Euskera

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Publicado por astro 04/03/2009 @ 18:07

Tags : euskera, idiomas de españa, españa

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Dialecto navarro oriental del euskera

El euskera roncalés (también llamado uskara roncalés) es un dialecto muerto del euskera, hablado antiguamente en el valle de Roncal (Navarra, España). Su última hablante nativa fue Fidela Bernat, nacida en 1898 en Uztárroz y fallecida en 1991 en Pamplona.

Otro hablante que tuvo gran importancia para este dialecto fue Ubaldo Hualde Martín, fallecido el 31 de julio de 1967, la última persona que además de hablar el uskara roncalés sabía escribirlo. José y Bernardo Estornés, Koldo Mitxelena o Juan San Martín fueron algunos de los lingüistas que visitaron a Ubaldo antes de su muerte, para dejar constancia de todos los datos que se pudiera de este dialecto. Ubaldo Hualde también conocía las variantes de otras zonas del Roncal como Uztárroz, Vidángoz o Garde.

En la Fonoteca de Navarra existen grabaciones de entrevistas a disposición de cualquier persona realizadas en esta variedad dialectal.

Al principio



Historia externa del euskera

Situación de Euskal Herria

La historia externa del euskera es el estudio de la evolución de esta lengua a través de la historia del pueblo y región geográfica donde se habla o se habló, tomando en cuenta para ello la extensión geográfica y status social de la lengua a lo largo de la historia, producción literaria y el análisis historiográfico entre otros parámetros.

El término Euskal Herria es usado para hacer referencia a los siete territorios históricos donde se habla la lengua éuscara, al menos por una parte de su población. En estos siete territorios o provincias que se encuentran a ambos lados de los Pirineos el vascuence fue lengua mayoritaria siglos atrás. Actualmente aproximadamente la mitad de sus hablantes se encuentran en Guipúzcoa. Los territorios de Labort y en especial Vizcaya, que recibieron un gran números de inmigrantes al final del siglo XIX, incluyen un gran número de habitantes que desconocen esta lengua por completo. En Navarra y Álava la perdida del euskera ocurrió principalmente en los siglos XVIII y XIX, antes de ninguna migración significativa. Sola, la Baja Navarra y las áreas interiores de Labort por otro lado tienen una escasa densidad de población y son fuente de emigración aun hoy en día.

Uno de los factores de especial importancia a la hora de analizar el estatus y evolución de esta lengua es la división administrativa que la comunidad vascohablante tradicional ha conocido. Las regiones de Labort, Sola y la Baja Navarra y por otro lado Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra han estado unidas a Francia y España respectivamente. Es a partir de 1659 que la división entre Francia-España profundiza la división de la región. Además de esta división administrativa se encuentran otra subdivisiones en los territorios de habla éuscara. Desde el proceso de descentralización comenzado en España (1979) Guipúzcoa, Álava y Vizcaya forman la Comunidad Autónoma del País Vasco, mientras Navarra posee una propia. En el lado norte de los pirineos Labort y la Baja Navarra están integradas en el Arrondissement de Bayona desde 1926, mientras Sola fue separada desde el principio, siendo incluida en la de Oloron (Béarn), aunque actualmente estas tres regiones forman un pays o región natural (de caracter histórico-cultural) Pays Basque en Francia.

No existen testimonios escritos anteriores a los 2000 años, ni referencias a la lengua que hablaban sus habitantes, pero de acuerdo con la teoría del desarrollo in situ del hombre vasco, su lengua se desarrolló a la par que este en tiempos eneolíticos en lo que hoy en día es Vasconia, Aquitania y los Pirineos, este hecho está apoyado también en que hasta el momento toda teoría de parentesco con otras lenguas (caucásicas, na-dene, célticas, etc.) ha sido descartada por la comunidad científica.

Es la llegada de los romanos a principios de la era cristiana la que aportará los primeros datos acerca del euskera, aunque sea de manera inderecta. Son las inscripciones romanas con antropónimos y teónimos éuscaros de entre los siglos I-III d.C encontrados al sur y, más profusamente debido a su intensa romanización, al norte de Euskal Herria las que muestran una lengua distinta las colindantes y directamente emparentada con el vascuence, el euskera arcaico o aquitano.

