España

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Publicado por roy 27/02/2009 @ 03:03

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España

Bandera de España

1 En las demás lenguas cooficiales es: *catalán/valenciano: Regne d'Espanya *gallego: Reino de España *vasco: Espainiako Erresuma *aranés (occitano): Regne d'Espanha 2 Son cooficiales en sus respectivas comunidades autónomas el catalán en Cataluña, Islas Baleares y en la Comunidad Valenciana, donde es llamado valenciano; el gallego en Galicia; el euskera en el País Vasco y zona vascófona de Navarra; y el aranés (occitano) hablado en el Valle de Arán (Lérida), pero cooficial en toda Cataluña. 3 Desde 1868 y hasta 1999, la peseta. 4 Salvo en Canarias, donde es una hora menos: UTC en invierno y UTC+1 en verano. 5 No oficial pero reservado.

España, oficialmente Reino de España, es un país soberano miembro de la Unión Europea, constituido en Estado social y democrático de Derecho, y cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria. Su territorio, con capital en Madrid, ocupa la mayor parte de la Península Ibérica, al que se añaden los archipiélagos de las Islas Baleares, en el mar Mediterráneo occidental, y el de las Islas Canarias, en el océano Atlántico nororiental, así como en el norte del continente africano, las plazas de soberanía de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, además de los distritos y posesiones menores de las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y el peñón de Alhucemas. El enclave de Llivia, en los Pirineos, completa el conjunto de territorios junto con la isla de Alborán, las islas Columbretes y una serie de islas e islotes frente a sus propias costas.

Tiene una extensión de 504.645 km², siendo el cuarto país más extenso del continente, tras Rusia, Ucrania y Francia. Con una altitud media de 650 metros sobre el nivel del mar, es el segundo país más montañoso de Europa, tras Suiza. Su población es de 46.157.822 habitantes, según datos del padrón municipal de 2008.

De acuerdo con la Constitución Española, el castellano o español es la lengua oficial del Estado y es la lengua común de todos los españoles. Otras lenguas son reconocidas como cooficiales en sus respectivas comunidades autónomas conforme a sus Estatutos de autonomía. Las modalidades lingüísticas de España son uno de sus patrimonios culturales, objeto de especial respeto y protección.

El territorio peninsular comparte fronteras terrestres con Francia y con el principado de Andorra al norte, con Portugal al oeste y con el territorio británico de Gibraltar al sur. En sus territorios africanos, comparte fronteras terrestres y marítimas con Marruecos. Comparte con Francia la soberanía sobre la isla de los Faisanes en la desembocadura del río Bidasoa y cinco facerías pirenaicas.

El nombre de España deriva de Hispania, nombre con el que los romanos designaban geográficamente al conjunto de la Península Ibérica, término éste a su vez, derivado del nombre Iberia, preferido por los autores griegos para referirse al mismo espacio. Sin embargo, el hecho de que el término Hispania no es de raíz latina ha llevado a la formulación de varias teorías sobre su origen, algunas de ellas controvertidas.

Sobre el origen fenicio del término, el historiador y hebraísta Cándido María Trigueros propuso en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona en 1767 una teoría diferente, basada en el hecho de que el alfabeto fenicio (al igual que el hebreo) carecía de vocales. Así spn (sphan en hebreo y arameo) significaría en fenicio "el norte", una denominación que habrían tomado los fenicios al llegar a la península Ibérica bordeando la costa africana, viéndola al norte de su ruta, por lo que i-spn-ya sería la "tierra del norte".

Por su parte, según Jesús Luis Cunchillos en su Gramática fenicia elemental (2000), la raíz del término span es spy, que significa "forjar o batir metales". Así, i-spn-ya sería la «la tierra en la que se forjan metales».

Aparte de la teoría de origen fenicio, la más aceptada (si bien el significado preciso del término sigue siendo objeto de discusiones), a lo largo de la historia se propusieron diversas hipótesis, basadas en similitudes aparentes y significados más o menos relacionados. A principios de la Edad Moderna, Antonio de Nebrija, en la línea de Isidoro de Sevilla, propuso su origen autóctono como deformación de la palabra ibérica Hispalis, que significaría la ciudad de occidente. y que, al ser Hispalis la ciudad principal de la península, los fenicios, y, posteriormente los romanos dieron su nombre a todo su territorio. Posteriormente, Juan Antonio Moguel propuso en el siglo XIX que el término Hispania podría provenir de la palabra eúscara Izpania que vendría a significar que parte el mar al estar compuesta por las voces iz y pania o bania que significa "dividir" o "partir". A este respecto, Miguel de Unamuno declaró en 1902: "La única dificultad que encuentro es que, según algunos paisanos míos, el nombre España deriva del vascuence 'ezpaña', labio, aludiendo a la posición que tiene nuestra península en Europa".

Otras hipótesis suponían que tanto Hispalis como Hispania eran derivaciones de los nombres de dos reyes legendarios de España, Hispalo y su hijo Hispano o Hispan, hijo y nieto respectivamente de Hércules.

A partir del periodo visigodo, el término Hispania, hasta entonces usado geográficamente, comenzó a emplearse también con una connotación política, como muestra el uso de la expresión Laus Hispaniae para describir la historia de los pueblos de la península en las crónicas de Isidoro de Sevilla. Existen varias teorías sobre cómo surgió el propio gentilicio "español"; según una de ellas, el sufijo "-ol" es característico de las lenguas romances provenzales y poco frecuente en las lenguas romances habladas entonces en la península, por lo que considera que habría sido importado a partir del siglo IX con el desarrollo del fenómeno de las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela, por los numerosos visitantes francos que recorrieron la península, favoreciendo que con el tiempo se divulgara la adaptación del nombre latino hispani a partir del "espagnol" o "espanyol" con el que ellos designaban a los cristianos de la antigua Hispania. Posteriormente, habría sido la labor de divulgación de las élites formadas las que promocionaron el uso de "español" y "españoles": la palabra españoles aparece veinticuatro veces en el cartulario de la catedral de Huesca, manuscrito de 1139-1221, mientras que en el capítulo Estoria de Espanna de la Crónica General redactada entre 1260 y 1274 por iniciativa de Alfonso X el Sabio, se empleó exclusivamente el gentilicio espannoles, adaptación ya al castellano de entonces que progresivamente evolucionó hasta ser la lengua oficial de España.

Los iberos fueron los primeros pueblos de los que se tiene constancia escrita de que ocuparon la península Ibérica. Se sabe que había poblaciones protoiberas, por restos arqueológicos. Los griegos y fenicios fueron los que dejaron los primeros escritos, aunque nunca entraron en contacto con ellos. Los vascones entrarían en esta categoría.

Actualmente, se definen los iberos por sus rasgos culturales. Según este criterio, los turdetanos o túrdulos, que ocuparon las tierras del antiguo reino de Tartessos, se consideran iberos; mientras que, según criterios etnográficos o lingüísticos, no lo serían. La bibliografía sobre los iberos ofrece con frecuencia datos contradictorios y esto se debe a que, a veces, se adopta un criterio y otras, otro.

Entre los años 1200 a. C. y 800 a. C. tomaron forma en su configuración posterior las comunidades prerromanas del noroeste y la cornisa cantábrica, entrando en la Edad del Hierro. Las poblaciones que ocupaban una amplia franja entre estos dos pueblos se conocen como celtíberos. Parece ser que las montañas en que vivían los vascones nunca fueron completamente romanizadas, por lo que se considera el origen de esta población incierto, y de seguro muy antiguo, como su lengua, barajándose la posibilidad de que se tratase de una población protoibérica.

Alrededor del año 1100 a. C., los fenicios llegaron a la península y fundaron, 80 años después de la guerra de Troya, Gadir, la Gades romana, que hoy es Cádiz. Ello sitúa la fundación en el 1104 a. C. y la convierte en la ciudad de Europa Occidental de cuya fundación se tienen referencias más antiguas. A su vez, los griegos fundaron sus colonias en la costa mediterránea de Iberia, nombre que dieron a la península.

Entre la primera y segunda de las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago, los cartagineses invadieron la península. Sus colonias más importantes las establecieron en la isla de Ibiza y en Cartagena, nombre que debiera hacer referencia a la nueva Cartago y absorbieron otras ciudades inicialmente fenicias como Cádiz o Málaga. Derrotada Cartago, Roma iniciaría una paulatina ocupación de la península, que se prolongaría a lo largo de casi 200 años. En las primeras décadas de la ocupación los romanos tuvieron que hacer frente al largo sitio de Numancia, ciudad celtíbera ubicada en las orillas del Duero, en las proximidades de la actual Soria, que se prolongaría por casi 30 años, y a la guerra de guerrillas planteada por el caudillo lusitano Viriato. Tras la muerte de Viriato (139 a. C.), la lucha de los pueblos prerromanos contra Roma se volvería más disgregada y esporádica, aunque no finalizaría totalmente hasta los tiempos del emperador Augusto con el relativo sometimiento de cántabros y astures.

La ocupación culminaría con el pleno dominio de la península bajo el poder romano y su conversión en provincia bajo el nombre de Hispania. El nombre de Hispania deriva de Ispania y este a su vez probablemente de una palabra púnica, con el significado de tierra de conejos, aunque hay otras posibilidades (ver Etimología en el punto 1 de este mismo artículo). Por primera vez aparece con sentido histórico en Tito Livio 59 a. C., que habla de Hispania y de hispani (hispanos, con sentido unitario).

Los habitantes de Hispania adoptaron la cultura romana, su lengua y sus leyes, adquiriendo gran importancia dentro del imperio, puesto que incluso tres emperadores romanos, Trajano, Adriano y Teodosio, además del filósofo Lucio Anneo Séneca y otros personajes importantes, nacieron en la península.

En el año 409, suevos, alanos y vándalos invadieron la península Ibérica. Pocos años después, en el 416, los visigodos entraron en Hispania como aliados de Roma, expulsando a alanos y vándalos de la península y arrinconando a los suevos en la Gallaecia.

La primera idea de Hispania/España como país se materializa con la monarquía visigoda. Los visigodos aspiraban a la unidad territorial de toda Hispania y la consiguieron con las sucesivas derrotas a los suevos, vascones y bizantinos. La unidad religiosa vendría con la reconciliación de católicos y arrianos y con los concilios de la Iglesia Visigoda, un órgano en el que, reunidos en asamblea, el rey y los obispos de todas las diócesis del reino sometían a consideración asuntos de naturaleza tanto política como religiosa, con vocación de legislar en todo el territorio nacional. Así, San Isidoro de Sevilla en su Historia Gothorum se congratula porque Suintila "fue el primero que poseyó la monarquía del reino de toda España que rodea el océano, cosa que a ninguno de sus antecesores le fue concedida...". La monarquía visigoda estableció además una capital que centralizaba tanto el poder político como el religioso en Toletum. Sin embargo, el carácter electivo de la monarquía visigótica determinó casi siempre una enorme inestabilidad política caracterizada por continuas rebeliones y asesinatos.

En el año 689 los árabes llegan al África más noroccidental. El año 711, tras la victoria de los árabes frente a los godos en la batalla de Guadalete, se inició la Invasión musulmana de la Península Ibérica, convirtiéndose ésta en un emirato o provincia del imperio árabe llamada al-Ándalus con capital en la ciudad de Córdoba.

El avance musulmán fue veloz. En el 712 cayó Toledo, la primera capital visigoda. Desde entonces, fueron avanzando hacia el norte, y todas las ciudades fueron capitulando o conquistadas. En el 716 controlaban toda la península, aunque en el norte era más bien nominal que militar. Los visigodos resistieron algunos años en más en la Septimania, hasta el 719. A partir de entonces, dirigieron sus esfuerzos hacia el otro lado de los Pirineos, contra el reino Carolingio. Esto permitió revueltas en la poco controlada zona noroeste de la península.

Después de la caída del reino visigodo la península quedó dominada hasta la cordillera Cantábrica, donde estaban los pueblos astures, cántabros y vascones, escasamente sometidos al reino godo; y dada su escasa importancia, no sufrieron demasiado la presión del Islam, que había sustituido en la península Ibérica al poder ejercido por el reino godo. Muchos de los señores godos o hispanorromanos se convirtieron al Islam, conservaron sus posiciones y poder.

En el año 718 en la actual Asturias un noble llamado Pelayo se sublevó contra los musulmanes. La sublevación fracasa y es detenido. Hacia el 722 vuelve a intentarlo y tiene lugar lo que la historiografía denominó la batalla de Covadonga, donde Pelayo y un grupo de astures (entre los que se encontraban, según algunos historiadores, nobles visigodos; el origen de Pelayo es también incierto) vencieron a una expedición de castigo musulmana. Este hito serviría para marcar el momento de fundación del Reino de Asturias y dar inicio al período conocido como la Reconquista, entendido como el restablecimiento del poderío cristiano en la península Ibérica.

En la parte nororiental de la península y en la Septimania goda, los godos que habían huido al reino de los francos pidieron ayuda a estos. Así Carlomagno emprendió una serie de campañas militares con la intención de establecer un territorio de distensión militar, más conocido como marca. La Marca Hispánica se constituyó a principios del siglo IX para evitar la penetración de los musulmanes en el territorio del Reino de los Francos. Así fue como los francos dividieron ese territorio en diversos condados, donde señores feudales de origen franco o godo representaban al rey de los francos; teniendo, por tanto, un desarrollo algo diferente al que experimentaron los reinos cristianos ibéricos occidentales. Estos condados en pleno proceso de feudalización se emanciparían de facto del dominio franco después de la crisis carolingia del siglo IX, al empezar a transmitirse hereditariamente los condados; si bien, hasta 988, los condes de Barcelona renovaron el pacto de vasallaje con los reyes francos.

Los siglos VIII y IX significarían un creciente poderío musulmán en la península, a pesar de la oposición los núcleos cristianos del norte. A fines del siglo VIII, el omeya Abderramán I, huido de Siria, hace de al-Ándalus, en lo político, un emirato independiente del Califato de Damasco.

En el siglo X, Abderramán III convierte al-Ándalus en califato independiente de Damasco, ya con autonomía religiosa y no sólo política, como hasta entonces. Es una época de pujanza cultural, gracias a las innovaciones en las ciencias, las artes y las letras; con una especial atención que dedicaron al desarrollo de las ciudades. Las ciudades más importantes fueron Valencia, Zaragoza, Toledo, Sevilla y Córdoba. Ésta, durante el siglo X, con al-Hakam II, llegó a ser la mayor ciudad de Europa Occidental, contando con 500.000 habitantes y mayor centro cultural de la época. Sin embargo, la decadencia de los territorios musulmanes empezó en el siglo XI, cuando comenzaron las pugnas entre las distintas familias reales musulmanas y el califato se desmembró en un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas.

Mientras tanto, cerca de los Pirineos aparecieron otros dos reinos cristianos: Navarra y Aragón. Al avanzar la expansión cristiana por la península, el que hasta entonces había sido reino de Asturias, con su capital fijada en Oviedo desde el reinado de Alfonso II el Casto, se transformó en reino de León en 910 con García I al repartir Alfonso III el Magno sus territorios entre sus hijos. Años después, en 914, muerto el rey, sube al trono Ordoño II de León, que aglutina bajo su corona a los territorios de Galicia, Asturias y León, fijando definitivamente en esta ciudad su capital y confirmando su supremacía como reino de León.

El avance de las conquistas hacia el sur y la aglutinación en torno a León de un territorio cada vez más amplio trae consigo el nacimiento de «subunidades» político-territoriales en su interior: es el caso del Castilla. Este será adquirido por el rey navarro Sancho III el Mayor, que lo dejará a su muerte en herencia a su hijo Fernando. Casado este con la hermana del rey leonés, formará una coalición navarro-castellana que, tras una guerra y la muerte del rey de León en la batalla de Tamarón le permitió acceder al trono de éste. Sin embargo, a su muerte los territorios vuelven a ser repartidos entre sus hijos: son el reino de León, el reino de Galicia, Castilla, que también adquiere el rango regio y la ciudad de Zamora. A lo largo de los siglos siguientes, estos territorios pasarán a manos del mismo o de distintos monarcas en sucesivas ocasiones, conformando la Corona de Castilla, con unas únicas Cortes. Los distintos territorios conservaban su carácter de reino y diversas particularidades jurídicas (el rey que aglutinaba bajo su corona todos estos territorios se titulaba Rey de León, de Castilla, de Galicia... añadiendo sucesivamente los de los nuevos territorios que se iban conquistando), sin que sin embargo conservaran una autonomía similar a la de la Corona de Aragón. Asimismo, nacerá de León otra unidad territorial de gran trascendencia posterior: Portugal, que se constituirá como reino. Cabe señalar, por último, como uno de los momentos más destacados los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII en León la adopción del título de emperador, el primero como "emperador de las dos religiones", el segundo como "emperador de España".

