Agricultura

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Publicado por tornado 03/03/2009 @ 05:13

Tags : agricultura, agroalimentario, economía

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Agricultura

Una plantación de maíz en Liechtenstein

La agricultura es el arte de cultivar la tierra; se refiere a los diferentes trabajos de tratamiento del suelo y cultivo de vegetales, normalmente con fines alimenticios.

Las actividades agrícolas son las que integran el llamado sector agrícola. Todas las actividades económicas que abarca dicho sector, tiene su fundamento en la explotación del suelo o de los recursos que éste origina en forma natural o por la acción del hombre: cereales, frutas, hortalizas, pasto, forrajes y otros variados alimentos vegetales.

La agricultura es la actividad agraria que comprende todo un conjunto de acciones humanas que transforma el medio ambiente natural, con el fin de hacerlo más apto para el crecimiento de las siembras.

Es una actividad de gran importancia estratégica como base fundamental para el desarrollo autosuficiente y riqueza de las naciones.

La ciencia que estudia la práctica de la agricultura es la agronomía.

El comienzo de la agricultura se encuentra en el período Neolítico, cuando la economía de las sociedades humanas evolucionó desde la recolección, la caza y la pesca a la agricultura y la ganadería. Las primeras plantas cultivadas fueron el trigo y la cebada. Sus orígenes se pierden en la prehistoria y su desarrollo se gestó en varias culturas que la practicaron de forma independiente, como las que surgieron en el denominado Creciente fértil (zona de Oriente Próximo desde Mesopotamia al Antiguo Egipto), las culturas precolombinas de América Central, la cultura desarrollada por los chinos al este de Asia, etc.

Se produce una transición, generalmente gradual, desde la economía de caza y recolección a la agrícola. Las razones del desarrollo de la agricultura pudieron ser debidas a cambios climáticos hacia temperaturas más templadas; también pudieron deberse a la escasez de caza o alimentos de recolección, o a la desertización de amplias regiones. A pesar de sus ventajas, según algunos antropólogos, la agricultura significó una reducción de la variedad en la dieta, creando un cambio en la evolución de la especie humana hacia individuos más vulnerables y dependientes de un enclave que sus predecesores.

La agricultura permitió mayor densidad de población que la economía de caza y recolección por la disponibilidad de alimento para un mayor número de individuos. Con la agricultura las sociedades van sedentarizándose y la propiedad deja de ser un derecho sólo sobre objetos móviles para trasladarse también a los bienes inmuebles, se amplía la división del trabajo y surge una sociedad más compleja con actividades artesanales y comerciales especializadas, los asentamientos agrícolas y los conflictos por la interpretación de linderos de propiedad dan origen a los primeros sistema jurídicos y gubernamentales.

En Roma se cultivaban principalmente cereales, leguminosas y hortalizas. Posteriormente se introdujeron otras especies como la vid y el olivo. Se usaba el arado con bueyes, siendo el campesino el que trabajaba con su familia, a menos que tuviera un esclavo o siervo. Algunos aportes a la agricultura son el arado romano, prensas de aceite, técnicas de regadío y la introducción del abono.

A lo largo de la Edad Media surgen importantes inovaciones tecnológicas que aportarán algunos elementos positivos al trabajo de los campesinos. El arado de ruedas y vertedera se incorporó a lo largo del siglo XI en las regiones del norte de los Alpes, mientras que la zona mediterránea seguía vinculada al arado romano. Otra novedad será el yugo frontal y los herrajes de los animales, destacando el papel del caballo en numerosas regiones. Los molinos de viento e hidráulicos evitarán muchos esfuerzos a los labriegos, al igual que los progresos en el rastrilleo o trillo y la incorporación de un nuevo tipo de hoz. La rotación trienal será una importante novedad. La tierra se divide en tres zonas que se dedican respectivamente a cultivos de invierno, de primavera y barbecho, lo que aumentará la producción y la hará más diversificada. La cría de ganado también tendrá un importante papel en la vida campesina. A pesar de los progresos, la agricultura medieval manifestó siempre signos de precariedad debido a su bajo rendimiento y su estrecha dependencia a las condiciones naturales.

Estos cambios causaron un crecimiento, tanto en la variedad como en la cantidad de cosechas, en aquel momento tuvo efectos importantes en la dieta de los europeos. El cambio del buey por el caballo fue el resultado de dos avances tecnológicos —el uso de la herradura y el desarrollo de la collera— que permitían al caballo tirar de una carga fácilmente. El uso de caballos para tirar aumentó la eficiencia del transporte por tierra, tanto para el comercio como para las campañas militares. Esto condujo al crecimiento de la industria de transporte por tierra. También permitió un mejoramiento general de la red de carreteras y aumentó las oportunidades comerciales para algunas comunidades situadas en los cruces de caminos. El uso del caballo permitió la expansión de las tierras cultivables y contribuyó al crecimiento de la producción de alimentos, a la vez que acompañó la agresiva expansión agrícola que invariablemente dejó rezagado al bosque medieval.

Las "Partidas" de Alfonso X de Castilla definen a los campesinos como los "que labran la tierra e fazen en ella aquellas cosas por las que los hombres han de vivir y de mantenerse". No cabe duda de que con esta definición podemos considerar al campesinado como la fuerza fundamental del trabajo en la sociedad medieval. Y es que el campo fue el gran protagonista en la Edad Media europea. Los recursos que aportaba la agricultura y la ganadería eran la base de la economía y la tierra era el centro de las relaciones sociales, dejando al margen la revolución urbana que se vive a partir del siglo XIII.

Según las estimaciones presentadas, la tasa de crecimiento promedio interanual de la población europea durante el período 1000-1300 fue de 0,2%. Si se toma sólo a la población de Europa occidental, la tasa de crecimiento es muy similar. Este lento crecimiento, además, se distribuyó desigualmente entre diferentes regiones. Sin embargo, estamos en presencia de un crecimiento sostenido, por débil que sea su tasa. Una de las causas del crecimiento sostenido fue una reducción de la tasa de mortalidad debido a la instauración de una mayor estabilidad política que evitó gran número de guerras y las mejora en la alimentación producto de la incorporación del octavo aminoácido, gracias al consumo de la lenteja.

Siglo XX, especialmente con la aparición del tractor, las exigentes tareas de sembrar, cosechar y trillar pueden realizarse de forma rápida y a una escala antes inimaginable. Según la Academia Internacional de Ingeniería de EE.UU, la mecanización agraria es uno de los 20 mayores logros de la ingeniería del siglo XX. A principios del siglo XX, en EE.UU. se necesitaba un granjero para alimentar de 2 a 5 personas, mientras que hoy, gracias a la tecnología, los agroquímicos y las variedades actuales, un granjero puede alimentar a 130 personas. El costo de esta productividad es un gran consumo energético, generalmente de combustibles fósiles.

La difusión de la radio y la televisión (medios de comunicación), así como de la informática, son de gran ayuda, al facilitar informes meteorológicos, estudios de mercado, etc.

