Economía

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Publicado por astro 30/03/2009 @ 18:09

Tags : economía

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Economía

Alegoría de la Economía. Fachada del Banco Hispano Americano de Madrid, España (1905)

Economía |administración de una casa o familia|de οἶκος (casa, en el sentido de patrimonio)’ y νέμεωιν (administrar)}} es la ciencia que estudia las relaciones sociales que tienen que ver con los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios, entendidos estos como medios de satisfacción de necesidades humanas y resultado individual y colectivo de la sociedad. La economía es la aplicación racional de los bienes escasos. La economia se basa en hechos reales y democraticos.

Economía es la ciencia que se ocupa de la manera en que se administran unos recursos o el empleo de los recursos existentes con el fin de satisfacer las necesidades que tienen las personas y los grupos humanos.

Su objeto de estudio es la actividad humana y, por tanto, es una ciencia social. Las ciencias sociales se diferencian de las ciencias puras o naturales en que sus afirmaciones no pueden refutarse o convalidarse mediante un experimento en laboratorio y, por tanto, usan una diferente modalidad del método científico. De acá su complejidad y alto nivel de imprecisión, valiéndose de las aproximaciones o por lo menos definiendo la tendencia en el comportamiento de las variables económicas, es arriesgado aventurarse a predecir con una precisión cercana al 100%, el sujeto de estudio "el sujeto económico" es altamente dinámico y an de lo que "debe ser", son propias de la economía normativa y, como tales, no pueden probarse. La economía se mueve constantemente entre ambos polos.

Antes de definir la economía como ciencia es necesario mencionar que en la economía hay diferentes puntos de vista, según el enfoque que se adapte. Sin embargo, destacan dos: el enfoque objetivo y el enfoque subjetivo; por lo tanto, sobresalen la definición objetiva y la definición subjetiva, que refieren a dos teorías del valor (objetivo y subjetivo, correspondientemente).

La definición clásica de la corriente objetiva es de Friedrich Engels, quien señala: "La economía política es la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción, la distribución, la circulación y el consumo de los bienes materiales que satisfacen necesidades humanas.". Karl Marx a su vez señala que la economía es "la ciencia que estudia las relaciones sociales de producción". También se le llama "la ciencia de la recta administración". La corriente objetiva se basa en el materialismo histórico, se refiere al concepto del valor-trabajo, por el que el valor tiene su origen objetivo en la cantidad de trabajo requerido para la obtención de los bienes. Y es histórico porque concibe el capitalismo como una forma u organización social correspondiente a un determinado momento histórico. Esta definición ha engendrado una corriente de pensamiento económico que hoy día se le conoce como la Economía Política.

La definición clásica de la orientación subjetivista es de Lionel Robbins, quien afirma: "La economía es la ciencia que se encarga del estudio de la satisfacción de las necesidades humanas mediante bienes que, siendo escasos, tienen usos alternativos entre los cuales hay que optar...

Desde otro punto de vista la economía puede ser observada como un ámbito de comunicación bien definido. Esto significa que la economía es el medio de comunicación en el cual se forman los sistemas económicos. En esta perspectiva los sistemas económicos son sistemas sociales en los cuales las comunicaciones que se reproducen son comunicaciones sobre compensaciones o pagos. Aquellas comunicaciones que tienen sentido económico, se reproducen en los sistemas económicos, aquellas que no tienen sentido, se rechazan. Esta visión sociológica de la economía posibilita comprender la economía como un aspecto integral de la sociedad y que todo esto tiene relación con la mercadotecnia.

Es una nueva forma de llevar las finanzas actuales, su integración se basa en el desarrollo y manejo de la economía de las diferentes variantes (economía de empresas, economía espacial o economía internacional). Constituye un instrumento de análisis de la economía, la interrelación entre los distintos mercados globales, diseña planes de actuación y política económica que en general persigue el fin de las relaciones mercado-estado.

Al principio



Economía de Japón

La Bolsa de Tokio es la segunda más grande del mundo, con capitalización de mercado de más de $ 4 billones.

La economía de Japón es la tercera mayor a nivel mundial, tras Estados Unidos y la Unión Europea. La cooperación entre el gobierno y las industrias, la costumbre japonesa del trabajo duro y el dominio de la tecnología han llevado a Japón al éxito económico del que disfruta hoy en menos de medio siglo.

Los sectores estratégicos de la economía japonesa, como es ampliamente conocido, son los productos manufacturados y tecnología, sobre todo los vehículos, artículos electrónicos e industria del acero. Sin embargo la agricultura en Japón es bastante ineficiente, según los estándares actuales, y recibe muchos subsidios del estado. El sector de las finanzas está desarrollándose mucho en la actualidad debido en gran parte a su moneda, el yen que es la tercera más transada tras el dólar estadounidense y el euro.

Tras 40 años de un crecimiento económico constante y a veces espectacular, la economía japonesa no creció de manera significativa durante el decenio de 1990, situación revertida desde 2003, año desde el cual la economía ha vuelto a crecer significativamente. Se puede afirmar que la economía japonesa ha sido sin lugar a dudas el fenómeno económico de la segunda mitad del siglo XX. Este éxito fue el resultado de un control exhaustivo de las importaciones, una inversión muy elevada en el interior y una política de exportación muy agresiva dirigida por el poderoso Ministerio de Comercio Internacional e Industria. El resultado es un Producto Interior Bruto de más de 5 billones de dólares estadounidenses y una balanza comercial positiva de más de 100 mil millones de dólares. Los principales socios comerciales de Japón son: Estados Unidos, China, Malasia, Tailandia, Corea del Sur, Alemania y el resto de los estados miembros de la Unión Europea. Japón es el segundo país con mayor equidad de ingresos per cápita.

Características notables de la economía japonesa incluyen una fuerte unidad entre productores, manufactureros y distribuidores, reunidos en grupos conocidos como keiretsu; los fuertes gremios empresariales y shuntō y la garantía del empleo vitalicio para la mayoría de los trabajadores. Muchas de estas características se han visto deterioradas a través de los años.

En julio de 2006 subieron los tipos de interés interbancarios un 0,25% tras 6 años sin subidas.

En Japón hay pocos recursos minerales, y no están siendo explotados.

Este es un gráfico de la evolución del Producto Interno Bruto de Japón a precios de mercado estimado por el Fondo Monetario Internacional, con cifras en millones de yenes japoneses.

En el año 2000, el índice de inflación japonés se igualó a 100 por iniciativa del gobierno del país. Por la comparacion del poder adquisitivo, 1 US$ se intercambia a 125,16 ¥.

A pesar de poseer poca superficie dedicada a la agricultura, este país tiene una de las mayores producciones mundiales por área sembrada. Esto se debe a la aplicación de avanzada tecnología agrícola. El cultivo principal es el arroz, siendo éste quien ocupa más de la mitad de la superficie cultivada. El trigo, la patata y la batata son importantes para la satisfacción de las necesidades alimentarias locales. Un producto de mucho valor es el té, con producción sobre las laderas meridionales del país. Los cítricos son los frutos más cultivados.

La ganadería no ha sido tradicionalmente un sector de mayor importancia en la economía del país; apenas dispone del 1.5% de la superficie del mismo como pastos naturales (567.000 ha). La carne se ha consumido en cantidades relativamente importantes en Japón sólo a partir de mediados del siglo XIX. Sin embargo, la acrecida prosperidad y mejora del nivel de vida en los años 60 y 70 generó un fuerte aumento de la demanda de carne, huevos y productos lácteos, lo que se ha traducido en un rápido crecimiento en los efectivos de las especies más rentables. Éste es el mayor componente del grueso de las importaciones agrícolas de Japón (casi un 25%) en los últimos años. Los productos de más consumo son el cerdo, la carne vacuna y carnes blancas. Basado en el valor de las importaciones, Japón es el receptor de carne más grande del mundo, ya que para este tipo de producto, en general son necesarias las fuertes importaciones. Caballos y cabras, por su parte, se hallan en acelerada disminución y el número de ovejas es muy reducido.

