Alex de la Iglesia

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Publicado por grag 10/03/2009 @ 12:07

Tags : alex de la iglesia, directores de cine, cine, cultura

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Carmen Maura

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Carmen García Maura (n. Madrid, 15 de septiembre de 1945) es una actriz española.

Carmen Maura nació el 15 de septiembre de 1945 en el barrio de Chamberí en Madrid, hija de Salvador García Santa Cruz, médico oftalmólogo, y Carmen Maura Arenzana nieta del los de los condes de Fuente Nueva de Arenzana y nieta de Bartolome Maura Montaner. En su niñez, tenía por vecinos en su casa de la calle Rafael Calvo al dramaturgo y escritor Edgar Neville y la actriz Conchita Montes. Acostumbraba a veranear en la zona de El Escorial y desde pequeña se vio interesada por el mundo de la interpretación. Comenzó sus primeros estudios en el madrileño colegio San José de Cluny, para estudiar después Filosofía y letras, idiomas y Bellas Artes en París. Se casó con un abogado y tuvo dos hijos: Carmen y Pablo. Comenzó a trabajar en el teatro universitario como aficionada hasta el momento en el que el crítico teatral Alfredo Marquerie la vio en una obra y le aconsejo dedicarse por entero a sus dotes como actriz. En ese instante, Carmen decidió que quería ser actriz y a pesar de que tuvo muchísimos problemas personales por ello, salió adelante y comenzó a trabajar.

Eran los años sesenta y Carmen se las apañaba con trabajos en cafés, teatro, pequeños espacios televisivos y en compañías independientes de poca resonancia. Poco a poco fue progresando y le comenzaron a ofrecer pequeños papeles en el cine con películas de poca fama en los años setenta, hasta que pudo trabajar en la compañía de teatro "Los goliardos", la cual tenía ya un cierto nombre y un cierto prestigio en la capital madrileña. Se empezó a relacionar con artistas cercanos a la comedia urbana de la época y a la movida madrileña como el cineasta Fernando Colomo o el fallecido actor Félix Rotaeta. Con ello vio sus primeros papeles protagonistas en el cine con películas como "Tigres de papel" o "¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?", ambas de Colomo.

A través de "Los Goliardos" conoció al entonces aficionado al cine Pedro Almodóvar, un joven metido en la movida madrileña que trabajaba en la telefónica para realizar sus primeros pasos en el mundo del Súper 8. Entre ellos surgió una química especial que dio sus frutos con posterioridad. Realizaron juntos cortometrajes, mediometrajes y pequeñas colaboraciones de poca índole como "Folle, folle, folleme Tim", hasta que Carmen, con la ayuda de Félix Rotaeta consiguieron financiar el primer largometraje de Almodóvar: "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón". Su rodaje duró más de un año por las dificultades técnicas y económicas, pero finalmente se pudo estrenar en salas comerciales y fue un verdadero éxito. El público de la movida madrileña se sintió identificado y convirtió la película en el estandarte del movimiento social de los años ochenta y se presentó en el festival de cine de San Sebastián. A pesar de que el gran público miraba a Pedro Almodóvar como un moderno desbocado y gran parte de la crítica lo observaba con cierto recelo, Pedro tuvo su primer éxito con su gente, los que habían participado en la película, algunos de ellos muy próximos a "la movida", como por ejemplo la cantante Alaska. Sus libertades a la hora de mostrar temas comprometidos como las drogas o el sexo hicieron que tuviera grandes dificultades para que se le empezara a tomar en serio dentro del cine.

Carmen Maura siguió trabajando como secundaria en películas de directores de cine poco conocidos a nivel nacional y con otros más sonados y reconocidos como Pilar Miró en "La petición" o en Gary Cooper, que estás en los cielos junto a la actriz Mercedes Sampietro.

A raíz de sus colaboraciones televisivas como actriz tuvo la oportunidad de conocer al fallecido periodista Fernando García Tola, el cual la contrató para que trabajara en el programa de entrevistas Esta noche. Con este programa se dio a conocer entre el público español en la década de los años ochenta y protagonizó la famosa frase que le dirigía Tola a Maura: "Nena, tu vales mucho". En el cine y en la televisión siguió desempeñando su labor como actriz, tanto dramática en "El crimen de la calle Fuencarral" de la serie "La huella del crimen" o como cómica en "El cid Cabreador", ambas del fallecido cineasta Angelino Fons.

A mediados de los ochenta, Pedro Almodóvar volvió a confiar en Carmen para su película "Entre tinieblas", una película arriesgada y controvertida en aspectos religiosos en la que trabajo con actrices como Julieta Serrano, Marisa Paredes, Berta Riaza o Chus Lampreave. Y unos años más tarde, Carmen y Pedro estrenaron "¿Qué he hecho yo para merecer esto?", película que contó con la también colaboración de actores como Ángel de Andrés López, Chus Lampreave, Gonzálo Suárez, Amparo Soler Leal y Verónica Forqué, entre otros. En ella, Carmen Maura pudo realizar una de sus interpretaciones más logradas en el cine y a partir de ese momento, Carmen y Pedro se convirtieron por excelencia en la pareja director - actriz más prolífica del cine español. El éxito de Pedro alcanzó al público convencional y se le empezó a mirar con otros ojos y el éxito internacional empezaba a asomar la cabeza. Carmen recibió diferentes premios nacionales por su interpretación, entre los cuales destaca el Fotogramas de Plata a la mejor actriz de cine por votación de los lectores.

Carmen y Pedro realizaron otras tres películas más hasta finales de los años ochenta: "Matador", rara película de suspense en la que realizó un personaje secundario junto a Nacho Martínez, Assumpta Serna y Antonio Banderas; "La ley del deseo", arriesgada, libre y transgresora película que mostró por primera vez con claridad y sin prejuicios la homosexualidad, donde Carmen intrepretaba el papel de un transexual, al lado de Eusebio Poncela y Antonio Banderas como protagonistas; y finalmente, la película cumbre del tándem Almodóvar - Maura, la disparatada comedia "Mujeres al borde de un ataque de nervios", en la cual Carmen volvió a deslumbrar al público y a la crítica con su interpretación. La película fue un verdadero triunfo y su éxito se disparó tanto en España como en el extranjero, llegando incluso a ser candidata al Oscar de la academia de Hollywood como mejor película de habla no inglesa. La película dio la vuelta al mundo ganando premios allá por donde iba y las carreras cinematográficas de sus actores se vieron lanzadas al éxito rotundo. Carmen logró el Premio Goya de la academia como mejor actriz protagonista y Félix como mejor actriz europea.

Pero a pesar de su éxito al lado de Pedro Almodóvar, Carmen Maura también hizo otras muchas películas durante los ochenta como por ejemplo "Batón rouge" de Rafael Monleón, junto a Victoria Abril y Antonio Banderas; "Tata mía" de José Luis Borau, con Imperio Argentina, Alfredo Landa y Miguel Rellán; o "Sé infiel y no mires con quién" de Fernando Trueba, junto a Ana Belén, Antonio Resines, Santiago Ramos, Verónica Forqué o Chus Lampreave. También tuvo la oportunidad de protagonizar la ópera prima de la actriz y cantante Ana Belén con la película "Cómo ser mujer y no morir en el intento", basada en la novela de Carmen Rico Godoy.

Desgraciadamente, la fantástica relación profesional entre Almodóvar y la Maura se desintegró y se rompió por motivos no demasiado claros y hasta la reciente "Volver" no volvieron a trabajar juntos.

Carmen siguió demostrando su talento en la década de los 90, y su trabajo en otros muchos trabajos cinematográficos le valió muchísimos más éxitos. Para empezar, en el año 1990, tras la reciente ruptura con Almodóvar protagonizó la película "¡Ay, Carmela!" de Carlos Saura, junto a Andrés Pajares y Gabino Diego. Ambientada durante la guerra civil española, esta película fue el otro gran triunfo de Carmen junto con "Mujeres al borde...". Volvió a recibir premios aquí y allá, entre ellos de nuevo el premio Goya y el Félix. La película estuvo considerada como la mejor del cine de Saura y batió un record en la historia de los premios Goya que duraría hasta el año 2004 con "Mar adentro".

Durante toda la década de los años noventa, Carmen no paró de realizar largometrajes tanto en España como en el extranjero, donde su prestigio había llegado con gran fortuna, especialmente en Francia, donde sus trabajos fueron muy reconocidos. Llegó incluso a ser candidata en los Premios César (los "Goya" franceses), como mejor actriz de reparto por la película "La alegría está en el campo" y fue condecorada con el título de caballero de honor de las artes y las letras de Francia. Su éxito se trasladó a otros países como Italia, Inglaterra y a la zona de Hispanoamérica, pasando por Chile y Argentina. Pero aun así, ella siempre dio prioridad a los trabajos que venían de España.

A pesar de tener una mayor predilección a las comedias, sus papeles dramáticos fueron los que más logros le dieron. Papeles como los de "Sombras en una batalla" de Mario Camus (1993) o "Lisboa" de Antonio Hernández (1999), películas por las que fue nominada al Goya como actriz protagonista. Pero sin duda alguna, su tercer gran triunfo en su carrera fue su papel en "La Comunidad" de Álex de la Iglesia en el año 2000. En esta película compartió reparto con Emilio Gutiérrez Caba, Terele Pávez y Sancho Gracia pero sobre todo le hizo frente a un difícil protagonismo que le dio más que satisfacciones: su tercer Goya, la Concha de Plata a la mejor actriz en San Sebastián, el fotogramas de plata, el premio de la Unión de actores,...