El devenir de los reinos cristianos peninsulares en las décadas siguientes pasará por la constitución de cuatro unidades monárquicas: la denominada Corona de Castilla, concepto que implica la existencia de un solo monarca sobre diversos y distintos reinos y territorios (León y la propia Castilla, además de Galicia y otros); la Corona de Aragón, que se había constituido mediante la unión dinástica en 1137 del reino de Aragón y el condado de Barcelona; el reino de Navarra y el reino de Portugal. Así como toda una serie de reinos de taifa musulmanes.

En el siglo XIII, la Corona de Castilla, la más pujante de las hispánicas, amplió sus dominios hacia el sur peninsular, mientras que la de Aragón añadiría los reinos de Valencia y de Mallorca con el rey Jaime I el Conquistador, y posteriormente formarían parte de esta Corona: Cerdeña, Sicilia y otros territorios del Oriente mediterráneo.

A finales de este periodo, 1402, y en competencia con Portugal, la Corona de Castilla inició la conquista de las islas Canarias hasta entonces habitadas exclusivamente por los guanches. La ocupación inicial fue llevada a cabo por parte de señores normandos que rendían vasallaje al rey Enrique III de Castilla. Este proceso de conquista no concluirá hasta 1496 y será culminado por la propia acción de la corona castellana.

Mientras en la Corona de Aragón, la gran mortandad provocada por la epidemia de la Gran Peste de 1348, así como de las malas cosechas que empezaron con el ciclo de 1333 («lo mal any primer»), provocaron una gran inestabilidad tanto social como económica.

A la muerte del Rey Martín I el Humano (1410), los representantes de los Estados que constituían la Corona de Aragón, eligieron en el Compromiso de Caspe a Fernando de Antequera, de la castellana Casa de Trastámara como futuro rey Fernando I en quien recaían por herencia materna los derechos dinásticos. A pesar de una revuelta protagonizada por el Conde de Urgel, Fernando I fue coronado y comenzó el reinado de los Trastámara en la Corona de Aragón.

Después de la expansión por el Reino de Nápoles en el periodo de Alfonso V el Magnánimo, la Corona de Aragón sufrió una crisis en el Principado de Cataluña provocada por las disputas entre Juan II, hijo de Fernando de Antequera, y la Generalidad de Cataluña y el Consejo de Ciento (Consell de Cent), debidas a la detención de su hijo y heredero Carlos de Viana; así como por las tensiones de las clases sociales entre la Busca y la Biga y las revueltas de los campesinos de Remensa, que coincidieron con la Guerra Civil Catalana (1462 - 1472) y debilitaron a Cataluña, que perdió de ese modo la hegemonía en la Corona aragonesa.

En contrapartida Valencia se convirtió en el puerto marítimo que centralizó la expansión comercial de la Corona de Aragón. Muestra de su pujanza es que alcanzó los 75.000 habitantes a mediados de siglo XV. Paralelamente, la capital levantina experimenta un auge cultural conocido como Siglo de Oro Valenciano.

Aragón, sin salida al mar, quedó como proveedor de cereal, ganado y lana del resto de los estados de la Corona. Su economía era fundamentalmente agrícola y los privilegios de los ricoshombres y nobles impidió el desarrollo de una burguesía competente, por lo que su peso en el marco de equilibrios entre los estados de la Corona aragonesa disminuyó.

Con la subida al trono de Fernando el Católico, segundo hijo y heredero de Juan II, (1479) las tensiones sociales se redujeron; con la firma de la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486) se asentó una nueva estructura en el campo catalán para acabar con la conflictividad del medio rural.

Al final de la Edad Media, con el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, estas dos coronas peninsulares se aliaron, conquistando el reino musulmán de Granada en 1492 y, posteriormente, el de Navarra en 1512 que continuó siendo un reino, acuñando moneda propia y con aduanas en el río Ebro hasta las guerras carlistas del siglo XIX. Los reyes navarros se refugiaron en sus posesiones allende de los Pirineos y posteriormente se convertirían en reyes de Francia.

También comenzaron una política matrimonial con Portugal que culminó en 1580, cuando Felipe II de España subió a su trono, uniendo por última vez bajo un mismo soberano toda la península Ibérica.

En 1492, se decreta la expulsión de los judíos que no hubiesen aceptado la conversión al cristianismo, imitando a Felipe IV de Francia. El 12 de octubre de ese mismo año Cristóbal Colón, en nombre de los Reyes Católicos, llega, por primera vez, a América con sus naves (en memoria de este hito se estableció el doce de octubre como el día de la Fiesta Nacional de España, antiguamente denominada también de la Hispanidad). Empieza la carrera por la exploración y conquista de las tierras americanas, a la que se unirían posteriormente otros países como Portugal, Francia e Inglaterra comenzando la colonización europea de América partiendo a islas del Caribe hasta mesoamérica a cargo de Francisco Hernández de Córdoba y después Hernán Cortes. La Monarquía Española se convierte, en un proceso iniciado al final de la Reconquista, en la nación más poderosa e influyente del mundo. Durante el reinado de los Reyes Católicos se inicia también una tímida expansión norteafricana, conquistándose varias ciudades, entre ellas Melilla (1497).

Tras la muerte de Isabel la Católica, en 1504, su hija Juana la sucede en el trono de Castilla. Juana estaba casada con Felipe I, al que llamaron el Hermoso, hijo del Archiduque de Austria y Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Felipe muere muy joven y a Juana se la incapacita por loca. Su hijo Carlos I de España hereda las Coronas de Castilla y Aragón, además del sacro Imperio Romano-Germánico y las posesiones de la Casa de Borgoña. En su madurez, decide retirarse a la vida religiosa recluyéndose en el Monasterio de Yuste (Cáceres) en 1556. Su hijo Felipe II hereda la Corona Hispánica con todas sus posesiones y su hermano Fernando I de Habsburgo el Sacro Imperio Romano-Germánico.

Felipe II de España se corona rey de Portugal en 1580 con el nombre de Felipe I de Portugal. El ordinal «segundo» lo mantuvo para respetar la vía castellana (Felipe I de Castilla fue Felipe el Hermoso). Durante su reinado se producen la gran victoria de Lepanto en 1571 con la que se consiguió frenar la expansión de los turcos en el Mediterráneo y la desastrosa aventura de la Grande y Felicísima Armada en 1588.

España, y en mayor medida Castilla, dada la prohibición de comercio para la Corona de Aragón, sigue prosperando bajo la dinastía Habsburgo, gracias al comercio con las colonias americanas; pero al mismo tiempo sostiene guerras contra Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas.

Cuando el último rey de la dinastía de los Habsburgo, Carlos II de España, murió sin descendencia; Felipe de Borbón, sobrino nieto de Carlos II y nieto del rey de Francia, Luis XIV, le sucedió en el trono con el nombre de Felipe V de España, siendo aceptado y jurado por todos los territorios de España. A los pocos años de reinado, se produce la Guerra de Sucesión Española.

Entre 1707 y 1716, los Decretos de Nueva Planta de Felipe V suprimen o reducen los fueros y costumbres de los reinos y territorios que habían luchado contra él en la Guerra de Sucesión.

Algunos quieren ver en estos decretos una unificación legal de España, pero, por un lado, los decretos, al ser diferentes para Valencia, Aragón (donde primero fue igual que el de Valencia, pero luego fue modificado), Baleares y Cataluña, afectaron de forma diferente a cada territorio, y además, tanto Navarra como las Provincias Vascongadas y el Valle de Arán, que no habían faltado a su juramento de lealtad a Felipe V, siguieron manteniendo sus fueros. En 1713, España firma el Tratado de Utrecht con el que pierde sus posesiones europeas y, por tanto, deja de ser la primera potencia mundial. ‎ El resto del siglo XVIII, fue el siglo de la Ilustración. Fernando VI y Carlos III, hijos y sucesores de Felipe V, hacen una política de renovación que modernizó España, en lo que se conoce como Despotismo Ilustrado. En este siglo, si bien España continúa siendo una importante potencia, Francia y el Reino Unido pasan a ocupar un protagonismo cada vez mayor en el escenario internacional.

La Edad Contemporánea no empezó muy bien para España, en 1805, en la Batalla de Trafalgar la escuadra hispano-francesa fue derrotada ante Gran Bretaña, con lo que significa el fin de la supremacía española en los mares mundiales a favor de Gran Bretaña, mientras Napoleón que había tomado el poder tras triunfar la Revolución Francesa, aprovechando las disputas entre Carlos IV y su hijo Fernando, ordenó el envío de su ejército contra España en 1808, imponiendo a su hermano José I en el trono. Ello ocasiona la Guerra de la Independencia Española, que duraría 5 años. En ese tiempo se elaboró la primera Constitución española, y una de las primeras del mundo, en las denominadas Cortes de Cádiz. Fue promulgada el 19 de marzo de 1812, festividad de S. José, por lo que popularmente se la conocía como La Pepa. Tras la derrota de las tropas de Napoleón en la batalla de Vitoria en 1813; Fernando VII vuelve al trono de España.

Durante el reinado de Fernando VII la monarquía española experimentará el paso del viejo régimen al estado Liberal. Tras su llegada a España, Fernando VII deroga la Constitución de 1812 y persigue a los liberales constitucionalistas, dando comienzo a un rígido absolutismo. Mientras tanto la Guerra de Independencia Hispanoamericana continuará su curso, y a pesar del esfuerzo bélico de los defensores de la monarquía española, al concluir el conflicto únicamente las islas de Cuba y Puerto Rico, en América, seguirán formando parte del territorio nacional de España, que al terminar la década ominosa y con el apoyo liberal a la Pragmática Sanción de 1830 a su vez se organizará nuevamente en monarquía parlamentaria. De esta forma ambos procesos revolucionarios darán origen a los nuevos estados nacionales existentes en la actualidad, y el final del reinado de Fernando VII señala también la extinción del Absolutismo en todo el mundo hispánico.

La muerte de Fernando VII abre un nuevo periodo de fuerte inestabilidad política y económica, su hermano Carlos María Isidro apoyado en los partidarios absolutistas, se rebela contra la designación de Isabel II, hija de Fernando VII, como heredera y reina constitucional, y contra la derogación de la Ley Sálica de la dinastía Borbón, que impedía la sucesión de mujeres a la corona, estallando la Primera Guerra Carlista. El reinado de Isabel II se caracteriza por la alternancia en el poder de progresistas y moderados si bien esta alternancia se motiva más por pronunciamientos militares de ambos signos que por una pacífica cesión del poder en función de los resultados electorales.

La revolución de 1868, denominada La Gloriosa, obligó a Isabel II a abandonar España. Se convocaron Cortes Constituyentes que se pronunciaron por el régimen monárquico y, a iniciativa del General Prim, se ofrece la corona a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia. Su reinado fue breve por el cansancio provocado por los políticos del momento y el rechazo de importantes sectores de la sociedad. Se proclamó la I República, que tampoco gozó de larga vida, aunque sí muy agitada: en once meses tuvo cuatro presidentes (Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar); durante este convulso periodo se produjeron graves tensiones territoriales llegándose a producir fenómenos tan pintorescos como la declaración de la ciudad de Cartagena como "Cantón independiente" y finalizó con los pronunciamientos de los generales Martínez Campos y Pavía, que disolvió el Parlamento.

La Restauración proclama rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II. España experimenta una gran estabilidad política debida al sistema de gobierno preconizado por el político conservador Antonio Cánovas del Castillo. Se basa en el turno de los partidos Conservador (Cánovas del Castillo) y Liberal (Sagasta) en el gobierno. En 1885 murió Alfonso XII y se encargó la regencia a su viuda María Cristina, hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso XIII, nacido tras la muerte de su padre. La rebelión independentista de Cuba en 1895 induce a los Estados Unidos a intervenir en la zona y tras el confuso incidente de la explosión del acorazado Maine el 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana, declara la guerra a España. Con la derrota, España perdió sus últimas colonias (Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico) en ultramar.

El siglo XX comienza con una gran crisis económica y la subsiguiente inestabilidad política. Hay un paréntesis de prosperidad comercial, propiciado por la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial. La sucesión de crisis gubernamentales, la marcha desfavorable de la guerra en el Rif, la agitación social y el descontento de parte del ejército, desembocan en el Golpe de Estado del general Primo de Rivera, el 13 de septiembre de 1923. Estableció una dictadura militar que fue aceptada por gran parte de las fuerzas sociales y por el propio rey Alfonso XIII.

Durante la dictadura se suprimen libertades y derechos. La difícil coyuntura económica y el crecimiento de los partidos republicanos hace la situación cada vez más insostenible. En 1930, Primo de Rivera presenta su dimisión al rey y marcha a París, donde muere al poco tiempo. Le sucedió en la jefatura del Directorio el general, Dámaso Berenguer; y, después, por breve tiempo, el almirante Aznar. Este período fue denominado Dictablanda.

Decidido a buscar una solución a la situación política y establecer la Constitución, el rey propicia la celebración de elecciones municipales del 12 de abril de 1931, éstas dieron una rotunda victoria a las candidaturas republicano-socialistas en las grandes ciudades y capitales de provincia, si bien el número total de concejales era mayoritariamente monárquico. Hubo manifestaciones organizadas exigiendo la instauración de la República, lo que lleva al rey a abandonar el país. Una vez el rey abandona sus obligaciones se proclama la II República el 14 de abril.

Durante la República se produce una gran agitación política y social, marcada por una acusada radicalización de izquierdas y derechas. Los líderes moderados son boicoteados y cada parte pretende crear una España a su medida. Durante los dos primeros años, gobierna una coalición de partidos republicanos y socialistas. En las elecciones celebradas en 1933, triunfan las derechas y en 1936, las izquierdas. La creciente ola de violencia incluye quema de iglesias, la sublevación monárquica de Sanjurjo, la revolución de 1934 y numerosos atentados contra líderes políticos rivales.

El 17 de julio se sublevan las guarniciones del África Española, dando comienzo la Guerra Civil. España queda dividida en dos zonas: una bajo la autoridad del gobierno republicano y otra controlada por los sublevados, en la que el general Francisco Franco sería nombrado Jefe de Estado. El apoyo alemán e italiano a los sublevados, mucho más firme que el soporte de la Unión Soviética y México a la España republicana, y los continuos enfrentamientos entre las facciones republicanas, permitieron la victoria de los sublevados el 1 de abril de 1939.

La victoria del general Franco supuso la instauración de un régimen autoritario. El desarrollo de una fuerte represión sobre los vencidos, obligó al exilio a miles de españoles y condenó a otros tantos a la muerte o al internamiento en campos de trabajo. A pesar de que Franco mantuvo al país no beligerente en la II Guerra Mundial, su no disimulado apoyo a las potencias del Eje condujo a un aislamiento internacional de carácter político y económico. No obstante, los condicionamientos de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus respectivos aliados hacen que el régimen franquista sea tolerado por las potencias "occidentales" y finalmente reconocido por las mismas finalizando su aislamiento. Se firman acuerdos con Estados Unidos permitiendo la instalación de bases militares conjuntas hispano-norteamericanas en España. En 1956, Marruecos, que había sido protectorado español y francés, adquiere su independencia y se pone en marcha un plan de estabilización económica del país. En 1969, Franco nombra a Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, príncipe de España, su sucesor a título de Rey. A pesar de que el régimen mantuvo una férrea represión contra cualquier oposición política, el desarrollo industrial y económico español resultó muy importante durante la dictadura.

El dictador murió el 20 de noviembre de 1975. Juan Carlos I es proclamado rey dos días después. Se abre un periodo conocido como Transición. Culminará con el establecimiento de una Monarquía Parlamentaria en 1978, después de la renuncia a sus derechos históricos realizada por D. Juan de Borbón, padre del rey. Tras las primeras elecciones democráticas, Adolfo Suárez, del partido Unión de Centro Democrático (centro-derecha), fue elegido presidente de Gobierno. Lleva a cabo importantes reformas políticas e inicia las negociaciones para la entrada de España en la Comunidad Económica Europea. Dimite en 1981. Durante este periodo la banda terrorista vasca ETA comete un gran número de atentados, especialmente contra miembros del ejército y de las fuerzas de seguridad, así como otros de carácter indiscriminado. Durante la sesión de votación de investidura del sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD), el 23 de febrero (23-F), tuvo lugar un intento de golpe de Estado promovido por altos mandos militares. El Congreso de Diputados es tomado por el teniente coronel Tejero. El intento fue abortado el mismo día, teniendo lugar la intervención del rey Juan Carlos en defensa del orden constitucional. En 1981 se firma en Bruselas el protocolo de adhesión a la OTAN, dando inicio al proceso de integración en la Alianza que termina en la primavera de 1982, durante el gobierno de UCD.

