Día Internacional de la Mujer Trabajadora

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Publicado por grag 02/03/2009 @ 18:10

Tags : día internacional de la mujer trabajadora, mujer, sociedad

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Día Internacional de la Mujer

Acto de celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Managua (1988).

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora o también Día Internacional de la Mujer celebra el día 8 de marzo y está recogido por las Naciones Unidas. En este día se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona. Es fiesta nacional en algunos países y es conmemorada por Naciones Unidas.

La idea de un día internacional de la mujer surgió al final del siglo XIX en plena revolución industrial y auge del movimiento obrero. La celebración recoge una lucha ya emprendida en la antigua Grecia por Lisístrata, quien empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra, y reflejada en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían "libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino, pero no fue hasta los primeros años del siglo XX cuando se comenzo a proclamar, desde diferentes internacionales de izquierda, la celebración de una jornada de lucha específica para la mujer y sus derechos.

Se ofrece a continuación una breve cronología de los acontecimientos más destacados: La Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a propuesta de la dirigente comunista alemana Clara Zetkin, como una jornada de lucha por los derechos de las mujeres. La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés.

Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez (el 19 de marzo) en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Menos de una semana después, el 25 de marzo, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre.

En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres.

Como reacción ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz". Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. El resto es historia: cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.

Desde esos primeros años, el Día Internacional de la Mujer ha adquirido una nueva dimensión mundial para las mujeres de los países desarrollados y en desarrollo. El creciente movimiento internacional de la mujer, reforzado por las Naciones Unidas mediante cuatro conferencias mundiales sobre la mujer, ha contribuido a que la conmemoración sea un punto de convergencia de las actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica. El Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer.Y así se fundó el día internacional de la mujer.

Aún con los hechos redactados en la anterior cronología, la historia más extendida sobre la conmemoración del 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en esa fecha del año 1908, donde murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas incendiarías que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían.

También se reconoce como antecedente a las manifestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957, también en Nueva York.

En el estudio realizado por Isabel Álvarez González y publicado bajo el título Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer, 1910-1945 (KRK-Ediciones, Oviedo, 1999), el incendio que se vincula con la celebración de esta fecha no fue el 8 de marzo sino el 25 de marzo de 1911, pocos días antes de la celebración del primer Día Internacional de la Mujer, en la empresa Triangle Shirtwaist.

La manifestación a la que muchas veces se hace referencia, no habría ocurrido el 8 de marzo de 1908 ni de 1857, como muchas fuentes señalan, sino el 27 de septiembre de 1909; a partir de noviembre de 1908 según otras fuentes, en el marco de una huelga de más de trece semanas de las empleadas y empleados del sector textil realizaron en el East Side de Nueva York. Participaron más de 20.000 obreros, en su inmensa mayoría mujeres. Durante esas 13 semanas padecieron hambre, ataque de esquiroles, detenciones (más de 600), despidos... pero consiguieron las peticiones reclamadas. El 8 de marzo de 1909 se convocó una manifestación exigiendo, de nuevo, mejoras de condiciones para las mujeres emigradas y la abolición de la explotación infantil así como el derecho al voto de las mujeres.

Las historiadoras Liliane Kandel y François Picq afirman que el mito que sitúa la manifestación en el año 1857 fue creado en 1955 para eliminar el carácter comunista que más tarde adquiriría el Día Internacional de la Mujer.

Aún así, tal y como reconoce la historiadora Mari Jo Buhle en su obra Women and American Socialism 1870-1920 el incendio de la Triangle Shirtwaist Company fue de una gran transcendencia en la historia social de EE.UU. y del movimiento obrero y feminista al dar muerte a las obreras que en 1910, el año anterior al mismo, habían protagonizado la primera huelga llevada a cabo exclusivamente por mujeres en demanda de mejoras en su situación laboral.

Al principio



Segunda Internacional

La Segunda Internacional fue una organización formada en 1889 por los partidos socialistas y laboristas que deseaban coordinar la actividad internacional de los movimientos obreros que se habían formado en gran parte de los países europeos. Continuó el trabajo de la Primera Internacional hasta su disolución en 1916. También conocida inicialmente como la Internacional Obrera.

Una organización permanente de la Segunda Internacional fue el Buró Socialista Internacional, que coordinaba la comunicación entre los partidos integrantes y la convocatoria de los congresos. Fue creado por el V Congreso (Paris 1900), tuvo su sede en Bruselas. Del BSI, Émile Vandervelde fue su presidente, desde 1900, hasta su disolución, siendo sus Secretarios Generales Victor Serwy (1900-1905) y Camille Huysmans (1905-1916).

Entre las acciones más famosas de la Segunda Internacional está la declaración del 1° de mayo como Día Internacional del Trabajo en 1889 y el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora en 1910.

Sin embargo, esta experiencia mostró muy pronto sus limitaciones históricas, sobre todo a causa de las divergencias entre las posiciones de los movimientos socialistas de los distintos países, que con frecuencia se alinearon con los intereses del estado-nación frente al internacionalismo obrero.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial la contradicción entre las aspiraciones revolucionarias de las clases oprimidas y la política de la II Internacional (al apoyar algunos partidos socialistas la guerra) llegó al punto que se produjo una escisión en el movimiento socialista que supuso tras la Revolución Rusa la creación de una Tercera Internacional, en 1919, que adoptó el nombre de Internacional Comunista (Komintern), para distinguirse del apego de la Segunda a los medios electorales.

La Segunda Internacional se reorganizó en 1920, pero muchos partidos se negaron a unirse a ella, formando la Union de Partidos Socialistas para la Acción Internacional (UPSAI o Internacional Dos y medio) como alternativa. La UPSAI tuvo una corta vida, sin embargo, y en 1923 se fusiona junto con la Segunda Internacional en la Internacional Obrera y Socialista. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, acabó de disolver a las fuerzas que la integraban, y precipitó su desaparición en 1940.

Estaba programado un Congreso en Viena a realizarse en agosto de 1914, postpuesto hasta 1920 al iniciarse la I Guerra Mundial.

Además se efectuó una reunión de los comités ejecutivos de las tres internacionales en Berlín entre el 2 y 5 abril de 1922.

Al principio



Franquismo

Retrato oficial de Francisco Franco al comienzo de la Guerra civil española

El franquismo es el término empleado para referirse a la ideología política y movimiento social que sirvió de apoyo y sustento al régimen dictatorial surgido en España durante la Guerra Civil entre 1936 y 1939, y que liderado por el general Francisco Franco, prevaleció hasta su muerte en 1975.

También, y desde el periodo llamado de posfranquismo o tardofranquismo coincidente con la Transición Española, se califica de franquista a aquellos planteamientos y posiciones políticas que se consideran afines o que recuerdan a sus posturas características de corte nacionalista, conservador, antidemocrático, autarquico y católico, frecuentemente con una intención de descalificación.

Las bases del régimen fueron entre otras el nacionalismo español, el catolicismo y el anticomunismo, que sirvieron de apoyo de un régimen de dictadura militar autoritaria que se autoproclamó como "democracia orgánica" en oposición a la democracia parlamentaria.

A partir de las derrotas de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el régimen se va deshaciendo de su carácter pro-fascista, aunque sigue utilizando su simbología. El franquismo tuvo que buscar nuevas alianzas internacionales, y fue disminuyendo el papel de la Falange en favor de otros grupos. En la década de los años 60 apareció una generación de políticos tecnócratas formados en el Opus Dei y se rompió el aislamiento internacional.

El franquismo es un sistema completamente opuesto a toda clase de liberalismo, y por tanto a la separación de poderes, a que la soberanía nacional resida en el pueblo, al laisser faire, etc.

El régimen de Franco intentó introducirse y dominar todos los aspectos de la vida nacional y social, mediante una serie de organizaciones de encuadramiento social, dirigidas principalmente por la FET-JONS.

Franco era completamente opuesto al sistema parlamentario, y de hecho creía que los partidos políticos habían causado la decadencia en España. Impone en teoría una democracia orgánica, es decir, un sistema semidemocrático en el que los representantes del pueblo son elegidos indirectamente mediante los órganos de estado. En la práctica, la dictadura personal de Franco se mantuvo hasta su muerte.

Franco también era opuesto por completo al comunismo, y de hecho, a toda ideología de izquierdas, ya sea la izquierda radical revolucionaria o la burguesía democrática. Algunos lemas del franquismo reflejan esta idea, como: "El centinela de Occidente" que vigilaba para que el comunismo no llegara a España y el resto de Occidente.

El franquismo es completamente opuesto a cualquier tipo de nacionalismos o autonomías. Durante la dictadura se prohibió el uso oficial de lenguas cooficiales como el catalán o el euskera, además de las banderas y demás símbolos nacionalistas. Paradójicamente, toleraba los fueros, quizás por la ayuda prestada por los carlistas.

Durante la dictadura se exaltaban las tradiciones y los viejos símbolos, rememorando continuamente la edad de oro de España, los Reyes Católicos, etc.

Siendo Franco un militar, fue normal que pronto los símbolos del ejército estuvieran presentes en todos los aspectos de la vida diaria, llenándose esta de desfiles, fiestas, etc.

El régimen también se caracteriza por que permitió un único partido como brazo político, la Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, partido que nada tenía que ver con el fundado por Primo de Rivera años atrás. El resto de partidos fueron declarados ilegales.

Tras el Fuero del Trabajo queda bien definida esta idea. Se prohíben, al igual que los partidos, los sindicatos de trabajadores o patronos, y se crea en cambio un sindicato amarillo y vertical, en el que estaban ambos lados (lo que en la práctica lo hacia cercano a lo unútil) y regulado desde el gobierno.

La censura fue implacable durante gran parte del franquismo, quedando tan sólo unos pocos periódicos, como El Alcázar, el Diario Arriba, oficial del régimen, o El Ya. Todos estaban encaminados a controlar la opinión popular y alejarla de los movimientos obreros.

El franquismo pretendió también influir en la sociedad a través de diversas organizaciones de la FET, con el objeto de difundir, en la mayoría de los casos, determinados principios ideológicos conservadores. Algunos ejemplos de instituciones que operaron en este sentido fueron la Sección Femenina, el Frente de Juventud, la FEN, la OJE, etc.

Desde principios del régimen, se comenzaron a adoptar una serie de símbolos, uniformes, etc. de inspiración fascista, similares a los italianos o alemanes.

Franco se convirtió en el líder indiscutible del pueblo español por la fuerza. Su exaltación es uno de los rasgos más similares con el fascismo. Fue llamado de muchos modos, el más usado quizás, el Caudillo, a semejanza del Duce italiano o el Führer. Otros nombres con los que se le conocía son: Caudillo de España, Caudillo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, Generalísimo Franco, Salvador de España, La Espada más limpia de Europa, La Luz del Pardo...

El sistema político se basó en la dictadura del partido único, la FET y de las JONS (1937), que vino a llamarse el Movimiento Nacional.

Dentro de una completa subordinación al Caudillo, hubo diferentes familias o grupos -nunca partidos- con diversa sensibilidad política. Cada una trató de influir en las decisiones de Franco, y la habilidad de éste consistió en confiarles parcelas de poder convenientemente medidas, apoyarse sucesivamente en una familia u otra según conviniera en cada momento, desplazando del primer plano (sin dejar de contar con ellas) a las que se hacían incómodas por alguna razón interna o externa y garantizarse de esa manera su presencia indiscutida en el poder. Cuando estalló algún escándalo que podía atribuirse de algún modo a los recelos entre las familias (como el caso MATESA), Franco optaba por soluciones expeditivas y salomónicas ("castigar" a ambas partes, de forma paternalista). Eran habituales las expresiones de Franco en que despreciaba la actividad política (propia de "politicastros"), e incluso ninguneaba a sus propios ministros, haciéndose célebre su consejo: "haga como yo, no se meta en política".

Sus miembros eran conocidos como "Nacionalsindicalistas", "azules" o sencillamente "falangistas". Los llamados "camisas viejas" de la Falange original de José Antonio Primo de Rivera, muy pronto empezaron a recelar de los "camisas nuevas" incorporados tras las elecciones de febrero de 1936 y sobre todo en la Guerra Civil, cuando el decreto de unificación suprimió todos los partidos reuniendo a todos los que apoyaron el Alzamiento Nacional en el partido único FET y de las JONS (Falange española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), que constituía la cúspide del Movimiento Nacional al servicio del liderazgo absoluto de Franco. El partido único aspiraba a controlar la vida social y económica a través del resto de las instituciones del Movimiento: Frente de Juventudes, Sección Femenina, Sindicato Vertical, Auxilio Social...

La presencia de los personajes más identificados con la Falange (como es el caso de su presidente, Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco y llamado el cuñadísimo) fue importante hasta que la derrota de las potencias del Eje en la Guerra Mundial los llevó a un papel más secundario. Dentro del gobierno, desempeñaron las carteras sociales, como el Ministerio de Trabajo, Vivienda y el de Agricultura, además del Ministro-Secretario General del Movimiento (miembro nato del gobierno, aunque sujeto también a la designación por parte del Caudillo). En el primer franquismo alcanzaron un 37,9% de los ministerios y un 30,3% de los altos cargos de la administración. Un ejemplo notable fue José Antonio Girón de Velasco, el ministro más joven (30 años) y uno de los que duró más en el gobierno (1941-1957). Otro nombre destacable fue José Luis Arrese. También hubo "aperturistas" procedentes de la familia azul, como el que finalmente llevó a cabo la transición democrática, Adolfo Suárez. Esa pluralidad se podía observar en las publicaciones afines: el diario El Alcázar (que tras distintas orientaciones, desde 1968 expresó las opiniones de lo que se denominó el búnker, la derecha más extrema), el oficialista diario Arriba y el más aperturista diario Pueblo (cercano a los sindicatos verticales y dirigido por Emilio Romero).

Los militares, completamente subordinados a Franco, tuvieron prestigio y poder político. Franco se rodeó siempre de colaboradores militares, algunos de ellos desde su época de la Guerra de África (llamados "africanistas"). El más representativo históricamente fue el almirante Carrero Blanco, cercano a los "católicos", que llegó a sustituir al propio Franco al frente del Gobierno con el cargo de Presidente en 1973. Otro fue el general Agustín Muñoz Grandes, que dirigió la División Azul y era muy cercano a los "azules". Otros militares tenían simpatías monárquicas. En la primera época acaparaban buena parte del aparato del Estado: 42,8% de los ministerios, 37,3% de las subsecretarías y 27,8% de las direcciones generales. Aparte de los tres ministerios militares para cada ejército (Tierra, Mar y Aire), les solía corresponder el de Gobernación.

Desde el comienzo del franquismo demostró mucha actividad la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, controlada por los obispos y especialmente por la figura de Ángel Herrera Oria, que controlaba también la prensa católica (diario Ya). Esta "familia" tenía una especial relación con el exterior, por su vinculación con el Vaticano y las democracias cristianas europeas. Controlaban el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio de Educación. Un buen ejemplo fue Joaquín Ruiz-Giménez.

A partir de 1957 accedieron al gobierno los ministros económicos (denominados tecnócratas) procedentes del Opus Dei (congregación religiosa fundada por José María Escrivá de Balaguer), y protegidos por Luis Carrero Blanco: Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres, responsables del Plan de Estabilización de 1959 y el desarrollismo posterior.

La renovación de la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II propició un distanciamiento con el régimen español de una parte de la jerarquía eclesiástica, dirigida por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Llegó a ser muy evidente en el conflicto con Antonio Añoveros Ataún, obispo de Bilbao.

Los carlistas y tradicionalistas perdieron su relevancia política en cuanto acabó la guerra. El área que se les confiaba era el Ministerio de Justicia y la presidencia de las Cortes.

Los monárquicos, identificables con "derechas", y procedentes de la CEDA, el partido de José María Gil-Robles, que había contemporizado con la Segunda República. Su órgano de expresión era el periódico ABC, de la familia Luca de Tena. Sus relaciones con el régimen pasaron sucesivamente por acercamientos y distanciamientos (en contadas ocasiones, llegando a algún tipo de represión, como alguna censura periodística -llegando a ser secuestrada la edición en 1966- o el destierro de los que acudieron al llamado Contubernio de Múnich -1962-), al igual que la relación ambigua que mantuvieron el general Franco y el pretendiente a la corona, Juan de Borbón, que se mantuvo exiliado en Estoril, desde donde mantenía un consejo privado en el que se incluían personajes destacados de la dictadura, como José María Pemán o Pedro Sainz Rodríguez.

España se definió en las Leyes Fundamentales como un reino pero Franco se negó a ceder la jefatura del Estado o designar sucesor como preveía la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (votada en referéndum en 1947, en un acto de legitimación de masas del franquismo), y mucho menos a un personaje en quien no confiaba, el conde de Barcelona (título medieval de soberanía, vinculado a la corona de España que usaba Juan de Borbón), a pesar de ser el heredero del rey anterior (Alfonso XIII).

Mientras tanto, su hijo (el rey actual, Juan Carlos I) estaba siendo educado en España separado de su padre. Finalmente quien obtuvo la designación fue Juan Carlos, en 1969 y tras una prolongada espera, no sin signos inquietantes de que podía optarse por cualquier otro "príncipe de sangre real" (como Alfonso de Borbón Dampierre, que acabó casándose con la nieta de Franco y reclamando sus derechos al trono de Francia). En la enfermedad final de Franco, Juan Carlos, titulado "Príncipe de España", llegó a ocupar interinamente la jefatura del Estado 1974, que se le retiró como consecuencia de una transitoria mejoría. Fue coronado rey de España en 1975, tras la muerte de aquél.

En la España democrática se ha hecho cada vez más reducida la proporción de personas que se declaran abiertamente franquistas. La mayoría de la población española y los partidos políticos más importantes están a favor de la democracia y apoyan el régimen actual, la monarquía parlamentaria.

En la actualidad, el franquismo se manifiesta en interpretaciones de la Historia de España desde su Segunda República hasta la actualidad. Además, escritores como Fernando Vizcaíno Casas han reivindicado determinados aspectos del régimen franquista en sus obras.

El franquismo ha sido condenado en las Cortes Españolas y en el Parlamento Europeo.

No obstante, se señala habitualmente la pervivencia de rasgos sociales propios del Franquismo en la sociedad española posterior a la muerte de Franco, especialmente durante la Transición, pero incluso más allá.

Actualmente, los más nostálgicos del régimen franquista, se concentran el 20 de Noviembre (Día de la muerte de Franco) en el Valle de los Caídos.

Durante la dictadura franquista, la mujer dejó de tener los derechos que la Constitución de 1931 le había otorgado, como la igualdad con respecto al hombre y el derecho a voto. Con el Régimen, la mujer pasó a asumir el papel de madre y esposa. Muchas de ellas murieron por ser republicanas, unas por ejercer la militancia o la práctica política y otras por ser parientes de hombres de izquierdas. Y muchas fueron condenadas al ser delatadas por conocidos o incluso parientes temerosos de las represalias por conocerlas. Las mujeres republicanas fueron llamadas las nuevas Eva, que parirían hijos enemigos de España, y por ello les rapaban la cabeza y les daban aceite de ricino, para pasearlas después por las calles con el fin de humillarlas.

Además de todo esto, las mujeres casadas no tenían el acceso al mercado laboral. Con el Fuero del Trabajo promulgado en 1938, el Estado reguló el trabajo a domicilio, sólo podían trabajar las mujeres solteras o viudas, además, si se casaban, debían firmar su despido voluntario un mes antes del enlace, según lo dictaba la Ley de Reglamentaciones Laborales de 1942, y para acceder a él, dos años después, la Ley de Contratos de Trabajo decía que debían contar con la autorización del marido. Además los sueldos eran más bajos. Por todo esto, era difícil sacar adelante el hogar y, aunque existía la cartilla de racionamiento, para los productos de consumo básico, el hambre seguía apretando, no era suficiente la cantidad que recibían para alimentar a toda la familia y muchas recurrieron al estraperlo, cambiando productos, manufacturados por ellas mismas, por alimentos. El estraperlo estaba considerado un delito y acarreaba penas de cárcel y multas.

La familia era una jerarquía en la que la mujer estaba supeditada al varón y los hijos a los padres. La mujer era la que se llevaba la peor parte, pues su labor era la de satisfacer a su marido, debía estar guapa para él, complacerle en todo. La revista de la Sección Femenina, liderada por Pilar Primo de Rivera, enseñaba a las mujeres a comportarse, siempre supeditadas al hombre, sin derechos, sin opiniones, solo sumisión. Por supuesto que el adulterio estaba castigado por el Código Penal.

En 1937 se creó el Servicio Social de la Mujer, liderado por Mercedes Sanz Bachiller y Javier Martínez de Bedoya, para conseguir mano de obra femenina gratuita, y era obligatoria para mujeres de edades comprendidas entre los 17 y los 35 años de edad, eso sí, que estuvieran solteras, y trabajarían en hospitales, comedores… En 1941 se creó el Patronato de Protección de la Mujer, en el que había muchos eclesiásticos para atraer a la mujer hacia la Iglesia y apartarla de los vicios. Las mujeres de clase media y alta trabajaban en la Acción Católica, asistiendo a los desfavorecidos de la clase obrera, y visitando a los vencidos en la guerra.

La situación laboral de la mujer mejoró en 1959 con el Plan de Estabilización, en 1961 con la Ley sobre Derechos Políticos, profesionales y Laborales de la Mujer, que acababa con la discriminación salarial y de acceso al trabajo, aunque continuaba en vigor la necesidad de la autorización del marido. Esta obligación se mantuvo hasta 1976, cuando entró en vigor la Ley de Relaciones Laborales. También fue importante en 1963 el Plan de Desarrollo, ya que se necesitaba más mano de obra y se recurrió a la mujer para ello.

El Plan de Estabilización de 1959 supuso el fin e la autarquía y sentó las bases para el desarrollo industrial. Además la emigración de los trabajadores a distintas ciudades de Europa supuso un cambio en los modos y maneras. Aunque el recato seguía a la orden del día. Las parejas no podían darse muestras de cariño en público porque eran multadas y la noticia saldría en los periódicos.

También era difícil el acceso a la vivienda, algo que también cambió en los años 60, cuando el precio del inmueble se abarató y llegó a los hogares el gas butano, y con él la calefacción y el agua caliente; con la llegada del televisor surgió una nueva habitación en la casa, el cuarto de estar. Esto cambió por completo la vida de los españoles y la sociedad de consumo, aunque no todos podían acceder a comprarse uno, y por ello los vecinos se reunían en torno al aparato instalado en el teleclub.

También se hizo más asequible el automóvil, que nos trajo el legendario Seiscientos en 1957, en la Feria Internacional de Muestras de Barcelona y se convirtió en un éxito de ventas. Pero no sólo los automóviles se abrían paso en las carreteras, también lo hacían los velomotores, las motos, las scooterr, el motocarro y el Biscuter.

Y las formas de divertirse cambiaron: Surgieron los tocadiscos portátiles y la música ligera triunfó entre los jóvenes con grupos como El Dúo Dinámico, Fórmula V, Los Bravos … que trajeron los bailes sueltos. En otra línea estaba la música del Festival de Benidorm, en el que triunfó Julio Iglesias, tan diferente al Festival de Eurovisión en el que Massiel lucía minifalda entonando su ganador La, la, la.

A la vieja costumbre de liar cigarrillos se unió la de fumar tabaco Celtas, que pronto fue sustituido por el rubio americano, que no estaba al alcance de todos los españoles y se vendía de contrabando.

También la Iglesia empezó a cambiar, y después del Concilio Vaticano II, inaugurado por Juan XXIII en 1962, se aprobó el uso de las lenguas vernáculas en la celebración de la misa, en 1963, dejando atrás el uso del latín. Fue en estos años cuando surgieron los curas obreros y las monjas posconciliares, que no dudaron en salir de los conventos para mezclarse con las manifestaciones callejeras protagonizadas por estudiantes, comunistas y socialistas. A pesar de todo esto, el Régimen no estaba dispuesto a aflojar las riendas y la muerte de Julián Grimau en 1963 fue una clara muestra de ello. Lo que seguía respetándose al máximo en materia religiosa era la Semana Santa, tiempo en el que se cerraban las salas de baile y los billares y en el cine solo echaban películas bíblicas, como La túnica Sagrada, Ben-Hur o Los Diez Mandamientos.

Entre tanta modernidad, en los años 60 se abría paso un nuevo concepto: el ocio. Su planificación se llevaba a cabo en unos folletos que se editaban los fines de semana, llamados Guías del ocio. Con ellas empezó a ponerse de moda irse de vacaciones a la playa, eso sí, para los que pudieran permitírselo. En las playas se impusieron las nuevas modas, muy contrarias a la tradicional moralidad. Las costas de España se bautizaron nombres atractivos para llamar la atención de los turistas, como Costa Brava, Costa del Sol, Costa Dorada, Costa Blanca, Costa del Azahar, Costa Verde o Costa de la Luz. Para acoger al creciente turismo se empezaron a construir hoteles y apartamentos. Pero si el biquini es algo que hoy en día relacionamos con las playas, no ocurría así en la posguerra española. Hubo que esperar hasta 1962, cuando se estrenó James Bond contra el doctor No para que las españolas se fijaran en esta prenda veraniega que lucía Ursula Andress en la película. Por supuesto que en las playas españolas estaba prohibido el biquini, sin embargo, se miraba para otro lado, y esta prenda comenzó a usarse cada vez más. No ocurrió así en las piscinas del interior de país, donde empezó a usarse a partir de la década de los 70, gracias a unas mujeres de Zaragoza que organizaron un motín que la prensa nacional bautizó con el nombre de Guerra de los biquinis.

Por otro lado, los españoles se habían divertido siempre en las corridas de toros, celebrando la Fiesta Nacional, que en la década de los 60 pasó a un segundo plano gracias a un deporte en auge: el fútbol. Tanto en el estadio como frente al televisor, los españoles disfrutaron de este deporte e incluso encontraron una alternativa a él: el futbolín, que causó furor incluso entre los propios futbolistas, aunque su inventor, Alejandro Finisterre, no lo había creado con este fin, sino para rehabilitar a niños mutilados en un sanatorio.

Los medios de comunicación sufrieron durante la dictadura franquista la censura y el control y no existió la libertad de prensa hasta 1977. En 1937 se creó la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda. En 1938, el Ministerio de Gobernación, dirigido por Ramón Serrano Súñer, decretó la Ley de Prensa, una ley de guerra que permaneció vigente hasta 1966. De este modo, los medios de comunicación transmitían las órdenes del Estado, ya fuesen públicos o privados. En 1939 se creó el Registro Oficial de Periodistas y Franco tenía el carné número uno. Ese mismo año se creó la Agencia de noticias EFE, que era monopolio del Estado en la distribución de la información. En 1941 se creó la Escuela Oficial de Periodismo, que exigía a los alumnos a ser militantes de FET y de las JONS y en 1942 nació el Servicio Español de Auscultación de la Opinión Pública.

En 1942 se creó el Noticiario Documental (NODO). Cada documental duraba 10 minutos y era obligatorio proyectarlo antes de las películas en todos los cines de España hasta 1975. A través del NODO se transmitían los valores del régimen y se exaltaba la figura del Caudillo.

Para que un texto o publicidad viera la luz tenía que pasar previamente por la censura. Estaba prohibido escribir algo que dañase el prestigio de la nación, del Ejército o del Gobierno. En 1942 no se podía hablar de la violencia en el fútbol, de la música negra o de otro tipo de música extranjera. Además, en todos los medios había que publicar los discursos del Caudillo. En 1951 se reorganizó la política informativa del régimen en torno al Ministerio de Información y Turismo.

En 1966 se creó la Ley de Prensa aperturista, imbricada en la economía en expansión de la década de 1960 a iniciativa del entonces Ministro Manuel Fraga, se suspendió la censura previa y se terminó con el sistema de consignas. si bien los secuestros de publicaciones continuaron.

El Estado era el propietario de los medios de comunicación en España hasta el 1975. En total poseía 49 emisoras de radio, las agencias EFE y Pyresa, la Editorial Nacional y la Televisión Española.

Los grupos privados autorizados más importantes eran la Editorial Católica, que publicaba el Diario Ya; Prensa española, con ABC; el Grupo Godó, con La Vanguardia; y Bilbao Editoria', con El Correo español-El Pueblo Vasco. En radio las empresas privadas fueron las más numerosas, y las más destacadas fueron la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) y la Cadena de Ondas Populares (COPE).

De entre las publicaciones que, no sin problemas y censuras, consiguieron mantener cierta independencia se encontraba La Codorniz, fundada en 1941 por Miguel Mihura, una revista de humor de tirada semanal. Contó con colaboradores como Mingote, Chumy Chúmez, Serafín, Tono, Jardiel Poncela, Ramón Gómez de la Serna, Gila, José Luis Coll, Carlos Luis Álvarez, Cándido y Máximo entre otros muchos. En 1944 la dirigió Álvaro de Laiglesia y desapareció en 1978. Hubo otras revistas satíricas como Hermano Lobo, El Papus y Por Favor.

En 1956, con la llegada del transistor, la radio superó en audiencia a la prensa diaria. De entre los programas de radio destacaron en la época El Consultorio de Elena Francis, Ama Rosa, La sangre es roja o Lo que no muere. En la década de 1960 fue la televisión la gran triunfadora. Los programas líderes de audiencia televisiva fueron Estudio 1, Bonanza, Historias para no dormir, los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente o Los Chiripitifláuticos.

Al principio



Edad Contemporánea

Un pequeño y sucio, pero eficaz barco de vapor conduce al desguace al buque de guerra Téméraire. Sus años de gloria han pasado. (Cuadro de J. M. W. Turner)

Edad Contemporánea es el nombre con el que se designa el periodo histórico comprendido entre la Revolución francesa y la actualidad. Comprende un total de 220 años, entre 1789 y 2009. La humanidad experimentó una transición demográfica, concluida para las sociedades más avanzadas (el llamado primer mundo) y aún en curso para la mayor parte (los países subdesarrollados y los recientemente industrializados), que ha llevado su crecimiento más allá de los límites que le imponía históricamente la naturaleza, consiguiendo la generalización del consumo de todo tipo de productos, servicios y recursos naturales que han elevado para una gran parte de los seres humanos su nivel de vida de una forma antes insospechada, pero que han agudizado las desigualdades sociales y espaciales y dejan planteando para el futuro próximo graves incertidumbres medioambientales.

Los acontecimientos de esta época se han visto marcados por transformaciones aceleradas en la economía, la sociedad y la tecnología que han merecido el nombre de Revolución Industrial, al tiempo que se destruía la sociedad preindustrial y se construía una sociedad de clases presidida por una burguesía que contempló el declive de sus antagonistas tradicionales: los privilegiados y el nacimiento y desarrollo de uno nuevo: el movimiento obrero, en nombre del cual se plantearon distintas alternativas al capitalismo. Más espectaculares fueron incluso las transformaciones políticas e ideológicas (Revolución liberal, nacionalismo, totalitarismos); así como las mutaciones del mapa político mundial y las mayores guerras conocidas por la humanidad.

La ciencia y la cultura entran en un periodo de extraordinario desarrollo y fecundidad; mientras que el arte y la literatura, liberados por el romanticismo de las sujecciones académicas y abiertos a un público y un mercado cada vez más amplios; se han visto sometidos al impacto de los nuevos medios de comunicación de masas, escritos y audiovisuales, lo que les provocó una verdadera crisis de identidad que comienza con el impresionismo y las vanguardias y aún no se ha superado.

La Edad Contemporánea es una división reciente de la historia, ya que es el cuarto segmento de la vieja clasificación de Cristóbal Celarius en Antigüedad, Edad Media y Edad Moderna. De hecho, lo que para los historiadores de tradición latina es la "Edad Contemporánea" o "Época Contemporánea", para los historiadores anglosajones son los Late Modern Times (literalmente "Últimos Tiempos Modernos", traducible como "Edad Moderna Tardía" o "Edad Moderna Posterior"), en contraste con los Early Modern Times (literalmente "Tempranos Tiempos Modernos", traducible como "Edad Moderna Temprana" o "Edad Moderna Anterior"). Es legítimo cuestionarse si hubo más continuidad o más ruptura entre la Edad Moderna y la Contemporánea.

Si se define la Modernidad como el desarrollo de una cosmovisión con rasgos bien característicos (antropocentrismo -confianza en el ser humano por sobre lo divino-, idea de progreso social, énfasis en la libertad individual, valoración del conocimiento y la investigación científicas, etcétera), entonces es claro que la Edad Contemporánea es una continuación de todos estos conceptos, que surgieron en Europa Occidental a finales del siglo XV y comienzos del XVI con el Humanismo, el Renacimiento y la Reforma Protestante; y se acentuaron durante la denominada crisis de la conciencia europea de finales del siglo XVII, que incluyó la Revolución Científica y preludió a la Ilustración. Las revoluciones de finales del XVIII y comienzos del XIX pueden entenderse como la culminación lógica y exacerbación de esta cosmovisión respecto del período precedente. A partir de entonces, la confianza en el ser humano y en el progreso científico se manifestó en una ideología muy característica: el positivismo, que encontró su reflejo político en el liberalismo y en el secularismo, y religioso en el agnosticismo; llevado a su extremo, permitió el desarrollo del darwinismo social. A su vez, la doctrina de los derechos humanos, desarrollada con elementos anteriores, se plasmó para dar forma a la democracia contemporánea, que a partir del siglo XIX se fue extendiendo con distintas vicisitudes hasta llegar a ser el ideal más universalmente aceptado de forma de gobierno en la actualidad, con notables excepciones.

