Cumbre de las Américas

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Publicado por roy 01/05/2009 @ 20:15

Tags : cumbre de las américas, américa latina, internacional

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Cumbre de las Américas

Cumbre de las Américas 2005 en Mar de la Plata, Argentina

La Cumbre de las Américas es una reunión de jefes de estado y de gobierno auspiciada por la Organización de los Estados Americanos y celebrada en alguna ciudad del continente con el objetivo de formar una estrategia común para resolver los problemas de la región. Participan en el evento las 34 naciones americanas a excepción de Cuba, la cual ha sido expulsada en 1962 debido al no reconocimiento del gobierno revolucionario por parte de esta organización.

Aunque el proceso de participación es esencialmente protocolario y se abordan múltiples temas, en años recientes las discusiones se han concentrado en la formación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que debió entrar en vigor en el mes de enero de 2005, mostrando su fracaso final.

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V Cumbre de las Américas

Foto oficial de los presidentes asistentes a la Cumbre

El principal tema de la agenda fue la actual crisis económica, la cual contiene temas del acceso al crédito y préstamos de bancos multilaterales, subregionales e internacionales, además de promover la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental.

Hubo gran expectativa por parte de los líderes regionales sobre los cambios de políticas hacia el continente que la Administración del presidente Barack Obama pueda anunciar. Uno de los puntos mas importantes anunciado por los líderes americanos fue el de la eliminación del embargo contra Cuba. Al finalizar la Cumbre el presidente de Brasil, Lula da Silva, declaró tener confianza en que Obama aliviará el embargo de EEUU sobre Cuba.

1. Prosperidad humana: Incluye políticas para paliar la pobreza, garantizar el acceso a la salud, alimentación y servicios básicos, reducir la exposición a la violencia y el crimen y protección de los más vulnerables, incluyendo mujeres, niños y pueblos indígenas. La cumbre insistirá en la necesidad de invertir en una educación de calidad como factor de inclusión social y avance de una sociedad. Además, se insistirá en incentivar los créditos a micro, pequeñas y medianas empresas como factor fundamental de desarrollo.

2. Seguridad energética: La cumbre de Trinidad subrayará la importancia de desarrollar sistemas "limpios, accesibles y sostenibles" para lograr que para el año 2050 se cubra con estas fuentes de energía renovables y bajas en carbono la mitad de la demanda mundial.

3. Sosteniblidad ambiental: Los dirigentes se comprometerán en Trinidad a trabajar por estabilizar las concentraciones de gas de efecto invernadero en la atmósfera. Además, se fortalecerán los mecanimos de intercambio de información sobre alerta temprana de desastres naturales y prevención de los mismos.

4. Seguridad pública: Los jefes de Estado se comprometerán a continuar sus esfuerzos para "prevenir y combatir el terrorismo y el crimen organizado, en total acatamiento de las leyes internacionales". Los dirigentes podrían plantear a la OEA una reunión de expertos para avanzar en una estrategia regional en la materia.

5. Reforzar la gobernabilidad democrática: Los participantes reiterarán su compromiso con la Carta Democrática Interamericana y subrayarán su empeño en luchar contra la corrupción, racismo, violencia de género y en favor de los derechos humanos.

6. Reforzar el seguimiento de la cumbre y la efectividad de implementación: Los participantes propondrán que la cumbre de las Américas se celebre "al menos cada tres años" y solicitarán un informe anual sobre las acciones y progresos que se van realizando en las respectivas cumbres ministeriales.

En la noche inaugural de la cumbre los presidentes Hugo Chávez y Barack Obama se saludaron justo antes de la ceremonia. Chávez sorprendió a los presentes al estrechar manos con Obama y saludarlo en inglés diciendo “Quiero ser tu amigo”. Al día siguiente, justo antes de empezar la reunión entre Estados Unidos y Unasur, Chávez se dirigió a la mesa donde el presidente Obama se encontró para ofrecerle de regalo el libro Las venas abiertas de América Latina, del escritor Eduardo Galeano. Obama bromeó que el había pensado que Chavez mismo había escrito el libro.

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IV Cumbre de las Américas

La IV Cumbre de las Américas se celebró entre los días 4 y 5 de noviembre de 2005 en la ciudad argentina de Mar del Plata, situada a unos 400 kilómetros de Buenos Aires. Todos los jefes de estado del continente americano, a excepción de Cuba, debatieron tópicos relativos a la región. El lema oficial de la cumbre fue Crear Trabajo para Enfrentar la Pobreza y Fortalecer la Gobernabilidad Democrática. Sin embargo, terminó primando la discusión sobre el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsada principalmente por México y los Estados Unidos.

Masivas protestas populares contra la presencia del presidente de este último país, George W. Bush, se llevaron a cabo en las principales ciudades de Argentina. Además, se realizó en Mar del Plata la III Cumbre de los Pueblos, llamada también contracumbre o anticumbre, donde se trataron temas desde ópticas críticas y hasta antagónicas respeto de la Cumbre de las Américas.

La cumbre estuvo custodiada por 7.500 oficiales de seguridad asignados especialmente para este evento. Se estableció en Mar del Plata una zona de exclusión de 250 manzanas, en donde sólo tenían permitido ingresar los residentes y periodistas debidamente acreditados para la Cumbre. La zona de exclusión se dividió en 3 anillos, en los cuales se asignaron agentes de la Policía Federal Argentina, la Gendarmería Nacional y la Policía Bonaerense. El espacio aéreo fue controlado por helicópteros y aviones A-4AR Skyhawks de la Fuerza Aérea Argentina y a ningún avión se le permitió entrar en un área de 200 kilómetros a la redonda bajo amenaza de ser destruido. Por mar, la Prefectura Naval Argentina vigiló constantemente la actividad marítima.

Conjuntamente con la Cumbre de las Américas, se realizó la III Cumbre de los Pueblos, también conocida como la anticumbre, en la que se trataron temas de ámbito social en diferentes foros. En esta cumbre se escucharon reiteradamente las consignas No a Bush y No al ALCA, y se hizo hincapié en la Alternativa Bolivariana para América (ALBA). La cumbre terminó con una marcha encabezada por Diego Armando Maradona, ex jugador de fútbol argentino; Hugo Chávez, presidente de Venezuela; Adolfo Pérez Esquivel, ciudadano argentino Premio Nobel de la Paz de 1980; Silvio Rodríguez, cantautor cubano; Manu Chao, cantante y activista francés; Evo Morales, activista boliviano y por entonces candidato a la presidencia de su país; y las Madres de Plaza de Mayo, todos éstos, en repudio de la presencia del presidente estadounidense en suelo argentino.

Mientras el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, se encontraba dando el discurso de inauguración de la IV Cumbre de las Américas, un grupo de manifestantes integrado por grupos de extrema izquierda y piqueteros, intentaron penetrar en la zona de exclusión atravesando el vallado policial, ante lo que la policía reaccionó arrojando gases lacrimógenos. Ante esto, los manifestantes retrocedieron y comenzaron a destrozar diversos comercios de la zona.

En el transcurso de estos disturbios, una de las sucursales del Banco de Galicia fue incendiada, ante la atenta mirada de periodistas de todo el mundo y policías que no intervenían; por la lentitud de la llegada de los bomberos, el local quedó completamente destruido y se puso en riesgo la seguridad de los vecinos que habitaban los pisos superiores del edificio. Un local de los famosos alfajores marplatenses Havanna fue destruido y saqueado por completo, al igual que diferentes comercios de la céntrica avenida Colón.

Paralelamente, en la Ciudad de Buenos Aires se dieron lugar también algunos disturbios, pero al igual que los de Mar del Plata fueron finalmente contenidos por la policía, y no pasaron a mayores.

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Historia de la Argentina

Cueva de las Manos, Río Pinturas, Santa Cruz, Argentina, 7.300 a. C. El arte más antiguo de Sudamérica

El comienzo de la prehistoria en el actual territorio de la República Argentina se produce con los primeros asentamientos humanos en el extremo sur de la Patagonia hace alrededor de 13.000 años. Las primeras civilizaciones agroalfareras se establecieron en el noroeste andino desde el siglo XVIII a. C. El comienzo de la historia registrada por medio de quipus por el Imperio Inca en el noroeste argentino ocurrió en la segunda mitad del siglo XV.

La historia escrita de lo que hoy es la Argentina, comenzó con la llegada de cronistas españoles en la expedición de Juan Díaz de Solís en 1516 al Río de la Plata, hecho que señala el comienzo de la dominación española en esta región. En 1776 la corona española creó el Virreinato del Río de la Plata, entidad aglutinadora de territorios a partir de la cual, con la Revolución de Mayo de 1810, comenzaría un proceso gradual de formación de varios estados independientes, entre ellos el que llevó el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata. Con la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816 y la derrota militar del Imperio Español en 1824, se formalizó lo que a partir de la organización como un estado federal en 1853-1861 se conoce hoy como República Argentina.

Los primeros seres humanos que arribaron al actual territorio argentino parecen haber llegado por el extremo sur de la Patagonia provenientes de lo que hoy es Chile. Los restos más antiguos de la presencia humana se encuentran en Piedra Museo (Santa Cruz) y se remontan al 11.000 años adC. Junto con los yacimientos de Monte Verde (Chile) y Pedra Furada (Brasil) constituyen, hasta el momento, los sitios de poblamiento más antiguos hallados en Sudamérica. Estos yacimientos sustentan la teoría del poblamiento temprano de América (pre-Clovis).

Otro antiguo asentamiento fue ubicado en Los Toldos, también en la provincia de (Santa Cruz), con restos que datan de 9.500 años adC.

Estos primeros habitantes del territorio argentino se dedicaban a la caza de milodones, (mamífero parecido a un gran oso con cabeza de camello, ya extinguido) e hippidions (caballos sudamericanos que desaparecieron hace 8.000 años), además de guanacos, llamas y ñandúes.

Cerca de allí, también es posible ver las pinturas de manos y guanacos estampadas 7.300 años adC en la Cueva de las Manos (Río Pinturas, Santa Cruz). Se trata de una de las expresiones artísticas más antiguas de los pueblos sudamericanos y ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Para el año 9.000 a. C. ya había comenzado el poblamiento de la pampa, en tanto que la zona del noroeste del país comenzó a ser habitada hacia el año 7.000 años adC.

Tastil, en el norte, fue la ciudad precolombina más grande ubicada en el actual territorio argentino, con una población de 3.000 habitantes.

En los siglos XIV y XV el Imperio Inca conquistó parte de la actuales provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán (su extremo oeste), La Rioja, San Juan, el noroeste de Mendoza y posiblemente el norte de Santiago del Estero, incorporando sus territorios al Collasuyo que era la parte sur del Tahuantinsuyo o regiones del Imperio Inca. Tradicionalmente se atribuye la conquista al inca Túpac Yupanqui. Varios señoríos de la región, como los omaguacas, los atacamas, los huarpes, los diaguitas y otros, intentaron resistir pero los incas lograron dominarlos, trasladando a sus territorios a los mitimaes o colonos deportados de las tribus de los chichas, que habitaban en lo que es el suroeste del actual territorio boliviano. Otros, como los sanavirones, los lule-toconoté y los comechingones resistieron exitosamente la invasión incaica y se mantuvieron como señoríos independientes.

Crearon centros agrícolas y textiles, asentamientos (collcas y tambos), caminos (el "camino del inca"), fortalezas (pucarás) y santuarios de alta montaña. Algunos de los principales son el pucará de Tilcara, la tambería del Inca, el pucará de Aconquija, el santuario de Llullaillaco, el shincal de Londres y las ruinas de Quilmes.

Los primeros europeos que llegaron a lo que actualmente es la Argentina, lo hicieron buscando un paso hacia el continente asiático. Por entonces América era sólo un obstáculo entre España y las riquezas de Catay y Cipango en Asia. La zona, además, estaba ubicada aproximadamente sobre la Linea de Tordesillas, la división del mundo que se estableció por tratado entre España y Portugal y por lo tanto tenía, para ambos países la condición de frontera aún no ocupada.