En las elecciones siguientes (1982), venció el Partido Socialista Obrero Español, con Felipe González como presidente de gobierno. Se mantendría en el poder durante las tres siguientes legislaturas. En 1986 España se incorpora a la Comunidad Económica Europea, precursora de la Unión Europea y ese mismo año se celebra un referéndum en el que se consulta al pueblo sobre la permanencia o no en la OTAN. El PSOE defendió el sí. En 1992 España aparece de forma llamativa en el escenario internacional con la celebración de los Juegos Olímpicos en Barcelona, la declaración de Madrid como Ciudad Cultural Europea y la celebración en Sevilla de la Exposición Universal EXPO 92.

Durante este periodo se produjo una profunda modernización de la economía y la sociedad españolas, caracterizada por las reconversiones industriales y la sustitución del modelo económico tardofranquista por otro de corte más liberal —lo que condujo a tres importantes huelgas generales—, la generalización del pensamiento y los valores contemporáneos en la sociedad española, el desarrollo del estado de las autonomías, la transformación de las Fuerzas Armadas y el enorme desarrollo de las infraestructuras civiles. Sin embargo, hubo también una situación de elevado desempleo y hacia el final del mismo se produjo un importante estancamiento económico, que no iniciaría su recuperación hasta 1993 —cuando la tasa de desempleo descendió del 23% al 15%—, y se destapó el caso GAL de terrorismo de estado.

Las elecciones de 1996 dieron la victoria al Partido Popular, con José María Aznar como presidente, cargo que ejerció durante dos legislaturas, obteniendo en las elecciones generales de 2000 la mayoría absoluta.

El siglo XXI empieza con los efectos del 11 de septiembre de 2001, que llevaron a España a implicarse en dos conflictos: la ocupación de Afganistán y la invasión de Iraq. Este último conflicto y la gestión del atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid provocaron un distanciamiento entre el gobierno y parte de la opinión pública española. Todo ello desembocó en la elección de un nuevo gobierno del PSOE, tras las elecciones generales celebradas el 14 de marzo de 2004.

El euro, moneda oficial en la llamada «Zona Euro» de Europa desde 1999, se convirtió en la moneda de cambio oficial el 1 de enero de 2002, reemplazando a la peseta. Los ciudadanos lo empezaron a usar en la vida cotidiana, a pesar de las protestas por la subida encubierta de los precios que supuso este cambio de moneda. Entre 1993 y 2007 se produjo una importante expansión de la economía española, basada fundamentalmente en el sector de la construcción, que quedó amenazada por las consecuencias globales de la crisis económica de 2008.

A finales del siglo XX España recibió a una gran cantidad de inmigrantes de países latinoanoamericanos como Ecuador, Colombia, Argentina, Bolivia, Perú o República Dominicana, así como de diferentes zonas de África, Asia y Europa. El fuerte crecimiento económico de tipo expansivo que ha presentado el país desde 1993 ha requerido una gran cantidad de mano de obra. Según anunció el director del Banco de España en febrero de 2007, España se podría situar como la séptima mayor economía del mundo.

El Partido Socialista Obrero Español ganó las elecciones celebradas el 14 de marzo de 2004, convirtiéndose José Luis Rodríguez Zapatero en el quinto presidente del gobierno de la democracia.

Con Zapatero como Presidente del Gobierno se retiran las tropas españolas que permanecían en Iraq. Ello ocasiona un considerable enfriamiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Se firma la Constitución Europea y se realiza el referéndum de la Constitución Europea, en el que los ciudadanos españoles aprueban el tratado. También se aprueba el matrimonio homosexual, entre otras reformas de carácter social prometidas en el programa electoral de los socialistas.

El miércoles 22 de marzo de 2006 la organización terrorista ETA anunció su segundo alto al fuego, roto el sábado 30 de diciembre de ese mismo año con la colocación de una furgoneta bomba en la recién estrenada Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, atentado en el que dos personas perdieron la vida.

Las elecciones del 9 de marzo de 2008 dieron la victoria de nuevo al PSOE y renovaron el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Los socialistas ganaron los comicios con 169 escaños (5 más que en las elecciones de 2004) frente a los 154 del Partido Popular (6 más que en las elecciones de 2004). Los partidos nacionalistas sufrieron un importante descenso, a excepción de CIU que mantuvo sus 10 diputados. Izquierda Unida perdió su grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados, al obtener solamente 2 escaños. Las elecciones de 2008 consolidaron y reforzaron el bipartidismo.

España es una monarquía parlamentaria, con un monarca hereditario que ejerce como Jefe de Estado —el Rey de España—, y un parlamento bicameral, las Cortes Generales.

El poder ejecutivo lo forma un Consejo de Ministros presidido por el Presidente del Gobierno, que ejerce como Jefe de Gobierno. Es el monarca quien propone al Presidente del Gobierno tras las elecciones generales y quien lo mantiene en el cargo mientras conserve la confianza del Congreso de los Diputados.

El poder legislativo se establece en las Cortes Generales, que son el órgano supremo de representación del pueblo español. Las Cortes Generales se componen de una cámara baja, el Congreso de los Diputados, y una cámara alta, el Senado. El Congreso de los Diputados cuenta con 350 miembros elegidos por votación popular, en listas cerradas y mediante representación proporcional elegidos por circunscripciones provinciales, para servir en legislaturas de cuatro años. El sistema no es absolutamente proporcional puesto que existe un número mínimo de escaños por circunscripción (3) y se usa un sistema proporcional levemente corregido para favorecer las listas mayoritarias (el Sistema d'Hondt). El Senado cuenta actualmente con 259 escaños, de los cuales 208 son elegidos directamente mediante voto popular ,por circunscripciones provinciales, en cada una de las cuales se eligen 4 senadores, siguiendo un sistema mayoritario (3 para la lista mayoritaria, 1 para la siguiente), excepto en las islas, Baleares y Canarias (en los que la circunscripción es la isla) y los otros 51 son designados por los órganos regionales para servir, también, por periodos de cuatro años.

El poder judicial está formado por el conjunto de Juzgados y Tribunales, integrado por Jueces y Magistrados, que tienen la potestad de administrar justicia en nombre del Rey (véase Poder Judicial de España).

España es en la actualidad lo que se denomina un “Estado de Autonomías”, un país formalmente unitario pero que funciona como una federación descentralizada de comunidades autónomas, cada una de ellas con diferentes niveles de autogobierno. Las diferencias dentro de este sistema se deben a que el proceso de traspaso de competencias del centro a la periferia fue pensado en un principio como un proceso asimétrico, que garantizase un mayor grado de autogobierno sólo a aquellas comunidades que buscaban un tipo de relación más federalista con el resto de España –comunidades autónomas de régimen especial– (Andalucía, Cataluña, Galicia, Navarra y País Vasco). Por otro lado, el resto de comunidades autónomas –comunidades autónomas de régimen común– dispondría de un menor autogobierno. Sin embargo, estaba previsto que a medida que fueran pasando los años, estas comunidades fueran adquiriendo gradualmente más competencias.

Hoy en día, España está considerada como uno de los países europeos más descentralizados, ya que todos sus diferentes territorios administran de forma local sus sistemas sanitarios y educativos, así como algunos aspectos del presupuesto público; algunos de ellos, como el País Vasco y Navarra, además administran su financiación pública sin casi contar (a excepción del cupo) con la supervisión del gobierno central español. En el caso de Cataluña, Navarra y el País Vasco, están equipados con sus propios cuerpos policiales, totalmente operativos y completamente autónomos que remplazan las funciones de la Policía Nacional en estos territorios, salvo en Navarra todavía en proceso de traspaso (véase Mossos d'Esquadra, Ertzaintza, y Policía Foral de Navarra).

La responsabilidad de la defensa nacional recae en las Fuerzas Armadas que tienen asignadas por medio del artículo octavo de la Constitución Española "la misión de garantizar la soberanía e independencia de España defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional".

Las Fuerzas Armadas Españolas se han dividido tradicionalmente en tres armas: Ejército de Tierra, Armada y Ejército del Aire. A estas armas se suma la Guardia Real, un cuerpo protocolario segregado que realiza labores fundamentalmente de seguridad.

España forma parte de las naciones más importantes del EUFOR, y del Eurocuerpo, así mismo ocupa una posición destacada en la estructura de la OTAN, en la que ingresó en 1982. Además de ser la sexta flota naval más poderosa y poseer el cuerpo de Infantería de Marina más antiguo del mundo.

España forma parte de organizaciones globales como las Naciones Unidas (desde el 14 de diciembre de 1955), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (desde el 30 de mayo de 1982) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico; continentales como la Unión Europea (desde el 1 de enero de 1986), la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, el tratado de la Unión Europea Occidental y de la Agencia Europea de Defensa; y organizaciones que estrechan lazos históricos y culturales del vínculo transatlántico como la Unión Latina, la Comunidad Iberoamericana de Naciones, y la ABINIA.

El gobierno español contribuye a la financiación de la ONU en un 2,52% de su presupuesto anual (2006). Respecto a la pertenencia a los siete organismos de Carta Internacional de Derechos Humanos, que incluyen al Comité de Derechos Humanos (HRC), España ha firmado y ratificado todos los órganos exceptuando la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares (MWC). Además, en la firma y ratificación de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CAT) y en la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (CERD), España ha reconocido la competencia de recibir y procesar comunicaciones individuales por parte del Comité para la Eliminación de Discriminación Racial perteneciente a la Comisión de Derechos Humanos.

España es una nación organizada territorialmente en 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas. El Título VIII de la constitución establece la organización territorial del Estado en municipios, provincias y comunidades autónomas, éstas con competencias para gestionar sus propios intereses con un amplio nivel de autonomía, poderes legislativos, presupuestarios, administrativos y ejecutivos en las competencias exclusivas que el Estado les garantiza a través de la Constitución y de cada Estatuto de autonomía. Aunque Navarra no se constituyó propiamente en Comunidad Autónoma, siendo una Comunidad Foral, y no habiendo desarrollado un Estatuto de Autonomía, sino articulando un amejoramiento de sus fueros tradicionales, es considerada comunidad autónoma a todos los efectos, según la interpretación del Tribunal Constitucional.

Cada comunidad autónoma está formada por una o varias provincias, haciendo un total de 50.

Desde 2003 se ha adoptado la Nomenclatura de las Unidades Territoriales Estadísticas, o unidades NUTS, de tres niveles, con fines meramente estadísticos basados en las normativas europeas y fijados por el Eurostat. Las 50 provincias españolas y las dos ciudades autónomas se encuentran clasificadas en los niveles NUTS-3; las 17 comunidades autónomas se encuentran clasificadas en los niveles NUTS-2; y para los niveles NUTS-1 se han creado los grupos de comunidades autónomas.

España reclama históricamente la retrocesión de la colonia (actualmente Territorio Británico de Ultramar) de Gibraltar, si bien se ha mostrado últimamente favorable a fórmulas de soberanía compartida. La reclamación comenzó desde el momento en que tropas angloholandesas tomaron la plaza en nombre del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión Española (1704), pasando posteriormente a manos británicas mediante el Tratado de Utrecht (1713). La reclamación, que incluyó operaciones militares, fue particularmente intensa durante el siglo XVIII, languideció durante el XIX y primera mitad del XX y fue llevada por el gobierno franquista a Naciones Unidas durante la década de 1960. Allí, encuadrada en los procesos descolonizadores, España obtuvo el respaldo a su postura al reconocer las resoluciones al efecto (2231 y 2353) que el proceso descolonizador debía respetar el derecho a la integridad territorial de España y que los intereses, y no los deseos de los gibraltareños, debían ser respetados (Véase Historia de Gibraltar). España no reconoce, sin embargo, la soberanía británica sobre el istmo que une el continente con el peñón.

Por otra parte, Portugal no reconoce la soberanía española sobre la comarca pacense de Olivenza, que incluye los municipios de Olivenza y Táliga (si bien no reclama activamente su soberanía), cedida por Portugal a España mediante el tratado de Badajoz (1801). Las resoluciones del Congreso de Viena son interpretadas de forma divergente por ambos países. Mientras que Portugal estima que aquellas obligaban a España a devolver Olivenza, España opina que se trata de una simple declaración de buenos deseos, sin capacidad resolutiva, razón por la que Olivenza siguió unida a España. Finalmente, España no reconoce las pretensiones de soberanía de Portugal sobre las islas Salvajes.

También la soberanía sobre el deshabitado islote de Perejil se encuentra disputada con Marruecos. Aunque desalojada tras el incidente de la isla Perejil (2002), por acuerdo entre ambos países no se encuentra asentada allí ninguna fuerza militar o policial, sin que ninguna de las partes haya renunciado a sus pretensiones de soberanía. Por otra parte, Marruecos reclama informalmente la cesión de los territorios de Ceuta y Melilla, así como las denominadas plazas de soberanía en el continente africano. Algunos movimientos irredentistas en Marruecos, como el partido Istiqlal, reclaman la inclusión en el denominado "Gran Marruecos" de las islas Canarias.

Existen en España diversos movimientos políticos de signo independentista, ligados a nacionalismos periféricos, como el vasco, el gallego o el catalán, que reclaman la independencia de España de los territorios en los que son activos. Estos movimientos se dan en Cataluña, Galicia, Navarra y el País Vasco, donde existen partidos explícitamente independentistas como la Unión do Povo Galego, Esquerra Republicana de Catalunya, Aralar o EA, así como los seguidores de la llamada izquierda abertzale que no se desvinculan de ETA (su última denominación formal es Batasuna, partido ilegalizado en España pero legal en Francia). Por otro lado, partidos como el BNG, PNV y CiU oscilan entre posturas autonomistas y abiertamente independentistas.

Situada en Europa Occidental, ocupa la mayor parte de la península Ibérica y, fuera de ella, dos archipiélagos (el de las islas Canarias en el océano Atlántico y el de las islas Baleares en el mar Mediterráneo) y dos ciudades, Ceuta y Melilla, en el norte de África.

Además, consta de posesiones menores no continentales como las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y el peñón de Alhucemas, todos frente a la costa africana. La isla de Alborán, las islas Columbretes y una serie de islas e islotes se encuentran frente a las costas peninsulares.

En extensión territorial es el cuarto país de Europa, por detrás de Rusia (que es el mayor, incluso teniendo en cuenta solo el territorio contenido en Europa, ver cita 10), Ucrania y Francia, y el segundo de la Unión Europea.

Los límites físicos de España son los siguientes: al oeste, Portugal y el océano Atlántico; el mar Mediterráneo al este; el estrecho de Gibraltar, océano Atlántico y mar Mediterráneo al sur; y los Pirineos, junto con el golfo de Vizcaya y el mar Cantábrico al norte.

España tiene un clima muy diverso a lo largo de todo su territorio. Predomina el carácter mediterráneo en casi toda su geografía. Las costas del sur y mediterráneas tienen un clima denominado mediterráneo de costa que también posee el Valle del Guadalquivir: temperaturas suaves, precipitaciones abundantes casi todo el año excepto en verano.

A medida que nos adentramos en el interior el clima es más extremo, nos encontramos con el clima mediterráneo continental, que abarca casi toda la Península, temperaturas bajas en invierno, altas en verano y precipitaciones irregulares (dependiendo de la posición geográfica). Por lo general, las comunidades occidentales reciben más precipitaciones que las orientales. Así pues, Galicia y el Cantábrico poseen un clima oceánico, caracterizado por la abundancia de precipitaciones durante todo el año especialmente en invierno, y unas temperaturas frescas.

El clima de montaña se puede observar en altitudes altas, Cordillera Cantábrica, Pirineos, altos puntos de la C. Ibérica, Sistema Central y Cordilleras Béticas, así como en altitudes altas en Canarias, donde se dan temperaturas bajas (inviernos fríos o muy fríos) y precipitaciones generalmente abundantes.

Los climas áridos o semiáridos (menos de 300 mm anuales) los encontramos en ciertos puntos peninsulares del este: Almería (famoso el desierto de Tabernas) o el Cabo de Gata (donde se registran menos de 200 mm anuales), Granada (Guadix), Murcia, Alicante y Valle del Ebro donde el efecto foehn es el principal causante de tan bajas precipitaciones.