Pero por otra parte, durante la Edad Contemporánea se desarrolló también un discurso correlativo que pone un fuerte énfasis en la llamada crítica de la Modernidad, y que en su vertiente más radical desemboca en el nihilismo. Es posible seguir el hilo de esta crítica de la Modernidad en el Romanticismo y su utopía de reencontrarse con las raíces históricas de los pueblos, o en la filosofía de Arthur Schopenhauer o más modernamente del Existencialismo, o en ideologías políticas como el comunismo, o en estilos artísticos como el teatro del absurdo, o en concepciones teóricas como el Postmodernismo, por mencionar tan solo algunos ejemplos puntuales. Pero por otra parte, la idea de reemplazar al ideal ilustrado de progreso y confianza optimista en las capacidades del ser humano, es en sí misma una noción progresista y de confianza en la capacidad del ser humano que efectúa esa crítica, por lo que esas "superaciones de la Modernidad" muchas veces son vistas a posteriori como nuevas variantes del discurso moderno.

En cada uno de los planos principales del devenir histórico (económico, social y político), puede cuestionarse si la Edad Contemporánea es una superación de las fuerzas rectoras de la Modernidad o sólo significa el periodo en que triunfan y alcanzan todo su potencial de desarrollo las fuerzas económicas y sociales que durante la Edad Moderna se iban gestando lentamente: el capitalismo y la burguesía; y las entidades políticas que lo hacían de forma paralela: la nación y el Estado. En el siglo XIX, estos elementos confluyeron para conformar la formación social histórica del estado liberal decimonónico europeo clásico, regido por una minoría burguesa empecinada en la acumulación de capital, asentada sobre una gran masa de proletarios, compartimentada por las fronteras de unos Estados nacionales de dimensiones compatibles con mercados nacionales que a su vez controlaban un espacio exterior disponible para su expansión colonial.

Sin embargo, en el siglo XX, esta triple identidad (económica, social y política) se fue trizando. Por una parte, el surgimiento de una poderosa clase media, en particular gracias al desarrollo del estado del bienestar, tendió a limar la distancia entre la burguesía y el proletariado. Por la otra, el capitalismo fue duramente combatido, aunque con éxito bastante limitado, por ideologías inspiradas en el marxismo, desde el comunismo más radical hasta las variantes más moderadas de socialismo; en el siglo XX, en el campo científico, los presupuestos del capitalismo fueron puestos a prueba por el desarrollo de la moderna Teoría de Juegos, que en muchos aspectos enmendó la plana a los planteamientos económicos clásicos de Adam Smith. En cuanto a los Estados nacionales, si bien numerosos pueblos y naciones del globo terminaron por convertirse en sendos Estados durante los siglos XIX y XX, éstos no siempre resultaron viables, y una cantidad numerosa de ellos terminaron degenerando en terribles conflictos civiles, religiosos o tribales, en particular cuando las fronteras se fijaron siguiendo los límites geográficos de los imperios coloniales en desintegración, que a su vez habían sido delimitados con criterios bien distintos al interés de las naciones sometidas a dichos imperios; por otra parte, los estados nacionales se transformaron, después de la Segunda Guerra Mundial, en actores cada vez menos relevantes en el mapa político, debido a la hegemonía impuesta por los Estados Unidos y la Unión Soviética sobre ellos.

La desaparición de ésta y del bloque comunista ha dado paso al mundo actual del siglo XXI, en que las fuerzas rectoras tradicionales presencian el doble desafío que suponen tanto la tendencia a la globalización como el surgimiento o resurgimiento de todo tipo de identidades -religiosas, sexuales, de edad, nacionales, grupales, culturales, deportivas- o actitudes -pacifismo, ecologismo- muchas veces competitivas entre sí.

En los años finales del siglo XVIII y los primeros del siglo XIX se derrumba el Antiguo Régimen de una forma que fue percibida por los contemporáneos como una aceleración del ritmo temporal de la historia, que trajo cambios trascendentales conseguidos tras vencer de forma violenta la oposición de las fuerzas interesadas en mantener el pasado: todos ellos requisitos para poder hablar de una Revolución, y de lo que para Eric Hobsbawm es La Era de la Revolución. Suele hablarse de tres planos en el mismo proceso revolucionario: el económico, caracterizado por el triunfo del capitalismo industrial que supera la fase mercantilista y acaba con el predominio del sector primario (Revolución Industrial); el social, caracterizado por el triunfo de la burguesía y su concepto de sociedad de clases basada en el mérito y la ética del trabajo, frente a la sociedad estamental dominada por los privilegiados desde el nacimiento (Revolución burguesa); y el político e ideológico, por el que se sustituyen las monarquías absolutas por sistemas representativos, con constituciones, parlamentos y división de poderes, justificados por la ideología liberal (Revolución liberal).

Uno de los pilares de la sociedad contemporánea, en relación a todos los períodos históricos precedentes, es el proceso de industrialización acelerada que se vivió desde la Revolución Industrial en adelante. Esta se vivió en fechas distintas según el lugar y las influencias: segunda mitad del siglo XVIII (Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial), primera mitad del XIX (Europa), segunda mitad del XIX (Estados Unidos, Rusia y Latinoamérica), primera mitad del XX (Japón), segunda mitad del XX (naciones africanas).

Con anterioridad, las sociedades agrarias que habían devenido en mercantiles gracias al intercambio comercial, seguían elaborando productos de manera artesanal, y por lo tanto, con bajas cuotas y altos costes de producción. La maquinización de muchos procesos que hasta entonces habían sido efectuados manualmente, permitió la elaboración de éstos en serie, lo que trajo varias consecuencias. En primer lugar, los costos de producción disminuyeron ostensiblemente, en parte porque al fabricarse de manera más rápida se invertía menos tiempo en su elaboración, y en parte porque las propias materias primas, al ser también explotadas por medios industriales, bajaron su coste. En segundo lugar, se produjo la estandarización de la producción, de modo que los pocos productos antiguos y exclusivos fueron reemplazados por muchos productos nuevos, pero todos iguales unos a otros. En tercer lugar, las sociedades industrializadas pudieron prescindir de mano de obra cualificada, contratando a obreros menos preparados y despidiendo a vastas cantidades de ellos, con el consiguiente problema social que implicaban las crecientes masas de desocupados y parados, la precarización del empleo, y la brutal desigualdad entre bajos salarios y altas exigencias laborales. En cuarto lugar, la disminución del costo de formar a obreros y artesanos liberó recursos para que sectores crecientes de la población pudieran acceder a una mejor educación, generando así una clase media que, con mayor o menor fortuna, consiguió ser un colchón entre los inmensamente ricos y los inmensamente pobres.

La Revolución Industrial se originó en Inglaterra. Varios factores influyeron en esto. Por una parte, Inglaterra era uno de los países con mayor disponibilidad de carbón, mineral indispensable para alimentar la máquina de vapor (debido a tener un poder calorífico mayor que la madera, el otro combustible tradicional), que fue el gran motor de la Revolución Industrial temprana. Por otra, la sociedad inglesa había atravesado una serie de guerras civiles en el siglo XVII, que derivaron en el reemplazo del Absolutismo por una monarquía parlamentaria que daba garantías para el emprendimiento individual. Síntoma importante de esto es el enorme desarrollo que en Inglaterra tenía el sistema de patentes industriales. Además, durante el siglo XVIII se construyó Inglaterra un gran imperio colonial que, a pesar de la pérdida de las Trece Colonias, emancipadas en la guerra de 1776 a 1781 (ver independencia de Estados Unidos), tenía a su disposición los riquísimos territorios de la India, entre otros, los cuales eran una fuente importante de materias primas para su industria. De ahí la facilidad con la cual Inglaterra pudo industrializarse, a finales del siglo XVIII.

Ya a finales del siglo XVII habían experimentos con calderas de vapor, y Thomas Newcomen había desarrollado en 1705 una máquina de vapor que mejoraba el trabajo en las minas. Pero fue en 1782 cuando James Watt incorporó un sistema de retroalimentación en la máquina de Newcomen, volviéndola así mucho más eficiente. El invento de Watt daría la vuelta al globo, y sería el primer salto hacia la industrialización. En paralelo, se desarrollaron nuevas técnicas agrarias, en lo que se denominó la revolución agrícola, y que permitió mejorar el rendimiento agrícola y ganadero; al mismo tiempo, inventos como la lanzadera volante y otros permitieron mecanizar el trabajo textil (revolución textil), poniendo a la industria textil inglesa a la cabeza de la producción mundial de telas.

Estas novedades no siempre fueron bien acogidas por la población. Entre la gente cundió el miedo a que las máquinas algún día reemplazarían por completo el esfuerzo humano, y de esta manera se terminaran las fuentes de trabajo. El miedo a la cesantía y al paro forzoso llevó a muchos obreros a revolverse, crear disturbios, y arrasar con las industrias que habían incorporado máquinas. Si bien por una parte disminuyeron los puestos de trabajo, la consecuencia más nefasta fue la rebaja en el nivel salarial, y por tanto, se abrieron las puertas a horarios de trabajos infames y al pauperismo.

En paralelo a la Revolución Industrial, el poder económico creciente de la burguesía chocaba con los privilegios de los dos estamentos sociales que conservaban sus prerrogativas desde la Edad Media, que eran el clero y la nobleza. Ya a finales del siglo XVII, los monarcas absolutos habían empezado a prescindir de los aristócratas para el gobierno, llamando como ministros a gentes de la burguesía, como por ejemplo Jean-Baptiste Colbert, el ministro de finanzas de Luis XIV. De esta manera, los burgueses fueron cobrando conciencia de su propio poder. En el siglo XVIII abrazaron los ideales de la Ilustración. En respuesta, los monarcas absolutos adoptaron algunas ideas ilustradas, creando así el despotismo ilustrado, el cual a la larga se reveló como insuficiente para satisfacer las aspiraciones burguesas, que se inclinaban con fuerza cada vez mayor hacia un gobierno constitucional. Finalmente, ante la resistencia de la nobleza, el descontento de la burguesía estalló en forma de rebeliones populares contra los privilegiados. En las colonias con una burguesía ascendente, esto se manifestó en guerras de independencia, mientras que en las metrópolis, esto produjo movimientos revolucionarios.

También estos derechos son "derechos naturales", esto es, se oponen a los "derechos positivos", que son aquellos consagrados por los distintos ordenamientos jurídicos; vale decir, los derechos humanos se conciben como anteriores a la ley del Estado. "Los derechos del hombre son recogidos en una Constitución -por eso se pueden llamar constitucionales- pero no son creados por ella. Son derechos, según se dice en esas declaraciones, que pertenecen al hombre por ser quien es y no en virtud de ciertos hechos propios o ajenos, o de condiciones posteriores, como puede ser la nacionalidad, las preferencias políticas o la religión del individuo".

Pero como el Estado puede arrollar estos derechos, los ilustrados concibieron limitarlo mediante una Constitución Política, prefiriendo el imperio de la ley al gobierno del rey. Aunque los ilustrados podían diferir sobre sus preferencias en cuanto a la definición del perfecto sistema político, desde la mayor autoridad del rey hasta el principio de separación de poderes (notablemente Montesquieu en El espíritu de las leyes -1748-), prácticamente todos concordaban en la necesidad de dicha Ley Suprema que rigiera a la nación soberana. A su vez, esta Constitución debía ser generada por el pueblo y no por la monarquía o el gobernante, ya que se trata de una expresión de la soberanía, y ésta reside en la nación y en los ciudadanos, y por lo tanto, ya no en el monarca, como predicaban los teóricos defensores del Absolutismo (Hobbes, Bossuet). De ahí que los ilustrados defendieran, como representante de los derechos del pueblo, un parlamentarismo que podía ser más o menos amplio.

Cuesta no reconocer en todas estas concepciones, la gran influencia que sobre los teóricos políticos de la Ilustración tuvo el ejemplo político inglés, que después de 1688 decantó en una monarquía parlamentaria con plena separación de poderes. De hecho, la Constitución de 1787, que entró en vigencia en Estados Unidos está fuertemente imbuida en la tradición jurídica consuetudinaria británica. No es raro este contraste entre constitución escrita (Estados Unidos) y consuetudinaria (Inglaterra), si se piensa que el proceso jurídico británico se produjo en el lapso de unos 600 años, mientras que su equivalente estadounidense se produjo en apenas una década, y por tanto, el texto escrito se hizo indispensable para crear todo un nuevo sistema político desde la nada, mientras que esto no fue necesario en el caso británico, que había evolucionado fluidamente y había tenido tiempo de decantar en el paso de los siglos. De hecho se plasmaba en el prestigio de varios textos legales (algunos medievales, como la Carta Magna de 1215, otros modernos como el Bill of Rights de 1689), la jurisprudencia de tribunales con jueces independientes y jurados y los usos políticos, que implicaban un equilibrio de poderes entre Corona y Parlamento (elegido por circunscripciones desiguales y sufragio restringido), frente al que el Gobierno de su Majestad respondía. Las primeras constituciones escritas en el continente europeo fueron la polaca (3 de mayo de 1791) y la francesa (3 de septiembre de 1791). No obstante, el primer documento legal moderno de su tipo (más bien un ejercicio teórico y utopista que no se aplicó) fue el Proyecto de Constitución para Córcega que Jean Jacques Rousseau redactó para la efímera República Corsa (1755-1769).

Las primeras españolas aparecieron como consecuencia de la Guerra de Independencia Española: la redactada en Bayona por los afrancesados (8 de julio de 1808) y la elaborada por sus rivales del bando patriota en las Cortes de Cádiz (12 de marzo de 1812 llamada popularmente Pepa), tomada como modelo por otras en Europa. En la América Hispánica las primeras constituciones fueron creadas entre 1811 y 1812, como consecuencia del movimiento juntista, que fue la primera fase del movimiento independentista latinoamericano. El Congreso de Angostura, con la inspiración de Simón Bolívar, redactó la Constitución de la Gran Colombia (incluía las actuales Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela) el 15 de febrero de 1819.

Los ingleses se habían instalado en Norteamérica desde el siglo XVII, dando lugar así a las Trece Colonias. Durante la gran guerra colonial que los ingleses emprendieron con los franceses (1756-1763), y que fue correlato americano de la Guerra de los Siete Años europea, los colonos estadounidenses cobraron conciencia de su propio poder. En los años siguientes, la metrópolis inglesa se condujo con poco tacto con las colonias, y tras el enfriamiento progresivo de relaciones, los colonos y los "casacas rojas", como se llamaba a las tropas inglesas por el color de su uniforme, tuvieron las primeras refriegas. En 1776, en un "congreso continental" reunido en la ciudad de Filadelfia, las Trece Colonias proclamaron la independencia. La guerra, liderada por George Washington por el lado colonial, terminó con la completa derrota de los ingleses en la batalla de Yorktown (1781), y la posterior admisión de la independencia (1783). Durante algunos años hubo dudas sobre si las Trece Colonias seguirían su camino como otras tantas naciones independientes, o si se unirían en una única nación. En un nuevo congreso celebrado otra vez en Filadelfia, el año 1787, acordaron finalmente una solución intermedia, conformando un estado federal con una compleja repartición de funciones entre la Federación y los Estados miembros, todo ello bajo el mandato de una única carta fundamental, la Constitución de 1787, la primera escrita en el mundo. La Federación, conocida como los Estados Unidos, se inspiró para su creación y para la redacción de su carta magna, en los principios fundamentales promovidos por la Ilustración, incluyendo el respeto a los derechos humanos, el individualismo, la democracia, etcétera, transformándose así en un ejemplo a seguir por los burgueses de otras latitudes, que encontraron aquí inspiración para los siguientes movimientos revolucionarios que vendrían.

Jean-Jacques Rousseau (Quentin de la Tour, 1753) es el padre intelectual de las revoluciones de finales del siglo XVIII. Ve en la sociedad corrupta del Antiguo Régimen menos valores que en el buen salvaje (avanzado en su Discours sur les Sciences et les Arts -"Discurso sobre las Ciencias y las Artes"- y popularizado con la novela Emilio). Su doctrina de Contrato social, basado en ese concepto de bondad natural del hombre, llevará a la búsqueda de la soberanía nacional, y más adelante, de la democracia, pero también está en el origen intelectual del estado uniformador y totalitario de las dictaduras del siglo XX.

El general y primer presidente George Washington despide al noble francés y también general Marqués de La Fayette (1784). Al frente de tropas de la monarquía francesa había apoyado la independencia de las Trece Colonias frente a Inglaterra, al igual que hizo el gobernador de Luisiana Bernardo de Gálvez y Madrid con tropas de la monarquía española, en un ajuste de cuentas de la anterior Guerra de los Siete Años. La Fayette, influido por su experiencia americana, fue partidario de las reformas moderadas y de una monarquía constitucional durante la posteriores acontecimientos revolucionarios en Francia.

El británico Thomas Paine tuvo una trayectoria vital ligada a las revoluciones americana y francesa. Expulsado de Inglaterra, también tuvo problemas con el régimen terrorista de Robespierre, y acabó su vida en suelo norteamericano. Fue autor de tres importantes libros: el liberal Common Sense ("El Sentido Común") donde defiende la independencia de Estados Unidos, el polemista The Rights of Man ("Los Derechos del Hombre") respondiendo al ataque a los excesos revolucionarios de Francia de Edmund Burke (quien, por el contrario, había defendido la americana, aunque con argumentos más conservadores que los radicales de Paine); y el anticlerical y volteriano The Age of Reason (La edad de la razón).

Francia había apoyado activamente a las Trece Colonias contra su enemigo de siempre, Inglaterra, y había enviado tropas a cargo del Marqués de La Fayette para prestarles apoyo militar. Pero esto le costó caro a la monarquía francesa, y no sólo en términos monetarios. El gobierno de Luis XVI, bienintencionado, pero no demasiado competente, era enormemente impopular, y una serie de crisis económicas llevaron a la monarquía al borde del desastre, mientras que el pueblo y la burguesía pedía, como remedio para los males económicos, que tanto el clero como la nobleza pagaran impuestos, como el resto de los súbditos de la corona francesa. Ante la crisis, Luis XVI convocó a los Estados Generales, pero una vez reunidos, los diputados de la nobleza, el clero y los estamentos no privilegiados (el llamado "Tercer Estado") no pudieron ponerse de acuerdo sobre el sistema de votación (por clase favorecía a la nobleza y al clero, mientras que por diputado favorecía al Tercer Estado). Finalmente, el Tercer Estado se separó para formar su propia Asamblea Nacional. El 14 de julio de 1789, la situación se escapó de todo control cuando el pueblo de París, en un movimiento espontáneo, tomó la fortaleza de La Bastilla, símbolo de la autoridad real. El rey, sorprendido por los acontecimientos, pareció hacerles concesiones a los revolucionarios por un tiempo (éstos no querían, en principio, derrocarle, sino tan solo obligarle a aceptar una constitución), pero luego de un intento de fuga en 1791, fue prácticamente un prisionero de los representantes del Tercer Estado. La Constitución de 1791 tenía forma monárquica, pero en el fondo confería el poder a una Asamblea Legislativa, que gobernó a su amaño contra la nobleza y el clero. En 1792 Francia fue envuelta en guerra contra otras potencias vecinas (Austria y Prusia), decididas a aplastar el movimiento revolucionario antes de que el ejemplo se contagiase a sus territorios. Todo terminó en una degollina generalizada, el llamado Terror, que duró entre 1793 y 1795, y en el cual los restos de la aristocracia y el clero fueron barridos casi por completo (exiliados o ejecutados), así como el rey, para dar paso a un nuevo régimen político, el Directorio (1795-1799).

En medio de estos eventos hizo carrera Napoleón Bonaparte, un general que ganó popularidad a través de sus victorias en Italia y Egipto. En 1799 se sumó al golpe de estado que derribó al Directorio e instauró el Consulado; en 1804, Napoleón se proclamó Emperador de los franceses (no Emperador de Francia). Aunque finalmente derribado en 1815, Napoleón dejó un extenso legado tras de sí. Consciente de que no podía retomar el Derecho del Antiguo Régimen, pero sumergido en el marasmo de la atropellada y caótica legislación revolucionaria, dio la orden de compendiar todo ese legado jurídico en cuerpos legales manejables. Nació así el Código Civil de Francia o Código Napoleónico, inspiración para todos los demás estados liberales, y que contribuyó a propagar la Revolución en cuanto superestructura jurídica que expresaba la sociedad burguesa-capitalista. A éste código siguió después un Código de Comercio, un Código Penal y un Código de Instrucción Criminal, este último antecedente del derecho procesal moderno. También emprendió una serie de reformas administrativas y tributarias en Francia, que eliminaron muchos privilegios y fueros territoriales a favor de una nación unitaria y centralizada. En su campaña contra los privilegios creó también la Legión de Honor, la más alta distinción del Estado, que reconocía no el privilegio de cuna o la riqueza, sino el mérito personal. De esta manera, el régimen político, jurídico e institucional de Napoleón Bonaparte, inspirado en los ideales revolucionarios de 1789, se transformó en modélico para el mundo.

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, 26 de agosto de 1789. Con una voluntad universalista e ilustrada, supuso una invitación a la extensión de las ideas revolucionarias a las demás naciones.

Ejecución de Luis XVI, 21 de enero de 1793. La ejecución por su pueblo de un rey que según todo el ideario político de su tiempo, tenía poderes absolutos, causó un impacto enorme, ya con todas las monarquías europeas solidarizaron en guerra contra la Revolución.

Napoleón cruzando los Alpes (Jacques-Louis David, 1801). Hijo de la Revolución, de ideario igualitarista (se dice que ponía en la mochila de cada soldado el bastón de mariscal), plasmó los ideales revolucionarios en una nueva institucionalidad política, administrativa y jurídica.

El tres de mayo de 1808 en Madrid, por Goya. La lucha entre las fuerzas napoleónicas y los defensores del Antiguo Régimen obligó a los pueblos europeos a tomar partido no sólo militar, sino también ideológico, e ingresar así a la Edad Contemporánea.

En América, sometida desde el siglo XVI al dominio colonial español, se había formado durante el XVIII una próspera clase mercantil, que veía con malos ojos los intentos de la metrópoli por mantenerlos sometidos a numerosas trabas administrativas, legales, burocráticas o mercantiles, bien sea por mala fe, bien sea por miedo al poder que los burgueses pudieran desarrollar, bien sea por hacer la guerra económica a otras naciones europeas impidiéndoles comerciar con América, o bien sea por simple inepcia. El caso es que numerosos burgueses americanos, los criollos, buscaban no emanciparse, pero sí cambiar las relaciones entre la metrópoli y las colonias; sólo algunos exaltados operando en la sombra, la mayor parte de ellos agrupados en logias masónicas como la Logia Lautarina, buscaban verdaderamente la independencia.

La oportunidad vino con el cautiverio de Fernando VII de España, a manos de la invasión napoleónica. Napoleón Bonaparte envió emisarios a América para exigirles su fidelidad, pero los criollos, quizás espoleados por el fracaso de Napoleón en retener la Luisiana (vendida a Estados Unidos en 1803), se negaron a someterse, y para preservar el poder de Fernando VII, se abocaron al movimiento juntista, preservando su poder en Juntas de Gobierno convocadas en cada capital de gobernación o virreinato, pero a un tiempo aprovechando la ocasión para introducir reformas económicas, incluyendo la libertad de comercio o la libertad de vientres. Todo esto fue mal visto por los elementos más fidelistas, quienes hicieron la guerra a los juntistas, a veces abiertamente y por mano militar. Tampoco le agradó este estado de cosas a Fernando VII, quien salió del cautiverio en 1814 y apoyó una serie de acciones militares para abatir a las colonias, cada vez más emancipadas. Los patriotas, ahora resueltos no a obtener beneficios sino a emanciparse derechamente, formaron sendos ejércitos, y en campañas militares de varios años, consiguieron libertar América: José de San Martín invadió Chile desde Argentina (1817), y luego saltó desde ahí al Perú, con el apoyo del gobierno de Bernardo O'Higgins (1822), mientras que Simón Bolívar emprendió una marcha triunfal por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, hasta que uno de sus lugartenientes, el Mariscal José de Sucre, venciendo en la Batalla de Ayacucho (1824), derrotó al último bastión realista. Paralelamente, en México, hubo un movimiento revolucionario propio, que llevó a la proclamación de la independencia por Agustín de Iturbide, quien casi de inmediato se proclamó Emperador de México.

A pesar de los ideales panamericanos de Simón Bolívar, que aspiraba a reunir a todas las repúblicas, a semejanza de las Trece Colonias, éstas no sólo no se reunieron, sino que siguieron disgregándose. La Gran Colombia duró hasta 1830 y se escindió en Ecuador, Colombia y Venezuela; por su parte Uruguay se independizó de Argentina en 1828; y un intento por crear una Confederación Perú-Boliviana terminó con su derrota militar a manos de las tropas chilenas, en 1839.

El cura Hidalgo, precursor de la independencia de México.

Simón Bolívar, el más decisivo de los libertadores de América.

José de San Martín, desde Argentina ejerció un papel de similar importancia.

Toussaint-Louverture, líder de la revolución haitiana, la única basada en la rebelión de los esclavos negros.

Estos no fueron los únicos movimientos revolucionarios, aunque sí fueron los más importantes. En algunas ciudades autónomas de Europa (Lieja en 1791, por ejemplo) hubo varias insurrecciones que siguieron el modelo revolucionario francés, con mayor o menor éxito. El conato revolucionario europeo que tuvo mayor éxito, fue la sublevación de los griegos, que se emanciparon del Imperio Otomano en 1823. Fuera del mundo occidental, aunque no puede hablarse de movimientos revolucionarios propiamente tales en el sentido que hemos reseñado, sí es claro que los distintos movimientos occidentalizadores (Era Meiji en Japón, abolición del Imperio Manchú en China, etcétera), se inspiraron para crear naciones "modernas" y "occidentales", en los llamados ideales de 1789.

Todos estos movimientos revolucionarios encontraron concreción intelectual en el Romanticismo. Los antecedentes del mismo se encuentran ya en la segunda mitad del siglo XVIII, con obras literarias como Las desventuras del joven Werther de Goethe, o la novela gótica de Horace Walpole y sus epígonos. Sin embargo, en la época predominaba el espíritu del Neoclasicismo. De hecho, aunque suele verse al Romanticismo como una reacción contra el Neoclasicismo, la verdad es que entre uno y otro movimiento se produjo una transición bastante pausada, hasta el punto que hay quien afirma, quizás de manera un tanto extrema, que son dos fases de un mismo movimiento intelectual. Por lo pronto, es sintomático que la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico, movimientos ambos de rebelión contra el Antiguo Régimen, estén asociados artísticamente no con el Romanticismo que por entonces nacía, sino con el Neoclasicismo, y que el gran pintor de escenas revolucionarias sea el neoclásico Jacques-Louis David.

El Romanticismo se caracteriza por conferirle la máxima importancia al sentimiento, incluso la pasión, por sobre el racionalismo. También prestaba suma atención a las peculiaridades y particularidades de cada pueblo o nación, desembocando así en un fuerte nacionalismo. Este énfasis doble confluyó en una sostenida investigación de las raíces de cada pueblo y nación, en la búsqueda de lo que los alemanes llamarían el Volkgeist o "Espíritu del pueblo". En ese sentido, se opone decididamente a la Ilustración, que confería un énfasis supremo a la Razón, y que por lo mismo, aspiraba a un carácter universalista o ecuménico.

El Romanticismo encontró su más fuerte expresión en el arte romántico. La literatura romántica se llenó de tipos literarios atormentados y zaheridos por las pasiones, en lucha constante contra una sociedad que se niega a darle libertad al individuo. En Inglaterra destacan entre otros Lord Byron, Percy Shelley y Mary Shelley, quienes vivieron vidas tempestuosas y murieron jóvenes. En Italia se alza la figura de Alessandro Manzoni. En España, el Romanticismo se plasma en José Zorrilla, quien con su Don Juan Tenorio replantea el mito barroco que plasmara Pedro Calderón de la Barca en El burlador de Sevilla. En Estados Unidos emerge la figura de Edgar Allan Poe. Este Romanticismo literario fue muy combatido inicialmente, en parte por su postura transgresora, y en parte por la actitud desenfadada y anticonvencional de sus representantes, quienes llevaron vidas escandalosas para la época. El enfrentamiento definitivo se produjo en 1830, cuando un joven Víctor Hugo estrenó su obra teatral Hernani, desatando una verdadera batalla campal entre los románticos y los acostumbrados al teatro neoclásico. A partir de este evento, conocido informalmente como la batalla de Hernani, el Romanticismo literario se impuso plenamente en Francia. Una importante veta del Romanticismo fue la exploración de las antiguas tradiciones populares, que llevaron a obras como las recopilaciones de cuentos de los Hermanos Grimm, o a la redacción de una versión definitiva del ciclo mitológico de Finlandia en el moderno Kalevala.

También hubo una importante Pintura romántica, que se abrió paso con enormes contratiempos. En su época, la pintura La balsa de la Medusa (1822), resultó enormemente escandalosa, debido no sólo a su técnica, sino también porque fue interpretada como una metáfora de Francia hundiéndose bajo el gobierno de Carlos X. Quizás la pintura romántica más significativa sea La libertad conduciendo al pueblo, de Eugenio Delacroix. También el Romanticismo alcanzó a la Música, a partir de las últimas obras de Beethoven. Los músicos románticos, como Héctor Berlioz, Giuseppe Verdi, Nicolás Paganini, Fryderyk Chopin o Robert Schumann, quebraron la rígida tradición clásica, dándose mayores libertades compositivas y acentuando los efectos musicales por sobre la forma.

Pero no se agota allí el espíritu romántico. En el Derecho encontró lugar en las tesis de Savigny, cabeza de la Escuela histórica del derecho, quien propugnaba la necesidad de encontrar el verdadero Derecho Alemán, expurgando el a su juicio extranjero e intruso Derecho Romano. Y en Filosofía, con su reacción frente al criticismo racionalista de Inmanuel Kant, el idealismo de Friedrich Hegel es su máxima plasmación.

El Romanticismo terminaría alcanzando su triunfo pleno y aceptación hacia la década de 1840. A partir de entonces iniciaría un largo declive. Quizás el último literato romántico sea Gustavo Adolfo Bécquer, fallecido en 1870. Y el último músico que puede ser considerado como un romántico, Piotr Ilich Tchaikovski, vino a fallecer recién en 1891.

Desde la Paz de Utrecht (1714) en adelante, y con la excepción a medias de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), Europa entró en un período de baja intensidad bélica, en el cual los monarcas prefirieron mantener el status quo, antes que embarcarse en guerras de aniquilación contra el enemigo. Pero con la Revolución Francesa, los monarcas absolutistas europeos tuvieron buenos motivos para temer por sus tronos, y se coaligaron para invadir Francia. Entre 1792 y 1815, siete coaliciones militares se formaron para conquistar Francia y aplastar los ideales de 1789. Inicialmente Francia se limitó a defenderse, pero episodios como la Batalla de Valmy (1792) prendieron en la conciencia europea, no tanto como incidentes bélicos, sino por su valor como reflejo de la confrontación de dos ideologías, la "revolucionaria" y la "reaccionaria".

El surgimiento de Napoleón Bonaparte agudizó aún más las guerras europeas. Napoleón reflotó el viejo proyecto de Luis XIV, de una Francia imponiéndose sobre todas las otras potencias europeas. En una década de guerras, desde la campaña de Italia (1796-1797) hasta la formación de la Confederación del Rhin (1806), conquistó todos los pequeños burgos, señoríos y reinos sobrevivientes en Alemania e Italia, y derrotó decisivamente a Austria y Prusia. En 1807 llegó a un acuerdo con Rusia, repartiéndose Europa en dos esferas de influencia. Napoleón intentó destruir a Inglaterra con el bloqueo continental, impidiendo que ésta comerciara con el continente; seguir esta política a ultranza le significó enredarse en una larga guerra contra Portugal y España por un lado, y con Rusia por el otro. Este sobreesfuerzo llevó al desastre de la campaña contra Rusia de 1812, y desde entonces el poder de Napoleón Bonaparte decayó hasta que fue definitivamente derrotado en la Batalla de Waterloo. Aunque Napoleón había sido derrotado, su actuar militar había trastocado todos los equilibrios de poder en Europa, además de haber paseado por ella los ideales nacionalistas inherentes a la Revolución Francesa, y por tanto, las potencias europeas debieron sentarse en la mesa de negociaciones para reconstruir un nuevo orden internacional europeo, que reemplazara al que había funcionado desde la Paz de Westfalia en adelante (1648). El resultado fue el Congreso de Viena.

En 1815, representantes plenipotenciarios de las grandes naciones europeas se reunieron en la ciudad de Viena para debatir el futuro de Europa. Del llamado Congreso de Viena, celebrado ese mismo 1815, emergió un nuevo orden internacional que, con algunas variaciones significativas en el tiempo, regiría a Europa en principio hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914.

