Automoción

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Publicado por astro 12/03/2009 @ 23:11

Tags : automoción, economía

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Museo de Historia de la Automoción de Salamanca

El Museo de Historia de la Automoción de Salamanca es el único museo público de España dedicado al motor. Inaugurado a finales de septiembre de 2002 por los Reyes, cuenta en sus fondos con más de 200 automóviles históricos, algunos únicos, así como miles de accesorios relacionados con el automóvil. El museo se ubica en un edificio que fue la primera planta de producción de electricidad que tuvo salamanca.

En el museo se expone la colección de Demetrio Gómez Planche, antiguo arquitecto técnico, quien con la ayuda de su familia, ha reunido durante más de 40 años todo tipo de automóviles, motocicletas, documentos y accesorios relacionados con el mundo del automóvil. A la coleción de Gómez Planche se unieron las aportaciones de la Dirección General de Tráfico, Centro Histórico Iveco-Pegaso y otras aportaciones tanto públicas como privadas. Entre los fondos de la colección, no solo hay coches de distintas épocas sino también diversos objetos que precedieron la automoción como la en bici de explosión.

El Museo de Historia de la Automoción de Salamanca situado frente a la Casa Lis de Salamanca, también está equipado con una biblioteca, hemeroteca, videoteca y un archivo.

Martes a domingos: 11:00 a 14:00h. / 17:00 a 21:00h.

Entrada: 3 € / 2 € estudiantes, jubilados y grupos.

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Museo de la Automoción y la Tecnología de Sinsheim

Autobús de dos pisos

El Museo de la Automoción y la Tecnología de Sinsheim, en alemán Auto- und Technikmuseum Sinsheim abrió sus puertas en 1981 en la localidad alemana de Sinsheim. Es propiedad de un consorcio llamado Auto & Technik Museum Sinsheim e.V., que también es propietario de un museo de la misma temática ubicado en Espira.

Dispone de más de 3.000 piezas de exposición, distribuidas en un área de más de 50.000 m2. Además de la exposición, el museo dispone también de un cine 3-D IMAX gigante de 22x27 metros. En total recibe más un millón de visitantes al año.

En 2003, Air France donó uno de sus Concorde tras la retirada del servicio de este modelo de avión supersónico de pasajeros. Añadido a su contrapartida soviética Tupolev Tu-144, que llevaba en exposición desde 2001, este lugar es el único del mundo donde ambos aparatos están expuestos simultáneamente.

Una de las últimas adquisiciones de relevancia ha sido un modelo simulador del transbordador Buran —el OK-GLI— que es exhibido en las instalaciones del museo.

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Pamplona

Bandera de Pamplona

Pamplona (en euskera, Iruña como forma cooficial e Iruñea según la Real Academia de la Lengua Vasca) es la capital de la Comunidad Foral de Navarra (España) y centro de la cuenca de Pamplona.

Fue fundada en el 74 a. C. por el general romano Pompeyo sobre un poblado preexistente llamado Iruña o Bengoda. Durante la Edad Media fue la capital del Reino de Pamplona y posteriormente del Reino de Navarra, y por ello hoy es considerada por la mayoría del nacionalismo vasco la capital histórica de Euskal Herria.

Se extiende a ambas orillas del río Arga. Es el centro financiero y comercial de Navarra, además de centro administrativo. Su población (2008) es de 199.608 habitantes, y alcanza los 330.000 habitantes si se incluyen los municipios que constituyen el área metropolitana de Pamplona.

Es un importante núcleo de actividad industrial, siendo las actividades de mayor importancia la automoción (con la fábrica de Volkswagen), energía eólica (Gamesa, Acciona, M.Torres e Iberdrola), materiales de construcción, metalurgia, papel y artes gráficas y transformados cárnicos. La docencia y la sanidad constituyen la segunda actividad económica de la comunidad.

El nombre euskérico parece derivarse del euskera "Hiri", traducido como "ciudad o villa". Los pueblos con ese componente (hiri) fueron poblados por motivos estratégicos o comerciales y acabaron siendo centros de referencia comarcales y, en consecuencia, para los naturales eran "la ciudad". Según otros, puede hacer mención al río "Runa" , hoy llamado Arga.

En época del imperio romano, el poblado de Iruñea se convirtió en ciudad a través de la fundación de "Pompaelo", fundada por Cneo Pompeyo Magno en el año 74 a. C., que estableció un campamento militar que con el tiempo sería Pamplona.

Pompaelo, que recibió el nombre de su fundador, no fue más que una pequeña civitas edificada por legionarios, donde fueron asentados los vascones de la antigua aldea.

La defensa de la ciudad sería relativamente sencilla al estar situada a cierta altura y encontrarse protegida por el río Arga que la rodea, bastando con amurallar sólo uno de sus flancos. En casi toda la zona cercana al río existirían entonces zonas boscosas o de arbustos, que aseguraban la subsistencia de los rebaños, el suministro de madera y de algunos frutos. La parte más cercana a la muralla contendría las edificaciones, con el Foro en el centro y una calle desde éste hasta la muralla, donde seguramente una puerta se abría en dirección a la zona del Valle del Ebro. Los cultivos se ubicarían en el exterior de la ciudad y en la zona cercana al río. Podría existir una relación clientelar previa de Pompeyo con algún jefe vascón ya que sabemos que nueve personas de la ciudad vascona de Segia recibieron la ciudadanía romana de Cneo Pompeyo Estrabón, padre de Pompeyo Magno, el año 90 a. C., en recompensa por su ayuda en la toma de Ausculum (en el Piceno) durante la guerra de Italia, llamada también guerra Mársica.

La Pamplona romana disponía de termas, según los últimos hallazgos arqueológicos de la céntrica Plaza del Castillo, lo que confiere al asentamiento una categoría superior a la que tradicionalmente se había considerado.

La dominación visigoda de Pamplona es un tema políticamente polémico. Pese a haber sido sede episcopal de la iglesia visigoda, y haber necrópolis visigodas en Pamplona, existe alguna polémica sobre si existió o no dominación visigoda sobre la ciudad o, simplemente convivencia. Los testimonios arqueológicos y documentales han recibido diversas interpretaciones en algunos casos derivadas de la polémica política.

Tras los episodios visigodos, musulmanes y carolingios, en la segunda mitad del siglo IX la ciudad se afianza en el emergente núcleo cristiano. La dinastía Jimena, en el siglo X, vertebra este movimiento social y político y da lugar al Reino de Pamplona, así llamado originariamente perviviendo esta denominación los dos siglos siguientes, hasta que en 1164 tomó el título de Reino de Navarra. Con este cambio nominal se pretendía subrayar la soberanía del territorio, del conjunto de Navarra, y marcar distancias frente a la poderosa corona de Castilla. La expulsión de los musulmanes y la formación del reino de Pamplona atrajo a nuevos pobladores (siglo X).

En el entorno de la ciudad originaria (Navarrería, donde se encontraban los vascones) surgieron nuevos núcleos de población (San Nicolás, cuya población era más heterogénea y San Cernin mayoritariamente francos), todos ellos con administración y privilegios propios, aunque bajo la autoridad del obispo.

Esta estructura provocó frecuentes desavenencias y enfrentamientos desde 1213, que culminarían con la destrucción de la "Navarrería" y la masacre de su población en septiembre del año 1276. Este terreno quedó totalmente abandonado durante casi 50 años.

Ocupada por el ejército al mando del Duque de Alba por orden de Fernando el Católico en 1512. Pamplona, que era beaumontesa en la guerra civil entre beamonteses y agramonteses, y con las tropas castellanas en sus puertas se rindió el 25 de julio de 1512. Otros lugares de Navarra ofrecieron una mayor resistencia.

Tras la conquista es anexionada, junto con gran parte del Reino de Navarra, al Reino de Castilla en la reunión de las Cortes Castellanas en Burgos el 7 de julio de 1515. Reunión en la que no intervino ningún navarro.

Tras la ocupación se produjeron tres intentos de reconquistar el Reino de Navarra. En el mismo 1512 las fuerzas navarras con apoyo de las francesas sitiaron Pamplona del 7 al 27 de noviembre, pero se retiraron a la llegada del invierno. Otro intento, en 1516, no llegó a Pamplona porque fueron detenidos en el valle de Roncal. En mayo de 1521 se recuperó todo el reino, incluida Pamplona, con la colaboración de sus habitantes, que se sublevaron en contra de los ocupantes castellanos. Aquí resultó herido el fundador de los Jesuitas, Ignacio de Loyola, oñacino que luchaba con los castellanos, mientras que los hermanos de San Francisco Javier lucharon para liberar el Reino. Poco después, en la sangrienta batalla de Noáin el 30 de junio de 1521, las fuerzas navarras, en inferioridad numérica perdieron definitivamente Pamplona. La ciudad de Pamplona, tras estas batallas y asedios debío quedar económicamente maltrecha pues el propio rey otorgó una exención de impuestos a sus habitantes durante cinco años.

Resistió los ataques franceses de 1794 (Guerra de la Convención), pero durante la Guerra de la Independencia fue una de las primeras plazas en caer en poder de las tropas Napoleónicas, en 1808, permaneciendo bajo su dominio hasta 1813.

En Pamplona tuvo lugar el primer levantamiento ("pronunciamiento", se decía entonces) liberal, en 1814, a cargo de Espoz y Mina.

A finales del siglo XIX se produjo la "Gamazada", movimiento popular en defensa de los Fueros, que los navarros decidieron perpetuar la memoria de lo sucedido para transmitirla a las generaciones posteriores. Para ello se construyó en Pamplona en 1903 el Monumento a los Fueros, ante el Palacio de Navarra, pagado por suscripción popular. Consta de varias inscripciones: En una de ellas, en caracteres supuestamente ibéricos, se representa una leyenda redactada en vascuence por Fidel Fita, que dice: " Nosotros los vascos, que no tenemos otro señor que Dios, acostumbramos a dar acogedor albergue al extranjero, pero no queremos soportar su yugo. Oídlo bien vosotros, nuestros hijos". Otra inscripción en euskera dice: "Aquí estamos los euskaldunes de hoy congregados por respeto a la memoria de nuestros antepasados, porque queremos mantener nuestra ley".

Pamplona permanecerá encerrada en sus murallas hasta los inicios del siglo XX. La población vivirá constreñida, reducida a un espacio cada vez más angosto que le impedirá afrontar los retos de una sociedad que comienza a abandonar las formas de vida y de trabajo del Antiguo Régimen. Es por esto por lo que la ciudad no se expandía sino que crecía hacia arriba. Muchos edificios antiguos, tienen una altura relativamente alta comparada con edificios de la misma época y de otras ciudades.

