Crisis financiera

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Publicado por daryl 20/04/2009 @ 13:14

Tags : crisis financiera, finanzas

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Crisis financiera

Crisis financiera es la crisis económica que tiene como principal factor la crisis del sistema financiero, es decir, no tanto la economía productiva de bienes tangibles (industria, agricultura), que puede verse afectada o ser la causa estructural, pero no es el centro u origen inmediato de la crisis; sino fundamentalmente el sistema bancario, el sistema monetario o ambos.

Al principio



Crisis financiera asiática

La crisis financiera asiática fue un período de dificultad financiera que se apoderó de Asia en julio de 1997 y aumentó el temor de un desastre económico mundial por contagio financiero. También conocida como la crisis del Fondo Monetario Internacional, comenzó el 2 de julio de 1997 con la devaluación de la moneda tailandesa. Por efecto dominó, le sucedieron numerosas devaluaciones en Malasia, Indonesia y Filipinas, lo que repercutió también en Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur. Sin embargo, lo que parecía ser una crisis regional se convirtió con el tiempo en lo que se denominó la "primera gran crisis de la globalización", de cuyos efectos existe una gran incertidumbre sobre la verdadera magnitud de su impacto en la economía mundial. Sólo durante las primeras semanas un millón de tailandeses y 21 millones de indonesios pasaron a engrosar las filas de los oficialmente pobres.

La crisis comenzó en Tailandia con el colapso financiero del baht tailandés, causado por la decisión del gobierno tailandés de hacer fluctuar el baht, cortando su clavija al dólar, luego de esfuerzos exhaustivos para sostenerlo frente a una sobreextensión financiera severa que era en parte obligada por el sector inmobiliario. Para ese entonces, Tailandia había adquirido una carga de deuda externa que provocó la bancarrota efectiva del país incluso antes del colapso de su moneda. Cuando la crisis se expandió, la mayoría de los países del Sureste Asiático y Japón vieron el desplome de sus monedas, la devaluación del mercado bursátil y de otros activos y una caída precipitada de la deuda privada.

Aunque hay un acuerdo general sobre la existencia de una crisis y sus consecuencias, es menos claro cuáles fueron las causas de la crisis, así como su alcance y solución. Indonesia, Corea del Sur y Tailandia fueron los países más afectados por la crisis. Hong Kong, Malasia, Laos y Filipinas padecieron también la depresión. La República Popular China, India, Taiwan, Singapur y Vietnam fueron menos afectados, aunque también sufrieron por la pérdida de la demanda y de la confianza en la región.

Los ratios Deuda Extranjera-Producto Bruto Interno subieron una tasa de 100% a 167% en las cuatro economías más grandes del Sureste Asiático en el periodo 1993-1996, luego se dispararon a más del 180% durante la peor parte de la crisis. En Corea, el ratio aumentó un 13-21% y, luego, tan alto como 40%. Solo en Tailandia y Corea subieron los ratios del Servicio de deuda-exportaciones.

Aunque la mayoría de los gobiernos de Asia tenían políticas fiscales bastante razonables, el Fondo Monetario Internacional propuso iniciar un programa de $40 mil millones para estabilizar las monedas de Corea del Sur, Tailandia e Indonesia, cuyas economías habían sido particularmente golpeadas por la crisis; sin embargo, los esfuerzos para contener una crisis económica global hicieron poco para estabilizar la situación doméstica en Indonesia. Después de haber estado 30 años en el poder, el presidente de Indonesia, Suharto fue forzado a dimitir en mayo de 1998 en la víspera de la generalización de los disturbios que siguieron al incremento fuerte de precios causado por una devaluación drástica de la rupiah. Los efectos de la crisis persistieron a lo largo del año 1998. En Filipinas, el crecimiento económico cayó virtualmente a cero en 1998. Solamente Singapur y Taiwan probaron estar relativamente aisladas del shock, pero ambas sufrieron duros golpes, la primera más agudamente debido a su tamaño y su ubicación geográfica entre Malasia e Indonesia. Para 1999, sin embargo, los analistas vieron signos de que las economías de Asia estaban empezando a recuperarse.

Hasta 1997, Asia atraía casi la mitad del total de capital afluente a los países en desarrollo. En particular, las economías del Sureste asiático mantenían altas tasas de interés que atraían inversionistas extranjeros en busca de altas tasas de retorno. Como resultado, las economías de la región recibieron un gran afluente de dinero y experimentaron un dramático incremento en los precios de activos. Al mismo tiempo, las economías regionales de Tailandia, Malasia, Indonesia, Singapur y Corea del Sur experimentaron altas tasas de crecimiento: de 8 a 12% del PIB a fines de la década de 1980 y comienzos de los 90. Este logro fue ampliamente celebrado por las instituciones financieras, incluyendo el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y fue conocido como parte del "milagro económico asiático".