Durante la década de los años noventa también experimentó otros registros en otros ámbitos como el teatro, del cual se había apartado desde sus comienzos. En este ámbito trabajó en Francia, y aunque también trabajó en televisión en la serie "A las once en casa", con Antonio Resines y Ana Obregón, ella siempre prefirió el cine. En este ámbito siguió trabajando en la comedia, su género preferido, en películas como "Reinas" de Manuel Gómez Pereira, junto a actrices como Verónica Forqué, Mercedes Sampietro y Marisa Paredes o "Carretera y manta", con Eduardo Noriega y Natalia Verbeke. Pero no dejo a un lado el drama, género en el que hizo películas como "Clara y Elena", con Verónica Forqué y Jorge Sanz; "La promesa", de Héctor Carré junto a Ana Fernández; o "25 grados en invierno", una producción belga que triunfo en Berlín. También realizó una miniserie de épocas para TVE basada en la obra de Vicente Blasco Ibáñez "Arroz y tartana", desarrollada en la Valencia del siglo XIX y en la que pudo trabajar con José Sancho y Eloy Azorín.

Como actriz activa en el cine francés, Carmen Maura también tuvo el honor de trabajar al lado de Gérard Depardieu en la película de suspense "Silencio pactado". Entre sus trabajos en el extranjero, se podrían destacar la sentimental película de Alejandro Agresti "El sueño de Valentín", la chilena "El entusiasmo" junto a Maribel Verdú, "Zona libre", película en la que trabajo con la prometedora actriz norteamericana Natalie Portman, o "El harén de madame Osmane", una producción israelí.

En 2006 protagonizó el reencuentro más esperado del cine español: Pedro Almodóvar y ella se volvieron a unir en el rodaje de "Volver", película en la que ha trabajado con Penélope Cruz, Blanca Portillo, Lola Dueñas, Yohana Cobo y Chus Lampreave, actrices con las que compartió el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Cannes.

Posteriormente rodó la serie "Círculo rojo", junto con María Adánez, Emilio Gutiérrez Caba y María Botto entre otros, emitiéndose en Antena 3.

Fue la madrina de la edición del año 2007 del 'Madrid de Cine – Spanish Film Screenings', inagurado por ella el día 4 de junio del mismo año.

En abril de 2008, fue convocada por Francis Ford Coppola para participar en su próximo proyecto, Tetro, en sustitución de Javier Bardem, quien tuvo que renunciar a su papel por problemas de agenda. Para hacer posible esta sustitución, Coppola modificó el papel pensado para Bardem en un personaje femenino apto para Maura. Además, durante los cambios que él hace siempre en el guión en el periodo de filmación, se dio cuenta de que el personaje aportaría más a la película si fuera una mujer, en vez de un hombre.

Carmen Maura forma parte de la Dinastía Maura. Es bisnieta de Bartolomé Maura Montaner, que fue uno de los más exquisitos grabadores de su época y hermano de Antonio Maura.

Al principio



Cine español

Pedro Almodóvar y Penélope Cruz en Oviedo en la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Son el director y la actriz españoles más reconocidos por la crítica internacional en la actualidad.

El cine español tiene una enorme importancia documental para conocer la evolución histórica de la sociedad en España. Además, el cine español no sólo ha sido durante décadas un entretenimiento de masas, sino también un documento histórico y artístico de primer orden. Ocupa actualmente y de modo general una posición secundaria a nivel mundial si se compara con el cine producido por los países anglosajones, sobre todo Estados Unidos, destacando principalmente por la gran figura de Luis Buñuel, director cuya producción tuvo una gran influencia en Europa (a través de Francia) e Iberoamérica (a través de México) y los esporádicos éxitos internacionales de directores como Segundo de Chomón, Florián Rey, Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga, Carlos Saura, Jesús Franco, Antonio Isasi-Isasmendi, Pedro Almodóvar o Alejandro Amenábar.

Otras vertientes han obtenido menos repercusión internacional. Sólo el director de fotografía Néstor Almendros (que desarrolló toda su trayectoria fuera de España) o los actores Fernando Rey, Fernando Fernán Gómez, Antonio Banderas, Sergi López y Javier Bardem y las actrices Sara Montiel, Ángela Molina, Victoria Abril, Carmen Maura, Maribel Verdú y, sobre todo, Penélope Cruz han obtenido cierta fama, generalmente por sus trabajos fuera de España.

En la actualidad, el porcentaje de taquilla correspondiente al cine español en España viene situándose en los últimos años entre el 10 y el 20%, lo que se traduce en una sensación de crisis que se alarga durante la época más reciente.

Como señalan los autores del libro Cine español en cien películas (2002), Miguel Ángel Barroso y Fernando Gil Delgado, «la historia del cine español es parte integrante de la historia del siglo XX y no un simple "adorno cultural"... la cronología de nuestro cine es parte de la historia de nuestro país».

Las primeras exhibiciones cinematográficas en España tuvieron lugar en las fiestas de San Isidro de 1896 en Madrid mediante el Animatógrafo, sistema también conocido como Teatrograph y derivado del Kinetoscopio de Edison, modificado por el inglés Robert William Paul y puesto a punto en mayo de 1895. La première de esta primera exhibición española se hizo el 11 de mayo de 1896 en el circo Parish de la plaza del Rey, en los jardines de la Casa de las Siete Chimeneas. Solo dos días después (13 de mayo) llegarían las imágenes del Cinematógrafo Lumière, que traía Alexandre Promio.

La primera película española fue Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza, rodada por Eduardo Jimeno Correas, que con su padre Eduardo Jimeno Peromarta, fueron quienes primero se hicieron con un aparato Lumière, adquirido en junio de 1896 en la misma fábrica de los Lumière en Lyon. Con esta cámara rodaron en las fiestas del Pilar de 1896 (del domingo 11 de octubre al domingo 18 de octubre) dos películas, la Salida de Misa del Pilar y Saludos, en los dos domingos consecutivos. Esta fue la primera película producida y rodada por un español (pues operadores de Lumière, como Francis Doublier, ya habían rodado en España, a finales de 1895, una corrida de toros).

Más tarde, en abril de 1896, Promio rodó en Madrid Vistas de la Puerta del Sol, y en Barcelona Plaza del puerto en Barcelona o la anónima Llegada de un tren de Teruel a Segorbe. Pero la primera película con argumento fue Riña en un café (1897), del prolífico fotógrafo y director barcelonés Fructuós Gelabert.

El primer director español de éxito internacional fue Segundo de Chomón, quien trabajó en Francia e Italia.

En 1914, Barcelona es el centro de la industria cinematográfica del país. Se inicia el predominio de las españoladas, que habría de durar hasta los años 60 del siglo XX, entre las que destacan las de Florián Rey protagonizadas por Imperio Argentina y Ricardo Núñez y la primera versión de Nobleza baturra (1925). También se realizan dramas históricos, como Vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América (1917), del francés Gerald Bourgeois, adaptaciones de folletines como Los misterios de Barcelona (1916) de Joan Maria Codina, obras teatrales, como la de Don Juan Tenorio, de Ricardo Baños y zarzuelas. El mismo Jacinto Benavente, quien diría que «en el cine me pagan los desperdicios», rodaría versiones de sus obras teatrales.

En 1928, Ernesto Giménez Caballero y Luis Buñuel fundan en Madrid el primer cineclub. Para entonces, Madrid ya era el primer centro industrial, con 44 de los 58 títulos. Ese mismo año Francisco Elías Riquelme rueda El misterio de la Puerta del Sol, la primera película sonora del cine español.

El drama rural La aldea maldita (1929) de Florián Rey se convierte en un éxito en París, donde, al mismo tiempo, Buñuel y Dalí estrenaban Un perro andaluz.

En 1931, la llegada de producciones extranjeras con sonido hunde la producción nacional, que se reduce a un único título.

Al año siguiente, Manuel Casanova fundaría la Compañía Industrial Film Española S.A. (CIFESA), la productora más importante que jamás haya tenido el país y considerada como derechista. Se ruedan 6 películas, incluida la primera película de Buñuel en España, de carácter documental, Las Hurdes, tierra sin pan.

En 1933 se rodarían ya 17 películas y en 1934, 21, como el gran éxito La verbena de la Paloma de Benito Perojo.

La producción de filmes iría ascendiendo hasta las 37 películas rodadas en 1935. En estos años se consolidaron productoras y directores de películas que obtuvieron una importante aceptación popular como Perojo a quien se deben El negro que tenía el alma blanca (1934), o La verbena de la Paloma (1935) o Florián Rey quien se ocupa de la dirección de La hermana San Sulpicio (1934), Nobleza baturra (1935) y Morena Clara (1936). Este podía haber sido el comienzo de la consolidación de la industria cinematográfica española, pero el inicio de la Guerra Civil aborta los prometedores éxitos de la cinematografía de la Segunda República.

Desde 1936, los dos bandos empiezan a usar el cine como medio de propaganda. En el bando franquista, se crearía el Departamento Nacional de Cinematografía. Al concluir la guerra civil, numerosos profesionales del cine marcharían al exilio.

En el nuevo régimen, se instaura la censura y se impone la obligatoriedad del doblaje al castellano de todas las películas estrenadas en territorio nacional. Destacarían directores como Ignacio F. Iquino, Rafael Gil (Huella de luz, de 1941), Juan de Orduña (Locura de amor, de 1948), Arturo Román, José Luis Sáenz de Heredia (Raza, de 1942, con guión del propio Franco) y, sobre todo, Edgar Neville. También puede destacarse Fedra (1956) de Manuel Mur Oti.

