Diego Ruiz

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Publicado por grag 13/03/2009 @ 16:13

Tags : diego ruiz, atletas, atletismo, deportes

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Diego Ruiz (militar)

Gral. Diego Ruiz fue un militar mexicano que participó en la Revolución Mexicana. Nació en Oacalco, cerca de Yautepec, Morelos. En marzo de 1911 se incorporó a las fuerzas maderistas bajo el mando de Amador Salazar. Participó en la toma de Metepec, Puebla y en el sitio y toma de Cuautla, Morelos. Al triunfo maderista se le licenció, pero al romper Emiliano Zapata con el presidente Francisco I. Madero regresó a la lucha dentro de las fuerzas de Amador Salazar, destacando como segundo jefe de la división durante las campañas contra Madero y Victoriano Huerta. Murió en combate contra las fuerzas carrancistas, el 25 de mayo de 1915, en Tula, Hidalgo.

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Testamento de Diego Ruiz de Castellblanch

El Testamento de don Diego Ruiz de Castellblanque, señor de Torrebaja (1638), se refire a la exposición y comentario de un testamento, documento notarial correspondiente a las últimas voluntades de uno de los primeros señores del lugar de Torrebaja, municipio del Rincón de Ademuz, provincia de Valencia, Comunidad Valenciana, España.

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Antón (distrito)

Escudo de Antón

El distrito de Antón es una de las divisiones que conforma la Provincia de Coclé, situado en la República de Panamá.

Partiendo de la desembocadura del río Las Guías y siguiendo aguas arriba hasta su cabecera; de ahí línea recta a la punta del Cerro-iguana o Coscorrón; de ahí, por la orilla del Valle, pasando por la cúspide del cerro Guacamayo, hasta llegar al lugar por donde entra el río de Antón al bajo del Valle; de ahí, aguas arriba este río, hasta su nacimiento en el cerro de El Pilón.

Al Oeste Con el Distrito de Penonomé (Provincia de Coclé).

Desde la cabecera del río Antón, en el cerro de El Pilón, línea recta a la cabecera del río La Chorrera; y de ahí, aguas abajo, hasta su desagüe en el mar; y con el mar, desde la boca.

El Distrito de Antón recibe este nombre por el río que recorre sus llanuras, este a su vez de Antón Martín, piloto armador del séquito del Don Gaspar Espinosa, cuando en su primer viaje, 1615, visitó el interior del Istmo con el propósito de explorar la boca del río tuvo a punto de perecer ahogado en sus aguas.

Don Agustín Jaén Arosemena, en su obra Nociones Históricas de Coclé señala que para el año de 1631, ya este río y otros de esta misma región, tenían los nombre que hoy lleva.

En 1575, el oidor, Alonso Criado de Castilla, en su célebre informe de la Audiencia de Panamá, refiere la existencia de un pueblo de indios libres con algo más de 100 almas, dedicado a la cría de ganados y al cultivo del maíz, llamado Pueblo Nuevo de los Reyes del Chirú, localizado a tres leguas de Natá, es decir, situado aproximadamente en el área cercana al sitio actual de Antón.

El navegante Diego Ruiz de Campos habla en 1631, de las producciones ganaderas en las vegas de los ríos Chirú (Hato) y Antón, en la descripción más antigua y extensa que tenemos del medio natural y de la ocupación humana de esta parte del Istmo de Panamá.

En los primeros tiempos parecieran presentarse serias dificultades para que se estableciese con mayor permanencia el poblado de Antón al precederse nuevamente, en 1717, en forma definitiva. Ese carácter más permanente del nuevo asentamiento es atestiguado temprano puesto que en 1731, a casi medio siglo de la fundación de la ermita, realizan una misión, en Antón, los religiosos franciscanos fraile Antonio Rodríguez, fraile Joseph Sánchez y fraile Vicente Puga quienes predican también en Penonomé y Natá antes de partir al Perú. En fecha cercana, en 1736, el obispo de Panamá, Pedro Morcillo Rubio y Auñon visita el sitio de Antón y encuentra que "habrá en dicho asiento hasta veinte ranchos, o casas todo lo más de la gente vive en los montes, y son mulatos, zambos y de todas misturas, excepto, cuatro o seis familias de españoles que viven en aquella inmediación, tienen su Iglesia en que el cura Teniente les administra los Santos Sacramentos, se compone este vecindario de más de quinientas almas". Se trata en ese momento, de un modesto templo con paredes de barro y techo de teja, rodeado de algunos primitivos bohíos y quizás una que otra casa un poco más importante, con techo igualmente de teja y piso de adobes cuadrados, a la usanza tradicional.

Para mediados del siglo XVIII, se observa el crecimiento de una sociedad que está en plena gestación, y hasta de una pequeñísima prosperidad material. Así, el 17 de julio de 1774, el mismo obispo de Panamá visita el pueblo de San Juan Bautista de Antón y ejecuta el inventario de bienes de la ermita. El obispo muestra satisfacción por el manejo de las haciendas, propiedad de dichas cofradías religiosas, administradas por los mayordomos nombrados para tal fin. Ese mismo año, 1774, se registra la existencia en Antón de una compañía del Batallón de Infantería, constituidos en milicias civiles, comandadas por el capitán Joaquín Ponce, el teniente Juan Bautista Ponce y el subteniente Manuel Blas Ponce, todos hermanos, hijos de un rico terrateniente local. En total, ochenta y cuatro antoneros organizados bajo la disciplina militar, para la defensa del territorio parroquial.

A fines del siglo XVIII la sociedad parroquial demuestra ya las estructuras que la definirán a lo largo de nuestra historia.

La estructura étnica y social de Antón, corresponde, desde temprano, estrechamente con la evolución particular de su poblamiento y de su actividad económica y, en Coclé, será más parecida solamente ala de Natá, en contraposición a San Carlos y, sobre todo, Penonomé y Olá, más bien de montaña, mucho más indígenas, la verdadera tierra de los cholos. Por ejemplo, entre los 979 habitantes en la parroquia de Antón en 1790, el 76% son libres, considerados mestizos, mientras que los indígenas alcanzan el 5%, cuando en San Carlos son el 35%, en Penonomé el 65% y en Olá el 99% de la población; 177 blancos, en parte del grupo dominante local y 66 esclavos, casi el 6% de la población. Un registro de milicia arroja, en 1781, un total de 337 hombres capaces de tomar las armas, de los cuales 31 son españoles _ es decir_ blancos, 15 cuarterones casi blancos, 78 pardos o mulatos, 91 zambos, 104 negros y solo 15 indios.

Aunque el distrito parroquial de Antón existe desde la época colonial como una de las subdivisiones políticas de la antigua jurisdicción de Natá o Partido de Natá como se llamaba a fines del siglo XVIII, en 1832 la Constitución adoptada por la Nueva Granada divide el territorio nacional en provincias, cantones y distritos parroquiales, quedando el de Antón entre los que formaron el cantón de Natá. La Convención del estado crea el Departamento de Panamá, pero en 1858 Antón y San Carlos formarán parte del Nuevo Departamento de Soto con cabecera en Penonomé hasta que en 1860 el de San Carlos pasa definitivamente al Departamento de Panamá. En 1864 se crea nuevamente el Departamento de Coclé del cual formará parte el Distrito de Antón, y en 1886 las Provincias de Coclé y Panamá.

Rubén Darío Carles, en Reminiscencias de los Primeros Años de la República, 1903 - 1912, Panamá 1969, publica la copia del acta Municipal de Antón del 5 de noviembre de 1903: "El Concejo Municipal de Antón se adhiere con júbilo al glorioso movimiento del 3 de noviembre, por el cual se proclamó la independencia del Istmo". Firmado Juan A. Ponce, Pedro Almillátegui, Simón Ortega y J.S. Bernal.

Su relieve es montañoso al norte y de sabana al sur. La cordillera esta cerca de la costa por lo que los ríos son cortos y rápidos. Entre sus elevaciones importantes están el cerro Gaital (1108 metros sobre el nivel del mar) en el Valle de Antón. Su clima es subtropical húmedo en el Valle de Antón y tropical de sabana en la caberecera del distrito, la ciudad de Antón, y la playa de Farallón.

Ríos: Hacia el este de la provincia los ríos son menos caudalosos. Entre ellos están Estancia, Antón, Farallón, y Las Guías; este último le sirve de límite con la provincia de Panamá.

