Cataluña

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Publicado por grag 25/02/2009 @ 16:36

Tags : cataluña, españa

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Selección de fútbol de Cataluña

La Selección de Cataluña frente a Colo-Colo de Chile en un encuentro amistoso el 9 de junio de 1927.

La Selección de fútbol de Cataluña es el nombre con que históricamente se ha conocido a las formaciones que han competido bajo la jurisdicción de la Federación Catalana de Fútbol (FCF). La selección catalana de fútbol no está reconocida por la FIFA y por lo tanto sólo puede jugar partidos amistosos a nivel internacional. Sin embargo sí puede competir oficialmente como selección autonómica en el seno de las competiciones de la Federación Española de Fútbol.

Actualmente la selección absoluta masculina tiene como nuevo seleccionador a Pere Gratacós desde diciembre de 2005, habiendo tenido a Ángel Alonso (Pitxi) como anterior seleccionador (periodo 1995-2005).

La creación de las Federaciones Deportivas Catalanas fue el reflejo de la pasión deportiva de parte de una sociedad que estaba más próxima a Europa que el resto de la península. Así, en 1903 se creó la Federación Catalana de Fútbol (FCF), que fue la semilla necesaria para que el año siguiente la selección disputara su primer partido.

Según la propia Federación Catalana de Fútbol, el primer partido fue disputado contra el Real Club Deportivo Español, que apenas hacía cuatro años que se había fundado y, a pesar de que entonces todavía no era Real, se acababa de proclamar Campeón de la Copa Cataluña. El juego, en homenaje a los campeones catalanes, se diputó el 30 de mayo de 1904, en el campo que entonces existía en el Hospital Clínico.

En 1912 y con un equipo formado por jugadores de varios clubes catalanes, la selección (denominada entonces Football Associació Catalana) hace su debut considerado serio. Es un inicio no muy glorioso para la selección porque en este primer partido en el Estadio de Colombes de París recibe 7 goles y las críticas son feroces. A pesar de todo, en la revancha a casa, el españolista Genaro de la Riva, da la victoria a los catalanes marcando el único gol del partido.

Los éxitos, como la consecución de la Copa del Príncipe de Asturias de Fútbol el segundo año de su creación en 1915, pero también los fracasos, marcan los siguientes años.

Poco después, concretamente en 1920, nace la selección española.

El 13 de marzo de 1924 tiene lugar un hecho histórico: un enfrentamiento España - Cataluña. Se trata del primero de tres partidos de estas características y en el que el combinado catalán pierde por 0-7. Hay que señalar que en la selección española juegan tres catalanes, Ricardo Zamora, Vicenç Piera y Josep Samitier; este último autor de dos goles.

La proclamación de la Segunda República Española en 1931 marca un antes y un después en la selección catalana. La federación española concede a la catalana autonomía para organizar sus propios campeonatos, pero una autonomía entre comillas. Y es que bien pronto la federación española hace un plan para unificar las competiciones y eliminar los campeonatos regionales.

El primer partido de la era republicana es un Cataluña - Checoslovaquia que los catalanes ganan por 1-0. Como anécdota, decir también que en 1934 la selección catalana juega dos veces contra Brasil, en Barcelona en el campo de las Cortes, donde gana por 2-1, y en Gerona donde empata 2-2.

Durante la Guerra Civil Española la selección tiene, evidentemente, poca actividad. Únicamente se juegan partidos organizados para recoger fondos para varias causas. Es en esta época también entra en la selección catalana el primer jugador de color: se trata de Francesc Betancourt, un hombre que siente los colores y, a pesar de su origen cubano, se siente catalán.

Tras la guerra y con Francisco Franco en el poder, se entra en una etapa desoladora para el fútbol catalán. Los decretos dictatoriales suprimen los campeonatos regionales, entre otras muchas cosas, y para poder continuar con una selección nacional y, por lo tanto, poder jugar con equipos internacionales, se le pone el nombre de Selección de Barcelona. Sin embargo en los partidos regionales se continúa denominando Selección Catalana.

El marzo de 1948 se da una situación curiosa. Se tiene que disputar un partido en el que juegan una selección de Barcelona (con jugadores del Fútbol Club Barcelona y Espanyol) y una de Cataluña (con jugadores del Sabadell, del Gimnàstic y del Badalona). Dos años más tarde, otra situación peculiar: en un partido contra el San Lorenzo de Almagro, se forma un tipo de selección de Países Catalanes: una selección mixta Cataluña - País Valenciano. Un hecho curioso, cuando menos, en pleno franquismo.

De esta época es también el memorable partido que la selección juega con el Bolonia, un partido que las 50.000 personas que tienen la suerte de ver definen como redondo e inolvidable. El jugador Estanislau Basora dice: «Aquel día yo era el capitán de la selección que dirigía Lasplazas. Jugamos un partido extraordinario y acabamos ganando por 6-2. Me habría gustado jugar más partidos con la selección catalana pero en fin, los que disputé los recuerdo con mucho afecto, sobre todo el del Bolonia». En este partido la gran atracción es también la presencia de Di Stéfano y Kubala jugando con la selección.

En la década de 1960, la selección catalana tiene poca actividad y después de la muerte de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975 todo el mundo cree que empezará una nueva etapa. Pero inicialmente no es así.

Después de jugar contra la Unión Soviética el 9 de junio de 1976, la selección catalana no vuelve a jugar hasta al cabo de 14 años y en un partido benéfico que, además, no organiza la federación sino que es una iniciativa de Sabadell.

Un homenaje a Kubala en 1993 y un enfrentamiento con el propio Barça dos años más tarde, son los partidos que disputa la selección catalana antes del Catalunya - Bulgaria de 1997. Es en este partido que la Federación Catalana quiere consolidar definitivamente la selección y darle carácter anual. Y así es porque un año después, el 22 de diciembre de 1998, la selección catalana se enfrenta a Nigeria. La selección gana por 5-0 a su rival, que es ni más ni menos, que el verdugo de España en el mundial.

Si el Cataluña - Bulgaria ya fue todo un acontecimiento, en este partido la opinión pública catalana se vuelca todavía más en ello y es el momento también de la presentación en sociedad de la Plataforma Pro Selecciones Catalanas con Xavier Vinyals al frente. Empieza aquí un movimiento popular para reclamar una selección propia para Cataluña.

El 1995 la Federación Catalana de Fútbol (FCF) ofreció a Pitxi Alonso, un castellonense de nacimiento pero catalanista confeso, la posibilidad de entrenar la selección absoluta autonómica. Poco se pensaba, tal como él mismo reconoce ahora, que llegaría a hacer una convocatoria para jugar contra Brasil o Argentina, con un Camp Nou lleno a rebosar y estando en primera plana de la actualidad deportiva.

Sin embargo, los inicios de Pitxi fueron complicados: los clubes -sobre todo los de fuera de Cataluña- no estaban dispuestos a ceder sus jugadores a la selección y ponían tantas trabas como podían para impedir tener que dejarlos participar con el combinado catalán. Con todo, estos conflictos se fueron puliendo poco a poco y parcialmente -puesto que los arrastró durante toda su trayectoria como preparador-, gracias la proliferación de selecciones autonómicas, cosa que restaba importancia al partido anual de Cataluña.

Así, el primer gran partido de la selección de Pichi Alonso llegó en 1997 contra Bulgaria (1-1), un conjunto donde participaba uno de los extranjeros del Barça más implicados con los combinados catalanes, Hristo Stoichkov. Era la primera gran fiesta del fútbol catalán después de muchos años y unas 35.000 personas se reunieron en el Estadio Olímpico Lluís Companys. El ex delantero culé y perico Daniel García Lara, Dani, hizo el gol catalán, mientras que Stoichkov marcó el del empate para Bulgaria.

Un año más tarde, el 1998, el conjunto dirigido por Pitxi demostró que estaba en fase de crecimiento con un nuevo partido, entonces contra Nigeria (5-0), que citó a cerca de 54.000 personas. Òscar García -dos goles-, Albert Celades, Raúl Tamudo y Joan Barbarà festejaron el gran aumento de público con un gran partido, donde Cataluña empezaba a exhibir parte de su potencial.

A partir de entonces, todavía con la ilusión intacta, la era Alonso entró en una fase de cierta monotonía. Los partidos de la selección se sucedían, pero muchos pedían hacer un paso más por no aburrir los aficionados. Con todo, las cosas no cambiaron mucho y Yugoslavia (1-0) fue el rival de 1998, en el último partido que Pitxi y los suyos jugaron en el Estadio Olímpico Lluís Companys.

Desde entonces, los partidos pasaban a disputarse en el estadio del FC Barcelona, el Camp Nou. Lituania (5-0) y Chile (1-0) fueron los primeros en jugar en el nuevo estadio contra la selección catalana.

A pesar de la situación de cierta rutina en que se encontraba la selección catalana, los dirigentes de la Federación Catalana de Fútbol supieron encontrar una solución original: un doble compromiso contra el Brasil de Ronaldinho y compañía. El primer partido fue el del 2002, solucionado con un 1-3 a favor de los brasileños gracias a los goles de los entonces todavía futuros jugadores culés Ronaldinho y Edmílson. Aquel partido, que suponía la primera derrota de Pitxi como seleccionador catalán, dejó como nota más positiva el récord de público para ver un partido del combinado catalán: cerca de 98.000 espectadores.

El segundo encuentro con Brasil (2-5) se disputó dos años más tarde puesto que entre los dos partidos los jugadores catalanes jugaron contra la selección china (2-0). Entonces, en el segundo partido, los sudamericanos llegaban como campeones del mundo y hicieron gala de su condición. Golearon a los catalanes, pero el público salió satisfecho por el gran espectáculo ofrecido por los dos conjuntos. Además, Gerard López y Sergio García marcaron dos goles al campeón del mundo. Para Pitxi, los dos partidos contra el Brasil y la imagen del Camp Nou lleno a rebosar son de los mejores recuerdos de su paso por la selección.

Despacio Alonso iba viendo cosas poco agradables para él. A la carencia de ayudas para conformar un equipo con garantías, se unió la percepción que desde Cataluña, las altas esferas mandatarias no estaban del todo interesadas en trabajar por su causa. Y esto fue determinante: él llevaba tiempo poniendo su grano de arena, pero veía cómo poca gente con cuotas de poder ayudaba en el esfuerzo.

Así, después del partido contra Argentina (0-3), Alonso ya habló de cambio de ciclo. Poco después, confirmaba que no tenía ninguna intención de renovar su contrato como técnico de la selección de Cataluña, que finalizaba el 30 de junio.

Al principio



Cataluña

Bandera de Cataluña

Cataluña (en catalán Catalunya, en aranés Catalonha) es una comunidad autónoma española situada al nordeste de la Península Ibérica. Ocupa un territorio de unos 32.000 km² que limita al Norte con Francia (Mediodía-Pirineos y Languedoc-Rosellón) y Andorra, al Este con el Mar Mediterráneo a lo largo de una franja marítima de unos 580 kilómetros, al Sur con la Comunidad Valenciana (Castellón), y al Oeste con Aragón (Zaragoza, Teruel y Huesca). Esta situación estratégica ha favorecido una relación muy intensa con los territorios de la cuenca mediterránea y con la Europa continental. La capital de Cataluña es la ciudad de Barcelona.

En el territorio catalán habitan actualmente 7.364.078 personas en un total de 946 municipios de los que 63 superan los 20.000 habitantes (en los que vive el 70 por ciento de la población catalana). Dos tercios de la población vive en la Región Metropolitana de Barcelona. Constituye un territorio muy denso y altamente industrializado, liderando el sector en España desde el siglo XIX y su economía es la más importante de entre las comunidades autónomas, al generar el 18,7% del PIB español, siendo la cuarta en PIB per cápita, tras País Vasco, Navarra y Comunidad de Madrid.

Cataluña fue durante la Edad Media uno de los territorios principales de la Corona de Aragón. Con el declive de la Corona decayó Cataluña, que no volvió a destacar hasta la industrialización. Su historia y su lengua son muy valoradas por sus habitantes y para muchos son la base de su identidad colectiva.

La etimología de Cataluña permanece incierta aunque han sido varias las posibilidades señaladas. El topónimo como tal no aparece en forma escrita hasta 1117 aunque en la forma latina que surge en el poema pisano LIBER MAIOLICHINUS DE GESTIS PISANORUM ILLUSTRATIBUS , de Laurentius Veronensis. En ese texto, en que se describe las gestas que los pisanos realizan con los catalanes para abordar la conquista de Mallorca, aparecen varias referencias al conde Ramón Berenguer III (Dux Catalanensis, Rector Catalanicus hostes, Catalanicus heros, Christicolas Catalanensesque) así como referencias étnicas como catalanenses o catalanensis y al territorio de éstos, Catalania. La primera vez que aparece en catalán es en el Llibre dels fets de Jaime I el Conquistador, ya a finales del siglo XIII. Sin embargo, la razón de este nombre no está clara. Algunos postulan que la palabra procede de Gotholandia (país de los godos) a través de Gothia o Gotia que era como los francos denominaban también la Marca Hispánica, debido a la presencia de población visigoda en Septimania y el norte de la actual Cataluña tras la caída del reino visigodo, aunque la transformación fonética es discutible. De igual modo, se sugiere Gothoalania (país de godos y alanos) pese a no haber referencias de este segundo pueblo en territorio catalán. Un historiador medieval, Pere Tomic, sugiere la existencia hacia el siglo VIII de un caballero alemán llamado Otger Cathaló, al que por sus gestas de conquista, Carlomagno dedicó su nombre a las tierras del sur de los Pirineos. Otra propuesta sugiere que por las necesidades defensivas de la Marca se levantaron muchas fortificaciones. Sus guardas eran los castellanos que en el bajo latín medieval tomaría el nombre de castlanus de cuya voz surgen las formas catalanas castlà, catlà y carlà. De éstas formas, los extranjeros que pasaban por sus tierras habrían comenzado a nombrar así a los habitantes y su territorio (català > Catalonia, Catalaunia), por lo que Cataluña significaría «tierra de castillos». Sin embargo, esta explicación también se ha desestimado por dificultades fonéticas. Autores modernos como Ronjat (Grammaire historique des parlers provençaux modernes) y Grammont (Sur la métathèse) defienden que el topónimo procede de una alteración de la latina referida a los lacetanos (LACETANI). La transformación se daría por metátesis entre la -l y la -c: lacetanos > catelanos > catelans. Este proceso debió darse entre las capas populares y en tiempos remotos, previos a cualquier influencia erudita. Actualmente, esta etimología y la referida a los godos son las más extendidas. Además de las comentadas hay aún más propuestas etimológicas menos conocidas.