En la década de los cincuenta nacen dos importantes festivales de cine en España: El 21 de septiembre de 1953 nace el Festival de Cine de San Sebastián sin sufrir ninguna interrupción desde entonces, y en 1956 tiene lugar la primera Semana Internacional de Cine de Valladolid o Seminci.

Por su parte, Marcelino pan y vino (1955) de Ladislao Vajda desataría una moda de niños actores, de la que formarían parte las películas protagonizadas con gran éxito Joselito, Marisol, Rocío Dúrcal y Pili y Mili.

Pero en los años cincuenta y sesenta, el cine no se limita a rodajes protagonizados por niños prodigio, la influencia del neorrealismo se hace evidente en nuevos directores como Antonio del Amo, José Antonio Nieves Conde con su película más destacada Surcos (1951), Juan Antonio Bardem con Muerte de un ciclista (1955) y Calle Mayor (1956), Marco Ferreri con Los chicos (1958), El pisito (1959) y El cochecito (1960), y Luis García Berlanga con Bienvenido, Mister Marshall (1952), Calabuch (1956), Los jueves, milagro (1957) y, sobre todo, Plácido (1961) y El verdugo (1963). En muchas de ellas interviene el que quizás sea al más importante guionista de la historia del cine español: Rafael Azcona. En las conversaciones de Salamanca, Bardem resumiría el cine de la postguerra en un manifiesto que se haría célebre por su dureza: «El cine español actual es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico».

Juan de Orduña obtendría un clamoroso éxito comercial con El último cuplé, de 1957, protagonizada por Sara Montiel.

Buñuel volvería ocasionalmente a España para rodar Viridiana (1961) y Tristana (1970), basada en la novela de Benito Pérez Galdós y protagonizada por Catherine Deneuve y Fernando Rey. Ambas películas, especialmente la primera, causaron cierto escándalo en el contexto represivo de la dictadura franquista.

En 1962, José María García Escudero volvió a ocupar la Dirección General de Cine, impulsando las ayudas estatales y la Escuela Oficial de Cine, de la que saldría la mayoría de nuevos directores, generalmente de izquierdas y opuestos a la dictadura franquista. Entre estos destacan Mario Camus, Miguel Picazo, Francisco Regueiro, Manuel Summers y, sobre todo, Carlos Saura. Ajeno a esta corriente, Fernando Fernán Gómez realizaría la clásica El extraño viaje (1964). De la televisión procedía Jaime de Armiñán, autor de Mi querida señorita (1971) y Jo, papá (1975), ambas con enorme éxito de taquilla. De la llamada «Escuela de Barcelona», originalmente más experimentalista y cosmopolita, destacan Vicente Aranda, Jaime Camino o Gonzalo Suárez, que realizarían sus obras más importantes ya en la década de los 80.

Con el fin de la dictadura, se suprime la censura y se permiten las manifestaciones culturales en otras lenguas españolas, además del castellano, fundándose, por ejemplo, el Institut de Cinema Català, entre otros.

En un principio triunfan los fenómenos populares del destape y el landismo. En los primeros años de la democracia, se abordan temas polémicos y se revisa la historia nacional reciente en películas que, en algunos casos, tienen una innegable calidad como sucede, por ejemplo, con Canciones para después de una guerra (Basilio Martín Patino, 1976) o El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), otras son dignas recreaciones de los años más grises de la dictura como ocurre con Pim, pam, pum, fuego (Pedro Olea, 1975), donde se describen las dificultades de superviviencia de los perdedores en la España más puramente franquista; o particulares visiones esperpénticas del franquismo, como sucede en La escopeta nacional (Berlanga, 1978). En esos años comienza a hablarse del llamado «Nuevo cine vasco» en el que se encuadran directores de la talla de Montxo Armendáriz, Juanma Bajo Ulloa y Imanol Uribe cuya La muerte de Mikel (1984), protagonizada por Imanol Arias, logra llevar a las salas de exbición a más de un millón de espectadores. Y en 1980 Iván Zulueta estrena el largometraje Arrebato, que a pesar de su impopularidad inicial acabaría convirtiéndose en una de las películas de culto más veneradas del cine español.

También en esos años los espectadores llenan las salas para asistir a películas de la llamada «Comedia madrileña» representada por directores como Fernando Colomo, el clasicista Fernando Trueba, el humor negro de Álex de la Iglesia y el casposo de Santiago Segura y, sobre todo, los sofisticados melodramas del personalísimo Pedro Almodóvar. Más tarde alcanzarán notoriedad Alejandro Amenábar y Julio Médem.

Pero no puede hablarse del éxito del cine español en su conjunto, sino del de producciones concretas. Como muy bien señala el productor José Antonio Félez, en 2004, por ejemplo, «el 50% de la recaudación total se concentra en cinco títulos y entre 8 y 10 filmes el 80% de ese total».

El cine español produjo 142 largometrajes en el 2005, «la cifra más elevada de los últimos 20 años».

En 1987 se crearon los premios Goya como émulo de los premios Óscar para el cine español, aunque el festival de cine con mas mas importancia fuera de España es el Festival de Cine de San Sebastian, aun con todo el cine español desde 1978 es el cine no estadounidense que mas oscar ha ganado.

España vive en los últimos años un boom de festivales dedicados al cine en muchas de sus vertientes. Algunos tienen muchos años a sus espaldas, como el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, la Seminci o el Festival de Cine de Gijón, y otros muchos, especialmente los más especializados, como Animadrid, Festival Punto de Vista, Docupolis o el Festival de Cine de Comedia de Peñíscola, son de reciente creación, con un ámbito más especializado.

El Festival de Cine de Sitges, conocido actualmente como Festival Internacional de Cinema de Cataluña, fue inaugurado en 1967, y está considerado el número uno en la especialidad de cine fantástico. Dentro de este género destaca Jesús Franco, director muy conocido fuera de España con seudónimos como Jess Franco.

Pero más importante para la renovación y la proyección del cine español en el extranjero fue la creación del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, impulsado en 1953 por el comercio local como una plataforma publicitaria de la ciudad. Se trata del único festival de la máxima categoría A acreditado por la FIAPF de España. En los más de cincuenta años de historia, se ha consolidado como uno de los primeros festivales del mundo.

La Seminci, Semana Internacional de Cine de Valladolid, nacida en 1956 como "Semana de cine religioso de Valladolid", se celebraba en Semana Santa, fue evolucionando, hasta convertirse en uno de los principales festivales de cine de España. Durante muchos años, el Festival Internacional de Cine de San Sebastián fue el encargado del glamour y los nombres conocidos, y la Seminci se preocupó más por recopilar películas interesantes, independientemente de que ya se hubiesen estrenado en otros festivales. Pero en 2006, con el cambio de equipo directivo, parece que ha tomado un nuevo rumbo, orientándose más a una programación de "estrenos", películas nuevas que no tengan recorrido ya por festivales anteriores.

El Festival de Cine de Gijón es otro de los más veteranos, que ha conocido en los últimos años un renacer gracias a su reconversión al cine de autor más contemporáneo y experimental. Destacadas han sido, por ejemplo, sus retrospectivas de autores como Abbas Kiarostami, Aki Kaurismäki, Todd Haynes, Pedro Costa, Paul Schrader, Hal Hartley, Lukas Moodysson, Tsai Ming-liang, Claire Denis o Todd Solondz, auténticas puntas de lanza de la cinematografía mundial, y casi inaccesibles en España de no ser por la labor de este festival.

Entre lo más recientes destaca el significativo Festival de Cine Español de Málaga, dedicado a la producción cinematográfica española.

La última propuesta en festivales, es el FIC-CAT, Festival Internacional de Curtmetratges en Català, un festival orientado a los realizadores catalanes o de cualquier lugar del mundo siempre y cuando las obras estén dobladas o subtituladas en catalán, en cualquiera de sus variantes.

Por sus particularidades y basándose en su folclore, en su tradición,en sus costumbres y en su vida cotidiana se ha creado unos géneros que reflejan la sociedad, la historias y los hábitos de España así como su propia realidad, tanto actual como histórica.

Inspirado tanto en la época de los descubrimientos como en el crepúsculo colonial. Sobre la epopeya del descubrimiento deben destacarse Alba de América (1951) y la superproducción realizada como motivo del quinto centenario, 1492, la conquista del Paraíso, y Cristobal Colón, el descubrimiento en la que intervinieron figuras internacionales como, por ejemplo, Gérard Depardieu ó Marlon Brando respectivamente. Basadas en los tiempos de la conquista del Nuevo Contiente, deben citarse una biografía filmada de Álvar Nuñez Cabeza de Vaca, las aventuras de Vasco Núñez de Balboa en Conquistadores del Pacífico, así como una adaptación de La Araucana (1971), el conocido poema de Alonso de Ercilla. pero dentro de este subgénero la que alcanza mayor repercusión es El Dorado (Carlos Saura, 1988) que en el momento de su rodaje se convirtió en la película más cara de la historia del cine nacional. Pretendía ser el contrapunto a Aguirre, la cólera de Dios, película alemana en la que Werner Herzog ofrecía su particular visión de la epopeya de Lope de Aguirre.

De temática relacionada con la decandencia y final colonial son Héroes del 95 (Eloy Gonzalo, 1947) en la que se narra la heroicidad de los que intervinieron en la guerra de Cuba y Mambí (Teodoro Ríos, 1998) y sobre todo el clásico Los últimos de Filipinas (película) ( Antonio Román, 1945) que cuenta la hazaña de un grupo de soldados del regimiento de cazadores destinados en Baler, empeñados en resistir en una iglesia rodeados de enemigos y en no creer que la guerra hubiera terminado.