Primando los intereses de la ciudad sobre los puramente patrimoniales, en 1905, las murallas comienzan a caer, desde la Taconera al Labrit, para permitir el crecimiento ordenado hacia el Sur. Así surgió el Segundo Ensanche (el Primero se había producido en 1888 y solo había sido una tímida expansión urbanística en torno a la Ciudadela). Desde el centro de la ciudad constituido por la Plaza del Castillo hacia el Sur se abrieron nuevas calles, planteadas con un esquema riguroso, a la manera del aplicado por Cerdá en el "Ensanche de Barcelona".

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que llevaron a la II República, en Pamplona triunfo la coalición monárquico-derechista (10 carlistas jaimistas, 1 monárquico), con 17 concejales; los candidatos republicano-socialistas obtenían 12 (uno socialista), mientras que los nacionalistas vascos no obtuvieron ningún escaño. Sin embargo, el Bloque republicano-socialista impugnó estas elecciones por lo que se repitieron el 31 de mayo con victoria del bloque de izquierdas, que alcanzó en Pamplona 8.645 votos y 15 concejales, por 6.997 sufragios y 14 ediles que sumaron las derechas. El republicano Mariano Ansó fue elegido alcalde. Sin embargo, varios de los concejales, entre ellos el propio Ansó, pasaron a cargos provinciales, por lo que a finales de 1932, la corporación municipal estaba compuesta por 13 concejales tradicionalistas, 6 republicanos radicales, 3 socialistas, 3 miembros de Acción Republicana, 2 radical-socialistas, 1 republicano autónomo y un independiente. Nicasio Garbayo, de Acción Republicana, fue elegido alcalde. En agosto de 1934, Garbayo y todos los tenientes de alcalde izquierdistas presentaron la dimisión, con lo que fue el carlista Tomás Mata quien ocupó la alcaldía, puesto que conservó durante la Guerra Civil y hasta 1940.

A partir de 1932, los carlistas actuaban abiertamente como grupo paramilitar con diversos incidentes en las calles de Pamplona y alrededores, con destacados líderes como Silvano Cervantes, Mario Ozcoidi y Jaime del Burgo (padre de Jaime Ignacio del Burgo).

Tras la victoria del Frente Popular en España, el general Mola fue trasladado de Marruecos a Pamplona, como gobernador militar, en un intento de dividir a los golpistas y controlarlo. En Pamplona había ganado el bloque de derechas, incluidos los carlistas con 11.963 votos, frente a 2.416 de izquierdas y 2.416 de los nacionalistas vascos. El efecto fue el contrario al buscado por el gobierno de la República ya que el general Mola por mediación de Raimundo García García “Garcilaso” director del “Diario de Navarra” se puso en contacto con los grupos paramilitares carlistas “requetés”.

El 18 de julio el golpe de estado, llamado por los sublevados “Alzamiento Nacional”, tiene éxito en Pamplona, con alguna pequeña resistencia en alguna calle de la ciudad y por parte del comandante de la Guardia Civil en Navarra, José Rodríguez-Medel Briones que ante le negativa de sumarse a la sublevación y cuando estaba organizando a fuerzas leales a la República, fue asesinado por uno de sus subordinados. Se colocó el bando, que había sido impreso en los talleres del “Diario de Navarra” y fueron asaltadas varias sedes, entre otras la del PNV donde se editaba “La Voz de Navarra”, siendo encarcelado su director José Aguerre, para posteriormente editarse el “Arriba España”. Iniciándose seguidamente la purga de los funcionarios y los fusilamientos en la parte de atrás de la ciudadela, que se prolongaron hasta después de finalizar la guerra. Pamplona no fue frente de guerra pero, aun así, en una ciudad que contaba con 42.259 habitantes en el censo de 1930, fueron asesinados 303 personas, entre ellas seis que habían sido concejales: Florencio Alfaro Zabalegui, Gregorio Angulo Martinena, Corpus Dorronsoro Arteta, Victorino García Enciso, Mariano Sáez Morilla e Ignacio Sampedro Chocolonea. La media de ejecuciones, calculando el incremento de la población desde 1930, fue del 6,76 por mil en Pamplona (para datos de Navarra véase Víctimas de la Guerra Civil en Navarra).

En el fuerte San Cristóbal, situado en el monte Ezcaba, cercano a la ciudad, sucedió uno de los hechos más trágicos de la Guerra Civil, pues sus instalaciones fueron utilizadas como "campo de concentración" y cárcel para los antifranquistas en condiciones infrahumanas, resultando que el 22 de mayo de 1938, se produjo la mayor fuga de presos de la historia de España. Ese día 795 presos abandonaron el fuerte en el hecho conocido como la Fuga del Fuerte San Cristóbal, de ellos sólo tres consiguieron escapar y cruzar la frontera con Francia; 211 fueron abatidos y el resto recapturados. De los detenidos, 14 fueron condenados a muerte, y fusilados el 8 de septiembre de 1938 junto a la Ciudadela de Pamplona.

La Transición del franquismo a la democracia se vivió en la capital navarra con particular intensidad, primero en el plano sindical y después, de manera generalizada, en el político y cultural. Destaca en Pamplona la virulencia de la semana pro-amnistía de mayo de 1977, con dos muertos de los siete habidos en la C.A.V y Navarra y, en especial, los Sanfermines de 1978, que, según fuentes vinculadas al nacionalismo vasco, marcaron el futuro de Navarra.

Según describió Mario Onaindia en la primera etapa de la transición no hay muchos atentados de ETA, pues fue el momento en que se replanteó la lucha armada que se realizaba desde el franquismo. Sin embargo posteriormente se recrudeció la actividad de la organización terrorista ETA, (que planteó la alternativa KAS ), con el apoyo de algunos sectores de la clase obrera de la capital navarra próximos al partido político Herri Batasuna (HB) y de jóvenes que, atraídos por la orientación marxista y colectivista de la banda, encuentran salida a su frustración económica, política y personal ingresando en dicha organización armada, según la tesis que mantienen los defensores del nacionalismo español Patxo Unzueta y Jon Juaristi.

Algunos autores han apuntado que sus privilegios fiscales fueron un aspecto decisivo que permitió a Navarra avanzar en su propio desarrollo económico, que se acentuaría tras la Ley del Amejoramiento del Fuero en 1982, llevándola a figurar actualmente entre las comunidades autónomas más ricas y con mayor PIB per cápita de España.

En la actualidad Pamplona, superada la transición a la sociedad industrial, se presenta como una ciudad de tamaño medio que reparte su actividad entre la industria y los servicios, destacando la excesiva dependencia existente de algunas empresas como Volkswagen.

La "capital del viejo Reyno" en la actualidad es un proyecto a futuro puesto que, a tenor de las estadísticas regularmente realizadas (Navarrómetro), aunque todavía no revisten especial importancia los efectos de los problemas de las grandes urbes (tráfico, polución, ruido, accesibilidad, transporte público, aglomeración urbana ...), debe afrontar estos problemas antes de que aparezcan, puesto que la población de la comarca en la que se sitúa ronda los 360.000 habitantes. Aun así disfruta del nivel más bajo de delincuencia del país, en parte debido a la especial vigilancia antiterrorista y al hecho de que existan cuatro cuerpos policiales (Policía Municipal, Policía Foral, Guardia Civil y Policía Nacional) en la misma ciudad.

El último logro ha sido la próxima construcción de la estación de alta velocidad que la uniría a la red vasca formando el eje Bilbao-Barcelona y Sevilla-Paris, lo que se añade -entre otras infraestructuras de comunicaciones- la nueva estación de autobuses, ya realizada, y el proyecto de ampliación del aeropuerto.

En cuanto a las infraestructuras culturales, se inauguró en 2003 el Palacio de congresos y Auditorio, y posteriormente se han ido incorporando varios centros cívicos culturales (denominados bajo la marca "Civivox") en diferentes barrios de la ciudad. Para el año 2016, la ciudad es una de las candidatas a Capital Europea de la Cultura junto a ciudad polaca de Toruń: en ese año, la capitalidad le corresponde a una ciudad española y otra polaca.

La oposición detecta por su parte serias carencias en la ciudad, como pudieran ser: el precio de la vivienda de compraventa y alquiler, el elevado número de viviendas vacias, especialmente en las últimas promociones urbanísticas, el excesivo centralismo de la capital respecto de la provincia, la creación de aparcamientos en el centro de la ciudad, critica también la llamada "política de hormigón" llevada a cabo o favorecida por el gobierno municipal, debido a los grandes proyectos urbanísticos (Baluarte, estaciones, Corte Inglés, restructuración de la Plaza del Castillo, parkings subterráneos, etc.) y la desatención a los problemas de tipo "social".

La bandera está formada por un paño verde de proporciones 1/3 con el escudo de Pamplona en el centro en sus esmaltes. Se utiliza desde 1923 año en que con motivo de V centenario del Privilegio de la Unión el ayuntamiento acordó realizar otra bandera en talefán verde, por encontrarse la anterior muy deteriorada. Anteriormente la bandera de Pamplona fue de color blanco y azul y no se sabe a ciencia cierta a que se debe el color verde de la bandera actual. Los investigadores y archiveros no han dado con el acuerdo que convirtiera en verde el pendón, que el Privilegio de la Unión ordena que sea azul.

En campo de azur (azul), león pasante de plata, lampasado y armado de gules (rojo) y surmontado, al centro, por corona real de oro; en bordura, las armas de Navarra, cadenas de oro sobre gules (rojo). Al timbre, corona ducal.

Tradicional se representa el escudo de forma apuntada y de timbre una corona formada por cuatro florones (tres a la vista) con forma de lis y otros tres de menor tamaño, con forma de trébol de tres hojas, aunque han existido otras formas de representarlo, en escudo francés o escudo ovalado.

Pamplona posee un aeropuerto en el término municipal del vecino Noáin, y una estación de ferrocarril en el barrio de San Jorge, que será desmantelada en un futuro para construir la nueva estación de RENFE para el tren de alta velocidad en la localidad limítrofe de Pamplona que es, Zizur Mayor. Pamplona está comunicada por autovía o autopista con todas las capitales de las provincias que rodean a Navarra (Vitoria, San Sebastián, Logroño y Zaragoza), excepto con Huesca, con la que (mientras no termine la construcción de la autovía A-21) se comunica mediante carretera nacional. También cuenta con comunicaciones por carretera con el departamento francés de Pirineos Atlánticos, fronterizo con Navarra, y con sus ciudades más importantes.

Pamplona cuenta con una red de transporte público que une los diferentes barrios de la ciudad y las demas poblaciones que conforman el área metropolitana con la zona centro de Pamplona y entre sí, basada en una flota de autobuses conocidos popularmente como "Villavesas". Actualmente son 23 las líneas diurnas que circulan por la ciudad, y 10 las nocturnas (la línea diurna 21, que conecta el centro con el aeropuerto está en periodo de pruebas durante 6 meses). La línea 4, la más usada, cuenta con una flota de 16 autobuses.