Islas: La provincia no tiene islas, sino únicamente el islote llamado Farallón del Chirú a 2 millas de la costa.

Algunas de las actividades económicas del distrito de Antón son la pesca y cultivo del camarón, la agricultura y el cultivo de la caña de azúcar.

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Juan Jiménez

Juan Jiménez es otro de los extremeños a quienes, en los primeros tiempos, le tocó lo más difícil y penoso de las conquistas y exploraciones del territorio venezolano.

El conquistador Juan Jiménez, había nacido en Galisteo (Cáceres) en 1514; muy joven marchaba al territorio venezolano en una de las expediciones de los Welser para integrarse en la conquista de la comarca que les había sido adjudicada a los banqueros alemanes y que comprendía una extensa zona de la parte occidental de lo que hoy pertenece a Venezuela.

Primeramente participa al mando del gobernador Jorge de Spira, en la penosa expedición al territorio de los indios “choques”, donde durante los tres años que duró la jornada, pasarían toda clase de calamidades, puesto que de los 490 hombres que salieron desde Santa Ana de Coro, solamente regresaron con vida 150 soldados maltrechos, y cubiertos de harapos y cargados de miseria.

Después de esta aciaga experiencia, se enrola en la expedición de conquista que el capitán general Felipe de Hutten (ver Felipe de Utre), organizaba para descubrir el “país de los omeguas” donde creían que estaba ubicado El Dorado, y donde los indios le decían que había pueblos con casas de paredes y techos de oro. En la búsqueda de este mítico pueblo emplearon casi cinco años y como habían muerto muchos de los expedicionarios, Hutten decide regresar a Coro para juntar más soldados y organizar otra expedición con la intención de seguir buscando El Dorado.

Siguiendo la ruta que les llevaría a Santa Ana de Coro, Felipe de Hutten y los suyos, aciertan a pasar por El Tocuyo, ciudad que hacía pocos meses que había fundado Juan de Carvajal con la gente que había sacado de Coro para que no siguieran pasando hambre y huyeran de la miseria. Como la fundación de la esta ciudad perjudicaba los intereses de los alemanes, Carvajal y Hutten se enzarzan en una agriada discusión y el alemán quiere despoblar la ciudad y llevarse nuevamente la gente a Santa Ana de Coro.

Con Hutten venía Bartolomé Welser, hijo de los banqueros alemanes, y éste de un golpe de lanza, tira en el barro a Carvajal, el alemán desarma a los soldados y se lleva las armas y los caballos. Esta afrenta no la soporta Carvajal, sale con varios de su guardia detrás de los alemanes, les da alcance en el camino de Coro y otra vez vuelven a enzarzarse en una desagradable discusión que termina trágicamente. Por las ofensas recibidas, Carvajal ha perdido los estribos y ordena ejecutar a Felipe de Huten, a Bartolomé y a otros tres españoles que les acompañaban.

Juan Jiménez y su coterráneo Juan Hidalgo (conquistador), eran amigos inseparables y tenían la misma edad, dedicados en este episodio a cumplir su cometido, no habían presenciado la ejecución de los alemanes porque iban delante de la gente de Hutten para explorar el camino y abrir rozas en las partes selváticas y no se enteraron de lo sucedido hasta que los alcanzaron el resto de la partida. Una vez en Santa Ana de Coro prestan declaración del caso ante las autoridades y con éstas volverán a la ciudad de El Tocuyo para prender y procesar a Juan de Carvajal.

Resuelto el asunto de Carvajal, procesado y ejecutado, se reanudan las tareas cotidianas y se proyectan nuevas salidas exploradoras. A la orden del capitán Diego Ruiz de Vallejo, Juan Jiménez se enrolaba en otra expedición de conquista y fundación de varios pueblos en las estribaciones andinas de la zona que hoy pertenece a Venezuela (Carache, Escuque y Boconó) en la comarca venezolana donde se había fundado la ciudad de Trujillo. Los indios de esta comarca eran bastante belicosos y Juan Jiménez se distinguió como valiente soldado en sus enfrentamientos con los naturales.

Apaciguada la comarca de Trujillo se emprenden otras conquistas hacia el interior y en las zonas costeras. Con el capitán Juan de Villegas, Juan Jiménez asistió al descubrimiento de la laguna de Tacarigua y la exploración de la zona circundante, y con otros dos españoles, se le encargó la búsqueda de yacimientos auríferos en aquella comarca pero no encontraron ninguno. También con el capitán Villegas, el 10 de abril de 1551, asistía a la fundación de la ciudad de Borburata, donde se quedaría el resto de su vida como vecino de la nueva ciudad.

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Revolución de Chuquisaca

Se conoce como Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809 al levantamiento popular contra las autoridades de la Real Audiencia de Charcas en la ciudad de Chuquisaca actualmente conocida como Sucre. Es aludida en Bolivia como el Primer Grito Libertario de América, o la Chispa de la liberación americana. El independentista Bernardo de Monteagudo la consideró como el inicio de la Revolución del Río de la Plata.

En 1808 Napoleón Bonaparte logró mediante las Abdicaciones de Bayona, la renuncia de Carlos IV al Reino de España e Indias en favor de Fernando VII y de este último en favor de los Bonaparte, quedando José Bonaparte como el nuevo rey de España y sus colonias. Esta crisis institucional y la consecuente invasión de España por el ejército napoleónico, propició la creación de juntas en la península, que desconocieron la autoridad dada a José Bonaparte, defendiendo los derechos de Fernando VII. En esas circunstancias en 1809, en Chuquisaca, y luego en muchas otras ciudades americanas bajo el dominio del Imperio Español, se detonó una crisis política a causa de la crisis institucional en la metrópoli y de las tensiones revolucionarias que venían madurando en las sociedades coloniales.

En 1808 José Manuel de Goyeneche, militar español, fue comisionado como representante plenipotenciario de la Junta Suprema Central de Sevilla para la proclamación del rey Fernando VII en el del Río de la Plata y en el Virreinato del Perú. Al pasar por Río de Janeiro camino a Buenos Aires, se entrevistó con la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII y reina regente de Portugal en el Brasil, con ambiciones de asumir los títulos de su hermano en tierras americanas. La reina Carlota le dio a Goyeneche cartas con sus pretensiones dirigidas a las autoridades coloniales que él iba a visitar. Goyeneche aceptó el encargo, sin comprometerse más que actuar de mensajero.

Tras pasar por Buenos Aires, cuando en los últimos días de 1808 Goyeneche llegó a Chuquisaca, sede de la Real Audiencia de Charcas, las noticias de su entrevista con Carlota de Brasil despertaron alarma en la población. A mediados del siglo XVIII la provincia de Chiquitos, en los llanos al oriente de Chuquisaca, había sido alcanzada por las incursiones de bandeirantes brasileños, quienes secuestraron para esclavizar a la población aborigen, recuerdo que despertó suspicacias en la población de la ciudad.

Las diligencias de Goyeneche fueron cortas, pues la Real Audiencia y su presidente Ramón García de León y Pizarro reconocieron la autoridad de la junta peninsular y las comunicaciones de la infanta Carlota no pasaron de meras formalidades que se despachan antes de que el plenipotenciario siguiera camino de Lima, en donde el virrey del Perú José Fernando de Abascal le otorgó el rango de brigadier y la presidencia provisoria de la Real Audiencia del Cuzco. En su estancia en Chuquisaca Goyeneche se entrevistó en varias ocasiones con García de León y Pizarro y con el arzobispo de Charcas Benito María Moxó y Francolí, ambos tenían previamente conflictos con los oidores de la Real Audiencia y con el cabildo eclesiástico respectivamente, quienes rechazaron la carta de Carlota Joaquina.

El presidente de la Audiencia comunicó la carta a la Universidad para conocer su parecer, siendo rechazada por considerarla subversiva por el claustro, argumentando además que la pragmática sanción de Felipe V había excluido a las mujeres del trono español. A lo que el arzobispo Moxo y el asesor del presidente, Pedro Vicente Cañete replicaron que la pragmática sanción había sido derogada por las Cortes de Madrid en 1789. El acta del claustro redactada por Jaime Zudáñez fue ordenada borrar por el virrey Santiago de Liniers por contener expresiones tales como traición, lo que fue mandado realizar por el presidente. Estas acciones alimentaron rumores de conspiración.

