China

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Publicado por astro 30/03/2009 @ 21:11

Tags : china, asia, internacional

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República de China (1912 - 1949)

Bandera de la República China

La República de China (chino tradicional: 中華民國, chino simplificado: 中华民国, pinyin: Zhōnghuá Mínguó) fue el régimen político que sucedió en China a la última dinastía imperial, la Qing, en el año 1912. El periodo republicano fue una etapa de grandes convulsiones políticas y sociales, marcada por la independencia virtual de amplias zonas de China, bajo el control de los llamados "señores de la guerra", y por los numerosos enfrentamientos bélicos, especialmente la Segunda Guerra Sino-Japonesa y, a partir de 1945, la guerra civil entre el Kuomintang, el partido político que dominaba las instituciones de la República, bajo el mando de Chiang Kai-shek, y el Partido Comunista de China.

La victoria de los comunistas en la guerra civil, bajo el liderazgo de Mao Zedong, en 1949, puso fin al régimen de la República en el continente chino, con la proclamación de la nueva República Popular China. El ejército comunista, sin embargo, nunca consiguió ocupar la isla de Taiwán, única provincia china en la que se ha mantenido hasta la actualidad el régimen de la República de China.

Este artículo trata del periodo histórico comprendido entre los años 1912 y 1949, cuando la República de China fue el régimen político del continente chino. Para la historia de la República de China en Taiwán a partir de 1949, véase el artículo Historia de la República de China en Taiwán.

En las últimas décadas del siglo XIX, la sensación de debilidad de la China imperial, agravada por las derrotas militares frente a las potencias extranjeras, como en las guerras del opio, llevó a muchos sectores de la pequeña burguesía china a plantear la necesidad de reformas políticas que permitieran a China lograr el desarrollo económico y social que habían alcanzado las potencias occidentales y, especialmente, Japón, país asiático al que muchos chinos veían como modelo a imitar.

Japón había logrado un desarrollo económico destacado tras la restauración Meiji, y muchos intelectuales defendían la necesidad de que la dinastía Qing, que gobernaba China, emprendiera también las reformas necesarias para avanzar hacia un modelo de monarquía constitucional, que permitiría mantener la tradición imperial adoptando al mismo tiempo un sistema político moderno, imprescindible para afrontar la revolución industrial y tecnológica en la que China se había quedado rezagada. Frente a estas corrientes, otros reformadores, más radicales, propugnaban la necesidad de derrocar a la dinastía Qing, a la que por su origen manchú muchos veían como una dinastía extranjera, y proclamar una república.

El ideólogo republicano más importante de los últimos años de la dinastía Qing fue Sun Yat-sen, quien ya en 1895, tras haber fundado la Sociedad para la Regeneración de China (興中會, xīngzhōnghuì), intentó organizar una revolución contra la dinastía Qing en la ciudad sureña de Guangzhou. La sublevación fracasó y Sun Yat-sen se vio obligado a huir de China, en un exilio que lo llevaría a Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón en los años siguientes.

A pesar de las reformas institucionales llevadas a cabo por la dinastía Qing, el descontento con el sistema seguía aumentando, y se haría especialmente grave en los últimos años del siglo XIX y la primera década del siglo XX, en que China cosechó aún más reveses militares. Particularmente grave para la conciencia china fue la derrota en la Primera Guerra Sino-Japonesa, que concluyó en 1895 con la firma del Tratado de Shimonoseki, por el que China perdía su influencia sobre Corea, que pasaba a ser protectorado japonés, y perdía también la soberanía sobre la isla de Taiwán, convertida en territorio japonés.

Este descontento creciente provocó el aumento del número de seguidores del movimiento republicano de Sun Yat-sen, a la sazón exiliado en Japón, que había fundado una nueva organización republicana, la Sociedad de la Alianza (同盟會, tóngménghuì).

Los acontecimientos que llevaron a la caída de la dinastía Qing, la llamada Revolución de Xinhai, se desarrollaron entre el 10 de octubre de 1911, fecha en que se produjo la insurrección conocida como Levantamiento de Wuchang, y el 12 de febrero de 1912, cuando el último emperador, Puyi, abdicó definitivamente.

Xīnhài (辛亥) es el nombre del año 1911 en el calendario agrícola chino tradicional, y la revolución que acabó con varios milenios de historia imperial se desencadenó por una explosión fortuita en la ciudad de Hankou el 9 de octubre de aquel año. Hankou es una de las tres ciudades que constituyen la triple metrópoli de Wuhan, punto estratégico en el centro de China, y en ella había una intensa actividad revolucionaria clandestina, así como un gran número de tropas del reformado Nuevo Ejército del estado Qing. Aquel 9 de octubre, un grupo de revolucionarios se encontraba manipulando explosivos que iban a ser utilizados en atentados antimonárquicos, cuando una explosión inesperada provocó varios muertos y heridos. Los intentos de rescate de los heridos pusieron a las autoridades locales al corriente de las actividades y de las identidades de muchos implicados, y aquel mismo día se llevaron a cabo diversas ejecuciones sumarias.

Sin embargo, el ejército Qing en Wuhan estaba ya infiltrado por muchos activistas republicanos que, tras el accidente, temían ser descubiertos. Éstos decidieron lanzarse a la ofensiva antes que esperar la reacción de las autoridades leales a la corte Qing, y el 10 de octubre se sublevaron contra el poder imperial en Wuchang, la parte de Wuhan al sur del Yangzi. La rebelión comenzó en el Octavo Batallón de Ingenieros de Wuchang y, al final del día, toda Wuchang estaba en manos de los rebeldes. Al día siguiente, 11 de octubre, Hanyang, la tercera ciudad de Wuhan, cayó en poder de los rebeldes, y el 12 de octubre ocurría lo propio en Hankou.

De esta manera, en apenas tres días, Wuhan, la triple metrópoli del Yangzi, estaba en poder de un ejército rebelde al servicio de la causa republicana, a pesar de la falta de organización del movimiento. La fecha del 10 de octubre, el "doble 10" (雙十 / 双十 Shuāng Shí), se convertiría en la fiesta nacional de la República de China y, aún hoy, se conmemora como tal en Taiwán.

La corte Qing reaccionó rehabilitando al poderoso militar Yuan Shikai, que gozaba de un gran prestigio en el Ejército de Beiyang, el ejército del norte, para organizar la ofensiva contra los rebeldes. Sin embargo, el 22 de octubre, las tropas del Nuevo Ejército en las provincias de Shaanxi y Hunan se amotinaron y se pusieron del lado de los rebeldes de Wuhan. A finales de octubre, otras tres provincias, Shanxi, Jiangxi y Yunnan, se sumaban también a la rebelión.

Mientras la rebelión avanzaba, los altos mandos del ejército exigieron a la corte que aceptara una serie de reclamaciones, las "doce reclamaciones", para reducir el poder del emperador y establecer un sistema parlamentario. Entre estas reclamaciones estaba el nombramiento de un nuevo gobierno encabezado por un primer ministro. La debilitada corte manchú, consciente de que el poder se le escapaba de las manos, aceptó todas estas reclamaciones, y Yuan Shikai fue nombrado Primer Ministro del Imperio Qing.

Estas reformas suponían un intento de establecer una monarquía constitucional en China que pudiera contentar a los conservadores y a los sectores reformistas. A pesar de este intento, la revolución seguía su avance imparable, apoyada en un gran apoyo popular. El 3 de noviembre, la provincia de Jiangsu se sumaba a la rebelión republicana. Sichuan, el 22 de noviembre y Shandong, el 12 de diciembre, se unían a la lista de provincias rebeldes. En la capital de Jiangsu, Nanjing, aún se mantenían tropas leales al gobierno imperial, que serían derrotadas definitivamente a comienzos del mes de diciembre.

En diciembre, Sun Yat-sen volvía de su exilio, tras haber pasado por Europa para recabar apoyos para la causa republicana. El 30 de diciembre, en Nanjing, se proclamaba la República de China, que oficialmente comenzaría el 1 de enero de 1912. El año 1912 se convertía para China en el año 1 de la república, adoptando el modelo occidental de años solares con semanas de siete días, en lugar del sistema tradicional chino de años lunares con semanas de diez días. Sun Yat-sen pasaba a ser el primer presidente de la República de China.

Sin embargo, Sun Yat-sen era consciente de la debilidad militar de la nueva república. La mayor parte del ejército se mantenía leal al poder imperial de Pekín, y Yuan Shikai mantenía su poder e influencia sobre el Ejército de Beiyang, asentado en el norte de China. Sun se vio obligado a negociar con Yuan Shikai, a quien ofreció el cargo de presidente de la república. Yuan, presionado por numerosos sectores del ejército, favorables a reconocer el nuevo orden republicano, aceptó, y forzó la abdicación del niño emperador Puyi, ocurrida finalmente el 12 de febrero de 1912.

Sun Yat-sen había accedido a ceder la presidencia a Yuan Shikai de manera temporal. La constitución provisional promulgada en marzo de 1912 estipulaba la formación de un sistema parlamentario y la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales en el plazo de diez meses.

Con el fin de participar en las elecciones parlamentarias, la Sociedad de la Alianza de Sun Yat-sen se convirtió en un partido político con el nombre de Partido Nacional Popular, Guómíndǎng (國民黨 / 国民党), más conocido en Occidente en la transcripción Wade-Giles: "Kuomintang" (KMT). Sun Yat-sen delegó las labores de organización del partido en su joven colaborador Song Jiaoren, que entonces contaba con treinta años de edad.

En las elecciones parlamentarias de 1913, en las que tenían derecho a voto unos cuarenta millones de chinos, hombres mayores de veintiún años y con un cierto nivel de educación y de riqueza, el KMT logró unos excelentes resultados, con 269 de los 596 escaños de la cámara baja, y 123 de los 274 escaños del Senado para sus candidatos.

De acuerdo con la constitución provisional, Yuan Shikai debía dimitir para convocar las elecciones presidenciales, y el KMT deseaba apartar del poder a Yuan. Sin embargo, éste no estaba dispuesto a dejar el poder. Song Jiaoren fue asesinado en Shanghai en el mes de marzo, poco antes de partir a Pekín para ocupar su escaño en el parlamento. Las tropas leales a Yuan Shikai se enzarzaron en combates contra facciones del ejército leales al KMT. Finalmente, las fuerzas de Yuan Shikai derrotaron a las del KMT, y Yuan obligó al parlamento a nombrarlo presidente por cinco años, tras lo cual ordenó la disolución del KMT y la expulsión de sus miembros del parlamento. A finales de noviembre, Sun Yat-sen partía a un nuevo exilio en Japón, esta vez huyendo de la nueva república dominada por Yuan Shikai.

En enero de 1914, Yuan Shikai disolvió el parlamento y nombró en su lugar una asamblea de 66 miembros, que fue responsable de elaborar una constitución que ponía todo el poder en las manos del propio Yuan.

Yuan Shikai, convertido ya en dictador de China, intentó lanzar una campaña ambiciosa de reformas para modernizar la economía china. Estas reformas abarcaban numerosos ámbitos, tales como el sistema judicial, la educación, la moneda o el sistema penitenciario. La presión de las potencias occidentales sobre China disminuyó debido al inicio de la Primera Guerra Mundial en Europa, lo cual dio un respiro al régimen chino en la siempre espinosa política internacional.

Sin embargo, las ambiciones japonesas sobre el territorio chino se empezaron a notar en esa época. Los japoneses, como aliados del Reino Unido, estaban técnicamente en guerra con Alemania, y aprovecharon esa situación para atacar las concesiones alemanas en la provincia de Shandong. En enero de 1915, Japón hizo públicas una serie de reivindicaciones, conocidas como las "Veintiuna Reclamaciones", que exigían a China la concesión de todo tipo de privilegios comerciales a Japón. La agresividad japonesa provocó numerosas manifestaciones en China, pero Yuan Shikai, dado el estado precario de las arcas del estado, necesitadas de inyecciones de capital extranjero, hubo de ceder a gran parte de las pretensiones japonesas.

El estilo de gobierno de Yuan Shikai evolucionó hacia modelos cada vez más autoritarios, imitando en muchos aspectos la manera de gobernar de los emperadores Qing, y adoptando incluso los rituales religiosos de aquéllos. En 1915, Yuan dio el paso definitivo. Apelando a un supuesto deseo popular, hizo que una Asamblea representativa nombrada por él mismo votara a favor de la restauración imperial con 1993 votos a favor y ninguno en contra. El 1 de enero de 1916, Yuan subía al trono como nuevo emperador chino. Como nombre de su reinado adoptó el de Hongxian ("Abundancia constitucional").

La restauración monárquica fue muy mal recibida incluso por algunos de sus colaboradores más cercanos. Los líderes militares de varias provincias negaron el reconocimiento al nuevo emperador, y las protestas se sucedían por todo el país. Consciente de su impopularidad, Yuan Shikai abolía la monarquía en marzo de ese mismo año, menos de tres meses después de su subida al trono, y renunciaba al poder. Humillado y abandonado por sus seguidores, Yuan Shikai moría poco después, el 6 de junio de 1916, enfermo de uremia.