Cataluña tiene una diversidad geográfica relativamente muy marcada, teniendo en cuenta lo relativamente pequeño de su territorio. La geografía está condicionada por el litoral mediterráneo al este, con 580 kilómetros de costa, y las grandes unidades de relieve de los Pirineos al norte.

El actual estado geológico de Cataluña puede comenzar a describirse desde los primeros grandes cambios del paleozoico. Inicialmente el territorio formaba parte de una cuenca oceánica en la que, por reposo orogénico, se depositaban materiales sedimentarios finos y argilosos. El desarrollo de plegamientos hercinianos determinó una sedimentación más irregular que posteriormente produjo la emersión (de baja altura) de varias áreas de orientación noroeste-sureste como el macizo del Ebro (actual Depresión Central Catalana) y el macizo Catalanobalear, que surgieron al final de la era. Los materiales sedimentados de la época se transformaron en gneis, esquisto y pizarra que aflora hoy día en la mitad norte de las Cordilleras litorales y Pirineo axial.

La era mesozoica cubrió de nuevo las áreas emergidas durante la era anterior, lo que provocó una sedimentación tranquila bajo el mar, generando gran cantidad de material calcáreo. Hoy en día este material se encuentra en la mitad sur de las Cordilleras litorales y en el Prepirineo.

Al inicio de la siguiente era, la cenozoica, las placas tectónicas euroasiática y africana toman contacto y suavemente comienza a elevarse un dorso de pliegues y sierras mediante orogénesis alpina que dará lugar, entre otras, a los Pirineos. Este empuje incide también en el movimiento del macizo Catalanobalear hacia el suroeste, cubriendo el macizo del Ebro, aún sumergido, lo que va generando que se vaya depositando materiales que darán lugar a la futura Depresión Central. En la línea de costa se acumulan conglomerados depositados por los ríos y que darán lugar a las elevaciones destacadas de los macizos de Macizo de Montserrat, Sant Llorenç del Munt, etc. Mientras, hacia el interior de la cuenca se acumula arenas y argilas que darán lugar al gres. En cerrarse el macizo del Ebro, en forma de golfo, se originó un gran lago salado. Sus aguas fueron expuestas a una intensa evaporación que finalmente dieron lugar a grandes depósitos salinos que hasta hace poco aún se extraía de Súria y Cardona. La segunda mitad de la era erosionó por descompresión gran parte del macizo Catalanobalear, permaneciendo en una estrecha línea que conforman la Depresión prelitoral, el llano de la Cerdaña, del Ampurdán, etc. Al final del periodo, los movimientos alpinos inciden en el surgimiento de volcanes en la zona de Olot que perdurarán hasta el cuaternario y los glaciares del Pirineo acaban por conformar el territorio.

El relieve de Cataluña presenta, a grandes rasgos, tres grandes unidades morfoestructurales generales: los Pirineos, la formación montañosa que conecta la Península Ibérica con el territorio continental europeo y queda situado al norte de Cataluña; otra unidad formada por una alternancia de elevaciones y llanuras en paralelo a la costa mediterránea, llamado Sistema Mediterráneo Catalán o Cordilleras Costero Catalanas y una última unidad estructural situada entre las anteriores llamada Depresión Central que configura el sector oriental del Valle del Ebro.

El Pirineo catalán representa casi la mitad en longitud de todo el Pirineo español, pues se distribuye a lo largo de más de 200 kilómetros. Tradicionalmente se ha diferenciado el Pirineo Axial, el principal, del Prepirineo (meridional en el territorio catalán) y que son unas formaciones montañosas paralelas a las sierras principales aunque de menor altitud, menos escarpadas, y de una formación geológica diferente. Ambas unidades son más anchas en el sector occidental que en el oriental, y es ahí donde presentan sus mayores cumbres. La elevación más alta de Cataluña, que se encuentra al norte de la comarca de Pallars Sobirà, es la Pica d'Estats con 3.143m de altitud. Le siguen el Puig Pedrós con 2.914m y el Puigmal con 2.910m, todos en la frontera con Francia. Del Prepirineo destacan varias sierras y cimas como la sierra del Cadí (Vulturó, 2.648m) o la de Pedraforca (Pollegó Superior, 2.497m).

El Sistema Mediterráneo Catalán tiene su base en dos cordilleras más o menos paralelas entre sí y entre el mar siguiendo una orientación noreste-suroeste y son la Cordillera Litoral, la más próxima al mar y la Cordillera Prelitoral detrás de la anterior. La Cordillera Litoral es menos extensa y de menor altitud (Turó Gros, Sierra del Montnegre, 773m) mientras que en la Prelitoral el rango es más amplio y de mayor altitud (Turó de l’Home, 1.706m). Dentro del sistema se encuentra una serie de tierras llanas, cuyas entidades mayores la forman la Depresión Litoral y la Depresión Prelitoral. La Depresión Litoral se sitúa al borde de la costa y es previa (exceptuando algunos sectores) a las Cordilleras Litorales. La Depresión Prelitoral se sitúa en el interior, entre las dos cordilleras litorales, y constituye la base de las tierras llanas del Vallés y el Penedés. Otras llanuras mayores son la Depresión de la Selva y el Llano del Ampurdán, mayoritariamente en las comarcas de la Selva y Ampurdán respectivamente. Finalmente, en el Sistema también se incluye la Cordillera Transversal, que son unas formaciones tardías al norte de la Cordillera Prelitoral y en contacto con el Pirineo y Prepirineo, originando así altitudes medias y volcanes en la zona de la Garrotxa hoy en día extintos.

La Depresión Central Catalana es una llanura situada entre los Prepirineos y la Cordillera Prelitoral. Las comarcas del sur de la provincia de Lérida y las centrales de Barcelona ocupan este territorio. Sus tierras se sitúan entre los 200 y los 600 metros de altitud en un continuo de oeste a este, aunque cuenta con algunas estribaciones intermedias. Las llanuras y el agua que baja de los Pirineos han transformado esta zona en grandes campos de cultivo en los que se han construido numerosos canales de riego.

Cataluña goza de un clima mediterráneo, aunque con grandes variaciones de temperatura entre el litoral costero, con un clima suave, templado en invierno y muy caluroso en verano; el interior que tiene un clima continental mediterráneo, con inviernos fríos y veranos muy calurosos; y las zonas montañosas próximas a los Pirineos, que tienen un clima de alta montaña, con mínimas bajo cero y nieve abundante en invierno, precipitaciones anuales por encima de 1.000 mm y veranos menos calurosos.

Cataluña pertenece casi en su totalidad a la cuenca mediterránea. La red hidrográfica catalana presenta dos grandes cuencas hidrográficas mayores, la cuenca hidrográfica del Ebro y las cuencas internas de Cataluña de un tamaño similar sobre el territorio (15.038 km² -46,84%- y 16.513 km² -51,43%- respectivamente), vertiendo ambas al Mediterráneo, a las que acompaña la cuenca del Garona que vierte sus aguas sobre el Atlántico y se extiende por 554 km², el 1,73% del territorio catalán.

La cuenca del Ebro en Cataluña se sirve principalmente del río Segre como mayor tributario, cuya cuenca en solitario alcanza los 7.455 km², y al que se le suman como afluentes las cuencas de la Noguera Pallaresa (2.811km²) y Noguera Ribagorzana (1.013 km²). Todos los ríos siguen un eje Pirineos-Ebro. Tras la afluencia del Segre, el Ebro se dirige hacia el Delta irrigando mediante otros afluentes un territorio de 3.757 km², en buena medida enclavado en el área de las Tierras del Ebro (Terres del Ebre).

Las cuencas internas de Cataluña se dividen habitualmente a partir de aquellos ríos que nacen en los Pirineos y aquellos que lo hacen en las Cordilleras Costero Catalanas. Las cuencas que conforman el eje Pirineos-Mediterráneo las conforman los ríos Llobregat, Ter, Fluvià, Muga y Tec (que discurre hacia el Rosellón). Estas cuencas discurren por un área de 9.622 km². Las cuencas restantes, siguiendo el llamado eje Mediterráneo, nacen tanto en la Cordillera Litoral, Prelitoral como en la Llanura del Ampurdán y riegan sus aguas por 6.890km². Los ríos más importantes son (de norte a sur) el Daró, Tordera, Besòs, Foix, Gaià, Francolí y Cenia.

La más pequeña de las cuencas catalanas, la del río Garona, discurre mayoritariamente por el Valle de Arán. Recibe aguas de numerosos ríos y barrancos que bajan por las laderas de las montañas del valle, y dentro del territorio catalán sus afluentes más largos son el Arriu Unhòla y el Arriu de Varradòs.

La cuenca del Ebro aporta una media de 18.700 hm³ anualmente, mientras que las cuencas internas únicamente disponen de 2.020 hm³ al año. El desequilibrio viene causado por la aportación previa del Ebro (alrededor de 6.700 hm³/año) al que se le añade el aporte pirenaico del Segre (alrededor de 12.000 hm³/año) hacia el sur de la provincia leridana. Es alrededor de las comarcas de la Depresión Central que se ha aprovechado esas aguas para construir numerosos canales de regadío. Destacan los Canals d'Urgell (478 hm³) y el Canal de Aragón y Cataluña (362 hm³). Sin embargo, pese a su reducido caudal, de todas las cuencas españolas, es de las Cuencas Internas de Cataluña donde se utiliza más el agua para consumo humano (518 hm³). Este desequilibrio ha promovido el aprovechamiento en las comarcas litorales y orientales de aguas subterráneas, de las que Cataluña dispone bastantes reservas. De todas formas, es habitual que en periodos de escasez de precipitaciones se produzcan cortes en el suministro a poblaciones, incluso en primavera. Por ello han sido consideradas varias opciones de trasvases fluviales. Para el abastecimiento de agua se cuenta con 28 embalses, de los cuales diez funcionan en la cuenca del Segre. El más antiguo es el pantano de Camarasa, construido en 1920.

En el territorio hay pocos lagos considerables. La mayoría se encuentran en el Pirineo catalán en forma de pequeñas lagunas (estanys), originados por antiguos circos glaciares. De estos, son famosos los del Parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, aunque el mayor de todos es el Lago de Bañolas, de origen cárstico.

La costa catalana la divisa una línea generalizada de más de 500 km de longitud, aunque en definición alcanza los 754,8 km. La costa tiende a ser rectilínea sin grandes accidentes. Los únicos accidentes marítimos los configura el contacto de los Pirineos con el mar, formando el Cabo de Creus, junto al cual se halla el golfo de Rosas. Posteriormente y hasta Blanes aparece la Costa Brava, caracterizada por acantilados de pequeña altura y calas escondidas. Luego sigue una larga línea de playas del Maresme, en paralelo a la Cordillera Litoral, y que solo se corta por los varios puertos comerciales y pesqueros. La costa de Barcelona se caracteriza por playas artificiales y un gran puerto comercial que se extiende a lo largo de más de nueve kilómetros. La parte sur del puerto se desarrolló sobre la llanura del Delta del Llobregat, que tras el puerto dibuja una línea suave costa de algo más de 18km. Luego el macizo del Garraf articula las costas en destacables acantilados y hasta después de Sitges la costa no vuelve a ser rectilínea (a excepción de nuevo de numerosos puertos) y orientándose hacia el sur, hasta la altura del puerto de Tarragona. Éste es el segundo mayor puerto de Cataluña y se extiende por más de 5 kilómetros, antes de entrar en el Cabo de Salóu. Las playas de esta zona toman el nombre de Costa Dorada en su vertiente turística. Hacia el sur la costa es de nuevo suave, y se caracteriza por una menor ocupación humana. El último gran accidente geográfico lo determina el Golfo de Sant Jordi y las tierras bajas del Delta del Ebro, donde se hallan islas y penínsulas, como las de la Punta del Falgar al norte y La Banya al sur, que queda unida al delta por la playa del Trabucador. La arena de las playas catalanas es generalmente dorada, y con cierta tendencia a ser granulosa al norte y más fina al sur.

A pesar de la población y la industrialización de Cataluña, buena parte del suelo se conserva intacto a la mano del hombre. El paisaje forestal se distribuye por 18.257km² (2002 ), y se aprecia especialmente en las zonas montañosas del norte y la costa. Esto incluye bosques claros y espesos (esclerófilos, caducifolios y aciculifolios) así como la vegetación de zonas húmedas. Estos bosques ocupan el 56,8% de la superficie catalana. Por extensión, la siguiente cubierta la ocupan los cultivos, extendiéndose por el 32,5% del territorio (10.448km²). De éstos, destaca la agricultura de secano, (7.069km²), extendido por muchas comarcas y siendo característicos de la Segarra, Solsonès, Bages y Anoia entre otras. El cultivo frutal de secano se extiende principalmente del sur de Ponent y las Tierras del Ebro. Respecto a la vid, las viñas se extendían ese año por 769km², principalmente en el Penedès. La extensión del regadío es más restringido (2.611km²) y se distribuye principalmente por el Segrià, Pla d'Urgell y alrededores, sobretodo mediante los numerosos canales de irrigación, así como el Delta del Ebro, y en menor medida, en el Ampurdán, la Cerdaña y en la costa de Barcelona. El cultivo de árboles frutales por regadío es menos extenso, y se produce especialmente en el Segrià y el Campo de Tarragona.

La presencia humana tenía en 2002 una extensión de 1.520km² (un 4,7% del territorio catalán) y se concentra, en general, en la costa, especialmente en el Área metropolitana de Barcelona. Destaca la extensión de las urbanizaciones, superior al de los núcleos urbanos, y posteriormente el área destinada al uso industrial y comercial (229km²).

Finalmente, el terreno inutilizado o inservible constituía un 5,4% (1.740km²) y se extendía principalmente por las cumbres pirenaicas en forma de vegetación rasa o prado. La superficie ocupada por las aguas (de ríos, lagos o presas) era de 150,5km², solo un 0,5% de la superficie catalana.