El 25 de mayo de 1809 los oidores de la Audiencia de Charcas se hicieron eco de los rumores de conspiración carlotista y ordenaron el arresto del presidente García de León y Pizarro, éste al tomar conocimiento se adelantó y mandó prender a algunos de los oidores y miembros del cabildo de Chuquisaca, lo cuales se ocultaron y sólo pudo ser arrestado el fiscal Jaime de Zudáñez.

Encabezados por Bernardo de Monteagudo y otros seguidores de ideales republicanos, se realizaron protestas populares en las calles de Chuquisaca con el lema ¡Muera el mal gobierno, viva el Rey Fernando VII!, fomentados por rumores de conspiración carlotista. Los estudiantes de la Universidad de San Francisco Xavier, descontentos también con el rector arzobispo Moxó y Francolí, se rebelaron, seguidos por el pueblo, pidiendo la liberación de Zudáñez y la renuncia de García de León y Pizarro. Como llamada al pueblo se tocó una de las campanas de la iglesia de San Francisco hasta rajarse. La campana ahora es llamada "La Campana de la Libertad" y se la toca cada 25 de mayo en honor a la "Chispa de la Liberación Americana".

El arzobispo Moxó y Francolí, acosado por una multitud y por pedido de miembros de la Audiencia inició gestiones ante García de León y Pizarro para que pusiera en libertad a Zudáñez. Al no tener respuesta, se presentó ante él una delegación compuesta por el subdelegado del Partido de Yamparáez, teniente coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, el alcalde Paredes y el padre Polanco, solicitando el retiro de la artillería desplegada por el gobernador. García de León y Pizarro aceptó pero, una vez que entraron los delegados populares al palacio, sus oficiales leales rechazaron las exigencias y abrieron fuego sobre la multitud matando a algunos de ellos, el pueblo reaccionó apoderándose de la artillería y municiones, exigiendo la deposición y arresto del presidente. García de León y Pizarro dimitió y la Audiencia asumió el mando político y militar, nombrando a Álvarez de Arenales como comandante general y al decano de la Audiencia, José de la Iglesia como gobernador de Charcas (el regente de la Audiencia había fallecido). El presidente fue sometido a juicio por traición a la patria y la guarnición fue desarmada, pasando las armas al pueblo. Sólo García de León y Pizarro y el comandante de las milicias Ramón García, fueron separados de sus cargos.

El 9 de julio el el gobernador de Potosí, Francisco de Paula Sanz, recibió una comunicación del virrey ordenándole que reuniera una fuerza competente en Potosí para mantener el sosiego público y el respeto a las autoridades, ordenándole también que obedeciera a la Audiencia en lo que esta no contrariara al gobierno superior. Marchó Paula Sanz con tropas sobre Chuquisaca en auxilio del presidente, mientras Álvarez de Arenales organizó la defensa formando las milicias de Chuquisaca y Yamparáez con nueve compañías de infantería organizadas por los oficios de sus miembros: I Infantería (al mando de Joaquín Lemoyne), II Académicos (Manuel de Zudáñez), III Plateros (Juan Manuel Lemoyne), IV Tejedores (Pedro Carbajal), V Sastres (Toribio Salinas), VI Sombrereros (Manuel de Entre Ambas Aguas), VII Zapateros (Miguel Monteagudo), VIII Pintores (Diego Ruiz) y IX Varios gremios (Manuel Corcuera). Se formaron además tres partidas de caballería ligera al mando de Manuel de Sotomayor, Mariano Guzmán y Nicolás de Larrazabal, un cuerpo de artillería al mando de Jaime de Zudáñez y un batallón de pardos y morenos. La Audiencia de Charcas ordenó al Paula Sanz que retrocediera con sus tropas y éste obedeció. Enterado el virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, aprobó las acciones de la Audiencia.

Hasta esos momentos, la revuelta de Chuquisaca no había sido independentista, sino que se intentó sostener los derechos de Fernando VII en contra de los carlotistas, pero un grupo de dirigentes de la revuelta llevaron adelante reuniones para aprovechar las circunstancias y buscar la independencia, entre ellos: Antonio Paredes, Mariano Michel, José Benito Alzérreca, José Manuel Mercado, Álvarez de Arenales, Lanza y Monteagudo. Desde Chuquisaca se enviaron emisarios a distintas ciudades, supuestamente para transmitir sus leales intenciones para con Fernando VII y con tareas encomendadas por la Audiencia, encubiertamente escogidos para fomentar los sentimientos independentistas entre los habitantes de otras ciudades. Monteagudo fue enviado a Potosí y Tupiza, Michel y Mercado fueron a La Paz, José Benito Alzérreca y Justo María Pulido fueron a Cochabamba, Joaquín Lemoine a Santa Cruz de la Sierra y Manuel Moreno a Buenos Aires.

Michel cumplió su cometido en La Paz, en donde permaneció un mes, logrando que los líderes independentistas locales depusieran el 16 de julio al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega. Se formó allí una junta de gobierno independentista denominada Junta Tuitiva presidida por el coronel Pedro Domingo Murillo.

Mientras tanto, el intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz desconoció a la Audiencia de Charcas y a la Junta Tuitiva de La Paz, procedió a separar a los oficiales americanos del Batallón de Cívicos e hizo arrestar a varios simpatizantes de la Audiencia, entre ellos a los jefes del Batallón de Azogueros de Potosí. Pidió ayuda al virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa y también al cacique aymara de Chayanta, Martín Herrera Chairari, famoso por su crueldad, pero Manuel Asencio Padilla con guerrilleros reclutados en Tomina y Chayanta, atacó a Chairari impidiendo que abasteciera con víveres y forraje a las tropas de Paula Sanz. Chairari fue degollado por aymaras que aprovecharon las circunstancias para liberarse de su yugo.

El presidente interino de la Real Audiencia del Cuzco, brigadier José Manuel de Goyeneche, por instrucción del virrey Abascal, ofreció al virrey del Río de la Plata Baltasar Hidalgo de Cisneros sus fuerzas militares para actuar sobre los sublevados de La Paz y de Charcas. Cisneros aceptó el 21 de setiembre pidiendo que se coordinara con el general Vicente Nieto quien había sido nombrado presidente de la Audiencia de Charcas y viajaba desde Buenos Aires al mando de un contingente de casi un millar de soldados junto al subinspector general Bernardo Lecocq y al coronel José Córdova. Las tropas partieron de Buenos Aires el 4 de octubre de 1809, incorporando algunos soldados en Salta. Participaban soldados veteranos de Dragones, infantería y artillería, una compañía de marina y tropas milicianas de patricios, arribeños, andaluces, montañeses y artilleros de la Unión. El 14 de diciembre llegaron a Potosí, a donde la Real Audiencia de Charcas envió una diputación avisando la liberación de García de León Pizarro y su sometimiento. Las tropas entraron pacíficamente en Chuquisaca y el 21 de diciembre de 1809 lo hizo también Nieto acompañado del arzobispo Moxo. Nieto hizo arrestar a los oidores de la Audiencia y a muchos de sus partidarios, entre ellos: Juan Antonio Fernández, Lemoine y Álvarez de Arenales, siendo remitidos a los calabozos del Callao. Los Zudáñez y Monteagudo huyeron de Chuquisaca, la Real Audiencia fue restablecida y las compañías fueron disueltas, pero el antiguo orden no volvería a ser el mismo.

El 25 de mayo de 1810 una revolución en Buenos Aires, desencadenó una serie de sucesos que desembocaron en la independencia de las repúblicas de America del Sur.

Este evento es considerado por la tradición historiográfica como el primero de los eventos autonómicos que desembocaron luego en los movimientos independistas en la América Hispana. Sin embargo, en la historiografía reciente ha surgido una corriente revisionista que llama a este evento una revolución monárquica por sus expresiones de lealtad al monarca. Afirman que se trató de una revuelta que enfrentó a Fernandistas y Carlotistas en un contexto alejado de intenciones independentistas, criticando su actual condición de fiesta cívica patriótica. Se la pone en contraste con la revolución del 16 de julio en La Paz, bajo la dirección de Pedro Domingo Murillo, que fue una revolución abiertamente independentista. Señalan a la Junta Tuitiva que se formó en La Paz como el primer 'gobierno libre' de América del Sur y origen de la independencia hispanoamericana.