Casi el 67% del área de Japón está cubierta de bosques, lo que supone 25.198.000 ha. Se trata obviamente de una porción muy elevada, lo que significa un consumo de madera enorme. La mayor parte de la producción propia corresponde a coníferas, especie que ocupa el 98% de la superficie de repoblación; en cambio, en los bosques naturales las frondosas representan el 82% del área de los mismos. De los árboles autóctonos es de destacar el cedro, ciprés y roble japoneses, pinos rojos y negro, haya y abetos rojo y blanco. Hokkaido y la mitad norte de Honshu son áreas forestales densas.

Desde tiempos remotos, el japonés ha sido un pueblo ictiófago: su débil consumo histórico de proteínas de origen ganadero era compensado con un abundante consumo de pescado. Se encuentra en el primer puesto mundial por su producción pesquera, en especial de sardinas, caballas y salmones. Sobre la costa meridional de Shikoku y Kyushu, se desarrolla la cría de ostras perlíferas. El grueso del tonelaje procede de la pesca de altura, ya que la costera representa sólo un 18.3%. Sin embargo la pesca en alta mar encara desde los años 60 un problema de que casi todos los países con aguas de gran riqueza ictiológica han extendido su soberanía pesquera hasta un límite de 200 millas de sus costas. Por ello, Japón ha desarrollado una especialización en la pesca pelágica, realizada en alta mar por grandes barcos-factorías.

La nación de las actividades industriales (incluyendo la minería, la manufactura, y electricidad, gas, agua y servicios públicos) aportó el 46,6% del total de la producción industrial nacional en 1969, hasta descender ligeramente al 45,8% en 1975. Este constante descenso del sector industrial entre los años 1970 y 1980 fue resultado del crecimiento de las industrias de alta tecnología. Durante este período, algunas de las mayores industrias pesadas, como la siderurgia y la construcción naval, disminuyeron o se mantuvieron estables. Junto con la industria de la construcción, las industrias pesadas formaban el 34,9% de la fuerza de trabajo en 1989. El sector de la industria de servicios creció más rápidamente en los años 80, en términos de PNB (Producto Nacional Bruto), mientras que las mayores pérdidas se produjeron en la agricultura, la silvicultura, la minería y el transporte.

La mayor parte de la industria atiende al mercado nacional, pero son importantes las industrias que atienden las exportaciones de varios productos clave. En general, las industrias orientadas hacia las exportaciones relativamente más que a las importaciones en 1988 fueron equipos de transporte (con un ratio de 24,8 por ciento de las exportaciones más que las importaciones), los vehículos de motor (54 por ciento), maquinaria eléctrica (23,4 por ciento), maquinaria en general (21,2 por ciento), y los productos de metal (8,2 por ciento).

La industria está concentrada en varias regiones, en el siguiente orden de importancia: la región de Kantō rodea Tokio, en particular las prefecturas de Chiba, Kanagawa, Saitama y Tokio (región industrial de Keihin); la región de Tōkai, incluido Aichi, Gifu, Mie, y prefecturas de Shizuoka (región industrial de Chukyo-Tokai); región de Kinki (Kansai), incluidos los de Osaka, Kyoto y Kobe (región industrial de Hanshin), la parte suroeste de Honshū, norte de Shikoku y de todo el interior del Mar (región industrial de Setouchi), y la parte norte de Kyūshū (Kitakyūshū). Además, una larga y estrecha faja de centros industriales se encuentra entre Tokio y Fukuoka, establecida por determinadas industrias, que se han desarrollado como molino de las ciudades.

Los campos en los que el Japón goza de relativamente alto desarrollo tecnológico incluyen la fabricación de semiconductores, fibra óptica, electrónica, óptica de los medios de comunicación, fax y fotocopiadoras, y en los procesos de fermentación de alimentos y bioquímica. Japón tiene ligeros retrasos en productos tales como los satélites, cohetes y aeronaves de gran tamaño, donde la capacidad de ingeniería avanzada no es suficiente, ya que se requieren avances a través de su agencia de exploración aeroespacial. Con JAXA posiblemente se realice una misión tripulada a la Luna. En productos tales como el diseño asistido por ordenador y fabricación asistida por ordenador (CAD / CAM), bases de datos, con software básico se requieren capacidades. Es difícil la explotación de los recursos naturales, debido a la falta de ellos.

El sector de servicios de Japón representan alrededor de tres cuartos del total de su producción económica. La banca, los seguros, las bienes raíces, la venta al por menor, el transporte y las telecomunicaciones son las principales industrias. Existen grandes empresas como Mitsubishi UFJ, Mizuho, NTT, TEPCO, Nomura, Mitsubishi Estate, Tokio Marine, JR East, Seven & I, algunas de ellas son grandes empresas multinacionales. El gobierno de Koizumi situara a Japan Post como uno de los proveedores de servicios de seguros y de la privatización más grandes del país hasta el año 2014. Los seis principales grupos son Keiretsu, Sumitomo, Fuyo, Mitsui, Dai-Ichi Kangyo y Sanwa. Japón es el hogar de 326 empresas de la lista Forbes Global 2000 el 16,3% del total (en 2006).

En 2001, la fuerza laboral de Japón constaba de unos 67 millones de trabajadores, el 40% de los cuales eran mujeres, y está disminuyendo rápidamente. La afiliación sindical del trabajo es de unos 12 millones. La tasa de desempleo es actualmente del 4,1%. En 1989, el sector público, predominantemente la confederación sindical, SOHYO (Consejo General de Sindicatos de Japón), se fusionó con la RENGO (Confederación de Sindicatos del Sector Privado de Japón) para formar la Confederación de Sindicatos del Japón.

Una de las principales preocupaciones a largo plazo para la fuerza de trabajo japonesa es la baja tasa de natalidad. En el primer semestre de 2005, el número de muertes en Japón fue superior al número de nacimientos, lo que indica que la disminución de la población, inicialmente previsto para comenzar en 2007, ya había comenzado. Si bien una contramedida para un descenso de natalidad sería la de eliminar los obstáculos a la inmigración, el gobierno japonés se ha mostrado reticente a hacerlo.

En julio de 2006, la tasa de desempleo en Japón era del 4,1%, según la OCDE.

De los años 1960 a los años 1980, han llamado "el milagro japonés" al, en general, verdadero crecimiento económico de Japón: un promedio del 10 % en los años 1960, un promedio del 5 % en los años 1970 y un promedio del 4 % en los años 1980. El crecimiento redujo la marcha notablemente a finales de los años 1990, en gran parte debido al fracaso del Banco de Japón de bajar las tasas de interés bastante rápido para contrarrestar los efectos secundarios de la sobreinversión, a finales de los años 1980. Debido a que el Banco de Japón no bajo las tasa de interés con la suficiente rapidez, Japón entró en una trampa de liquidez.

Para mantener su economía a flote, Japón controló el déficit presupuestario masivo para financiar grandes programas de trabajos públicos. Hacia 1998, los proyectos de trabajos públicos de Japón todavía no podían estimular la demanda lo suficiente como para terminar el estancamiento de la economía. En la desesperación, el gobierno japonés emprendió la llamada "reforma estructural": la política tuvo la intención de retorcer excesos especulativos de la reserva y de mercados inmobiliarios. Lamentablemente, esta política condujo Japón en una deflación en numerosas ocasiones entre 1999 y 2004.

