Elie Wiesel

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Publicado por t800 27/02/2009 @ 08:40

Tags : elie wiesel, autores, literatura, cultura

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Rumania

Bandera de Rumania

Rumania o Rumanía (en rumano: România /ro.mɨ'ni.a/) es un país situado en el sureste de Centroeuropa, miembro de la OTAN desde el 29 de marzo de 2004 y de la Unión Europea desde el 1 de enero de 2007.

Es el séptimo país de la Unión Europea según la población y el noveno según la superficie. Limita con Ucrania y Moldavia en el noreste, Hungría y Serbia en el oeste y Bulgaria al sur. Rumania también tiene una pequeña franja de costa en el Mar Negro.

Bucarest (en rumano: Bucureşti /bu.ku'reʃtʲ/), es una de las mayores atracciones turísticas, además de ser la capital y la ciudad más grande de Rumania. La ciudad medieval de Sibiu fue designada como capital cultural de Europa en el 2007, junto con Luxemburgo.

El término Romania, tierra de romanos, puede aplicarse al conjunto de territorios en los cuales se habla alguna de las lenguas románicas. No obstante, acabó por designar a la parte oriental del Imperio Romano, concretamente a las tierras conquistadas y posteriormente colonizadas de la antigua Dacia.

El hecho de que los rumanos usan para sí mismos un nombre derivado del latín romanus (romano en español) está documentado desde el siglo XVI, incluso por humanistas italianos que viajaron a Transilvania, Moldavia y Valaquia.

El documento más antiguo en lengua rumana del que se tenga noticia es del año 1521, una carta escrita por Neacşu de Câmpulung para notificar al alcalde de Braşov sobre el ataque inminente de los otomanos. En este documento, Valaquia (en realidad "Valaquia" es un exónimo) es llamada Ţara Rumânească (literalmente El País Rumano, ya que rumân significaba rumano, y era un derivado de Râm, significando Roma). En los siguientes siglos se usaron las dos formas —român y rumân— como gentilicio del país, pero rumân llegó a significar siervo, y, desde la abolición de la servitud en 1746, la forma rumân desapareció gradualmente. El nombre România con el significado de Patria de todos los rumanos apareció al principio del siglo XIX.

Rumania y Moldavia son los únicos países de Europa del Este cuya lengua oficial es de origen románico, y una gran mayoría de los rumanos se sienten orgullosos de su origen latino. La figura del gran emperador romano Trajano (quien conquistó parte de la Dacia) es invocada en el himno nacional del país, compuesto durante la Revolución de 1848.

En 2002, los más antiguos restos humanos (Homo sapiens sapiens) de Europa fueron encontrados en la "Cueva con huesos" (Peştera cu Oase), cerca de Anina, en la actual Rumania. Los restos (una mandibula) datan de aproximadamente 42.000 años y recibieron el apodo de "Juan de Anina" (Ion din Anina). Como los restos europeos más antiguos de Homo sapiens, podrían representar a los primeros hombres que entraron en el continente. Los restos son interesantes especialmente porque presentan una mezcla de rasgos arcaicos, de hombre moderno temprano, y de neanderthal, indicando una posible mixtura entre el Neanderthal y el hombre moderno.

Desde el Paleolítico, el actual territorio de Rumania fue escenario del desarrollo de varias comunidades culturales. Las pruebas escritas más viejas de la presencia de un pueblo en territorios de la actual Rumania vienen de Heródoto, en 513 a.C. Antes de la conquista romana, la región estaba poblada por tribus de origen dacio, indoeuropeo, que dieron al país su nombre prerromano, Dacia. Su líder más célebre fue Decébalo, aunque el primer líder que unió a las tribus dacias fue Burebista. Una parte de Dacia fue conquistada por Trajano y su ejército en el año 107. Es posible que una parte importante de la población autóctona fuese masacrada durante la campaña de conquista o, tal vez, asimilada o dispersada, lo que dio lugar a su sustitución con colonos romanos. A pesar de todo, permaneció una población significativa de "dacios libres" en los territorios no conquistados por los romanos. Las Guerras Dacias son inmortalizadas en la Columna de Trajano, del Foro de Trajano en Roma.

El avance de los germanos desde finales del siglo III hizo que, finalmente, el emperador Aureliano decidiese abandonar la región a godos y carpos. Los godos vivieron con la población autóctona hasta el siglo IV, hasta que los hunos, otro pueblo nómada, llegó ahí. Desde el siglo VI la población autóctona tuvo que enfrentarse a las oleadas de pueblos migratorios eslavos. Los gépidos y ávaros gobernaron Transilvania hasta el siglo VIII, y después los búlgaros incluyeron parte de la Rumania actual en su imperio hasta 1018. Los húngaros conquistaron Transilvania entre los siglos XI y XIII, y fue incluida en su Reino hasta el siglo XVI. Durante los siglos XII y XIII, colonizaron ahí alemanes de Sajonia. En el siglo XVI, después de la derrota húngara frente a los turcos otomanos en la batalla de Mohács (1526), se formó el principado autónomo Transilvania, vasallo del Imperio Otomano hasta el siglo XVIII (1711). Los pechenegos y los cumanos son también mencionados en territorio rumano, hasta la fundación de los principados Valaquia por Basarab I, a principio del siglo XIV, y Moldavia por Dragoş, quien era originario de Maramureş (Transilvania), a mitad del siglo XIV. La Moldavia histórica comprendía el territorio de la actual región de Rumania, junto con Basarabia y el norte de Bucovina. Se crearon varias teorías para explicar el origen de los rumanos. Los análisis lingüísticos y geohistóricos tienden a indicar que los rumanos se formaron como un grupo étnico grande, tanto al norte, como al sur del Danubio.

La influencia cultural del Imperio Bizantino es observable especialmente en las iglesias rumanas. A pesar de que no hubo una dominación política constante del Imperio en tierras de la actual Rumania, por lo menos la actual provincia rumana Dobruja fue "thema" bizantina.

Transilvania fue una de las provincias de la Dacia conquistadas por los romanos, además de ser la sede de la capital de los dacios, Sarmizegetusa. Entonces, los rumanos no consiguieron unirse bajo un mismo líder, y la región fue conquistada por los húngaros comenzando con el siglo XI, con la victoria de Esteban I de Hungría frente a Gyula, dueño del norte de Transilvania. Su historia presenta varias diferencias frente a Valaquia y a Moldavia, quedando bajo la influencia del Imperio Otomano, y después de Austria (empezando con 1688), hasta la unificación rumana de 1918. El único señor que consiguió la unión de Transilvania, Valaquia y Moldavia hasta 1918, fue Mihai Viteazul, inciálmente dueño de Valaquia, quien en 1600 consiguió la unión, mediante victorias militares y pactos diplomáticos. Sin embargo, la unión solo duró un año, al ser Mihai traicionado y asesinado en 1601. De todas maneras, la frontera entre Valaquia y Transilvania o entre Moldavia y Transilvania no fue exacta a través de los siglos: por ejemplo, partes de la región de Braşov (hoy en la región rumana Transilvania) fueron parte de Valaquia en varios períodos. Uno de los elementos del mantenimiento de la conciencia de unidad de los rumanos en Transilvania fue el cristianismo ortodoxo. Era necesario ser católico o protestante para avanzar socialmente. En general, las numerosas medidas de discriminación en contra de los rumanos en Transilvania, tuvieron como resultado el fortalecimiento de su conciencia étnica. En el siglo XVIII, los intelectuales rumanos de Transilvania resaltaron el origen romano de los rumanos, igual que algunos intelectuales de Valaquia y Moldavia.

Valaquia y Moldavia tuvieron que enfrentarse al Imperio Otomano (y a otros enemigos) a través de los siglos, en repetidas ocasiones teniendo que pagar tributos para mantener su independencia. A pesar de las continuas guerras, también se alcanzaron logros culturales, como durante el reinado de Mircea cel Bătrân, Matei Basarab, Constantin Brâncoveanu o Dimitrie Cantemir. Destacados luchadores antiotomanos fueron Mircea cel Bătrân, invocado en el poema de Eminescu "La tercera epístola", Vlad Ţepeş, Ştefan cel Mare y algunos incluyen aquí a Iancu de Hunedoara, gobernador de Transilvania y padre del rey de Hungría Matías Corvino, al ser hijo de un boyardo de Valaquia, lo que explica su invocación en el himno de Rumanía. Cuando los dos principados llegaron a ser gradualmente vasallos del Imperio Otomano, mantuvieron su autonomía interna y el derecho a una política externa propia, al ser el Imperio solo interesado en los importantes tributos financieros y en los reclutas que podía obtener de ahí.

En el siglo XVIII los dos principados perdieron su derecho a una política externa propia, hasta la definitiva independencia del país en 1878. Los rumanos (incluidos los de Transilvania) también participaron en la Revolución de 1848, animados por los ideales del nacionalismo romántico. Alexandru Ioan Cuza (1859-1866) fue el primer gobernante de los "Principados Unidos de Valaquia y Moldavia", iniciador de reformas con modelo francés. Sin embargo, Cuza fue obligado a abdicar por los sectores más reaccionarios, y se optó por traer a un príncipe extranjero para regir los Principados Unidos. Ese príncipe fue Carol (1866-1914), de Hohenzollern-Sigmaringen, que llegó a ser el primer rey de Rumanía, en 1881, cuando los poderes europeos reconocieron la independencia de Rumanía, a través del Tratado de Berlin (después de la participación de los rumanos en la guerra ruso-turca). Fue el período de los comienzos de la industrialización del país, bajo los principios del capitalismo.

Rumanía se declaró neutral en 1914, al principio de la primera guerra mundial, bajo el nuevo rey Ferdinand, nieto de Carol, pero aceptó entrar en la guerra formando parte de la Triple Entente en 1916, con la esperanza de reagrupar a todas las provincias con mayoría de población rumana. En 1775, la Monarquía de Habsburgo había anexado la parte nórdica de Moldavia, Bucovina, y el Imperio Otomano su parte de sur, Bugeac. En 1812 el Imperio Ruso anexó su parte de este, Basarabia, parcialmente devuelta después de la Guerra de Crimea, con el Tratado de París. Hacia el final del siglo XIX, la Monarquía de Habsburgo incorporó Transilvania en lo que más tarde se llamó el Imperio Austríaco. Con el Tratado de Berlin de 1878, la independencia de Rumania fue reconocida por los Poderes Europeos. En cambio por ceder a Rusia los tres distritos del sur de Basarabia que habían sido recuperados después de la Guerra de Crimea de en 1852, el nuevo Reino de Rumania recibió Dobruja. Hacia el fin de la primera guerra mundial, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Ruso habían colapsado, dejando a Basarabia, Bucovina y Transilvania, unirse libremente con Rumanía en 1918.

El éxito de la Triple Entente tuvo como consecuencia la creación de la llamada "România Mare" ("Rumanía Grande"), si bien la frontera con Hungría quedó establecida más al este que lo convenido entre Rumanía y la Triple Entente en 1916. Sin embargo, la "Rumanía Grande" sólo duró veinte años (1920-1940). Ferdinand I fue llamado "Întregitorul" ("El Integrador") y el período de entre guerras fue una época de florecimiento económico y cultural para Rumanía, interrumpido por la segunda guerra mundial y por la entrada en la órbita soviética.

En la década de 1930, durante el reinado de Carol II, surgió un fuerte movimiento fascista, la "Guardia de Hierro". En 1940 la Unión Soviética obligó a Rumanía a cederle Besarabia y el norte de Bucovina, mientras que la Alemania nazi concedió el norte de Transilvania a Hungría y el sur de Dobruja a Bulgaria. Los eventos de 1940 fueron contestados entonces por la entera sociedad rumana, con la excepción del pequeño grupo comunista que había en el país, quien apoyaba la política exterior de la Unión Soviética. El 5 de septiembre de 1940 el mariscal Ion Antonescu dio un golpe de Estado y se hizo con la jefatura del gobierno. Su propósito principal era la recuperación de los territorios perdidos en 1940. Ion Antonescu consiguió acabar con la Guardia de Hierro, en 1941. Durante la Segunda Guerra Mundial el país se alió con el Eje y se tomaron medidas antisemitas. Al principio se obtuvieron triunfos militares, en el Frente Oriental, en colaboración con los alemanes. Pero a partir de 1943 la situación empeoró y las tropas soviéticas entraron y derrocaron a Antonescu en 1944. Tras el golpe de estado, Miguel I ocupó el trono rumano, pero Rumania entraría en la esfera de influencia de la Unión Soviética, y Miguel será obligado a abdicar en 1947. Después de la segunda guerra mundial, Rumanía recuperó solamente el norte de Transilvania.

En ese mismo año, fue proclamada la República Popular de Rumanía y Constantin Ion Parhon asumió el poder. En 1952, fue sucedido por Petru Groza, quién gobernó hasta 1958, cuando le sucedió Gheorghe Gheorghiu-Dej. Durante su gobierno, se inició un período de cierta independencia con respecto a la Unión Soviética y resurgió cierto sentimiento nacionalista rumano, pero atentamente vigilado por el Partido Comunista Rumano. Tras el gobierno de Chivu Stoica, en 1967 asumió la presidencia del consejo de ministros Nicolae Ceauşescu. Su dictadura personalista y autárquica, le granjeó al principio la amistad de gobiernos occidentales por promover la disolución del Pacto de Varsovia y criticar las invasiones soviéticas de Checoslovaquia y Afganistán en 1968 y 1979, respectivamente. Además, el nivel de vida en el país era aceptable, y todo el mundo tenía empleo. Sin embargo, Ceauşescu llegó a aislarse de Occidente y a copiar de Corea del norte el culto a la personalidad. Cabe señalar que la época del comunismo en Rumanía fue también una época de la persecución de los representantes de la Iglesia Ortodoxa Rumana (y de las demás confesiones), y cualquier manifestación piadosa era castigada.

En la década de 1980 Ceauşescu inició una política que tenía como objetivo acabar con la deuda externa. El método fue la denominada "racionalización" (una reducción drástica) de artículos de primera necesidad como carne, leche, huevos, agua corriente y luz eléctrica. Las primeras manifestaciones anticomunistas tuvieron lugar en Braşov, en 1987, siendo reprimidas duramente. Como respuesta a la insostenible situación del país, estalló la Revolución Rumana de 1989 en Timişoara y, más tarde, en Bucarest y en todas las ciudades importantes, en diciembre de 1989. Nicolae Ceauşescu había perdido el apoyo del ejército y fue detenido, juzgado y ejecutado junto a su esposa y consejera Elena Ceauşescu, el día de Navidad. Algunos sectores ortodoxos criticaron después la ejecución en día de Navidad.

Tras estos hechos se constituyó un Frente de Salvación Nacional, en el cual entraron también algunos representantes del antiguo Partido Comunista Rumano y de su policía política, presidido por Ion Iliescu (él mismo antiguo miembro importante del Partido Comunista), quien ganó popularidad en el medio rural por su supuesta imagen de líder de la Revolución. La popularidad del Frente de Salvación Nacional era mucho menor en el medio urbano, y destacan las manifestaciones en contra de Iliescu y de "FSN" en Bucarest. Sin embargo, todos los votos son considerados iguales.

Fue el inicio de un período duro de transición (con alto riesgo de fraudes económicos, que a su vez generan corrupción e inflación), desde una economía completamente dirigida por el Estado, a una economía de libre mercado. Las calamidades naturales que afectaron a Rumanía después de 1989 tampoco ayudaron a la economía. La mala situación económica del país hizo emigrar a muchos jóvenes rumanos, particularmente a países mediterráneos como España o Italia (quizás por alguna similitud cultural). Éste fenómeno está reflejado en la falta actual de mano de obra en Rumanía, afectando a la auténtica integración europea.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones democráticas libres e Ion Iliescu fue ratificado en su cargo y reelegido en 1992, por un mandato de cuatro años. En 1996 el democristiano Emil Constantinescu, fue elegido presidente de los rumanos en un gobierno que, por primera vez, integró a la minoría húngara. En 2000, Iliescu volvió al gobierno, ya que el período de 1990-1992 no fue considerado un mandato (según la Constitución, en Rumanía el presidente solo puede obtener dos mandatos). En 2004, el derechista (centro-derecha) Traian Băsescu fue elegido presidente. Rumanía se adhirió a la OTAN y formó parte de las fuerzas de "voluntarios" de la Guerra en Iraq, en favor de la coalición anglo-estadounidense. El 1 de enero del 2007 entró a formar parte de la Unión Europea.

La constitución actual de Rumania, creada en 1991 tras la caída de Ceaucescu y reformada en 2003, establece que el país es una república semipresidencialista democrática y multipartidista. Se establece la elección popular de un presidente y un parlamento mediante votación de los ciudadanos mayores de 18 años, y la existencia de una corte constitucional y otra corte menor.

El parlamento de Rumania es bicameral: el Senado (en rumano Senatul), que cuenta con 137 miembros (a partir de 2004), y la Cámara de Diputados (en rumano Camera Deputaţilor), que cuenta con 332 miembros (a partir de 2004). Los miembros de ambas cámaras son electos cada cuatro años por sufragio popular.

El poder judicial es independiente de los otros dos y está basado en el Código Civil de Francia. La corte constitucional es el tribunal supremo, ocupado por 9 jueces en períodos de 9 años que no se pueden renovar. Actúa en juicios donde está en duda la interpretación de la constitución, y, tras la reforma del 2003, sus veredictos no pueden ser revocados, ni siquiera por una mayoría parlamentaria.

La división más amplia de Rumania es en 8 regiones, aunque esta división es sólo para la coordinación de desarrollos regionales y la distribución de fondos externos. No hay una entidad administradora ni ramas de los distintos poderes para cada una de estas regiones.

El siguiente nivel son los 41 distritos (en rumano judeţe), más un municipio independiente que corresponde a la capital del estado, Bucarest (en rumano Bucureşti). Estos municipios están subdivididos en 2686 comunas rurales y 265 ciudades y municipios.

Rumania tiene una extensión de 237.500 km². Es el más grande país de su región y el duodécimo de Europa. Se encuentra en Europa del Este, más precisamente en la región de los Cárpatos y el curso bajo del río Danubio. Limita con Ucrania al N, Moldavia al E, Hungría al O y Serbia y Bulgaria al S. Al SE, limita con el Mar Negro.

El país está dividido en tres regiones principales, la meseta de Transilvania, en el centro del país; los Cárpatos que rodean la meseta central y se extienden hacia el Norte y el Sur y las tierras bajas del Oeste y Este.

El Danubio, principal río de Rumania, forma la mayor parte de la frontera con Bulgaria y es usado para el transporte y la generación de energía hidroeléctrica. Actualmente, el Delta del Danubio (véase el artículo principal) ha sido incluido en el listado de la Unesco de lugares calificados como Reserva de la Biosfera, con el nombre de Reserva de la Biosfera Transfronteriza del Delta del Danubio. Cuenta con unos 2.733 km² de superficie estrictamente protegida repartida entre 18 zonas. Otros ríos importantes son el Mureş y el Olt. También hay más de 2.000 lagos en el país.

El clima oscila entre templado y continental, según la región del país, siendo los Cárpatos uno de los principales condicionantes del clima. Las precipitaciones oscilan entre 1.000 mm en algunas áreas montañosas y menos de 400 mm en la costa del Mar Negro.

El relieve de Rumanía está dividido en áreas con porcentaje similar de montañas, colinas y llanuras. Ésta diversidad geográfica se refleja también en la diversidad de la flora y fauna de Rumanía. El país tiene la población de Ursus arctos más grande de Europa, mientras que las Rupicapra rupicapra también se pueden encontrar en los Cárpatos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los recursos económicos rumanos fueron nacionalizados y la actividad económica, planificada. En 1989, con la caída del régimen comunista, el nuevo gobierno emprendió una serie de reformas para introducir el sistema de economía de mercado. Tras varios años de privatizaciones y descentralización, el gobierno rumano ha pasado a tener una intervención significativamente menor en la economía.

Rumania es uno de los principales productores y exportadores de productos agrícolas de Europa. Este sector representa el 10% del PIB. Los cultivos ocupan el 40% de la superficie del país; los recursos forestales son abundantes y la pesca se está expandiendo. Existen yacimientos de gas natural y petróleo que aportan un porcentaje significativo del consumo diario, pero para cubrir la totalidad de la demanda el país está obligado a importarlos, principalmente de Rusia. Para tratar de reducir la dependencia de factores externos, se ha impulsado la generación en plantas de energía nuclear e hidroeléctrica, y entre ambas clases proporcionan un 45% de la energía consumida en el país.

El sector industrial representa el 35% del PIB, pese a que en los últimos tiempos, las instalaciones construidas durante la etapa de economía centralizada han quedado obsoletas y las fábricas han tenido que invertir masivamente en modernizaciones. Los principales sectores son el textil, el siderúrgico, la producción de maquinaria y vehículos, de armamento y el procesamiento de la producción agropecuaria.

Los servicios comprenden el restante 55% del PIB, siendo el turismo el principal contribuyente. El Mar Negro, el delta del Danubio y los Cárpatos son las atracciones naturales que concentran el turismo, mientras que en Transilvania destaca su patrimonio cultural.

El índice de desempleo es del 5%, varios puntos por debajo de otros países de la región y de Europa Occidental. La balanza comercial tiene un déficit significativo, las exportaciones (28.000 millones de dólares) son sólo tres cuartos de las importaciones (38.000 millones de dólares). Los principales socios de Rumania, tanto en las exportaciones como en las importaciones son Italia y Alemania. Los países de habla hispana más cercanos tradicionalmente a Rumania son España y Venezuela con España en conjunto por los acuerdos de la Unión Europea y en los últimos años Venezuela y Rumania reafirmaron sus relaciones bilaterales, establecidas desde enero de 1967. Estos nexos fueron consolidados mediante el Acuerdo de Cooperación Económica e Industrial a través del cual se creó en 1973, la Comisión Mixta Venezolano-Rumana que se ha reunido de manera alterna en diez oportunidades desde 1975.

La población de Rumanía alcanza los 22,3 millones (2006), y está decreciendo a un ritmo del 0,12% anual. La mayoría de la población pertenece a la etnia rumana (88,9%), seguida por una importante colectividad de húngaros (6,6%), concentrados sobre todo en la región de Transilvania, y de gitanos (2,5%). Ucranianos (0,3%), rusos, alemanes (0,3%), turcos, búlgaros, italianos y serbios, junto con otras minorías, constituyen el resto de la población . Los habitantes se concentran en las llanuras, donde están los centros industriales y se desarrolla la agricultura a gran escala.

El 55,2% de los rumanos vive en las ciudades, lo que representa una de la proporciones más bajas de Europa, sólo superada por algunos de sus vecinos balcánicos y Moldavia. Las principales ciudades del país son Bucarest, la capital, con 2 millones de habitantes, Iaşi, Braşov, Cluj-Napoca, Timişoara, Craiova, Constanza, Galaţi y Deva todas ellas con una población de entre 280.000-330.000 habitantes.

Rumania es un estado sin religión oficial, aunque más del 89% de la población se adscribe a la Iglesia Ortodoxa Rumana (según el censo de 2002). También hay cantidades significativas de católicos (tanto de rito latino como de rito oriental) (un 5,6% de la población, muchos de ellos de las minorías húngara y alemana de Transilvania), protestantes (luteranos y calvinistas)(3,7% de la población), grupos pentecostales y musulmanes (alrededor de 100.000, el 0.4% de la población total). Según el censo de 2002, también vivían en el país 23.105 ateos y arreligiosos y 6.100 judíos. El porcentaje de creyentes en Rumanía es comparable al porcentaje de creyentes en Turquía, con la mención que Turquía es un país mayoritariamente musulmán.