La protección del entorno natural catalán ha crecido rápidamente durante los últimos años. A fecha de 2006 el territorio terrestre protegido ascendía a 9,608km², prácticamente el 30% de Cataluña. Los espacios difieren en grado de protección; en este sentido, el parque de con mayor rango y antigüedad lo constituye el único Parque nacional en territorio catalán, el Parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici , inaugurado en 1955. Sin embargo, era ya desde 1932 que se pretendía proteger algunos espacios del Pirineo en el llamado Plan Macià. Hasta después de la restauración democrática y el gobierno autonómico no se volvió a legislar para proteger espacios naturales. Actualmente son varias administraciones (el Ministerio de Medio Ambiente, la Generalidad de Cataluña y la Diputación de Barcelona, junto a varios consorcios de municipios) las que se encargan de velar, proteger y promocionar los espacios protegidos. La Generalidad además de cogestionar el Parque de Aigüestortes, gestiona una red de 11 parques naturales, 3 Paratges Naturals d'Interès Nacional, una reserva natural (Delta del Llobregat) y una reserva marina (Islas Medas). Por su parte, la Diputación de Barcelona dispone de una Red de Parques Naturales (Xarxa de Parcs Naturals) dirigido por el Área de Espacios Naturales de la Diputación que extiende los espacios protegidos por 12 parques de diferentente grado de protección, algunos gestionados junto a la Generalidad. Además de esos parques, existe una red más extensa de espacios específicos protegidos mediante leyes menos específicas cuyo objetivo es aunar la diversidad del territorio catalán y su flora y fauna local. Esta red, llamada PEIN (Pla d'Espais d'Interès Natural) incorpora además los parques naturales y nacionales antes mencionados que sí cuentan con una legislación específica. A fecha de abril de 2007, los espacios incluidos en el PEIN ascendían a 165.

La población de Cataluña a 1 de enero de 2008 era de 7.364.078 habitantes, con un porcentaje de personas de origen inmigrante del 15%.

La ciudad de Barcelona alberga a 1,6 millones de personas en 100 km² de superficie; lo que la convierte en la ciudad más densamente poblada de España y una de las de más densidad de Europa .

Alrededor de la capital se acumulan 2,5 millones de personas más que residen en un radio de menos de 25 km respecto a la capital. En la primera corona metropolitana se encuentran las ciudades de Hospitalet de Llobregat, Badalona, Santa Coloma de Gramenet, y Cornellá. Las principales poblaciones de la segunda corona son Tarrasa, Sabadell, Montcada i Reixac, Granollers, Martorell, Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Gavà y Castelldefels.

El resto de la población de Cataluña se vertebra en la costa norte (Costa Brava), la costa sur (Costa Dorada), el valle del río Llobregat hasta Manresa, y las ciudades interiores de Lérida (al oeste) y Gerona (al noreste).

En Cataluña se hablan varias lenguas con especial preponderancia del catalán y castellano o español. Además, de acuerdo con el estatuto de autonomía se considera al catalán lengua propia de Cataluña, en tanto que el occitano (en su variante aranesa) se considera lengua propia del Valle de Arán. Generalmente los catalanes son bilingües y conocen las dos lenguas principales aunque difieren respecto al idioma que tienen por lengua materna. Además, el uso de uno u otro idioma depende del ámbito social en el que se exprese.

El idioma catalán se extiende más allá del territorio catalán. En Cataluña se hablan los dos bloques principales de la lengua. El oriental tiene como máximo exponente el dialecto central, hablándose en las comarcas del norte de Tarragona, Barcelona, y Gerona, en cuya región pirenaica se atisban rasgos de catalán septentrional. El occidental es el propio de las comarcas occidentales de Cataluña (provincia de Lérida y sur de las tarraconenses) y muestra rasgos similares al valenciano, con el que forma un continuo y en cuya intersección se encuentra el tortosino. La Generalidad ha venido desarrollando legislación que promueve y protege el uso social del catalán. En 2003, la catalana era considerada la lengua materna del 40,4% de los catalanes, la propia del 48,8% y la de uso habitual del 50,1%.

El castellano se distribuye también uniformemente por el territorio, si bien tiende a concentrarse en las áreas urbanas, y de éstas su máxima representación se halla en el área metropolitana de Barcelona. Sus hablas son dispares y no muestran un dialecto específico. Algunos hablantes del castellano que son originarios de otras regiones de España muestran rasgos fonéticos y dialectales propios de su tierra de origen, mientras que otros neutralizaron esos rasgos, ya sea a voluntad, por contacto con catalanohablantes o por la influencia de los medios de comunicación. Los catalanohablantes que hablan castellano muestran algunas influencias de su lengua manterna y cuyos rasgos son, a veces, estereotipados como los propios de los catalanes al hablar en lengua castellana. En 2003, el castellano era considerado la lengua materna del 53,5% de los catalanes, la propia del 44,3% y la habitual del 44,1%.

La comunidad inmigrante o foránea instalada en Cataluña a menudo mantiene su lengua materna para comunicarse con sus familiares o hablantes de su mismo idioma que residan también en el territorio. De éstas, aparte del castellano hablado por los inmigrantes procedentes de Hispanoamérica, destacan sobre todo el árabe y el chino, si bien su número se extiende considerablemente en ciudades que, como Barcelona, con habitantes de hasta 131 nacionalidades, muestra un amplio repertorio lingüístico, de los que además de los citados, destaca, el francés, el portugués, el alemán y el inglés. La encuesta estadística de usos lingüísticos de la Generalidad realizada en 2003 revelaba también la presencia importante de hablantes de gallego.

En el actual territorio catalán han existido durante la historia varias lenguas. La primera conocida, o parcialmente conocida es la lengua ibera, que es el origen etimológico de varios topónimos, de igual manera que en la zona noreste de la región se encuentran topónimos cuyo origen se encuentra en el protovasco; aunque no se sabe con exactitud los hábitos lingüísticos de sus hablantes. El estudio de la colonización e implantación griega del Ampurdán evidencia el uso del idioma griego como lengua local, y cuyos pobladores tal vez aprendieron el ibero para llevar a cabo sus intercambios comerciales. La llegada y establecimiento de los romanos es más clara y la implantación del latín, más evidente, sobre todo en cerámica y toponímica. La conquista de Hispania y victoria de los romanos solo fue posible tras la victoria sobre los cartagineses, aunque la breve presencia de este pueblo fenicio no dejó influencias notables en la actual Cataluña. Durante un tiempo se creyó que Barcelona fue una fundación cartaginesa, con el establecimiento de población de esa etnia, aunque posteriormente se desestimó y se cree ésta un establecimiento romano sobre una población previa indígena. La romanización, iniciada ya en el siglo II a. C. penetró profundamente en los íberos que dejaron gradualmente su lengua para adoptar el latín, si bien, en algunas zonas pirenaicas siguió hablándose alguna forma de vascuence durante algunos siglos más. Es posible la llegada de comunidades judías, de habla hebrea, establecidas en Barcelona u otras ciudades ya en el siglo IV.

Posteriormente, con la llegada de los pueblos germánicos, se estableció una población de lengua gótica que ocupó los estratos de poder, aunque progresivamente adoptaron algunas costumbres romanas y su lengua, que ya había evolucionado al estadio tardío y mostraba algunas diferencias entre las provinciæ. Sin embargo, la aparición de diferencias sustanciales no llegó hasta el siglo IX, posterior a la entrada de los musulmanes en la península Ibérica. Esta población, de origen árabe y bereber era poco numerosa pero asumieron los espacios de poder de los visigodos y gradualmente fueron expandiendo su cultura y su lengua árabe. Su presencia en el actual territorio catalán fue mayor en el sur (la llamada Cataluña Nueva) donde resisten algunos topónimos y mayor presencia arqueológica musulmana. La Reconquista cristiana fue tomando territorios del Emirato de Córdoba primero y de las taifas de Lérida y Tortosa después, en cuyos territorios a veces se asumía a la población local, más arabizada o se repoblaba con habitantes de los condados catalanes. Esta mezcla etnográfica fue pacífica generalmente aunque eventualmente los gobernantes promovieran la cristianización de la sociedad, y que eventualmente tomara la lengua de los cristianos, que para el siglo XI la élite social ya utilizaba el romance catalán para sus textos literarios y jurídicos. El catalán es la lengua de la Corona cuya expresión literaria alcanza en el medievo su periodo de esplendor. El uso de la lengua castellana en Cataluña parece iniciarse por la elección en 1412 de Fernando I como rey, de origen castellano, cuya corte adoptó esa lengua, y que iría ganando prestigio internacional debido al peso demográfico y cultural castellano.

En los siglos siguientes los comerciantes, literatos y las clases altas de la sociedad fueron adoptando progresivamente la lengua castellana, cuyos intereses económicos y referentes culturales se orientaron hacia la Península y América, mientras que la clases bajas y rurales siguieron manteniendo el uso familiar y popular del catalán. La evolución de este proceso incrementó su intensidad por la imposición política que siguió a la derrota catalana de la Guerra de Sucesión Española en 1714 y los Decretos de Nueva Planta de 1716. La política borbónica imperante inducía a la unificación del Estado en todos sus aspectos, de los que la lengua no fue una excepción. El catalán fue relegado de puestos en favor del castellano en la administración, el ejército, la religión, la historia, la justicia, la enseñanza, el comercio y las artes mediante imposición legislativa. Sin embargo el catalán siguió manteniéndose como lengua familiar mientras el castellano lo era fuera del hogar. La situación política y cultural del siglo XIX permitió el surgimiento del movimiento cultural de la Renaixença ("Renacimiento") que motivó a muchos escritores a adoptar de nuevo la lengua catalana para su literatura y cuyo movimiento propició el prestigio del idioma. Posteriormente el catalanismo defendería el catalán desde un frente político y que ya entrado el siglo XX el catalán tenia una amplia variedad de medios de difusión. Sin embargo, las tiranteces políticas repercutieron en la prohibición del idioma en varias ocasiones, como con la Dictadura de Primo de Rivera. Durante la Segunda República Española, la cooficialización del catalán introducida por el estatuto de autonomía de Cataluña permitió el uso lingüístico de los dos idiomas en la administración y se permitió el catalán en la enseñanza, si bien la Guerra Civil y la Dictadura franquista prohibiendo su difusión pública y su enseñanza, que acompañado al movimiento migratorio de los años sesenta y setenta desde otras regiones de España, ofuscaron la presencia de la lengua catalana en Cataluña. La transición democrática introdujo en la Constitución la posibilidad de adoptar lenguas cooficiales, que en el estatuto catalán significó la cooficialidad del catalán junto al castellano para la autonomía de Cataluña.

La consideración legal de las lenguas ha variado sustancialmente desde la Transición democrática. La Constitución de 1978 menciona en su tercer artículo al castellano como «la lengua española oficial del Estado», así como a las demás lenguas españolas «oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas según sus Estatutos». En consonancia, el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979 oficializa el castellano y el catalán como lenguas oficiales (el catalán de Cataluña, y el castellano en tanto que es la oficial del Estado español). El Estatuto de 2006 asegura además que «todas las personas tienen derecho a utilizar ambas y los ciudadanos de Cataluña el derecho y el deber de conocerlas». El mismo artículo precisa que la lengua propia de Cataluña es el catalán, y «como tal, el catalán es la lengua de uso normal y preferente de las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza». Finalmente, el aranés (nombre dado a la lengua occitana en Arán) es precisada desde 2006 como la lengua propia de aquel territorio y oficial también en Cataluña. El mismo Estatuto de Autonomía dedica un capítulo (Título I, Capítulo II. De los derechos y deberes lingüísticos) que determina el derecho a no ser discriminado por razones lingüísticas y garantiza la validez y usos de ambas lenguas en la Administración pública y otras instituciones oficiales.

El mismo estatuto estipula el respeto por la lengua de signos catalana (LSC) y obliga a los poderes públicos a garantizar su uso y protección.

Cataluña es definida como nacionalidad en su Estatuto de autonomía, al amparo de lo dispuesto en el artículo segundo de la Constitución española, que reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las regiones que integran España.

En Cataluña hay presentes cuatro administraciones públicas, con diferentes niveles de responsabilidad y competencias políticas: la Administración General del Estado de España, la Generalidad de Cataluña, las Diputaciones provinciales -que desaparecerán con la entrada en vigor y despliegue del nuevo Estatuto de autonomía-, y los Ayuntamientos municipales.

La Administración General del Estado de España se ocupa de diferentes cuestiones como la seguridad (Cuerpo Nacional de Policía y Ejército), la Justicia, la gestión de puertos y aeropuertos, los trenes de RENFE, y las costas, entre las competencias más destacadas. A lo largo de los últimos años el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, dentro del marco de traspaso de competencias, están siendo relevadas por el despliegue progresivo sobre el territorio de los Mozos de Escuadra, policía autonómica de la Generalidad, que sustituirá antes del 2010 ambos cuerpos de seguridad estatales en el cumplimiento de algunas de las funciones que hasta ahora realizaban en la comunidad autónoma catalana.(ver seguridad). La Administración del Estado de España en Cataluña está coordinada desde la sede de la Delegación del Gobierno. El Delegado del Gobierno es designado directamente por el Gobierno de España por decreto.

La Generalidad de Cataluña, sistema institucional en que se organiza políticamente el autogobierno de Cataluña, tiene amplias competencias y gestiona diferentes ámbitos, desde educación, asuntos sociales, tránsito, determinación de políticas económicas y de comercio, etcétera. La Generalidad es también la responsable de la construcción de equipamientos públicos como hospitales, escuelas de primaria y secundaria, universidades, residencias para la tercera edad...

Cataluña ha venido reclamando históricamente amplios niveles de autogobierno. Actualmente, la Generalidad tiene competencia exclusiva en materias como cultura, turismo o vivienda. En otras áreas, como ordenación del crédito, banca y seguros, le corresponde el desarrollo legislativo y la ejecución de la legislación básica del Estado. Finalmente, en materias como propiedad intelectual e industrial, le corresponde la ejecución de la legislación estatal.

Cataluña dispone de una policía autonómica propia, denominada Policía de la Generalidad (en catalán Policía de la Generalitat-Mossos d'Esquadra), al amparo de lo dispuesto en el artículo 13 del Estatuto de autonomía. Desde 1994 los Mozos de Escuadra están en pleno proceso de despliegue, que está previsto que finalice en 2008, sustituyendo a la Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía, que dependen directamente del Ministerio del Interior, asumiendo la Policía Autonómica catalana las competencias en seguridad, que incluyen algunas de las funciones que tanto Guardia Civil y Policía Nacional venían desempeñando hasta ahora, principalmente en materias de seguridad ciudadana y trafico. El Estado mantendrá en Cataluña, una vez terminado el despliegue, un número limitado de agentes para ejercer las funciones de policía federal, en palabras del delegado del Gobierno central en Cataluña, en materias como la vigilancia de puertos, aeropuertos, costas y fronteras, aduanas, control de entrada y salida del territorio del Estado, régimen general de extranjería, extradición y expulsión, emigración e inmigración, documentos oficiales de identidad, tráfico de armas y explosivos, protección fiscal del Estado, contrabando y fraude fiscal y las otras funciones que la Constitución y la ley establecen.