Distintos episodios de la Guerra de la Independencia han sido llevados al cine, unos con carácter histórico y otros en ficciones inspiradas en el momento de la guerra. De este subgénero destacarían películas como Agustina de Aragón (Juan de Orduña, 1950), contando la leyenda de la heroína aragonesa, Lola la Piconera (Luis Lucia, 1951) inspirada en una obra de José María Pemán, Los guerrilleros (Pedro L. Ramírez, 1962), La leyenda del tambor (Jorge Grau, 1981), inspirada en el episodio de El tambor de Bruch.

Fue un subgénero muy en boga en los años cuarenta destacando principalmente la adaptación de la obra sobre de Manuel Tamayo y Baus Locura de amor (Juan de Orduña, 1948), vehículo de consagración de la actriz Aurora Bautista. Si bien en este subgénero las que alcanzarían mayor notoriedad serían las que, basándose en obras de teatro de Juan Ignacio Luca de Tena, ficcionaban parte de la vida sentimental de Alfonso XII: ¿Dónde vas Alfonso XII? (Luis César Amadori, 1958), y su continuación ¿Dónde vas triste de ti? (Alfonso Balcazar, 1960) protagonizadas por Vicente Parra —el galán de la época— y Paquita Rico. Otras películas de este género serían La Princesa de los Ursinos (Luis Lucia, 1947), La leona de Castilla (Juan de Orduña, 1957), la adaptación de la obra del Luis Coloma, Jeromín (Luis Lucia, 1953). las últimas incorporaciones destacables a este subgénero son: Esquilache (Josefina Molina, 1989) y Juana la Loca (2001) donde Vicente Aranda retoma la historia de la reina castellana que, además de la ya citada Locura de amor, había servido de argumento a la inefable comedia, protagonizada por Lola Flores, Juana la loca... de vez en cuando (José Ramón Larraz, 1983).

Ambientado normalmente a finales del siglo del XVIII y principios del XIX describe la vida y actividades de los guerrilleros que lucharon contra el invasor francés o de los bandoleros que se enseñorearon de zonas del país por lo que podría ser considerado un género nacional equivalente al western norteamericano si bien no se ha sabido explotar con fortuna. Forzosamente, por la gran repercusión que alcanzó, debe hablarse de la serie de televisión Curro Jiménez protagonizada por Sancho Gracia y cuyos capítulos fueron encomendados a directores de la solvencia. Esta serie tuvo una versión cinematográfica llamada Avisa a Curro Jiménez (Rafael Moreno Marchent, 1978), si bien la película más importante de este género es Amanecer en puerta oscura (José María Forqué, 1957), ganadora de un Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. También son destacables Carne de horca (Ladislao Vajda, 1953),La duquesa de Benamejí (Luis Lucia, 1949), basada en la obra de los hermanos Machado, Llanto por un bandido Carlos Saura, 1964) y, ya en los noventa, La ley de la frontera (Adolfo Aristarain, 1995), inspirada en el bandolerismo gallego.

En este género son destacables versiones muy libres de las vidas de Miguel de Cervantes o El Greco así como las dedicadas a Francisco de Goya cuya vida ha servido de base, además de para una serie de televisión, para el rodaje de cinco películas entre las que sobresale Goya en Burdeos, de Carlos Saura, por el número de premios Goya que cosechó.

La fiesta nacional ha sido llevada al cine en un sinfín de ocasiones. En ocasiones, se trataba de adaptar al medio novelas de temática taurina, otras veces se han filmado guiones en los que se reflejaban desde los aspectos más tópicos hasta los más escabrosos de la «fiesta nacional» o bien la biografía de los toreros que en el momento de los rodajes contaban con mayor número de seguidores.

Basado en obras literarias habría que destacar Sangre y arena, si bien las mejores adaptaciones de la obra de Blasco Ibáñez se realizaron en Hollywood. La novela taurina adaptada al cine español por excelencia ha sido Currito de la Cruz, de Alejandro Pérez Lugín, quien dirigiría una primera versión cinematográfica —todavía sin sonido— a la que seguirán otras tres, ya sonoras. Debe mencionarse que también ha sido llevada al cine en cuatro ocasiones El niño de la monjas, novela de Juan López Núñez.

Películas como Sangre en el ruedo (Rafael Gil, 1969) o Los clarines del miedo (Antonio Román, 1958) mostraban la dureza del mundo de los toros, desde el odio y la envidia de dos estrellas rivales en la primera de las película citadas, hasta la miseria de un torero de que malvive de su arte yendo de pueblo en pueblo. Empero, de estas ficciones no exentas de realismo, debe destacarse Tarde de toros (Ladislao Vajda, 1956) en la que se recogen numerosos aspectos de la fiesta nacional, contraponiendo los caracteres de tres diestros (el consagrado, el ídolo del momento y el principiante), así como otros caracteres secundarios: el crítico taurino, los aficionados seguidores de cada matador...

Por último, en el apartado de biografías cinematográficas de toreros, deben destacarse Aprendiendo a morir (Pedro Lazaga, 1962), protagonizada por Manuel Benítez el Cordobés, Nuevo en esta plaza (Pedro Lazaga, 1966) sobre la vida de Sebastián Palomo Linares y El Litri y su sombra (Rafael Gil, 1960), quizás la más ambiciosa de todas, porque no se limita a contar exclusivamente la vida del torero, sino que también se detiene en sus antecedentes taurinos familiares. Belmonte (Juan Sebastián Bollaín, 1995) y Manolete, aunque no interpretadas por los propios biografiados sino por actores, son encuadrables en este apartado.

En este subgénero donde quedaría englobada la ya mencionada Marcelino pan y vino, se recogen películas donde mediante historias de ficción se trata de reflejar virtudes tanto religiosas como humanas. Suelen tratar de sacerdotes enfrentados al egoísmo de la sociedad en que viven o bien historias más o menos piadosas. De este subgénero destacaría sobre todo la película Balarrasa (José Antonio Nieves Conde, 1950), la historia de un hombre arrepentido que se convierte en sacerdote. También deben destacarse La mies es mucha (José Luis Sáenz de Heredia, 1949), sobre la vida de un misionero español en la India, y las obras de Rafael Gil La guerra de Dios (1953), donde un sacerdote debe luchar ante una sociedad avara y despiadada y El canto del gallo (1955), que narra las vivencias y vicisitudes de unos sacerdotes católicos perseguidos en un país comunista. Ya más tardío es el rodaje de Johnny Ratón (Javier Escrivá, 1969) cuyo protagonista —un desconocido actor llamado Robert Packer— profundamente ateo evoluciona y se transforma en un sacerdote que entregará su vida por el prójimo. Paradójicamente la película que terminaría por cerrar este género sería una nueva versión de la que le dio mayor fama, Marcelino, pan y vino, realizada en 1991 por Luigi Comencini.

No fueron pocas las películas que se hicieron para reflejar las vidas de santos en el momento de mayor auge del genero religioso en España. Destacan Isidro, el labrador (Rafael J. Salvia, 1963), La Señora de Fátima (Rafael Gil, 1951) y especialmente Molokai (Luis Lucia, 1959) que contaba la historia de Damián de Veuster, el cual sería canonizado varias décadas después de la película. También cabe destacar la visión de Carlos Saura sobre la vida de San Juan de la Cruz en La noche oscura (1988), y las distintas versiones de la vida de Santa Teresa de Jesús, que van de Teresa de Jesús, (Juan de Orduña, 1962), hasta una afamada serie o Teresa, el cuerpo de Cristo, realizada en pleno siglo XXI, y no exenta de polémica al alejarse de la ortodoxia característica de este tipo de filmes.

Exceptuando El beso de Judas (Rafael Gil, 1953), son pocas, y desde luego no dignas de mención, las películas españolas de esta temática.

Mostrar en imágenes los grandes clásicos de nuestra literatura ha sido un género que el cine español no ha sabido aprovechar, si bien ya en la era del cine mudo comenzaron a adaptarse las grandes obras de la literatura clásica española.

En este apartado debe comenzarse por hacer referencia al tratamiento cinematográfico recibido por la obra cumbre de la literatura en castellano, El Quijote, llevada a la pantalla en numerosas ocasiones tanto por cineastas nacionales como por extranjeros. Son 23 las entradas registradas en la Base de datos de las películas registradas en el Ministerio de Cultura, la más antigua es Don Quijote (Narciso Cuyas, 1908). De las restantes, por la difusión alcanzada, deben destacarse Don Quijote de la Mancha (Rafael Gil, 1948), la parodia Don Quijote cabalga de nuevo, (Roberto Gavaldón, 1973), coproducción con México, para mayor gloria de Cantinflas y El caballero Don Quijote (Manuel Gutiérrez Aragón, 2002) con la que continuaba la serie televisiva (ésta abarcaba la primera parte de la novela, y la película contó la segunda parte), si bien, por diversos motivos, cambiaron los protagonistas.

Otra obra inmortal de nuestra literatura, Lazarillo de Tormes ha contado con varias versiones cinematográficas, siendo la más afortunada la dirigida por César Fernández Aradavín (1959) que obtendría el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín. También hay que mencionar la versión del año 2000, titulada Lázaro de Tormes dirigida por Fernando Fernán Gómez quien, por motivos de salud, tuvo que abandonarla a mitad del rodaje siendo sustituido por José Luis Garcia Sánchez.