Tras el fracaso de la restauración imperial de Yuan Shikai, se restauraba la república con Li Yuanhong como presidente. En junio de 1917, el general conservador Zhang Xun llevaba a cabo un golpe militar con el objetivo de restaurar la dinastía Qing. El último emperador manchú, el muchacho de once años Puyi, que había seguido viviendo con su séquito en la Ciudad Prohibida, se convertía de nuevo en emperador de China. Sin embargo, esta restauración no fue aceptada por la inmensa mayor parte del ejército, y apenas un mes después, Zhang Xun era derrotado en Pekín por el ejército leal a la república, que volvía a deponer a Puyi. En estos momentos, China carecía de un poder central reconocido y el país se encontraba dividido, en manos de jefes militares, los llamados "señores de la guerra", que controlaban distintas zonas del país.

Tras el desastre de los intentos de restauración imperial en Pekín, el país entró en una fase de fragmentación, en la que el gobierno nominal de la República en Pekín, aunque reconocido como legítimo por las potencias extranjeras, apenas controlaba una pequeña zona del norte de China. Los "señores de la guerra", jefes militares que ejercían el poder en distintas partes de China, eran quienes tenían el poder efectivo y controlaban la administración y la recaudación de impuestos en las zonas bajo su control.

La debilidad del Gobierno de Pekín se vio agravada al final de la Primera Guerra Mundial por las cesiones económicas y territoriales hechas a Japón, que se aseguraba el control de las concesiones hasta entonces alemanas en la costa de Shandong. Estos privilegios otorgados a Japón fueron una sorpresa para la mayor parte de los chinos, incluso del gobierno, que ignoraban los acuerdos que el gobierno de Duan Qirui, en el poder hasta octubre de 1918, había alcanzado con los japoneses. En contra de lo esperado por la opinión pública china, que veía en la derrota alemana en la Gran Guerra la oportunidad de acabar con las cesiones injustas de derechos comerciales a los alemanes, el Tratado de Versalles simplemente confirmó el traspaso de los derechos alemanes a Japón. Estos hechos provocaron un gran descontento en el país, que alcanzaría su máxima expresión en las protestas multitudinarias en Pekín el 4 de mayo de 1919.

Paradójicamente, esta etapa de crisis política y social fue, sin embargo, una etapa de gran actividad intelectual y literaria. Precisamente las protestas del 4 de mayo de 1919 dieron nombre al llamado Movimiento del Cuatro de Mayo, como se conoce a las nuevas tendencias de pensamiento político y de expresión literaria que florecieron en estos años. Entre los pensadores más destacados del movimiento se encontraba Chen Duxiu, profesor de la Universidad de Pekín que fundó la revista Nueva Juventud, en la que se publicarían algunos de los artículos más influyentes sobre el pensamiento chino en estos años de cambio. Chen Duxiu, junto a su estrecho colaborador Li Dazhao, sería el principal responsable de la fundación del Partido Comunista de China (PCCh), formalmente fundado en Shanghái en julio de 1921 con el apoyo financiero de la Unión Soviética a través de la Komintern o "Tercera Internacional", la organización patrocinada por la Unión Soviética para difundir el comunismo en el mundo.

Otro de los pensadores más destacados de esta etapa fue el profesor de filosofía de la Universidad de Pekín Hu Shih, autor de un artículo publicado en Nueva Juventud en el que abogaba por reformar la lengua escrita china para utilizar formas basadas en la lengua vernácula y no, como se hacía hasta entonces, en la lengua clásica, totalmente diferente del lenguaje común hablado. El movimiento de reforma de la lengua escrita sería apoyado por escritores como Lu Xun, que adoptaron el estilo vernáculo y formas narrativas de origen occidental en sus obras.

En el plano político, además de la fundación del PCCh, con Chen Duxiu como secretario general, la etapa de caos que siguió a la pérdida de poder de Yuan Shikai permitió a Sun Yat-sen regresar a China, estableciéndose en la ciudad sureña de Guangzhou gracias al apoyo de Chen Yongming, el señor de la guerra que controlaba Guangdong y Guangxi.

En Guangzhou, Sun Yat-sen fundó la Academia Militar de Whampoa, desde donde se formó un ejército con la idea de asumir el control de toda China bajo el liderazgo del Kuomintang.

Tras su retorno a China en 1916, Sun Yat-sen desarrolló el Kuomintang como un partido constituido en torno a su figura por vínculos de lealtad personal. Tras establecerse en Guangzhou y conseguir formar un gobierno que aspiraba a unificar China, Sun recurrió a la ayuda militar y económica de la Komintern, que veía en el movimiento revolucionario de Sun Yat-sen, a pesar de no ser de ideología comunista, la capacidad de lanzar una revolución de estilo soviético. Por ello, y pese a las reticencias de Chen Duxiu, la Komintern, representada en China por su agente Borodín (pseudónimo de Mijaíl Gruzenberg), instó al aún muy débil Partido Comunista de China a colaborar con el Kuomintang.

Como resultado de esta colaboración, en la Academia Militar de Whampoa convivieron miembros del KMT leales a Sun Yat-sen con miembros del Partido Comunista de China, como Zhou Enlai, recién llegado de Francia, que ocupó el cargo de director del departamento político. El primer comandante de la Academia, sin embargo, era Chiang Kai-shek, un joven natural de la provincia de Anhui, y muy próximo a Sun Yat-sen, que más adelante se caracterizaría por su ferviente anticomunismo. Precisamente esta rivalidad entre los leales al ala nacionalista del Kuomintang y los comunistas que intentaban atraer adeptos entre los militantes del KMT, alimentaría la tensión que desembocaría años más tarde en un conflicto abierto.

En octubre de 1924, un golpe de estado en Pekín había arrebatado el control de la capital al poderoso señor de la guerra Wu Peifu, acérrimo enemigo tanto del KMT de Sun Yat-sen como de los comunistas de Chen Duxiu. Tras el golpe de estado, la capital pasó a estar controlada por el rival de Wu Zhang Zuolin, el señor de la guerra que dominaba Manchuria, y con quien Sun Yat-sen confiaba en poder llegar a un acuerdo. Duan Qirui se convirtió en nuevo Presidente provisional de la República en Pekín, y decidió convocar una conferencia para la reunificación nacional, a la que se invitó a Sun Yat-sen, en su calidad de Presidente del gobierno revolucionario instalado en Guangzhou. En su viaje al norte, Sun pasó por Shanghai y, antes de ir a Pekín, se dirigió a Japón, donde cayó gravemente enfermo. Sun Yat-sen volvió a China y se instaló en Pekín, donde recibió atención médica. Al ser operado en enero de 1925, los médicos descubrieron que padecía un cáncer de hígado terminal, contra el que no pudieron hacer nada. Sun Yat-sen falleció en Pekín el 12 de marzo de 1925.

La inesperada muerte de Sun dejó descabezado al KMT, desencadenando una lucha por el poder entre Wang Jingwei y Chiang Kai-shek. A pesar de esta crisis de liderazgo, la brutalidad de muchos de los señores de la guerra, unida al descontento chino con la presencia extranjera, hizo crecer el apoyo popular del movimiento revolucionario liderado por el KMT. El descontento con las concesiones a las potencias extranjeras alcanzó un momento especialmente grave el 30 de mayo de 1925, cuando soldados chinos y sikhs del destacamento británico en Shanghai abrieron fuego contra trabajadores que se manifestaban en la calle, provocando la muerte de once manifestantes. Este incidente provocó numerosas protestas en China y aumentó el prestigio del KMT, al que muchos veían como el único movimiento capaz de reunificar el país.

Mientras tanto, la tensión entre los nacionalistas del KMT y los comunistas seguía creciendo, y alcanzó un momento crítico el 20 de marzo de 1926, con el incidente del Zhongshan, un buque de guerra comandado por un militar comunista que apareció frente a la isla de Whampoa en lo que Chiang Kai-shek interpretó como un intento de atacarle, por lo que detuvo al capitán del barco y a otros comunistas y puso Guangzhou bajo estado de emergencia. El hombre de la Komintern, Borodin, intentó mantener la frágil alianza entre los comunistas y Chiang Kai-shek que, cada vez más fortalecido como nuevo líder del KMT, decidió lanzar la ofensiva militar para reunificar China bajo el gobierno revolucionario.

Esta ofensiva militar, conocida como la Expedición del Norte, se lanzó oficialmente el 1 de julio de 1926. Las tropas comandadas por Chiang Kai-shek avanzaron hacia el norte y el 11 de julio ya habían tomado la ciudad de Changsha. Siguiendo su avance por el corredor ferroviario entre Guangzhou y el norte, el ejército revolucionario se enfrentó a una dura batalla por el control de Wuhan. Los militares que controlaban esta ciudad, leales a Wu Peifu, montaron una fuerte resistencia, pero finalmente el 10 de octubre de 1926, en el décimo quinto aniversario del Levantamiento de Wuchang, la triple metrópoli caía en manos de las fuerzas de Chiang Kai-shek.

En diciembre de 1926, otra línea de tropas del ejército revolucionario tomaba la totalidad de la costa de Guangdong y Fujian, así como la provincia de Jiangxi. Gracias a acuerdos con los señores de la guerra de Guangxi y Guizhou, el territorio bajo el poder de la alianza del KMT y el Partido Comunista comprendía ya todo el sureste del país.

El gobierno del Kuomintang se trasladó de Guangzhou a Wuhan y contemplaba ya la posibilidad real de unificar el país. Algunos señores de la guerra, como Feng Yuxiang, que controlaba Shaanxi, se unieron al KMT, mientras Wu Peifu intentaba mantener su poder en Henan, y Zhang Zuolin, que controlaba Pekín, Tianjin y Manchuria, lanzaba ataques contra los seguidores comunistas en el norte, llegando a atacar la embajada soviética en Pekín y haciendo ejecutar a varios miembros del Partido Comunista, entre ellos Li Dazhao.

Hasta principios de 1927, Chiang Kai-shek había aceptado la alianza con los comunistas, necesitado del apoyo militar y económico de la Unión Soviética. La situación cambió en la primavera de 1927 cuando las tropas de Chiang consiguieron ocupar las ciudades de Nanjing y Shanghai. En ese momento, Chiang Kai-shek rompió con el Partido Comunista y con los dirigentes del KMT partidarios de la alianza con aquéllos. Entre el 12 y el 13 de marzo, grupos paramilitares unidos a soldados del KMT mataron a decenas de líderes sindicales y simpatizantes comunistas que se manifestaron en Shanghai. El 18 de abril de 1927, Chiang Kai-shek establecía un gobierno en Nanjing, la ciudad que Sun Yat-sen había designado como capital de la nueva China. Así, Chiang se convertía en líder del KMT mientras un gobierno rival permanecía en Wuhan, donde los comunistas, desconcertados por la traición de Chiang, se debatían en una crisis interna que acabó con el liderazgo de Chen Duxiu.

El establecimiento del nuevo gobierno del KMT en Nanjing dividió a este partido entre la facción izquierdista, establecida en Wuhan y favorable a colaborar con los comunistas, y la facción leal a Chiang, que, instalado ya en Nanjing, se oponía a cualquier tipo de colaboración con los comunistas. A esta división en el seno del partido se unió el fracaso de las tropas de Chiang en su intento de continuar la conquista del norte tras una derrota significativa en la ciudad estratégica de Xuzhou. Estas circunstancias llevaron a Chiang Kai-shek a renunciar a sus cargos en agosto de 1927. Sin embargo, la retirada de Chiang sería temporal, ya que su prestigio personal y su capacidad de recaudar fondos lo convertían en una figura indispensable para el gobierno del KMT en Nanjing, ya reconocido por la facción de Wuhan. En enero de 1928, Chiang Kai-shek era nombrado Comandante en Jefe y se integraba una vez más en el Comité Ejecutivo Central del KMT.

El 4 de junio de 1928, un atentado en Mukden, actual Shenyang, acababa con la vida de Zhang Zuolin, el último señor de la guerra importante que, con apoyo japonés, intentaba mantener su base de poder en Manchuria. Su sucesor, su hijo Zhang Xueliang, reconocería finalmente la soberanía del gobierno de Nanjing.

De esta manera, las partes centrales y orientales de China quedaban unificadas bajo el poder de la República de China con capital en Nanjing. Ya sólo las zonas escamente pobladas del oeste y el norte permanecían bajo el control de dirigentes locales. El gobierno republicano intentaría en los años siguientes consolidar su poder y promover el crecimiento económico y la modernización que China necesitaba.

A pesar del debilitamiento del Partido Comunista, perseguido por el nuevo régimen republicano de Nanjing, algunos miembros de este partido consiguieron establecer un embrión de sistema comunista en varias partes de la China rural. Una de las más importantes de estas regiones bajo control comunista sería el llamado "Sóviet de Jiangxi", en la provincia de ese nombre en el sur de China, donde Mao Zedong, miembro del Partido Comunista que había sido ampliamente criticado por los dirigentes del partido, había establecido un sistema comunista. Desde la ciudad de Ruijin, Mao dirigía el Sóviet de Jiangxi con una ideología marxista-leninista que anteponía el papel del campesinado en la revolución al de las clases urbanas. En Ruijin, se llegaron a emitir sellos de la República Soviética de China, el estado comunista ambicionado por Mao.

El sóviet de Jiangxi existiría durante varios años hasta que el 16 de octubre de 1934, ante la prevista invasión de las tropas de la República, los comunistas se vieron obligados a huir de la zona. Perseguidos por el ejército de Chiang Kai-shek, los dirigentes del Partido Comunista emprendieron la llamada Larga Marcha, el periplo por la China interior que llevaría a los leales al Partido Comunista a huir desde Jiangxi y otras zonas bajo su control hasta la provincia de Shaanxi en el norte.