A diferencia del País Vasco y de Navarra, cuyas relaciones de orden tributario con el Estado están reguladas mediante sus respectivos sistemas forales tradicionales, y de Canarias, Ceuta y Melilla, para las que la ley orgánica prevista en el artículo 157.3 de la Constitución, de financiación de las comunidades autónomas, establece peculiaridades; Cataluña, como las comunidades restantes, carece de una autonomía fiscal completa. La mayoría de los impuestos son recaudados por la Agencia Estatal de la Administración Tributaria, por lo que sus ingresos dependen de las transferencias que recibe de la Administración central.

La Generalidad, creada en las Cortes de Cervera de 1359 y restablecida por sendos decretos en 1931 y en 1977, es el sistema institucional en que se organiza políticamente el autogobierno en Cataluña. Está integrada por el Parlamento, la Presidencia de la Generalidad y el Gobierno, que son sus instituciones principales, así como por el resto de instituciones creadas por ley del Parlamento.

El Gobierno de Cataluña se compone del presidente de la Generalidad, el primer consejero, si procede, y los consejeros. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria.

El Parlamento de Cataluña se compone de ciento treinta y cinco diputados, elegidos para un plazo de cuatro años mediante sufragio universal, libre, igual, directo y secreto. El Parlamento ejerce la potestad legislativa, aprueba los presupuestos de la Generalidad y controla e impulsa la acción política y de Gobierno.

Según lo dispuesto en el artículo 152.1 de la Constitución, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña culmina la organización judicial en el ámbito territorial de Cataluña.

Al amparo de lo dispuesto en el Estatuto de autonomía, Cataluña se rige por el derecho civil catalán, cuya conservación, modificación y desarrollo es competencia exclusiva de la Generalidad. Asimismo, de acuerdo con el artículo 35 del Estatuto de autonomía, una ley del Parlamento regula la figura del Síndico de Agravios (Síndic de Greuges, en catalán, equivalente al Defensor del Pueblo), que vela por la defensa de los derechos fundamentales y las libertades públicas de los ciudadanos en sus relaciones con las administraciones públicas.

En la proposición del nuevo Estatuto de autonomía, el Parlamento de Cataluña aprobó, de forma ampliamente mayoritaria, la definición de Cataluña como una nación. Sin embargo, el Congreso de los Diputados enmendó esa propuesta y excluyó la definición de nación del articulado del nuevo estatuto (aunque sí hace referencia en el Preámbulo a lo que en su día aprobó el Parlamento catalán, del siguiente modo: La Constitución española, en el artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad). Asimismo, otra referencia al carácter nacional de Cataluña amparado por el ordenamiento jurídico vigente se halla en el art.8.1 del Estatuto de Autonomía de 2006, al afirmar que Cataluña, definida como nacionalidad en el artículo 1, tiene como símbolos nacionales la bandera, la fiesta y el himno.

A juicio del Gobierno español, y del partido gobernante que respaldó su aprobación, el texto del preámbulo sólo tiene valor declarativo y no jurídico. A juicio del portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, en su intervención en nombre del partido gobernante durante el debate en el Congreso de los Diputados del Estatuto de Autonomía de Cataluña, el preámbulo tiene importancia política, jurídica e interpretativa. El Partido Popular, principal partido de la oposición al Gobierno de España, presentó el 31 de julio de 2006 un recurso ante el Tribunal Constitucional contra el nuevo Estatuto catalán por el posible uso inconstitucional del término nación en el Preámbulo (entre muchos otros aspectos), que fue admitido a trámite por el Alto Tribunal y que está pendiente de resolverse. El Defensor del Pueblo hizo lo propio el 19 de septiembre del mismo año.

Cataluña se organiza territorialmente en comarcas, municipios y provincias. Históricamente, también se ha organizado en regiones y veguerías, denominación esta última recuperada con el nuevo Estatuto de autonomía.

La Generalidad de Cataluña estableció una división administrativa en cuarenta y una comarcas, los órganos rectores de las cuales son los Consejos Comarcales. La división comarcal de Cataluña tiene su origen en un decreto de la Generalidad republicana de 1936, que tuvo vigencia hasta el final de la Guerra Civil. La división comarcal fue nuevamente adoptada por ley del Parlamento en 1987. Esta división se basó en criterios geográficos y de mercado local, que coincide en buena medida con anteriores entidades de territorio de gran tradición. Sólo hay cuatro comarcas (Berguedá, Cerdaña, Osona y Selva) que incluyen municipios pertenecientes a dos provincias, mientras que el resto lo hacen plenamente manteniendo las mismas fronteras de municipios.

El Valle de Arán (en aranés, Val d'Aran) merece atención especial ya que, aunque está incluido dentro de la organización comarcal, goza de mayor autonomía, de acuerdo con la Ley 16/1990, sobre el régimen especial del valle de Arán, aprobada por el Parlamento de Cataluña.

El municipio es la base territorial de Cataluña donde se cuentan por 946, de los cuales a fecha de 2008 (INE), 482 tenían menos de 1000 habitantes. 119 superan la población como para ser consideradas ciudad, y 63 superan los 20.000 habitantes (en los que vive el 70 por ciento de la población catalana).

La tasa de paro en Cataluña, a finales del 2005, era del 6,6 por ciento: un 5,5 en hombres y un 8,2 en mujeres.

La industria, la construcción, el turismo y los servicios son los principales sectores económicos de Cataluña.

Cataluña es el primer destino turístico de España: los 13,2 millones de turistas que recibió entre enero y noviembre de 2005 suponen un 25,3% del total de las llegadas registradas en toda España, y representan un incremento del 12,7% respecto al mismo período del año anterior. Los principales destinos turísticos de Cataluña son la ciudad de Barcelona, las playas de la Costa Brava gerundense y de la Costa Dorada tarraconense (donde también se encuentra el parque lúdico Port Aventura), y la zona pirenaica, donde hay 10 estaciones de esquí: Baqueira Beret, La Molina, Espot Esquí, La Masella, Port Ainé, Vall de Núria, Boí Taüll, Port del Comte, Rasos de Peguera, Tavascan y Vallter 2000.

La vivienda es el mayor motivo de endeudamiento de los catalanes. En este sentido, cabe señalar que Cataluña es, tras Madrid, la segunda comunidad de España donde está más caro el precio de la vivienda: se pagan de media 3.397 euros por metro cuadrado, según datos de la Sociedad de Tasación a 31 de diciembre de 2005. Por ciudades, sin embargo, Barcelona es la ciudad más cara de España, con un precio medio de 3.700 euros el metro cuadrado.

Desde el punto de vista financiero, cabe destacar la gran implantación y tradición que en Cataluña tienen las cajas de ahorro, mayor incluso que los bancos privados. Un ejemplo es que de las 46 cajas de ahorro españolas, 10 son catalanas. Destacan especialmente la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona, conocida como "La Caixa", y que es la primera caja de ahorros de Europa, y Caixa Catalunya. En cuanto a bancos, el más importante de Cataluña es el Banco Sabadell, cuarto grupo bancario español.

La Bolsa de Barcelona, que en el año 2004 negoció casi 205.000 millones de euros, es la segunda más importante de España tras la Bolsa de Madrid.

Por su parte, la Feria de Barcelona organiza todo tipo de muestras y congresos de carácter internacional sobre variados sectores de la economía.

Cataluña está bien comunicada tanto por tierra, mar y aire. Para acceder por tierra existe una amplia red de autopistas y carreteras, y la red de ferrocarriles.

Los dos principales puertos de Cataluña, tanto por el transporte de pasajeros como de mercancías son el Puerto de Barcelona y el Puerto de Tarragona que, además, están considerados dos de los puertos más importantes de España y del Mediterráneo.

A parte de ellos, el litoral catalán está jalonado por una gran cantidad de puertos, tanto de pescadores como deportivos.

En Cataluña hay 12.000 kilómetros de vías para el tránsito de automóviles, aunque 10.843 de estos kilómetros corresponden a carreteras de calzada única. 962 kilómetros son de autopistas: de ellos, 655 kilómetros son de peaje y 307 son libres de pago.

De los 12.000 kilómetros de vías, 5.600 corresponden a vías cuya titularidad ostenta la Generalidad de Cataluña, 4.400 a las diputaciones provinciales, y 1.988 al Ministerio de Fomento de la Administración central.

La estructura de las autopistas está centralizada hacia Barcelona. La principal autopista es la AP-7, conocida como "Autopista del Mediterráneo", que atraviesa Cataluña uniendo, por un lado, Barcelona con La Junquera pasando por Gerona, y Barcelona con Valencia pasando por Tarragona. La AP-7 tiene un desvío que une Molins de Rei con Montmeló, evitando pasar por Barcelona ciudad. Esta carretera, la B-30, es el tercer cinturón de Barcelona y vertebra de norte a sur la populosa e industriosa comarca del Vallés donde viven un millón de personas.

La AP-2, que une Barcelona con Zaragoza pasando por Lérida, es la segunda autopista en tránsito de vehículos.

La C-32, también bautizada con el nombre de "Autopista Pau Casals", une Barcelona con El Vendrell con túneles que evitan el Parc Natural del Garraf. Con una longitud total de 56,3 kilómetros, la C-32 es la autopista más cara de Europa al tener dos peajes. C-32 también es el nombre que recibe la autopista de pago que une Barcelona y Palafolls (puerta de acceso a la Costa Brava), aunque en este tramo de 49 kilómetros es conocida como "Autopista del Maresme".

La C-25 une Riudellots de la Selva (Gerona) con Cervera (Lérida) evitando Barcelona. Tiene 153 kilómetros y es conocida como "Eje Transversal".

Cataluña fue el primer territorio peninsular español en tener ferrocarril. Fue el 28 de octubre de 1848 cuando se inauguró la línea entre Barcelona y Mataró, que cubría una distancia de 28,4 km. En los años siguientes, antes de la entrada del siglo XX, se construyeron más de 1.000 kilómetros de vía (casi el 80 por ciento de las vías actuales), con varias rutas entre las principales ciudades catalanas y Barcelona. La mayoría de las vías fueron financiadas por el capital privado de industriales que querían agilizar el transporte de sus mercancías hacia la gran ciudad.

Actualmente, pese a que se han modernizado los trenes, la red viaria sigue siendo prácticamente la misma que hace 100 años, con una estructura muy centralizada hacia Barcelona. Las dos rutas principales son la de la costa, que une Francia con la Comunidad Valenciana por el litoral catalán, y la ruta hacia Zaragoza, que une Barcelona con Lérida pasando por Manresa.

Las propietarias de las líneas ferroviarias de Cataluña son el ADIF y los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya. Operan en Cataluña las operadoras Renfe y la misma FGC.

En los primeros meses del 2008, entro en servicio la linea de alta velocidad (AVE), con 3 lineas en servicio: Barcelona - Madrid, Barcelona - Sevilla y Barcelona - Málaga. La línea de alta velocidad será prolongada hasta la frontera francesa, donde continuará hasta conectar con la actual red francesa de alta velocidad, con lo cual se establecerá también una conexión ferroviaria rápida entre Barcelona y París.

Por otra parte, el gobierno de la Generalidad de Cataluña anunció en diciembre de 2005 un plan para construir 1.100 kilómetros de nuevas líneas, 300 en vías convencionales y 800 en vías de alta velocidad, que unirán las principales ciudades catalanas de forma transversal. El plan supondrá la inversión de 25.000 millones de euros entre el 2006 y el 2026.

La investigación científica y tecnológica ha sido uno de los pilares del desarrollo de Cataluña. Entre los científicos catalanes más célebres cabe mencionar a Narcís Monturiol, al astrónomo José Comas y Solá, el climatólogo Eduard Fontserè, o al bioquímico Joan Oró.

Actualmente se está haciendo una gran inversión económica por parte de las administraciones públicas y de entidades privadas para potenciar al máximo las investigaciones científicas y tecnológicas, no sólo en los centros universitarios sino en instituciones privadas. Destacan en este ámbito el trabajo de instituciones como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Cataluña.

En este sentido, cabe destacar la próxima inauguración del Parque de Investigación Biomédica que se está construyendo en Barcelona, y que será el más importante de Europa en el terreno biomédico; el proyecto del barrio 22@ de Barcelona, con el que se incentiva la instalación de todo tipo de empresas punteras en el ámbito tecnológico europeo; y la construcción de un sincrotrón en Cerdanyola del Vallés, que está previsto inaugurar en el año 2009.

En Tarrasa puede visitarse el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, y en Barcelona el CosmoCaixa, antes llamado Museo de la Ciencia.

Los pintores catalanes de mayor renombre internacional son Salvador Dalí, Joan Miró y Antoni Tàpies, todos ellos pertenecientes al siglo XX. Muy ligado al ambiente pictórico de Cataluña estuvo también el malagueño Pablo Picasso, que vivió su juventud en Barcelona, donde se formó como artista e inició el cubismo pintando, entre otras obras, "Las señoritas de Avignon". Otros catalanes que también han dejado huella en el mundo de las artes plásticas son Ramon Casas, Josep María Subirachs o Marià Fortuny.

Los museos pictóricos más relevantes de Cataluña son el Teatro-Museo Dalí, en Figueras (Gerona), el Museo Picasso de Barcelona, la Fundación Antoni Tàpies, y la Fundación Joan Miró, ambos en Barcelona, donde también son destacables el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), y el CaixaFòrum.

La música es uno de los sectores más vigorosos de la industria cultural de Cataluña, tanto por el número de actividades y eventos musicales que tienen lugar a lo largo del año, como por la red de recintos musicales, y por la cantidad de productoras, compositores, intérpretes y grupos de diferentes géneros surgidos en Cataluña.

Una de las manifestaciones más conocidas de la cultura popular catalana son los castellers: el levantamiento de castillos humanos por parte de collas castelleras (peñas) que rivalizan entre ellas. Esta práctica, originaria de las tierras tarraconenses, se extedió por toda Cataluña y en los últimos años ha recibido un gran impulso social gracias a las retransmisiones televisivas y la creación de nuevas collas.

La sardana es la danza popular catalana por antonomasia, aunque también son tradicionales el baile de bastones, la moixiganga y la jota de las tierras del Ebro, muy similar a la jota aragonesa.

Musicalmente son características de Cataluña las habaneras, especialmente en las localidades marineras de la Costa Brava. En los meses veraniegos proliferan las cantadas populares al aire libre, siempre acompañadas de la degustación de ron quemado. También es muy representativa de la cultura popular la rumba catalana.

En las fechas señaladas o fiestas mayores siempre suelen estar presentes otros elementos de la cultura popular catalana: los desfiles de gigantes y cabezudos y los correfocs con diablos y petardos. Una de las fiestas más tradicionales de cataluña es, La Patum de Berga, declarada por la Unesco patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad el día 25 de noviembre del año 2005.