En su papel en 1998, en la "Trampa de Japón", el profesor de Economía de Princeton, Paul Krugman, argumentó que basado en varios modelos, Japón tenía una nueva opción. El plan de Krugman pidió una subida de expectativas de inflación para promover el gasto y, a largo plazo, reducir los tipos de interés. Japón usó otra técnica, algo basada en Krugman, llamada flexibilización cuantitativa. A diferencia de abundancia de dinero, el Banco de Japón amplió el suministro de dinero internamente para levantar las expectativas de inflación. Al principio, la política falló en inducir cualquier crecimiento, pero tarde o temprano comenzó a efectuar expectativas inflacionistas.

A finales del 2005, la economía finalmente comenzó que parecía ser una recuperación sostenida. El crecimiento de PIB para aquel año era el 2,8 %, con una extensión del cuarto trimestre anualizada en 5,5 %, sobrepasando los índices de crecimiento de los Estados Unidos y la Unión Europea durante el mismo período. A diferencia de tendencias de recuperación anteriores, el consumo interno ha sido el factor dominante de crecimiento. Actualmente Japón es el mercado superior de exportación para unas 15 naciones comerciales por todo el mundo.

La administración Koizumi, que se mantuvo en el cargo hasta el 2006, intento pasar (a veces con fracaso) la privatización y las principales leyes de inversión extranjera, la intención de ayudar a estimular la economía del Japón era latente. Aunque la eficacia de estas leyes es todavía ambigua, la economía ha comenzado a responder, pero el envejecimiento de la población de Japón espera más tensión en el crecimiento en un futuro cercano.

Economistas heterodoxos suelen afirmar que Japón es económicamente mucho más fuerte de lo que se le considera. Algunos economistas reconocen que el país oriental, a diferencia de la mayoría de los países occidentales, ha mantenido su base industrial, y tiene vastas reservas de capital, teniendo actualmente una fuerte perspectiva económica.

La privatización del Servicio Postal de Japón, que también dirige el seguro de depósito y la toma de las empresas, es una cuestión importante. Una batalla política sobre la privatización causó un estancamiento político en agosto de 2005, y, en última instancia condujo a la disolución de la Cámara de Representantes japonés. Los depósitos de Ahorro Postal, que hasta entonces había sido utilizado para financiar proyectos de obras públicas, muchas de las cuales han tenido cuestionable valor económico, están por encima de 1,9 billones de dólares estadounidenses, y podría ser una fuerza importante en la dinamización del sector privado.

El descenso de la población japonesa como resultado de una baja natalidad pone en peligro a largo plazo la vitalidad económica de Japón. Un mayor porcentaje de personas mayores en la población ejercerá presión sobre el sistema de pensiones, y, en definitiva, una mayor carga sobre la actual generación de trabajadores.

Las autoridades monetarias japonesas manifestaron su deseo continuo de devaluar el precio del yen en relación con otras monedas clave específicas para proteger a las empresas nacionales de las importaciones, este deseo puede que ya no sea viable. La más reciente acta de intervención en el año 2003 ascendió a más de 17 billones de yenes, más de un tercio de billón de dólares de los Estados Unidos en el momento y casi el 3% del PIB de 2003 de Japón, que están a la venta en favor de otros, no los activos denominados en yenes. Sin embargo, desde 2005, el país no ha intervenido directamente para comprar moneda, ya que, como el yen ha llevado con eficacia el comercio ha desarrollado la misma tarea.

Curiosamente, el comercio internacional se ha expandido en un 60%, pasando de 91,4 billones de yenes a 142,6 billones de yenes de 2001 a 2006, pero el tamaño del PIB apenas ha crecido. Sin embargo, teniendo en cuenta la tasa de participación económica, el PIB per capita de Japón ha aumentado de manera constante.

Al principio



Economía de Argentina

Martín Lousteau, Ministro de Economía hasta el 25 de abril de 2008

La economía de la República Argentina se beneficia de enormes recursos naturales, una población sumamente alfabetizada, un sector orientado a la exportación agrícola y una base industrial diversificada. Sin embargo, sus resultados económicos han sido muy desiguales a lo largo de la historia. A principios del siglo XX era uno de los países con mejores perspectivas del mundo, pero a lo largo de los años ha atravesado diversas adversidades y crisis que influyeron negativamente en la economía del país. Sin embargo, en la actualidad, la República Argentina es considerada como una de las principales potencias emergentes, al igual que otros países como Brasil, China o India.

La producción de alimentos agropecuarios es, tradicionalmente, uno de los puntales de la economía argentina, principalmente la producción de granos (cereales y oleaginosas), que juntos constituyen la primera exportación del país. En particular la cadena de la soja en conjunto (porotos, semillas, aceite, pellets, harina y biodiésel) es, junto a la cadena del petróleo, la base de la actividad exportadora.

Por su parte la ganadería bovina, que aporta la materia prima para la industria de la carne, es un sector de gran importancia, con alrededor de 55-60 millones de cabezas, aunque en los últimos años, los cultivos de soja la han ido despazando a tierras de menor valor. La carne vacuna es el principal componente de la dieta de la población.

Adicionalmente resulta de cierta importancia la producción de frutas y hortalizas, que contribuye con un 3% de las exportaciones y tiene importantes centros de producción en los valles patagónicos dedicados a la manzana y la pera, en la región noroeste productora de azúcar, cítricos y tabaco, en esta región está comenzando a destacarse la ganadería, sector que fue desplazado de la pampa húmeda por la imposición de la soja y otros comoditis, en la Mesopotamia productora también de cítricos y en Cuyo, donde a su vez se destaca una considerable producción agroindustrial del olivo, la uva y sobre todo de vino siendo el primer productor de vinos de América Latina y el quinto productor del mundo con 16 millones de hectolitros por año.

El segundo producto de exportación argentino era el petróleo , el gas natural y los productos petroquímicos, responsables de un 20% del total . Los principales yacimientos se encuentran en la Patagonia, Cuyo y el Noroeste; la provincia del Neuquén concentra cerca de la mitad de toda la producción de hidrocarburos. Una red de oleoductos y gasoductos transporta los productos a Bahía Blanca, donde se encuentra el principal polo petroquímico y a la conurbación industrial que se extiende entre Rosario y La Plata y que tiene como núcleo principal el Gran Buenos Aires.

Históricamente la minería argentina ha sido escasa, pero la misma se ha activado en la última década, fundamentalmente sobre minerales metalíferos: oro, plata, zinc, manganeso, uranio, cobre, y azufre. Los recursos mineros se concentran en las provincias cordilleranas a lo largo de 4.500 km. Las exportaciones argentinas de minerales pasaron de 200 millones de dólares en 1996 a 1.200 millones en 2004, algo más del 3% del total.

El Mar Argentino está ubicado sobre una extensa plataforma submarina, muy rica en recursos pesqueros, que alcanza un ancho de 550 km a los 52º de latitud Sur y 1.890.000 km². Sin embargo la pesca ha sido una producción marginal, y debido a la crisis poblacional de la merluza, provocada por la excesiva pesca durante los 1990, principal producto pesquero argentino, la participación del sector en las exportaciones totales se ha reducido de un 3% a un 2%.

En sentido contrario, la producción forestal y maderera, principalmente pinos y eucaliptos, se ha venido expandiendo, con centro en las provincias mesopotámicas, superando el 2% del total exportado.

A partir de 2003 la industria ha tenido un proceso de revitalización competitiva, movido principalmente por la política económica de dólar alto. Aunque la actividad industrial está mayormente orientada a sustituir importaciones, la industria de los automotores aporta el 7% de las exportaciones, mientras que el sector siderúrgico aporta el 3% del total. Otros sectores industriales importantes son el textil y calzado, alimentario, químico, papelero, maderero y cementero. En el caso particular del sector industrial alimentario, en los últimos años se han desarrollado, en muchas provincias, economías de tipo agroindustrial, mediante la creación de industrias de procesado y envasado, sobre todo de productos frutícolas, hortícolas, lácteos, vitivinícolas y cárnicos.