En 1994, el economista Paul Krugman publicó un artículo que atacaba la idea de un "milagro económico asiático". Argumentaba que el crecimiento económico del Sureste Asiático había sido el resultado histórico de la inversión de capital, la cual había llevado al crecimiento de la productividad; sin embargo, la productividad total de los factores se había incrementado solo marginalmente o para nada. Krugman sostenía que solo la productividad total de los factores, y no la inversión de capital, podía llevar a la prosperidad a largo plazo.

Las causas de la debacle son muchas y disputadas. La economía de Tailandia se desarrolló en una burbuja llena con "dinero caliente". Se requería más y más mientras crecía el tamaño de la burbuja. La misma situación se presentaba en Malasia, aunque en este caso tenía un mejor liderazgo político, y en Indonesia, que tenía la complicación adicional de lo que fue llamado "capitalismo salvaje" El flujo de capital de corto plazo era costoso y, a meundo, altamente condicionado al beneficio económico rápido. El dinero fue a parar de manera incontrolada solo a ciertas personas, no particularmente las más apropiadas o las más eficientes, sino a aquellas más cercanas a los centros de poder.

A mediados de la década de 1990, Tailandia, Indonesia y Corea del Sur tenían grandes déficits privados de cuenta corriente y el mantenimiento de una tasa de cambio fija incentivaba el endeudamiento externo y llevaba a una exposición excesiva al riesgo de intercambio extranjero tanto en el sector financiero como en el corporativo. Además, dos factores empezaron a cambiar el entorno económico. Cuando la economía de los Estados Unidos se recuperó de la recesión de inicios de los 90, el Sistema de Reserva Federal a cargo de Alan Greenspan empezó a incrementar las tasas de interés para cortar la inflación. Esto hizo a los Estados Unidos, un destino de inversión más atractivo respecto al Sureste Asiático que había atraído corrientes de "dinero caliente" a través de tasas de interés altas a corto plazo, y aumentó el valor del dólar estadounidense, al cual estaban fijadas muchas monedas del Sureste asiáticos, con lo que sus exportaciones se hicieron menos competitivas. Al mismo tiempo, el crecimiento de la exportación en el Sureste asiático disminuyó dramáticamente en la primavera de 1996, deteriorando su posición de cuenta corriente.

Algunos economistas habían propuesto el impacto de China en la economía real como un factor contribuyente a la ralentización del crecimiento de la exportación de los países de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, aunque estos economistas sostienen que la mayor causa de la crisis fue la excesiva especulación inmobiliaria. China había empezado a competir efectivamente con otros exportadores asiáticos, particularmente en la década de 1990, después de la implementación de una serie de reformas orientadas a la exportación. Aún más importante, las monedas tailandesa e indonesia estaban ancladas al dólar que se estaba apreciando en los 90. Los importadores de Occidente buscaban manufacturas más baratas y, de hecho, las encontraron en China, cuya moneda se estaba depreciando respecto al dólar. Otros economistas refutan esta teoría destacando que, a inicios de los 90, tanto los países del Sureste Asiático como China experimentaron un crecimiento rápido y simultáneo de las exportaciones.

Muchos economistas creían que la crisis asiática fue creada no por la psicología o tecnología del mercado, sino por políticas que distorsionaron los incentivos dentro de la relación prestatario-prestamista. Las grandes cantidades resultantes de crédito que estuvo disponible generó un clima económico de gran apalancamiento y presionó los precios de activos al alza hasta un nivel insostenible. Estos precios de activos eventualmente empezaron a colapsar, causando la suspensión de pagos de las obligaciones de deuda tanto por parte de los individuos como de las compañías. El pánico resultante entre los prestamistas llevó a un gran retiro del crédito de los países en crisis, causando un credit crunch y, luego, bancarrotas. Además, como los inversionistas intentaban retirar su dinero, el mercado cambiario fue inundado con monedas de los países en crisis, presionando hacia la depreciación de sus tipos de cambio. Para prevenir un colapso de los valores monetarios, los gobiernos de estos países fueron forzados a incrementar las tasas de interés domésticas a niveles sumamente altos (para ayudar a disminiuir la fuga de capitales al volver relativamente más atractivo a los inversionistas el préstamo a esos países) y a intervenir en el mercado cambiario, comprando con reservas internacionales todo exceso de moneda doméstica a la tasa de cambio fija. Ninguna de estas política podía ser una respuesta sostenida por mucho tiempo. Tasas de interés muy altas pueden ser extremadamente dañinas a una economía que está relativamente saludable, causando estragos en un ya de por sí frágil estado, mientras que los bancos centrales se quedan sin reservas internacionales. Cuando fue claro que la fuga de capitales de estos países no sería detenida, las autoridades dejaron de defender sus tipos de cambio fijos y permitieron la fluctuación de sus monedas. El valor depreciado resultante de estas monedas significó que la moneda extranjera denominada pasiva aumentara substancialmente en términos de moneda doméstica, causando más bancarrotas y, luego, profundizando la crisis.