Además de comida para humanos y sus animales, se produce cada vez con más amplia utilidad tales como flores, plantas ornamentales, madera, fertilizantes, pieles, cuero, productos químicos (etanol, plásticos, azúcar, almidón), fibras (algodón, cáñamo, lino), combustible (biodiésel, el propio etanol, que ahora ya se está obteniendo del maíz), productos biofarmacéuticos, y drogas tanto legales como ilegales (tabaco, marihuana, opio, cocaína). También existen plantas creadas por ingeniería genética que producen sustancias especializadas (como, por ejemplo, el maíz transgénico, que, al igual que la obtención de etanol, está modificando la economía de los cultivos de esta planta y la vida de las comunidades que de ella siguen dependiendo).

La manipulación genética, la mejor gestión de los nutrientes del suelo y la mejora en el control de las semillas han aumentado enormemente las cosechas por unidad de superficie, a cambio estas semillas se han vuelto más sensibles a plagas y enfermedades, lo que conlleva una necesidad de estos últimos mayor por parte del agricultor; Prueba de ello es el resurgimiento de antiguas variedades, muy resistentes a las enfermedades y plagas, por su rusticidad. Al mismo tiempo, la mecanización ha reducido la exigencia de mano de obra. Las cosechas son generalmente menores en los países más pobres, al carecer del capital, la tecnología y los conocimientos científicos necesarios.

La agricultura moderna depende enormemente de la tecnología y las ciencias físicas y biológicas. La irrigación, el drenaje, la conservación y la sanidad, que son vitales para una agricultura exitosa, exigen el conocimiento especializado de ingenieros agrónomos. La química agrícola, en cambio, trata con la aplicación de fertilizantes, insecticidas y fungicidas, la reparación de suelos, el análisis de productos agrícolas, etc.

Las variedades de semillas han sido mejoradas hasta el punto de poder germinar más rápido y adaptarse a estaciones más breves en distintos climas. Las semillas actuales pueden resistir a pesticidas capaces de exterminar a todas las plantas verdes. Los cultivos hidropónicos, un método para cultivar sin tierra, utilizando soluciones de nutrientes químicos, pueden ayudar a cubrir la creciente necesidad de producción a medida que la población mundial aumenta.

Otras técnicas modernas que han contribuido al desarrollo de la agricultura son las de empaquetado, procesamiento y mercadeo. Así, el procesamiento de los alimentos, como el congelado rápido y la deshidratación han abierto nuevos horizontes a la comercialización de los productos y aumentado los posibles mercados.

La agricultura tiene un gran impacto en el medio ambiente. En los últimos años, algunos aspectos de la agricultura intensiva a nivel industrial han sido cada vez más polémicos. La creciente influencia de las grandes compañías productoras de semillas y productos químicos y las procesadoras de comida preocupan cada vez más tanto a los agricultores como al público en general. El efecto desastroso sobre el entorno de la agricultura intensiva han causado que vastas áreas anteriormente fértiles hayan dejado de serlo por completo, como ocurrió en tiempos con Oriente Medio, antaño la tierra de cultivo más fértil del mundo y ahora un desierto.

Muchos de estos problemas van agotando y desertizando el suelo, obligando a abandonar unos terrenos para arar otros nuevos que, a su vez, se agotan, creando un círculo vicioso que va destruyendo el entorno. Un ejemplo claro es la progresiva deforestación de la selva del Amazonas.

Los equipos agrícolas son un grupo de aparatos diseñados para abrir surcos en la tierra, desmenuzar, fumigar y fertilizar en el suelo.

La diferencia es que las maquinarias se encargan de remover la tierra, mientras que los equipos se encargan de ayudar al terreno, de deshacerse de lo que no debería estar en la tierra, y las herramientas ayudan a transportar y excavar para sembrar un nuevo cultivo.

La política agraria es muy compleja debido a la necesidad de equilibrar la ecología, las necesidades del país y los problemas sociales de quienes viven del campo.

La agricultura es un tema clave en la lucha por la justicia global. A pesar de existir un exceso de comida en los mercados mundiales, que hace que los precios caigan de forma continuada, aún no se ha resuelto el problema del hambre en el mundo. La rápida pérdida de tierras cultivables y la disminución de la cantidad de agua dulce disponible, de la que un 70% se utiliza para la agricultura, son hoy una de las principales causas de la pobreza. La lucha contra el hambre que sufren 800 millones de seres humanos no es posible sin una profunda reforma de la política agraria global.

Los países ricos protegen a sus agricultores, bien a través de subvenciones a la producción, bien a través de fuertes aranceles a los productos extranjeros. Esto causa que los agricultores de países pobres se vean incapaces de competir en igualdad, por lo que actualmente existe una gran oposición por parte de muchos sectores a estos apoyos.

Las patentes otorgadas a las compañías que desarrollan nuevos tipos de semillas por ingeniería genética han permitido que se licencien a los agricultores las semillas de forma muy similar a la utilizada para licenciar software. Esto ha cambiado la balanza de poder en favor de los fabricantes de semillas, que pueden ahora dictar términos y condiciones antes imposibles. Debido a que si el agricultor no accede a las demandas de la compañía, esta no le vende la semilla. Esto ha hecho que muchos les acusen de biopiratería, ya que muchas de estas empresas se dedican a investigar las propiedades de las plantas, partiendo de conocimientos milenarios. Dándose la paradoja de que al patentar estos conocimientos, obligando a los pueblos de los que han aprendido dicho conocimiento, a pagarles por su uso.

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Ministerio de Agricultura del Perú

Ministerio de Agricultura del Perú

El Ministerio de Agricultura del Perú es la institución del Estado Peruano encargada del sector agrario. Tiene sede en Lima, Perú.

Fue creado por Ley 9711 el 2 de enero de 1943 durante el gobierno de Manuel Prado Ugarteche, teniendo como ministro a Benjamín Roca. Su función principal es la preocupación del sector agrario del Perú.

1.Fortalecer las organizaciones de productores y promover su integración bajo los enfoques de manejo de las cuencas y cadenas productivas.

2.Fomentar la innovación tecnológica y capacitación vinculada a la gestión empresarial del productor agrario, facilitando asistencia técnica.

3.Establecer un sistema de información agraria que permita a los agentes económicos una eficiente toma de decisiones para la gestión.

4.Facilitar a los productores agrarios el acceso a servicios de asesoría jurídica, administrativa, de gestión, financiamiento, asistencia técnica, sanidad y otros que les permitan mejorar su capacidad de gestión.

5.Facilitar la articulación de la pequeña agricultura con la economía de mercado, a través del establecimiento de políticas para el uso adecuado de los recursos naturales.

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Agricultura en la Antigua Grecia

Un olivo, la base de la agricultura griega, en Eubea.

La agricultura era la base del la economía de la antigua Grecia. Cerca del 80% de la población se dedicaba a esta actividad. Siendo una excelente tarea para el ciudadano común, dio a luz a un estilo de vida y a unas costumbres que persistieron por toda la antigüedad.

Exceptuando las ciudades de la costa de Anatolia, Grecia presentaba unas condiciones naturales relativamente homogéneas. Las montañas ocupaban el 80% del espacio disponible, y la friolera del 90% en las islas del Egeo. Esto redujo de forma significativa el espacio disponible para la agricultura y la cría de animales. El único suelo que quedaba era de pobre calidad, seco y duro. Sólo unos pocos terrenos como los de Mesenia se consideraron fértiles.