El Gran Buenos Aires es aún el área industrial más importante del país, donde se concentra la mayor parte de la actividad fabril de la Argentina. Otros centros industriales importantes existen en Córdoba, Rosario, Tucumán y Mendoza, San Luis y Tierra del Fuego, muchos de ellos fomentados para descentralizar la industria.

Históricamente el país tuvo importantes sectores industriales como la industria naval relacionada con la Flota Mercante de Argentina, que se redujeron considerablemente a partir de la década de 1990 a raíz del proceso de privatizaciones y que en la actualidad se están recuperando .

La represión de los indígenas de los valles calchaquíes, la entrega en mita de muchos de ellos para trabajar en las minas del Potosí, el proceso de mestizaje, y sobre todo el colapso demográfico de la población indígena, hicieron que las encomiendas que alguna vez florecieran en el Tucumán fueran menguando. En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el Alto Perú y el Tucumán, como el Paraguay exigían la creación de un puerto en el Atlántico sur para poder establecer lazos de comercio más cercanos con España y a la vez disminuir su aislamiento. Es por estos motivos, y por la amenaza de incursiones extranjeras en el Río de la Plata que la Corona española autoriza la segunda fundación de Buenos Aires.

En el Río de la Plata, la colonización se había concentrado en el Paraguay, donde los guaraníes eran numerosos y sedentarios, pasibles de ser encomendados. En 1573 el gobernador Juan de Garay marchó a repoblar Buenos Aires. En el camino, Garay decidió fundar en el lugar una ciudad intermedia: Santa Fe de la Vera Cruz. La tarea de Garay se completó en 1580, cuando fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida como Ciudad de Buenos Aires, como parte del Virreynato del Perú.

Durante el último tercio del siglo XVI, gracias a la introducción de la técnica de la amalgama con mercurio, la producción de plata se había duplicado, como así también la mortalidad de los indígenas. El llamado "Valle Imperial", llegó a tener una población de 160.000 habitantes y se convirtió en el principal mercado de consumo de Hispanoamérica. En este contexto, Buenos Aires se convierte en la entrada y salida natural de los productos altoperuanos y del Paraguay. Por un lado entran insumos y miles de esclavos negros para reemplazar a la menguante población indígena y por otro lado sale la plata producida en el cerro de Potosí.

Sin embargo, la corona española había decidido que toda la producción de plata producida en el Alto Perú, debía salir a España vía el puerto de Lima y desembarcar en Sevilla. Debido a la salida no autorizada de metales preciosos por el puerto de Buenos Aires, en 1594 la corona prohíbe el comercio con este puerto, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona (cueros, principalmente). Esta situación lleva como única solución al contrabando, que pasa a ser la actividad económica más rentable de la Buenos Aires colonial.

Durante la era colonial la economía del Tucumán y Cuyo estaba dedicada a la producción de insumos y bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. Así, vinos y aguardiente de Cuyo, mulas de Córdoba, tejidos de Salta y Tucumán, carretas de Córdoba y Tucumán, etc., se producían bajo el amparo del proteccionismo español.

En la región pampeana, la principal actividad económica era la ganadera. El origen de la explotación ganadera en las pampas, se remonta a 1536 cuando Pedro de Mendoza intridujo los primeros equinos y a 1580 cuando Garay introduce entre 300 y 500 vacunos. Para el año 1608 si bien el ganado vacuno aun es escaso en Buenos Aires, se menciona oficialmente la existencia de un numeroso plantel de ganado cimarrón que se fue multiplicando en libertad en los campos cercanos.

En 1609 el Cabildo de Buenos Aires acordó la matriculación de todas las personas interesadas en participar en la caza y matanza del ganado vacuno cimarrón, expediciones que oficialmente fueron denominadas "Vaquerías". Las vaquerías tenían por objeto la explotación del ganado vacuno para obtener principalmente su cuero, desechándose muchas veces la carne. Esta etapa duró aproximadamente hasta mediados del Siglo XVIII.

Cuando el ganado cimarrón comenzó a disminuir su número, fue necesario internarse cada vez más en territorio bonaerense, agudizándose la pelea con el indio y aumentando los costos y riesgos de estas operaciones. En ese entonces comienza el momento de las estancias y del ganado marcado, y de una mayor utilización del animal: nacieron entonces las fábricas de cebo y los saladeros. Un importante papel en el nacimiento de las estancias la tuvo la "Ley de Tierras" de 1754 en la medida que la acción de vaquear, sirvió como antecedente para aspirar a la propiedad, contribuyendo así a la distribución latifundista de la tierra.

La fundación de la Colonia del Sacramento por los portugueses justo enfrente de Buenos Aires en 1680, vino a reafirmar el crecimiento del contrabando. La pelea entre España y Portugal por el Río de la Plata continuó en 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala funda la ciudad de Montevideo para evitar la toma de esa bahía por un contingente proveniente de Brasil.

Es en 1776 que España entiende que debe actuar para echar a los portugueses del Río de la Plata, cuando decide la creación del Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba lo que hoy es Argentina, Uruguay y Paraguay, así como gran parte de la actual Bolivia.

Con la sanción del Reglamento de Comercio Libre de 1778 bajo los Borbones, la actitud de la corona comenzó a variar, buscando proteger los intereses comerciales de los productores peninsulares en los mercados cautivos coloniales. El comercio libre tuvo consecuencias desastrosas para la economía del interior del virreynato, de la que solo algunos sectores, como el aguardiente, las carretas y artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana, pudieron sobrevivir.

En Buenos Aires, la sanción del Reglamento de Comercio Libre y el "Auto de Internación" de 1777 provoca un verdadero "Boom" exportador, pasándose de 150.000 cueros al año en 1778 a 800.000 en 1801. Desde el punto de vista político, la instalación de la aduana en 1779, del Consulado de Comercio en 1794 y el establecimiento del Sistema de Intendencias en 1782, consolidaron el papel hegemónico de Buenos Aires y el debilitamiento del poder de Lima.

La revolución de mayo de 1810 desató una ola de cambios, al separarse el Alto Perú del Virreynato, se privó al Río de la Plata de su principal mercado consumidor y de la región productora de metales preciosos. Las economías del interior quedaron aisladas y sus sectores mercantiles dejaron de cumplir el rol vinculante entre Buenos Aires y el Alto Perú, iniciándose un proceso de migración interna y despoblación del noroeste que no habría de detenerse en adelante. El proceso revolucionario no pudo contener las tensiones que el poder borbónico había mantenido oculto. Durante muchos años, las provincias del interior habían tolerado el centralismo de Buenos Aires sustentado en la legitimidad del Rey, pero ahora, su desaparición eliminaba todas las razones para que ese malestar no saliera a la luz.

Desde el punto de vista económico, Córdoba había estado más ligada por su comercio al Alto Perú y a Cuyo que a Buenos Aires. Cuyo, a su vez, estaba más cerca de Santiago de Chile que de la capital y en general todas las provincias del norte dependían desde todo punto de vista al Alto Perú. Asimismo, la mayoría de ellas no compartían la política oficial adoptada desde un principio del libre comercio, ya que esto perjudicaba sus economías internas.

Una vez declarada la Independencia en 1816, la situación económica de la Argentina era muy débil. El país casi no tenía industrias y por lo tanto, se comenzó a depender cada vez más de quien sería el principal comprador y vendedor de la Argentina: el Reino Unido.