Otros economistas, incluyendo a Joseph Stiglitz y a Jeffrey Sachs, han restado importancia al rol de la economía real en la crisis comparado a los mercados financieros, debido a la velocidad de la crisis. La rapidez con la cual ocurrió la crisis sirvió para que Sachs y otros la compararan con una clásica corrida bancaria, provocada por un riesgo repentino. Sachs señaló las políticas monetarias estrictas y fiscales contractorias implementadas por los gobiernos por consejo del FMI en la víspera de la crisis, mientras que Frederic Mishkin señala el rol de la información asimétrica en los mercados financieros que llevaron a una "mentalidad gregaria" entre los inversionistas que magnificó un riesgo relativamente pequeño en la economía real. Así, la crisis atrajo la atención de las finanzas conductuales interesadas en la psicología del mercado. Otra posible consecuencia del shock repentino puede ser también atribuida a la transferencia de la soberaneidad de Hong Kong el 1° de julio de 1997. Durante los 90, dinero caliente llegó a la región del Sureste Asiático, pero los inversionistas ignoraron a menudo los fundamentos reales o perfiles de riesgo de las respectivas economías. La incertidumbre respecto al futuro de Hong Kong llevó a los inversionistas a echar marcha atrás incluso fuera de Asia, exacerbando las condiciones económicas en el área (subsecuentemente llevando a la devaluación del baht tailandés el 2 de julio de 1997).

Los cancilleres de los diez países miembros de la Asociación de países del Sureste Asiático creyeron que la manipulación bien coordinada de monedas fue un intento deliberado de desestabilizar sus economías. El ex primer ministro malayo Mahathir Mohamad acusó a George Soros de arruinar la economía de Malasia con una "especulación cambiaria masiva" (aparentemente, Soros apostó en contra de la devaluación de monedas asiáticas, incurriendo en una pérdida cuando estalló la crisis). En la Reunión Ministerial de dicha asociación sostenida en Subang Jaya, Malasia, los ministros firmaron una declaración conjunta el 25 de julio de 1997 que expresaba su preocupación y llamaba a una intensificación de la cooperación entre los países miembros para salvaguardar y promover el interés de la región a este respecto. Coincidentemente el mismo día, los directores de los bancos centrales de la mayoría de los países afectados estuvieron en la EMEAP (Executive Meeting of East Asia Pacific) reunidos en Shanghái y no lograron hacer operacional el 'nuevo arreglo para pedir prestado'. Un año antes, el 17 de marzo de 1996, los ministros de finanzas de estos mismos países habían asistido a la tercera reunión de ministros de finanzas del APEC en Kioto, Japón, y de acuerdo a esa declaración conjunta, habían sido incapaces de duplicar los montos disponibles bajo el 'Acuerdo general para pedir prestado' y el 'Mecanismo financiero de emergencia'. Como tal, la crisis podía ser vista como el fracaso para construir adecuadamente y a tiempo la capacidad para prevenir la manipulación monetaria. Esta hipótesis no gozó de mucho apoyo entre los economistas, pues se argumenta que ningún inversionista por sí solo podía haber hecho suficiente impacto en el mercado para manipular exitosamente los valores monetarios. Además, el nivel de organización necesario para coordinar un éxodo masivo de inversionistas de monedas del Sureste Asiático para manipular sus valores volvía a esta posibilidad un carácter de remota.

Para algunos economistas, la causa de la crisis fue que muchos gastaban más de lo que ganaban y habían acumulado grandes deudas en moneda extranjera. Eso ahuyentó a los inversionistas foráneos, quienes huyeron en masa y provocaron devaluaciones de divisas y recesiones.

Tal fue el alcance y la gravedad del colapso que la intervención exterior se convirtió en necesaria, a pesar de ser considerada por muchos como un nuevo tipo de colonialismo. Puesto que los países que estaban siendo afectados estaban entre los más ricos no solo en su región, sino en el mundo, y dado que billones de dólares estaban en juego, toda respuesta a la crisis debía ser cooperativa e internacional. En este caso, la intervención se produjo a través del Fondo Monetario Internacional. El FMI creó una serie de paquetes de "rescate" para sacar de apuros a las economías más afectadas para evitar la suspensión de pagos de tales países, uniendo estos paquetes a las reformas que tenían como propósito estabilizar las monedas asiáticas, así como sus sistemas bancarios y financieros, tomando como ejemplo a los de Estados Unidos y Europa.

En otras palabras, el apoyo del FMI estuvo condicionado a una serie de reformas económicas drásticas influenciadas por los principios económicos neoliberales denominado "paquete de ajuste estructural." El ajuste estructural exigido a los países golpeados por la crisis mandaba recortar el gasto público y reducir el déficit fiscal, dejar que las instituciones financieras y bancos insolventes quebraran y aumentar agresivamente las tasas de interés. El razonamiento detrás de estas medidas era que con estas se restauraría la confianza en la solvencia fiscal de los países, penalizar compañías insolventes y proteger el valor de las monedas. Sobre todo, se estipulaba que el capital financiado por el FMI debía ser administrado racionalmente en el futuro, sin que los partidarios favoritos recibieran fondos malversados; para ello, debían existir controles gubernamentales adecuados establecidos para supervisar todas las actividades financieras, los cuales debían ser independientes del interés privado.