El carácter subtropical es característico de las Islas Canarias, con unas temperaturas cálidas durante todo el año y pocas precipitaciones (más abundantes en las islas occidentales). Sin embargo, este clima también se da en las costas sureñas de la península (Málaga, Granada, Almería), donde tienen temperaturas relativamente suaves durante todo el año, aunque las precipitaciones son algo más abundantes que en Canarias.

España contaba con 46.157.822 habitantes al 1 de enero de 2008. La densidad de población, de 91,2 hab/km², es menor que la de la mayoría de otros países de Europa Occidental y su distribución a lo largo del territorio es muy irregular.

Las zonas más densamente pobladas se concentran en la costa y alrededor de Madrid, mientras que el resto del interior se encuentra muy débilmente ocupado.

La creación de entidades administrativas que agrupen a los municipios que constituyen un área metropolitana está en manos de las comunidades autónomas. Hasta el momento, no existe ninguna área metropolitana regulada por un órgano administrativo. Así, por ejemplo, el Área Metropolitana de Barcelona fue suprimida en 1987 por la Generalidad de Cataluña. Algunas áreas metropolitanas coinciden, no obstante, con comarcas, cuya regulación está también en manos de las comunidades autónomas.

En los últimos años España presenta una considerable disminución en la tasa de inmigración neta, dejando de poseer una de las mayores tasas de inmigración de Europa (en 2005 de 1,5% anual sólo superado en la UE por Chipre) En la actualidad su tasa de inmigración neta llega solo al 0,99%, ocupando el puesto n° 15 en la Unión Europea. Es además, el 9° país con mayor porcentaje de inmigrantes dentro de la UE, por debajo de países como Luxemburgo, Irlanda, Austria o Alemania. En el 2007, el 9,93% de la población española era de nacionalidad extranjera, mientras que en el 2005 recibió el 38,6% de la inmigración extracomunitaria hacia la UE, sobre todo de ciudadanos de origen iberoamericano, de otros países de Europa Occidental, de Europa Oriental y del Magreb.

La península ibérica es señalada por los especialistas en estudios sobre la diversidad genética, como uno de los lugares singulares de Europa donde los episodios históricos de convivencia e intolerancia entre grupos sociales de distinta religión en la Edad Media y moderna han tenido no solamente un impacto demográfico directo, sino también servido a conformar un entorno de diversidad humana genética particular. Un estudio publicado en 2008 por la revista American Journal of Human Genetics dio a conocer la composición genética media de una muestra de 1.140 hombres de diferentes regiones peninsulares y de las Islas Baleares, en base a su origen histórico musulmán, judío y cristiano encontrándose un 11% de origen norteafricano, 20% sefardí y 69% autóctono. Los autores concluyeron principalmente que estos valores indican un alto grado de "conversión religiosa", voluntario o forzoso, como resultado de los episodios históricos, siendo el estrato sefardí el más antiguo.

Varios medios de comunicación destacaron, con referencias al mismo estudio, a Cataluña, País Vasco y Granada como las comunidades donde existe menor porcentaje de población con origen norteafricano, llegando en Cataluña a representar el 2%, y a Galicia y el noroeste de Castilla como las que más, cerca del 21%.

En otros medios se especifica que el patrón de comparación de comunidad ibérica fueron los vascos (que, por ello corresponden en el estudio a la ascendencia ibera al 100%), y matizan la influencia sefardí, que puede estar sobreestimada y en parte podría ser debida a los fenicios. Consideran como resultado más notable del estudio la presencia de un mayor componente norteafricano en la España occidental que en la oriental, siendo mayor en Galicia que en Granada.

El idioma oficial y el más hablado en el conjunto de España, por un 99% de la población, es el español, lengua materna del 89% de los españoles, que puede recibir la denominación alternativa de castellano. La estimación del número de hablantes en todo el mundo va desde los 450 a los 500 millones de personas, siendo la segunda lengua materna más hablada tras el chino mandarín. Se prevé que se afiance como segunda lengua de comunicación internacional tras el inglés en el futuro, y es la segunda lengua más estudiada tras el inglés.

También se hablan una serie de lenguas o dialectos románicos que no tienen estatus de lengua oficial: el asturleonés hablado en Asturias (llamado asturiano o bable, reconocido por medio del artículo 4 del estatuto de autonomía que promueve su uso y protección), en zonas de Cantabria (llamado cántabro, montañés o pasiego), León, Zamora (llamado leonés), Salamanca y Extremadura (llamado altoextremeño), y el aragonés en el norte de Huesca. Igualmente, el portugués en algunas localidades fronterizas extremeñas, prácticamente desaparecido.

España ratificó el 9 de abril de 2001 la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales del Consejo de Europa.

España es actualmente la octava potencia económica mundial y ha llegado a ser la séptima, según el PIB nominal. Tradicionalmente España ha sido un país agrícola y aún es uno de los mayores productores de Europa occidental, pero desde mediados de la década de 1950 el crecimiento industrial fue rápido y pronto alcanzó un mayor peso que la agricultura en la economía del país. Una serie de planes de desarrollo, que se iniciaron en 1964, ayudaron a expandir la economía, pero a finales de la década de 1970 comenzó un periodo de recesión económica a causa de la subida de los precios del petróleo, y un aumento de las importaciones con la llegada de la democracia y la apertura de fronteras. Con posterioridad, se incrementó el desarrollo de las industrias del acero, astilleros, textiles y mineras. En la actualidad, la terciarización de la economía y de la sociedad española queda clara tanto en el producto interior bruto (contribución en 2005: un 67%) como en la tasa de empleo por sectores (65%). Los ingresos obtenidos por el turismo permiten equilibrar la balanza de pagos. Desde que España ingresó como miembro de pleno derecho en la Unión Europea las políticas económicas han evolucionado en función de esta gran organización supranacional (PAC, IFOP, ...).

La agricultura fue hasta la década de 1960 el soporte principal de la economía española, pero actualmente emplea solo alrededor del 5% de la población activa. Los principales cultivos son trigo, cebada, remolacha azucarera (betabel), maíz, patatas (papas), centeno, avena, arroz, tomates y cebolla. El país tiene también extensos viñedos y huertos de cítricos y olivos. En 2005 la producción anual (expresada en t) de cereales fue de 14 millones; de los cuales 3,8 fueron de trigo, 8,3 de cebada, 4 de maíz y 126.100 t de centeno. La producción anual de otros importantes productos era: 6,7 millones de toneladas de remolacha azucarera, 2,6 millones de patatas, 5,9 millones de uvas, 3,9 millones de tomates, casi 3 millones de naranjas, y algo menos de 1 millón de cebollas.

Las condiciones climáticas y topográficas hacen que la agricultura de secano sea obligatoria en una gran parte de España. Las provincias del litoral mediterráneo tienen sistemas de regadío desde hace tiempo, y este cinturón costero que anteriormente era árido se ha convertido en una de las áreas más productivas de España, donde es frecuente encontrar cultivos bajo plástico. En el valle del Ebro se pueden encontrar proyectos combinados de regadío e hidroeléctricos. Grandes zonas de Extremadura están irrigadas con aguas procedentes del río Guadiana por medio de sistemas de riego que han sido instalados gracias a proyectos gubernamentales (Plan Badajoz y regadíos de Coria, entre otros). Las explotaciones de regadío de pequeño tamaño están más extendidas por las zonas de clima húmedo y por la huerta de Murcia y la huerta de Valencia.

En especial la ovina y la porcina, tiene una importante trascendencia económica. En 2005 la cabaña ganadera contaba con 22,7 millones de cabezas de ganado ovino, 25,1 millones de ganado porcino, 6,5 millones de ganado vacuno, 3 millones de ganado caprino, 240.000 cabezas de ganado caballar y 131 millones de aves de corral. En España se produjeron cerca de 32 millones de kg de miel en el año 2001.

El corcho es el principal recurso forestal de España y en 2001 la producción fue de 57.581 toneladas. La producción de pulpa de papel y madera de los bosques españoles es insuficiente para cubrir las necesidades del país.

La industria pesquera es menos importante hoy para la economía española que en tiempos pasados, a pesar de que ocupa los primeros puestos entre los países europeos tanto por el volumen de su flota como el de las capturas. La captura anual ascendió a 1,2 millones de t en 2004 y estaba formada principalmente por atún, calamares, merluza, sardinas, anchoas, caballa, pescadilla y mejillones. Desde hace unas décadas la acuicultura (marina y continental) ha tenido un gran desarrollo, destacando la cría de dorada, lubina, mejillón, truchas, rodaballo y salmón; la producción total en 2003 fue de 311.287 toneladas.

La minería española desde 1996 ha estado marcada por la reducción progresiva y obligada en la extracción de carbones, un cierto estancamiento en la minería metálica y el crecimiento constante de los minerales y rocas industriales (celestina, sulfato sódico, sepiolita, fluorita, yeso, feldespato, pizarra, mármol, granito…) cada vez con mayor peso en el sector minero. En 2003 la producción minera anual (en toneladas) englobaba unos 20,6 millones de carbón y lignito, 265.000 de mineral de hierro, 70.000 de concentrados de cinc, 2.000 de plomo, 6,5 millones de yeso, y 2.409.554 barriles de petróleo crudo al año.

En 2001 los principales productos mineros energéticos fueron el lignito y la hulla; entre los minerales metálicos destacó el cinc y entre las rocas y minerales industriales, la sal común y las arcillas especiales. Las principales minas de carbón están en la provincia de Asturias y en el norte de la provincia de León; los principales depósitos de mineral de hierro se encuentran alrededor de Santander y Bilbao; Almadén, en la provincia de Ciudad Real fue muy productiva en la extracción de mercurio; y Andalucía destaca por la minería metálica, con más de la mitad de la producción del país.

En España se producen, entre otros, textiles, hierro y acero, vehículos de motor, productos químicos, confección, calzado, barcos, refino de petróleo y cemento, destacando por su valor los sectores industriales de la alimentación y bebidas y del material de transporte. España es uno de los primeros productores mundiales de vino; la producción en 2003 fue de unos 30 millones de hectolitros. La industria siderúrgica, antes de su reconversión de la década de 1990, estuvo concentrada en Bilbao, Santander, Oviedo y Avilés.

La demanda energética en España desde el año 2002 ha ido creciendo en torno al 3,5 % anual, con algunas variaciones, como en el año 2003 con un crecimiento próximo al 7 %. Con un incremento de consumo desde los 211.500 GWh del 2002 a los 253.600 del año 2006.

En 2003, el 48,9% de la energía producida en España fue de origen nuclear (16.422 Ktep o miles de toneladas equivalentes de petróleo) y el 21,7% se generó en centrales térmicas de carbón. La producción de energía hidráulica y de otras renovables, como la eólica y solar, aumenta de año en año. Según un informe de Ernst&Young de octubre de 2008, España es el quinto país del mundo más atractivo para invertir en energías renovables, tras Estados Unidos, Alemania, India y China.

En energías renovables, España es el primer productor de energía solar y el segundo de energía eólica del mundo.

Tras el "boom" de instalación de paneles fotovoltaicos en España durante el 2008, la potencia real de producción de energía solar podría alcanzar los 3.130 MW, superando a Alemania que era el primer productor, según datos de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).

Desde hace unos años en España es mayor la capacidad teórica de generar energía eólica que nuclear y es el segundo productor mundial de energía eólica, después de Alemania, y llegó a ser el primero en el 2003. España y Alemania también llegaron a producir en 2005 más electricidad desde los parques eólicos que desde las centrales hidroeléctricas.

España es el segundo país del mundo que recibe más turistas extranjeros, según datos de la Organización Mundial de Turismo, tan sólo por detrás de Francia, y disfruta de una cuota del 7% del turismo mundial, por delante de Estados Unidos e Italia.

El turismo le reportó a España 48.181 millones de euros durante el año 2006, lo que supone un 4,7 por ciento más que en 2005, y la sitúa en segunda posición en ingresos económicos, por detrás de Estados Unidos, y por delante de Francia e Italia.

Entre enero y diciembre de 2006 recibió un total de 58,8 millones de turistas extranjeros, un 4,5% más de los registrados en el mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

Cataluña es el primer destino turístico de España. Los 15 millones de turistas que recibió suponen un 25,3% del total de las llegadas registradas en toda España, y representan un incremento del 6,9% respecto al mismo período del año anterior.

El segundo destino turístico de España son las islas Baleares, que recibieron 10,1 millones durante el 2006, un 4,7% más que el año anterior. Las islas Canarias, con 9,6 millones de turistas (un 1,8% más que el año anterior) es el tercer destino turístico por delante de Andalucía, que alcanzó los 8,5 millones (un 2,3% más), la Comunidad Valenciana, con 5,5 millones (un 1,5% más) y Madrid, que recibió 3,9 millones de turistas (un 14,7 % más). Cabe señalar que la capital española alberga la sede de la Organización Mundial del Turismo.

Según las previsiones de la Organización Mundial de Turismo, la llegada de turismo extranjero a España crecerá una media del 5% anual en los próximos veinte años, lo que hace prever que España recibirá 75 millones de turistas extranjeros en el año 2020, casi 20 millones más que los recibidos en el año 2005.

La unidad monetaria es el euro (aproximadamente, un euro se cambia a 1.50 dólares estadounidenses) y se emite por el Banco de España, en coordinación con el Banco Central Europeo. Desde el 1 de enero de 1999, el euro se vinculó al valor de la peseta, con un cambio fijo de 166,386 pesetas por euro. El 1 de enero de 2002, la peseta dejó de circular, siendo el euro la única moneda de curso legal, aunque los ciudadanos en posesión de pesetas siempre podrán cambiarlas por euros en el Banco de España.

El país cuenta con un potente sistema bancario, con gran número de bancos comerciales y cajas de ahorros, que en total alcanzan una capitalización 79.770.000.000 €, el 6,50% del total mundial (datos de abril de 2008), y que le sitúa el 4º del mundo, por detrás de Estados Unidos de América, Reino Unido y Suiza. Dos bancos españoles se sitúan entre los 20 primeros del mundo por capitalización bursátil: SCH (11º) y BBVA (19º). Las principales bolsas se encuentran en Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia. En otras ciudades operan bolsines.

En 2003 España importó productos por valor de 210.860 millones de dólares y las exportaciones ascendieron a 158.213 millones de dólares con lo cual España importa más de lo que exporta. Entre las principales importaciones se encontraban combustibles minerales y lubricantes, maquinaria y equipos de transporte, crudo, productos manufacturados, alimentos, animales vivos y productos químicos. Los principales productos exportados son: maquinaria y equipos de transporte, alimentos y animales vivos, vehículos de motor, hierro y acero, textiles y artículos de confección. Los principales intercambios comerciales de España tienen lugar con los demás países de la Unión Europea (destacando Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, los países del Benelux y Portugal), Estados Unidos y Japón. Los ingresos por turismo, que en 2004 ascendieron a unos 37.250 millones de euros, ayudan a compensar el déficit de la balanza comercial española; el número de personas que visitaron el país en ese mismo año fue de unos 85 millones.

España está bien equipada en términos de infraestructura tecnológica e industrial, habiendo proliferado en los últimos años los parques tecnológicos en las principales áreas industriales, así como en torno a las Universidades y Centros de Investigación y Desarrollo (I+D). Actualmente existen 41 parques tecnológicos (12 en funcionamiento y 29 en proyecto). En estos parques están establecidas 1080 empresas, 108 Centros de I+D y 12 incubadoras. El gasto en I+D ha crecido fuertemente en estos últimos años. El nuevo Plan Nacional de Investigación y Desarrollo (2004-2007) prevé que el gasto alcance el 1,4% del Producto Interior Bruto en 2007.

España tenía un parque de 24.677.227 viviendas a finales del año 2006, según datos del Banco de España, sobre un total de 16,03 millones de hogares españoles. Estas cifras indican un promedio de 1,54 viviendas por hogar español. Según las mismas fuentes, el 85% de las viviendas en España son de propiedad, y sólo un 15% se disfrutan en régimen de alquiler.

El precio medio de la vivienda nueva en España es de 2510 €/m2, según datos de la Sociedad de Tasación a 31 de diciembre de 2005. El precio de la vivienda, sin embargo, varía ostensiblemente en función de las comunidades autónomas y las capitales de provincia.