El clima mediterráneo se caracteriza por presentar dos estaciones: una seca y calurosa, desde abril hasta septiembre, en la que las cuencas de los ríos tienden a secarse. La segunda es húmeda y está marcada por violentas tormentas de lluvia traídas por vientos del oeste, con temperaturas medias que impiden la formación de escarcha. Hay variedades de este clima. En las montañas los inviernos eran rigurosos y la nieve abundante. En el Ática, las Cícladas, el sur del Peloponeso, y Creta, el clima era más árido que en el resto de Grecia.

Durante la parte más antigua de la historia griega, como se muestra en la Odisea, la agricultura griega -y su dieta- estaba basada en cereales: cebada (κριθαί / kritaí), trigo (πύρος / pýros), y, menos frecuentemente, mijo. El término general (σῖτος / sitos), traducido normalmente por "trigo", puede de hecho designar cualquier tipo de grano de cereal. En realidad, el 90% de la producción de cereal era cebada. Incluso si los antiguos griegos estaban al tanto de que el trigo poseía un mayor valor nutricional, cultivar cebada era más fácil y a la vez más productivo. Se ha intentado varias veces calcular la producción de grano en el Ática, pero los resultados no han sido concluyentes.

En poco tiempo, la demanda de grano sobrepasó las capacidades de su producción. La "estrechez" de la tierra (στενοχωρία / stenokhôría) también explica por qué los griegos formaron colonias en el extranjero, y la importancia que los asentamientos en Anatolia tendrían para el imperio ateniense al controlar las provisiones de grano.

Por otra parte, la tierra griega era ideal para los olivos, que proporcionaban aceite de oliva. La plantación de olivos data de la antigua Grecia. Plantar olivos era invertir a largo plazo: éstos tardan más de veinte años en dar fruto, y dan fruto dos años de cada tres. Las viñas también sobreviven en tierra seca, pero demandan muchos cuidados. Se plantan viñas desde la Edad del Bronce.

Estas plantaciones base aumentaron con el cultivo de vegetales (col, cebolla, ajo, lentejas, garbanzos, judías) y frutos (higo, almendra, granada). También se producían especias (salvia, menta, tomillo, ajedrea, orégano, etc.), así como plantas semilleras como la linaza, el sésamo y la amapola.

La cría de animales, vista sobre todo como un signo de poder y riqueza en las obras de Homero, no estaba de hecho muy desarrollada debido a las limitaciones del terreno. Mientras que la civilización micénica estaba familiarizada con el pastoreo de rebaños, esto se redujo rápidamente como resultado de la expansión geográfica a un terreno menos apropiado. Las cabras y ovejas pronto llegaron a ser la inversión más común, al ser menos difíciles de criar y proporcionar carne, lana y leche (normalmente para hacer quesos). También se criaban pollos y gansos. Los bueyes casi nunca se usaban como animal de carga, pero ocasionalmente servían en los sacrificios de animales o hecatombes. Los burros, mula y demás sí que se criaban como animal de carga.

Finalmente, se criaban caballos en las llanuras de Tesalia y Argólida; era un animal de lujo, y su posesión significaba aristocracia, debido a que eran muy costoso por el escaso número que se criaban (la mayor parte de Grecia estaba y esta formada por colinas y sierras escarpadas, que son poco adecuadas para la cría de caballos y otros equinos). Las nubes, una comedia de Aristófanes, ilustra ampliamente cómo los atenienses presumían de caballos hasta el punto de la presunción: Fidípides, el hijo del protagonista, es adicto a las carreras de caballos y por ello arruina a su padre Estrepsíades.

La mayoría de los granjeros criaban algunos animales, como aves de corral u otros animales de pequeño tamaño que pastaban en páramos o comían las sobras de la comida. A veces se combinaban la actividades propias de la granja con las de la ganadería, y muchos se especializaron en ésta última. Una inscripción menciona a un tal Eubolo de Elatia, en Focea, que poseía 220 caballos y cabezas de ganado y al menos 1000 ovejas y cabras. Los rebaños de ovejas se trasladaban entre los valles en invierno y a las montañas en verano. Existían impuestos especiales para el paso de los rebaños en las ciudades.

Se usaba muy frecuentemente la madera, principalmente para uso doméstico; las casas y los carros estaban hechos de este material así como el arado. En los grandes bosques griegos situados en las montañas pastaban cabras, y además en allí se producía carbón de leña. Pronto faltaron árboles y hubo que importarlos para la fabricación de barcos (véase trirreme).

Finalmente, la apicultura producía miel, el único sustituto del azúcar que conocían los griegos. También se usaba en las medicinas y en la producción de aguamiel.

Los trabajos y los días de Hesíodo (siglo VIII a. C.) y la Economía de Jenofonte (siglo IV a. C.) nos proporcionan información valiosa acerca del cultivo de la tierra.

La cosecha de la oliva tenía lugar desde finales del otoño hasta principios del invierno, ya fuera a mano o con un bastón (ver ilustración). Entonces se colocaban en cestas y se dejaban fermentar por unas cuantas semanas antes de ser prensadas. La prensa de tornillo, aunque Plinio el Viejo la llamaba prensa griega (XVIII, 37), fue un invento romano algo más tardío, del siglo II a. C. El aceite se conservaba en vasijas de terracota para usarlo durante el año. Esta también era la época de la poda de árboles y vides, y de la cosecha de legumbres.

La primavera era la estación lluviosa, y los granjeros aprovechaban la lluvia para preparar las tierras de barbecho. En efecto, practicaron una rotación bienal de cosechas, alternando de año en año entre barbecho y cultivos. Los intentos de introducir una rotación trienal de cosechas, usando legumbres en el tercer año, no salieron bien dada la pobreza del suelo griego, la falta de mano de obra y la ausencia de maquinaria. Los griegos no usaban estiércol, posiblemente debido al poco ganado bovino que poseían. De hecho, el único abono eran las malas hierbas devueltas de nuevo a la tierra durante el período de preparación de barbecho.

En el verano, la irrigación era imprescindible. En junio, cosechaban con hoces, pues no utilizaban guadañas. El trigo era trillado por los animales: bueyes, burros y mulas lo pisoteaban. El grano resultante se almacenaba, y éste lo utilizaban las mujeres y esclavos para molerlo y hacer pan.

El otoño era la estación más importante. A principios de esta estación se cortaba la madera para preparar los suministros de leña para calefacción: si el invierno era suave en la costa, era más duro en las zonas montañosas. También se preparaba la tierra para sembrar la nueva cosecha, deshaciendo la costra reseca que se había formado durante el verano en las tierras de barbecho. Esto se hacía en tres pasos : se araba la tierra con el arado de madera, ya que el arado con reja de hierro no era habitual. Una azada de dos dientes (dikella) y un mazo completaban el equipo necesario para romper los terrones y preparar la tierra. Se sembraba a continuación con la técnica de a voleo (repartiendo las semillas en los surcos con la mano ), en el barbecho del año anterior. Era también la época de la vendimia. Los racimos son estrujados con los pies en grandes tinas y el mosto se dejaba fermentar en tinajas.