El rumano es el idioma oficial del país. Le siguen en importancia el húngaro y el romaní (que no tiene nada que ver con el rumano, sino con los romis, los gitanos rumanos), hablados por las poblaciones de esas etnias. El ucraniano es hablado áreas de Maramures, Bucovina, Dobrudia y Banat. El inglés es el primer idioma extranjero que se estudia en la mayoría de las escuelas rumanas, y actualmente hay un aumento de préstamos del inglés en el vocabulario rumano. El francés es hablado por un significativo número de personas (unos 5 millones), y Rumania es miembro de la Francofonía. También el español es hablado por un número grande de la población y el número está creciendo.

El intercambio económico de Rumania con Europa, debido a la ubicación del país, amerita una infraestructura de transporte moderna. Sin embargo, debido a que la inversión y el mantenimiento de esa infraestructura es insuficiente, no se satisfacen las necesidades actuales de una economía del mercado y se presenta un retraso con respecto a Europa Occidental.

No obstante, estas condiciones están mejorando rápidamente y están alcanzando las normas de redes de transporte Trans-europeas. Se han empezado varios proyectos como las concesiones de ISPA y varios préstamos de las Instituciones Financieras Internacionales como el Banco Mundial y el FMI. También, el Gobierno está apelando a la financiación externa y a sociedades público-privadas para la modermización de las vías principales y la red de autopistas del país.

El Banco Mundial estima que la red ferrocarril en Rumania comprendió en 2004 22,298 km de huella que le haría la cuarta red del ferrocarril más grande en Europa. El transporte ferrocarril experimentó una caída dramática en la carga y volúmenes del pasajero de los volúmenes máximos grabados en 1989 principalmente debido al declive en PIB y competición del transporte por carretera. En 2004, las vías férreas llevadas 8.64 mil millones pasajeros*km, viajaban 99 millones de pasajeros, y 73 millones de toneladas métricas, o 17 mil millones toneladas-km de carga. El transporte total combinado por el ferrocarril constituyó alrededor de 45% de todo el pasajero y movimiento de carga en el país. Bucarest es la única ciudad en Rumania que tiene un sistema ferrocarril subterráneo. El Metro de Bucharest se inauguró en 1979. Ahora es un sistema al que accede la mayoría de Bucharest, teniendo la red de transporte pública una media de 600,000 pasajes durante la semana laboral.

Las fiestas cristianas de la Navidad y de la Pascua (ortodoxa) son celebradas en Rumanía, y en los días correspondientes no se trabaja. Al contrario que otras Iglesias Ortodoxas, la Iglesia Ortodoxa Rumana celebra la Navidad en el 25 de diciembre; sin embargo, siguen las fechas ortodoxas tradicionales para el Pascua (suelen ser una semana después de la Pascua católica). Las otras fiestas oficiales son El Año Nuevo (1 de enero), El Día del Trabajo (1 de mayo) y El Día Nacional de Rumanía, que se celebra cada año en el 1 de diciembre, en memoria del día de 1 de diciembre de 1918, cuando en Alba Iulia se firmó la Unión de todas las provincias rumanas.

Otras fiestas importantes son "Mărţişor" (1 de marzo), que marca el comienzo de la primavera (la fiesta tiene su simbolismo aparte), "Baba Dochia" (en los primeros tres días de marzo), o "Dragobete" (24 de febrero), el día autóctono de los enamorados. Se celebra también el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), y en algunas empresas las mujeres trabajadoras tienen el día libre. Recientemente se importaron algunas fiestas de los Estados Unidos, como el Día de San Valentín o Halloween. También se celebra el día de 24 de enero, en memoria de la fecha de 24 de enero de 1859, cuando los principados de Valaquia y Moldavia se unieron, con la elección común de Alexandru Ioan Cuza. En el 30 de noviembre se celebra el día del Apóstol Andrés, el protector de Rumanía, ya que se considera que fue el primero que bautizó en tierras de la actual Rumanía.

La cultura de Rumanía es rica y variada. Como los mismos rumanos, es definida fundamentalmente como un punto de encuentro entre tres regiones: Europa Central, Europa del Este y la Península Balcánica, sin poder ser incluida en ninguna de ellas. La identidad rumana se formó sobre un sustrato romano y dacio (éste último varía), combinado con otras influencias. Durante la Edad Media, los rumanos fueron influenciados por los pueblos eslavos, por los griegos medievales y el Imperio Bizantino, por los turcos otomanos, y, en menor medida, por los húngaros y los alemanes (en Transilvania). La cultura rumana moderna se desarrolló más o menos durante los últimos 250 años, con una fuerte influencia occidental, particularmente francesa y alemán.

Cuando cayó Ceaucescu, Francia se sorprendió al enterarse del elevado nivel de conocimiento del idioma francés que tenían los rumanos y por ello acudió inmediatamente en su ayuda con colaboraciones de toda naturaleza.

La literatura popular de Rumanía refleja las condiciones geográficas e históricas que influenciaron al carácter del pueblo rumano. Son obras que expresan melancolía o anhelo sin esperanza, como las "doinas", o tratan de las principales ocupaciones de los rumanos y su relación con la cosmovisión (como en "Mioriţa") de los rumanos, en general en medio de la Naturaleza y con un sentimiento de la presencia de la divinidad. Destacan obras como "Monastirea Argeşului", "Toma Alimoş" o "Mioriţa", considerada una obra maestra del folclore mundial.

Hasta el siglo XVIII la mayoría de los autores cultos rumanos fueron teólogos. También destacan cronistas como Miron Costin o Ion Neculce, o el humanista Dimitrie Cantemir, que también fue dueño de Moldavia (1710-1711).

Los denominados "clásicos" de la literatura rumana, (del siglo XIX), son poco conocidos fuera de Rumanía. Mihai Eminescu (1850-1889), quizás el poeta rumano mejor conocido, es todavía amado en Rumanía (particularmente sus poemas), junto con otro clásicos como George Coşbuc o Ioan Slavici. El año revolucionario 1848 marcó la afirmación de una élite intelectual, que llegó incluso a ocupar importantes cargos políticos: Mihail Kogălniceanu (historiador, escritor, primer ministro de Rumanía), Vasile Alecsandri (poeta, dramaturgo y político), Andrei Mureşanu (escritor, autor de la letra del actual himno de Rumanía), Nicolae Bălcescu (historiador y escritor), y otros.

Otros clásicos importantes son el dramaturgo Ion Luca Caragiale (el Teatro Nacional de Bucarest fue nombrado en su honor) y el prosador Ion Creangă. Por la importante y benéfica influencia del patriotismo en su estética, destaca el poeta Octavian Goga, mientras que Liviu Rebreanu es el autor de la primera novela moderna rumana.

En el período de entreguerras, autores como Tudor Arghezi (poeta), Lucian Blaga (poeta, dramaturgo y filósofo), Ion Barbu (poeta y matemático), George Bacovia (poeta) o Camil Petrescu (prosador) hicieron esfuerzos para sincronizar la literatura rumana con la literatura europea y mundial de la época. Gellu Naum fue el líder del movimiento surrealista en Rumanía, si bien se puede incluir aquí a Tristan Tzara. Mihail Sadoveanu (prosador) es uno de los más apreciados escritores del siglo XX en Rumanía, a pesar de que se mantuvo alejado de las vanguardias literarias de su tiempo.

En la época del comunismo, escritores valiosos como Nichita Stănescu (poeta y ensayista), Marin Sorescu (poeta, dramaturgo y ensayista) o Marin Preda (prosador) consiguieron escapar de la dura censura (a través del nivel intelectual y estético de sus obras, que hacía imposible la censura por policías y políticos sin entendimiento literario), rompieron con el "realismo socialista" y fueron los líderes de un pequeño "Renacimiento" en la literatura rumana.

La literatura de Rumanía empezó a ser mejor conocida fuera de las fronteras de Rumanía, especialmente a través de traducciones al alemán, francés e inglés. Algunos autores modernos llegaron a ser populares en Alemania, Francia o Italia, especialmente Eugen Ionescu, Mircea Eliade, Emil Cioran, Constantin Noica, Tristan Tzara, Panait Istrati o Mircea Cărtărescu. Escritores como Paul Celan, Norman Manea o Elie Wiesel también nacieron en Rumanía.

La lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco incluye sitios rumanos como los "Pueblos sajones con iglesias fortificadas" (Transilvania), las "Iglesias pintadas del norte de Moldavia", con sus remarcables frescos exteriores e interiores, las "Iglesias de madera de Maramureş", ejemplos únicos de combinación del estilo gótico con la construcción tradicional de madera, el "Monasterio de Horezu", la "Fortaleza de Sighişoara" o las "Fortalezas Dacias de los montes Orăştie". Además, en 2007, la ciudad de Sibiu fue elegida Capital Europea de la Cultura, junto con Luxemburgo.

En los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, la gimnasta rumana Nadia Comăneci llegó a ser la primera gimnasta en obtener un "diez" perfecto. Ganó tres medallas de oro, una de plata y una de bronce, todas a la edad de catorce años. Su éxito continuó en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, donde ganó tres medallas de oro y dos de plata. Ilie Năstase, jugador de tenis, llegó a ser una estrella del tenis mundial en los años '70. Ganó varios títulos de Grand Slam y docenas de otros torneos; tuvo también éxito como jugador de doble. Rumania alcanzó los finales del Davis Cup en tres ocasiones. Virginia Ruzici tuvo éxito en el tenis femenino en los '70.

El fútbol es muy apreciado en Rumania, y el jugador rumano más conocido a nivel mundial es quizás Gheorghe Hagi, actualmente retirado, quien jugó para Steaua Bucureşti (Rumania), Real Madrid, FC Barcelona (España), Galatasaray (Turquía) y Brescia Calcio, entre otros. En 1986, el club de fútbol rumano Steaua Bucureşti llegó a ser el primer y el único equipo del bloque comunista que ganó la Copa de Campeones Europeos. En 1989, con Hagi en el equipo, alcanzaron de nuevo la final de la competición, pero fueron derrotados por AC Milan.Otro jugador rumano más conocido a nivel mundial es quizás Gheorghe Craioveanu "Gica", actualmente retirado, era un gran delantero que jugó en equipos de este país y luego se fue a España(donde militó en la Real Sociedad, el Villarreal CF y el Getafe CF). También jugó en la selección absoluta de fútbol rumana. Otros equipos con tradición en Rumania son UTA Arad, Poli Timişoara, Rapid Bucureşti, Dinamo Bucureşti, Universitatea Craiova, FC Argeş, y otros. La selección de Rumania participó en las primeras tres ediciones de la Copa Mundial, y su mejor éxito fueron los cuartos de final en los Estados Unidos, en 1994. También alcanzaron los cuartos de final en la Eurocopa de 2000. En la Eurocopa 2008, celebrada en Austria y Suiza, la selección rumana no consiguió pasar de 1ªfase, si bien es cierto que sus rivales fueron Holanda, Italia y Francia, quedando por delante de éstos últimos. Aunque quizás no son la fuerza que antes eran, la selección rumana de rugby participó en todas las ediciones de la Copa Mundial. Rumanía también tiene una tradición de éxitos en balonmano y en piragüismo.

Desde la Revolución rumana de 1989, el sistema de educación rumano ha estado en un proceso continuo de reforma que ha sido alabado y también criticado. Según la Ley en Educación adoptada en 1995, el Sistema Educativo se regula por el Ministerio de Educación e Investigación. Cada nivel tiene su propio formulario de organización y está sujeto a las legislaciones. El jardín de infantes es optativo entre 3 y 6 años. La educación primaria y secundaria son divididas en 12 o 13 calidades. La Superior se alinea hacia el área de educación más alta europea. Aparte del sistema de instrucción oficial, y los equivalente privados recientemente-agregados, allí existe un sistema de enseñanza totalmente privado. El programa "Enseñar" es principalmente usado durante la secundaria como una preparación para los varios exámenes que son notoriamente difíciles. Enseñar está extendido, y puede ser considerado una parte del Sistema de Educación. Ha subsistido y ha igualado prosperado durante el régimen comunista.

En 2004, unos 4.4 millones de personas se matricularon en la escuela. Fuera de éstos, 650,000 en el jardín de infantes, 3.11 millón (14% de población) en la primaria y el nivel secundario, y 650,000 (3% de población) en el nivel del terciario (las universidades). En el mismo año, la proporción de alfabetización adulta era 97,3% (45 mundial), mientras la proporción de la matriculación gruesa combinada para el primero, las escuelas secundarias y terciarias eran 75% (52 mundial). Los resultados del PISA valoración estudio en las escuelas durante el año 2000 Rumania puesta en la 34 línea fuera de 42 países participantes con un general pesaron la cuenta de 432 que representa 85% de la cuenta de OCDE mala. En 2006 ninguna universidad rumana era incluido en el primer 500 mundo de universidades de cima ancho según la Clasificación jerárquica Académica de Universidades Mundiales. Usando la metodología similar a estas clasificaciones jerárquicas, fue informado que la universidad rumana bien puesta, la Universidad de Bucarest, logró la media cuenta de la última universidad en la cima 500.

En el 14 de mayo de 1981 Rumania pasó a ser el undécimo país del mundo en tener un astronauta en el espacio. Ese astronauta, Dumitru Prunariu, es hoy en día presidente de la Agencia Espacial Rumana. En el 18 de marzo de 1906, el inventor rumano Traian Vuia pasó a ser la primera persona del mundo que voló con una nave aérea autopropulsada y más pesada que el aire - él es también la segunda persona del mundo que despegó con una nave aérea de alta potencia. Su vuelo tuvo lugar en Montesson, cerca de París, y duró unos 12 minutos. Henri Coandă fue otro inventor y pionero de la aviación rumano. Ha construido la primera nave aérea propulsada por motor a reacción - la Coanda-1910 -, y la trajo a la Segunda Exhibición Internacional de Aeronáutica de París, en octubre de 1910.

George Emil Palade fue un biólogo celular rumano, quien ganó el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1974, por su estudio de la organización interna de estructuras celulares como las mitocondria, cloroplastos, el aparato de Golgi, y por el descubrimiento de los ribosomas. Ganó también la Medalla Nacional para la Ciencia en 1986.

Después de la Revolución rumana de 1989, los estudiantes rumanos destacaron en competiciones internacionales de matemática e informática, y el número de programadores aumentó considerablemente. Ejemplos de los éxitos de los programadores rumanos incluyen a "RAV" (Romanian AntiVirus), usado por Microsoft en su desarrollo de Windows Defender éxitos de los programadores rumanos, o a BitDefender, considerado en TopTenReviews el mejor software antivirus y para la seguridad del internet.

Al principio



Ana Frank

Ana Frank

Annelies Marie "Anne" Frank, conocida en castellano como Ana Frank (Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania, 12 de junio de 1929 - campo de concentración de Bergen-Belsen, Baja Sajonia, Alemania, marzo de 1945) fue una niña judía alemana, que dejó constancia en su diario de sus experiencias en un escondrijo o desván construido en un edificio de oficinas, mientras se ocultaba con su familia de los nazis en Ámsterdam (Países Bajos) durante la Segunda Guerra Mundial. Su familia fue capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes, donde morirían todos salvo su padre, Otto. Anne fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el 2 de septiembre de 1944 y, más tarde, al campo de concentración de Bergen-Belsen. Murió allí de fiebre tifoidea a finales de febrero o principios de marzo de 1945, pocos días antes de que éste fuera liberado.

Años después, su padre publicó su famoso diario, conocido en español como el Diario de Ana Frank.

Nació en Fráncfort del Meno (Hesse, Alemania), siendo la segunda hija de Otto Heinrich Frank (12 de mayo de 1889 - 19 de agosto de 1980) y su mujer Edith Hollander (16 de enero de 1900 - 6 de enero de 1945), una familia de patriotas alemanes que habían participado en la Primera Guerra Mundial. Tenía una hermana mayor, Margot Frank (16 de febrero de 1926 - 9 de marzo de 1945). Junto con su familia, tuvo que mudarse a Ámsterdam, huyendo de los nazis. Allí le regalaron un diario al cumplir los trece años. Muy poco después, su familia tuvo que ocultarse en un escondrijo, la Achterhuis, situada en un viejo edificio en el Prinsengracht, un canal en el lado occidental de Ámsterdam, y cuya puerta estaba escondida tras una estantería. Allí vivieron durante la ocupación alemana, desde el 9 de julio de 1942 hasta el 3 de agosto de 1944.

En el escondite había ocho personas: sus padres, Otto y Edith Frank; ella y su hermana Margot; Fritz Pfeffer, un dentista judío (al que Anne dio el nombre de Albert Dussel en su Diario), y la familia van Pels (van Daan en el Diario), formada por Hermann y Auguste van Pels y el hijo de ambos, Peter. Durante aquellos años, Anne escribió su Diario, en el que describía su miedo a vivir escondida durante años, sus nacientes sentimientos por Peter, los conflictos con sus padres, y su vocación de escritora. Pocos meses antes de ser descubiertos, empezó a reescribir su Diario con la idea de publicarlo tras la guerra.

Después de más de dos años, un informador holandés guió a la Gestapo a su escondite. Fueron arrestados por la Grüne Polizei y, el 2 de septiembre de 1944 toda la familia fue trasladada en tren de Westerbork (campo de concentración en el noreste de Holanda) a Auschwitz, viaje que les llevó tres días. Mientras tanto, Miep Gies y Elly Vossen, dos de los que los protegieron mientras estuvieron escondidos, encontraron y guardaron el Diario.

Anne, Margot y Edith Frank, la familia van Pels y Fritz Pfeffer no sobrevivieron a los campos de concentración nazis (aunque Peter van Pels murió durante las marchas entre campos de concentración). Margot y Anne pasaron un mes en Auschwitz-Birkenau y luego fueron enviadas a Bergen-Belsen, donde murieron de fiebre tifoidea en marzo de 1945, poco antes de la liberación. Sólo Otto logró salir de los campos de concentración con vida. Miep le dio el diario, que editaría con el fin de publicarlo con el título Diario de Ana Frank, que ha sido ya publicado en 60 idiomas.

La tumba de Anne y Margot Frank está en el lugar donde estaba el Bergen-Belsen.

Al cumplir trece años, el 12 de junio de 1942, Anne recibió un pequeño cuaderno que había señalado a su padre en una vitrina unos días antes. Si bien se trata de un libro de autógrafos, empastado en tela a cuadros rojo y negro, con una pequeña cerradura en el frente, Anne ya había decidido que lo utilizaría como diario. Empezó a escribir en él casi inmediatamente, describiéndose ella y su familia así como su vida diaria en casa y en el colegio. A falta de una "amiga del alma", según Anne, le escribía a su diario como si estuviera dirigiéndose a una amiga, llamaba Kitty a su diario y usaba "Querida Kitty" como frase introductoria. Escribió sobre sus resultados en clase, sus amigos, chicos con los que simpatizaba y los lugares que prefería visitar en su vecindario. Si bien estos primeros escritos en su diario muestran que su vida era en muchas formas la vida típica de una escolar, también reseña los cambios que se van implantando desde la ocupación alemana. Algunas referencias parecen casuales y sin gran énfasis, sin embargo en algunas partes describe con mayor detalle la opresión que cada día va en aumento. Escribió acerca de las estrellas que todos los judíos estaban obligados a portar en público, y también enumeró algunas de las restricciones y persecuciones impuestas en la vida cotidiana de la población judía de Ámsterdam.

En julio de 1942, Margot Frank recibió un aviso ordenándole presentarse para deportación hacia un campo de trabajo. Anne fue entonces informada de un plan que Otto había preparado con sus empleados de mayor confianza, y que ya conocían Edith y Margot desde hacía pocos días. La familia se escondería en cuartos camuflados en las instalaciones de la empresa en Prinsengracht, una calle al borde de uno de los canales de Ámsterdam.

El 8 de julio de 1942, la familia se mudó al escondite preparado. Su apartamento fue dejado en desorden para hacer pensar que había sido abandonado de manera súbita, y Otto Frank dejó una nota de la que se podía deducir que habían logrado escapar hacia Suiza. Como los judíos no podían utilizar los transportes públicos debieron caminar varios kilómetros desde su casa hasta el refugio, portando cada uno todas las vestimentas que pudieron, dado que no podían correr el riesgo de ser vistos con equipajes. La achterhuis (palabra holandesa en la que huis significa casa y achter, más atrás), era un espacio de tres pisos en la parte posterior del edificio con acceso a un patio detrás de las oficinas de Opekta. En el primer nivel había dos pequeñas habitaciones, con un baño adjunto sobre el que se encontraba una gran habitación, con otra más pequeña adjunta. De esa habitación pequeña se subía hacia el ático. La puerta de la achterhuis fue cubierta con una estantería para que no se la pudiera ver. Anne se referiría más tarde a este espacio como el anexo secreto. El edificio principal, situado a una manzana de Westerkerk, era un edificio banal, típico de los barrios del oeste de Ámsterdam.

Victor Kugler (en ediciones antiguas nombrado como Kraler), Johannes Kleiman (Koophuis), Miep Gies y Elisabeth "Bep" Voskuijl eran los únicos empleados que sabían del escondite y, junto con Jan, el esposo de Gies y Johannes Hendrik Voskuijl, el padre de Voskuijl, eran quienes ayudaban a los Frank a sobrevivir durante la duración de su confinamiento. Ellos eran el único contacto entre el exterior y los ocupantes de la casa, y los mantenían informados de las noticias de guerra y de los eventos políticos. Eran también los proveedores de todo lo necesario para la seguridad y supervivencia de la familia; el abastecimiento de comida resultaba cada vez más difícil a medida que el tiempo transcurría. Anne escribió sobre la dedicación y sobre los esfuerzos para levantarles el ánimo durante los momentos más peligrosos. Ellos eran conscientes de que dar refugio a judíos se penaba en aquel momento con la muerte.

A finales de julio, se les unió la familia van Pels (Van Daan): Hermann, Auguste, y Peter de 16 años, y más tarde en noviembre llegó Fritz Pfeffer (Albert Dussel), dentista y amigo de la familia. Anne escribió sobre lo bueno que era tener otras personas con quién hablar, pero las tensiones rápidamente se presentaron en este grupo de personas que debían compartir confinados este escondite. Luego de compartir su habitación con Pfeffer, Anne terminó por considerarlo insoportable, y se peleó con Auguste van Pels, a quien consideraba fuera de sus cabales. Su relación con su madre se hizo difícil también y Anne escribió que sentía tener poco en común con ella por ser su madre demasiado abstraída. Aunque algunas veces discutió con Margot, escribió sobre un lazo inesperado que se había desarrollado entre ellas, aunque a quien se sentía más cercana era a su padre. Tiempo más tarde, también comenzó a apreciar la gentileza de Peter van Pels y hasta llegaron a tener sentimientos románticos.

Anne pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo y estudiando, al tiempo que continuaba escribiendo en su diario. Además de narrar los eventos transcurridos, Anne escribía sobre sus sentimientos, creencias y ambiciones, temas de los que no hablaba. Al sentirse más segura sobre su forma de escribir, al mismo tiempo que crecía y maduraba, escribía sobre temas más abstractos, como sus creencias en Dios, o sobre cómo definía ella la naturaleza humana. Escribió regularmente hasta su anotación final, el 1 de agosto de 1944.