Más allá de la postura revisionista, el líder independentista Bernardo de Monteagudo la consideraba, ya en 1812, como el inicio de la Revolución del Río de la Plata al escribir Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata desde el 25 de Mayo de 1809, en el periódico Mártir o Libre, en el tercer aniversario de la revolución.

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Callao (Perú)

Escudo del Callao

El Callao es una ciudad de la costa peruana ubicada al oeste de Lima, con la cual se encuentra conurbada (véase: Lima metropolitana). También es el nombre de dos circunscripciones territoriales distintas y, sin embargo, referidas a la misma localidad: la Provincia Constitucional del Callao y el Distrito del Callao, las cuales encierran la zona antes amurallada de la ciudad, por lo que suele referirse al Callao como el Cercado.

En este distrito tienen sus instalaciones el principal puerto del país y el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, por lo que se constituye en la principal puerta de entrada al Perú.

Durante mucho tiempo, Callao fue una población anexa a la Ciudad de los Reyes sin toponimia oficial, por lo que no tenía otra denominación que "puerto de Lima" (Lima se refería a todo el valle del río Rímac, de donde proviene el nombre de la ciudad).

Durante mucho tiempo el Callao no tuvo un gentilicio establecido, aunque desde hace muchos años, a los naturales del Callao se les denomina chalacos. La palabra chalaco designa a todas las personas que viven en la costa, ya que esa palabra deriva del vocablo quechua chala (chala, como región natural del Perú) o, en español, costa. Pero, para efectos de que se uniformice un gentilicio para el primer puerto del Perú, la Academia Peruana de la Lengua y la Real Academia Española han establecido como gentilicio para el Callao a la palabra Chalaco.

Se desconoce la fecha exacta de fundación de la ciudad del Callao. Sin embargo ya en los primeros mapas del Perú aparece esta ciudad portuaria. En el mapa de 1635 del cartógrafo Guiljelmus Blaeuw (1571-1638) se le consigna como “V. Del Callao” (Villa del Callao) así como Lima figura como “V.Lima” o “Los Reyes”. Por la cercanía a la capital peruana, durante el Virreinato del Perú fue coloquialmente conocido como el Puerto de Lima. Según el cronista indígena Felipe Guamán Poma de Ayala, ya desde esa época era Callao el puerto principal, no sólo del Perú, sino de toda la costa occidental de Hispanoamérica.

En 1537 el español Diego Ruiz inauguró un tambo en el puerto del Callao, En 1555 se inicia la construcción del primer barrio español, al año siguiente el virrey Andrés Hurtado de Mendoza nombra como primer alcalde del puerto a don Francisco López. El cabildo de Lima lo reconoce entregándole la vara de la justicia, signo de su autoridad municipal.

Sin embargo, la primera autoridad edilicia del puerto fue Cristóbal Garzón, quien fue “Alguacil de Puerto” habiendo sido nombrado por el “Alguacil mayor de Lima” don Juan Astudillo Montenegro.

Debido a su calidad como puerto principal de las colonias, era blanco permanente de ataques de piratas y corsarios, como muestra de ellos se sabe que en 1579, el corsario inglés Francis Drake atacó violentamente el puerto, y en 1624 hace lo propio el corsario holandés Jacobo Clerck apodado L’Hermite. Ante esta situación, el gobierno de la metrópoli ordenó que se construyeran murallas de defensa de la ciudad, las que fueron levantadas entre los años 1634 y 1647. Estas instalaciones defensivas tuvieron su punto culminante cuando en octubre de 1747, se inicia la construcción de la Fortaleza del Real Felipe, cuya primera etapa se terminó en el año 1773.

Recién en el año 1671 el puerto del Callao de Lima fue elevado a la categoría de ciudad.

Los desastres naturales cobraron varias vidas y causaron muchos destrozos en el puerto, los mayores desastres naturales fueron, entre otros, el terremoto del 28 de octubre de 1746 que vino aparejado con un terrible maremoto y destruyó la ciudad, diezmando a sus habitantes. De cinco mil personas que vivían en el Callao, solo sobrevivieron 200. Como reacción a este desastre y buscando evitar que se vuelva a repetir, el virrey José Antonio Manso de Velasco funda la ciudad de Bellavista, en una planicie alejada del mar y a una distancia de tres kilómetros de la ciudad del Callao. Sin embargo eso no causó que los chalacos dejaran de vivir en la localización original a orillas del mar.

Durante la guerra de independencia, Callao fue una plaza de gran importancia, por que no sólo controlaba el tráfico de mercaderías sino también el uso de la flota militar, en ese sentido cambió de manos varias veces, siendo en el año 1821 que se realiza la primera toma del Castillo del Real Felipe por parte del ejército libertador al mando del General José de San Martín.

Ya durante la república, el primer Congreso Constituyente se tuvo que trasladar de Lima e instalarse en la Fortaleza del Real Felipe, debido a que las tropas realistas tomaron la ciudad capital. El 1 de octubre de ese mismo año, 1823, Simón Bolívar llegó al Callao para completar la independencia del Perú. Tras cambiar de manos una vez más, en 1826 se retira de la Fortaleza del Real Felipe el último ejército español comandado por general Rodil.

En una sesión del 8 de marzo de 1834, la Convención Nacional presidida por Javier de Luna Pizarro condecora al Callao como “La Fiel y Generosa Ciudad del Callao, Asilo de las Leyes y de la Libertad”, como premio por defender al gobierno del general Luis José de Orbegoso contra las pretensiones golpistas del general Pedro Bermúdez.

Entre los años de 1850 y de 1851 comienza a operar el ferrocarril Lima-Callao, el primero de Sudamérica.

El Callao fue pionero en materia de sanidad y seguridad urbana, inaugurándose en su jurisdicción, el 5 de diciembre de 1860, la primera compañía de bomberos del Perú: la Unión Chalaca Nº 1.

El 2 de mayo de 1866 se realizó el llamado Combate del Dos de Mayo entre la Armada Española al mando de Almirante Casto Méndez Núñez y las baterías peruanas de tierra al mando del ministro de guerra José Gálvez (quien moriría en el encuentro y cuyo nombre quedaría desde entonces vinculado a la tradición chalaca) en el marco de la Guerra Hispano-Sudamericana. La flota Española pretendía castigar las acciones del gobierno peruano contra propiedades españolas, hacer valer el Tratado Vivanco-Pareja (firmado unos años antes) y acallar las criticas recibidas por el bombardeo del puerto chileno de Valparaíso, que no contaba con defensas en el momento del ataque, atacando para ello el puerto considerado como el mejor defendido de los países de la Alianza, tras anunciar con dos días de antelación el ataque para que pudiera ser evacuada la ciudad, este dio comienzo el 2 de mayo, con un saldo de 43 muertos y 83 heridos del lado español y más de más de 300 muertos y heridos del lado peruano, quedando dañados varios buques españoles, y destruidas las defensas del puerto. En esa acción moriría el Ministro de Defensa Peruano José Gálvez, al estallar la Torre de la Merced.

El Callao, es un pueblo lleno de tradición, de fervor religioso, amante del deporte, que a pesar de haber sido destruido por terremotos y maremotos en los años 1586, 1678, 1687 y 1746, ha resucitado de sus ruinas, para convertirse hoy en día, en el primer puerto del Perú y la segunda ciudad más industrializada del país.

Actualmente es la base naval más importante del país y el astillero naval más importante (Servicios Industriales de la Marina -SIMA) se encuentran en este puerto.

La ciudad, como capital de la Provincia Constitucional del Callao, se encuentra gobernada por la Municipalidad Provincial del Callao que tiene competencia en todo el territorio de la provincia. No existe una autoridad restringida a la ciudad. En ese sentido, las municipalidades distritales de Bellavista, La Perla, La Punta, Carmen de la Legua y Ventanilla tienen competencia en temas relativos a sus propios distritos.

La ciudad, en su calidad de capital regional, es sede del Gobierno Regional del Callao. Asimismo cuenta con un subprefecto con atribuciones políticas en el ámbito provincial. Finalmente, es sede también de las diferentes Direcciones Regionales de los ministerios que conforman la Administración Pública.