Entre Hesíodo y Jenofonte, pasaron casi cuatro siglos, sin que se tenga la percepción de que hubiera alguna mejora en los métodos de trabajo agrícola durante ese tiempo. Las herramientas siguen siendo mediocres y ningún invento facilitaba el trabajo humano o animal. Habrá que esperar a que los romanos inventaran el molino de agua, que sustituiría la fuerza muscular por la energía hidraúlica. Ni el riego, ni el abonado de las tierras o la ganadería progresaron. En general, los rendimientos eran pobres. Sólo en las tierras muy ricas, como la de Mesenia, toleraban dos cosechas sucesivas.

Las propiedades agrarias son poco conocidas, salvo en el caso de Atenas o de algunas ciudades donde las fotografías aéreas han revelado rastros de delimitaciones de terrenos. Desde el período Arcaico la tierra pertenecía a los grandes terratenientes, como los Eupátridas en Ática. Incluso las propiedades pueden variar de una región a otra: en Atica, las tierras están muy parceladas, mientras que las de Tesalia se encuentran poco divididas.

Desde el siglo VIII a. C., surgieron tensiones entre los grandes terratenientes y los pequeños agricultores, para los que cada vez era más difícil sobrevivir. Estas tensiones se explican probablemente por el crecimiento de la población debido a la disminución de la mortalidad, agravada por la práctica del reparto equitativo de la tierra en el momento de las sucesiones ( herencias ) (como se demuestra en la obra de Homero y Hesíodo). En Atenas, la crisis se resolvió con la llegada al poder de Solón ( -594 ), que prohibió la esclavitud por deudas y tomó medidas para ayudar a los pequeños agricultores. Al preparar las bases para la distribución del poder, sin embargo, fundamentó su censo de clases en la producción agrícola.

En el siglo V a. C., siempre en Atenas, la práctica de la liturgia, obligando a los más ricos a garantizar los servicios públicos, llevó a una reducción de las principales propiedades. Se estima que la mayoría de los ciudadanos de rango hoplítico poseían alrededor de 5 hectáreas de terreno. Sin embargo, también sabemos que en el 403  a. C.,la Asamblea ateniense rechazó la propuesta de Phormisios encaminada a limitar los derechos políticos a los terratenientes. De acuerdo con Dionisio de Halicarnaso, que se refiere a este caso, esto hubiera llevado a privar a 5000 ciudadanos de sus derechos, lo que representaría del 20 al 25% del conjunto de los ciudadanos. En Esparta, «la reforma de Licurgo» más radical, llevó a una división de la tierra en lotes (kleroi) iguales de (10 a 18 hectáreas), distribuidos a todos los ciudadanos. En otros lugares, los tiranos llevaron a cabo la redistribución de las tierras confiscadas a los enemigos políticos ricos.

Los grandes dominios aristocráticos griegos son pequeños comparados con los grandes latifundios romanos.

Si bien muchos autores griegos del período Arcaico hasta el período helenístico, se quejan de los «nuevos ricos» que manejan mucho dinero, la tierra está íntimamente ligada a la idea de la riqueza. El padre de Demóstenes posee 14 talentos y como bienes raíces sólo tiene su casa, pero es una excepción. Cuando el banquero Pasión hizo su fortuna, se apresuró a comprar tierras.

Por último, una parte significativa de la tierra griega es pública y / o sagrada. Cada ciudad posee tierras y se estima que en Atenas, en el período clásico, estas tierras representaban una décima parte de las tierras agrícolas. Eran propiedades de la propia ciudad, de una división administrativa (por ejemplo, en Ática, un deme) o un templo. Se arrendaban a particulares y la mayoría solían ser muy ricas.

Los Geoponici ( forma latinizada del griego Γεωπονικοι ) es un término que incluye a los autores griegos y romanos que trataron en sus obras de la ganadería y la agricultura. Muchos libros y compilaciones (los Geoponici) destinadas a la mejora de las técnicas agrícolas y ganaderas son considerados por los griegos como tratados de economía.

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Trillo (agricultura)

Trillo, vista superior.

El trillo era arrastrado, tradicionalmente, por dos mulas o por dos bueyes sobre la parva, es decir, sobre las mieses repartidas en la era. Al moverse en círculos sobre la cosecha extendida, las lascas, o las cuchillas, cortaban la paja y la espiga (que quedaba entre el trillo y el empedrado de cantos rodados del suelo de la era), separando la semilla sin dañarla. Posteriormente se amontonaba la parva trillada y se disponía para ser limpiada por medio de algún sistema de ventilado (aventado).

Existe, además, una cuarta forma de trillar, que se distingue por utilizar un apero distinto, como es el trillo (todavía, puede verse en algunas regiones de Europa, donde se practica una agricultura marginal; aunque, a veces, se hace como acto folclórico y ceremonial, para rememorar antiguas costumbres locales ).

Para trillar con el trillo, primero se llevaban las gavillas a la era. Unas se amontonaban en hacinas, a la espera de su turno, y, otras, se desataban y se extendían en círculo formando la parva que se calentaba al sol. Se daba, entonces una primera tanda de vueltas (círculos) y torcidas (ochos) con el trillo, varias veces, majando la cosecha y revolviendo la parva con la tornadera (u horca de una sola pieza de madera con dos, tres y hasta cuatro cuernos). A veces esta labor se hacía con un trillo distinto llamado «de ruedas» o «de corte» (que estaba provisto de una serie de rodillos con cuchillas metálicas transversales). Este primer viaje separaba el bálago (paja larga del cereal) de las granzas (paja cortada y grano sin descascarillar, así como demás broza, todo mezclado y sin limpiar). Tras cada pasada se volvía la parva como se ha indicado sacando el bálago a los bordes. Si se desparramaba, se rastrillaba y barría para rehacer el círculo de la trilla y, si se podía, se eliminaba todo el bálago posible.

Cuando la parva estaba demasiado aplastada, se colocaban, detrás del trillo, dos grandes arcos metálicos que volteaban y ahuecaban la paja al pasar el trillo; estas piezas también se llaman tornaderas. Después de terminar la trilla, había que limpiar bien la era (para que no se mezclasen los restos con la próxima parva), primero con la rastra, para mover lo que era más pesado, y, después, con escobas fuertes llamadas de ternilla, hechas con los arbustos del mismo nombre (retama de escobas: Cytisus scoparius ). También se cuidaba y almacenaba la paja, pues era un buen complemento alimenticio para el ganado y servía como combustible (para la gloria, por ejemplo). Todo el proceso produce un polvillo finísimo, que se mete por las vías respiratorias y se pega a la garganta, sobre todo, en el barrido, es el tamo.

Durante el barrido, se separaba en el terreguero (lugar apartado de la era para echar los despojos) la broza, mermada y sin grano, del muelo (el grano casi limpio). El muelo se terminaba de limpiar, bien por métodos tradicionales, aventando y con cribos; o bien, con las limpiadoras mecánicas, que, en España, convivieron durante muchos años con los trillos (hasta que ambos fueron sustituidos por las modernas cosechadoras, tardíamente, entre los años 50 y 60).