El poco desarrollo económico y cultural de la región junto con lo escarpado y montañoso del terreno hizo la conquista poco interesante y conveniente para el Imperio Romano. Solo un pequeño número de enclaves interesantes desde un punto de vista estratégico (militar, comercial, vías de comunicación, etc.) estuvieron bajo su control. Es por ello que la influencia romana en las regiones interiores y montañosas no fue tan considerable como la sufrida en las regiones limitantes más ricas del norte, este y sur. En estas el euskera y latín coexistieron durante un tiempo, y antes de la llegada de los romanos, lo hizo también con el céltico e íbero.

El declive del Imperio Romano, que en estos territorios acaeció entre la segunda mitad del siglo III d.C, jugó en favor de la preservación del euskera. Coincidiendo con el proceso de ruralización que siguió al declive del Imperio, comenzó una revitalización del euskera (y el elemento indígena) incluso en aquellas regiones más romanizadas y donde el euskera había sido parcialmente desplazado.

A pesar de lo mencionado fue probablemente la resistencia a las tribus Germánicas que llegarían en distintas oleadas lo que más ayudó a la preservación de esta lengua. Esta resistencia, repetida continuamente en los documentos de ese periodo, trajo la unificación de todas las fuerzas dispersas y en el nacimiento de instituciones políticas autónomas vascas.

Tal y como Koldo Mitxelena argumentó, el escaso grado de diferenciación entre los dialectos éuscaros (aun menor cuando se analizan los primeros textos completos) indican la existencia de un periodo durante el cual las fuerzas centrífugas o divergentes fueron anuladas por sendas fuerzas unificadoras. Para que esto ocurriera debieron existir entidades políticas unificadas que solo pudieron darse en los siglos posteriores a las invasiones germánicas.

Durante el reinado de Sancho III (1000-1035), el Reino de Navarra alcanzó el máximo esplendor. Este monarca fue uno de los principales impulsores del Camino de Santiago, alrededor del cual se desarrollarían importantes asentamientos urbanos. También data de la misma época la construcción del Monasterio de Leire, centro medieval cultural distinguido. La monarquía navarra importaría de los recién fundados centros urbanos de las áreas de habla occitana la burguesía encargada de dotar de infraestructura económica y comercial al reino. A su vez la mayoría de los monjes de las distintas órdenes y monasterios eran de origen occitano y franco, es decir, la vida cultural, económica y política del país era controlada por gentes extranjeras respecto a este.

La sustitución lingüística del latín por el occitano como lengua administrativa, oficial y judicial en el Reino de Navarra se debió a esto, aunque pronto encontró en la corte una competidora, el romance navarro, que gozaría también de oficialidad, a diferencia del euskera, que aun siendo la lengua mayoritaria del Reino carecía de prestigio social.

La mayoría de los textos éuscaros de este periodo son topónimos, antropónimos y a veces frases enteras intercaladas en textos en romance y en latín. Ejemplo de ello son Reja de San Millán (1025), con una considerable lista de pueblos y ciudades de Álava y las dos Glosas Emilianenses (siglo X), que a su vez contiene el primer testimonio del castellano. Otro documento de importancia es el libro de peregrinos de Aymeric Picaud, que incluye un breve vocabulario en euskera.

Durante la Edad Media el euskera se extendió más allá de los límites actuales de Euskal Herria, al sureste llegó hasta las provincias de Burgos y la Rioja, por ejemplo en el siglo XIII el rey castellano Fernando III reconoció a los habitantes del valle de Ojacastro el derecho de dirigirse en euskera a los tribunales. De acuerdo con Lakarra y Corominas el euskera se extendía también por la región montañosa de Huesca y Lérida, tal y como muestra también la prohibición de 1349 de usar euskera (y árabe y hebreo) en el mercado de Huesca.

El euskera sin embargo llegó a extender a tierras más lejanas aun, pues de acuerdo con Esteban de Garibay los nativos de Terranova pronto aprendieron y adquirieron conocimiento del euskera debido a su contacto con los balleneros y pescadores vascos, dando como fruto un pidgin algonquino-vasco bien atestiguado. También existió otro pidgin vasco-islandés fruto del contacto entre vascos e islandeses, que dejó toponimia en Labrador y Terranova.