La primera parte urbanizada de Pamplona fue la zona de la Catedral, donde se asentaron los romanos, junto a un poblado vascón. Más tarde, durante la Edad Media, se conformarían los tres burgos de Pamplona: la Navarrería (el más grande, con población navarra), y San Cernin y San Nicolás, con población de francos. También se conoce de la presencia de juderías, que hacia finales del siglo XV, serían expulsados. Estos burgos, permanecerían así mucho tiempo, y en muchas ocasiones enfrentados. Este problema, fue solucionado con la unión de los tres burgos, bajo el Privilegio de la Unión. Lo que antes eran fosos, pasaron a ser calles. De esta forma quedaría configurada Pamplona de nuevo por mucho tiempo.

Durante el siglo XIX, Pamplona ve aumentada su población. Ante la negativa de tirar las murallas, se construyen nuevas plantas de viviendas sobre viviendas antiguas, es decir, se eleva la altura de los edificios. Con la Desamortización de Mendizábal, se aprovechan espacios, antes de conventos o iglesias para construir. En la segunda mitad del siglo XIX, Pamplona pide abrir las murallas, para poder crecer, y no seguir viviendo en situaciones de insalubridad, y con tales necesidades de vivienda. Las peticiones no son aceptadas. Finalmente, el Ejército tras negociación, accede a tirar dos de los Baluartes en 1884, para construir el Primer Ensanche, donde se construirán los cuarteles de infantería y unas seis manzanas de edificios para la burguesía, por lo que no se solventaba el problema para la mayoría de la población. De todos modos, fue la primera reforma urbanística destacable en mucho tiempo. Como ya se ha dicho, el problema no se había solucionado, con lo que se sigue insistiendo para tirar las murallas, hasta que finalmente se accede a principios del siglo XX. Se construye un Segundo Ensanche, similar al de Barcelona, de manzanas cuadras, con calles rectas. Algunos decían que no se llenaría nunca. Hubo otros proyectos, como hacerlo hacia la Rochapea, donde ya había un pequeño "barrio", o hacerlo hacia el oeste.

Por la negativa continuada del Ejército para derribar las ya inútiles murallas, Pamplona no pudo tener antes un Ensanche como lo tuvieron en Barcelona, San Sebastián u otras ciudades españolas. Actualmente, poco a poco, este Ensanche va revalorizándose, gracias a la calidad de sus edificios y buena planificación, aunque corre mucho riesgo especulatorio.

A mediados del siglo XX, con el inicio de la industrialización, surgen o se reactivan en torno a la población histórica barrios alejados del centro urbano, destinados a recoger a los inmigrantes llegados en su mayoría del entorno rural. Es el caso de la Chantrea, al pie de la ciudad, al otro lado del río; de la Rochapea, de San Jorge, cerca de la estación de ferrocarril; y de la Milagrosa, en el flanco Sur. La ampliación del término municipal culminó en 1998 con la incorporación de Mendillorri, una moderna zona residencial, y la trama urbana se expande actualmente en nuevas urbanizaciones, como Ezcaba, Buztintxuri y Lezkairu-Arrosadía.

Al mismo tiempo que la ciudad se desarrolla en la segunda mitad del siglo XX, los pequeños municipios del entorno, hasta entonces dedicados al campo, súbitamente se transforman en lugar de residencia de la nueva población industrial. Así sucedió, por ejemplo, en Noáin, Zizur Mayor, Barañáin, Ansoáin, Berriozar, Burlada y Villava.

Pamplona presenta un gran contraste entre la ciudad moderna, con numerosos jardines, grandes avenidas, la ciudad medieval amurallada, con pequeñas callejuelas, edificios antiguos y elegantes en el casco viejo, y los ensanches, plazas y bellos monumentos. Y esto ocurre, a diferencia de otras ciudades que mantienen separados su casco antiguo y el moderno, conjugando admirablemente tradición con modernidad en las mismas zonas.

Así lo podremos apreciar fundamentalmente en su muralla, reconstruida en los siglos XVI y XVIII, que en extraordinaria longitud, parcialmente paralela al río Arga, abraza la ciudad en extraordinaria armonía.

La antigua ciudad amurallada se extiende hoy sobre la cuenca del río Arga y forma con los municipios colindantes un continuo urbano que alberga aproximadamente a 330.000 habitantes: más de la mitad de la población de la Comunidad Foral.

La población de Pamplona (2007) es de 200.569 habitantes, aunque su área metropolitana, formada por 18 municipios, cuenta con una población total de 328.511 habitantes; algunos de los municipios que la engloban son: Aranguren, Noáin, Galar, Huarte, Beriáin, Cordovilla, Zizur Mayor, Barañáin, Burlada, Villava, Egüés, Arre, Berriozar, Oricáin, etc. La población de Pamplona ha crecido considerablemente en los últimos años gracias a la inmigración. Y se han puesto en marcha numeroso planes urbanísticos para albergar a 500.000 personas. La oposición por su parte destaca que actualmente (2007), existirían planes urbanísticos para un incremento de la población tres veces superior al previsto hasta el año 2020.

Es de destacar que en 1996 sólo 3.126 personas residentes en Pamplona habían nacido en otro país. Como en toda España, la cifra ha aumentado muy considerablemente a partir de esta fecha.

Los Sanfermines son las fiestas que Pamplona celebra desde hace siglos entre el 6 y 14 de julio en honor a San Fermín, copatrón de Navarra y patrón de la diócesis pamplonesa. Antiguamente las fiestas eran celebradas el 24 de septiembre. El cambio de fecha de las fiesta vino propiciado por la meteorología. Hoy día el penúltimo fin de semana de septiembre se celebran las fiestas de San Fermín Txiki o de Aldapa, de las cuales disfrutan los habitantes del Casco Antiguo. Según la tradición, Fermín, hijo del senador Firmus que gobernó Pamplona en el siglo III, se convirtió al cristianismo y fue bautizado por San Saturnino en el lugar que hoy se llama popularmente "Pocico de San Cernin". Fermín fue ordenado sacerdote en Toulouse (Francia), regresó luego a Pamplona como obispo y murió decapitado el 25 de septiembre del año 303 en Amiens (Francia), adonde había ido a predicar el Evangelio. Patrono de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos, San Fermín da nombre y es la excusa para que durante 204 horas Pamplona se transforme en una permanente fiesta en la que todos los asistentes acostumbran a vestir de blanco y rojo, recogida literariamente por Ernest Hemingway, gran amante de la ciudad.

Muchos piensan que San Fermín es el patrón de Pamplona, ya que las fiestas son en su honor. En realidad, San Fermín (7 de julio), es el copatrono de Navarra, siendo el patrón de Navarra San Francisco Javier (3 de diciembre) y el de Pamplona San Saturnino (29 de noviembre), junto con la Virgen del Camino.

En los Sanfermines de 1978, como anteriormente se ha señalado, se produjeron unos graves incidentes, tras entrar la Policía Armada en la Plaza de Toros de Pamplona, que marcaron la transición política en Navarra.

Los visitantes se quejan de que más allá de la semana de San Fermín, en Pamplona no existen demasiadas cosas que recuerden sus famosas fiestas por lo que se ha decidido mantener todo el año parte del famoso vallado del encierro. La creación del proyectado "Museo de los Sanfermines" finalmente se ha pospuesto, destinándose la subvención europea concedida a la mejora de los accesos del sur de la ciudad.

Es el final de la 2ª etapa del Camino de los peregrinos que entraban por Roncesvalles. El peregrino que va a pie llega por la parte norte de la ciudad introduciéndose en el recinto amurallado, por el Portal de Francia o de Zumalacárregui después de haber atravesado el puente de la Magdalena. El recorrido es: Catedral, Plaza de San José, Curia, Mercaderes, San Cernin, Plaza del Ayuntamiento.

Estos tres barrios eran totalmente independientes unos de otros e incluso estaban separados entre sí por murallas, librándose luchas sangrientas entre ellos hasta el siglo XV, en el que Carlos III de Navarra otorgó en 1423 el Privilegio de la Unión y pacificó y unió la ciudad, derribando las citadas murallas.

En las calles de Dormitalería nº 13 y Compañía nº 3 existieron Hospitales para extranjeros. En el siglo XVI se levantó el Hospital General, hoy Museo de Navarra. El peregrino disfrutaba en Pamplona de una especial protección gracias a su Fuero General.

Pamplona conserva parte de sus murallas de la Edad Moderna así como las iglesias de San Saturnino y San Nicolás, de la época medieval. La catedral es gótica, con una fachada neoclásica realizada por Ventura Rodríguez. Destacan también los edificios civiles de la "Cámara de Comptos" (siglo XIV), el Ayuntamiento y el palacio Provincial (siglo XIX).

El primer castillo fue mandado construir en el centro de la plaza, por el rey Luis Hutín, entre 1308 y 1311. Cuando se reconstruyeron las murallas, para rodear toda la ciudad, este castillo quedaba demasiado dentro de la ciudad, y Fernando el Católico mandó levantar otro en 1513, utilizándose las piedras del viejo castillo, desaparecido hacia 1450. Finalmente, hacia 1590, con la Ciudadela ya en construcción avanzada, se tiró este último castillo.

La plaza ya estaba delimitada por tres de sus lados, menos el lado sur, en el cual las carmelitas descalzas construyeron un monasterio que cerró la plaza. Las obras acabaron hacia 1600.

Uno de los grandes atractivos de Pamplona, son sus abundantes zonas verdes, llegando a tener un árbol por cada dos habitantes.

En el año 1972 tuvieron lugar los Encuentros, que reunieron en Pamplona a representantes de las vanguardias culturales de todo el mundo.

La ciudad cuenta con el Teatro Gayarre, que ofrece espectáculos en pequeño formato, y desde el año 2003 el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra o Baluarte acoge los de mayor envergadura, además de exposiciones, ferias y congresos.

Actualmente, el Festival Punto de Vista, heredero del "Certamen de Creación Audiovisual", reúne en febrero a creadores de cine documental o de no-ficción.

Existe también anualmente un certamen para la promoción de los jóvenes artistas navarros.

Dichos Conservatorios disponen de sus propias formaciones de jóvenes talentos con un brillante currículo tanto a nivel nacional e internacional.

En octubre tiene lugar el Festival de Cine de Pamplona, especializado en cine de ficción y documental de temática social y cortometrajes.

De la Universidad de Navarra depende la "Clínica Universitaria" que, por su prestigio, atrae a numerosos pacientes de otras ciudades, constituyendo junto con el "Hospital de Navarra" y el "Hospital Virgen del Camino" (conocido en Pamplona, por "La Residencia"), ambos dentro de la red del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea, y otros centros sanitarios como (Hospital San Juan de Dios, Clínica San Miguel), este último privado, un núcleo sanitario de gran importancia.