Aunque existen muchas discusiones sobre la autenticidad de los viajes de Américo Vespucio, varios historiadores aceptan como un hecho que participó de la primera expedición europea (portuguesa) en llegar al actual territorio argentino, más específicamente al Río de la Plata en 1502.

En 1516 el navegante español Juan Díaz de Solís visitó lo que actualmente se conoce como Argentina, navegando el actual Río de la Plata, al que denominó Mar Dulce por su escasa salinidad. Llegó hasta la actual isla Martín García y murió tras navegar un breve trecho del Río Uruguay. Al regresar la expedición a España una de las carabelas naufragó en Santa Catarina, quedando abandonados allí 18 náufragos. Uno de ellos Alejo García fue el primero en conocer la leyenda del Rey Blanco, sobre un país rico en plata, realizando una excursión hasta la región de Potosí en donde se halla el Cerro Rico, donde se hizo de un enorme tesoro de piezas de plata. Al volver murió en un combate con los indios payaguás.

En 1519 y 1520 Hernando de Magallanes recorrió toda la costa de la actual Argentina durante la Expedición de Magallanes-Elcano, hasta el estrecho que lleva su nombre al que llegó el 21 de octubre de 1520.

En 1525 fray García Jofre de Loaísa dirigió una expedición que recorrió la Patagonia e incluso se establecieron brevemente en el Puerto Santa Cruz para reparar dos naves.

En 1526 Sebastián Gaboto (italiano) tomó contacto en Santa Catarina (Brasil) con los guaraníes que habían pertenecido a la expedición de Alejo García y decidió ir hacia el Imperio de Plata, navegando aguas arriba el Río de la Plata conocido entonces como Río de Solís. El 9 de junio de 1527 Gaboto ordenó establecer dos fuertes: uno en el actual territorio uruguayo (San Salvador) y otro, al que llamó Sancti Spíritus, primer asentamiento europeo en el actual territorio argentino, en la actual provincia de Santa Fe. Un expedicionario de Gaboto, Francisco César, llegó posiblemente a Córdoba. Gaboto remontó también el Río Paraná, el Río Paraguay y el Río Bermejo.

Diego García de Moguer llegó a Sancti Spíritus poco después de Gaboto e intentó imponer su autoridad. Sin embargo el hambre y las derrotas con los timbúes y charrúas los obligaron a volver a España, donde difudieron las noticias sobre el Rey Blanco y el Río de la Plata.

Portugueses y españoles aceleraron entonces los planes para tomar posesión de esa región, que ambos consideraban estaba de su lado de la Línea de Tordesillas.

En 1531 Portugal envió una gran expedición al mando de Martín Alfonso de Souza para tomar posesión del Río de la Plata y expulsar a los españoles. Llegó hasta la Isla Martín García, que rebautizó Santa Ana. Se internó por el Río Uruguay y se enteró que los españoles del fuerte San Salvador habían sido derrotados. Decidió entonces retirarse al Cabo de Santa María (donde actualmente se encuentra La Paloma, Uruguay). Allí realizó mediciones astronómicas y llegó a la conclusión que estaba del lado español de la Línea de Tordesillas, por lo que volvió a Portugal sin realizar fundación alguna.

En 1536 Pedro de Mendoza fundó el Puerto de Santa María del Buen Ayre. Sin embargo, el asentamiento fracasó debido a las hambrunas y los conflictos con los indígenas. Algunos de los habitantes de la población, privados de alimentos y sitiados por los indígenas, se vieron llevados al canibalismo. La ciudad fue abandonada, y sus pobladores se establecieron en Asunción, que se constituyó en centro de operaciones español en la región.

En 1580, saliendo desde Asunción, Juan de Garay refundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida simplemente como Buenos Aires. Esta ciudad, así como todas las que se encontraban en lo que hoy es la República Argentina, formaban parte del Virreinato del Perú, con sede en Lima.

En 1776, los españoles elevaron el estatus de esta región de gobernación a virreinato, al establecer el Virreinato del Río de la Plata. Este virreinato abarcó lo que hoy es la Argentina, Uruguay y Paraguay, así como también la mayor parte de la actual Bolivia.

En un principio, la ciudad de Buenos Aires había sufrido serios problemas de aprovisionamiento de bienes básicos, ya que el comercio exterior era monopolizado por España y dicho país priorizaba el puerto de Lima, dado que allí se podían obtener grandes cantidades de oro y plata, productos ausentes en los alrededores de Buenos Aires. Como consecuencia, se produjo un fuerte desarrollo del contrabando. La principal producción de Buenos Aires por aquel entonces era el cuero. La situación de la ciudad mejoró tras la creación del Virreinato del Río de la Plata.

España impuso el cristianismo y el idioma español. En toda la Hispanoamérica regían las costumbres y modas españolas, aunque las diferentes etnias y culturas que integraron la población colonial también encontraron mecanismos para preservar algunos aspectos de sus patrimonios culturales, lingüísticos y religiosos, que muchas veces se fusionaron entre sí para generar nuevas manifestaciones culturales.

España impuso en sus colonias americanas un sistema de castas con tres grupos principales, blancos, indios y negros, así como también los grupos derivados del mestizaje de los demás: mulato, mestizo, zambo, tercerón, cuatralbo, zambaigo, tresalbo, mulato prieto, zambo prieto y cuarterón. Los híbridos se consideraban "manchados" o de "sangre impura", pero existían diferencias entre ellos ya que, mientras la "sangre india" "manchaba" por tres generaciones, la "sangre negra" "manchaba" para toda la eternidad. En la cima del sistema de castas se encontraban los españoles peninsulares, considerados de "sangre pura" a los que se reconocía la mayor cantidad de privilegios, seguidos de los españoles americanos, conocidos como "criollos", descendientes legítimos de padre y madre españoles, pero con menos derechos que aquellos. En el lugar más bajo de la escala social se encontraban los "negros" ocupando el último lugar aquellos nacidos en África.

Sin embargo, dicha separación no era tan estricta como en el caso de las castas hindues, y sus convenciones solían ser postergadas si las necesidades prácticas así lo requerían. Así, durante las Invasiones Inglesas se dieron armas y rangos militares a varios grupos que en circunstancias normales no podrían acceder a tales puestos, y la escasez de mujeres españolas promovió el mestizaje. Del mismo, y teniendo como una de sus bases económicas la ganadería extensiva o el acarreo y faena de grandes rebaños, surgieron los mancebos de la tierra ya en el siglo XVII y luego los gauchos, los cuales tendrían un rol decisivo en la gesta emancipatoria del siglo XIX.

En 1806 y 1807, en el marco de las Guerras Napoleónicas que tenían lugar en Europa, tuvieron lugar las Invasiones Inglesas. Sir Home Riggs Popham y William Carr Beresford encabezaron la primera, que tomó el control de la ciudad de Buenos Aires durante 45 días hasta su expulsión por parte de un ejército proveniente de Montevideo encabezado por Santiago de Liniers. Un segundo ataque, encabezado por John Whitelocke, logró ser resistido exitosamente. El conflicto tuvo consecuencias políticas: se creó un quiebre del derecho institucional vigente en el virreinato, al ser destituido el virrey Rafael de Sobremonte y electo el victorioso Liniers por aclamación popular, sin intervención directa del Rey de España. Además, durante el segundo conflicto, los soldados disponibles eran insuficientes y no se podía contar con el auxilio de la metrópoli, por lo que varios sectores de la población habitualmente postergados recibieron armamento y mando de tropas. Esto les permitió tener una mayor injerencia en los asuntos de la vida pública. Entre ellos se destacaba el Regimiento de Patricios, compuesto por criollos y comandado por Cornelio Saavedra.

La Independencia de los Estados Unidos (1776), la Revolución Francesa (1789) y las nuevas ideas de la Ilustración, se combinaron con las tradiciones de lucha de criollos, indígenas y afroamericanos contra el Imperio Español para impulsar las ideas de libertad, igualdad e independencia en Latinoamérica.

La Revolución de Mayo de 1810 destituyó y expulsó al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, y proclamó, tras un Cabildo Abierto, el primer gobierno formado mayoritariamente por criollos en las Provincias Unidas del Río de la Plata, denominado la Primera Junta.

Entre 1810 y 1820 se sucedieron dos juntas de gobierno, dos triunviratos y el Directorio, una forma unipersonal y centralista de gobierno. En este período, la principal preocupación de los gobiernos era consolidarse internamente y enfrentar la resistencia de los realistas (defensores del status quo y del mantenimiento de los lazos que unían estas regiones a España). En 1816 se declaró la independencia de las Provincias Unidas de América del Sur en el Congreso de Tucumán.

José de San Martín, Manuel Belgrano, y Martín Miguel de Güemes fueron algunos de los principales luchadores por la Independencia. Desde 1817 hasta 1822, José de San Martín realizó campañas libertadoras que llevarían a la independencia de Chile y a Perú. Contemporáneamente, Simón Bolívar independizaba a la Gran Colombia, completaba la independencia de Perú y liberaba a Bolivia (1824), el último bastión del dominio español en Sudamérica.

Desde antes de 1820, unitarios y federales se disputaron el gobierno y la economía del país a través de una serie de guerras civiles. Con la Batalla de Cepeda, de triunfo federal, comenzó un período de autonomías provinciales; la unión entre las provincias sólo se mantuvo gracias a los llamados . Las luchas internas entre las provincias — en general, las del Interior contra Buenos Aires — se mantuvieron por más de 60 años. Los caudillos provinciales dominaron el mapa político a mediados del Siglo XIX dirigiendo grandes ejércitos propios, y en muchos casos gobernando sus provincias.

Entre 1820 y 1824 gobernó Buenos Aires Martín Rodríguez, que realizó históricas reformas. Lo sucedió Juan Gregorio de Las Heras, que reunió el Congreso, por el cual se pretendió unificar el país. En 1826, el Congreso nombró presidente a Bernardino Rivadavia, de tendencia centralista, que continuó con la política económica librecambista que venían llevando adelante los gobiernos porteños.

La Guerra del Brasil, que finalizó con la independencia uruguaya, y la Constitución unitaria de 1826, rechazada en el Interior del país, terminaron con la caída de Rivadavia. En su lugar asumió como gobernador de Buenos Aires Manuel Dorrego, partidario del federalismo, quien finalizó la guerra con los brasileños y reconoció la independencia del Uruguay. Los unitarios, sublevados por Juan Lavalle, fusilaron a Dorrego. Esto reanudó la guerra civil entre unitarios y federales.

En 1829 Juan Manuel de Rosas, federal y porteño, asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires, con "Facultades Extraordinarias", y conservando la delegación de las relaciones exteriores por parte de las demás provincias. Gobernó hasta 1832 con rasgos autoritarios y personalistas. En 1833, Gran Bretaña ocupó las Islas Malvinas y Rosas realizó una campaña en la Patagonia, donde luchó contra las tribus indígenas. Desde 1832 hasta 1835 gobernaron tres gobernadores débiles: Juan Ramón Balcarce, Juan José Viamonte, y Manuel Vicente Maza. Los tres renunciaron por presión de los "rosistas", y el último de ellos a causa del asesinato del caudillo Facundo Quiroga en Barranca Yaco, ideado por los hermanos cordobeses Reynafé.

En 1835, en medio de esta anarquía, Juan Manuel de Rosas fue elegido gobernador de Buenos Aires, con el agregado de tener la "Suma del Poder Público" — los 3 poderes del Estado resumidos en su persona. Un posterior plebiscito popular legitimó en forma amplia su designación. Inició una política económica proteccionista, aunque sin fomentar explícitamente nuevas industrias, y hubo una cierta regresión en la educación popular. Con sus atribuciones inició un régimen dictatorial que se caracterizó por la persecución de los opositores — unitarios, federales "cismáticos", ciertos extranjeros, y ciertos intelectuales — que en muchos casos fueron ejecutados o asesinados, u optaron por exiliarse en países limítrofes. Su política centralista generó sublevaciones en su contra en el Interior del país, y su autoritarismo genera la oposición de los romanticistas de la "Generación del 37", grupo de jóvenes intelectuales, entre ellos, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, y Domingo Faustino Sarmiento, que desde el Salón Literario criticarían mucho al régimen.