Durante estos siglos se inicia el proceso de transformación de una sociedad feudal a una burguesa en Vasconia, mientras a su vez en europa empieza a desarrollarse el estado tal y como se entiende en el sentido moderno del término. Estos estados traerían cambios culturales considerables al impulsar las características propias de cada comunidad: historia, literatura, arte y sobre todo la lengua. Se exaltó el noble origen, perfección y pureza de estas lenguas nacional, consiguiendo así elevarlas al mismo nivel que la lengua culta de entonces, el latín. Otro de los factores que contribuiría a la sustitución de la lengua romana por las lenguas vulgares o nacionales sería la Reforma Protestante, pues sus promotores darían prioridad a estas lenguas frente a la política de la Iglesia Católica de usar únicamente el latín como única lengua oficial. La creación de los estados modernos y la Reforma afectó de manera muy distinta a la Vasconia peninsular y a la continental.

En hegoalde el impacto del protestantismo y el Renacimiento sería casi nulo y tendría entre los suyos a uno de los líderes de la Contrarreforma (Ignacio de Loyola). La burguesía vasco-navarra a pesar de ser muy activa estaría subordinada claramente a la corona de Castilla, cuyos productos (grano y lana) transportaban a otros estados europeos a través del eje Atlántico. Esta subordinación lejos de disminuir con el descubrimiento de América en 1492 se afianzó, aunque resultó especialmente provechosa para esta burguesía.

La presencia castellana en la vida política de la provincia de Guipúzcoa, Señorío de Vizcaya y Condado de Álava se había vuelto ya muy intensa en la Edad Media, cuando la corona intervino y propició el final de las Guerras de Banderizos. Esta presencia traería como consecuencia que la lengua castellana prevaleciera en la administración, justicia y educación, convirtiéndose su conocimiento en obligatorio para ejercer ciertos oficios, como muestra el requerimiento de conocer el castellano para poder ser elegido a las Juntas Generales de Vizcaya (máximo órgano político de representación del Señorío) de 1613 o a las alavesas en 1682.

No es de extrañar por lo tanto que bajo estas condiciones el euskera quedara relegado al plano oral, mientras el castellano era la única lengua oficial y dominante de los territorios éuscaros bajo la jurisdicción de la Corona Castellana. La mayoría de la literatura escrita de la época se reduce a la traducción de libros religiosos, muchas veces con la orden expresa de las autoridades eclesiásticas para así cumplir con lo acordado en el Concilio de Trento (1545-1563). Este este desierto literario sorprende el manuscrito renacentista de un joven alavés Juan Pérez de Lazarraga, futuro señor de Larrea, descubierto en el 2003 que contiene una antología poética y novela pastoril, muestra del tímido renacimiento vasco. Existen también colecciones de proverbios, pero sobre todo baladas (eresiak o cantares fúnebres y gudu-kantak o de guerra) de tamaño variable recogidas por los cronistas de la época y ambientadas en su mayoría en las luchas entre banderizos. La guía de conversación en euskera del bilbaíno Rafael Mikoleta (1653) fue también consecuencia de este tímido renacimiento, y parece ser la prueba de la vitalidad mostrada por el euskera en Bilbao en aquellos tiempos.

El segundo es el más extenso entre los tres y probablemente también el que mayor filólogico tiene. El interés mostrado por los dos primeros viajeros es probable que se debiera a la influencia del renacimiento que despertó el interés por el euskera y otras lenguas en Italia.

A su vez en esta época el vascuence contará con abundantes defensores o apologistas: el vizcaíno Andrés de Poza y los guipuzcoanos Esteban de Garibay, Martínez de Zaldibia, Echave y Martínez de Isasti. A pesar de los intentos de estos por demostrar que la lingua navarrorum fue la única y primitiva lengua de Hispania estos no intentaron en convertirla en vehículo de cultura y civilización.

En Labort, Sola y la Baja Navarra la situación es radicalmente distinta a la de los territorios del sur, pues a pesar del gran retroceso vivido en los siglos anteriores la frontera lingüística se mantendrá casi totalmente estable hasta hoy en día y porque además el euskera disfrutaría aquí de un notorio prestigio social.