Las instituciones insolventes debían cerrar y la insolvencia en sí misma debía ser claramente definida. En resumen, en Asia se debían crear exactamente el mismo tipo de instituciones financieras existentes en Estados Unidos, como una condición del apoyo del FMI. Además, los sistemas financieros debían volverse "transparentes", esto es, proveer el tipo de información financiera confiable usado en Occidente para tomar decisiones financieras razonables. Sin embargo, la mayor crítica contra el rol del FMI en la crisis se concentró sobre su respuesta a la crisis. Como país tras país entraban en crisis, muchos negocios locales y gobiernos que habían tomado préstamos en dólares americanos, los cuales se volvieron mucho más costosos respecto a la moneda local en la que obtenían sus ganancias, se encontraron incapaces de pagar a sus acreedores. La dinámica de la situación era muy similar a aquella de la crisis de la deuda de América Latina.

Los efectos del programa de ajuste estructural fueron mixtos y su impacto controversial. No obstante, los críticos señalaron la naturaleza contradictoria de estas políticas, argumentando que en una recesión, la respuesta tradicional keynesiana era incrementar el gasto público, apoyar compañías mayores y reducir las tasas de interés. La razón era que, por este medio, se estimularía la economía, evitando la recesión, con lo cual los gobiernos podían restaurar la confianza al mismo tiempo que prevenían el malestar económico. Asimismo, sostenían que el mismo Gobierno de los Estados Unidos había seguido políticas expansivas, tales como la reducción de las tasas de interés, el incremento del gasto público y el recorte de impuestos, cuando los Estados Unidos entraron en recesión en 2001.

Aunque tales reformas fueron, en la mayoría de casos, largamente necesitadas, los países más involucrados terminaron sufriendo una reestructuración política y financiera casi completa. Sufrieron devaluaciones monetarias permanentes, número masivo de bancarrotas, colapsos de todos los sectores económicos, depresión del mercado inmobiliario, alto desempleo y malestar social. Para la mayor parte de los países involucrados, la intervención del FMI había sido rotundamente criticada. El rol del Fondo Monetario Internacional fue tan controversial durante la crisis que muchos locales llamaron a la crisis financiera la "crisis del FMI." En retrospectiva, muchos comentaristas critican al FMI por empujar a las economías en desarrollo de Asia hacia la "vía rápida del capitalismo", es decir, hacia una liberalización del sector financiero (eliminación de restricciones para los flujos de capital); mantenimiento de altas tasas de interés domésticas para atraer una cartera de inversiones y capital bancario; y fijar la moneda nacional al dólar para tranquilizar a los inversionistas extranjeras contra el riesgo monetario. En otras palabras, se argumentaba que el FMI en sí mismo era la causa de la crisis.

Entre 1985 y 1996, la economía de Tailandia creció a un promedio de más del 9% anual, la tasa más alta de crecimiento económico de un país en aquella época. En 1996, un fondo de cobertura norteamericano había vendido $400 millones de la moneda tailandesa. Esto fue posible porque desde 1978 hasta el 2 de julio de 1997, el baht tailandés estaba fijado al dólar en una tasa de 25 a 1.

Los días 14 y 15 de mayo de 1997, el baht fue golpeado por un ataque especulativo masivo. El 30 de junio de 1996, el primer ministro Chavalit Yongchaiyudh dijo que no devaluaría la moneda. Esta fue la chispa que encendió la crisis financiera asiática, cuando el gobierno tailandés falló en su defensa del baht contra especuladores internacionales. El boom económico tailandés se detuvo entre despidos masivos en el sector financiero, inmobiliario y de construcción que tuvieron como resultado una enorme cantidad de trabajadores regresando a sus pueblos al interior del país y 600.000 trabajadores extranjeros siendo enviados de regreso a su país de origen. El baht se devaluó rápidamente y perdió la mitad de su valor, alcanzando su punto más bajo de 56 unidades por dólar en enero de 1998. La bolsa de valores tailandesa cayó un 75% en 1995. Finance One, la compañía financiera más grande de Tailandia hasta entonces, colapsó.

Los partidos de oposición tailandeses denunciaron que el ex primer ministro Thaksin Shinawatra se había aprovechado de la devaluación, aunque los subsecuentes gobiernos liderados por partidos de la oposición no investigaron sobre este tema.

Para el 2001, la economía de Tailandia se había recuperado. La creciente recaudación fiscal permitió al país estabilizar su prespuesto y pagar sus deudas con el FMI en el 2003, cuatro años más tarde de lo programado. Incluso después del golpe de Estado por los militares, el baht tailandés continuó apreciándose: de 36,5 baht por dólar a 33 baht por dólar en mayo de 2007 y a 31 baht por dólar en mayo de 2008. El gobierno actual está tratando de elevar la tasa de crecimiento de la economía tailandesa al 6% durante el 2008.