Entre 1838 y 1840, Rosas resistió el Bloqueo Francés, establecido con la excusa de supuesta discriminación a ciudadanos franceses. Una vez levantado éste, venció a la poderosa Coalición de las provincias del Norte, y sitió Montevideo entre 1843 y 1851, ayudando al ex presidente uruguayo Manuel Oribe, derrocado en su país. Además, resiste de forma admirable el Bloqueo Anglo-Francés desde 1845 a 1848 y logró aplastar una última sublevación de la provincia de Corrientes.

En sus últimos años de gobierno, las renuncias de Rosas se repitieron simbólicamente; el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza aceptó una de ellas con su denominado "Pronunciamiento" y decidió asumir él mismo las Relaciones Exteriores de su provincia. El caudillo porteño reaccionó con furiosas invectivas, pero su reacción militar fue insuficiente: se enfrentaron en la Batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852. En esta batalla, la más grande de la historia sudamericana, el ejército de Urquiza, con tropas de Entre Ríos y Corrientes, exiliados del régimen, uruguayos y brasileños, derrotaron a los miles de soldados del ejército federal. Tras este hecho, Juan Manuel de Rosas inicia su exilio en Inglaterra.

Justo José de Urquiza lideró el país, aunque no pudo evitar la separación del "Estado de Buenos Aires". En 1853, tras la separación de la Provincia de Buenos Aires, la Confederación sancionó la Constitución, con ideas federales, republicanas y liberales.

Constitución Nacional Argentina 1853 Con la oposición de Buenos Aires, que se regía como un Estado Independiente, Urquiza organizó el Congreso Constituyente de Santa Fe de 1853, que aprobó una Constitución de carácter republicano, representativo y federal, elaborada según un modelo de Juan Bautista Alberdi. Urquiza fue proclamado presidente de la Confederación.

La economía de la Confederación se vería afectada por la separación de Buenos Aires, por lo que intentó unirla por medios bélicos. Tras la Batalla de Cepeda (1859) y la Batalla de Pavón, de 1861, se logró la unión del país.

En 1862 Bartolomé Mitre, quien fuera Gobernador de Buenos Aires, asumió como primer Presidente constitucional de la Argentina unida. Inició una política codificación, sancionó importantes leyes y promovió la inmigración y la educación. Derrotó las resistencias provinciales, especialmente la del caudillo Peñaloza. Se alió con uruguayos y brasileños contra el Paraguay en La Guerra de la Triple Alianza, con la excusa de la dictadura de Francisco Solano López en ese país, aunque luego se supo de la existencia del Tratado de la Triple Alianza. En 1870 se logró su derrocamiento y la derrota del Paraguay, que quedó devastado por la guerra.

Sería sucedido por Domingo Faustino Sarmiento en 1868, que realizó el primer Censo Nacional de Población, promovió la educación popular, la cultura y los telégrafos. Derrotó a los últimos caudillos federales y se firmaron importantes tratados internacionales, además de finalizar la Guerra de la Triple Alianza.

Tras una pequeña crisis económica, Sarmiento fue sucedido por Nicolás Avellaneda (1874), quien se empeñó en controlar los territorios aún ocupados por los indígenas. Además, fomentó la inmigración y nuevas industrias, aunque durante su período debió enfrentar una seria recesión económica. Llevó a cabo la Campaña del Desierto que quitó millones de hectáreas de la Patagonia y el Chaco a los indígenas, reduciendo drásticamente su población. Esta campaña, liderada por el ministro Julio Argentino Roca, benefició enormemente a los estancieros.

En 1880 estalló una última revolución — centralista, pero también en contra del generalizado fraude electoral, habitual en la segunda mitad del Siglo XIX en el país — en Buenos Aires, liderado por Carlos Tejedor y Bartolomé Mitre; su derrota, que dio fin al período de las guerras civiles argentinas, permitió sancionar la Ley de Capitalización, que federalizaba la Ciudad de Buenos Aires, transformándola en capital del País.

Poco después, Roca asumía la presidencia de la Nación. Se iniciaba un período de más de 3 décadas de gobiernos conservadores y liberales, sostenidos por políticas fraudulentas y muy especiales en la historia del País.

Se sucedieron en la presidencia Julio A. Roca (1880), Miguel Juárez Celman (1886), quien dimitió en 1890 como consecuencia de la revolución encabezada por Leandro N. Alem — que fue sofocada — y le sustituyó el vicepresidente Carlos Pellegrini. Le siguieron en el poder Luis Sáenz Peña (1892), José Evaristo Uriburu (1895), Julio Argentino Roca (1898), Manuel Quintana (1904), José Figueroa Alcorta (1906), Roque Sáenz Peña (1910) y Victorino de la Plaza (1914).

Durante este período existió virtualmente un partido único, el Partido Autonomista Nacional (PAN) que monopolizó el poder sobre la base de elecciones fraudulentas, propiciado por el sistema del voto cantado, y la represión de obreros anarquistas y socialistas. Durante 25 años, la figura excluyente fue el General Julio A. Roca, apoyado en el poder militar y económico de los estancieros.

La mal llamada "República" Conservadora (ya que no existía un régimen electoral libre), organizó un exitoso y moderno modelo agroexportador, que insertó al país en un esquema de división internacional del trabajo que reservaba a los países del norte de Europa el papel de productores de bienes industriales y recurrió a las pampas argentinas como territorio proveedor de alimentos (carne y cereales) para los trabajadores europeos, principalmente británicos.

A tal fin, los gobiernos conservadores, también conocidos como la Generación del 80, introdujeron técnicas modernas de agricultura y ganadería, construyeron una extensa red ferroviaria con eje en Buenos Aires, promovieron una gran ola de inmigración europea (1870-1930) (mayoritariamente campesinos italianos y en segundo lugar españoles) que llevó la población argentina del 3,5% al 11,1% en 1930.

Las inversiones, principalmente provenientes del Reino Unido, fueron destinadas a áreas como el desarrollo ferroviario, los puertos y los frigoríficos, quedando las estancias y granjas (chacras) en manos del capital argentino. La mayor parte de la población y las actividades económicas modernas se concentraron en la región pampeana, impulsando el gigantismo de la ciudad de Buenos Aires.

El PAN dominó con mano de hierro la política argentina hasta 1916, cuando la ley Sáenz Peña de sufragio secreto y universal (para varones) sancionada cuatro años antes, permitió el triunfo electoral de la Unión Cívica Radical, liderada por Hipólito Yrigoyen. Los radicales, que habían protagonizado diversos intentos revolucionarios en contra de lo que denominaban el régimen abrieron las puertas del poder a la clase media argentina en expansión, «hija» del modelo agroexportador.

1910 fue un año en el que los logros y los fracasos de la Generación del 80 quedaron en evidencia.

El 25 de mayo de 1910 se cumplían 100 años desde la Revolución de Mayo, paso inicial de la independencia. El gobierno argentino, presidido por José Figueroa Alcorta, decidió entonces organizar las festividades del Centanario, como un acontecimiento internacional al que asistieran personalidades de todo el mundo.

Llegaron a Buenos Aires la Infanta Isabel de España, el presidente de Chile Pedro Montt y representantes de numerosos países. Los presidentes de Bolivia y de Brasil estuvieron ausentes debido a las malas relaciones diplomáticas que mantenían con la Argentina.

Buenos Aires fue el centro de los festejos, realizándose diversas ceremonias organizadas por el gobierno y particulares con participación del mundo de la cultura, militares, escolares y de colectividades extranjeras.

Se realizaron desfiles militares, manifestaciones cívicas, y una función de gala en el Teatro Colón. Se crearon monumentos y se reanudó la construcción del Congreso y de la Corte Suprema.

Se organizaron conferencias internacionales y una exposición de bellas artes. Muchos diarios publicaron artículos especiales, entre ellos, el más importante fue el editado por La Nación.

El día del 25 de mayo, a la madrugada, una marcha de estudiantes se dirigieron al Río de la Plata para ver el amanecer. A la mañana en la Plaza de Mayo se colocó la piedra fundamental del monumento a la Revolución de Mayo y en la Plaza de los dos Congresos hubo una reunión de escolares. A las tres de la tarde se realizó un desfile militar.

Sin embargo, de manera paralela a los festejos, los sindicatos expresaron su descontento ante la situación de desigualdad social y económica. La CORA y la FORA, dirigidas por las corrientes socialista, sindicalista revolucionaria y anarquista, realizaron protestas y amenazaron con realizar una huelga general. Pedían la derogación de la Ley de Residencia, que habilitaba al gobierno a expulsar extranjeros sin el debido proceso. El gobierno impuso el estado de sitio y la policía reprimió a los manifestantes. Los partidos obreros se fragmentaron y la huelga no se concretó.

Para la clase alta, el acto del Centenario fue una demostración del poder y grandeza que perduraría a través de los años.

Al llegar el radicalismo al poder, éste presentó, más que un programa de gobierno, una declaración de principios: la causa contra el régimen, la reparación histórica, la recuperación de la ética, el respeto al federalismo.

Entre los puntos de la doctrina radical se encontraba el concepto de "la causa contra el régimen". "La causa" era la causa radical, y sus ideales eran el honor del país, la pureza del sufragio, la reorganización del país, la democracia y el respeto a la constitución y las leyes. "El régimen" era el gobierno del PAN; contra este régimen (un régimen corrupto, injusto, etc.) llega "la causa" (la UCR) que viene a sanear los daños hechos por el gobierno del PAN. Otro punto de la doctrina radical era "La reparación histórica". Esta predicaba que el gobierno radical no venía a vengar los daños hechos por el gobierno del PAN sino a sanearlos, a repararlos. Sin embargo, el radicalismo propuso cosas muy vagas, ideales muy altos y difíciles de alcanzar, realizando pocas acciones concretas.

En 1916 Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia de la nación, gracias a la Ley Sáenz Peña, que establecía el sufragio secreto y universal para varones. Con la primera presidencia de Yrigoyen se inicia un período de la historia argentina conocido como "La etapa radical", que abarca de 1916 a 1930 (año del primer golpe de estado de la Argentina). Se lo conocía como “El peludo” porque era muy introvertido. Intenta cambiar los planes de estudio pero no lo logra. Todo lo que propuso le fue vetado porque más de la mitad de las bancas del senado eran la oposición formada por los partidos conservadores. Por esta razón hizo numerosos decretos, y teniendo a muchos Gobernadores Provinciales de anteriores Presidencias, decidió intervenir casi todas las Provincias del país. Estos hechos junto con la represión a los obreros de la Patagonia, hecho denominado como La Patagonia Rebelde dan cierta idea de gobierno autoritario, aunque el de Yrigoyen fue un gobierno con amplias libertades de prensa, de expresión, de acción, y políticas. Una de sus grandes medidas fue la Reforma Universitaria realizada en 1918 que llegó a otros países del mundo, democratizando las universidades del país. La primera guerra mundial afecta económicamente a Argentina, por las restricciones del mercado mundial. Sin embargo, se destaca la industria textil y la petrolera con la creación de YPF. Durante este período se privilegiaron otros sectores de la población, algo ignorados durante los Gobiernos Conservadores.

Las elecciones presidenciales se realizaron el 2 de abril de 1922. La Unión Cívica Radical obtuvo 450.000 votos; la Concentración Nacional (conservadores) obtuvo 200.000 votos; el Partido Socialista obtuvo 75.000 votos; y el Partido Demócrata Progresista obtuvo 75.000 votos.

Marcelo T. de Alvear, un hombre de la clase económica alta, desarrolló una presidencia diferente, en estilos, a la del también radical Hipólito Yrigoyen.