Durante la Larga Marcha, Mao, tras una histórica reunión en la ciudad de Zunyi, provincia de Guizhou, consiguió hacerse con el poder en el partido, marginando a Wang Ming, el líder que contaba con el apoyo de la Unión Soviética. La Larga Marcha concluiría el 20 de octubre de 1935, cuando alrededor de una décima parte de los hombres que salieron de Ruijin con Mao alcanzaron la zona de Shaanxi controlada por la guerrilla comunista en el norte.

La persecución del KMT había logrado arrinconar aparentemente al Partido Comunista, pero el gobierno de Nanjing se enfrentaba a otra amenaza aun más peligrosa que los insurgentes comunistas: El avance de los japoneses.

Desde los tratados de Shimonoseki y Versalles, Japón había aumentado sus zonas de influencia sobre territorios anteriormente chinos, y mantenía presencia militar en Manchuria y Shandong para defender sus intereses. A partir del Incidente de Mukden, el 18 de septiembre de 1931, cuando se produjeron unas explosiones en la línea férrea a la entrada de esa ciudad (actual Shenyang), los japoneses aumentaron su presión sobre China al establecer un estado títere, Manchukuo, en Manchuria. Para ello, en un intento de dar una fachada de legitimidad a este estado títere, ofrecieron a Puyi, el último emperador chino, restablecer su trono en Manchuria, como emperador de un nuevo imperio Qing. Puyi aceptó la oferta japonesa y se desplazó desde Tianjin para subir al trono en la ciudad manchú de Changchun, renombrada como Xinjing ("nueva capital").

La tensión entre Japón y China, que no reconocía la independencia de Manchukuo, desembocaría en guerra abierta el 7 de julio de 1937, cuando el ejército japonés, tras algunas escaramuzas con el ejército chino en el norte, comenzó la invasión de China.

La guerra con Japón, que se lanzó a la invasión de China como parte de sus planes expansionistas en Asia en el marco de la Segunda Guerra Mundial, puso fin a los intentos de Chiang Kai-shek de unificar el país. Ante el avance japonés, el gobierno del Kuomintang se vio obligado a abandonar la capital Nanjing, replegándose hacia el interior, primero a la ciudad de Wuhan y, después, a la ciudad interior de Chongqing, lugar remoto desde el cual parecía difícil llevar a cabo una contraofensiva.

El ejército japonés ocupó la mayor parte de la franja costera oriental de China, controlando los principales centros de producción económica. Al régimen títere de Manchukuo se sumaron otros tres regímenes títeres, uno en Mongolia Interior, que los japoneses querían separar de China como habían hecho con Taiwán y Manchuria, y otros dos regímenes similares en Pekín y Nanjing. En esta última ciudad, ocupada por el ejército japonés el 13 de diciembre de 1937, se desencadenó una campaña de extraordinaria violencia contra la población civil, la llamada masacre de Nanjing, en la que murieron miles de personas (las estimaciones varían mucho según las fuentes; en China se suelen cifrar en trescientas mil las víctimas mortales).

La invasión japonesa supuso también el final de la persecución a la que el gobierno del KMT había sometido al Partido Comunista de China. El estado de crisis nacional forzó la colaboración entre el KMT y el Partido Comunista. Aunque Chiang Kai-shek era al principio reacio a esta colaboración con el Partido Comunista, tuvo que aceptarla a raíz del incidente de Xi'an, cuando el mariscal Zhang Xueliang, militar favorable a una alianza entre el KMT y el Partido Comunista que controlaba la región de Shaanxi, detuvo a Chiang Kai-shek en Xi'an, manteniéndolo prisionero hasta que aceptó el establecimiento de un frente común entre el KMT y el Partido Comunista para defenderse frente a la agresión japonesa.

La invasión japonesa permitió así al Partido Comunista reagruparse en su base norteña de Yan'an, ciudad desde la cual controlaban una parte de Shaanxi y de Mongolia Interior, así como la totalidad de Gansu y Ningxia. Muchos intelectuales afines al Partido Comunista, como la escritora Ding Ling, se unieron a los comunistas en Yan'an, mientras el régimen debilitado de Chiang Kai-shek mantenía un control tenue sobre el sur de China desde la capital provisional de Chonqqing.

La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial frenó el avance japonés en China. Además, la rendición de Alemania en mayo de 1945 permitió al victorioso Ejército Rojo soviético intervenir en Manchuria el 8 de agosto de ese año, dos días después de la bomba atómica lanzada por los Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y un día antes de la bomba sobre Nagasaki, que forzaría la rendición japonesa y su retirada de Asia continental.

El final de la guerra supuso la salida definitiva de Japón del territorio chino. Manchuria, Taiwán y las zonas ocupadas durante la Guerra Sino-Japonesa volvían a estar bajo soberanía nominal china, y Chiang Kai-shek restablecía el gobierno de Nanjing. Sin embargo, las fuerzas comunistas de Yan'an, muy fortalecidas por los años de guerra y por la intervención soviética en Manchuria, aumentaban su control sobre numerosas zonas de la China rural. La salida de los japoneses dejaba paso así a una guerra civil abierta entre el KMT de Chiang Kai-shek y los comunistas de Mao Zedong.

A pesar de los intentos de mediación de los Estados Unidos y la Unión Soviética, la tensión entre el KMT y el Partido Comunista siguió en aumento tras la derrota de Japón. Ninguna de las dos partes quería ceder en sus principios fundamentales, especialmente los comunistas, que habían afianzado su control del norte del país. La tregua entre los dos bandos se rompió en la primavera de 1946, cuando se reanudaron los combates.

A pesar de que el gobierno del KMT dominaba la mayor parte de las ciudades, el control que el Partido Comunista tenía sobre el campo y sus victorias militares en Manchuria, acabarían siendo decisivos para la victoria final de estos últimos.

El gobierno de Nanjing intentó mejorar su imagen mediante reformas políticas y económicas. Aunque las reformas políticas tuvieron cierto éxito, con la aprobación de una nueva constitución en 1947 (que sigue en vigor hasta hoy en Taiwán), y la celebración de elecciones, la política económica no fue capaz de controlar la hiperinflación desbocada, que aumentó el descrédito del gobierno de Chiang Kai-shek, quien por vez primera había asumido el cargo de presidente. Mientras tanto, los comunistas aumentaban el territorio bajo su control.

Desde el norte, los comunistas iniciaron el avance hacia el sur. En 1948, controlaban la ciudad de Harbin en el extremo norte y casi todas las zonas rurales de Manchuria, donde sólo Changchun y Mukden se mantenían en manos del gobierno de Nanjing. Ese año, los comunistas pasaron de las tácticas de guerrilla a la guerra abierta, tomando varias ciudades importantes, como Kaifeng y Jinan. En enero de 1949, el ejército comunista entró en Tianjin y en Pekín. En esta última ciudad, las tropas comunistas entraron sin violencia el 31 de enero de 1949. Bajo el control comunista, Pekín recuperó su nombre tradicional (Beijing, capital del norte, en sustitución del nombre Beiping, paz del norte, utilizado desde 1928), señal de que los comunistas pretendían establecer allí la capital del nuevo régimen.

A pesar de la ayuda económica y material, pero no militar, de los Estados Unidos, el cada vez más desmoralizado ejército de la República estaba ya abocado a la derrota. A lo largo de 1949, los avances comunistas obligaron al gobierno de Nanjing a replegarse hacia el sur. El 5 de febrero la capital se traslada a Guangzhou, y el 26 de mayo Chiang se desplaza a Taiwán, lugar seguro desde el que intenta organizar la contraofensiva. Ya en enero de 1949, Chiang, centrado en las actividades militares, había cedido la presidencia de la República a Li Zongren.

El 1 de octubre de 1949, Mao Zedong proclama en la Plaza de Tian'anmen de Pekín la República Popular China. Chiang vuelve al continente para intentar organizar la defensa de las pocas ciudades aún controladas por los nacionalistas. La capital provisional se traslada a Chongqing el 15 de octubre y, finalmente, a Chengdu el 29 de noviembre. Chiang Kai-shek participa en la defensa de esta ciudad hasta que el 10 de diciembre abandona esta ciudad, junto a su hijo Chiang Ching-kuo, en avión con rumbo a Taiwán. La caída de Chengdu suponía la victoria definitiva de los comunistas en el continente.

Mientras Chiang Kai-shek reestablecía el gobierno de la República de China en Taipéi, su acérrimo enemigo Mao Zedong se convertía en el líder de la nueva República Popular China.

Al principio



República Popular China

Bandera de la República Popular China

El mandarín (pǔtōnghuà) es la forma estándar hablada del chino, excepto en Hong Kong y Macao, donde se utiliza también el cantonés en la expresión oral. El chino es cooficial con el inglés en Hong Kong y con el portugués en Macao. Las lenguas de las minorías étnicas, como el uigur, el mongol o el tibetano, son en cierta medida cooficiales en ámbitos locales. Los datos no incluyen Hong Kong ni Macao.

La República Popular China (chino simplificado: 中华人民共和国, chino tradicional: 中華人民共和國, pinyin: Zhōnghuá Rénmín Gònghéguó) es un Estado situado en el este de Asia, el más poblado del mundo con más de 1.300 millones de habitantes, y el cuarto más grande en cuanto a extensión territorial, tras Rusia, Canadá y los Estados Unidos.

China es, junto con Rusia, el país con más fronteras terrestres del mundo, ya que tiene fronteras con 14 países: Afganistán, Bután, Birmania, India, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Mongolia, Nepal, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Vietnam.

Las ciudades más importantes son Pekín, Shanghái y Hong Kong.

El nombre español "China", similar en la mayoría de las lenguas europeas, parece haber llegado a Europa desde el sur de Asia y, aunque no hay evidencias concluyentes, podría proceder del nombre de la dinastía Qin, la primera dinastía imperial. En la antigüedad, se utilizó también el nombre Catay, que tiene su origen en el pueblo altaico kitán, que fundó la Dinastía Liao en el siglo X. Éste es el nombre con que se llamaba a China en los relatos medievales europeos, como los "Viajes de Marco Polo". El nombre "Catay", en ligeras variantes, pervive aún como nombre habitual de China en algunas lenguas como el ruso y el mongol. En el siglo XVII, el misionero jesuita portugués Bento de Goes demostraría que la "China" visitada por los misioneros europeos era el mismo país que el "Catay" de Marco Polo.

El territorio actual chino ha estado poblado desde tiempos muy antiguos. Destaca entre los pobladores remotos del país el hombre de Pekín, del cual se encontró un cráneo y que los arqueólogos consideran que vivió dentro del norte de la actual China hace unos 500.000 años. Además de épocas más recientes se han logrado múltiples hallazgos de restos de culturas prehistóricas. Una de las zonas con más vestigios de presencia humana antigua en China es el valle del Río Amarillo, donde apareció la primera cultura histórica china: La dinastía Shang (siglo XVII a. C. - siglo XI a. C.). A esta dinastía, conocida sobre todo por los descubrimientos arqueológicos del siglo XX, le seguirá la dinastía Zhou (siglo XI a. C. - 256 a. C.). Durante el periodo Zhou aparecen las escuelas de pensamiento chino antiguas, representadas por pensadores como Confucio, Mencio, Laozi o Zhuangzi.

En 221 a. C. Qin Shi Huang unifica el norte de China y se proclama a sí mismo "primer emperador". El emperador Qin adopta medidas de unificación política y cultural de repercusiones enormes para el futuro de China. Al poco después de su muerte se funda la dinastía Han (206 a. C. - 220), otra de las grandes dinastías chinas.

Tras la dinastía Han se sucederán periodos de unión y de desunión marcados por la caída y ascenso de nuevas dinastías. Entre las más importantes de éstas están la dinastía Tang (618 - 907), que en sus momentos iniciales marcó un momento de esplendor cultural, la dinastía Yuan (1206 - 1368), fundada por los mongoles tras invadir China, y las dos últimas dinastías, Ming (1368 - 1644) y Qing (1616 - 1911), esta última de origen manchú.

El levantamiento de Wuchang el 10 de octubre de 1911 desencadena el final de la China imperial. El revolucionario Sun Yat-sen, fundador del partido nacionalista Kuomintang, vuelve a China para proclamar la República de China, pero se verá obligado a ceder la presidencia a Yuan Shikai, quien depone definitivamente al último emperador. El periodo republicano se caracterizó por la debilidad del poder central, primero en Pekín, y después en Nanjing, donde el sucesor de Sun Yat-sen al frente del Kuomintang, Chiang Kai-shek, establece la capital de la República en 1927. Las invasiones japonesas, primero de Manchuria y después de gran parte del resto de China, mantendrán al país dividido hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Tras la derrota japonesa se reanudó el enfrentamiento entre el Gobierno del Kuomintang y el Partido Comunista de China, desatándose una guerra civil que acabaría en 1949 con la victoria de los comunistas en el continente. El 1 de octubre de ese año, el líder comunista Mao Zedong proclamó la República Popular China. El Gobierno de Chiang Kai-shek se tuvo que refugiar en la isla de Taiwán, única parte del país, junto a algunas islas pequeñas, que quedaría, hasta la actualidad, fuera del control del gobierno comunista.

Bajo la dirección de Mao, China, tras una breve etapa de recuperación, vivió momentos de grandes convulsiones sociales con campañas de masas de corte ideológico, como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural.