El Congreso de Viena, como reacción ante los ideales de la Ilustración y la Revolución Francesa, pero viéndose imposibilitada de regresar a una concepción política basada en la monarquía de derecho divino, optó por el principio de legitimidad dinástica. Se aseguró así la posición de cada gran monarquía europea (Inglaterra, Francia, España, Austria, Prusia y Rusia), a despecho de las reclamaciones nacionales de las naciones que no habían conseguido reunirse en Estados. Las más significativas de estas reclamaciones desatendidas fueron las de Alemania e Italia, que finalmente afrontarían sus propios procesos de unificación entre 1859 y 1871. De hecho, componente importante de la gran Revolución de 1848 fue, en las naciones sin Estado, el intento por independizarse o unificarse de alguna gran monarquía preexistente que los soyuzgaba de acuerdo al orden internacional anterior a 1789. Por su parte, las monarquías europeas prosiguieron la política de alianzas y contraalianzas propia del siglo XVIII, llevada a su paroxismo por Otto von Bismarck y su compleja red diplomática (Bismarck fue canciller de Alemania entre 1871 y 1890). Para obrar como policía de intervención y salvaguardar el orden de Viena, el Zar Alejandro I de Rusia propuso la creación de la Santa Liga, la cual mantuvo cierta actividad en la década de 1820, reprimiendo alzamientos liberales como la sublevación de Riego en España (1823), pero que después de la Revolución de 1830 dejó de desempeñar un papel de verdadera significación en la política europea.

Siendo Francia la nación europea en donde se había iniciado la tradición republicana moderna, con la Revolución Francesa, es lógico que se pusiera a la cabeza de los movimientos revolucionarios, lo cual dio lugar al aforismo de que "cuando Francia estornuda, todos los demás se resfrían". En Francia se libró lo más crudo de la Revolución de 1830, y la subsiguiente Revolución de 1848 fue aún mucho más dura. Hubo también levantamientos nacionales localizados. En 1867, después de la estruendosa derrota del Imperio Austríaco frente a Prusia, los húngaros se sublevaron contra Austria y la pusieron en situación de tal aprieto, que el Emperador debió acceder a darle estatus especial a sus reclamaciones, conformando así la doble monarquía conocida como Imperio Austrohúngaro. En 1864, Otto von Bismarck inició la serie de guerras que llevarían a la unificación alemana, y que culminarían con su triunfo en la Guerra Franco-Prusiana, y la proclamación del Segundo Reich. Algo antes, en 1859, se había iniciado por iniciativa del Conde de Cavour, la unificación italiana, culminada en 1864. Aun así, Roma, hasta entonces en manos del Papa y sostenida por Napoleón III de Francia (1852-1870), no sería anexada sino hasta la caída de éste, convirtiendo al Papa Pío IX en el "prisionero del Vaticano" y generando una situación incómoda para la Iglesia Católica, que sólo se resolvería con el Tratado de Letrán, en 1929.

Francisco José, heredó el imperio de los Habsburgo en el momento crítico de la revolución de 1848. Su entidad multinacional le hacía el principal obstáculo tanto para la unificación alemana como para la italiana. Logradas ambas, la vocación de la dúplice monarquía (austro-húngara) fue el control de la zona danubiana y los balcanes, frente a la descomposición del Imperio Turco y el expansionismo del ruso.

Giuseppe Garibaldi y los camisas rojas simbolizaron el sentimiento popular que llevó a la unificación italiana, aunque su tendencia política radical fue reconducida en beneficio de la burguesía industrial del norte y la monarquía de los Saboya.

Richard Wagner representa estilísticamente el paso del romanticismo al nacionalismo musical, y un proceso ideológico y vital similar. Su tetralogía de óperas El anillo del nibelungo (1848-1878) recrea la mitología nórdica en beneficio de la construcción de la identidad nacional alemana. El mecenazgo del excéntrico rey Luis II de Baviera construyó para gloria suya el Teatro de la Ópera de Bayreuth. Todas las ciudades importantes del mundo civilizado construyeron edificios más o menos costosos, incluso en sitios tan alejados de Europa como Manaos o Iquitos (durante la fiebre del caucho, como se reflejó en la película Fitzcarraldo).

Giuseppe Verdi cumplió un papel semejante en Italia. Alguna pieza de sus óperas como el Coro de los esclavos (Va, pensiero de Nabucco, 1842) se extendió popularmente como himno revolucionario. De hecho, vitorear su propio nombre (¡Viva V.E.R.D.I.!) se utilizaba clandestinamente como acrónimo de Vittorio Emmanuele Rege di Italia.

La combinación de la Revolución Industrial con los ideales democráticos de la Revolución Francesa produjeron mortíferos efectos sociales. En su campaña por acabar con los privilegios, los revolucionarios promovieron el principio de libertad contractual, y acabaron con los restos de los gremios, organizaciones sociales del trabajo que databan de la Edad Media. La consecuencia es que los trabajadores perdieron poder negociador, al no ser protegidos jurídicamente los contratos de trabajo, y por ende, el trabajo en sí se hizo mucho más precario. Surgió de esta manera el fantasma del pauperismo, la extrema pobreza. Además, la mejora en la explotación agrícola llevó a que muchos campesinos abandonaran el campo y buscara su futuro en la ciudad, enrolándose en las filas de los obreros, agudizando así la crisis entre unos pocos que empezaron a concentrar los medios de producción, y una vasta mayoría que trabajaba jornadas laborales de 14 o 16 horas diarias, sin descanso semanal, por salarios de hambre y miseria. Estas durísimas condiciones laborales fueron retratadas en varias novelas de la época, como por ejemplo Los miserables de Víctor Hugo, o Oliver Twist de Charles Dickens.

Uno de los efectos colaterales de estos cambios sociales, es el incremento de la emigración. Campesinos arruinados y obreros sin nada que perder, decidieron abandonar Europa y tentar suerte en otras naciones. Una de las mayores emigraciones nacionales se produjo después de la gran hambruna en Irlanda de 1847, que llevó a numerosos irlandeses a cruzar el Océano Atlántico e instalarse en los Estados Unidos. Algo después, por mencionar otro ejemplo, el agente chileno Vicente Pérez Rosales reclutó a un buen contingente de alemanes para instalarlos en el sur de Chile, en calidad de colonos.

Pero la mayor parte de los obreros no podía, o simplemente no quería, marcharse a tentar suerte en otro lugar. Las grandes revoluciones (la Revolución de 1830 o la Revolución de 1848) tuvieron un fuerte componente social, en particular en Francia, y los dirigentes defensores de los intereses de los obreros tuvieron destacada participación (si bien, a la larga, la Revolución de 1848 terminó decantándose en el Segundo Imperio de Napoleón III).

A nivel doctrinal, surgieron varias ideologías que tendían a responder al liberalismo, a cuya exagerada aplicación hacían responsable de la grave crisis social.

Una de estas respuestas fue el anarquismo (del griego, "sin jefes"). Los anarquistas predicaron que las reglas coactivas en sí eran nefastas, y que debían ser abolidas por completo, en particular el Estado, que se sostendría por la coacción y así logra imponer una economía monopólica burguesa, para derivar a una sociedad en donde los seres humanos se regularan a sí mismos por la vía de contratos enteramente privados. Se dividió en varias vertiendes, básicamente las "evolucionarias" y las "revolucionarias". Una de ellas, de índole pacifista, encarnada entre otros por León Tolstoi, sostenía que debía llegarse a esa sociedad anarquista por medios no violentos, e intentaron crear comunidades que fueran ejemplares de este modelo de sociedad. Otra vertiente, violenta, preconizada por Mikhail Bakunin, sostuvo que los gobiernos debían ser derribados por la fuerza, haciendo de los métodos insurreccionales un método de lucha contra la opresión de los gobiernos, teniendo destacada participación en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX.

Otra vertiente de pensamiento, algo más elaborada, fue el grueso tronco de los socialismos. A comienzos del siglo XIX, una serie de pensadores planificaron utopías sociales en las cuales se redistribuían los bienes para evitar la crisis social. Algo después llegó Karl Marx, quien los calificó despectivamente de socialistas utópicos, por sostener que sus modelos no eran sostenibles en la realidad, en contraposición a sus propias ideas, a las que calificó de socialismo científico. El marxismo, muy inspirado en el pensamiento de Friedrich Hegel, preconizaba la lucha entre los dueños del capital (la burguesía) y los trabajadores, debiendo imponer los segundos una dictadura del proletariado, como fase previa a la abolición completa del Estado, expresando estas ideas en su obra clave, El capital.

Marx no se conformó con ser un simple pensador, sino que pasó a la acción. Durante la Revolución de 1848 lanzó su Manifiesto comunista, con la célebre frase "¡Trabajadores del mundo, uníos!". Luego del fracaso de 1848, participó en las actividades de formación de la Primera Internacional, en colaboración con el ya mencionado Bakunin, del cual finalmente terminaría por separarse, debido a sus discrepancias ideológicas y políticas.

Aunque repudiadas en su forma pura, las ideas socialistas fueron adaptadas con posterioridad por numerosos actores políticos. En Alemania, como respuesta al régimen de Otto von Bismarck, surgió un Socialismo alemán que se encauzó dentro de las vías partidistas. En Inglaterra, los simpatizantes del socialismo decidieron proceder con moderación, y arribaron así al Socialismo fabiano; la Sociedad Fabiana terminaría transformándose, con el tiempo, en la semilla del futuro Partido Laborista de Inglaterra.

Proudhon y sus hijos, por Courbet (1865). Era de los considerados socialistas utópicos por los posteriores, autodenominados científicos. Sin embargo la observación científica frente a las ensoñaciones románticas fue uno de los postulados de Proudhon.

William Morris, artista e intelectual, sin vincularse ideológica ni orgánicamente a marxismo ni anarquismo, se aproxima al movimiento obrero como muchos otros reformistas sociales.

La enorme presión social acumulada llevó a los políticos más perspicaces a la dictación de leyes que protegieran a los trabajadores. Se prohibió, o al menos se limitó, el trabajo infantil, mientras que se tomaron resguardos para el trabajo de las mujeres. Estas leyes pueden ser rastreadas en fecha tan temprana como 1830, aunque fueron esfuerzos esporádicos e inorgánicos. También se fue permitiendo poco a poco la actividad sindical, aunque en muchos países la conformación de un sindicato siguió siendo un acto ilegal. El primer cuerpo de leyes más o menos orgánico que protegía a los trabajadores, fue dictado por iniciativa de Otto von Bismarck, quien a pesar de ser de derecha, y por tanto vinculado a los intereses políticos e industriales de la aristocracia prusiana, estaba interesado en arrebatarle banderas de lucha a los socialistas.

Mientras tanto, Estados Unidos seguía su propia carrera. En 1803 adquirió la Luisiana y en 1819 la Florida, ampliando así sus fronteras hasta territorios que no estaban bajo dominio de ninguna potencia occidental. Estos nuevos territorios fueron constituidos como estados que ingresaron a la Unión. Se abrió el camino hacia el oeste, y se inició así la épica legendaria del Far West. Todos los que carecían de oportunidades en el territorio mismo de Estados Unidos, tenían la posibilidad de probar fortuna en ese "salvaje Oeste", ayudando así a expandir los bordes territoriales de Estados Unidos hasta que a comienzos del siglo XX alcanzó sus fronteras definitivas.

Estados Unidos sufrió aún otro intento de invasión por parte de Europa, cuando los británicos invadieron América e incluso llegaron a quemar Washington en 1815. Pero después no hubo potencia europea capaz de incorporar a Estados Unidos como colonia. De este modo, el Presidente James Monroe pudo después promulgar su famosa Doctrina Monroe, sintetizada en la frase "América para los americanos", y que promovía el aislamiento continental: ni Estados Unidos intervendría en los asuntos políticos de Europa, ni dejaría que Europa hiciera lo propio en Estados Unidos. Esta doctrina, inicialmente defensiva, devino con el tiempo, por la aparición de la doctrina complementaria del Destino Manifiesto (es el "destino manifiesto" de Estados Unidos llevar la libertad y la democracia al resto de las naciones del globo), en un verdadero "derecho de intervención" sobre América; a esto se lo conoció como el Big Stick o "Doctrina del Gran Garrote", y fue aplicado masivamente por Theodore Roosevelt (Presidente entre 1901 y 1908), especialmente en Panamá (véase Independencia de Panamá y Canal de Panamá).

Al mismo tiempo, Estados Unidos vivió un fuerte proceso de industrialización. Esto llevó a una fuerte dicotomía entre el Norte, mayormente industrial y expansionista, y el Sur, fuertemente agrario y conservador. Estas tensiones llegaron a su punto álgido por el problema de la esclavitud. En 1861 estalló la Guerra de Secesión, y después de cuatro años de luchas, el Sur fue definitivamente aplastado por el Norte.

También Estados Unidos inició su propio desarrollo cultural, el cual osciló entre la construcción de una épica e identidad nacional (por ejemplo, los escritores James Fenimore Cooper y El último mohicano o Walt Whitman y Hojas de hierba), y la influencia europea y particularmente anglosajona (por ejemplo, Edgar Allan Poe o Nathaniel Hawthorne). El resultado es una cultura única y peculiar en muchos aspectos, que conjuga la vieja tradición occidental con algunos nuevos valores, procedentes de su condición de "país de frontera".

Después de su proceso de emancipación (1809-1824), las jóvenes repúblicas de Latinoamérica debieron afrontar la tarea de darse a sí mismas una organización propia, en particular desde el fracaso de los grandes proyectos panamericanos (la Gran Colombia, la Confederación Perú-Boliviana). En lo político, el sello común a éstas dentro de la variedad de desarrollos que asumieron, fue la oscilación entre la inestabilidad política y el autoritarismo. En algunos casos, un poco a imitación del Imperio Napoleónico, se dieron una forma política imperial, como es el caso de Brasil (1822-1888) o de México (1821-1823). En otros, surgieron dictadores que a veces duraron décadas en su cometido, como por ejemplo Juan Martínez de Rozas en Argentina o el Mariscal de Santa Anna en México. Hubo naciones que se enfrascaron en densas guerras civiles que responden a los distintos intereses políticos imperantes, como por ejemplo la guerra entre las provincias y la metropolitana Buenos Aires (federalismo contra centralismo en Argentina), y en menor medida las continuas rebeliones de Concepción contra Santiago de Chile. La mencionada República de Chile se consolidó tempranamente como una república políticamente estable, pero al precio de consolidar bajo Diego Portales un régimen político (la Constitución de 1833) de carácter fuertemente autoritario, calificado de tarde en tarde incluso de monárquico disfrazado. El fermento autoritario llevó también a numerosas guerras de carácter territorial, siendo probablemente las más destacadas, la Guerra del Pacífico (Perú y Bolivia contra Chile) y la Guerra de la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay).

En Europa, por su parte, persistía un cierto sentimiento de nostalgia por el pasado colonial de Latinoamérica, y aún hubo algún conato de construir imperios europeos en la región. Así, en 1865, España tentó una invasión contra Chile y Perú, mientras que en la misma década, en 1864, y a pretexto de pagarse la deuda externa de México, dicha nación fue invadida por Francia, nación que intentó incluso crearse un Emperador títere en la figura de Maximiliano de Austria (1864-1867). Estados Unidos se opuso firmemente a estas intervenciones europeas en América, adoptando como principio el aislamiento continental implícito en la Doctrina Monroe, pero éste derivó pronto en el autoarrogado derecho de intervención, bien visible en el apoyo que Theodore Roosevelt otorgó a Panamá para su independencia de Colombia.

En lo social, Latinoamérica intentó ponerse tan rápido como pudo a la par de las sociedades europeas. Así, la poderosa oligarquía mercantil intentó llevar a cabo una profunda industrialización de la sociedad. En esta labor intervinieron profundamente los capitales procedentes de Europa. El resultado fue, por una parte, el progreso de las repúblicas, pero por la otra, la importación de los problemas sociales que el industrialismo había ocasionado en Europa, creando también en Latinoamérica una cuestión social, agudizada por los problemas derivados de la multietnicidad latinoamericana, con sus elementos poblacionales de raigambre europea, indígena y africana.

En México, las fuertes tensiones entre una oligarquía positivista (bajo Porfirio Díaz) y una amplia base campesina desprotegida llevaron finalmente a la Revolución Mexicana (1910 - 1920), en la que líderes campesinos como Emiliano Zapata y Pancho Villa se rebelaron y pusieron en jaque al viejo orden. En medio de este proceso se promulgó la Constitución de 1917, que fue pionera entre los documentos de su tipo en el mundo, por incorporar en su articulado diversas garantías sociales para la población. De todos modos, el reestablecimiento de la paz social fue dificultoso, y la nueva institucionalidad sólo puede considerarse establecida y consolidada bajo la Presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940).

Juan Manuel de Rosas, principal dirigente de la Confederación Argentina(1835-1852).

Diego Portales, ministro de José Joaquín Prieto (presidente de Chile, 1831-1841).

En lo cultural, Latinoamérica se transformó, en cierta medida, en el patio trasero de Europa. En la segunda mitad del siglo XIX, la literatura latinoamericana se ciñó a los experimentos derivados del Realismo en Europa, y a inicios del XX, a la experimentación de las vanguardias. La reivindicación plena del elemento indígena y nacional en la literatura latinoamericana, vendría ya bien iniciado el siglo XX, asociándose con una postura política cercana a la izquierda, puesto que la intelectualidad de la derecha se adscribió más bien a los ideales del positivismo (por ejemplo, Porfirio Díaz en México).

Lenin definió al imperialismo como fase superior de desarrollo del capitalismo (1905); y John A. Hobson (1902) estudió su relación con el crecimiento demográfico y el descenso de la tasa de beneficio en los países europeos, fenómeno para el que la emigración y los imperios coloniales servía como válvula de escape para reducir tensiones sociales, cuyo estallido de otro modo hubiera sido difícilmente evitable. La segunda mitad del siglo XIX fue sin duda la Era del Capital, no sólo por eso, sino por la aparición de El Capital de Carlos Marx (1867, completado póstumamente en 1885 y 1894). Las tensiones, no obstante, no dejaron de acumularse por más que las opiniones públicas de finales del siglo XIX, optimistas y despreocupadas, confiaran en el progreso indefinido (al tiempo que mostraban la proclividad de la naciente sociedad de masas a la manipulación de sus más bajas pasiones y su violencia latente -resentimiento social, lucha de clases, ultranacionalismo, antisemitismo, revanchismo, chauvinismo, jingoísmo-). La inviabilidad de la continuidad de las estructuras quedó violentamente puesta de manifiesto por el estallido de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias.

A consecuencias de la Revolución Industrial, las naciones europeas dieron un salto de gigante en el arte de la guerra. El antiguo barco a vela fue dejado atrás en beneficio a las naves impulsadas por carbón primero, y por petróleo después. En tiempos de Napoleón Bonaparte aún los barcos a vapor eran una curiosidad; apenas medio siglo después, en 1856, se botaba al mar el primer acorazado. El barco de hierro e impulsado por carbón se transformó en símbolo del nuevo imperialismo, hasta el punto que la política europea de imponerse por la vía directa del ultimátum militar pasó a ser motejada, no sin una miga de ironía, como la "diplomacia de las cañoneras". Los progresos de la guerra en tierra no fueron menores. El siglo XIX vio el surgimiento de las primeras ametralladoras, de una nueva composición para la pólvora que no echaba humo, del fusil de retrocarga... Además, el antiguo sistema de reclutamiento del siglo XVIII fue sustituido por el servicio militar obligatorio, inspirado por el más puro sentido democrático de que todos los habitantes de la República deben contribuir a su defensa, lo que permitió a las naciones europeas poner en pie de guerra a ejércitos de literalmente millones de hombres, por primera vez.

También la política mundial impulsaba a la creación de estos imperios. En los siglos XVI y XVII, cuando los europeos habían llegado a otras tierras, se habían encontrado con grandes potencias que les impedían el paso (el Imperio Otomano en el Medio Oriente, el Gran Mogol de la India en el subcontinente indostánico, el Imperio Manchú en China, el Shogunato Tokugawa en Japón), y para las cuales no fue en nada dificultoso el expulsar o mantener a raya a los intrusos; el caso extremo fue el ritual de humillación ante el Emperador, que los japoneses obligaron a los holandeses de la colonia de Deshima, a cambio de permitirles mantenerse allí y profitar del comercio con el archipiélago. Pero en el siglo XVIII, varias de estas potencias iban en franca declinación, y los europeos más audaces se aprovecharon para colarse entre los insterticios. El caso más flagrante fue la India, en donde los europeos se instalaron poco a poco, sustituyendo a todos los poderes locales hasta convertirse en gobernantes de facto de todo el subcontinente, manteniendo el Raj Mogol una autoridad puramente nominal, hasta su derrocamiento definitivo en 1857.

A este vacío de poder fuera de Europa, la propia Europa acompañaba la creación de un delicado equilibrio de poderes, después del Congreso de Viena, que parecía cerrar para siempre la posibilidad de conseguir la hegemonía por el método de abatir a todos los rivales; empresa que había tentado Napoleón Bonaparte, obteniendo un fracaso estrepitoso en el proceso. Además, nuevos territorios significaban el acceso a nuevas fuentes de materias primas con las cuales fomentar el proceso industrial que Europa estaba viviendo por aquellos años.

Beneficiados por los resultados de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), con la cual expulsaron a los franceses de la India y Canadá, los británicos pudieron reponerse de la pérdida de los Estados Unidos y mantener la delantera en labrarse un imperio mundial. A finales del siglo XIX, el Imperio Británico se extendía por aproximadamente una cuarta parte de todas las tierras emergidas, incluyendo una gran cantidad de tierras en África, la casi totalidad de la India, Australia, y una fuerte influencia en China y el Lejano Oriente en general. Francia le había seguido de cerca; en 1830 había iniciado una nueva aventura imperialista lanzándose contra Argelia, y después había enviado sus embarcaciones y sus tropas hacia el Lejano Oriente, fundando varios protectorados, forma jurídica que apenas encubría lo que era una explotación colonial en toda regla. Holanda, otrora muy poderosa, seguía conservando su dominio sobre Indonesia. Traumatizada con la pérdida de su imperio colonial, España no consiguió rehacerlo, conservando a duras penas Cuba y otras posesiones de las Antillas, y también algunos enclaves en el norte de Africa. Italia y Alemania, unificadas tardíamente, no alcanzaron a generar grandes imperios coloniales, debiendo conformarse con el dominio de algunas islas en la Polinesia y algunos territorios menores. Estados Unidos y Rusia, por su parte, prefirieron lanzarse a la colonización por tierra firme: el primero colonizó todo el continente americano desde su antigua base en las Trece Colonias hasta California mientras que los rusos sometieron a los últimos janatos mongoles en la estepa centroasiática y se abrieron paso hasta el Océano Pacífico a través de todo el ancho de Eurasia, fundando a orillas de éste el puerto de Vladivostok.

Los europeos obtuvieron distintos resultados en sus empresas colonizadoras. Hubo empresas lanzadas contra las repúblicas latinoamericanas, pero ellas fueron coronadas con rotundos fracasos, obteniendo el peor de ellos Napoleón III al intentar convertir a México en un imperio títere del suyo propio. África, por su parte, era un continente a la fecha casi inexplorado, y la labor de colonización fue precedida por acuciosas empresas de exploración; a finales del siglo XIX sólo subsistían Liberia, Orange, Transvaal y Abisinia como naciones independientes, cada una por razones diversas. La India, por su parte, se dejó someter más o menos mansamente a los británicos, pero en 1857 hubo un masivo levantamiento popular en su contra, que llevó a la disolución de la Compañía de las Indias Orientales y a su anexión directa a la Corona de Inglaterra; además, sus intentos por atacar y anexarse Afganistán fueron sendos fracasos. En China, los británicos recurrieron a la táctica de debilitar su economía infiltrando opio en su sociedad, y cuando los chinos se negaron a seguir adelante, los británicos invadieron China y la obligaron manu militari a abrirse al comercio (véase Guerra del Opio). En Japón, una escuadra comandada por el comodoro Matthew Perry llegó hasta la bahía de Yedo en 1853 y arrancó al Shogunato Tokugawa un tratado por el cual los japoneses debieron abrirse por fuerza al comercio.

De esta manera, hacia finales del siglo XIX, el mundo entero era regido desde Europa, con la visible excepción de aquellos territorios que estaban bajo la esfera de influencia de Estados Unidos. En 1885, por el Tratado de Berlín, las potencias europeas se repartieron tranquilamente el mundo en un acuerdo que no contemplaba para nada las aspiraciones de las naciones no europeas.

Todo esto generó y fomentó un fuerte racismo entre los europeos. Se llegó a afirmar que la conquista del mundo habitado era la "sagrada misión del hombre blanco", de llevar la civilización a los salvajes de la Tierra. Para el europeo del siglo XIX era natural pensar que los asiáticos, indígenas, negros o cualquier individuo no caucásico, era por naturaleza inferior. Irónicamente, el Darwinismo vino a proporcionar nuevos argumentos para esta postura, ya que algunos consideraron muy seriamente que el hombre blanco era la cumbre de la evolución humana. El epítome de esta ideología fue la creencia en la superioridad intrínseca de la "raza nórdica", que terminará teniendo crudas consecuencias al ser adoptada como credo político por los caudillos del Tercer Reich.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la vida intelectual basculó nuevamente desde la postura idealista propia del romanticismo, a una objetivista y vinculada al desarrollo científico. Hay dos buenas razones para esto. En primer lugar (sin seguir un orden particular), el éxito soberano de las potencias imperialistas europeas al extenderse sobre el planeta llevó a la convicción de que la cultura europea era el epítome de la civilización. En segundo lugar, la ciencia del segundo tercio del siglo XIX hizo importantes progresos técnicos. Así, la astronomía hizo importantes progresos: es la época en que se descubre el planeta Neptuno y se desarrolla la astrofísica, descubriéndose la técnica de la espectrometría, entre otras cosas. La química, por su parte, se revolucionó con el desarrollo de la tabla periódica de los elementos. La geología, por su parte, reconoció la existencia de la Edad de Hielo y de la vida fósil, incluyendo descubrimientos como el Hombre de Neanderthal (1856). En el ámbito de la técnica hubo numerosos nuevos inventos, desde el convertidor Bessemer para procesar el acero, hasta la fotografía.

Sin embargo, las novedades científicas más impactantes emergieron en el campo de la biología. La apertura del campo de la microbiología, por obra de Louis Pasteur, y que llevó a concebir por primera vez a las enfermedades infecciosas como ocasionadas por agentes patógenos microscópicos, lo que a su vez llevó al desarrollo de la técnica de la vacunación. Por su parte, en 1859, y después de más de dos décadas de investigaciones, Charles Darwin publicó su libro El origen de las especies, en el cual no "inventó" la teoría de la evolución, que ya había sido propuesta previamente por Jean-Baptiste Lamarck, síno que la explicó por primera vez por mecanismos naturales convincentes (concretamente, la selección natural), ocasionando de paso un terremoto conceptual al derribar por primera vez con argumentos sólidos el relato de la creación según el Génesis. De esta manera, la intelectualidad europea depositó toda su fe en el progreso de la ciencia. Se pensaba que el progreso de la humanidad era imparable, y que dentro de no demasiado tiempo, la ciencia resolvería todos los problemas económicos y sociales. A este dogma filosófico se le llamó Positivismo. Este se vinculó, a su vez, con el Liberalismo para producir una nueva doctrina social, el llamado Darwinismo social, que buscaba aplicar los descubrimientos científicos de Darwin a las teorías sociales. Su máximo exponente fue el filósofo británico Herbert Spencer.

Este ambiente de optimismo es bien visible en particular en las primeras novelas de Julio Verne, que utilizando el trasfondo del relato de aventuras, son una glorificación de la ciencia y la técnica (Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, De la Tierra a la Luna); aunque por otra parte, el Verne más tardío escribió relatos mucho más sombríos, poniendo ahora énfasis en los peligros de la ciencia desatada (Los quinientos millones de la Begún, La misión Barsac), al tiempo que su contemporáneo Herbert George Wells hacía algo similar en obras como La guerra de los mundos, El hombre invisible, La isla del Doctor Moureau o La máquina del tiempo.

En el reverso de esta visión optimista, destaca el realismo literario, género que reaccionó contra los excesos sentimentales del romanticismo tardío, y que devino en naturalismo; irónicamente, el principio básico del naturalismo era construir una literatura lo más científica y objetiva posible, para el estudio de los problemas sociales de la época. En esta senda, escritores como Émile Zola denunciaron implacablemente las injusticias sociales producidas por la industrialización indiscriminada, en novelas como Naná.

El siglo XIX, como producto de la industrialización, vio el surgimiento de la moderna sociedad de masas, como oposición a la vieja división entre una reducida élite aristocrática y la gran masa del bajo pueblo. Esto ocurrió porque los costos de producción de las mercancías bajaron, quedando la producción a disposición de nuevos actores sociales, la clase media, con nuevos medios económicos provenientes de las profesiones liberales, y que por ende pudieron ascender socialmente. Nuevos inventos, como el envasado de comida en latas (desarrollado inicialmente para el ejército napoleónico), permitieron que las nuevas clases sociales accedieran a nuevas fuentes de alimentación.

A esto contribuyó la implantación, a lo largo del siglo XIX, del sistema de educación primaria obligatoria, que tendió a reducir drásticamente las tasas de analfabetismo en Europa (si bien no a erradicarlo). La mayor cantidad de público lector incentivó el desarrollo de la prensa escrita, incluyendo fenómenos tales como la prensa amarilla. Los modernos métodos de impresión, por su parte, permitieron aumentar la producción de libros. A inicios del siglo XIX, el libro de poemas El corsario de Lord Byron se transformó en el primer libro en la historia con un tiraje inicial superior a los 10.000 ejemplares. También se desarrolló una nueva forma de literatura popular, el folletín, híbrido entre la prensa escrita y la antigua novela, que se publicaba por entregas en los diarios. A través del folletín fueron dadas a conocer obras como Los misterios de París de Eugene Sue, Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, Los miserables de Víctor Hugo o David Copperfield y Oliver Twist de Charles Dickens. A finales del siglo, por iniciativa del mencionado Víctor Hugo, surgieron los primeros convenios internacionales sobre derecho de autor.

Todos estos nuevos sucesos, por supuesto, abarcaban tan solo a la sociedad europea, y en medida más reducida a la de América. En el resto del mundo, sometido al dominio colonial europeo, las nuevas condiciones de vida alcanzaban tan solo a la clase social europea, mientras que los nativos proseguían viviendo el magro estilo de vida que habían heredado desde antaño.

Quizás la característica más notoria de la época sea una exacerbación de las ideas morales. El símbolo máximo de la moral puritana del siglo XIX es la Reina Victoria, a pesar de que, en estricto rigor, y de creer a su biógrafo Lytton Strachey, Victoria giró hacia el puritanismo tan sólo después del fallecimiento de su esposo, el príncipe de Sajonia-Coburgo, en 1861. Esta moral se caracterizaba en lo principal por una exacerbación de los principios morales, y en la represión sistemática de las pasiones, en particular aquellas de orden sexual. El comportamiento liberal se calificaba como libertinaje, como bien lo supo Oscar Wilde, escritor que pagó el haberse atrevido a desafiar las convenciones sociales de su tiempo con una condena a presidio. Se construyó alrededor de la gente de la época una cierta aura de pureza moral, la cual en muchos casos resultó ser pura hipocresía, como a inicios del siglo XX denunció el citado Strachey con sus crónicas biográficas contenidas en Victorianos eminentes.

La moral victoriana encontró violentos críticos a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Al ya mencionado Oscar Wilde podemos añadir al austríaco Sigmund Freud, que describió las enfermedades mentales y neurosis derivadas de la represión sexual.

Una de las novelas más emblemáticas en torno a la moral victoriana, es el Drácula de Bram Stoker. Al margen de la simbología religiosa y el tema de la lucha del bien contra el mal, Stoker marca un nítido contraste entre sus héroes, provenientes todos del mundo victoriano, y su villano, un vampiro que, entre otras cosas, encarna las más salvajes pulsiones sexuales.

A inicios del siglo XIX, podía considerarse a la esclavitud como una institución cada vez más deslavada en el mundo occidental, pero sin embargo no había desaparecido por completo de éste. Muchas naciones de la Tierra emprendieron una campaña para abolir la esclavitud, bien sea de manera directa, o bien sea mediante el paso intermedio de la libertad de vientre, según la cual, aunque el esclavo seguía siendo esclavo, sus hijos nacerían ya libres, y no podrían ser esclavizados jamás. La abolición de la esclavitud era un corolario lógico del principio de la Ilustración, que propugnaba la igualdad ante la ley de todos los seres humanos sin excepción. La resistencia más pertinaz contra el movimiento abolicionista, se produjo en los Estados Unidos, cuyos estados sureños, sustentados en el comercio del algodón, dependían por completo de los esclavos. Aunque puede discutirse si el abolicionismo fue la causa fundamental de la guerra o un mero pretexto, lo cierto es que la bandera abolicionista fue enarbolada por el Norte durante la Guerra Civil de los Estados Unidos (1861-1865), y rechazada por los estados del Sur. Después de esta guerra, la esclavitud fue abolida en Estados Unidos, aunque la discriminación racial persistió en dicha nación, con políticas tales como "separados pero iguales", y puede decirse que dicha segregación ha subsistido en buena medida hasta el día de hoy. En Rusia, donde no había esclavos, existía la institución de la servidumbre, que fue abolida por la Reforma Emancipadora de 1861 (zar Alejandro II), no sin problemas y resistencias.