Es significativa también la tradición del Tió de Nadal, el día de Navidad o, según la casa, durante la víspera se pone el Tió al fuego y se le hacía "cagar". Ahora ya no se quema el Tió, tan solo se le obliga a "cagar" repetidamente regalos para los más pequeños a base de arremeter continuados golpes de bastón acompañados de las llamadas canciones del Tió.

Además de las manifestaciones propias de la cultura tradicional catalana, en Cataluña también se puede disfrutar de manifestaciones culturales propias de otras regiones españolas fruto de la gran inmigración que ha recibido el territorio el último siglo y medio. En este sentido, son especialmente notables las actividades de la población de origen andaluz, y que tienen su máxima expresión en la organización de la Feria de Abril de Cataluña.

La gastronomía de Cataluña está basada en la dieta mediterránea. Ofrece una gran variedad de productos tanto del mar como de la montaña y la huerta. La cocina catalana ha aportado toda una serie de platos típicos de la región con guisos de pescado como los suquets o la zarzuela, la escudella, la calçotada, y la salvitxada. Es típico de Cataluña el Pa amb tomàquet, pan con tomate que acompaña a muchos platos de carne o embutidos, y con el que se elaboran los bocadillos. El alioli y el romesco son las salsas más características de la cocina catalana.

Es destacable la riqueza de embutidos que se elaboran en la comarca de Osona, especialmente el fuet de Vic.

En cuanto a la repostería, son famosas la crema catalana, los panellets, que se elaboran especialmente en noviembre, el Menjar blanc etc.

Cataluña también se distingue por su gran tradición vinícola. Las zonas del Penedés, Alella, Priorato y el Segre son grandes productoras de una gran variedad de vinos. El más conocido y exportado es el cava del Penedés, cuya producción lideran empresas familiares como Freixenet y Codorniu.

Cabe anotar que Cataluña ofrece una gran variedad de restaurantes con cocina de todas las regiones españolas, así como de cocina internacional. Pese a que Barcelona es la ciudad con mayor cantidad y variedad de restaurantes, los más prestigiosos, y distinguidos con más "estrellas Michelín", son "El Bulli" de Ferran Adrià, que se encuentra en Rosas (Gerona); el "Sant Pau" de Carme Ruscalleda que se encuentra en Sant Pol de Mar; y el restaurante "Can Fabes" de Santi Santamaría, situado en Sant Celoni.

Cataluña es, junto a la Comunidad de Madrid, la comunidad española con mayor número de medios de comunicación, tanto audiovisuales como escritos. Hay una gran cantidad de medios de comunicación tanto en lengua catalana como castellana, e incluso un gran número de medios bilingües.

La Televisión de Cataluña, cadena pública de Cataluña que emite íntegramente en lengua catalana, es la principal televisión catalana. Tiene cuatro canales: TV3, K3/Canal 33, el canal de notícias 24 horas 3/24 y el Canal 300. TV3 compite en audiencias con las televisiones estatales que emiten en Cataluña en lengua española: tanto la pública Televisión Española (que desde su centro de producción en Sant Cugat del Vallès elabora contenidos en lengua catalana), como las privadas Tele 5, Antena 3, Cuatro y La Sexta. Ésta última tiene su sede central en Barcelona, mientras que las otras tres cadenas privadas, con sede central en Madrid, tienen centros de producción en Cataluña, desde donde emiten diversos programas.

Otras televisiones de menor audiencia, aunque de presencia destacable son TD8-City TV, televisión privada del Grupo Godó que emite en catalán, el Canal Català de Televisió, y las televisiones locales, cuyo mayor exponente es Barcelona Televisió.

Los dos principales grupos editores catalanes de prensa y revistas son el Grupo Godó y el Grupo Zeta. Cada uno de los grupos tiene una gran variedad de cabeceras tanto de diarios de información general como deportiva, y de revistas.

Los dos principales diarios catalanes de información general son El Periódico de Catalunya (Grupo Zeta), que hace una edición en catalán y otra en castellano, y La Vanguardia (Grupo Godó), editada íntegramente en castellano. Son los dos periódicos con mayor tirada y distribución en Cataluña, por delante de diarios en castellano de ámbito estatal como "El País" o "El Mundo", que también tienen delegaciones en Cataluña. El Avui (Grupo Godó y Grupo Planeta) es, tras "El Periódico", el diario escrito en catalán con mayor tirada. En las provincias de Tarragona, Gerona y Lérida hay numerosos diarios escritos en catalán, y de ámbito más local. Los más destacados son El 9 Nou, El Punt, Regió 7, Diari de Girona y el Diari de Tarragona.

En el ámbito de la información deportiva destacan el Diario Sport, del Grupo Zeta, y El Mundo Deportivo (Grupo Godó). Ambos están escritos íntegramente en castellano. En lengua catalana destaca El 9 Nou.

La radio con mayor audiencia en Cataluña es Catalunya Ràdio, la radio pública perteneciente a la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió. Tiene una audiencia de 570.000 oyentes según el último Estudio General de Medios, lo que la convierte en la quinta emisora con más audiencia de España pese a sólo emitir en Cataluña y en lengua catalana. La corporación también tiene una emisora de notícias 24 horas, Catalunya Informació. La segunda cadena con más oyentes es la Cadena SER, que tiene en Radio Barcelona (la primera emisora de radio que se fundó en España) a su buque insignia. A mayor distancia en número de oyentes se sitúan el resto de emisoras: cuatro que emiten íntegramente en catalán, COM Ràdio (radio pública perteneciente a la Diputación de Barcelona,), RAC 1 (Grupo Godó), Ràdio 4, y Onda Rambla; y las cadenas estatales que emiten en castellano: Radio Nacional de España, la Cadena COPE, Onda Cero y Punto Radio.

Cataluña es sede de fuertes grupos comunicativos que actúan tanto en el sector audiovisual como en el de la prensa, la edición de libros y revistas, y la producción cinematográfica. Los más relevantes son el Grupo Godó, el Grupo Planeta, el Grupo Zeta. También son muy destacables, especialmente en el ámbito audiovisual, las productoras Gestmusic, El Terrat y Mediapro. Cabe no olvidar a la Corporació Catalana de Radio i Televisió, empresa pública de la administración autonómica catalana, titular Televisión de Cataluña y Catalunya Ràdio, entre otros medios.

Cataluña es una comunidad con gran tradición deportiva, especialmente desde finales del siglo XIX, cuando se fundaron grandes clubes en todos los ámbitos que, en algunos casos, fueron los primeros en fundarse en España en su disciplina. El deporte y la actividad física está profundamente arraigado en Cataluña, donde existe una gran red de centros e instalaciones deportivas, tanto públicas como privadas.

Los deportes más populares entre los catalanes son el fútbol, el baloncesto y el tenis. También destaca la afición por el atletismo, balonmano, el hockey sobre patines, el waterpolo, el ciclismo, automovilismo, motociclismo, el golf y el esquí. Cabe mencionar la gran cantidad de estaciones de esquí ubicadas en el Pirineo catalán, y en la vecina Andorra, a la que se desplazan numerosos catalanes. También son populares los deportes acuáticos, que se pueden practicar en cualquiera de las playas del litoral.

El fútbol es el deporte rey. Los clubs más importantes son el Fútbol Club Barcelona y el RCD Espanyol, que militan en la primera división del fútbol español. El primero siendo considerado actualmente como uno de los mejores equipos de futbol del mundo, ganando 18 veces el titulo de campeón de liga española, y dos veces la Liga de Campeones, además de otros importantes títulos.

La tradición deportiva de Cataluña se ha traducido en la organización de los más importantes eventos deportivos internacionales. Pues ha sido escenario de los únicos Juegos Olímpicos celebrados hasta la fecha en España, en el año 1992 (Barcelona 92), los Juegos Mediterráneos de 1955, los campeonatos del mundo de atletismo y natación, y el Eurobasket celebrado en dos ocasiones. Cataluña también acogió, en 1982, diversos partidos correspondientes a la Copa Mundial de Fútbol que se celebró en toda España.

En el Circuito de Cataluña se celebran cada año el Gran Premio de España de Fórmula 1 y el Gran Premio de Cataluña de Motociclismo. Asimismo, el Rally Costa Brava es puntuable para el Campeonato Mundial de Rally.

Doce federaciones deportivas catalanas están oficialmente reconocidas por las federaciones internacionales de sus respectivas disciplinas. Estas federaciones cuentan con selecciones en catorce disciplinas deportivas, ninguna de ellas olímpica, que participan a nivel internacional de manera oficial representando a Cataluña, y que por esta razón se postula como "país deportivo", un concepto político promovido por una entidad con sede en Barcelona sin reconocimiento internacional, y que vulnera abiertamente la Ley del Deporte (1990), que especifica que la selección española es la única que debe participar en competiciones oficiales internacionales.

Las catorce selecciones catalanas oficiales a nivel internacional son las de fútbol sala, corfbol, pitch & putt, fútbol australiano, fisioculturismo, taekwondo, twirling, kickboxing, kárate, icestock, raquetball, carreras de montaña, esquí de montaña, escalada y bolos. En algunas de estas disciplinas deportivas las selecciones catalanas se enfrentan a las selecciones españolas en competiciones oficiales internacionales, algo que excluye explícitamente la Ley del Deporte, que impide competir a las selecciones autonómicas en torneos oficiales en los que participe España.

En el resto de disciplinas deportivas las selecciones catalanas participan de forma oficial en competiciones españolas de carácter autonómico, o en eventos internacionales de carácter amistoso.

Además, tiene otros símbolos no oficializados, como el escudo. El burro catalán es una apuesta de un sector ciudadano nacionalista que surge en respuesta del Toro de Osborne. En el campo cultural, es representativa de Cataluña la lengua catalana y las artes, así como en lo folclórico, destaca la sardana y los castellers.

El gobierno autonómico tiene oficializado, además, su propio símbolo, llamado Emblema de la Generalidad de Cataluña que es utilizado en toda representación institucional.

Dada su extensión, el plan de protección de los bienes culturales y naturales de la Unesco conocido como Patrimonio de la Humanidad ha catalogado como tales numerosas obras que se encuentran en Cataluña. La primera adscripción fueron varias obras de Antoni Gaudí en 1984 por su contribución a la arquitectura modernista, a las que se añadieron algunas más en 2005 y se agruparon bajo la misma entidad. Estas obras son el Parque Güell, el Palacio Güell, la Casa Milá, la fachada del Nacimiento y la cripta de la Sagrada Familia, la Casa Vicens, la Casa Batlló y la Colonia Güell. En 1991 se añadió a la lista el Monasterio de Poblet, donde reposan numerosos monarcas de la Corona de Aragón. Siete años después se sumó bajo el mismo título el Arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica, que se extiende por el litoral mediterráneo peninsular, en el que Cataluña contribuye con numerosas muestras. En 2007 se declaró como tales el Palau de la Música Catalana y el Hospital de Sant Pau en una misma entidad, ambas obras modernistas de Lluís Domènech i Montaner. En 2000 se añadieron a la lista dos conjuntos: el formado por las Iglesias románicas del Valle de Bohí y el Conjunto arqueológico de Tarragona. La última incorporación fue la de la Patum de Berga, en 2005, categorizada como Patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad.

Al principio



Historia de Cataluña

La Corona de Aragón en el siglo XV

Los primeros pobladores del territorio que actualmente ocupa Cataluña se remontan a los inicios del Paleolítico Medio; Los restos más antiguos descubiertos corresponden a la mandíbula de un preneandertal encontrada en Bañolas, de unos 25.000 años de antigüedad.

Entre los yacimientos más importantes de este periodo destacan el de las cuevas de Mollet (Serinyà, Pla de l'Estany), el Cau del Duc, en el macizo del Montgrí, el yacimiento de Forn d’en Sugranyes (Reus) y los abrigos Romaní i Agut (Capellades), mientras que para el Paleolítico Superior destacan los de Reclau Viver, la cueva de la Arbereda y la Bora Gran d’en Carreres, en Serinyà, o el Cau de les Goges, en Sant Julià de Ramis.

De la siguiente etapa prehistórica, el Epipaleolítico o Mesolítico, se han conservado importantes yacimientos, la mayor parte datados entre el 8000 y el 5000 a. C., como el de Sant Gregori (Falset) y el Filador (Margalef de Montsant)y, en lo que respecta a las manifestaciones artístico-creenciales, Arte levantino, el Cogul, Cabra Feixet (el Perelló) y Ulldecona.

El período Neolítico se inicia en tierras catalanas hacia el 4500 a. C., aunque en un grado de sedentarización de los pobladores mucho menor que en otros lugares, gracias a la abundancia de bosques, lo que propició que la caza y la recolección siguieran siendo actividades fundamentales y que el establecimiento de asentamientos se demorase en muchos lugares. Los yacimientos neolíticos más importantes de Cataluña son la cueva de Fontmajor (l'Espluga de Francolí), la cueva de Toll (Morà), las cuevas Gran i Freda (Montserrat) y los abrigos con Arte esquemático del Cogul, Os de Balaguer, Albi, Tivissa y Alfara de Carles.

El período Calcolítico o Eneolítico se desarrolla en Cataluña entre el 2500 y el 1800 a. C., momento en el cual se construyen los primeros objetos de cobre.

La Edad del Bronce se sitúa cronológicamente en el periodo 1800-700 a. C., de la cual se conservan escasos restos, pero destacan unos poblados formados en la zona del Bajo Segre. La Edad del Bronce coincide con la llegada de los pueblos indoeuropeos, a través de sucesivos flujos migratorios que se desarrollan desde el año 1200 a. C., responsables la creación de los primeros poblados de estructura protourbana.

A partir de mediados del siglo VII a. C. el territorio catalán alcanzará el periodo conocido como Edad del Hierro.

Este periodo se caracteriza en una primera etapa confluencia de diferentes culturas colonizadoras en el actual territorio catalán, en particular la griega y la cartaginesa, que darán lugar a la formación, como en el resto de la península, de la cultura ibérica.

De esta etapa es la formación de Emporion, en la costa gerundense, enclave comercial impulsado por la ciudad griega de Focea desde Massalia (actual Marsella), en el siglo VI a. C.

En lo que se refiere a la civilización ibérica, se ha constatado la existencia de diferentes tribus dispersas por tierras catalanas, entre ellos los indigetes (en el Ampurdán), los ceretanos (en la Cerdaña) o los airenosinos (en el Valle de Arán).