Tras la muerte de Mao en 1976, el país estuvo dirigido brevemente por Hua Guofeng, político poco conocido y con escasos apoyos, que acabaría cediendo el poder a partir de 1978 a Deng Xiaoping, el nuevo líder máximo del país. La época de Deng estuvo marcada por las reformas estructurales que provocaron un intenso crecimiento económico que ha continuado hasta la actualidad. A Deng Xiaoping lo sucedieron en el poder sucesivamente Jiang Zemin y Hu Jintao, actual Presidente de la República Popular China.

La estructura de poder en la República Popular China se apoya en tres ámbitos fundamentales: el Partido, y, subordinados a éste, el Ejército y el Estado. La jefatura del Estado corresponde al presidente de la República Popular China, mientras que el líder del Partido es su secretario general y el líder del Ejército Popular de Liberación es el Presidente de la Comisión Militar Central. En la actualidad, estos tres cargos están ocupados por un mismo hombre, Hu Jintao, tal como había ocurrido con su antecesor Jiang Zemin. Esta tendencia a nombrar a una misma persona para los tres cargos pretende evitar las luchas por el poder que esta estructura tricéfala ha provocado en el pasado. De hecho, una de las luchas por el poder más intensas de la historia de la República Popular se produjo en los años 1960 cuando Mao Zedong, como líder del Partido, desplazó del poder al jefe de Estado Liu Shaoqi, lo cual dejaría vacante el puesto de presidente de la República Popular hasta los años 1980.

Bajo la autoridad del presidente, se encuentra el Consejo de Estado de la República Popular China, el órgano de Gobierno. A la cabeza de este Gobierno se encuentra el primer ministro, en la actualidad Wen Jiabao, que encabeza un gabinete con un número variable de viceprimeros ministros, cuatro en la actualidad, además de numerosos ministerios. Mientras que la Presidencia y el Consejo de Estado conforman el poder ejecutivo, el máximo órgano legislativo de la República Popular China es la Asamblea Popular Nacional, parlamento formado por más de tres mil delegados, que se reúne una vez al año.

En la República Popular China no existe un poder judicial independiente. Si bien desde finales de los años 1970 ha habido intentos de desarrollar un sistema legal eficaz basado en gran medida en el sistema de derecho continental europeo, el poder judicial permanece subordinado a la autoridad del Partido. La excepción a este sistema se encuentra en los territorios de Hong Kong y Macao, donde se mantienen los sistemas jurídicos de origen británico y portugués, respectivamente.

Junto al Partido Comunista de China, la República Popular permite las actividades de otros ocho partidos políticos. Sin embargo, estos partidos deben aceptar la autoridad del Partido Comunista y desempeñan un papel meramente consultivo y simbólico. A pesar de las presiones de grupos de activistas por el pluripartidismo en Hong Kong y en las comunidades chinas en el extranjero, los líderes del Partido Comunista siempre se han resistido a aceptar introducir elementos característicos de la democracia pluripartidista. Desde los años 1980, existen elecciones en ámbitos locales, en las que se elige a los jefes de las aldeas. Este tipo de elecciones ha sido extendido recientemente a barriadas urbanas, y hay también elecciones para las asambleas populares del Partido de los ámbitos locales de términos municipales y distritos. Con todo, el sistema de designación de candidatos, que por lo general depende del Partido, hace que sean muchas las voces críticas con este sistema electoral. En Hong Kong y Macao, por su parte, se celebran elecciones legislativas, pero sólo para elegir a un tercio de los miembros de los consejos legislativos de estas dos regiones administrativas especiales.

La República Popular China se subdivide en un primer nivel en 33 entidades administrativas locales: 22 provincias (23 si se incluye Taiwán), cinco regiones autónomas, cuatro municipalidades bajo administración directa del Gobierno central y dos regiones administrativas especiales.

La división administrativa más común es la provincia. Las cinco regiones autónomas están asociadas con las cinco minorías étnicas mayoritarias en el país: los tibetanos, los uigures, los mongoles, los hui y los zhuang. Las áreas metropolitanas de las cuatro ciudades de Pekín, Tianjin, Shanghai y Chongqing tienen un rango similar al provincial, constituyendo las llamadas municipalidades bajo administración directa del Gobierno central. Por último, las antiguas colonias europeas de Hong Kong y Macao mantienen una gran autonomía como regiones administrativas especiales, conservando su propio sistema económico y judicial, además de muchas características propias de estados independientes, como su propia moneda, dominio de Internet, prefijo telefónico, bandera, etc. La República Popular China considera también a Taiwán como una provincia más, aunque en la práctica la isla es independiente, y se encuentra bajo la soberanía del régimen de la República de China, Estado reconocido de manera oficial por sólo 23 países del mundo que no reconocen a la República Popular China (véase Estatus político de Taiwán).

A continuación se listan las provincias, regiones autónomas, municipalidades y regiones administrativas especiales de la República Popular China, junto a los nombres chinos en caracteres simplificados.

El país es el cuarto más grande del mundo en superficie total, y el tercero más grande en superficie terrestre. Dada su extensión, contiene como es natural una gran variedad de paisajes y zonas climáticas. En el este, a lo largo de la costa del mar Amarillo y del mar de China Oriental, hay llanuras aluviales densamente pobladas. La zona costera del mar de China Meridional es más montañosa y en el sur de China prevalece una orografía de colinas y pequeñas cordilleras. En la zona centro del este están los deltas de los dos mayores ríos: el Amarillo y el Yangzi. Otros ríos importantes son el Río de las Perlas, el Mekong, Brahmaputra, el Amur, el Huai He y el Xi Jiang.

Al oeste, predominan las grandes cordilleras, sobre todo el Himalaya, que alcanza su mayor altura en el Monte Everest, y altiplanicies que caracterizan la mayor parte de un paisaje árido con desiertos como el Takla-Makan y el Gobi. Debido a la sequía y a prácticas agrícolas perjudiciales, las tormentas de arena se han convertido en habituales en la primavera. La expansión del desierto del Gobi es la causa principal de estas tormentas que afectan al noreste chino así como a Corea y Japón.

Tras el final de la Guerra Civil China, el Gobierno de la nueva República Popular, bajo la dirección del Partido Comunista de China, comenzó a aplicar una serie de reformas económicas de carácter socialista, tales como la nacionalización de las empresas privadas y la colectivización de la agricultura. Los dirigentes chinos apostaron en un primer momento por el modelo soviético de desarrollo, apoyado en un pacto de cooperación económica con la Unión Soviética, que se reflejaría en el Primer Plan Quinquenal, de marcada influencia soviética, y que se desarrolló entre los años 1953 y 1957.

Tras el Primer Plan Quinquenal, el líder chino Mao Zedong decidió alejarse del modelo soviético y apostar por una movilización masiva de la población con el objetivo de elevar el desarrollo industrial de China hasta los niveles de los países más industrializados. Las medidas económicas alentadas por el presidente Mao en el marco de esta campaña, que sería conocida como el Gran Salto Adelante, resultarían un fracaso y en 1958 los dirigentes comunistas chinos empezaron a dar marcha atrás, paralizando y revirtiendo las políticas adoptadas en este periodo. Al mismo tiempo que las políticas económicas del Gran Salto eran abandonadas, las relaciones entre China y su aliado soviético derivaron en un conflicto abierto, que dejó al régimen chino aún más aislado en la esfera internacional. Las políticas económicas pasarían a un segundo plano debido al intenso conflicto ideológico en el seno del Partido, que se manifestaría en la Gran Revolución Cultural Proletaria, periodo durante el cual muchos líderes del Partido fueron apartados del poder.

Tras la muerte de Mao y el encarcelamiento de la Banda de los Cuatro, el grupo de seguidores de Mao a quienes se atribuyó toda la responsabilidad de los errores de la Revolución Cultural, el dirigente histórico del Partido Deng Xiaoping acabaría haciéndose con el poder e impulsando una serie de reformas económicas que supusieron el abandono de muchas de las políticas de nacionalización y colectivización que habían caracterizado la época maoísta. Aunque el Estado conservaba su función planificadora, bajo la dirección del Partido Comunista, se comenzó a fomentar la creación de empresas privadas, a la vez que se alentaba la entrada de capital extranjero, necesario para financiar el desarrollo de infraestructuras y de una base industrial que en ese momento, finales de los años 70, era aún muy pobre.

A partir de 1979 se aceleraron las reformas económicas de tipo capitalista, aunque manteniendo la retórica de estilo comunista. El sistema de comunas fue desmantelado progresivamente y los campesinos empezaron a tener más libertad para administrar las tierras que cultivaban y vender sus productos en los mercados. Al mismo tiempo, la economía china se abría al exterior.

Las reformas económicas contribuyeron a un crecimiento económico muy intenso a lo largo de los años 80. Tras la intervención del Ejército en las protestas de la Plaza de Tian'anmen de 1989, las sanciones internacionales y la incertidumbre sobre la situación política del país frenaron de manera drástica el crecimiento económico. Sin embargo, a partir de 1992, Deng Xiaoping dio el respaldo definitivo a las reformas económicas, con su famosa inspección del sur, el viaje en el que visitó las zonas de mayor crecimiento económico del delta del Río de las Perlas y de Shanghai. Tras la confirmación de que la política económica mantenía la orientación reformista y de apertura de los mercados chinos al exterior, la economía alcanzó tasas de crecimiento económico sin precedentes. En ese año de 1992 el crecimiento del producto interior bruto alcanzó el 14,2% manteniéndose en torno al 10% durante los años siguientes, hasta la actualidad.

Las reformas en la política económica auspiciada desde el gobierno, para fomentar la inversión extranjera, determinó la creación de zonas económicas especiales en la zona costera, donde se concentró el desarrollo industrial proveyendo el Estado grandes inversiones en instalaciones, servicios públicos y creando centros habitacionales para trabajadores, convirtiendo a China en la mayor potencia manufacturera del mundo, sobre todo en el sector de la producción de electrodomésticos y textiles debido al bajo coste de la mano de obra, cuyo salario en las regiones industriales ronda los 70 euros mensuales. De hecho, se calcula que aproximadamente un 25% de todos los bienes manufacturados del mundo se produce en China.

Un factor determinante en el desarrollo ha sido el trato de nación más favorecida en los tratados comerciales entre China y Estados Unidos de América, los cuales permiten el ingreso de las manufacturas chinas a través de las aduanas como si estas fueran fabricadas en territorio norteamericano.

Desde 2004 la Unión Europea (UE) es el principal socio comercial de China, quien a su vez es segundo socio comercial de la organización europea (Ver: República Popular China y la UE).

El proceso de apertura iniciado en la costa ha permitido a las regiones costeras un despegue económico vertiginoso con tasas medias de crecimiento superiores al 10%. Las regiones interiores, no obstante, han experimentado un despegue económico más moderado, con tasas de crecimiento en torno al 7%. Este despegue a dos marchas ha abierto una brecha entre la costa y el interior.

En enero de 2006, el Departamento Nacional de Estadística revisó al alza el valor total del producto interior bruto del país, que habría sido subestimado en estadísticas anteriores. Debido a esa revisión estadística, la República Popular China (sin incluir a Hong Kong ni a Macao) adelantó a Italia en la clasificación de países por volumen de su producto interior bruto y, una vez contabilizado el propio crecimiento del año 2005 de un 10,1%, la economía china rebasó a las de Francia y el Reino Unido convirtiéndose en la cuarta del mundo con un producto interior bruto total de 2.228.862.000.000 dólares estadounidenses. En el segundo cuatrimestre de 2006 se anunció una tasa de crecimiento interanual del 11,3%, la más alta desde 1994.

Con una población de 1.300 millones habitantes (6 de enero de 2004), es el país más poblado de la Tierra.

La República Popular se considera a sí misma una nación multiétnica, con 56 grupos reconocidos. El 91% son de etnia han. Sin embargo, en una gran parte del territorio, en particular en el oeste, predominan otras etnias.

En un intento de limitar su población, ha adoptado una política que limita las familias urbanas a un sólo niño y las rurales a dos cuando el primero es niña. Debido a que los niños son considerados económicamente más útiles en las áreas rurales, existe un alto índice de abortos femeninos en busca de asegurar que el segundo niño sea varón. Esto da como resultado una proporción entre sexos de 119 niños nacidos por 100 niñas. Esto ha llevado a las autoridades a enfatizar la importancia de la mujer, y ha llegado a prohibir la utilización de métodos médicos para predecir el sexo del feto y penar severamente el aborto selectivo de niñas. Además, el Estado ha emprendido recientemente reformas en su política de planificación familiar suavizando el control de la natalidad e incentivando económicamente a las familias que tengan dos niñas.

La política de planificación familiar china ha recibido tanto críticas como bendiciones por parte de los organismos internacionales. La ONU estima en alrededor de 200 millones la desviación demográfica a la baja producida debido a esta política, lo que ha posibilitado el despegue económico del país.

Con un incremento de unos 10 millones de habitantes anuales, se estima que en el 2043 tendrá unos 1.550 millones de pobladores, y que la población se estancará en torno a esta cifra.

La gran extensión territorial de la República Popular China tiene como consecuencia la presencia en el Estado actual de una gran diversidad cultural. Tras la fundación de la República Popular en 1949, se adoptó una política oficial de reconocimiento de minorías culturales, basada fundamentalmente en el criterio lingüístico, de acuerdo con la cual en la actualidad se reconoce de manera oficial la existencia de 56 grupos étnicos en China.