Durante el siglo XIX, la mujer siguió ocupando un rol social de segunda fila, y persistió su papel como moneda de cambio, por vía de matrimonio, entre diversos patrimonios familiares vinculados a los grandes capitales. Ya a finales del siglo XVIII hubo mujeres que propugnaban la emancipación femenina, como por ejemplo la inglesa Mary Wollstonecraft, o la revolucionaria francesa Olimpia de Gougues, que propugnó una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana como complemento a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Pero fueron casos aislados, y en todo caso intensamente combatidos; la hija de la mencionada Mary Wollstonecraft, Mary Shelley (autora de Frankenstein, por ejemplo, tuvo que escapar de Inglaterra para poder vivir su romance con Percy Shelley. Incluso ya entrando el siglo XX, defensores de los derechos de la mujer como Bertrand Russell fueron ácidamente criticados por sus posturas.

A finales del siglo XIX, surgió un intenso movimiento social a favor de las mujeres, que encontró su bandera en la conquista del derecho a voto. Este movimiento fue el de las sufragistas, y empezaron a conquistar varios éxitos a partir de 1902, fecha en la que se admitió el derecho a voto femenino en Nueva Zelanda, y luego en otras naciones de la Tierra. Sin embargo, habría que esperar hasta la Primera Guerra Mundial para que el movimiento de emancipación femenina cobrara verdadera fuerza.

En la Europa del siglo XIX, la religión institucionalizada sufrió fuertes embates. En el siglo XVIII, la Iglesia Católica había perseguido fuertemente a la Ilustración, buscando censurar (incluso con éxito) a la Enciclopedia, y condenando varias obras ilustradas (entre ellas la totalidad de la obra de Voltaire) a caer dentro del Index Librorum Prohibitorum (índice de libros prohibidos). En el siglo XIX, potenció aún más su alianza con los sectores ultraconservadores, condenando el liberalismo, el racionalismo y otras doctrinas y usos del mundo contemporáneo, del que se quería distanciar y aparecer como una alternativa tradicionalista. Se definieron como dogma de fe las doctrinas de la infalibilidad del Papa (Concilio Vaticano I, 1869) y la Inmaculada Concepción (1854). La opción por la fe y los milagros quedó manifiesta con el apoyo vaticano a las apariciones de la Virgen de Lourdes (1858, aprobadas en 1862).

Los nuevos descubrimientos científicos que parecían contradecir a las Sagradas Escrituras, como la teoría darwinista presentada en 1859 en El origen de las especies (teoría evolucionista que aplicaba el principio de selección natural por supervivencia del más apto), seguido por El origen del hombre (The descent of man, 1871, también de Charles Darwin), en donde se explicitaba que el hombre y el mono compartían ancestros comunes. Ambos textos tuvieron gran repercusión y fueron mucho más combatidos en el ámbito religioso anglicano y protestante que en el católico; donde no hubo pronunciamiento oficial alguno, e incluso en algunos casos permitió explorar las perspectivas que abrían, no sin problemas (caso del jesuita Teilhard de Chardin). Otro caso de ambigua relación entre ciencia y fe fue la polémica sobre la generación espontánea, paradigma biológico de lo que científicos católicos como Pasteur consideraban como ciencia orientada a la justificación del agnosticismo y cuestionaron con éxito.

En lo político, el movimiento nacionalista italiano anheló, y finalmente consiguió, que los Estados Pontificios pasaran a formar parte de una Italia unificada, lo que significó su destrucción en 1870, algo más de once siglos de haber sido creados por la donación de Pipino el Breve. Aún después, el Papa lideró una dura contienda contra Otto von Bismarck, quien trató de eliminar el catolicismo de Alemania en la Kulturkampf (operación política que terminó fracasando).

Aunque el siglo XIX marcó uno de los momentos más débiles del Papado, sin embargo, eso no quiere decir que la causa de la religión hubiera sido derrotada. Más allá de una minoría intelectual de entre los profesionales liberales o de los obreros con conciencia de clase, la gran mayoría de la sociedad, desde las clases dirigentes hasta las clases bajas, pasando por las clases medias, estaban muy lejos de considerarse ateas. Un ingrediente clave de la moral victoriana fue su sustrato religioso, imprescindible para la cohesión social, extremo del que era consciente el propio Carlos Marx, autor de la expresión opio del pueblo con la que motejaba a la religión. Por otro lado, la religión como fuerza conservadora cumplía un papel que para algunos autores fue vital en la resistencia a la gran transformación que supuso la embestida del mercado contra las instituciones tradicionales. No sólo las tradicionales instituciones de caridad, sino la organización del sindicalismo católico y la doctrina social de la Iglesia (Rerum novarum, 1891) se presentaron como una alternativa tanto al capitalismo liberal como al movimiento obrero revolucionario.

No parece muy exagerada tal denominación, debida al historiador Arno Mayer, para tres décadas que incluyen las dos guerras mundiales y el convulso período de entreguerras, con la descomposición de los Imperios Austrohúngaro, Turco y Ruso; la agudización de las tensiones sociales que llevaron a revoluciones como la Mexicana, la Rusa y la llamada Revolución Española simultánea a la Guerra Civil; la crisis del sistema capitalista manifiesta desde el Jueves Negro de 1929; y el surgimiento de los fascismos y sistemas políticos autoritarios; al tiempo que se desarrollan los primeros Estados Sociales de Derecho, como la República de Weimar, prácticas de pacto social como los Acuerdos Matignon y se aplican las teorías económicas de John Maynard Keynes (divergentes del liberalismo clásico) en los programas intervencionistas del New Deal de Franklin Delano Roosevelt.

El fin de la Guerra Franco-Prusiana, en 1871, inició una realineación de las fuerzas políticas en Europa. Inglaterra y Francia, enemigos decididos desde la época napoleónica, habían unido fuerzas, en particular desde el final de la Guerra de Crimea en 1856, para sostener al Imperio Otomano e impedir la salida de Rusia al Mar Mediterráneo. Para contrarrestar esto y evitar un revanchismo francés, Otto von Bismarck, el Canciller de Alemania, tendió lazos con el Imperio Austrohúngaro, al que había derrotado en 1866. Cuando Italia ingresó a la alianza en 1881, nació la llamada Triple Alianza. Bismarck intentó romper la alianza de Inglaterra y Francia, pero esto sólo consiguió un rechazo por parte de Inglaterra, y el acercamiento de Francia a su antiguo enemigo, Rusia, conformándose así la Triple Entente o Entente Cordiale. Así, en 1893 se habían configurado los bandos que después tomarían parte en la Primera Guerra Mundial.

A su vez, los imperios coloniales habían alcanzado su máxima expansión, y ya no habían nuevas tierras por conquistar o anexarse. Por lo que cualquier intento por imponerse a los rivales europeos, pasaba por aplastarlos en una guerra total. Entre 1871 y 1914, con la excepción de los Balcanes, Europa vivió en paz, pero que era conocida, y no por nada, como la paz armada. Se inició también una veloz carrera armamentista, en la cual crecieron los ejércitos, se desarrollaron nuevos inventos (la ametralladora, el alambre de púa o los gases tóxicos), que harían una guerra futura bien diferente, y mucho más demoledora, que las Guerras Napoleónicas a las que los generales europeos estaban acostumbrados a jugar en sus cuartos de estrategia. El resultado sería la gran guerra general de 1914 a 1918, que haría saltar para siempre al viejo orden del Congreso de Viena.

En 1914 un incidente internacional menor, el llamado atentado de Sarajevo, le dio pretexto a Austria para presionar a Serbia, una de las jóvenes repúblicas nacidas sobre las cenizas del cada vez más decrépito Imperio Otomano. El ultimátum de Austria a Serbia puso en marcha la red de alianzas y pactos defensivos, y en pocos días, Europa se vio sumergida en una violenta guerra general. Alemania se jugó la baza del Plan Schlieffen, que implicaba una maniobra de tenazas que acorralara a los franceses como en Sedán, en 1870, después de lo cual podrían volverse para repeler a los rusos. Pero la operación salió mal, se llevaron a cabo maniobras envolventes que resultaron inútiles, y pronto el frente de batalla quedó estacionario en la desgastante guerra de trincheras. En el frente ruso, por su parte, debido a la inepcia de los altos mandos del Zar, los alemanes no tuvieron mayores problemas en controlar el frente, e incluso llegaron a liquidarlo en 1918. Pero era demasiado tarde para ellos, porque a consecuencias de la guerra submarina, Estados Unidos había entrado al conflicto, y con su apoyo, Inglaterra y Francia pudieron quebrar el frente y derrotar a Alemania.

Sobrevino entonces un nuevo orden internacional, nacido del llamado Tratado de Versalles y otros anexos, firmados en 1919, y que condenaron a la disolución a los imperios centrales (Alemania, Austria, el Imperio Otomano), y que se basó en el principio de soberanía nacional. Se impuso también una durísima indemnización a Alemania, que arrojó a la recientemente creada República de Weimar al caos económico y político. Para garantizar el nuevo orden internacional se creó por primera vez un organismo supranacional, que pretendía limitar la soberanía absoluta de los Estados; era la Sociedad de Naciones, en cuyo seno deberían resolverse los conflictos del futuro sin recurrir a la vía armada. Sin embargo, la exclusión de Alemania y la Unión Soviética, más el rechazo del Congreso de los Estados Unidos a la admisión estadounidense en la Sociedad, la condenó a ser una suerte de "club de amigos" de Inglaterra y Francia, mostrando con el paso del tiempo una dramática inoperancia frente a los sucesos que desembocarían en la Segunda Guerra Mundial.

Por su parte, descontento el pueblo ruso contra sus dirigentes, se alzaron en armas y derrocaron al Zar Nicolás II, reemplazándolo por una república de corte liberal. Sin embargo, el gobierno cayó pronto en el caos, lo que aprovecharon los bolcheviques (comunistas) para hacerse del poder, en la Revolución Rusa (octubre de 1917). El resultado de este proceso fue el derrumbe del régimen de los zares, y el surgimiento en su reemplazo de la Unión Soviética, de clara inspiración tecnocrática, estatista y marxista. Pronto, la Unión Soviética se ofreció al mundo como modelo político alternativo al capitalismo democrático e industrial defendido por los Estados Unidos, sembrando las semillas de lo que a futuro sería la Guerra Fría.

Francisco Madero, presidente de 1910 a 1913, tras la revolución que derrocó a Porfirio Díaz, fue asesinado en el siguiente golpe de estado, de signo conservador, a cargo de Victoriano Huerta.

El presidente provisional Eulalio Gutiérrez entre Pancho Villa y Emiliano Zapata, líderes militares de extracción revolucionaria y campesina, procedentes del norte y sur del país respectivamente. Banquete tras la toma de ciudad de México, diciembre de 1914.

Mural de José Clemente Orozco en Hospicio Cabañas (Guadalajara, México). Junto con otros muralistas, como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, desarrollaron una forma original de arte comprometido y de fácil acceso popular.

Caricatura del primer ministro francés Georges Clemenceau (el Tigre) en las trincheras. Fue el estadista aliado más partidario de un trato duro a Alemania en el Tratado de Versalles.

Discurso de Lenin, líder de la revolución bolchevique y de la primera experiencia en el mundo de dictadura del proletariado en aplicación de su interpretación del marxismo.

Haile Selassie, el negus de Etiopía, fue destronado por la invasión de la Italia fascista, en lo que fue la última anexión colonialista europea en África y el primer gran fracaso de la Sociedad de Naciones. Demostrada su inoperancia, quedó expedito el camino al expansionismo de las potencias del Eje que, estimulado por la política occidental de apaciguamiento (crisis de Austria y Checoslovaquia) y no intervención (Guerra de España), más temerosa del peligro comunista, llevó a la Segunda Guerra Mundial.

El general Józef Piłsudski ejerció un poder dictatorial en la Polonia del periodo de entreguerras, entre las amenazas soviética y alemana.

El general Francisco Franco mantuvo en España una de las más duraderas dictaduras europeas, fascista en su origen (Guerra Civil 1936-1939), que evolucionó hacia el nacionalcatolicismo, el pacto con los Estados Unidos (en esta foto de 1959 aparece con el presidente Eisenhower, también general) y la tecnocracia desarrollista, hasta su muerte en 1975.

El emperador japonés Hiro Hito empequeñecido físicamente por el general Mac Arthur, ya despojado de su divinidad protocolaria tras la derrota de 1945. El expansionismo militarista japonés no había tenido una identificación ideológica con los fascismos europeos, sino más bien una relación estratégica por la convergencia de intereses.

Paralelamente a la Primera Guerra Mundial, el mundo empezó a hacerse más grande. El decrépito Imperio Manchú fue derrocado en 1911, después de un largo período de guerras civiles, y China cayó en las manos de Sun Yat-Sen, que llevó a cabo un acelerado proceso de modernización en el país. Esta iniciativa occidental chocó a poco con la infiltración de los comunistas quienes, liderados por Mao Tsé Tung, promovieron una guerra civil que llevaría al derrocamiento del régimen occidentalizador, en beneficio de un nuevo Estado comunista: sería la Revolución China de 1949.

Por su parte, en Japón, el Shogunato Tokugawa había sido derrocado en 1868, y los sucesivos Emperadores que tomaron a su cargo el país, impulsaron una profunda occidentalización. En 1905 los japoneses, menospreciados por ser "no occidentales", infligieron una dura derrota a los rusos, y en 1914 entraron a la Primera Guerra Mundial a favor de la Triple Entente y se apoderaron de varias colonias alemanas en el Pacífico, las cuales retuvieron después del conflicto, cimentando así el nacionalismo imperialista japonés que los arrojaría de cabeza a la Segunda Guerra Mundial.

Entretanto, las ideas de independencia comenzaban a soplar en la India. Después de la Primera Guerra Mundial, y bajo el liderazgo de Mahatma Gandhi, y su movimiento de resistencia no violenta, los nacionalistas de la India se hicieron cada vez más fuertes. Después de la Masacre de Amritsar (1919), los británicos se vieron obligados a iniciar un lento proceso de negociaciones, que culminaría en su independencia.

Estados Unidos, por su parte, emergió como la gran superpotencia mundial después de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, cuando Woodrow Wilson pidió al Congreso de los Estados Unidos que aprobara el ingreso de la nación a la Sociedad de Naciones, éste se opuso, basándose en la vieja (y a esas alturas periclitada) política de aislamiento continental. Tendrían que hacerlo después, y por la fuerza, durante la Segunda Guerra Mundial.

De este modo, la adopción por parte de potencias no europeas, de aquellas ideas y principios (y tecnologías) propios de Europa, llevaron a la paradoja de que la mismísima Europa se redujo, en cuanto a tamaño e importancia, en el concierto mundial, y en adelante debería conformarse con ser un actor más, en un escenario político que de pronto se había hecho enormemente más vasto.

En los llamados locos veinte, la economía de Estados Unidos fue presa de la especulación bursátil. El resultado fue la Gran Depresión de 1929, que no sólo arruinó a Estados Unidos, sino que también a la mayor parte del mundo. Se generó ahí un caldo de cultivo para el totalitarismo de cualquier clase. El comunismo se hizo popular, pero también vinieron los imitadores de Benito Mussolini, el caudillo que había impuesto el Fascismo en Italia (1922), y cuyo más aventajado discípulo fue Adolfo Hitler.

Apenas llegó al poder en Alemania (1933), Hitler inició una dura política internacional, que lo llevó a la anexión de varios territorios y repúblicas. Cuando invadió a Polonia, en 1939, Inglaterra y Francia respondieron con la declaración de guerra. Sobrevino entonces una nueva conflagración general, aún más dura que la anterior, y que sólo culminó con la destrucción completa del Tercer Reich y de sus aliados, Italia y Japón. El fin de la guerra significó también la ruina definitiva de las potencias imperialistas europeas, ahora decisivamente superadas por Estados Unidos y la Unión Soviética, pero también marcó el estreno de la bomba atómica, lo que generó un nuevo apocalíptico escenario internacional: era la primera vez en toda la historia universal que el ser humano disponía de la tecnología necesaria para aniquilarse a sí mismo como especie.

La política de librecambismo que reemplazó, al menos en parte, al proteccionismo de la época absolutista, así como la creación de gigantescos imperios coloniales, tendió a demoler las barreras para el comercio y la inversión. De esta manera, los empresarios exitosos ya no estaban limitados por las fronteras nacionales a la hora de invertir y buscar ganancias. Adicionalmente, la industrialización y el desarrollo de nuevas técnicas abrió nuevos mercados para recursos que hasta entonces carecían de toda utilidad, como por ejemplo el petróleo y el caucho. En determinados casos, la avidez empresarial generó verdaderas "fiebres", como por ejemplo la "fiebre del salitre" en el norte de Chile, con posterioridad a la Guerra del Pacífico, o la "fiebre del caucho" en Brasil. El mundo entero se convirtió así en un enorme y vasto mercado global, creándose así por primera vez una red de comercio internacional de escala literalmente mundial, no sólo por su alcance geográfico, sino también por la interconexión entre los distintos productos que se comerciaban a lo largo y ancho del planeta, sirviendo unos como materias primas a otros y alargando las cadenas de producción, haciéndolas más intrincadas e interdependientes.

Habiéndose desarrollado Estados Unidos como un laxo gobierno central que dejaba mucho quehacer legislativo a los estados federados, y habiéndose expandido geográficamente hacia el oeste de manera brutal, no es raro que en dichas tierras haya prosperado con mayor fuerza el capitalismo industrial. El ejemplo más destacado es el petróleo, descubierto en Texas en 1859, y explotado pronto por un monopolio frente al cual se puso David Rockefeller, quien construyó en su torno una gran fortuna. Otro ejemplo destacado fue Andrew Carnegie, quien creó su propio imperio financiero en torno al acero. En el campo de los servicios también surgieron varios poderosos grupos comerciales, como por ejemplo el imperio periodístico de William Randolph Hearst o los primeros estudios de Hollywood (véase Historia del cine). Incluso en el campo de la invención, Thomas Alva Edison fue pionero en la idea de reunir a un grupo de trabajadores en un taller, creando así la moderna investigación tecnológica en la que importa más el proyecto común, que la figura del inventor o investigador propiamente tal.

La sociedad reaccionó ante los monopolios con cierto temor. En Estados Unidos se dictaron leyes antimonopolios, e incluso en virtud de ellas, Rockefeller fue llevado a juicio. Su firma, la Standard Oil Company, familiarmente conocida como Esso, fue llevada a juicio y condenada a disgregarse en 1911. Sin embargo, estas acciones no impidieron que en el paso de los siglos XIX al XX se concentrara el capital en manos de un nuevo club de multimillonarios, y que se crearan las modernas transnacionales, tal y como se conocen hoy en día.

Como una reacción a los cambios económicos y políticos en torno a la Primera Guerra Mundial, se sentaron las bases del estado del bienestar. Durante el siglo XIX, fiel a los principios del liberalismo a ultranza, se había concebido al Estado como un mero garante del orden público, sin que tuviera legitimidad para intervenir en la actividad económica de la nación. Los economistas como David Ricardo, por su parte, prestaban sustento teórico a dichas decisiones políticas. Sin embargo, de manera progresiva, el Estado había tenido que intervenir poco a poco en la regulación de las condiciones de trabajo, a través de las leyes sociales, creando el moderno Derecho del Trabajo, como una manera de responder a los apremiantes problemas derivados del industrialismo, tuvo que desactivar la bomba de tiempo que representaban las aspiraciones de grupos socialistas, comunistas y anarquistas.

Sin embargo, fue después de la Primera Guerra Mundial que se produjo el cambio teórico fundamental. El economista John Maynard Keynes observó que la oferta económica es refleja de la demanda (no al revés, como planteaba clásicamente la ley de Say), y por ende, la manera de levantar la economía era subsidiando la demanda a través de una fuerte intervención estatal. Sus consejos fueron acogidos como casi milagrosos después de que la Gran Depresión literalmente arrasó con el mercado laboral, generando un pavoroso paro masivo. De esta manera se sentaron las bases de un estado fuertemente regulador e interventor en materias económicas, que subsistirán más o menos hasta el día de hoy, en todos aquellos lugares en que el keynesianismo no fue exitosamente combatido por el monetarismo.

Resulta significativo observar que en la década de 1930, varios regímenes políticos muy diferentes entre sí, siguieron políticas intervencionistas como una salida práctica a la Gran Depresión. Stalin, en la Unión Soviética, por vivir en una economía dirigida desde el Estado, no tuvo mayores problemas con el Crack de 1929, pero Adolfo Hitler aplicó un fuerte intervencionismo desde el Estado, centrándose en particular en las obras públicas y la fabricación de armamentos. Mientras tanto, en Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt hizo parcialmente otro tanto a través de su New Deal (Nuevo Trato o Nuevo Acuerdo).

La primera mitad del siglo XX vio también una serie de revoluciones científicas sin precedentes, que marcaron un cambio de paradigma fundamental en el pensamiento científico.

En el campo de la biología, se redescubrió el trabajo de Gregor Mendel, que en el tiempo de su publicación había pasado desapercibido; esto llevó a una serie de investigaciones que develaron el papel jugado por el ADN en el código genético. También la Medicina progresó enormemente. Por una parte, al descubrirse que cada ser humano pertenece a un grupo sanguíneo, desapareció el riesgo inherente a toda transfusión sanguínea. Por su parte, las investigaciones de Alexander Fleming llevaron al desarrollo de la penicilina, el primer antibiótico, poniendo en manos de los médicos una poderosa arma para luchar contra las enfermedades; esta nueva técnica mostró lo que era capaz al salvar las vidas de miles de soldados durante la Segunda Guerra Mundial.

En el campo de la Paleontología, por su parte, una serie de hallazgos en cascada permitió empezar a desenmarañar el complejo árbol de la evolución humana. En 1894 se descubrió al Hombre de Java, y poco después emergieron el Sinántropo en China, y todo el frondoso linaje del Australopithecus en África.

La mayor de las revoluciones de dicho período se produjo en el campo de la Física. Durante el siglo XIX se habían acumulado varios problemas técnicos que la vieja Mecánica Newtoniana no era capaz de responder adecuadamente.

En 1900, el físico Max Planck propuso que la luz no podía propagarse en cualquier cantidad discreta, sino que sólo era capaz de viajar en pequeños "paquetes" de un tamaño determinados, llamados "quanta". El concepto de cuanto cambió la visión del mundo subatómico. Hacía poco que las investigaciones habían confirmado la existencia del átomo (hasta finales del siglo XIX, el átomo era tan sólo una construcción teórica, pero no habían pruebas tangibles de su existencia hasta el descubrimiento del electrón en los rayos catódicos). Poco después, las investigaciones de Niels Bohr y Ernest Rutherford permitieron por primera vez tener un panorama completo de los fenómenos subatómicos. Por ello, resultó un golpe muy rudo la enunciación del Principio de incertidumbre, que establece un límite a lo que puede ser conocido en el campo subatómico. Las consecuencias de este principio trascenderían a lo meramente científico, y se convertirían en una especie de metáfora de la incertidumbre que los intelectuales reclamaban como una característica propia de la vida en el siglo XX.

Paralelamente, el joven físico Albert Einstein publicó en 1905 un breve trabajo que, ampliado en 1915, se transformaría en las bases de toda una nueva concepción del cosmos: la Teoría de la Relatividad. Einstein abolió así el espacio absoluto y el tiempo absoluto de Isaac Newton, y proclamó que tanto el espacio como el tiempo estaban relacionados con la materia y la energía, y que ambas cosas eran relativas al punto de vista del observador. La nueva visión del universo que emergió aquí representó un verdadero terremoto intelectual, y abrió las compuertas para toda la investigación astronómica del siglo XX.

Por su parte, se postuló por primera vez que la Nebulosa de Andrómeda no era un anexo de la Vía Láctea, sino una galaxia por derecho propio. De esta manera, el universo apareció aún más grande y vasto de lo que nunca antes se pensó.

El siglo XX vio un cambio substancial en materia artística. Es cierto que el arte ha ido cambiando con el tiempo, pero cada nuevo movimiento artístico partía de la presunción implícita de ser "el último", y de trepar hacia la academia como el canon absoluto. Sin embargo, la rebelión de los pintores relacionados con el Impresionismo, la exaltación de la libertad individual del artista frente al convencionalismo de la academia, y por último la apología del constante cambio frente a un mundo también cambiante, abrieron la puerta para el fenómeno de las vanguardias. Al respecto escribe Juan-Eduardo Cirlot: "Hemos hablado del fondo experimental y cientifista del arte del presente, (...), al indicar que el ismo se diferencia del estilo en que se produce conscientemente, como resultado de una voluntad expresamente orientada a una finalidad, y no como surgimiento de un poder cultural actuante a través del hombre".

La primera gran vanguardia pictórica es el Impresionismo. Este movimiento se entronca con el Prerrafaelismo, con la pintura de la Escuela veneciana y con la obra de Constable y Turner, pero aunque con tradición por detrás, su emergencia desató una revolución. En primer lugar, el cambio de foco de los pintores impresionistas, desde el retrato fiel del objeto en sí hacia la captura de la luz y los efectos lumínicos sobre dichos objetos, era todo un golpe a la cátedra que se había practicado desde el más temprano Renacimiento. En segundo lugar, sus cultores, en vez de buscarse un lugar en la academia, se rebelaron decisivamente contra ella, y abolieron para siempre el predominio del academicismo sobre el arte pictórico. En tercer lugar, los impresionistas aprovecharon poderosamente las más modernas tecnologías de la época, incluyendo la fotografía (que utilizaron para captar el movimiento y fijarlo) hasta la moderna pintura en tubos (que les permitió salir a pintar al natural, al aire libre, lejos de la molesta tarea de preparar sus propias pinturas para las telas).

Aunque el Impresionismo como tal tuvo una vida más bien corta (aproximadamente entre 1863 y 1874, fechas de dos importantes exposiciones pictóricas en París), en su secuela los artistas se sintieron libres para rechazar las convenciones académicas, desatando así un conjunto de movimientos laxamente agrupados bajo el nombre de Postimpresionismo. Entre ellos se cuentan Vincent Van Gogh, Henri Matisse, Henri Rousseau y Paul Gauguin, cultores cada uno de un estilo propio y personalista.

Las vanguardias se fueron alejando progresivamente de la intención de los pintores antiguos por captar la realidad tal cual, función en la que la moderna fotografía los estaba desplazando con celeridad, y fueron desarrollando un arte pictórico cada vez más imaginativo. En 1909, con su cuadro Las señoritas de Aviñón, Pablo Picasso rompió con la perspectiva lineal que los pintores manejaban desde el Renacimiento, y propuso en su lugar la perspectiva múltiple, dando paso al Cubismo. Por su parte, Giorgio de Chirico y su llamada Pintura metafísica fue preparando el camino hacia una nueva manifestación artística, el Surrealismo.

A finales del siglo XIX, los esfuerzos del realismo literario y del naturalismo se vieron cada vez más agotados, y los escritores empezaron a buscar nuevos rumbos para la literatura. Marcel Proust en su monumental saga de siete novelas, En busca del tiempo perdido, marca un hito en la pretensión de captar la realidad hasta sus más mínimos detalles.

Los poetas, por su parte, tendieron a inclinarse hacia un lenguaje cada vez más rebuscado y barroco, produciendo violentas contracturas con sus versos. El simbolismo intentó imponer lo artificioso y violento en la literatura, destacándose la poesía de Arthur Rimbaud. La gran ruptura conceptual se produjo cuando Filippo Tommaso Marinetti lanzó su Manifiesto futurista, según el cual la literatura debe adaptarse a los tiempos, y las innovaciones técnicas y sociales son tan dignas como material literario, como los temas antiguos o clásicos; al respecto dirá que un coche de carreras puede ser tan bello como la Victoria de Samotracia...

La literatura popular, por su parte, continuó con la fascinación por el folletín. En el tiempo de la Belle Époque se crearon algunos personajes clásicos para la posteridad, como Drácula, Sherlock Holmes o El fantasma de la ópera, sentándose las bases, entre otras cosas, de las modernas novela policiaca y novela negra. En un sentido, la literatura folletinesca tendía a ser más conservadora que la literatura experimental, al ser esta última más bien dirigida a una élite selecta e ilustrada, pero por otra parte reflejaba bien las tensiones propias del período anterior y contemporáneo a la Primera Guerra Mundial.

En 1922 se publicó la obra que durante la mayor parte del siglo XX se considerará como la cumbre de la literatura experimental. El escritor irlandés James Joyce, inspirándose en la Odisea de Homero, publica el Ulises, verdadero compendio de todas las técnicas experimentales conocidas en la literatura de la época, y de algunas nuevas, como por ejemplo la corriente de la conciencia. La obra fue incluso prohibida o tachada de pornográfica, pero a la larga demostraría ser altamente influyente en los escritores posteriores del siglo XX.

Puede afirmarse que las vanguardias cristalizaron, de una manera u otra, en torno al surrealismo, ya que este movimiento sintetizó ideario político, las más modernas ideas intelectuales de la época y vocación vanguardista, y además alcanzó por igual a varios medios artísticos, incluyendo el por entonces naciente cine.

En 1916, en Suiza, mientras Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial, un grupo de artistas liderados por Tristan Tzara desarrollaron el concepto de rebelión total: el Dadaísmo, intento por renegar de todo dogma artístico establecido y de refundar el arte desde cero. El Dadaísmo terminaría fagocitándose a sí mismo porque el renegar de todo dogma se convirtió en sí mismo en un dogma, pero varios adeptos al movimiento dadá se inscribieron después en las filas del Surrealismo.

El surrealismo ("superrealismo" o "sobrerrealismo" en francés) era un intento por ir más allá de la realidad, explorando no sólo el mundo físico, sino también el medio interno del ser humano, aprovechando para ello las teorías sobre el inconsciente que había desarrollado la Psicología gracias a Sigmund Freud y sus sucesores (a veces en abierta revuelta contra el propio Freud). Y encontró fortuna en la Pintura (Salvador Dalí, por ejemplo) tanto como en la Literatura (André Breton, por ejemplo), así como en el Cine (la película Un perro andaluz, por ejemplo). Los surrealistas también tomaron partido político por la izquierda, lo que fue origen de no pocos cismas y tensiones internos en el grupo.

En general, puede decirse que el Surrealismo expresó en el campo del arte, la voluntad general de construir un nuevo mundo sobre las cenizas de la Primera Guerra Mundial. Por eso, es lógico que su vitalidad terminara por agotarse al estallar la Segunda Guerra Mundial, aunque su estela pudo seguirse después en autores como Jean Paul Sartre y el Existencialismo, en particular por la vocación militante de estos intelectuales.

Sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, un nuevo orden mundial emergió, en el cual las viejas potencias imperialistas europeas estaban por completo arruinadas; sus vastos imperios eran viejos carcamales políticos que pronto se disolvieron en medio del movimiento de la Descolonización, lo que aumentó el número de actores políticos mundiales desde una cincuentena hasta aproximadamente doscientos, en menos de medio siglo.

Sin embargo, este proceso de descomposición internacional sólo significó un cambio de amos. Tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética habían sobrevivido en buenas condiciones, y ahora estaban en condiciones de luchar frente a frente por la supremacía mundial. Ambos colosos estaban destinados a no entenderse, no sólo por cuestiones de política internacional, sino porque sus propias estructuras sociales y políticas eran diferentes: Estados Unidos era una nación republicana con un sistema electoral democrático y un sistema económico basado en el libre mercado, mientras que la Unión Soviética era un régimen totalitario gobernado por un sistema de partido único y un sistema económico de planificación estatal.

Empezó así la Guerra Fría, en la cual las dos potencias renunciaron a exterminarse mutuamente en una guerra masiva total, y en vez de ello empezaron a socavarse mutuamente en sus respectivas áreas de influencia, interviniendo en conflictos de escala menor, regional o continental. Metafóricamente, cayó un Telón de Acero sobre Europa, y por extensión sobre el mundo, separando a éste en dos esferas de influencia más o menos reconocibles, amén de varias zonas de influencia disputada, y que pronto se transformaron en puntos de fricción internacional. A esta lógica responden conflictos como la independencia de Israel (1948), el bloqueo de Berlín (1949), la Revolución China (1949), la Guerra de Corea (1950-1953), la intervención de la Unión Soviética en Hungría (1956), la invasión anglofranca contra el Canal de Suez (1956), la Revolución Cubana (1959), el desembarco en Bahía Cochinos (1961), la Crisis de los Misiles (1962), la Guerra de los Seis Días (1967), el aplastamiento de la Primavera de Praga (1968), la Guerra de Vietnam (1958-1975), el golpe de estado contra Salvador Allende (1973), la Guerra de Yom Kippur y la subsiguiente crisis energética (1973), la intervención soviética en Afganistán (1979-1986), etcétera. La renuncia al conflicto total derivaba de que la combinación de dos inventos de la Segunda Guerra Mundial, la bomba atómica y el misil balístico, hacían imposible que alguien pudiera sobrevivir a un ataque nuclear de represalia, no sólo por la aniquilación en sentido literal que ambos bandos deberían afrontar bajo el fuego nuclear, sino también porque el levantamiento de polvo del suelo por las explosiones generaría un invierno nuclear que oscurecería la Tierra por semanas o quizás meses, interrumpiendo la fotosíntesis y provocando una gran mortandad entre las especies (incluida la humana). A este panorama se le dio un acrónimo de humor negro: MAD ("loco", en inglés), sigla de Mutually Asegurated Destruction ("Destrucción Mutua Asegurada"). Este nuevo orden internacional recibió también el nombre de "equilibrio del terror".