Los estudiantes de la Universidad de Navarra, como por ejemplo los de medicina, investigación y demás, tiene un gran privilegio, ya que hacen pruebas en la Clínica Universitaria de Pamplona y en CIMA (Centro de Investigación Médico Aplicada), y es el único en España que cuenta con una dotación de primera calidad. Pamplona es conocida también como la ciudad de la medicina, por sus grandes avances médico-científicos en hospitales y numerosos laboratorios con los que cuenta la capital navarra y su comarca.

Por todo ello, los sectores educativo y sanitario constituye un importante pilar de la economía navarra.

Pamplona es la capital española con mayor número de ordenadores personales en las viviendas (50,20%).

Fue el primer alcalde de Pamplona de la democracia, tras la dictadura de Franco. Su alcaldía fue muy corta, duró del 1 de febrero al 10 de octubre de 1976. Fue la candidatura y partido más votado el PSE-EE/PSOE (Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra/Partido Socialista Obrero Español)ya que hasta 1983, los socialistas navarros eran afiliados a los socialistas vascos, hasta que en el 83, se creó el Partido Socialista de Navarra (PSN-PSOE).

Fue destituido por el Gobernador Civil provincial por un presunto delito de prevaricación, aunque en realidad se debía a la elección de Erice como el primer alcalde de Pamplona abiertamente antifranquista y demócrata social. Su sucesor fue Tomás Caballero, del partido independiente de centro FNI (Frente Navarro Independiente), y elegido Caballero como alcalde por Erice.

En las elecciones de 1979, UCD, partido del presidente Adolfo Suárez, fue el más votado, consiguiendo 8 concejales. El segundo puesto, fue para Herri Batasuna, con 7. Después, como tercera fuerza con 5, el PSOE. Tras de este partido, UPN 5 y finalmente PNV 2.

Los socialistas llegaron a la alcadía gracias a los votos y apoyos recibidos de los grupo políticos de izquierdas y nacionalistas, tras una complicada situación al negarse el PSOE a apoyar al candidato a la alcaldía de HB Patxi Zabaleta. Este grupo dio la sorpresa en la noche electoral al quedar a menos de 1.000 votos del partido UCD. Balduz se convirtió en el alcalde de Pamplona más joven (subió a la alcaldía con 32 años).

En 1983, fue reelegido como alcalde Julián Balduz, ahora ya por el PSN-PSOE, pues en ese año el Partido Socialista de Navarra obtiene autonomía dentro del PSOE. Su etapa al frente de la alcaldía, la primera alcaldía democráticamente elegida desde la Segunda República, está considerada como una de las más brillantes de Pamplona por la mejora y creación de numerosos servicios (deportivos, sanitarios, educativos, espacios verdes,...).

Se crea en este año el Partido Socialista de Navarra (PSN-PSOE).

En las elecciones de 1987, hubo un empate en el número de concejales entre los dos primeros grupos municipales: UPN, aún sin unirse a AP (actual PP), y el PSN-PSOE.

La alcaldía fue para la lista más votada, la de UPN, que obtuvo 150 votos más que el PSN-PSOE; su candidato Javier Chourraut fue elegido alcalde.

La alcaldía fue para la lista más votada, nuevamente la de UPN-PP (única lista representada por los dos partidos desde estas elecciones), y su candidato, en este caso Alfredo Jaime, fue elegido alcalde.

En las elecciones de 1995, se había producido una escisión de UPN, que se constituyó en partido con el nombre de CDN (Convergencia de Demócratas de Navarra). Su fuerte entrada en el Ayuntamiento, como segunda fuerza con 6 concejales, cambió el panorama político en la ciudad y la alcaldía fue para su candidato Javier Chourraut, que fue elegido alcalde por segunda vez, ahora con el nuevo partido.

UPN es la primera fuerza política en el Ayuntamiento de Pamplona con 12 de 27 concejales, la izquierda abertzale (EH) es la segunda fuerza ya que consigue 6 concejales, PSOE baja a tercera fuerza por debajo de los abertzales, con 4; CDN tiene 3 e IU, 2 concejales. Un pacto entre UPN y CDN da la alcaldía a Yolanda Barcina.

UPN sube 1 concejal y obtiene 13 de los 27 concejales, siendo de nuevo la primera fuerza política. El PSOE, segunda fuerza, consigue 5 concejales, IU 3, PNV/EA 2, Aralar 2 y CDN 2. Un pacto entre UPN y CDN da de nuevo la alcaldía a la regionalista Yolanda Barcina (UPN). La candidatura Iruñea Berria fue anulada, por ser considerada por los tribunales relacionada con Batasuna.

UPN mantiene los 13 concejales que tenía en las anteriores elecciones. Nafarroa Bai (Na-Bai), en sus primeras elecciones municipales, consigue ser la segunda fuerza en el ayuntamiento, con 8 concejales. PSOE baja a 4 concejales, y el histórico partido EAE-ANV (que volvió a las urnas en representación de la izquierda abertzale) consigue 2 concejales. CDN e IU se quedan sin representación en el ayuntamiento. UPN no consigue la mayoría absoluta y, como en estas elecciones CDN no obtuvo ningún concejal, PSN-PSOE era la llave para constituir en el ayuntamiento de Pamplona una alternativa a UPN. Finalmente, los socialistas se abstuvieron tras negarse el PSOE a apoyar a Uxue Barkos (NaBai) para no coincidiren el voto con ANV, y dejaron gobernar a UPN en minoría, siendo alcaldesa, por tercera vez consecutiva, Yolanda Barcina (UPN).

Pamplona pertenece a la "Zona Mixta" según la "Ley Foral del Vascuence" de 1986 (las otras dos zonas definidas por la ley son la zona vascófona y la no vascófona). Por lo tanto, todos los impresos de la administración y también las rotulaciones deben estar en los dos idiomas oficiales de la ciudad, el castellano y el euskera, aunque -según denuncia el Diario de Noticias, es normal ver estas últimas bien solo en castellano o bien con letras más pequeñas (70%) o de color de menor visibilidad las escritas en euskara. A pesar de lo dispuesto por la Ordenanza Municipal del Euskera de 12 de septiembre de 1997, -siempre según el "Diario de Noticias"- el bilingüismo real es más la excepción que la norma.

La propia ciudad se nombra con la doble denominación Pamplona-Iruña en virtud de la citada Ley, siendo dobles los nombres oficiales de muchos de sus barrios (Rochapea/Arrotxapea, Casco Viejo/Alde Zaharra, San Juan/Donibane).

La temperatura media anual de la ciudad es de 12,6 grados. Los cambios de invierno a primavera y de verano a otoño no son progresivos sino bruscos, especialmente en primavera y otoño.

Por otro lado, teniendo en cuenta la media de las temperaturas máximas en Pamplona, sólo los meses de julio y agosto superan los 25 grados, mientras que si se analiza la media de las temperaturas mínimas se concluye que el período frío se extiende desde la tercera semana de octubre hasta la tercera de abril, con valores que oscilan entre 1 y 7 grados. Aunque el clima de Pamplona es bastante suave, ocasionalmente, y en verano, se pueden llegar a rozar los 40°C.

Pamplona cuenta con equipos en las más altas categorías de algunos deportes, destacando a nivel regional, estatal e incluso a nivel continental. Entre ellos cabe destacar el CA Osasuna de fútbol, el cual ha participado en diversas ocasiones en la competición de la Copa de la UEFA y de la Liga de Campeones, el Portland San Antonio de balonmano, que ha conseguido varios títulos nacionales y europeos, y el MRA Navarra de fútbol sala, que milita en la máxima categoría de la liga española.

Al principio



Industria en España

Telar tipo "Jenny", en el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, de Tarrasa, (Cataluña).

España puede considerarse, desde la perspectiva de la industrialización como perteneciente a la segunda generación de países industriales de Europa con una incorporación tardía, aproximadamente un siglo después de la primera revolución industrial.

En el período que va de 1840 a 1930, el país fue prioritariamente abastecedor de materias primas con destino a Europa Central y en un segundo grado, aunque de modo progresivo, se incorporó como productor de bienes industriales. Tardaríamos casi un cuarto de siglo más que los países avanzados de Europa y América del Norte en insertarnos en la segunda fase de la revolución tecnológica, pero al final se recupera rápidamente el retraso en un corto período de tiempo, el comprendido entre 1960 y 1973. La recesión mundial provocada por el encarecimiento de los precios del petróleo, a la que se añade la competencia de la tercera generación de países industriales que surge entre algunos países latinoamericanos y del sudeste asiático, puso de manifiesto las debilidades estructurales del sistema industrial español, que experimentó durante los diez años siguientes la crisis más aguda de entre todos los países industrializados.

La condición de España como país periférico, y paralelamente su dependencia del exterior en el abastecimiento de tecnologías y capitales, se reflejan en la misma distribución funcional del espacio. La industrialización de Barcelona, Asturias y la vertiente septentrional vasca, convierte a estas regiones en centros de la economía española, dejando para el resto el papel de abastecedor de materias primas y de energía, además de constituirse en el mercado de los productos manufacturados. Más adelante, los procesos de industrialización se extendieron por toda la franja levantina comprendida entre Gerona y Murcia, configurándose así dos densos ejes industriales, el cantábrico y el mediterráneo, entre los cuales se extiende un eje menor formado por la depresión del Ebro, y a los que se añadió Madrid. Durante la crisis de 1973 se concreta el declive del eje cantábrico y la continuidad dinámica del eje mediterráneo, así como los procesos de «reconversión« y relocalización de las regiones industrializadas, y de los núcleos dispersos surgidos en las regiones periféricas.

Tras la larga fase de ajuste (1977-1984) para numerosos sectores, empresas y territorios, que estabilizó la producción final y acarreó importantes reducciones en las plantillas laborales, se inició un periodo de recuperación (1985-1990), que con algunos altibajos continua actualmente.

El Programa de Ayudas a la reindustrialización es una línea de actuación del Ministerio de Industria y Energía, que juega un importante papel en el desarrollo económico y social del conjunto del Estado, mediante la creación de nuevo tejido industrial o adaptación del existente a las mejoras tecnológicas disponibles en los ámbitos territoriales de menor renta y los especialmente afectados por procesos de reestructuración y/o deslocalización industrial.