Esta diversidad cultural se manifiesta de manera especial en las zonas periféricas del oeste de China. Así, en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang gran parte de la población profesa el islam y se hablan lenguas de raíz túrquica como el uigur, el kazajo y el kirguís. Al sur de Xinjiang, se encuentra la Región Autónoma del Tíbet, en la que se habla la lengua tibetana y se profesa el budismo en su forma lamaísta. La cultura tibetana se extiende más allá de la actual región autónoma, ocupando también la provincia de Qinghai y partes occidentales de las provincias de Sichuan y Yunnan. Al norte, en la Región Autónoma de Mongolia Interior, se habla el idioma mongol, y predomina también el budismo lamaísta en combinación con el chamanismo tradicional mongol. En el sur de China, existen numerosos grupos étnicos con reconocimiento oficial que hablan lenguas similares a otras del sudeste asiático como el birmano o el tai. Entre estos grupos destacan los hablantes del idioma zhuang, la minoría étnica más numerosa en China, que da nombre a la Región Autónoma Zhuang de Guangxi.

El principal grupo étnico y cultural del actual Estado chino lo constituyen los llamados "chinos han", el grupo humano generalmente designado como "chinos". Los chinos han representan más del 95% de la población actual del país y ocupan tradicionalmente toda la zona central y septentrional del territorio. En las últimas décadas, la emigración interna ha hecho también que los han se hayan convertido en mayoritarios en muchas de las zonas tradicionalmente no han, como Mongolia Interior, especialmente en los grandes núcleos urbanos.

La cultura han tiene como rasgo de identidad destacado la lengua china, que tiene sus raíces en las primeras inscripciones de la época de la dinastía Shang, en el II milenio a. de C. En la época de la dinastía Zhou, en el I milenio a. de C. se consolida la forma escrita de la lengua: el chino clásico, que será la base de la lengua culta o literaria hasta comienzos del siglo XX. La unidad de la lengua china a lo largo de un periodo tan extenso se debe precisamente al uso de una forma escrita única: la escritura china, basada en varios miles de signos gráficos o caracteres que representan las sílabas, por lo general palabras o morfemas, del idioma.

Precisamente en esa lengua clásica de la época Zhou se escribieron los grandes textos del pensamiento chino antiguo, como las Analectas de Confucio, el Libro de Mencio o el Libro de Zhuangzi. Estos y otros textos recogen las ideas morales y religiosas que han influido en el desarrollo de la sociedad china hasta la actualidad. El confucianismo ha sido, en este sentido, la doctrina ética hegemónica en la sociedad china hasta el siglo XX. Además del confucianismo, existieron otras corriente filosóficas, como el legismo, que dejarían su impronta en los modelos políticos y sociales adoptados por las sucesivas dinastías imperiales chinas. Junto a estas doctrinas de tipo social y ético, aunque no teológico, las creencias religiosas tradicionales chinas suelen agruparse bajo el nombre de taoísmo. La llegada posterior del budismo a China, de origen indio, añade nuevos elementos religiosos a la sociedad tadicional china. El budismo, como religión de origen extranjero, vivió épocas alternativas de respaldo oficial y de persecución a lo largo de los siglos. Sin embargo, en la actualidad las tradiciones budista y taoísta han acabado fusionándose y los chinos con creencias religiosas participan de ambas tradiciones.

En la época contemporánea, la moral tradicional confuciana fue criticada con dureza por el Partido Comunista de China, especialmente bajo el liderazgo de Mao Zedong y de manera particularmente intensa, durante la Revolución Cultural, entre 1966 y 1976. Esto se debía a la visión del confucianismo como un tipo de pensamiento feudal, incompatible con el comunismo. En las sociedades de Hong Kong y Macao, como en Taiwán, se mantuvo el papel predominante del confucianismo como modelo ético. A partir de las reformas de Deng Xiaoping, comenzó a resurgir el interés por la figura de Confucio y el pensamiento tradicional chino.

Los movimientos reformistas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que alcanzaron su punto máximo en el Movimiento del Cuatro de Mayo de 1919, supusieron cambios importantes en la cultura tradicional china, en especial en el ámbito de la lengua. Frente al uso del chino clásico como lengua culta, el movimiento reformista defendió la adopción de una norma culta basada en la lengua hablada. El gobierno de la República de China primero y el de la República Popular después promocionaron la forma pekinesa del chino mandarín como "lengua nacional" (guóyǔ, 國語), en la terminología nacionalista del gobierno republicano del Kuomintang, o "habla común" (pǔtōnghuà, 普通話), en la terminología comunista utilizada desde la proclamación de la República Popular. Además de la adopción del pǔtōnghuà, la República Popular China llevó a cabo otros dos grandes proyectos de reforma lingüística: la adopción del pinyin como sistema de transcripción y representación fonética oficial del chino y la simplificación de los caracteres chinos. Esta última reforma es una de las más controvertidas, dado el valor cultural y emocional asociado tradicionalmente al sistema de escritura. En Hong Kong y Macao, como en Taiwán, continúa usándose la forma tradicional de los caracteres chinos.

En el plano artístico, en China han tenido gran importancia histórica la pintura, en especial la representación de paisajes, la caligrafía, y la poesía como género literario. La edad de oro de la poesía china fue la época de la dinastía Tang, cuando vivieron los poetas principales de la tradición china, como Li Bai, Du Fu, Bai Juyi o Wang Wei. En las artes escénicas, que cobran importancia a partir de la dinastía Yuan, destacan las representaciones cantadas, como la Ópera de Pekín. Entre las novelas tradicionales chinas, destaca el Sueño del Pabellón Rojo, de Cao Xueqin, generalmente considerada la obra cumbre de la narrativa en chino. Durante el siglo XX, el movimiento reformista impulsó un cambio en el estilo del lenguaje empleado y en las propias formas narrativas empleadas. Los autores chinos más representativos de este periodo son Lu Xun, Ba Jin, Shen Congwen y Eileen Chang, entre otros.

Las religiones predominantes de China son el budismo, el taoísmo, el confucianismo y la religión tradicional china que, en muchos casos, son practicadas conjuntamente y en una forma de sincretismo religioso.

Según datos de TheDharma.com la cantidad de budistas en China puede varias del 60% al 80% (entre 600 y 1000 millones) pero es probable que se refiera a los que siguen el budismo de forma sincrética con otras religiones tradicionales así como aquellos que lo siguen más como una filosofía que como una religión. Aún siendo un estado comunista, y por ende ateo, el gobierno brinda cierto apoyo al budismo, como por ejemplo, el patrocinio del Foro Mundial Budista.

El budismo tibetano ó lamaísmo es practicado en Tíbet y Mongolia Interior, pero tiene un fuerte control estatal para impedir que haya sentimientos independentistas. El gobierno chino designó a un Panchen Lama (segundo jerarca del lamaísmo después del Dalái Lama) y continúa teniendo tensas relaciones con el Dalái Lama a quien consideran un líder subversivo.

Las tradiciones budistas chinas más practicadas son de tipo Mahayana, entre las cuales destaca el budismo zen y Tierra Pura.

Algunos recuentos calculan que el taoísmo tiene unos 400 millones de seguidores (Fuente), aunque el dato nunca ha sido exacto. En Adherents.com se establece que la religión tradicional china cuenta con unos 300 millones de seguidores, pero es difícil saber el número exacto de tradicionalistas chino principalmente porque muchos de estos se declaran como budistas. Tampoco hay datos sobre la cantidad de confucianos.

En términos generales, la mayoría de los chinos practican simultáneamente el budismo, el taoísmo, el confucianismo y la religión tradicional china, aunque también existen muchos que siguen el budismo exclusivamente, siendo ésta la religión “organizada” más grande de China y una de las pocas que goza de patrocinio estatal.

Según una encuesta realizada en 2007 por la East China Normal University, se declaran religiosos el 31,4% de los chinos mayores de 16 años: unos 300 millones de personas, de los cuales 40 millones son cristianos, y hay pruebas de que la cifra va en aumento. En 1949 la población católica en China era de 3 a 4 millones. Hoy, el Centro De Estudios Espíritu Santo de Hong Kong estima que es de 12 millones. El fervor por el cristianismo no implica una ruptura con la tradición. En China las religiones occidentales aceptan aspectos de la cultura local, incluida la veneración por los antepasados.

En el 2005, la Asociación Americana de Ayuda a China (CAA) estrenó su primer informe anual sobre la situación de las religiones en China para exponer la persecución a las iglesias en esa región. Bob Fu, presidente de CAA, dijo a La Gran Época que debido a estadísticas incompletas, en el 2007 los números representan solamente una pequeña parte de los cristianos perseguidos por el régimen chino.

Incluso con datos incompletos, las estadísticas indican una tendencia clara de la creciente persecución a las iglesias familiares.

De acuerdo con el informe de CAA, la persecución a los cristianos fue documentada en al menos 18 provincias y un municipio. Se registraron 60 casos en el 2007, que es un 30 por ciento más que en el 2006. El número de víctimas en 2007 aumentó a 788 personas, un 18 por ciento más. Además del número récord de 17 casos de abuso físico, el número de personas arrestadas ascendió a 693.

Además, al menos 84 misioneros extranjeros fueron arrestados, interrogados, deportados o recibieron otras formas de persecución. La grave persecución a la Iglesia ha crecido hasta un dramático 68,6 por ciento desde 2006.

De acuerdo con Fu, el régimen chino ejecutó su persecución hacia los cristianos de manera particular. Fu reveló que primero se concentran en los líderes de las iglesias, especialmente aquellos que son considerablemente estimados. En segundo lugar, la persecución a cristianos occidentales en China ha alcanzado el máximo punto, siendo la supresión más grande a partidarios religiosos chinos desde 1954.

La intensidad de la persecución ha repercutido en muchos países, incluyendo Estados Unidos, Corea del Sur, Israel, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, etc. Además, el régimen chino también incrementó la censura de publicaciones religiosas. Por ejemplo, Hong Zhou de Turkistán Oriental todavía está encarcelado ilegalmente por aceptar una copia de la Biblia.

Liao Tianqi, el editor del centro de información de China en Estados Unidos, dice que mientras la constitución de China estipula que las personas tienen libertad religiosa, en realidad, el régimen solamente permite que existan solo las organizaciones religiosas aprobadas por el estado.

De acuerdo con Liao, un profesor de derecho y cristiano devoto de Washington que fue a China con su esposa para hacer trabajo misionero, fue acosado y arrestado por ayudar a iglesias establecidas en diferentes hogares de la región. Según indicó Liao el hombre “fue condenado por la ‘Conducción de actividades religiosas ilegales’ y luego deportado”.

El Islam es la religión tradicional de diferentes pueblos y nacionalidades de China como los musulmanes uigures y los hui, aunque sólo representan el 1% de la población y fueron perseguidos durante la Revolución Cultural de Mao (destrucción y cierre de mezquitas, quemas del Corán, etc.). La región de Xinjiang tiene más de 15.000 mezquitas y centros de oración, uno por cada pueblo musulmán.

En la República Popular China la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, que cuenta con una importante población musulmana sufre un conflicto violento vinculado a las aspiraciones independentistas de los uigures. La región fue temporalmente independiente desde 1933 a 1945. A partir de 1949, año en el que triunfaba la Revolución China liderada por Mao Zedong, Xinjiang pasaría a estar incorporada al territorio de la República Popular y bajo gobierno comunista quedando restringida la práctica del Islam. A mediados de los años noventa con la transformación internacional del yihadismo hacia objetivos globales, se experimentó una intensificación del activismo terrorista por parte de uigures radicalizados que querían volver a los tiempos del Turkestán Oriental independiente. Iniciándose la perpetración de atentados en la región y en otros lugares de China, incluyendo un ataque bomba que estalló en Pekín en 1997 provocando 2 muertos. El conflicto empezó a conocerse internacionalmente tras hacerse un hueco en los medios de comunicación occidentales tras el 11 de septiembre. Si bien el conflicto se dio firmemente a conocer con la cadena de atentados que los yihadistas iugures cometieron durante los juegos olímpicos, aprovechado como era de prever, el alto impacto mediático. Los atentados son los siguientes: 3 policías asesinados el 12 de agosto; un policía asesinado, dos heridos y 10 asaltantes yihadistas muertos el 10 de agosto en el marco de un atentado suicida perpetrado con una moto contra una instalación policial en la ciudad de Kuqa y al que siguieron diversas escaramuzas; y 16 policías muertos el día 4 del mismo mes en un puesto aduanero de Kashgar, dentro de la provincia musulmana de Xinjiang, atestiguan este incremento en la visibilidad del terrorismo yihadista en China.

China recibió la visita en el pasado remoto de comunidades de judíos, zoroastrianos, maniqueos y cristianos nestorianos que han prácticamente desaparecido. Las prácticas chamanistas son seguidas por muchas de las nacionalidades (como los Yugur que, sin embargo, también practican en gran parte el budismo tibetano).

Una de las mayores polémicas religiosas en China es el Falun Gong, un nuevo movimiento religioso muy perseguido en China y que es ilegal. El gobierno aduce que se trata de una secta apocalíptica peligrosa, pero organizaciones de Derechos Humanos y los propios seguidores (llamados Falun Dafa) aseguran que se trata de una persecución religiosa.

China es una potencia en varios deportes, como el tenis de mesa, el bádminton y el voleibol. La capital china fue sede de los Juegos Olmpicos de Verano de 2008.

Al principio



Historia de China

Cultura de Longshan.