Esta diferencia entre ambos lados de los Pirineos está directamente relacionada con la burguesía labortana. En comparación con la peninsular era sólida y muy dinámica, y no mostró una clara relación de dependencia hacia ninguna corona, pero si hacia varias al mismo tiempo (Navarra, Aragón, Castilla, Francia e Inglaterra). Esto le otorgó cierto grado de autonomía y ayudó también a la preservación de su propia lengua. Además la reforma protestante alcanzó a estos territorios y tuvo grandes mecenas entre sus seguidores como el bayonés Jean Duvergier de Hauranne y la navarra Juana de Albret. Sería gracias a la reforma que el ministro protestante labortano Joanes Leizarraga decidió escribir e imprimir una versió éuscara del Nuevo Testamento en 1571. La traducción de Leizarraga posee un estilo elaborado que aunque se basó en el dialecto labortano de la costa (que no era el dialecto propio del autor) contenía abundantes elementos de otros dialectos con objeto de llegar al mayor número de lectores posibles.

Fue el primer intento de estandarizar el euskera, algo que hasta el siglo XVIII no se daría en Hegoalde, pues al sur de los pirineos cada autor escribía en su propio dialecto de manera anárquica, al no seguir normas ortográficas comunes y estar influenciados por la grafía castellana, inadecuada para representar los fonémas vascos.

En cambio en el continente los intentos de estandarizar y codificar la lengua serían abundantes, tal y como muestran las gramáticas y diccionarios redactados entonces. Bertrand de Saguis, Jacques Bela, Joanes Etxeberri Ziburukoa, Silvain Pouvreau y Dominiqu Bidegarai son algunos de los muchos autores de entonces. Sería un capítulo de la Notitia Utriusque Vasconiae (1638, 1657) de Arnaud Oihenart la primera gramática que tendría esta lengua. La guía de conversación de euskera de Voltoire (1620) es otra muestra de la vitalidad de la que la lengua disfrutaba en la vida comercial de Bayona y la costa labortana.

La primera obra publicada integramente en euskera sería también la primera apología a esta en su propia lengua, Linguae Vasconum Primitae (trad. primicias de la lengua vasca) escrita por el bajonavarro Bernard Etxepare. En esta obra el autor se enorgullecía de ser el primero en publicar en euskera y animaba a los demás escritores a elevar al euskera hasta el más alto nivel.

La literatura escrita llegaría a su Edad de Oro en el siglo XVII, con autores como el suletino Arnaud Oihenart y el navarro Axular. El primero, más conocido por sus labor de historiador o abogado, elaboró una voluminosa colección de proverbios, junto con una producción poética de estilo elaborado y elegante y la primera crítica literaria de la literatura éuscara. Con Axular y su clásico de la literatura Guero(1643) la prosa llega a su máximo esplendor. Su estilo en poco se parece al de Joanes Leizarraga, cercano, lígero y culto (frente a los arcaismos del citado) su euskera también fue el labortano de la costa, que convirtió en punto de referencia para los escritores de entonces debido a su elaborado estilo. Mucho le debe el euskera batúa actual a este autor.

La gran cantidad de libros publicados y las reediciones habidas en el siglo XVII hace pensar que el público éuscaro era abundante y también de un nivel cultural elevado. Esto se concluye después de las reediciones habidas de la voluminosa obra Guero u otras de caracter más técnico, como un manual de navegación de Martín de Hoyarzabal (1677) y Piarres Detcheberry o el de técnicas de agricultura de Mongongo Dessanças (1692).

Todo ello hace pensar que la lengua vasca estaba firmemente establecida en el País Vasco francés y que en comparación con los territorios del sur gozaba de prestigio cultural, pues autores como Estève Materre y Silvain Pouvreau vividos en la costa labortana pero nacidos fuera del País Vasco continental aprendieron el euskera y llegaron a escribir y publicar en esta.

El declive de la economía en Vasconia se había iniciado en Vizcaya y Guipúzcoa ya en el segundo tercio del siglo XVI y en Labort en el XVII, convirtiendo un emigración hasta entonces interna en másiva y general en este último territorio. La vida cultural no tardaría en verse afectada, pues exceptuando escritores de renombre como Joanes Etxeberri de Sara, Pierre d'Urte y Martin Harriet la mayor parte de las publicaciones de estos siglos se limitarían a obras regliosas, muchas traducciones al euskera de originales franceses.

El efecto de la Revolución francesa de 1789 sería primordial durante estos siglo. Estos territorios fueron incorporados al regimen común, situando su capital y órganos de gobierno fuera de estos, en Pau. El informe presentando por Henri Grégoire en la Convención de 1794 sería un duro golpe también para la lengua, pues en ella se proponía el francés como única lengua oficial de la república con un título meridianamente claro: "Rapport sur la nécessité et les moyens d'anéantir les patois et d'universaliser l'usage de la langue française"'.