La Celestina es otro de los personajes de la literatura española que ha servido para la realización varias versiones cinematográficas siendo la dirigida por Gerardo Vera en 1996 la que obtuvo mayor atención por parte de público y crítica. Debemos citar así mismo la realizada por César Fernández Ardavín en 1969.

El Don Juan, el conquistador universal por excelencia, ha tenido multitud de adaptaciones en nuestro cine. Del Don Juan de Zorrilla, la dirigida por René Cardona fue la primera adaptación del cine sonoro y la de Luis César Amadori sería la más famosa versión, en 1949. Sobre la obra de Tirso de Molina, El burlador de Sevilla, José Luis Sáenz de Heredia realizó una adaptación en 1950 llamada Don Juan. Don Juan en los infiernos de Gonzalo Suárez era una adaptación libre del mito de Don Juan basada en la obra de Molière.

Carmen, obra del francés Prosper Mérimée, aunque no pertenezca a la literatura española también ha dado un buen número de películas en España. Destacan la versión de Florián Rey, titulada Carmen de Triana, protagonizada por la estrella del momento Imperio Argentina en 1938 y realizada en Alemania. A finales de los cincuenta la estrella del momento es Sara Montiel, y también interpretaría una particular versión de Carmen titulada Carmen la de Ronda. Pero quizás el más controvertido y personal tratamiento del personaje por nuestro cine es la versión de Carlos Saura, Carmen (1983), en la que Laura del Sol fue la protagonista. A principios del siglo XXI, Paz Vega, una de las estrellas del momento, interpretaría a la famosa gitana en una versión dirigida por Vicente Aranda y titulada (de nuevo) Carmen, que es la película que cierra el ciclo de este personaje dentro de nuestro cine por ahora.

Tuvieron sus correspondientes adaptaciones al cine otras dramaturgos del Siglo de Oro. Lope de Vega fue adaptado por primera vez en Fuenteovejuna, ( Antonio Román, 1947), existiendo una versión posterior, en coproducción con Italia (Juan Guerrero Zamora, 1972). Del año siguiente es El mejor alcalde el rey (Rafael Gil, 1973, pero la adaptación de Lope que más éxitos y galardones obtendrá es El perro del hortelano (Pilar Miró, 1995). La última obra llevada al cine ha sido La dama boba (Manuel Iborra, 2006).

Pedro Calderón de la Barca, ya fue adaptado en el cine mudo. En el sonoro, destacan las dos adaptaciones de El alcalde de Zalamea, José Gutiérrez Maesso, 1954) y (Mario Camus, 1973). La La vida es sueño tuvo una versión libre, a la que se dio el título de El príncipe encadenadoLuis Lucia, 1960).

La curiosa impertinente de Guillén de Castro tuvo su correspondiente adaptación en 1953.

Aunque en el cine español sean numerosas las películas musicales, no se ha desarrollado un género propio, sirviendo la música, en la mayoría de las ocasiones, únicamente para promocionar a un cantante popular o a una estrella de moda, si bien hay dignas excepciones de películas en las que la música funciona como una especie de pretexto que permite contar otras historias, así sucede, por ejemplo, en La corte del faraón (José Luis García Sánchez, 1985) o La niña de tus ojos.

Es uno de los subgénero más cultivados por los cineastas españoles. aparece con el nacimiento del sonoro con la pretensión de aprovechar la fama de la cantante y bailaora folclórica del momento. Cronológicamente, las primeras estrellas que destacan son Imperio Argentina, Estrellita Castro y Concha Piquer, que dominarían los años treinta y principio de los cuarenta protagonizando películas dirigidas en su mayoría por Florián Rey y Benito Perojo.

La década de los cuarenta, aunque sigue la fama de las estrellas de la década anterior, está dominada por Juanita Reina quien protagoniza películas dirigidas por Juan de Orduña y Luis Lucia.

Los cincuenta comienzan con el dominio de Juanita Reina, aunque el duelo de esta década será el que protagonizaran Lola Flores y Sara Montiel, cuya hegemonía se extenderá a la década siguiente. Lola Flores ya había realizado películas a finales de los cuarenta, como Embrujo (Carlos Serrano de Osma, 1947), con su entonces pareja el cantante Manolo Caracol. Por su parte, Sara Montiel (que aunque no es exactamente una folclórica puede ser incluida en este apartado por la estructura de sus películas), que había intervenido en papeles secundarios en algunas películas de los cuarenta y había intentado una carrera en Hollywood, ingresa en el Olimpo cinematográfico a raíz de El último cuplé (Juan de Orduña, 1957), el mayor éxito del cine español hasta la fecha. En esta época, y con menor impacto que las dos estrellas citadas, también se pondrían ante las cámaras Paquita Rico y Marifé de Triana entre otras.

Durante los años sesenta y setenta, pese a que continúan los rodajes protagonizados por Sara Montiel, Lola Flores, Paquita Rico y Marujita Díaz; se produce una decadencia del género si bien se incorpora a él una figura ascendente, Rocío Jurado, que interpretaría varias películas. El género, prácticamente desaparecido en los ochenta, tiene un último momento de éxito con las películas protagonizadas por Isabel Pantoja: Yo soy esa (Luis Sanz, 1990), que se acerca al millón y medio de espectadores, y El día que nací yo (Pedro Olea, 1991), con resultados de taquilla inferiores. De cualquier modo, el éxito de estas hace que otras folclóricas vuelvan a la pantalla en proyectos que pretenden ir más allá del simple catálogo de canciones filmadas como es el caso de Rocío Jurado con una nueva versión de La Lola se va a los puertos (Josefina Molina, 1993).

Finalmente, el género acabaría siendo homenajeado en la arrolladora —2,5 millones de espectadores— La niña de tus ojos (Fernando Trueba, 1998), comedia inspirada en las andanzas de las folclóricas que trabajaron en los estudios cinematográficos alemanes a finales de los años treinta.

El genero musical español por antonomasia ha sido llevado al cine con desigual fortuna, si bien es un género que hace tiempo que abandonaron los cineastas españoles. El género chico, como también se llama a la zarzuela, se vinculó al cine español casi desde el principio pues, aunque resulte paradójico, existen versiones mudas de zarzuelas españolas como Los guapos (Segundo de Chomón, 1910) o La verbena de la Paloma (José Buchs, 1921). Esta última zarzuela tendría una segunda versión, de gran éxito (Benito Perojo, 1935) e incluso una tercera (José Luis Sáenz de Heredia, 1963. pero el mayor cultivador de este género fue sin duda Juan de Orduña quien, en 1969 y por encargo de la televisión estatal, adaptó al cine de La Revoltosa, Las golondrinas, La canción del olvido y Bohemios.

Antes de hablar de las películas de Carlos Saura, que es el gran impulsor de este género, hay que citar dos películas de Francisco Rovira Beleta: Los Tarantos (1963) y El amor brujo (1967), ambas películas consiguieron el hito de ser nominadas al Oscar. Otra película de este apartado, Montoyas y Tarantos (Vicente Escrivá, 1989) aspiró, sin éxito, a la misma nominación.

Carlos Saura, en colaboración con el bailarín Antonio Gades, filmó películas como Bodas de sangre (1981), Carmen (1983) o una nueva versión del Amor Brujo (1986). A las que más tarde se sumarían Sevillanas (1992), Flamenco (1995) y Salomé (2002).

Los cantantes del momento, como Raphael, Los Bravos, Julio Iglesias u Hombres G; tuvieron oportunidad de desarrollar cortas carreras cinematográficas en películas concebidas como vehículos para su promoción. Hubo, no obstante, cantares que fueron más allá de intervenir en dos o tres rodajes como es el caso de Manolo Escobar que protagonizó más de una veintena de títulos, o Luis Mariano que luciría su voz en operetas como el remake de Violetas imperiales (Richard Pottier, 1952) o El sueño de Andalucía (Luis Lucía, 1953).

Estos géneros fueron realizados en la mayoría de los casos en colaboración con el cine italiano y siendo deudor de éste en los casos en que no se realizaron las películas en coproducción. Del peplum debe destacarse las coproducciones Los últimos días de Pompeya (Mario Bonnard, 1960) y El coloso de Rodas (Sergio Leone, 1961), si bien la más destacada será la superproducción de Samuel Bronston La caída del Imperio Romano (Anthony Mann, 1964), en la que intervinieron figuras de la talla de Sofia Loren, James Mason o Alec Guinness y cuyo rodaje se realizó en nuestro país. Enteramente española es Los Cántabros (Jacinto Molina, 1980), filmada ya en el período de decadencia del género.

Por su parte el western europeo, tuvo en nuestro país el mayor número de producciones convirtiéndose el desierto de Almería en una réplica del de Arizona. Aunque la mayoría de los directores más importante de este género fueron italianos, también los hubo españoles como los hermanos Alfonso Balcázar y Jaime Jesús Balcázar, los también hermanos Rafael Romero Marchent y Joaquín Luis Romero Marchent, Julio Buchs e Ignacio F. Iquino. Tras varios intentos por hacer renacer el género, los últimos coletazos del mismo fueron parodias como El Este del Oeste (Mariano Ozores, 1984) o Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (Álvaro Sáenz de Heredia, 1996), para acabar con el homenaje nostálgico y lleno de humor negro de 800 balas (Álex de la Iglesia, 2002).