El Callao es sede de de la Corte Superior de Justicia del Callao, ente rector del Distrito Judicial del Callao. De acuerdo a la organización judicial del país, en el territorio de la ciudad del Callao funcionan nueve juzgados de paz (siete pertenecientes a todos los distritos de la provincia con excepción de Ventanilla y dos a éste distrito). Treinta juzgados especializados (seis civiles, doce penales, cinco de familia, cinco laborales y tres mixtos) y seis salas superiores (tres penales, dos civiles y una mixta).

Debido al proceso de conurbación, las actividades económicas, sociales y culturales del Callao se encuentran íntimamente relacionadas con las del resto de Lima metropolitana.

Las más importantes vías de esta provincia son la Av. Saenz Peña, la Av. de La Marina, Av. Colonial entre otras.

Sus principales templos son la Iglesia Matriz y la Iglesia de Santa Rosa, donde se venera al Patrono del Callao: el Señor del Mar. También es importante el Santuario de Nuestra Señora del Carmen de la Legua.

Los cementerios Baquíjano y Británico son los más antiguos de la zona.

Aquí se puede apreciar la Fortaleza del Real Felipe, que fue construida en el siglo XVIII para protegerse de los corsarios y piratas que incursionaban en esta parte del continente. Ya en el siglo XIX, esta fortificación y el Callao desempeñaron un papel destacado en las batallas por la independencia del Perú. En La Punta se conservan destacadas casonas de principios del siglo XX.

Frente al Callao se encuentran varias islas, siendo la principal la histórica Isla San Lorenzo, la mayor isla del litoral peruano; la Isla El Frontón, antigua isla prisión; Isla Cavinzas, isla de aves guaneras; y las Islas Palomino, donde habitan miles de lobos marinos en su estado natural, lo que las han convertido en una importante atracción turística.

Es un balneario popular en el Callao. Su playa más preciosa es la Playa de la Ribera, tiene otras playas; una de ellas, "El Carpallo" y también cuenta con un grupo de edificios llamados "La Residencial Chucuito".

Es una isla de aguas cristalinas formada por cerros y playas muy bellas de característica desértica.

La parte posterior de la isla no se puede apreciar visualmente desde La Punta pero al acercarse por mar se divisan muchos lobos marinos.

Parte de la isla está controlada por la Marina de Guerra del Perú y es zona militar; otras zonas están declaradas como patrimonio arqueológico y/o histórico nacional; en ellas hay vestigios restos de culturas pre incas, de entierros de piratas como es el caso del holandés Jacques L'Hermite y vestigios del bloqueo naval del Callao del 10 de abril de 1880 hasta el 17 de enero de 1881, por parte de la escuadra chilena durante la guerra del Pacífico.

El Callao es el primer puerto marítimo del país y el más importante. A él arriban buques de todo el mundo. En consecuencia con esa realidad, las principales fuentes de ingresos provienen del terminal marítimo y la pesca, debido a la gran variedad de especies marinas que se encuentran en su litoral. El terminal pesquero de Ventanilla es muy variado y económico. Por el otro lado, al ser el principal puerto, el Callao agrupa casi a la totalidad del universo de Agencias de Aduanas.

Después de Lima, el Callao es la ciudad más industrializada del país; una de las industrias de magnitud es la relacionada con su terminal marítimo, administrado por la Empresa Nacional de Puertos, (ENAPU). Destacan también la industria molinera que trata aproximadamente el 80% del total del maíz peruano. También posee importantes fábricas de productos de levaduras, alimentos envasados, fideos, bebidas, postres y chocolates, y no menos importantes son sus industrias químicas y las de tejidos.

Mención especial merece el Servicio Industrial de la Marina (SIMA), dependiente de la Marina de Guerra del Perú, en donde se dan servicio de reparación y mantenimiento a los buques del mundo; y no sólo eso los talleres y gradas de este inmenso astillero fabrica naves de guerra como el caso de las fragatas misileras "Lupo" bajo patente italiana.

Por número de habitantes, el Callao es la tercera urbe del país albergando a 810.568 habitantes por detrás de la ciudad de Arequipa. Sin embargo, al ser parte de Lima metropolitana tiene además una población flotante de 500.000 habitantes aproximadamente que visitan diariamente Callao.

El Callao, durante todo el período posterior a la independencia del Perú, se convirtió en la principal puerta de entrada de los inmigrantes europeos en Perú, por lo que cuenta con un gran número de descendientes de italianos, ingleses, franceses, alemanes y españoles. A mediados del siglo XX recibió migrantes rurales y a fines del siglo XX a inmigrantes cubanos, brasileros, argentinos y venezolanos.

El Callao, culturalmente, ha sido el crisol donde se recibió una de las corrientes culturales más importantes del siglo XX: Su situación de puerto condicionó la introducción de la música Salsa directamente del Caribe. La salsa y lo salsero en el Perú tiene que remitir necesariamente al Callao donde esta música es el sonido por antonomasia y define el carácter mismo de esta ciudad, el barrio, la calle y la pelea por la vida. Un personaje querido para los chalacos fue y todavía es Héctor Lavoe el cual tiene un monumento a su memoria en el Callao.

Hasta ahora no existe una explicación por qué el gentilicio del Callao quedó establecido como "chalaco". Así como tampoco queda claro porqué se bautizó con ese nombre al puerto. Varios autores escribieron sobre el tema e incluso Ricardo Palma escribió una tradición al respecto.

La oferta educativa chalaca es amplia, considerando que es la segunda ciudad más poblada del país. Sin embargo, al ser una urbe conurbanada con Lima, los servicios educativos no sólo se brindan para los chalacos sino también para los limeños y de la misma manera, muchos chalacos reciben servicios educativos en Lima. El Callao acoge instituciones educativas en todos los niveles, desde inicial hasta post grados.

La ciudad alberga 997 centros educativos entre públicos y privados. De ese número, 399 corresponden a centros educativos de nivel inicial, 390 a nivel primario y 208 a nivel secundario contando incluso con un colegio de instrucción Militar Colegio Militar Leoncio Prado. El Callao además cuenta con tres colegios de congregaciones religiosas importantes: Los Salesianos (Colegio Salesiano Don Bosco), La Congregación de Hermanos Maristas (San José Hnos Maristas) y la Congregación Marianista (Colegio San Antonio Marianistas).

Respecto al nivel Superior, se encuentra la Universidad Nacional del Callao, la Escuela Naval del Perú y la Universidad Católica del Callao. Asimismo, existen varios institutos que ofrecen carreras técnicas.

El Callao, al igual que Lima, al formar parte del Área Metropolitana de la capital de la república reúne todas las ofertas de transporte que existen en el país menos la fluvial.

En el Callao se encuentra el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, principal terminal para vuelos internacionales del país y punto de partida de la mayoría de los vuelos y conexiones nacionales.

El Callao es el principal puerto marítimo del Perú, concentra el 90% del transporte marítimo del país tanto mercante como militar ya que en su territorio se extiende el terminal marítimo y la base naval de la Marina de Guerra del Perú. Si bien el transporte civil marítimo en el Perú no ofrece servicios comerciales con regularidad, varios cruceros anclan en el Callao con regularidad.

El Callao fue el destino del segundo ferrocarril de Sudamérica (el primero fue el que construyó la Demerara-Berbice Railway y que unió el tramo Georgetown-Plaisance en la Guyana Británica en 1848). El tren que unía Lima con Callao fue inaugurado en abril de 1851, aunque en la actualidad ya no circula para viajes entre ambas ciudades, sin embargo, actualmente, se utiliza para el transporte de carga procedente de la sierra central del país, especialmente minerales de exportación.

El transporte interprovincial de la ciudad (que es la conexión vía terrestre con las demás provincias del país mediante autobuses) depende exclusivamente de la ciudad de Lima en donde se encuentran los terminales terrestres que sirven a ambas ciudades conurbadas (Lima y Callao).

De la misma manera, el transporte urbano es totalmente similar e integrado al de Lima ya que forman una sola conurbación.

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El Chirú (corregimiento de Antón)

El corregimiento de El Chirú forma parte del distrito de Antón en la provincia de Coclé en la Republica de Panamá.