Como reacción a este fenómeno se obtuvo algo positivo para la lengua: la adaptación de las normas ortográficas a las características del euskera. Martín Duhalde será el primero en proponer tal cosa en su libro Meditacioneac (1809). A pesar de esta reacción la pérdida de prestigio de la lengua vasca continuaría y se marcaría más aun desde el final del siglo XVIII y tampoco sería suficiente para evitar la dialectalización literaria, pues sin un labortano literario normativo que pudiera servir de punto de referencia el dialecto suletino del euskera cristalizó como dialecto literario propio tal y como es visible en la gramática de Abbadie y Augustin Chaho (1836). En los otros dos territorios de Iparralde los escritores seguirían usando su propio dialecto hasta el final del siglo XIX, cuando se empezaron a dar los primeros pasos para resolver la fragmentación literaria de la lengua. Esta fragmentación en parte se hizo posible por la codificación realizada por Ithurry (1895) y Piarres Lafitte (1944) del dialecto navarro-labortano a través de las distintas gramáticas que publicaron.

Desde el siglo XVIII el desarrollo cultural y literario se trasladó al sur, no solo debido a las importantes cambios económicos y políticos de España, pero su ayudado por estos. A partir de la Guerra de Sucesión Española y a través de los Decreto de Nueva Planta (1716) la centralización alcanza la esfera lingüística, convirtiéndose la lengua castellana en única lengua oficial de la monarquía y aunque en un principio las leyes de prohibición de uso y publiciación de otra lengua que no fuera la castellana afectaron a Aragón y Cataluña estas no tardarían en llegar a las provincias vascongadas.

Los efectos de esta política lingüística no tardarían en verse pues el euskera sufriría el mayor retroceso de su historia en el siglo XIX y XX en Navarra, aunque este proceso sería especialmente intenso en Álava. No solo afectó desde un punto de vista geográfico, sino también, pues esta sufriría durante estos siglos también su retroceso más importante en la capitales como Bilbao e Iruñea-Pamplona.

Frente a este retroceso nace un movimiento intelectual opuesto de origen guipuzcoano y que la élite cultural y política de la provincia apoyaría, los jesuitas, cuya figura central sería Manuel de Larramendi, profesor en la Universidad de Salamanca y autor de una de las apologías más importantes de la época: De la antigüedad, y universalidad del bascuence en España (1728). A su vez publicó una gramática y diccionario que fueron un importante soporte para la lengua éuscara en la época, pero sin ánimo directo de apología, sino de hacer el euskera como lengua de vehículo de cultura y comunicación.

La labor de este jesuita es continuadora de la de Arnaud Oihenart, publicando una gramática imprescindible para la normativización de la lengua y elevando al dialecto central del euskera a una situación privilegiada y premanente frente al resto de dialectos. A su vez este autor a través de su trabajo y carisma personal inicia una importante escuela en favor de la lingua navarrorum en la que destacarán Sebastián Mendiburu y Agustín Cardaberaz, ambos jesuitas. El primero autor de Eusqueraren berri onac (Las buenas nuevas del euskera, 1761), obra totalmente éuscara logró saltar las prohibiciones de la época.

El vascuence no se vería libre tampoco del influjo de la Ilustración que tuvo en Vasconia la Sociedad Bascongada de Amigos del País como máximo exponente, sociedad dedicada a la promoción económica, científica y cultural de la época. Entre sus tres fundadores se encontraba Xavier María de Munibe e Idiáquez, conde de Peñaflorida, autor de dos obras literarias en euskera Gabon-Sariac y el Borracho burlado. Entre otros ligados a SBAP autores se encuentra también la obra Grand Tourra de Joaquín de Alcibar-Jauregi Acharan.

La discusión sobre el origen del euskera alcanzaría a finales del siglo XVIII y principios del XIX gracias al lingüista alemán Wilhelm von Humboldt cotas más científicas y objetivas, aunque él mismo sería un firme defensor del vasco-iberismo (hoy en día descartado) que ayudaría a difundir, y que gozaría de gran popularidad hasta el siglo XX. A pesar de ello gracias a él se despertaría el interés por esta lengua entre los lingüistas europeos y aumentaría el prestigio de esta lengua entre la élite cultural.