La mañana del 4 de agosto de 1944 la Grüne Polizei asaltó la achterhuis siguiendo una pista de un informador que nunca fue identificado. Conducido por el Sargento del Cuerpo de Protección (SS) Karl Silberbauer de la Sección IVB4 del Servicio de Seguridad (SD), el grupo contaba con al menos tres miembros de la Policía de Seguridad. Los inquilinos fueron introducidos en camiones y trasladados para someterlos a interrogatorio. Victor Kugler y Johannes Kleiman fueron encarcelados, pero a Miep Gies y a Bep Voskuijl les permitieron marcharse. Más tarde regresarían a la achterhuis, donde encontraron las anotaciones de Anne desparramadas por el suelo. Las recogieron, así como varios álbumes de fotos de la familia, y Gies se propuso devolvérselos a Anne cuando la guerra hubiese terminado.

Llevaron a los miembros de la casa a un campo en Westerbork. Siendo aparentemente un campo de tránsito por el que hasta ese momento habían pasado más de 100.000 judíos, el 2 de septiembre el grupo fue deportado en el que sería su último traslado desde Westerbork hasta el campo de concentración de Auschwitz. Tras tres días de viaje llegaron a su destino, y los hombres y mujeres fueron separados según su sexo, para no volverse a ver más. De los 1.019 pasajeros, 549 – incluyendo niños menores de 15 años – fueron seleccionados y enviados directamente a las cámaras de gas, en las que fueron asesinados. Anne había cumplido 15 años tres meses antes y se libró, y aunque todos los de la achterhuis sobrevivieron a la selección, Anne creyó que su padre había sido asesinado.

Junto con las otras mujeres no seleccionadas para la muerte inmediata, Anne fue obligada a permanecer desnuda para desinfectarla, le raparon la cabeza y le tatuaron un número de identificación en el brazo. Durante el día usaban a las mujeres para realizar trabajos forzados y, por la noche, las hacinaban en barracones frigoríficos. Las enfermedades se propagaban velozmente y en poco tiempo Anne terminó con la piel cubierta de costras.

El 28 de octubre comenzó la selección para reubicar a las mujeres en Bergen-Belsen. Más de 8.000 mujeres, Anne Frank, Margot Frank y Auguste van Pels incluidas, fueron transportadas, pero Edith Frank se quedó atrás. Se levantaron tiendas para acoger la afluencia de prisioneros, entre ellos Anne y Margot, y a medida que la población aumentaba el índice de mortandad debido a enfermedades aumentó rápidamente. Anne pudo juntarse por un breve periodo con dos amigas, Hanneli Pick Goslar (llamada "Lies" en el diario) y Nanette Blitz, quienes sobrevivieron a la guerra. Contaron cómo Anne, desnuda salvo por un trozo de manta, les explicó que, infestada de piojos, se había despojado de sus ropas. La describieron como calva, demacrada y temblorosa, pero a pesar de su enfermedad les dijo que estaba más preocupada por Margot, cuyo estado parecía más grave. Goslar y Blitz no llegaron a ver a Margot, que permaneció en su litera, demasiado débil. Asimismo, Anne les dijo que estaban solas, y que sus padres habían muerto.

En marzo de 1945, una epidemia de fiebre tifoidea se propagó por todo el campo; se estima que terminó con la vida de 17.000 prisioneros. Los testigos contaron más tarde que Margot, debilitada como estaba, se cayó de su litera y murió como consecuencia del golpe, y que pocos días después Anne también murió. Se cree que esto sucedió pocas semanas antes de que el campo fuese liberado por tropas británicas el 15 de abril de 1945, y aunque la fecha exacta no fue registrada, se considera que pudo ocurrir entre finales de febrero y mediados de marzo.

Tras la guerra, de los aproximadamente 110.000 judíos que fueron deportados desde los Países Bajos durante la ocupación nazi, sólo 5.000 sobrevivieron.

De los ocho inquilinos de la achterhuis, sólo el padre de Anne sobrevivió. Herman Van Pels, fue gaseado justo tras la llegada del grupo a Auschwitz-Birkenau, el 6 de septiembre de 1944. Su esposa Auguste murió entre el 9 de abril y el 8 de mayo de 1945, en Alemania o en Checoslovaquia. Su hijo Peter murió el 5 de mayo de 1945 en el campo de concentración de Mauthausen, en Austria, después de ser trasladado andando desde Auschwitz.

El Dr. Friedrich Pfeffer murió el 20 de diciembre de 1944 en el campo de concentración de Neuengamme. La madre de Ana, Edith Hollander, murió el 6 de enero de 1945, en Auschwitz-Birkenau. Johannes Kleiman y Victor Gustav Kugler, socios comerciales de Otto Frank que ayudaron a los anteriores mientras permanecieron escondidos, fueron arrestados por ayudar a la familia Frank. Ambos fueron sentenciados a realizar un Arbeitseinsatz (servicio de trabajo) en Alemania, y ambos sobrevivieron a la guerra.

Otto Frank sobrevivió y regresó a Ámsterdam. Fue informado del fallecimiento de su esposa y del traslado de sus hijas a Bergen-Belsen, quedando con la esperanza de que lograran sobrevivir. En julio de 1945, la Cruz Roja confirmó las muertes de Anne y Margot y fue sólo entonces cuando Miep Gies le dio el Diario. Tras leerlo, Otto comentó no haberse dado cuenta de cómo Anne había mantenido un registro tan exacto y bien escrito de su estadía juntos. Tratando de cumplir póstumamente el deseo de Anne expresado en el Diario de convertirse en escritora, decidió intentar publicarlo. Al preguntársele muchos años después sobre su primera reacción, respondió sencillamente: "Nunca supe que mi pequeña Anne era tan profunda".

El Diario de Anne se inicia como una expresión privada de sus pensamientos íntimos, expresando la intención de nunca permitir que otros lo leyeran. Describe cándidamente su vida, su familia y compañeros y su situación, mientras empieza a reconocer su ambición de escribir novelas y publicarlas. En el verano de 1944, escuchó una transmisión de radio de Gerrit Bolkestein— miembro del gobierno holandés en el exilio— que decía que al terminar la guerra crearía un registro público de la opresión sufrida por la población de su país bajo la ocupación alemana. Mencionó la publicación de cartas y diarios, de manera que Anne decidió que contribuiría con su Diario. Comenzó a corregir su escritura, a eliminar secciones y a reescribir otras, en vista de su publicación. A su cuaderno original, anexó varios cuadernos adicionales y hojas sueltas. Creó pseudónimos para los miembros del grupo y sus benefactores. La familia van Pels se convirtió en Hermann, Petronella y Peter van Daan; Fritz Pfeffer pasó a llamarse Albert Dussel. Otto Frank utilizó la versión original del Diario, conocida como "versión A", y la versión corregida, conocida como "versión B", para producir la primera versión para ser publicada. Retiró algunos pasajes, sobre todo aquellos en los que se refería a su esposa en términos poco halagadores, así como secciones en las que hablaba de detalles íntimos respecto a su floreciente sexualidad. Restauró las verdaderas identidades de su familia, pero retuvo los pseudónimos de las otras personas.

Frank llevó el diario a la historiadora Anne Romein, quien intentó publicarlo, sin éxito. Luego se lo pasó a su esposo Jan Romein, quien escribió un artículo sobre el libro con el título de Kinderstem ("La voz de una niña") en el periódico Het Parool el 3 de abril de 1946. Escribió que el diario "pausadamente expresado en la voz de una niña, muestra todos los odios del fascismo, mejor que las evidencias de los juicios de Núremberg todas juntas" . Su artículo atrajo la atención de los editores y el Diario fue publicado en Holanda en 1947 por el editor Contact, de Amsterdam, bajo el título "Het Achterhuis" (La casa de atrás). Fue reimpreso en 1950. En abril de 1955 aparece la primera traducción del diario en español bajo el título "Las habitaciones de atrás" (tradución de Mª Isabel Iglesias, editorial Garbo, Barcelona).

Albert Hackett escribió una pieza de teatro basada en el Diario, estrenada en Nueva York en 1955, que recibió el Premio Pulitzer de Teatro. La pieza fue llevada al cine en 1959 con el título El diario de Anne Frank. Fue protagonizada por la actriz Millie Perkins, y Shelley Winters, que caracterizó a la señora Van Pels, consiguió el Oscar a Mejor Actriz Secundaria, que entregó a la Casa de Anne Frank. La película obtuvo una buena acogida y se hizo acreedora de otros dos Oscar. Sin embargo, no se convirtió en un gran éxito de taquilla, aunque despertó tal atención que aumentó el interés mundial por el libro. El Diario ha crecido en popularidad con el pasar de los años, y es lectura obligatoria en bachillerato en varios países y en varios estados de los Estados Unidos. En febrero de 2008 se estrenó en Madrid el musical El Diario de Ana Frank. Un Canto a la Vida . Es la primera vez que la Fundación Anne Frank cede los derechos a una empresa para representar un musical sobre Anne Frank y su obra en todo el mundo.

En 1986, se publicó una edición crítica del Diario . Compara secciones originales con secciones modificadas por el padre, e incluye una discusión relativa a su autenticidad así como datos históricos sobre su familia.

En 1988, Cornelis Suijk — antiguo director de la Fundación Anne Frank y presidente de la Fundación para la educación sobre el Holocausto de los Estados Unidos — anunció que había obtenido cinco páginas que habían sido eliminadas por Otto Frank del Diario antes de su publicación. Suijk afirma que Otto Frank le entregó esas páginas poco antes de su muerte en 1980. Las páginas eliminadas contienen comentarios muy críticos de Anne Frank hacia la relación matrimonial de sus padres y hacia su madre . La decisión de Suijk de reclamar derechos de autor sobre las cinco páginas para con ello financiar su fundación en los Estados Unidos causó controversia. El Instituto Holandés de Documentación de Guerra, actual propietario del manuscrito, solicitó que le fueran entregadas las páginas faltantes. En 2000 el Ministerio Holandés de Educación, Cultura y Ciencia accedió a donar 300.000 dólares a la fundación de Suijk y las páginas fueron entregadas en 2001 . Desde entonces, han sido incluidas en las nuevas ediciones del Diario.

En 2004, se publicó un nuevo libro en Holanda, titulado Mooie zinnen-boek ("Libro de las bellas citas"), que contenía fragmentos de libros y poemas cortos que Anne recopiló, por consejo de su padre, durante su permanencia en la Achterhuis.

En su introducción a la primera edición del Diario en los Estados Unidos, Eleanor Roosevelt lo describió como "uno de los más sabios y conmovedores comentarios que he leído sobre la guerra y su impacto en los seres humanos". El escritor soviético Ilya Ehrenburg diría más tarde: "una voz que habla por la de seis millones; la voz no de un sabio o un poeta, sino la de una muchacha corriente". (enlace en inglés). A medida que ha crecido la talla de Anne Frank como escritora y humanista, se ha convertido en un símbolo del Holocausto y más ampliamente como una representante de la persecución. Hillary Rodham Clinton, en su discurso de acogida de un Premio Humanitario Elie Wiesel en 1994, citó el Diario de Anne Frank y dijo que "nos despierta frente a la locura de la indiferencia y el terrible precio que supone para nuestros jóvenes", que relacionó con los recientes acontecimientos ocurridos en Sarajevo, Somalia y Ruanda (enlace en inglés). Tras recibir el premio humanitario de la Fundación Anne Frank en 1994, Nelson Mandela se dirigió a una multitud en Johannesburgo, diciendo que había leído el diario de Anne Frank mientras estaba en prisión y que "obtuvo un gran aliento de él". Comparó la lucha de Anne contra el nazismo con la suya propia contra el apartheid, trazando una línea paralela entre las dos filosofías con el comentario "porque estas creencias son evidentemente falsas, y porque fueron, y siempre serán, desafiadas por los semejantes a Anne Frank, están destinadas al fracaso".

En el mensaje final de la biografía sobre Anne Frank de Melissa Müller, Miep Gies trató de disipar lo que creía era una creencia equivocada que iba en aumento, "Anne simboliza a los seis millones de víctimas del Holocausto", escribiendo: "la vida y muerte de Anne era su propio destino, un destino individual que se repitió seis millones de veces. Anne no puede, y no debe, representar a los muchos individuos a los que los nazis robaron sus vidas... Pero su destino nos ayuda a aceptar la inmensa pérdida que sufrió el mundo por culpa del Holocausto".

El Diario ha sido también alabado por su mérito literario. Comentando el estilo de redacción de Anne, la dramaturga Meyer Levin, que trabajó con Otto Frank en la dramatización del diario poco después de su publicación, lo alabó por "mantener la tensión de una novela bien construida" , mientras que el poeta John Berryman escribió que era una representación única, no sólo de la adolescencia sino también del "proceso misterioso y fundamental de un niño que se convierte en adulto, como sucede en realidad" . Su biógrafa Melissa Müller dijo que escribió "en un estilo preciso, confiado y económico, pasmoso en su franqueza". Su escritura es en gran parte un estudio de personajes, y examina a cada persona de su círculo con un ojo astuto, inflexible. Es de vez en cuando cruel y a menudo parcial, sobre todo en sus representaciones de Fritz Pfeffer y de su propia madre, y Müller explica que canalizó los "cambios de humor normales en la adolescencia" a través de su obra. Su examen de sí misma y de lo que la rodeaba se mantiene durante un largo período de tiempo de modo introspectivo, analítico, altamente autocrítico, y en los momentos de frustración relata la batalla que se libra en su interior entre la "Anne buena" que desea ser, y la "mala" que cree ser. Otto Frank recordó a su editor explicando por qué pensaba que el Diario se leería tan extensamente, con el comentario "dijo que el Diario abarca tantas etapas de la vida que cada lector puede encontrar algo que lo conmueva".

Desde su publicación se ha puesto empeño en desacreditar el diario, y desde mediados de 1970 David Irving (historiador y negacionista del Holocausto) ha sido constante al aseverar que el diario no es auténtico . Según el también negacionista Robert Faurisson, el diario no fue realmente escrito por Anne Frank, ya que contiene páginas escritas con bolígrafo, inventado en 1938 y patentado en Argentina el 10 de junio de 1943, pero que no habría sido introducido en Alemania hasta un año después, fecha en la que Anne había sido ya trasladada al campo de concentración (2 de septiembre de 1944) y su Diario estaba terminado. Las continuas declaraciones públicas hechas por quienes niegan el Holocausto llevaron a Teresien da Silva a comentar en 1999, en nombre de la Casa de Anne Frank, que "para muchos extremistas de derechas (Anne) demuestra ser un obstáculo. Su testimonio de la persecución de los judíos y su muerte en un campo de concentración están bloqueando el camino para la rehabilitación del nacionalsocialismo".

Desde los años 50, la negación del Holocausto ha sido una infracción criminal en algunos países europeos, y se ha hecho uso de la ley para prevenir un aumento de la actividad neonazi. En 1959 Otto Frank tomó acciones legales en Lübeck contra Lothar Stielau, un profesor de colegio y antiguo miembro de las Juventudes Hitlerianas que publicó un documento estudiantil en el que describió el Diario como una falsificación. La corte examinó el diario y concluyó en 1960 que éste era auténtico. Stielau se retractó de su afirmación anterior, y Otto Frank no llevó su demanda más lejos.

En 1958 un grupo de manifestantes desafió a Simon Wiesenthal durante una representación del Diario de Anne Frank en Viena asegurando que Anne Frank nunca existió, y le pidieron que probase su existencia encontrando al hombre que la había arrestado. Empezó a buscar a Karl Silberbauer y lo encontró en 1963. Cuando fue entrevistado, Silberbauer admitió en seguida su papel, e identificó a Anne Frank en una fotografía como una de las personas que fueron arrestadas. Proporcionó una versión completa de acontecimientos y recordó haber vaciado en el suelo una maleta llena de papeles. Su declaración corroboró la versión de los hechos que había sido presentada anteriormente por testigos como Otto Frank.

En 1976 Otto Frank emprendió acciones contra Heinz Roth, de Fráncfort, que publicó folletos que indicaban que el Diario era una falsificación. El juez decidió que si publicaba nuevas afirmaciones en esa línea sería condenado a pagar una multa de 500.000 marcos alemanes y se enfrentaría a una sentencia de seis meses de cárcel. Dos casos fueron desestimados por los tribunales alemanes en 1978 y 1979 amparándose en el derecho a la libertad de expresión, en vista de que la queja no había sido llevada a cabo por ninguna "parte perjudicada". El tribunal declaró en cada caso que si se hacía una nueva petición desde una parte perjudicada, como Otto Frank, se podrían abrir diligencias por difamación.

La controversia llegó a su punto más alto en 1980 con el arresto y juicio de dos neonazis, Ernst Römer y Edgar Geiss, que fueron juzgados y encontrados culpables de la creación y distribución de impresos denunciando la falsedad del Diario, a lo que siguió una querella de Otto Frank. Durante la apelación, un equipo de historiadores examinó los documentos de acuerdo con Otto Frank, y determinaron su autenticidad.

Con la muerte de Otto Frank en 1980, el diario original, incluyendo cartas y hojas sueltas, fue dejado en herencia al Instituto para la Documentación de la Guerra de los Países Bajos, que llevó a cabo en 1986 un estudio forense del diario a través del Ministerio de Justicia de los Países Bajos. Tras cotejar la caligrafía con ejemplares de autoría probada determinaron que coincidían, y que el papel, pegamento y tinta empleados eran fáciles de adquirir durante el período en el que se afirmaba que el Diario había sido escrito. Su determinación final fue que el Diario era auténtico. El 23 de marzo de 1990 el Tribunal Regional de Hamburgo confirmó su autenticidad.

El 3 de mayo de 1957 un grupo de ciudadanos, incluido Otto Frank, establecieron la Fundación Anne Frank en un esfuerzo por salvar el edificio de la achterhuis en Prinsengracht de la demolición, y para hacerlo accesible al público. Otto Frank insistió en que el propósito de la fundación sería el de fomentar el contacto y la comunicación entre jóvenes de diferentes culturas, religiones y razas, y oponerse a la intolerancia y a la discriminación racial.

La Casa de Anne Frank abrió sus puertas el 3 de mayo de 1960. Consiste en el almacén Opekta, las oficinas y la achterhuis, sin amueblar, para que los visitantes pudiesen caminar libremente por todas las habitaciones. Se conservan algunas reliquias personales de sus antiguos inquilinos, por ejemplo las fotografías de estrellas de cine pegadas en la pared por Anne, una porción del papel pintado sobre el que Otto Frank marcaba la altura de sus hijas mientras crecían y un mapa en la pared sobre el que registró el avance de las aliados, todo ello protegido ahora por láminas de plexiglás. Desde la pequeña habitación que fuera una vez hogar de Peter van Pels, un pasillo conecta el edificio con sus vecinos, también adquiridos por la Fundación. Estos otros edificios guardan el Diario, así como exposiciones no permanentes que describen diversos aspectos del Holocausto y muestras más contemporáneas de la intolerancia racial en diversos lugares del mundo. Se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas de Holanda, y cada año la visitan más de medio millón de personas.

En 1963 Otto Frank y su segunda mujer, Fritzi, establecieron el Anne Frank Fonds como una organización de beneficencia, con base en Basilea, Suiza. El Fonds recauda dinero para donarlo a las causas que lo necesitan. Tras su muerte, Otto legó los derechos sobre el Diario a esta institución, con la cláusula de que los primeros 80.000 francos suizos producidos como beneficio cada año se distribuyeran entre sus herederos, y que cualquier ingreso por encima de esa cantidad se destinase al Fonds para su uso en los proyectos que sus administradores considerasen digno de ello. Proporciona, con carácter anual, financiación para el tratamiento médico de los Justos entre las naciones. Se ha esforzado por educar a los jóvenes contra el racismo y ha prestado algunos de los manuscritos de Anne Frank al Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos en Washington, D.C. para una exposición en 2003. Su informe anual para ese mismo año dio cierta cuenta de su esfuerzo para realizar contribuciones a nivel global, con su apoyo a proyectos en Alemania, Israel, India, Suiza, el Reino Unido y los Estados Unidos .

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La noche (libro)

Ubicación de Sighetu en Europa.

La noche es una obra autobiográfica de Elie Wiesel sobre su experiencia como adolescente judío ortodoxo en los campos de concentración de la Alemania Nazi de Auschwitz y Buchenwald, durante la Segunda Guerra Mundial.

Wiesel tenía 16 años cuando Buchenwald fue liberado en abril de 1945 por los Aliados. Después de un periodo de 10 años en el que se negó a hablar sobre los eventos que vivió y tras haber perdido su confianza en Dios y en la humanidad, decidió escribir su relato en yidis, el cual fue en Buenos Aires en 1955 bajo el título Un di Velt Hot Geshvign (Y el mundo se quedó callado). El novelista francés François Mauriac le convenció de escribir la historia para un público más amplio y en 1958, se publicó en francés una versión más concisa titulada simplemente La Nuit. Esta versión ha sido traducida en más de 30 idiomas y es considerada, junto con Si esto es un hombre de Primo Levi y El diario de Ana Frank, uno de los mayores testimonios del genocidio Nazi.

La noche es el primer libro de una serie llamada Trilogía de la noche. Los otros dos libros, El alba y El día, son relatos ficticios que reflejan su pensar durante y después de la guerra. El título del libro está basado en la tradición judía de que cada día comienza con el ocaso. Esta creencia parte del primer capítulo, versículo 5 del libro del Génesis: "Y fue la tarde y la mañana un día".

Wiesel nació el 30 de septiembre de 1928 en la ciudad de Sighetu Marmaţiei, ubicada en los Montes Cárpatos del norte de Transilvania, un área anexada por Hungría en el 1940. Vivía con su padre Shlomo, su madre Sara y sus hermanas — Hilda, Beatriz y Tsipouka — en una pequeña comunidad de entre 10.000 y 20.000 judíos ortodoxos.

Cuando la Alemania Nazi invadió a Hungaría en la medianoche del 18 de marzo de 1994, pocos creían que corrían algún peligro. La noche comienza con el personaje Moshe el Bedel, conserje de la sinagoga y el residente más humilde y torpe (aunque muy amado) del pueblo, advirtiéndole, en vano, a los residentes de que huyeran y se salvasen.

Mientras los Aliados se preparaban para la Batalla de Normandía y la liberación de Europa durante los meses de mayo y junio de ese año, Wiesel y su familia, junto con 15.000 otros judíos de Sighetu y 18.000 adicionales de pueblos adyacentes, eran deportados por las tropas alemanas a los campos de concentración. Una vez allí su madre y su hermana mayor fueron envíadas de inmediato a las cámaras de gas. Hilda y Beatriz sobrevivieron, separadas del resto de la familia. Wiesel y su padre lograron mantenerse juntos, sobreviviendo trabajo forzoso y una marcha de la muerte hasta el campo de Buchenwald, donde murió su padre, pocas semanas antes de la llegada de los Aliados.

Wiesel utiliza un narrativo ralo y fragmentado, con cambios frequentes del punto de vista de la narración. Según él, "es el estilo de los cronistas de los guetos, donde todo se tiene que decir rápidamente, con un sólo aliento. Nunca sabías cuando el enemigo podría estar en tu puerta".