España cuenta con 105 aeropuertos situados en las distintas regiones, de ellos 33 son internacionales, donde operan más de 250 líneas aéreas, siendo el más importante el aeropuerto de Madrid-Barajas. Tras la ampliación de Barajas, este pretende ser uno de los aeropuertos de conexión más importantes del mundo y tener una capacidad para 70.000.000 de viajeros (casi 30 millones más que en el 2005). Barajas realiza un importante papel de "hub" o conexión entre capitales de provincia y el extranjero. El aeropuerto de Barcelona, no se queda atrás, y tras la inminente inauguración de la nueva Terminal sur (T4 o D)(año 2008), será el segundo aeropuerto del sur de Europa más importante, con 60.000.000 de pasajeros al año,(unos 30.000.000 de pasajeros más que en el 2005). También, en el 2012, seguirá la ampliación del aeropuerto de Barcelona con la Terminal 5 o E, que aumentará la capacidad del aeropuerto hasta los 75.000.000 de pasajeros, unos 15.000.000 más que con las 4 terminales operativas.

Las vías y estaciones de la red de ancho ibérico son gestionadas por ADIF. En ellas ofrece sus servicios la compañía ferroviaria estatal RENFE. Además, existen diversas redes de ancho internacional (FGC) y algunas líneas de ancho métrico (FEVE). El sistema ferroviario español es fundamentalmente radial con centro en Madrid. La ciudad de Barcelona permite conectar España con Paris, Zurich y Milán entre otras ciudades europeas.

Los servicios de Alta Velocidad Española (AVE) prestados por RENFE reducen a la mitad el tiempo de desplazamiento en coche y alcanzan más de 250 km/h. La velocidad máxima comercial de sus trenes es de 300 km/h y su velocidad punta es de 356,8 km/h.

La red de metro está disponible en cinco ciudades: Barcelona, Bilbao, Madrid, Valencia y Palma de Mallorca. Está en construcción en ciudades como Alicante, Sevilla, Málaga y Granada; y planificada para Santander. La más extensa y con mayor número de pasajeros al año es la de Madrid (310 km; 616 millones de viajeros), seguida por la de Barcelona (115 km; 480 millones de viajeros).

La red de carreteras española está formada por unos 370.000 km. Esta red comprende autopistas de peaje, autopistas libres, autovías, carreteras de doble calzada y carreteras convencionales. En esta cifra no están incluidas las carreteras y calles en medio urbano, ni las carreteras o caminos agrícolas o forestales. Pero refiriéndose a autopistas solamente, tiene una red que casi llega a los 13.200 km. El plan de inversión del Gobierno supone que España contará en el año 2010 con una red de autopistas de más de 13 000 km, convirtiéndose en una de las más amplias y modernas del mundo.

Así mismo, España goza de excelentes comunicaciones marítimas con más de 53 puertos internacionales en las costas atlántica y mediterránea. Cabe destacar el puerto de Algeciras, el único de España considerado de primer orden mundial por su elevado movimiento de viajeros y mercancías, así como el puerto de Vigo, siendo también uno de los más activos en cuanto a tráfico de mercancías, capturas vivas de pescado y congelados. El puerto de Sevilla es el único de carácter netamente fluvial que existe en el país, pues aunque la ciudad está en el interior, tiene salida al mar a través del río Guadalquivir. El vecino puerto de Cádiz es un punto estratégico para el embarque de mercancías hacia el archipiélago atlántico de Canarias. El puerto de Barcelona, por ser líder del Mediterráneo en tráfico de cruceros, y el segundo en ámbito mundial.

Finalmente, España posee una buena red de telecomunicaciones; a la extensa red de cable de fibra óptica convencional hay que añadir una de las mayores redes de cable submarino y conexión vía satélite con los cinco continentes.

El operador mayoritario en telefonía y acceso a Internet es la multinacional Telefónica, con sede en Madrid, que opera tanto en telefonía fija como móvil, y procede del monopolio estatal de la telefonía. Sin embargo, el mercado de telecomunicaciones está abierto a la competencia en todos sus sectores desde la ruptura del monopolio, en 1994 para la telefonía móvil con la aparición de Airtel y en 1998 en fija con la salida al mercado de Retevisión.

En telefonía fija y acceso a Internet, en la actualidad existe un mercado de acceso por cable organizado por demarcaciones en la mayor parte de las cuales opera ONO, además de algunas empresas de ámbito regional en sus respectivas demarcaciones. Además, el operador dominante (Telefónica) está obligado a permitir a terceras empresas la prestación de servicios en su red mediante el alquiler de los pares de cobre de su propiedad y de espacio en sus centrales.

En telefonía móvil, existen cuatro operadores con red propia y un número considerable de operadores móviles virtuales que se reparten un mercado en el que, desde 2006, hay oficialmente más líneas que habitantes. España es uno de los países de la Unión Europea con mayor extensión y calidad de cobertura; según un estudio del Ministerio de Industria de 2006, el 98% del territorio español cuenta con cobertura GSM, por delante de países como Francia, Italia o Alemania.

España es un país especialmente afectado por el fenómeno de la sequía: durante el período 1880-2000 más de la mitad de los años se han calificado como de secos o muy secos. En la década de los 80, siete años se han considerado secos o muy secos y cinco en los años 90. El cambio climático preludia para España gravísimos problemas medioambientales, agravando los rasgos climáticos más extremos.

Según el premio nobel de la paz, Al Gore, España es el país europeo más vulnerable al cambio climático.

Por otro lado, Ban Ki-moon ha pedido a España un "liderazgo todavía más activo" en la lucha contra el cambio climático.

El artículo 16.3 de la Constitución Española vigente define el país como un Estado aconfesional: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal". Sin embargo, garantiza la libertad religiosa y de culto de los individuos y asegura relaciones de cooperación entre los poderes públicos, y todas las confesiones religiosas.

El catolicismo es la religión predominante en el país. La iglesia Católica es la única mencionada expresamente en la Constitución, en el mismo artículo 16.3: "... y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". El 77,3% de los españoles se consideraban católicos, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas realizado en 2007. Siguiendo a los católicos, los ateos o agnósticos suponen el 18,9% y otras religiones minoritarias el 1,7%. No obstante, el porcentaje de practicantes es mucho menor. Según el mismo estudio, sólo un 18,5% acude a misa de forma regular. Por otra parte, según un estudio del 19 de abril de 2005 del New York Times, sólo el 18% de los españoles acude a misa de forma regular. Entre los menores de 30 años, ese porcentaje se reduce al 14%. El 46% de los jóvenes españoles de 15 a 24 años dicen ser agnósticos, ateos o indiferentes, lo que indica el declive de la religiosidad de la población.

En cuanto a miembros, la segunda religión en importancia es la musulmana. Se calcula que hay unos 800.000 fieles, procedentes fundamentalmente de las recientes olas de inmigración. Les siguen los Testigos de Jehová con 103.784 fieles. Hay también varias iglesias protestantes, que suman cerca de 50.000 seguidores (la estadística propia de los protestantes en España indica 1.200.000, de los cuales 400.000 son españoles y el resto son extranjeros que residen en España más de seis meses), así como unos 20.000 mormones; por su parte, la comunidad judía en España no supera los 15.000 fieles.

En España existe el concepto de religión de notorio arraigo, un estatus concedido por el Ministerio de Justicia a través de la Dirección General de Asuntos Religiosos tras el informe correspondiente de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa. Además del catolicismo, tienen el carácter de religiones de notorio arraigo las siguientes (por orden de acuerdo): protestantismo, judaísmo, islam (todas desde 1992), mormones, testigos de Jehová y budismo, esta última aceptada en 2007.

Además de nueve festividades de ámbito nacional, cada Comunidad Autónoma puede fijar dos festivos, aparte del día de la Comunidad Autónoma, y cada municipio otros dos, de tal forma que el máximo de días festivos en cada localidad no exceda de catorce.

La religión católica ha sido la predominante en España a lo largo de la Historia. Así pues, es significativo y trascendente el papel festivo que desempeñan en algunas ciudades como Granada, Sevilla, Málaga o Valladolid entre otras.

Cabe destacar que España es el segundo país del mundo tras Italia con más monumentos Patrimonio de la Humanidad. En la actualidad cuenta con 40 más los Pirineos que comparte con Francia.

En España se conserva la tradición de realizar diversos espectáculos taurinos, tales como encierros o corridas de toros, que son seña de identidad de numerosas fiestas populares.

Las plazas de toros con mayor afluencia, así como trascendencia en la temporada taurina son la de "Las Ventas" en Madrid, la Monumental en Pamplona y la "La Maestranza" en Sevilla, así como la de Plaza de toros de Valencia.

El deporte en España es dominado, principalmente, por el fútbol (desde el siglo XX), el baloncesto, el ciclismo, el tenis, el balonmano, y por los deportes de motor. Hoy en día, España, es una potencia mundial en el ámbito deportivo, sobre todo desde los Juegos Olímpicos de 1992 en la ciudad de Barcelona, que promocionó gran variedad de deportes en el país.

España ha tenido campeones del mundo en deportes tan dispares como: fútbol sala, pádel, balonmano, hockey patines, waterpolo, vela, karate, judo, taekwondo, boxeo, tenis, atletismo, gimnasia, trial, enduro, triatlón, natación, windsurf, golf, motociclismo, rally, ciclismo y, más recientemente, Fórmula 1 y baloncesto.

En España se celebra anualmente en verano la Vuelta ciclista a España.

La televisión es el principal medio de comunicación del país, con seis cadenas nacionales y varias de carácter autonómico. Las principales cadenas del país son La 1, La 2, Antena 3, Cuatro, Telecinco y La Sexta.

La prensa está concentrada principalmente en dos consorcios periodísticos cuyos principales periódicos de circulación nacional son El País y El Mundo, a los que se suman ABC, La Razón y La Vanguardia. En la prensa deportiva destacan Marca y As.

Al principio



Armada de España

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La Armada de España, denominada oficialmente Armada Española, es la rama marítima de las Fuerzas Armadas Españolas. La Armada española es una de las fuerzas navales en actividad más antiguas del mundo. Su comienzo data de los últimos años del siglo XV y primeros del siglo XVI, cuando los grandes reinos hispánicos de Castilla y Aragón se unieron como uno solo. Sus principales bases están en Rota, Ferrol, San Fernando y Cartagena.

La patrona de la Armada Española es la Virgen del Carmen, protectora y guardiana de las gentes de mar, a la cual se denomina Stella Maris (Estrella del mar). La Armada celebra su fiesta cada 16 de julio y el himno de la Armada es la Salve Marinera.

La armada española nace de la unión de las marinas del Reino de Castilla y de la Corona de Aragón.

La marina de la Corona de Aragón, constituida principalmente por naves catalanas, una marina de ámbito mediterráneo, prefería como buque de combate la galera y sus derivados, mientras que la marina de Castilla , atlántica, prefería buques mancos, esto es, sin remos, con solo propulsión eólica.

Esta unión se produce en tiempos de los Reyes Católicos, siendo la primera campaña de Italia del Gran Capitán, en la que participan las galeras de Sicilia junto a naves cantábricas, su primera operación de guerra.

En estos primeros tiempos, la marina de guerra española, al igual que en los demás países europeos (salvo Venecia), no existía en el sentido que la entendemos hoy, esto es, formada por barcos pertenecientes al Estado y especialmente hechos para la guerra. Debido a los corsarios y a las inseguridades de la navegación, todos los barcos llevaban cañones y armas. Cuando eran requeridos por el rey para la guerra, cambiaban las cargas comerciales por cargas militares, y sus armadores y tripulantes pasaban a ser pagados por la corona.

Además de los buques mercantes militarizados, también había particulares que armaban flotillas de combate, dedicándose al corso hasta que el rey solicitaba sus servicios.

El rey nombraba los mandos de las escuadras así formadas, en las que embarcaban sus tropas. El combate naval de la época difería poco del terrestre, ya que se buscaba el abordaje y el combate cuerpo a cuerpo, haciendo relativamente poco uso de la artillería.

Se perdió interés en las galeras (que luego se recuperó) en beneficio de naos, carracas y carabelas. A finales del reinado de los Reyes Católicos, sólo quedaban cuatro galeras en la guarda de la costa de Granada para apoyar a las demás naves en verano.

La historia de la Armada Española puede datarse en los últimos años del siglo XV y primeros del siglo XVI, cuando los dos reinos (Castilla y Aragón) se unieron de hecho aunque aún no de derecho. En aquel tiempo no existía una Armada centralizada y esta no se consiguió hasta la llegada de los Borbones. No obstante, sí existían flotas militares más o menos permanentes que, cuando era necesario, se reunían para cumplir determinada misión.

Los preliminares de esta incipiente Armada conjunta pueden estar en la primera y la segunda expediciones a Italia y las acciones de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán en 1494; pero quizá la primera gran acción conjunta de las dos armadas en una acción naval, fuera la batalla de Mazalquivir en 1505.

En esa batalla, que comenzó la campaña española por el norte de África, la organización y planificación fue obra de Fernando el Católico, rey de Aragón. Pero el principal impulsor e incluso financiador fue el Cardenal Cisneros, auténtico garante de las últimas voluntades de Isabel la Católica. Por distintos motivos, tanto Castilla como Aragón necesitaban controlar la margen sur de Mediterráneo haciendo nuevamente cierta la frase «eran una voluntad en dos cuerpos».

Estas campañas siempre se han presentado como la continuación de la Reconquista y, según Ramiro Freijoo, lo eran, pero con un carácter defensivo. No se pretendía conquistar todo el Magreb, sino asegurar las costas ibéricas e italianas de los continuos ataques berberiscos. Al mismo tiempo muestra que la Armada, al igual que cualquier otra de la época, no disponía de la tecnología suficiente como para defender el litoral de ataques; era un instrumento para conquistar las plazas corsarias y así defender los territorios.

Nuevamente la «Armada» tuvo un gran protagonista con Carlos V y su ataque a Túnez.

Carlos V dirigió en 1535 una carta para reunir una flota que, además de las 45 naos y 17 galeras del marqués del Basto, sumaría las 23 carabelas que Andrea Doria traería desde Génova. A este contingente añadió el Papa 9 galeras, la Orden de San Juan otras 6 y Portugal un galeón. A estas cien naves Carlos V trae toda la flota española desde Nápoles, Sicilia, Vizcaya y Málaga.

En esta ocasión, la armada reunida por el Emperador desembarcó a 25.000 hombres, entre 4.000 veteranos de las guerras en Italia, 9.000 recién reclutados, 7.600 alemanes y 5.000 italianos. Como en el caso de la Armada, las fuerzas eran españolas (la Corona de Castilla pagaba a todo el ejército).

Finalmente cayeron en manos españolas la imponente fortaleza de La Goleta y las ciudades de Túnez, Bizerta, Bujía y Bona.

En 1541 el Emperador pretendió acabar con el problema berberisco con la toma de Argel, su último bastión en el Mediterráneo occidental, pero esta vez la Armada Imperial se ve dispersada por las tempestades y tormentas, y las fuerzas ya desembarcadas tuvieron que replegarse rápidamente.

En aquel tiempo, el poder de las flotas hispanas descansaba en las galeras de remos, herederas de los navíos de la Antigüedad, y lo seguiría siendo durante casi todo ese siglo. Sin embargo, en la toma de Túnez ya aparecen signos de los nuevos tiempos. Las nuevas naos, más grandes que las utilizadas por Cristóbal Colón cuarenta años antes, ya iban equipadas con cañones y con dos castillos (el de proa y el alcázar a popa) y podían transportar 150 marineros y 500 soldados a cortas distancias. Pero sin duda la novedad fue el galeón, aun más grande y mucho más armado que la nao, que después sería la punta de lanza de la Armada.

Tanto la nao como el galeón eran barcos con el casco más redondeado y de tres palos (mesana, trinquete y mayor). La primera era una derivación de la carraca con mayor artillería y el segundo, una respuesta a las olas del Atlántico que las naos no podían superar con facilidad. Sus ventajas artilleras y de navegación no resultaban muy grandes en el Mediterráneo, pero sí en el nuevo escenario que pronto se vislumbraría como el más importante.

La importancia de estos dos tipos de navíos comenzó a verse cuando los primeros piratas franceses, apoyados y asesorados por piratas españoles renegados, descubrieron algunos de los importantes cargamentos de metales y especias llegados desde América, como se verá más adelante.

Las naos resultaron buenos buques de transporte, como prueba el hecho de que sólo la carga de especias que trajo la nao Victoria a los mandos de Juan Sebastián Elcano cubrió con creces los gastos de toda la expedición de Magallanes (cinco naves en total) . Por su parte, los galeones demostraron sus posibilidades de navegación en travesías como la realizada por Miguel López de Legazpi en la conquista de Filipinas y el regreso del galeón San Pedro a México, que rompió el dicho del Pacífico («Irás pero no volverás»).