En junio de 1997, Indonesia parecía estar lejos de una crisis. A diferencia de Tailandia, Indonesia tenía una baja inflación, un superávit de la balanza comercial de más de $900 millones, inmensas reservas internacionales de más de $20 mil millones y un buen sector financiero. Pero, un gran número de corporaciones indonesias habían tomado préstamos en dólares americanos. Durante los años anteriores, como la rupiah se fortalecía con respecto al dólar, esta práctica había funcionado bien para estas corporaciones: sus niveles de deuda efectivos y costos financieros habían decrecido mientras el valor de la moneda local aumentaba.

En julio de 1997, cuando Tailandia permitió la fluctuación del baht, las autoridades monetarias de Indonesia ampliaron la banda cambiaria de la rupiah de 8 a 12%. En agosto, la rupiah cayó bruscamente debido a ataques severos. El 14 de agosto de 1997, el régimen monetario de fluctuación manejada fue reemplazado por un arreglo de tasa de cambio de libre fluctuación. La rupiaj cayó aún más. El FMI intervino con un paquete de rescate de $23 mil millones, pero la rupiah se hundía en medio del temor por las deudas de las corporaciones, ventas masivas de rupiah y fuerte demanda de dólares. La rupiah y la Bolsa de Yakarta llegaron a un punto bajo histórico en setiembre. Con el tiempo, Moody's bajó de categoría a la deuda de largo plazo de Indonesia hasta 'bono basura'.

Si bien la crisis de la rupiah empezó en julio y agosto de 1997, se intensificó en noviembre cuando los efectos de esa devaluación de venero se mostraron en los balances corporativos. Las compañías que se habían prestado en dólares debieron enfrentar los altos costos impuestos por el declive de la rupiah y muchos reaccionaron comprando dólares y vendiendo rupiah, socavando aún más el valor de esta última. La inflación de la rupiah y las subidas considerables resultantes en los precios de productos alimenticios llevaron a levantamientos en todo el país, en los cuales murieron más de 500 personas solo en Yakarta. En febrero de 1998, el presidente Suharto despidió al presidente del Banco de Indonesia, pero esto fue insuficiente. Suharto fue forzado a renunciar a mediados de 1998 y Jusuf Habibie se convirtió en presidente. Antes de la crisis, la tasa de cambio de la rupiah y el dólar era de apróximadamente 20000 rupiah por 1 dólar. En varios momentos durante de la crisis, la tasa se hundió a más de 18000 rupiah por dólar. Ese año, Indonesia perdió 13,5% de su PBI.

Los resultados macroecónomicos en Corea del Sur eran buenos, pero el sector financiero estaba cargado con préstamos no rentables, pues sus grandes corporaciones estaban financiando expansiones agresivas. Durante este tiempo, hubo prisa en construir grandes conglomerados para competir a nivel mundial. Muchos negocios a la larga fallaron en garantizar las ganancias y la rentabilidad. Los conglomerados coreanos, más o menos completamente controlados por el gobierno, simplemente arsorbieron más y más inversión de capital. Al final, el exceso de deuda llevó a quiebras mayores y adquisiciones. Por ejemplo, en julio de 1997, el tercer fabricante de autos más grande de Corea del Sur, Kia Motors, solicitó préstamos de emergencia. En la víspera del deterioro del mercado asiático, Moody's disminuyó la clasificación del crédito de Corea del Sur de A1 a A3, el 28 de noviembre de 1997; y lo bajó de categoria nuevamente a B2 el 11 de diciembre del mismo año. Esa disminución contribuyó al posterior declive de las acciones coreanas, dado que el mercado búrsatil tenía una tendencia a la baja desde noviembre. La bolsa de Corea cayó 4% el 7 de noviembre de 1997; al día siguiente, se hundió un 7%, en su mayor caída en un solo día hasta entonces. El 24 de noviembre, las acciones cayeron un 7,2% más debido al temor de que el FMI pidiera reformas duras. En 1998, la Hyundai Motor Company asumió el mando de Kia Motors. La empresa de $5 mil millones Samsung fue disuelta debido a la crisis y con el tiempo Daewoo Motors fue vendida a la compañía norteamericana General Motors (GM).

Mientras tanto, el won coreano se debilitó a más de 1700 por dólar desde 800. A pesar de una ralentización profunda inicial y de numerosas bancarrotas corporativas, Corea del Sur ha logrado triplicar su renta per cápita en términos de dólares desde 1997. De hecho, reasumió su rol como la economía de más rápido crecimiento del mundo. Desde 1960, su Producto Interno Bruto per cápita se ha incrementado de $80 en términos nominales a más de $21000 en el 2007. Sin embargo, como el chaebol, el gobierno de Corea del Sur no ha resultado ileso. El ratio de su Deuda Pública-PBI se ha más que duplicado (apróximadamente de 13 a 30%) como resultado de la crisis.