La historia de China, como cronología de una de las civilizaciones más antiguas del mundo con continuidad hasta la actualidad, tiene sus orígenes en la cuenca del Huan Jo Río Amarillo, donde surgieron las primeras dinastías Xia y Shang. La existencia de documentos escritos desde muy antiguo han permitido el desarrollo en China de una tradición historiográfica muy precisa, que ofrece una narración continua desde las primeras dinastías hasta la edad contemporánea.

La enorme extensión del territorio ocupado por el estado actual de la República Popular China hace que, inevitablemente, la historia de todo este territorio abarque, en sentido amplio, a un gran número de pueblos y civilizaciones. Sin embargo, el hilo conductor de la narración tradicional de la historia china se centra, en un sentido más restringido, en el grupo étnico de los chinos han, y está íntimamente asociada a la evolución de la lengua china y su sistema de escritura basado en los caracteres. Es esta continuidad cultural y lingüística la que permite establecer una línea expositiva de la historia de la civilización china, que, desde los textos más antiguos del I milenio a. C., como los clásicos confucianos, y pasando por las grandes historias dinásticas promovidas por los emperadores, ha continuado hasta el presente. Los descubrimientos arqueológicos del siglo XX, muy en especial los de los huesos oraculares, que recogen las primeras manifestaciones escritas en lengua china, han contribuido en las últimas décadas a un conocimiento mucho más detallado de los orígenes de la civilización china.

La narración tradicional china de la historia se basa en el llamado ciclo dinástico, mediante el cual los acontecimientos históricos se explican como el resultado de sucesivas dinastías de reyes y emperadores que pasan por etapas alternas de auge y declive. Este modelo del ciclo dinástico ha sido criticado por muchos autores por dos razones fundamentales. En primer lugar, por su simplismo, ya que el modelo adopta un patrón recurrente en que los primeros emperadores son heroicos y virtuosos, mientras que los últimos emperadores son débiles y corruptos. Esta visión está sin duda influida por la interpretación de las propias dinastías reinantes, que encontraban en la degradación de la dinastía precedente una legitimación de su propio ascenso al poder. En segundo lugar, el modelo dinástico ha sido también criticado por presentar una visión nacionalista artificial, pues lo que en una interpretación alternativa podría verse como una sucesión de diferentes estados y civilizaciones en un mismo territorio, aparece como una mera alternancia de regímenes de gobierno en el marco imperturbable de una entidad nacional única.

A pesar de estas críticas, el modelo del ciclo dinástico permite ver los acontecimientos históricos que han llevado a la formación de la China actual como una estructura lineal de fácil comprensión, lo cual ha mantenido su vigencia entre los historiadores hasta la actualidad. Otra razón principal por la que el estudio de las dinastías y sus emperadores ha sido fundamental entre los chinos en el análisis de su propia historia es el sistema tradicional de datación de fechas, en que cada emperador establecía sus periodos de reinado como marco para contabilizar los años. Así, el año cristiano de 1700 corresponde en el sistema tradicional chino al año 38 de la era Kangxi, mientras que el año 1750 sería el año 15 de la era Qianlong. Incluso hoy en día, en Taiwán al año 2007 se le designa en contextos formales como año 96 de la República. Este uso de las dinastías y sus emperadores para la propia datación de los años ha hecho imprescindible en la tradición cultural china el dominio de la cronología dinástica para adentrarse en el estudio de la historia.

El territorio que actualmente ocupa la República Popular China ha estado poblado desde hace miles de años. Se han encontrado restos de homínidos que constituyen los antepasados más remotos del hombre. Así lo demuestran los restos hallados pertenecientes al hombre de Renzidong; el hombre de Yuanmou; el hombre de Nihewan; el hombre de Lantian; el hombre de Nanjing o el hombre de Pekín. Posteriormente surgirían otras culturas, como el hombre de Dali; el hombre de Maba; el hombre de Fujian o el hombre de Dingcun.

El Homo sapiens hace su aparición hace unos 40.000 años. Hace unos 10.000 años se empieza a cultivar arroz en el río Yangtsé y poco después mijo en la provincia de Henan. En el VIII milenio a. C. las culturas de la zona del valle del río Amarillo se hicieron sedentarias. Un milenio después comenzaría la domesticación de animales.

Entre el VII y VI milenio a. C. surgen las primeras civilizaciones neolíticas, Peilikan y Cishan, precursoras de la cultura de Yangshao, que se fusionaría con las de Dawenkou y Hongshan para dar lugar a la cultura de Longshan, comienzo de la unidad territorial y política de Llanura del Norte de China.

Son los gobernantes mitológicos de China anteriores a las primeras dinastías históricas. Existen discrepancias sobre sus identidades. Los tres augustos pudieron ser Fuxi, Nüwa y Shennong y los cinco emperadores el Emperador Amarillo, Zhuanxu, Diku, Tangyao y Yushun.

Según las Memorias históricas de Sima Qian, la primera dinastía china fue la dinastía Xia, que se habría prolongado desde alrededor del año 2100 a. C. hasta alrededor del 1600 a. C. (XXI a de C. - XVI a de C.), y habría ocupado el curso medio del Río Amarillo. Sus 17 soberanos establecieron las sedes del gobierno en lo que hoy son el sur de la provincia de Shanxi y el oeste de la provincia de Henan.

Los nombres de los reyes de la dinastía son nombrados por Sima Qian con los años de reinado de cada uno. Debe tenerse en cuenta, en todo caso, que Sima Qian escribió su obra más de quince siglos después, por lo que sus datos, basados en las tradiciones que llegaron a esa época, deben tomarse con cautela. Ni siquiera hay pruebas concluyentes de que haya existido la dinastía Xia. Luego de poner fín a las catástrofes que provocaron las crecidas anuales del río Amarillo, Da Yu (Huang Di, el Emperador Amarillo), funda la primera dinastía China, con el apoyo de varias tribus, conquista las mejores tierras de China en la parte norte, expulsando a sus oponentes, entre ellos a los antepasados de los actuales Miao; y se transforma en una sociedad esclavista en la que se admitía la propiedad privada. En la dinastía Xia se elaboró el primer calendario Chino; donde se computan los doce meses según la posición de la Osa Mayor, se explicaba sobre la astrología, los meteoros y otros fenómenos naturales, y se determinaba las labores agricolas y sus actividades políticas de acuerdo a cada mes.

Según el relato de Sima Qian, en el que se basa toda la historiografía china posterior, la segunda dinastía fue la dinastía Shang, que se extendió en el tiempo desde alrededor del 1600 a. C. hasta alrededor del 1100 a. C., otros sostienen que la Dinastía Shang gobernó entre 1766-1045 aC. La existencia de la dinastía Shang también fue puesta en duda por muchos historiadores, en particular los no chinos, hasta que en el siglo XX se produjeron descubrimientos arqueológicos que permitieron comprobar la veracidad de la existencia de muchos de los reyes mencionados por Sima Qian. Los reyes de esta dinastía practicaban artes adivinatorias utilizando los llamados huesos oraculares, omóplatos de buey y caparazones de tortuga, sobre los que inscribían textos en los que se expresaba el resultado del ritual de adivinación. Estos textos inscritos en los huesos oraculares son la forma más antigua conocida de la escritura china (甲骨文 jiǎgǔwén). La confirmación arqueológica de la existencia de los reyes Shang que mucho más tarde mencionaría Sima Qian confirma la meticulosidad con que los chinos registraban el paso del tiempo y los acontecimientos. Esto hace verosímil que también la dinastía Xia haya tenido existencia real.

La dinastía Shang tuvo su capital cerca de la actual ciudad de Anyang, en el Valle Juang He, el reino Shang era una sociedad altamente desarrollada, gobernada por una clase hereditaria de aristócratas. El reino en sí no constaba de un territorio consolidado, sino más bien de una suerte de red de ciudades que respetaban la autoridad del rey. Estas ciudades que compartían cultura vivían junto a otros pueblos que no formaban parte del mundo Shang. Precisamente uno de estos pueblos, procedente de una ciudad de nombre Zhou, derrotó militarmente a los Shang. Tras matar al último rey Shang, el rey de este pueblo ocupó su puesto como soberano, fundando la nueva dinastía Zhou. Estaba dividida en dos clases sociales, la nobleza y los plebeyos, guiados por un sacerdote rey. Realizaron delicadas tallas en jade, tejidos de seda y trabajos en bronce, también durante este período fueron desarrollados los carros de guerra tirados por caballos, y un sistema de escritura; el sistema de escritura Shang usaba más de 3.000 símbolos, tallados en trozos de hueso o caparazón de tortuga. Esta lengua de “oráculo”, evolucionó más tarde en los caracteres usados en el idioma chino. Veneraban a sus ancestros y a un panteón de dioses, practicaban el sacrificio humano y enterraban vivos a los esclavos, en las tumbas de sus amos. La Dinastía Shang terminó cuando una rebelión de esclavos derrocó al último emperador, que se lo consideraba un déspota.

La dinastía Zhou gobernó China desde 1045-256 aC. En el año 1045 aC, la China Zhou Occidental derrocó a los Shang y estableció de esa forma su propia dinastía. La sociedad Zhou tenía un sistema de clases parecido al de los Shang, con aristócratas y plebeyos, y agregaron la clase esclava. La Dinastía Zhou controlaba solamente partes del norte de China, dividiendo el reino en varios estados, cada uno de los estados estaba controlado por un gobernador local, que hacía cumplir la autoridad central. Pasado el tiempo, estos estados crecieron cada vez más independientes, y el poder de la dinastía se debilitó.

En el año 771 aC, una invasión extranjera forzó a los Zhou a abandonar su capital y trasladarse hacia el este, comenzando el período Zhou Oriental. Las ciudades crecieron, creando una clase comercial que usaba dinero en vez del trueque. La fabricación del bronce alcanzó un pico artístico y técnico; hubo grandes pensadores y filósofos durante este tiempo, tales como Confucio y Lao Tzu y durante este período se produjeron cantidad de grandes libros, incluyendo el I Ching o Libro de los Cambios, el Shijing o Libro de los Poemas, el Shujing o Libro de la Historia, el Liji o Libro de los Ritos, y el Chunqiu o Anales de la Primavera y el Otoño.

Los Zhou establecieron dos capitales principales, una en el oeste, Zhouzong, cercana a la actual Xi'an, y otra en el este, Chengzhou, cerca de la actual Luoyang. La primera fue la capital principal de los Zhou hasta el año 771 a. C. En ese año, la corte se traslada definitivamente a Chengzhou. En la cronología tradicional china se divide a la dinastía en dos partes: Zhou Occidental, hasta 771 a. C., y Zhou Oriental desde 771 a. C. hasta 256 a. C., año en que muere el último rey Zhou.

La época de los Zhou Orientales se puede a su vez dividir en dos partes: El periodo de las Primaveras y los Otoños, que abarca de 722 a. C. a 481 a. C., y el periodo de los Reinos Combatientes, que va desde 480 a. C. hasta 221 a. C. El primer periodo toma su nombre de un libro de anales, cuya recopilación la tradición atribuye a Confucio, en el que los capítulos se delimitaban por el comienzo de la primavera y el otoño. De ahí que los dos caracteres 春秋 (chūnqiú) con que se encabezaban los capítulos asumieran el significado de "anales" y dieran nombre al libro. Esta época fue un periodo en el que los reyes Zhou conservaban una autoridad religiosa como poseedores del mandato del Cielo, y ejercían una autoridad política bastante limitada sobre un número de estados en gran medida independientes. Fue también una época de gran esplendor cultural en la que vivieron y escribieron sus obras algunos de los principales pensadores chinos de la antigüedad como Confucio, Mencio o Zhuangzi.

El período de los Reinos Combatientes, por el contrario, estuvo marcado por las guerras entre los diferentes estados, que acabaron negando la autoridad de la corte Zhou. Tras la muerte del último rey Zhou en 256 a. C. se prolongó esta situación de guerra constante, el gobierno central perdió poder y se separo en 7 grandes estados; hasta que el Estado occidental de Qin conquistó a los demás.

El rey de los Qin funda una nueva dinastía y toma para sí el nuevo nombre de 皇帝 (huángdì), de connotaciones religiosas, que traducimos al español por "emperador". A partir de este momento histórico, todos los monarcas chinos posteriores utilizarán este título, abandonando la denominación de "reyes" (王 wáng). El nuevo emperador se hizo llamar 始皇帝 Shǐ Huángdì ("primer emperador"), viéndose a sí mismo como el primero de lo que esperaba fuera una larga dinastía de emperadores. Es la primera dinastía de una China reunificada y mucho más grande que la gobernada por los Zhou. Hoy en día los chinos lo llaman más frecuentemente Qin Shi Huang ("Primer Emperador Qin"). Con él surge, por primera vez en la historia, un estado chino fuerte, centralizado y unificado.

El Estado Qin llevó a cabo una labor intensa de unificación de normas: Se unificaron las pesas y las medidas, así como el sistema de escritura. Se ordenó la tristemente célebre quema de libros, en la que se destruyeron escritos que no se ajustaban al modelo religioso y social del nuevo imperio. Construyó enormes palacios en Xianyang para convertir a sus antiguos enemigos en cortesanos,unificó los fragmentos de muralla construidos durante los siglos anteriores en la Gran Muralla, también inició la construcción de su mausoleo, los famosos Guerreros de Terracota.