En medio de este panorama, se hizo evidente que los grandes problemas de la Humanidad sólo podrían resolverse actuando en conjunto. Ante el fracaso de la Sociedad de Naciones para evitar la Segunda Guerra Mundial, se reemplazó a este organismo por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual fue fundada en San Francisco en 1945; en 1948 dio un paso simbólico al proclamarse la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El Derecho Internacional, antaño fuertemente soberano, evolucionó también para recoger estas nuevas tendencias, que incluyen nociones como la justicia universal y el respeto irrestricto a los derechos humanos por sobre las respectivas jurisdicciones nacionales.

Además de mantener una destacada actuación política como foro mundial de las naciones, la ONU desarrolló una serie de organismos paralelos que tendieron a mejorar las condiciones de vida en todo el mundo. A la ya fundada Organización Internacional del Trabajo (OIT), absorbida ahora por la ONU, se sumaron la Unesco, la FAO, la Organización Mundial de la Salud (OMS), etcétera.

El movimiento nacionalista, que había surgido en la Europa del siglo XIX y se había pretendido imponer como principio de nacionalidad, una de las principales inspiraciones de las relaciones internacionales a partir de los catorce puntos de Wilson (a pesar de lo imposible de su aplicación, como demostró el Tratado de Versalles de 1919 y la difícil existencia de las nuevas naciones de Europa Oriental) se contagió al resto del mundo: a lo largo de los vastos imperios coloniales, más de un centenar de comunidades étnicas tradicionales o meros agregados coyunturales resultado del trazado artificial de fronteras coloniales fueron identificadas como naciones por concienciadas élites autóctonas que empezaron a buscar activamente la independencia.

En 1947, el Imperio Británico abandonó la India en medio de un sangriento conflicto interno, que originó la creación de tres estados: uno de mayoría hindú (India), otro de mayoría budista (Sri Lanka) y otro de mayoría musulmana (Pakistán), del que posteriormente se independizó el enclave oriental (Bangla Desh, 1971). En 1948, el sionismo vio llegado el momento de imponer la fundación del Estado de Israel en parte de la colonia británica de Palestina, iniciando un conflicto de larga duración con la población árabe (palestinos) y los estados árabes vecinos. Indonesia se independizó de Holanda. La Indochina francesa inició una guerra de independencia que originó el dividido estado de Vietnam, que continuó en guerra civil y con intervención extranjera, en la que los estadounidenses sustituyeron a los franceses (Guerra de Vietnam). Las únicas colonias europeas supervivientes en Asia fueron los pequeños enclaves de Hong Kong y Macao (entregados a China a finales del siglo XX).

En Africa, los imperios coloniales se fueron abandonando, a veces con independencias pactadas y otras en medio de sangrientas guerras, como la guerra de Argelia contra Francia, la independencia de Kenya (Jomo Kenyatta y los Mau Mau) contra Inglaterra, o las guerras de independencia de Angola y Mozambique contra Portugal. La descolonización del Sahara español originó un nuevo conflicto entre el nuevo ocupante (desde 1975 el reino de Marruecos) y el Frente Polisario. El último territorio abandonado por una potencia europea fue la Somalía Francesa (Yibuti, 1977), aunque la última variación fronteriza fue la independencia de Eritrea frente a Somalia.

Todos estos movimientos generaron enormes problemas políticos. En general se aceptó el principio del uti possidetis para delinear a los nuevos Estados, pero sucedió que muchas veces, las fronteras de los dominios coloniales habían sido trazadas para conveniencia de los imperios europeos, separando o juntando etnias y naciones de manera completamente arbitraria. De esta manera, los nuevos estados cayeron pronto en la inestabilidad política o en férreas dictaduras, originando de paso catástrofes sociales tales como el genocidio de etnias minoritarias, o los desplazamientos masivos de refugiados más allá de las fronteras de su país natal. Los dominios coloniales, que habían sido gobernados simplemente para expoliar sus productos, con una atención mínima a las necesidades de las poblaciones nativas, eran más pobres que las naciones europeas, y en medio de las conmociones políticas y guerras civiles, la pobreza empeoró, y con ello las hambrunas y enfermedades. Empezó así a hablarse así de un Tercer Mundo, uno que no entraba ni le interesaba ingresar a la órbita capitalista o comunista, y que luchaba por su propia supervivencia.

Sukarno lideró la independencia de Indonesia y acogió la Conferencia de Bandung, inicio del movimiento de países no alineados o tercermundismo.

Otro líder tercermundista, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, junto con el líder soviético Nikita Jrushchov, que apoyó financiera y técnicamente a la construcción de la presa de Asuán. Previamente la Unión Soviética había también apoyado la nacionalización del Canal de Suez durante la llamada crisis de Suez.

Patricio Lumumba, líder de la independencia del Congo, cuyos intentos de mantener una política no alineada o acercarse a la Unión Soviética fueron frustrados entre golpes de estado e intentos secesionistas. La responsabilidad de su asesinato aún no está aclarada.

Tres generaciones de líderes hindúes: Mahatma Gandhi marcha apoyándose en Nehru e Indira Gandhi. Ésta última no fue la única mujer que llegó a liderar uno de los nuevos países independizados en Asia (Golda Meir en Israel), antes que los países desarrollados donde la liberación de la mujer estaba más avanzada.

A nadie se le escapó que estas nuevas naciones, si bien débiles por sí mismas, en conjunto representaban a la mayor parte de la población de la Tierra, y tampoco que el principio "un voto para cada nación" las llevaría pronto a controlar la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hubo así variados intentos por articular a los países del Tercer Mundo, al margen de la voluntad de las superpotencias, quienes veían estos movimientos como una amenaza. El primer paso fue dado por la Conferencia de Bandung, celebrada en 1955, y que fue seguida de varios otros intentos por articular a estas naciones. En América Latina, quizás la iniciativa más importante en tal sentido sea el Pacto Andino, generado en 1967.

Asimismo, la miseria política y social de las nuevas naciones, en particular de las africanas, fue mitigada en parte por la intervención de los organismos internacionales dependientes de la ONU, y en parte por la acción de un nuevo tipo de órgano social, las ONG. La influencia de ambas en evitar una catástrofe humanitaria es algo que probablemente esté todavía por ser medido con certeza.

Entrevista entre el general Juan Domingo Perón, presidente populista de Argentina, y el también general Alfredo Stroessner, dictador de Paraguay.

El líder de la revolución cubana Fidel Castro, inicialmente populista que evolucionó al comunismo, en la tribuna de un acto en Berlín Oriental en 1972, con dirigentes de la República Democrática Alemana.

Los generales Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla encabezaron respectivamente las juntas militares que en Chile y Argentina recondujeron violentamente situaciones comprometidas desde la perspectiva internacional de los Estados Unidos e interna de las clases dominantes.

La más grande zona de conflicto en el mundo durante la Guerra Fría fue el Medio Oriente. Esta región, relegada desde el siglo XVI a ocupar un rol secundario en la política internacional, se transformó bruscamente en la más gravitante del planeta, cuando sus inmensas reservas petroleras le otorgaron un monopolio casi absoluto sobre el mercado energético mundial. Sin embargo, después de la desintegración del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, esta región quedó atomizada en varios territorios (Siria, Líbano, Jordania, Iraq, etcétera). Para colmo, bajo la influencia del nacionalismo del siglo XIX, había surgido el sionismo, que pretendía obtener un Estado Nacional judío en Palestina. Esta ambición se concretó en 1948, con la creación de Israel. En respuesta, Israel y el mundo árabe se han visto enfrascados en cuatro guerras abiertas (la guerra de 1949, la invasión anglofrancesa contra el Canal de Suez en 1956, la Guerra de los Seis Días y la Guerra de Yom Kippur), y en un estado permanente de tensión con la población palestina del territorio, incluyendo la aparición de grupos terroristas.

Moshé Dayán, principal estratega israelí en la Guerra de los Seis Días y la de Yom Kipur, junto a otros militares israelíes en 1955.

El presidente norteamericano Jimmy Carter, el egipcio Anwar el Sadat y el israelí Menájem Beguin en los acuerdos de Camp David (1978), que trajo la paz entre Israel y Egipto.

El líder palestino Yasir Arafat, el israelí Isaac Rabin y el presidente norteamericano Bill Clinton, en rondas de paz que fracasaron por la oposición de los grupos radicales.

A contrapelo de la escalada en la tensión política mundial, en la vida cotidiana de Occidente se produjo un período de bonanza material y espiritual, graficado en el fenómeno del baby boom. El final de las penurias de la Segunda Guerra Mundial, además de una serie de adelantos tecnológicos caseros tales como los electrodomésticos y la televisión, generaron un sentimiento de confianza hacia el futuro.

Pero esta emoción no era generalizada. Esta década es también el tiempo de esplendor del existencialismo, que era reflejo del pesimismo propio de la Guerra Fría, y que se planteó muchas veces como una crítica desde la izquierda al capitalismo defendido por los Estados Unidos. Los miedos de aquel tiempo, en particular a la bomba atómica, se sintetizaron en el cine de serie B, por ejemplo. También hubo una mayor represión y puritanismo sexual, como por ejemplo la cruzada emprendida contra el cómic desde la publicación del libro La seducción del inocente.

Alrededor de estos hitos creció la rebeldía juvenil de una generación completa que se negaba a aceptar el mundo conservador y tradicionalista de los adultos, que encontró desahogo en figuras como James Dean y su película Rebelde sin causa, en el movimiento poético beatnik, y especialmente en el naciente rock and roll y su primera gran superestrella, Elvis Presley.

La acumulación de presión social desde las nuevas generaciones provocó una rebelión generalizada en los sesentas, marcada por la cultura del movimiento hippie. Los jóvenes de la época leían libros como El guardián entre el centeno o En el camino, compraban historietas de la Marvel, escribían literatura experimental, escuchaban formas cada vez más sofisticadas de rock and roll, y se entregaban tanto al amor libre como a la cultura de la droga. A la larga, el movimiento hippie, basado en ideales tales como el regreso a la naturaleza, el pacifismo a ultranza y el rechazo a los valores sociales del materialismo y el consumismo, terminó engullido por la propia sociedad y vendido como un producto de consumo más, lo que motivó su disolución. Pero aun así, la llamada revolución de las flores dejó su impronta en movimientos tales como la gran rebelión estudiantil de 1968, o el megaconcierto de Woodstock (1969).

Mientras tanto, la tensión política había ido aminorando en el mundo. Después de la Crisis de los Misiles de 1962, que había puesto a la Humanidad al borde de la Tercera Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética buscaron formas más conciliadoras de manejar la política mundial, incluyendo la implementación del famoso teléfono rojo. El resultado fue la llamada distensión. Influencia decisiva en el panorama mundial tuvo Henry Kissinger, secretario de estado del Presidente Richard Nixon, que inició un acercamiento a la China comunista de Mao Tsé Tung para contrarrestar la influencia rusa, así como numerosas maniobras de intervención en países extranjeros. Probablemente el mayor símbolo político de la época sea la Guerra de Vietnam, llevada adelante por sucesivas administraciones de Estados Unidos, y a la cual la juventud de dicha nación en masa se opuso con numerosas movilizaciones.

El activismo político fue un sello de la época. No sólo se movilizó la gente contra Vietnam, sino que adquirió preponderancia el movimiento por los derechos civiles. Líderes como Martin Luther King y Malcolm X, por ejemplo, lucharon por la igualdad de derechos entre los blancos y los negros. También cobró importancia el movimiento feminista, que luchaba contra la discriminación de la mujer frente al varón.

Durante la década de 1970, el mundo empezó nuevamente a marchar hacia un ambiente de tensión política. Se produjeron movimientos conservadores en todo el mundo: los telepredicadores de Estados Unidos, el fortalecimiento del ala conservadora en el Vaticano, el llamado despertar islámico, etcétera.

En 1981 asumió Ronald Reagan como Presidente de los Estados Unidos. Con una política abiertamente agresiva hacia la Unión Soviética, a la que calificó sin ambages como el "imperio del mal", empezó a promover el final de la Guerra Fría mediante, entre otras estrategias, el establecimiento en el espacio exterior de un sistema de intercepción de misiles balísticos, la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, bautizada socarronamente por la prensa como "Star Wars", por parecer tan de ciencia ficción como la película La guerra de las galaxias, en ese entonces de moda.

Margaret Thatcher y Ronald Reagan encabezaron la reacción neoconservadora de los años ochenta, neoliberal en economía y agresiva tanto en el interior (recortes al estado del bienestar) como en política exterior (Guerra de las Malvinas, despliegue de los euromisiles...).

Juan Pablo II, primer papa polaco y el más viajero de la historia, durante uno de sus viajes a Polonia (1987). Tuvo un importante papel en el estímulo al movimiento opositor (sindicato Solidarnosc de Lech Wałęsa) que contribuyó a la crisis del sistema comunista en el este de Europa.

En 1985 asumió Mijaíl Gorbachov como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética. Con él se produjo una cierta renovación generacional de las altas cúpulas jerárquicas soviéticas, lo que llevó a un enfoque distinto y menos beligerante de la Guerra Fría. Emprendió entonces Gorbachov una serie de reformas administrativas, tendientes a otorgar progresivas libertades en el interior del régimen soviético. Estas políticas sociales y económicas fueron enmarcadas dentro de lo que se llamó la perestroika (del ruso, traducible por "reestructuración"), y el nuevo espíritu político fue llamado la glásnot (del ruso, traducible por "apertura" o "transparencia").

En materia de política internacional, Gorbachov manifestó su voluntad de llegar a nuevos acuerdos, cuyo mayor exponente fue el tratado de desarme de 1987, que significó el final de la carrera armamentista entre las superpotencias. Sin embargo, los nuevos vientos soplaban también en los países de la órbita comunista, en los cuales empezaron a gestarse procesos de rebelión contra la hegemonía soviética.

En 1989, todas estas tendencias llegaron a su culminación, con varios hitos claves. En Alemania fue derribado el Muro de Berlín. En Rumania, el autócrata Nicolae Ceausescu fue derrocado, y poco después fusilado. Y en la propia Unión Soviética, ésta se declaró como disuelta, dando lugar a la Federación de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A los pocos años, durante un golpe de estado promovido contra Gorbachov, Borís Yeltsin consiguió alzarse hacia el poder, y promovió un hondo proceso de reformas liberales. El régimen comunista terminó así de desplomarse, y Rusia cayó en el caos económico, mientras algunos grupos económicos vinculados a las mafias rusas consiguieron hacerse con el control político del país.

La caída del bloque comunista provocó una serie de cambios políticos internacionales. Dentro del propio ámbito antiguamente comunista convivían una serie de problemáticas étnicas y religiosas oprimidas durante años por el autoritarismo soviético, y que estallaron con toda su fuerza. Así, la antigua Yugoslavia, ahora disuelta, se fragmentó en naciones como Serbia y Croacia, que muy pronto se hicieron la guerra entre sí. Por otra parte surgieron movimientos separatistas, como el de Chechenia, duramente reprimido por los nacionalistas rusos. Muchas naciones del antiguo bloque comunista miraron hacia la Europa Occidental, buscando y consiguiendo su ingreso a la flamante Unión Europea.

El camino de la Unión Europea había sido largo. En 1949 la unión comercial de Bélgica, Holanda y Luxemburgo había dado lugar al Benelux, que funcionó en parte como un modelo en miniatura para lo que después iba a ser la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA); de ella se gestó la Comunidad Económica Europea. En el mismo 1989 en que se desplomaba el bloque soviético, la primitiva comunidad económica derivó en una relativa unidad política, generando un Parlamento Europeo. La unión de las naciones europeas no estuvo exenta de distintas fricciones, en particular considerando el largo historial de tensiones nacionalistas y guerras entre distintas naciones, resultando en ese sentido emblemática la unión de Francia y Alemania Occidental en un proyecto económico y político paneuropeo común, así como la tardía unión de Inglaterra a la Comunidad Económica Europea. Este proceso de unificación se vio complicado después de 1989, con la incorporación de nuevos actores políticos (los países de Europa del Este), en particular debido a los frágiles equilibrios derivados de la existencia de una moneda común, el euro.

Fuera de Europa, China avanzó en su propio camino. Después de la muerte de Mao Tsé-Tung, en 1976, se produjo una apertura en el régimen comunista chino, el cual intentó la empresa de generar una economía de mercado sin sacrificar el régimen político comunista de partido único. Después de 1989, sin la tutela de la Unión Soviética, China consiguió imponerse en el mundo como una de las más grandes superpotencias.

Por su parte, el fin de la Guerra Fría trajo a Estados Unidos una década de relativa paz y prosperidad. Es sintomático que los estadounidenses hayan dejado de votar en este período a los republicanos, tradicionales representantes del nacionalismo, para darle el poder al Partido Demócrata, con Bill Clinton a la cabeza (1992-2000).

En América Latina, por su parte, después de un largo período de dictaduras, se produjo una liberalización política que llevó a la construcción de nuevos regímenes democráticos. Sin embargo, no en todos los casos éstos resultaron exitosos, y los tradicionales pronunciamientos militares o los estallidos populares no desaparecieron por completo del mapa.

En forma paralela a la drástica reducción en el número de superpotencias mundiales, el avance de la occidentalización se vio apoyado por toda una serie de nuevos inventos que aceleraron las comunicaciones a lo largo de todo el planeta. Ya el telégrafo en 1847 había contribuido a conectar lugares lejanos casi en tiempo real, y luego el teléfono, la telegrafía sin hilos y numerosos otros aparatos permitieron la comunicación a grandes distancias. A comienzos del siglo XX se masificaron tanto la radio como el cine, que sirvieron como vehículos de la cultura occidental hacia tierras a veces muy distantes; a estos dos inventos se sumó, desplazándolos en buena medida aunque sin llegar a reemplazarlos, la televisión. Surgió también la moderna publicidad de masas.

Todos estos inventos permitieron que las ideas viajaran a distancias cada vez mayores. En la década de 1960 empezó a hablarse seriamente de la aldea global, para describir este fenómeno. Sin embargo la computación, la tecnología decisiva para la globalización aún estaba en pañales. El primer computador fue ENIAC, desarrollado en el ambiente universitario en 1943, pero los computadores no empezaron a mostrar su verdadero potencial sino hasta la aparición del microtransistor. A partir de entonces, era sólo cuestión de tiempo antes de que se desarrollaran conceptos tales como Internet, correo electrónico, intercambio de archivos en línea, la blogósfera, etcétera.

Aunque es demasiado prematuro señalar hacia dónde llevan estos cambios, lo cierto es que la combinación de revolución informática y otra nueva línea de avances, la ingeniería genética, han llevado a un cambio de la mismísima concepción del ser humano, desplazando al menos en parte las ideas humanistas sostenidas desde el Renacimiento, y en particular desde la Revolución Francesa. Este cambio ha encontrado concreción artística en un nuevo movimiento cultural, el cyberpunk, que siguiendo las pautas de integración multimedia de la globalización, concentra cine, música, televisión, literatura y moda a su alrededor.

La globalización ha producido también un gran intercambio cultural a nivel planetario. Aunque sin duda es la cultura occidental en su versión estadounidense la que ha tenido mayor difusión, a través del control de los medios de comunicación, no es menos cierto que esta misma cultura ha ido a buscar inspiración muchas veces en las culturas no occidentales. Así, el rock and roll hunde sus raíces en el jazz y aún más atrás, en los ritmos de la música del África negra, mientras que la animación se ha visto fuertemente influida por la cultura del manga y del anime, procedente de Japón, por mencionar dos ejemplos.

Los nuevos medios de comunicación introdujeron una aceleración en el ritmo de cambio de las modas, las tendencias y los referentes culturales. Esto es bien visible en el caso de la música rock, entendida en su sentido más amplio, que ha experimentado una serie de cambios y mutaciones que la han hecho prácticamente irreconocible. Por su parte, conviven en los cines y en la televisión los más diversos géneros cinematográficos.

La aceleración llegó al máximo con Internet, que posibilitó por primera vez el intercambio masivo de información en tiempo real. La consecuencia es el surgimiento de una simultaneidad, lo que produjo, a su vez, la fragmentación de las distintas culturas en tribus urbanas de distinto tipo. La coexistencia de estas distintas manifestaciones culturales no siempre es tolerante y pacífica; la propagación por vía de globalización ha llevado a que se propaguen también las ideas contrarias a la globalización.

El empuje del movimiento globalizador ha llevado al problema de tomar postura frente al mismo. Quienes son favorables a la globalización argumentan que ésta facilita el libre intercambio de ideas, la expresión individual y el respeto por los derechos de las personas, además de que debido al progreso tecnológico este fenómeno es virtualmente imparable. Sus detractores, en cambio, suelen opinar que la globalización es unilateral, ya que promueve una cultura particular (la estadounidense) como aquella que debiera imponerse a todo el planeta, que la globalización arrasa con las minorías culturales, lingüísticas y religiosas en el resto del mundo, y que los defensores de la globalización la fomentan para defender sus propios intereses económicos. No existe una unidad de intereses ni de expresión en estos movimientos, que incluyen desde la defensa del proteccionismo agrario (José Bové) hasta los más clásicas protestas sociales antes expresadas en el movimiento obrero, el ecologismo y el pacifismo. La respuesta a la globalización se ha organizado en torno a redes sociales dinámicas con el denominado movimiento antiglobalización o altermundialismo, iniciado de forma más o menos espontánea en las manifestaciones de Seattle (1999) como respuesta a la reunión del FMI y en la Contracumbre del G8 en Génova (2001) e institucionalizado en torno al Foro Social Mundial de Porto Alegre (organizado de forma alternativa a los mismos y a los elitistas encuentros del denominado Hombre de Davos). Han generado el lema otro mundo es posible.

Los atentados que llevó a cabo Al Qaeda (una enigmática red de terrorismo islamista organizada por el millonario saudí Osama Bin Laden) contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, y la reacción estadounidense posterior, liderada por el presidente George W. Bush (guerra de Afganistán de 2001 y guerra de Irak), evidenciaron la existencia de un nuevo tipo de conflicto global que Samuel Huntington había previamente denominado con el término choque de civilizaciones (en polémica con Francis Fukuyama que había proclamado, en los tiempos de la caída de la Unión Soviética, que la historia tendía ineludiblemente hacia sistemas liberales, y que cuando éstos se conseguían, estábamos ante el Fin de la Historia). Los atentados dejaron en claro la capacidad que el propio sistema occidental (tecnología occidental, sistema económico occidental) permitía a los grupos que la utilizan en su contra; la reacción estadounidense, más allá de su éxito o fracaso relativo, demostró la gigantesca capacidad de respuesta de Estados Unidos y la solidez de su alianza con un gran número de países (OTAN, Japón, gobiernos de los países islámicos denominados moderados -monarquías del Golfo, Marruecos, Jordania, Pakistán-), al tiempo que Rusia y China evitan comprometerse y algunos países del denominado eje del mal efectuaban acercamientos a Occidente (Libia, Siria, Corea del Norte). No obstante, las divisiones existentes en la vasta coalición pro-occidental se expresaron en la diferente actitud de cada uno de los países aliados de Estados Unidos: divergencia entre la opinión pública y los gobiernos, sobre todo en los países musulmanes; resistencia de Francia y Alemania (denominados vieja Europa frente a la nueva Europa de los aliados más firmes de Estados Unidos -los antiguos países comunistas del Este de Europa, la España de José María Aznar y la Italia de Berlusconi-) a implicarse en la guerra de Irak, o la salida de las tropas españolas (tras el atentado del 11 de marzo de 2004 y la inmediata victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero). Tampoco dentro de los mismos Estados Unidos la posiciones eran unánimes, sobre todo tras no encontrarse las armas de destrucción masiva que se había afirmado que poseía Saddam Husein (hecho que se había aducido como casus belli para el ataque preventivo) y otros escándalos (torturas en la prisión de Abu Ghraib y detención sin plazo ni juicio de los denominados combatientes ilegales en el centro de detención de Guantánamo).

El predominio de los Estados Unidos, única superpotencia de la escena internacional tras la desaparición de la Unión Soviética, se ve contestado, al menos nominalmente, por las declaraciones en favor de un mundo multipolar en vez de unipolar. En eso suelen coincidir, aunque en muy distintos términos, desde la postura común de la política exterior de la Unión Europea hasta la más agresiva del Irán de Mahmud Ahmadineyad (expresión del islamismo radical) o la Venezuela de Hugo Chávez (y otros líderes hispanoamericanos que en algunos casos reciben la denominación de indigenistas -Evo Morales en Bolivia-).

La crisis económica de 2008, que surgió como consecuencia del estallido de una burbuja financiera-inmmobiliaria, ha puesto en cuestión las bases del sistema financiero internacional y desatado el temor a una profunda recesión que cuestione la continuidad del sistema capitalista y el propio sistema democrático, identificados ambos en lo que se ha llegado a denominar capitalismo democrático.

El paso del tiempo demostrará si la historiografía del siglo XXI o posterior considerará que la evolución histórica entre la caída de la Unión Soviética y el atentado contra las Torres Gemelas es sólo un nuevo desarrollo de las mismas características propias de toda la Edad Contemporánea, o si se trata de una nueva época completamente distinta que justifica una nueva periodización de la historia (que en algún texto ya se ha llamado la Edad Post-Contemporánea, concepto a añadir a las numerosas formas de denominar la Historia del mundo actual, la historia del tiempo presente o la Historia inmediata).

Al principio



Dictadura de Francisco Franco

Bandera

Se conoce como dictadura de Francisco Franco, dictadura de Franco o dictadura franquista, al periodo de la historia de España correspondiente con el ejercicio por el general Francisco Franco Bahamonde de la jefatura del Estado y con el desarrollo del franquismo, esto es desde el final de la Guerra Civil Española en 1939, hasta su muerte y sucesión en 1975.

En los años 40 el régimen se afianzó mediante la represión política de los opositores a la dictadura y mantuvo una política económica basada en la autarquía, provocada por la Segunda Guerra Mundial en la que la España franquista tuvo una participación División Azul en el marco de la política no beligerancia, y el consiguiente aislamiento, promovido por los aliados en el seno de la recién creada ONU.

En los años 50, en el marco de la Guerra Fría la posición geográfica de España y su régimen político se acabaron convirtiendo en estratégicos para Estados Unidos y sus aliados europeos frente a la Unión Soviética. La alianza de España con los Estados Unidos acabó con el aislamiento internacional y abrió la economía. Sin embargo ésta quedó definitivamente por detrás de las economías de las democracias europeas, que en la guerra mundial habían sufrido desastres similares al de la guerra civil española.

En los años 60 y principios de los 70, el desarrollismo económico mejoró de forma notable, aunque desigual, el nivel de vida de la mayoría de la población, que formó una clase media hasta entonces casi inexistente. El nivel de libertad personal y política no aumentó del mismo modo. Empezaron las movilizaciones de oposición al régimen por parte de trabajadores y estudiantes.

El rey Juan Carlos I de España fue el sucesor designado por Franco para la Jefatura del Estado, y a su muerte juró acatar los Principios del Movimiento Nacional destinados a perpetuar el franquismo. Sin embargo se basó en ellos para promover el Referéndum para la Reforma Política. Su resultado, 94% a favor de la reforma, inició la Transición Española hacia la democracia parlamentaria.

Las bases del régimen fueron entre otras el nacionalismo español, el catolicismo y el anticomunismo, que sirvieron de apoyo de un régimen de dictadura militar autoritaria que se autoproclamó como "democracia orgánica" en oposición a la democracia parlamentaria.

Se denomina así al conjunto de ocho Leyes que organizaban los poderes del Estado durante el régimen del General Franco. Más que de una constitución, se trataba de una carta otorgada, puesto que no habían sido elaboradas ni aprobadas por representantes populares.

La Ley Constitutiva de las Cortes o simplemente Ley de Cortes de 17 de julio de 1942 fue promulgada durante la primera etapa del régimen franquista, a fin de dar una apariencia de parlamentarismo a la dictadura.

Establecía la formación de una asamblea unicameral de elección indirecta con teórica iniciativa legal, aunque ésta residía en la figura de Franco desde el momento de la promulgación de la Ley de agosto de 1939, que le atribuía la capacidad de dictar normas sin ningún tipo de condicionante.

España había perdido en la Guerra Civil una parte significativa de su población y de su capacidad productiva. La escasez multiplicó las situaciones de hambre y perpetuaron la miseria extrema. La situación empeoró porque meses después de acabar la guerra civil empezó la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945.

España se declaró no beligerante en la guerra mundial, pero participó en ella de manera indirecta. En un primer momento manifestó su apoyo a la Italia fascista y a la Alemania nazi, pero evitando siempre la participación directa en la guerra. Tras la entrevista de Hendaya, la actuación más significativa fue la movilización de españoles, voluntarios o movidos por otras circunstancias, para la división 250 de la Wehrmacht, División Azul, que combatió contra la Unión Soviética.

Mientras tanto España mostraba a los aliados una posición de neutralidad, que se fue haciendo más clara conforme la situación fue favoreciendo a éstos. Sin embargo la posición ambigua de España llevó a que la victoria aliada supusiera el aislamiento internacional del régimen. Las democracias occidentales no defendieron a la República Española y, tras la Guerra Mundial, se reconstruyó Europa Occidental siguiendo el Plan Marshall, pero no España ni Portugal.

Desde el final de la guerra en 1939 existe una resistencia armada a la dictadura por parte del maquis, grupos guerrilleros que actuaron principalmente en zonas rurales y de montaña. El máximo de su actividad se dio en la segunda mitad de la década de 1940. A principios de los 50 la guerrilla en España se encuentra en franco declive. En 1952 se procede a una evacuación general hacia Francia. Desde esa fecha hasta 1965 sólo perviven partidas cada vez más aisladas.

La política económica de la época siguió el modelo de autarquía que sostuvo con relativo éxito las economías de guerra de Italia y Alemania. Se basaba en la intervención directa del Estado en asuntos económicos y en la autosuficiencia económica que limitaba el comercio con el resto del mundo.

El intervencionismo del Estado se extendió a gran parte de la economía. El Estado sacó fuera de las leyes del mercado los productos agrícolas y ganaderos, fijando precios y limitando el derecho a la propiedad de los bienes producidos. En 1941 se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) y se estableció un control rígido del comercio exterior.

La escasez y la intervención estatal llevaron al mercado negro, el estraperlo, y la corrupción (licencias de importación y exportación, suministros al Estado...). En 1947 cerró el último campo de concentración de España, el campo de Miranda de Ebro.

El centralismo de la dictadura bajo el lema "España, una, grande y libre" también llevó a cabo una feroz represión contra los nacionalismos periféricos y prohibió sus manifestaciones lingüísticas y culturales mediante entre otras la Orden de 21 de mayo de 1938 y la Orden Ministerial de 16 de mayo de 1940., pero la dictadura favoreció especialmente a Cataluña y el País Vasco en su industrialización, recibiendo estos territorios mano de obra del resto de España.

Los Estados Unidos y la Unión Soviética habían sido aliados en la guerra mundial, pero después alejaron rápidamente sus posiciones. Una parte fundamental de la Guerra Fría fue la extensión y afianzamiento de la influencia soviética en el Este de Europa y la contención por parte de los Estados Unidos y sus aliados en el resto del continente.

Dentro de esta lucha de poder e intereses estratégicos, Estados Unidos estableció bases militares en territorio español. Como contrapartida, en 1951 España empezó a recibir asistencia económica. Esta cooperación fue muy inferior a la que recibieron las democracias parlamentarias incipientes que se habían beneficiado del Plan Marshall inmediatamente después de la Guerra Mundial: Reino Unido, Alemania Occidental, Francia y Japón. Sin embargo, años después de las guerras, la carestía de España seguía siendo tan grande que las importaciones limitadas de bienes de equipo fueron fundamentales para acelerar el desarrollo. Éste también trajo inflación monetaria y el consiguiente malestar social.

En 1957 un grupo de tecnócratas del Opus Dei entró en el Gobierno y dio el giro definitivo a la política económica.

Los tecnócratas del Opus Dei accedieron al Gobierno en 1957 y pusieron en práctica un duro Plan de Estabilización conforme con las directrices del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo efecto social fue la emigración de unos dos millones de españoles, en los años siguientes.

Se liberalizó la economía, acabando con la autarquía y reduciendo el intervencionismo del Estado. Se recortó el gasto público, se abrió la economía al exterior, se devaluó la moneda y se facilitaron las inversiones extranjeras. La consecuencia fue que a partir de 1961 se precipitó el crecimiento económico.

Entre 1961 y 1973 la situación favorable en el mundo llevó a que crecieran rápidamente la industria y los servicios en España. Las inversiones extranjeras llegaron atraídas por los costes laborales reducidos. El desarrollo y la emigración masiva, acabó con el paro. Se desencadenó un éxodo, desde las zonas rurales hacia las zonas industriales españolas y de otros países de Europa.

España consiguió llegar a tener superávit en su balanza de pagos. El déficit histórico se compensó con los ingresos del turismo, la inversión extranjera y las remesas de emigrantes en otros países de Europa.

La emigración y el aumento del rendimiento en las explotaciones agrícolas y ganaderas supusieron el empobrecimiento por desertización de las zonas rurales sin presencia industrial o turística.

El Gobierno aprobó a partir de 1963 varios Planes de Desarrollo que pretendían corregir con incentivos fiscales y ayudas estatales los peores resultados del desarrollo económico. La economía siguió creciendo pero la planificación no dio resultado y creció el desequilibrio entre regiones.