Los temas recurrentes en La noche son el cada vez mayor descontento del autor con la humanidad, su alejamiento de su fe y de Dios y la inversión de la relación padre e hijo tradicional al la salud de su padre decaer y él convertirse en su cuidador, aunque con rencor. Wiesel escribe: "Si sólo pudiese librarme de este peso muerto, para usar todas mis fuerzas para luchar por mi propia supervivencia... Inmediatamente me sentí avergonzado de mí mismo, avergonzado para siempre". En La noche, todo está al revés; todo valor, destruído. Según el relato, un kapo le dice: "Aquí no hay padres, ni hermanos ni amigos. Todos viven y mueren por sí mismos".

El narrador principal de La noche es Elie, un estudioso y devoto judío ortodoxo adolescente, que estudia el Talmud durante el día y, por la noche, va a la sinagoga a "llorar por las destrucciones del Templo". Allí, habla con Moshe el Bedel, conserje de la sinagoga, sobre el Cábala y los misterios del universo, enseñándole que "el hombre se acerca a Dios a través de las preguntas que les hace a Él" y que "toda pregunta posee un poder que no yace en la respuesta". La novela vuelve repetidamente a este tema de una fe espiritual sostenida, no por respuestas, sino por preguntas.

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Elie Wiesel

Campo de concentración de Buchenwald. Elie Wiesel se encuentra en la segunda fila de literas, el séptimo contando desde la izquierda.

Eliezer Wiesel (30 de septiembre de 1928) es un escritor rumano. Superviviente de los campos de concentración nazis, ha dedicado toda su vida a escribir y a hablar sobre los horrores del Holocausto, con la firme intención de evitar que se repita en el mundo una barbarie similar. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1986.

Wiesel nació en 1928 y a los 16 años fue capturado por los alemanes, al igual que los demás judíos de su pueblo. Tras llorar la muerte de todos sus familiares en Auschwitz y Buchenwald, estudió en la universidad de la Sorbona, en París, y posteriormente trabajó en periódicos de Israel, Francia y Estados Unidos, donde se estableció desde 1956.

Autor de tres novelas sobre sus vivencias durante aquellos años de represión y muerte (La noche (libro), El alba y El día; publicadas en español bajo el título de Trilogía de la noche), ganó el Premio Nobel de la Paz en 1986 El 16 de mayo de 1944, la familia Wiesel, como otras tantas familias judías, se embarcaban en un tren rumbo al campo de concentración de Birkenau. Es la primera parada, luego vienen Auschwitz y Buchenwald. Es noche cerrada, tinieblas exteriores a las que son arrojadas, junto a tantos judíos asesinados o supervivientes, nuestras entrañas de humanidad, nuestro manantial de profunda compasión. La noche (1956-1958), así se titula la novela (parte de la trilogia) que más fama le dio a Wiesel.

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Museo del Holocausto (Washington)

Edificio del Museo del Holocausto

El Museo de los Estados Unidos del Conmemorativo del Holocausto (inglés: United States Holocaust Memorial Museum) es una institución nacional situado en una zona adyacente al National Mall de Washington D.C. entre las calles 14 y 15 del barrio sudoeste. Sin embargo no es un miembro de la Institución Smithsonian. El museo se dedica a documentar, estudiar e interpretar la historia del Holocausto. También sirve como monumento conmemorativo oficial de los Estados Unidos a los millones de judíos europeos y otros colectivos asesinados durante el Holocausto bajo el mandato de la Alemania Nazi. La mayor parte de los fondos para la construcción del edificio y las actividades del museo provienen de fuentes privadas, aunque el gobierno de los Estados Unidos ofrece fondos adicionales. El director de cine Steven Spielberg es uno de los donantes más conocidos. La calle en la que se encentra el museo se llama Raoul Wallenberg, en honor a un diplomático sueco que salvó a unos 10.000 judíos en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial. El terreno del museo era propiedad anteriormente del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. 2 de los 3 edificios que se encontraban anexos en la misma propiedad fueron derribados para el diseño del nuevo edificio.

El museo fue creado por un acta anónima del Congreso de los Estados Unidos en 1980. Se abrió al público en abril de 1993 por el presidente Clinton y el superviviente del Holocausto Elie Wiesel encendió la llama eterna en la Sala del Recuerdo (Hall of Remembrance) en una ceremonia emotiva.

Las instalaciones albergan un gran número de exposiciones, obras de arte, publicaciones y objetos relacionados con el Holocausto. El museo colecciona y preserva evidencias materiales, distribuye material educativo y produce programas públicos. El museo además alberga las conmemoraciones anuales del Holocausto.

La exposición permanente relata la historia del Holocausto de forma cronológica. Empieza en 1933 con la ascensión al poder de Adolf Hitler, y acaba con la liberación de los campos de concentración, y la creación de Israel. La muestra se divide en 3 plantas que cubren diferentes años. La tercera planta, donde empieza la muestra, cubre los años de 1933 a 1940. Se centra en la exclusión social de los judíos y la preparación de la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana a Polonia. La segunda planta cubre los años de 1940 a 1945, centrándose en los campos de concentración, los centros de muerte y los guetos. La primera planta se centra en la resistencia, el rescate y la liberación, así como los años de la posguerra. Al final de la exposición hay una película con testimonios de supervivientes del Holocausto.

Para entrar en la exposición permanente los visitantes deben adquirir un pase gratuito. Se pueden adquirir el día de la visita al museo.

Además, el museo alberga el Comité de la Conciencia , un grupo de pensamiento financiado con dinero público y privado. Su función es la investigación del genocidio en todas las partes del mundo. Se ha nombrado a sí mismo como un interlocutor independiente para el Genocidio de Darfur en Sudán así como para la guerra de Chechenia en Rusia, una zona en la que el Comité considera probable que se hayan cometido atrocidades. Sin embargo el Comité no tiene poder para crear políticas y sirve como una institución de consulta para el gobierno de los Estados Unidos y todas las naciones que pidan sus servicios.

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Cultura de Rumania

Museo Nacional de Arte Contemporáneo, Bucarest

La cultura de Rumania es rica y variada. Como los propios rumanos, es fundamentalmente definida como el punto de encuentro de tres regiones : Europa Central, Europa del Este, y la Península Balcánica, sin poder ser incluida totalmente en ninguna de éstas tres. La identidad rumana se formó sobre un sustrato de elementos romanos y dacios (estos últimos son controvertidos), al cual se unieron otras influencias. Durante el fin de la Antigüedad y la Edad Media, las influencias mayores vinieron de : pueblos eslavos que migraron y se asentaron en los actuales países vecinos con Rumania : Bulgaria, Serbia, Ucrania, e incluso en Polonia y Rusia; griegos medievales y el Imperio Bizantino; de una larga dominación del Imperio Otomano; de los húngaros y sajones de Transilvania. La cultura rumana moderna evolucionó más o menos durante los últimos 250 años, con una fuerte influencia de la cultura occidental, particularmente francesa y alemana, si bien la más reciente es la influencia británica y americana.

Algunas costumbres, algunos nombres y un sustrato de palabras en el idioma rumano son consideradas herencia dácica, pero el tema es uno controvertido. La teoría de la continuidad dacio-romana fue importante para el resurgimiento nacional rumano del siglo XIX, pero todavía hay que aclarar algunos aspectos. El trabajo es a veces dificultado por algunas formas de nacionalismo rumano o de los vecinos de Rumania, por ejemplo algunos historiadores húngaros prefieren considerar que el pueblo rumano se formó al sur del Danubio, mientras que algunos historiadores búlgaros prefieren considerar que el pueblo rumano se formó al norte del Danubio. En realidad, es posible que el pueblo rumano se formara tanto al norte, como al sur del Danubio.

Entre los siglos XI y XIV los principados medievales Transilvania, Valaquia y Moldavia aparecieron en el área de los montes Cárpatos. La mayoría de la cultura rumana se desarrolló en el territorio correspondiente más o menos al actual estado Rumania.

Transilvania quedó bajo influencia húngara hacia el final del siglo XI, y por lo tanto la evolución de la cultura rumana ahí es algo distinta a la de los rumanos de Valaquia y Moldavia. Los húngaros trajeron el catolicismo romano como religión, así como colonos sajones en el sur, y székely en el oeste. Una de las personalidades culturales más importantes que nacieron en Transilvania fue Nicolaus Olahus ("Oláh" en húngaro significa "valaco"), histórico, político y obispo en el Reino de Hungría, y uno de los más importantes humanistas de Europa. Un documento importante del siglo XVI es la carta que escribió Neacşu de Câmpulung para el alcalde de Braşov, para anunciarle del inminente ataque de los turcos otomanos. La carta es el primer documento atestado en idioma rumano, escrito, según la costumbre de la época, en alfabeto cirílico.

Valaquia y Moldavia estaban situadas sobre importantes rutas comerciales, cruzadas a menudo por comerciantes polacos, sajones, griegos, armenios, genoveses o venecianos, rutas que les conectaban con la cultura de la Europa medieval. La crónica de Grigore Ureche, "Letopiseţul Ţării Moldovei" ("Las crónicas de la tierra de Moldavia"), tratando del período entre 1359 y 1594, es una importante fuente de información acerca de la vida, los eventos y las personalidades de Moldavia. Es también uno de los primeros textos rumanos de carácter laico; teniendo en cuenta la cantidad y la importancia de las informaciones que ofrece, es quizás el documento rumano más importante del siglo XVII.

Hacia el final del siglo XVII y el comienzo del siglo XVIII, el humanismo europeo influenció a cronistas como Miron Costin o Ion Neculce, que continuaron el trabajo de Grigore Ureche. Constantin Brâncoveanu, príncipe de Valaquia, fue un gran patrono de los artes, y una figura local de tipo renacentista. Durante el reinado de Şerban Cantacuzino, los monjes del monasterio de Snagov (cerca de Bucarest) publicaron en 1688 la primera Biblia traducida al rumano - "Biblia de la Bucureşti". Los primeros intentos exitosos de escribir poesías en rumano pertenecen a Dosoftei, un mitropolita moldavo, quien publicó en 1673 un libro de salmos métricos.

Dimitrie Cantemir, príncipe de Moldavia, fue una gran figura del período medieval (si se puede llamar medieval) en Moldavia. Fue un hombre prolífico de letras, interesado en filosofía, historia, música, lingüística, etnografía y geografía. Sus obras más importantes acerca de las regiones rumanas son "Descriptio Moldaviae" de 1769, y "Hronicul vechimii a romano-moldo-valahilor" ("Crónica de la antigüedad de los moldo-valacos"), la primera historia crítica de Rumania.

En Transilvania, a pesar de constituir la mayoría de la población, los rumanos eran considerados una "nación tolerada" por los gobernantes de la región, y no estaban representados proporcionalmente en la vida política y en la Dieta de Transilvania. Hacia el final del siglo XVIII, tuvo lugar un movimiento de emancipación rumano, conocido como "Şcoala Ardeleană" ("La Escuela Transilvana"), movimiento que enfatizó el origen romano de los rumanos y creó el alfabeto latino moderno para el idioma rumano. Los representantes del movimiento también aceptaron el liderato del Papa sobre la Iglesia rumana de Transilvania, formando así la Iglesia rumana Greco-Católica Unida. En 1791 mandaron una petición al emperador Leopoldo II de Austria, llamada "Supplex Libellus Valachorum", basada en la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano", en la cual pidieron derechos políticos iguales para los rumanos de Transilvania, comenzando así el movimiento del resurgimiento nacional.

El final del siglo XVIII y el comienzo del siglo XIX fue marcado en Valaquia y Moldavia por los reinados de los príncipes fanariotas; así, los dos principados fueron influenciados por el mundo griego. Escuelas griegas aparecieron en los principados, y en 1818 fue fondada en Bucarest la primera Escuela Rumana, por Gheorghe Lazăr e Ion Heliade Rădulescu. Anton Pann fue un novelista reconocido, Ienăchiţă Văcărescu escribió la primera gramática rumana, y su nieto Iancu Văcărescu es considerado el primer poeta rumano importante.

El año revolucionario 1848 tuvo su eco en los dos principados rumanos y en Transilvania, y una nueva élite surgió de la Revolución de 1848 : Mihail Kogălniceanu (escritor, político, primer ministro de Rumania), Vasile Alecsandri (poeta, dramaturgo y político), Andrei Mureşanu (autor de la letra de "Deşteaptă-te, române!") y Nicolae Bălcescu (historiador, escritor y revolucionario).

La unión de Valaquia y Moldavia en 1859 trajo consigo la consolidación de la vida y cultura rumana. Universidades fueron fondadas en Iaşi y Bucarest por Alexandru Ioan Cuza, y el número de establecimientos culturales aumentó considerablemente. El nuevo príncipe, y después Rey de Rumania, Carol I, fue un líder devotado a su país, y, junto con su esposa Elisabeth, un importante patrono de los artes.

Un gran impacto sobre la literatura rumana tuvo el círculo literario "Junimea", fondado por hombres de cultura que se agruparon alrededor del crítico literario Titu Maiorescu en 1863. El círculo publicó su propio jurnal, "Convorbiri Literare", al cual contribuyeron, entre otros, Mihai Eminescu, importante poeta romántico, Ion Creangă, brillante narrador, Ion Luca Caragiale, importante dramaturgo rumano. Durante el mismo período Nicolae Grigorescu y Ştefan Luchian echaron las bases de la pintura rumana moderna; el compositor Ciprian Porumbescu es de la misma época.

En Transilvania, el movimiento de emancipación llegó a ser mejor organizado, y en 1861, una importante organización cultural, ASTRA ("Asociación Transilvania para la Literatura rumana y la Cultura del Pueblo Rumano) fue fondada en Sibiu, y supervizada por el Mitropolita Ortodoxo Andrei Şaguna. Gracias a ella fueron publicados un número importante de libros y periódicos rumanos, y entre 1898 y 1904 publicó una Enciclopedia Rumana. Entre las personalidades más destacadas del período están : el novelista Ioan Slavici, el prosador Panait Istrati, el poeta y escritor Barbu Ştefănescu Delavrancea, el poeta George Coşbuc, el poeta Ştefan Octavian Iosif, el historiador y fundador de la prensa rumana en Transilvania George Bariţiu y "Badea" Gheorghe Cârţan, un simple pastor rumano, que gracias a sus acciones llegó a ser un símbolo del movimiento de emancipación rumana.

La primera mitad del siglo XX es considerada por muchos como una "época de oro" de la cultura rumana, y es el período donde ella llegó a un nivel de afirmación internacional y fuerte conexión con las principales tendecias culturales europeas. El artista importante que más influencia tuvo sobre la cultura mundial fue el escultor Constantin Brâncuşi, figura central del movimiento moderno y un pionero de la abstracción.

La relación entre las tendencias tradicionalistas y las oeste-europeas fue un tema que generó polémicas ardentes, y atrajo varias personalidades culturales remarcables. El filósofo, poeta expresionista y dramaturgo Lucian Blaga puede ser citado entre los tradicionalistas, mientras que el fondador del círculo literario y cultural "Sburătorul", Eugen Lovinescu, representa al así llamado grupo "occidentalizante", que tenía el propósito de acercar la cultura rumana a la cultura del Oeste de Europa. También, George Călinescu fue un escritor complejo, que entre otras creaciones literarias, realizó la monumental "Historia de la Literatura Rumana, desde sus orígenes hasta el día presente".

El comienzo del siglo XX fue también un período prolífico para la prosa rumana, con personalidades como el novelista Liviu Rebreanu, quien describió las luchas en la sociedad tradicional y los horrores de la guerra, Mihail Sadoveanu, escritor de novelas inspiradas en la historia medieval de Moldavia, o Camil Petrescu, escritor que destaca por su prosa analítica. En la dramatugía, Mihail Sebastian fue un autor influencial, y, con el aumento del número de teatros, aumentó el número de actores, con Lucia Sturdza Bulandra siendo la actriz más representativa de la época.

Al lado del popular poeta George Topîrceanu, un poeta de gran importancia fue Tudor Arghezi, el primero en revolucionar la lírica rumana después de Eminescu. Hay que mencionar también los poemas de George Bacovia, considerado el más importante poeta simbolista rumano, cuyas obras se desarrollan en un espacio de la neurosis y desesperación, a veces mascadas por una atmósfera de esplín. Otro poeta importante fue Ion Barbu, en realidad un matemático, quien escribió una serie de poemas "herméticas". Tristan Tzara y Marcel Janco, inicidadores del movimiento dada, son de origen rumano ("tzara" viene de la palabra rumana para "país").

También durante la época de oro surgieron en la filosofía rumana figuras como Mircea Vulcănescu, Dimitrie Gusti, Alexandru Dragomir, o Vasile Conta. El período estuvo dominado por la figura del historiador, escritor y político Nicolae Iorga, quien publicó más de 1250 libros y 25.000 artículos a lo largo de su vida. En lo que concierne a la música, los compositores George Enescu y Constantin Dimitrescu, y el pianista Dinu Lipatti llegaron a ser famosos a nivel internacional. El número de pintores destacados también aumentó, con nombres como : Nicolae Tonitza, Camil Ressu, Francisc Şirato, Ignat Bednarik, Lucian Grigorescu o Theodor Pallady. En la medicina, una gran contribución a la sociedad humana fue el descubrimiento de la insulina, por el científico rumano Nicolae Paulescu. Gheorghe Marinescu fue un importante neurólogo, y Victor Babeş fue uno de los primeros bacteriólogos. En las matemáticas, destacaron Gheorghe Ţiţeica y el matemático y poeta Ion Barbu.

Después de la segunda guerra mundial, debido a la ocupación de Rumania por el Ejército Rojo y la imposición de un régimen comunista en Rumania, un gran número de personalidades culturales huyeron del país, y algunos consiguieron influenciar la escena cultural internacional. Los más destacados son : el dramaturgo Eugen Ionescu (conocido en Francia como "Eugène Ionesco"), creador del teatro del absurdo y primer rumano elegido en la "Académie française"; el historiador de las religiones y escritor Mircea Eliade; el ensayista y filósofo Emil Cioran. Ioan Petre Culianu continuó con éxito el trabajo de Eliade, en los Estados Unidos.

Músicos rumanos conocidos en el período incluyen al conductor Sergiu Celibidache - conductor principal en la Orchestra Filarmónica de Berlin y después la Orchestra Filarmónica de Munich - y a Constantin Silvestri, principal conductor de la Orchestra Sinfónica de Bournemouth. Gheorghe Zamfir fue un virtuoso de la zampoña, e hizo que éste instrumento sea conocido alrededor del mundo, y también fue compositor e intérprete para varias películas. El compositor y arquitecto Iannis Xenakis nació y pasó su infancia en Rumania.

George Emil Palade fue un profesor y biólogo que estudió las células, el primer rumano en recibir el Premio Nobel, en 1974, por "describing the structure and function of organelles in cells". Elie Wiesel, quien recibió el premio Nobel para la paz en 1986, nació en la ciudad rumana Sighetu Marmaţiei.

En Rumania, el régimen comunista impuso una rigurosa censura en todos los aspectos de la vida, e intentó usar al mundo cultural como medio para controlar mejor a la población. Dos corrientes aparecieron : una que glorificaba al régimen, y otra que intentaba escapar de la censura.

La primer corriente no dejó casi ninguna obra de valor duradero, pero la segunda consiguió dejarnos obras valiosas, que no solo consiguieron escapar de la censura, sino que fueron muy apreciadas por los rumanos de ese tiempo. A la segunda corriente pertenecen personalidades como : el escritor Marin Preda, el poeta Nichita Stănescu, el poeta y dramaturgo Marin Sorescu, o críticos literarios como Nicolae Manolescu y Eugen Simion. La mayoría de los disidentes que no optaron para la emigración vivieron vigilados de cerca por las autoridades, a veces en "arresto a domicilio" o "domicilio forzado"; algunos incluso decidieron retirarse a monasterios aislados (ya que la religión estaba también prohibida en el comunismo). La mayoría de sus obras fueron publicadas después de la Revolución rumana de 1989, particularmente las obras de los filósofos Constantin Noica, Petre Ţuţea o Nicolae Steinhardt.

La actividad editorial fue intensa durante la época comunista. Con el propósito de "educar a las masas", se publicaron muchos libros. Aparecieron casas de publicación a gran escala, como "Cartea Românească" o "Editura Eminescu", que incluyeron colecciones de libros como "Biblioteca pentru Toţi" ("La Biblioteca para Todos"), con más de 5000 títulos. En general, un libro no se publicaba nunca en menos de 50.000 copias. Bibliotecas fueron construidas en todos los pueblos, y aprovisionadas con los libros más recientes. Además, gracias a los precios bajos y al hecho que todo el mundo tenía empleo, prácticamente todo el mundo se permitía tener una colección personal de libros en su casa, si bien la calidad del papel no era siempre alta. Hay que mencionar que, por ejemplo, Mihai Eminescu, hoy considerado un importante poeta rumano, al principio estaba mal visto por el régimen comunista, al ser considerado demasiado "místico" y "burgués", pero el descubrimiento por las autoridades comunistas de su poema "Emperador y proletario" hizo que ellos cambiasen su actitud frente a él y sus obras. Cuando los comunistas llegaron al poder, tenían preparada una lista de libros y autores prohibidos, a veces es difícil incluso darte cuenta de los criterios de selección, así que algunos autores valiosos estuvieron completamente ignorados durante los 45 años de comunismo en Rumania. Es verdad que las colecciones editadas durante su régimen incluían a algunos escritores extranjeros que nada tenían que ver con el comunismo, pero la censura se aplicaba también a sus obras.

También durante este período, hubo un aumento considerable del número de teatros, incluso en las ciudades más pequeñas. Se construyó también el Teatro Nacional de Bucarest, justo en el centro de la ciudad, un edificio de referencia para la cultura rumana. En las ciudades pequeñas existían los denominados "Teatro del Trabajador", instituciones semi-profesionales. Parcialmente debido a la escasez de otros medios de divertimiento, el teatro fue muy popular durante la Rumania comunista, y el número de actores aumentó. Todos los teatros estaban financiados por el Estado, y las obras de teatro tenían que pasar el control ideológico. Los teatros progresistas solo sobrevivieron en algunas ciudades aisladas, con un público más bien local.

Los cines siguieron una evolución similar a los teatros; a veces el mismo edificio servía como cine y teatro. Las películas eran muy populares, y, desde los años 1960, los filmes extranjeros llegaron a ser bastante comunes. Las películas del Occidente estaban atentamente censuradas, a veces secciones enteras eran cortadas, y el diálogo traducido con las palabras aceptadas por el régimen. La mayoría de las películas extranjeras presentaban temas domésticos, que podían ser visionadas por todos los miembros de la familia. Las primeras películas rumanas que tuvieron éxito fueron películas cortas, basadas en las obras de Ion Luca Caragiale. Financiada por el gobierno, durante los años 1960, una industria entera fue desarrollada en Buftea, cerca de Bucarest, y algunas películas de influencia occidental o históricas fueron muy apreciadas por el público. El director más prolífico de la era fue Sergiu Nicolaescu, y uno de los actores más amados fue Amza Pellea, que tuvo algunos problemas con el régimen.