Las políticas de transformación económica, políticas y social que había delineado el gobierno de Yrigoyen, resultaron atenuadas, cuando no directamente revertidas, como en el caso de la Reforma Universitaria o cuando el presidente Alvear vetó el proyecto de ley que extendía la jubilación a amplios sectores de trabajadores que lo enfrentó con el movimiento sindical. Ello no impidió sin embargo que fuera el gobierno de Alvear el que enviara al Congreso el proyecto de ley de nacionalización del petróleo, aunque el mismo nunca sería aprobado.

Estas diferencias llevaron a un enfrentamiento entre Alvear e Yrigoyen, en el marco de una profunda división interna de la UCR entre personalistas yrigoyenistas y anti-personalistas según apoyaran o enfrentaran a Hipólito Yrigoyen. Cada uno de los dos sectores radicales presentarían candidatos distintos para presidente. Los radicales anti-personalistas, organizados en la Unión Cívica Radical Antipersonalista presentaron como candidato a presidente a Leopoldo Melo (acompañado por Vicente Gallo) y los radicales yrigoyenistas presentaron a Hipólito Yrigoyen (acompañado por Francisco Beiró).

El triunfo fue tan amplio que los radicales yrigoyenistas lo denominaron «el plesbicito».

La división y el enfrentamiento entre sectores internos del radicalismo generaría un nivel de violencia política muy grande.

Yrigoyen ordenó intervenir las provincias de Mendoza y San Juan, gobernadas por movimientos radicales disidentes como el lencinismo en la primera y el bloquismo en la segunda. En ese marco un "matón" yrigoyenista asesinó al senador mendocino Carlos Washington Lencinas. El crimen causó estupor en el país. Al mes, hubo un atentado anarquista contra Yrigoyen al salir de su casa para ir a la Casa de Gobierno. El año 1930 se inició con otro asesinato de un opositor en una provincia intervenida por el gobierno, el del abogado bloquista Manuel Ignacio Castellano. Comenzó a ser habitual en la oposición, de estudiantes, políticos, militares, civiles, y amplios sectores del periodismo, criticar al Presidente por su supuesta ineficacia y autoritarismo.

El 2 de marzo se realizaron elecciones parlamentarias, perdiendo el radicalismo estrepitosamente en la Ciudad de Buenos Aires, donde el Partido Socialista Independiente obtuvo 100.000 votos, seguidos del Partido Socialista con 84.000, superando por mil votos a los radicales. En todo el país, la oposición alcanzó 695.000 votos superando al gobierno obtenía 655.000 votos.

La Crisis Mundial de 1929 afectó al país y el radicalismo estaba completamente dividido y el gobierno no tenía diálogo con la oposición, muy crítica con el Gobierno.

El hecho más importante y duradero del segundo gobierno de Yrigoyen fue la decisión tomada el 1 de agosto por parte de YPF, dirigida por el General Enrique Mosconi, de intervenir en el mercado petrolero, para fijar el precio y romper los trusts. El golpe de estado sucederá apenas 37 días después, lo que ha llevado a varios historiadores a vincular, al menos parcialmente, el golpe militar con la decisión de YPF.

El 6 de setiembre de 1930 el general José Félix Uriburu derrocó al gobierno constitucional, iniciando una serie de golpes de estado en Argentina y gobiernos militares que se extenderían hasta 1983, interrumpiendo todas las experiencias de gobierno surgidas del voto popular.

El 10 de septiembre, Uriburu fue reconocido como presidente de facto de la Nación por la Corte Suprema mediante la acordada que dio origen a la doctrina de los gobiernos de facto y que sería utilizada para legitimar a todos los demás golpes militares.

Siguiendo una tendencia que habría de ser general en los futuros golpes de estado, Uriburu designó a un civil en el cargo de ministro de economía, José S. Pérez, vinculado a los grandes terratenientes y a los sectores más conservadores.

Los trece años siguientes estarían dominados por las consecuencias del golpe del general José Félix Uriburu. Éste dura poco tiempo en el poder y es remplazado por Agustín Pedro Justo, quien se mantiene en el poder hasta 1937. En el plano económico, los países del mundo se tienden a cerrarse adoptando modelos proteccionismo. Inglaterra anuncia en la "convención de Ottawa" que les dará ventajas arancelarias a sus colonias. Debido a su gran dependencia, el país firma el pacto Roca-Runciman con Inglaterra en 1933, cediendo así el sector ferroviario a cambio de un trato privilegiado para las carnes argentinas.

Por otra parte, a mediados de la década se inició un amplio proceso de industrialización por sustitución de importaciones, con eje sobre todo en Buenos Aires, acompañado de una gran ola migratoria interna, del campo a la ciudad y del interior a la capital.

En este período la Unión Cívica Radical, conducida por Marcelo T. de Alvear, será sistemáticamente excluida del acceso al gobierno mediante el uso abierto del fraude electoral y la represión. En el seno del radicalismo aparecieron fuertes corrientes nacionalistas yrigoyenistas que se expresaron el la fundación del influyente grupo F.O.R.J.A., y en los primeros núcleos de la intransigencia radical, que conducirá el la UCR en la década siguiente y que por entonces comenzaba a nuclearse alrededor de Amadeo Sabattini, gobernador de Córdoba (1936-1940).

Por su parte el Partido Socialista y sobre todo su aliado el Partido Demócrata Progresista, conducido por Lisandro de la Torre, denunciarán en el Congreso los sucesivos actos de corrupción en beneficio de una elite realizados por el régimen, que incluso causarán el asesinato del senador Enzo Bordabehere en el recinto del Senado.

Finalmente, en ese período, el movimiento obrero argentino se organizó en la Confederación General del Trabajo (CGT), sobre el sindicato de actividad y nuevas ideas nacionalistas y de relaciones con los partidos políticos populares.

Hacia 1939 cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Argentina estaba gobernada por el presidente radical antipersonalista Roberto Ortiz, que había sido ministro del presidente radical (UCR) Marcelo T. de Alvear. Durante su gobierno Argentina influyó decisivamente en la paz alcanzada entre Paraguay y Bolivia que se habían enfrentado en la Guerra del Chaco. La tradicional política neutralista y de no beligerancia se mantendría hasta 1944.

En 1942, debido a la enfermedad del Presidente Ortiz, asumió el Vicepresidente Ramón Castillo, hasta 1943, en que sería derrocado. Su presidencia estuvo marcada por las presiones de Estados Unidos para que Argentina abandonara su tradicional posición neutralista y le declarara la guerra a las potencias del Eje.

El 4 de junio de 1943 se produjo un nuevo golpe de estado encabezado por los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez y apoyado por varios sectores militares entre los que se destacaba una agrupación de militares del Ejército denominado GOU (Grupo de Oficiales Unidos), integrado por unos veinte oficiales mayoritariamente jóvenes de ideologías diversas que compartían un enfoque nacionalista. El golpe derrocó al presidente Ramón Castillo quien fue reemplazado por el general Arturo Rawson, quien inmediatamente (tres días después) fue reemplazado a su vez por el general Pedro Pablo Ramírez.

La Revolución del 43 contenía en su interior diversos sectores que lucharon entre sí para controlar la dirección del proceso. Uno de esos sectores estuvo liderado por el entonces coronel Juan Domingo Perón, quién ocupó inicialmente un cargo de menor significación como secretario del Ministerio de Guerra, en cabeza del General Edelmiro Farrell. A partir de la segunda mitad de 1943 comenzó una política de alianza con el movimiento sindical que le permitiría ir ocupando posiciones cada vez más influyentes en el gobierno militar. En ese camino resultó fundamental su designación a cargo del irrelevante Departamento de Trabajo, elevado luego al nivel de Secretaría de Estado.

A comienzos de 1944 el gobierno militar rompió relaciones diplómáticas con los países del Eje, decisión que llevó a un enfrentamiento entre sus sectores internos y a exigir la renuncia del presidente Ramirez, quien fue reemplazado por el General Edelmiro Farrell, pasando Perón a ocupar el Ministerio de Guerra que dejó aquel. Farrell se apoyó en Perón y su exitosa política laboral-sindical y sufrió el embate del sector nacionalista de derecha liderado por el Ministro del Interior, el general Luís César Perlinger. En la segunda mitad del año el dúo Farrell-Perón consolidó su posición, desplazando al sector de la derecha nacionalista católica-hispanista, y profundizó las reformas laborales generalizando la negociación colectiva, sancionando el Estatuto del Peón de Campo que laboralizó la situación de los trabajadores rurales, creando los tribunales de trabajo y estableciendo la jubilación para los empleados de comercio. También se tomaron importantes medidas industrialistas como la creación del Banco Industrial de Crédito.

En 1945, Argentina declaró la guerra a Alemania y Japón en tanto que la situación política y social se polarizó rápidamente bajo la forma de peronismo-antiperonismo. El nuevo embajador estadounidense Spruille Braden llegado en mayo de 1945, desempeñó un papel central en la organización de la oposición antiperonista acusando a Perón de nazifascista, por su reconocido apoyo a la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial y su admiración por Hitler y Mussolini, demostrando apoyo a la Unión Democrática.

Tras los beneficios otorgados por Perón a los trabajadores desde la Secretaría del Trabajo, en octubre de 1945 militares antiperonistas lograron su renuncia y detención. Cuando la situación parecía definida , se produjo el 17 de octubre de 1945 una gran movilización de obreros y sindicalistas que obtuvo la liberación de Perón y su reinstalación en el gobierno.

A partir de entonces ambos bandos se prepararon para enfrentarse en elecciones el 24 de febrero de 1946 triunfando Juan Perón y como Vicepresidente el radical Hortensio Quijano, contra la fórmula de la Unión Democrática integrada por los radicales José P. Tamborini-Enrique Mosca.

En las elecciones de 1946 Perón se presentó como candidato de tres partidos aliados: el Partido Laborista, organizado por los sindicatos, la Unión Cívica Radical Junta Renovadora y el Partido Independiente, de tendencia conservadora. Su vicepresidente fue Hortensio Quijano, un radical de la disidente Unión Cívica Radical Junta Renovadora. Las elecciones polarizaron al país: por un lado el peronismo, los sindicalistas de la CGT y grupos yrigoyenistas del radicalismo, U. C. R. Junta Renovadora o FORJA (Donde se encontraban reconocidas personalidades como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, etc.), y de los conservadores de las provincias del interior y por el otro la Unión Democrática que contaba con la participación de la UCR y los partidos Socialista y Demócrata Progresista y el apoyo del Partido Comunista, los conservadores de la Provincia de Buenos Aires y el embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden. En las elecciones triunfó Perón, con el 56% de los votos.

Tras asumir la presidencia, Perón comienza rápidamente a consolidar su poder. En lo interno fusionó los partidos que lo apoyaron para formar el Partido Peronista o Justicialista (llamado brevemente Partido Único de la Revolución). Luego de obtenido el sufragio femenino, en 1949 Eva Perón organizó el Partido Peronista Femenino. Se estableció un criterio de cupos por el cual los cargos políticos se repartían en partes iguales entre los sindicatos, el sector político del Partido Peronista y las mujeres.

Por otra parte se procedió a la remoción vía juicio político de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y en 1949 se convocó elecciones para la Asamblea Constituyente que dictó una nueva Constitución acorde con los principios del peronismo, estableciendo, entre otras cosas la igualdad jurídica de hombres y mujeres, los derechos de los trabajadores, la autonomía universitaria y las facultades de intervención del Estado en la economía, y en especial, le reelección presidencial, que Perón utilizó.

El gobierno peronista fue muy duro con la oposición política y sindical, muchos de cuyos dirigentes fueron arrestados (a pesar de los fueros parlamentarios, como fue el caso de Ricardo Balbín). En las universidades nacionales se removió a los profesores disidentes y se impulsó a la CGU (Confederación General Universitaria) como representante de los estudiantes en oposición a la mayoritaria FUA (Federación Universitaria Argentina). Con un criterio similar, se creó la UES (Unión de Estudiantes Secundarios). A partir de 1950, la situación económica comenzó a deteriorarse. Aun así, Perón volvió a triunfar en 1952.