En 1575, el oidor, Alonso Criado de Castilla, en su célebre informe de la Audiencia de Panamá, refiere la existencia de un pueblo de indios libres con algo más de 100 almas, dedicado a la cría de ganados y al cultivo del maíz, llamado Pueblo Nuevo de los Reyes del Chirú en honor a su último cacique llamado Chirú, localizado a tres leguas de Natá, es decir, situado aproximadamente en el área cercana al sitio actual de Antón.

El navegante Diego Ruiz de Campos habla en 1631, de las producciones ganaderas en las vegas del río Chirú (hoy río Hato) y del río Antón, en la descripción más antigua y extensa que tenemos del medio natural y de la ocupación humana de esta parte del Istmo de Panamá.

El Distrito de Antón se establece legalmente el 12 de septiembre de 1855 , en acto de la Asamblea Constituyente del Estado de Panamá. En su artículo Segundo, acápite 3, se crea el departamento de Coclé, la ciudad de Natá, la Villa de Penonomé, y los pueblos de Aguadulce, Antón, Belén, la Pintada y Olá. (Referencia, Acto del 12 de septiembre de 1855 Sobre División Territorial).

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Las Meninas

El matrimonio Arnolfini de  Jan van Eyck(1483). Es una imagen reflejada en un espejo, como en la pintura de Las Meninas y es muy posible que inspirara a Velázquez.[30]

Conocida popularmente desde el siglo XIX como «Las Meninas», La familia de Felipe IV es, probablemente, la obra más importante del pintor español Diego Velázquez, realizada en el año 1656 y expuesta en el Museo del Prado de Madrid.

Es una de las obras pictóricas más analizadas y comentadas en el mundo del arte. Como tema central muestra a la infanta Margarita de Austria, a pesar que la pintura presenta otros personajes, incluido el propio Velázquez. El artista resolvió con gran habilidad todos los problemas de composición del espacio, la perspectiva y la luz, gracias al dominio que tenía del tratamiento de los colores y tonos junto con la gran facilidad para caracterizar a los personajes. Un espejo colocado en la parte del fondo de la pintura refleja las imágenes del rey Felipe IV de España y su esposa Mariana de Austria, según unos historiadores, entrando a la sesión de pintura, y según otros, posando para ser retratados por Velázquez; en este caso sería la infanta Margarita y sus acompañantes los que venían de visita para ver la pintura de los reyes.

Este lienzo figuraba en los inventarios del Alcázar de Madrid con el título de El Cuadro de la Familia. Más tarde, aparece catalogado en el Museo del Prado en 1843 por su director don José de Madrazo con el nombre de Las Meninas, título que tuvo un gran éxito literario y que ha perdurado hasta nuestros días. Dicho título le fue impuesto al cuadro como referencia a dos personajes que aparecen en él y apoyándose en la descripción que hace de la obra el pintor y escritor Antonio Palomino de Velasco (1555-1626) en su obra Museo pictórico. Cuenta el señor Palomino en esta obra que «dos damitas acompañan a la Infanta niña; son dos meninas». La palabra «menina» es de origen portugués y es el equivalente a «paje» en femenino. Llamaban así a las hijas de personajes de la nobleza que entraban en Palacio como doncellas de honor de las Infantas y las acompañaban en su séquito a todas horas. Sólo recibían este apelativo hasta que les llegaba el momento de la puesta de largo, así pues eran siempre damas muy jóvenes.

Otros títulos que aparecen en los inventarios son: «La Sra. emperatriz Infanta de España con sus damas y criados y una enana donde se retrató el pintor a sí mismo pintando» (por referencia a la Infanta Margarita, futura emperatriz de Austria) y «La Infanta María Teresa» (siendo tal referencia equivocada).

Don Antonio Palomino escribió una biografía muy extensa y llena de pormenores del pintor Velázquez. Muchos de los datos los obtuvo de lo que le iba contando Juan de Alfaro, un pintor que había sido discípulo de Velázquez en los últimos años de su vida. Siguiendo la lectura de dicha biografía, en el tercer volumen subtitulado El parnaso español pintoresco laureado, se pueden saber algunas circunstancias del cuadro.

La pintura se terminó en 1656, fecha que encaja con la edad que aparenta la infanta Margarita (unos cinco años). Felipe IV y doña Mariana solían entrar con frecuencia en el taller del pintor, conversaban con él y a veces se quedaban bastante tiempo viéndole trabajar, sin protocolo alguno. Esto era algo muy repetido en la vida normal de Palacio y Velázquez estaba acostumbrado a estas visitas. Precisamente de ahí nació la idea de la confección del cuadro tal y como lo realizó. El lugar donde trabajaba Velázquez era una sala amplia del piso bajo del antiguo Alcázar de Madrid que había sido el aposento del príncipe Baltasar Carlos, muerto en 1646, diez años antes de la fecha de Las Meninas. Cuando el príncipe murió, reutilizaron esta estancia como taller del pintor. Es precisamente este lugar el que aparece retratado en el cuadro, por eso el ambiente que puede verse es de algo cotidiano y familiar.

Según el inventario redactado tras la muerte de Felipe IV (1665), el cuadro se hallaba entonces en su despacho, para donde hubo de ser pintado. Estaba colgado junto a una puerta, y a la derecha se hallaba un ventanal. Se ha conjeturado que el pintor diseñó el cuadro expresamente para dicho lugar, con la fuente de luz a la derecha, e incluso que lo pensó como un truco visual: como si el salón de Las Meninas se prolongase en el espacio real, en el lugar donde el cuadro se exponía.

En el incendio que destruyó el Alcázar de Madrid (1734), este cuadro y otras muchas joyas artísticas tuvieron que rescatarse apresuradamente; algunas se recortaron de sus marcos y arrojaron por las ventanas. A este percance se atribuye un deterioro (orificio) en la mejilla izquierda de la infanta, que por suerte fue restaurado en la época con buenos resultados, por el pintor real Juan García de Miranda. El cuadro reaparece en los inventarios del nuevo Palacio de Oriente, hasta que fue trasladado al Museo del Prado. En 1984, en medio de fuerte controversia, fue restaurado bajo dirección de John Brealey, experto del Museo Metropolitano de Nueva York. La intervención se redujo más bien a eliminar capas de barniz, que habían amarilleado y alteraban el efecto de los colores. El estado actual de la pintura es excepcional, especialmente si se tiene en cuenta su gran tamaño y antigüedad.

En el año 1658, España fue derrotada por los ingleses en Dunkerque, en la batalla de las Dunas y el gobierno del Cardenal Mazzarino intentó que Francia pactase una alianza con Inglaterra. España, en 1659, firma la paz de los Pirineos que dio fin a la Guerra de los Treinta Años; con este acuerdo, cedió el Rosellón a Francia junto con una parte de la Cerdaña y otra de los Países Bajos. Se impuso el matrimonio entre el rey de Francia Luis XIV y María Teresa de Austria hija de Felipe IV de España. Velázquez, debido a su cargo de Aposentador Real, obtenido en 1651, en la corte española, tuvo que ir a la Isla de los Faisanes para preparar el encuentro; después de este viaje murió en Madrid en 1660; en el año 1661 falleció Mazzarino y en 1665 el rey Felipe IV.

Un hecho literario destacado del año 1660 fue el estreno de la obra Celos aun del aire matan, con texto de Calderón de la Barca y música de Juan Hidalgo. En cuanto a pintura se puede destacar el cuadro de Vermeer, Militar y muchacha riendo. El mismo autor había pintado hacía dos años La lechera (1658).

Se tiene noticia de que en el reinado de Felipe IV había unos treinta mil cortesanos. Entre las grandes pasiones del monarca, que había dejado el gobierno prácticamente en manos del conde duque de Olivares, se encontraba el teatro; escribía comedias que él mismo representaba delante la corte.

Desde los años 1650, Velázquez tenía la reputación de ser un gran conocedor de las artes, y gran parte de la colección del Museo del Prado, por ejemplo, de Tiziano, Rafael Sanzio y Rubens, fue adquirida y organizada bajo su dirección. Fue enterrado el 6 de agosto de 1660 con las vestiduras y la insignia de caballero de la orden de Santiago, distinción que tanto deseaba conseguir en vida. Se dice que fue Felipe IV, el que después de la muerte del artista, añadió al cuadro de Las Meninas, la cruz de esta orden sobre el pecho de Velázquez.

El año 1665, fecha de la muerte de su padre, la infanta Margarita de Austria contrajo matrimonio con el emperador Leopoldo I, hijo del emperador Fernando III y de la infanta María Ana de España.