Después de la caída del comunismo en 1989, hubo una explosión de publicaciones que antes habían estado prohibidas. Se publicaron libros en muchas copias, las ventas eran buenas, y apareció un gran número de casas de publicación. Sin embargo, se llegó a un punto de saturación, y los negocios empezaron a llegar a la bancarrota, debido a una gestión poco inspirada y a la falta de subsidios. Algunas editoriales privadas cambiaron su perfil y empezaron a publicar libros comerciales, especialmente traducciones, mientras que las editorales estatales entraron en declive, a pesar de algunas ayudas del Estado. A pesar de todo esto, algunas editoriales sobrevivieron gracias a sus tácticas de mercadotecnia, y al aumento de la cualidad y aspecto de los libros publicados. Las edituras actuales más destacadas son "Humanitas" en Bucarest, "Polirom" en Iaşi, o "Teora" - orientada hacia libros técnicos y diccionarios. Algunas casas de publicación abrieron sus propias librerías, y en general las librerías privadas reemplazaron a las controladas por el estado.

Los periódicos con temas culturales siguieron una evolución similar. Unos pocos llegaron a sobrevivir y aumentar su nivel de cualidad, manteniendo su espíritu crítico. "Dilema Veche" ("El Viejo Dilema") y "Revista 22" son todavía respetadas en la cultura rumana, y "Observator Cultural" es una publicación semanal menor, pero igual de respetada en los círculos culturales. Hay también un radio financiado por el Estado - "Radio România Cultural" y un canal de televisión - "TVR Cultural", pero no son muy populares.

Se afirmaron varios escritores jóvenes en loc círculos literarios, pero solo los que alcanzaron la notoriedad han conseguido el apoyo financiero para publicar sus libros. "Uniunea Scriitorilor" debería, en teoría, apoyar a los jóvenes escritores sin medios financieros, pero la "Unión" misma se enfrenta con problemas financieros. Los escritores mejor conocidos, como Mircea Cărtărescu, Horia-Roman Patapievici, Andrei Pleşu, Gabriel Liiceanu o Mircea Dinescu, son apreciados en la sociedad rumana, pero necesitan dedicar una parte de su tiempo a otras actividades, principalmente periodística. Los enlaces con la "diaspora" rumana son ahora muy estrechos, e incluso escritores rumanos de otro idioma, como Andrei Codrescu, quien escribe principalmente en inglés, pueden llegar a ser populares.

El teatro rumano sufrió mucho por los problemas financieros, y su popularidad bajó también por culpa de medios de diversión como la televisión y recientemente internet. Algunos teatros sobrevivieron gracias a su prestigio (y algunos subsidios), otros gracias a una buena administración de los mismos. Teatros experimentales e independientes también aparecieron, y son populares en las ciudades universitarias. "Uniter" - la Asociación de los Teatros Rumanos - ofrece premios anuales a las mejores representaciones. Los directores más apreciados por los críticos son Silviu Purcărete, Tompa Gabor, Alexandru Dabija y Alexandru Darie. Entre los actores más apreciados, tanto de la vieja, como de la nueva generación, están Ştefan Iordache, Victor Rebenciuc, Maia Morgenstern, Marcel Iureş, Horaţiu Mălăele, Ion Caramitru, Mircea Diaconu, Marius Chivu, y otros.

Debido a la falta de fondos, la industria rumana de la producción de películas sufrió durante los años 1990; desde 2005, las ayudas estatales para películas son muy controvertidas. Directores conocidos como Dan Piţa o Lucian Pintilie tuvieron un éxito más o menos continuo, mientras que directores jóvenes como Nae Caranfil o Cristi Puiu llegaron a ser muy respetados. La película de Caranfil "Filantropica" y la de Puiu "La muerte del Sr.Lăzărescu" ganaron premios en festivales internacionales como el de Paris o el de Cannes. Además, gracias a los gastos menores que hay que emplear ahí, Rumania llegó a ser una destinación apreciado por los productores internacionales de películas, y se invertió mucho dinero en estudios grandes.

El número de eventos culturales anuales aumentó en Rumania en los últimos años. Algunos eventos esporádicos, como "2005 Bucharest CowParade", fueron bien recibidos, y los eventos y festivales anuales también atrajeron el interés de muchos. Muy populares son los festivales medievales en las ciudades de Transilvania, que combinan teatro en la calle con música y recreación de batallas, para animar la atmósfera.

En el teatro, un "Festival Nacional" anual tiene lugar, y uno de los festivales internacionales más importantes es el "The Sibiu Theatre Festival", mientras que en la cinematografía, festivales como "TIFF" en Cluj, "Dakino" en Bucarest y "Anonimul" en el Delta del Danubio son todavía más populares a nivel internacional.

En lo que concierne a la música, el evento más importante es el Festival de Música Clásica "George Enescu", pero también se aprecian festivales internacionales como "Jeunesses Musicales" y los festivales de jazz de Sibiu y Bucarest. De hecho, Sibiu fue Capital Cultural Europea en 2007, junto con Luxemburgo.

El fenómeno más curioso de la cultura rumana es la supervivencia de tradiciones folklóricas hasta nuestros días, gracias al carácter rural de las comunidades rumanas, que tuvo como resultado una cultura tradicional excepcionalmente creativa y vital. Las ricas tradiciones folklóricas fueron alimentadas por varias fuentes, que nos llevan incluso antes de la ocupación romana. El arte tradicional incluye tallar en madera, cerámica, tejeduría y costura de trajes, decoraciones domésticas, bailes, y música folklórica variada. Los etnógrafos intentaron recoger, durante los últimos dos siglos, tantos elementos cuanto fue posible : el Museo del Campesino Rumano y la Academia Rumana son actualmente las instituciones principales que organizan sistemáticamente los datos y continúan las investigaciones.

La madera fue el principal material de construcción, y objetos de madera muy decorados eran comunes en las casas antiguas. En Maramureş la madera fue usada para crear estructuras impresionantes, como iglesias o puertas, en Dobruja los molinos de viento eran de madera, y en las regiones montañosas la madera dura era usada incluso para cubrir los techos. Para preservar casas tradicionales, muchos museos del pueblo fueron creados en el siglo XX en Rumania, como el Museo del Pueblo en Bucarest, el Museo ASTRA de la Civilización Tradicional Popular en Sibiu o el Museo del Pueblo Oltenio en Râmnicu Vâlcea.

El lino fue el material más común para las ropas, combinado con lana durante el invierno o en períodos más fríos. Éstas son bordadas con motivos tradicionales, que varían según la región. El negro es el color más usado, pero el rojo y el azul son predominantes en algunas áreas. Tradicionalmente, los hombres llevaban una camiseta blanca y pantalones (los de lana se llamaban "iţari"), con una correa ancha de cuero, habitualmente sobre la camiseta, y un chaleco a veces de cuero y brodado. Llevaban botas o un calzado simple de cuero, atado alrededor del pie, llamado "opincă", y llevaban un gorro cuyo modelo varía según la región. Las mujeres llevaban una falda blanca, y una camiseta con un chaleco. Llevaban también un delantal brodado llamado "şorţ" o "cătrinţă", y cubrían sus cabezas con una "basma"; en ocasiones especiales, como fiestas religiosas o días de mercado, vestían trajes más elaborados.

La música y el baile representan una parte importante del folklore rumano, que presenta una gran variedad de géneros musicales y bailes. La música de fiesta es muy animada y muestra influencias balcánicas (serbias y búlgaras), húngaras y ucranianas. Pero la música sentimental, sin embargo, es la más apreciada, y los rumanos consideran su "doina" única en el mundo. Maria Tănase es considerada hoy una de las mejores cantatrices de música popular, mientras que Grigore Leşe y "Taraful Haiducilor" gozan de celebridad. Los bailes son animados y practicados en Rumania por un gran número de grupos aficionados o profesionales, manteniendo de ésta manera viva la tradición; "Hora" es uno de los bailes de grupo más famosos, pero bailes masculinos de grupo como "Căluşari" son muy complejos y fueron declarados por Unesco "Obras maestras de la tradición oral e intangible legado de la humanidad".

Los rumanos tuvieron, desde tiempos inmemoriales, una miríada de costumbres, cuentos y poemas, acerca de amor, fe, reyes, princesas, y brujas. Etnólogos, poetas, escritores e historiadores intentaron, en los siglos recientes, coleccionar y preservar cuentos, poemas, baladas e intentaron describir lo mejor posible las costumbres y los hábitos relacionados con distintos eventos del año. Las costumbres relacionadas con tiempos determinados del año son "colinde" - villancicos navideños rumanos, "sorcova" en el día de Año Nuevo, o "Mărţişor" en el 1 de marzo, comienzo de la primavera. Hay también costumbres que probablemente son de origen pagano, pre-cristiano, como "Paparuda", hechizos relacionados a la lluvia durante el verano, o el teatro mascado popular "Ursul" (el oso) o "Capra" (la cabra) en el invierno.

Quizás el más exitoso colector de cuentos populares fue el novelista y narrador Ion Creangă, quien, usando un lenguaje pintoresco, dio su forma ahora clásica a los cuentos como "Harap Alb" (con aproximación, "El Príncipe Blanco") o "Fata babei şi fata moşneagului" ("La hija de la vieja y la hija del viejo"). También, el poeta Vasile Alecsandri publicó una variante de la balada popular "Mioriţa" ("La ovejita") que llegó a ser la clásica, un poema filosófico, triste, alrededor de una sola acción : el plan de dos pastores para matar al tercero, porque envidiaban su fortuna. Otro editor prolífico fue Petre Ispirescu, quien, en el siglo XIX, publicó un número impresionante de volumenes conteniendo novelas cortas y cuentos de la mitología popular. Están centradas en personajes populares como el príncipe "Făt-Frumos", la princesa "Ileana Cosânzeana", personajes negativos como el "Zmeu" o el "Căpcăun" (más o menos ogro), el dragón ("Balaur", palabra dácica) o seres sobrenaturales como la "Zână" (hada) buena o "Sfânta Vineri" ("Santa Viernes), o la malvada "Muma Pădurii" ("Madre del Bosque").

La espiritualidad rumana fue influenciada por sus conecciones con el mundo cristiano del este. Los rumanos adquirieron de esa manera un sentido único de identidad, que podría ser expresado usando dos "clichés" : "Una isla de latinidad en un océano eslavo" y "El único pueblo ortodoxo latín". Hay, por comparación, pocos católicos romanos (tanto del rito romano, como del rito griego) y un grupo pequeño de protestantes, mientras que más del 90% de la población es ortodoxa. A pesar del papel cada vez menos importante que tiene la Iglesia en la vida de las generaciones más recientes, la Iglesia Ortodoxa Rumana sigue siendo la institución más respetada por los rumanos. En el mundo rural, la asistencia a las iglesias es todavía grande, y también entre los ancianos de las ciudades. También, a pesar de algunas acusaciones de colaboración con el régimen comunista, personalidades remarcables mantuvieron su verticalidad y llegaron a ser universalmente respetadas, como el sacerdote Dumitru Stăniloae, considerado uno de los más grandes teólogos del mundo, en el período reciente.

Iglesias y monasterios ortodoxas existen a lo largo de Rumania, pero, tradicionalmente, solo pocas son construidas a una escala monumental. Un gran número de iglesias de madera están todavía intactas en los pueblos de los Montes Cárpatos, pero las más impresionantes son las Iglesias de Madera de Maramureş, que llevan las técnicas de construir en madera a sus límites. Influencias bizantinas pueden encontrarse en la mayoría de las iglesias rumanas, pero estilos autóctonos evolucionaron en períodos distintos y en regiones distintas. En el norte de Moldavia, un estilo particular fue usado para construir monasterios, de los cuales las más importantes son los monasterios pintados de Bucovina - Patrimonio de la Humanidad Unesco, como por ejemplo Moldoviţa, Putna, Suceviţa, y Voroneţ. En Muntenia, la Catedral de Curtea de Argeş fue construida con un estilo bizantino, y con influencias de los moros, y un gran número de iglesias presentan influencias griegas, particularmente las construidas durante el siglo XVIII, como la Iglesia Stavropoleos, del centro de Bucarest. En Rumania también evolucionó el estilo "Brâncovenesc", del dueño valaco Constantin Brâncoveanu, y los monasterios de Snagov y de Sâmbăta de Sus en Transilvania son ejemplos clásicos.

Los rumanos aman comer una gran diversidad de comidas. Una pregunta típica rumana es : "¿ Vivimos para comer, o comemos para vivir ?". Un gran número de refranes y proverbios tratan de la actividad de comer. Desde las gracias que da el niño : "Gracias por la comida, pues fue buena y sabrosa, y la cocinera gordita" hasta las más filósoficas "Gracias, Señor, pues he comido, y ahora tengo hambre de nuevo", "El amor pasa por el estomago" o "El apetito viene comiendo", o el sarcástico "El cerdo come cualquier cosa, pero se engorda para otros", hasta la expresión de satisfacción total : "Comido bien, bebido bien, por la mañana me desperté muerto".

Las recetas rumanas presentan las mismas influencias que el resto de la cultura rumana : desde tiempos romanos permaneció la empanada llamada "plăcintă", palabra derivada del latín "placenta". Los turcos trajeron las bolitas de carne - "mititei" fritos o "perişoare" en un tipo de sopa llamada "ciorbă"; de los griegos ha quedado la "musaca" ("moussaka"), de los búlgaros, comidas como "zacuscă"; de los austriacos, "şniţel" ("schnitzel") y "covrigi" (pretzels calientes; de los húngaros, productos de pastelería; y la lista puede continuar.

Una de las comidas más comunes es "mămăliga", similar al italiano "polenta", considerada por mucho tiempo la comida del pobre - de ahí la expresión "No tiene ni siquiera mămăligă en la mesa", pero llegó a ser muy apreciada generalmente, en tiempos recientes. La carne de cerdo es la más usada en la cocina rumana - "El mejor pescado, sigue siendo el cerdo", pero se aprecia también el vacuno, y una buena comida a base de cordero o pescado nunca es rechazada.

El cordero es tradicional para la Pascua : los platos principales son cordero asado y "drob" - un mezclaje cocido de menudos, carne y legumbres frescas, similar al "haggis" escocés, que son servidas con "pască" (empanada dulce con queso). Para la Pascua los rumanos suelen pintar huevos, inicialmente eran solo en rojo (por la sangre de Jesús), y hay también una tradición de huevos "încondeiate" (más o menos "decorados") en los pueblos rumanos.

El vino es la principal bebida rumana, y su tradición se extiende a más de dos milenios. Rumania es el noveno productor de vino del mundo, y recientemente las exportaciones empezaron crecer. Una gran variedad doméstica (Fetească, Grasă, Tămâioasa) o internacional (Italian Riesling, Merlot, Sauvignon blanc, Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Muscat Ottonel) son producidas. También, Rumania es el segundo cultivador de ciruelas del mundo, y la mayoría de las ciruelas se convierten en las famosa bebidas "ţuică" (brandy refinado una vez) o "pălincă" (brandy refinado dos o más veces). También la cerveza es muy apreciada, en general rubia pilsener, de estilo alemán.

Los húngaros y los alemanes de Transilvania contribuyeron a la arquitectura de la región, incluyendo aquí numerosas iglesias, fortificaciones, y centros de ciudad. También, en Transilvania tuvieron lugar acontecimientos históricos en la cultura rumana : la primera carta escrita en rumano era para el alcalde de "Kronstadt" (alemán), hoy Braşov, y el primer libro publicado en rumano fue en "Hermannstadt", hoy Sibiu.

Rumania fue la cuna del teatro yidis, y hasta nuestros días en Bucarest hay un "Teatro Hebreo del Estado", a pesar de que la comunidad judía no es tan grande en el presente.

En el dominio técnico, hay que señalar los logros espectaculares en el dominio de la aviación, conseguidos por Traian Vuia, Aurel Vlaicu, Aurel Persu, y Henri Coandă, y también el trabajo de George Constantinescu en el dominio de la ingeniería y la sónica. En el domino arquitectural e ingeniérico, Bucarest llegó a ser conocido como "El pequeño París", el puente más largo de Europa fue construido por Anghel Saligny, conectando Dobruja con el resto de Rumania, el Castillo Peleş, castillo de la monarquía rumana, es uno de los castillos modernos más bellos de Europa, etc.

Al principio



Novela

Portada de la versión inglesa del Telémaco de Fénelon (Londres: E. Curll, 1715). No califica su obra como "novela", como habían hecho Aphra Behn y William Congreve.

La novela (del italiano novella, noticia, relato novelesco) es, según la RAE, una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

Aquí radica la diferencia con el cuento. Existe una zona difusa entre cuento y novela que no es posible separar en forma tajante. A veces se utiliza el término nouvelle o novela corta para designar los textos que parecen demasiado cortos para ser novela y demasiado largos para ser cuento; pero esto no significa que haya un tercer género (por el contrario, duplicaría el problema porque entonces habría dos límites para definir en lugar de uno).

Hay otras diferencias entre novela y cuento: el relato aparece como una trama más complicada o intensa, con mayor número de personajes que además están más sólidamente trazados, ambientes descritos pormenorizadamente, etcétera.

La novela es el reino de la libertad de contenido y de forma. Es un género proteico que presenta a lo largo de la historia múltiples formas y puntos de vista.

Desde finales del periodo victoriano hasta la actualidad, algunas de estas variedades se han convertido en auténticos subgéneros (ciencia ficción, novela rosa) muy populares, aunque a menudos ignorados por los críticos y los académicos; en tiempos recientes, las mejores novelas de ciertos subgéneros han empezado a ser reconocidas como literatura seria.

La novela es el más tardío de todos los géneros literarios. Aunque tiene precedentes en la Edad Antigua no logró implantarse hasta la Edad Media.

Existe toda una tradición de largos relatos narrativos, en verso, propias de tradiciones orales, como la sumeria (Epopeya de Gilgamesh), y la hindú (Ramayana y Mahábharata).

Estos relatos épicos en verso se dieron igualmente en Grecia (Homero) y Roma (Virgilio). Es aquí donde se encuentran las primeras ficciones en prosa, tanto en su modalidad satírica (con el Satiricón de Petronio, las increíbles historia de Luciano de Samosata y la obra protopicaresca de Lucio Apuleyo El Asno de Oro). Dos géneros aparecen en la época helenística que se retomarían en el Renacimiento y están en el origen de la novela moderna: la novela bizantina (Heliodoro de Émesa) y la novela pastoril (Dafnis y Cloe, de Longo).

La novela de Genji o Genji Monogatari, es una novela clásica de la literatura japonesa y está considerada una de las novelas más antiguas de la historia.

En Occidente, en los siglos XI y XII) surgieron los romances, que eran largas narraciones de ficción en verso, que se llamaron así por estar escritos en lengua romance. Se dedicaron especialmente a temas caballerescos, como el ciclo artúrico. En los siglos XIV y XV surgieron los primeros romances en prosa: largas narraciones sobre los mismos temas caballerescos, sólo que evitando el verso rimado. Aquí se encuentra el origen de los libros de caballerías.

Junto a estos libros de caballerías, surgieron en el siglo XIV las colecciones de cuentos, que tienen en Boccaccio y Chaucer sus más destacados representantes. Solían recurrir al artificio de la "historia dentro de la historia": no son así los autores, sino sus personajes, los que relatan los cuentos. Así, en El Decamerón, un grupo de florentinos huye de la peste y se entretienen unos a otros narrando historias de todo tipo; en los Cuentos de Canterbury, son unos peregrinos que van a Canterbury a visitar la tumba de Tomás Becket y cada uno escoge cuentos que se relacionan con su estado o su carácter. Así los nobles cuentan historias más "románticas", mientras que los de clase inferior prefieren historias de la vida cotidiana. De esta forma, los verdaderos autores, Chaucer y Boccaccio, justificaban estas historias de trampas y travesuras, de amores ilícitos e inteligentes intrigas en las que se reía de profesiones respetables o de los habitantes de otra ciudad.

A finales del siglo XV surge en España la novela sentimental, como última derivación de las convencionales teorías provenzales del amor cortés. La obra fundamental del género fue la Cárcel de amor (1492) de Diego de San Pedro.

El cambio de un siglo a otro estuvo dominado por los libros de caballerías. En España, este tipo de prosa novelesca se difundió al principio en idioma catalán o valenciano, con obras como Tirante el Blanco de Joanot Martorell (1490) o la novela anónima Curial e Güelfa. La obra más representativa del género fue el Amadís de Gaula (1508). Este género siguió cultivándose el siglo siguiente, con dos ciclos de novelas: los Amadises y los Palmerines.

La difusión de la imprenta incrementó la comercialización de las novelas y los romances, aunque los libros impresos eran caros. La alfabetización fue más rápida en cuanto a la lectura que en cuanto a la escritura.

Todo el siglo estuvo dominado por el subgénero de la novela pastoril, que situaba el asunto amoroso en un entorno bucólico. Puede considerarse iniciada con La Arcadia (1502), de Jacopo Sannazaro y se expandió a otros idiomas, como el portugués (Menina y moza, 1554, de Bernardim Ribeiro) o el inglés (La Arcadia, 1580, de Sidney).

No obstante, a mediados de siglo, se produjo un cambio de ideas hacia un mayor realismo, superando en este punto las novelas pastoriles y caballerescas. Así se advierte en el Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais y en la Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554), origen esta última de la novela picaresca.

La novela moderna, como técnica y género literario está en el siglo XVII en la lengua española, siendo su mejor ejemplo Don Quijote de la Mancha (1605) de Miguel de Cervantes. Se considera como la primera novela moderna del mundo, innovaba respecto a los modelos clásicos de la literatura greco-romana como lo eran la epopeya o la crónica. Incorpora ya una estructura episódica según un propósito fijo premeditadamente unitario. Se inició como una sátira del Amadis, que había hecho que Don Quijote perdiera la cabeza. Los defensores del Amadís criticaron la sátira porque apenas podía enseñar algo: Don Quijote ni ofrecía un héroe al que emular ni satisfacía con bellos diálogos; todo lo que podía ofrecer es hacer burla de los ideales nobles. Don Quijote fue la primera obra auténticamente anti-romance de este periodo; gracias a su forma que desmitifica la tradición caballeresca y cortés, representa la primera obra literaria que se puede clasificar como novela.

Con posterioridad al Quijote, Cervantes publicó las Novelas Ejemplares (1613). Por "novela" se entendía en el siglo XVII la narración breve intermedia entre el cuento y la novela extensa, o sea lo que hoy llamamos novela corta. Las Novelas ejemplares de Cervantes son originales, no siguen modelos italianos, y frente a la crítica al Quijote, que se decía que no enseñaba nada, pretendían ofrecer un comportamiento moral, una alternativa a los modelos heroico y satírico. No obstante, siguió suscitando críticas: Cervantes hablaba de adulterio, celos y crimen. Si estas historias proporcionaban ejemplo de algo, era de acciones inmorales. Los defensores de la "novela" respondieron que sus historias proporcionaban buenos y malos ejemplos. El lector podía aún sentir compasión y simpatía con las víctimas de los crímenes y las intrigas, si se narraban ejemplos de maldad.

Surgió entonces como respuesta a estas novelas dudosas un romance más noble y elevado, con incursiones al mundo bucólico, siendo La Astrea (1607-27) de Honoré d'Urfé, la más famosa. Se criticaron estos romances por su falta de realismo, a lo que sus defensores replicaban que se trataba en realidad de "novelas en clave" (roman à clef), en los que, de forma encubierta, se hacía referencia a personajes del mundo real. Esta es la línea que siguió Madeleine de Scudéry, con tramas ambientadas en el mundo antiguo pero cuyo contenido estaba tomado de la vida real, siendo sus personajes, en realidad, sus amigos de los círculos literarios de París.