En este contexto, la clase terrateniente bonaerense comienza a presionar por expandir la frontera con el objeto de aumentar el stock de tierra y compensar las pérdidas sufridas por las guerras y la separación del Alto Perú. Así en 1820 se realiza una expedición que lleva las fronteras a las Sierras Pampeanas y en 1833 la campaña liderada por Juan Manuel de Rosas, estiró la superficie hasta el Río Salado, de esta forma, el latifundio se consolida como la unidad económica principal de la Provincia de Buenos Aires, gracias a la producción ganadera que garantizaba una excelente rentabilidad sin realizar demasiadas inversiones ni contar con demasiada mano de obra.

Para la época de la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852, el país mostraba una notable descentralización económica, a tono con la diáspora provincial comenzada con la separación del Alto Perú. El país quedó políticamente fracturado en dos: Por un lado la Provincia de Buenos Aires y por otro la Confederación Argentina. Pero esta situación no era sostenible ya que la Confederación, militarmente vencedora, era económicamente más débil que Buenos Aires, que vivía una notable expansión económica sustentada por el nuevo ciclo lanar y las rentas de la aduana.

Esta situación se resuelve en 1861 con la victoria de Bartolomé Mitre sobre Justo José de Urquiza en la Batalla de Pavón, procediéndose a la reunificación nacional y la normalización institucional.

Hacia mediados del siglo XIX la economía Argentina comenzó a experimentar un crecimiento rápido por la exportación de sus materias primas provenientes de la ganadería. Esto marcó el principio de un período significativo de expansión macroeconómica. Entre 1870 y 1914, la economía argentina sostuvo una tasa media de crecimiento superior al 5 % por año. De hecho, hacia 1913, los ingresos per capita habían alcanzado aquellos niveles sostenidos por Francia y Alemania, muy superiores a países hoy más desarrollados que la Argentina, como Italia y España, pero al mismo tiempo representaban poco menos de la mitad de los de Australia y Estados Unidos.

Desde su creación como Virreinato del Río de la Plata hasta la actualidad, Argentina, es uno de los países con mayor superficie apta para el desarrollo de la agricultura en el mundo, hecho que le ha dado ventajas comparativas en este factor de producción. En el siglo XIX la economía rural estuvo casi completamente dedicada a la ganadería y la agricultura. Sobre el curso de la historia cada uno de estos dos sectores experimentó los períodos de crecimiento y contracción en sus mercados.

La oferta agropecuaria, constituyó la base del desarrollo económico de la Argentina en el período 1880-1930. La producción de carne y cereales, para el mercado mundial fue modelo sobre el que se fueron forjando además otros factores, desde los transportes hasta la misma organización política de la Nación.

Desde 1890 hasta 1930, Conquista del Desierto mediante, la agricultura pampeana pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas a más de 25 millones, una evolución similar ocurrió con la producción de carne, favorecida por el surgimiento del frigorífico. Las exportaciones argentinas pasaron de 70 millones de pesos oro en el quinquenio 1880-84, a 380 millones en la década de 1910. Para la década de 1920, las mismas oscilaron en torno de los 800 a 1.000 millones de la misma moneda.

Los sectores más lúcidos de aquel momento, como Sarmiento, Juan B. Justo o Juan Alsina, sostuvieron la necesidad de estructurar el nuevo sistema económico sobre la base de la «chacra» y no de la «estancia». La chacra se diferenciaba radicalmente de la estancia: era, en primer lugar una institución nueva, impulsada por un sector social nuevo, como lo eran los inmigrantes provenientes mayoritariamente de Europa, a través de las leyes de colonización. Por otra parte, la chacra era relativamente pequeña y su dueño vivía y trabajaba en el campo. El chacarero era así concebido como un trabajador autónomo rural propietario de sus tierras, con un gran parentesco al «farmer» norteamericano. Finalmente la chacra, al crear sólidas bases locales y una extendida clase media rural, abría inmediatamente paso al desarrollo de la agroindustria primero y de la industria metalúrgica después.

La estancia en cambio, se apoyaba en el latifundio y en ganancias mayormente rentísticas, su propietario vivía en las grandes ciudades y continuaba con las relaciones semi-serviles provenientes de la colonia, con los trabajadores de la tierra. Al concentrar la riqueza en pocas manos, dificultaba la creación de mercados internos, adoptando una posición abiertamente anti-industrial.

El modelo de desarrollo basado en la chacra tuvo cierta importancia, sobre todo en la provincia de Santa Fe, de la mano de Aarón Castellanos, pero para fines de siglo, las presiones políticas y económicas llevadas adelante por los estancieros y los ferrocarriles ingleses, impusieron el modelo de la estancia como dominante del sistema económico argentino, cerrando el acceso a la propiedad de la tierra a los inmigrantes, que entonces se volcaron hacia las ciudades.

La inmigración era proporcional al desarrollo de la Argentina. Antes de 1860, había relativamente poca migración en el país; la población en 1869 alcanzaba a poco más de 1,8 millones de personas y, debido a la escasez de población, enormes extensiones de tierras permanecieron inutilizadas. Para el año 1930, la población llegaba a los 11 millones.

La escasez de trabajo llegó a ser un punto crítico, pero estos resultados que comenzaba a experimentar el país permitió altos salarios y, por lo tanto, un abismo entre los índices de salario de la Argentina y de una Europa empobrecida, particularmente Italia y España. Esto facilitó la inmigración masiva que fue sostenida cada año hasta la Primera Guerra Mundial (excepto en 1890 donde hubo un retraimiento económico). Mientras que la mitad de los inmigrantes europeos eligió permanecer en la ciudad de Buenos Aires, su adición al mercado de trabajo que le ofrecía el país ayudó a aliviar la escasez de trabajo en el campo. Las migraciones subsecuentes de nativos y extranjeros ayudaron a asegurar un mercado de trabajo para la economía de la región litoral.

La solución a la falta de mano de obra facilitó el desarrollo económico. Mientras que los salarios pudieron haber caído por un período, los inmigrantes, como factor importante de la producción, ayudaron a diversificar los mercados comerciales de la Argentina. Anteriormente, el sector ganadero -costoso- había dominado la producción. Pero con la gran mano de obra disponible, el sector arable permitió el desarrollo. Por consiguiente, el comercio de la Argentina dejó de especializarse en cualquier producto. Esto ayudó a fortificar al país contra los vaivenes de la economía mundial (estabilidad social y política), contribuyendo al desarrollo argentino experimentado entre 1870 y 1920.

Como la inmigración, la inversión extranjera jugó un papel central en el desarrollo económico de la Argentina. Antes de la Primera Guerra Mundial, se podría decir que la inversión de capital era la inversión de capital extranjero. En todas las consideraciones, Argentina era un caso atípico para la inversión extranjera, y de ahí que esto la diferenció del resto de los países latinoamericanos. Sin embargo, Argentina no tuvo un desarrollo al estilo de los países hoy considerados del primer mundo.

Con mucho, Gran Bretaña contribuyó con la mayor parte de fondos que cualquier otro estado extranjero, como lo hizo con muchos otros estados latinoamericanos. Las sociedades anónimas de responsabilidad limitada, recogieron la mayor parte de su capital por la inversión directa extranjera. La mayor parte de las inversiones de Gran Bretaña recayeron en los ferrocarriles y en las industrias que exportaban carne. Sin embargo el sector agrícola prácticamente no ha recibido ninguna inversión extranjera, y relativamente poco crédito doméstico también. Por eso mismo se dio la expansión agricola.