En 1949, Perón reformó la Constitución de 1853, de manera que pudo ser reelegido en 1951. En ese año, Eva Perón intentó acceder a la nominación a la vicepresidencia de lo que sería el segundo mandato presidencial de Perón. Si bien contaba con el respaldo de la CGT, la oposición militar la condujo a su célebre renunciamiento en un acto multitudinario en la avenida 9 de julio. Evita murió de un cáncer uterino a la edad de 33 años en 1952. Su cuerpo fue embalsamado y mantenido en exposición hasta que un golpe militar expulsó a su marido del poder en 1955. Clandestinamente fue enviado el cadáver a Italia y enterrada en Milán con nombre falso. En 1972 fue devuelto a su esposo. Reposa actualmente en el cementerio de La Recoleta en Buenos Aires.

La llegada del peronismo al poder en democracia se produce en plena posguerra mundial, lo cual significaba la debilidad económica de una Europa en ruinas y el fuerte liderazgo de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental. En este escenario, Argentina se encontraba por primera vez en su historia en la posición de acreedor de los países centrales, gracias a las exportaciones de carnes y granos a las potencias beligerantes. El principal deudor era el Reino Unido que ante la emergencia declaró su iliquidez, bloqueando la libre disponibilidad de esos montos. El gobierno peronista optó por utilizar esos créditos para adquirir empresas de servicios públicos de capital británico.

La bonanza económica de la Argentina continuaba, impulsada por el creciente mercado que se había formado por la baja de las importaciones provenientes de los países en guerra. Esto permitió al gobierno aplicar una vasta política de bienestar que incluía la efectivización de nuevos derechos sociales, como períodos de vacaciones y descanso, planes de vivienda, inversiones en salud y educación, etcétera. Desde ya que todos estos beneficios eran ampliamente publicitados y capitalizados por las figuras de Perón y su mujer, que creó una fundación de asistencia social financiada básicamente con fondos estatales y aportes empresarios (generalmente de carácter forzoso); también las nacionalizaciones y estatizaciones de los servicios públicos, como los ferrocarriles británicos, eran proclamados como conquistas de soberanía e independencia económica. Los trabajadores llegaban a compartir el 50 por ciento de la renta nacional, cifra histórica nunca antes alcanzada.

El modelo económico se caracterizó por una profundización del proceso de sustitución de importaciones, promoviendo el desarrollo de la industria nacional y llevándola a niveles de autosuficiencia no vistos hasta entonces (sobre todo la industria aeronáutica tiene un impulso singular). A comienzos de la década del cincuenta el contexto mundial deja de ser favorable ya que Estados Unidos mediante el Plan Marshall colocaba sus excedentes agrícolas en Europa limitando el acceso al mercado de los alimentos argentinos. Con una visión exterior elabora un plan de integración latinoamericana al que denomina ABC precisamente para eludir la hegemonía de EUA.

La situación económica comienza a empeorar y un nuevo ministro de Asuntos Económicos, Alfredo Gómez Morales, aplicó medidas de corte ortodoxo, como el ajuste del gasto público; Perón, que había declarado una vez que "se cortaría las manos" antes que endeudar a la Nación comprometiendo su independencia económica, contrajo finalmente un préstamo con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y firmó contratos de explotación petrolífera con compañías norteamericanas.

En el Segundo Gobierno Peronista aumenta el control sobre el periodismo, por ejemplo, con la expropiación del Diario La Prensa y la censura. Son detenidos numerosos políticos opositores, y se realiza una política propagandística gigantesca para afianzar el régimen que alcanza incluso a los libros escolares de los niños. Se denuncian supuestas conspiraciones en su contra, su ex amigo y líder sindical Cipriano Reyes es detenido y torturado. Otras denuncias de torturas a presos políticos, el nombramiento de la Provincia del Chaco con el nombre de Provincia Presidente Perón y de la Provincia de La Pampa con el nombre de Provincia Eva Perón, generan mucho rechazo en los sectores no peronistas. A su vez, derrota en 1951 la sublevación del General Benjamín Menéndez y tras la explosión de bombas en un gran acto de la C.G.T. partidarios peronistas atacan e incendian la sede del Jockey Club, la Casa del Pueblo (sede del Partido Socialista), y la sede del Partido Radical. Esta división política interna se agudiza con el enfrentamiento con la Iglesia Católica en 1954, producido por la creación del Partido Demócrata Cristiano, al que Perón rechazó. A partir de ese momento, el Presidente inicia una política contra la Iglesia Católica legalizando el divorcio vincular, los prostíbulos, y derogando la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Las manifestaciones opositoras aumentaron y dos sacerdotes fueron expulsados del país. El 16 de junio de 1955 aviones de la fuerza aerea realizan el salvaje bombardeo de la Plaza de Mayo asesinando a casi trescientos civiles. El objetivo era asesinar al General Perón, aunque no lo lograron; a la noche ligados al régimen saquean e incendian iglesias. El estado de guerra interno es declarado por el Presidente quien hace un llamado a la conciliación que Perón da por terminada en agosto de ese año, con un discurso público en que proclama que "por cada uno de los nuestros que caigan caerán cinco de los de ellos". El grado de polarización y enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas tornaba la situación casi insostenible.

En una nueva sublevación en septiembre de 1955 grupos militares se sublevan en Córdoba triunfando y luego en Buenos Aires, derrotando a las fuerzas presidenciales y derrocando al Presidente Perón, quién inicia su exilio en algunos países latinoamericanos antes de exiliarse durante muchos años en España.

Los militares que derrocan a Perón, denominan Revolución Libertadora a su golpe de estado y ocupan el Gobierno. Una de sus primeras medidas será la proscripción del peronismo, su partido y simbología, que sin embargo mantendrá su gran popularidad.

El 23 de septiembre de 1955 las Fuerzas Armadas al mando del general Eduardo Lonardi derrocaron a Perón y establecieron una dictadura llamada Revolución Libertadora. El gobierno militar impuso la proscripción del Partido Justicialista (peronista) y persecución de sus simpatizantes, que se mantendría por 18 años, y la intervención de los sindicatos. También, en un caso sin precedentes en la historia argentina moderna, en 1956 el gobierno militar fusiló a 31 militares y civiles peronistas que habían intentado un golpe de estado, en algunos casos en forma pública y en otros clandestinamente.

La Revolución Libertadora contó con una Junta Consultiva integrada por la mayor parte de los partidos políticos: Unión Cívica Radical, Partido Socialista, Partido Demócrata Nacional, Partido Demócrata Cristiano y Partido Demócrata Progresista.

El grupo golpista se dividió en dos sectores: un sector nacionalista-católico liderado por el General Eduardo Lonardi, que tomó el gobierno al comienzo, y un grupo liberal-conservador liderado por el General Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas. Este último sector terminó predominando y dando un golpe de estado interno, por el cual Lonardi fue reemplazado por Aramburu como «presidente».

El gobierno militar asignó el Ministerio de Economía a un civil, sucediéndose Eugenio Folcini, Eugenio A. Blanco, Roberto Verrier y Adalberto Krieger Vasena, que llevaron adelante una política inspirada en los criterios de los sectores socialmente más acomodados y poderosos económicamente.

Una de las medidas institucionales más importantes de la dictadura militar fue dictar una proclama derogando ipso facto la Constitución Nacional vigente, conocida como Constitución de 1949, para reemplazarla por el texto de la Constitución de 1853. Esta medida sería luego avalada por una Convención Constituyente elegida con proscripciones, que sesionó bajo el régimen militar y le agregó el artículo 14 bis sobre protección del trabajo.

En 1958 la Revolución Libertadora convocó a elecciones limitadas y controladas por las Fuerzas Armadas, con proscripción del Partido Justicialista que fueron ganadas por la UCRI, el sector de la Unión Cívica Radical liderado por Arturo Frondizi.

En 1958 Arturo Frondizi, por la Unión Cívica Radical Intransigente con un proyecto desarrollista ganó las elecciones presidenciales de 1958 con el apoyo del peronismo ilegalizado en ese entonces.

Su periodo de gobierno se caracterizó por adoptar el desarrollismo como política básica de gobierno, a partir de las recomendaciones de la CEPAL y las definiciones de la llamada teoría de la dependencia desarrollada a partir de los años 1950. La política desarrollista permitió un relativo crecimiento de las industrias automotriz, siderúrgica y petroquímica.

Sus políticas económicas y educativas generaron gran resistencia entre los sindicatos y el movimiento estudiantil. Las protestas populares fueron duramente reprimidas llegando a utilizar el Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), elaborado durante el peronismo, aunque nunca puesto en práctica, que ponía a los manifestantes bajo jurisdicción de los tribunales militares.

El gobierno de Frondizi estuvo sumamente restringido por el poder militar. Sufrió 26 asonadas militares y 6 intentos de golpe de estado. En cada caso los militares imponían nuevas condiciones, que entre otras cosas se manifestaron en los funcionarios conservadores que debió incluir en su gabinete, como de Álvaro Alsogaray y Roberto Alemann, en el ministerio de Economía, y otras personalidades como Miguel Ángel Cárcano, Federico Pinedo, y Carlos Muñiz, todas ajenas a la UCRI.

Su política exterior se caracterizó por mantener una posición independiente, estableciendo buenas relaciones con la administración de John F. Kennedy, y al mismo tiempo se opuso a la expulsión de Cuba de la OEA, reuniéndose con el argentino y representante del gobierno cubano Ernesto Guevara en la residencia presidencial de Olivos.

En 1961 Frondizi anuló la ilegalización del peronismo. En las elecciones de 1962 el peronismo ganó las gobernaciones de 10 de las 14 provincias, incluida la poderosa Provincia de Buenos Aires, donde triunfó el combativo dirigente sindical textil Andrés Framini. Las Fuerzas Armadas exigieron que Frondizi anulara las elecciones, lo que no sucedió, desencadenando el golpe de estado que lo derrocó, el 29 de marzo de 1962.

El golpe militar del 29 de marzo de 1962 tuvo elementos tragicómicos que determinaron que no fuera un militar, sino un civil, quien accediera al gobierno luego de derrocar al Presidente Arturo Frondizi (radical intransigente).

Producido el levantamiento militar el 29 de marzo de 1962, el Presidente Frondizi, detenido por los militares en la Isla Martín García, se negó a renunciar («no me suicidaré, no renunciaré y no me iré del país» ). Eso llevó a interminables movimientos, amenazas y gestiones que agotaron a los líderes de la insurrección, quienes se fueron a dormir antes de asumir formalmente el poder. En la mañana del 30 de marzo, el General Raúl Poggi, líder de la insurrección victoriosa, se dirigió a la Casa Rosada para hacerse cargo del gobierno, y se sorprendió con el hecho de que los periodistas le comentaban que un civil, José María Guido, había jurado como presidente en el palacio de la Corte Suprema de Justicia. Guido era un radical intransigente que presidía la Cámara de Diputados y se encontraba en la línea sucesoria de la acefalía. Entre incrédulos, sorprendidos e indignados, los militares golpistas terminaron aceptando a regañadientes la situación y convocaron a Guido a la Casa Rosada para comunicarle que sería reconocido como presidente, en tanto y en cuanto se comprometiera por escrito a ejecutar las medidas políticas indicadas por las Fuerzas Armadas, siendo la primera de ellas anular las elecciones en las que había ganado el peronismo. Guido aceptó las imposiciones militares, firmó un acta dejando constancia de ello y fue entonces habilitado por estos para instalarse con el título de «presidente», pero clausurando el Congreso Nacional e interviniendo todas las provincias.

Efectivamente Guido cumplió las órdenes militares, anuló las elecciones, clausuró el Congreso, volvió a proscribir al peronismo, intervino todas las provincias y designó un equipo económico de derecha (Federico Pinedo, José Alfredo Martínez de Hoz, etc.).

Finalmente en 1963 volvió a convocar a elecciones limitadas, con proscripción del peronismo, en las que resultó electo presidente Arturo Illia (radical del pueblo), saliendo segundo el voto en blanco que muchos peronistas utilizaron como forma de protesta.