A su vez este lingüista consiguió realizar y publicar distintas traducciones a dialectos de tradición literaria como a otras variantes que hasta el momento no habían sido estudiadas. Su trabajo se vería cristalizado en la Carte de sept provinces basques, que aunque está datado en 1863 fue finalizado entre 1870-1871. En él se muestra la clasificación dialectológica realizada por él y sus colaboradores, y también la extensión de la que gozaba el euskera en aquel momento. Al igual que en el caso de Humboldt, Bonaparte consiguió despertar el interés por el euskera entre sus contemporáneos (y con ello su prestigio social) y coordinar los esfuerzos de los escritores y lingüistas como Antoine d'Abbadie de todo Euskal Herria. Nacido en Irlanda, de padre vasco y residente en Labort, organizó Lore Jokoak (Juegos Florales) en Iparralde desde 1853. Durante el siglo XIX se publicaron abudantes obras gramáticas y lexicográficas en el País Vasco francés, como los de Léclusé (1826), Zavala (1846), Chaho (1856), Abbadie (1836) e Inchauspe 188). Otros dignos de mención fueron los guipuzcoanos Aizkibel, Aizpitarte y Lardizabal, los vizcaínos Añibarro y Novia de Salcedo, el labortano Darrigol y el capitán Duvoisin, el suletino Archu y otros muchos.

Juan Antonio Moguel ocupa un lugar remarcable durante estos dos siglos, con su obra Peru Abarca, considerada la primera novela en euskera y que aunque permaneció sin ser publicada hasta 1880 debido a distintas prohibiciones, se extendió entre los escritores de la época gracias a copias manuscritas. Es con este autor que el dialecto occidental del euskera alcanza el grado de literario.

De acuerdo con el mapa de Bonaparte (1863) hay que señalar el retroceso sufrido por el euskera en Álava, casi solo conservado en los valles colindantes a Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. En este último territorio había retrocedido hasta el sur de Pamplona (Iruñea en euskera), en Vizcaya había desaparecido al oeste de Bilbao y en el País Vasco francés su prestigio social decayó de manera significativa, no así su número de hablantes durante estos siglos.

Con el final de la Segunda Guerra Carlista (1876) el esplendor foral llega a su fin en Vasconia, cambiando la situación socioeconómica de los territorios continentales, en especial de Vizcaya. El regimen judicial y administrativo peculiar de estos territorios peninsulares fue casi totalmente abolido, provocando a su vez el crecimiento industrial del sector minero en el area de Bilbao. A su vez un considerable contingente de inmigrantes de las provincias españolas vecinas se estableció en Vizcaya, sin que la población autóctona fuera capaz de absorverla, lo cual se tradujo a su vez en tensiones sociales y sentimientos xenófobos. En esta situación Sabino Arana Goiri fundó el Euzko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco en 1895, el primer partido fundado en Vasconia.

La naturaleza del euskera (lengua aislada genéticamente) resultó ser un argumento excelente para reclamar la independencia política de la región, siendo por ello uno de los objetivos del nacionalismo vasco promover la naturaleza única del euskera, llevándolos a purismos extremos, como la creación de neologismos (o aranismos) no siempre correctos y respetuosos con las raíces y etimologías éuscaras. Se intentó purgar el léxico, sintaxis y onomástica de cualquier elemento erdara (en euskera, correspondiente a cualquier otra lengua que no sea éuscara) e incluso se llegó rechazar la tradición literaria anterior, que a los ojos de estas tesis estaba influenciada por la literatura extranjera.

De esta manera se abolió la larga y rica tradición de cuatro siglos de un solo plumazo y se intentó crear una nueva lengua de sus cenizas. Una lengua lógica, matemática y regular, sin influencias extrañas, y que no hubiera sido un esfuerzo en vano, infructuoso y sin seguidores, sino hubiera sido totalmente incomprensible para los vascohablantes (euskaldunes) monolingües de la época. Estas tendencias se verían considerablemente atenuadas en una primera instancia cuando el euskera se empezó a introducir en el sistema educativo, con autores como Resurrección María de Azkue y su Euskal Izkindea (1891) y Soloeta-Dima, autor Ensayo de la unificación de dialectos baskos (1922).