El proceso inicial de industrialización, tuvo lugar en cuatro etapas. El proyecto ilustrado de modernización afectó únicamente a Barcelona, donde se creó un sector algodonero que no tendrá continuidad por razones bélicas. Entre 1830 y 1854, de nuevo Cataluña incorpora algunas innovaciones textiles con la mecanización del algodón; en Asturias se inicia la siderurgia, y en Málaga se crea otra siderurgia que pronto fracasaría. Entre 1854 y 1866, la construcción de gran parte de la red ferroviaria se convierte en el factor principal de unidad del mercado nacional, contribuyendo decisivamente a consolidar la industria textil catalana. Por fin. en el período 1874-1898, se refuerza el proceso de industrialización en los sectores textil y siderometalúrgico de Cataluña y la franja cantábrica, respectivamente, porque son zonas más accesibles a Europa debido a su situación costera septentrional, y en el caso astur-vasco porque, además, es la zona mejor dotada en recursos básicos, como el carbón y el mineral de hierro.

Barcelona y la vertiente septentrional vasca tenían ya una rica tradición comercial, artesana y de relaciones internacionales con Europa y América, muy propicia a la innovación. Este ambiente favorable acogió en la primera mitad de siglo, en Cataluña, las nuevas técnicas de trabajo del algodón y de la siderometalurgia, que estuvieron a punto de introducirse en Vascongadas y lo hicieron débilmente en Asturias. La guerra de la Independencia primero y las guerras Carlistas después frustraron estos proyectos.

Las primeras manufacturas de indianas y lienzos estampados aparecieron en Barcelona durante el primer tercio de siglo, en los años 1720 y 1730, al abrigo de una política proteccionista, con medidas tales como prohibir la entrada de géneros extranjeros y asignar subsidios a la importación del algodón y de otras materias primas. Según se desprende de las «Ordenanzas de Fábricas de Indianas, Cotonadas y Blavetes», que fomentan la calidad de la producción y obstaculizan la proliferación anárquica de los establecimientos. En 1756 existen ya 15 fábricas con franquicia real, y otras tantas sin ella. En la segunda mitad de siglo sigue la expansión: 25 unidades, de las que 2 se hallan en Manresa y una en Mataró. Se trata de fábricas de escasa dimensión, con 100 telares la mayor, y entre 14 y 50 la mayoría. En 1775, además del número de fábricas de indianas, se sabe que entre todas dan empleo a unas 50.000 personas, en su mayor parte mujeres y niños. En la década de 1780 el número de establecimientos controlados se eleva a 62.

Por lo que respecta a las fábricas de algodón, el aumento es también progresivo: en 1796 hay un total de 135 fábricas de estampado de lienzo y algodón, más 35 fábricas de tejidos de diversos tipos. De acuerdo con este ritmo de crecimiento, Cataluña ocupa en 1780, fecha en que se introducen las primeras máquinas tipo "Jenny", el segundo lugar como potencia algodonera, detrás de Inglaterra. El mercado nacional, y sobre todo el americano, son los clientes del hilado y tejido de algodón, sector que en vísperas de la guerra de la Independencia ocupa a más de 20.000 personas, que trabajan en más de 4.000 telares distribuidos en pequeñas empresas de tipo familiar. La destrucción de la infraestructura textil durante la guerra es el punto final de esta dinámica de corte europeo.

En cuanto a Vascongadas, la Real Sociedad de Amigos del País intenta crear un ambiente propicio para las nuevas técnicas de trabajo del hierro, mediante el envío de «becarios» a Suecia e Inglaterra, y el estudio y la experimentación en el Seminario de Vergara. La mentalidad conservadora de la burguesía y de la nobleza, dueñas de las ferrerías, supone un obstáculo a estas iniciativas, así que la actividad vasca continúa centrada durante el último tercio del siglo XVIII en el comercio que se ejerce desde Bilbao y San Sebastián, en Vitoria y en los puertos secos o aduaneros de Tolosa y Valmaseda, así como en Azpeitia.

Tampoco tienen éxito los esfuerzos realizados en Asturias para modernizar la explotación del carbón e iniciar la siderurgia.

Dos sectores que en el centro europeo aparecen como catalizadores de la revolución industrial, el agrario y el comercial, no sufrieron cambio alguno en la España del siglo XIX. El sector agrario continuó fijado a las estructuras tradicionales de orden técnico e institucional, y por ello no demanda productos de la siderurgia ni de la química. Pero lo más significativo son las estructuras agrarias, caracterizadas por la acumulación de la tierra en régimen de latifundio en la mitad meridional del país, y por la fragmentación de la propiedad en multitud de explotaciones en la mitad septentrional. Se añaden a los hechos anteriores unos bajísimos niveles de renta de los campesinos, lo que reduce también la demanda potencial de bienes para un posible mercado industrial.

Entre otros factores que obstaculizan la modernización, hay que citar la inestabilidad que suponen los numerosos cambios de gobierno, lo que se traduce en una política industrial contradictoria. Al proteccionismo moderado (1802-1819), sucede el liberalismo moderado (1820-1849) y un largo período de librecambismo (1849-1891), para terminar en un cerrado proteccionismo que caracterizará la política económica española hasta mediados del siguiente siglo. A las guerras de la Independencia y Carlistas sucede un ambiente de guerra civil e inestabilidad interior, que, añadido a las guerras coloniales (1813-1824) y a la progresiva desvinculación de América, dura hasta 1876 y acaba con el tenebroso cuadro de 1898.

Con la escasez de capitales y la tardía creación de una infraestructura financiera que pudiera abarcar todo el territorio nacional, se entiende que la iniciativa y financiación de origen exterior tengan un papel decisivo en la explotación de los recursos. La Europa industrial utiliza a España como abastecedora de materias primas, en pocos casos elaboradas, sobreexplotando los yacimientos situados en las proximidades de los puertos.

Entre los minerales que atraen en primer, lugar la inversión y la tecnología extranjeras, aparecen tres: el cobre, el cinc y el plomo. Al oeste de Sierra Morena, en la provincia de Huelva, hay una banda cuprífera que incluye piritas y blendas, cuya explotación la inicia en 1855 una compañía francesa, a la que sucede en 1866 otra inglesa. Esta última creó un complejo químico para la producción de sosa cáustica y de ácido sulfúrico en Tarsis, aunque la producción se exporta en su mayor parte sin manipular. En Río Tinto, al Estado sucede en 1873 un consorcio bancario que se apoya en la experiencia extranjera. En 1881, casi la cuarta parte de la producción mundial de cobre es española, y de ella un 70 por ciento procede de la cuenca onubense. También en Sierra Morena y en las estribaciones costeras de las montañas Béticas (Andalucía oriental y Murcia), abundan las minas de plomo, que serán intensamente explotadas por ingleses y franceses, hasta colocar a España en el segundo puesto de la producción mundial de ese metal. Respecto al cinc, la mayor reserva de mineral localizada en Riocín, permitirá sentar los cimientos de la industria química de Torrelavega (Santander). Hay que añadir a las mencionadas explotaciones el mercurio de Almadén (Ciudad Real), cuya comercialización corre a cargo de la familia Rothschild. Otros minerales no metálicos, entre los que destacan las sales potásicas y la sal común, las magnesitas y elespato-flúor, serán objeto de aprovechamientos ulteriores.

La explotación de los yacimientos de mineral de hierro de Vizcaya y Santander representa la más importante aportación española a la industria europea, concretamente inglesa, pero también es el punto de partida más relevante de la industrialización vasca. El descubrimiento en 1856 del convertidor Bessemer, que mejora la cantidad y la calidad del acero siderúrgico, y que necesita de un mineral nofosforoso, favorece la industrialización de la cuenca de Bilbao-Somorrostro-Galdames-Guriezo y de la bahía de Santander. A fines del siglo XIX, España se ha convertido en el gran exportador europeo, y el capital británico y muy en segundo lugar el francés organizan la infraestructura mercantil, técnica y viaria.

El potencial hídrico, debido a la abundancia de la red fluvial de montaña, y los recursos carboníferos, conforman la base energética sobre la que se va a asentar nuestra primera industrialización. Con todo, aparecen ya en el siglo XIX los problemas e inconvenientes que presenta el aprovechamiento de los ríos y las bajas calidades y dificultades extractivas del carbón.

Tanto la irregularidad del régimen fluvial como la estacionalidad de los caudales son graves obstáculos a su aprovechamiento. No obstante, las primeras innovaciones se implantan de forma dispersa tanto en Cataluña —fijaciones textiles en medio fluvial— como en Guipúzcoa, con instalaciones papeleras, ambas en la primera mitad de siglo. Más tardía es la explotación hidroeléctrica. En 1875 se crea la primera central eléctrica con fines industriales en Barcelona, y en la última década de siglo se establecen otras más en la vertiente vasca, aunque su tamaño es reducido.

Es notoria, por su parte, la defectuosa estructura de los yacimientos hulleros y de antracita (localizados en Asturias-León, Ciudad Real y Córdoba) y su alto grado de dislocamiento y estrechez de las capas, en ocasiones verticales, así como el grado de impureza (de un 60 por ciento frente a un 32 por ciento de los carbones ingleses y al 40 por ciento de los alemanes y franceses), lo que resta calidad al coque; también contribuye a esta precariedad la fragmentación de las minas y de las empresas, y esto dificulta y hace costosas, entonces y ahora, su rentabilidad y explotación. Aun así, la extracción de carbón posibilita en la segunda mitad del XIX la siderurgia asturiana, aunque sea necesario acudir a las importaciones para mejorar la producción de coque, y aunque se requieran medidas proteccionistas que primen al carbón nacional sobre el exterior.

A partir de los años 30 y hasta 1854, discurre un período caracterizado por tres factores: la recuperación industrial en Cataluña, la continuidad del comercio como actividad principal en el Pais Vasco, estimulado por la intervención extranjera, y el desarrollo siderúrgico en Asturias, basado en el carbón, y en Málaga, aprovechando el mineral de hierro.

En 1832 se crea la primera fábrica de hilaturas que incluye la máquina de vapor en su proceso fabril. En 1840, la hilatura está ya casi totalmente mecanizada. Este proceso se prolonga en la segunda mitad de siglo y cuaja definitivamente en el último tercio, una vez se ha acabado de tender la red ferroviaria, lo que asegura la casi total unidad del mercado interior. Y el nacimiento y desarrollo del sector lanero, posterior al del algodón, va a situar a Cataluña en un puesto central en nuestro ramo textil.

A mediados de siglo nace un pequeño espacio algodonero en seis núcleos guipuzcoanos. A fines de siglo, se crean algunas fábricas de tejidos e hilados de yute para hacer sandalias y alpargatas en tres villas, y Vergara se especializa en la producción de tejidos bastos para ropa de trabajo en las fábricas («azul de Vergara»).