Hasta esos años, los trillos españoles se fabricaban en determinados centros especializados ya que, si bien la labor de la madera era sencilla, incluso tosca, la talla de las piedras de su vientre requería cierta especialización propia de un oficio que pasaba de padres a hijos, los briqueros. Se tiene constancia de la fabricación de trillos en Astudillo (Palencia), Pedrajas de San Esteban (Valladolid), Villavieja de Yeltes (Salamanca), Santa María la Real de Nieva (Segovia), Ariza (Zaragoza), Albalate del Arzobispo y Blesa (Teruel) y otros más. Pero, en España, la «ciudad de los trillos» por excelencia siempre fue Cantalejo (Segovia).

La profesora Patricia C. Anderson, del Centre d’Etudes Préhistoire, Antiquité et Moyen Age del CNRS, ha encontrado vestigios arqueológicos que demuestran la existencia de trillos desde hace, al menos 8000 años en Oriente Medio y los Balcanes. Realmente se trata de piezas líticas, lascas y, sobre todo hojas de obsidiana y sílex, reconocibles a través del tipo de desgaste que sufren. Su trabajo ha sido completado por el profesor Jacques Chabot, investigador en el Centre interuniversitaire d'études sur les lettres, les arts et les traditions, CELAT, que ha estudiado la Alta Mesopotamia y Armenia. Ambos cuentan, entre sus especialidades, la del estudio de las huellas de uso de los útiles prehistóricos, la trazalogía. Gracias a estas huellas de uso es posible determinar si las piezas de sílex o de obsidiana encontradas (por poner los ejemplos más habituales) se usaron en esta o aquella tarea. En concreto, la siega de cereales deja un desgaste muy característico (llamado comúnmente lustre: glossy en inglés), debido a la presencia de partículas minerales microscópicas, los fitolitos, en el tallo de las plantas. Pues bien, estos dos profesores han sido capaces, por medio de experimentos y análisis con microscopio electrónico de barrido, de determinar que algunas piezas líticas se usaron como elementos de hoz y otras, en cambio, eran parte de los trillos. El desgaste de las piezas usadas en los trillos es distinto porque, además de la abrasión propia de haber cortado cereales (el lustre), tienen pequeñas micropercusiones producidas al chocar los filos de los componentes del trillo contra el pavimento pétreo de la era.

El yacimiento más fructífero es el de Aratashen (Armenia): una aldea ocupada entre el 5000 y el 3000 a. C. (Neolítico y Calcolítico). En las excavaciones destacan miles de restos de talla de obsidiana (lo que hace pensar que sería un centro de producción y distribución de objetos en este material); lo demás eran trozos de cerámica "vulgar", molinos, molenderas y otras herramientas agrícolas. Analizando una muestra de 200 ejemplares, seleccionada entre las mejores piezas, pudo establecer, sin lugar a error, las de hoz (para la siega) y las de los trillos. Las hojas de obsidiana de Aratashen se fabricaban por métodos muy avanzados y normalizados, entre ellos el denominado «con muleta pectoral y punta de cobre». Desde el curso alto del Éufrates, donde esta el yacimiento, los especialistas distribuían o comercializaban sus productos por todo Oriente Medio. Los trillos debieron ser muy importantes en la Mesopotamia protohistórica, pues ya aparecen en los documentos escritos más antiguos que se conocen. Concretamente, en la ciudad de Kish (Iraq) se exhumó una plaqueta de arenisca grabada con pictogramas que podrían constituir el más antiguo documento escrito conocido en el mundo: mediados del IV milenio a. C. (periodo Uruk tardío). Esta tablilla, que se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford, tiene representaciones de trillos en sus dos caras, junto a símbolos numéricos y otros pictogramas. Estos trillos (que también podrían ser trineos ) son morfológicamente muy parecidos a los que se usaban en el Próximo Oriente hace pocos años en lugares de agricultura tradicional. También aparecen descripciones en numerosas tablillas cuneiformes del III milenio adC.

Y se parece mucho a otra, pintada en los restos de paredes del mismo lugar (un paseo ceremonial de un personaje de alto rango, pintado en un estilo arcaico y lineal en colores rojo y negro), aunque el estado en que se encuentra no permite conocer el tipo de vehículo en el que se desplaza (¿trillo o carro?), sí es posible, en cambio, ver que los animales son una pareja de bóvidos. En resumen, en ambos casos parecemos estar ante una manifestación de poder civil o religioso. De hecho, el profesor Sherratt así lo interpreta. El trillo era, en aquella época, un instrumento sofisticado y caro, construido por artesanos especialistas, con piezas de sílex o de obsidiana importadas de lejos (en el caso de la Baja Mesopotamia: «En la planicie aluvial de Súmer, así como en todo el sur de Mesopotamia, era imposible encontrar piedra, ni siquiera podía hallarse un guijarro» ). Además, se requiere un lugar de trabajo, la era, con una posición elevada y soleada, donde sople el viento seco, con un suelo cuidado en el que no se formen charcos (si llueve), con roca natural, empedrado, o con el suelo muy apelmazado (una era no estaba a disposición de cualquiera; de hecho, en el siguiente epígrafe hay un excelente ejemplo, tal vez exagerado, extraído de la Biblia, de lo que se podía llegar a pagar por una buena era). También se requieren animales de tiro adecuados, igualmente costosos y difíciles de guiar (pues, no se trata de ir en línea recta). Todo indica que un trillo necesita gran cantidad de cosecha para amortizar la inversión que suponía. Todo gira, pues, en torno a un sofisticado sistema de producción propio de élites poderosas.

La presencia de un trineo (¿trillo?) ceremonial con adornos de oro, en el Cementerio Real de Ur, en la tumba de la dama Puabi, datado en el III milenio a. C., permite tratar con sinceridad la dificultad que subyace para distinguir los trillos de los trineos (vehículos tirados por animales, sin ruedas) en las representaciones antiguas. Aunque se sabe que los trillos existen desde el VI milenio a. C. (como hemos visto antes) y, aunque la rueda fue inventada a mediados del IV milenio a. C. en Mesopotamia, su utilización no es instantánea, sobreviviendo los trineos, al menos hasta la aparición del eje articulado, hacia el 2000 a. C. Durante ese tiempo, algunos vehículos eran auténticos híbridos, es decir, trineos cuyas ruedas se podían quitar para sortear obstáculos (llevándolos en andas o, simplemente, arrastrándolos). Así, pues, el lector debe tener en cuenta, que —salvo para el caso de Arslantepe, donde se ven claramente las chinas— no podemos estar seguros de si se trata de trillos o trineos de transporte.

Frazer recoge numerosas ceremonias de siega y de trilla, que tienen que ver con el espíritu del cereal. Éste, desde la época egipcia, hasta periodos preindustriales, parecía residir en la primera hacina trillada (o, a veces, en la última).