Aunque el poderío de los navíos españoles era claro desde principios del siglo XVI, es en estos años cuando comenzó a cosechar sus más importantes logros, como la circunnavegación del mundo, la conquista de Filipinas y la protección inquebrantable de las flotas de Indias, pese a que el cine y la literatura americana e inglesa han hecho ver lo contrario.

En 1571 se produjo el éxito más conocido de la Armada Española en toda su historia la batalla de Lepanto. Se concentraron en el puerto de Mesina (Italia) 70 galeras españolas procedentes de la propia España, Italia y Flandes, 9 de Malta, 12 del Papado y 140 venecianas, formando la Liga Santa. La fuerza estaba dirigida por Juan de Austria, y entre los principales mandos se encontraban Álvaro de Bazán, Andrea Doria y Luis de Requesens.

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto en el golfo del mismo nombre contra 260 galeras turcas. Tras horas de batalla, en la que los veteranos españoles y venecianos asaltan las naves turcas y se lucha sobre ellas cuerpo a cuerpo, tan sólo 45 naves otomanas logran escapar.

Esta victoria frenó el poderío naval turco y el avance musulmán, principalmente en el Mediterráneo occidental. Aunque en la realidad, al Imperio Otomano no le costó mucho reponerse de la derrota en cuanto a los barcos se refiere.

Como consecuencia del Descubrimiento de América, empeoraron las relaciones entre España y Portugal. El Rey de Portugal consideraba que, en virtud del Tratado de Alcáçovas, las tierras recién descubiertas le pertenecían, y en la corte española se tenían informes de que se estaba aprestando una armada en Lisboa, por lo que los Reyes Católicos llegaron a temer ataques portugueses a la segunda expedición de Colón.

Para remediar esta situación, los reyes encargaron desde Barcelona al doctor Andrés Villalón, regidor mayor y miembro del Real Consejo de Sus Altezas que organizase una armada oceánica. Con permiso real, Villalón, en julio de 1493, encomiendó en Bermeo esta tarea al bilbaíno Juan de Arbolancha. La armada fue conocida como Armada de Vizcaya, por formarse en Bermeo con naves y tripulaciones vizcaínas (en el sentido amplio, esto es, vascongadas). A finales de junio Iñigo de Artieta, nombrado por los reyes Capitán General de esta armada, reúne las naves en Bermeo A finales de julio, la armada sale de Bermeo para Cádiz, a donde llegan a primeros de agosto.

Esta armada estaba formada por una carraca de 1000 toneles, mandada por Iñigo de Artieta,, 4 naos, de entre 405 y 100 toneles, mandadas por Martín Perez de Fagaza, Juan Pérez de Loyola, Antón Pérez de Layzola y Juan Martínez de Amezqueta, y una carabela para tareas de enlace y exploración mandada por Sancho López de Ugarte. Llevaba casi 900 hombres. La carraca llevaba 300 hombres, la mayoría de Lequeitio, la nao de Martín Perez de Fagaza, 200, la mayoría de Bilbao, Baracaldo y otros lugares de Vizcaya, las de Juan y Antón Pérez de Layzola, 125 por nao. casi todos guipuzcoanos, y la de Juan Martínez de Amezqueta 70. En la carabela iban 30 hombres. El coste de la armada fueron 5.854.900 maravedís. Las tripulaciones estaban formadas aproximadamente por un hombre de mar por cada dos hombres de guerra.

Aunque se consideraba que la misión de esta armada sería dar escolta a las naves de Colón desde su salida de Cádiz hasta que estuviesen bien adentradas en el océano, para protegerla de ataques portugueses preparadas para dirigirse hacia las tierras descubiertas , en agosto de 1493, al conocer los reyes que por Colón las naves portuguesas no iban a hacerse a la mar, es comisionada para trasladar al rey Boabdil y su corte de Adra hacia las costas africanas. A su regreso se le ordena preparar un viaje a Canarias, que no llega a realizar.

Después de la firma del Tratado de Tordesillas con Portugal, la armada deja de ser necesaria, por lo que el verano de 1494 se ordena su disolución. Paro la situación en Italia la vuelve a hacer necesaria, por lo que la disolución no llega a producirse, y la armada, aumentada con 7 carabelas, se dirige a Sicilia para unirse a las 20 naves que allí se encontraban.

En agosto de 1543 se promulgó una ordenanza según la cual se establecían dos flotas anuales. La primera era llamada de Nueva España y partía desde Sanlúcar de Barrameda hacia las Antillas Mayores, de allí a Veracruz en México para recoger su cargamento y llevarlo de vuelta a la Península. La segunda era denominada de Tierra Firme y su primer destino eran las Pequeñas Antillas, desde donde continuaba hacia Panamá entre julio y agosto.

Estas flotas estaban formadas por unos 30 ó 35 navíos de los que al menos dos eran galeones, uno para el comandante de la flota y su estado mayor (llamado «Capitana») y el otro para el almirante (por lo que recibía el nombre de «Almiranta»). Ambas naves contaban con cuatro cañones de hierro, ocho cañones de bronce y 24 piezas menores. El resto de las naves iban equipadas con dos cañones, decenas de arcabuces y varias armas blancas de distintos tipos.

Estos galeones resultaban insuficientes en muchas ocasiones para garantizar la seguridad del cargamento, por lo que se dotaba a ambas flotas de una escolta formada por ocho o diez galeones. Por esta razón se llamaba a la flota escoltada “convoy de los galeones”.

Los servicios de información y seguridad eran excelentes, según J B Black. Antes de partir hacia las Indias eran revisadas tres veces y esperaban órdenes alejados de la costa para evitar que subieran a bordo piratas, renegados o moriscos, que tenían prohibido emigrar a América. La comunicación entre la capitana y la almiranta se realizaba periódicamente por medio de buques rápidos. Al avistar tierra, las naves no podían fondear para descender a tierra salvo en casos de extrema necesidad y por un periodo de tiempo no superior a las 24 horas. Las penas por infringir estas órdenes eran contundentes, pudiendo llegar a la pena de muerte. Además, antes de su partida, se enviaba un navío rápido para informar a la Península de su llegada prevista y el cargamento que llevaban. Asimismo se recogía información del tiempo y de la posible presencia de fuerzas piratas. En caso de que la situación lo requiriera, las dos flotas podían viajar juntas o retrasar su salida o enviar el cargamento en tres o cuatro zabras, barcos de unas 200 tm, rápidos y bien armados que podían realizar el viaje en 25 ó 30 días en lugar de los mercantes habituales o, en casos extremos, renunciar a efectuar el viaje hasta el año siguiente.

Estas flotas solían llevar oro de México y/o Perú y plata de Potosí. Sin embargo, no eran los únicos productos de gran valor; sus bodegas también llevaban piedras preciosas, perlas obtenidas en las costas del Caribe venezolano y colombiano, algunas especias, como la vainilla, y plantas tintoreras muy codiciadas, como el palo de Brasil y el palo campeche. Estos tesoros hacían que cualquier barco separado del resto por una tormenta, por ejemplo, fuese una presa muy codiciada, y su apresamiento permitía alimentar la leyenda de grandes capturas por parte de los piratas, capturas que nunca fueron tales, salvo algunas excepciones.Puede calificarse así a la Flota de Indias como una de las operaciones navales más exitosas de la historia. De hecho en los 300 años de existencia de la Flota de Indias solo dos convoys fueron hundidos o apresados por los ingleses.

Durante el reinado de Felipe II, Francisco Pizarro demuestra que el Perú no era un mito y que sí era enormemente rico en metales preciosos. Este descubrimiento se uniría a los hallazgos en México y Bolivia (con las famosas minas de Potosí).

Pese a que durante muchos años los monarcas hispanos trataron de mantener en secreto lo descubierto en América, ya en 1521 piratas franceses a las órdenes de Jean Florin lograron capturar parte del famoso «Tesoro de Moctezuma», abriendo toda una nueva vía para asaltos y abordajes en busca de fabulosos botines. Ante las relativamente inmensas riquezas encontradas, pronto cundió el ejemplo entre los franceses y el acecho y asalto a los barcos españoles fueron aumentando.

Aunque las capturas fueron ínfimas para las muchas riquezas traídas de las Indias, la importancia de estos cargamentos era demasiada como para no protegerlos. Así, España comenzó a contar con dos tipos diferentes de flotas. Por un lado, la mediterránea, en la que proliferaban las galeras movidas por remeros (barcos obsoletos, pero que la victoria en batallas como la de Lepanto parecía desmentir). Por otro, las atlánticas, integradas por naos y galeones. Aunque las galeras se mantuvieron en vigor muchas décadas, fueron las flotas atlánticas quienes realmente tuvieron el favor de Felipe II y sus herederos; el propio Juan de Austria debía dejar anclados sus barcos por falta de presupuesto tras la exitosa victoria de Lepanto.

En aquel momento, la flota atlántica contaba con las mejores técnicas y los avances más recientes en navegación; sus planos, diseño y construcción de naos y galeones eran un secreto guardado celosamente. Tanto es así que no ha llegado a nuestros días, como demostró el hecho que de ninguna de las réplicas realizadas con motivo de los 500 años del descubrimiento de América lograse igualar los tiempos conseguidos por Colón . Por consiguiente, el transporte de las mercancías estaba asegurado si no mediaban tormentas que mandaran a pique muchos barcos. Los cargamentos eran llevados por dos flotas anuales que partían principalmente de Cartagena de Indias e iban escoltadas por una dotación de naos y especialmente de galeones.

A los piratas ingleses, como Francis Drake o John Hawkins, siempre se les ha presentado en Inglaterra como héroes nacionales y un auténtico calvario para las arcas de la corona española. Pero estudios más detallados sobre esta piratería indican que la potencia de la flota española era abrumadora sobre todas las demás. Un ejemplo está en la derrota que sufrieron aquellos dos piratas a manos de la flota de Nueva España en la batalla de San Juan de Ulúa en 1568, de la que los ingleses sólo pudieron salvar dos barcos.

La superioridad que una formación de galeones tenía sobre cualquier armada quedó patente con los primeros combates de la Grande y Felicísima Armada (más conocida como la Armada Invencible) en 1588 contra los barcos ingleses. En aquella ocasión no se trataba de una flota pirata, sino de todas las fuerzas inglesas luchando por la supervivencia de su propio país. Aun con todo eso no pudieron romper la formación de la Armada ni detenerla. Únicamente después de desordenar los barcos con brulotes y el apoyo de las naves neerlandesas, además de un clima desfavorable, consiguieron causarle daños a las naos y galeones españoles, pero sólo en cuatro naves (una galeaza, una nao y dos galeones), con 800 bajas (de un total de 130 navíos y casi 29.000 hombres). Esta no es una tesis revisionista ni significa que la Invencible no fracasara, pero sí que la acción de la escuadra inglesa no causó el desastre.

Felipe II envió dos armadas más contra Inglaterra, que también fracasaron a causa del tiempo. Pero esto no es algo único: Japón nunca fue invadido por los mongoles gracias al llamado «Viento Celestial» (Kamikaze, en japonés).

A finales del siglo XVI, las dos naciones estaban exhaustas. España había logrado victorias frente al duque de Essex y en las Azores frente a Raleigh, desbaratando el intento de conquista inglés del Istmo de Panamá en 1596, sonado fracaso que costó la vida a los dos mejores marinos ingleses de la época, sir Francis Drake y John Hawkins. Por su parte, los hombres del corsario George Cliford lograron apoderarse de San Juan de Puerto Rico en 1598, aunque tuvieron que retirarse a los pocos meses. Ante esta situación, con una suerte de la guerra muy tornadiza y con la muerte de Isabel I, España e Inglaterra se apresuraron a firmar el Tratado de Londres en agosto de 1604.

A pesar de la errónea noción de que España empezó a perder su supremacía naval mundial tras la derrota de la Armada Invencible de 1588 (difundida especialmente por libros de historia ingleses), es un hecho demostrado que el poder naval español no sólo no disminuyó entonces, sino que se amplió en el XVIII, lo cual permitió a España mantener la comunicación con sus colonias mediante sus Flotas de Indias (América) y el Galeón de Manila (Filipinas). En 1714, ya bajo la dinastía de los Borbones, se creó una Secretaría de la Armada que impulsó la reforma, modernización y expansión de la Armada en el siglo XVIII, necesaria para asegurar la comunicación con el ultramar, en constante amenaza por parte del poderío naval inglés.

La Marina inglesa sufrió en 1741 la derrota más grande de su historia durante el Sitio de Cartagena de Indias (ver Guerra de la oreja de Jenkins), cuando una enorme flota de 186 buques ingleses con 23.000 hombres a bordo atacaron el puerto español de Cartagena de Indias (hoy Colombia). Esta acción naval fue la más grande de la historia inglesa, y la segunda más grande de todos los tiempos después de la batalla de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota, los ingleses prohibieron la difusión de la noticia y la censura fue tan tajante que pocos libros de historia ingleses contienen este episodio de su historia.

Un error historiográfico muy común es el que dice que la superioridad naval británica impidió completamente el comercio americano, pero en realidad la flota de galeones que unía España con América se perdió solamente en cuatro ocasiones a lo largo de 300 años. En ese sentido, tampoco es conocido el episodio que tuvo lugar en 1780, durante el reinado de Carlos III, cuando el almirante Luis de Córdova apresó un gran convoy inglés en el Cabo de San Vicente, donde tuvieron lugar las batallas del Cabo de San Vicente.

Al divisar a la escuadra española (con algunas unidades francesas) al mando de Luis de Córdova, en vez de hacerle frente la escolta del convoy, ésta se dio a la fuga, y los mercantes, algunos de ellos armados con más de 30 cañones, apenas opusieron resistencia.

La derrota, en esta ocasión de Su Graciosa Majestad, fue doble, en el sentido de que no sólo se perdieron esos barcos, sino que todos pasaron a engrosar la Real Armada de su Católica Majestad, dando años de buenos servicios y llegando a portar hasta 40 cañones.

El deseo de las otras potencias por reducir el poder de España y quedarse con algunas de sus posesiones no podía quedar zanjado con el testamento real, por lo que la Guerra de Sucesión era casi inevitable. Esta guerra y las negligencias cometidas en ella llevaron a nuevas derrotas para las armas españolas, llegando incluso al propio territorio peninsular. Así se perdió Orán, Menorca y la más dolorosa y prolongada que fue Gibraltar, donde había únicamente 50 españoles defendiéndolo contra la flota anglo-holandesa.

Felipe V no estaba preparado para dirigir el reino más grande de aquel momento y él lo sabía; pero también supo rodearse de las personas más preparadas que trajeron un proyecto, y la Armada - es la primera vez que puede llamarse así - fue uno de los puntos donde más éxitos se lograron.

El primero de los reformadores fue José Patiño. Este italiano, uno de los mejores técnicos navales del siglo XVIII, comenzó por la reestructuración de las flotas y las pequeñas armadas en una institución única y común. Así mismo fundó nuevos astilleros, como Cádiz o el Ferrol, y creó arsenales de donde pudieran salir los cañones, munición, herrajes y demás enseres para poder armar todos los barcos que debían construirse. Patiño logró poner a flote 56 barcos y 2.500 nuevos cañones. La labor de Patiño ha sido siempre recordada por la Armada, hasta el punto de que, en el siglo XXI, uno de los buques de aprovisionamiento logístico fue bautizado con su nombre.

Durante el resto del siglo, la superioridad de la Armada Española sobre todas las demás, y especialmente en el Atlántico, fue manifiesta, como se demostró, entre otras ocasiones, en la llamada, por los ingleses, guerra de la oreja de Jenkins, donde destacó uno de los mayores almirantes que jamás haya tenido la armada española, el vasco Blas de Lezo y Olavarrieta.

El 21 de octubre de 1805, la flota franco-española forzada a la batalla por Napoléon, fue derrotada en la batalla de Trafalgar. Muchas de las tripulaciones españolas reclutadas por el comando napoleónico, eran soldados de tierra, mendigos recientemente agrupados y campesinos, algunos incluso nunca habían disparado un arma, en contraste con las tripulaciones británicas bien preparadas que habían vivido numerosas acciones navales. La pérdida de muchos marineros experimentados en una epidemia de fiebre amarilla en 1802-04 había condicionado a una acción apresurada reuniendo una fuerza tan disminuida. En contraste, las atrevidas tácticas de Nelson se aprovecharon de las dificultades, la falta de previsión y la falta de liderazgo de los franceses.