La numeración de los personajes corresponde a la que aparece en la ilustración de la derecha.

Por encima del espejo en el que se reflejan los reyes se ven dos cuadros. Son copias realizadas por Juan Bautista del Mazo de Minerva y Aracné, de Rubens, y Apolo y Pan, de Jacob Jordaens. Ambos cuadros se hallaban efectivamente en dicho salón, según documentos de la época; pero se cree que Velázquez los reprodujo porque esconden alusiones a la obediencia debida a los reyes y al castigo que acarrea incumplirla.

Velázquez nos presenta en esta obra la intimidad del Alcázar de Madrid, y con su maestría nos hace penetrar en una tercera dimensión: el espacio, plasmado más con luces y sombras que con líneas de perspectiva. Se suele decir que Velázquez llegó a plasmar la perspectiva aérea: que «pintaba el aire». Esto es así pues conoció libros de óptica y además observó el efecto que la distancias, la luz y demás agentes ejercían sobre las formas y colores. Lamentablemente, con su actual ubicación e iluminación, Las Meninas no muestra plenamente dicho efecto, pues requiere una luz más tenue y focalizada, la habitual en los salones palaciegos. Anteriormente la obra colgó en otra sala más reducida del Museo del Prado, pero fue cambiada de lugar para facilitar el incesante flujo de turistas.

A pesar de la gran cantidad de escritores de cualquier género que han buscado una significación definitiva, mientras no aparezca documentación concluyente debemos admitir que ninguna interpretación individual podrá dar respuesta a los problemas implicados en Las Meninas. Varios historiadores opinan que, como buena obra barroca, esconde varios mensajes solapados, que únicamente el público culto de la Corte podía captar.

La interpretación más fácil es describir la imagen como una escena habitual en palacio. Según Jonathan Brown, que recoge en sus textos diversas teorías anteriores (Sohener), la escena representa el momento en que la infanta Margarita ha llegado al estudio de Velázquez para ver trabajar al artista. En algún momento antes de que suba el «telón» ha pedido agua que ahora le ofrece la dama arrodillada a la izquierda. En el momento en que ésta le acerca a la princesa una pequeña jarra, el rey y la reina entran en la habitación reflejándose en el espejo de la pared del fondo. Una a una, aunque no simultáneamente, las personas congregadas comienzan a reaccionar ante la presencia real. La dama de honor de la derecha que ha sido la primera en verlos, comienza a hacer la reverencia. Velázquez ha notado también su aparición y se detiene en medio del trabajo. Mari Bárbola no ha tenido tiempo todavía de reaccionar. La infanta, que estaba mirando a Nicolasito Pertusato jugar con el perro, mira de repente hacia la izquierda, en dirección a los reyes, aunque su cabeza permanece todavía vuelta en dirección al enano. Esta es la razón del extraño efecto de dislocación entre la posición de la cabeza y la dirección de su mirada. Agustina Sarmiento, ocupada en servir agua a la princesa, no se ha dado cuenta todavía de la presencia de los reyes, lo mismo que le acontece a la señora de honor en conversación con el guardadamas que acaba de percatarse.

La presencia tan destacada de la infanta Margarita se ha interpretado como una alusión política, pues ella era la única descendiente con opciones de heredar el trono. Su hermana mayor María Teresa iba a casarse con el rey de Francia y eso la excluía del trono español. De acuerdo a esta situación, algunos sugieren que el reflejo de los reyes en el espejo es un símbolo de apoyo o ejemplo que la infanta ha de tener en cuenta para su futuro. Finalmente, ella no heredó el trono pues Felipe IV llegó a tener un heredero varón (Carlos II).

Otra hipótesis más arriesgada, avanzada por Ángel del Campo y Francés en los años 70-80, sugería que Velázquez había introducido acertijos de Astronomía, al ubicar a los personajes de acuerdo a una constelación de estrellas ("Margarita Coronae") cuyo centro se llama Margarita (como la infanta situada en el centro).

También se han interpretado algunos personajes como alegorías; así, la enana Mari Bárbola tiene una bolsa de monedas en las manos, elemento incongruente salvo que simbolizase la Codicia. El enano Nicolasito Pertusato, que molesta al perro, sería el Mal, importunando a la Fidelidad. Aunque esta interpretación parezca muy osada, es cierto que el Mal consta en tratados de Iconografía como un personaje vestido de rojo, y el perro es símbolo de Fidelidad y de alerta ante los peligros. Hay que recordar, además, que Velázquez poseía libros de iconografía en su biblioteca, como el de Cesare Ripa; incluso se sabe con certeza la edición que poseía, ya que antes que pintara Las Meninas se hicieron seis ediciones de este libro.

En Las Meninas se puede estructurar el cuadro en diferentes espacios. La mitad de la obra está dominada por un espacio desértico, en el que Velázquez pinta el aire, y un espacio virtual hacia donde el pintor dirige la mirada que es donde, se supone, están los reyes o bien los espectadores. Otro espacio importante es el del punto de fuga del fondo del cuadro, muy luminoso, donde un personaje huye de la intimidad del momento. Un tercer espacio es el pequeño espejo; y finalmente, hay el de la luz dorada que se aprecia en las figuras de la infanta, las meninas, la enana y el perro. Son espacios reales y virtuales que conforman la realidad fantástica del cuadro.

Muchos artistas del Renacimiento emplearon la sección áurea en sus dibujos, por ejemplo el gran maestro Leonardo Da Vinci, ya en el año 1509 el matemático Luca Pacioli, publicó el libro De Divina Proportione y en 1525 Alberto Durero publicó Instrucción sobre la medida con regla y compás de figuras planas y sólidas, donde describe cómo trazar la espiral basada en la sección áurea con regla y compás, que se conoce con el nombre de "espiral de Durero" Velázquez en la composición áurea de su cuadro Las Meninas, lo ordena con la mencionada espiral, el centro es justo el pecho de la infanta Margarita, marca el centro visual máximo de interés y el significado simbólico del lugar reservado para los escogidos, como era tradición en Europa, que el monarca ocupara el lugar central y de privilegio en las ceremonias. No hay que olvidar que en el momento de la creación de la pintura, la infanta Margarita era la persona más indicada como sucesora al trono, ya que Felipe IV no tenía en ese momento ningún hijo varón.

El punto de fuga de la perspectiva está detrás de la puerta donde se encuentra José Nieto; precisamente, allí es donde va la vista en busca de la salida del cuadro; la gran luminosidad existente en este punto provoca que la mirada se fije en ese lugar.

A pesar de los siglos que han pasado desde que se pintó, la calidad técnica del cuadro, con el tratamiento de la textura fina y las pinceladas que parecen compactas aplicadas con una gran maestría, hace posible que no se observe casi ningún craquelado en todo el cuadro. Las medidas originales del lienzo, fueron ligeramente retocadas en una primera restauración en la que el cuadro se volvió a entelar. En el borde superior y el lado lateral derecho se puede detectar las señales que dejaron los clavos que fijaban la tela al bastidor; fue recortada por el lado izquierdo y se hizo un pequeño doblez para hacer posible la nueva sujeción. Parece que se perdió muy poco trozo de la orilla.

Velázquez utiliza los blancos de plomo sin casi mezclas en diversos puntos del cuadro, como en las camisas, los puños de Mari Bárbola o la manga derecha de Agustina Sarmiento; lo hace con un toque rápido y decidido que consigue el reflejo de las vestiduras y adornos, como en el caso de la infanta Margarita o en la camisa del propio pintor. En los cabellos de la infanta y en sus adornos, también se aprecia el arte de la pincelada del maestro. En las cuatro figuras femeninas del primer término se observa un tratamiento similar; los vestidos denotan la categoría y la clase de tela de cada uno de ellos. En el caso de Nicolasito Pertusato, la definición queda más desdibujada. Velázquez empleó toques de lapislázuli sobre todo en el vestido de Mari Bárbola, y lo hizo con el objetivo de conseguir reflejos en el color profundo de este vestido.

