cataluña así como diversas plataformas ecologistas como Ecologistas en Acción tacharon al proyecto de pretender camuflar otros factores políticos y económicos, como la especulación a gran escala en el levante.

Las principales críticas que recibió el proyecto consistían en que dañaría el medio ambiente y privaría a los agricultores de Aragón y Cataluña del agua necesaria. Por el contrario, el gobierno del PP afirmaba que no había riesgo de un daño medioambiental serio y que cada año el Ebro vertía al mar 14 veces más de agua que la que se necesitaba para preservar el ecosistema. El 10 de marzo del 2002 se organizaron diversas manifestaciones, las más multitudinarias fueron las de Barcelona y Zaragoza. Aunque el proyecto se aprobó como decreto ley bajo el gobierno de Aznar, fue cancelado una vez el PSOE llegó al gobierno.

En noviembre de 2002, el buque petrolero Prestige sufrió un accidente en aguas internacionales cerca de Galicia, causando una marea negra que dañó gravemente el litoral gallego, además de otras zonas de la costa cantábrica e incluso del sur de Francia. El director de la Marina Mercante, José Luis López Sors, decidió a las dos horas de conocer el percance, llevarlo lo más lejos de la costa posible hasta que se hundiera, información confirmada por la difusión de las grabaciones de conversaciones telefónicas de varios organismos del Ministerio de Fomento dirigido entonces por Francisco Álvarez Cascos. Finalmente el Prestige se hundió después de ser remolcado lejos de la costa, creando una marea negra que contaminó toda la costa gallega y parte de las costas asturiana, cántabra, vasca y que incluso llegó a muchos puntos de la costa francesa. Mariano Rajoy, al que Aznar encomendó hacerse personalmente cargo del problema, afirmó que los informes técnicos aseguraban que el fuel contenido en el barco ya hundido se solidificaría como consecuencia, según sus informes, de la presión y las bajas temperaturas.

El PSOE, con Zapatero a la cabeza, criticó duramente lo que consideraba una actitud descuidada del gobierno durante el accidente, sobre todo por la decisión de remolcar el petrolero lejos de la costa. Zapatero opinaba que se debió haber permitido a la nave amarrar en algún puerto, minimizado de este modo la catástrofe. La gestión del accidente y el llamado Plan Galicia, fueron argumentos muy usados, entre otros, durante la campaña electoral de las Elecciones generales de 2004. El pleno del Parlamento Europeo aprobó el 21 de abril de 2004 un informe sobre seguridad marítima, que criticaba al Gobierno español por no haber trasladado el Prestige a "un lugar de refugio". El PP se opuso a la comisión de investigación.

El 8 de enero de 2008 el informe de la Abogacía del Estado defiende la decisión, por parte del Gobierno de José María Aznar, de alejar el buque de la costa gallega como la más acertada, así como su respuesta inmediata que permitió a pescadores y mariscadores gallegos minimizar los costes de la marea negra, siendo la recuperación ambiental casi un hecho.

El 26 de mayo de 2003 un avión Yakolev 42 que transportaba soldados españoles que volvían a España desde Afganistán se estrelló cerca del aeropuerto de Trebisonda, en Turquía. Fue el accidente en tiempos de paz más grave, en cuanto a número de víctimas, de la historia de las fuerzas armadas españolas. Zapatero culpó a Aznar y al entonces ministro de defensa Federico Trillo de negligencia por descuidar la seguridad del avión y, en general, la seguridad con la que viajaban los militares españoles en sus misiones internacionales. El PP impidió la creación de una comisión parlamentaria que investigase el accidente. No fue hasta después de las elecciones de marzo de 2004, con la victoria del PSOE cuando, a instancias del nuevo ministro de defensa José Bono, se supo, con pruebas de comparación de ADN, que ninguna de las identificaciones de los cadáveres realizadas por el equipo español destinado a la catástrofe era correcta. Sólo las realizadas en Turquía por los forenses turcos lo eran. El general Vicente Carlos Navarro asumió ante la juez de la Audiencia Nacional Teresa Palacios, «íntegramente y de forma personal», su responsabilidad en lo ocurrido con las identificaciones de los cadáveres de los militares del Yak-42, exculpando a Trillo y a sus subordinados.

El 11 de julio de 2002, al día siguiente de la remodelación del gobierno de Aznar y en medio de los festejos por la boda del Rey de Marruecos, Mohammed VI, el gobierno del reino alauita envió a seis gendarmes a ocupar la Isla Perejil, un islote de 1.500 m² situada al norte de Marruecos, cuya soberanía es reclamada por España y el país norteafricano. El gobierno español trató de recuperar el statu quo anterior por la vía diplomática y ante su imposibilidad envía a un cuerpo de élite para capturar a los gendarmes y colocar la bandera española, lo que fue interpretado como una "agresión flagrante" por parte de Marruecos. La OTAN y la Unión Europea se posicionaron a favor de España y Estados Unidos actuó como mediador. El 20 de julio tras las conversaciones entre ambos países bajo la mediación de Colin Powell, los legionarios españoles se retiran, dejando a Perejil con el status quo anterior a la ocupación marroquí.

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Source : Wikipedia