El actor Alfredo Landa, prestó su apellido para dar nombre a este subgénero de la comedia española. Landa, frecuentemente acompañado por José Luis López Vázquez, representó en numerosas películas al prototipo medio del español de la época: bajito, moreno, obsesionado con las mujeres y reprimido sexualmente. Es un tipo de comedia de bajo presupuesto, puramente evasiva, depreciada en su momento por la crítica aunque no por el público que llenaba las salas donde eran exhibidas, como ocurrió con la que quizás sea la más representativa del género No desearás al vecino del quinto (Ramón Fernández, 1960) que, con más de 4.300.000 espectadores, es una de las más vistas de la historia del cine español. Los numerosos filmes protagonizados por Andrés Pajares y Fernando Esteso podrían ser encuadrados dentro de este subgénero.

Otro género tipo de cine recurrente de los años sesenta y primera mitad de los setenta es el promocionaba zonas turísticas de las costas españolas. Aquí se encuadran títulos como Amor a la española (Fernando Merino, 1966), El turismo es un gran invento (Pedro Lazaga, 1968), Fin de semana al desnudo (Mariano Ozores, 1974).

El franquismo sometió a los españoles a una fuerte represión sexual. El fin de esta represión permitió el desarrollo de un tipo de cine, absolutamente comercial, rigurosamente machista e ideológicamente retrógrado, interesado sobre todo en mostrar, sin pararse a buscar muchos pretextos, la hasta entonces prohibida anatomía femenina. Lo cierto es que en todo el mundo los filmes eróticos e incluso pornográficos vivieron un momento cumbre durante los años 70; quizá sería adecuado incluir al destape español dentro de tendencias como la Pornochanchada en Brasil o el auge de filmes eróticos y seudoeróticos-humorísticos en Italia, Alemania, etc.

Si bien en los últimos años de la dictadura ya se habían rodado algunas películas que abrían esta vía —sirvan de ejemplo El monumento (José María Forqué, 1970) Lo verde empieza en los Pirineos (Vicente Escrivá, 1973) o Doctor me gustan los mujeres ¿Es grave? (Ramón Fernández, 1973)—, será a partir de 1977 cuando este tipo de películas copen la producción nacional con títulos tan significativos como Deseo carnal (Manuel Iglesias, 1978), L´orgia (Francesc Bellmunt, 1978) o Atraco a sexo armado (Vincenzo Savino, 1981).

A La trastienda (Jorge Grau, 1978) y a su protagonista, María José Cantudo, les cupo el honor de pasar a la historia del cine español por mostrar el primer desnudo frontal femenino, atractivo suficiente para animar a acudir a las salas a más de dos millones y medio de personas. Hubo actrices que se especializaron en este tipo de películas, como la ya citada María José Cantudo, Nadiuska, Ágata Lys o Blanca Estrada, cuyas carreras entraron en decadencia, o simplemente terminaron, con la decadencia de este género. Otras tuvieron que sumarse a la moda como, en cierta medida, Ana Belén o, sorprendentemente, Carmen Sevilla. Otras, caso de Sara Montiel, decidieron retirarse de las pantallas antes que verse obligadas a mostrarse como sus madres las trajo al mundo.

A principio de los ochenta este cine perdió su interés y desapareció tan rápidamente como había surgido.

Aunque tal vez sea Alejandro Amenábar y su película Los otros la más importante y exitosa película de terror del cine español, no debe olvidarse que desde finales de los sesenta se realizó un cine de terror, de bajo presupuesto y muchas veces «cutre», más destacado por el empeño de sus realizadores por hacer cine y que muchas veces es más valorado y recordado fuera de España que en el propio país. Fue un cine que contó con directores como Carlos Aurel, Jesús Franco, León Klimovsky y Jacinto Molina, entre otros. Sería Jacinto Molina, bajo el seudónimo de Paul Naschy, quien además de director fuera el actor más prolífico en el género, convirtiéndose en el actor que más veces ha interpretado al hombre lobo, si bien ha interpretado prácticamente a todos los monstruos habidos y por haber. De entre sus películas destacaremos La noche de Walpurgis y sus secuelas.

Es un género que ha tenido gran importancia dentro del cine español, ha sido un cine que ha reflejado lo más sombrío y lastimoso de la sociedad española, ha mostrado a los marginados y a los delincuentes desde distintos tipos de vista. Estos argumentos puede encontrar su origen en la tradición de la novela picaresca. Al principio, los desarraigados fueron llevados al cine en forma de comedia, destacando como primera obra maestra del género Los tramposos de Pedro Lazaga, dirigida en 1959 y en la que se narra la historia de dos pícaros modernos del siglo XX. A esta película siguieron otras en el mismo tono, en las que destaca el actor protagonista de Los tramposos, Tony Leblanc, verdadero icono del género en esta primera época. En 1974 La llamaban La Madrina, de Mariano Ozores, pone fin a estas comedias para dar paso a un cine más crudo y más propio de los nuevos tiempos. El verdadero cine de desarraigados se desarrollaría a partir de los setenta; sin embargo, el director Carlos Saura haría una primera muestra con la película Los golfos, de 1960, para luego retomarlo en 1990 con Dispara, la última película de Antonio Banderas en España. Luego, en los setenta, el director José Antonio de la Loma será el verdadero impulsor del género, basándose en la vida del Vaquilla, el famoso delincuente juvenil de mediados de los setenta, y utilizando actores no profesionales provenientes del mundo que quería reflejar. Rodaría cuatro películas, siendo Perros callejeros, de 1977, la más representativa y recordada, a la que siguieron Perros callejeros 2, Los últimos golpes de El Torete, Perras callejeras y Yo el Vaquilla, todas ellas dirigidas por el propio La Loma y protagonizadas por Ángel Fernández Franco. En los ochenta, recogiendo el listón de La Loma y compitiendo con él, Eloy de la Iglesia comenzaría su propia saga de desarraigados con El pico y El pico 2, en la que se sumerge en el mundo de los heroinómanos. Antes de eso ya había realizado películas de este género tales como Colegas y Navajeros, para acabar con La estanquera de Vallecas; todas estás películas fueron protagonizadas por José Luis Manzano, que acabaría teniendo el mismo trágico fin que los protagonistas que interpretaba.

Dentro de este género también haría su aportación Montxo Armendáriz con dos películas, 27 horas, sobre el mundo de la droga, e Historias del Kronen, en la que plasma en imágenes la novela homónima de José Ángel Mañas. Pero ha sido en los últimos años cuando el género ha logrado sus mayores éxitos con Barrio de Fernando León de Aranoa, El Bola, de Achero Mañas, o Siete vírgenes, de Alberto Rodríguez. Destacar también la película Volando voy de Miguel Albadalejo, que volvía a los años setenta para contar la vida del Pera - un mítico delincuente juvenil finalmente reinsertado en la sociedad.

El cine castrense era un cine muy típico durante el régimen franquista en las que se hacía alta exaltación patriótica. Este género tuvo su primer éxito en 1948 con Botón de ancla, de Ramón Torrado, que tendría dos versiones más, una en los años sesenta y otra en los setenta. Siguiendo la estela de esta película la siguieron La trinca del aire o Héroes del aire del propio Torrado, y Los guardiamarinas de Pedro Lazaga, entre otras. En un plano menos serio que estas películas estaba Quince bajo la lona, que cuenta la historia de las Milicias Universitarias. Citaremos también películas como Recluta con niño o Cateto a babor, dos versiones de una misma historia y que trataban el tema del ahora desaparecido servicio militar con humor, siempre sin dejar de acabar con el tono patriotero propio de la época. Fuera de estas tendencias y de la época de apogeo del género está Morirás en Chafarinas, de Pedro Olea, sobre la novela homónima de Fernando Lalana.

Salvo excepciones, por ejemplo, La vieja música, del director Mario Camus, que trataba de baloncesto, aunque solo superficialmente, y la película oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 titulada Maratón y dirigida por Carlos Suara, la mayoría de las películas españoles sobre deportes han sido de fútbol o de boxeo.

La primera película sobre fútbol que merece ser nombrada es de 1943, ¡Campeones!, dirigida por Ramón Torrado y donde trabajaban leyendas del fútbol español de la época como Ricardo Zamora, Guillermo Gorostiza o Jacinto Quincoces entre otros. Esta película sería la primera de un género en la que las principales figuras del fútbol español intervendrían tanto como protagonistas como en cameos. Así Los ases buscan la paz, de Arturo Ruiz Castillo, narraba la historia de Kubala y la Saeta rubia de Javier Setó era una película homenaje a Alfredo Di Stéfano, pero la película que marcaría el género sería Once pares de botas, en la que a pesar del cameo de muchas estrellas del balompié de la época, narra la historia ficticia de un jugador desde su llegada a primera división hasta convertirse en internacional. El género acabó conLa batalla del domingo, una película en la que una vez más aparecían todas las figuras futbolísticas de la época. El fútbol vio otras vías, la comedia, por un lado una trama de enredo de confusión entre personas como el fenómeno de José María Elorrieta, Los económicamente débiles de Pedro Lazaga, que era una comedia costumbrista ambientada de un equipo de primera regional. Tras el final de la fiebre del fútbol de los años cincuenta a finales de los sesenta será Mario Camus quien dirija Volver a vivir, una película ambientada en el mundo del fútbol, que en este caso narra la segunda oportunidad que se le brinda a una antigua estrella de fútbol al obtener el puesto de entrenador de un equipo de segunda división. En los años setenta el fútbol pasa a un segundo plano, y pocas películas tratan el tema. Se pueden recoger un par de títulos, Las Ibéricas F.C. de Pedro Masó y Jenaro el de los 14 de Mariano Ozores; la primera narra la historia en tono cómico de un equipo de fútbol femenino y la segunda no es más que una comedia encuadrada dentro del landismo sobre cómo le cambiaba la vida a un hombre agraciado con el premio de la quiniela. En los noventa el fútbol sería representado en una comedia de la trilogía hispana de La Cuadrilla titulada Matías, juez de línea. A principios del siglo XXI, Gonzalo Suárez rodó El portero, una tragicomedia ambientada en la posguerra. Días de fútbol, de David Serrano, y El penalti más largo del mundo, de Roberto Santiago, fueron comedias de éxito que utilizaban el fútbol como excusa para situaciones cómicas.