Veinte años más tarde, Madame de La Fayette dio el paso decisivo, siendo su obra más conocida La princesa de Clèves (1678), en la que tomaba la técnica de la novela española, pero la adaptaba al gusto francés: en lugar de orgullosos españoles que se batían en duelo para vengar su reputación, reflejaba detalladamente los motivos de sus personajes y el comportamiento humano. Era una "novela" sobre una virtuosa dama, que tuvo la oportunidad de arriesgarse en un amor ilícito y no sólo resistió a la tentación, sino que acrecentó su infelicidad confesando sus sentimientos a su marido. La melancolía que su historia creaba era enteramente nueva y sensacional.

A finales del siglo XVII se escribieron y divulgaron, sobre todo por Francia, Alemania y Gran Bretaña, novelitas francesas que cultivaban el escándalo. Los autores sostenían que las historias eran verdaderas y no se narraban para escandalizar, sino para proporcionar lecciones morales. Para probarlo, ponían nombres ficticios a sus personajes y contaban las historias como si fueran novelas. También surgieron colecciones de cartas, que incluían estas historietas, y que llevaron al desarrollo de la novela epistolar.

Es entonces cuando aparecen las primeras "novelas" originales en inglés, gracias a Aphra Behn y William Congreve.

El cultivo de la novela escandalosa dio lugar a diversas críticas. Se quiso superar este género mediante el regreso al "romance", según lo entendieron autores como François Fénelon, famoso por su obra Telémaco (1699/1700). Nació así un género de pretendido "romance nuevo". Los editores ingleses de Fénelon, sin embargo, evitaron el término "romance", prefiriendo publicarlo como "nueva épica en prosa" (de ahí los prefacios).

Las novelas y los romances de comienzos del siglo XVIII no eran considerados parte de la "literatura", sino otro elemento más con el que comerciar. El centro de este mercado estaba dominado por ficciones que sostenían que eran ficciones y que se leían como tales. Comprendían una gran producción de romances y, al final, una producción opuesta de romances satíricos. En el centro, la novela había crecido, con historias que no eran heroicas ni predominantemente satíricas, sino realistas, cortas y estimulantes con sus ejemplos de conductas humanas.

Sin embargo, se daban también dos extremos. Por un lado, libros que pretendían ser romances, pero que realmente eran todo menos ficticios. Delarivier Manley escribió el más famoso de ellos, su New Atalantis, llena de historias que la autora sostenía que había inventado. Los censores se veían impotentes: Manley vendía historias que desacreditaban a los whigs en el poder, pero que supuestamente ocurrían en una isla de fantasía llamada Atalantis, lo que les impedía demandar a la autora por difamación, salvo que acreditasen que eso era lo que ocurría en Inglaterra. En el mismo mercado aparecieron historias privadas, creando un género diferente de amor personal y batallas públicas sobre reputaciones perdidas.

SI alguna vez la historia de las aventuras de un hombre particular en el mundo, merecían que se hicieran públicas, y que se aceptasen al ser publicadas, el editor de este relato cree que será ésta.      (...) El editor cree que es una justa historia de hechos; no hay ninguna apariencia de ficción en ella...

Esta obra ya advertía en su cubierta que no se trataba de una novela ni de un romance, sino de una historia. Sin embargo, el diseño de página recordaba demasiado al "romance nuevo" con el que Fénelon se había hecho famoso. Y ciertamente, tal como se entendía el término en aquella época, esta obra es cualquier cosa menos una novela. No era una historia corta, ni se centraba en la intriga, ni se contaba en beneficio de un final bien cortado. Tampoco es Crusoe el antihéroe de un romance satírico, a pesar de hablar en primera persona del singular y haber tropezado con toda clase de miserias. Crusoe no invita realmente a la risa (aunque los lectores con gusto sabrán, por supuesto, entender como humor sus proclamas acerca de ser un hombre real). No es el autor real sino el fingido el que es serio, la vida le ha arrastrado a las más románticas aventuras: ha caído en las garras de los piratas y sobrevivido durante años en una isla desierta. Es más, lo ha hecho con un heroísmo ejemplar, siendo como era un mero marinero de York. No se puede culpar a los lectores que la leyeron como un romance, tan lleno está el texto de pura imaginación. Defoe y su editor sabían que todo lo que se decía resultaba totalmente increíble, y sin embargo afirmaban que era cierto (o, que si no lo era, seguía mereciendo la pena leerlo como una buena alegoría).

La publicación de Robinson Crusoe, sin embargo, no condujo directamente a la reforma del mercado de mediados del dieciocho. Se publicó como historia dudosa, por lo que entraban en el juego escandaloso del mercado del XVIII.

La reforma en el mercado de libros inglés de principios del dieciocho vino de la mano de la producción de clásicos. En los años 1720 se reeditaron en Londres gran cantidad de títulos de novela clásica europea, desde Maquiavelo a Madame de La Fayette. Las "novelas" de Aphra Behn habían aparecido en conjunto en colecciones, y la autora del siglo XVII se había convertido en un clásico. Fénelon ya lo era desde hacía años, al igual que Heliodoro. Aparecieron las obras de Petronio y Longo.

La interpretación y el análisis de los clásicos ponía a los lectores de ficción en una posición más ventajosa. Había una gran diferencia entre leer un romance, perdiéndose en un mundo imaginario, o leerlo con un prefacio que informaba sobre los griegos, romanos o árabes que habían producido títulos como Las etiópicas o Las mil y una noches (que se publicó por primera vez en Europa entre 1704 a 1715, en francés, traducción en la que se basaron la edición inglesa y alemana).

Poco después aparecieron Los viajes de Gulliver (1726), sátira de Jonathan Swift, cruel y despiadada frente al optimismo que emana de Robinson Crusoe y su confianza en la capacidad del hombre para sobreponerse.

Cambió el diseño de las portadas: las nuevas novelas no pretendieron vender ficciones al tiempo que amenazaban con revelar secretos reales. Ni aparecían como falsas "historias verdaderas". El nuevo título ya indicaría que la obra era de ficción, e indicaba cómo debía tratarlas el público. Pamela, de Samuel Richardson (1740) fue uno de los títulos que introdujo un nuevo formato de título, con su fórmula , o ofreciendo un ejemplo: "Pamela, o la virtud recompensada - Ahora publicada por vez primera para cultivar los principios de la virtud y la relgión en las mentes de los jóvenes de ambos sexos, una narrativa que tiene el fundamento en la verdad y la naturaleza; y al mismo tiempo entretiene agradablemente". Así dice el título, y deja claro que es una obra creada por un artista que pretende lograr un efecto determinado, pero para ser discutido por el público crítico. Décadas más tarde, las novelas ya no necesitaron ser más que novelas: ficción. Richardson fue el primer novelista queunió a la forma sentimental una intención moralizadora, a través de personajes bastante ingenuos. Semejante candor se ve en El vicario de Wakefield, de Oliver Goldsmith (1766).

Mayor realismo tiene la obra de Henry Fielding, que es influido tanto por Don Quijote como por la picaresca española. Su obra más conocida es Tom Jones (1749).

En la segunda mitad de siglo se afianzó la crítica literaria, un discurso crítico y externo sobre la poesía y la ficción. Se abrió con ella la interacción entre participantes separados: los novelistas escribirían para ser criticados y el público observaría la interacción entre la crítica y los autores. La nueva crítica de finales del siglo XVIII implicaba un cambio, al establecer un mercado de obras merecedoras de ser discutidas, mientras que el resto del mercado continuaría existiendo, pero perdería la mayor parte de su atractivo público. Como resultado, el mercado se dividió en un campo inferior de ficción popular y una producción literaria crítica. Sólo las obras privilegiadas podían discutirse como obras creadas por un artista que quería que el público discutiera esto y no otra historia.

Desapareció del mercado el escándalo producido por DuNoyer o Delarivier Manley. No atraía a la crítica seria y se perdía si permanecía sin discutir. Necesitó al final su propio tipo de periodismo escandaloso, que se desarrolló hasta convertirse en la prensa amarilla. El mercado inferior de la ficción en prosa siguió enfocando la inmediata satisfacción de un público que disfrutaba su permanencia en el mundo ficticio. El mercado más sofisticado se hizo complejo, con obras que jugaban nuevos juegos.

En este mercado alto, podía verse dos tradiciones que se desarrollaban: obras que jugaban con el arte de la ficción — Laurence Sterne y su Tristram Shandy entre ellas — el otro más cercano a las discusiones que prevalían y modos de su audiencia. El gran conflicto del siglo XIX, de si el artista debe escribir para satisfacer al público o para producir el arte por el arte, aún no había llegado.

La ilustración francesa utilizó la novela como instrumento de expresión de ideas filosóficas. Así, Voltaire, escribió el cuento satírico Cándido o El optimismo (1759), contra el optimismo de ciertos pensadores. Poco después, sería Rousseau el que reflejaría su entusiasmo por la naturaleza y la libertad en la novela sentimental Julia o la nueva Eloísa (1761) y en la larga novela pedagógica Emilio (1762).

La novela sentimental se manifiesta en Alemania con Las cuitas del joven Werther, de Johann Wolfgang von Goethe (1774), se situó a la encabezada del nuevo movimiento, y forjó tal sentimiento de compasión y comprensión que muchos estaban preparados a seguir a Werther en su suicidio. En esta época también se hizo popular se hizo popular Bernardin de Saint-Pierre, con su novela Pablo y Virginia (1787), que narra el amor desgraciado entre dos adolescentes en una isla tropical.

A finales del siglo XVIII aparecen unas novelas cargadas de un sentimentalismo melancólico que abren el período romántico que se desarrolla plenamente en el siglo XIX con la aparición de la novela histórica, psicológica, poética y social. El género alcanza su perfección técnica con el realismo y el naturalismo. Es en esta época en la que la novela alcanza su madurez como género. Su forma y su estética ya no cambiaron más hasta el siglo XX: su división en capítulos, la utilización del pasado narrativo y de un narrador omnisciente.

Uno de los primeros exponentes de a novela en este siglo es la novela gótica. Desde comienzos del siglo XVII la novela había sido un género realista contrario al romance y su desmesurada fantasía. Se había tornado después hacia el escándalo y por esto había sufrido su primera reforma en el siglo XVIII. Con el tiempo, la ficción se convirtió en el campo más honorable de la literatura. Este desarrollo culminó en una ola de novelas de fantasía en el tránsito hacia el siglo XIX, en las que se acentuó la sensibilidad y se convirtió a las mujeres en sus protagonistas. Es el nacimiento de novelas gótica. El clásico de la novela gótica clásico es Los misterios de Udolfo (1794), en la que, como en otras novelas góticas, la noción de lo sublime (teoría estética del siglo XVIII) es crucial. Los elementos sobrenaturales también son básicos en éstas novelas y la susceptibilidad que estas heroínas mostraban hacia ellos acabó convirtiéndose en una exagerada hipersensibilidad que fue parodiada por Jane Austen con La abadía de Northanger (1803). La novela de Jane Austen introdujo un estilo diferente de escritura, la "comedia de costumbres". Sus novelas a menudo son no sólo cómicas, sino también mordazmente críticas de la cultura restrictiva y rural de principios del siglo XIX. Su novela más conocida es Orgullo y prejuicio (1811).

También es en este siglo cuando se desarrolla el Romanticismo, que contrariamente a lo que se pudiera pensar, no empleó la cultivó tanto el género novelístico. Byron, Schiller, Lamartine o Leopardi prefirieron el drama o la poesía, pero aun así fueron los primeros en otorgar un lugar a la novela dentro de sus teorías estéticas.

En Francia, sin embargo, los autores prerrománticos y románticos se consagraron más ampliamente a la novela. Se puede citar a Madame de Staël, Chateaubriand, Vigny (Stello, Servidumbre y grandeza militar, Cinq-mars), Mérimée (Crónica del reinado de Carlos IX , Carmen, Doble error), Musset (Confesión de un hijo del siglo), George Sand (Lélia, Indiana) e incluso el Victor Hugo de (Nuestra Señora de París).

En Inglaterra, la novela romántica encuentra su máxima expresión con las hermanas Brontë y Walter Scott, cultivador de una novela histórica de carácter tradicional y conservador, ambientada en Escocia (Waverley, Rob Roy) o la Edad Media (Ivanhoe o Quintin Durward). En Estados Unidos, cultivó este tipo de novela Fenimore Cooper, siendo su obra más conocida El último mohicano. En Rusia, puede citarse la novela en verso de Pushkin, Eugenio Oneguin y en Italia, Los Novios de Alessandro Manzoni (1840-1842).

Las obras de Jean Paul y E.T.A. Hoffmann están dominadas por la imaginación, pero conservaron la estética heteróclita del siglo XVIII, de Laurence Sterne y de la novela gótica.

Por otro lado está la novela realista, que se caracteriza por la verosimilitud de las intrigas, que a menudo están inspiradas por hechos reales, y también por la riqueza de las descripciones y de la psicología de los personajes. La voluntad de construir un mundo novelístico a la vez coherente y completo vio su culminación con La Comedia humana de Honoré de Balzac, así como con las obras de Flaubert y Maupassant y acabó evolucionando hacia el naturalismo de Zola y hacia la novela psicológica.

En Inglaterra encontramos autores como Charles Dickens, William Makepeace Thackeray, George Eliot y Anthony Trollope, en Portugal, Eça de Queiroz y en Francia a Octave Mirbeau, los cuales tratan de presentar una "imagen global" de toda la sociedad. En Alemania y en Austria, se impone el estilo Biedermeier, una novela realista con rasgos moralistas (Adalbert Stifter).

Este es el gran siglo de la literatura rusa, que dio numerosas obras maestras al género novelístico, especialmente en el estilo realista: Ana Karenina de Leon Tolstoy (1873-1877), Padres e hijos de Ivan Turgueniev (1862), Oblómov de Iván Goncharov (1858), y también la obra novelística de Dostoievski puede por ciertos aspectos ser relacionada con este movimiento.

Es en el siglo XIX cuando el mercado de la novela se separa en "alta" y "baja" producción. La nueva producción superior puede verse en términos de tradiciones nacionales, a medida que el género novelístico reemplazaba a la poesía como medio de expresión privilegiado de la conciencia nacional, es decir, se buscaba la creación de un corpus de literaturas nacionales. Pueden citarse como ejemplo La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne (Estados Unidos, 1850), Eugenio Oneguin de Aleksandr Pushkin (Rusia, 1823-1831), Soy un gato de Natsume Sôseki (Japón, 1905), Memorias póstumas de Blas Cubas de Machado de Assis (Brasil, 1881) o La muerte de Alexandros Papadiamantis (Grecia, 1903).

La producción inferior se organizaba más bien en géneros por un esquema que se deriva del espectro de géneros de los siglos XVII y XVIII, aunque vio el nacimiento de dos nuevos géneros novelísticos populares: la novela policiaca con Wilkie Collins y Edgar Allan Poe y la novela de ciencia-ficción con Julio Verne y H. G. Wells.

Con la separación en la producción la novela probó que era un medio para una comunicación tanto íntima (las novelas pueden leerse privadamente mientras que las obras de teatro son siempre un acontecimiento público) como públicamente (las novelas se publican y así se convierten en algo que afecta al público, si no a la nación, y sus intereses vitales), un medio de un punto de vista personal que puede abarcar el mundo. Nuevas formas de interacción entre los autores y el público reflejaban estos desarrollos: los autores hacían lecturas públicas, recibían premios prestigiosos, ofrecían entrevistas en los medios de comunicación y actuaban como la conciencia de su nación. Este concepto del novelista como una figura pública apareció a lo largo del siglo XIX.

El inicio del siglo XX trajo consigo cambios que afectarían a la vida diaria de las personas y también de la novela. El nacimiento del psicoanálisis, la lógica de Wittgenstein y Russell, del relativismo y los avances de la lingüística provocan que la técnica narrativa intente también adecuarse a una nueva era. Las vanguardias en las artes plásticas y la conmoción de las dos guerras mundiales, también tienen un gran peso en la forma de la novela del siglo XX. Por otro lado, la producción de novelas y de los autores que se dedican a ellas vio en este siglo un crecimiento tal, y se ha manifestado en tan variadas vertientes que cualquier intento de clasificación será sesgado.

Una de la primeras características que pueden apreciarse en la novela moderna es la influencia del psicoanálisis. Hacia finales del siglo XIX, numerosas novelas buscaban desarrollar un análisis psicológico de sus personajes. Algunos ejemplos son las novelas tardías de Maupassant, Romain Rolland, Paul Bourget, Colette o D.H. Lawrence. La intriga, las descripciones de lugares y, en menor medida, el estudio social, pasaron a un segundo plano. Henry James introdujo un aspecto suplementario que se tornaría central en el estudio de la historia de la novela: el estilo se convierte en el mejor medio para reflejar el universo psicológico de los personajes. El deseo de aproximarse más a la vida interior de éstos hace que se desarrolle la técnica del monólogo interior, como ejemplifican El teniente Güstel, de Arthur Schnitzler (1901), Las olas de Virginia Woolf (1931), y el Ulises de James Joyce (1922).

Por otro lado, en el siglo XX también se manifiesta una vuelta al realismo con la novela vienesa, con la que se buscaba recuperar el proyecto realista de Balzac de construir una novela polifónica que reflejara todos los aspectos de una época. Así, encontramos obras como El hombre sin cualidades de Robert Musil (publicado póstumamente en 1943) y Los Sonámbulos de Hermann Broch (1928-1931). Estas dos novelas integran largos pasajes de reflexiones y comentarios filosóficos que esclarecen la dimensión alegórica de la obra. En la tercera parte de Los sonámbulos, Broch alarga el horizonte de la novela mediante la yuxtaposición de diferentes estilos: narrativa, reflexión, autobiografía, etcétera.

Podemos encontrar también esta ambición realista en otras novelas vienesas de la época, como las obras de: (Arthur Schnitzler, Heimito von Doderer, Joseph Roth) y con más frecuencia en otros autores en lengua alemana como Thomas Mann, que analiza los grandes problemas de nuestro tiempo, fundamentalmente la guerra y la crisis espiritual en Europa con obras como La montaña mágica, y también Alfred Döblin o Elias Canetti, o el francés Roger Martin du Gard en Les Thibault (1922-1929) y el americano John Dos Passos, en su trilogía U.S.A. (1930-1936).

La búsqueda y la experimentación son otros dos factores de la novela en este siglo. Ya a comienzos, y quizá antes, nace la novela experimental. En este momento la novela era un género conocido y respetado, al menos en sus expresiones más elevadas (los "clásicos") y con el nuevo siglo muestra un giro hacia la relatividad y la individualidad: la trama a menudo desaparece, no existe necesariamente una relación entre la representación espacial con el ambiente, la andadura cronológica se sustituye por una disolución del curso del tiempo y nace una nueva relación entre el tiempo y la trama.

Con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y el Ulises de James Joyce, la concepción de la novela como un universo encuentra su fin. En cierta manera es también una continuación de la novela de análisis psicológico. Estas dos novelas tienen igualmente la particularidad de proponer una visión original del tiempo: el tiempo cíclico de la memoria en Proust, el tiempo de un solo día dilatado infinitamente de Joyce. En este sentido, estas novelas marcan una ruptura con la concepción tradicional del tiempo en la novela, que estaba inspirado en la historia. En este sentido también podemos aproximar la obra de Joyce con la de la autora inglesa Virginia Woolf y el americano William Faulkner.

La entrada del modernismo y el humanismo en la filosofía occidental, así como la conmoción causada por dos guerras mundiales consecutivas provocaron un cambio radical en la novela. Las historias se tornaron más personales, más irreales o más formales. El escritor se encuentra con un dilema fundamental, escribir, por un lado, de manera objetiva, y por el otro transmitir una experiencia personal y subjetiva. Es por esto que la novela de principios del siglo XX se ve dominada por la angustia y la duda. La novela existencialista de la que se considera a Søren Kierkegaard como su precursor inmediato con novelas como Diario de un seductor es un claro ejemplo de esto.

Otro de los aspectos novedosos de la literatura de comienzos de siglo es la novela corta caracterizada por una imaginación sombría y grotesca, como es el caso de las novelas de Franz Kafka, también de corte existencialista, como El proceso o La metamorfosis.

Especialmente en los años 30 podemos encontrar diversas novelas de corte existencialista. Estas novelas son narradas en primera persona, como si fuera un diario, y los temas que más aparecen son la angustia, la soledad , la búsqueda de un sentido para la existencia y la dificultad comunicativa. Estos autores son generalmente herederos del estilo de Dostoievski, y su obra más representativa es La náusea de Jean-Paul Sartre. Otros autores existencialistas notables son Albert Camus, cuyo estilo minimalista le sitúa en un contraste directo con Sartre, Knut Hamsun, Louis-Ferdinand Céline, Dino Buzzati, Cesare Pavese y la novela absurdista de Boris Vian. La novela japonesa de después de la guerra también comparte similitudes con el existencialismo, como puede apreciarse en autores como Yukio Mishima, Yasunari Kawabata, Kōbō Abe o Kenzaburō Ōe.

La dimensión trágica de la historia del siglo XX se encuentra largamente reflejada en la literatura de la época. Las narraciones o testimonios de aquellos que combatieron en ambas guerras mundiales, los exiliados y los que escaparon de un campo de concentración trataron de abordar esa experiencia trágica y de grabarla para siempre en la memoria de la humanidad. Todo esto tuvo consecuencias en la forma de la novela, pues vemos aparecer gran cantidad de relatos que no son ficción que emplean la técnica y el formato de la novela, como pueden ser Si esto es un hombre (Primo Levi, 1947), La noche (Elie Wiesel, 1958) La especie humana (Robert Antelme, 1947) o Ser sin destino (Imre Kertész, 1975). Este tipo de novela influenciaría después otras novelas autobiográficas de autores como Georges Perec o Marguerite Duras.

También en el siglo XX, aparece la distopía o antiutopía. En estas novelas la dimensión política es esencial, y describen un mundo dejado a la arbitrariedad de una dictadura. Entre las obras más notables se encuentran El proceso de Franz Kafka, 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y Nosotros de Yevgeni Zamiatin.

También después de la Segunda Guerra Mundial se desarrolla el llamado boom latinoamericano, con exponentes notables y talentosos, situación que se presenta en los años 60, alcanzando su apogeo en la década de los 70 y principios de los 80. Entre éstos se puede citar a Julio Cortázar y su obra Rayuela (1963); Gabriel García Márquez, colombiano, cuyo libro más conocido es Cien años de soledad (1967), de quien el género más destacado es el llamado realismo mágico; Mario Vargas Llosa, peruano, autor de La ciudad y los perros, Los jefes, Los cachorros, La tía Julia y el escribidor, Quién mató a Palomino Molero, etcétera.

Al principio



Historia de la novela

Portada de la 4.ª edición del Quijote (1605), posiblemente la primera novela moderna

La novela es, según la RAE, una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Como género literario, se desarrolló tardíamente, principalmente en el Edad Moderna, alcanzando su madurez en el siglo XIX, aunque tiene sus precedentes en épocas anteriores, tanto en la Antigüedad clásica grecolatina como en las literaturas orientales.

La novela es el más tardío de todos los géneros literarios. Aunque tiene precedentes en la Edad Antigua no logró implantarse hasta la Edad Media. El término novella comenzó a utilizarse para nombrar los relatos de ficción con una extensión entre el cuento y el romanzo. En español, primero se utilizó con la acepción italiana pasando luego a designar las narraciones extensas (romanzo en italiano y roman en francés). El relato breve será denominado a partir de entonces novela corta.