Se distinguen cuatro grandes periodos en el actual territorio de Cataluña. El inicial, que abarca del siglo VIII al VII a. C., que corresponde a una etapa de formación, en que los pueblos indígenas entran en contacto con pueblos colonizadores, y en el que aparecen los primeros objetos de hierro. El segundo es el periodo antiguo, del siglo VII a. C. a mediados del V a. C., en el que se consolida el proceso de iberización. Le sigue un período de plenitud, que va de mediados del siglo V hasta el siglo III a. C. Y, finalmente, la fase de decadencia, que se inicia en el 218 a. C. con la presencia de Roma, en que la cultura ibérica es absorbida por el potente impulso de la romanización.

La segunda etapa de la historia antigua en Cataluña corresponde al período de romanización, iniciado en el siglo III a. C. La llegada de los romanos a la Península Ibérica tuvo lugar en el 218 a. C., con el desembarco de Cneo Cornelio Escipión en Ampurias, con el objetivo de cortar las fuentes de aprovisionamiento de los ejércitos del cartaginés Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica.

Tras la derrota de los cartagineses y de diferentes tribus ibéricas sublevadas ante la presencia romana, en el 195 a. C., se completó prácticamente la conquista romana en territorio catalán y se inició el proceso de romanización, a través de la cual los distintos pueblos peninsulares fueron asimilados por la cultura romana y abandonaron sus propios rasgos.

El actual territorio catalán quedó englobado primero en la provincia llamada Hispania Citerior, para formar parte desde el 27 a. C. de la Tarraconense, cuya capital fue Tarraco (actual Tarragona).

Producto del periodo romano será la adopción de toda la estructura administrativa y las instituciones propiamente romanas, el desarrollo de una gran red urbana y viaria, la generalización de un sistema agrícola basado en la trilogía mediterránea (cereales, viña y olivo), la introducción de los regadíos, el desarrollo del derecho romano y la adopción del latín.

La crisis del siglo III que afectó al Imperio Romano y que originaría su decadencia afectó gravemente al actual territorio catalán, donde se han detectado importantes niveles de destrucción y procesos de abandono de villas romanas. También de este siglo son las primeras noticias documentales de la presencia del cristianismo en Cataluña. Aunque los datos arqueológicos indican la recuperación de algunos núcleos, como Barcino (Barcelona), Tarraco (Tarragona) o Gerunda (Gerona), la situación no volvió a ser la de antes, las ciudades se amurallaron y los núcleos se redujeron.

En el siglo V, con motivo de la invasión generalizada del Imperio Romano por parte de los pueblos germánicos. El pueblo germano de los visigodos que había obtenido permiso para entrar en el Imperio, y colaborar en la defensa de los limes en la actual Bulgaria como aliados romanos; fueron liderados por Ataúlfo tras la situación de marginación dentro de la sociedad romana y de extrema pobreza de este grupo étnico. Ataúlco fue un visigodo y general romano que llegó al máximo escalafón militar dentro del ejército romano, y que lideró la rebelión visigoda, llegando a Italia y a Roma, venciendo o esquivando a las legiones romanas, y llegando a conquistar a la hasta entonces invicta ciudad de Roma (1º saqueo). Como acuerdoentre los romanos y los visigodos, y para que estos volvieran a aceptar el orden romano, sus leyes, dejaran de saquear Italia, y volvieran a ser fieles aliados, se les entrega Hispania, y parte de Francia. Los visigodos llegan a la península Ibérica por la principal vía romana, instalándose en la ciudad Tarraconense en (410). Y cuando en el 475 el rey visigodo Eurico formó el reino de Tolosa, incorporó el actual territorio catalán, con gobierno primero desde Tolosa y luego desde Toledo.

Los visigodos dominaron el territorio hasta inicios del siglo VIII, cuando en mitad de una guerra civil visigoda por la sucesión del reino penínsular, una de las partes llama a la potencia emergente, el Imperio Omeya, los musulmanes que ya estaban en Marruecos y cuyo imperio se extendía hasta la India; en busca de ayuda y para que decidiera la guerra a su favor. Pero como suele pasar con las grandes potencias extranjeras, una vez que entran, no salen; después de derrotar a las tropas fieles al rey legítimo de la península visigoda, Roderic (don Rodrigo), en la batalla de Guadalete, y con apoyo de los visigodos rebeldes que aspiraban al poder conquistan rápidamente la península hasta el norte (Gigia-Gijón cayo en manos musulmanas, y la resistencia se mantuvo en las montañas asturianas de Cangas y Covadonga). La conquista relámpago musulmana se basaba en un ejército de 30.000 hombres (los romanos tenían un ejército de 50.000 para la defensa del Imperio de Occidente y otros 50.000 para la defensa del Imperio de Oriente), en soldados fánáticos que luchaban hasta el final, en las tácticas de caballería ligera que tan bien funcionaron en terrenos abiertos (las mismas que usó Gengis Khan con ayuda de la pólvora), en la debilidad de un reino dividido en mitad de una guerra civil, en la desidia de un pueblo dominado (la inmensa mayoría eran exclavos en la época romana, y gobernados desde Roma), este pueblo eran gobernados por un grupo extranjero que marginaba y "poseía" al resto de la población, el grupo germánico de los visigodos (la alianza entre visigodos y población local no se produjo hasta la época de la "reconquista"), a la inmensa mayoría de la población la invasión les era indiferente, era cambiar un dueño por otro; la orden religiosa del cristianismo en contra de la guerra (que no cambió hasta finales del siglo XI con el encumbramiento de la clase caballeresca, (aprox. 1075) y las cruzadas desde 1100), el miedo a represalias y guerra de terror, la tolerancia con los sometidos "sin resistencia", la facilidad para mantener el poder de las clases dominantes si cambiaban de bando, con pocas perdidas y solo con un ligero impuesto, así como para el resto de la población, los no musulmanes solo tenían que pagar un ligero impuesto, y en algunos casos, la entrega de las tierras que no poseían a los nuevos conquistadores (las mejores para los árabes y yemeníes, las peores para los bereberes).

En el 718, la conquista musulmana llegó al noreste de la península y pasó a la Septimania, un proceso que tuvo lugar sin graves conflictos bélicos, excepto en algunos casos como el de Tarragona, algunos focos de resistencia aislados en el sur la meseta, levante y Asturias y Cantabria. El poder musulman se extendía por Francia ya desde 719, Narbona, Carcasona, hasta Touluse, e incluso Burdeos, en una continuada expansión hasta centro-Europa, y con la única resistencia efectiva peninsular en Asturias, donde comienza un nuevo reino. La posterior reacción carolingia ante la presión islámica liderada por Carlos Martel, duque de Eudes; la reacción de un inmenso Imperio que iba del norte de Italia, Francia y Alemania, Prusia y Austria, con su poderoso ejército de caballería pesada (con cotas de malla), puso freno a la expanión musulmana por Europa en la batalla de Touluse en 721, y los hizo retroceder a raíz de la batalla de Poitiers en el 733, llegando a liberar Narbona en 759 por Pipinio el Breve. Y se continúa con el proceso de crear una marca Franca que sirva de frontera para el Imperio Franco (tribu germana), el futuro condado de Barcelona. Esto supuso la ocupación por su parte durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona, tras la cual se formó una zona fronteriza que seguía los ríos Llobregat, Cardener y el curso medio del Segre, que se conocería como Marca Hispánica. Este territorio se organizaba políticamente en diferentes condados dependientes del rey franco.

Sin embargo, a finales del siglo IX, el monarca carolingio Carlos el Calvo designó a Wifredo el Velloso, un noble descendiente de una familia del Conflent, conde de Cerdaña y Urgel (870), y conde de Barcelona y Gerona (878), lo cual suponía la reunión bajo su mando de buena parte del territorio catalán, aunque a su muerte los condados se repartieron entre sus hijos, Barcelona, Gerona y Osona fueron ya en adelante, excepto durante un breve periodo, un único condado.

Durante el siglo X, los condados catalanes se convirtieron en verdaderos condados independientes del poder carolingio, según el poder central del Imperio se debilitaba, y las guerras civiles, de sucesión, hacían su trabajo de desgaste, un hecho que el conde Borrell II oficializó en el 987 al no prestar juramento al primer monarca de la dinastía de los Capeto. En estos años de formación de los condados catalanes, se desarrollaron los primeros pasos de repoblación del territorio tras la invasión musulmana, trayendo grandes contingentes de población de los territorios dentro del Imperio Carolingio que eran dominios poseídos por los Cóndes de Barcelona como súbditos del Imperio, la repoblación se hizo principalmente con población del sur de Francia (las diferencias con la población actual del sur de Francia vienen a raíz de la aniquilación de esta población en las guerras contra la herejía de los Cátaros, y el repoblamiento con población del norte de Francia). Así, durante los siglos IX y X se creó una sociedad donde predominaban pequeños propietarios libres, llamados aloers, enmarcados en una sociedad agraria donde cada núcleo familiar producía lo que consumía, generando muy pocos excedentes, y típica de la Edad Media.

El siglo XI se caracteriza en Cataluña por el desarrollo de la sociedad feudal, como consecuencia de las presiones señoriales para desarrollar lazos de vasallaje con los campesinos libres (alodiales, en catalán aloers). Los años centrales del siglo se caracterizaron por una guerra social virulenta, donde la violencia señorial arrolló a los campesinos, gracias a las ventajas que obtenían de las nuevas tácticas militares, la caballería pesada, y basadas en la contratación de mercenarios bien armados y a caballo.

Así, a finales del siglo, la mayoría de los campesinos propietarios se habían convertido en siervos sometidos al señor. Este proceso coincidió con un debilitamiento del poder de los condes y la división del territorio en numerosos señoríos, que con el tiempo daría paso a la articulación de un Estado feudal basado en complejas fidelidades y dependencias, en lo alto del cual se encontraría el conde de Barcelona, tras el triunfo sobre el resto de señores de Ramón Berenguer I. Con el tiempo, los condes de Barcelona vincularían todos los demás condados catalanes al condado que posteriormente pasaría a formar parte de la Corona de Aragón.

Hasta mediados del siglo XII, los sucesivos condes de Barcelona intentaron ampliar sus territorios en múltiples direcciones, lo que les reportó la incorporación del condado de Besalú (1111), de parte del condado de Ampurias, el de Cerdaña y, transitoriamente, el de Provenza (1112). Por su parte, en 1118 la Iglesia catalana se independizó de la sede de Narbona y fue restaurada la sede de Tarragona.

Más tarde, bajo el gobierno del conde Ramón Berenguer IV (1131-1162), se produjeron diferentes hechos fundamentales para la historia de Cataluña. El primero, su boda con Petronila de Aragón, lo que supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón, por lo que con el tiempo el territorio común sería conocido como Corona de Aragón. Fruto de esta unión Ramón Berenguer se prohijó en Barbastro y aportó su patrimonio condal a la casa de Aragón. Y así el rey aragonés Ramiro, quien nunca cederá su dignidad real aunque sí posteriormente el dominio, lo pacta con el conde barcelonés (Archivos Corona Aragón, pergaminos, carp. 35, nº86). Desde este momento, Ramón Berenguer materializa las nuevas conquistas políticamente diferenciadas, para no tener que cederlas a la recién creada Corona de Aragón y lo hace a título personal de marquesados, y la mayoría de ellas a fuero de Zaragoza. Y así conquistó Lérida y Tortosa, formando un territorio al sur de la vieja frontera de la Marca Hispánica como entidad política difenciada que pasó a denominarse Cataluña ( la palabra ya aparece en el “Liber Maiolichinus” , que es una crónica Pisana, escrita en latín medieval de 1117). Estos territorios fueron repoblados a lo largo del siglo XII y fueron los que dieron nombre al territorio que hoy conocemos como Cataluña, que agrupa los antiguos condados de la casa de Barcelona junto con Lérida y Tortosa. Algunos autores denominan a estos territorios recién conquistados la Cataluña Nueva para distinguirlos de los antiguos condados carolingios pertenecientes a Ramón Berenguer IV junto con los que conformarían el actual territorio catalán.

A finales del siglo XII, diferentes pactos con el reino de Castilla delimitaron las futuras zonas donde desarrollar nuevas conquistas de territorio musulmán, pero en 1213, la derrota de Pedro II el Católico en la batalla de Muret acabó con el proyecto de consolidación del poder aragonés sobre Occitania. Tras un periodo de agitación, en 1227, Jaime I el Conquistador asumió plenamente el poder como heredero al trono de la Corona de Aragón y se inició la expansión territorial sobre nuevos territorios.

En 1214, nace el Principado de Cataluña, en base de las Cortes Catalanas, como división administrativa de la Corona de Aragón.

A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII se incorporan a la corona las Islas Baleares y Valencia. Éste último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un tercer reino de la Corona de Aragón, con Cortes propias y unos nuevos fueros: los Furs de València. En cambio, el territorio mallorquín, junto a los condados de Rosellón y Cerdaña, la ciudad de Montpellier y los señoríos de Omeladés y Carladés, sería entregado en herencia su segundo hijo, Jaime, y formarían el reino de Mallorca, iniciándose así un periodo de tensión interna que concluiría con su anexión a la Corona de Aragón en 1343, por parte de Pedro IV el Ceremonioso.

Entre las décadas finales del siglo XIII y las primeras del XIV, Cataluña vivió épocas de gran plenitud, en las que experimentó un fuerte crecimiento demográfico y una expansión marítima por el Mediterráneo. Esta época coincide con los reinados de Pedro III el Grande, que invadió Sicilia (1282) y tuvo que defenderse de una cruzada francesa contra Cataluña; de Alfonso III el Liberal, que se apoderó de Menorca, y de Jaime II, que invadió Cerdeña y con quién el poderío catalán alcanzó su máxima expansión económica en la Edad Media. Sin embargo, desde el segundo cuarto del siglo XIV se inició un cambio de signo para Cataluña, marcado por la sucesión de catástrofes naturales y crisis demográficas, el estancamiento y recesión de la economía catalana y el surgimiento de tensiones sociales.

El reinado de Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) se caracterizó por graves tensiones bélicas, entre las que se cuentan la anexión del reino de Mallorca, el sofocamiento de una rebelión sarda, de la rebelión de los unionistas aragoneses y valencianos y, sobre todo, la guerra con Castilla. Estos episodios generaron una delicada situación financiera, en un marco de crisis demográfica y económica, pero también un poderoso desarrollo institucional y legislativo, en el que destaca la creación de la Diputación General de Cataluña o Generalidad de Cataluña (1365).

La muerte sin descendencia y sin el nombramiento de sucesor del rey Martín I el Humano en 1410 abrió, además, una grave crisis sucesoria. Ello abrió un periodo de interregno, durante el cual la situación progresivamente iría evolucionando a favor del poderoso candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera, quien, tras el Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado monarca de la Corona de Aragón.