En el Colegio Electoral, la fórmula encabezada por Arturo Illia obtuvo 270 votos sobre 476 electores el día 31 de julio de 1963.

En 1965, el gobierno convocó a elecciones legislativas, eliminando algunas de las restricciones que pesaban sobre el peronismo, que triunfó con 3.278.434 votos contra 2.734.970 de la Unión Cívica Radical del Pueblo. Este resurgimiento del peronismo agitó la situación interna de las Fuerzas Armadas, enfrentando a militares fuertemente antiperonistas con otros que tenían vínculos con ese movimiento.

A esta situación se agregaba una fuerte campaña de desprestigio del gobierno, impulsada por sectores económicos a través de gran parte de los medios de prensa. Entre ellos se destacaban Primera Plana, en la que publicaba sus columnas editoriales Mariano Grondona y la Revista Todo, en que publicaba Bernardo Neustadt. Estos periodistas apodan al presidente como "la tortuga", caracterizando su gestión como timorata y falta de energía, y alentando a los militares a eliminar a la administración del partido radical.

Con la anuencia del Comandante en Jefe del Ejército, Pascual Pistarini, el general Julio Alsogaray organizó un golpe para derribar a Illia. Contaba el apoyo de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) liderada por Oscar Alende, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) liderado por el ex presidente Arturo Frondizi, también derrocado en 1962, la Sociedad Rural Argentina y otras organizaciones empresariales, un sector del sindicalismo peronista, la prensa, e incluso un sector de la Unión Cívica Radical del Pueblo encabezada por el gobernador de Entre Ríos. El golpe también fue impulsado por Estados Unidos, a través de la política de golpes de estado permanentes en América Latina, impulsada desde la Escuela de las Américas.

El 28 de junio de 1966 se produjo el golpe militar en medio de la indiferencia de la ciudadanía. El general Alsogaray se presentó durante la madrugada en el despacho presidencial e invitó al presidente a retirarse. Éste debió ceder ante la falta de apoyo militar o político y abandonó la Casa Rosada a las 7:20 de la mañana. Al día siguiente asumía como presidente el general Juan Carlos Onganía.

El 28 de junio de 1966 un levantamiento militar liderado por el General Juan Carlos Onganía derrocó al Presidente Arturo Illia (radical del pueblo). El golpe dio origen a una dictadura denominada Revolución Argentina, que ya no se presentó a sí misma como «gobierno provisional», como en todos los golpes anteriores, sino que se estableció como un sistema de tipo permanente. Este tipo de dictaduras militares de tipo permanente, se instalaron por entonces en varios países latinoamericanos en esos años (Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, etc.) y fue analizado detalladamente por el destacado politólogo Guillermo O'Donnell quien lo denominó con la expresión de Estado burocrático autoritario (EBA).

La «Revolución Argentina» dictó en 1966 un Estatuto que tenía nivel jurídico superior a la Constitución y en 1972 introdujo reformas constitucionales, algo que también la distinguió de las dictaduras anteriores. En general la dictadura adoptó una ideología fascista-católica-anticomunista, apoyada abiertamente tanto por Estados Unidos como por los países europeos.

La alta conflictividad política y social generada durante la «Revolución Argentina» y las luchas entre los diversos sectores militares produjeron dos golpes internos, sucediéndose en el poder tres dictadores militares: Juan Carlos Onganía (1966-1970), Marcelo Levingston (1970-1971) y Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973).

Económicamente la dictadura entregó el Ministerio de Economía a los sectores civiles más conservadores-liberales, cuyo máximo exponente fue Adalberto Krieger Vasena, quien ya había sido ministro de la «Revolución Libertadora». Hay que señalar sin embargo, que durante la dictadura de Levingston, predominó un sector nacionalista-desarrollista de las Fuerzas Armadas, que nombró Ministro de Economía al radical Aldo Ferrer.

Acosada por una insurrección popular creciente y generalizada, la dictadura organizó una salida electoral con participación del peronismo (aunque impidiendo la candidatura de Perón), en 1973, en la que triunfó precisamente el candidato peronista Héctor J. Cámpora, con el 50% de los votos, quien a su vez renunció para permitir nuevas elecciones libres, en las que ganó Juan Perón con el 62% de los votos. Perón moriría menos de un año después de haber sido electo, y el gobierno peronista, en manos ahora de la Vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, sería también derrocado por un golpe militar en 1976.

El 11 de marzo de 1973, Argentina tuvo elecciones generales por primera vez en 10 años, con un abrumador triunfo del peronismo, aunque el propio Perón tenía prohibido presentarse como candidato. Pocos meses después, el 13 de julio de ese año el presidente Héctor José Cámpora renuncia para permitir nuevas elecciones sin proscripciones, en las que Perón, recientemente regresado de su exilio, el día 20 de junio de 1973 (día en que se produce la "Masacre de Ezeiza"), triunfa por amplia mayoría en las elecciones del 23 de septiembre de 1973.

Perón murió el 1 de julio de 1974. Su mujer, María Estela Martínez de Perón, le sucedió en su puesto pero su administración estaba lastrada por los problemas económicos, conflictos dentro del partido y el creciente terrorismo practicado por insurgentes y movimientos paramilitares. Un nuevo golpe militar tomó el poder el 24 de marzo de 1976.

En 1974 se creó la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), una organización parapolicial-terrorista de extrema derecha, dedicada a atentar contra la vida de dirigentes y colaboradores de tendencia izquierdista, artistas, opositores y empresarios, entre otros, mediante una metodología basada en asesinatos selectivos, atentados, secuestros y torturas. Se sospecha que fue organizada y conducida por el Ministro López Rega, hombre fuerte del peronismo y hombre de confianza de Perón. Investigaciones recientes intentan determinar la participación del líder laborista y su esposa en el accionar de esta organización terrorista.

El 24 de marzo de 1976 una nueva sublevación militar derrocó a la Presidenta María Estela Martínez de Perón instalando una dictadura de tipo permanente (Estado burocrático autoritario) auto-denominada «Proceso de Reorganización Nacional», gobernada por una Junta Militar integrada por tres militares, uno por cada fuerza. A su vez la Junta Militar elegía a un funcionario con el título de «presidente», con funciones ejecutivas y legislativas.

Al igual que la dictadura anterior, la Junta Militar sancionó en 1976 un Estatuto con jerarquía jurídica superior a la Constitución.

En cada una de estas etapas, las juntas designaron como «presidentes» de facto a Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola, Leopoldo Fortunato Galtieri y Reynaldo Benito Bignone respectivamente, todos ellos integrantes del Ejército.

El «Proceso de Reorganización Nacional» llevó adelante una guerra sucia en la linea del terrorismo de estado que violó masivamente los derechos humanos y causó la desaparición de decenas de miles de ciudadanos. Internacionalmente, la dictadura argentina y la violación de derechos humanos contó con el apoyo activo del gobierno de Estados Unidos (salvo durante la administración de James Carter) y la tolerancia de los países europeos, la Unión Soviética y la Iglesia Católica, sin cuya inacción difícilmente hubiera podido sostenerse. Asimismo, en ese momento se instalaron con apoyo estadounidense dictaduras militares en todos los países del Cono Sur de Sudamérica (Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay) que coordinaron entre si y con Estados Unidos la represión, por medio de una organización terrorista internacional denominada Plan Cóndor.

En 1982 el gobierno militar emprendió la Guerra de Malvinas contra el Reino Unido, en un acontecimiento sobre el cual siguen siendo muy oscuras las causas desencadenantes. La derrota infligida provocó la caída de la tercera junta militar y meses más tarde la cuarta junta llamó a elecciones para el 30 de octubre de 1983, en las que triunfó el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín.

Los jefes militares fueron enjuiciados y condenados, y muchos de ellos llevados a prisión, en complejos procesos que aún siguen en marcha.

La dictadura militar llamada «Proceso de Reorganización Nacional» fue la última. Si bien entre 1987 y 1990 se produjeron varias insurrecciones militares, denominadas carapintadas, ninguna de ellas logró derrocar a los gobiernos democráticos.

En 1982 Argentina libró una guerra por la soberanía de las Islas Malvinas. La derrota de las tropas argentinas y la muerte en combate de alrededor de 600 soldados, propinó el golpe definitivo al régimen militar.

La derrota en la Guerra de Malvinas obligó al régimen militar a convocar a elecciones democráticas. Sin embargo las violaciones masivas a los derechos humanos realizadas entre 1976 y 1983, así como una larga tradición de golpes militares, harán sumamente complejo el proceso de transición a la democracia, con reiteradas insurrecciones militares. En 1989, por primera vez desde 1916, un presidente de un partido entregó el poder a un presidente de otro partido. La situación volvió a repetirse en 1999, mostrando una notable consolidación de la democracia en Argentina.

Adicionalmente, en este período, Argentina protagonizará un importante cambio político-institucional y económico, al fundar el Mercosur junto a Brasil, Paraguay y Uruguay.

Sin embargo la acción de los gobiernos democráticos se ha mostrado insuficiente para atender los problemas socio-económicos de la población. La pobreza, que en 1974 era del 5%, subió al 25% en 1983, al 45% en 1989, llegando al pico máximo del 56% en 2002. La desocupación que era del 6% en 1975, subió al 8% en 1989, al 18% en 1995, alcanzando su pico más alto de 31% en 2002.

El 30 de octubre de 1983 se realizaron las elecciones para elegir a las autoridades democráticas. Raúl Alfonsín, candidato por la Unión Cívica Radical resultó elegido con el 52% de los votos, superando al Partido Justicialista (peronismo) que obtuvo el 40%. En el Parlamento el radicalismo obtuvo la mayoría en la Cámara de Diputados pero el peronismo obtuvo mayoría en la Cámara de Senadores. El 10 de diciembre de 1983 asumió el nuevo gobierno democrático.

El gobierno de Raúl Alfonsín debió enfrentar el problema de la transición a la democracia en un país con una larga tradición de gobiernos militares que había llegado a la tragedia del terrorismo de estado y la guerra.

El 15 de diciembre de 1983 sanciona los decretos 157 y 158. Por el primero se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros; por el segundo se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas CONADEP, integrada por personalidades independientes (Ernesto Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, entre otros) con la misión de relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, para fundar el juicio a las juntas militares.

En setiembre de 1984 la CONADEP produce su famoso informe titulado “Nunca Más”. El 4 de octubre de 1984 la Cámara Federal (tribunal civil) toma la decisión de desplazar al tribunal militar que estaba enjuiciando a las juntas para hacerse cargo directamente al mismo. Los fiscales fueron Julio César Strassera y Luis Gabriel Moreno Ocampo. El juicio se realizó entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985. Se trataron 281 casos. El 9 de diciembre se dicta la sentencia condenando a Jorge R. Videla y Eduardo Massera a reclusión perpetua, a Roberto Viola a 17 años de prisión, a Armando Lambruschini a 8 años de prisión y a Orlando Ramón Agosti a 4 años de prisión. Por las características que tuvo, la condena a las juntas militares realizada por un gobierno democrático constituye un hecho sin precedentes en el mundo, que contrastó fuertemente con las transiciones negociadas que tuvieron lugar en aquellos años en Uruguay, Chile, Brasil, España, Portugal y Sudáfrica.

El gobierno de Alfonsín estuvo permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar anterior. En la Semana Santa de 1987 se produce una gran rebelión militar encabezada por jóvenes oficiales que se denominaron “carapintadas”. Al mismo tiempo que los jefes militares demostraban que no estaban dispuestos a obedecer las órdenes del presidente Alfonsín y reprimir la insurrección, millones de personas salieron a las calles para oponerse al alzamiento militar. Durante varios días el país estuvo a borde de la guerra civil. Finalmente Alfonsín, sin poder militar para frenar un golpe de estado, negocia secretamente con los líderes militares una serie de medidas para evitar que se realizaran nuevos juicios contra militares por violación de derechos humanos. Esas medidas se concretarán en las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, no sin antes sufrir otras dos insurrecciones militares durante 1988 (18 de enero y 1 de diciembre) y un permanente estado de insubordinación de las Fuerzas Armadas. Además del copamiento del regimiento La Tablada perpetuado por ex integrantes del ERP que ahora formaban el MTD, tomaron el cuartel por la fuerza y debieron ser desalojados por el ejército argentino y fuerzas de seguridad policiales.