Las primeras novelas se producen entre los siglo II a. C. y siglo III en Grecia y Roma, y se han clasificado en cuatro tipos básicos: novelas de viaje, novelas románticas, novelas satíricas y novela bizantina.

Como Pierre Daniel Huet señaló en 1670, la tradición de obras épicas tiene su precedente en Virgilio y Homero. Se solía usar el verso, adecuado a una tradición de representaciones orales. Hoy, esta tradición se remonta más atrás, a la época sumeria (Epopeya de Gilgamesh), y a la mitología hindú (Ramayana y Mahábharata).

Es más difícil asegurar la influencia de los cuentacuentos medievales en el desarrollo de la novela.

Había una tercera tradición de ficción en prosa, tanto en su modalidad satírica (con el Satiricón de Petronio, las increíbles historia de Luciano de Samosata, y la obra protopicaresca de Lucio Apuleyo El Asno de Oro) y una veta heroica (con los romances de Heliodoro, Longo y otros). El antiguo romance griego fue revitalizado por los novelistas bizantinos del siglo XII.

Todas estas tradiciones fueron redescubiertas en los siglos XVII y XVIII.

En la Edad Media surge la novela sentimental y la caballeresca.

El periodo 1200-1750 vio el ascenso de la "novela" (en el sentido al principio de un relato corto de ficción) que rivalizaba con el "romance" (que tenía la extensión de la epopeya). Esto ocurrió en toda Europa, pero sólo en español e inglés se fue más allá, y novela se convirtió en el término normal para las narrativas de ficción.

Los romances eran narraciones en verso que se hicieron en lengua "romance" (de ahí tomaron el nombre). Las primeras obras de este género datan de los siglos XI y XII). Se desarrolló con temas como la caballería arturiana, no siendo fácil concretar cuánto de estos primeros "romances" se debieron a los modelos de la antigua Grecia y cuánto a las epopeyas en verso folclóricas como Beowulf y el Cantar de los Nibelungos. La trama estándar de un romance de este tipo consistía en una serie de aventuras inesperadas y peculiares. Pueden citarse clásicos como el Roman de la Rose.

Los siglos XIV y XV vieron la emergencia de los primeros romances en prosa junto, así como de un nuevo mercado de libros, que se desarrolló incluso antes de que se expandiera la imprenta. Las leyendas, vidas de santos y visiones místicas en prosa fueron el principal objeto de este nuevo mercado de producciones en prosa. La élite urbana y las lectoras de clases altas y de los monasterios leían prosa religiosa. Los romances en prosa irrumpieron en este mercado como una moda nueva y cara. Sólo podía florecer verdaderamente con la invención de la imprenta y con la divulgación del papel, en la segunda mitad del siglo XV. Para entonces, el antiguo romance competía en el mercado con géneros más breves; el más destacados de estos géneros era la novela, una forma que nació en el curso del siglo XIV.

No es fácil indicar qué géneros acabaron desembocando en la "novela". Los primeros ejemplos están categorizados hoy como "novella": Genji Monogatari del siglo XI, seguido por las obras de Boccaccio, Geoffrey Chaucer, Maquiavelo, incluso Miguel de Cervantes.

Una primera novela podía ser básicamente cualquier historia que se contaba por sus elementos espectaculares o reveladores. Se incluían en una conversación (entendida como entretenimiento), con una mínima ambientación. Podían ser sermones extendidos. Las colecciones de ejemplos facilitaban la labor de los predicadores, que mediante una fábula o una breve reflexión histórica ilustraban una conclusión moral. Según las colecciones medievales, eran determinantes los gustos y la clase social. Los trabajadores preferían historias tremendas, con engaños ingeniosos, de los que hacían víctimas a las clases sociales que odiaban o a otros competidores de los narradores de historias. Parte de este género original persiste en los pequeños chistes que se añaden para poner un toque humorístico en la conversación.

Se solía recurrir a una historia dentro de la historia. Se describen situaciones en las que se supone que se relatan toda una serie de historias, de diversos gustos y géneros. Los ejemplos clásicos son El Decamerón de Boccacio y Los cuentos de Canterbury de Chaucer; en el primero son un grupo de florentinos que huyen de la peste y se entretienen narrando historias de todo tipo; en el segundo, son unos peregrinos que van a Canterbury a visitar la tumba de Tomás Becket y cada peregrino escoge cuentos que se relacionan con su estado o su carácter. Así los nobles cuentan historias más "románticas", mientras que los de clase inferior prefieren historias de la vida cotidiana. El género no tenía entonces un término propio que lo individualizara. "Novela" podía simplemente indicar la novedad de los eventos que se contaban. La inclusión de distintos tipos de historias, todas en un mismo marco, sin embargo, evidenciaba la consciencia del hecho de que los géneros se estaban desarrollando en este campo.

Mediante este recurso se justificaban los autores verdaderos, como Chaucer y Boccaccio. Los romances usaban un lenguaje sublime, justificándose a sí mismos en la medida que cultivaban un estilo "superior". Pero si cambiaba el gusto en las enseñanzas morales y la poesía, los romances rápidamente pasaban de moda. Estas historias de trampas y travesuras, de amores ilícitos e inteligentes intrigas en las que se reía de profesiones respetables o de los habitantes de otra ciudad, no tenían esa justificación moral ni poética. Así que llevaron la justificación al exterior. El narrador ofrecería unas pocas palabras explicando por qué creía que la historia merecía la pena. De nuevo, Los cuentos de Canterbury ofrecen los mejores ejemplos: el verdadero autor podía contar historias sin más justificación que el que esa historia ofrecía un buen retrato de quien la contaba y de sus gustos.

El romance se había hecho tedioso, después de reiterar tramas sin introducir otras nuevas. Las colecciones de cuentos o novelas los criticaron: un personaje del grupo de narradores empezaría a contar un romance, e inmediatamente se vería interrumpido por los otros narradores que escuchaban la historia, para que se callase, o hablase de forma comprensible, o que rápidamente fuera al meollo del asunto. El resultado fue el auge del relato corto. Los pasos de este desarrollo pueden seguirse con el aprecio que iba ganando el cuento y el valor de los romances en nuevas colecciones versificadas a finales del siglo XIV.

No existe unanimidad en cuanto al momento inicial de la novela o cuál sea la primera novela. Parece indudable que debe situarse en el Renacimiento. Es entonces cuando, orientándose hacia Italia surge en España la novela sentimental, como última derivación de las convencionales teorías provenzales del amor cortés. La obra fundamental del género fue la Cárcel de amor (1492) de Diego de San Pedro.

Un género intermedio entre el romance y la novela fueron los Libros de caballerías. En España, este tipo de prosa novelesca se difundió sobre todo en el siglo XV en idioma catalán o valenciano: Tirante el Blanco del valenciano Joanot Martorell (1490) o la novela anónima Curial e Güelfa. Alcanzó su máxima popularidad a partir de los últimos años del siglo XV, siendo la obra más representativa del género el Amadís de Gaula (1508). Solían editarse en varios volúmenes, dirigiéndose al público que se suscribiría a esta producción. Estas obras llevaban a sus lectores a mundos ilusorios, inculcándoles el ideal caballeresco de un pasado que nadie podía reinstaurar.

La difusión de la imprenta incrementó la comercialización de las novelas y los romances, aunque los libros impresos eran caros. La alfabetización fue más rápida en cuanto a la lectura que en cuanto a la escritura.

Las primeras colecciones de novelas no eran necesariamente proyectos prestigiosos. Surgió una enorme variedad de historias, desde las más jocosas hasta las de Boccaccio o Chaucer. Autores italianos como Maquiavelo, entre otros, dieron a la novela un nuevo formato. Seguía siendo una historia de intriga que acababa de forma sorprendente, pero estaba más trabajada en cuanto a la forma en que los protagonístas llevaban a cabo su intriga, cómo mantenían sus secretos y cómo reaccionaban si alguien les amenazaba con revelarlos.

Todo el siglo estuvo dominada por el subgénero de la novela pastoril, que situaba el asunto amoroso en un entorno bucólico. Puede considerarse iniciada con La Arcadia (1502), de Jacopo Sannazaro y se expandió a otros idiomas, como el portugués (Menina e Moça, 1554, de Bernardim Ribeiro) o el inglés (La Arcadia, 1580, de Sidney).

La reforma protestante incrementó los lectores de panfletos religiosos, periódicos y diarios. La población urbana aprendió a leer. Surgieron entonces los chapbooks, libros de bolsillo baratos que contenían tanto romances como historias cortas, relatos y fábulas. Solían embellecerse con grabados de madera, sirviendo a veces la misma imagen para varios libros. Los romances fueron reducidos a historias simples y abruptas, parecidas a los libros de comic modernos.

A mediados del siglo XVI, se produjo un cambio de ideas hacia un mayor realismo, superando en este punto las novelas pastoriles y caballerescas. Así se advierte en el Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais y en la Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554), origen esta última de la novela picaresca.

La novela, como técnica y género literario está en el siglo XVII en la lengua española, siendo su mejor ejemplo Don Quijote de la Mancha (1605) de Miguel de Cervantes. Se considera como una de las primeras novelas modernas del mundo, innovaba respecto a los modelos clásicos de la literatura greco-romana como lo eran la epopeya o la crónica. Esta novela ya incorpora una estructura episódica según un propósito fijo premeditadamente unitario. Se inició como una sátira del Amadis, que había hecho que Don Quijote perdiera la cabeza. Los defensores del Amadís criticaron la sátira porque apenas podía enseñar algo: Don Quijote ni ofrecía un héroe al que emular ni satisfacía con bellos diálogos; todo lo que podía ofrecer es hacer burla de los ideales nobles. Don Quijote fue la primera obra auténticamente anti-romance de este periodo; gracias a su forma que desmitifica la tradición caballeresca y cortés, representa la primera obra literaria que se puede clasificar como novela.

Con posterioridad al Quijote, Cervantes publicó las Novelas Ejemplares (1613). Por "novela" se entendía en el siglo XVII la narración breve intermedia entre el cuento y la novela extensa, o sea lo que hoy llamamos novela corta. Las Novelas ejemplares de Cervantes son originales, no siguen modelos italianos, y frente a la crítica al Quijote, que se decía que no enseñaba nada, pretendían ofrecer un comportamiento moral, una alternativa a los modelos heroico y satírico. No obstante, siguió suscitando críticas: Cervantes hablaba de adulterio, celos y crimen. Si estas historias proporcionaban ejemplo de algo, era de acciones inmorales. Los defensores de la "novela" respondieron que sus historias proporcionaban buenos y malos ejemplos. El lector podía aún sentir compasión y simpatía con las víctimas de los crímenes y las intrigas, si se narraban ejemplos de maldad.

Surgió entonces como respuesta a estas novelas dudosas un romance más noble y elevado, con incursiones al mundo bucólico, siendo La Astrea (1607-27) de Honoré d'Urfé, la más famosa. Se criticaron estos romances por su falta de realismo, a lo que sus defensores replicaban que sí lo eran, aludiendo al roman à clef ("novela en clave"): novelas que, adecuadamente entendidas, se referían a personajes del mundo real. Argenis (1625-26) de John Barclay aparecía como un Roman à clef político. Los romances de Madeleine de Scudéry tuvieron más influencia, con tramas ambientadas en el mundo antiguo y contenido tomado de la vida real: la vida de sus amigos en los círculos literarios de París. Estos libros ofrecían las más refinadas observaciones de los motivos humanos, personajes tomados de la realidad, y excelentes enseñanzas morales sobre cómo debe comportarse uno, y cómo no, si quería triunfar en la vida pública y en los círculos íntimos que ella retrataba.

Uno de los héroes en los romances de Scudéry, Paul Scarron, publicó el primer volumen de su Roman Comique en 1651 (aparecieron otros volúmenes en 1657 y, por mano ajena, en 1663), pidiendo expresamente que se desarrollase lo Cervantes había creado en España: Francia debería (Roman Comique, cap. 21) imitar el español con pequeñas historias como aquellas que llamaban "novelas". El propio Scarron añadió numerosas de esas historias a su propio trabajo.

Veinte años más tarde, Madame de La Fayette dio los pasos decisivos en sus dos novelas. La primera, su Zayde (publicada en 1670 junto con el famoso Tratado sobre el origen de los romances), de Pierre Daniel Huet, fue una "historia española". La princesa de Clèves (1678) probó que podían escribirse novelas adaptadas al gusto francés. Los españoles disfrutaban las historias de orgullosos españoles que se batían en duelo para vengar su reputación. Los franceses tenían un gusto más refinado y se inclinaban a la observación detallada de los motivos y el comportamiento humanos. La historia era decididamente una "novela" y no un "romance": una historia de virtud femenina sin parangón, con una heroina que tuvo la oportunidad de arriesgarse en un amor ilícito y no sólo resistió a la tentación, sino que acrecentó su infelicidad confesando sus sentimientos a su marido. La melancolía que su historia creaba era enteramente nueva y sensacional.

A finales del siglo XVII el mercado europeo comenzó a interesarse por el escándalo, con libros franceses apareciendo sobre todo en los Países Bajos (donde la censura era liberal) para ser importados clandestinamente a Francia y llegar también a Alemania y Gran Bretaña. La novela floreció en este mercado como el mejor género para contar noticias escandalosas. Los autores sostenían que las historias eran verdaderas y no se narraban para escandalizar, sino para proporcionar lecciones morales. Para probarlo, ponían nombres ficticios a sus personajes y contaban las historias como si fueran novelas. El público se entretenía averiguando la identidad de los personajes. Aparecieron los periódicos de historietas, como el Mercure Gallant. También surgieron colecciones de cartas, que incluían estas historietas, y que llevaron al desarrollo de la novela epistolar.

La novela había interesado al público inglés desde los tiempos de Chaucer, se habían leído traducciones de novelas españolas y francesas a lo largo del siglo XVII. A finales de los años 1680 autores como Aphra Behn y William Congreve escribieron nuevas "novelas" en inglés.

En centro del mercado estaba sostenido por ficciones que sostenían que eran ficciones y que se leían como tales. Comprendían una gran producción de romances y, al final, una producción opuesta de romances satíricos. En el centro, la novela había crecido, con historias que no eran heroicas ni predominantemente satíricas, sino realistas, cortas y estimulantes con sus ejemplos de conductas humanas.

Fuera del centro, el mercado tenía dos alas: a la izquierda, libros que pretendían ser romances, pero que amenazaban con ser todo menos ficticios. Delarivier Manley escribió el más famoso de ellos, su New Atalantis, llena de historias que la autora sostenía que había inventado. Los censores se veían impotentes: Manley vendía historias que desacreditaban a los whigs en el poder, pero que supuestamente ocurrían en una isla de fantasía llamada Atalantis, lo que les impedía demandar a la autora por difamación, salvo que acreditasen que eso era lo que ocurría en Inglaterra. En el mismo mercado aparecieron historias privadas, creando un género diferente de amor personal y batallas públicas sobre reputaciones perdidas.

SI alguna vez la historia de las aventuras de un hombre particular en el mundo, merecían que se hicieran públicas, y que se aceptasen al ser publicadas, el editor de este relato cree que será ésta.      Las maravillas de la vida de este hombre exceden todo eso que (él cree) existe; rara vez la vida de un hombre ofrece mayor variedad.      La historia se narra con modestia, con seriedad, y con una aplicación religiosa de los acontecimientos a los usos a los que los hombres sabios siempre los aplicarán (viz.) a la instrucción de otros por este ejemplo, y para justificar y honrar la sabiduría de la Providencia en toda la variedad de nuestras circunstancias, dejemos que ocurran como quieran.      El editor cree que es una justa historia de hechos; no hay ninguna apariencia de ficción en ella: y sea como piensa, debido a que todas tales cosas se despachan , que el mejoramiento de ello, así como al diversión, para la instrucción del lector, será lo mismo; y como piensa así, sin más cumplidos al mundo, les hace un gran servicio con esta publicación.

Historias de verosimilitud parecida caían en lo abiertamente político. Gatien Courtilz de Sandras (1644-1712) se convirtió en el autor más importante en este campo con Memorias de D´Artagnan, historia contada de nuevo más de un siglo después por Alejandro Dumas, padre. Se le atribuye La Guerre d'Espagne (1707), historia de un espía francés desilusionado, que analizaba la política francesa, y de sus propios asuntos amorososo. Hechos y ficción se mezclaban en todos estos títulos, hasta el punto de que ya no se podía decir lo que el autor había inventado y lo que simplemente eran secretos traicionados.

A comienzos de del siglo XVIII la novela comenzó a zambullirse en el escándalo público y privado, por lo que había llegado el momento en el que una nueva reforma resultaba deseable. El viejo Amadis había trasportado a sus lectores a mundos idealizados, y las nuevas novelas, carecientes de diálogos nobles o actos de increíble heroísmo habían hecho mucho por refinar los gustos de la gente. Sin embargo, el crear historias de amor en las que unos críos engañan a sus padres había levantado nuevos riesgos, al convertir el cotilleo público y privado en materia publicable.

Entre las voces que reclamaban un regreso a los anticuados romances se encontraba Jane Barker, cuyo "romance nuevo" Exilius (1715) se convirtió en el boceto de una nueva tradición. Según Jane Barker, el romance se venía desarrollando desde Geoffrey Chaucer hasta François Fénelon, el último de los cuales era un autor que se había hecho famoso en ese tiempo con su romance Telémaco (1699/1700).

Los editores ingleses de Fénelon habían evitado el término "romance", prefiriendo publicarlo como "nueva épica en prosa" (de ahí los prefacios). Jane Barker, por el contrario insistió en publicar Exilius como un "Romance nuevo siguiendo la forma de Telémacho", y no consiguió ganarse al mercado. En 1719 su editor, Edmund Curll, eliminó finalmente las viejas páginas del título ofreciendo Exilius como una colección de novelas.

El gran éxito de la siguiente década, Robinson Crusoe de Daniel Defoe, apareció ese mismo año, y el editor, William Taylor, evitó esas trampas con una cubierta en la que afirmaba que no se trataba de una novela ni de un romance, sino de una historia, sin embargo el diseño de página recordaba demasiado al "romance nuevo" con el que Fénelon se había hecho famoso.

Tal y como el término se entendía en la época, Robinson Crusoe es cualquier cosa menos una novela. No era una historia corta, ni se centraba en la intriga, ni se contaba en beneficio de un final bien cortado. Tampoco es Crusoe el antihéroe de un romance satírico, a pesar de hablar en primera persona del singular y haber tropezado con toda clase de miserias. Crusoe no invita realmente a la risa (aunque los lectores con gusto sabrán, por supuesto, entender como humor sus proclamas acerca de ser un hombre real) No es el autor real sino el fingido el que es serio, su vida le ha arrastrado contra su voluntad a las más románticas aventuras: ha caído en las garras de los piratas y sobrevivido durante años en una isla desierta. Lo que es más, lo ha sobrevivido con un heroísmo ejemplar, siendo un mero marinero de York. Si los lectores leyeron su obra como un romance no podría culparles, tan lleno está el texto de pura imaginación. Defoe y su editor sabían que todo lo que se decía resultaba totalmente increíble, y sin embargo clamaban que era cierto (o, que si no lo era, seguía mereciendo la pena leerlo como una buena alegoría). Este complicado juego es el que sitúa este trabajo en la cuarta columna en el diagrama de arriba.

El periodo 1700-1800 vio el auge de un "nuevo romance" como reacción a la producción de novelas potencialmente escandalosas. El movimiento se encontró en una compleja situación en el mercado inglés, donde el término "nuevo romance" podía raramente aventurarse, después de que la novela hubiera hecho tanto para transformar el gusto. El nuevo género adoptó también el nombre novela: esta nueva novela fue obra de nuevas proporciones épicas, con el efecto de que el inglés (y con el tiempo el español) precisaron una nueva palabra para la "novela" corta. En español se conoce al relato corto de ficción con el nombre de "cuento". En inglés, "romance" tendió a reservarse para una historia de amor, sea en la vida real o en la ficción.

La publicación de Robinson Crusoe no condujo directamente a la reforma del mercado de mediados del dieciocho. Los libros de Crusoe se publicaron como historias dudosas, por lo que entraban en el juego escandaloso del mercado del XVIII. La novela estaba totalmente integrada el en círculo de las historias, incluso aparecían de nuevo publicadas en uno de los periódicos de Londres como una posible relación de hechos. Filósofos como Jean-Jacques Rousseau hicieron de Robinson Crusoe un clásico décadas más tarde, y no fue hasta una centuria más tarde que se viera como la primera "novela" inglesa, publicada, como afirma Ian Watt en 1957, como respuesta al mercado de los romances franceses.

La reforma en el mercado de principios del dieciocho vino de la mano de la producción de clásicos: En 1720 gran cantidad de títulos de novela europea se reeditaron en Londres, desde Maquiavelo a Madame de La Fayette. Las "novelas" de Aphra Behn habían aparecido en conjunto en colecciones, y la autora del siglo XVII se había convertido en un clásico. Fénelon ya lo era desde hacía años, al igual que Heliodoro. Aparecieron las obras de Petronio y Longos, equipadas con prefacios que los situaban en la tradición de ficción en prosa que Huet había definido. La propia ficción en prosa, de acuerdo con los críticos, tenía su historia de subidas y bajadas: habiendo entrado en una crisis con el Amadis, encontró una salida en la novela. Sin embargo necesitaba ahora de atención constante, aunque, con todo, podía clamar ser una de las partes más elegantes de las belles letres, un nuevo sector dentro del mercado de la literatura que abarcaba los nuevos clásicos.

Huet publicó en 1670 el Traitté de l'origine des romans, que circulaba por aquel entonces en distintas traducciones y ediciones. El tratado ganó una posición central entre los escritos sobre la prosa de ficción habiendo creado el primer corpus de textos para debatir y siendo el primer título que demostraba que estas ficciones mundanas se podían interpretar al igual que un teólogo interpreta las partes del evangelio en el debate teológico. La interpretación necesita, por supuesto, de un propósito, y Huet ofrecía cierto número de preguntas que uno podía hacerse: ¿Qué nos dice una obra de ficción de una cultura extranjera o de un periodo lejano sobre aquellos que la construyeron?, ¿Qué necesidades culturales respondían estas historias?, ¿Existen premisas antropológicas fundamentales que nos hacen crear mundos imaginarios?, ¿Divertían y enseñaban estas ficciones?, ¿Constituían un sustituto al más recomendable conocimiento científico, como uno puede asumir de la lectura de los mitos de la antigüedad y del medioevo, o se sumaban a los encantos de la vida que se dan en una cultura particular, como puede interpretarse de las antiguas historias eróticas del Mediterráneo?.

La interpretación y el análisis de los clásicos posicionaba a los lectores de ficción en una posició nueva y mejorada: constituía una gran diferencia si leías romances y te perdías en un mundo imaginario a leer esos mismo romances con un prefacio que te informaba de los griegos, romanos o árabes que habían producido títulos como la Aethopica o Las mil y una noches (que se publicó por primera vez en Europa entre 1704 a 1715, en francés, traducción en la que se basaron la edición inglesa y alemana).

En el siglo XVIII nace en Francia la novela de análisis psicológico y de crítica.