La estructura espacial y la posición del espejo están de tal manera que parece que Felipe IV y Mariana, se encontraran al lado de la pintura, en el lugar donde se encuentra el observador del lienzo, delante de la infanta y sus acompañantes. Según Janson, no solamente la infanta y sus sirvientes están presentes para distraer a la pareja real, sino que la atención de Velázquez se concentra en ellos mientras pinta su retrato. Aunque sólo pueden ser vistos reflejados en el espejo, la representación de la pareja real tiene un lugar central en la pintura, tanto por la jerarquía social como en la composición del cuadro. Como espectadores, en relación a ellos, nuestra posición es incierta. La cuestión es saber si el observador de la pintura está cerca de la pareja real, o si los reemplaza y contempla la escena con sus propios ojos; es una cuestión que genera polémica. La segunda hipótesis es, para saber cual es el objetivo de la atención de las miradas de Velázquez, de la infanta y de Mari Bárbola, que mira directamente hacia el observador de la pintura.

En Las Meninas se supone que la reina y el rey están fuera de la pintura, y su reflejo en el espejo los sitúa en el interior del espacio pictórico. El espejo, situado sobre el triste muro del fondo, muestra lo que hay: la reina, el rey y, según las palabras de Harriet Stone, las generaciones de espectadores que han venido a tomar el sitio que la pareja tiene en el cuadro.

Los personajes reflejados en el espejo están elaborados de manera más rápida y con una técnica esbozada. Un espejo sobre el muro del fondo refleja los bustos de los reyes, que quizás estaban posando para ser retratados, y son sorprendidos por la visita de su hija y sus acompañantes. Una hipótesis alternativa del historiador H.W. Janson es que el espejo refleja la tela de Velázquez, tela que ya tiene pintada con la representación de los reyes.

El espejo del cuadro tiene una medida de unos treinta centímetros de altura, y las imágenes del rey y la reina están, de manera intencionada, difusas. Jonathan Miller se hace la pregunta:"¿Qué tendríamos que pensar de las caras difusas del rey y la reina en el espejo? Es poco probable que fuese debido a una imperfección en la óptica del espejo; de hecho, se quiere mostrar este efecto de la imagen del rey y la reina". Un efecto similar está presente en la Venus del espejo, el único desnudo que Velázquez realizó; la cara del personajes es visible, se desvanece en el espejo, más allá de todo realismo. El ángulo del espejo es tan fuerte que "aunque normalmente sea descrita como que se está mirando en él, está de manera desconcertante mirándonos." De manera humorística, Miller también comenta que, además del espejo representado en Las Meninas, podemos imaginar la existencia de otro espejo que no aparece en el cuadro, sin el cual hubiera sido difícil que Velázquez se hubiera podido pintar a él mismo, autorretratándose.

Numerosos aspectos de Las Meninas están relacionados con otras obras procedentes de Velázquez, donde se utiliza y juega con los mismos recursos. Según López-Rey, aparte de El matrimonio Arnolfini, el cuadro que más se acerca a Las Meninas es el Cristo en casa de Marta y María, tela que Velázquez pintó en 1618, unos cuarenta años antes, en Sevilla; en este cuadro se puede detectar una imagen en el fondo como si fuera una ventana que da a otra habitación, o que también puede ser un espejo.

El primer seguidor de Velázquez fue sin duda su yerno Juan Bautista del Mazo, pintor de cámara de Felipe IV el año 1661. En el retrato de la infanta Margarita de Austria de 1666, en el plano posterior se puede apreciar la colocación de Carlos II y la enana Mari Bárbola en una escena similar a la de Las Meninas de Velázquez.

También la ambientación y la disposición de los diversos elementos de su obra La familia del pintor Juan Bautista Martínez del Mazo, en la que representa a toda su familia y personal de servicio, remite sin duda a Las Meninas.

Luca Giordano, conocido como Lucas Jordán, en 1700, después de su viaje a Madrid, donde admiró el cuadro de Las Meninas, realizó una pintura con el título Homenaje a Velázquez que se conserva en la National Gallery de Londres.

Francisco de Goya y Lucientes, fue un pintor fuertemente influenciado por la pintura de Velázquez. Cuando entró a trabajar en la corte española, tuvo acceso a las colecciones de pintura de la corte, y en 1778 publica una serie de aguafuertes en la que reproduce cuadros de Velázquez. También en el año 1800 realizó el retrato de La familia de Carlos IV donde, en un acto de homenaje al pintor de Las Meninas, Goya se autorretrata mirando hacia el espectador a la izquierda de la familia real, se acerca en esta pintura a la instantánea fotográfica, como ya había hecho en el cuadro La familia del infante don Luis del año 1784, en la que también se autorretrata en la parte izquierda como Velázquez.

El pintor de los Estados Unidos, John Singer Sargent, en sus retratos estuvo influenciado por Velázquez, pero con la obra que más se acerca al gran maestro es en el cuadro Las hijas de la familia Boit, realizado en 1882, donde intentaba captar el aire del interior como en Las Meninas. Se conserva en el Museo de Bellas Artes de Boston.

Salvador Dalí en sus últimas obras cada vez se acercaba más a los grandes maestros que siempre admiró, entre los que se encontraba Velázquez. En el año 1973, su pintura Cuadro estereoscópico inacabado, consigue la multiplicación del espacio a través de un espejo donde también aparece su autorretrato en clara alusión a Las Meninas.

Gran número de artistas han realizado obras a partir de Las Meninas, por tanto se puede decir que sus obras han estado influidas por Velázquez, entre los que destacamos: Richard Hamilton, Cristóbal Toral, Antonio Saura, Equipo Crónica, también escultores se han unido con obras relacionadas como Jorge Oteiza en el 1958 con la escultura Homenaje a Las Meninas o Manolo Valdés. Todos estos artistas han estado reunidos para un gran exposición en el Museo Picasso de Barcelona con el nombre Oblidant Velázquez Las Meninas durante el año 2008.

Picasso, seducido por Las Meninas, que ya le habían llamado la atención cuado era joven, el 17 de agosto de 1957, comenzó a trabajar en Cannes en la elaboración de una serie con 58 interpretaciones de la obra de Las Meninas, que terminó en el mes de diciembre del mismo año. La primera interpretación pintó la escena completa y sin color, solamente con grises, a Velázquez lo representó con una medida mucho más grande, su cabeza llega a tocar el techo y destaca sobremanera en su pecho la cruz de la orden de Santiago. Los rostros de las meninas Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco los hace con trazos angulosos que contrarrestan con las caras redondas como dibuja a la infanta Margarita y a los enanos Mari Bárbola y Pertusato. Marcela de Ulloa y su acompañante Diego Ruiz Azcona los muestra como personajes fantasmagóricos puestos dentro de una especia de féretros. Resalta los ganchos del techo que en Velázquez pasan casi desapercibidos, simplemente son ganchos para las lámparas y en la versión de Picasso los destaca dando la sensación de sala de torturas. Otra variante es la abertura de las contraventanas de todos los ventanales de la habitación palatina. Es prácticamente de estilo cubista. El 30 de diciembre de 1957 Picasso concluye la serie de Las Meninas con el retrato de Isabel de Velasco.

En el año 2004, la artista de vídeo Eva Sussman filmó 89 Segundos en el Alcázar, un cuadro vivo de alta definición de video inspirado en Las Meninas. El trabajo es una reconstrucción en 89 segundos del momento en que la familia real y sus cortesanos habrían venido junto hasta la configuración exacta de la pintura de Velázquez. Sussman contó con un equipo de 35 personas, incluyendo un arquitecto, un diseñador, un coreógrafo, un diseñador de vestidos, actores, actrices y un equipo de rodaje.

El escritor irlandés Oscar Wilde se inspiró en Las Meninas para escribir su cuento El cumpleaños de la infanta.

El dramaturgo Antonio Buero Vallejo escribió en 1959, una obra de teatro: Las Meninas, estrenada en el Teatro Español de Madrid el 9 de diciembre de 1960, bajo la dirección de José Tamayo.

Una versión reducida del cuadro se conserva en el palacio campestre de Kingston Lacy, en Dorset, Inglaterra (Reino Unido). Diversos expertos como Matías Díaz Padrón insisten en que podría ser un «modello» pintado por Velázquez antes que el original del Museo del Prado, acaso para que fuese aprobado por el rey. Sin embargo, la mayoría de los expertos cree que es una copia, tal vez del siglo XVIII, y en cualquier caso entraña gran interés pues no se conoce ninguna otra de dicho cuadro anterior al siglo XIX.

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