Desde 1963 aumentaron las prestaciones sanitarias y los sistemas de pensiones. La Seguridad Social se extendió por primera vez a la mayoría de los ciudadanos. El déficit de vivienda se redujo con campañas de construcción de viviendas. Especialmente se impulsó la construcción masiva privada, por medio de empresarios cercanos al régimen, que respondieron a la multiplicación de la población en las zonas industriales. El grueso de esta construcción se produjo en la periferia de las grandes ciudades, pero sin una planificación urbanística previa, que con el tiempo derivaron en ciudades-dormitorio masificadas, y a menudo con numerosas carencias de servicios comunitarios.

El 17 de marzo de 2006 la Comisión Permanente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (entidad supraestatal que engloba a un total de 47 países europeos incluyendo a Turquía) recomendó al Consejo de Ministros del Consejo de Europa adoptar una declaración oficial de condena internacional del régimen franquista y declarar el 18 de julio de 2006 como día oficial de condena de dicho régimen. Así mismo, urgió al Gobierno de España a cumplir cuatro recomendaciones (creación de un comité nacional que investigue las violaciones de los derechos humanos durante el régimen de Franco que envíe sus informes al Consejo de Europa, facilitar a todos los investigadores el acceso a todos los archivos civiles y militares que contengan documentos que puedan establecer la verdad sobre la represión, erigir una exhibición permanente en la basílica subterránea del Valle de los Caídos -donde Franco está enterrado- explicando cómo fue construida por prisioneros republicanos y animar a las autoridades locales a erigir monumentos como tributo a las víctimas del régimen de Franco en la capital y las principales ciudades de España).

Entre las conclusiones del documento de trabajo sometido a discusión en la Comisión Permanente "hay suficientes evidencias para probar que los abusos contra los derechos humanos bajo el régimen de Franco fueron extensivos y sistemáticos" y propone a la comisión que cree un comité de expertos con el objetivo de recoger y evaluar toda la información posible.

El 3 de mayo de 2006 el Consejo de Ministros del Consejo de Europa, en su 963 reunión respondió a la Asamblea Parlamentaria con tres puntos en los que remarcó su condena al régimen de Franco como a todos los regímenes totalitarios por sus violaciones a los derechos humanos y la necesidad de recordar dichos crímenes para evitar repetir los errores del pasado. También apuntó que la transición española es un ejemplo para todos los países que siguen el mismo proceso de cambio a un régimen democrático. Y en lo que respecta a la recomendación específica de un día internacional de condena al régimen de Franco señaló que todos los regímenes totalitarios merecen ese tratamiento, y que singularizar uno en concreto podría crear la impresión equivocada de que unos regímenes totalitarios merecen más la condena que otros.

Durante la dictadura franquista, la mujer dejó de tener los derechos que la Constitución de 1931 le había otorgado, como la igualdad con respecto al hombre y el derecho a voto. Con el Régimen, la mujer pasó a asumir el papel de madre y esposa. Muchas de ellas murieron por ser republicanas, unas por ejercer la militancia o la práctica política y otras por ser parientes de hombres de izquierdas. Y muchas fueron condenadas al ser delatadas por conocidos o incluso parientes temerosos de las represalias por conocerlas. Las mujeres republicanas fueron llamadas las nuevas Eva, que parirían hijos enemigos de España, y por ello les rapaban la cabeza y les daban aceite de ricino, para pasearlas después por las calles con el fin de humillarlas.

Además de todo esto, las mujeres casadas no tenían el acceso al mercado laboral. Con el Fuero del Trabajo promulgado en 1938, el Estado reguló el trabajo a domicilio, sólo podían trabajar las mujeres solteras o viudas, además, si se casaban, debían firmar su despido voluntario un mes antes del enlace, según lo dictaba la Ley de Reglamentaciones Laborales de 1942, y para acceder a él, dos años después, la Ley de Contratos de Trabajo decía que debían contar con la autorización del marido. Además los sueldos eran más bajos. Por todo esto, era difícil sacar adelante el hogar y, aunque existía la cartilla de racionamiento, para los productos de consumo básico, el hambre seguía apretando, no era suficiente la cantidad que recibían para alimentar a toda la familia y muchas recurrieron al estraperlo, cambiando productos, manufacturados por ellas mismas, por alimentos. El estraperlo estaba considerado un delito y acarreaba penas de cárcel y multas.

La familia era una jerarquía en la que la mujer estaba supeditada al varón y los hijos a los padres. La mujer era la que se llevaba la peor parte, pues su labor era la de satisfacer a su marido, debía estar guapa para él, complacerle en todo. La revista de la Sección Femenina, liderada por Pilar Primo de Rivera, enseñaba a las mujeres a comportarse, siempre supeditadas al hombre, sin derechos, sin opiniones, solo sumisión. Por supuesto que el adulterio estaba castigado por el Código Penal.

En 1937 se creó el Servicio Social de la Mujer, liderado por Mercedes Sanz Bachiller y Javier Martínez de Bedoya, para conseguir mano de obra femenina gratuita, y era obligatoria para mujeres de edades comprendidas entre los 17 y los 35 años de edad, eso sí, que estuvieran solteras, y trabajarían en hospitales, comedores… En 1941 se creó el Patronato de Protección de la Mujer, en el que había muchos eclesiásticos para atraer a la mujer hacia la Iglesia y apartarla de los vicios. Las mujeres de clase media y alta trabajaban en la Acción Católica, asistiendo a los desfavorecidos de la clase obrera, y visitando a los vencidos en la guerra.

La situación laboral de la mujer mejoró en 1959 con el Plan de Estabilización, en 1961 con la Ley sobre Derechos Políticos, profesionales y Laborales de la Mujer, que acababa con la discriminación salarial y de acceso al trabajo, aunque continuaba en vigor la necesidad de la autorización del marido. Esta obligación se mantuvo hasta 1976, cuando entró en vigor la Ley de Relaciones Laborales. También fue importante en 1963 el Plan de Desarrollo, ya que se necesitaba más mano de obra y se recurrió a la mujer para ello.

Durante los años de la dictadura, España sufrió muchos cambios. El Plan de Estabilización de 1959 supuso el fin e la autarquía y sentó las bases para el desarrollo industrial. Además la emigración de los trabajadores a distintas ciudades de Europa supuso un cambio en los modos y maneras. Aunque el recato seguía a la orden del día. Las parejas no podían darse muestras de cariño en público porque eran multadas y la noticia saldría en los periódicos. También era difícil el acceso a la vivienda, algo que también cambió en los años 60, cuando el precio del inmueble se abarató y llegó a los hogares el gas butano, y con él la calefacción y el agua caliente. Con la llegada del televisor surgió una nueva habitación en la casa, el cuarto de estar. Esto cambió por completo la vida de los españoles y la sociedad de consumo, aunque no todos podían acceder a comprarse uno, y por ello los vecinos se reunían en torno al aparato instalado en el teleclub. También se hizo más asequible el automóvil, que nos trajo el legendario Seiscientos en 1957, en la Feria Internacional de Muestras de Barcelona y se convirtió en un éxito de ventas. Y las formas de divertirse cambiaron. Surgieron los tocadiscos portátiles y la música ligera triunfó entre los jóvenes con grupos como El Dúo Dinámico, Fórmula V, Los Bravos … que trajeron los bailes sueltos. En otra línea estaba la música del Festival de Benidorm, en el que triunfó Julio Iglesias, tan diferente al Festival de Eurovisión en el que Massiel lucía minifalda entonando su ganador La, la, la. Pero no sólo los automóviles se abrían paso en las carreteras, también lo hacían los velomotores, las motos, las scooterr, el motocarro y el Biscuter. A la vieja costumbre de liar cigarrillos se unió la de fumar tabaco Celtas, que pronto fue sustituido por el rubio americano, que no estaba al alcance de todos los españoles y se vendía de contrabando. También la Iglesia empezó a cambiar, y después del Concilio Vaticano II, inaugurado por Juan XXIII en 1962, se aprobó el uso de las lenguas vernáculas en la celebración de la misa, en 1963, dejando atrás el uso del latín. Fue en estos años cuando surgieron los curas obreros y las monjas posconciliares, que no dudaron en salir de los conventos para mezclarse con las manifestaciones callejeras protagonizadas por estudiantes, comunistas y socialistas. A pesar de todo esto, el Régimen no estaba dispuesto a aflojar las riendas y la muerte de Julián Grimau en 1963 fue una clara muestra de ello. Lo que seguía respetándose al máximo en materia religiosa era la Semana Santa, tiempo en el que se cerraban las salas de baile y los billares y en el cine solo echaban películas bíblicas, como La túnica Sagrada, Ben-Hur o Los Diez Mandamientos. Entre tanta modernidad, en los años 60 se abría paso un nuevo concepto: el ocio. Su planificación se llevaba a cabo en unos folletos que se editaban los fines de semana, llamados Guías del ocio. Con ellas empezó a ponerse de moda irse de vacaciones a la playa, eso sí, para los que pudieran permitírselo. En las playas se impusieron las nuevas modas, muy contrarias a la tradicional moralidad. Las costas de España se bautizaron nombres atractivos para llamar la atención de los turistas, como Costa Brava, Costa del Sol, Costa Dorada, Costa Blanca, Costa del Azahar, Costa Verde o Costa de la Luz. Para acoger al creciente turismo se empezaron a construir hoteles y apartamentos. Pero si el biquini es algo que hoy en día relacionamos con las playas, no ocurría así en la posguerra española. Hubo que esperar hasta 1962, cuando se estrenó James Bond contra el doctor No para que las españolas se fijaran en esta prenda veraniega que lucía Ursula Andress en la película. Por supuesto que en las playas españolas estaba prohibido el biquini, sin embargo, se miraba para otro lado, y esta prenda comenzó a usarse cada vez más. No ocurrió así en las piscinas del interior de país, donde empezó a usarse a partir de la década de los 70, gracias a unas mujeres de Zaragoza que organizaron un motín que la prensa nacional bautizó con el nombre de Guerra de los biquinis. Por otro lado, los españoles se habían divertido siempre en las corridas de toros, celebrando la Fiesta Nacional, que en la década de los 60 pasó a un segundo plano gracias a un deporte en auge: el fútbol. Tanto en el estadio como frente al televisor, los españoles disfrutaron de este deporte e incluso encontraron una alternativa a él: el futbolín, que causó furor incluso entre los propios futbolistas, aunque su inventor, Alejandro Finisterre, no lo había creado con este fin, sino para rehabilitar a niños mutilados en un sanatorio.

Los medios de comunicación sufrieron durante la dictadura franquista la censura y el control y no existió la libertad de prensa hasta 1977. En 1937 se creó la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda. En 1938, el Ministerio de Gobernación, dirigido por Ramón Serrano Súñer, decretó la Ley de Prensa, una ley de guerra que permaneció vigente hasta 1966. De este modo, los medios de comunicación transmitían las órdenes del Estado, ya fuesen públicos o privados. En 1939 se creó el Registro Oficial de Periodistas y Franco tenía el carné número uno. Ese mismo año se creó la Agencia de noticias EFE, que era monopolio del Estado en la distribución de la información. En 1941 se creó la Escuela Oficial de Periodismo, que exigía a los alumnos a ser militantes de FET y de las JONS y en 1942 nació el Servicio Español de Auscultación de la Opinión Pública.

En 1942 se creó el Noticiario Documental (NODO). Cada documental duraba 10 minutos y era obligatorio proyectarlo antes de las películas en todos los cines de España hasta 1975. A través del NODO se transmitían los valores del régimen y se exaltaba la figura del Caudillo.

Para que un texto o publicidad viera la luz tenía que pasar previamente por la censura. Estaba prohibido escribir algo que dañase el prestigio de la nación, del Ejército o del Gobierno. En 1942 no se podía hablar de la violencia en el fútbol, de la música negra o de otro tipo de música extranjera. Además, en todos los medios había que publicar los discursos del Caudillo. En 1951 se reorganizó la política informativa del régimen en torno al Ministerio de Información y Turismo.

En 1966 se creó la Ley de Prensa aperturista, imbricada en la economía en expansión de la década de 1960 a iniciativa del entonces Ministro Manuel Fraga, se suspendió la censura previa y se terminó con el sistema de consignas. si bien los secuestros de publicaciones continuaron.

El Estado era el propietario de los medios de comunicación en España hasta el 1975. En total poseía 49 emisoras de radio, las agencias EFE y Pyresa, la Editorial Nacional y la Televisión Española.

Los grupos privados autorizados más importantes eran la Editorial Católica, que publicaba el Diario Ya; Prensa española, con ABC; el Grupo Godó, con La Vanguardia; y Bilbao Editoria', con El Correo español-El Pueblo Vasco. En radio las empresas privadas fueron las más numerosas, y las más destacadas fueron la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) y la Cadena de Ondas Populares (COPE).

De entre las publicaciones que, no sin problemas y censuras, consiguieron mantener cierta independencia se encontraba La Codorniz, fundada en 1941 por Miguel Mihura, una revista de humor de tirada semanal. Contó con colaboradores como Mingote, Chumy Chúmez, Serafín, Tono, Jardiel Poncela, Ramón Gómez de la Serna, Gila, José Luis Coll, Carlos Luis Álvarez, Cándido y Máximo entre otros muchos. En 1944 la dirigió Álvaro de Laiglesia y desapareció en 1978. Hubo otras revistas satíricas como Hermano Lobo, El Papus y Por Favor.

En 1956, con la llegada del transistor, la radio superó en audiencia a la prensa diaria. De entre los programas de radio destacaron en la época El consultorio de Elena Francis, Ama Rosa, La sangre es roja o Lo que no muere. En la década de 1960 fue la televisión la gran triunfadora. Los programas líderes de audiencia televisiva fueron Estudio 1, Bonanza, Historias para no dormir, los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente o Los Chiripitifláuticos.

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Eva Perón

Eva Perón

María Eva Duarte de Perón (Junín o Los Toldos, Provincia de Buenos Aires, Argentina; 7 de mayo de 1919 - Buenos Aires; 26 de julio de 1952), conocida como Evita, fue una actriz y política argentina. Como primera dama, promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer, entre ellos el sufragio femenino y realizó una amplia obra social desde la Fundación Eva Perón.

Según el acta Nº 728 del Registro Civil de Junín, (provincia de Buenos Aires), allí nació el 7 de mayo de 1922 una niña con el nombre de María Eva Duarte. Sin embargo existe unanimidad en los investigadores para sostener que esa acta es falsa y que fue realizada a instancias de la propia Eva Perón en 1945, cuando estuvo en Junín para contraer matrimonio con el entonces coronel Juan D. Perón.

En 1970 los investigadores Borroni y Vaca comprobaron que la partida de nacimiento de Evita había sido falsificada. Fue necesario establecer entonces la fecha y el lugar en los que efectivamente nació. Para ello el documento más importante fue el acta de bautismo de Eva, que se encuentra registrado en el folio 495 del Libro de Bautismos correspondiente al año 1919 de la Capellanía Vicaria de Nuestra Señora del Pilar, realizada el 21 de noviembre de 1919.

Hoy se acepta de modo prácticamente unánime que Evita realmente nació tres años antes, el 7 de mayo de 1919, con el nombre de Eva María Ibarguren. En cuanto al lugar de nacimiento, algunos historiadores han escrito erróneamente que Evita nació en el casco urbano de Los Toldos, pero se trata de un simple error proveniente del hecho de que pocos años después del nacimiento la familia se instaló en el pueblo. Esa casa, en la que se instaló la familia en la calle Francia (actual Eva Perón), es actualmente el Museo Municipal Solar Natal de María Eva Duarte de Perón.

Eva fue hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren.

Juan Duarte (1872-1926), conocido como el Vasco por los vecinos, era un estanciero e importante político conservador de Chivilcoy, una ciudad cercana a Los Toldos. Algunos estudiosos consideran que era un descendiente de inmigrantes franceses de apellido D'Huarte, Uhart o Douart. En la primera década del siglo XX, Juan Duarte fue uno de los beneficiados con las maniobras fraudulentas que comenzó a implementar el gobierno para quitarle la tierra a la Comunidad Mapuche de Coliqueo en Los Toldos, apropiándose de la estancia en la que nació Eva.

Juana Ibarguren (1894-1971) era hija de la puestera criolla Petrona Núñez y del carrero Joaquín Ibarguren. Aparentemente tenía poca relación con el pueblo, ubicado a 20 km, y por eso se sabe poco de ella, pero debido a la cercanía de su casa con la toldería de Coliqueo tenía estrecho contacto con la Comunidad Mapuche de Los Toldos. En todos los partos de sus hijos fue asistida por una comadrona india que se llamaba Juana Rawson de Guayquil.

Eva viviría en el campo hasta 1926, fecha en la que el padre falleció y la familia quedó desprotegida completamente, debiendo abandonar la estancia en la que vivían. Estas circunstancias de su niñez, en las condiciones de discriminación de los primeros años del siglo XX, marcaron profundamente a Eva.

En aquella época la ley argentina establecía una serie de calificaciones infames para las personas si sus padres no habían contraído matrimonio legal, genéricamente llamados hijos ilegítimos. Una de esas calificaciones era la de hijo adulterino, circunstancia que se hacía constar en la partida de nacimiento de los niños. Ese era el caso de Evita, quien en 1945 logró que se destruyera su partida de nacimiento original para eliminar esa tacha infamante. Una vez en el gobierno, el peronismo en general y Evita en particular, impulsarían avanzadas leyes antidiscriminatorias para igualar a las mujeres con los varones y a los niños entre sí, sin importar la naturaleza de las relaciones entre sus padres, proyectos que fueron muy resistidos por la oposición, la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Finalmente en 1954, dos años después de su muerte, el peronismo logró sancionar una ley eliminando las discriminaciones más infamantes (hijos adulterinos, sacrílegos, mánceres, naturales, etc.), aunque manteniendo la diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos. El propio Perón, con quien se casaría, había sido registrado como hijo ilegítimo.

El 8 de enero de 1926 falleció su padre en un accidente automovilístico en Chivilcoy. La familia entera viajó a Chivilcoy para asistir al velorio, pero la familia "legítima" le prohibió la entrada en medio de un gran escándalo. Gracias a la mediación de un hermano político del padre, quien era por entonces intendente de Chivilcoy, pudieron acompañar el cortejo hasta el cementerio y asistir al entierro.

Para Evita el hecho tuvo una honda significación emocional vivenciado como una suma de injusticias. Con sólo siete años, Eva había tenido escaso contacto con su padre. Esta secuencia de acontecimientos tiene una gran importancia en el musical de Andrew Lloyd Webber y la película realizada sobre el mismo.

Muerto Juan Duarte, la familia de Eva quedó completamente desprotegida y Juana Ibarguren debió trasladarse con sus hijos a Los Toldos, habitando la pequeña casa de dos ambientes ubicada en las afueras del pueblo en la calle Francia 1021 donde comenzó a trabajar como costurera para mantener a sus hijos.

Los Toldos, de allí su nombre, era originalmente una toldería mapuche, es decir un pueblo indígena. Específicamente allí se encontraba la comunidad mapuche de Coliqueo, instalada allí luego de la batalla de Pavón (1861), por el legendario lonco y coronel del Ejército Argentino Ignacio Coliqueo (1786-1871), quien procedía del sur de Chile. Entre 1905 y 1936 se desarrolló en Los Toldos una serie de argucias legales destinadas a excluir al pueblo mapuche de la propiedad de la tierra. Poco a poco, los indígenas fueron siendo desplazados como propietarios por estancieros no indígenas. Juan Duarte, el padre de Eva, fue uno de ellos y por esa razón la estancia en la que Eva nació se encontraba precisamente frente a la toldería de Coliqueo.

La comunidad mapuche fue siempre un componente importante de la población de Los Toldos. Al comenzar el siglo XXI, el 30% de las tierras de la zona de Los Toldos ha permanecido como propiedad mapuche.

Durante la infancia de Evita (1919-1930), los Toldos era una pequeña población pampeana, de tipo rural, vinculada a la actividad agro-ganadera, específicamente trigo, maíz y ganado vacuno. La estructura social estaba controlada por el estanciero, propietario de grandes extensiones de tierra, que establecía relaciones de tipo servil con los peones de campo y con los arrendatarios. El tipo básico de trabajador en esa zona era el gaucho.

La muerte del padre agravó seriamente la situación económica de la familia. Al año siguiente Eva ingresó a la escuela primaria, la que cursó con dificultades, debiendo repetir el segundo grado en 1929, cuando contaba con 10 años. Sus hermanas han contado que ya por entonces gustaba de mostrar su gusto por la declamación dramática y sus habilidades como malabarista. Por su cara aindiada Eva recibiría el sobrenombre de “Chola”, por el que la llamaban entonces casi todos, al igual que "Negrita", que mantendría toda su vida.

En 1930 Juana, su madre, decidió mudar a la familia a la ciudad de Junín. Evita tenía por entonces 11 años. Allí la familia Duarte comenzó a prosperar sobre la base del trabajo de Juana, y sus hijos Elisa, Blanca y Juan. Erminda ingresó en el Colegio Nacional y Evita en tercer grado, en la escuela Nº 1 Catalina Larralt de Estrugamou de la que egresaría con su educación primaria completa en 1934, cuando contaba 15 años.

La primera casa en la que se instalaron aún existe, y está ubicada en la calle Roque Vázquez 86. A medida que la situación económica de la familia fuera mejorando debido al trabajo de los hijos mayores, sobre todo el de Juan como vendedor de la empresa de artículos de tocador Guereño, los Duarte se mudarían primero a una casa más amplia en Lavalle al 200 (1932), donde Juana organizó un comedor hogareño para el almuerzo, luego se mudaron a Winter 90 (1933) y finalmente a Arias 171 (1934). En 2006 la Municipalidad de Junín creó el Museo Eva Perón.

En Junín afloró la vocación artística de Eva. En la escuela, donde tenía grandes dificultades para seguir los programas escolares, se destacaba abiertamente por la pasión que mostraba por la declamación, la actuación y la participación en cuanto espectáculo se organizase en la escuela, en el Colegio Nacional, en el cine del pueblo o en las audiciones radiales.

Allí fue donde participó por primera vez en una obra de teatro, una realización estudiantil llamada Arriba Estudiantes. También actuaría en otra obrita teatral, "Cortocircuito", con el fin de recaudar fondos para una biblioteca escolar. En Junín Eva utilizó por primera vez un micrófono y escuchó su voz saliendo de altoparlantes.

En esta época Eva muestra también sus condiciones para el liderazgo, acaudillando a uno de los grupos de su grado. El 3 de julio de 1933, día de la muerte del ex presidente Hipólito Yrigoyen, derrocado tres años antes por un golpe de Estado, Eva fue a la escuela con un moño negro sobre el guardapolvo.

Según la historiadora Lucía Gálvez, en 1934, Evita y una amiga habrían sufrido un ataque sexual por parte de dos jóvenes que las habrían invitado a viajar a Mar del Plata en el auto de ellos. Gálvez afirma que al salir de Junín intentaron violarlas, sin lograrlo, pero las abandonaron desnudas en las afueras de la ciudad. El chofer de un camión las llevó de regreso a sus casas. El hecho -de ser cierto- habría tenido profunda influencia en su vida.

Ese año, aún sin terminar la escuela primaria, Eva viajó a Buenos Aires pero debió volver al no conseguir trabajo. Terminó entonces la primaria, pasó en familia las fiestas de Navidad y Año Nuevo, y el 2 de enero de 1935, Evita, con tan solo 15 años, migró definitivamente a Buenos Aires.

La película Evita y algunas biografías sostienen que Eva Duarte viajó en tren a Buenos Aires con el famoso cantor de tango Agustín Magaldi, luego de que este realizara una presentación en Junín. Sin embargo, los biógrafos de Eva, Marysa Navarro y Nicholas Fraser, han destacado que no hay registros de que Magaldi haya cantado en Junín en 1934 y su hermana relata que Eva viajó a Buenos Aires acompañada de su madre, quien permaneció con ella hasta que obtuvo un empleo.

Eva Duarte era una adolescente cuando llegó a Buenos Aires el 3 de enero de 1935 con quince años. Ella fue parte de un gran proceso migratorio interno que comenzó luego de la crisis económica de 1929. Esta gran migración, en la historia argentina, tuvo como protagonistas a los llamados cabecitas negras, un término despectivo y racista utilizado por las clases media y alta de Buenos Aires para referirse a esos migrantes no europeos, diferentes de los que habían caracterizado la inmigración en Argentina hasta ese entonces. La gran migración interna de los años '30 y '40 y los llamados cabecitas negras constituyeron la mano de obra que impulsó el desarrollo industrial en Argentina y fueron la base social del peronismo a partir de 1943.

Durante los siguientes años Eva transitará un camino de escaseces y humillaciones, viviendo en pensiones baratas, y actuando intermitentemente para las compañías de teatro. Su compañía principal en Buenos Aires fue su hermano Juan Duarte, Juancito, cinco años mayor que ella, el hombre de la familia, con quien mantuvo siempre una estrecha relación y que también había migrado a la capital pocos meses antes de que lo hiciera Eva.

En estos primeros años de sacrificios Eva estableció una estrecha amistad con otras dos por entonces oscuras actrices como ella, Anita Jordán y Josefina Bustamente, que mantuvo por el resto de su vida. Eva es recordada por la gente que la conoció entonces como una jovencita morocha, muy flaca y débil, que tenía el sueño de convertirse en una actriz importante, con una gran alegría, fuerza y sentido de la amistad y la justicia.

Lentamente Eva fue logrando un cierto reconocimiento, participando primero en películas como actriz de segunda línea, también como modelo, apareciendo en la tapa de algunas revistas de espectáculos, pero sobre todo comenzó una carrera exitosa como locutora y actriz de radioteatros. En agosto de 1937 obtuvo su primer papel en un radioteatro. La obra, que se transmitía por Radio Belgrano, se llamaba Oro blanco y estaba ambientada en la vida cotidiana de los trabajadores del algodón en el Chaco.

A fines de 1938, con 19 años, Eva logró encabezar el elenco de la recién creada Compañía de Teatro del Aire junto a Pascual Pelliciotta, otro actor que como ella había trabajado durante años en papeles secundarios. El primer radioteatro que puso en el aire la compañía fue Los jazmines del ochenta, de Héctor P. Blomberg, por Radio Mitre, de lunes a viernes.

Simultáneamente comenzó a actuar más asiduamente en películas como El más infeliz del pueblo, con Luis Sandrini, La carga de los valientes y Una novia en apuros en 1941.

En 1941 la compañía puso en el aire el radioteatro Los amores de Schubert, de Alejandro Casona, por Radio Prieto.

En 1942 dio el salto definitivo a la estabilidad económica al ser contratada por la Compañía Candilejas, auspiciada por la empresa Jabón Radical, que difundiría todas las mañanas por Radio El Mundo un ciclo de radioteatros. Ese mismo año Eva fue contratada por cinco años para realizar diariamente por la noche, un radioteatro llamado Grandes Mujeres de todos los tiempos, en el que se dramatizaban las vidas de mujeres famosas. Se transmitió por Radio Belgrano y se hizo sumamente popular. Muñoz Azpiri, el libretista, sería quien años después le escribiría sus primeros discursos políticos. Radio Belgrano, por entonces estaba dirigida por Jaime Yankelevich quien tendría un papel fundamental en la creación de la televisión argentina.

Entre el radioteatro y las películas Eva finalmente logró una situación económica estable y cómoda. De este modo, en 1942 pudo abandonar las pensiones y comprarse su propio departamento, frente a los estudios de Radio Belgrano, ubicado en el exclusivo barrio de Recoleta, en la calle Posadas 1567, el mismo donde tres años después comenzaría a vivir con Juan D. Perón.

El 3 de agosto de 1943 Eva comenzó también a actuar sindicalmente y fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.

En los primeros días de 1944 Eva conoció a Juan Perón. En esa época la Argentina atravesaba un momento crucial de transformaciones económicas, sociales y políticas.

Económicamente, el país en los años anteriores había cambiado completamente su estructura productiva debido a un gran desarrollo de la industria. En 1943 la producción industrial había superado a la producción agropecuaria por primera vez.

Socialmente, el país estaba viviendo una gran migración interna, del campo a la ciudad, empujada por el desarrollo industrial. Ello llevó a un amplio proceso de urbanización y un notable cambio de la población en las grandes ciudades, especialmente Buenos Aires debido a la irrupción de un nuevo tipo de trabajador y trabajadora no europeos. Fueron llamados despectivamente cabecitas negras por las clases medias y altas, debido a que usualmente tenían el pelo, la piel y los ojos más oscuros que el de algunos inmigrantes europeos. La gran migración interna se caracterizó también por la presencia de una gran cantidad de mujeres buscando ingresar al nuevo mercado de trabajo asalariado que estaba creando la industrialización.

Políticamente, el país vivía una crisis profunda de los partidos políticos tradicionales que habían convalidado un sistema corrupto y abiertamente fraudulento fundado en el voto cantado y en el clientelismo. Ese período es conocido en la historia argentina como Década Infame (1930-1943) y fue dirigido por una alianza conservadora conocida como La Concordancia. Ante la corrupción escandalosa del gobierno conservador el 4 de junio de 1943 se produjo un golpe de Estado militar que abrió un confuso período de reorganización y realineamiento de las fuerzas políticas. Al producirse el golpe militar el teniente coronel Juan D. Perón era un joven integrante de la tercera fila del nuevo gobierno.

En 1943, poco tiempo después de comenzado el gobierno militar, un grupo de sindicatos mayoritariamente socialistas y sindicalistas revolucionarios, encabezados por el dirigente sindical más importante de la década del '30, el socialista Ángel Borlenghi, tomó la iniciativa de establecer contactos con oficiales jóvenes que tuvieran simpatía por los reclamos de los trabajadores. Del lado militar, fueron los coroneles Juan Perón y Domingo Mercante quienes encabezaron el grupo militar que resolvió hacer una alianza con los sindicatos para impulsar el programa histórico que el sindicalismo argentino venía proponiendo desde 1890.

La alianza militar-sindical encabezada por Perón y Borlenghi fue imponiendo grandes conquistas laborales (convenios colectivos, Estatuto del Peón de Campo, jubilaciones, etc.) y ganando en consecuencia un apoyo popular que le permitió comenzar a ocupar posiciones importantes en el gobierno. El primer cargo lo obtuvo precisamente Perón, cuando fue designado al frente del insignificante Departamento de Trabajo. Poco después obtenía que el departamento fuera elevado a la importante jerarquía de Secretaría de Estado.

Paralelamente al avance de las conquistas sociales y laborales obtenidas por el grupo sindical-militar dirigido por Perón y Borlenghi, y al creciente apoyo popular al mismo, comenzó a organizarse también una oposición encabezada por los grupos patronales, militares y estudiantiles tradicionales, con apoyo abierto de la embajada de Estados Unidos, que fue ganando apoyo en la clase media y alta. Este enfrentamiento sería inicialmente conocido como las alpargatas contra los libros.

Eva, con 24 años, conoció a Perón, viudo desde 1938, el 22 de enero de 1944 en un acto realizado en el estadio Luna Park por la Secretaría de Trabajo y Previsión con el fin de condecorar a las actrices que más fondos habían recaudado en la colecta de solidaridad con las víctimas del terremoto que asoló la ciudad de San Juan. Las actrices que resultaron primeras fueron Niní Marshall y Libertad Lamarque.

En febrero Perón y Eva ya estaban viviendo juntos en el departamento de esta última, de la calle Posadas.

Eva siguió desarrollando su carrera artística. Por entonces trabajaba en tres programas radiales diarios: Hacia un futuro mejor (10:30), donde difundía las conquistas sociales y laborales que conseguía la Secretaría de Trabajo, el radioteatro Tempestad (18:00) y Reina de reyes (20:30). También actuó en dos películas, "La cabalgata del circo", con Hugo del Carril y Libertad Lamarque y "La pródiga" que no llegó a estrenarse en su época.

Ese año resultó elegida presidenta de su sindicato, la Asociación Radial Argentina.

El año 1945 fue clave para la historia argentina. La confrontación entre sectores sociales se agudizó y la oposición entre alpargatas y libros se transformó en peronismo y antiperonismo.

El 8 de octubre a la noche se produjo un golpe de Estado dirigido por el general Eduardo Avalos que exigió de inmediato y obtuvo la renuncia de Perón al día siguiente. Durante una semana los grupos antiperonistas tuvieron el control del país pero no se decidieron a tomar el poder. Perón y Eva permanecieron juntos, circulando por diversas casas, entre ellas la de Elisa Duarte, la segunda hermana de Eva. El 13 de octubre Perón fue detenido en el departamento de la calle Posadas y confinado en la cañonera Independencia que zarpó hacia la Isla Martín García.

Por entonces parecía que Perón había sido definitivamente desplazado de la actividad política y que, en el mejor de los casos, se retiraría con Eva, para vivir en la Patagonia. Sin embargo a partir del día 15 de octubre los sindicatos comenzaron a movilizarse para exigir la libertad de Perón, hasta desencadenar la gran manifestación del 17 de octubre que finalizó con su liberación, provocó la recuperación de las posiciones en el gobierno que tenía la alianza militar-sindical y abrió el camino para la victoria en las elecciones presidenciales.

La actividad de Eva el 17 de octubre de 1945 es muy discutida entre los historiadores. La versión tradicional le asignó un papel decisivo en la movilización de los trabajadores que ocuparon Plaza de Mayo. Sin embargo se encuentra probado que su papel en esas jornadas fue muy limitado si es que jugó alguno. En ese momento, Eva Duarte aún carecía de identidad política, de contactos en los sindicatos y de apoyo firme en el círculo íntimo de Perón. Los testimonios históricos son abundantes en señalar que el movimiento que liberó a Perón fue organizado directamente por los sindicatos en todo el país y la CGT.