La crisis económica también llevó a una conmoción política, en particular terminando con las renuncias del presidente Suharto en Indonesia y del primer ministro Chavalit Yongchaiyudh en Tailandia. Hubo un aumento general del sentimiento anti-occidental, siendo George Soros y el Fondo Monetario Internacional singularizados como objetos de crítica. El grueso de la inversión norteamericana en Tailandia terminó, siendo reemplazada en su mayoría por inversión europea, aunque la inversión japonesa fue sostenida. Los movimientos islamistas y otros separatistas se intensificaron en el Sureste Asiático cuando se debilitaron las autoridades centrales.

Las consecuencias a largo plazo incluyeron el retroceso de las ganancias relativas producidas en los años del boom que precedieron a la crisis. El PBI per capita en dólares nominales cayó en un 42,3% en Indonesia en 1997; 21,2% en Tailandia; 19% en Malasia; 18,5% en Corea y 12,5% en Filipinas. The World Factbook de la CIA informó que la renta per cápita (medida por la paridad de poder adquisitivo) declinó en Tailandia de $8800 a 8300 entre 1997 y 2005; en Indonesia, de $4600 a $3700; en Malasia, de $11100 a 10400. En el mismo periodo, el ingreso per capita mundial se incremntó de $6500 a $9300. De hecho, el análisis de la CIA sostiene que la economía de Indonesia era todavía más pequeña en el 2005 que lo que había sido en 1997, sugiriendo un impacto en ese país similar al de la Gran Depresión. En el Sureste Asiático, la mayor parte de la inversión y un monto significativo del peso económico cambió de Japón y el Sureste Asiático a China e India.

La crisis ha sido intensamente analizada por economistas por su amplitud, velocidad y dinamismo: afectó a docenas de países, tuvo un impacto directo en la vida de millones, sucedió en el curso de unos pocos meses y a cada etapa de la crisis tanto los economistas más importantes como las instituciones internacionales parecieron estar un paso atrás. Quizás lo más interesante para los economistas fue la velocidad con la cual acabó, dejando a la mayoría de las economías desarrolladas sin daño. Estas curiosidades han provocado una explosión de literatura sobre economía financiera y una letanía de explicaciones sobre por qué ocurrió la crisis. Varias críticas se han dirigido contra la conducción del Fondo Monetario Internacional en la crisis, incluyendo una por el ex economista del Banco Mundial Joseph Stiglitz. Políticamente, hubo algunos beneficios. En varios países, particularmente Corea del Sur e Indonesia, hubo un empuje renovado para mejor el gobierno corporativo. La inflación desbocada debilitó la autoridad del régimen de Suharto y llevó a su derrocamiento en 1998, así como a la aceleración de la independencia de Timor Oriental.

La crisis asiàtica ha hecho que los paìses asiàticos tengan una propensiòn hacia el ahorro. Portes, de London Business School, cree que la razón detrás de la excesiva acumulación de reservas por parte de China y otros países asiáticos, sea el afán de protegerse contra una nueva crisis. Para muchos economistas, esto ha creado grandes desequilibrios globales que fueron una de las causas de la crisis hipotecarias de 2 007.

Luego de la crisis asiática, los inversionitas internacionales eran reacios a prestar dinero a países en desarrollo, llevando a ralentizaciones económicas en muchas partes del mundo. El poderoso shock negativo también redujo marcadamente el precio del petrólero, el cual alcanzó un descenso de $8 por barril alrededor de fines de 1998, causando un apuro financiero en los países miembros de la OPEP y otros exportadores de petróleo. Esta reducción en los ingresos por petróleo contribuyó a la crisis financiera rusa en 1998, que a su vez causó el colapso en los Estados Unidos del Long-Term Capital Management después de perder $4,6 mil millones en cuatro meses. Un colapso más amplio en los mercados financieros fue evitado cuando Alan Greenspan y el Federal Reserve Bank of New York organizaron el pago de una fianza de $3625 mil millones. Las grandes economías emergentes de Brasil y Argentina también entraron en crisis a fines de la década de 1990 (ver crisis de la deuda argentina).

La crisis en general fue parte de una reacción global en contra del Consenso de Washington y de institucionales internacionales, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, los cuales se volvieron simultáneamente impopulares en los países en desarrollo, siguiendo el crecimiento del movimiento antiglobalización en 1999. En cuatro rondas de conversaciones sobre el comercio mundial desde la crisis asiática (en Seattle, Doha, Cancún y Hong Kong) no ha sido posible alcanzar un acuerdo significativo puesto que los países en desarrollo se han vuelto más firmes y las naciones están volviéndose en torno a tratados de libre comercio regionales o bilaterales como una alternativa a las instituciones globales. Muchos países aprendieron de la crisis y aumentaron rápidamente sus reservas internacionales como una protección contra ataques, incluyendo Japón, India, Corea del Sur. Países tales como Brasil, Rusia e India, así como la mayoría del Sureste Asiático empezaron a copiar el modelo japonés de debiliar sus monedas, reestructurar sus economías hasta crear un superávit de cuenta corriente para formar grandes reservas en moneda extranjera. Esto llevó a un financiamiento creciente de bonos del tesoro norteamericano, permitiendo o ayudando a desarrollar burbujas inmobiliarias (entre el 2001 y 2005) y bursátiles (en 1996-2000) en los Estados Unidos.