La palabra trillo procede del latín tribulum sustantivo neutro, derivado del verbo tribulare que, literalmente, significa quebrantar algo, machacarlo. Tiene, pues, la misma raíz etimológica que tribulación (que es un tormento o una adversidad que persigue a una persona). Algo trillado es, también, algo muy pisoteado, por eso, en ocasiones se habla de caminos trillados para referirse a sendas recorridas muchas veces. Metafóricamente, algo muy trillado puede referirse a un tópico muy común, muy manido (valga la redundancia).

Este comienzo se hace a través de un circunloquio por fundadas razones, ya que vamos a hablar de las referencias simbólicas a los trillos y a la trilla en la Biblia, particularmente en el Antiguo Testamento donde el nombre de este artefacto es mogag (מורג). Estas citas, tienen, además, mucha relación con el aspecto que acabamos de tratar, el trillo como símbolo de poder en el Medio Oriente. Sin embargo, en este epígrafe toparemos con el problemas de las diversas traducciones, versiones e interpretaciones escatológicas de los pasajes tratados (disc.).

La primera noticia bíblica del trillo está en el libro del Deuteronomio, el último libro del Pentateuco cristiano y de la Torá judía. Al margen de interpretaciones más eruditas, sólo dense quiere resaltar que gran parte del Pentateuco está destinado a fortalecer los lazos de la comunidad judía, después del Éxodo, una vez establecidos en la Tierra Prometida. Los judíos, desde los tiempos de Abraham, habían sido un pueblo nómada (o en continuo movimiento), la sedentarización podría provocar una crisis religiosa; por eso se pone mucho celo en protegerse de influjos externos, en mantener la pureza de sus tradiciones, de su moral y de su religión, intentando evitar la contaminación de los idólatras. La cita está en Deuteronomio 25:4. Es como se ve, una más de las leyes recopiladas en este Libro. el peligro está en que los dioses de los sedentarios son territoriales y Yavé es único, esté donde esté su pueblo, de modo que la sedentarización podría suponer la aceptación de los dioses tradicionales de la tierra de asentamiento.

La siguiente historia es más narrativa, es un cruce de citas bíblicas sobre la construcción del Templo de Salomón, con especial atención a la elección del lugar, hecha por indicación del consejero real Gad, portavoz de Dios ante el rey David. Éste señala una era como sitio más apropiado para construir un magnífico santuario, que, David, por sus pecados y por estar manchado de sangre, no llegó a iniciar; dejando esta labor a su hijo, el rey Salomón, más sabio y más justo (2Cronicas 3:1). El lugar seleccionado fue la era de Ornán el jebuseo (o Arauna el jebusita), un lugareño rico, pero gentil (goy, no hebreo). Ornán quedó impresionado ante la visita del rey (que iba con un ángel) y ofreció también sus bueyes y sus trillos como sacrificio. Es sintomático que los trillos sean bienes tan valorados y dignos como para ser ofrecidos a Dios en sacrificio. Sin embargo, David, rechazó cualquier regalo, por venir de un pagano, y le pagó una suma considerable para asegurarse, en exclusiva, la propiedad para el dios de los judíos y no otro; aunque las distintas citas son muy contradictorias (cincuenta siclos de plata según 2Samuel 24:18-24, y seiscientos siclos de oro según 1Cronicas 21:18-30). En cualquier caso, queda patente el alto valor intrínseco del lugar. La era de Ornán estaba en lo alto de una de las colinas del monte Moriah, en una posición preeminente, como era común (a menudo, estas eras tenían pequeños altares paganos dedicados a dioses de la fertilidad como Baal o Astarté). Dios señala el sitio porque sólo «Él es el pan y la vida» (Jehová jireh); desde entonces, la colina del Templo dominará Jerusalén y toda la nación judía; aún hoy, su explanada es un lugar privilegiado en la ciudad.

La última mención a los trillos bíblicos la encontramos en el libro de Isaías, uno de los profetas mayores, conocido entre los cristianos por profetizar la llegada del Mesías, pero que, también, defendió el aislacionismo del pueblo de Israel, criticando duramente sus relaciones con otros estados, a los que denunciaba por su proceder inicuo y por su contagiosa decadencia moral. Tal como había temido Moisés en la peor de sus pesadillas deuteronómicas, el pueblo hebreo había sufrido un gran cambio al asentarse en Canaán, la sedentarización cambió las costumbres, la sociedad, la política y, por supuesto, la religión. En pocas palabras, la prosperidad alteró a los israelitas de un modo que no gustaba a Jehová. Los profetas denunciaban el olvido de las tradiciones y de las promesas a Dios, anunciando castigos, pero también la redención ante el arrepentimiento y el socorro divino a quienes se mantiene fieles a él. En efecto, gran parte del libro de Isaías es un lamento, una queja por las calamidades de su pueblo, pero también por su desobediencia y frivolidad. Pasa desde el anatema, la seguridad del castigo, a la promesa de la salvación sólo con el poder de Dios. Con Isaías los trillos adquieren una dimensión dantesca, ya que, al margen de recordar las antiguas promesas de obediencia del Deuteronomio (Isaías 28:27-28), se convieren en instrumentos de castigo, e incluso, de destrucción (Isaías 41:15). La referencia a los trillos en Isaías sobrepasa la simbología del poder y la ley de Dios, adquiriendo un papel más espiritual y dramático; asociado a las continuas desgracias sufridas por el pueblo de Israel, a su renuncia, a su entrega a Dios, a las pruebas a las que éste les somete, y a sus castigos por desobedecerle. Al parecer, los trillos de rastro y los de rodillo eran habitualmente un instrumento para torturar y matar a los prisioneros de guerra. Lo hacían los asirios y lo hizo el rey David tras la toma de Rabá (aunque las diversas interpretaciones de la Biblia han acabado por dulcificar el horrible tormento impuesto por este monarca ). De ahí, la connotación dolorosa del trillo (tribulum) y, de ahí, también, las tribulaciones que representa.

Además de Grecia y Roma, que trataremos inmediatamente, no podemos dejar de citar Cartago que, entre otros lugares, colonizó el sureste de la península Ibérica en el siglo II a. C. Los púnicos poseían grandes conocimientos agrícolas, herencia de su pasado oriental, muy superior al provicianismo romano de la época. Sus métodos asombraron a viajeros como Agatocles o Régulo, incluso fueron la inspiración de los escritos de Varrón y Plinio. Un conocido agrónomo cartaginés, Magón, escribió un tratado que fue traducido al latín por orden del mismísmo Senado romano. Actualmente resultan asombrosas las descripciones de los campos tunecinos, hoy desérticos, pero entonces cuajados de olivares y trigales. En el caso de Hispania, se sabe que los cartagineses introdujeron diversos cultivos (sobre todo frutales) y algunas máquinas, como el trillo de rastro (esto es, el más común) y el de rodillos, llamado en su honor «plostellum punicum».

En Roma antigua, a diferencia de las dimensiones religiosas que adquiere en Israel, el trillo es apreciado desde el punto de vista meramente económico. Del tema se habla, sobre todo, en libros de agricultura, escritos por expertos en la materia, como Catón el Viejo (o el censor), Varrón, Columela y el, ya citado, Plinio el Viejo. Lo mejor será ir citándolos por orden cronológico.