A pesar del éxito militar de la unificación, las características del estado Qin hicieron su supervivencia inviable, y éste se vino abajo tras la muerte de Qin Shi Huang. Su crueldad y los numerosos trabajos que impuso al pueblo sembraron el descontento; tras su muerte en 209 a. C., los rebeldes aprovecharon el reinado de su débil hijo Èrshì Huángdì ("Emperador Segundo"),para acabar con la dinastía Qin y arrasar su capital, Xianyang. En 206 a. C., Liu Bang, que dirigía la rebelión militar contra el ejército Qin, se proclama emperador, fundando una nueva dinastía: los Han.

Liu Bang estableció una nueva dinastía, la dinastía Han. China prosperó con rapidez, la agricultura, la industria y el comercio florecieron.

El general Zhang Qian, fue enviado a las regiones del Oeste a buscar los necesarios caballos por continuas guerras contra los hunos, a su vuelta se inauguró la Ruta de la Seda, las sedas chinas se vendían muy bien en esas tierras, de las que llegaban productos hasta entonces desconocidos. Se inventa el papel, lo que ayuda a promover la educación, el sismógrafo y numerosas técnicas nuevas que revolucionan el país. Los ideales que contribuyeron a levantar la dinastía van desapareciendo, el pueblo que se encontraba disgustado va aumentando su rechazo al régimen y surgen revoluciones en distintos puntos del país; como la de los "Leñadores Verdes" y las "Cejas Rojas" obligan a trasladar la capital desde Xi'an a Louyang en el año 25. Y la de los Turbantes Amarillos, en el año 184, acabará por poner fin a la dinastía.

La dinastía Han se divide en dos periodos: Han Occidentales, que tuvieron su capital en Chang'an, y los Han Orientales, que mantuvieron un control menos efectivo sobre el territorio, y tuvieron que desplazar la corte al este, cerca de la actual Luoyang.

Entre ambos periodos, la dinastía Han se vio interrumpida brevemente por el "usurpador" por excelencia de la historia china, Wang Mang, que instauró su propia dinastía Xin e intentó organizar un estado basado en el pensamiento confuciano.

El periodo Han Occidental fue un periodo de prosperidad económica y cultural, especialmente durante el reinado del emperador Wu de Han (Han Wudi, en chino), que derrotó al pueblo nómada Xiongnu, y abrió rutas comerciales con Asia Central e India, en particular la Ruta de la Seda, la cual, al intensificar los contactos entre China y otros pueblos asiáticos, hizo posible la entrada del budismo en China. Durante el reinado del emperador Wu, el gran historiador chino Sima Qian completó las Memorias Históricas, obra comenzada por su padre, Sima Tan, en la que se narra toda la historia china hasta aquel momento.

Tras el fracaso de las reformas radicales de Wang Mang, y el reestablecimiento de la corte Han en el este, el Estado se enfrentó a una época de declive económico en la que se produjeron numerosas insurrecciones contra el poder central. La más importante de estas rebeliones fue la Rebelión de los Turbantes Amarillos. La autoridad del emperador Han fue decayendo mientras que los dirigentes militares locales adquirían más poder. El último emperador Han, el Emperador Xian se convirtió en un títere de los militares poderosos, primero de Dong Zhuo y después, tras la muerte de éste en un golpe de estado en 192, de Cao Cao, una de las figuras más importantes en la historia china, que fracasaría en su intentó de mantener unido el Imperio.

Es el período en que China, se halla dividida tras la caída de la dinastía Han, y por las luchas que se extienden por el país. Brevemente se unifica bajo los Jin del Este, para nuevamente ser dividida en numerosas dinastías de breve reinado. Se destaca la dinastía Wei del Norte (386-534), fundada por los Tuoba, un pueblo de la familia de los Hunos, que desde las capitales Datong y luego en Luoyang, dan un impulso al establecimiento del budismo, se inició la construcción de las majestuosas cuevas, Yunggan, Longmen, Mogao.

La autoridad de Cao Cao en Luoyang, donde el poder nominal aún residía en el emperador Xian, le enfrentó a sus dos rivales militares Liu Bei y Sun Quan. Tras la Batalla de los Acantilados Rojos, en el año 208, en que éstos derrotaron a las tropas de Cao Cao, el imperio quedó dividido en tres. En el año 220, tras la muerte de Cao Cao, su hijo Cao Pi derrocó al último emperador Han, y se proclamó emperador en Luoyang de la nueva dinastía Wei. Liu Bei no aceptó la legitimidad de la nueva dinastía y en 221 se autoproclamó continuador de la dinastía Han en Chengdu, en el estado de Shu, actual provincia de Sichuan. Del mismo modo, Sun Quan, desde su base de poder en el bajo Yangzi, tras fracasar en los intentos de alcanzar un acuerdo con Cao Pi, fundó el Reino de Wu en 222, y unos años después, en 229, se proclamó emperador. De este modo, China quedó dividida en tres reinos, Wei, Shu-Han y Wu, que se disputaban la legitimidad de la continuidad de los Han.

La reunificación de China se produjo bajo la dinastía Jin, que puede dividirse en dos etapas: los Jin Occidentales (265 - 316), que consiguieron unificar China, y los Jin Orientales (317 - 420), que continuaron gobernando el sur de China.

En el año 263, las tropas de Wei conquistaban el estado de Shu, con lo que los tres reinos se convirtieron en dos. En 265, Sima Yan, de la prestigiosa familia Sima, descendientes de Sima Qian, derrocó al emperador Wei, acabando con el poder de la familia Cao, e instauró la dinastía Jin. En el año 280, los Jin conquistaron el reino de Wu, con lo que consiguieron reunificar bajo la nueva dinastía el antiguo imperio Han.

Esta unificación no duraría mucho tiempo. La corte Jin en Luoyang se veía amenazada por los pueblos nómadas del norte que habían formado varios estados y gozaban de una larga tradicición militar. Estos estados del norte acabarían conquistando las capitales; Luoyang en el año 311, y Chang'an en 316. Así, el estado Jin desapareció del norte de China, que pasó a estar dividido en dieciséis reinos. La conquista del norte por parte de los pueblos nómadas o seminómadas provocó un importante éxodo de población hacia el sur. La corte Jin se reconstituyó en la ciudad sureña de Jiankang, cerca de la actual Nanjing, donde seguiría gobernando hasta el año 420.

Los historiadores chinos han dado el nombre de "periodo de los Dieciséis Reinos" a la época comprendida entre los años 304 y 439, durante la cual el norte de China atravesó una etapa de fragmentación política y de caos. Estos dieciséis reinos habían sido formados por pueblos de etnia no china.

Precisamente sería otro pueblo de etnia no china, los tuoba, los que consiguieran unificar el norte de China al derrotar a todos estos pequeños estados y proclamar la dinastía Wei del Norte en el año 440. Con la unificación del norte, China queda dividida en dos estados: Uno en el norte, en el que se sucederán las llamadas dinastías septentrionales: Wei del Norte, Wei del Este, Wei del Oeste, Qi del Norte y Zhou del Norte; y otro en el sur, en el que, al ser derrocado el último emperador Jin en 420, se sucedieron cuatro dinastías en la corte de Jiankang: los Song, Qi, Liang y Chen.

En el año 581, Yang Jian, que fue primer ministro del último emperador de los Zhou del Norte toma el poder, y tras derrotar a las dinastías del Sur unifica China de nuevo, estableciendo la dinastía Sui.

En el año 581 Yang Jian, general del ejército de la dinastía Zhou del Norte, se hizo con el poder y proclamó una nueva dinastía: los Sui. Ocho años después, en 589, la dinastía Sui derrotaba a la débil dinastía Chen del sur, con lo que conseguía la reunificación del sur y el norte.

Tras la reunificación, se inició una etapa de reformas institucionales y de consolidación del poder central. En esta época se construyó el Gran Canal y se amplió la Gran Muralla China. También fue una época de promoción del budismo. En el año 604, Yang Guang sucedió a su padre en el trono. Tras una serie de reveses militares en las regiones fronterizas, se produjeron insurgencias militares. El segundo emperador Sui moría asesinado en el año 617. Se intenta mejorar con reformas la situación del pueblo, pero son traicionadas por su hijo, desencadenándose una sucesión de guerras campesinas, que finalizan con la toma del poder por Li Yuan, en el año 618, que funda la dinastía Tang, con capital en Xi'an.

En efecto, en el año 618, un año después de la muerte del último emperador Sui, el militar Li Yuan asumía el poder como emperador Gaozu de la nueva dinastía Tang. En el año 624, su hijo, tras haber matado a dos de sus hermanos frente a la puerta de Xuanwu en Chang'an, le obligaba a abdicar, convirtiéndose en el segundo emperador Tang, Taizong. Tras la muerte violenta del primer heredero al trono, un segundo hijo del emperador fue nombrado heredero, y subiría al trono como emperador Gaozong en 649. Durante el reinado de Taizong, una de sus concubinas, que había sido anteriormente concubina de su padre, alcanzaría un gran poder de influencia hasta el punto en que finalmente, después de seguir gobernando desde la sombra bajo el reinado de dos de sus hijos, ella misma se convertiría en emperatriz.

Así, tras derrocar a su propio hijo, el emperador Zhongzong, la Emperatriz Wu se convirtió en la primera y única mujer que gobernaría China en toda su historia. Al subir al trono, proclamó una nueva dinastía Zhou.

El reinado de la emperatriz Wu estaría marcado por su intento de legitimar su poder, cuestionado por muchos que veían una vulneración de las normas confucianas en la presencia de una mujer en el trono imperial. La emperatriz patrocinó el budismo y, en especial, formas de éste que daban legitimidad a su poder.

En el año 705, la emperatriz Wu, que, según las crónicas existentes, tenía ya 80 años de edad, fue derrocada y su hijo el emperador Zhongzong retomó el poder, restaurando la dinastía Tang. Tras varios años de luchas internas, el emperador Xuanzong consolidaría el poder de la dinastía.

A pesar de todas estas luchas por el poder que se sucedieron en estos años, esta primera parte de la dinastía Tang fue una época de esplendor cultural y en la que el imperio dominaba grandes extensiones de terreno, incluso partes de Asia Central, en la actual Región Autónoma de Xinjiang, que no volverían a estar controladas por un emperador chino hasta la última dinastía Qing. En la visión tradicional china, la dinastía Tang representa una de las épocas gloriosas de China.

Sin embargo, esta época de esplendor tendría su fin al final del reinado de Xuanzong. A pesar de la aparente fortaleza del imperio, el general de origen centroasiático An Lushan dirigiría uno de los mayores intentos de rebelión de la historia china: La Rebelión de An Lushan, que sacudiría los cimientos del estado chino en el año 755.

A pesar de que el estado, en manos del nuevo emperador Suzong logró finalmente sofocar la rebelión en el año 763, las consecuencias se sentirían en los siguientes siglos.

La pérdida de poder efectivo por parte del estado, que para acabar con la rebelión había tenido que hacer concesiones a militares y a pueblos fronterizos, como los uigures y los tibetanos, hizo que el control efectivo sobre los recursos del territorio se redujera de una manera drástica. El modelo de estado centralizado y fuerte que habían implantado los Tang se vino abajo, y no volvería a existir un estado fuerte y centralizado hasta la proclamación de la República Popular China en el siglo XX.

Mucho más debilitada, la dinastía Tang se mantendría en el poder en Chang'an hasta principios del siglo X.

En el año 904, el dirigente militar Zhu Wen lanzó un ataque contra Chang'an, destruyendo la ciudad y haciendo matar a la corte del emperador. Finalmente, en 907 Zhu Wen hizo matar al último emperador Tang y proclamó una nueva dinastía: la dinastía Liang, con capitales en las ciudades de Luoyang y Kaifeng.

Tras el fin de la dinastía Tang, con la fundación de la dinastía Liang en el norte de China, se inicia una etapa de inestabilidad que vería sucederse cinco dinastías breves en el norte de China (dinastía Liang Posterior, dinastía Tang Posterior, dinastía Jin Posterior, dinastía Han Posterior y dinastía Zhou Posterior), mientras que en el sur aparecieron diez reinos independientes. A esta época, de 907 a 960, los historiadores chinos la conocen como "periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos", o simplemente "de las Cinco Dinastías".

Las Cinco Dinastías (Wu Dai) y los Diez Estados (Shi Guo), hacen referencia a los reinos formados tanto en el norte, Wu Dai, como en el sur, Shi Guo. La historiografía china ignora el sur, denominando este período sólo por las casas reinantes del norte: Liang, Tang, Jin, Han y Zhou, que conforman las Cinco Dinastías. A partir de la caída de la dinastía Tang cuando se inició un movimiento basculante, en el que el sur va a sustituir al norte desde un punto de vista no sólo económico sino también político y artístico. El norte, amenazado eternamente por las invasiones, llevo a sus habitantes al sur de Yangzi, donde se sentían protegidos de los bárbaros y donde pudieron desarrollarse económicamente a través de la agricultura o el comercio. Entre los pueblos invasores los kitanes se impusieron sobre el resto e instauración la dinastía Liao (907-1125). Se extendieron geográficamente desde la actual Manchuria a la provincia de Hebei, conquistando la ciudad de Yu (hoy, Beijing); su poder fue muy grande, eso le permitió exigir un tributo a la dinastía Jin (936-943) y continuar sus conquistas hacia el sur. Junto a los kitanes, con una menor fuerza y presencia, se estableció un pueblo procedente del Tíbet, los Shato, que por medio de su poderío militar impusieron sus formas de gobierno y costumbres a los Han, residiendo su valor en su poderío militar, en vez de en la razón y la fuerza de su cultura. Mientras en el norte se fueron creando estructuras políticas más o menos sólidas que daban entrever la posibilidad de una reunificación, los Diez Estados del Sur (Shi Guo) se debilitaron por pequeñas guerras de conquista, facilitando la invasión de los reinos del norte.