En cuanto al sector siderúrgico, durante la primera mitad del XIX se dibuja una triple localización. En 1832 se inaugura en Málaga el primer establecimiento moderno, que en una primera fase se instala en Marbella, utilizando el carbón vegetal, y en una segunda en la capital de la provincia, acudiendo al carbón de importación; esta segunda empresa empleará a unos 2.500 operarios. A partir de 1848 empieza el ciclo moderno asturiano con apoyo de capital inglés y francés. En 1846 y 1848 se montan dos establecimientos siderúrgicos en Santander y Bilbao-Bolueta, respectivamente, que utilizan el carbón vegetal debido al mal resultado que producen los primeros ensayos con la hulla asturiana. Entre 1850 y 1875 la siderurgia asturiana figura en primer lugar (Mieres, 1848 y 1879), La Felguera, 1859; Gijón 1879. Vizcaya continúa volcada hacia la extracción y exportación del mineral de hierro, que será en el último tercio de siglo el factor principal de su consolidación siderúrgica, al utilizar el carbón inglés en calidad de flete de retorno. Entretanto, la siderurgia andaluza desaparece, debido a su alejamiento y dependencia de los altos costos del carbón.

A finales de siglo XIX y hasta 1930 tiene lugar un reajuste de las energías regionales, que sitúan en el primer plano de la industria nacional a la región vasca, por el volumen y la diversificación de sus actividades. Desde 1879 a 1902, Vizcaya pasa a ocupar el primer puesto en la producción de lingote, en una secuencia de iniciativas que culmina en 1902 con la creación de la sociedad Altos Hornos de Vizcaya. La siderurgia desencadena procesos de eslabonamiento hacia adelante, con el desarrollo de un importante sector naval, primero, y de material ferroviario después. La fundación de una banca regional que pronto extiende sus actividades al ámbito nacional (Banco de Bilbao en 1857 y Banco de Vizcaya en 1906, entre otras entidades financieras de menor importancia), facilita las grandes inversiones que exige la industria pesada. Desde el foco bilbaíno, la siderometalurgia se difunde hacia Guipúzcoa a través de un complejo de pequeños asentamientos, que contaban ya con una tradición industrial y que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX van modernizando poco a poco sus instalaciones, introduciendo en la última década la electricidad, y conviniéndose algunos de ellos en subcentros difusores: Éibar respecto a la industria de armas; Vergara y Mondragón en la cerrajera; Legazpia en diversos utillajes.

Aparece además el germen del cinturón industrial donostiarra, con actividades ligadas a la forja, estampado del hierro, fundición de bronce, talleres eléctricos. Así, a finales del período analizado, Guipúzcoa cuenta con cerca de 300 instalaciones metalúrgicas. La crisis de los años treinta provoca la reconversión del importante sector armero, que emprende la producción de bicicletas, máquinas de coser, camas metálicas y ferretería, entre otras actividades, e incluso nacen los primeros talleres de la industria auxiliar del automóvil.

Al margen de la metalurgia, se desarrollan otros sectores, entre los que ocupa un lugar importante el papel. En 1841, Tolosa, en el Valle del Oria, se convierte en un foco difusor que alcanza hasta el cinturón de San Sebastián, al ser creada en 1902 la Papelera Española.

Consolidada la industria siderometalúrgica entre finales y principios de siglo, se hace posible la oferta de maquinaria y utillaje que permita comenzar con la revolución agrícola, pero es necesario a la vez completarla con la industria química. Nace ésta en los años setenta, y aparece ligada a la demanda de la minería, las obras públicas y el ejército. La fabricación de explosivos (iniciada en Galdácano-Vizcaya y Lugones-Oviedo) permite producir abonos a partir de subproductos.

La Sociedad Española de la Dinamita, creada en Bilbao en 1872, produce ya a fines de siglo superfosfatos con carácter derivado. Pocos años después, en 1904, tiene lugar la creación de la S. A. Cros, en Barcelona, que se destina en exclusiva a la fabricación de superfosfatos. Tras una serie de intentos, la década de los veinte incorpora la fabricación de fertilizantes nitrogenados de forma independiente en Sabiñánigo, con base en la electrólisis, y en La Felguera como derivados de la siderurgia.

Aparte estas vinculaciones agrarias, el sector químico continúa prácticamente en estado embrionario hasta 1936; como importantes excepciones cabe señalar la fabricación de sosa y cloro en Flix (1897, capital alemán) y en 1908 en Torrelavega (Solvay, belga). Finalmente, desde principios de siglo pervive la presencia y el predominio de las iniciativas extranjeras en el sector minero, y la recién nacida industria eléctrica (General Eléctrica en Bilbao).

La política económica de autarquía y nacionalismo iniciada después de la guerra civil de 1936-1939, y que dura casi veinte años, va a ser poco propicia a las innovaciones. Como novedades relevantes de este período están la conversión del Estado en agente industrializador y el inicio de la industrialización de Madrid.

A fines de los años cincuenta comienza una nueva etapa caracterizada por un doble proceso, de concentración y crecimiento en las regiones-centro, y de difusión hacia sus periferias inmediatas. Se produce así una ampliación del mapa industrial, que queda formado por dos grandes ejes o zonas de elevada densidad industrial, el cantábrico y el mediterráneo, cuyos extremos coinciden con la Galicia costera y con Murcia. Ambos ejes aparecen unidos por el valle del Ebro a través de Zaragoza En el resto del país, las economías de aglomeración y de escala, junto con la planificación estatal, explican por un lado que Madrid se convierta en una región industrial, y por otro que se implante la industria en algunas ciudades del mediodía.

Es lógico afirmar que el crecimiento industrial funcione como un agente del desarrollo urbano, con elevados crecimientos metropolitanos, aunque también afecte a las capitales provinciales y a núcleos de nivel inferior. El paso de una sociedad tradicional a una sociedad industrial y urbana de masas, se lleva a cabo con un retraso de unos quince a veinte años respecto a los países de Europa occidental.

La política del Estado en este período viene definida por el nacionalismo económico. Al proteccionismo exacerbado se añaden los controles y la intervención del sector público en la actividad económica: precios, comercio exterior, inversiones, empleo, distribución de materias primas, etc., precisan autorización administrativa a la hora de instalar las industrias. Como consecuencia de esto aparece el monopolio, los costos son elevados, y la producción baja en calidad, además de aumentar el grado de atomización empresarial.

En 1939 nace el Instituto Nacional de Industria (INI) que tiene como objetivos la lucha contra el monopolio, la defensa nacional y la sustitución en aquellos sectores donde la iniciativa privada no estuviera presente, o donde, por razón de la cuantía de las inversiones, fuera difícil su actuación. A fines del período, (1957) el INI había promovido la creación de 43 empresas de cierta envergadura y adscritas a diversos sectores: carbón, electricidad, petróleo, minería y metalurgia, abonos, celulosa, vehículos, productos químicos, transportes y construcción naval.

En la década de los 50 comienza a debilitarse la autarquía. La firma del tratado con EE. UU. en 1951 propicia la apertura hacia el exterior y la importación de bienes de equipo. Empieza entonces un lento crecimiento de la producción, caracterizado por la debilidad de los sectores básicos frente al mayor dinamismo de los de consumo.

A pesar del incremento de la producción carbonera, que pasa de 11 millones en 1940-1945 a 17 millones en 1959, tanto el volumen como la baja calidad crean la necesidad de importar carbón siderúrgico y hulla. La localización de las explotaciones principales en Asturias y León explica que un 75 por ciento de la producción tenga dicho origen. Los yacimientos de cobre se hallan prácticamente agotados, y lo mismo ocurre con los filones más ricos de plomo. Salvo el manganeso, los metales de aleación y los ligeros se encuentran en estado experimental. La producción de aluminio que requiere importar bauxita, cuenta con la factoría de Sabiñánigo (1929) y con otras tres más, la fundada por el INI en Valladolid en 1949, y las de Avilés y La Coruña, recién terminadas a fines de los 50 también por iniciativa del INI. El sector siderúrgico recupera el nivel de 1929 en el año 1953, para producir en 1960 cerca de 2 millones de toneladas (1.876.000), gracias a la creación en 1957 de Ensidesa, también por el INI.

Como notable excepción tenemos el sector eléctrico, que se convierte en el motor esencial de la industrialización. La producción de electricidad, financiada en parte por los consumidores, se eleva desde los 2.000 millones de kWh de 1935 a los 18.600 de 1960. Durante este período se organiza el aprovechamiento integral de buena parte de nuestras cuencas hidrográficas. Asi, en 1957, el sistema hidroeléctrico tiene un potencial que en un 57 por ciento corresponde a la Depresión del Ebro, principalmente en los Pirineos centrales, y en un 28 por ciento a la franja cantábrica y Galicia. Esta última región contribuye con un 35 por ciento del potencial térmico. La Meseta, Levante y Andalucía ocupan un plano secundario, destacando la concentración productiva de levante en la Cuenca del Júcar. Por lo que se refiere al petróleo, todavía su tratamiento se halla en fase embrionaria, con dos refinerías, la de Canarias, creada en 1930 para abastecer a los buques-escala, y la de Escombreras, por iniciativa del INI, en 1942. Finalmente, en 1958 se encuentra en fase de proyecto la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos).

En la industria transformadora destacan con gran diferencia tres sectores. Los primeros, el metalúrgico y el textil, van a la cabeza de la industrialización durante este periodo, y el tercero, el químico, es de reciente creación. En la metalurgia de transformación, se refuerza notablemente la producción de máquinas herramienta y accesorios, cuyo desarrollo más espectacular se aprecia en el País Vasco (de 9 empresas y 150 obreros en 1936 se pasa a 40 empresas y 3.000 obreros en 1956), y en menor medida en Cataluña y Madrid. La maquinaria eléctrica y electrónica se localiza en sus ramas pesadas en el Pais Vasco y Cataluña, junto con algunas instalaciones aisladas en Reinosa y Córdoba, y la industria transformadora va a Madrid, Barcelona y Zaragoza (ascensores, motores, etc.). Las dos primeras ciudades se convierten también en sede de la industria de radio y televisión. Finalmente, la automoción destaca como la industria por excelencia de todo el período, por razón del empleo que genera y su efecto multiplicador. Nacida en 1946 y 1950 de la mano del INI (autocamiones en Madrid y turismos en Barcelona), después se suceden otras creaciones en Valladolid, Vitoria, Vigo y Linares, que denotan ya una excesiva atomización. En 1958 hay una producción de 33.201 unidades de turismos. La nueva industria produce también camiones, pesados y ligeros, tractores, furgonetas y motocicletas.

Continúa Cataluña ocupando el primer puesto en la producción algodonera (85 por ciento del utillaje, casi 90 por ciento de la hilatura y menos del 80 por ciento del tejido). Cataluña ocupa también un destacado lugar en la producción lanera (más del 60 por ciento de la producción global del país, que se reparte entre Tarrasa, Sabadell.