Principalmente, el crecimiento económico argentino antes de 1914 fue alcanzado por las exportaciones a Europa. Primero la carne vacuna y luego los cereales fueron enviados a Europa, con una población en auge. El viejo continente se encontró cada vez más en la necesidad de importar productos alimenticios de Argentina. A cambio, Gran Bretaña, Francia y Alemania invirtieron dinero en el desarrollo de Argentina. Especialmente, fondos extranjeros fueron colocados en los sectores que fueron orientados hacia las exportaciones; los ferrocarriles en particular fueron construidos con el capital extranjero. Mientras muchos argentinos vieron al sector de exportación como central para el desarrollo de un mercado nacional, la economía permaneció profundamente dependiente del contexto internacional.

La inversión extranjera y el mercado comercial pueden ser sumamente volátiles. Como la economía de Argentina confió tan pesadamente en el crédito extranjero y en una demanda de sus productos agrícolas, los períodos de volatilidad, causaron repercusiones severas para el crecimiento económico del país.

La inversión extranjera, entonces, era una arma de doble filo. Mientras esto contribuyó al largo período de crecimiento entre finales del siglo XIX y principios del XX, la inversión extranjera mermó durante la Primera Guerra Mundial. Mercados como el argentino aún no habían madurado y la economía doméstica no estaba preparada aún para compensar las pérdidas incurridas por los shocks externos. La economía en total vio una caída en su funcionamiento.

Una vez terminada la Primera Guerra Mundial, los capitales norteamericanos y Wall Street comenzaron a figurar preeminentemente sobre la esfera internacional y la Argentina gozó del más largo período de prosperidad y paz social hasta entonces.

Entre 1919 y 1929 el PBI de la Argentina creció al 3,61% anual, superando considerablemente a Canadá (2,65%), Estados Unidos (2,16%) y Australia (1,64%). También el aumento del PBI per cápita argentino fue el más alto de los cuatro países, promediando el 1,75% anual. Era la edad de oro de la economía argentina, alcanzando nada menos que el sexto puesto del PIB mundial en 1928.

Sin embargo la crisis mundial que desencadenó el derrumbe de la bolsa en 1929 (el jueves negro) marcó el final del modelo argentino de crecimiento conducido por la exportación de los productos ganaderos y cerealeros de la región pampeana.

Después de la Crisis de 1929, un nuevo modelo de crecimiento económico comenzó a surgir lentamente, aunque de un modo considerablemente diferente al de otros países de la región.

Por un lado los sectores exportadores de productos ganaderos y cerealeros, principalmente los grandes latifundistas y las empresas frigoríficas y ferroviarias británicas, intentaron recrear el modelo exportador. El Pacto Roca-Runciman de 1933 entre Argentina y Gran Bretaña tenía ese objetivo.

Por otra parte, y en sentido paralelo, comenzó a desarrollarse durante el período 1930-1943 un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, con eje en empresas estatales con fuerte influencia militar (YPF, Fabricaciones Militares, Altos Hornos Zapla), y algunas filiales de grandes empresas norteamericanas y sobre todo una gran cantidad de fábricas pequeñas y medianas de capital nacional, especialmente en el sector textil.

El resultado fue que el sector agro-exportador permaneció sin realizar cambios de fondo (en particular en la Argentina no se realizó una reforma agraria orientada a crear una propiedad capitalista de la tierra) y se superpuso a un nuevo modelo de industrialización orientado al mercado doméstico. Ambos sectores se constituyeron de manera autónoma, sobre dinámicas, reglas y principios diferentes, y muchas veces en abierta colisión. El sector agroexportador se desarrollaba orientado al comercio internacional, sobre las pautas de la economía liberal clásica, con una presencia preponderante del latifundio y un muy bajo empleo de tecnología y mano de obra (menos del 10% del total nacional), que a su vez estaba sujeta a relaciones laborales paternalistas. El sector industrial comenzó a desarrollarse orientado al mercado interno, con una presencia preponderante del Estado, sobre las pautas de la nueva economía keynesiana que irrumpía en Estados Unidos con el New Deal, y una gran demanda de mano de obra asalariada sujeta a relaciones laborales colectivas entre el trabajo y el capital. Las grandes tensiones y conflictos que tenían que surgir inevitablemente de la convivencia de dos sistemas inconexos y hasta incompatibles, tendió a desarrollar un fuerte Estado interventor.

Si bien el gobierno no tuvo intervención con la política de crecimiento conducido por la exportación, en esta forma nueva sí tuvo participación directa. En un esfuerzo por limitar la dependencia del país del mercado internacional, medidas inducidas por el gobierno como la nacionalización de la industria doméstica fue apuntada para alentar un desarrollo interno, autónomo.

Si bien es cierto que la Argentina fue capaz de crecer con este esquema de dos sectores económicos mal integrados, la dinámica del desarrollo económico no fue suficiente para que el país se convirtiera en una nación desarrollada, repitiendo de algún modo lo que había ocurrido con el modelo agro-exportador de fines del siglo XIX y principios del XX, con el que la Argentina experimentó algún tipo de industrialización pero no se transformó en un país "industrializado".

Las políticas económicas neoliberales adoptadas desde la década de 1970 por los gobiernos militares, y seguidas por los gobiernos civiles, determinaron una concentración progresiva de la riqueza e hicieron que la población perdiera el nivel de vida que había alcanzado a mediados del siglo XX con un aumento exponencial de la deuda externa nacional, que se elevó de 7.875 millones de dólares al finalizar 1975, a 45.087 millones de dólares en 1983. La relación porcentaje de deuda externa sobre PBI, es una de las más elevadas de América Latina donde los países que la conforman cargan con grandes deudas externas. Esto significa un serio obstáculo para las políticas de desarrollo.

Durante la década de 1980, considerada como la década perdida para América Latina, la Argentina creció a tasas magras Sin embargo en 1983, el país seguía sosteniendo indicadores aceptables ya que la tasa de desempleo apenas rozaba el 4 por ciento de la población económicamente activa, menos del 10 por ciento de la sociedad estaba bajo la línea de la pobreza y no existían indigentes.

Las altas tasas de inflación que caracterizaron a la economía argentina desde la Segunda Guerra Mundial hicieron eclosión con los procesos hiperinflacionarios de 1989 y 1990, durante los cuales la pobreza se elevó momentáneamente hasta un inédito nivel del 47,3% de la población del aglomerado Gran Buenos Aires.

Las reformas económicas de esta década se han basado en la privatización de los servicios públicos y en la apertura de la economía. En 1991, el ministro de economía Domingo Cavallo recurrió a la paridad del peso argentino con el dólar estadounidense (Ley de Convertibilidad) debido en parte a la acuciante inflación que sufrió el país a fines de los 80´. Comenzaron a registrarse así altas tasas de crecimiento entre 1991-1994 y 1996-1998. En 1995 por el Efecto Tequila —que demostró cómo un hecho externo podía influir en el país producto de la globalización— provocó un crecimiento negativo del PBI. Éste llegó a alcanzar los 300.000 millones de dólares en 1998. El PBI per cápita nominal (el más alto durante la década del 90´ en América Latina) llegó a los 8.300 dólares ese mismo año. Las exportaciones pasaron de 12.500 millones de dólares en 1990 a casi 27.000 millones de dólares en 2000 con un aumento del 110% en ese período. Todas estas cifras fueron récord para el país. Sin embargo, este modelo produjo una concentración económica en los sectores financiero, de servicios y agroexportador, al mismo tiempo que una desocupación estructural cercana al 20% en sus peores momentos. Desde 1994 hasta el tercer trimestre de 2006 la desocupación a nivel nacional ha sido siempre de dos dígitos. La pobreza medida en el aglomerado Gran Buenos Aires osciló en ésta década entre el 33,7% en 1990, el 16,1% en 1994 y el 26,7% en 1999, siendo más baja de la registrada en la crisis hiperinflacionaria de fines de los 80'.