Al principio



Crisis financiera rusa

El Inkombank fue una de las bajas de más alto perfil de la crisis de agosto de 1998. En esa ocasión uno de los mayores bancos de Rusia, cuyo lema era "Somo de verdad, estamos aquí para quedarnos", cerró sus puertas casi de la noche a la mañana. Su edificio Nizhny Novgorod, que fue uno de los símbolos del nuevo capitalismo ruso, luce más bien desvencijado en esta foto tomada en el 2006.

La crisis financiera en Rusia (también llamada la "crisis del rublo") golpeó a Rusia el 17 de agosto de 1998. Fue exacerbada por la crisis financiera asiática que empezó en julio de 1997. Dado el declive consiguiente en los precios mundiales de los commodities, los países que dependían fuertemente de la exportación de materias primas estuvieron entre los más severamente perjudicados (el petróleo, el gas natural, los metales y la madera conformaban más del 80% de las exportaciones rusas, dejando al país vulnerable a las oscilaciones de los precios mundiales. El petróleo era, además, el recurso que mayores ingresos fiscales generaba al gobierno ruso. ). El declive profundo en el precio del petróleo tuvo consecuencias severas para Rusia; sin embargo, la causa primordial de la crisis financiera rusa no fue directamente la caída de los preciós del petróleo, sino el resultado de la falta de pago de los impuestos por parte de las industrias energéticas y manufactureras.

Esta crisis también se tradujo por una crisis económica, culminó en 1998. Es marcada por una enorme devaluación del rublo y un defecto sobre la deuda rusa (el GKO particularmente). Esta crisis financiera se produce en el contexto del comienzo de una desaceleración económica mundial. La inflación anual de 1997 fue del 84% en Rusia.

Previamente a la culminación de la crisis económica, la política de emisión de bonos GKO fue descrita como similar a una venta en pirámide o esquema de Ponzi, con el interés en obligaciones maduras que eran canceladas usando lo procedido de obligaciones recién emitidas.

Al declinar la productividad, una tasa de cambio fija entre el rublo y las divisas extranjeras para evitar la confusión pública y un déficit presupuestario fueron los antecedentes de la debacle. El costo económica de la primera guerra en Chechenia que es estimado en $5,5 mil millones (sin incluir la reconstrucción de la economía chechena que había sido arruinada) fue también una causa de la crisis.

En la primera mitad de 1997, la economía rusa mostró algunas señales de mejora; sin embargo, poco después, los problemas empezaron gradualmente a intensificarse. Dos shocks externos, la crisis financiera asiática que había empezado en 1997 y los declives siguientes de la demanda (y, por tanto, del precio) del petróleo crudo y de los metales no ferrosos, también impactaron en las reservas extranjeras de Rusia.

La crisis política llegó a un punto crítico el 23 de marzo cuando el presidente ruso Borís Yeltsin despidió repentinamente al primer ministro Víktor Chernomyrdin junto con todo su gabinete. Yeltsin nombró al ministro de Energía Sergei Kiriyenko, de 35 años, como primer ministro en funciones. El 29 de mayo, Yeltsin designó a Boris Fyodorov director del Servicio de impuestos estatales.

Un paquete financiero de $22,6 mil millones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial fue aprobado el 13 de julio para apoyar las reformas y estabilizar el mercado ruso intercambiando un volumen enorme de billetes de corto plazo GKO rápidamente maduros en eurobonos de largo plazo. Esto había empezado a implementarse con algún éxito para el 24 de julio, pero entoncs el gobierno ruso decidió mantener la tasa de cambio del rublo dentro de una banda estrecha, aunque muchos economistas, incluyendo a Andrei Illarionov y a George Soros, urgían al gobierno a abandonar su apoyo al rublo.

El 12 de mayo de 1998, los mineros de carbón empezaron una huelga debido a sus salarios impagos, bloqueando el Transiberiano. Para el 1° de agosto de 1998, se debía aproximadamente $12,5 mil millones en salarios impagos a los trabajadores rusos. El 14 de agosto, la tasa de cambio del rublo se mantenía en 6,29 por dólar americano. A pesar del rescate financiero, los intereses mensuales de la deuda rusa subían a una suma 40% mayor que sus recaudaciones fiscales mensuales. Además, el 15 de julio, la Duma Estatal, dominada por los partidos del ala izquierda se negaron a adoptar más medidas del plan anti-crisis gubernamental, por lo que el gobierno fue forzado a depender de decretos presidenciales. El 29 de julio, Yeltsin interrumpió sus vacaciones en la región del lago Valdai y volvió a Moscú, provocando temor de un recambio de gabinete, pero solamente reemplazó al jefe del servicio de seguridad federal Nikolay Kovalev con Vladímir Putin.