También cabe destacar que, en contra de la opinión generalizada por parte de la historiografía inglesa y también española, la batalla de Trafalgar no significó ni mucho menos la destrucción de la Real Armada Española, que tras 1805 siguió siendo de las marinas más poderosas de todo el globo, pese a haber perdido 19 grandes buques, entre navíos y fragatas.

En 1817 se elaboró un Plan Naval para la reconstrucción de la flota por parte del ministro Vázquez Figueroa, cuya intención era adquirir 20 navíos, 30 fragatas, 18 corbetas, 26 bergantines y 18 goletas. Se adquirieron 6 buques como partida inicial a Francia, pero el ministro fue posteriormente apartado por el rey Fernando VII, por lo que no se cumplió su plan y, desoyendo a los mandos de la Armada, se adquirieron buques rusos de segunda mano a la Marina del Zar, lo que fue un escándalo y seguramente una de las peores inversiones de la Armada. Los buques estaban podridos y en pésimas condiciones marineras, por lo que no tardaron en ser dados de baja.

Teniendo en cuenta asimismo las pérdidas en las guerras de independencia hispanoamericanas, la Armada se encontraba en estos años en una de las peores situaciones de su historia y, desde luego, en la peor de su historia hasta entonces. En 1824, en el primer esfuerzo por regenerar la Armada, se encargaron tímidamente tres fragatas de 50 cañones que se terminaron en 1826, resultando excelentes a lo largo de su vida operativa.

En septiembre de 1833, momento de la muerte de Fernando VII, la Armada sólo disponía de 3 navíos, 5 fragatas, 4 corbetas y 8 bergantines, con los arsenales en un estado penoso.

Vázquez Figueroa volvió a su cargo como ministro a la muerte del rey, pero tuvo que enfrentarse con la Primera Guerra Carlista. En aquellos años se empezaron a introducir los buques de vapor, lo que obligó inevitablemente, debido al atraso industrial español, a la compra de buques al extranjero.

El otro gran evento del siglo XIX para la Armada fue la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898. La Armada se encontraba afectada por la larga crisis económica y política que padecía España a fines del siglo XIX. Esta situación fue hábilmente utilizada por los líderes estadounidenses, que vieron en esto la oportunidad de presentar ante el mundo a su país como novísima potencia mundial económica y militar. El mando naval de Estados Unidos había estudiado previamente el difícil momento que pasaba España y su poca capacidad de respuesta, aún más acrecentada por la lejanía de sus bases.

El rápido ataque por parte de los estadounidenses cumplió estos planes estratégicos y logró en el campo de batalla una rápida efectividad a pesar de los grandes esfuerzos y el gran valor de las fuerzas navales españolas. Fue el encuentro de la antigua gran potencia, en ese momento en crisis, y la nueva potencia en auge, presentándose internacionalmente con una acción espectacular. Y en verdad significó el gran impulso para la nación estadounidense, pero para su antagonista, la acentuación de una crisis que no se resolvería sino hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando la Armada española consiguió reorganizarse, recuperar sus fuerzas y ubicarse nuevamente entre las armadas más importantes del mundo.

Varios acontecimientos a inicios del siglo XX, a pesar de muchos problemas políticos y sociales, acercaron a la Armada española hacia su reorganización, como cuando junto con la aviación de combate española, se llevó a cabo en 1923, el célebre desembarco de Alhucemas, durante la Guerra de Marruecos, el primer desembarco aeronaval de la historia.

Durante el franquismo, la Armada española tuvo su propio ministerio, el Ministerio de Marina. Tras la Guerra Civil Española, las Fuerzas Armadas Españolas estuvieron muy mal organizadas y aún menos preparadas para ninguna otra acción que no fuese reprimir insurrecciones locales (el llamado enemigo interior). Así, los militares ensalzaban las virtudes del caballo frente a los carros de combate y el valor frente al equipamiento. Esto fue así por propia política del gobierno autoritario. Unos ejércitos modernos, bien formados y entrenados, requerían el contacto con naciones libres y democráticas, lo que podía llegar a ser peligroso para el régimen. Durante años calaron hondo en las FF.AA. frases como la pronunciada por Franco que, ante el peligro de invasión, los españoles tenían el corazón y la cabeza para oponerse a los aviones, carros de combate, destructores y acorazados... en el fondo anhelaban el equipamiento de otras naciones.

Por otra parte, las posibilidades de poseer tecnología punta internamente eran muy escasas, y más aun en el exterior ya que sólo en contadas ocasiones España tenía acceso a armas y sistemas de armas relativamente modernos. .

Estas dos causas hacían que España contara con una Armada paupérrima, desde el punto de vista de los estándares europeos.

La situación fue mejorando paulatinamente desde mediados de los años 50, cuando la presión de otros países por mantener a España aislada fue disminuyendo. Así en 1954, en la cúpula de la dictadura franquista ya se sospechaba que las naciones occidentales y en especial Estados Unidos necesitaban de España en la Guerra Fría y les permitirían adquirir y construir armamentos modernos, además de darle facilidades financieras.

Hasta los años 50, los buques de los que disponía la Armada Española tenían una tecnología similar a la de las armadas de la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo sucedía con los aviones del Ejército del Aire Español.

El año 1953, en plena guerra fría, ante el peligro de un ataque soviético contra los Estados Unidos por el Mediterráneo, los gobiernos de España y EE.UU. firmaron unos acuerdos a partir de los cuales se instalan bases estadounidenses en España, bajo pabellón español y con algunas zonas exclusivas para cada nación, varias bases de utilización conjunta hispano-norteamericana, en las que los contactos entre militares españoles y norteamericanos fueron continuos. A raíz de esos acuerdos, se modernizaron hasta 30 buques de la Armada española. Además, desde 1954, los EE.UU. prestaron a la Armada española una serie de buques que, en su mayoría, debían recoger los marinos españoles en puertos norteamericanos. Al mismo tiempo, el Ejército del Aire empieza a recibir aviones modernos. Así, en la década de los 50 llegan los Grumman Albatros, los Sabre y los T-33, entre otros, En los años 60 llegó el turno de los Starfighter y los Caribou, y en los 70 de los Phantom y F-5, todos ellos aviones modernos en su época. La entrega de esos buques y aviones se hizo mayoritariamente en EE.UU., donde también se impartieron los cursos de adiestramiento para capacitar a los militares españoles en el empleo de esas nuevas armas, lo que implicó estancias en EE.UU. de meses, y en algunos casos, de más de un año.

Estos contactos, junto a la naturaleza misma de la actividad naval y aérea, que implica el contacto con el exterior, hizo que aviadores y marinos españoles adquiriesen un buen nivel tecnológico y se convenciesen de que las programaciones y planes a largo plazo, así como un desarrollo militar autónomo, eran una necesidad.

En 1964 nació el PLANGENAR, que estuvo vigente hasta mediados de los 80, tras su última revisión de 1976.

Pero 15 años después, la situación de la Armada era algo difícil. Los que en el año 1978 eran buques modernos, a principios de los 90 ya habían sobrepasado la mitad de su vida operativa. Ya no había destructores, los buques anfibios habían sido sustituidos por otros de procedencia extranjera, y la mayoría de los buques tenía más de 20 años. Para reemplazar las bajas, la Armada sólo había recibido el Príncipe de Asturias (R11), las fragatas Clase Santa María F-80, los submarinos y algunas pocas unidades más. Para hacer frente a estos problemas, la Armada diseñó un plan posibilista para ser dotada de los medios considerados necesarios hasta el primer tercio del siglo XXI. Este plan sustituía al obsoleto PLANGENAR de 1977 y se llamó Plan ALTAMAR.

Ya en 1977, al revisarse la segunda fase del programa naval, en el PLANGENAR, la Armada consideró la necesidad de nuevos escoltas para acompañar al Príncipe de Asturias, por lo que se decidió construir tres fragatas Clase Santa María F-80 y posteriormente una cuarta fragata.

Juntos, el Príncipe de Asturias (R11) y las fragatas clase Santa María formaron el Grupo Alfa a finales de los años 80.

Como continuación del PLANGENAR de la Armada de 1977, y para sustituir los viejos destructores, dragaminas y buques anfibios, se desarrolló el Plan ALTAMAR.().

Sin embargo, la realidad demostró que la situación económica española daba para mucho más de lo presupuestado inicialmente. Más aún, la situación política, que tuvo que enfrentarse al problema de dar carga de trabajo a los astilleros, así como los acontecimientos y acuerdos políticos y de otra índole hicieron que la ejecución del Plan, si bien es cierto que en algunos apartados fue recortada, casi llegara a duplicar lo planificado inicialmente, dando como resultado una Armada moderna y altamente tecnificada.

A comienzos del siglo XXI, el Almirante General de la Armada confirmaba que la Armada afrontaba una situación totalmente diferente a la del siglo anterior, puesto que en la actualidad predominaba en la misma la modernización y la nueva tecnología del material.

En 1999, un análisis de una página especializada determinó, según criterios propios, que la Armada Española podría ser la séptima más poderosa del mundo, siendo superada sólo por la Armada de los Estados Unidos, la Rusa, la Británica, la francesa, la japonesa y la italiana. Dado que no ha sido actualizado, dicho análisis podría haber variado, puesto que el tipo y número de unidades en activo por países ha cambiado, más aun por el gran crecimiento y mejora de la Armada China. No obstante, la Armada Española, también ha incrementado sus unidades y poder de fuego.

Con la entrada en servicio del nuevo buque de asalto anfibio Juan Carlos I (L-61) con un desplazamiento de 27.082 Tn botado el 10 de marzo del 2008, la adquisición de las nuevas fragatas F-100 y los submarinos S-80 (todos desarrollos de origen español), se potencia la capacidad de proyectar tropas y unidades de operaciones especiales a lugares alejados del área de influencia española. Tanto es así que los compromisos internacionales han hecho que en varias ocasiones, como es el caso del Ejercicio Steadfast Jaguar-06, sea la marina de guerra que más barcos y personal transporte ; pues, en caso de una operación real, los compromisos suscritos por España le obligan a poder llevar a cualquier parte del mundo y proteger un contingente de 1.800 infantes y sus respectivos equipos.

El transporte y la utilización de aviones se verá potenciada con la entrada en servicio en el 2009 del Buque de Proyección Estratégica Juan Carlos I, que desplaza 27.082 toneladas y tiene capacidad para albergar treinta aeronaves, el cual, junto con el portaaviones Príncipe de Asturias, serán los buques insignia de la Armada y puntales de la flota.

En la próxima década se deberá tomar la decisión de perfilar al relevo del Príncipe de Asturias. La decisión del tipo de buque a adquirir dependerá muy posiblemente del resultado del proyecto F-35B, avión que por sus características muy superiores es sustituto natural de los Harrier II de la Armada y que también podrán operar en el BPE. No obstante, fuentes oficiales afirman que la entrada o no en dicho proyecto no está en su agenda por el momento.

El futuro portaaviones español de todas maneras mejorará en prestaciones al Príncipe de Asturias. Algunos autores han realizado dibujos y diseños mostrando un portaaviones con pistas cruzadas de unas dimensiones parecidas al francés. Le han dado el nombre referencial de Carlos III R21, pero oficialmente no existen mayores informaciones.

La 31ª escuadrilla se halla actualmente en proceso de modernización. Las nuevas fragatas F-100 clase Álvaro de Bazán, uno de los principales proyectos de las FF.AA. de los últimos años, van entrando progresivamente en servicio. Actualmente hay 4 en servicio, la quinta se entregará en el 2012 y la sexta, que está en fase de estudio, se espera que sea aprobada en los próximos años. La 41ª escuadrilla de escoltas está compuesta por las 6 fragatas F-80 clase Santa María, que entraron en servicio entre 1986 y 1995 y que actualmente se encuentran a la mitad de su vida útil, destacando su gran capacidad antisubmarina.

Por lo tanto, cuando se entreguen las dos nuevas fragatas, la Armada Española contará en un corto periodo de tiempo con 12 fragatas (6 F-100 y 6 F-80) que cubrirán con creces las necesidades de esta durante la próxima década.

La flotilla de submarinos se encuentra en estos momentos sumergida en el ambicioso proyecto S-80, submarinos de fabricación nacional con sistema independiente del aire (AIP) y alta autonomía, que dificultará en gran medida su detección por unidades hostiles.

Fruto de la apuesta por el S-80, actualmente, y tras la retirada de las 4 unidades, S-60 clase Delfín, España cuenta ahora con los 4 submarinos S-70 clase Galerna que serán sustituidos por los 4 submarinos de la serie S-80 actualmente en construcción y cuya entrega a la Armada está prevista entre los años 2013 y 2016.

La Armada cuenta con el Petrolero de flota A-11 Marqués de Ensenada y el Buque de aprovisionamiento en combate A-14 Patiño. Además, está en construcción otro BAC el Cantabria (A-15) que se entregará en el 2009. Gracias a la modernidad de estos buques, la Marina de guerra española tendrá cubierta esta faceta operativa durante las dos próximas décadas. El único pero puede darse por la condición de monocasco de los dos primeros, pese a que las nuevas leyes referentes a buques petroleros no afectan a los navíos militares, sino tan sólo a los civiles.

La lucha contra las minas es probablemente uno de los puntos débiles de la Armada española al no haberse desarrollado completamente el Plan ALTAMAR en este campo. Los vetustos buques de medidas contra minas existentes con anterioridad han sido recientemente sustituídos por 6 nuevos Cazaminas M-30 con equipos de última generación, siendo, sin embargo, insuficientes para realizar la tarea encomendada.

La Armada cuenta con dos buques de asalto anfibio de la serie L-50: el L-51 Galicia y el L-52 Castilla. Además con el nuevo Buque de Proyección Estratégica previsto para su entrega el 2009, se retirarán los buques de desembarco de Clase Pizarro L-41 Pizarro y L-42 Hernán Cortés antes del 2011, y sus funciones pasarán a ser desempeñadas por el BPE. Con esto se habrá culminado la modernización de este sector de la flota.

Las unidades anfibias se completarán con las 12 nuevas lanchas de desembarco LCM-1E con capacidad para embarcar, transportar y desembarcar personal, material, vehículos o contenedores en operaciones anfibias, que se han ido adquiriendo en los últimos años.

Las diversas clases de Patrulleros irán causando baja progresivamente y se irán incorporando los BAM (Buques de Acción Marítima) con una previsión de hasta un total de 12 oceánicos, otro de inteligencia y un último hidrográfico, de manera que se reducirán y homogenizarán las unidades y se reducirá el personal necesario.

Así mismo se ha especificado a Navantia que dichos buques puedan ser modulables para desempeñar múltiples tareas, como puede ser el rescate en el mar, atención por síndrome de descompresión, patrulla y vigilancia, lucha contra la contaminación y otras menores. También se plantea sustituir al buque de mando contra minas, el M-11 Diana por otro BAM durante la próxima década.

Actualmente están en construcción cuatro BAM oceánicos, cuyas entregas a la Armada se efectuarán entre el 2009 y el 2010.

Por último, La Flotilla de Aeronaves de la Armada sustituirá los helicópteros Agusta-Bell AB 212, H-3 Sea King y OH-6 Cayuse por 28 nuevos NH-90 de fabricación conjunta europea. Estos 28 nuevos aparatos serán adaptados a diversos cometidos (transporte, evacuación, guerra antisubmarina, alerta temprana...). Además se unirán a los 12 SH-60B, que forman parte del sistema de combate de las fragatas F-80 y F-100, potenciando en gran medida las prestaciones de los helicópteros de la Armada.

En cuanto a aviones se refiere, todo está en el aire. Para sustituir a los AV-8 Harrier II sólo se baraja una opción, el F-35B, proyecto liderado por EE. UU. y del que en caso de tener éxito a finales de la próxima década, es más que probable que la Armada adquiera alrededor de una quincena de cazas dependiendo de la entidad de su nuevo portaaviones. Entre tanto, se espera disponer de nuevos aviones Harrier II Plus para mantener la operatividad del Príncipe de Asturias (R11) hasta el final de su vida útil.

Al principio



Partido Comunista de España

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Integrado en Izquierda Unida desde 1986.

El Partido Comunista de España (PCE) es un partido político español escindido del PSOE el 14 de noviembre de 1921 por la negativa del segundo a sumarse a la III Internacional convocada por Lenin.

Fue formado por la unión del Partido Comunista Español (que había sido fundado a su vez el 15 de abril de 1920 por la Federación de Juventudes Socialistas) y el Partido Comunista Obrero Español (PCOE), fundado a su vez por los delegados de izquierda del Congreso del Partido Socialista Obrero Español el 13 de abril de 1921.