Se trata de la Edad Media en sentido muy amplio, sin entrar en muchos detalles y centrándose, esencialmente, en Europa occidental, ya que resulta muy difícil encontrar documentos fiables sobre trillos en la época. La recesión que supusieron las invasiones bárbaras afectó igualmente a la agricultura, perdiéndose muchas de las técnicas más avanzadas, entre ellas el trillo, que era completamente ajeno a la tradición germánica. Las zonas del Mediterráneo oriental, en cambio, lo conservaron, pasando a la cultura musulmana donde arraigó profundamente. Tanto el reino visigodo como la zona cristiana durante la reconquista casi desconocían el trillo (aunque éste nunca llegó a desaparecer ). La degradación no sólo alcanza a la economía, sino también a las propias fuentes que hay para estudiarla, con o que nos enfrentamos a un vacío documental difícil de soslayar.

Respecto a la península Ibérica, es seguro que, en la zona islámica, el trillo siguió siendo muy popular, lo que ayudó a recuperar su tradición por parte de los cristianos en su avance. Este hecho coincide con una recuperación generalizada en toda Europa. La bonanza económica se inicia a principios del siglo XI; los expertos suelen hablar del aumento en la extensión de tierras roturadas, de la generalización de los animales de tiro (primero bueyes, gracias al yugo frontal, y luego caballos, gracias a la collera de espaldilla), del aumento de herramientas de hierro y las mejoras de las herrerías, de la aparición del arado de vertedera, a menudo con ruedas y del aumento de molinos de agua, aceñas. El ganado se convirtió en un signo de progreso: la aparición de un campesinado menos dependiente y más próspero, capaz de comprar animales de tiro e, incluso arados. Los campesinos en posesión su propio arado con uno o dos animales eran una pequeña élite, mimada por el señor feudal, que adquirió su propio estatus, el de labradores, muy por encima de los demás, los braceros (cuya única herramienta eran sus propios brazos) . La existencia de animales de tiro no implicó la difusión del trillo en Europa occidental, donde el mayal siguió siendo el instrumento preferido.

Actualmente, numerosos elementos de la agricultura tradicional se están perdiendo, por eso diversos organismos trabajan para conservarlos o recuperarlos. Entre ellos destacamos un proyecto internacional e interdisciplinario llamado E.A.R.T.H. (Early Agricultural Remnants and Technical Heritage; en el que participan Bulgaria, Canadá, Escocia, España, Estados Unidos, Francia y Rusia, por orden alfabético). La investigación se centra en amplios aspectos arqueológicos, documentales y etnológicos, sobre diversos elementos, entre ellos, los trillos, en diversos países, periodos históricos y sociedades.

Cantalejo se ubica en el interfluvio del Duratón y del Cega. El Cantalejo actual, aunque haya restos arqueológicos mucho más antiguos, surgiría en el siglo XI, formando parte de la Camunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. Fue, al parecer, una población próspera, pero en el siglo XVII perdió su libertad, y pasó a ser un señorío jurisdiccional. No hay ninguna investigación sólida que permita establecer cuándo se introdujo, en la localidad segoviana de Cantalejo, la especialidad artesanal de la fabricación de trillos. Pero todos los que han tocado el tema alguna vez señalan que ésta debió producirse durante el siglo XVI o XVII.

Los trilleros y artesanos de aperos eran llamados «briqueros», 'fabricantes de «bricas»'. En el lenguaje local de la Gacería, «brica» es la alteración, por metátesis, del término castellano «criba».

Cantalejo se decantó por una artesanía productiva: la fabricación de diversos aperos, entre ellos los trillos. En los años 50 Cantalejo llegó a tener 400 talleres y fabricaba más de 30 000 trillos al año; esto suponía que más de la mitad de la población se dedicaba a este oficio. Éstos eran, después, repartidos por toda la Meseta española.

Nos centraremos en los trillos hechos sólo con lascas de sílex, aunque nombremos por encima los que llevaban sierras metálicas u otros modelos más minoritarios.

A finales del verano, o en otoño comenzaba la labor, se elegían pinos negrales y se cortaban y limpiaban cuidadosamente con el tronzador, hasta conseguir cilindros de casi dos metros de largo; estas piezas se denominaban tozas. También se preparaban unos tablones alargados y rectos que servirán de cabezales (travesaños). La toza se llevaba al aserradero, de donde se sacaban los listones, tan anchos como la toza lo permitiese (aunque no menos de 20 centímetros), de unos cinco centímetros de espesor y con forma curva (igual que una tabla de esquí) en el extremo destinado a ser la delantera. Los listones se secaban al sol durante varios meses, volteándolos cada poco tiempo. El pueblo tomaba entonces un aspecto peculiar, pues numerosas fachadas se llenaban de listones soleándose. Después se apilaban en castillos, cruzando unos listones con otros para que la pila fuese más estable.

Una vez en condiciones, comenzaba el escopleo del listón, es decir, con un martillo y un escoplo se preparaban las ranuras (ujeros) para las chinas o lascas de sílex. El escopleo hace al tresbolillo (visto de frente están en fila, visto de lado están al bies), guiado por unas marcas hechas a lápiz, para que el artesano no se equivocara. Es primordial comprobar que el listón no se hubiese alabeado desde que se cortó, pues, entonces, sería inservible.

El siguiente paso tiene lugar en las prensas o cárceles. Hay que casar perfectamente los tres, cuatro o cinco listones, encolándolos y prensándolos, por medio de pequeñas piezas de refuerzo, llamadas tasillos (cilindros de madera encolados y clavados con maza en el canto de las piezas), y cuñas. Cuando los listones están bien sujetos y alineados se colocan los cabezales, o travesaños, que, además, se clavan con grandes clavos llamados puntas de París (aunque, al menos en los siglos XIX y XX, venían de Bilbao).

Una vez tienes la estructura básica del trillo, es necesario eliminar la irregularidades. Primero se hacían por medio del labrado: que se hace con una azuela, longitudinalmente, es decir, a hilo. Segundo el cepillado, que es un acabado más fino, tanto por la parte superior como por la inferior. el cepillado se hace primero transversalmente (a través) y luego longitudinalmente (a hilo), con varios tipos de cepillo.

La última fase del trabajo consiste en tapar la uniones de los listones en la cara superior, lo que se hace por medio de elementos de chapa en la parte frontal, tachonados con una tabla denominada delantera, y de finas y alargadas tablillas de madera (tapajuntas). En el cabezal delantero se hincaba un fuerte gancho, donde se colocaba el barzón o anillo de hierro con una correa o con un palo largo que permitía amarrar las caballerías o los bueyes.

Para empedrar los trillos, los briqueros de Cantalejo se servían de un sistema de talla que recuerda mucho a las maneras prehistóricas de fabricar herramientas, únicamente se diferencian en la utilización de martillos metálicos en lugar de percutores de piedra, madera o asta.