El boxeo, ha sido uno de los deportes mas cinematográficos de la historia, no solo en el cine español sino en todo el cine universal. El cine español ha tocado al boxeo desde muchos puntos de vista, el cómico como en la comedia costumbrista de Pedro L. Ramírez, El Tigre de Chamberí, protagonizada por José Luis Ozores y Tony Leblanc. Utilizando la fama del boxeador del momento para lanzar una película como en Cuadrilátero, de Eloy de la Iglesia, donde el protagonista era José Legrá, Urtain el rey de la selva... o así, de Manuel Summers, donde se contaba la vida del famoso peso pesado español, o El marino de los puños de oro, protagonizada por Pedro Carrasco en una sátira un tanto incomprensible. El boxeo también ha aparecido en películas corales como Escuela de periodismo, donde se narraban varias historias reales de boxeadores, entre otras la victoria de Fred Galiana del título europeo. El género acabaría en una grotesca película de Pajares y Esteso que parodiaba las películas de Rocky, Yo hice a Roque III (1980), dirigida por Mariano Ozores.

Por último mencionar a la que probablemente sea la mejor película deportiva de todo el cine español y que fue la película en tono crepuscular de Manuel Summers titulada Juguetes rotos, donde aparecían viejas glorias olvidadas tanto del fútbol como del Boxeo entre otros Gorostiza o Paulino Uzcudun.

Al principio



Mikel Clemente

Mikel Clemente es un periodista y realizador de vídeoclips y documentales vasco, nacido en Baracaldo (España) en 1964. Colabora habitualmente con grupos como Siniestro Total o Extremoduro.

En 1989 realiza su primer vídeoclip, el de la canción Bostak Bat, del grupo Zarama por el que es premiado en el Festival de Video de Vitoria. Dos años más tarde, en 1991, graba otro vídeoclip en euskera; en este caso se trata de la versión que hizo en este idioma Salomé de su Vivo Cantando (Kantari Bizi Naiz). En 1992 se encarga de otro de Zarama, titulado Sexkalextrik. Poco después se ocupa de la grabación del primer vídeoclip de Def Con Dos, Acción Mutante, al tiempo que colabora en la grabación de cómo se hizo la película del mismo título de Álex de la Iglesia.

Conoce a Siniestro Total a través de Óscar Mariné, que se encarga de hacer las portadas del grupo y por cuyo estudio pasa mucho. En septiembre de 1993 graba su primer vídeoclip con ellos, El hombre medicina. Tres meses después, en diciembre de ese mismo año, se encarga de la grabación de Yo dije yeah!, vídeoclip de un tema también de Siniestro, en el bar Amordiscos en Vigo, que consiste en principio en el típico vídeoclip del grupo tocando ante un público. Se acuerda en que el presupuesto consista en una cantidad determinada para el vídeo y otra tanta para cerveza, ya que se dará de beber gratis a todos los que participen, y Mikel lleva a muchos amigos vascos, entre ellos Álex de la Iglesia, que finalmente acaba casi dirigiendo la grabación él mismo a gritos.

En abril de 1994 sale a la luz el tercero de los vídeoclips del álbum Made in Japan de Siniestro, Cuenca minera.

A principios de 1995 graba dos nuevos vídeoclips de Def Con Dos: los de los temas Victoria/Garaipena y No me ralles el coche; durante la primavera se marcha a Memphis (Estados Unidos) con Siniestro Total para registrar en vídeo la grabación del álbum que están preparando, Policlínico miserable, y a finales de año aparecen otros dos vídeoclips de Siniestro grabados por él, los de los temas del nuevo disco Sólo los estúpidos tienen la conciencia tranquila y Y yo me callo, el primero de ellos grabado en Urnieta (Guipúzcoa). También durante este año ha salido a la luz el vídeoclip del tema El Día de la Bestia, de Def Con Dos, parte de la banda sonora de la película de Álex de la Iglesia del mismo título. Mikel se encarga también del reportaje sobre cómo se hizo la película.

En 1996 estrena su corto documental Visita a una cárcel de Pisacocas, por el que recibe el primer premio documental en el IV Festival de Video de Navarra. En marzo empieza a colaborar con Siniestro en el proyecto denominado Cultura Popular que consistirá en una actuación con tintes de teatro, en la que se encarga de la realización y la producción de la parte visual, con la colaboración de Iñaki Mintegui. Ya en agosto sale a la venta la cinta titulada La vida es deliciosa, que contiene imágenes de la grabación de Siniestro en Memphis, narrando a modo de documental la vida y trabajo del grupo durante los dos últimos años, además de varios vídeoclips (algunos de ellos inéditos) y material en directo.

Los días 9 y 10 de octubre se presenta en el Palacio de Congresos e Exposicions de Santiago de Compostela el espectáculo Cultura Popular de Siniestro, supervisando Mikel la unidad móvil que se encarga de la parte visual (escenografía, actores, proyecciones, cine y vídeo). La cinta que relata la edición y montaje del espectáculo por parte de Mikel sale, junto con el CD del directo, el 7 de abril.

Es además en este año cuando recibe la medalla de plata en el 38º Festival de Televisión de Nueva York por su documental La India: todos los dioses, un Dios, y graba un vídeoclip: el primero que hace con Extremoduro, del tema So payaso.

El 9 de mayo de 1997 comienza en Lima (Perú) la gira por América Latina de Siniestro Total, en la que Mikel viaja de acompañante para registrar en vídeo las actuaciones del grupo, finalizando los conciertos el 9 de agosto en Santiago de Chile. Con estas grabaciones se edita el documental para televisión titulado Por el bien de la humanidad.

También en 1997 graba vídeoclips: el de A poco más (De metro escaso), de Siniestro, y el primero con Platero y tú, Alucinante. Además, gana por So payaso el premio al mejor vídeoclip en los I Premios de la Música en ese año.

En el 2000 recibe el premio al mejor cortometraje en Cinemad por Vida y Tiempo de Jack Griffin un documental sobre la vida del misterioso músico de blues.

En el 2005 realiza en vídeo el concierto Metamorfosis de Dr Deseo. Edita en DVD una selección de vídeoclips y piezas documentales cortas con Discos de Freno y Nuevos Medios. También participa como tertuliano en el programa Pásalo de ETB 2. En el mes de noviembre estrena su último largometraje documental titulado Embarcadero dentro del festival Internacional de cine documental Zinebi.

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Terele Pávez

María Teresa Ruiz Penella (Bilbao, 29 de julio de 1939), conocida artísticamente como Terele Pávez, es una actriz española perteneciente a una familia vinculada a las artes. Especializada en personajes temperamentales, su amplia trayectoria en cine, teatro y televisión se nutre de trabajos sonados y períodos de ausencia que le confieren un prestigio creciente y una personalidad artística excepcional e imprevisible.

Hermana de las también actrices Emma Penella (1930-2007) y Elisa Montés (1934), es hija de Magdalena Penella Silva y del político de derechas Ramón Ruiz Alonso, así como nieta y bisnieta de los compositores Manuel Penella y Manuel Penella Raga.

También es tía de la actriz Emma Ozores, hija de Elisa y el actor Antonio Ozores.

Nació en Bilbao, pero creció y siempre ha vivido en Madrid, de donde se considera.

Sigue el camino emprendido por sus hermanas y pronto quiere dedicarse al mundo de la interpretación. Su voz desgarrada y cierta fama de actriz trágica la llevan a encarnar en múltiples ocasiones a la mujer que vive al borde de la miseria, resentida por la rabia y la desesperación.

Cumple doce años rodando su primera película, Novio a la vista de Luis García Berlanga, un papel que le consigue Jesús Franco, buen amigo de la familia que la dirige en Tenemos 18 años (1959). Siendo Emma y Elisa ya reputadas intérpretes, Terele toma el apellido de su abuela materna, de origen chileno, para distinguirse artísticamente. Ruedan una sola película juntas, La cuarta ventana (Julio Coll, 1963).

Destaca a la vez en teatro, a las órdenes de Miguel Narros o Adolfo Marsillach; protagoniza con éxito La casa de las Chivas y da vida a Elicia en un montaje de La Celestina. Su presencia en cine a partir de 1970 se reduce a pequeños papeles como el de Mauricia en Fortunata y Jacinta, pero interviene en series clásicas de TVE como Cañas y barro y La barraca. En esa época nace su único hijo.

Tras un tiempo de menor actividad, en 1983 Mario Camus le ofrece el personaje de Régula en Los santos inocentes, trabajo cumbre en su carrera que le reporta un reconocimiento unánime. Poco después encarna a la última mujer ajusticiada por garrote vil en El caso de las envenenadas de Valencia, capítulo de la serie La huella del crimen que dirige Pedro Olea y con el que ahonda en su potencial dramático.

Hasta 1989 interviene en varias películas, entre ellas Réquiem por un campesino español, donde coincide con Antonio Banderas y Diario de invierno, junto a Fernando Rey, que le vale una segunda candidatura a los Premios Goya. Sin embargo, vivirá unos años de cierto ostracismo a comienzos de la década de 1990.