El mercado de comienzos del siglo XVIII para la ficción clásica en prosa inspiró a autores vivos. Aphra Behn, escribiendo en un relativo anonimato, se convirtió en un autor celebrado póstumamente. Fénelon consiguió la misma fama en vida. Delarivier Manley, Jane Barker y Eliza Haywood siguieron sus famosos modelos franceses que se habían atrevido a reclamar la fama con sus nombres verdaderos: Madame d'Aulnoy y Anne Marguerite Petit du Noyer. La mayor parte de las novelas se habían publicado antes mediante pseusónimo; ahora se convertían en las producciones de autores famosos.

El discurso necesario para apreciar semejante movimiento hacia la responsabilidad estaba aún infradesarrollado. Los periódicos que trataban de literatura se dentraban en el "aprendizaje", en la literatura en sentido de la palabra. Hasta entonces, la mayor parte de la discusión de novelas y romances habían tenido lugar dentro del propio campo. La crítica literaria, un discurso crítico y externo sobre la poesía y la ficción, se alzó únicamente en la segunda mitad del siglo XVIII. Abrió una interacción entre participantes separados en los que los novelistas escribirían para ser criticados y en los que el público observarçía la interacción entre la crítica y los autores. La nueva crítica de finales del siglo XVIII ofrecía una reforma al establecer un mercado de obras merecedoras de ser discutidas (mientras que el resto del mercado continuaría existiendo, pero perdería la mayor parte de su atractivo público). El resultado fue una división de mercado en un campo inferior de ficción popular y una producción literaria crítica. La última, obras privilegiadas — aquellas que rivalizarían con los antiguos poemas épicos en ser discutidos como arte, que jugaba con las tradiciones de la ficción en prosa (abrieron un discurso interno sobre la historia de la literatura), y que eran de un claro estatus ficcional - estos solos podían discutirse como obras creadas por un artista que quería que el público discutiera esto y no otra historia.

Cambió el diseño de las portadas: las nuevas novelas no pretendieron vender ficciones al tiempo que amenazaban con revelar secretos reales. Ni aparecían como falsas "historias verdaderas". El nuevo título ya indicaría que la obra era de ficción, e indicaba cómo debía tratarlas el público. Pamela, de Samuel Richardson (1740) fue uno de los títulos que introdujo un nuevo formato de título, con su fórmula , o ofreciendo un ejemplo: "Pamela, o la virtud recompensada - Ahora publicada por vez primera para cultivar los principios de la virtud y la relgión en las mentes de los jóvenes de ambos sexos, una narrativa que tiene el fundamento en la verdad y la naturaleza; y al mismo tiempo entretiene agradablemente". Así dice el título, y deja claro que es una obra creada por un artista que pretende lograr un efecto determinado, pero para ser discutido por el público crítico. Décadas más tarde, las novelas ya no necesitaron ser más que novelas: ficción. Las ediciones actuales de novelas simplemente dicen "ficción" en la portada. Se ha convertido en una etiqueta prestigiosa, y pide discusión y pensamiento.

Desapareció del mercado el escándalo producido por DuNoyer o Delarivier Manley. No atraía a la crítica seria y se perdía si permanecía sin discutir. Necesitó al final su propio tipo de periodismo escandaloso, que se desarrolló hasta convertirse en la prensa amarilla. el mercado inferior de la ficción en prosa siguió enfocando la inmediata satisfacción de un público que disfrutaba su permanencia en el mundo ficticio. El mercado más sofisticado se hizo complejo, con obras que jugaban nuevos juegos.

En este mercado alto, podía verse dos tradiciones que se desarrollaban: obras que jugaban con el arte de la ficción — Laurence Sterne y su Tristram Shandy entre ellas — el otro más cercano a las discusiones que prevalían y modos de su audiencia. El gran conflicto del siglo XIX, de si el artista debe escribir para satisfacer al público o para producir el arte por el arte, aún no había llegado.

La novela sentimental de la segunda mitad del siglo XVIII creó un nuevo protagonista, con una actitud diferente hacia lo público y lo privado. Mientras que la heroína de principios de siglo había sido audaz y estaba preparada para proteger su reputación en una guerra de prensa si era necesario, su descendiente inmediato era demasiado modesto y tímido para hacer lo propio. Las heroínas de comienzos de siglo tenían sus secretos, amaban las intrigas, e intentaban cualquier cosa que creyeran necesaria para conseguir lo que querían. Por el contrario, las de la segunda mitad de siglo desarrollaron un sentimiento de modestia. Sufrían si tenían que mantener secretos, y sentían la necesidad de confesarlos, por lo que buscaban a sus amistades más íntimas para poder abrir sus corazones y exponer sus deseos más ocultos.

La audiencia del siglo XVIII veía a estos nuevos héroes y heroínas con asombro, pues se atrevían a confesarse con sus padres y amigos, una confianza que solo unas décadas antes les hubiera convertido en víctimas del mundo de ficción, intriga y escándalos de comienzos de siglo, y que, sin embargo, para éstos nuevos héroes se tornaba en un receptáculo de compasión. En vez de hacer de sus asuntos un entretenimiento público, los nuevos héroes desarrollaban un sentido de la intimidad que solo la novela podía plasmar.

Nuevos géneros prosperaban con estos nuevos protagonistas que no querían mostrar sus trapos sucios en público; sus cartas y diarios se encontraban y publicaban solo después de sus muertes. Una oleada de sentimentalismo fue el primer resultado, presentando a héroes como el de Man of Feeling (1771) de Henry Mackenzie. Una segunda oleada trajo consigo héroes más radicales que no podían ya soñar con un entorno en que buscar comprensión. Las cuitas del joven Werther, de Johann Wolfgang von Goethe (1774), se situó a la encabezada del nuevo movimiento, y forjó tal sentimiento de compasión y comprensión que muchos estaban preparados a seguir a Werther en su suicidio.

Los críticos percibían a éstos nuevos héroes como el mejor signo de que una nueva literatura que se prestaba al debate se estaba forjando. Las preguntas sobre el mundo y el hombre que los protagonistas tan desesparadamente se hacían permitía un nuevo tipo de debate literario-filosófico, el de la naturaleza de la mente humana que tan bien se observaba en estas novelas.

Este desarrollo de la novela había tornado la defensa de una reforma moral tanto individual como social en un género. Con la llegada del Romanticismo alrededor de 1770, este desarrollo fue más allá: la novela se convirtió en el medio de una vanguardia en la que las emociones se encontraban ejemplificadas y personificadas. Los escritores alemanes dieron nombre al Bildungsroman, un tipo de novela que se centraba en el desarrollo del individuo, su educación, y su camino hacia la individualidad en la preparación de su vida social. Las nuevas ciencias, como la sociología y la psicología se elaboraron al tiempo que el "nuevo individuo" e influenciaron las discusiones sobre la novela en el siglo XIX.

A finales del siglo XVIII aparecen unas novelas cargadas de un sentimentalismo melancólico que abren el período romántico que se desarrolla plenamente en el siglo XIX con la aparición de la novela histórica, psicológica, poética y social. El género alcanza su perfección técnica con el realismo y el naturalismo. Es en esta época cuando la novela alcanza su madurez como género. Su forma y su estética ya no cambiaron más hasta el siglo XX: su división en capítulos, la utilización del pasado narrativo y de un narrador omnisciente.

Al comienzo del siglo XVII la novela había sido un género realista luchando contra el romance con sus salvajes fantasías. La novela se había vuelto primero hacia el escándalo antes de sufrir una reforma en las últimas décadas del siglo XVIII. Con el tiempo, la ficción se convirtió en el campo más honorable de la literatura. Este desarrollo culminó en una ola de novelas de fantasía en el tránsito hacia el siglo XIX. Se acentuó la sensibilidad en estas novelas. Las mujeres, alteradas e inclinadas a imaginar mundos más allá de aquel en que vivían, se convirtieron en las heroínas de un nuevo mundo de "romances" y novelas góticas, creando historias que ocurrían en tiempos y lugares lejanos. La Italia del Renacimiento era uno de los entornos favoritos para ambientar novelas góticas.

La novela gótica clásico fue Los misterios de Udolfo (1794). Como en otras novelas góticas, la noción de lo sublime es crucial. La teoría estética del siglo XVIII sostenía que lo sublime y lo bello se yuxtaponían. Lo sublime era sobrecogedor (awful, literalmente "awe-inspiring" inspiradora de sobrecogimiento) y aterradora mientras que lo bello era calmado y tranquilizador. Los personajes góticos y sus paisajes entraban casi por entero en lo sublime, siendo la heroína la gran excepción. La susceptibilidad de la "bella" heroína a los elementos sobrenaturales, que son elemento integral de estas novelas, al mismo tiempo celebra y "problematiza" lo que llegó a verse como hipersensibilidad.

Al comienzo del siglo XIX, las alteradas emociones de sensibilidad, tal como se expresaban en lo sublime gótico, se habían agotado. Jane Austen con La abadía de Northanger (1803) parodió la novela gótica, reflejando su muerte. Más aún, aunque la sensibilidad no desapareció, fue menos valorada. Austen introdujo un estilo diferente de escritura, la "comedia de costumbres". Sus novelas a menudo son no sólo cómicas, sino también mordazmente críticas de la cultura restrictiva y rural de principios del siglo XIX. Su novela más conocida, Orgullo y prejuicio (1811), es la más feliz, y ha sido un anteproyecto de mucha ficción romántica posterior. Las novelas de Austen aún tienen un seguimiento amplio, a pesar de la distancia entre los dilemas de sus heroinas y los del lector actual.

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, este género no fue cultivado por los románticos. Byron, Schiller, Lamartine o Leopardi prefirieron el drama o la poesía, pero aun así fueron los primeros en otorgar un lugar a la novela dentro de sus teorías estéticas.

El primer romanticismo es el alemán, con el movimiento Sturm und Drang. La novela trata los mismos temas que la poesía: leyendas, relatos de fantasía. Puede citarse la obra de Adelbert von Chamisso Historia maravillosa de Pedro Schemil, el hombre que vendió su sombra al diablo. Se dedicaron sobre todo al bildungsroman o novela de formación: Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister de Goethe (1796), Enrique de Ofterdingen de Novalis (inacabada, 1801).

La obra de Jean Paul y E.T.A. Hoffmann están dominadas por la imaginación, pero conservaron la estética heteróclita del siglo XVIII, de Laurence Sterne y de la novela gótica.

En Francia los autores prerrománticos y románticos se consagraron más ampliamente a la novela. Se puede citar a Madame de Staël, Chateaubriand, Vigny ("Stello", "Servidumbre y grandeza militares", "Cinco de marzo"), Mérimée ("Crónica del reinado de Carlos IX ", "Carmen", "El Doble Despreciar"), Musset ("La Confesión de un hijo del siglo"), George Sand ("Lélia", "Indiana") e incluso Victor Hugo ("Nuestra Dama de París"). No obstante la inspiración novelesca de Victor Hugo, obtenida a un tiempo del realismo histórico y social y de la novela popular, está bastante alejada del espíritu romántico.

El género de la novela histórica está representado en Italia por la obra maestra de Alessandro Manzoni: Los Novios (1840-1842).

En Inglaterra, la novela romántica encuentra su máxima expresión con las hermanas Brontë y Walter Scott, cultivador de una novela histórica de carácter tradicional y conservador, ambientada en Escocia (Waverley, Rob Roy) o la Edad Media (Ivanhoe o Quintin Durward).

Dentro de este mismo idioma, aparecen los primeros escritores de renombre en los Estados Unidos. Cultivó la novela Fenimore Cooper, siendo su obra más conocida El último mohicano.

En Rusia, puede citarse la novela en verso de Pushkin, Eugenio Oneguin.

La novela realista se caracteriza por la verosimilitud de las intrigas, a menudo inspiradas por hechos reales, así como por la riqueza de las descripciones y de la psicología de los personajes. Se retratan personajes de todas las capas sociales y a menudo a lo largo de generaciones sucesivas. Esta voluntad de construir un mundo novelístico a la vez coherente y completo vio su culminación con La Comedia humana de Honoré de Balzac. Este proyecto tuvo una influencia considerable en la historia de la novela. Además de Balzac, la escuela realista francesa cuenta igualmente con Flaubert y Maupassant. A finales del siglo XIX, el realismo evolucionó por un lado hacia el naturalismo objetivo de un Zola y por otro hacia la novela psicológica.

La tradición satírica inglesa del siglo XVIII se perpetuó con autores como Charles Dickens, William Makepeace Thackeray o, en Francia, Octave Mirbeau, integrantes en ciertos aspectos de la novela realista, principalmente en la importancia de las descripciones y la ambición de presentar una "imagen global" de toda la sociedad.

En Rusia, el estilo satírico queda ilustrado por Nikolái Gógol (Almas muertas, 1840), y por algunas novelas de Dostoievski (La ciudad de Stepanchikovo y sus habitantes, 1859). Este es el gran siglo de la literatura rusa, que dio numerosas obras maestras al género novelístico, especialmente en el estilo realista: Ana Karenina de Leon Tolstoy (1873-1877), Padres e hijos de Ivan Turgueniev (1862), Oblómov de Iván Goncharov (1858). En fin, la obra novelística de Dostoievski, cuya importancia para la historia de la novela es fundamental, puede por ciertos aspectos ser relacionada con este movimiento.

El realismo también se impone en el resto de Europa: George Eliot y Anthony Trollope en Inglaterra, Eça de Queiroz en Portugal. En Alemania y en Austria, el estilo Biedermeier impone una novela realista con rasgos moralistas (Adalbert Stifter).

Al principio del siglo XX, escritores estadounidenses como John Steinbeck, Jack London o Ernest Hemingway perpetuarán el estilo naturalista.

El mercado de la novela en el siglo XIX estaba claramente separada entre la producción "alta" y "baja".

La producción inferior se organizaba más bien en géneros por un esquema que se deriva del espectro de géneros de los siglos XVII y XVIII, aunque vio el nacimiento de dos nuevos géneros novelísticos populares: la novela policíaca con Wilkie Collins y Edgar Allan Poe y la novela de ciencia-ficción con Julio Verne y H. G. Wells.

La posición de los autores logra su forma moderna con el establecimiento de esta pauta. El autor moderno puede dirigirse bien a un amplio mercado o escribir con un ojo puesto en la discusión crítica seria. Los límites entre ambos reinos se han desarrollado de manera diferente, según los países. Mientras esta división del mercado moderno llegó relativamente tarde al mundo inglés, Alemania y Francia tuvieron un interés más temprano y fuerte en crear literaturas nacionales - Francia debido a la Revolución francesa, Alemania durante su unificación de mediados del siglo XIX. Estos dos países experimentaron una división entre la alta literatura -objeto de discusión en las escuelas y los periódicos, y celebrada en la vida pública - y una producción inferior o baja - que no merecía ser mencionada en tales círculos - mientras que el vasto mercado comercial del mundo angloparlante aún se resistía a esta división artificial.

La novela probó que era un medio para una comunicación tanto íntima (las novelas pueden leerse privadamente mientras que las obras de teatro son siempre un acontecimiento público) como públicamente (las novelas se publican y así se convierten en algo que afecta al público, si no a la nación, y sus intereses vitales), un medio de un punto de vista personal que puede abarcar el mundo. Nuevas formas de interacción entre los autores y el público reflejaban estos desarrollos: los autores hacían lecturas públicas, recibían premios prestigiosos, ofrecían entrevistas en los medios de comunicación y actuaban como la conciencia de su nación. Este concepto del novelista como una figura pública apareció a lo largo del siglo XIX.

Entre 1880-1940, la novela acostumbraba a rendir cuentas a la experiencia humana individual (novela psicológica) o colectiva (Novela vienesa y americana). Las obras se hacen más largas y buscan unir en una estructura única diversos elementos heterogéneos.

Hacia finales del siglo XIX, numerosas novelas buscaban desarrollar un análisis psicológico de sus personajes. Algunos ejemplos son las novelas tardías de Maupassant, Romain Rolland, Paul Bourget, Colette o D.H. Lawrence. La intriga, las descripciones de lugares y, en menor medida, el estudio social, pasaron a un segundo plano.

Henry James introdujo un aspecto suplementario que se tornaría central en el estudio de la historia de la novela: el estilo se convierte en el mejor medio para reflejar el universo psicológico de los personajes. El deseo de aproximarse más a la vida interior de éstos hace que se desarrolle la técnica del monólogo interior, como ejemplifican El teniente Güstel, de Arthur Schnitzler (1901), Las olas de Virginia Woolf (1931), y el Ulises de James Joyce (1922).

El desarrollo de la novela psicológica refleja así mismo el de la psicología experimental (como en las obras de William James, hermano de Henry, de la escuela vienesa), por ejemplo el psicoanálisis. El interés de la novela por los desarrollos teóricos de la psicología puede verse ilustrado en novelas como La Conciencia de Zeno de Italo Svevo (1923).

A comienzos del siglo XX muchos novelistas buscaban recuperar el proyecto de Balzac de construir una novela polifónica que reflejara todos los aspectos de una época. Este será el caso de muchas de las novelas vienesas. Así, El hombre sin atributos de Robert Musil (publicado póstumamente en 1943) y Los Sonámbulos de Hermann Broch (1928-1931) presentan la ambición de querer representar, a través del destino de algunos de sus personajes, la evolución de los valores de la sociedad occidental. Estas dos novelas integran largos pasajes de reflexiones y comentarios filosóficos que esclarecen la dimensión alegórica de la obra. En la tercera parte de Los sonámbulos, Broch alarga el horizonte de la novela mediante la yuxtaposición de diferentes estilos: narrativa, reflexión, autobiografía...

Podemos encontrar también esta ambición en otras novelas vienesas de la época, como las obras de: (Arthur Schnitzler, Heimito von Doderer, Joseph Roth) y con más frecuencia en otros autores en lengua alemana como Thomas Mann, Alfred Döblin o Elias Canetti, y también en otros autores como el francés Roger Martin du Gard en Les Thibault (1922-1929) o el americano John Dos Passos, en su trilogía U.S.A. (1930-1936).

Con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y el Ulises de James Joyce, la concepción de la novela como un universo encuentra su fin. En cierta manera es también una continuación de la novela de análisis psicológico. Estas dos dos novelas tienen igualmente la particularidad de proponer una visión original del tiempo: el tiempo cíclico de la memoria en Proust, el tiempo de un solo día dilatado infinitamente de Joyce. En este sentido, estas novelas marcan una ruptura con la concepción tradicional del tiempo en la novela, que estaba inspirado en la historia. Ambas obras tiene en común el virtuosismo estilístico, más homogéneo en la obra de Proust y más ecléctico en el Ulises. También podemos aproximar la obra de Joyce con la de la autora inglesa Virginia Woolf y el americano William Faulkner.

En los inicios del siglo XX nace la novela experimental. El naturalismo francés influyó en Italia (el verismo). En este momento la novela era un género conocido y respetado, al menos en sus expresiones más elevadas (los "clásicos"). El inicio del siglo XX vio el nacimiento del psicoanálisis, la lógica de Wittgenstein y Russell, la lingüística y la técnica narrativa intenta adecuarse a ello. Después de haber buscado refugio en la representación de clases bajas (verismo) o de clases altas, la novela no podía estar más basada sobre la relatividad, y eso modifica su estructura: la trama a menudo desaparece, no existe necesariamente una relación entre la representación espacial con el ambiente, la andadura cronológica se sustituye por una disolución del curso del tiempo y nace una nueva relación entre el tiempo y la trama. Cambia también la tipología de los personajes. Termina el mito del héroe que es sustituido por los nuevos antihéroes y cuyos rasgos principales son el sentimiento de frustración, la pérdida de su propia identidad, la falta de unidad psíquica, la sensación de no ser auténtico. Los protagonistas son los ineptos, los hombres sin ninguna cualidad, los enfermos físicos y psíquicos, de los cuales a menudo se pone en escena la inutilidad de la acción y de la palabra.

La entrada del modernismo y el humanismo en la filosofía occidental, así como la conmoción causada por dos guerras mundiales consecutivas provocaron un cambio radical en la novela. Las historias se tornaron más personales, más irreales o más formales. El escritor se encuentra con un dilema fundamental, escribir, por un lado, de manera objetiva, y por el otro transmitir una experiencia personal y subjetiva. Es por esto que la novela de principios del siglo XX se ve dominada po la angustia y la duda.

La novela existencialista de la que se considera a Søren Kierkegaard como su precursor inmediato con novelas como Diario de un seductor, tiene fuertes influencias en la novela posterior. Desde éste punto de vista, solo la narración subjetiva puede informar de lo que es realmente la existencia. Especialmente en los años 30 podemos encontrar diversas novelas de corte existencialista. Estas novelas son narradas en primera persona, como si fuera un diario, y los temas que más aparecen son la angustia, la soledad , la búsqueda de un sentido para la existencia y la dificultad comunicativa. Estos autores son generalmente herederos del estilo de Dostoievski, y su obra más representativa es La náusea de Jean-Paul Sartre. Otros autores existencalistas notables son Albert Camus, cuyo estilo minimalista le sitúa en un contraste directo con Sartre, Knut Hamsun, Louis-Ferdinand Céline, Dino Buzzati, Cesare Pavese y la novela absurdista de Boris Vian. La novela japonesa de después de la guerra también comparte similitudes con el existencialismo, como puede apreciarse en autores como Mishima, Kawabata, Kōbō Abe o Kenzaburō Ōe.

Otro de los aspectos novedosos de la literatura de comienzos de siglo es la novela corta caracterizada por una imaginación sombría y grotesca, como es el caso de las novelas de Franz Kafka, como El proceso o La metamorfosis, que también tendrán un gran impacto en los escritores posteriores. Otro de los movimientos que participan de este desbordamiento de la imaginación son los pertenecientes al Boom latinoamericano, como Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Julio Cortázar o Carlos Fuentes.

La dimensión trágica de la historia del siglo XX se encuentra largamente reflejada en la literatura de la época. Las narraciones o testimonios de aquellos que combatieron en ambas guerras mundiales, los exiliados y los que escaparon de un campo de concentración trataron de abordar esa experiencia trágica y de grabarla en la memoria de la humanidad. Todo esto tuvo consecuencias en la forma de la novela, pues vemos aparecer gran cantidad de relatos de no-ficción que emplean la técnica y el formato de la novela, como pueden ser Si esto es un hombre (Primo Levi, 1947), La noche (Elie Wiesel, 1958) La especie humana (Robert Antelme, 1947) o Ser sin destino (Imre Kertész, 1975). Este tipo de novela influenciaría después a autores como Georges Perec o Marguerite Duras.

Por otro lado, el recurso de emplear la novela como denuncia a los crímenes soviéticos también se emplea de forma sistemática en novelas tales como Un día en la vida de Ivan Denissovitch de Aleksandr Solzhenitsyn (1962), Una tumba para Borís Davídovich de Danilo Kis (1976), o La broma de Milan Kundera (1967). Estas novelas denuncian específicamente la pérdida de la esfera privada, el lugar que retrata por excelencia la novela, en los estados soviéticos. En un sentido más propagandístico también puede notarse la proliferación de la Novela de espionaje que se da en la época.

También otro nuevo tipo de novela ve la luz en en el siglo XX, la distopía o antiutopía. En estas novelas la dimensión política es esencial, y describen un mundo dejado a la arbitrariedad de una dictadura. Este género tuvo un éxito espectacular en Europa central y en Rusia; entre las obras más notables se encuentran El proceso de Franz Kafka, 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y Nosotros de Yevgeni Zamiatin. Estas novelas anticiparon en cierto modo las vertientes totalitarias del siglo XX.

Los problemas para la novela del siglo XX son aún aquellos de la voz narradora, y del narrador que presenta el punto de vista dominante.

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