El periodista Héctor Daniel Vargas ha revelado que el 17 de octubre Eva Duarte estaba en Junín seguramente en la casa de su madre, y menciona como prueba un poder firmado por ella ese mismo día en esa ciudad. Al parecer podría haber llegado a Buenos Aires esa tarde.

Como Perón había dicho en sus cartas, pocos días después, el 22 de octubre se casó con Eva en Junín. El acontecimiento ocurrió en la Escribanía Ordiales, que funcionaba en una casona que aún existe en la esquina de Arias y Quintana, en el centro de la ciudad. El escritorio utilizado para confeccionar el acta de matrimonio civil se encuentra actualmente expuesto en el Museo Histórico de Junín.

Dos días después se realizó la ceremonia de matrimonio católico en la iglesia de San Francisco, orden muy apreciada por Eva, en la ciudad de La Plata.

Eva comenzó abiertamente su carrera política acompañando a Perón, como su esposa, en la campaña electoral con vistas a las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946.

La participación de Eva en la campaña de Perón fue una novedad en la historia política argentina. En aquel momento las mujeres carecían de derechos políticos (excepto en San Juan) y las esposas de los candidatos tenían una presencia pública muy restringida y básicamente apolítica. Desde principio de siglo grupos de feministas, entre los que se destacaron personas como Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Elvira Rawson de Dellepiane, habían reclamado sin éxito el reconocimiento de los derechos políticos para las mujeres. En general, la cultura machista dominante consideraba una falta de feminidad que una mujer opinara de política.

Eva fue la primera esposa de un candidato presidencial argentino en estar presente durante su campaña electoral y acompañarlo en sus giras. Perón venía proponiendo desde 1943 que había que reconocer el derecho al voto de las mujeres pero en 1945 la Asamblea Nacional de Mujeres presidida por Victoria Ocampo y otros sectores conservadores se opusieron enérgicamente por considerar que era una maniobra electoral y el proyecto finalmente no logró imponerse.

El 8 de febrero de 1946, pocos días antes de finalizar la campaña, el Centro Universitario Argentino, la Cruzada de la Mujer Argentina y la Secretaría General Estudiantil organizaron un acto en el estadio Luna Park para manifestar el apoyo de las mujeres a la candidatura de Perón. Debido a que Perón no pudo asistir por encontrarse agotado, se anunció que María Eva Duarte de Perón lo reemplazaría en el uso de la palabra. Era la primera vez que Evita hablaría en un acto político. Sin embargo la oportunidad resultó frustrada porque el público reclamó airadamente la presencia de Perón e impidió que pudiera pronunciar su discurso.

El 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones triunfando la fórmula Perón-Quijano con un 54% de los votos.

El proyecto de ley fue presentado inmediatamente después de asumido el nuevo gobierno constitucional, el 1 de mayo de 1946. La oposición de los prejuicios conservadores resultaba evidente, no solo entre los partidos opositores sino incluso dentro de los partidos que sostenían el peronismo. Evita presionó constantemente a los parlamentarios para que lo aprobaran, causando incluso protestas de estos últimos por su intromisión.

A pesar de que era un texto brevísimo en tres artículos, que prácticamente no podía dar lugar a discusiones, el Senado recién dio media sanción al proyecto el 21 de agosto de 1946, y hubo que esperar más de un año para que la Cámara de Diputados sancionara el 9 de septiembre de 1947 la Ley 13.010, estableciendo la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres y el sufragio universal en la Argentina. Finalmente, la Ley 13.010 se aprobó por unanimidad.

En 1949 Eva Perón buscó incrementar la influencia política de las mujeres fundando el Partido Peronista Femenino (PPF), el 26 de julio en el Teatro Nacional Cervantes de la Ciudad de Buenos Aires. El PPF estaba organizado a partir de unidades básicas femeninas que se abrían en los barrios, pueblos y sindicatos canalizando la militancia directa de las mujeres.

En el Partido Peronista Femenino no había distinciones ni jerarquías entre los miembros.

El 11 de noviembre de 1951 se realizaron elecciones generales. Evita votó en el hospital donde estaba internada, debido al avanzado estado del cáncer que terminaría con su vida al año siguiente. Por primera vez resultaron elegidas parlamentarias: 23 diputadas nacionales, 6 senadoras nacionales, y si se cuentan a las legisladoras provinciales fueron electas en total 109 mujeres.

La igualdad política de hombres y mujeres, se complementó con la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida que garantizó el artículo 37 (II.1) de la Constitución de 1949. El texto fue directamente escrito por Eva Perón. El golpe militar de 1955 derogó la Constitución, y con ella la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio y frente a la patria potestad, reapareciendo la prioridad del hombre sobre la mujer. La reforma constitucional de 1957 tampoco reincorporó esta garantía constitucional, y la mujer argentina permaneció discriminada legalmente hasta que se sancionó la ley de patria potestad compartida en 1985, durante el gobierno de Alfonsín.

Eva Perón estableció una fuerte relación, estrecha y a la vez compleja, con los trabajadores y los sindicatos en particular, que la caracterizó.

En 1947 Perón disolvió los dos partidos que lo sostenían, el Partido Laborista y la Unión Cívica Radical Junta Renovadora, para crear el Partido Peronista. De ese modo los sindicatos perdieron autonomía dentro del peronismo, aunque por otra parte este se constituyó con el sindicalismo como su columna vertebral, lo que en la práctica implicó que el Partido Peronista tomara la forma de un partido cuasi-laborista.

En este esquema de poderes heterogéneos y muchas veces en conflicto que confluían en el peronismo, entendido como un movimiento abarcador de múltiples clases y sectores, Eva Perón ocupó un papel de vínculo directo y privilegiado entre Perón y los sindicatos, que les permitió a estos últimos consolidar una posición de poder, aunque compartido.

Por esta razón fue el movimiento sindical el que impulsó la candidatura de Eva Perón a vicepresidenta, en 1951, candidatura muy resistida, incluso dentro del Partido Peronista, por los sectores que querían evitar un avance del sector sindical.

Evita tenía una visión sumamente combativa de los derechos sociales y laborales y pensaba que la oligarquía y el imperialismo actuarían incluso violentamente para anularlos. Consecuentemente Eva impulsó junto a los dirigentes sindicales la formación de milicias obreras y, poco antes de morir, compró armas que entregó a la CGT.

La estrecha relación entre Evita y el sindicalismo quedó evidenciada a la muerte de aquella, cuando su cadáver embalsamado fue llevado de manera permanente a la CGT.

La ubicación de Eva Perón en el gobierno peronista estaba obstaculizada por la prohibición legal que existía para que las mujeres pudieran actuar en política. Perón, Evita y otros dirigentes peronistas pensaron entonces en una gira internacional para 1947, inédita en aquel momento para una mujer, que pudiera ubicarla en el primer plano político.

La gira se extendió durante 64 días, partiendo el 6 de junio y regresando el 23 de agosto de 1947. Durante la misma visitó España (18 días), Italia y el Vaticano (20 días), Portugal (3 días), Francia (12 días), Suiza (6 días), Brasil (3 días) y Uruguay (2 días). Su intención oficial era oficiar de embajadora de buena voluntad y conocer los sistemas de ayuda social instalados en Europa con la obvia intención impulsarla a su regreso a hacerse cargo de un nuevo sistema de obras sociales. En el cortejo viajó el padre jesuita Hernán Benítez, por quien ella se dejaba aconsejar, y que tendría influencia, a su vuelta, en la creación de la Fundación de Ayuda Social Eva Perón.

España, fue la primera escala de su viaje, cuando era gobernada por el dictador Francisco Franco. Estuvo en Villa Cisneros, Madrid, Toledo, Segovia, Galicia, Sevilla, Granada y Barcelona. Hay decenas de testimonios sobre el desagrado de Evita acerca del modo que se trataba a los obreros y a las personas humildes en España. Mantuvo una situación tirante con la esposa de Franco, Carmen Polo, debido a su intento de mostrarle el Madrid histórico de los Austrias y los Borbones en lugar de los hospitales públicos y los barrios obreros («barrios de chabolas»); Eva Perón. Anécdotas, Documentos sobre Eva Perón. También se dice que utilizó su diplomacia e influencia con Franco para obtener el perdón de la militante comunista Juana Doña.

El viaje continuó por Italia, donde almorzó con el ministro de Relaciones Exteriores, visitó guarderías infantiles y recibió críticas de grupos comunistas que asimilaban el peronismo al fascismo.

Benítez afirmó que a Roncalli le impresionó la figura de Evita inclinando su cabeza frente al altar de la Virgen mientras se escuchaba el Himno Nacional Argentino: ¡Ha vuelto la emperatriz Eugenia de Montijo!, afirmó que dijo el prelado.

La gira continuó por Suiza, donde se entrevistó con dirigentes políticos. Sobre su escala en Suiza se han realizado muchas especulaciones intentando atribuirla a hechos de corrupción, pero los historiadores no han encontrado pruebas que permitan sostenerlas. Finalmente descartó visitar Gran Bretaña debido a que la familia real se encontraba en Escocia y antes de volver visitó Brasil y Uruguay.

La actividad por la cual Evita se destacó durante el gobierno peronista fue la ayuda social orientada a atender la pobreza y otras situaciones sociales de desamparo. Tradicionalmente en la Argentina esa actividad estaba en manos de la Sociedad de Beneficencia, una antigua asociación cuasi-estatal creada por Bernardino Rivadavia a principios del siglo XIX dirigida por un selecto grupo de mujeres de la clase alta. Ya en la década del '30 comenzó a ser evidente que la Sociedad de Beneficencia como organización, y la beneficencia como actividad, se habían vuelto obsoletas e inadecuadas para la sociedad urbana industrial. A partir de 1943, la Sociedad de Beneficencia comenzó a ser reorganizada y el 6 de septiembre de 1946 fue intervenida. A partir de entonces, el peronismo debió asumir la tarea de modernizar la asistencia y la ayuda social. Parte de esa tarea fue desarrollada a través del exitoso plan de salud pública que llevó adelante el Ministro de Salud Ramón Carrillo; parte fue desarrollada a partir de las nuevas instituciones de previsión social como la generalización de las jubilaciones y pensiones; y parte fue desarrollada por Eva Perón desde la Fundación Eva Perón.

Inmediatamente después de regresar de su gira europea Evita organizó una Cruzada de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón orientaba a atender ancianos y mujeres desamparadas, mediante subsidios y hogares temporarios. El 8 de julio de 1948 se creó la Fundación Eva Perón presidida por Evita, que desarrolló una gigantesca tarea social que llegó prácticamente a todos los niños, ancianos, madres solteras, y mujeres que eran único sustento de familia, pertenecientes a los estratos más carenciados de la población.

La Fundación realizó un amplio espectro de actividades sociales, desde la construcción de hospitales, asilos, escuelas, colonias de vacaciones, hasta el otorgamiento de becas para estudiantes, ayudas para la vivienda y promoción de la mujer en diversas facetas. La Fundación realizaba anualmente los famosos Juegos Infantiles Evita y Juveniles Juan Perón, en los que participaban cientos de miles de niños y jóvenes de sectores humildes, que a la vez que promovía el deporte permitió también realizar masivos controles médicos. La Fundación entregaba también masivamente, cada fin de año, sidra y pan dulce a las familias más carenciadas, hecho este último muy criticado por los opositores.

De las obras realizadas por la Fundación que han permanecido pueden destacarse el complejo habitacional Ciudad Evita en el Partido de La Matanza (Gran Buenos Aires), gran cantidad de hospitales que en la actualidad suelen llevar el nombre de Evita, o Eva Perón, la República de los Niños en Gonnet (provincia de Buenos Aires), etc.

La Fundación realizó también ayudas solidarias para diversos países como Estados Unidos e Israel. En 1951, Golda Meir, por entonces Ministra de Trabajo israelí y una de las pocas mujeres que en el mundo habían alcanzado una posición política destacada en democracia, viajó a la Argentina para entrevistarse con Eva Perón y agradecerle las donaciones a Israel en los primeros momentos de su creación.

La preocupación especial de Eva Perón por los ancianos la llevó a redactar y proclamar el 28 de agosto de 1948 el llamado Decálogo de la Ancianidad, una serie de derechos de los ancianos que al año siguiente fueron incorporados a la Constitución en 1949. Los 10 Derechos de la Ancianidad eran: asistencia, vivienda, alimentación, vestido, ciudado de la salud física, ciudado de la salud moral, esparcimiento, trabajo, tranquilidad y respeto. En 1956 la Constitución de 1949 fue derogada por una proclama militar y los derechos de la ancianidad nunca más volvieron a tener jerarquía constitucional.

La Fundación Eva Perón funcionaba en un gran edificio especialmente construido ubicado en Paseo Colón 850 de la ciudad de Buenos Aires, a una cuadra de la CGT. Cuando se produjo el golpe militar de 1955 que derrocó al Presidente Perón, la Fundación fue asaltada destruyéndose las grandes estatuas de Leone Tommasi que se encontraban en su frente y el edificio fue entregado a la Universidad de Buenos Aires. Actualmente allí funciona la Facultad de Ingeniería.

Evita: (hablando a la multitud y a Perón) Hoy, mi general, en este Cabildo Abierto del Justicialismo, el pueblo preguntó que quería saber de que se trata. Aquí ya sabe de qué se trata y quiere que el general Perón siga dirigiendo los destinos de la Patria.

Pueblo: ¡Con Evita! ¡Con Evita!

Evita: Yo haré siempre lo que el pueblo quiera. Pero yo les digo que así como hace cinco años he dicho que prefería ser Evita, antes que la mujer del presidente, si ese Evita era dicho para aliviar algún dolor de mi Patria, ahora digo que sigo prefiriendo ser Evita. La Patria está salvada porque la gobierna el general Perón.

Pueblo: ¡Que conteste! ¡Que conteste!

Espejo (CGT): Señora, el pueblo le pide que acepte su puesto.

Evita: Yo le pido a la Confederación General del Trabajo y a ustedes, por el cariño que nos profesamos mutuamente, para una decisión tan trascendental en la vida de esta humilde mujer, que me den por lo menos cuatro días.

Pueblo: ¡No, no, vamos al paro! ¡Vamos a la huelga general!

Evita: Compañeros, compañeros...yo no renuncio a mi puesto de lucha. Yo renuncio a los honores. (llorando) Yo haré, finalmente, lo que decida el pueblo. (aplausos y vivas) ¿Ustedes que si el puesto de vicepresidenta fuera un cargo y si yo hubiera sido una solución no habría contestado ya que sí?

Pueblo: ¡Contestación! ¡Contestación!

Evita: Compañeros, por el cariño que nos une, les pido por favor que no me hagan hacer lo que no quiero hacer. Se los pido a ustedes como amiga, como compañera. Les pido que se desconcentren. (La multitud no se retira) Compañeros...¿Cuándo Evita los ha defraudado? ¿Cuándo Evita no ha hecho lo que ustedes desean? Yo les pido una cosa, esperen hasta mañana.

Espejo (CGT): La compañera Evita nos pide dos horas de espera. Nos vamos a quedar aquí. No nos movemos hasta que nos de la respuesta favorable.

Evita: Esto me toma de sorpresa. Jamás en mi corazón de humilde mujer argentina pensé que podía aceptar este puesto... Denme tiempo para anunciar mi decisión al país en cadena.

En las elecciones generales de 1951 fue la primera vez que las mujeres pudieron presentarse como candidatas. Debido a su gran popularidad la presentación de la candidatura de Eva Perón era entonces un hecho inevitable. El movimiento obrero comprendió rápidamente que la candidatura de Evita al cargo de Vicepresidenta de la Nación, acompañando a Perón, significaba un fortalecimiento notable del sector sindical en el gobierno peronista. La audaz jugada desató una aguda lucha interna en el peronismo e intensas gestiones de los grupos de poder, en la que los sectores más conservadores presionaron fuertemente para evitarlo. Simultáneamente a este proceso Evita desarrolló un cáncer de útero que acabaría con su vida en menos de un año.

En ese contexto el 22 de agosto de 1951 se produjo el Cabildo Abierto del Justicialismo convocado por la CGT. La reunión convocó a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en la esquina de Belgrano y 9 de Julio y constituyó un hecho histórico fuera de lo común. En su transcurso los sindicatos le pidieron a Evita que aceptara la candidatura a Vicepresidente. Tanto Perón como Evita tomaron sucesivamente la palabra para sugerir que los cargos no eran importantes y que ya Evita ocupaba un lugar superior en la consideración de la población.

La multitud entendió esas palabras como un compromiso de Eva Perón de aceptar la candidatura y se retiró. Sin embargo, nueve días después, Eva habló por radio para informar que había decidido renunciar a la candidatura. Ese momento es recordado por los simpatizantes del peronismo como Día del Renunciamiento.

Por supuesto que la deteriorada salud de Eva Perón resultó a la postre un factor determinante del fracaso de su candidatura a vicepresidenta. Sin embargo ello no impidió que la propuesta de la CGT pusiera en evidencia las luchas internas al peronismo y en la sociedad, ante la eventualidad de que una mujer apoyada por los sindicatos pudiera ser elegida vicepresidenta y eventualmente incluso presidenta de la Nación. Un mes después se produjo el primer intento de golpe de estado contra Perón dirigido por el General Benjamín Menéndez.

En las elecciones que se llevaron a cabo el 11 de noviembre de 1951 Evita había sido operada seis días antes y debió votar en su cama del hospital.

Eva Perón enfermó de un cáncer de útero. Su primera manifestación sucedió el 9 de enero de 1950 cuando sufrió un desmayo en el acto de fundación del Sindicato de Taxistas.

A comienzos de 1951 vuelve a desmayarse en la Fundación Eva Perón, razón por la cual trasladó su oficina a la residencia presidencial, ubicada en aquel entonces en Austria y Libertador, donde hoy se encuentra la Biblioteca Nacional.

El 15 de octubre publicó su libro "La razón de mi vida", escrito con la ayuda del periodista español Manuel Penella entre otros, con una primera edición de 300.000 ejemplares. Luego de su muerte se convertiría en libro de lectura en las escuelas.

El avance del cáncer la volvía cada vez más débil y la obligaba a guardar reposo. Pese a ello participaba en los actos públicos. Uno de los más importantes de este período final de su vida fue el del 17 de octubre de ese año. El discurso que Evita pronunció ese día ha sido considerado como su testamento político; en él menciona nueve veces su propia muerte.

El 18 de julio de 1952 entró en coma por primera vez. Recibió tratamiento de rayos en varias ocasiones. Murió a la edad de 33 años, el 26 de julio de 1952, a las 20:25.

Tras su muerte la CGT declaró tres días de paro y el gobierno estableció un duelo nacional de 30 días. Su cuerpo fue velado en la Secretaría de Trabajo y Previsión hasta el 9 de agosto que fue llevado al Congreso de la Nación para recibir honores oficiales, y luego a la CGT. La procesión fue seguida por más de dos millones de personas y su paso por las calles recibió una lluvia de claveles, orquídeas, crisantemos, alhelíes y rosas arrojados desde los balcones cercanos.

Su cuerpo fue embalsamado y mantenido en exposición en la CGT. Mientras tanto, el gobierno empezó las obras del Monumento al Descamisado, que se había proyectado en base a una idea de Evita y que, según un nuevo plan, sería su tumba definitiva. Cuando la Revolución Libertadora derrocó a Perón el 23 de septiembre de 1955, el cadáver fue secuestrado y hecho desaparecer durante 14 años.

Durante la dictadura militar llamada Revolución Libertadora (1955-1958) que derrocó al presidente Juan Perón, un comando al mando del teniente coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el cuerpo de Evita, el 22 de noviembre de 1955 por la noche, que se encontraba en la CGT. La orden la había dado el dictador al mando del país en ese momento, General Pedro Eugenio Aramburu. Desde ese momento se estableció un itinerario macabro y perverso. Moori Koenig puso el cadáver dentro de una camioneta y lo mantuvo en su interior durante varios meses, estacionándola en distintas calles de Buenos Aires, en depósitos militares, o incluso en la casa de un militar. Una noche incluso, los militares llegaron a matar a una mujer embarazada confundiéndola con un comando peronista que pretendía recuperar el cadáver.

Moori Koenig llegó a obsesionarse y quedar al borde de la locura. Terminó instalando el féretro de pie con el cadáver en su oficina, donde procedía a manosearla sexualmente y mostrársela a sus visitantes. Una de las personas que vio en esas circunstancias el cadáver de Evita fue la cineasta María Luisa Bemberg.

El dictador Pedro Eugenio Aramburu destituyó a Moori Koenig y le encomendó al coronel Héctor Cabanillas, sepultarlo clandestinamente. La llamada Operación Traslado fue diseñada por el entonces teniente coronel y luego dictador también Alejandro Agustín Lanusse, con la ayuda del sacerdote Francisco "Paco" Rotger, a cargo de quien recayó la responsabilidad de obtener la complicidad de la Iglesia a través del superior general de la orden de los paulinos, el padre Giovanni Penco, y el propio Papa Pío XII.

El 23 de abril de 1957 el cadáver fue trasladado en secreto en el barco Conté Biancamano a Génova (Italia) en un ataúd que se explicaba pertenecía a una mujer llamada María Maggi de Magistris y fue enterrado bajo ese nombre en la tumba 41 del campo 86 del Cementerio Mayor de Milán.

Las versiones se multiplicaron y el mito se agrandó. Hay versiones que sostienen que los militares mandaron realizar tres copias de cera de la momia, y que las enviaron a otro cementerio italiano, uno en Bélgica y otro en Alemania Occidental.

En 1969 la organización guerrillera Montoneros secuestró a Aramburu, exigiendo entre otras cosas la aparición del cuerpo de Evita. Cabanillas entonces se movilizó para traerlo, pero no llegó a tiempo y Aramburu fue asesinado.

En septiembre de 1971, el General Lanusse, dictador por entonces del país, le ordenó al coronel Cabanillas, organizar el "Operativo Retorno". El cuerpo de Evita fue entonces desenterrado de la tumba clandestina en Milán y devuelto a Perón en Puerta de Hierro (Madrid). En tal acción participó el brigadier (R) Jorge Rojas Silveyra, embajador argentino en España. Al cadáver le faltaba un dedo que le fue cortado intencionalmente y presentaba un leve aplastamiento de la nariz, pero estaba en buenas condiciones generales.

En 1974, ya con Perón de regreso en el país, los Montoneros secuestraron el cadáver de Aramburu con el fin de "cambiarlo" por el cadáver de Evita. Ese mismo año, ya muerto Perón, su tercera esposa María Estela Martínez de Perón, decidió traer el cuerpo de Eva al país, y lo ubicó en la quinta presidencial. Mientras tanto, el gobierno de Isabel Perón comenzó a proyectar el Altar de la Patria, un mausoleo gigantesco que albergaría los restos de Juan Perón, Eva Duarte de Perón, y todos los próceres de la Argentina.

En 1976 la dictadura militar que tomó el poder el 24 de marzo le entregó el cuerpo a la familia Duarte, que dispuso que fuera enterrada en la bóveda que su familia posee en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires, donde se encuentra desde entonces.

El conocido cuento del escritor Rodolfo Walsh, titulado Esa mujer, publicado póstumamente en 1986, tiene como tema el secuestro del cadáver de Evita.

Sus discursos, sumamente emocionales y de gran impacto popular, tuvieron la particularidad de tomar las mismas palabras peyorativas con las que la clase alta solía refererirse a los trabajadores, para tornarlas en palabras elogiosas, como hizo con el término "grasitas", diminutivo afectuoso de "grasa", modo sumamente despectivo frecuentemente utilizado para referirse a los sectores populares, incluso en la actualidad. Eva también usaba habitualmente la palabra "descamisados" para dirigirse a los trabajadores, término que se constituyó en un símbolo del peronismo y enfatizaba su propio origen humilde como forma de solidarizarse con los trabajadores.

El discurso de Evita fue el primero pronunciado desde el poder político por una persona integrante de la clase trabajadora y por una mujer, en la historia argentina. Su contenido tendió abiertamente a reivindicar los valores e intereses de los trabajadores y las mujeres. Por otro lado Evita utilizó un discurso emocional y socialmente muy polarizado, en una época en la que la polarización política y social fue extremadamente alta.

En definitiva, como decía su consejero, el padre Benítez, a Evita hay que juzgarla más por sus actos que por sus palabras: de hecho, consiguió el sufragio femenino y la participación de las mujeres en la política, objetivos perseguidos durante años por los socialistas y feministas.

Tras su muerte, la vida de Evita y su postura política han sido incorporadas ampliamente y por los sectores más diversos en la cultura argentina.

En primer lugar los sindicatos, vinculados estrechamente a ella durante su vida, han rescatado su nombre y su imagen, junto al de Perón, como símbolos máximos del protagonismo de los trabajadores en la historia argentina.

En segundo lugar el movimiento feminista y en general las organizaciones y personas dedicadas a defender los derechos de la mujer y la perspectiva de género. En este caso, la reivindicación de Evita atraviesa todas las ideologías políticas.

Entre las nuevas generaciones nacidas con posterioridad a su muerte, Evita ha sido rescatada como un ejemplo revolucionario, muchas veces asociado con el Che Guevara. La relación simbólica entre Evita y el Che, ambos muertos trágicamente y jóvenes, ha sido destacada un sinnúmero de veces.

La izquierda peronista y en particular el grupo guerrillero Montoneros vinculó muy estrechamente su ideología y su accionar a la figura de Evita. Un famoso eslogan de esta organización decía si Evita viviera sería montonera. Tanto el secuestro y posterior asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu como posteriormente de su cadáver, estuvieron relacionados con el intento de recuperar el cadáver de Eva Perón.

Evita alcanzó una gran popularidad y se convirtió todavía en vida en el centro de un vasto culto personalizado. Cuadros y bustos de Eva Perón fueron colocados en prácticamente todos los edificios públicos y se usó su nombre y hasta su fecha de nacimiento para designar establecimientos públicos, estaciones de ferrocarril y subterráneo, ciudades, etc., incluyendo el cambio de denominación a Eva Perón de la provincia de La Pampa y de la ciudad de La Plata. La veneración de la que era objeto entre las clases populares de la sociedad argentina, molestaba a la Iglesia Católica, al popularizarse gran cantidad de estampas que la representaban de modo similar al que se representa a la virgen María.

Su autobiografía La razón de mi vida fue establecida como libro de lectura en las escuelas primarias y secundarias. A partir de su muerte todas las estaciones de radio del país entraban en cadena nacional y el locutor anunciaba que eran las "Veinte y veinticinco, hora en que Eva Perón entró en la Inmortalidad" antes de comenzar la lectura del noticiero oficial.

A pesar de su dominio y poder político, Evita fue siempre cuidadosa de no poner en riesgo el importante rol simbólico de su marido. Aunque se mantuvo a cargo de la agenda del presidente, procuró siempre justificar sus acciones diciendo que fueron "inspiradas" por la sabiduría y pasión de Perón.

La vida de Evita ha sido motivo de una gran cantidad de obras artísticas, tanto en la Argentina como en el mundo. Sin duda alguna la más conocida es la película musical Evita, interpretada por Madonna, basada en el musical que tanto éxito tuvo durante los años 70 y 80 y en el que destaca el tema "No llores por mí, Argentina".

María Eva nació en Los Toldos, no en una ópera de ficción, después Evita en los barrios rotos, por cada fábrica renació.

Eva no es un cuento... Es revolución. María Eva nació en Los Toldos; Evita, en vos.

Yo he de volver como el día para que el amor no muera con Perón en mi bandera con el pueblo en mi alegría. ¿Qué pasó en la tierra mía desgarrada de aflicciones? ¿Por qué están las ilusiones quebradas de mis hermanos? Cuando se junten sus manos volveré y seré millones.

Al principio



Homofobia

Kazimierz Marcinkiewicz (izquierda) y Lech Kaczyński (derecha).

El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, aunque también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y las personas «con pluma». El adjetivo correspondiente es «homofóbico». El sustantivo que designa al sujeto homofóbico es «homófobo».

Homofobia no es un término estrictamente psiquiátrico. Se calcula que cada dos días una persona homosexual es asesinada en el mundo debido a actos violentos vinculados a la homofobia. Amnistía Internacional denuncia que más de 70 países persiguen aún a los homosexuales y ocho los condenan a muerte.

Existe cierto relativismo sobre lo que abarca el concepto de homofobia. Así por ejemplo, los que rechazan las políticas de igualdad (entre personas de diferente orientación sexual) consideran que ese rechazo no es homofobia, sino simplemente una opinión igualmente respetable como la aprobación. Sin embargo parece indiscutible que todas las personas deben tener los mismos derechos sin distinción por razón de sexo o sexualidad, y por lo tanto negar ese reconocimiento sí parece ser una forma de homofobia.

Este término combina las palabras griegas fobia (‘miedo’), con homo, apócope de «homosexual» (‘sexo con lo igual’), formado por el prefijo homo (‘igual’) y sexual. No debe confundirse con el prefijo en latín, homo, que significa ‘hombre’. El significado corriente es ‘fobia a la homosexualidad’.

Su uso en medios periodísticos, científicos, políticos, etc., pronto se popularizó. La Real Academia Española lo incluyó por primera vez en la vigésimo segunda edición de su Diccionario, y lo define como «aversión obsesiva hacia las personas homosexuales». Antes, la palabra ya había sido recogida en otras importantes obras lexicográficas, como el Diccionario del español actual (Aguilar, 1999) de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos.

Precursora de «homofobia» fue la palabra «homoerotofobia», creada por Wainwright Churchill en su libro Homosexual Behavior Among Males (conducta homosexual entre varones), de 1967.

Desde la creación de la palabra «homofobia» se han propuesto diversas alternativas que no tienen relación con las fobias. «Heterosexismo» se refiere al hecho de privilegiar la heterosexualidad frente a la homosexualidad. La teoría queer y la teoría crítica usan los términos «heterocéntrico» y «heteronormatividad» para referirse a conceptos similares.

Cierta literatura psicológica ha sugerido el término «homonegatividad», reflejando la perspectiva de que los comportamientos y pensamientos considerados homofóbicos no están basados en el miedo, sino en una condena de la homosexualidad.

Buscando evitar tanto enfocar la psicología individual como lo hace la «homofobia», como enfocar los factores culturales como lo hace el «heterosexismo», el psicólogo Gregory Herek ha propuesto el término «prejuicio sexual», para referirse a «todas las actitudes negativas basadas en la orientación sexual, tanto si el objetivo es el homosexual, el bisexual o el heterosexual».

La palabra «homofobia» también se emplea a menudo junto con con otros términos que denotan intolerancia y discriminación. Coretta Scott King afirmaba en un discurso de en 1998 que «la homofobia se parece al racismo, el antisemitismo y otras formas de intolerancia, en que busca deshumanizar a un grupo de personas, de negarles su humanidad, su dignidad, su individualidad» De manera similar, George Yancey, en un texto en Christian Ethics Today (Ética cristiana, hoy) asocia sexismo, racismo, distinciones de clase y homofobia entre ellas y las contempla como variedades de discriminación, aunque deja claro que no son idénticas.

En 1980, Hudson y Ricketts propusieron «homonegatividad» argumentando que «homofobia» no era científica en cuanto que presuponía la motivación.

Las CWA (Mujeres preocupadas por EE. UU.), un grupo de presión conservador, han calificado a la palabra «homofobia» como término engañoso que es «empleado por las personas progay para confundir y controlar el debate», definiendo toda oposición a la homosexualidad como irracional. Las CWA afirman que el campo progay no podrían identificar ejemplos de oposición no homofóbica a la homosexualidad porque definen toda oposición como «homofobia» e «intolerancia irracional». CWA llama a esto «retórica engañosa».

La National Association for Research & Therapy of Homosexuality (Asociación Nacional para la Investigación y la Terapia de la Homosexualidad), una organización ligada al movimiento ex gay, afirma que el término «homofobia» ha sido empleado a «menudo de manera incorrecta para describir a cualquier persona que se opone al comportamiento homosexual por razones morales, psicológicas o médicas». Afirman que, «técnicamente, sin embargo, el término de hecho define a una persona que tiene una fobia —miedo irracional— hacia la homosexualidad. El desacuerdo por principios, por lo tanto, no puede ser denominado homofobia».

Con idéntica formación neológica se construía el término «homofilia», y sus derivados «homófilo», etc., antónimo del anterior, con el que solían distinguirse en la primera mitad del siglo XX las incipientes asociaciones de defensa de los derechos de las personas gays y lesbianas. Otro término afín es el anglicismo gay-friendly, que hace referencia a las personas, instituciones o lugares que crean un ambiente de aceptación hacia las personas del colectivo LGTB. También se usa despectivamente el término "homosexualista" para referirse a los heterosexuales que apoyan los derechos de la comunidad LGTB.

El fenómeno de la homofobia es estudiado por psicólogos y psiquiatras. Existen estudios que han relacionado el odio hacia la homosexualidad con sentimientos homosexuales o transgénero reprimidos, mientras que expertos en teoría de género ligan a la homofobia con la cultura patriarcal dominante, que además discrimina a las mujeres. Otros expertos han puesto su atención en la relación que tiene la homofobia con determinadas estructuras mentales de la personalidad, y más específicamente con la personalidad autoritaria.