Como curiosidad hay que subrayar la contrariedad que se dio con el vasco-iberismo. Si hasta el momento había sido defendido por autores euskeristas y vasquistas como Manuel de Larramendi, el nacionalismo vasco encabezado por Sabino Arana pondría en ridículo esta tesis con obras y artículos como El baskuence en toda Africa (1902).

Desde los últimos 3000 años (al menos) se cree que el euskera ha ido retrocediendo a pesar de haber tenido en épocas medievales momentos de expansión. Entre los muchos factores causantes del retroceso, el desprestigio de la lengua parece haber sido uno de los más importantes. En su larga historia de contacto lingüístico, el euskera ha salido perdiendo frente a las lenguas romances, herederas de la tradición latina.

En el estudio de las lenguas se suele diferenciar entre estos dos conceptos: la historia interna de una lengua y la historia externa de esta.

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Dialecto navarro-labortano del euskera

El euskera laburdino es el dialecto del euskera hablando en el territorio vascofrancés de Labort.

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Historia del euskera

Supuesta extensión del euskera arcaico en el año 1 d.C

La historia del euskera trata del recorrido histórico de esta lengua, lengua de origen desconocido y sin similitud con ninguna de las que le rodean, que se remonta a tiempos anteriores a la invasión de los pueblos euroasiáticos.

Se entiende por historia interna de una lengua al análisis tanto diacrónico como sincrónico de los documentos de una lengua. En el caso del euskera estos documentos serían las estelas de Aquitania, las eresiak de la Edad Media, los versos de Bernard Etxepare, la Biblia protestante de Joannes Leizarraga, etc.

Para la Universidad de Cambridge, la historia externa de una lengua es la historia de los que la hablan, en tanto y en cuanto su historia afecta a la lengua utilizada. (The external history of a language is the history of its speakers as their history affects the language they use). por lo que, en este caso, sería la historia de los euskaldunes en tanto y en cuanto esa historia afecte al euskera.

Muchos autores creen que desde los últimos 3000 años el euskera ha ido retrocediendo por la presión inicial de las lenguas indoeuropeas en las edades del Bronce y del Hierro, lo que supuso una primera merma del solar del euskera, que no conseguiría remontar contra el latín en época romana y posteriormente, tras un periodo de recuperación debido a las repoblaciones de la Reconquista, volvió a retroceder ante el empuje del gascón, el navarro-aragonés, el castellano y el francés hasta quedar restringido a la parte oriental de Vizcaya, al norte de Álava y Navarra, a Guipúzcoa y al País Vasco Francés. Actualmente se encuentra en proceso de recuperación en todo el País Vasco y Navarra.

Entre los muchos factores a tomar en cuenta el desprestigio que ha sufrido es uno de los más importantes, pues ha salido perdiendo frente a las lenguas romances herederas de la tradición latina en la mayoría de los casos.

Algunos topónimos en la provincia de Huesca parecen eusquericos: Garin, Jabierre, Bellara, Esterri, Ayerbe, Alastuey... pero Manuel Benito Moliner, del Instituto de Estudios Altoaragoneses, indica que en el caso del topónimo Alastuey su origen no está en la lengua vasca, sino en las lenguas celtas.

El Euskera ha sido objeto de prohibición y persecución. Existen documentos del siglo XIV que nos dicen que en el mercado de la Huesca se prohibió el uso de las lenguas árabe, judía y vascongada.

En 1901, una circular del Gobernador Civil de Navarra comunica a los maestros de la zona norte que esta enterado del uso del "idioma nativo" en algunas asignaturas y les recuerda que está prohibido.

En los colegios existían prácticas discriminatorias en contra de los vasco hablantes.

En 1994 el Tribunal Superior de Justicia de Navarra califica de perjudicial y discriminatorio la existencia de una Radio con programación sólo en euskara.

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Dialecto navarro del euskera

El euskera alto-navarro (goi-nafarrera en euskera) es el dialecto del euskera hablado en la parte central y norte de Navarra así como en el extremo oriental de Guipúzcoa y la frontera occidental bajonavarra con Navarra. Esta denominación se corresponde con la clasificación hecha por Louis Lucien Bonaparte a finales del siglo XIX, que a su vez tenía dos variantes, altonavarro meridional y altonavarro septentrional. Posteriores estudios, como los realizados por Koldo Zuazo, renombran este dialecto como navarro (nafarreraen euskera) o euskera navarro (nafarroako euskara en euskera).