En 1995 Álex de la Iglesia recupera a Terele para el gran público en El día de la Bestia, desoyendo a los productores que la consideraban «una mujer difícil». Interpreta a una viuda «prototipo» de la España más retrógrada, que con orgullo conserva la memoria de otros tiempos en una fotografía de Tejero. En varias de sus películas, De la Iglesia logrará extraer de la actriz una vis cómica desconocida.

Gerardo Vera la llama al año siguiente para encabezar el reparto de una versión en cine de La Celestina, donde esta vez se encarga de dar vida a la alcahueta cuyas malas artes desencadenan la tragedia. La crítica se rinde a sus pies, pero curiosamente su trabajo no opta a los Premios Goya. La academia de cine español decide entonces ampliar el número de intérpretes candidatos a cuatro. Regresa al teatro en 1998 con Madre Caballo, obra de Antonio Onetti con música de Tomatito.

En 2000 consolida su creciente reaceptación en la industria con su interpretación en La comunidad (Álex de la Iglesia), en la que se dedica a perseguir por los tejados de Madrid a una Carmen Maura que se apodera de todo el dinero de un vecino fallecido. Esta vez logra entrar en la terna de los premios Goya, perdiendo frente a Julia Gutiérrez Caba.

Dos años después, se incorpora al elenco de la serie Cuéntame cómo pasó, donde encarna a una mujer de pueblo, Pura, madre de dos hijos y una hija muertos y viuda de un hombre fusilado por el bando nacional, resentida por el abandono de su hijo pequeño, Antonio Alcántara. Durante su estancia en Madrid, Pura consigue recordar su pasado a su propia familia a la vez que se adapta a los cambios de los nuevos tiempos. Terele es recompensada con su tercer premio de la Unión de Actores -en cuya entrega abrazó a Pilar Bardem- así como una quinta candidatura a los Fotogramas de Plata.

Posteriormente, interpreta personajes más próximos a la comedia tanto en cine como en televisión y es homenajeada por su trayectoria en los festivales cinematográficos de Fuentes de Ebro (2005), Alicante (2006) y Valencia (2008). Además, por su vinculación con la obra cumbre de Fernando de Rojas, el Ayuntamiento toledano de La Puebla de Montalbán le concede en 2008 el primer Premio Celestina.

En 2009 vuelve al teatro encabezando una comedia actual inspirada en los últimos días de la conocida como Duquesa Roja.

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Santiago Segura Silva

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Santiago Segura Silva (n. 17 de julio de 1965) es un actor, guionista, director y productor español, popular por su trilogía de Torrente.

Nació en el barrio madrileño de Carabanchel. A los catorce años se compró en el rastro una cámara de Super 8 de la marca Bolex por 800 pesetas.

Con ella empezó a dirigir cortometrajes de tres minutos. Era la máxima duración que permitían los cartuchos de Super 8 de 15 metros que utilizaba en su cámara.

En la óptica de su barrio consiguió bastante material a bajo precio (rollos de película caducada, aún utilizable) y fue en ese momento donde comenzó su obra más ambiciosa, su último largometraje en Super 8 "Relatos de la Medianoche", con el que consiguió un accésit de 100.000 pesetas en el certamen Cinema Jove de València. Al haber sido el coste total de la película unas 7.000 pesetas, el autor decidió que aquello del cine resultaba rentable y que podría ser un medio para ganarse la vida.

Los cortometrajes en Super 8, filmados siguiendo el orden cronológico de las escenas porque no tenía medios para montar, fueron sin duda un buen ejercicio para poder pasar a 35mm. Éste fue el formato profesional que Santiago Segura eligiría para realizar tres cortometrajes posteriores.

En 1994 fueron todos editados en un VHS distribuido por él mismo, del que salieron 666 copias firmadas, llamado "JIStory", como homenaje al recopilatorio de Michael Jackson "History". En él se incluían el citado "Relatos de medianoche", "Evilio", "Evilio vuelve", etc.

Para financiarlos, participó en gran cantidad de concursos de la tele (como "No te rías que es peor" o "Locos por la tele") mientras completaba la carrera de Bellas Artes. En esta época, también dedicado a los cómics, junto a su amigo José Antonio Calvo y bajo el pseudónimo Mónica & Bea, creó para "El Víbora" el cómic "Pequeñas Viciosas" y escribió relatos para publicaciones como "Lib internacional", "Supertetas" o "Culos Calientes". También trabajó como actor de doblaje o extra en algunas películas, publicó en programas televisivos, hizo de camarero y fue vendedor de libros a domicilio.

Asistió a numerosos festivales de cortometrajes, donde entabló relaciones con todos los jóvenes que, por aquellos entonces, aspiraban a ser directores de cine: Óscar Aibar, Javier Fesser, Miguel Bardem, Álvaro Fdez Armero, Itziar Bollain, Chus Gutiérrez, Pablo Berger, Álex de la Iglesia... Y con otros que luego se dedicaron a trabajos dentro del cine o afines al medio: Jordi Costa, Antonio Trashorras, Jesús Palacios, Miguel Ángel Lamata, Daniel Monzón...

La colaboración con Álex de la Iglesia fue especialmente fructífera para él: tras conocerse en un festival de cortometrajes de Valencia (en el que De la Iglesia presentó "Mirindas Asesinas", cinta ganadora del certamen) éste le fichó para la primera película en común: Acción Mutante (1992).

Siguió en su línea de papeles pequeños y medianos hasta que otra vez Álex de la Iglesia le dio la oportunidad de hacer de secundario en El día de la Bestia, donde hacía de José Mari —dependiente de una tienda de música death metal, obsesionado con el satanismo y miembro de una familia de clase obrera—, papel por el que obtuvo el Goya al Mejor Actor Revelación en 1996.

A partir de este momento, fue cobrando poco a poco más protagonismo hasta conseguir la fama absoluta con su propio largometraje Torrente, el brazo tonto de la ley, película que le llevó a alcanzar bastantes objetivos, como trabajar con Tony Leblanc, hacer la película española "más vista" y taquillera hasta entonces o conseguir el Goya al mejor director de 1999. Alcanzado este punto, su fama era ya innegable: Segura había creado un símbolo, Torrente, que tiene incluso una figura en un museo de cera. Es este un personaje plagado de influencias y referencias, desde Paco M. Soria y sus películas como protagonista, hasta personajes populares como el Tte. Coronel Antonio Tejero.

Tras darle un papel en Perdita Durango, De la Iglesia lo fichó por última vez, hasta el momento, para darle un papel co-protagonista con él Gran Wyoming en Muertos de risa, película en la que encarnaba a un cómico que termina a tiros con su pareja humorística. En la vida real, el rodaje de ésta película distanció a De la Iglesia y Segura, que habían sido buenos amigos.

Este segundo largometraje dispuso del doble de presupuesto que el primero y en él contó también con un reparto de lujo. Por esta película no obtuvo ningún galardón, pero consiguió llevar al cine a 5.500.000 espectadores. Después de Torrente 2, Segura ha obtenido cada vez más protagonismo en el panorama cinematográfico nacional e internacional, y ha conseguido integrarse mínimamente dentro del cine de Hollywood con pequeños papeles en Blade II y Hellboy, ambas películas dirigidas por su también amigo Guillermo del Toro.

En los últimos años, como actor, ha protagonizado películas como El oro de Moscú, Una de zombis, Isi Disi o El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y, como productor, ha realizado Una de Zombis, Asesino en serio y Promedio Rojo. Aparece en Astérix y Obélix en los Juegos Olímpicos, entre otras.

El 30 de septiembre de 2005 se estrenó en toda España la tercera parte de la famosa saga de Torrente: Torrente 3, el protector.

Tras un polémico intento en Antena 3, en 2007 y parte de 2008 compaginó sus trabajos en el cine con el de presentador de televisión, con el programa Sabías a lo que venías, de La Sexta. Hizo 26 programas.

En febrero de 2008 anunció la cuarta entrega de Torrente para el año 2010, con la única condición de que sea "una producción digna".

Es rendido admirador de la obra de Ed Wood y Alejandro Amenábar. A este último lo califica de "innovador" y "sorpresivo".

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Los crímenes de Oxford

Los crímenes de Oxford es una película hispano-británica dirigida por el director español Álex de la Iglesia, basada en la novela del escritor argentino Guillermo Martínez, Crímenes imperceptibles. Se estrenó en España el 18 de enero de 2008.

Martin es un estudiante americano que llega a la Universidad de Oxford para que el prestigioso profesor de lógica, Arthur Shelton, dirija su tesis. El primer encuentro se da cuando ambos descubren, por accidente, el cuerpo de una anciana asesinada en su propia casa. Sólo será el primero de una serie de crímenes que podrían pasar por muertes naturales si no fuera por los símbolos que los acompañan. Unos mensajes inquietantes que, alumno y profesor, deben descifrar para acercarse a la verdad absoluta.

Álex de la Iglesia adapta a la gran pantalla la novela de Guillermo Martínez "Los crímenes de Oxford" y lo hace con una estética a medio camino entre los thrillers de Hollywood y los clásicos del cine negro. Se muestra como un director de culto en España gracias a sus inicios (El día de la bestia, La comunidad), aunque también hubo de soportar fracasos en taquilla (800 balas). Rodada en inglés, Los crímenes de Oxford plantea la resolución de un misterio, pero el espectador también está invitado a reflexionar sobre aspectos más trascendentales como la existencia de una lógica oculta que ordena la realidad.

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Source : Wikipedia