En el año 960, Chao Kuangyin (Emperador Daizu, 960-976), inició el proceso de unificación del país, inaugurando una nueva dinastía, la Song.

En el año 960, el militar de la dinastía Zhou del Norte Zhao Kuangyin fundaba la dinastía Song, continuación de las cinco dinastías que se sucedieron en el norte tras la caída de los Tang. Esta dinastía, que estableció su capital en Kaifeng, consiguió conquistar los reinos del sur y reunificar gran parte del territorio que había estado bajo soberanía Tang.

Durante la dinastía Song se produjo un gran desarrollo del comercio. Se generaliza el uso de dinero, y aumenta de manera espectacular el movimiento de personas y mercancías dentro del país. Este aumento del comercio lleva a la aparición de grandes ciudades.

Durante el periodo Song, se sucedieron tres estados importantes formados por pueblos de etnia no china en el norte. Los kitán (o khitan) fundarían la dinastía Liao en el noroeste. En el noroeste, en las actuales regiones de Gansu y Ningxia, los tangut fundan la dinastía Xia Occidental. El tercero de estos estados, y el más importante, sería la dinastía Jin, fundada por los yurchen (o jürchen), que llegaría a conquistar el norte de China, obligando a los Song a huir al sur en el año 1127. Estos tres estados adoptaron el modelo dinástico chino, por lo que la historiografía tradicional china los incluye en los listados de dinastías.

El periodo Song se pude dividir en dos partes: "Song del Norte", hasta 1127, cuando la dinastía controlaba la parte principal del territorio histórico de China, y "Song del Sur", de 1127 a 1279, periodo durante el cual la corte Song hubo de refugiarse en el sur, estableciendo la capital en la actual Hangzhou, después de su derrota frente a los Jin. Desde el sur, los Song mantenían el objetivo de reconquistar el norte, pero nunca pudieron hacer frente a la superioridad militar de los pueblos altaicos.

La reunificación de China se produciría, paradójicamente, gracias a la conquista del territorio chino por otro pueblo extranjero procedente del norte: los mongoles.

Por razones de política exterior tuvo dos capitales, la primera de ellas fue Pian (hoy Kaifeng) en la provincia de Henan, donde la dinastía Song del Norte reinó del 960 a 1127. Por el avance de los kitanes y de los mongoles hacia el sur se aconsejó trasladar la capital a Linan (hoy Hangzhou) en la provincia de Zhejiang, iniciándose un segundo período denominado Song del Sur (1127-1279).

Durante la dinastía Song surgió el renacimiento intelectual y artístico Song, debido al desarrollo del comercio interno y externo, así como medidas políticas encauzadas hacia la coexistencia con los pueblos del norte mediante el pago de tributos. El ministro del emperador Shenzhong (1068-1085)Wang An-Shih (102-1086), fue quien desarrollo estas reformas con el (Memorándum de las diez mil palabras) o la articulación del cambio social adecuado a los nuevos tiempos. Existía una ausencia de movilidad social, por el asentamiento de una clase ilustrada (Shih) sobre el rígido sistema de exámenes, esta fue una de las causas por las que las innovaciones tecnológicas y económicas no constituyeron el motor del cambio social, como si sucedió en Europa. Wang An-Shih, con sus reformas políticas y económicas, intentó dotar a la clase mercantil (shang) de suficiente poder con el fín de poder contrarrestar la falta de movimiento de los Shih, por eso es que introdujo en las materias de examen al Estado el conocimiento técnico y científico, ignorados hasta esa época. Favoreció también el desarrollo del papel moneda y las letras de cambio, con el fín de agilizar el comercio entre las diferentes regiones, así como proteger a los pequeños propietarios y campesinos equilibrando la presión fiscal. Desarrollo el sistema de graneros, como despensa del Estado. El desarrollo de las comunicaciones interiores y la navegación favorecieron el desarrollo económico, pero no fueron eficaces para frenar el avance militar de los pueblos del norte. En el año 1127, tras la captura del emperador Huizong y de la emperatriz regente, la corte huyó a la ciudad de Nanjing y de ahí a Hangzhou, donde se estableció provisionalmente. La ciudad de Hangzhou se convirtió gracias a la dinastía Song en una ciudad rica y en la más poblada del mundo, con un modo de vida absolutamente diferente al del norte, debido al desarrollo de su economía monetaria y de la exportación del té y la porcelana.

La dinastía finalizó con la victoria militar de los mongoles y el inicio de la dinastía Yuang.

Los mongoles, pueblo nómada del norte de lengua altaica, llegarían a establecer uno de los mayores imperios de la historia de la humanidad. Bajo su gran líder Chinguis Jan (o Genghis Khan), las conquistas mongolas llegaron a unir bajo un mismo imperio territorios tan distantes como Europa Oriental, Irán y China.

El propio Chinguis Jan logró la conquista de los Xia Occidentales. Su hijo Ögedei Jan, el segundo jan, derrotaría a los Jin en 1234.

El imperio mongol había sido dividido en cuatro partes. Una de ellas, el Gran Janato, ocupó gran parte del territorio de las actuales China y Mongolia. En el año 1271 el Gran Jan, Kublai Jan, fundó una dinastía al estilo chino, bajo el nombre Yuan, con capital en Pekín.

Kublai Jan, ya como emperador Yuan, derrotó definitivamente a la dinastía Song del Sur en la batalla de Yamen en 1279.

Los emperadores mongoles tuvieron que enfrentarse a la tarea difícil de gobernar una sociedad muy diferente de la suya. Clasificaron a la población en varias categorías étnicas y, tras un periodo de interrupción, reanudaron los exámenes imperiales para captar funcionarios para la administración.

El periodo Yuan estuvo marcado por una gran inestabilidad social, situación agravada por desastres naturales, como las inundaciones en el valle del Río Amarillo, que provocaron hambrunas, y también por la epidemia de peste, que afectó a una gran parte del territorio.

El desorden social del final de la dinastía Yuan provocó numerosas rebeliones contra los mongoles. Un líder rebelde de origen humilde, Zhu Yuanzhang, funda la dinastía Ming en 1368, estableciendo la capital en Nanjing.

A Zhu Yuanzhang, el emperador Hongwu, le sucederá, tras una breve guerra civil, su hijo el emperador Yongle, que trasladará la capital a Pekín.

El emperador Hongwu de la Dinastía Ming, murió a la edad de 71 años, sobrevivió a la muerte de la emperatriz y de su hijo y heredero por cinco años. Docenas de concubinas fueron quemadas vivas en su funeral y enterradas con el; la tumba esta en el sector norte de la Montaña Morada (Montaña Morada de Oro) en Nanjing, China, la construcción de la misma comenzó en el año 1381 y terminó en 1405.

Durante el reinado de Yongle, China se convertiría en la primera potencia marítima del mundo, como evidencian los siete viajes de Zheng He al sur de Asia y África. Sin embargo, estos viajes no tendrían continuidad. Probablemente por el coste que éstos habían supuesto para las arcas del Estado, China abandonó su flota y renunció a continuar las expediciones marinas.

En el ámbito económico, durante el periodo Ming cae en desuso el papel moneda, debido a los problemas de inflación que generaba, y se empieza a utilizar la plata. A pesar de que los Ming habían prohibido el comercio con extranjeros, la escasez de plata en China hace que surjan numerosos contactos comerciales con Japón y, más adelante, con los portugueses, establecidos en Macao desde mediados del siglo XVI, y con los españoles, que transportaban plata de América a Filipinas.

En el año 1644, la dinastía Qing, procedente de Manchuria, conquista Pekín.

En China, la dinastía Qing ha sido considerada una dinastía opresora. Los manchúes impusieron su estilo de peinado y su forma de vestir a la población china, y la lengua manchú se utilizaba para los asuntos más importantes en la corte, dominada por la clase dirigente de origen manchú.

La dinastía Qing consolidaría la expansión territorial de China, incorporando al imperio Taiwán, Tíbet, Xinjiang y Mongolia.

A pesar de la fortaleza militar del imperio Qing, se sucedieron las rebeliones contra éste. La más importante de las rebeliones antimanchúes fue la Rebelión Taiping, que causaría millones de muertos entre 1851 y 1864.

A lo largo del siglo XIX se sucedieron las disputas comerciales con las potencias occidentales, que dieron lugar a la Primera Guerra del Opio, que enfrentó a China con el Reino Unido entre 1839 y 1842, y a la Segunda Guerra del Opio, entre 1856 y 1860, en la que una alianza franco-británica tomó la ciudad de Guangzhou. El resultado de estas guerras fue la firma de los tratados de Nanjing y de Tianjin, por los que el Reino Unido consiguió la soberanía sobre parte del actual territorio de Hong Kong, además de derechos comerciales y de navegación para las potencias occidentales.

En las últimas décadas de la dinastía Qing, bajo el mando de la poderosa Emperatriz Regente Cixi continuaron los conflictos con las potencias extranjeras por disputas comerciales. Además, la rivalidad con Japón por la influencia sobre Corea provocó la guerra chino-japonesa entre 1894 y 1895. Tras la derrota china en esta guerra, se firma el Tratado de Shimonoseki, por el que China reconocía la independencia de Corea, que pasaba a estar bajo influencia japonesa, y cedía Taiwán a Japón.

La derrota frente a Japón hizo crecer el desprestigio de la dinastía Qing. El descontento con el gobierno imperial manchú se manifestó en la aparición de numerosos movimientos revolucionarios que pedían la formación de una república.

El 10 de octubre de 1911 se produce el Levantamiento de Wuchang, rebelión contra la dinastía Qing en la actual ciudad de Wuhan, que provoca la Revolución de Xinhai, que acabará con el derrocamiento definitivo del último emperador Qing, Puyi, en 1912.

El líder revolucionario chino Sun Yat-sen, al tener noticia del levantamiento de Wuchang, vuelve a China desde Estados Unidos. Aunque Sun llega a ser nombrado Presidente de la República de China, el país se encuentra dividido, dominado por dirigentes locales, y llega a un acuerdo con el destacado militar Yuan Shikai, que controlaba los restos del ejército Qing en el norte, para que éste sea presidente.

La ambición de Yuan Shikai, que llegaría a autoproclamarse emperador en 1915, hace crecer la oposición a éste. China se encontraba aún dividida, y Sun Yat-sen vuelve del exilio para instalarse en Guangzhou, desde donde dirige el Kuomintang, el partido político que él había fundado. En Guangzhou, Sun Yat-sen funda la Academia Militar de Whampoa, en la que se formará el ejército que, bajo el mando de Chiang Kai-shek, sucesor de Sun Yat-sen al frente del Kuomintang, conseguirá conquistar gran parte de China y establecer en Nanjing la capital de la República de China, cumpliendo la ambición de Sun Yat-sen.

Chiang Kai-shek se convierte en presidente de la República y, desde el principio, tendrá que enfrentarse a dos problemas. Por un lado, el Partido Comunista Chino, a pesar de varios periodos de colaboración con el Kuomintang, lucha por establecer un régimen comunista. Por otro lado, el imperialismo japonés presiona a China. En 1931 Japón conquista Manchuria, y establece allí el estado títere de Manchukuo. En 1937 el ejército japonés inicia una invasión a China.

Durante la invasión japonesa, el gobierno de Chiang Kai-shek abandona la capital Nanjing, ocupada por Japón, y se repliega al interior, estableciéndose en la ciudad de Chongqing.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Japón abandona sus conquistas en Asia, y China recupera Manchuria y Taiwán.

Cuando parecía que el gobierno de Chiang Kai-shek podría ya lograr consolidar la estabilidad de la república, se reanuda el enfrentamiento con los comunistas. Éste se convierte en una guerra civil total a partir de 1947.

En contra de las previsiones, los comunistas logran vencer al ejército de la República. El gobierno del Kuomintang, junto a parte del ejército y muchos de sus simpatizantes, se va a Taiwán, desde donde confiaba en poder reconquistar el continente. Esta situación, sin embargo, acabaría manteniéndose y la República de China continúa existiendo en la actualidad en la isla de Taiwán.

El 1 de octubre de 1949, el líder del Partido Comunista Chino Mao Tse-Tung proclama la República Popular China desde la puerta de Tian'anmen de la Ciudad Prohibida de Pekín.

Mao fue el líder máximo de China hasta su muerte en 1976. Su periodo de gobierno estuvo marcado por profundas conmociones sociales y políticas, como las campañas del Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural.

Tras la muerte de Mao, el sucesor elegido por éste, Hua Guofeng, no consiguió consolidar el poder, que acabó en manos de Deng Xiaoping.

Deng Xiaoping inició un proceso de reformas económicas y apertura comercial al resto del mundo. Desde entonces, la economía china ha conseguido crecer a un ritmo espectacular. A pesar de estos éxitos económicos, la represión política se manifestó de una manera especialmente trágica en 1989, con la intervención del ejército para acabar con las protestas de la Plaza de Tian'anmen.

Tras la muerte de Deng, su sucesor Jiang Zemin mantuvo el poder hasta que entre los años 2002 y 2004 fue sustituido en todos sus cargos por el actual Presidente de la República Popular China Hu Jintao.

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