El sucesor de Fernando I de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, promovió una nueva etapa expansionista, esta vez sobre el reino de Nápoles, el cual dominó finalmente en 1443. Paralelamente, se agravó la crisis social en Cataluña, tanto por los conflictos rurales como urbanos. El desenlace de estos conflictos fue, en 1462, la rebelión de los remensas, protagonizada por los campesinos frente a las presiones señoriales y la guerra civil catalana, que se extendería por un periodo de diez años, tras los cuales la región quedó exhausta, los conflictos remensas no quedaron resueltos y Francia retuvo hasta 1493 los condados de Rosellón y Cerdaña, que fueron ocupados durante el conflicto.

El matrimonio de Fernando II de Aragón con Isabel la Católica, reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a su muerte, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y mantuvieron las cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda propias. Sería Fernando II de Aragón, el Católico, quien, con la sentencia arbitral de Guadalupe resolvió el conflicto remensa en 1486, reformó en profundidad las instituciones catalanas, recuperó pacíficamente los condados catalanes del norte y amplió la actuación de la corona sobre Italia.

En 1495 se pierde el Reino de Nápoles contra los Franceses. Para volver a manos españolas tras la guerra 1500-1504 entre Francia y "las Españas", en el que las tropas castellanas, lideradas por El Gran Capitán, derrotaron en Ceriñola a los franceses pese a la superioridad numérica de estos. El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, fue el propulsor de las reformas militares que llevaron a la creación de "los tercios", tropas que dieron la superioridad militar a las Españas hasta el siglo XVII. Después de la muerte de Isabel la Católica, "el Gran Capitán" fue relevado del mando y volvió a la la península Ibérica, mientras que el rey Fernando II de las Españas (como decía Maquiavelo), sustituye las tropas castellanas y a sus mandos, por tropas procedentes de la Corona de Aragón.

A partir de esta fecha el Reino de Nápoles y Sicilia fue gobernado por Virreyes que tenían que rendir cuentas al rey de "las Españas" o "de España".

Ya desde los tiempos de los Reyes Católicos los catalanes participan directamente en las expediciones y campañas militares españolas. El almirante Cardona conquista Mers-el-Kebir (conocida tradicionalmente en las crónicas españolas como Mazalquivir) en 1505. Pere Bertran i de Margarit , ampurdanés, acompaña a Colón en su segundo viaje.

En el siglo XVI, la población catalana inició una recuperación demográfica y una cierta recuperación económica. El reinado de Carlos I fue para Cataluña una etapa de armonía en la nueva estructura que formaban ahora los reinos hispánicos. La anexión a la Cornona de Aragón de Nápoles y Sicilia por las tropas castellanas y el Gran Capitán. Los derechos sobre Nápoles pertenecían a la Corona de Aragón según la ley sucesoria.

Cuando llega Carlos I de España, un rey que permaneció poco tiempo en la península, toma como base de operaciones a Castilla, con una población de 6 millones (entre los reinos más poblados de Europa en la época), una pujante economía (Flandes, Portugal y el Norte de Italia eran las otras economías más desarrolladas del continente), y el descubrimiento de América por el reino de Castilla, y su nuevo ejército que gracias a el Gran Capitán era el más poderoso de Europa, lo convertía en la fuente perfecta para sus ambiciones expansionistas e imperiales, siendo la base principal de impuestos y de reclutamiento de tropas. Mientras que Cataluña con sus 300.000 habitantes, se libraban de llevar esta pesada carga, en Castilla se producía la "revuelta de los comuneros" por los nuevos impuestos para pagar los ejércitos y los sobornos para los príncipes electores alemanes para ser nombrado "Emperador del Sacro Imperio Romano", las mayores cantidades de oro pagadas hasta la época, así como porque la pequña nobleza y la burguesía tenían las vistas puestas en la expansión ultramarina, y no en la expansión europea del nuevo rey, que había nacido y crecido en Flandes (actuales Holanda, Bélgica y parte de Francia). Esta revuelta fue aplastada por los tercios que volvieron de Italia, con el apoyo de la polbación de Navarra y Vascongadas (que recibieron los fueros del rey en agradecimiento por su apoyo), y con el apoyo de la gran nobleza, en contra de la pequeña nobleza y la burguesía de las ciudades. A largo plazo, las necesidades militares y los elevados impuestos, como la alcabala que debía ser pagado cada vez que se producía una operación comercial o de transporte (se suma en cada operación 10%+10+10+..., no como el IVA actual, que solo se paga en la venta final), llevaron al reino de Castilla a la quiebra. La ventaja de la Corona de Aragón al evitar el pago de estos elevados impuesto en favor del rey y para la defensa del reino (no se enviaban grandes números ni en tropas ni dinero), no evitaba tener elevados impuestos en la Corona de Aragón, aunque esta vez a favor de los nobles, y que temían perderlos en favor del rey.

El hecho de que el descubrimiento de América y que por tanto los derechos sobre ella estuvieran en el reino de Castilla, alejó a la Corona de Aragón de sus ventajas hasta la unificación con el reino de Castilla con la llegada de los Borbones en la guerra de Sucesión. Aunque el reino de Aragón se había opuesto a una unificación con el reino de Castilla, puesto que la nobleza que integraba las cortes de Aragón suponían que esta sería una dilución de sus poderes, y tener que soportar la mayor carga impositiva que tenía el reino de Castilla.

Durante el reinado de Felipe II la Corona de Aragón continúa sin soportar el mantenimiento militar de los reinos. Ello se explica por la negativa de la corona de Aragón a proveer de más tropas y fondos al rey y la defensa y expansión de sus dominios, así como por el paso del peso político y económico internacional del Mediterráneo al Atlántico, la debilidad del condado de Cataluña, siendo la preeminencia del reino de Valencia en el espacio de la vieja confederación una cuestión de menor importancia.

El reinado de Felipe II marcaría, en cambio, el inicio de un proceso de deterioro, la crisis económica que comienza en Castilla en 1580 y los elevados impuestos que se atenazan sobre el reino vecino, llevando a este a una gran ´pérdida de población, llegando la meseta y salvo Madrid, a tener menos población en la actualidad que antes de 1580; la economía de Cataluña se resiente, pero se mantiene la unidad del reino. Entre los elementos más negativos de este periodo destacan la piratería berberisca sobre las zonas costeras y el bandolerismo en las zonas interiores. La nueva dinámica y las nuevas fidelidades que generaba originaron también un retroceso en la lengua y en la cultura catalanas, que iniciaron una etapa de decadencia, tras la pujanza de los siglos anteriores.

Durante el reinado de Felipe II, hubo catalanes, como Luis de Requesens que participaron activamente en la política exterior "las Españas" (o de los reinos españoles), tanto diplomáticamente como por el uso de las armas, como súbditos de la corona y del rey.

En 1600, y ya desde 1580 la crisis económica había minado a los reinos peninsulares unificados bajo un solo rey; el ejército, los tercios, seguían siendo una fuerza de élite, pero ya no disponían de la abrumadora superioridad tecnológica del siglo XVI, el norte de Flandes de había independizado y en América los reinos españoles mantenían la superioridad, pero sufrían el acoso de piratas y la expansión inglesa, francesa y holandesa. Mientras que en Asia se perdían factorías de puestos portugueses, con peor defensa posible que los Americanos (con más población fiel a la corona y con fácil apoyo entre sus partes). En esta tesitura comienza en 1618 la guerra de los 30 años, y que llevaría a la Francia de Richelie, y al francés como potencias Europeas de primer nivel, rompiendo la supremacía de las dos superpotencias hasta la época (el Imperio Otomano, y el Corona de los reinos Españoles). Europa pasa al equilibrio entre potencias; y esto gracias a la habilidad en la política internacional de Richelieu, al dinero del Reino de Francia, a la división religiosa y al podería militar del reino de Suecia, que imprimió la primera derrota en batalla campal a los tercios. En 1648, al final de la guerra de los 30 años, tras la paz de Westfalia, se abre un nuevo mundo de equilibrios de poder.

La crisis económica, los nuevos impuestos y las nuevas necesidades militares llevan a que se produzca el primer intento secesionista de Cataluña. Las razones de fondos son de dos tipos, en primer lugar por las llamadas "causas antiguas" (reducción de los privilegios medievales de la nobleza desde la unión de Aragón y Castilla, no convocatoria y presidencia de las Cortes, introducción de algunos de los impuestos que se pagaban en Castilla, y la introducción en Barcelona de la Inquisición nueva en sustitución de la vieja Inquisición que ya operaba desde la Edad Media, y que fue el modelo por el cuál se implantó la Inquisición en Castilla en la época de los Reyes Católicos); y "causas nuevas" (la presencia en territorio catalán de tropas extranjeras a sueldo del rey, considerando como tales a castellanas y aragonesas necesarias para defender las fronteras contra Francia en la guerra, pero nunca deseables en tu territorio, y el desempeño de cargos públicos por personas no catalanas. Y en segundo lugar por la política centralizadora del Conde-Duque de Olivares, que pretendía unificar los reinos de Aragón y Castilla, reorganizar y subir el pago de impuestos para mantener la guerra de los treinta años. Se puede resumir los principales problemas en crisis económica, el malestar de la guerra, la presencia de tropas para proteger la frontera contra Francia, dadas a los abusos de los ejércitos de la época; y la petición de nuevos impuestos y levas para mantener el esfuerzo militar durante la guerra.

Durante la guerra existente entre Francia y España desde 1635, los franceses invadieron el Rosellón al mando de Condé y se apoderaron de la villa y la plaza de Salces. Los catalanes levantaron sus somatenes y formaron, con ayuda de soldados reales, un ejército de 25.000 a 30.000 soldados al mando del virrey Santa Coloma, que recuperó la plaza el 6 de enero de 1640, tras lo que Olivares pretendió llevar la guerra al interior de Francia y forzar la paz. Con esta intención se ordenó una leva forzosa de unos 5000 soldados catalanes, enervando aún más los ánimos, con lo que a mediados de marzo los conselleres (Pau Clarís) y la Diputación empredieron negociaciones secretas con Richelieu que fueron ratificadas a finales de mayo.

En 1640 comienza la revuelta de Independencia en Portugal con apoyo de Francia e Inglaterra. Un gran éxito para la diplomacia internacional francesa que abre un nuevo frente para las tropas del rey de "los Reinos Españoles", que ya había visto como comenzaba una revuelta en Nápoles y Sicilia.

El 22 de mayo (1640) llegaron a Barcelona 3000 payeses del Vallés armados y encabezados por los obispos de Vic y Barcelona. De regreso al Ampurdan, asesinaron a los oficiales del rey refugiados en los conventos obligándoles a retoceder hacia el Rosellón cometiendo estos, actos de venganza en Calonge, Palafrugell, Rosas y otros pueblos. El 6 de junio, día del Corpus (de sangre), los segadores entraron en la ciudad de Barcelona en busca de trabajo en la siega, siendo acompañados por rebeldes armados, cometiendo distintos saqueos y asesinatos, con una respuesta de los soldados del rey que apresan a un segador prófugo de la justicia por asesinato. La resistencia de los segadores contra la detención de su compañero, los disturbios y combates posteriores y los incidentes sangrientos dan origen a la guerra civil entre los catalanes realistas y los catalanes independentistas y que simpatizaban con el espíritu del levantamiento, aunque el levantamiento comenzó en un primer momento como una revuelta contra las tropas del rey, contra la nobleza y la burguesía, que sufrieron numerosos asaltos, saqueos y asesinatos a manos de los levantados en los primeros momentos.

El embajador francés, Du Plessis Besancon, se reunió en Barcelona con el presidente de la Diputación, Pau Clarís, con la intención de convertir a Cataluña en república independiente bajo la protección de Francia. Se alcanzó un acuerdo mediante la firma del tratado el 16 de diciembre de 1641 y Cataluña se sometió a la soberanía del rey Luis XIII de Francia .

En 1643 murieron Richelieu , el rey Luis XIII y Felipe IV prescindió del Conde Duque de Olivares, lo que supuso un cambio de tendencia en la Guerra y aunque las tropas francesas entraron en Cataluña como aliados de los catalanes, pronto fue evidente para ellos que los soldados franceses se comportaban de igual modo a como lo habían hecho los de Felipe IV .

Un año después recuperaron Lérida y las comarcas leridanas, que nunca más volvieron a caer en manos enemigas.

En 1648 termina la guerra de los 30 años con la Paz de Westfalia, lo que deja libres a las tropas del rey para intervenir en la revuelta en Cataluña.

En 1649 los realistas avanzaron hasta casi Barcelona, donde el comportamiento de los franceses hizo inclinarse la balanza nuevamente a favor de Felipe IV produciéndose incluso varias conspiraciones en este sentido, siendo de destacar la protagonizada por doña Hipólita de Aragón, baronesa de Albi.

En 1651 don Juan de Austria, puso sitio a Barcelona recuperando en menos de un año: Mataró, Canet, Calella y Blanes. San Feliú de Guixols y Palamós. La Diputación general, reconoció a Felipe IV, provocando la huida de Margarit (presidente de la Diputación tras la muerte de Clarís) y sus partidarios a Francia. La ciudad, en estado de peste después de un año de asedio, se rindió a don Juan de Austria el 11 de octubre de 1652, poco después el 3 de enero de 1653 Felipe IV confirmó los fueros catalanes, con algunas reservas.

El fin de la guerra se saldó con la anexión del Rosellón, el Conflent, el Vallespir y parte de la Cerdaña a la corona francesa, anexión confirmada en el Tratado de los Pirineos(1659), aunque en la Cataluña Transpirenaica Francesa los fueros catalanes fueron derogados en 1660 y el uso del Catalán poco después incumpliendo El Rey Luis XIV de Francia este tratado.

Con la muerte del rey Carlos II y su sucesión por parte de Felipe V (1700) se instaló en el trono hispánico una nueva dinastía, la Casa de Borbón, reinante en Francia, que sustituía a la de los Habsburgo. Esta circunstancia llevó a la formación de la Gran Alianza de la Haya por parte de Inglaterra, las Provincias Unidas y el Sacro Imperio Romano Germánico a favor de los derechos del archiduque Carlos de Austria, iniciándose así la Guerra de Sucesión Española.

Aunque en Cataluña se aceptó inicialmente a Felipe V, y éste había jurado y prometido guardar sus fueros, la oligarquía catalana alegando formas absolutistas y centralistas por parte del nuevo monarca, y su política económica pro-francesa, pronto abrió una etapa de hostilidad y oposición que culminó con el ingreso del Principado (pacto de Génova) y de toda la Corona de Aragón, salvo el Valle de Arán y algunas ciudades, en la Alianza de la Haya. Así, mientras en los reinos de Castilla y de Navarra Felipe V era comúnmente aceptado, en la Corona de Aragón, Carlos, instalado en Barcelona, era reconocido como rey Carlos III. Aunque el apoyo al archiduque en la Corona de Aragón no fue unánime (ciudades como Cervera permanecieron fieles a Felipe V), sí fue abrumadoramente mayoritario.