De este crecimiento y diversificación del período autárquico la gran beneficiada es la región madrileña, que tras una orientación hacia el consumo local, estimulado por el aumento de la población, empieza a utilizar las economías de escala y urbanización por iniciativa del INI, creador de seis grandes empresas (electrónica, aérea, automoción, rodamientos y óptica). Al INI le sigue la iniciativa privada, como promotora de varias grandes empresas metalúrgicas.

Con el Plan de Estabilización finaliza el modelo autárquico, que es sustituido por la apertura hacia el exterior. El Plan pretende subsanar el progresivo deterioro en calidad y costos de la industria española respecto a la de los países avanzados. Se liberalizan importaciones y se facilita la entrada de capital extranjero, para así mejorar la infraestructura técnica, compensar la insuficiente capitalización, y fomentar la introducción de innovaciones y la apertura hacia los mercados exteriores. El incremento durante estos años del turismo exterior, y las remesas de los emigrantes, son dos factores que contribuyen a la capitalización y la financiación industrial. En definitiva, el objetivo final es lograr el cambio de una industria basada en «un esquema primitivo de sustitución importaciones» por una moderna economía industrial.

A fin de modernizar las estructuras fabriles e impulsar la iniciativa empresarial se establecen las líneas maestras que deben orientar la inversión, con tres tipos de actuaciones: una sectorial, a través de la denominada Acción Concertada y la apertura de créditos; otra espacial, mediante la creación de los Polos de desarrollo; y finalmente, una tercera de orden institucional, que pretende fortalecer el INI.

Iniciada por el Estado en 1940 para fomentar las industrias de interés nacional, Acción Concertada amplía desde 1964 su campo de acción al apoyo a los sectores básicos con estrangulamientos, en los que interviene el propio Estado a través del IN1 (siderurgia. construcción naval; y hulla, sector en el que fracasa), y a la mejora de los sectores eléctrica, peletero, conservero y papelero. Las facilidades crediticias comprenden hasta un 70 por ciento de las inversiones para la ampliación o creación de nuevas instalaciones, así como la libertad de amortización durante los cinco primeros años. Ciertamente, la banca va a ejercer junto con el Estado un papel importante como agente de financiación a medio y largo plazo, al menos por lo que respecta a las grandes empresas. La penetración de las multinacionales será también un factor de fortalecimiento de la gran empresa y un incentivo a la creación de otras nuevas.

Con el I y II Planes de Desarrollo (1964-1967 y 1968-1971) el Estado fomenta el crecimiento industrial en núcleos urbanos de la periferia interior y exterior a los centros de gravedad. En el primer caso se encuentran los Polos de Zaragoza, Burgos, Vigo y La Coruña, a los que habrá que añadir los organizados por las instituciones forales de aquel entonces, Navarra y Álava. En el segundo caso se hallan los Polos de Sevilla y Huelva (I Plan) y Granada, Córdoba y Oviedo (II Plan). El Polo de desarrollo o de promoción, que así sé denominan según incluyan ciudades con actividades industriales situadas en provincias de bajo nivel de renta, o ciudades carentes de industrias, estimula la inversión mediante incentivos (subvenciones y exenciones de distinto tipo) y la oferta de suelo en polígonos localizados en sectores suburbanos. Los llamados polígonos de descongestión de Madrid (Miranda de Duero, Toledo, Guadalajara) participan también de este empeño estatal por crear suelo industrial, empeño que abarca a una veintena de municipios, la mayoría pertenecientes a capitales de provincia. El III Plan desarrolla la idea de vertebración del territorio aplicada en dos tipos de ámbito espacial, uno regional en la llamada «Gran Área Industrial de Galicia», que extiende los beneficios a las cuatro provincias gallegas; y otro más ambicioso y teórico, que pretende regionalizar el país por medio de la compartimentación jerárquica del sistema urbano nacional en 6 grandes AAMM, 17 metrópolis de equilibrio, ciudades intermedias, otros núcleos urbanos y cabeceras comarcales (se definen 500, pero se actúa en 80).

Los resultados de esta política de acción descentralizadora no fueron los esperados. La política de Polos no logró hacer surgir unos centros industriales capaces de difundir el crecimiento en sus regiones respectivas, pero consiguió que algunas ciudades se convirtieran en núcleos industriales, con dos tipos de establecimientos, unos convencionales (textiles, alimentarios, material de construcción) de cara al mercado local y regional, y otros dirigidos al mercado nacional e internacional (química, papel, metalurgia de transformación). Este último es el caso de Huelva, al mediodía, y de los polos norteños situados en la periferia interior de las regiones industriales: Valladolid, Vigo, Zaragoza, Burgos, Miranda de Ebro, Vitoria-Pamplona.

Por lo que se refiere al INI, estos son años de consolidación y crecimiento de la estructura empresarial creada con anterioridad. De su significado en la industria española dan buena cuenta los siguientes datos. En (1977) el sector energía y minería representaba el 41,5 por ciento del inmovilizado total, y el 20,8 del empleo; las industrias de cabecera, entre las que sobresalen Empetrol (tres plantas en Escombreras, Puertollano y Tarragona) y Ensidesa (Avilés) se reparten el 29,7 por ciento del inmovilizado y el 16,5 del empleo. Finalmente, la industria transformadora, que incluye transformados mecánicos, automoción, construcción naval y química, presenta el 17 por ciento del inmovilizado y el 46,2 del empleo. En suma, esta importante presencia del INI en sectores clave de la industria enlaza con el objetivo estatal de fortalecer la industria regional, que el INI apoya de forma directa o indirecta. La distribución del empleo es bien significativa a este respecto. En Asturias es donde la acción del Instituto es más intensa, como prueba un porcentaje del 20,8 por ciento del empleo y un 15 del inmovilizado INI, repartido sobre todo entre la minería del carbón (Hunosa, creada en 1968), la siderurgia y el aluminio. A continuación siguen Madrid y Cataluña con el 18,82 y el 15,46 por ciento del empleo, respectivamente, destacando la automoción, sobre todo SEAT, la industria con más empleo en el INI.

Los principales motores y responsables del progreso industrial en este período van a ser tres: la minería, la automoción y la fabricación de maquinaria. La industria de la automoción, en especial la fabricación de automóviles y vehículos industriales, experimentó un aumento muy sensible 704.574 y 132.840 respectivamente en 1974, a tenor de la expansión de la demanda interior. Todavía más espectacular fue el desarrollo de la industria química, tanto pesada como transformadora, que había alcanzado escasa importancia hasta este período. La construcción de maquinaria, tanto eléctrica como no eléctrica, adquirió también un intenso ritmo. Por el contrario, las industrias de consumo no duradero disminuyeron la participación entre ambos años desde un 17,4 a un 11,5 por ciento, y los textiles y de confección pasaron del 24,6 al 13,9 por ciento.

Como consecuencia del progreso industrial, el peso de la economía nacional se desplaza desde el sector agrario al industrial, que hace a su vez de motor de crecimiento del sector terciario.

Las pautas de localización e interrelación industrial desvelan una estructura espacial caracterizada por dos componentes. En la franja costera que mira hacia Europa, se consolidó una jerarquía industrial compleja, formada por ciudades grandes y medias activadas por las economías de aglomeración, y una abundante base de pequeñas ciudades y núcleos. En la España interior y la del mediodía, orientada hacia África, la industria era un componente disperso en forma de escasas ciudades aisladas, y normalmente aparecía conectada a algunas capitales de provincia, o bien los flujos polarizadores han adquirido una entidad y diversidad tales, que han ocasionado la formación de una región industrial en un espacio metropolitano. Éste sería el caso atípico de Madrid.

Durante este período, el proceso de creación y difusión industrial se amplió notablemente, de manera que la dicotomía heredada entre el centro localizado en la franja cantábrico-vasca y el gran foco barcelonés, se amplió a casi toda la franja mediterránea y a la región urbana madrileña. Por otra parte, se formó una periferia interna de estructura discontinua estrechamente relacionada con el centro, adosada o situada entre las dos franjas costeras. La política de descentralización planificada, finalmente, solamente logró aumentar la explotación de los recursos y la industrialización de contadas ciudades en la periferia externa.

En las provincias barcelonesas y guipuzcoano-vizcaína los procesos espaciales ofrecen similitudes, pero aumentan las diferencias sectoriales. En Barcelona se consolida una gran área metropolitana (3.080 km2), que reúne 34 municipios. En los recursos alimentarios (Murcia y Galicia litoral son los primeros núcleos conserveros del país, hortofrutícola y pesquero respectivamente. La metalurgia se singulariza en las ciudades septentrionales (Zaragoza, Vigo, Ferrol) y la química en las meridionales (Cartagena y Huelva, en especial). Por lo que respecta a Baleares, se repite el modelo levantino autóctono (cuero, calzado y confección). Canarias se especializa en tabaco y alimentación, además de sectores impulsados por el turismo en ambos casos: cerámica, vidrio, construcción, madera y mueble.

Por último, el amplio espacio interior funcionó como receptor puntual de la descongestión de Madrid (casos de Guadalajara y Toledo) o del desarrollo «polarizado». En este último caso están Valladolid y Burgos, que se especializaron en la metalurgia y la química, destacando el sector del automóvil —Fasa y Michelín—, que tenía un apéndice en Palencia.

A partir de 1975 se hizo patente las quiebra en el modelo de crecimiento acelerado que había conocido la economía española durante los años sesenta. La crisis añade en España un nuevo factor a los que actúan como agentes de la recesión en las economías occidentales. En estas últimas, la subida de los precios de los crudos (entre el verano de 1973 y los primeros meses de 1974 el precio se eleva en casi un 400 por ciento, con una nueva subida en 1979) se yuxtapone a la competencia creciente de los nuevos países industriales que durante la década de los setenta aumentan su participación en el comercio mundial. En nuestro caso, la transición política retrasa el establecimiento de los reajustes exigidos por la variación de los costos de producción, y por el crecimiento de la competitividad internacional, que estimula la implantación de nuevas tecnologías para aumentar la productividad y satisfacer nuevas pautas de consumo.

Durante ese quinquenio. Francia e Italia que tienen un empleo industrial doble que el nuestro, pierden 421.000 y 533.000 empleos respectivamente, mientras Alemania gana 232.000, Japón 239.000 y EE. UU. 10.974.000 (Libro Blanco de le Reconversión Industrial).

La reacción del poder político como centro de decisiones económicas se caracteriza por su lentitud. Prácticamente hasta 1978 no se inicia una política de ahorro energético, y hasta 1980 no empieza la reconversión industrial, entendida al principio como fórmula para sostener empresas pertenecientes a sectores en situación muy crítica.

Aunque todo el sistema industrial haya sido afectado por la crisis, algunos sectores destacan con una mayor incidencia. La política de reconversión llevada a cabo por el Estado se centró obviamente en los sectores más críticos.