Durante el gobierno de Alfonsín se restableció la autonomía universitaria quebrada en 1966, se puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización y el Plan Alimentario Nacional (PAN) y se sancionaron las leyes de patria potestad compartida (1985) y de divorcio vincular (1987). En 1987 el Congreso sanciona una ley de traslado de la Capital Federal a Viedma - Cármen de Patagones, como parte de un proyecto para cambiar el eje político-económico centralista que caracteriza a la Argentina, que terminó fracasando.

En el área económica Alfonsín asume su gobierno en momentos en que se producía la gran crisis mundial de la deuda externa. Durante el gobierno militar la deuda externa había crecido de 7.000 millones de dólares en 1976, a 66.000 millones de dólares en 1983. Adicionalmente, gran parte del aparato productivo, sobre todo en el sector industrial, había quebrado. Ante esta situación, Alfonsín decidió aplicar en 1985 un plan económico, el Plan Austral, que él mismo calificó como "economía de guerra".

El Plan Austral logró durante un tiempo contener la inflación, pero no pudo resolver los problemas estructurales que mostraba la economía argentina en aquellos años. El congelamiento de los salarios, la decisión inicial de Alfonsín de atacar a los sindicatos, la persistencia de la ley sindical fascista de la dictadura, la identificación de los sindicatos con la oposición peronista, llevó a una larga pulseada entre el gobierno radical y la CGT que se expresó en 13 huelgas generales. Finalmente, el gobierno radical termina negociando con los sindicatos y sancionando con unanimidad una nueva Ley Sindical.

Los graves problemas económicos se expresaron en una tasa de inflación de 343% para el año 1988 y el estallido de un proceso hiperinflacionario a partir de febrero de 1989 superior al 3000% anual, que hizo aumentar la pobreza hasta alcanzar un record histórico hasta entonces: 47,3% (octubre 1989, Gran Buenos Aires).

En esas condiciones se realizan las elecciones presidenciales del 14 de mayo de 1989, triunfando el candidato opositor, el peronista Carlos Menem, con un 51% de los votos. La magnitud del caos económico-social obligó a Alfonsín a anticipar el traslado del mando, renunciando el 8 de julio.

Carlos Saúl Menem gobernó Argentina entre 1989 y 1999. Su primer mandato comenzó en 1989 tras vencer por casi 15 puntos porcentuales (47,2% a 32,4%) al radical Eduardo Angeloz y recibió el gobierno el 8 de julio de 1989, tomando el control de un país descontrolado que atravesaba una grave crisis económica e hiperinflacionaria luego del mandato de Raúl Alfonsín.

Con el objeto de estabilizar la situación inflacionaria del país, se sancionó la Ley de Convertibilidad, impulsada por su ministro de economía Domingo Cavallo, que estableció la paridad 1 a 1 entre los valores de la moneda nacional y del dólar estadounidense. De esta manera, se reduciría el aumento de precios vinculado a la importación de insumos. Privatizó numerosas empresas, algunas de ellas monopolizadoras de los servicios de electricidad, agua, gas, combustible, correo, transporte y telecomunicaciones. Liberalizó el comercio internacional y firmó el Tratado de Asunción que puso en marcha al Mercado Común del Sur (Mercosur) con Brasil, Uruguay y Paraguay, con el objetivo de formar un fuerte bloque económico sudamericano y establecer un mercado común entre sus miembros. En este primer mandato sucedieron los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, en 1992 y 1994 respectivamente, en los que murieron casi 100 personas. También se produjo la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero en 1995, hecho por el cual el propio Carlos Menem se encuentra procesado. Dicha explosión dejó numerosas víctimas, entre ellas 7 fatales.

En 1995, y con las nuevas condiciones establecidas en la reforma constitucional de 1994, se impuso nuevamente en elecciones presidenciales acompañado por Carlos Ruckauf venciendo por 20 puntos porcentuales al candidato del FREPASO, José Octavio Bordón.

El segundo gobierno de Menem (1995-1999) estuvo caracterizado por el aumento de los indicadores negativos, como el desempleo, la pobreza y el trabajo precario no registrado. Además la deuda externa aumentó en casi 82.000 millones de dólares. Dichos indicadores se agravarían con el transcurso de los años, dando inicio en 1998 a un período de recesión económica que duraría más de 4 años.

A fines de 1998, la Corte Suprema decide que el Presidente Menem no puede presentarse a elecciones presidenciales por tercera vez consecutiva. Carlos Menem volvería a postularse para presidente en 2003 y obtendría la victoria en primera vuelta, pero renunciaría a presentarse al ballotage.

A raíz de los crecientes cuestionamientos hacia el gobierno de Carlos Menem, fundados sobre todo en la corrupción y la incapacidad de combatir del flagelo de la desocupación, fue surgiendo una fuerza política conformada a partir de un acuerdo entre la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frepaso, una confederación formada por los partidos Frente Grande, Socialista Popular, Socialista Democrático, Intransigente y Demócrata Cristiano. En 1997 se concretó esa unidad mediante la creación de la "Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación", más conocida como "Alianza".

De sus filas salió la fórmula Fernando de la Rúa- Chacho Álvarez, ganadora de la elección presidencial celebrada el 24 de octubre de 1999 con el 48.5 % de los votos, y una ventaja de 10.5 % sobre el oficialista Eduardo Duhalde.

El 10 de diciembre, la fórmula aliancista asumió el poder en un clima de esperanza, incluso entre muchos de los que no la habían votado. Sin embargo, ya desde el discurso de asunción, De la Rúa comenzó a socavar su base política, anunciando la necesidad de una serie de subas de impuestos y ajuste de la estructura estatal de considerable magnitud.

El gabinete de ministros, a la postre extremadamente inestable, estuvo compuesto, entre otros, por José Luis Machinea en el Ministerio de Economía, Ricardo López Murphy en Defensa, Adalberto Rodríguez Giavarini en Relaciones Exteriores, Juan José Llach en Educación. Era un gabinete integrado por radicales, frepasistas e incluso cavallistas, y con gran cantidad de economistas.

La situación argentina en materia económica y social era muy delicada: una desocupación que ya superaba holgadamente el 15 % y que subía implacablemente, inseguridad en las calles, desconfianza de parte de los mercados financieros internacionales y una voluminosa deuda externa eran algunos de los principales temas urgentes a tratar en la agenda del gobierno.

Desde el Ministerio de Economía se habían trazado ciertas medidas financieras, tendientes a encauzar el déficit fiscal, buscando principalmente el beneplácito del Fondo Monetario Internacional (FMI) para adelantar un nuevo empréstito. El gobierno se comprometía a mantener la Ley de Convertibilidad, que ordenaba que un peso tuviera el valor de un dólar.

A partir de febrero de 2001 grandes flujos de fondos empezaron a abandonar el país. Al mes siguiente asumió como Ministro de Economía López Murphy, pero fue repudiado por la oposición, e incluso por los propios radicales, al anunciar el arancelamiento universitario. Tras la renuncia de López Murphy, y en una sorprendente decisión, el gobierno nombró como Ministro de Economía a Domingo Cavallo, hasta entonces identificado por la opinión pública como un símbolo del gobierno de Menem.

El 1 de diciembre de 2001, Cavallo toma la decisión de imponer el corralito, un paquete de medidas económicas que impuso una bancarización total de la economía, mediante la prohibición de extraer dinero en efectivo depositados en bancos públicos y privados. Esta medida, que afectó en gran medida a las clases medias, sumó apoyos en los mercados y organismos financieros internacionales, pero la población comenzó a manifestar un enorme descontento.

Hacia mediados del mes de diciembre se produjeron algunos estallidos entre las clases populares de algunas ciudades de las provincias, llevados adelante por los denominados piqueteros. Concretamente, varios comercios de zonas empobrecidas del interior del país sufrieron saqueos por parte de sectores de la población desocupadas e indigentes.

Algunos analistas políticos atribuyen estas revueltas a un plan desestabilizador orquestado por algunos líderes del Partido Justicialista.

A partir del día 19 de diciembre de 2001 se produjeron las manifestaciones populares conocidas como el cacerolazo, en las que la gente se agrupaba golpeando ruidosamente cacerolas. Durante ese día se produjeron graves disturbios y revueltas sociales en diferentes puntos de país, con epicentro en la ciudad de Buenos Aires. Durante los graves enfrentamientos entre manifestantes y efectivos policiales, de los cuales fueron los más violentos los que tuvieron lugar en las inmediaciones de la Casa de Gobierno, perdieron la vida al menos 5 personas.

Frente a este panorama, el presidente decidió anunciar por cadena nacional que había decretado el estado de sitio, que suspendía las garantías constitucionales de los ciudadanos. Espontáneamente, miles de personas se lanzaron a las calles, disgustados con las recientes medidas civiles y económicas. Pacíficamente, la población manifestó su descontento durante toda la noche, mientras la policía intentaba alejarlos de la Casa de Gobierno, utilizando gas lacrimógeno; esa noche renunciaba el Ministro de Economía Domingo Cavallo.

El día 20 de diciembre se produjeron nuevos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes reunidos en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, y en otros puntos del país. Esta vez, se calcularon en 30 los muertos por los diferentes enfrentamientos.

A las 4 de la tarde, visiblemente debilitado, el presidente pronunció un discurso por televisión convocando a la "unidad nacional" y ofreciendo al justicialismo cogobernar el país. Ante la respuesta negativa de parte de éste y la enérgica repulsa popular, el presidente Fernando de la Rúa presentó su renuncia.

Asume la presidencia de la Nación en forma interina el presidente provisional del Senado, Ramón Puerta. El día 23 de diciembre se reúne la Asamblea Legislativa, que nombra como presidente provisional de la Nación al hasta entonces gobernador de la provincia de San Luis por el Partido Justicialista, Adolfo Rodríguez Saá. En su discurso en el Congreso de la Nación, el flamante presidente anuncia el "default", o cesación de pago de las obligaciones por préstamos a los diferentes organismos internacionales de crédito, y a particulares que tuviesen en su poder títulos de la deuda pública argentina.

Una serie de nuevos enfrentamientos, en Casa de Gobierno y en el Congreso Nacional entre algunas facciones más radicales de los manifestantes que continuaban acercándose a los edificios de gobierno, y las fuerzas de seguridad, ponen nuevamente en jaque la estabilidad de este nuevo gobierno. Se oyen repulsas contra los miembros de la Corte Suprema de Justicia, contra miembros del nuevo gabinete, y contra senadores y diputados, que no contaban con el apoyo popular. El lema más recordado de los manifestantes era el "que se vayan todos", que resumía el descontento que sufrían las gruesas mayorías de la población, respecto de la clase dirigente. Algunos enfrentamientos tuvieron lugar dentro del palacio del Congreso de la Nación y se produjeron pequeños incendios y rotura de cristales y mobiliario. Sin el apoyo de importantes gobernadores, aún de algunos de su mismo partido político, el efímero presidente de la Nación, Rodríguez Saá decide presentar su renuncia al cargo, hacia el día 30 de diciembre.

Asume la presidencia en forma interina el hasta entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño. El Partido Justicialista propone a Eduardo Duhalde como presidente provisional. El 31 de diciembre la Asamblea Legislativa aprueba la propuesta por gran mayoría, y Duhalde asume el cargo el día 2 de enero de 2002.

El 27 de abril de 2003 se realizó la primera vuelta de elecciones para elegir presidente. Cinco candidatos reunieron la mayoría de los votos: Carlos Menem (24%), Néstor Kirchner (22%), Ricardo López Murphy (16%), Adolfo Rodríguez Saá (14%) y Elisa Carrió (14%).