La evolución posterior de la guerra, desfavorable a las posibilidades de Carlos, y los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714), dejaron a la Corona de Aragón internacionalmente desamparada frente al poderoso ejército franco-castellano de Felipe V, quien ya había manifestado su intención de suprimir las instituciones propias. A pesar de la resistencia a ultranza, como ocurrió con Aragón y Valencia (1707), todo el territorio catalán fue invadido y Barcelona finalmente capituló el 11 de septiembre de 1714.

Una cruenta y sistemática represión fue acompañada por los Decreto de Nueva Planta (Aragón y Valencia en 1707, Cataluña en 1716), por los que se desmantelaron totalmente las instituciones propias. Con ello se anexionaba la Corona de Aragón al reino de Castilla y se ponía fin así a la unión dinástica que había dado origen a la Monarquía Hispánica de los Austrias.

En Cataluña se creaba una nueva estructura territorial y administrativa a imagen de la de Castilla (excepto en el Valle de Arán), se instauraba el catastro y otros impuestos por los que la monarquía conseguía por fin sus objetivos de control económico, se centralizaban todas las universidades catalanas en Cervera, como premio a su fidelidad y para controlar mejor a las élites cultivadas (situación que se prolongó hasta 1842), se desterraba progresivamente la lengua catalana de los ámbitos públicos y de gobierno en favor del castellano, y se construía una poderosa cuidadela o fortaleza en Barcelona para dominar al Principado y a su capital.

A pesar de la difícil situación interna, Cataluña lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial (especialmente gracias al comercio con América, abierto solo a partir de 1778), transformaciones éstas que marcarían la crisis del Antiguo Régimen y posibilitarían después la industrialización, un primer proceso de la cual se daría en el siglo XVIII, especialmente centrado alrededor del algodón y otras ramas textiles.

A finales de siglo, sin embargo, las clases populares empezaron a notar los efectos del proceso de proletarización que ya se manifestaba, lo cual dio lugar a diferentes situaciones críticas hacia finales de ese siglo. En la década de los noventa se iniciaron además nuevos conflictos en la frontera con Francia, derivados de las consecuencias de la Revolución Francesa.

En 1808, Cataluña fue ocupada por las tropas de Duhesme, general de Napoleón, tras el comienzo de la Guerra de Independencia Española en Móstoles. Durante el conflicto, Cataluña fue incorporada al Imperio Francés y dividida en departamentos. El dominio francés se extendió hasta 1814, cuando el general Wellington firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento. Es digno de destacar el asedio al que fue sometida Gerona, defendida por sus habitantes, bajo la dirección del general Álvarez de Castro y ayudado externamente por el capitán Juan Clarós y sus 2500 hombres donde los franceses perdieron gran cantidad de hombres y medios hasta conseguir rendirla con el hambre, las epidemias y el frío el 10 de diciembre de 1809.

Durante el reinado de Fernando VII (1808-1833) se sucedieron diversas sublevaciones en territorio catalán y tras su muerte, el conflicto por la sucesión entre el infante Carlos María Isidro y los partidarios de Isabel II dio lugar a la primera guerra carlista, que se prolongaría hasta 1840, especialmente virulenta en territorio catalán. La victoria de los liberales sobre los absolutistas dio pie al desarrollo de la revolución burguesa bajo el reinado de Isabel II. Estos se dividieron pronto en moderados y progresistas, mientras que en Cataluña se empezaba a desarrollar el republicanismo. También coincide con el avance de la industrialización y el consecuente surgimiento de una nueva clase social, el proletariado, que soportaría condiciones de vida y trabajo inhumanas.

La industrialización estaría marcada por una grave escasez de recursos energéticos propios y la debilidad del mercado interior español, además de por las presiones para adoptar políticas proteccionistas que evitaran la competencia de productos extranjeros. A partir del segundo tercio del siglo se desarrolló también la Renaixença, un movimiento cultural de recuperación del catalán como lengua de cultura, que empezaba a superar así su larga etapa de decadencia.

El desarrollo del reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la ineficacia administrativa, el centralismo y las tensiones políticas y sociales, se tradujo en un progresivo aumento de la agitación social y en el desarrollo de la ideología republicana y federal. De ahí que cuando en 1868, estalló la Revolución de septiembre, también conocida como La Gloriosa, producto de la crisis económica que vivía España, que dio lugar al llamado Sexenio Revolucionario, los acontecimientos se vivieran apasionadamente.

Entre los hechos más destacados se encuentran el gobierno del general Prim y su asesinato, la revuelta federal de 1869, la instauración de la monarquía de Amadeo I, la proclamación de la Primera República Española, el estallido de la tercera guerra carlista y la difusión de las ideas de la Primera Internacional.

En 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto dio paso a la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII. Es este un periodo de estabilidad política, de represión del movimiento obrero, de desarrollo de la actividad política en Cataluña, que se extendería hasta inicios del siglo XX, momento en que afloraría nuevamente la oposición política, especialmente de republicanos y catalanistas y las tensiones sociales.

En las décadas siguientes iría tomando cuerpo el catalanismo político, como culminación de un proceso de afirmación de la conciencia nacional catalana, las primeras formulaciones del cual fueron debidas al político republicano Valentí Almirall. En 1901 se formaría la Liga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó, que impulsaría la Solidaritat Catalana. En cuanto al movimiento obrero, el final del siglo XIX se caracterizará en Cataluña por tres tendencias: el sindicalismo, el socialismo y el anarquismo, a los cuales se sumará a inicios del siglo XX el lerrouxismo. Ello conduce a que en las primeras décadas del siglo XX se distingan dos grandes líneas de fuerza, el catalanismo y el obrerismo.

El primero, bajo el liderazgo de Prat de la Riba, conseguirá una primera plataforma de autogobierno desde 1716: la Mancomunidad de Cataluña (1913-1923), presidida primero por éste, y más tarde por Josep Puig i Cadafalch. El obrerismo encontrará en el anarcosindicalismo la síntesis aglutinadora de anarquistas y sindicalistas, los dos sectores mayoritarios del movimiento obrero, y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la organización de combate para luchar por sus derechos.

El verano de 1909 se produce una revuelta popular conocida como la Semana Trágica, en que la una huelga general degenera en actos de vandalismo que son reprimidos duramente.

La creciente conflictividad social degenerará a lo largo del reinado de Alfonso XIII, dando lugar desde 1917 a una intensificación de las tensiones y al desarrollo del pistolerismo, alentado desde la patronal contra los obreros y causante de una espiral de violencia, que conducirá al apoyo por parte de la burguesía catalana a una solución autoritaria: la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).

Tras la caída de Primo de Rivera, la izquierda republicana y catalanista invirtió grandes esfuerzos para generar un frente unitario, bajo la figura de Francesc Macià. Así nació ERC, un partido que logró romper el abstencionismo obrero y consiguió un triunfo espectacular en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que precederían a la proclamación de la Segunda República Española.

La proclamación de la República permitiría la instauración de la Generalidad de Cataluña y la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932, que a pesar de sus múltiples limitaciones, supuso la realidad de un autogobierno. La Generalitat republicana desarrollaría, gracias a la labor de sus dos presidentes, Francesc Macià (1931-1933) y Lluís Companys (1934-1939), una gran tarea, a pesar de la grave crisis económica, sus repercusiones sociales y las vicisitudes políticas del periodo, entre ellas su suspensión en 1934, con motivo de los incidentes acaecidos en Barcelona en octubre de dicho año.

En cuanto al movimiento obrero, destaca la crisis de la CNT con la escisión de los treinta y la formación del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC).

Tras la victoria electoral de las izquierdas en febrero de 1936, tuvo lugar en julio el fallido golpe de estado contra la República, que desembocaría en la guerra civil. La derrota de la rebelión militar en Cataluña supuso su incorporación al bando republicano. El desarrollo de la guerra en Cataluña se caracterizó en una primera fase por una situación de doble poder: el nominal de la Generalitat y el real de las milicias populares armadas y el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. Los enfrentamientos entre los partidos obreros fueron muy violentos y se saldaron con la derrota de la CNT-FAI y el POUM, sobre el cual el PSUC desató una fuerte represión. Esta situación se resolvería progresivamente a favor de la Generalitat, pero al mismo tiempo vería reducida su autonomía por el gobierno central. El esfuerzo bélico de la Generalitat se concentró en dos frentes: Aragón y Mallorca, siendo la segunda un verdadero fracaso. El frente de Aragón resistió con firmeza hasta 1937, cuando la ocupación de Lérida y Balaguer lo desestabilizó.

Finalmente las tropas franquistas rompieron en dos el frente republicano al ocupar Vinaroz, lo que aisló a Cataluña del resto. La derrota de los ejércitos republicanos en la batalla del Ebro supuso la ocupación de Cataluña entre 1938 y 1939 por las tropas franquistas, que suprimieron la autonomía e instauraron un régimen dictatorial, que supondría fuertes estragos contra el catalanismo y la cultura catalana.

El franquismo (1939-1975) supuso en Cataluña, como en el resto de España, la anulación de las libertades democráticas, la prohibición y persecución de los partidos políticos, la clausura de la prensa no adscrita al régimen y la eliminación de las entidades izquierdistas. Además, se suprimieron el Estatuto de Autonomía y las instituciones de él derivadas, y se persiguió con sistematicidad la lengua y la cultura catalanas en muchas de sus manifestaciones públicas e incluso (en los primeros tiempos) privadas. A pesar de ello y por ejemplo, durante este periodo se permitió la publicación de varios millares de libros, con una tirada total de millones de ejemplares. Cualquier signo de resistencia fue suprimido con energía, en los primeros años se multiplicaron los campos de concentración donde los detenidos vivían en condiciones precarias, las cárceles se llenaron a rebosar y miles de ciudadanos tuvieron que exiliarse.

Además, 4.000 catalanes fueron ejecutados entre 1938 y 1953, entre ellos el presidente de la Generalitat Lluís Companys, por mantenerse fieles a la legalidad republicana.

Tras la primera etapa de economía autárquica, en la década de los años 1960 la economía entró en una etapa de modernización agrícola, de incremento de la industria y recibió el impacto del turismo de masas. Cataluña fue también una de las metas del movimiento migratorio, que dio a Barcelona y a las localidades de su entorno un crecimiento acelerado. También se desarrolló fuertemente la oposición antifranquista, cuyas manifestaciones más visibles en el movimiento obrero fueron Comisiones Obreras, desde el sindicalismo, y el PSUC.

En la década de los años 1970, el conjunto de fuerzas democráticas se unificaron alrededor de la Asamblea de Cataluña. El 20 de noviembre de 1975 falleció el Jefe del Estado Español Francisco Franco, hecho que abriría un nuevo período en la historia de Cataluña.

Con la muerte del general Franco, se inició el periodo conocido como transición democrática, a lo largo del cual se irían alcanzando las libertades básicas, consagradas por la Constitución española de 1978. En ella se reconoce la existencia de comunidades autónomas dentro de España, lo que da lugar a la formulación del Estado de las Autonomías.

Tras las primeras elecciones generales, en 1977, se restauró provisionalmente la Generalidad, gracias al impulso de la sociedad civil catalana (representada por la masiva manifestación que tuvo lugar en Barcelona el 11 de septiembre de ese año) y la iniciativa del Gobierno de Adolfo Suárez, apoyada por el Rey de España y las altas instancias del Estado. Al frente de la Generalidad restaurada se situó Josep Tarradellas, que había preservado la legalidad del autogobierno catalán como Presidente en el exilio, tras declarar su adhesión al Rey y al proceso de reforma política. Tarradellas constituyó un gobierno autónomo provisional compuesto por representantes de las fuerzas más relevantes en aquel momento.

En 1979, se aprobó finalmente un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, netamente superior al de 1932 en algunos aspectos como enseñanza y cultura, pero inferior en otros como justicia, finanzas y orden público. En él, Cataluña se define como “nacionalidad”, se reconoce el catalán como “lengua propia de Cataluña” y alcanza la oficialidad junto al castellano. Tras su promulgación, tuvieron lugar las primeras elecciones catalanas, que dieron la presidencia de la Generalitat a Jordi Pujol, de Convergència i Unió, cargo que ostentaría, tras seis triunfos electorales consecutivos, hasta el año 2003.

A lo largo de los años 1980 y años 1990 se desarrollaron diferentes aspectos de la construcción autonómica, entre ellos el despliegue de la policía autonómica, los Mossos d'Esquadra, la creación de la administración comarcal y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. También se desarrolló la Ley de Normalización Lingüística, a fin de fomentar el conocimiento y el uso del catalán y se crearon la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, los medios de comunicación, radio y televisión, de titularidad pública catalana.

El 5 de noviembre de 1992, España ratificó en Estrasburgo, la Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias, por la que adquiere entre otros, el compromiso de reconocerlas, respetarlas y promoverlas.

En 1992 Barcelona celebró los Juegos Olímpicos, que sirvieron para dar a Cataluña y a España un reconocimiento internacional. A lo largo de la década de los años 1990, la ausencia de mayorías absolutas en el gobierno español apenas contribuyó a ampliar las competencias autonómicas, a pesar del apoyo de CiU al último gobierno de Felipe González (1993-1996) y al primero de José María Aznar (1996-2000).

Esta situación, el desgaste de CiU tras tantos años en el gobierno, y su apoyo a los últimos gobiernos de Aznar, condujo a que, en noviembre de 2003, los resultados de las elecciones autonómicas posibilitaran un cambio de partidos en el gobierno de la Generalitat. A pesar de no haber ganado las elecciones por número de escaños, Pasqual Maragall (PSC-PSOE) fue nombrado presidente, encabezando un gobierno de coalición formado por el PSC-PSOE-CpC, ERC y ICV-EUA, el Tripartito catalán.

El 16 de septiembre del 2005, la ICANN aprobó oficialmente el .cat, el primer dominio para una comunidad lingüística.

El tripartito resultó inestable políticamente, especialmente con el proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, lo cual se tradujo en un adelanto de la convocatoria de elecciones a noviembre de 2006, en las cuales CiU obtuvo mayor número de votos, aunque el tripartito continuó obteniendo suficiente apoyo como para poder formar gobierno del que José Montilla fue nombrado President. Montilla es el primer presidente de la Generalitat no nacido en Cataluña después de la Segunda República, siendo nativo de Iznájar, Córdoba.

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