Para ese momento, Rusia emnpleaba una política de "clavija flotante" hacia el rublo, lo que significaba que el Banco Central se comprometía a que en todo momento la tasa de cambio rublo/dólar permanecería dentro de un rango particular. Si el rublo amenazaba devaluarse fuera de ese rango (o "banda"), el Banco Central intervendría gastando reservas extranjeras para comprar rublos. Por ejemplo, durante el año antecedente a la crisis, el Banco Central se comprometió a mantener una banda de 5,3 a 7,1 rublos por dólar, lo que significaba que vendería rublos si la tasa de cambio de mercado amenaza exceder los 7,1 rublos por dólar.

La incapacidad manifiesta del gobierno ruso para implementar una serie de reformas económicas coherente llevó a una erosión severa de la confianza en los inversionistas y a una reacción en cadena con el Banco Central. Los inversionistas vendieron rublos y activos rusos, lo que produjo una presión hacia abajo al rublo. Esto forzó al Banco Central a gastar sus reservas extranjeras para defender el rublo, lo que erosionaba la confianza del inversionista y debilitó al rublo. Se estima que entre el 1° de octubre de 1997 y el 17 de agosto de 1998, el Banco Central gastó apróximadamente $27 mil millones de sus reservas en dólares para mantener su banda cambiaria. Luego se reveló que alrededor de $5 mil millones de los préstamos internacionales proveídos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron robados en Rusia la víspera de la debacle.

El 13 de agosto de 1998, el bono ruso y los mercados bursátil colapsaron como resultado del temor de los inversionistas de que el gobierno devaluaría el rublo, no cumpliese en pagar la deuda doméstica, o ambos escenarios. Los rendimientos anuales del rublo denominados bonos significaban más del 200%. El mercado bursátil tuvo que ser cerrado por 35 minutos cuando los precios se desplomaron. Cuando el mercado cerró, había caído un 65% con un pequeño número de acciones comerciadas. De enero a agosto, el mercado bursátil había perdido más del 75% de su valor, 39% en el mes de mayo solamente.

La crisis sobre el GKO ocasionó en el mundo una carrera hacia la liquidez y una huida hacia la calidad, las cuales causan la quiebra de los fondos de inversión libre Long-Term Capital Management. Este último no tenía directamente una obligación rusa, pero poseía obligaciones adosadas a deudas incobrables.

El lado positivo de la crisis fue que permitió al aparato de producción rusa volver a ser competitiva y ponerse en marcha. El alza de los precios del petróleo y las reformas económicas prometidas por Vladímir Putin a partir de 1999 también favorecieron este rebote. Entre 1999 y 2005, Rusia tuvo un crecimiento económico medio superior al 6 %.

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Crisis financiera en México de 2008

La crisis financiera de México en 2008 afectó el nivel de cambio del moneda nacional, frente a las principales divisas extranjeras. El Banco de México comenzó a subastar dólares el 8 de octubre, luego de que el peso registró fuertes caídas.

Los inversionistas extranjeros sacaron de México recursos por 22 mil 190 millones de dólares depositados en la Bolsa Mexicana de Valores o en bonos de deuda del gobierno federal, los cuales ajustados por la depreciación del peso serían de US$7,600 millones. En medio de la peor crisis financiera mundial, el gobierno de México realizó en los mercados internacionales una emisión de deuda por 2 mil millones de dólares con vencimiento en 2019. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público informó que con la operación se tuvo una demanda de más de 4 mil millones de dólares, lo cual es más de dos veces el monto emitido.

Para contener la depreciación del peso el ente financiero subastó 18 mil 227 millones de dólares de la reserva internacional de divisas, desde octubre hasta el 11 de diciembre.

Este comportamiento tiene que ver con la gran incertidumbre financiera mundial y las crecientes necesidades de liquidez de diversas instituciones para poder cumplir con sus compromisos financieros. Lo primero ha llevado a que los grandes inversionistas mundiales busquen deshacerse de sus activos en otros países y traten de convertir esos recursos de moneda local a dólares. Esto explica tanto la caída generalizada en las bolsas de valores de muchos países como la simultánea depreciación de las monedas de esos países. Es por ello que no es casual que las bolsas de valores que más han sido afectadas en las últimas semanas sean las de países como Rusia y Brasil, las cuales habían recibido grandes inyecciones de recursos provenientes de inversionistas estadounidenses. El Banco de México ha vendido desde el 8 de octubre US$15,132 millones para frenar la depreciación del peso mexicano, que el 3 de Marzo de 2009 cayó hasta su nivel mínimo histórico de MEX$15.36 por dólar estadounidense que hasta mediados del año pasado mantenía un nivel promedio de 10 pesos. Frente al euro el 18 de diciembre registró un precio de venta de MEX$19.71, siendo el más alto de la historia de dicha divisa.

Con una inflación anualizada que ya llega a 6.23%, el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CNSM) acordó otorgar un aumento general de 4.6 por ciento a los salarios mínimos de las tres áreas geográficas, el 18 de diciembre. Según cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, el poder adquisitivo de la población cayó significativamente en octubre, pues los salarios contractuales nominales estuvieron 1.59% por debajo de la inflación. A su vez, el salario mínimo cayó 2.80% entre octubre de 2007 y el mismo mes de 2008.

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Source : Wikipedia