Algunas identidades religiosas y culturales mantienen una postura moral de rechazo hacia la homosexualidad. Es el caso de la ortodoxia cristiana, judía e islámica. Esto implica que la homosexualidad no es aceptada como condición sexual natural de una persona, sino que se observa como anomalía. Según sus creencias, esta orientación sexual se considera un pecado, aunque la clasificación o gravedad del mismo ha variado a lo largo de la historia.

En muchas regiones del mundo con este tipo de raíces religiosas se persigue o discrimina la orientación homosexual, bien en forma de prohibición de actos afectivos o sexuales concretos (como ocurre en la mayoría de países islámicos y en algunos estados de Estados Unidos) o bien como rechazo hacia la homosexualidad como identidad vital. Éste es el caso de países como China o Japón, una región cuya tradición sincrética (mayoritariamente budista y shintoísta) la aleja de las culturas monoteístas occidentales.

La Iglesia Católica condenaba a los homosexuales durante la Edad Media, y en la actualidad sigue rechazando la homosexualidad y además ha vetado el sacerdocio a los homosexuales. Esa misma tradición ha seguido también la Iglesia Ortodoxa y las demás religiones que se escindieron la Iglesia Cristiana primitiva, como los protestantes; hasta el día de hoy mantienen estos prejuicios (sobre todo en la última, donde no existe el respeto a las demás identidades culturales). En el caso del Islam, en países donde se profesa esta religión se han aplicado legislaciones para penalizar la homosexualidad, y son pocos los países islámicos que no la penalizan. Los pertenecientes a estas religiones alegan que esta actitud no puede considerarse homofobia, en el sentido de que no se origina por un prejuicio, sino que es una postura razonada, basada en sus creencias y a partir de sus textos sagrados.

En la mayor parte de las culturas precolombinas los homosexuales eran respetados antes de la llegada de los europeos al continente americano. No obstante, en otras culturas existía la homofobia como prejuicio, como es el caso de los aymaras donde se habla muy poco de este tema y se equipara con la infidelidad. Ciertas comunidades igualan los homosexuales a los infieles, que son castigados con penas severas y expulsados de los rituales.

La sodomía en la Edad Media y en la Edad Moderna incluía a diversos «actos contra natura», pero principalmente era empleado en el caso del sexo anal. El origen del término está en la Biblia, en la historia de Sodoma y Gomorra. La identificación del «pecado de Sodoma» con el sexo anal y no con la falta de hospitalidad o la lujuria en general, se documenta por primera vez en san Agustín (354-430). No será hasta el siglo XI que aparezca la palabra «sodomía» en el Liber Gommorrhianus del monje benedictino Petrus Damianus, para el que la palabra incluía todas aquellas actividades sexuales que no servían para la reproducción. Debido a que las palabras para denominar la homosexualidad no aparecieron hasta el siglo XIX, se empleaba el término «sodomita» para denominar a los hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres. Las lesbianas eran ignoradas en gran medida, aunque mujeres que practicasen el sexo anal también caían bajo el epíteto «sodomita».

Las primeras persecuciones de homosexuales por sodomía son de mitad del siglo VI, cuando el emperador bizantino Justiniano y su esposa Teodora prohíben los «actos contra natura» por motivos políticos, amparándose en razones religiosas. La ley preveía como castigo la castración y el paseo público por las calles. No hay pruebas de que la iglesia ortodoxa jamás apoyara el edicto.

Hasta el siglo XIII la sodomía no era castigada en la mayoría de los países europeos, no era más que de tantos pecados que aparecían en los textos eclesiásticos. La actitud cambió en el transcurso de las cruzadas, en las que la propaganda anti-islámica identificaba a los musulmanes con sodomitas que violaban a obispos y niños cristianos. Poco después se identificaba la sodomía con la herejía y entre 1250 y 1300 se introdujeron leyes que castigaban con la muerte el pecado. Estas leyes se emplearon sobre todo como herramientas políticas, como fue el caso de los templarios o del asesinato de Eduardo II de Inglaterra, o en casos de peligrar la paz social, como en casos de violaciones o pederastia. En general, la homosexualidad estaba bastante extendida, siendo el elemento clave la discreción. En algunos lugares, como Londres y Ámsterdam (en 1730 y 1733), se dieron olas de persecución contra los sodomitas.

En España se encargaban de los castigos los tribunales civiles de las ciudades, que hasta época de los Reyes Católicos castigaban con la castración o la lapidación, castigo que más tarde se modificaría por la quema en la hoguera, para los casos más graves. La Inquisición española sólo se encargaba de juzgar la sodomía en la Corona de Aragón. En general, lo comentado para Europa es válido para España, con la diferencia de que no fueron las cruzadas sino la percepción de los reinos peninsulares musulmanes lo que llevó a identificar la sodomía con el islamismo y la herejía.

Las leyes contra la sodomía se mantuvieron en los países europeos y, en general, en las naciones occidentales hasta los siglos XIX y XX. En Francia, las leyes contra la sodomía fueron anuladas durante la Revolución Francesa. En Inglaterra Enrique VIII de Inglaterra introdujo la Buggery Act en 1533, que castigaba la sodomía (llamada buggery) con la horca. La ley no fue eliminada hasta 1861. En Alemania el párrafo 175 no fue completamente abolido hasta 1994.

Este fenómeno se hizo presente en la política de algunos gobiernos durante todo el último siglo, tanto democráticos como autoritarios, algunos ejemplos son el régimen nacionalsocialista en Alemania (liderado por Adolf Hitler, 1933-1945), el régimen franquista en España (1939-1975), el período dictatorial conocido como “Proceso de Reorganización Nacional” argentino (1976-1983). También lo son los gobiernos democráticos, como por ejemplo el de Nicaragua, que bajo el artículo 204, castiga la sodomía bajo penas de 1 a 3 años de cárcel (artículo que aún sigue vigente); también otras democracias han tenido legislaciones y actuaciones homófobas, como por ejemplo en Alemania Occidental, dónde la homosexualidad fue delito hasta 1969.

La Alemania de principios del siglo XX regulaba la homosexualidad como delito por el párrafo 175. El ambiente de represión e hipocresía vivido se puede comprobar en el Escándalo Harden-Eulenburg. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, será en ese ambiente que comenzarán los primeros pasos del movimiento homosexual de mano de personas como Benedict Friedlaender, Kurt Hiller o Magnus Hirschfeld e instituciones como la Comité científico humanitario.

La situación cambiaría radicalmente con la llegada de los nazis al poder. La ideología nazi consideraba a los homosexuales «degenerados», que no servían a su patria. A finales de febrero de 1933, en una campaña masiva, los clubes gays de Berlín y del resto de Alemania fueron cerrados, publicaciones fueron prohibidas, libros fueron quemados y organizaciones fueron declaradas ilegales. Sin embargo, en el seno del partido nazi seguía habiendo homosexuales en la jerarquía de mandos, como era el caso de Ernst Röhm. Finalmente en la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1934, la llamada Noche de los cuchillos largos, Hitler organizó una purga interna para eliminar a Röhm y otros altos cargos de las SA con la excusa de su homosexualidad. En 1935 se recrudeció el párrafo 175. Inmediatamente después se creó una división especial de la Gestapo para compilar listas de homosexuales y en 1936 Heinrich Himmler, jefe de las SS, creó la Reichszentrale zur Bekämpfung der Homosexualität und Abtreibung (Central del Reich para la Lucha contra la Homosexualidad y el Aborto).

Durante el régimen nazi en Alemania se calcula que se persiguió a unos 100.000 hombres («listas rosas»), de los que unos 50.000 fueron condenados. De estos, de 5.000 a 15.000 fueron enviados a campos de concentración. La tasa de mortandad en los campos de concentración no es conocida, pero algunos autores la sitúan en el 60%. Los prisioneros homosexuales formaban el escalón más bajo entre los diferentes grupos que permanecían en los campos de concentración, ya que su discriminación en la sociedad alemana se reflejaba en el interior de los campos. Fueron empleados a menudo para experimentos médicos para buscar el «origen» de la homosexualidad, como fue el caso del médico Carl Vaernet en el campo de concentración de Buchenwald que buscaba una «cura» de la homosexualidad.

Las mujeres no fueron perseguidas por lesbianismo, a excepción de unas pocas que fueron perseguidas por el párrafo 129b del derecho penal austriaco que mantuvo su vigencia.

Tras la derrota de la Alemania nazi en 1945, el párrafo 175 siguió vigente en la Alemania y algunos presos tuvieron que finalizar las condenas recibidas bajo el régimen nazi. Aunque la virulencia de la persecución disminuyó, el párrafo 175 mantuvo toda su vigencia en Alemania Oriental por lo menos hasta 1957 y en Alemania occidental la homosexualidad fue delito hasta 1969.

El periodo dictatorial del franquismo en España, que duró desde 1939 hasta finales de los años 70, era de ideología nacionalcatólica y contaba con la complicidad del falangismo y de la Iglesia Católica. En esta época, Francisco Franco otorga a las autoridades eclesiales el control de la moral pública y privada, que incluye una ética sexual represiva hacia cualquier desviación sobre el modelo imperante de lo masculino o lo femenino.

Más tarde, ya en 1970, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social dio el enfoque de «tratar» y «curar» la homosexualidad. Se establecieron dos penales, uno en Badajoz (a donde se enviaban los pasivos) y otro en Huelva (dónde se enviaban los activos), además, en algunas cárceles solían haber zonas reservadas para los detenidos homosexuales. Un total de unas 5.000 personas fueron detenidas por tener un comportamiento gay durante el franquismo.

La homosexualidad sigue siendo delito en muchos países, aunque su número haya disminuido considerablemente en los últimos años. Según Amnistía Internacional, en 2007 existen más de 70 países cuyas legislaciones contemplan penas por la homosexualidad.

Como se puede apreciar en el mapa, la homosexualidad está penada legalmente en la India, ciertas zonas de África, así como en otros países como Nicaragua, Guyana, Malasia, Papúa Nueva Guinea, algunas repúblicas de Asia central y en un gran número de países islámicos (Oriente Próximo y Medio, norte de África).

La pena de muerte por tener relaciones homosexuales o por sodomía existe en los siguiente países: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, algunos estados del norte de Nigeria, Somalia, Sudán y Yemen.

En el caso de los Emiratos Árabes Unidos, las relaciones sexuales extramatrimoniales se pueden condenar con la muerte y el artículo 354 del código penal federal, que trata de la violación de mujeres y hombres, podría ser interpretado como incluyendo al sexo anal consensual entre hombres.

En algunos países o regiones en las que se aplica la Sharia, como es el caso de Afganistán, donde las leyes sobre la homosexualidad no están claras, la sodomía puede ser castigada a muerte por lapidación.

En países en los que la homofobia está muy extendida, a pesar de no haber persecución estatal, las cifras de muertes pueden ser muy altas. De entre estos, es Brasil el país en el que más asesinatos de homosexuales se producen, habiéndose registrado 122 en 2007, la mitad de transexuales. Los activistas LGBT creen que la cifra puede ser superior, ya que no existe un control estadístico oficial. El segundo país e la lista es México, con unos 35 casos por año, y tercero EE.UU., con unos 25 por año.

En un informe presentado el 10 de mayo de 2007, la Organización Internacional del Trabajo ha señalado que las personas LGBT suelen ser discriminadas en el trabajo y al realizar el servicio militar voluntario y obligatorio, sufriendo especialmente violencia verbal, física y psicológica, debido en gran medida a la falta de legislación en la mayoría de países.

La homofobia, a pesar de las leyes de protección existentes en la mayoría de los países, también se da en Europa Occidental.

La homofobia se expresa de muy diversas formas. La más extrema son las agresiones tanto físicas como verbales que se producen con una cierta frecuencia. El 6 de octubre de 2002, un hombre acuchilló a Bertrand Delanoë en el abdomen durante un acto público, el alcalde de París fue intervenido y, tras unos días de descanso, volvió al Ayuntamiento. En sus primeras declaraciones, el detenido reconoció que no le gustaban "los políticos y particularmente los gays". Se ha advertido un creciente clima homofóbico en Italia, país en el que se debate la ampliación de derechos civiles de los homosexuales, hasta el punto en que se ha abierto una investigación por la conducta de los carabinieri al arrestar a una pareja de homosexuales por besarse en público.

Una de las consecuencias es el peligro de suicidio, que es muy alto sobre todo entre los adolescentes homosexuales. Así, por ejemplo, en el Reino Unido, un estudio realizado para el grupo Stonewall muestra que el 17% de los adolescentes homosexuales han sido amenazados de muerte y el 12% ha sufrido abusos sexuales. El problema se extiende a todo el continente. Según diversos estudios, en Irlanda un tercio de los adolescentes homosexuales ha intentado suicidarse; en Escocia la mitad de los homosexuales entre 15 y 26 años ha pensado seriamente en suicidarse; en Francia el 27% de los homosexuales masculinos de menos de 20 años ha intentado suicidarse; en Italia el 13% de los homosexuales ha intentado el suicidio, con la mayoría intentándolo entre los 16 y 18 años; en Bélgica los jóvenes homosexuales de 15 a 25 años tienen de 2 a 5 veces más riesgo de suicidio. Del problema no se escapan ni los países nórdicos. En Alemania, un 18% de los homosexuales entre 15 y 27 años ha intentado suicidarse por lo menos una vez, un 66% ha sido maltratado física o verbalmente por su propia familia y un 27% indica que los profesores se unieron a las burlas; en 2007 más del 30% de los homosexuales ha sido insultado, amenazado o agredido en los últimos 12 meses, cifra que se eleva hasta el 67% para los menores de 18 años. En España DecideT ha editado una guía multimedia para evitar el acoso escolar.

Otro ejemplo de homofobia es el hecho de que ningún jugador profesional de fútbol activo haya salido del armario. El único que lo hizo, el británico Justin Fashanu, no aguantó la presión y se suicidó en 1998. El seleccionador de Albania, Otto Baric, llegó a declarar que no toleraría que en su equipo jugara ningún homosexual, lo que llevó a la UEFA a multarle el 31 de julio de 2007 por homofobia con 3000 euros. En otros deportes profesionales de equipo no es muy distinto. Cuando Klaus Wowereit, alcalde de Berlín, va a ver uno de los partidos de los Berliner Eisbäre, el equipo de hockey sobre hielo local, los seguidores de equipo contrario cantan (al ritmo de la salsa Guantanamera) «Hauptstadt der Schwulen, wir sind die Hauptstadt der Schwulen» (‘capital de los maricones, somos la capital de los maricones’).

Las iglesias cristianas siguen postulando con agresividad sus principios homófobicos entre sus múltiples desprecios a los derechos civiles, en especial la Iglesia Católica de Roma, la más extendida y poderosa en Europa en la actualidad. En España, donde poseen medios de comunicación a través de los cuales difunden su mensaje, han sido muy claros respecto a su postura frente al reconocimiento de los derechos LGBT. Durante las navidades de 2007, el obispo de la diócesis Nivariense, Santa Cruz de Tenerife, Bernardo Álvarez realizó unas polémicas declaraciones al diario La Opinión de Tenerife, en las que manifestó sus opiniones acerca de los abusos infantiles y la homosexualidad. Llegando a afirmar sobre la primera cuestión que «hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y además, deseándolo, incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece».

Paweł Zyzak, redactor de W Prawo Zwrot! (‘¡Giro a la derecha!’), también escribió que los gays son "animales" y que son "los emisarios de Satán enviados para destruir la Iglesia católica".

Sin embargo, el primer ministro, cuando visitó a la Comisión Europea dijo que los homosexuales disfrutan de todos los derechos en Polonia y pidió a José Manuel Durao Barroso que "no crea en el mito de Polonia como país antisemita, homófobo y xenófobo".

Ante todo esto se han denunciado declaraciones homófobas, pero estas denuncias han sido desestimadas por las autoridades judiciales alegando a que "no puede entenderse que las declaraciones sean constitutivas de amenazas ni de incitación a la comisión de un delito".

Toda esta situación se ha agravado en 2007, cuando el 13 de marzo se anunció una propuesta que prohibirá "la promoción de la homosexualidad o cualquier otra desviación" en los centros educativos de Polonia. El propósito de esta medida es "castigar a cualquiera que promueva la homosexualidad o cualquier otra desviación de naturaleza sexual en los centros educativos", según anunció el viceministro de Educación, Miroslaw Orzechowski, en una rueda de prensa. A quienes incumplan la norma, se les castigará con el despido, multas o el encarcelamiento. Esta nueva normativa ha tenido una gran oposición en Europa, y dentro de Polonia se manifestaron 10.000 maestros en Varsovia el 17 de marzo también Janusz Kochanowski (comisario polaco para Derechos Civiles) ha anunciado que va en contra de la Constitución.

El 28 de mayo de 2007, la portavoz polaca de los Derechos del Niño, Ewa Sowinska, ordenó a los servicios de su departamento que analizaran si la famosa serie infantil Los Teletubbies fomentaba la homosexualidad, decisión que fue rechazada desde Bruselas por la Comisión Europea por medio de su portavoz para los Medios de Comunicación, Martin Selmayr, por entender que vulnera la libertad de los medios para elegir sus contenidos. Las autoridades polacas, ante la repercusión de la situación, decidieron echarse atras en su decisión de investigar la serie.

El 27 de mayo de 2007 un grupo de gays y lesbianas fueron insultados y agredidos por nacionalistas y ortodoxos radicales al intentar llegar al Ayuntamiento de Moscú para entregar una carta a favor de la marcha del orgullo gay, que había sido prohibida. Las autoridades, en vez de protegerles, detuvieron a veinte de los activistas. El alcalde de la ciudad calificó la marcha como 'acto satánico'.

El código penal jamaicano prohíbe el sexo entre hombres, al igual que en muchas partes del Caribe anglófono. El Artículo 76 de la Ley de los Delitos contra la persona prohíbe "el abominable crimen de la sodomía", bajo penas que llegan hasta los diez años en prisión con obligación de realizar trabajos forzados. El Artículo 77 estipula condenas de hasta siete años en prisión por intento de sodomía.

El Artículo 79 prohíbe "cualquier acto de escándalo público" entre hombres, ya sea en público o en privado, con condenas de hasta dos años de cárcel, con o sin trabajos forzados. El "escándalo público" no está definido, pero ha sido interpretado para incluír dentro de él la conducta homosexual masculina entre adultos que lo consienten en privado, o incluso el simple acto de tomarse de la mano.

Todo esto va acompañado de unas instituciones políticas que lo permiten, por lo que Jamaica ha sido criticada por el Parlamento Europeo, las organizaciones pro-derechos LGBT, y también por la revista Time, que el 12 de abril de 2006 difundió un artículo titulado «¿El lugar más homofóbico del mundo?». Por otra parte, la sociedad se precia de ser homófoba. Un ejemplo son las canciones populares que animan a atacar e incluso asesinar a los gays y lesbianas. En una de las canciones de Beenie Man se pueden leer estas letras: "Soy un sueño de la nueva Jamaica, ven y ejecuta a todos los gays." Cierta letra de una canción de Sizzla dice: "Dispara al maricón, mi gran pistola, ¡boom!". A Nuh Fi Wi Faul, de Elephant Man, hace alarde del siguiente modo: «¡Maricón, muérete! / por favor, recuerda lo que te digo / dámelo / dispárales como a un pájaro».

Por lo menos dos activistas LGBT y de los derechos humanos han sido asesinados por desconocidos. El primer caso es el de Brian Williamson, miembro fundador de J-FLAG (Foro jamaicano para lesbianas, bisexuales y gays) y uno de los pocos que se atrevía a hablar en público del tema. Fue asesinado el 9 de junio de 2004. El segundo, más reciente, fue Lenford 'Steve' Harvey, también activista LGBT que dirigía el Jamaica AIDS Support for Life (Soporte Vital para el Sida de Jamaica); fue secuestrado y asesinado a finales de 2005 por varios individuos que le preguntaron si era gay. Existen otros numerosos casos de personas perseguidas o asesinadas por multitudes enfurecidas.

En Irán la homosexualidad está penada con la muerte, y su presidente Mahmud Ahmadineyad aseguró que su país no tiene «ese fenómeno». El 19 de julio de 2005, dos jóvenes (uno de ellos un menor de edad), Mahmoud Asgari y Ayaz Marhoni, recibieron 228 latigazos y fueron ahorcados en medio de una gran multitud en la ciudad de Mashhad (al noroeste de Irán) por mantener una relación homosexual entre ellos. Las peticiones internacionales para salvar sus vidas no fueron atendidas. El gobierno de Irán acusó a los jóvenes de haber violado a un niño pequeño, pero más tarde fuentes iraníes desmintieron este hecho y acusaron al gobierno de inventarse esos cargos. A raíz de este suceso algunos países, como Suecia, Países Bajos, Alemania, Reino Unido y Rusia, contemplaron y/o llamaron a cesar las extradiciones de gays a Irán.

En julio de 2007, Ali Reza Yamshidi, portavoz del Poder Judicial iraní, anunció que 20 personas condenadas por adulterio y homosexualidad serían ejecutadas, y que otras 15 se encontraban en pleno proceso judicial, dentro de un plan que tiene como misión principal “limpiar las ciudades de criminales y malvados”. Se convocaron manifestaciones en ciudades como Madrid delante de la Embajada de Irán para protestar por estas medidas. Sin embargo, no sirvió de nada y 16 personas de las 20 fueron ahorcadas, mientras que otras 17 esperan sentencia.

Las pasadas dictaduras de la región declararon ilegal la homosexualidad, principalmente en países como Argentina con el Proceso de Reorganización Nacional y en Chile con Augusto Pinochet En Cuba con Fidel Castro al inicio de su gobierno también se dieron situaciones similares aunque esto actualmente ha cambiado radicalmente. Otros países de América Latina a pesar de ser nominalmente democráticos, tenían leyes que penalizaban la homosexualidad, como eran los casos de Ecuador, Panamá y Puerto Rico. En la segunda, el decreto número 149, del 20 de mayo de 1949 y en este último las decisiones del Tribunal Supremo de los Estados Unidos también se aplicaban en la isla, pero posteriormente las leyes estatales que penalizaban la homosexualidad fueron declaradas inconstitucionales tras el caso Lawrence vs. Texas.

Países como Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Panamá y Puerto Rico han despenalizado la homosexualidad, y en Ecuador se han creado leyes para eliminar y sancionar la discriminación por orientación sexual. Puerto Rico ya cuenta también con una ley que tipifica, sanciona y castiga las agresiones motivadas por la homofobia, tales como los crímenes de odio. En Argentina, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Venezuela también han seguido el ejemplo creando leyes para sancionar la discriminación por orientación sexual. Próximamente lo hará también Bolivia, por medio de la Asamblea Constituyente y del gobierno del presidente Evo Morales, para promover los derechos humanos, en que esta incluida la homosexualidad, con otras identidades como ser por raza, cultura, religión, etc.

En países como Argentina (solo en Buenos Aires, Río Negro y Villa Carlos Paz) en Brasil (en el Estado de Río Grande do Sul), en México (la Ciudad de México) el Estado de Coahuila, Colombia y en todo el Uruguay, además de la protección otorgada contra las agresiones y discriminaciones, se ha buscado la manera de que los homosexuales tengan derecho a convivir juntos como un matrimonio por medio de la Unión civil. Uruguay es el primer país de latinoamerica en reconocer la Unión Civil homosexual, y a diferencia de los otros paises latinoamericanos, la Union Civil tiene lo mismos derechos que el matrimono (con excepción de la adopción ahora en proyecto).

Próximamente podría legalizarse la unión civil también en otras provincias de Argentina y algunos estados de Brasil, Chile, Costa Rica, México, Puerto Rico y Uruguay, principalmente en la primera y, por casualidad, en la penúltima y última como el Matrimonio entre personas del mismo sexo. Esta legalización de uniones entre personas del mismo sexo está por verse también en Bolivia, Panamá, Perú y Venezuela, en la primera en dos alternativas como el Matrimonio entre personas del mismo sexo o la Unión civil. También en Ecuador, si se aprueba la nueva constitución política del estado el Matrimonio entre personas del mismo sexo prodría legalizarse bajo el gobierno actual, presidente Rafael Correa. Sin embargo, la revisión y el estudio de la constituyente los partidos de la oposición de dicho gobierno de la derecha conservadora y la iglesia católica, han quedado escandalizado ante este proyecto de ley, aunque el presidente Correa afirmó en su propuesta de erradicar o eliminar la discriminación y favorecer los derechos humanos en sus diferentes características.

Sin embargo, Nicaragua era el único país democrático de Latinoamérica que mantinía la homosexualidad como delito. Aunque el gobierno nicaragüense anterior instó a que se derogue el artículo 204, debido a las presiones de los demás países latinoamericanos y otros, con la colaboración de la Amnistía Internacional, para que sea despenalizada y legalizada a favor de los derechos de las personas homosexuales. En la nueva versión del código penal con el gobierno actual, presidente Daniel Ortega, que tomó efecto en Marzo de 2008, la homosexualidad ya no es ilegal. En Cuba ya no esta penada, pero sin embargo los homosexuales todavía están controlados por medio de un arbitraje bajo simples pretextos. Aunque en los últimos años, el país caribeño ha buscado la forma de eliminar y castigar la homofobia y reconocer algunos derechos de las minorías sexuales. También hay que destacar los datos que indican que cada dos días un homosexual es asesinado en América Latina. Sólo en México, de 2003 a 2007 han sido asesinadas 1.000 personas por homofobia. Mientras, grupos musicales como Molotov cantan canciones en las que se incita al asesinato de homosexuales: «Matarile al maricón». También en Bolivia en la Ciudad de La Paz, entre el 2004 y 2007 en el día del Orgullo Gay, mientras desfilaban en medio de un espectáculo entre espectadores fueron atacados con juegos pirotécnicos esto en la primera, ya que no hubo nada de heridos y en la segunda un camión decorado por esta comunidad, cuando la policía boliviana detectó explosivos en el vehículo donde también iban a desfilar pues se han iniciado investigaciones para averiguar quiénes son los delincuentes o agresores que están detrás por intento de atentado a estas personas de orientación homosexual.

En esta región hubo además canciones y películas que han cambiado ciertas actitudes como la de Fresa y chocolate producción cubana que provocó al principio controversia en su país de origen, al igual que el grupo español Mecano con el tema musical Mujer contra mujer, ya que en esta región fue una de las canciones más escuchadas. Además muchos artistas, especialmente Alejandra Guzmán, Thalía, Ana Torroja, Gloria Trevi, Gloria Estefan, Shakira, Franco de Vita, Ricky Martin y Paulina Rubio, entre otros, han brindado su apoyo a personas de orientación homosexual, para que sus derechos sean respetados y se evite la discriminación en estos países. Dichos cantantes son iconos para la comunidad gay y lésbica en América Latina.

Algunos grupos a favor de los derechos de las personas homosexuales en Venezuela, han pedido al gobierno actual, Presidente Hugo Chávez, en colaborar en la presión a los países con los cuales mantiene buenas relaciones como Cuba, Irán, Libia y Nicaragua en pedir a sus gobernantes en que se respete los derechos a personas de esta orientación sexual. El primero donde existe un control de simple arbitraje, en la segunda donde se castiga con la pena de muerte y las dos últimas con penas de cárcel, de no ser así pidieron al gobierno venezolano en romper relaciones diplomáticas con dichos países.

Entre 2002 y 2005, los cuatro países más poblados de América Latina, Argentina, Brasil, Colombia y México implementaron campañas masivas contra la homofobia.

En Jerusalén se han llegado a ofrecer recompensas, por parte de grupos israelíes extremistas, de 4000 euros por cada gay asesinado antes de marchas reivindicativas de gays y lesbianas. También fundamentalistas musulmanes y cristianos profieren amenazas en este sentido cuando se convocan estas marchas. En 2005 tres participantes fueron apuñalados y varios cócteles molotov fueron arrojados contra los manifestantes.

El político y activista Harvey Milk fue asesinado en 1978 por un conservador homofóbico. Pero el caso más conocido es el de Matthew Shepard, un joven estudiante universitario que fue brutalmente torturado y asesinado en 1998 debido a su homosexualidad.

Este caso llevó a que la homofobia y el maltrato a los homosexuales se planteara abiertamente en los medios de comunicación (en 2003, el episodio «In Excelsis Deo» de The West Wing recogió, aunque bajo otro nombre, este crimen) y llevó a Bill Clinton a intentar ampliar la protección federal por "crímenes de odio" (en inglés, hate crimes) a homosexuales, mujeres y discapacitados, proyecto que no salió adelante debido al rechazo de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Sin embargo, en mayo de 2007 hubo otra votación, en la cual sí se consiguió la mayoría necesaria para que esta legislación saliera adelante. El presidente Bush ya ha anunciado que vetará la ley de los crímenes de odio por considerarla innecesaria.

En relación con ello se han creado movimientos llamados de ex gays que intentan convertir a gays a través de diversos métodos. Ejemplos son Exodus International y Love In Action, que además de las técnicas habituales de modificación del comportamiento y terapia de aversión, emplean el rezo y el asesoramiento religioso. Los métodos se pueden ejemplificar en el caso de Lyn Duff, una adolescente lesbiana de California que fue llevada a la fuerza por sus abuelos a un campo de reeducación cerca de Salt Lake City. Lyn Duff sufrió un régimen de terapia reparadora, también llamada terapia de aversión, que consistía en forzarla a ver pornografía lesbiana mientras le hacían oler amoníaco, hipnosis, drogas psicotrópicas, confinamiento solitario y mensajes terapéuticos relacionando el sexo entre mujeres con las «calderas del infierno». También se emplearon técnicas de modificación del comportamiento, incluyendo la obligación de usar vestidos, formas no razonables de castigo por infracciones menores (los castigos incluían cortar el césped con tijerillas y limpiar suelos con cepillos de dientes), además de «positive peer pressure» (‘presión positiva de pares o iguales’) en la que los pacientes se criticaban entre sí por insuficiencias reales o percibidas.

El Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia (IDAHO) se celebra el 17 de mayo con motivo de la eliminación de la homosexualidad como enfermedad en las listas de la Organización Mundial de la Salud este mismo día en el año 1990. Este día tiene como objetivo promover acciones de sensibilización para luchar contra la homofobia, la bifobia y la transfobia en los diferentes países del mundo. Del mismo modo, el objetivo es que sea declarado como tal por parte de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

En América Latina, hubo manifestaciones en países como Argentina, Chile, México, Paraguay, Perú y Uruguay, donde se realizaron actos de protesta ante las embajadas y consulados de Nicaragua para expresar su honda preocupación por ser el único país de Latinoamérica donde aún está penada la homosexualidad. Los grupos a favor de los derechos homosexuales enviaron mensajes a través de correos electrónicos a las embajadas de Nicaragua a cada uno de estos países, pidiendo que el gobierno nicaragüense derogue el artículo 204 de la Ley del Código Penal que penaliza la homosexualidad. Lo mismo sucede en la India, por medio de artistas e intelectuales para que esas leyes que penalizan la homosexualidad sean derogadas allí.

El 26 de marzo de 2007, un grupo de expertos en derechos humanos hizo público un documento en el que se especificaba la aplicación de la legislación internacional en derechos humanos a las cuestiones de orientación sexual e identidad de género, conocido como Principios de Yogyakarta. En estos principios se declara que las leyes que penalizan la homosexualidad violan el derecho internacional de no discriminación, como ha fallado en varias ocasiones el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Asimismo, y según estos mismos derechos, las personas LGBT tienen derecho a la vida, a vivir sin violencia y sin tortura, a la privacidad, al acceso a la justicia y a no ser detenidas arbitrariamente.

El Parlamento Europeo (el único organismo de la Unión que es escogido directamente por sus ciudadanos) considera a la homofobia como un miedo y aversión irracional hacia la comunidad LGBT basada en prejuicios y la compara, por ejemplo, al racismo o a la xenofobia.

Esta institución comunitaria se opone firmemente a la discriminación (entre ellas, la que tiene por motivo la orientación sexual) y pide que los estados garanticen la protección a la comunidad LGBT de actos homófobos, que se intensifique la lucha contra la homofobia (mediante métodos educativos, administrativos, judiciales y legislativos) y que la Comisión Europea se asegure de que todos los estados cumplen con la Carta de derechos fundamentales de la Unión Europea y de los tratados de la Comunidad Europea.

El gobierno de Francia mediante su embajador en las Naciones Unidas, solicitó en 2008 que la homosexualidad sea despenalizada a nivel mundial mediante una resolución no vinculante.

En total, 66 países votaron a favor, incluyendo a los de la Unión Europea y muchos de América Latina, como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba y Venezuela. Entre los países que no firmaron la resolución estaban Estados Unidos, China, Rusia, El Salvador y los países de mayoría musulmana. Los 57 países pertenecientes a la Conferencia Islámica y el Vaticano, a pesar de sólo tener estatus de observador, fueron especialmente vocales en su oposición. La posición del Vaticano sería de forma y no de fondo: la Iglesia se opone a la criminalización de la homosexualidad, pero no quiere poner en el mismo plano a la homosexualidad y la heterosexualidad, lo que, desde el punto de vista católico, se estaría haciendo al aceptar la «orientación sexual» y la «identidad de género» como hechos. El temor es que esta igualdad pudiera llevar a ejercer presión sobre determinados países o religiones para aceptar la igualdad de la comunidad LGBT, en el sentido del matrimonio u otros derechos reivindicados por los homosexuales. La postura del Vaticano produjo reacciones de asociaciones LGBT y protestas en diversos países, entre ellos España.

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