Carlos Menem, el candidato triunfante por mayoría relativa en la primera vuelta, no se presentó a la segunda vuelta al conocer los resultados de las encuestas que señalaban un porcentaje de sufragios en su contra del orden del 70% y por lo tanto resultó elegido el presidente Néstor Kirchner, quien asumió su mandato el 25 de mayo de 2003, hasta el 10 de diciembre de 2007.

Kirchner asumió confirmando al ministro de economía de Duhalde, Roberto Lavagna, y su política económica siguió los mismos lineamientos que la de su antecesor, manteniendo la devaluación de la moneda mediante una fuerte participación del Banco Central en la compra de divisas, impulsando mediante las exportaciones un crecimiento económico con tasas del PBI cercanas al 10%. Por otro lado logró sacar al país de la cesación de pagos, canjeando deuda por nuevos bonos indexados por la inflación y el índice de crecimiento económico. Los índices de pobreza y de desempleo disminuyeron notoriamente.

Durante el gobierno de Kirchner, Argentina y el Fondo Monetario Internacional han mantenido una relación tirante. Una de las principales medidas de su gestión fue cancelar por anticipado la totalidad de la deuda con este organismo internacional por un monto de 9.810 millones de dólares, con el objetivo declarado de terminar con la sujeción de la política económica aa las indicaciones del FMI. Durante el año 2005, se realizó el canje de la deuda, que iniciaba las renegociaciones por los bonos que habían quedado en default desde 2001.

Los críticos a la política económica del gobierno argumentan que el alto crecimiento económico se debe más a una tendencia mundial que a particularidades argentinas: en especial, al elevado precio internacional de los granos y cereales. Sostienen que la recuperación económica también tiene por causa la depresión de los salarios, y que el canje de la deuda externa sólo significa una nueva deuda que crece indefinidamente. Los defensores de los logros de la política económica sostienen que la mayoría de los demás países de la región han tenido un desempeño económico-social más acotado que el argentino, debido precisamente a la política económica adoptada.

Kirchner ha llevado adelante una activa política para promover los derechos humanos, incorporando a su gobierno a reconocidos integrantes de organizaciones de derechos humanos. Además, ha impulsado el enjuciamiento a los responsables por crímenes de lesa humanidad ocurridos durante los años 70, realizados por la Triple A y por el gobierno del Proceso de Reorganización Nacional. Para conseguirlo, fueron anuladas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, las cuales mantenían frenados dichos juicios desde el gobierno de Raúl Alfonsín.

Desde los sectores de derecha o liberales se han criticado estas políticas como contrarias a la reconciliación nacional. Desde la izquierda, en cambio, se le critican gestos contrarios a los Derechos Humanos, como las represiones a algunas manifestaciones en la Patagonia y el envío de tropas argentinas a Haití en el marco de la MINUSTAH de las Naciones Unidas.

A nivel internacional, Kirchner formó parte de un grupo de mandatarios de varios países latinoamericanos, junto con Lula (Brasil), Tabaré Vázquez (Uruguay), Evo Morales (Bolivia), Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador) y Hugo Chávez (Venezuela), de tendencias no-liberales. Uno de los momentos más destacados de la política internacional, fue la IV Cumbre de las Américas de 2005, realizada en Mar del Plata, en la que el gobierno de Kirchner impulsó exitosamente, junto a otros gobiernos latinoamericanos, la oposición a la firma del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsado por Estados Unidos, estableciéndose una nueva política continental con eje en la creación de empleo decente. En sentido coincidente, Argentina apoyó la decisión de formar la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), cuya constitución se concretó en 2008.

En las elecciones de 2005 (gobernadores y legisladores nacionales) se produjo una ruptura entre el kirchnerismo y el duhaldismo, que llevó a la exclusión de éste último del Frente para la Victoria y al enfrentamiento electoral entre ambos sectores. La confrontación fue especialmente destacada respecto al cargo de senador nacional por la Provincia de Buenos Aires. En esa oportunidad el FPV llevó como candidata a Cristina Fernández de Kirchner, mientras que el duhaldismo con el Partido Justicialista presentó a Chiche Duhalde, resultando ganadora la primera.

Tras las elecciones legislativas de octubre de 2005, Kirchner ha obtenido una mayoría a nivel nacional y ha logrado desplazar a Duhalde del control del aparato político del conurbano bonaerense. Esto se ha reflejado en importantes cambios en el gabinete — fundamentalmente la sustitución de Roberto Lavagna por Felisa Miceli en el ministerio de economía.

No obstante el control del Congreso, Kirchner continuó preferiendo, en reiteradas ocasiones, hacer uso de decretos de necesidad y urgencia en lugar de seguir los trámites ordinarios previstos para la sanción de leyes. Desde su asunción y hasta mayo de 2006, fueron sancionados 201 decretos de necesidad y urgencia; unos 67 decretos por año de promedio, frecuentemente comparados con los 55 por año de Carlos Menem.

En 2004 los pobladores de la ciudad de Gualeguaychú iniciaron un amplio movimiento de oposición a la instalación de dos plantas de celulosa en la orilla uruguaya del Río Uruguay, que derivó en un conflicto diplomático entre ambos países. El conflicto llevó a una frustrada mediación de Juan Carlos I de España, una demanda argentina ante el Tribunal Internacional de La Haya y a la relocalización de una de las dos plantas.

Durante los dos últimos años de su mandato se aplicaron crecientes restricciones a las exportaciones de carne y controles de precios, con el fin de controlar la inflación y el aumento del precio de los alimentos.

En abril de 2007 se produjo se descubrió una serie de maniobras delictivas realizadas por la empresa multinacional Skanska, de origen sueco; algunos políticos de la oposición sostuvieron que algunos funcionarios del gobierno habían cometido ilícitos relacionados con el caso, algo que el Minitro del Interior negó. A mediados de ese mismo año, la ministra de economía Felisa Miceli se vio envuelta en un escándalo, debido al hallazgo casual de una bolsa con gran cantidad de dinero en el baño de su despacho, que llevó a su renuncia y abrió una investigación penal en el curso de la cual fue procesada por encubrimiento y destrucción de intrumento público.

Durante el año 2007 se produjeron varias crisis, en particular enfrentamientos con los representantes de los productores rurales por las retenciones y serios cuestionamientos a la probable manipulación de datos estadísticos a través del Indec.

No obstante las dificultades en que transcurrió el último año de su mandato, y a pesar de los pronósticos negativos causados por ciertas derrotas de sus aliados, el apoyo popular a su gestión se vio incrementado, y el Frente de la Victoria volvió a ganar en las elecciones presidenciales de 2008, duplicando los votos obtenidos en 2003.

Durante la etapa de transición, el todavía presidente Kirchner viajó a Brasil, en donde se reunió con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y acordaron realizar dos reuniones bilaterales al año, con el objetivo de mejorar la relación entre los países y el funcionamiento del Mercosur. En dicha reunión se planificó la construcción de aviones de carga, la coordinación del traspaso del control del espacio aéreo a organismos civiles, y la posibilidad de dejar de emplear el dólar como moneda en los intercambios monetarios entre ambos países.

El 10 de diciembre de 2007 asumió la presidencia Cristina Fernández, que en los primeros días de su mandato continuó los lineamientos generales del gobierno de su esposo. De ese modo, una mujer resultó elegida Presidenta de la Nación por primera vez en la historia argentina.

En los inicios de la gestión de Cristina Fernández se estableció un aumento de 20% de las tarifas mínimas de colectivos, trenes y subtes, el cual entró en vigor en enero de 2008.

Dichas tarifas se encontraban con precios congelados desde el año 2001, y desde entonces el estado compensaba con subsidios los costos operativos y de sueldos que las empresas no podían pagar. Inicialmente se previó que el aumento de tarifas permitiría bajar los subsidios (que a fines de 2007 equivalen a $2.700 millones), pero dado que el aumento no compensaría las deudas se estudia también un nuevo aumento de los mismos. El Defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, manifestó que dicho aumento "es un premio a la ineficiencia".

A los pocos días de haber asumido el mandato, el FBI arrestó a cuatro supuestos agentes venezolanos en Florida, relacionados con el escándalo del maletín, que habrían estado intentando chantajear a Antonini Wilson, protagonista del escándalo, para que mantuviera silencio. Según el FBI, el gobierno venezolano habría apoyado monetariamente la campaña presidencial de Cristina Fernández y los 800 mil dólares incautados a Antonini Wilson solamente serían uno de varios montos entregados. La presidenta argentina calificó las acusaciones federales estadounidenses como "operación basura". Dicho escándalo deterioró sorpresivamente las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Argentina, las cuales comenzaron a recomponerse a principios de febrero del 2008 tras una reunión de la presidenta con el embajador Anthony Wayne.

El alejamiento del obispo castrense Antonio Baseotto, ocurrido durante el gobierno de Néstor Kirchner y aún no reemplazado, tuvo repercusiones en la relación argentina durante el gobierno de la Fernández con el Vaticano. El embajador ante el Vaticano que se quiso promover, Alberto Iribarne, no fue apobado por la Santa Sede. Se adujo que no se lo aceptaría por ser divorciado, a lo cual Jorge Taiana respondió formulando un listado de embajadores ante el Vaticano que fueron aceptados a pesar de encontrarse en una condición idéntica, entre ellos los de México, Cuba y Suiza.

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Relaciones exteriores de Guatemala

Los intereses diplomáticos más importantes para Guatemala son la seguridad regional y, crecientemente, el desarrollo regional y la integración económica. Los Ministros de Comercio de Centroamérica se reúnen regularmente para trabajar en enfoques regionales de asuntos comerciales. En marzo de 1998, Guatemala se unió a sus vecinos de Centroamérica en la firma de un Acuerdo de Marco de Comercio e Inversión {Trade and Investment Framework Agreement} (TIFA). En 2000 se unió a Honduras y El Salvador en la firma de un tratado de libre comercio con México, que tomó efecto en 2001. Guatemala también originó la idea para, y es la sede del Parlamento Centroamericano (PARLACEN).

Guatemala participa en varios grupos regionales, particularmente aquellos relacionados con el ambiente y el comercio. Por ejemplo, el ex presidente Clinton de EE.UU. y los presidentes centroamericanos firmaron el tratado CONCAUSA (Conjunto Centroamérica-USA) en la Cumbre de las Américas en diciembre de 1994. CONCAUSA es un plan cooperativo de acción para promover el uso limpio y eficiente de la energía, conservar la biodiversidad regional, reforzar los marcos legales e institucionales y los mecanismos de cumplimiento, y mejorar y armonizar los estándares de protección ambiental.

Guatemala ha reclamado por mucho tiempo una gran porción de Belice. La disputa territorial causó problemas con el Reino Unido y con Belice, después de su independencia del Reino Unido en 1981. En septiembre de 1991, Guatemala reconoció la independencia de Belice y estableció lazos diplomáticos, mientras que reconocía que las fronteras quedaban en disputa. En anticipación a un esfuerzo de ponerle fin a la disputa de la frontera a principios de 1996, el Congreso de Guatemala ratificó dos acuerdos internacionales por mucho tiempo pendientes, que tratan asuntos fronterizos y de derechos marítimos.

A principios de 2000, el Ministro Exterior guatemalteco propuso una resolución de la frontera que transferiría más de la mitad del territorio de Belice a Guatemala. Seguido de una serie de incidentes fronterizos, ambos lados, durante charlas bajo los auspicios de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en noviembre de 2000, acordaron medidas para construir confianza para reducir las tensiones. Continuaron esto con un acuerdo de abrir discusiones significativas sobre la disputa.

Guatemala mantiene relaciones oficiales con la Taiwán (conocida como “República de China”) en vez de la República Popular de China.

Disputas - internacionales: el territorio en Belice reclamado por Guatemala; el alineamiento específico de la frontera está en disputa.

Drogas ilícitas: país de tránsito para cargamentos de cocaína, productor menor de amapola de opio y cannabis para el comercio internacional de droga; el programa de erradicación activa en 1996 eliminó efectivamente el cultivo de cannabis; la proximidad con México hace de Guatemala un área importante de tráfico de drogas (cargamentos de cocaína).

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