En 1995, la economía local se vio afectada negativamente por el llamado Efecto Tequila, que provocó un aumento inédito de la desocupación a nivel nacional hasta un 18,4% . También se revirtió la tendencia descendente del índice de pobreza, que en el aglomerado del Gran Buenos Aires (el más importante del país), entre 1990 y 1994 había llegado a un mínimo del 16,1% . A excepción de 1995, en la década del 90' la economía creció fuertemente hasta mediados de 1998 .

Los recurrentes problemas de este modelo noventista determinaron una recesión desde 1998 que estalló a finales de 2001, y terminaron por provocar el fin de la Ley de Convertibilidad monetaria con importantes secuelas de crisis económica, política y social. Una de las más notables, luego de una corrida bancaria que desestabilizó al sistema financiero, fue la restricción a la extración de dinero en efectivo de fuentes bancarias (medida que se conoció como Corralito). En 2002, en parte por la devaluación que adoptó el país luego del default de la Deuda Externa (pública y privada) casi el 60% de la población pasó a ser pobre en términos de sus ingresos económicos y el producto bruto interno a precios corrientes de 268.697 millones de dólares en 2001 se redujo casi un 64% a fines de 2002. En el periodo recesivo y posterior crisis (junio de 1998 a 2002 inclusive), éste sufrió una perdida del 19,5% acumulada, registrándose el mayor descenso en el último año de la crisis con un decrecimiento del 10,9%. Una de las principales secuelas que dejó la crisis de 2001 fue el aumento de la inequidad en la distribución de la riqueza en comparación con los demás países de América Latina. A nivel nacional la pobreza alcanzó al 57,5% de la población, la indigencia al 27,5% y la desocupación al 21,5%, todos niveles récord para el país.

El proceso de reestructuración de la deuda externa fue largo y complejo y finalizó, para quienes decidieron ingresar en el canje, a fines de febrero de 2005. Argentina ofreció un descuento importante sobre sus obligaciones (aproximadamente el 70 %) y finalmente lo colocó en un 76 % (esta oferta no incluyó el FMI y otros organismos internacionales, con quienes el país ha cumplido sus deudas). El 24% de la deuda restante (se encuentra en default a enero de 2007) representa aproximadamente U$S 20.000 millones.

En diciembre de 2005, el presidente Néstor Kirchner decidió liquidar la deuda argentina con el FMI en un solo pago, sin nueva financiación, por un total de 9.810 millones de dólares utilizando las reservas internacionales que alcanzaron un valor de 28.000 millones de dólares ese año, reduciéndose éstas a 18.000 millones de dólares en enero de 2006. El pago en parte fue financiado por Venezuela, quien compró obligaciones argentinas por 1.600 millones de dólares. Dos días antes de este hecho, Brasil también había cancelado la totalidad de su deuda con el FMI. Según datos del Ministerio de Economía, en septiembre de 2006, las reservas volvieron a alcanzar el nivel previo a la cancelación total de deuda con este organismo de 28.000 millones de dólares y en noviembre llegaron a los 30.010 millones de dólares, alcanzando un récord histórico, la última vez registrado en 1999. Esto se debe en parte a una de las políticas del Banco Central de la República Argentina de mantener un dólar alto en relación con el peso argentino. Las cotizaciones se encuentran en 3,70 pesos argentinos por dólar para la venta y 3,66 por dólar para la compra.

Con una "política de dólar alto" que permitió producir bienes y servicios a precios competitivos en el mercado internacional, algunas industrias de la Argentina comenzaron a reflorecer después de la crisis.

A mediados de 2002 se comienzan a vislumbrar signos de reactivación económica y desde 2003 a 2007, el país registró una fase de crecimiento económico con tasas que oscilaron en torno al 9% (8,8% en 2003, 9% en 2004, 9,2% en 2005, 8,5% en 2006 y 8,7% en 2007), en parte debido a una política económica de dólar alto destinada a favorecer la sustitución de importaciones, que ha incrementado la competitividad de la industria argentina. A causa de la recuperación de la economía que se ha observado en el período 2003 - 2007, y teniendo en cuenta que en el tercer trimestre de 2005 el PBI argentino (en pesos argentinos y a precios constantes) superó el valor de 1998, la crisis económica ha finalizado.

Según últimos datos oficiales del Banco Central de la República Argentina y el INDEC, en 2007 el producto bruto interno en valor nominal fue de 812.072 millones de pesos a precios corrientes equivalente a 260.578 millones de dólares, con un PBI per cápita nominal de 6.621 dólares.

En la actualidad, la Argentina es la tercera potencia en materia económica de América Latina, superada por Brasil y México. Según los últimos datos estimativos del FMI para 2007, si al PBI se lo considerara en paridad de poder adquisitivo alcanzó los 523.739 millones de dólares, en tanto que el PBI per cápita medido en paridad de poder adquisitivo de USD 13.308, es el segundo más alto de la región después de Chile.

Desde el principio del gobierno de Néstor Kirchner, el papel del estado en la economía se ha ampliado respecto al que tenía durante el gobierno de Carlos Menem. Esto se ve principalmente en la fijación de precios en algunas industrias así como en la creación de una línea aérea pública y una empresa de energía pública. La actual presidenta Cristina Fernández defendió el modelo económico instaurado desde 2003.

La Fundación Heritage, que se define como una "fundación Norteamericana de pensamiento conservador" ha considerado que la Argentina ocupa la posición 95º entre 157 países evaluados en el que denomina Índice de Libertad Económica.

La moneda oficial de la Argentina desde 1992 es el peso ($). Carlos Rafael Fernández ocupa el cargo de Ministro de Economía desde abril de 2008.

Según datos del INDEC, la inflación alcanzada en 2007 fue del 8,5%, inferior a las registradas en 2005 y 2006. Sin embargo la polemica generada debido al recambio de autoridades dentro de este organismo en 2007, llegó a punto tal que los mismos técnicos del instituto denunciaron la manipulación de datos del Índice de Precios al Consumidor por parte de las nuevas autoridades nombradas por el gobierno de Néstor Kirchner. La discordia interna que se generó, creó una falta de confianza en los índices publicados, ya que consultoras privadas argentinas sostuvieron que la inflación real en todo el año fue más del doble que la publicada (entre 17% y 18% o incluso superior al 20%); además los mismos empleados del organismo en pugna con las autoridades sostuvieron que en 2007, el índice llego al 26,2%. A nivel internacional, el tema tuvo repercusión en la relación bilateral de la Argentina con los Estados Unidos y el FMI. Las causas de la actual inflación se traslucen en: el efecto indirecto de la suba de los precios de los productos argentinos exportables -básicamente, productos commodities - que repercutió en el incremento en los precios de los alimentos; el aumento de salarios que provocó una explosión en el consumo interno, más un peso devaluado -eje de la política económica implantada en los últimos años-, sumado a la suba del gasto público que potenció la demanda privada, enmarcándose esto en un crecimiento del PBI ininterrumpido de más de cinco años a tasas de casi el 9%. También hay factores estacionales como el faltante de frutas y verduras, debido a los cambios climáticos ocurridos en el invierno de 2007 (nieve en Buenos Aires). Los expertos sostienen además, que el actual modelo económico impulsa el consumo y que la inversión no llega a crecer al mismo nivel. Como país exportador de alimentos se han llevado a cabo medidas para frenar el proceso inflacionario como el aumento de impuestos a las exportaciones de productos alimenticios (retenciones móviles de acuerdo al precio internacional de las commodities que generaron una disputa creciente entre el gobierno y las organizaciones agropecuarias hasta llegar al cierre patronal) y energéticos, así como acuerdos de precios (supermercados) y subsidios en varios productos y cadenas.