El principie Bonaparte dividió en dos el dialecto alto-navarro. Por una parte distinguió el alto-navarro meridional y el altonavarro septentrional.

Sin embargo Koldo Zuago reorganizó al renombrar los dialéctos del euskera denominó a este dialecto simplemente como navarro, agrupando zonas como Araiz, Larráun, Basaburúa e Imoz con el dialecto guipuzcoano denominándolo central.

El alto-navarro meridional (hegoaldeko goi-nafarrera en euskera) fue el dialeto más extenso y hablado en Navarra, el dialécto propio de Pamplona, se hablaba en la zona central de la comunidad foral con zonas fronterizas como Valdega, La Solana, Oteiza, Villatuerta, Cirauqui, Mañeru, Puente la Reina, Valdizarbe, Artajona, Pueyo, Valdorba, Lerga, Ujué, Gallipienzo, Sada, Leache, Lumbier y Urraúl.

Actualmente su extensión se ha reducido de Pamplona al norte de lo que antes abarcaba dicho dialecto y se encuentra en peligro de extinción ya que su transmisión natural se habría interrumpido en la mayoría del territorio en el que se hablaba, manteniendose sin embargo en los valles de Erro, Egües y Esteríbar. No obstante desde las escuelas (en las que el modelo D es mayoritario) se procura mantener las formas y expresones propias de los valles con la intención de conservar el alto-navarro meridional.

El alto-navarro septentrional (iparraldeko goi-nafarrera en euskera) es por lo tanto el dialecto o subdialecto más extendido en la actualidad, y se habla en zonas como Araquil, Lacunza, Arbizu, Irañeta, Arruazu, Larráun, Araiz, Cinco Villas, Imoz, Basaburúa Menor y Mayor, Arano, Goizueta, Leiza, Areso, Ulzama, Anue, Malerreka, Bértiz-Arana... Como ya hemos mencionado antes Araiz, Larráun, Basaburúa, Imoz oscilarían entre el navarro y el central o dialecto guipuzcoano. También se habla en el este de Guipúzcoa en Irún, Fuenterrabía, Lezo y Oyarzun.

Este subdialecto no ha interrumpido su transmisión natural. Es un dialecto con características poco nítidas y las hablas se diferencian bastante unas de otras. Por ejemplo el euskera hablado en el Valle de Sakana posee similitudes con el guipuzcoano hablado en Navarra.

Como ya hemos dicho antes algunos autores reagrupan estos dos dialectos en uno solo, que sería el navarro.

El aezkoano, dialecto propio del valle de Aezkoa, sería un habla de transición que oscilaría según los autores entre alto-navarro y bajo-navarro (salacenco). Según la mayoría (Bonaparte, Campión o Azkue, Iñaki Camino, entre otros) formaría parte del segundo, el bajo navarro del Salazar.

Sin embargo hasta hace poco tiempo se consideraba que el salacenco formaba parte del Bajo Navarro Oriental y que el roncalés era un dialecto aparte. Recientemente algunos lingüistas han clasificado al salacenco y al roncalés como subdialectos de un dialecto propio, independiente al Alto navarro, al que han denominado Alto Navarro Oriental.

El euskera hablado en el Valle de Baztán sería un euskera intermedio entre el navarro y el dialecto labortano. Algunos autores lo consideran una variedad del labortano, la continuidad del mismo al otro lado de los Pirineos. El príncipe Bonaparte lo nombró como alto-navarro septentrional y Koldo Zuazo como navarro. Sin embargo el Diccionario General Vasco prefiere mantener el baztanés diferenciado del navarro, como dialecto independiente.

Se trata del dialecto vasco más extendido en Navarra y su mayor característica es su diversidad, siendo por ejemplo bastante diferenciables las formas de los valles de Sakana y Baztán.

Otro autor destacable es Joaquín Lizarraga, hijo y párroco de Elkano, quien escribió numerosos sermones y libros de oraciones, que resultó un material imprescindible para conocer mejor variedad lingüística hablada en la Cuenca de Pamplona o Iruñerria.

También se han escrito numerosos sermones, documentos administrativos y otro tipo de documentos que han facilitado el estudio de este dialecto de forma escrita.

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