La estructura de la producción nacional de energía se caracteriza por su alta dependencia de las importaciones de crudos, al convertirse el petróleo en la base de la industrialización y del consumo durante el período del desarrollo, y por la importancia que en la producción nacional adquieren el carbón y la energía hidráulica. La producción de energía nacional y de importación cuenta con un sistema de transformación (centrales hidroeléctricas, térmicas y nucleares, refinerías), cuya capacidad era más que sobrada para satisfacer la demanda. Los Planes Energéticos Nacionales (PEN) de los años 1979, 1981 y 1983, se fijaron como objetivos primordiales: reducir la dependencia exterior del petróleo, intensificar la producción de energía hidráulica y carbón y, en el último Plan, recortar el programa nuclear.

La producción carbonera alcanzó en 1982 un total de 20,41 Mtec, de acuerdo con la política de fomento llevada a cabo por el Estado. El Plan no cumplió sus objetivos por razones políticas, hasta que en 1985 el Estado decidió reemprender la política gasificadora.

En conjunto, el sector energético se comportó como el más dinámico de entre los sectores industriales, habiendo casi duplicado la producción (68.904 millones de kWh 1972 y 117.283 millones de kWh en 1983), lo que en parte se debió a la demanda procedente del sector terciario y al aumento del consumo familiar.

Entre los sectores afectados por la crisis, el primer lugar lo ocupó el siderúrgico y las ramas transformadoras más consumidoras de acero: astilleros, automoción, bienes de equipo y bienes de consumo duradero. La reducción de su consumo se debió también a la competencia creciente del aluminio y otros materiales compuestos, y a la competencia de la siderurgia de Corea y Brasil. Al exceso de la oferta se unió el carácter anticuado de una parte de las instalaciones. En 1978 la producción descendió a 6,9 millones de t (el consumo interior de acero fue de 12 millones de t en 1974 y de 7,9 millones en 1984), por lo que la situación financiera del sector requirió la ayuda del Estado para subsistir. Comenzó la ayuda siendo financiera, pero terminó en el Plan de reconversión de la siderurgia integral de 1981, que se extendió a los aceros comunes y especiales.

La crisis afectó también gravemente a la construcción naval, que se enfrentaba a la consolidación en el mercado mundial de un competidor muy agresivo (Corea, con un 17 por ciento de la producción mundial en 1984 y un 25 por ciento en 1986). La quiebra financiera del sector obligó a la reconversión de los astilleros de Bilbao, Ferrol, Vigo y Cádiz, que eliminaron unos 10.000 empleos; pero también de los medianos (Valencia) y pequeños.

La caída de la producción fue también notoria en el material ferroviario, y cada vez más aguda entre los transformados metálicos, como los bienes de equipo, el material eléctrico y la maquinaria para minería y construcción.

Entre los transformados metálicos existían dos ramas que habían desempeñado un papel importante en la etapa anterior y que después acusaron especialmente la recesión. Se trataba de los electrodomésticos de línea blanca, que tuvieron en los años sesenta una capacidad adecuada a la demanda nacional e internacional, pero que entraron en crisis con la disminución drástica del consumo interior y con los envíos exteriores a causa de la recesión.

Por lo que se refiere a la industria del automóvil, la reconversión se aplicó a SEAT (31.780 empleos a fines de 1980 y 25.000 en 1983; primera empresa española por el empleo, y con una capacidad productiva de 450.000 unidades) y a Talbot, dependiente de la Peugeot. El sector experimentó una notoria expansión (en 1984 la capacidad de producción se eleva a 1,2 millones de automóviles) a pesar de la disminución de la demanda interna —alrededor del medio millón de unidades—, por lo que más de la mitad de la producción tuvo que exportarse.

La reducción de las inversiones industriales y el debilitamiento de la construcción, así como el descenso del consumo privado (vestido, hogar, decoración, usos industriales) y la fortísima competencia internacional, explican la especial incidencia de la crisis en ambas industrias. Entre 1975 y 1981 el VAB descendió en un 6,3 por ciento, y el empleo bajó un 28,9 por ciento.

En general, todos los sectores químicos sufrieron los ajustes exigidos por la crisis. La extensa penetración de las empresas multinacionales y el funcionamiento de algunas ramas como oligopolios, facilitaron la estabilidad financiera y la continuidad de la expansión, cifrada entre 1973 y 1981 en un 39 por ciento de aumento del VAB, y acompañada de un descenso del empleo de sólo un 5,4 por ciento.

Tras la larga fase de ajuste (1977-1984) para numerosos sectores, empresas y territorios, que estabilizó la producción final y acarreó importantes reducciones en las plantillas laborales, se inició un periodo de recuperación (1985-1990), que se vio interrumpido por la coyuntura internacional recesiva de los primeros años noventa (1991-1994), para recobrarse el dinamismo industrial desde entonces.

Pero tales oscilaciones no deben ocultar un balance final relativamente desfavorable respecto a los impactos derivados del rápido proceso de apertura exterior e integración en los mercados internacionales, que supuso una brusca ruptura con el tradicional proteccionismo anterior. Algunas de las deficiencias estructurales del tejido industrial español (elevada proporción de microempresas poco capitalizadas y escasez de grupos industriales de cierta dimensión, limitado esfuerzo tecnológico...), junto a una progresiva reducción en el diferencial de costes salariales en relación a otros países europeos y la escasa tradición asociativa del empresariado, son algunos de los principales factores explicativos de tales dificultades.

El impacto de la mundialización ha provocado una verdadera mutación interna que, en primer lugar, ha afectado la anterior jerarquía existente entre las diversas ramas industriales. Se contraponen así las que debieron enfrentarse a una estabilización del mercado interno y/o una pérdida de competitividad exterior que obligó a una profunda reconversión destinada a reducir capacidad productiva y el empleo, en contraste con aquellas otras más dinámicas, que se beneficiaron de un aumento constante de la demanda y/o la conquista de nuevos mercados en el exterior. Al respecto a la evolución seguida por la producción y el empleo entre 1980 y 1995 el mejor comportamiento lo registró el sector de electrónica e informática, que creció un 231.5 y 55,8 %, respectivamente, si bien a partir de cifras muy modestas, razón por la que aún representa menos del 2 % de la producción industrial española. Comportamiento también favorable tuvieron otros sectores considerados de demanda fuerte y alta complejidad tecnológica como el material eléctrico (+83,9 %) y la química (+68,3 %), a las que se sumó la fabricación de automóviles (+85.,0 %).

Por el contrario, las mayores pérdidas de empleo y un leve retroceso en el valor de la producción afectaron a sectores con dificultades para elevar su cuota de exportación como el textil-confección, la madera y el mueble, los artículos de piel y el calzado.

Los ejes de desarrollo principales son los que parten de las principales metrópolis del sistema (Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao...), donde se generaliza la sustitución de industrias por servicios, para alcanzar especial dinamismo en los Ejes Mediterráneo (Gerona-Málaga) y del Ebro (Álava-Lérida), que reúnen ya un 50 % de la producción industrial española, un 54 % de las empresas de nueva instalación posteriores a 1981, y hasta un 58 % de la inversión correspondiente a estas últimas.

Por una parte, en los distritos centrales y los grandes ejes de circulación que conectan con el aeropuerto crece la presencia de oficinas industriales, que corresponden a establecimientos de empresas manufactureras donde se realizan tareas previas y/o posteriores a la fabricación (gestión y administración, investigación y desarrollo tecnológico, distribución...), muy vinculadas con el centro de negocios, lo que las aleja de la imagen tradicional de la fábrica o el taller. Por otra, en las áreas suburbanas aumenta la presencia de polígonos y parques industriales, parques empresariales de oficinas y, en algunos casos, parques tecnológicos, donde operan empresas de ámbito multirregional que se benefician de una oferta de suelo e inmuebles mejor adaptada a sus demandas, junto a una buena accesibilidad a las redes de comunicación. Muchas de estas nuevas áreas productivas, donde surgen redes de empresas interrelacionadas, se ubican en ámbitos de escasa tradición fabril (norte metropolitano en Madrid, Valles en Barcelona, margen derecha de la ría en Bilbao...), con mayor calidad ambiental que los antiguos espacios de la gran fábrica hoy en crisis, o sometidos a una renovación que sustituye naves industriales por viviendas u oficinas. Finalmente, en la periferia externa de esas aglomeraciones aparece una aureola de minipolígonos industriales, de escasa calidad urbanística y pequeñas naves en venta o alquiler, ocupadas por pequeñas empresas surgidas de la descentralización productiva, junto a otros destinados principalmente a actividades logísticas y de almacenamiento.

El Programa de Ayudas a la reindustrialización es una línea de actuación que juega un importante papel en el desarrollo económico y social del conjunto del Estado, mediante la creación de nuevo tejido industrial o adaptación del existente a las mejoras tecnológicas disponibles en los ámbitos territoriales de menor renta y los especialmente afectados por procesos de reestructuración y/o deslocalización industrial.

En primer lugar, se pretende apoyar la creación de infraestructuras técnicas e industriales de uso común o compartido, que actúen como fuerza motriz del desarrollo del sector empresarial en el ámbito geográfico de referencia, centrado fundamentalmente en la creación de suelo industrial debidamente acondicionado. En segundo lugar se apoya el arranque y ejecución de iniciativas industriales generadoras de empleo que desarrollen el sector productivo empresarial e incorporen procesos de elevado contenido tecnológico.

En el año 2004 se amplió su ámbito de aplicación a aquellas regiones o territorios afectados por procesos de ajuste, no sólo del sector público estatal, sino también del sector privado. Es este un hecho muy significativo ya que con relación a la etapa anterior, se extendía el programa a una parte muy importante del territorio nacional llegando a territorios que anteriormente quedaban excluidos por no haber tenido en ellos implantación el sector público estatal.

Por otra parte el programa se ha adaptado para hacer frente a nuevas realidades como los fenómenos de deslocalización en los sectores textil-confección, mueble, juguete, calzado, curtido, marroquinería, y también hacer énfasis en zonas específicas afectadas por graves problemas de despoblación y de desarrollo económico (planes específicos provinciales).

Así, estas ayudas se articulan a través de convocatorias anuales, una general que abarca todos los territorios dentro del Mapa de Ayudas para España de la Unión Europea (2007-2013), y otras más flexibles que acuden a territorios específicos que se aprueban cada año (Campo de Gibraltar, zonas afectadas por procesos de deslocalización de los sectores textil-confección, calzado, mueble, juguete, curtido y marroquinería, comarcas de Ferrol, Eume y Ortegal, provincias de Soria, Teruel y Jaén, Margen Izquierda del Nervión, Bahía de Cádiz y comarca de Almadén).

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