El gobierno implementa un nuevo Índice de Precios al Consumidor que se basa en el modelo de EE.UU., pero adopta sólo una forma de medición, que se focaliza en los consumos básicos. Aunque todavía no salieron sus datos a la luz, este sistema ya también genera polémica porque sus detractores sostienen que daría un inflación incluso menor a la cuestionada.

La Canasta Básica de Alimentos que se calcula en base al IPC, sirve para establecer los índices de pobreza e indigencia, que en el primer semestre de 2007 fueron del 23,4% y del 8,7% respectivamente, aunque debido a las cuestionada metodología aplicada por el instituto desde aquel año, también aquí técnicos del INDEC y consultoras privadas sostienen que estos guarismos serían superiores a los oficiales. El desempleo en el cuarto trimestre de 2007 se halló en un 7,5%, incluyéndose a beneficiarios de planes sociales como “empleados”. El índice se eleva al 8,1%, excluyendo a beneficiarios de planes sociales como “empleados”. El subempleo, en tanto, se situó en un 9,1%. Sin embargo, estos indicadores lograron reducirse en forma sustancial desde 2002 con valores de pobreza cercanos al 60% y desempleo del 21,5% en el momento crítico de la crisis.

La merma de inversiones en obras hidroeléctricas y usinas y la consecuente escasez de reservas de hidrocarburos de los últimos años (falta de exploración de nuevos yacimientos de gas y petróleo), más el incremento de la demanda por parte de empresas y usuarios desde el periodo de recuperación económica son algunas de las causas de una endémica escasez de energía. La crisis ha llegado al punto de provocar la falta de luz en hogares residenciales del area metropolitana de Buenos Aires.

Algunas de las medidas tomadas para paliar esta escasez son la reducción de la exportación de gas a Chile, la realización de acuerdos de importación de gas con países abastecedores como Bolivia o Brasil y la construcción de nuevas centrales termoeléctricas. A principios del año 2008 el gobierno nacional lanzó el Plan de Eficiencia Energética que incluye el cambio del huso horario en el verano (enero-marzo) y el uso de lámparas de bajo consumo.

En 1982 hubo una denuncia periodística contra la deuda que tenía Argentina, la cual fue realizada por el periodista y escritor Alejandro Olmos. El caso fue tomado por el juez federal Jorge Ballesteros. En su fallo dictaminó que la deuda pública contraída durante el Proceso de Reorganización nacional había sido fraudulenta al ser producto de mecanismos irregulares. Al preescribir la causa penal el magistrado la derivó al Congreso para que establezca las responsabilidades políticas, cosa que todavía no ha ocurrido.

Durante la década del 90 el sistema financiero argentino se fue consolidando y reforzando. Los depósitos crecieron fuertemente, aún después de la recesión que comenzó en 1998.

Aún si, el sistema bancario prestó dólares y tomó depósitos en pesos argentinos. Pero durante la recesión económica y financiera de 2001, se tomaron medidas como el congelamiento de los depósitos de particulares (hecho conocido como el corralito), así como también una devaluación asimétrica de préstamos y depósitos, hicieron que muchos bancos técnicamente lleguen a la bancarrota.

A partir del crecimiento económico registrado desde el año 2003, los bancos otra vez ganan depósitos, que pasaron de $ 114.462 millones en diciembre de 2004 a $ 169.729 en diciembre de 2006, lo que implica un crecimiento de más del 48%.

Luego de la salida de la convertibilidad, las exportaciones argentinas -tanto agropecuarias como industriales- manifestaron un importante incremento (duplicando el valor de 2001 de 26.500 millones de dólares), acompañado por un favorable contexto económico internacional que le permitió llegar a nuevos destinos y sostener una balanza comercial superavitaria. Si bien los destinos más importantes son el Mercosur, la Unión Europea y el NAFTA, el intercambio comercial en destinos como China, Rusia o la India, entre otros dio como resultado de una mayor inserción del país en el mercado mundial.

En el sector de productos primarios, los agrícolas representan el mayor volúmen exportado, seguidos por la minería y el sector energético -que incrementaron su importancia dentro del volúmen total desde la década del 90´-. En lo referente a bienes de industria, alimentos, bebidas y tabaco figuran como los de mayor participación. Los bienes duraderos (industria automotriz) y de progreso tecnológico vieron disminuir su contribución al total en la última década. Así es cómo los bienes de recursos naturales se imponen frente a las manufacturas de media y alta tecnología. Las composición de las exportaciones del año 2006 es la siguiente: Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) 33%; Manufacturas de Origen Industrial (MOI) 32%; Productos Primarios (PP) 19% y el restante 16% corresponde a Combustible y Energía (CyE).

La composición de las importaciones se basan por orden de importancia en bienes intermedios, bienes de capital, piezas y accesorios para bienes de capital, bienes de consumo, vehículos automotores de pasajeros y combustibles y lubricantes. Estas provienen principalmente de Brasil (principal socio comercial), Estados Unidos, Alemania, Italia, Japón y España. Las importaciones se repartieron de la siguiente manera: bienes intermedios 35% del valor total, bienes de capital (25%), piezas y accesorios para bienes de capital (17%), bienes de consumo (12%), automotores de pasajeros (6%) y combustibles y lubricantes (5%).

Las exportaciones récord totalizaron en 2007 los 55.933 millones de dólares y las importaciones llegaron a 44.780 millones de dólares. El incremento de las exportaciones fue del 20% y el de las importaciones el 31% respecto a las cifras de 2006. El saldo neto de la balanza comercial fue de 11.154 millones de dólares, con un descenso del 9,1% respecto del año anterior. El déficit comercial con el Mercosur y su principal socio, Brasil fue de casi 3.700 millones de dólares.

Las inversiones estadounidenses en la Argentina se concentran sobre todo en telecomunicaciones, petróleo y gas, energía eléctrica, servicios financieros, sustancias químicas, industria alimenticia, y en fabricación de vehículos. Éstas se acercaron a los 16.000 millones de dólares a fines de 1999, según estimaciones de la embajada estadounidense en este país. Varios acuerdos bilaterales juegan un papel importante en la promoción de la inversión estadounidense privada. Las inversiones canadienses, europeas y chilenas -también importantes- llegan en cantidades significativas. Desde 2000, Brasil también se convirtió en un país inversor en la Argentina. Empresas españolas en particular, han entrado en el mercado argentino con inversiones principalmente en petróleo y gas, telecomunicaciones, banca, y sectores de venta al público. En octubre de 2004, China había anunciado que invertiría 20.000 millones de dólares en la Argentina con destino a la reconstrucción de los ferrocarriles (8.000 millones de dólares) y en la investigación del aceite (5.000 millones de dólares). Sin embargo, esta operación no pudo materializarse hasta el momento.

Según un informe preliminar y estimativo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), la inversión extranjera directa en la Argentina alcanzó los 3.300 millones de dólares en 2006, un monto inferior al registrado en 2005 de 4.700 millones de dólares. Este informe sostiene que en América Latina la I.E.D. bajó respecto a 2005 y que los principales receptores fueron México y Brasil, y Chile obteniendo el tercer lugar. Con estas cifras, el país bajó su performance respecto a la década de los 90´ donde la inversión extranjera directa promedió entre 1992 y 1998 los 5.697 millones de dólares, llegando a alcanzar en 1999 un cifra de casi 24.000 millones de dólares, según un informe del Ministerio de Economía.

En tanto la Inversión Bruta Interna Fija en 2006 representó el 21,7% del PBI, siendo superior al valor registrado en 2005 de 19,8%, logrando también superar al porcentaje de 1998 en la época pre-crisis (21,1%).

Datos extraídos del FMI - Nota: las celdas coloreadas indican estimaciones del FMI.

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