La materia prima preferida por estos artesanos es el sílex blanquecino que importaban de la provincia de Guadalajara (Brihuega, Jadraque y Sigüenza...). Como, a menudo, los briqueros tienen que reparar trillos a domicilio, si no tenían otra cosa, usaban guijarros de río, cantos rodados que ellos denominaban morrillos, de cuarcita de grano fino y homogéneo, que escogían en los recorridos ambulantes por lugares diversos. Respecto al sílex de Guadalajara, éste se extraía de la cantera en grandes bloques que eran troceados manualmente con martillos de tamaños diversos (machas, macho pilón, marras, mazas, martillos…) hasta conseguir el tamaño adecuado para asirlo cómodamente en la manos.

La talla: Una vez obtenidos los bloques de sílex manejables (los núcleos), la talla (que era labor, sobre todo, de hombres) para obtener lascas (que ellos llaman chinas) se hace con un martillo muy ligero, de mango esbelto y de cabezal puntiagudo llamado piqueta (para los morrillos de cuarcita se emplean piquetas con la punta algo más gruesa y redondeada). Durante el proceso de extracción de lascas es posible que recurran a un martillo estándar para romper el núcleo y conseguir planos de percusión accesibles a la piqueta.

El núcleo (que es un bloque de aristas angulosas, en el caso del sílex, y un canto rodado en el caso de la cuarcita) se sujeta con la mano izquierda, que está protegida de los cortes con pedazo de cuero, con la palma hacia arriba y, con la piqueta en la mano derecha, va dando rápidos golpes. Las lascas, quedan siempre en la palma de la mano izquierda, sobre el protector de cuero, gracias a lo cual, son evaluadas durante décimas de segundo y, si sirven, el briquero las deja caer en una lata, de lo contrario las tira al montón de los desperdicios. A ese mismo montón van los núcleos agotados, es decir, el bloque pétreo que ya no es capaz de producir más; las piezas rotas accidentalmente, las lascas corticales de sílex, los fragmentos inútiles, los debris…

La talla de guijarros de cuarcita es parecida, con la salvedad que de éstos sólo aprovechaban la corteza, cuyas características son muy distintas a las de la corteza del sílex. De este modo, los morrillos simplemente eran ‘’pelados’’ y descartados (al contrario que con el sílex, cuyos núcleos eran tallados hasta el agotamiento); interesándose sólo por las lascas corticales, o, en el argot briquero, las chinas costeras.

El empedrado del trillo era una labor de mujeres, principalmente: las enchifleras. Es muy monótono y repetitivo. Un trillo grande podía llegar a tener hasta tres mil lascas incrustadas. Además había que seleccionarlas: las más pequeñas iban adelante, la medianas en el centro y las más grandes en los laterales y, sobre todo, en la parte trasera. Es necesario incrustar cada lasca sin dañar su filo, aunque era imposible no dejar alguna pequeña marca (técnicamente un seudorretoque). Para ello se una un martillo ligero, de cabeza cilíndrica y extremos planos, incluso algo cóncavos. La parte introducida en las ranuras es la más gruesa de la lasca (técnicamente la zona de percusión, es decir la zona proximal: talón-concoide).

Los trillos de Cantalejo copaban prácticamente todas las ventas en Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha, Aragón y Valencia, ocasionalmente también llegaban a Andalucía y Cantabria. Los cantalejanos, al principio, salían con grandes carros cargados de trillos cribas, bieldos, medidas de cereal (celemines, cuartillas, fanegas...) y otros aperos para la trilla o la limpia, que iban vendiendo de pueblo en pueblo. También llevaban chinas de pedernal, herramienta y repuestos para empedrar y reparar trillos y aperos dañados. Más tarde, salían en trenes hasta determinadas estaciones y, después, iban en pequeños camiones. Solía viajar toda la familia, lo que, unido a su extraña forma de hablar y a su extraordinario oficio, daba a los briqueros un aire de feriantes bohemios un tanto misterioso. La venta se hacía justo al terminar los trillos, desde abril, y duraba hasta el mes de agosto. Entonces los briqueros volvían a su pueblo, al vilorio, a celebrar con la familia las fiestas de la Asunción (15 de agosto) y San Roque (16 de agosto).

Gacería es el nombre con que se conce al argot usado por los trilleros y tratantes de ganado de Cantalejo, en su deambular por pueblos y ciudades de Castilla y de otros sitios de España. No se trata de una jerga técnica, sino de un código formado por un reducido conjunto de palabras que les permitían comunicarse con libertad, ante los extraños, sin que éstos se percatasen del contenido de la conversación.

En general, venimos denominando simplemente «trillo» a un modelo, el más habitual, de las diferentes variantes de este primitivo apero. Para ser propios, deberíamos haber distinguido a lo largo de esta entrada, entre, como mínimo, dos tipos de trillo: el «trillo de rastro», que es del que hemos hablado (ya que es el más común), y que se caracteriza, como su propio nombre indica, por que es arrastrado sobre la mies, que desgrana con sus piezas cortantes, bien líticas, bien metálicas. Es lo que los hebreos llaman mogag y los palestinos mawriy y los magrebíes yarusha (جاروشة). Para ser estrictos, los trillos de rastro del Próximo Oriente, presentan, al menos en la actualidad, diferencias que permiten distinguirlos fácilmente de los occidentales: Las lascas cortantes colocadas en la parte inferior van, en la península Ibérica, de canto y con el filo (más o menos) paralelo a la dirección de la trilla. En cambio, los mogag u los mawriy orientales, tienen, en el vientre del trillo, huecos circulares (hechos con un berbiquí especialmente ancho y poco profundo) en el que se incrustan pequeños bloques subciculares o globulosos, de afiladas aristas, no necesariamente longitudinales (para ver en detalle un trillo procedente del próximo oriente).

Como se menciona en diversas ocasiones, no todos los trillos tienen el vientre con piedras, sino que muchos tienen cuchillas, más bien sierras de hierro, generalmente sujetas entre los listones, todo a lo largo del trillo; más algunas sierras más pequeñas, incrustadas aquí y allá. Es raro que estos trillos de rastro con cuchillas metálicas no tengan, además, unas ruedecillas (de cuatro a seis, según el tamaño), con el eje excéntrico. Éstas, además de proteger las cuchillas, hacen oscilar el trillo, que se eleva en unos sitios y se baja en otros aleatoriamente; aumentando así, su rendimiento.

Un segundo modelo, el que las fuentes clásicas bautizaron como «Plostellum punicum» (que traduciríamos como "carrito cartaginés"), suele llamarse «trillo de rodillos». Aunque, ciertamente, corresponde a los cartagineses, herederos de los fenicios, su difusión por el occidente del Mediterráneo, este intrumento ya era conocido, al menos. desde el segundo milenio, apareciendo en los textos babilónicos con un nombre que podríamos transliterar como «gīš-bad». Ambas variantes han seguido usándose hasta hace unas décadas en Europa, y se siguen usando en países islámicos, en zonas donde la agricultura no ha sido mecanizada. En España se conservan piezas, que han pasado a manos de museos y coleccionistas, de este tipo de carrito o «plostellum púnicum», que era muy apreciado, por ejemplo, en la provincia de Zamora, para trillar garbanzos.

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Source : Wikipedia