Tras la constitución del Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español, surgidos de la disidencia tercerista del PSOE y ambos adheridos a la Internacional Comunista auspiciada por Lenin, existían en España dos secciones españolas del Komintern. Éste forzó la fusión de ambos, que se produjo en una Conferencia de Fusión celebrada del 7 al 14 de noviembre de 1921 en Madrid, de la cual, uniendo ambos partidos (Partido Comunista Español y PCOE), surgiría el nuevo Partido Comunista de España – Sección Española de la Internacional Comunista (PCE - SEIC), fusionándose también las Juventudes Comunistas de ambas organizaciones en la Federación de Juventudes Comunistas de España.

En su I Congreso, que se celebró en Madrid el 15 de marzo de 1922, el PCE planteó la necesidad de lograr la unidad de la clase obrera en torno a la vanguardia constituida por el Partido, con el objetivo de alcanzar el socialismo.

El II Congreso, celebrado el 8 de julio de 1923, eligió a Óscar Pérez Solís, que había sido cofundador del PCOE en 1921, como Secretario General del PCE. Ya en ese momento el PCE temía la involución y llamaba a la unidad de los trabajadores. El 13 de septiembre, el general Miguel Primo de Rivera, en connivencia con el rey Alfonso XIII daba un golpe de Estado y establecía la dictadura. Los locales del PCE son clausurados y las detenciones de militantes se suceden.

Con un PCE ilegal, el III Congreso se celebra en París en agosto de 1929. Tras la caída de la dictadura en enero de 1930 y la llegada de la dictablanda, el gobierno del general Berenguer restablece algunas libertades y legaliza algunos partidos políticos, entre los que no se encuentra el PCE.

El 23 de agosto de 1930 aparece el primer número semanal del órgano del PCE: Mundo Obrero, que en diciembre del año siguiente se transformó en diario.

Tras la proclamación de la II República, el PCE volvió a la luz en una situación muy precaria, después de estar prácticamente siempre en la clandestinidad o casi, pasaba a ser legal, pero contaba con menos de un millar militantes.

El 17 de marzo de 1932 se celebró el IV Congreso del PCE en Sevilla. La tarea central fue desterrar los métodos sectarios muy arraigados en la dirección y pasar a la construcción de un gran partido comunista de masas, como sucedía en la Unión Soviética. En esta labor jugaron un gran papel camaradas elegidos para el Comité Central como José Díaz, Dolores Ibárruri, Vicente Uribe, Antonio Mije, Manuel Delicado, Pedro Checa y otros.

El 3 de diciembre de 1933 Cayetano Bolívar Escribano fue elegido diputado por Málaga, siendo el primer diputado comunista de la historia, y saliendo de la cárcel para ocupar su escaño. Posteriormente, en la llamada Revolución de 1934 contra la política del gobierno radical-cedista, el PCE desempeñó un papel menor que el del PSOE (cuya base es la protagonista de la misma junto a las Juventudes Socialistas y UGT) y la CNT, que no participa en ella excepto en Asturias. Sin embargo tuvo que volver a la clandestinidad. En ese momento el PCE se adhiere a la política de crear un Frente Popular que agrupe a todas las fuerzas de izquierda. Ésta política era una proposición teórica de la Internacional Comunista. Tras la victoria electoral del Frente Popular el 16 de febrero de 1936, el prestigio del Partido Comunista creció rápidamente: en cinco meses pasa de 30.000 a 100.000 afiliados.

La expansión del PCE tuvo en los momentos previos a la Guerra Civil y en los inmediatamente posteriores dos grandes hitos: El primero fue la unificación de la Juventud Socialista y la Juventud Comunista el 1 de abril de 1936 que dio lugar a la formación de la Juventud Socialista Unificada (JSU), que eligió como Secretario General a Santiago Carrillo, quien años más tarde se convertiría en secretario general del PCE. El segundo fue la constitución del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) el 23 de julio de 1936 tras un proceso previo a la guerra, pero que se aceleró al inicarse ésta, y que fue la fusión de cuatro partidos: el Partido Comunista de Cataluña, la sección catalana del PSOE, la Unión Socialista y el Partido Proletario.

Al igual que sucede con todos los grupos políticos que se vieron envueltos en ella, la actuación del PCE durante la Guerra Civil es muy controvertida. Al participar junto a las demás fuerzas republicanas en la represión que siguió al levantamiento militar franquista, militantes comunistas torturaron y asesinaron a miembros de la derecha encarcelados en la zona republicana. Sin embargo, y debido a la férrea disciplina que imponía el partido, las actuaciones de incontrolados eran menos frecuentes que entre otras organizaciones menos disciplinadas.

También en los conflictos que se produjeron dentro del propio bando republicano mantuvo luchas con anarquistas, socialistas y otros comunistas alejados de la ortodoxia dictada por Moscú o trotskistas. Gran parte de su fuerza se debió a que era el representante del gobierno soviético, el único, junto al de México que no abandonó a su suerte al legítimo gobierno republicano. Basó su apoyo en los sectores del aparato del Estado y del Ejército contrarios a las medidas revolucionarias, a las colectivizaciones y ciertas formas de milicias populares. El debate que se produjo entre (fundamentalmente) el PCE por una parte y los grupos anarquistas y trotskistas por otro se centraba sobre si se debía hacer la revolución a la vez que la guerra, o si se debía ganar la guerra primero y dejar las medidas revolucionarias para después. La postura del PCE le enfrentó abiertamente con el POUM y la CNT-FAI. Fue artífice de la militarización de las milicias en el ejército republicano, hecho que enfrió y deshumanizó al proceso revolucionario que estaba produciéndose a la par que la guerra. Los miembros del PCE, en cambio, opinaban que el proceso revolucionario producía desconfianza en los sectores de la izquierda republicana no revolucionarios. Para el PCE, el dilema entre guerra y revolución era una falacia, y apoyó inequívocamente la legalidad republicana.

Durante la guerra civil, el partido alcanza los 300.000 militantes, y la JSU que dirige Santiago Carrillo, controlada también por los comunistas, el medio millón de afiliados. Sin embargo, aunque no se puede negar la fuerza que ambas organizaciones alcanzaron, es necesario tener en cuenta que en esa época, era conveniente para muchas ocasiones poseer un carné de alguna organización, y en ese sentido, la pertenencia al PCE abría muchas puertas. Tampoco era inusual que la gente se afiliara a más de una organización.

Fue esencial en la formación de las Brigadas Internacionales, de fuerte influencia soviética, y en las relaciones con la Unión Soviética, principal proveedor de armas, intendencia e instructores militares para la República.

El PCE se alineó con la legalidad republicana. Animó a los sectores mas reformistas de la CNTa que participara en el gobierno y no le importó colaborar con partidos opuestos a su ideología, como el PNV, de fuerte componente cristiano o los partidos republicanos burgueses. Para mantener esta colaboración, el PCE trató de conseguir que se respetaran los intereses de la pequeña y media burguesía, rural y urbana.

Tras la victoria de Franco, los demócratas en general y los comunistas en particular pasan a vivir momentos duros. El régimen de Franco, ferozmente antidemocrático, pero imbuido de una verborrea anticomunista, demonizó al PCE, encarcelando, torturando y asesinando a sus miembros, sometiendo a algunos de ellos a juicios sumarísimos que carecían de cualquier garantía mínima para que los encausados pudieran ser juzgados con equidad. El gobierno franquista aplicó la ley retroactivamente, calificando de insurgentes a los que se mantuvieron fieles a la legalidad constitucional. En esas durísimas condiciones, el PCE se tuvo que reorganizar en la clandestinidad (País Vasco, Galicia, Andalucía, Extremadura, Valencia, Navarra y Cataluña mantuvieron organización), en el exilio (México, Cuba, Chile, Uruguay, Francia y África del norte, además de la Unión Soviética) y en las cárceles (en las que había dirigentes como Girón o Ascanio).

Al poco tiempo de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el Secretario General José Díaz muere en Tiflis, y es sustituido por Dolores Ibárruri, "Pasionaria". El partido se iba reorganizando poco a poco y en 1943, Mundo Obrero, "Verdad", "Unidad", "El Obrero" y "Nuestra bandera" se publicaban en diversas zonas de España. De hecho, durante mucho tiempo, el PCE fue la principal, cuando no la única, fuerza organizada contra la dictadura de Franco. Entre 1944 y 1948 impulsa la lucha guerrillera, el llamado maquis, en la que el PCE sobrevaloró sus fuerzas o minusvaloró las del gobierno franquista, y que terminó con la muerte de muchos militantes comunistas y una dura represión sobre la población civil de las zonas en las que actuaba esta guerrilla, que hizo perder apoyos en una población rural que pasaba además graves dificultades económicas y muy manipulada por una iglesia alineada inequívocamente en ese período junto a los gobernantes. Por todo ello, el partido decidió abandonar la vía guerrillera en 1948, aunque algunos focos se mantuvieran hasta 1952.

En 1947 se producen en el metal de Madrid y en las empresas textiles de Cataluña los primeros movimientos reivindicativos, durísimamente reprimidos por el franquismo. A partir de ese momento la situación vuelve a empeorar para los comunistas, pues a la represión anterior se une la guerra fría, durante la cual el gobierno dictatorial pasa a ser un importante auxilio en la política de los Estados Unidos frente a la Unión Soviética, que es quien marca la línea del PCE. Siguiendo la táctica leninista, el partido opta por combinar la lucha clandestina con el aprovechamiento de los resquicios legales que el sistema permite: los comunistas participan en los sindicatos verticales y en todas las organizaciones de masas que existen (hermandades de acción católica, gremios...). En las elecciones de enlaces sindicales de 1950 ya son elegidos numerosos obreros comunistas y otros concienciados. Este movimiento dará origen a las Comisiones Obreras. Mientras tanto Radio España Independiente, desde los Pirineos, emite para España la visión del PCE.

Pero el régimen franquista había recibido un importantísimo espaldarazo en 1955: apoyado y avalado por los Estados Unidos entra a formar parte de la ONU. La lucha clandestina debe continuar, pues el régimen se siente fortalecido y acentúa la represión. En 1957 el PCE participa en los boicots que se producen en Madrid y Barcelona, así como en las luchas obreras que se producen en Sevilla, Alcoy, Valladolid y muy especialmente en las de los mineros de Asturias de marzo de 1958.

En enero de 1960 se reunió el VI Congreso del PCE, en plena crisis económica. El salario real de los trabajadores había caído en más e un 40% debido a la suspensión de las horas extra, primas y pluses. Los despidos eran cada vez más frecuentes y el paro avanzaba. Pero estas dificultades alcanzaban no sólo a los obreros, sino también a la pequeña burguesía, y a los comerciantes, afectados también por la caída en el poder adquisitivo de la mayor parte de la población. Santiago Carrillo fue elegido Secretario General, y Dolores Ibárruri presidenta. La sustitución de Stalin por Jruschov al frente del PCUS y de la Unión Soviética había hecho cambiar la política de todos los partidos comunistas. Pero además, el PCE, siguiendo la estela del Partido Comunista Italiano va buscando una vía autónoma y ebozando lo que se denominará eurocomunismo. Sin embargo, en este camino, la actitud a veces excesivamente personalista del nuevo secretario general irá apartando a cuantos discrepan de la línea de la dirección: en 1964 Fernando Claudín y Jorge Semprún son expulsados de modo sumarísimo del Partido. Ese mismo año se produce la escisión de un sector en contra de la política de reconciliación nacional y el eurocomunismo, que pasa a constituir el Partido Comunista de España (marxista-leninista) y tras la condena de la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968 se escindirán el Partido Comunista de España (VIII-IX Congresos) y el Partido Comunista Obrero Español.

El VII Congreso (1965) y el VIII (1972) trazan definitivamente la línea que seguirá el PCE, política que se concreta en la constitución en París con otros partidos y personalidades independientes de la Junta Democrática de España el 30 de julio de 1974, organismo clave en la transición española y más adelante en Coordinación Democrática (la llamada "platajunta"), unión entre la Junta y la Plataforma de Convergencia auspiciada por el PSOE.

Durante la Transición española el PCE vuelve a la legalidad (9 de Abril de 1977), presentándose a las elecciones con Carrillo como candidato. En realidad, se había producido un profundo problema en el seno del PCE. Los militantes del interior se veían como los custodios del Partido hasta que los "históricos" exiliados pudieran retornar. Cuando así ocurrió, la militancia del interior -muy próxima a la realidad española y representante de las posturas rupturistas con la dictadura- puso efectivamente en las manos de los exiliados retornados -tremendamente apartados de la realidad española por su larga ausencia- la dirección de la organización. Esta dirección, ya totalmente eurocomunista, modera su discurso y renuncia a reivindicaciones históricas (como la República) aceptando la monarquía parlamentaria, la democracia burguesa y el capitalismo. A inicios de los años 80 el partido dejó de considerarse marxista-leninista, para pasar a definirse únicamente como marxista revolucionario.

Esta evolución provocó muchas convulsiones y pudo ayudar a que, pese a ser el partido obrero más numeroso (con más de 250.000 militantes en 1977 y 205.000 en 1979), controlar la central sindical mayoritaria (Comisiones Obreras) y tener gran presencia en la calle, sólo obtuviera en torno a un 10% de los votos en las elecciones de 1977 y 1979. Otra de las consecuencias es que los sectores pro-soviéticos opuestos a la línea eurocomunista del PCE (unos 10.000 militantes) se escinden del Partido y terminarían por formar el Partido Comunista de los Pueblos de España, y posteriormente se escindirían de la Unión de Juventudes Comunistas de España los Colectivos de Jóvenes Comunistas, que pasarían a ser la organización juvenil del PCPE.

En 1982 quedó aún más rezagado al concentrarse el voto de la izquierda en el PSOE, que gana con mayoría absoluta. Santiago Carrillo dimitió como secretario general, siendo sustituido por Gerardo Iglesias. En 1983 el PCE recupera parte del voto perdido en las elecciones municipales y celebra su X Congreso, que confirma a Iglesias en el cargo. Para ese año apenas conservaba a 85.000 militantes. En 1985 expulsa a los carrillistas de los órganos de dirección y éstos se escinden para fundar el PTE-UC. Ese año la afiliación había bajado a 67.000.

En 1986 el PCE participó con otras fuerzas políticas en la fundación de Izquierda Unida (IU), constituida primero como coalición electoral y posteriormente como movimiento político y social. En el XIII Congreso del PCE se decidió transferir su soberanía a los órganos de IU. Actualmente, el PCE es el único partido de ámbito estatal que forma parte de la coalición Izquierda Unida.

En 1987 Julio Anguita González pasó a ser el Secretario General del PCE y Coordinador General de Izquierda Unida. Bajo su dirección, tanto el PCE como IU recuperarán buena parte de la ilusión interna, preceptos ideológicos como el republicanismo y el anticapitalismo, y lograrán obtener los mejores resultados de la democracia. Un trastorno cardiovascular aparta a Anguita de la política de primera línea. Fuertes problemas internos y presiones externas debilitan de nuevo al PCE. En 1998 pasa a ocupar la Secretaría General Francisco Frutos, quien continúa en la misma. Actualmente la dirección encabezada por Frutos se encuentra enfrentada a la dirección de IU, encabezada por Gaspar Llamazares, miembro también del PCE.

En junio de 2005 se celebró el XVII Congreso del Partido, que cuenta en la actualidad con 27.000 militantes. En este congreso fueron elegidos como secretario general Francisco Frutos y como presidente Felipe Alcaraz, quien reunirá varias responsabilidades hasta ahora pertenecientes al secretario general. Su Presidenta de Honor a Perpetuidad es Dolores Ibárruri, La Pasionaria.

Actualmente, los comunistas habían presentado a la secretaria general del PCPV, Marga Sanz, como aspirante a ser la candidata a la presidencia de gobierno, por la coalición de izquierdas IU, de la que ellos forman parte desde su fundación en los años ochenta. Los resultados de las primarias ofrecieron un 37,48% de apoyo a la candidata de la lista alternativa, frente al 62,52% del otro miembro del PCE Gaspar Llamazares. A ella estaban convocados por correo postal 57.545 afiliados, de los cuales 21.909 (un 38 por ciento) han ejercido su derecho a voto. A esta cifra hay que añadir 4.300 votos devueltos por Correos y otros 85 votos nulos.

El Partido comunista afronta el 2008 con un panorama tan incierto como clarificador, aparte de las elecciones al parlamento del Estado y del parlamento andaluz, habrá Asamblea Federal de IU y Nacional d'Esquerra Unida i Alternativa.

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